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Los Siete Dolores de La Virgen Resumido

El documento describe el cuarto dolor de María, cuando encontró a Jesús condenado a muerte cargando la cruz hacia el Calvario. Describe el gran dolor que sintió María al ver sufrir a su amado Hijo, a quien amaba tiernamente. El encuentro con Jesús en el camino al Calvario fue la cuarta espada de dolor que atravesó el alma de María.

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Los Siete Dolores de La Virgen Resumido

El documento describe el cuarto dolor de María, cuando encontró a Jesús condenado a muerte cargando la cruz hacia el Calvario. Describe el gran dolor que sintió María al ver sufrir a su amado Hijo, a quien amaba tiernamente. El encuentro con Jesús en el camino al Calvario fue la cuarta espada de dolor que atravesó el alma de María.

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Invocación

Santa Madre, traspasadme; renovad en mi corazón cada herida de mi Salvador


crucificado.

Rosario de los Siete Dolores

Haga un Acto de Contrición

Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno
que merecí y por el Cielo que perdí; pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios
tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo
firmemente no pecar más y evitar toda ocasión próxima de pecado. Amén

8
LUNES
V. Oh Dios ven en mi auxilio

R. Señor, apresúrate a socorrerme

Gloria al Padre …

Primer dolor de María Santísima

La profecía del anciano Simeón

En el templo, el Santo anciano


Simeón, después de haber recibido en sus
brazos al Divino Infante, le predice a la
Virgen que aquel Hijo suyo sería blanco de
las contradicciones de los hombres: “Este
Niño ha sido puesto como señal de
contradicción”, y por eso “una espada de
dolor atravesará tu alma.” (Lc 2, 34-35).

Meditación
Dijo la Virgen Santísima a Santa Matilde que, ante el aviso de Simeón, “toda su alegría se
volvió tristeza”. Porque como le fue revelado a Santa Teresa, la Madre Santísima, aunque sabía
desde el principio que su Hijo sería sacrificado por la salvación del mundo, sin embargo, desde
esa profecía, conoció en particular y con más en detalle las penas y la muerte despiadada que le
había de sobrevenir a su amado Hijo. Conoció que le iban a perseguir y contradecir en todo. En
la doctrina, porque en vez de creerle lo habían de tener por blasfemo al afirmar que era Hijo de
Dios, como lo declaró el impío Caifás cuando dijo: “Ha blasfemado … es Reo de muerte” (Mt
26, 65-66). Contradicho en la estima que se merecía porque era noble de estirpe real y fue
despreciado como plebeyo: “Acaso no es éste el hijo del carpintero?” (Mt 13,55) “¿No es éste el
artesano, el hijo de María?” (Mc 6,3) . Era la misma sabiduría y fue tratado de ignorante:
“¿Cómo es que éste sabe las letras, si no ha estudiado?” (Jn 7,15); de falso profeta: “Le
cubrieron con un velo y le daban bofetones, y le preguntaban diciendo: ¡Adivina! ¿Quién es el
que te ha pegado?” (Lc 22,64); lo trataron de loco: “Ha perdido el juicio ¿Por qué lo
escucháis?”(Jn 10,20). Fue tratado de bebedor, glotón y amigo de los pecadores. “Vino el Hijo
del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre glotón y bebedor, amigo de
publicanos y de pecadores” (Lc7,34). Lo tuvieron por hechicero: “Por arte del príncipe de los
demonios lanza a los demonios” (Mt 9,34), por hereje y endemoniado: “¿No decimos con razón
nosotros, que eres un samaritano y que estás endemoniado?” (Jn 8,48). En suma, fue tenido por
criminal tan notorio que no necesitaban proceso para condenarlo, como le gritaron los judíos a
Pilatos: “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiésemos entregado” (Jn 18,30).
Padrenuestro... Siete Ave Marías
-Oh María, Madre mía, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la
muerte de mi Dios.

10
MARTES
V. Oh Dios ven en mi auxilio
R. Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre …

Meditación
Cuando oyó Herodes que había nacido el Mesías
esperado, temió neciamente que le iba a arrebatar
su reino. Esperaba el impío que los Reyes Magos le
trajeran noticias de dónde había nacido el Niño Rey
a fin de quitarle la vida, pero al verse burlado por
ellos, ordenó la matanza de todos los niños de
Belén. Por eso el Ángel se apareció en sueños a
San José y le ordenó: “Levántate, toma el Niño

y a su Madre, y huye a Egipto” (Mt 2,13). Y entonces comprendió la afligida María que ya
comenzaba a realizarse en su Hijo la profecía de Simeón, viendo que, apenas nacido, era
perseguido a muerte. Qué sufrimiento el del Corazón de María oír que se le intimaba la orden de
ir con su Hijo a tan duro destierro. Es fácil imaginar lo mucho que María sufrió en este viaje. Era
grande la distancia hasta Egipto, trescientas millas requerían un viaje de treinta días. El camino
era escabroso, desconocido y poco frecuentado, el clima, desapacible. María era doncella joven y
delicada, no acostumbrada a semejantes viajes. ¿Dónde pernoctarían durante tan largo viaje con
doscientas millas de desierto, sino sobre la arena? Vivieron en Egipto siete años. Eran forasteros
desconocidos, sin rentas, sin dinero, sin parientes. Apenas podían sustentarse con sus modestos
trabajos hechos a mano. Opina Landolfo de Sajonia (y sirva esto para consuelo de los pobres), que
María vivía allí tan en la pobreza que alguna vez pasaron hambre sin tener ni un bocado de pan
que darle a su Hijo. Ver a Jesús y María con San José andar por el mundo como errantes y
fugitivos nos debe mover a vivir también en la tierra como peregrinos, sin aferrarse a los bienes
que el mundo ofrece, como quienes pronto lo tendremos que dejar todo y pasar a la vida eterna.
Nos enseña además a abrazar la cruz, pues no se puede vivir en este mundo sin cruces. Amemos y
consolemos a María acogiendo dentro de nuestros corazones a su Hijo, que todavía es perseguido
y maltratado por los hombres con sus pecados.

Padrenuestro... Siete Ave Marías ...


Oh María, Madre mía, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi Dios.

12
MIÉRCOLES

V. Oh Dios ven en mi auxilio

R. Señor, apresúrate a socorrerme

Gloria al Padre …

Tercer dolor de María Santísima

El Niño Jesús perdido

Entre los mayores sufrimientos que la Madre


de Dios padeció en su vida, está este dolor:
La pérdida de su Hijo, que se quedó en el
Templo de Jerusalén. Acostumbrada a gozar
de la dulcísima presencia de su Jesús, se vio
por tres días privada de Él.

Meditación
Qué ansiedad tuvo que experimentar esta
afligida Madre durante aquellos tres días en los que
anduvo por todos lados preguntando por su Hijo,
como la Esposa de los Cantares: “¿Acaso habéis visto

al que ama mi alma?” (Cant 3,3). Este tercer dolor de María primeramente debe servir de consuelo a
quienes están desolados y no gozan de la presencia de su Señor, que en otro tiempo sintieron. Lloren, sí,
pero con paz, como lloraba María la pérdida de su Hijo. Y el que quiera encontrar al Señor sepa que
debe buscarlo, no entre las delicias y los placeres del mundo, sino entre las cruces y las mortificaciones,
como lo buscó María. “Tu padre y yo te hemos buscado llenos de aflicción” (Lc 2,48) dijo Ella a su
Hijo. Debemos aprender de María a buscar a Jesús. Por lo demás es el único bien que debemos buscar:
Jesús. Dice San Agustín, hablando de Job: “Perdió lo que le había dado Dios, pero tenía a Dios”. Si
María lloró tres días la pérdida de su Hijo, con cuánta más razón deben llorar los pecadores que han
perdido la gracia de Dios y a los que el Señor les dice: “Vosotros no sois mi pueblo y yo no soy para
vosotros vuestro Dios” (Os 1,9). Porque esto es lo que hace el pecado, separa el alma de Dios:
“Vuestras culpas os separaron a vosotros de vuestro Dios” (Is 59,2) Por lo cual, aunque un pecador sea
muy rico, habiendo perdido a Dios, todo lo de la tierra no es más que humo y sufrimiento, como lo
confesó Salomón: “Todo es vanidad y aflicción del Espíritu” (Eclo 1,14).
Padrenuestro... Siete Ave Marías ...
-Oh María, Madre mía, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi
Dios.

13
JUEVES
V. Oh Dios ven en mi auxilio
R. Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre …
Cuarto Dolor de María Santísima
El encuentro con Jesús en el camino al Calvario
Cuánto más tiernamente lo amó, tanto mayor
dolor sintió al verlo sufrir, especialmente
cuando lo encontró, ya condenado a muerte,
cuando iba con la cruz al lugar del suplicio.
Ésta es la cuarta espada de dolor, que vamos a
considerar.
Meditación
“Oh Madre dolorosa”, le diría San Juan “Tu Hijo
ya ha sido sentenciado a muerte y ya ha salido
llevando Él mismo la cruz camino del Calvario.
Ven, si quieres verlo y darle el último adiós en el
camino por donde ha de pasar.” Parte María con
Juan. Esperó en aquel lugar ¡y cuántos escarnios
tuvo que oír de los judíos
que ya la conocían– dirigidos contra su Hijo, y, tal vez, contra Ella misma! ¡Qué exceso de
dolor fue para Ella ver los clavos, los martillos y los cordeles que llevaban delante los
verdugos y todos los horribles instrumentos para matar a su Hijo. Pero ahora los
instrumentos de ejecución, los verdugos, todos han pasado. María levanta sus ojos. Y ¿qué
ve? ¡Oh Señor! Ve a un joven cubierto de sangre y heridas de pies a cabeza, con una corona
de espinas, con una pesada cruz sobre sus espaldas. Miró a Él pero apenas lo reconoció. Las
heridas, los hematomas y la sangre coagulada le hacían semejante a un leproso, estaba
desconocido. El Hijo, apartándose de los ojos un grumo de sangre que le impedía la visión
–como le fue revelado a Santa Brígida– miró a la Madre, y la Madre miró al Hijo. Sus
miradas llenas de dolor fueron como otras tantas flechas que traspasaron aquellas almas
enamoradas. Pero a pesar de que ver morir a Jesús le ha de costar un dolor tan acerbo, la
amante María no quiere dejarlo. La Madre lleva su cruz y le sigue para ser crucificada con
Él. Tengamos compasión de Ella y procuremos seguir a su Hijo y a Ella también nosotros,
llevando con paciencia la cruz que nos envía el Señor.

Padrenuestro... Siete Ave Marías ...


-Oh María, Madre mía, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la
muerte de mi Dios.

14
VIERNES
V. Oh Dios ven en mi auxilio
R. Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre …

Quinto dolor de María Santísima


La muerte de Jesús
“Estaba junto a la cruz de Jesús su Madre” (Jn 19,25). No se
le ocurre a San Juan decir otra cosa para ponderar el
martirio de María: Contémplala junto a la cruz a la vista de
su Hijo moribundo y después dirás si hay dolor semejante a
su dolor. Detengámonos también nosotros hoy en el
Calvario a considerar esta quinta espada que traspasó el
Corazón de María: La muerte de Jesús.

Meditación
Apenas llegado al Calvario el Redentor, rendido de fatiga, los verdugos lo despojaron de
sus vestiduras y clavaron en la cruz sus sagradas manos y sus pies. Una vez crucificado,
levantaron en alto la cruz, y así lo dejaron hasta que muriera. Lo abandonaron los verdugos, pero
no lo abandonó su Madre. Entonces se acercó más a la cruz para asistir a su muerte. Así lo dijo la
Santísima Virgen a Santa Brígida: “Yo no me separaba de Él, y me aproximé más a su cruz”. Oh
verdadera Madre, Madre llena de amor, a la que ni siquiera el espanto de la muerte pudo separar
del Hijo amado. Pero, oh Señor, ¡qué espectáculo tan doloroso era ver a este Hijo agonizando
sobre la cruz, y ver agonizar a esta Madre al pie de la cruz, que sufría todas las penas que
padecía el Hijo! Todos estos sufrimientos de Jesús, eran a la vez sufrimientos de María.
“Cuantas eran las llagas en el cuerpo de Cristo –dice San Jerónimo– otras tantas eran las
llagas en el corazón de María.” “El que entonces se hubiera encontrado en el Calvario, dice San
Juan Crisóstomo, habría encontrado dos altares donde se consumaban dos grandes sacrificios:
Uno en el cuerpo de Jesús, y otro en el Corazón de María”.

Padrenuestro... Siete Ave Marías ...


-Oh María, Madre mía, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi Dios.

16
SÁBADO
V. Oh Dios ven en mi auxilio

R. Señor, apresúrate a socorrerme

Gloria al Padre … (ver página 25)

Sexto dolor de María Santísima

La lanzada que traspasó el Corazón de Jesús


y su descendimiento de la cruz

¡Oh María! En este día vas a ser herida con una nueva espada de dolor al ver traspasar
con una espada cruel el costado de tu mismo Hijo ya muerto, y después tendrás que recogerlo
entre tus brazos al ser bajado de la cruz. Esto es lo que vamos a considerar en el sexto dolor que
afligió el Corazón de esta pobre Madre.

17

[Link]
Meditación
Basta decirle a una madre que ha muerto su hijo para revivir en ella todo el amor hacia el
hijo perdido. “Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y
agua” (Jn 19,34). Dice el devoto Lanspergio: “Compartió Cristo con su Madre el sufrimiento de
esta herida. De modo que él recibió el ultraje y María el dolor”. Fueron tantos y tales los
sufrimientos de María, que no murió sólo por milagro de Dios. En los demás dolores tenía al
menos a su Hijo que la compadecía, pero en éste no tenía al Hijo que la pudiera consolar. He
aquí que ya bajan a Jesús de la cruz y la afligida Madre, extendiendo los brazos, va al encuentro
de su amado Hijo, lo abraza y después se sienta al pie de la cruz. Su Hijo murió por los hombres,
pero ellos continúan persiguiéndole y crucificándole con sus pecados. Tomemos la resolución de
no atormentar más a esta Madre Dolorosa, y si en lo pasado la hemos afligido con nuestros
pecados, hagamos ahora lo que Ella nos pide.

Padrenuestro... Siete Ave Marías ... (ver página 25)

Versículo... (ver página 11)

DOMINGO

V. Oh Dios ven en mi auxilio

R. Señor, apresúrate a socorrerme

Gloria al Padre … (ver página 25)

Séptimo dolor de María Santísima

La sepultura de Jesús

Ésta es la última espada de dolor que vamos a considerar. Cuando María, después de
haber asistido a la muerte de su Hijo en la cruz, después de haberlo abrazado ya muerto, debía
finalmente dejarlo en el sepulcro.

18

[Link]
Meditación
A fin de considerar mejor este último misterio de dolor, volvamos al Calvario para
contemplar a la afligida Madre que aún tiene abrazado a su Hijo muerto. Los santos discípulos,
temiendo que la Virgen muriese allí de dolor, se apresuraron a quitarle de su regazo al Hijo
muerto para darle sepultura. Por lo cual, con reverente violencia se lo quitaron de los brazos, y,
embalsamándolo con aromas, lo envolvieron en la sábana ya preparada. Lo llevan al sepulcro en
fúnebre cortejo; la Madre Dolorosa sigue al Hijo camino a la sepultura. Al rodar la piedra para
cerrar el sepulcro los angustiados discípulos del Salvador, debieron dirigirse a la Virgen para
decirle: “Señora, hay que rodar la piedra, resígnate, míralo por última vez y despídete de tu Hijo”
Por fin ruedan la piedra y queda encerrado en el Santo Sepulcro el Cuerpo de Jesús, aquel gran
tesoro, que no lo hay mayor ni en el Cielo ni en la tierra. María deja sepultado su Corazón en el
sepulcro con Jesús, porque Jesús es todo su tesoro: “Donde está tu tesoro está tu corazón” (Lc
12,34). Y con esto, dando el último adiós al Hijo y al sepulcro, se marchó y volvió a su casa.
Andaba María tan triste y afligida, que, según San Bernardo: “provocaba las lágrimas de
muchos”, de modo que por donde pasaba, los que la veían no podían contener el llanto, y agrega
San Bernardo que los santos discípulos y mujeres que la acompañaban, lloraban aún más por Ella
que por su Señor.

Padrenuestro... Siete Ave Marías ... Versículo... (ver página 11)

19

[Link]
Ofertorio: Acordaos, oh Virgen y Madre, en la presencia del Señor, de abogar en favor nuestro,
para que aparte de nosotros su indignación.

Secreta para el Viernes de Pasión y la Misa del 15 de septiembre: Señor nuestro Jesucristo,
os ofrecemos estos sacrificios y plegarias, suplicándoos humildemente que cuantos recordamos
en nuestras oraciones la Transfixión de la dulcísima alma de vuestra Madre María Santísima,
consigamos, por los méritos de vuestra muerte, y por la piadosísima intercesión de vuestra Madre
y de los Santos que la acompañaron al pie de la Cruz la felicidad de los escogidos. Vos que vivís
y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Comunión: Felices los sentidos de Santa María Virgen, que merecieron sin morir la palma del
martirio bajo la Cruz del Señor.

Poscomunión para el Viernes de Pasión y Misa del 15 de septiembre: Haced, Señor, que los
Sacramentos recibidos al celebrar devotamente la Transfixión de vuestra Madre la Virgen María
nos alcancen de vuestra piedad toda clase de saludables efectos. Vos que vivís y reináis por los
siglos de los siglos. Amén.

El Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; y perdona
nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer
en la tentación; mas líbranos del mal. Amén.

El Avemaría
Dios te salve María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas la
mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por
nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

El Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Hay grandes beneficios espirituales por esta devoción

Las gracias y las promesas concedidas a quien practique la devoción a Nuestra Señora y a
Sus Dolores son muy grandes. Sin embargo, en el caso en que se necesita Usted un pequeño
aliento para abrazar esta devoción, tal vez el siguiente relato, tomado de las revelaciones de
Santa Brigida, pueda ayudar:

“Había un cierto hombre rico, tan noble de nacimiento como vil y pecaminoso por sus
hábitos. Se había dado como esclavo al demonio, por un contracto expreso, y durante sesenta
años consecutivos lo sirvió, llevando una vida tal que se puede imaginar, y nunca se aproximó de
los sacramentos. Pues bien, sucedió que este príncipe estaba muriendo, y Jesucristo, para

25

[Link]

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