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Anatomía del Cráneo y su Estructura

El documento proporciona una visión general de la anatomía de la cabeza y el cráneo. El cráneo está formado por 22 huesos y se divide en la parte superior (neurocráneo) y la parte facial (viscerocráneo). El neurocráneo protege el cerebro y contiene órbitas para los ojos, mientras que el viscerocráneo forma la cara y contiene la boca y las fosas nasales. Las enfermedades de la cabeza son el ámbito de varias especialidades médicas.
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Anatomía del Cráneo y su Estructura

El documento proporciona una visión general de la anatomía de la cabeza y el cráneo. El cráneo está formado por 22 huesos y se divide en la parte superior (neurocráneo) y la parte facial (viscerocráneo). El neurocráneo protege el cerebro y contiene órbitas para los ojos, mientras que el viscerocráneo forma la cara y contiene la boca y las fosas nasales. Las enfermedades de la cabeza son el ámbito de varias especialidades médicas.
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Ciclo vital

Procedimientos quirúrgicos

Traumatismo

Patología

VISIÓN GENERAL
La cabeza es la parte superior del cuerpo, unida al tronco por el cuello. Es el centro
de control y comunicación y el «área de carga y descarga» del organismo. Alberga el
cerebro y, por lo tanto, es el lugar de la ideación consciente, la creatividad, la
imaginación, las respuestas, la toma de decisiones y la memoria. Contiene receptores
sensoriales especiales (ojos, oídos, boca y nariz) e instrumentos para la emisión de la
voz y para la expresión; es la puerta de entrada para el combustible (alimentos), el
agua y el oxígeno, y la puerta de salida para el dióxido de carbono.
La cabeza contiene el encéfalo y sus cubiertas protectoras (cavidad craneal y
meninges), los oídos y la cara. La cara posee aberturas y vías de paso, con glándulas
lubrificantes y válvulas (sellos) para cerrar algunas de dichas aberturas; posee además
los elementos de la masticación y las órbitas, que albergan el aparato visual. La cara
nos aporta también la identidad individual. Las enfermedades, las malformaciones y
los traumatismos de las estructuras de la cabeza constituyen la base de muchas
especialidades, como odontología, cirugía maxilofacial, neurología, neurorradiología,
neurocirugía, oftalmología, cirugía oral, otología, rinología y psiquiatría.

CRÁNEO
El cráneo1 es el esqueleto de la cabeza (fig. 8-1 A). Está formado por 22 huesos
separados. Diversos huesos constituyen sus dos partes, el neurocráneo y el
viscerocráneo (fig. 8-1 B). El neurocráneo es la caja ósea del encéfalo y sus
cubiertas membranosas, las meninges craneales. Contiene también las porciones
proximales de los nervios craneales y los vasos encefálicos. El neurocráneo del adulto
está formado por una serie de ocho huesos: cuatro impares centrados en la línea
media (frontal, etmoides, esfenoides y occipital) y dos series de pares bilaterales
(temporal y parietal) (figs. 8-1 A, 8-2 A y 8-3).

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FIGURA 8-1. Cráneo del adulto I. A) En la posición anatómica, el borde inferior de la órbita y el borde
superior del meato acústico externo se encuentran en el mismo plano horizontal orbitomeatal (horizontal de
Frankfort). B) El neurocráneo y el viscerocráneo son las dos partes funcionales primarias del cráneo. En la
vista lateral se observa que el volumen del neurocráneo, que aloja el encéfalo, duplica aproximadamente el
volumen del viscerocráneo. C) Los huesos impares esfenoides y occipital contribuyen de forma importante a
la base del cráneo. La médula espinal se continúa con el encéfalo a través del foramen magno, la gran abertura
en la parte basal del hueso occipital.

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FIGURA 8-2. Cráneo del adulto II. A) El viscerocráneo, que alberga el aparato óptico, la cavidad nasal, los
senos paranasales y la cavidad bucal, domina la vista frontal (facial) del cráneo. B y C) La mandíbula es un
componente importante del viscerocráneo, y se articula con el resto del cráneo mediante la articulación
temporomandibular. En la ancha rama y el proceso coronoides de la mandíbula se insertan músculos potentes,
capaces de generar una gran fuerza relacionada con la mordida y la masticación.

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FIGURA 8-3. Cráneo del adulto III. Cada uno de los huesos del cráneo se identifica por un color. La
incisura supraorbitaria, el foramen infraorbitario y el foramen mentoniano, por los que pasan los principales
nervios sensitivos de la cara, se encuentran, aproximadamente, en una línea vertical.

El neurocráneo posee una pared superior parecida a una cúpula, la calvaria


(bóveda craneal), y un piso o base del cráneo. Los huesos que componen la
calvaria son principalmente huesos planos (frontal, parietales y occipital; v. fig. 8-8
A), formados por osificación intramembranosa del mesénquima de la cabeza, a partir
de la cresta neural. Los que contribuyen a la base del cráneo son huesos irregulares
con partes sustancialmente planas (esfenoides y temporales), formados por
osificación endocondral del cartílago (condrocráneo) o por más de un tipo de
osificación. El hueso etmoides es un hueso irregular que contribuye de un modo
relativamente escaso a la línea media del neurocráneo, pues forma parte sobre todo
del viscerocráneo (v. fig. 8-7 A). Los denominados huesos planos y las porciones
planas de los huesos que forman el neurocráneo son en realidad curvos, con una
superficie convexa externa y una superficie cóncava interna.
La mayoría de los huesos de la calvaria están unidos por suturas fibrosas
engranadas (fig. 8-1 A y B; v. también cap. 1); sin embargo, durante la infancia,
algunos huesos (esfenoides y occipital) están unidos por cartílago hialino
(sincondrosis, articulaciones cartilaginosas). La médula espinal se continúa con el
encéfalo a través del foramen (agujero) magno, una gran abertura en la base del
cráneo (fig. 8-1 C).
El viscerocráneo (esqueleto facial) comprende los huesos de la cara que se

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desarrollan principalmente en el mesénquima de los arcos faríngeos embrionarios


(Moore et al., 2016). El viscerocráneo constituye la parte anterior del cráneo y se
compone de los huesos que rodean la boca (maxilares y mandíbula), la nariz/cavidad
nasal y la mayor parte de las órbitas (cuencas o cavidades orbitarias) (figs. 8-2 y 8-3).
El viscerocráneo consta de 15 huesos irregulares: tres huesos impares centrados o
situados en la línea media (mandíbula, etmoides y vómer) y seis huesos pares
bilaterales (maxilar, cornete [concha] nasal inferior, cigomático, palatino, nasal y
lagrimal) (figs. 8-1 A y 8-4 A). Los maxilares y la mandíbula albergan los dientes; es
decir, proporcionan las cavidades y el hueso de sostén para los dientes maxilares y
mandibulares. Los maxilares forman la mayor parte del esqueleto facial superior,
fijado a la base del cráneo. La mandíbula forma el esqueleto facial inferior, móvil al
articularse con la base del cráneo en las articulaciones temporomandibulares (figs. 8-
1 A y 8-2).

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FIGURA 8-4. Cráneo del adulto IV. A) Cada uno de los huesos del cráneo se identifica por un color. Dentro
de la fosa temporal, el pterión es un punto craneométrico localizado en la unión del ala mayor del esfenoides,
la porción escamosa del temporal, el frontal y el hueso parietal. B y C) Huesos suturales que aparecen a lo
largo de las suturas temporoparietal (B) y lambdoidea (C).

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FIGURA 8-5. Radiografía de cráneo. Los huesos neumatizados (llenos de aire) contienen senos o celdillas
que aparecen radiotransparentes (áreas oscuras) y que reciben el nombre del hueso ocupado por ellos. Las
porciones orbitarias derecha e izquierda del hueso frontal no se superponen; así, la fosa craneal anterior
aparece como dos líneas (P). (Cortesía del Dr. E. Becker, Associate Professor of Medical Imaging, University
of Toronto, Toronto, Ontario, Canada.)

Varios huesos del cráneo (frontal, temporal, esfenoides y etmoides) son huesos
neumatizados, que contienen espacios aéreos (celdillas aéreas o grandes senos),
presumiblemente para reducir su peso (fig. 8-5). El volumen total de los espacios

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aéreos comprendidos en estos huesos aumenta con la edad.


En la posición anatómica, el cráneo está orientado de tal modo que el borde
inferior de la órbita y el borde superior del poro del meato acústico externo de ambos
lados se hallan en el mismo plano horizontal (fig. 8-1 A). Esta referencia
craneométrica externa es el plano orbitomeatal (plano horizontal de Frankfort).

Cara anterior del cráneo


Los elementos que forman la cara anterior del cráneo son los huesos frontal y
cigomáticos, las órbitas, la región nasal, los maxilares y la mandíbula (figs. 8-2 y 8-
3).
El hueso frontal, específicamente su porción escamosa (plana), forma el
esqueleto de la frente y se articula inferiormente con los huesos nasales y
cigomáticos. En algunos adultos, una sutura metópica, o sutura frontal persistente o
restos de ella, es visible en la línea media de la glabela, ligeramente deprimida,
situada entre los arcos superciliares. La sutura frontal divide los huesos frontales del
cráneo fetal (v. cuadro clínico «Desarrollo del cráneo»).

FIGURA 8-6. Puntos craneométricos.

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La intersección de los huesos frontal y nasales es el nasión, que en la mayoría de


las personas se pone de manifiesto por un área netamente deprimida (puente nasal)
(figs. 8-1 A y 8-2 A). El nasión es uno de los múltiples puntos craneométricos que se
utilizan radiográficamente en medicina (o en el cráneo en seco en antropología física)
para efectuar mediciones craneales, comparar y describir la topografía del cráneo, y
documentar las variaciones anormales (fig. 8-6; tabla 8-1). El hueso frontal también
se articula con los huesos lagrimales, etmoides y esfenoides; una parte horizontal del
frontal (porción orbitaria) forma a la vez la pared superior de la órbita y una parte de
la fosa craneal anterior (fig. 8-3).
El borde supraorbitario del hueso frontal, el límite angular entre sus porciones
escamosa y orbitaria, posee en algunos cráneos un foramen supraorbitario
(incisura) para el paso del nervio y los vasos supraorbitarios. Inmediatamente
superior al borde supraorbitario hay una cresta, el arco superciliar, que se extiende
lateralmente a cada lado desde la glabela. La prominencia de esta cresta, situada en
profundidad a las cejas, es generalmente mayor en el hombre (figs. 8-2 A y 8-3).
Los huesos cigomáticos (huesos de la mejilla, huesos malares) forman la
prominencia de las mejillas, están situados en los lados inferolaterales de las órbitas y
descansan sobre los maxilares. Los bordes anterolaterales, paredes y gran parte de los
bordes infraorbitarios de las órbitas están formados por estos huesos cuadriláteros. Un
pequeño foramen cigomaticofacial atraviesa la cara lateral de cada hueso (figs. 8-3 y
8-4 A). Los huesos cigomáticos se articulan con los huesos frontal, esfenoides,
temporales y maxilares.
Inferiormente a los huesos nasales se halla la abertura piriforme (en forma de
pera) o abertura nasal anterior en el cráneo (figs. 8-1 A y 8-2 A). El septo nasal óseo,
que puede observarse a través de esta abertura, divide la cavidad nasal en las partes
derecha e izquierda. En la pared lateral de cada cavidad nasal hay unas láminas óseas
curvadas, las conchas o cornetes nasales (figs. 8-2 A y 8-3).
Los maxilares forman la mandíbula superior; sus procesos alveolares incluyen
las cavidades dentarias (alvéolos) y constituyen el hueso de soporte para los dientes
maxilares. Los dos maxilares están unidos por la sutura intermaxilar en el plano
medio (fig. 8-2 A). Los maxilares rodean la mayor parte de la abertura piriforme y

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forman los bordes infraorbitarios medialmente. Poseen una amplia conexión con los
huesos cigomáticos lateralmente, y un foramen infraorbitario inferior a cada órbita
para el paso del nervio y los vasos infraorbitarios (fig. 8-3).
La mandíbula es un hueso en forma de U con un proceso (apófisis) alveolar que
soporta los dientes mandibulares. Consta de una parte horizontal, el cuerpo, y una
vertical, las ramas (v. fig. 8-2 B y C). Inferiormente a los segundos dientes
premolares se encuentran los forámenes mentonianos para los nervios y vasos
mentonianos (v. figs. 8-1 A, 8-2 B y 8-3). La protuberancia mentoniana, que forma
la prominencia del mentón, es una elevación ósea triangular inferior a la sínfisis
mandibular, unión ósea donde se fusionan las mitades de la mandíbula en el niño (v.
fig. 8-2 A y B).

Cara lateral del cráneo


La cara lateral del cráneo está formada por el neurocráneo y el viscerocráneo (figs.
8-1 A y B, y 8-4 A). Las principales características de la parte del neurocráneo son la
fosa temporal, el poro del meato acústico externo y el proceso mastoides del hueso
temporal. Las principales características de la parte del viscerocráneo son la fosa
infratemporal, el arco cigomático y las caras laterales del maxilar y la mandíbula.
La fosa temporal está limitada superior y posteriormente por las líneas
temporales superior e inferior, anteriormente por los huesos frontal y cigomático, e
inferiormente por el arco cigomático (figs. 8-1 A y 8-4 A). El borde superior del arco
corresponde al límite inferior del hemisferio cerebral. El arco cigomático está
formado por la unión del proceso temporal del hueso cigomático y el proceso
cigomático del hueso temporal.
En la parte anterior de la fosa temporal, 3-4 cm superiormente al punto medio del
arco cigomático, existe un área de uniones óseas clínicamente importante: el pterión
(del griego, ala) (v. figs. 8-4 A y 8-6; tabla 8-1). Suele estar indicado por una
formación de suturas con forma de H que unen los huesos frontal, parietal, esfenoides
(ala mayor) y temporal. Es menos frecuente que se articulen los huesos frontal y
temporal; a veces, los cuatro huesos se reúnen en un punto.
El poro del meato acústico externo es la entrada al meato acústico externo, que
conduce a la membrana timpánica (v. fig. 8-4 A). El proceso mastoides del hueso
temporal es posteroinferior al poro del meato acústico externo. Anteromedialmente
al proceso mastoides se halla el proceso estiloides del hueso temporal, una delgada
proyección ósea puntiaguda, semejante a una delgada aguja. La fosa infratemporal es
un espacio irregular, inferior y profundo con respecto al arco cigomático y a la
mandíbula, y posterior al maxilar (v. fig. 8-67 B).

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FIGURA 8-7. Cráneo del adulto V: vista occipital. A) La cara posterior del neurocráneo, u occipucio, está
formada por partes de los huesos parietales, el hueso occipital y las porciones mastoideas de los huesos
temporales. Las suturas sagital y lambdoidea coinciden en el punto lambda, que suele poder apreciarse como
una depresión en las personas vivas. B) Se ha retirado la porción escamosa del hueso occipital para exponer la
parte anterior de la fosa craneal anterior.

Cara posterior del cráneo


La cara posterior del cráneo está compuesta por el occipucio (protuberancia
posterior convexa de la porción escamosa del hueso occipital), partes de los huesos
parietales y las porciones mastoideas de los huesos temporales (fig. 8-7 A).
La protuberancia occipital externa suele ser fácilmente palpable en el plano
medio; sin embargo, en algunas ocasiones (sobre todo en la mujer) puede ser poco
aparente. Un punto craneométrico definido por la punta de la protuberancia externa es
el inión (del griego, nuca) (figs. 8-1 A, 8-4 A y 8-6; tabla 8-1). La cresta occipital
externa desciende desde la protuberancia externa hacia el foramen magno, la gran
abertura en la parte basal del hueso occipital (figs. 8-1 C, 8-7 B y 8-9).
La línea nucal superior, que marca el límite superior del cuello, se extiende
lateralmente desde cada lado de la protuberancia externa; la línea nucal inferior es
menos aparente. En el centro del occipucio, lambda indica la unión de las suturas
sagital y lambdoidea (figs. 8-1 A, 8-6 y 8-7 A; tabla 8-1); a veces puede palparse
como una depresión. Uno o más huesos suturales (huesos accesorios o wormianos)
pueden localizarse en lambda o cerca del proceso mastoides (v. fig. 8-4 B y C).

Cara superior del cráneo


La cara superior (norma superior o norma vertical) del cráneo, habitualmente de
forma algo oval, se ensancha posterolateralmente en las eminencias parietales (fig.
8-8 A). En algunas personas también son visibles las eminencias frontales, lo que
otorga al cráneo un aspecto casi cuadrado.
La sutura coronal separa los huesos frontal y parietales, la sutura sagital separa

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los huesos parietales, y la sutura lambdoidea separa los huesos parietal y temporal
del hueso occipital (fig. 8-8 A a C). El bregma es el punto craneométrico formado
por la intersección de las suturas sagital y coronal (figs. 8-6 y 8-8 A; tabla 8-1). El
vértice (vértex), o punto más superior de la calvaria, está próximo al punto medio de
la sutura sagital (figs. 8-6 y 8-7 A).
El foramen parietal es un orificio pequeño e inconstante que está situado
posteriormente en el hueso parietal, cerca de la sutura sagital (fig. 8-8 A y C). A
menudo puede haber forámenes parietales pares. Los forámenes muy irregulares y
variables situados en el neurocráneo son los forámenes emisarios, atravesados por las
venas emisarias que conectan las venas de la piel cabelluda (o cuero cabelludo) con
los senos venosos de la duramadre (v. «Piel cabelluda»).

Cara externa de la base del cráneo


La base del cráneo es la porción inferior del neurocráneo (piso de la cavidad craneal)
y del viscerocráneo, a excepción de la mandíbula (fig. 8-9). La cara externa de la
base del cráneo presenta el arco alveolar de los maxilares (el borde libre de los
procesos alveolares que rodean y soportan a los dientes maxilares), los procesos
palatinos de los maxilares y los huesos palatinos, esfenoides, vómer, temporales y
occipital.

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FIGURA 8-8. Cráneo del adulto VI: calvaria. A) Las porciones escamosas de los huesos frontal y occipital,
y ambos huesos parietales, contribuyen a formar la calvaria. B) En la cara externa de la parte anterior de la
calvaria se encuentra el bregma, donde coinciden las suturas coronal y sagital, y el vértice o punto superior del
cráneo. C) Esta vista externa muestra un prominente foramen parietal unilateral. Aunque los forámenes de las
venas emisarias suelen observarse en esta localización general, puede haber una gran variación.

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FIGURA 8-9. Cráneo del adulto VI: cara externa de la base del cráneo. A) Cada uno de los huesos
integrantes se identifica por un color. B) El foramen magno se localiza a medio camino entre los procesos
mastoides y a su mismo nivel. El paladar duro constituye tanto una parte de la pared superior de la boca como
la pared inferior de la cavidad nasal. Las grandes coanas, a cada lado del vómer, constituyen la entrada
posterior a las cavidades nasales.

El paladar duro (paladar óseo) está formado por los procesos palatinos de los
maxilares anteriormente y las láminas horizontales de los huesos palatinos
posteriormente. El borde posterior libre del paladar duro se proyecta posteriormente

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en el plano medio como espina nasal posterior. Posteriormente a los dientes


incisivos centrales se halla el foramen incisivo, una depresión en la línea media del
paladar óseo en la cual se abren los conductos incisivos.
Los nervios nasopalatinos derecho e izquierdo pasan desde la nariz a través de un
número variable de conductos y forámenes incisivos (pueden ser bilaterales o unirse
en una sola formación).
Posterolateralmente se hallan los forámenes palatinos mayor y menores.
Superiormente al borde posterior del paladar se hallan dos grandes aberturas, las
coanas (aberturas nasales posteriores), separadas entre sí por el vómer (del latín, reja
del arado), un hueso plano impar de forma trapezoidal que constituye una parte
importante del septo nasal óseo (fig. 8-9 B).

FIGURA 8-10. Hueso esfenoides. El esfenoides es un hueso impar e irregular, lleno de aire (neumático). A)
Se han retirado partes de la delgada pared anterior del cuerpo del hueso para mostrar el interior del seno

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esfenoidal, que está típicamente dividido, de forma irregular, en cavidades derecha e izquierda. B) La fisura
orbitaria superior es un espacio entre las alas mayor y menor del esfenoides. Las láminas medial y lateral son
componentes de los procesos pterigoides. C) Detalles de la silla turca, formación de la línea media que rodea
la fosa hipofisaria.

Enclavado entre los huesos frontal, temporales y occipital se halla el esfenoides


(del latín, alado; pterigoides a menudo es un sinónimo de esfenoides), un hueso impar
de forma irregular que consta de un cuerpo y tres pares de procesos: alas mayores,
alas menores y procesos pterigoides (fig. 8-10). Las alas mayores y menores del
esfenoides se proyectan lateralmente desde las caras laterales del cuerpo del hueso.
Las alas mayores poseen caras orbitarias, temporales e infratemporales, visibles en las
proyecciones anterior, lateral e inferior del exterior del cráneo (figs. 8-3, 8-4 A y 8-9
A), y caras cerebrales visibles en las proyecciones internas de la base del cráneo (fig.
8-11). Los procesos pterigoides, que constan de las láminas lateral y medial de la
pterigoides, se extienden inferiormente a cada lado del esfenoides desde la unión del
cuerpo y las alas mayores (figs. 8-9 A y 8-10 A y B).
El surco para la porción cartilaginosa de la tuba auditival (trompa auditiva)
(faringotimpánica) está situado medialmente a la espina del esfenoides,
inferiormente a la unión del ala mayor del esfenoides y la porción petrosa del hueso
temporal (fig. 8-9 B). Unas depresiones en cada porción escamosa del hueso
temporal, denominadas fosas mandibulares, acomodan las cabezas (cóndilos)
mandibulares cuando la boca está cerrada.
La base del cráneo está formada posteriormente por el hueso occipital, que se
articula anteriormente con el esfenoides. Las cuatro partes del hueso occipital están
dispuestas en torno al foramen magno, el rasgo más destacado de la base del cráneo.
Las principales estructuras que atraviesan este gran orificio son: la médula espinal
(donde continúa con la médula oblongada del encéfalo), las meninges (coberturas) del
encéfalo y la médula espinal, las arterias vertebrales, las arterias espinales anterior y
posteriores, y el nervio accesorio (NC XI). En las porciones laterales del hueso
occipital se hallan dos grandes protuberancias, los cóndilos occipitales, mediante los
cuales el cráneo se articula con la columna vertebral.
La gran abertura entre el hueso occipital y la porción petrosa del hueso temporal
es el foramen yugular, desde el cual la vena yugular interna y varios nervios
craneales (NC IX a XI) salen del cráneo (figs. 8-9 A y 8-11; tabla 8-2). La entrada al
conducto carotídeo para la arteria carótida interna se halla justo anterior al foramen
yugular (v. fig. 8-9 B). Los procesos mastoides proporcionan inserciones musculares.
El foramen estilomastoideo, atravesado por el nervio facial (NC VII) y la arteria
estilomastoidea, está situado posteriormente a la base del proceso estiloides.

Cara interna de la base del cráneo


La cara interna de la base del cráneo presenta tres grandes depresiones situadas a
diferentes niveles: las fosas craneales anterior, media y posterior, que configuran el
piso en forma de cuenco de la cavidad craneal (fig. 8-12), este espacio del
neurocráneo está ocupado por el cerebro. La fosa craneal anterior ocupa el nivel más
elevado; la posterior, el más bajo.

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FOSA CRANEAL ANTE RIOR


Las porciones inferior y anterior de los lóbulos frontales del cerebro ocupan la fosa
craneal anterior, la más alta de las tres (fig. 8-12 B). Está formada por el hueso
frontal anteriormente, el etmoides en la parte media, y el cuerpo y las alas menores
del esfenoides posteriormente. La mayor parte de la fosa está constituida por las
porciones orbitarias del hueso frontal, que sostienen los lóbulos frontales del
cerebro y forman la pared superior de las órbitas. La superficie presenta unas
impresiones sinuosas (impresiones cerebrales) que alojan los giros
(circunvoluciones) orbitarios de los lóbulos frontales (fig. 8-11).
La cresta frontal es una extensión ósea media del hueso frontal (fig. 8-12 A). En
su base se halla el foramen ciego del hueso frontal, atravesado por vasos durante el
desarrollo fetal, pero que carece de significado más tarde. La crista galli es una
gruesa cresta ósea media posterior al foramen ciego, que se proyecta superiormente
desde el etmoides. A cada lado de esta cresta se encuentra la lámina cribosa del
etmoides, con aspecto parecido a un colador. Sus numerosos y diminutos forámenes
dan paso a los nervios olfatorios (NC I) desde las áreas olfatorias de las cavidades
nasales hasta los bulbos olfatorios del cerebro, situados sobre esta lámina (fig. 8-12
A; tabla 8-2).

FOSA CRANEAL MEDIA


La fosa craneal media, en forma de mariposa, presenta una parte central, compuesta
por la silla turca en el cuerpo del esfenoides, y unas grandes partes laterales
deprimidas a cada lado (fig. 8-12). La fosa craneal media es posteroinferior a la fosa
craneal anterior, separada de ella por las agudas crestas esfenoidales lateralmente y
por el limbo esfenoidal centralmente. Las crestas esfenoidales están formadas sobre
todo por los bordes posteriores agudos de las alas menores del esfenoides, que se
proyectan sobre las partes laterales de las fosas anteriormente. Las crestas
esfenoidales finalizan medialmente en dos proyecciones óseas agudas, los procesos
clinoides anteriores.
Una cresta variablemente prominente, el limbo esfenoidal, forma el límite
anterior del surco prequiasmático, orientado de forma transversal, que se extiende
entre los conductos ópticos derecho e izquierdo. Los huesos que constituyen las
partes laterales de la fosa son las alas mayores del esfenoides y las porciones
escamosas de los huesos temporales lateralmente, y las porciones petrosas del hueso
temporal posteriormente. Las partes laterales de la fosa craneal media soportan los
lóbulos temporales del cerebro. El límite entre las fosas craneales media y posterior
es el borde superior (cresta) de la porción petrosa del hueso temporal
lateralmente, y una lámina ósea plana, el dorso de la silla turca del esfenoides,
medialmente.
La silla turca es la formación ósea con aspecto de silla de montar situada en la
superficie superior del cuerpo del esfenoides. Se encuentra rodeada por los procesos
clinoides anteriores y posteriores (figs. 8-10 C y 8-12 A). Clinoides significa «pata
de la cama», y los cuatro procesos (dos anteriores y dos posteriores) rodean la fosa
hipofisaria, la «cama» de la glándula hipófisis, como las cuatro patas de una cama. La
silla turca se compone de tres partes:

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FIGURA 8-11. Cráneo adulto VIII: forámenes craneales.

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FIGURA 8-12. Cráneo del adulto IX: cara interna de la base del cráneo. A) Cara interna que muestra los
huesos que la componen y sus características. B) El piso de la cavidad craneal puede dividirse en tres niveles:
fosas craneales anterior, media y posterior.

1. El tubérculo de la silla (pomo de la silla) es una elevación media


variablemente prominente que forma el límite posterior del surco
prequiasmático y el límite anterior de la fosa hipofisaria.
2. La fosa hipofisaria es una depresión media (el asiento de la silla) en el cuerpo
del esfenoides que aloja la hipófisis.
3. El dorso de la silla (respaldo de la silla) es una lámina ósea cuadrada que se
proyecta superiormente desde el cuerpo del esfenoides. Constituye el límite
posterior de la silla turca y sus ángulos superolaterales prominentes componen
los procesos clinoides posteriores.

A cada lado del cuerpo del esfenoides, una semiluna de cuatro forámenes perfora

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nervios facial (NC VII) y vestibulococlear (NC VIII) y la arteria laberíntica. El


conducto del nervio hipogloso para ese nervio (NC XII) es superior al borde
anterolateral del foramen magno.

Paredes de la cavidad craneal


Las paredes de la cavidad craneal varían de grosor en las diferentes regiones.
Suelen ser más delgadas en la mujer que en el hombre, y también más delgadas en el
niño y el anciano. Los huesos tienden a ser más delgados en las áreas que se hallan
bien cubiertas por músculos, como la porción escamosa del hueso temporal (v. fig. 8-
11). Las áreas delgadas de los huesos pueden verse en las radiografías (v. fig. 8-5) o
al sostener un cráneo desecado frente a una luz intensa.
La mayoría de los huesos de la calvaria se componen de las tablas interna y
externa de hueso compacto, separadas por el díploe (v. figs. 8-5 y 8-11). El díploe
es hueso esponjoso que contiene médula ósea roja en vida y conductos formados por
las venas diploicas. En el cráneo en seco el díploe no es rojo, pues las proteínas se
eliminan durante la preparación del cráneo. La tabla interna ósea es más delgada que
la externa, y en algunas áreas sólo existe una fina lámina de hueso compacto, sin
díploe.
La sustancia ósea del cráneo está distribuida de un modo desigual. Los
relativamente delgados huesos planos (aunque la mayoría son curvos) proporcionan
la potencia necesaria para mantener las cavidades y proteger su contenido. Sin
embargo, además de albergar el encéfalo, los huesos del neurocráneo (y sus procesos)
aportan inserción proximal a los potentes músculos de la masticación que se insertan
distalmente en la mandíbula. Por lo tanto, se producen unas intensas fuerzas de
tracción a través de la cavidad nasal y las órbitas, que quedan interpuestas. De este
modo, las porciones engrosadas de los huesos craneales forman unos potentes
contrafuertes o pilares que transmiten las fuerzas y evitan su paso por las órbitas y la
cavidad nasal (fig. 8-13). Los contrafuertes principales son el contrafuerte
frontonasal, que se extiende desde la región de los dientes caninos entre las
cavidades nasal y orbitaria hasta la porción central del hueso frontal, y el
contrafuerte arco cigomático-borde orbitario lateral, desde la región de los
molares hasta la parte lateral del hueso frontal y el temporal. De modo similar, los
contrafuertes occipitales transmiten las fuerzas recibidas lateralmente al foramen
magno desde la columna vertebral. Quizás para compensar la mayor densidad ósea
necesaria para estos refuerzos, algunas áreas del cráneo que no se hallan sometidas a
tantas exigencias mecánicas se neumatizan (se llenan de aire).

1511

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FIGURA 8-13. Contrafuertes del cráneo. Son partes gruesas de hueso craneal que transmiten fuerzas
alrededor de regiones más débiles del cráneo.

FIGURA 8-14. Regiones de la cabeza.

Regiones de la cabeza
Para que exista una clara comunicación sobre la localización de las estructuras,
lesiones o patología, la cabeza se divide en regiones (fig. 8-14). El gran número de
regiones (ocho) en que se divide el área relativamente pequeña de la cara es reflejo de

1512

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su complejidad funcional e importancia personal, como indican los gastos anuales en


cirugía estética electiva. Con la excepción de la región auricular, que incluye también
la oreja, los nombres de las regiones de la porción neurocraneal de la cabeza
corresponden a los huesos o detalles óseos sub yacentes: regiones frontal, parietal,
occipital, temporal y mastoidea.
La porción viscerocraneal de la cabeza incluye la región facial, que se divide en
cinco regiones bilaterales y tres regiones medias en relación con estructuras
superficiales (regiones labial y de la mejilla), con formaciones de tejidos blandos más
profundas (región parotídea) y con estructuras esqueléticas (regiones orbitaria,
infraorbitaria, nasal, cigomática y mentoniana). En el resto del capítulo se exponen
detalladamente varias de estas regiones, así como algunas regiones profundas no
representadas en la superficie (p. ej., la región infratemporal y la fosa
pterigopalatina). La anatomía de superficie de estas regiones se comentará al describir
cada región.

CUADRO CLÍNICO
CRÁNEO
Traumatismos craneales
Los traumatismos craneales son una causa importante de muerte y
discapacidad. Las complicaciones de los traumatismos craneales consisten
en hemorragia, infección y lesiones del encéfalo (p. ej., conmoción) y los nervios
craneales. El trastorno del nivel de consciencia es el síntoma más común de los
traumatismos craneales. En Estados Unidos, casi el 10% de todas las muertes se
producen por traumatismos craneales, y aproximadamente en la mitad de las
muertes de causa traumática está implicado el encéfalo (Louis et al., 2016). Los
traumatismos craneales ocurren sobre todo en individuos jóvenes, entre 15 y 24
años. La causa principal de las lesiones cerebrales es variable, pero destacan los
accidentes de automóvil y motocicleta.

Cefaleas y dolor facial


Pocos trastornos son más frecuentes que la cefalea y el dolor facial. Aunque
la cefalea habitualmente es benigna y se asocia con tensión, fatiga o fiebre
moderada, puede indicar también un problema intracraneal grave, como un tumor
cerebral, una hemorragia subaracnoidea o una meningitis. Las neuralgias se
caracterizan por dolor pulsátil o punzante en el recorrido de un nervio, causado
por una lesión desmielinizante. Son un motivo común de dolor facial. Los
términos como neuralgia facial describen sensaciones dolorosas difusas. Los
dolores localizados tienen nombres específicos, como otalgia y odontalgia. El
conocimiento profundo de la anatomía de la cabeza ayuda a comprender las
causas de las cefaleas y del dolor facial.

Traumatismos de los arcos superciliares

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Los arcos superciliares son crestas óseas relativamente agudas (v. fig. 8-3); por lo
tanto, un golpe sobre ellos (p. ej., en el boxeo) puede desgarrar la piel y
producir una hemorragia. La magulladura de la piel que rodea la órbita
provoca la acumulación de sangre y líquido hístico en el tejido conectivo
circundante, que gravita sobre el párpado superior y en torno al ojo («ojo
morado»; v. fig. C8-12).

Enrojecimiento malar
El hueso cigomático se denominaba antes hueso malar; por lo tanto, es
probable que escuches el término clínico enrojecimiento malar. Este
enrojecimiento de la piel que cubre la prominencia cigomática (eminencia malar)
se asocia con la fiebre que acompaña a ciertas enfermedades, como la
tuberculosis y el lupus eritematoso sistémico.

Fracturas de los maxilares y de los huesos asociados


El Dr. Léon Clement Le Fort (cirujano y ginecólogo de París, 1829-1893)
distinguió tres variantes comunes de fracturas de los maxilares (fig. C8-1):

Fractura de Le Fort I: amplia variedad de fracturas horizontales de los


maxilares que discurren superiormente a los procesos alveolares maxilares
(es decir, a las raíces de los dientes), cruzan el septo nasal óseo y
posiblemente las láminas pterigoideas del esfenoides.
Fractura de Le Fort II: transcurre desde las partes posterolaterales de los
senos maxilares (cavidades en los maxilares) superomedialmente a través de
los forámenes infraorbitarios, lagrimales o etmoides hasta el puente nasal.
Como resultado, toda la parte central de la cara, incluidos el paladar duro y
los procesos alveolares, queda separada del resto del cráneo.
Fractura de Le Fort III: fractura horizontal que atraviesa las fisuras
orbitarias superiores, el etmoides y los huesos nasales, y se extiende
lateralmente a través de las alas mayores del esfenoides y las suturas
frontocigomáticas. La fractura concomitante de los arcos cigomáticos da
lugar a que los maxilares y los huesos cigomáticos se separen del resto del
cráneo.

Fracturas de la mandíbula
La fractura de mandíbula suele ser doble, con frecuencia en lados opuestos;
por lo tanto, si se observa una fractura, debe buscarse otra (p. ej., un fuerte
golpe en la mandíbula fractura a menudo el cuello de la mandíbula y su cuerpo en
la región de los dientes caninos opuestos).
Las fracturas de los procesos coronoides de la mandíbula son raras y suelen
ser únicas (fig. C8-2). Las fracturas del cuello de la mandíbula son a menudo
transversas y pueden acompañarse de luxación de la articulación
temporomandibular del mismo lado. Las fracturas del ángulo de la mandíbula
suelen ser oblicuas y pueden interesar el alvéolo óseo del [Link] molar (fig. C8-2,

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línea C). Las fracturas del cuerpo de la mandíbula atraviesan frecuentemente el


alvéolo de un diente canino (fig. C8-2, línea D).

Resorción del hueso alveolar


La extracción de un diente da lugar a la resorción del hueso alveolar en esa
zona (fig. C8-3). Después de la pérdida o extracción completa de los dientes
maxilares, los alvéolos comienzan a llenarse de hueso y el proceso alveolar a
resorberse. De manera similar, la extracción de un diente mandibular provoca
resorción ósea. Gradualmente, el foramen mentoniano se sitúa cerca del borde
superior del cuerpo de la mandíbula (fig. 8-3 A a C). En algunos casos los
forámenes mentonianos llegan a desaparecer, lo que deja los nervios mentonianos
expuestos a la lesión. La presión de una prótesis dental (p. ej., una dentadura que
descanse sobre un nervio mentoniano expuesto) puede ocasionar dolor al
masticar. La pérdida de todos los dientes da lugar a que disminuya la dimensión
vertical facial y a prognatismo mandibular (con submordida). Además, aparecen
pliegues profundos en la piel de la cara, que discurren hacia atrás desde los
ángulos de la boca.

FIGURA C8-1. Fracturas de Le Fort.

1515

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FIGURA C8-2. Fracturas de la mandíbula. Línea A, fractura del proceso coronoides; línea B, fractura
del cuello de la mandíbula; línea C, fractura del ángulo de la mandíbula; línea D, fractura del cuerpo de
la mandíbula.

FIGURA C8-3. Etapas de resorción del hueso alveolar desdentado.

Fracturas de la calvaria
La convexidad de la calvaria (bóveda craneal) distribuye los efectos de un
golpe en la cabeza, y por lo tanto suele minimizarlos. Sin embargo, es
probable que los golpes potentes en una zona delgada de la calvaria originen
fracturas con hundimiento, en las que un fragmento óseo queda deprimido hacia
dentro y comprime y/o lesiona el cerebro (fig. C8-4). Las fracturas lineales de la
calvaria, el tipo más frecuente, suelen ocurrir en el punto del impacto, aunque a
menudo irradian en dos o más direcciones. En las fracturas conminutas, el hueso
se rompe en varios fragmentos. Si el impacto se produce sobre una zona de
calvaria gruesa, el hueso puede combarse hacia dentro sin fracturarse; sin
embargo, puede producirse una fractura a una cierta distancia del lugar del trauma
directo, donde los huesos son más delgados. En una fractura por contragolpe no
hay fractura en el punto del impacto, pero sí en el lado opuesto del cráneo.

1516

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Acceso quirúrgico a la cavidad craneal: colgajos óseos


Para acceder a la cavidad craneal y al cerebro, los cirujanos realizan una
craneotomía, en la que se eleva o extrae una sección del neurocráneo, que se
denomina colgajo óseo (fig. C8-5). Debido a que el pericráneo (periostio) del
adulto posee escasa capacidad osteogénica (formadora de hueso), hay poca
regeneración ósea después de la pérdida de hueso (p. ej., al extraer fragmentos
óseos durante la reparación de una fractura craneal conminuta). Los colgajos
óseos producidos quirúrgicamente se vuelven a colocar en su lugar y se unen con
hilo metálico a otras partes de la calvaria, o se mantienen temporalmente en su
lugar con placas metálicas. La reintegración es más probable si el hueso se refleja
con sus músculos y piel suprayacentes, para que conserve su irrigación propia
durante la intervención y tras ser recolocado. Si el colgajo óseo no se recoloca (es
decir, el colgajo queda reemplazado por una lámina permanente de plástico o
metal), la intervención se denomina craniectomía.

Desarrollo del cráneo


Los huesos de la calvaria y de algunas partes de la base del cráneo se
desarrollan por osificación intramembranosa; el desarrollo de la mayor
parte de la base del cráneo se realiza por osificación endocondral. Al nacer, los
huesos de la calvaria son lisos y unilaminares, sin díploe. Las eminencias frontal
y parietal son especialmente prominentes (fig. C8-6). El cráneo del recién nacido
es desproporcionadamente grande en comparación con otras partes del esqueleto;
sin embargo, su cara anterior es pequeña en comparación con la calvaria, pues
constituye alrededor de una octava parte del cráneo. En el adulto, el esqueleto
facial constituye un tercio del cráneo. El gran tamaño de la calvaria en el lactante
es consecuencia del crecimiento y desarrollo precoces del cerebro y los ojos.

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FIGURA C8-4. Fracturas de la calvaria.

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FIGURA C8-5. Craneotomía.

El desarrollo escaso de la cara da lugar a que las órbitas aparezcan


relativamente grandes (fig. C8-6 A). El pequeño tamaño de la cara se debe al
desarrollo rudimentario de los maxilares, la mandíbula y los senos paranasales
(cavidades óseas llenas de aire), a la ausencia de dientes que hayan hecho
erupción y al pequeño tamaño de las cavidades nasales.
En el recién nacido, las dos mitades del hueso frontal se hallan separadas por
la sutura frontal; los huesos frontal y parietales están separados por la sutura
coronal, y los maxilares y las mandíbulas lo están por la sutura intermaxilar y la
sínfisis mandibular (articulación cartilaginosa secundaria), respectivamente. No
hay proceso mastoides ni estiloides (fig. C8-6 A y B). Por la ausencia del proceso
mastoides al nacer, el nervio facial se halla próximo a la superficie a su salida del
foramen estilomastoideo. A consecuencia de ello, el nervio facial puede
lesionarse con el fórceps durante un parto difícil, o más adelante por una incisión
retroauricular (p. ej., en el tratamiento quirúrgico de la mastoiditis o por
problemas del oído medio). El proceso mastoides se forma gradualmente durante
el primer año de vida, cuando el músculo esternocleidomastoideo completa su
desarrollo y tracciona de la porción petromastoidea del hueso temporal.
En los recién nacidos, los huesos de la calvaria están separados por
fontanelas (membranas fibrosas; pueden palparse en la profundidad del cráneo
como «zonas suaves»); el mayor de ellos se produce entre los ángulos de los
huesos planos (fig. C8-6 A y B). Son las fontanelas anterior y posterior y las
fontanelas esfenoidales y mastoideas, estas dos últimas pares. Mediante la

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palpación de las fontanelas en el lactante, especialmente la anterior y la posterior,


el médico puede determinar:

El progreso del crecimiento de los huesos frontal y parietales.


El grado de hidratación del lactante (la depresión de la fontanela indica
deshidratación).
El nivel de presión intracraneal (el abombamiento de la fontanela indica un
aumento de la presión sobre el cerebro).

La fontanela anterior, la mayor de ellas, tiene forma romboidal o de estrella;


está limitada anteriormente por las dos mitades del hueso frontal, y
posteriormente por los huesos parietales (fig. C8-6). Por lo tanto, está situada en
la unión de las suturas sagital, coronal y frontal, o futura localización del bregma
(fig. 8-6; tabla 8-1). Hacia los 18 meses de edad, los huesos circundantes se han
fusionado y la fontanela anterior deja de ser clínicamente palpable.
Al nacer, el hueso frontal se compone de dos mitades, cuya unión comienza
en el 2.o año. En la mayoría de los casos, la sutura frontal se oblitera hacia el 8.o
año. Sin embargo, en un 8% de los individuos persiste un resto de ella, la sutura
metópica (v. figs. 8-2 A y 8-3). Con mucha menos frecuencia persiste toda la
sutura frontal (fig. C8-6 C). La persistencia de la sutura no debe interpretarse
como una fractura en las radiografías ni en otras técnicas de diagnóstico por la
imagen (p. ej., TC).

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FIGURA C8-6. Desarrollo del cráneo.

La fontanela posterior es triangular y está limitada anteriormente por los


huesos parietales y posteriormente por el hueso occipital. Está situada en la unión
de las suturas lambdoidea y sagital, o futura localización del lambda (v. figs. 8-7
A y 8-8 C). La fontanela posterior comienza a cerrarse durante los primeros
meses de vida, y hacia el final del primer año es pequeña y clínicamente no se
palpa. Las fontanelas esfenoidal y mastoidea, cubiertas por el músculo temporal
(fig. 8-16 A), se fusionan en el lactante y son clínicamente menos importantes
que las fontanelas de la línea media. Las mitades de la mandíbula se fusionan a
comienzos del 2.o año. Los dos maxilares y los huesos nasales habitualmente no
se fusionan.
La blandura de los huesos del cráneo en el lactante y la laxitud de sus
conexiones en las suturas y fontanelas permiten que la forma del cráneo se
moldee durante el parto (fig. C8-7). Al paso del feto por el canal del parto, las
mitades del hueso frontal se aplanan, el hueso occipital queda desplazado y un
hueso parietal se encabalga ligeramente sobre el otro. Unos pocos días después
del nacimiento, la forma del cráneo recupera su normalidad. La elasticidad de los
huesos craneales en el lactante les permite resistir fuerzas que provocarían
fracturas en el adulto. Las suturas fibrosas de la calvaria permiten también que el
cráneo aumente de tamaño en el lactante y el niño. El aumento de tamaño de la
calvaria es máximo los primeros 2 años, período en que el cerebro crece con
mayor rapidez. La calvaria aumenta de capacidad normalmente durante 15-16
años. Después de esta edad, suele aumentar ligeramente durante 3-4 años debido
al engrosamiento de los huesos.

Cambios de la cara asociados con la edad


La mandíbula es el hueso más dinámico, pues su tamaño y forma, y el
número de dientes, experimentan cambios considerables con la edad. En el
recién nacido, la mandíbula se compone de dos mitades unidas en el plano medio
por una articulación cartilaginosa, la sínfisis mandibular. La unión de ambas
mitades tiene lugar mediante fibrocartílago; comienza durante el [Link] año y ambas
mitades se han fusionado hacia el final del 2.o año. En el recién nacido, el cuerpo
de la mandíbula es un caparazón simple, carece de procesos alveolares y cada
mitad engloba cinco dientes deciduos. La erupción de estos dientes suele
comenzar a los 6 meses de edad. El cuerpo de la mandíbula se alarga, sobre todo
posteriormente al foramen mentoniano (v. fig. C8-2), para acomodar este
desarrollo y más tarde alojar ocho dientes permanentes, cuya erupción se inicia
durante el 6.o año de vida (fig. C8-8). La erupción de los dientes permanentes no
se completa hasta comienzos de la vida adulta.

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FIGURA C8-7. Moldeado de la calvaria.

El rápido crecimiento de la cara en el lactante y a comienzos de la niñez


coincide con la erupción de los dientes deciduos. El crecimiento vertical de la
parte alta de la cara se produce principalmente por el desarrollo dentoalveolar del
hueso alveolar. Estos cambios son más acentuados tras la erupción de los dientes
permanentes. El aumento concomitante de tamaño de las regiones frontal y facial
se asocia con el crecimiento de los senos paranasales, extensiones de las
cavidades nasales, llenas de aire, en ciertos huesos del cráneo (fig. C8-9). La
mayoría de los senos paranasales son rudimentarios o se hallan ausentes al nacer.
Su crecimiento es importante para modificar la forma de la cara y añadir
resonancia a la voz.

Obliteración de las suturas craneales


La obliteración de las suturas entre los huesos de la calvaria suele iniciarse
entre los 30 y 40 años de edad en la cara interna, y unos 10 años más tarde
en la cara externa (fig. C8-10; cf. fig. C8-8 B). La obliteración comienza
generalmente en el bregma y continúa de modo secuencial en las suturas sagital,
coronal y lambdoidea. El tiempo de cierre varía considerablemente.

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FIGURA C8-8. Vista lateral izquierda de la dentición. Flechas, dientes permanentes no erupcionados.

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FIGURA C8-9. Senos paranasales en un cráneo infantil.

Cambios en el cráneo asociados con la edad


A medida que aumenta la edad, los huesos craneales van siendo
progresivamente más delgados y ligeros, y el díploe se llena de un material
gelatinoso gris. La médula ósea ha perdido sus células sanguíneas y grasa, y
adquiere un aspecto gelatinoso.

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FIGURA C8-10. Cierre (sinostosis) de las suturas craneales. Flechas, sutura sagital; puntas de flecha,
sutura coronal.

Craneosinostosis y malformaciones craneales


El cierre prematuro de las suturas craneales (craneosinostosis primaria)
origina diversas malformaciones craneales (fig. C8-11). La incidencia de
craneosinostosis primaria es de aproximadamente 1 por 2 000 nacimientos
(Kliegman et al., 2016). Aunque se desconoce la causa de la craneosinostosis, al
parecer los factores genéticos son importantes. La hipótesis imperante es que el
desarrollo anormal de la base del cráneo crea unas tensiones exageradas sobre la
duramadre (membrana externa de cobertura del encéfalo), lo que altera el
desarrollo normal de las suturas craneales. Estas malformaciones son más
frecuentes en el sexo masculino que en el femenino, y se asocian a menudo con
otras anomalías esqueléticas. El tipo de malformación que se produce depende de
cuáles sean las suturas interesadas.
El cierre prematuro de la sutura sagital, en el cual la fontanela anterior es
pequeña o se halla ausente, da lugar a un cráneo alargado y estrecho, en forma de
cuña, que recibe el nombre de escafocefalia (fig. C8-11 A). Cuando el cierre
prematuro de las suturas coronal o lambdoidea ocurre sólo en un lado, el cráneo
es retorcido y asimétrico, lo que se conoce como plagiocefalia (fig. C8-11 B). El
cierre prematuro de la sutura coronal da lugar a un cráneo alto a modo de torre,
denominado oxicefalia o turricefalia (fig. C8-11 C). Este último tipo de
malformación craneal es más frecuente en el sexo femenino. El cierre prematuro
de las suturas no afecta habitualmente al desarrollo del cerebro.

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FIGURA C8-11. Malformaciones craneales.

Puntos fundamentales
CRÁNEO
El cráneo es el esqueleto de la cabeza, una amalgama de componentes unidos para constituir una
formación esquelética. ● Los componentes funcionales básicos incluyen el neurocráneo, que contiene el
encéfalo y los oídos internos, y el viscerocráneo, compuesto por las órbitas, las cavidades nasales y las
láminas portadoras de los dientes (procesos alveolares) de la cavidad bucal. ● Aunque inicialmente hay
un cierto grado de movilidad entre los huesos craneales, ventajosa durante el parto, más tarde se fijan
entre sí mediante articulaciones esencialmente inmóviles (suturas), que sólo otorgan movilidad a la
mandíbula. ● Abundantes fisuras y forámenes facilitan la comunicación y el paso de las estructuras
vasculonerviosas entre los componentes funcionales. ● La sustancia ósea del cráneo está distribuida de un
modo desigual. Los relativamente delgados huesos planos (aunque la mayoría son curvados)
proporcionan la fuerza necesaria para mantener las cavidades y proteger su contenido. ● Sin embargo, los
huesos y los procesos del neurocráneo también proporcionan inserción proximal a los potentes músculos
masticadores que se insertan distalmente en la mandíbula. ● Las elevadas fuerzas de tracción que se
generan a través de las cavidades nasales y las órbitas, que están interpuestas entre las inserciones
musculares, se ejercen sobre porciones engrosadas y resistentes de los huesos, que forman potentes
pilares o contrafuertes. ● La parte más superficial del cráneo proporciona puntos de referencia visibles y

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palpables.
Las características internas de la base del cráneo reflejan las principales formaciones del cerebro que
descansan sobre ella. ● Las crestas óseas que irradian desde la silla turca o fosa hipofisaria, situada
centralmente, dividen el cráneo en tres fosas. ● Los lóbulos frontales del cerebro están situados en la fosa
craneal anterior. ● Los lóbulos temporales se hallan en la fosa craneal media. ● El rombencéfalo,
compuesto por el puente, el cerebelo y la médula oblongada, ocupa la fosa craneal posterior; la médula
oblongada continúa a través del foramen magno, donde establece continuidad con la médula espinal.

CARA Y PIEL CABELLUDA

Cara
La cara es la superficie anterior de la cabeza, desde la frente hasta el mentón y de una
oreja a la otra. La cara nos proporciona identidad como individuos humanos. Por lo
tanto, los defectos en esta región u otras alteraciones resultantes de procesos
patológicos o traumatismos tienen importantes consecuencias, más allá de sus efectos
físicos.
La forma básica de la cara está determinada por los huesos subyacentes. La
individualidad de la cara se debe principalmente a variaciones anatómicas en la forma
y prominencia relativa del cráneo subyacente, en el depósito de tejido adiposo; en el
color y los efectos del envejecimiento sobre la piel suprayacente, y en la abundancia,
naturaleza y disposición del pelo sobre la cara y la piel cabelluda. El tamaño
relativamente grande de las almohadillas grasas de la mejilla en el lactante evita el
colapso de las mejillas durante la succión y confiere el aspecto de mejillas
rechonchas. El crecimiento de los huesos de la cara requiere más tiempo que el de los
huesos de la calvaria. El hueso etmoides, las cavidades orbitarias y las porciones
superiores de las cavidades nasales casi han completado su crecimiento hacia el 7.o
año. La expansión de las órbitas y el crecimiento del septo nasal desplazan los
maxilares inferoanteriormente. Durante la infancia se produce un considerable
crecimiento de la cara, al desarrollarse los senos paranasales y hacer erupción los
dientes permanentes.
La cara desempeña un importante papel en la comunicación. Nuestras
interacciones con otros tienen lugar en gran medida a través de la cara (incluidas las
orejas); de aquí el término interfaz para un punto de interacciones. Mientras que la
forma y los rasgos de la cara nos proporcionan nuestra identidad, gran parte de
nuestro estado afectivo hacia los demás y de sus percepciones sobre nosotros son
consecuencia del modo en que utilizamos los músculos faciales para establecer las
ligeras modificaciones de los rasgos que constituyen la expresión facial.

Piel cabelluda
La piel cabelluda se compone de piel (normalmente con cabello) y tejido subcutáneo
que cubre el neurocráneo desde las líneas nucales superiores en el hueso occipital
hasta los bordes supraorbitarios del hueso frontal (v. figs. 8-3 y 8-4 A). Lateralmente,
la piel cabelluda se extiende sobre la fascia temporal hasta los arcos cigomáticos.
La piel cabelluda se compone de cinco capas, de las cuales las tres primeras están
conectadas íntimamente y se mueven como una sola unidad (p. ej., al arrugar la frente

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