1.
PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES QUE INFORMAN EL PROCESO
PENAL GUATEMALTECO.
1.1. Conceptos.
Es usual que en el medio forense se utilice indistintamente como sinónimos los conceptos
jurídicos de derechos, garantías y principios. Sin embargo, los unos se diferencias de los
otros, por cuanto que, procesalmente hablando, los derechos son normas de carácter
subjetivo que dan facultades de exigir su aplicación; las garantías están concebidas en
función de proteger que los derechos establecidos en favor de todo ciudadano sean
respetados dentro de toda relación procesal, y los principios, inspiran y orientan al
legislador para la elaboración de las normas o derechos, les sirven al juez para integrar el
derecho como fuente supletoria, en ausencia de la ley y operan como criterio orientador del
juez o del intérprete.
1.2. Características.
Según el autor guatemalteco, José Mynor Par Usen, las garantías, pues, son medios
técnicos jurídicos, orientados a proteger las disposiciones constitucionales cuando éstas
son infringidas, reintegrando el orden jurídico violado. Entre estos derechos y garantías
constitucionales, se pueden citar las siguientes: derecho a un debido proceso, derecho de
defensa, derecho a un defensor letrado, derecho de inocencia, a la igualdad de las partes,
a un Juez natural, a la improcedencia de la persecución penal múltiple, a no declarar
contra sí mismo, a un Juez independiente e imparcial y al de legalidad entre otros.
1.3. Derecho al Debido Proceso.
La primera de las garantías del proceso penal es la que se conoce como juicio previo o
debido proceso; por el cual no se puede aplicar el poder penal del Estado si antes no se ha
hecho un juicio, es decir, si el imputado no ha tenido oportunidad de defenderse, si no se le
ha dotado de un defensor, si no se le ha reconocido como inocente en tanto su presunta
culpabilidad no haya sido demostrada y se le haya declarado culpable. Arto. 12 CPRG. Y 4
segundo párrafo de la LAEC.
1.4. Derecho De Defensa.
El derecho constitucional de defensa en los procesos es uno de los más elementales y al
mismo tiempo fundamental del hombre, y su reconocimiento, forma parte imprescindible
de todo orden jurídico y de cualquier Estado de derecho. Este derecho corresponde al
querellante como al imputado, a la sociedad frente al crimen como al procesado por éste.
La Convención Americana Sobre Derechos Humanos, en su artículo 8 numeral 2 e inciso
D, señala que el inculpado tiene derecho a defenderse personalmente o de ser asistido por
un defensor de su elección y de comunicarse libre y privadamente con su defensor. Arto.
12 CPRG.
1.5. Derecho a un Defensor Letrado.
La constitución en su artículo 8 prescribe que todo detenido deberá ser informado
inmediatamente de sus derechos en forma que le sean comprensibles, especialmente que
pueda proveerse de un defensor, el cual podrá estar presente en todas las diligencias
policiales y judiciales.
1.6. Derecho de Inocencia o no Culpabilidad.
El artículo 14 de la Constitución establece: toda persona es inocente, mientras no se le haya
declaro responsable judicialmente en sentencia debidamente ejecutoriada.
1.7. Derecho a la Igualdad de las Partes.
El fundamento legal de este derecho se encuentra en el artículo 4 de la Constitución que
reza: en Guatemala todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos.
1.8. Derecho a un Juez Natural y Prohibición de Tribunales Especiales.
El artículo 12 de la constitución en su último párrafo indica: ninguna persona puede ser
juzgada por tribunales especiales o secretos, ni por procedimientos que no estén
preestablecidos legalmente. Se entiende por Juez natural o Juez legal, aquel dotado de
jurisdicción y competencia.
1.9. Derecho a no Declarar Contra sí mismo.
Esta garantía procesal encuentra su fundamento en el artículo 16 de la constitución, que
establece: en proceso penal, ninguna persona puede ser obligada a declarar contra sí
misma, contra su cónyuge o persona unida de hecho legalmente, ni contra sus parientes
dentro de los grados de ley.
1.10. La Independencia Judicial Funcional.
La Constitución en el artículo 203 establece: Los magistrados y jueces son independientes
en el ejercicio de sus funciones y únicamente están sujetos a la Constitución de la
República y a las leyes.
1.11. La Garantía de Legalidad.
Esta garantía está expresamente regulada en la norma constitucional 17 que dice: No hay
delito ni pena sin ley anterior, no son punibles las acciones u omisiones que no estén
calificadas como delito o falta y penadas por ley anterior a su perpetración.
2. PRINCIPIOS Y GARANTIAS QUE FUNDAMENTAN EL PROCESO PENAL
GUATEMALTECO.
Los principios procesales, tienen relación directa con las garantías o derechos
constitucionales que ya fueron indicados. Son un conjunto de pautas, sistemas y líneas
jurídicas, que la legislación regula, para orientar a las partes y al juez, dentro de la
substanciación del proceso penal, desde un acto de iniciación hasta su finalización.
2.1. PRINCIPIO DE CONCORDIA.
Tradicionalmente, en el derecho penal, la concordia o conciliación entre las partes, es
posible únicamente en los delitos privados. Las exigencias y necesidades del Derecho
Penal moderno han llevado a la consideración y revisión de los planteamientos que
impedían tal actividad en los delitos públicos de poca o ninguna incidencia social. De tal
manera que la falta de peligrosidad del delincuente, y siempre que se trate de delincuente
primario, así como la naturaleza poco dañina del delito, han llevado a plantear la
posibilidad del avenimiento entre las partes como satisfacción del interés público.
No se trata de cualquier clase de convenio, sino del acto jurídico solicitado por el
Ministerio Público o propiciado por el juez, que tiene por fin extinguir la acción penal y en
consecuencia, evitar la persecución, en los casos en que el sindicado y los agraviados
lleguen a acuerdos sobre las responsabilidades civiles y a compromisos para evitar
recíprocamente ofensas o molestias.
Este principio está presente en aquella serie de disposiciones de desjudicialización que
pretenden buscar soluciones sencillas a los casos de menor trascendencia, se trata de una
figura intermedia entre un compromiso arbitral, un contrato de transacción y una
conciliación judicial tradicional:
Avenimiento de las partes con la intervención del Ministerio Público o del juez.
Renuncia de la acción pública por parte del órgano representativo de los intereses
sociales.
Homologación de la renuncia de la acción penal ante el juez. (Ver Artículos 25 Ter y
25 Quáter del C. Procesal Penal).
2.2. PRINCIPIO DE EFICACIA.
Como resultado de la aplicación de criterios de desjudicialización y de la introducción de
la concordia en materia penal, el Ministerio Público y los Tribunales de Justicia podrán
dedicar esfuerzos y tiempo en la persecución y sanción de los delitos que afectan nuestra
sociedad. El marco de la actividad judicial, puede resumirse así:
En los delitos de poca o ninguna incidencia social, el Ministerio Público o los jueces
deben buscar el avenimiento entre las partes para la solución rápida del proceso penal.
En los delitos graves el Ministerio Público y los Tribunales Penales deben aplicar el
mayor esfuerzo en la investigación del ilícito penal y el procesamiento de los
sindicados.
2.3. PRINCIPIO DE CELERIDAD.
Los procedimientos establecidos en el Decreto 51-92 impulsan el cumplimiento de las
actuaciones procesales, agilizan el trabajo y buscan el ahorro de tiempo y esfuerzos.
2.4. PRINCIPIO DE SENCILLEZ.
La significación del proceso penal es de tanta trascendencia que las formas procesales
deben ser simples y sencillas para expeditar dichos fines al tiempo que, paralelamente, se
asegura la defensa.
2.5. PRINCIPIO DEL DEBIDO PROCESO.
El proceso penal es un instrumento de los derechos de las personas. El principio de que
nadie puede ser juzgado sino conforme a las leyes preexistentes y por un acto calificado
antes como delito o falta, ante tribunal competente y con observancia de las formas
establecidas, existía ya en el Código Procesal Penal derogado; pero no se cumplía y había
normas que contradecían tal espíritu.
Juzgar y penar sólo es posible si se observan las siguientes condiciones:
Que el hecho motivo del proceso esté tipificado en ley anterior como delito o falta.
Que se instruya un proceso seguido con las formas previas y propias fijadas y con
observancia de las garantías de defensa.
Que ese juicio se siga ante el tribunal competente y jueces imparciales.
Que se trate al procesado como inocente hasta que una sentencia firme declare lo
contrario.
Que el juez, en un proceso justo, elija la pena correspondiente.
Que el procesado no haya sido perseguido penalmente con anterioridad por el mismo
hecho.
2.6. PRINCIPIO DE DERECHO DE DEFENSA.
El principio al derecho de defensa, consiste en que nadie podrá ser condenado, ni privado
de sus derechos sin antes haber sido citado, oído y vencido en un proceso judicial. Está
consagrado en el artículo 12 constitucional y debidamente desarrollado en el Decreto 51-92
del Congreso de la República.
2.7. PRINCIPIO DE INOCENCIA.
Toda persona se presume inocente mientras no se le haya declarado responsable en
sentencia condenatoria debidamente ejecutoriada. Arto. 14 de la Constitución. El Decreto
51-92 establece en el artículo 14 que el procesado debe ser tratado como inocente durante
le procedimiento, hasta tanto una sentencia firme lo declare responsable y le imponga una
pena o una medida de seguridad y corrección.
2.8. FAVOR REI.
Como consecuencia del principio de inocencia, el juez deberá favorecer al procesado en
caso de duda y por tanto cuando no pueda tener una interpretación unívoca o certeza de
culpabilidad deberá decidir en favor de éste. En nuestro medio tal principio es conocido
como in dubio pro reo. Este principio fundamenta las características de nuestro derecho
procesal penal:
La retroactividad de la ley penal cuando favorezca al reo, como es sabido, la ley rige a
partir de su vigencia, pero nuevas normas pueden aplicarse a hechos jurídicos
ocurridos antes si es más benigna.
La reformatio in peius, cuando es el procesado el único que impugna una resolución o
el recurso se interpone en su favor, la decisión del tribunal de mayor jerarquía no
puede ser modificada ni revocada en perjuicio del reo, salvo que los motivos se refiera
a intereses civiles cuando la parte contraria lo haya solicitado.
La carga de la prueba, la obligación de probar, está a cargo del Ministerio Público y en
provecho del imputado. Así, ante la duda del juez sobre un hecho constitutivo,
modificativo o impeditivo de la pretensión penal del órgano acusador o del querellante
adhesivo deberá resolver en favor del procesado.
Cuando es incierto el hecho o existe duda sobre la participación o responsabilidad del
procesado, nunca podrá tener lugar una sentencia de condena, en este caso el juez
absolverá porque la dubitación favorece al reo. La sentencia condenatoria únicamente
procede si hay certeza de culpabilidad.
No hay interpretación extensiva ni analógica de la ley substantiva penal.
En materia procesal es posible la interpretación extensiva y analógica porque, a
diferencia de las leyes penales de fondo, que deben ser interpretadas restrictivamente,
las leyes penales de forma, que tienden a asegurar una mejor administración de justicia
represiva y que aprovechan finalmente al justiciable, pueden recibir una interpretación
extensiva, y se añade que la analogía y el razonamiento a fortior 1 no están prohibidos
en lo procesal penal, también, que las leyes de forma pueden ser extendidas fuera de
sus términos estrechos y precisos cuando la razón, el buen sentido y sobre todo, el
interés superior de la justicia mandan esta extensión.
En todo caso, el favor rei constituye una regla de interpretación que obliga, en caso de
duda, a elegir lo más favorable al imputado.
2.9. FAVOR LIBERTATIS.
Este principio busca la graduación del auto de prisión y, en consecuencia, su aplicación a
los casos de mayor gravedad cuando por las características del delito pueda preverse que
de no dictarse, el imputado evadirá la justicia. Es decir, reduce la prisión provisional a una
medida que asegura la presencia del imputado en el proceso.
2.10. READAPTACION SOCIAL.
Se pena para reeducar y para prevenir delitos ya no tanto para imponer temor en la
sociedad, sino para favorecer y fortalecer el sentimiento de responsabilidad y de fidelidad
al ordenamiento jurídico.
2.11. REPARACION CIVIL.
El derecho procesal penal moderno establece los mecanismos que permiten en el mismo
proceso la reparación de los daños y perjuicios provocados al agravamiento por el hecho
criminal.
3. LOS PRINCIPIOS ESPECIALES.
3.1. PRINCIPIO DE OFICIALIDAD.
Este principio obliga al Ministerio Público a realizar o promover la pesquisa objetiva de
hechos criminales y a impulsar la persecución penal. La instrucción del Ministerio Público
requiere como supuesto que el hecho pesquisado revista los caracteres de acción delictiva y
1
la investigación deja intacto el derecho del agraviado a participar en el proceso en calidad
de parte.
3.2. PRINCIPIO DE CONTRADICCIÓN.
Con base a la garantía constitucional, del derecho de defensa que asiste al imputado, la
legislación adjetivo penal establece un régimen de bilateralidad e igualdad, en la relación
jurídica procesal. Esto da oportunidad suficiente a las partes procesales, para oponerse en
iguales condiciones de acusación y defensa. Las partes tienen amplias facultades para
hacer valer sus derechos y garantías en el proceso penal, pues mientras el Ministerio
Público ejerce la persecución penal; por otro lado, el imputado tiene la facultad de
defenderse de esa imputación que se le hace. De ahí que las partes por este principio,
tienen el derecho del contradictorio, de oponerse a la imputación que se les haga. Para que
esto sea efectivo, se hace necesario, también, que ambas partes procesales, acusación y
defensa, tengan los mecanismos de ataque y defensa e idénticas posibilidades de alegación,
prueba e impugnación.
3.3. PRINCIPIO DE ORALIDAD.
La oralidad asegura el contacto directo entre los elementos de prueba y el Juez de
sentencia, representa la forma natural de esclarecer la verdad, de reproducir lógicamente el
hecho delictuoso, de apreciar la condición de las personas que suministran tales elementos.
En especial la oralidad sirve para preservar el principio de inmediación, la publicidad del
juicio y la personalización de la función judicial. La oralidad como principio procesal,
encuentra su fundamento en el Artículo 363 del Código Procesal Penal, que preceptúa: el
debate será oral. En esa forma se producirán las declaraciones del acusado, de los órganos
de prueba y las intervenciones de todas las personas que participan en él. Las resoluciones
del tribunal se dictarán verbalmente, quedando notificados todos por su emisión, pero
constarán en el acta del debate.
3.4. PRINCIPIO DE CONCENTRACIÓN.
La inmediación exige también una aproximación temporal entre la recepción de la prueba
y el pronunciamiento jurisdiccional que se base en ella. Por eso, los beneficios del
principio se aseguran mediante la regla de que el debate debe realizarse durante todas las
audiencias consecutivas que sean necesarias hasta su terminación. Esta concentración de
los actos que integran el debate (la regla se denomina también así) asegura que la sentencia
será dictada inmediatamente después de que sea examinada la prueba que ha de darle
fundamento, y de la discusión de las partes. La relativa unidad de tiempo que resulta de
esta regla, permite la actuación simultánea de todos los sujetos procesales y una valoración
integral de las probanzas, alejando la posibilidad de que se olvide el resultado de los
medios probatorios recibidos o los interprete de modo incorrecto.
Con este principio se procura, por un lado, evitar que el fraccionamiento de los actos del
debate deforme la realidad con la introducción de elementos extraños, y por el otro,
asegurar que los recuerdos perduren en la memoria de los jueces en el momento de la
deliberación y de la decisión, que es la actividad que encierra la tarea de síntesis de todo el
juicio, siendo necesario que el Juez en el momento de pronunciar el fallo, tenga vivo en la
mente, todo lo que ha oído y visto. Entonces el debate y la substanciación de pruebas,
médula espinal del juicio oral, deben realizarse con base a este principio, en forma
concentrada en el tiempo y en el espacio determinado. Esto significa que no pueden
llevarse a cabo en localidades diversas, salvo excepciones determinadas. La concentración
procesal, está regulada por el Código en el artículo 360, al señalar que el debate continuará
durante todas las audiencias consecutivas que fueran necesarias hasta su conclusión. La
norma relacionada continúa con algunas causales que podrían motivas la suspensión del
debate, pero únicamente por un plazo máximo de diez días.
3.5. PRINCIPIO DE INMEDIACIÓN.
Como lógica consecuencia de la vigencia del principio de oralidad surge el principio de
inmediación, al que no sin razón se le ha denominado «compañero de viaje de la oralidad».
Este principio aparece también en la fase probatoria y se une en forma inseparable a la
oralidad, para funcionar como principios hermanos que dan fundamento al sistema
acusatorio.
Para conseguir el imperio de la verdad es necesario que los sujetos procesales reciban
inmediata, directa y simultáneamente los medios de prueba que han de dar fundamento a la
discusión y a la sentencia. Por consiguiente, la regla de inmediación implica:
El contacto directo del Juez con los elementos probatorios en que ha de basar su juicio
y decisión.
El contacto directo de todos los sujetos procesales entre sí, en el momento de recibir
esas pruebas. Ambos aspectos son importantes.
La presencia de los jueces implica, entonces, el desarrollo de ciertas cualidades de
observación, receptividad, reflexión y análisis. El proceso penal produce consecuencias
jurídicas de importancia ya que genera el título apto para entrar en la esfera jurídica
fundamental de la libertad del individuo. No puede, por tanto, consentirse que las
actuaciones que dan base a la sentencia se lleven al cabo en ausencia de los jueces. Este
principio procesal se hace patente en el proceso penal, pues de acuerdo con el Código,
exige que el debate se realice con la presencia ininterrumpida de los jueces llamados a
dictar la sentencia, del Ministerio Público, del acusado, de su defensor y de las demás
partes o sus mandatarios; los sujetos procesales principales, no pueden abandonar la sala
donde se desarrolla el juicio, excepto las partes civiles.
3.6. PRINCIPIO DE PÚBLICIDAD.
El principio de publicidad de las actuaciones procesales es una conquista del pensamiento
liberal frente al procedimiento escrito o «justicia de gabinete» del antiguo régimen; el
movimiento liberal opuso la publicidad del procedimiento como seguridad de los
ciudadanos contra el arbitrio y eventuales manipulaciones gubernamentales en la
constitución y funcionamiento de los tribunales, así, también, como instrumento de control
popular sobre la justicia. El principio de publicidad tiene sus antecedentes en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, y es recogido en el artículo 10 que
establece: Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída
públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la
determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación
contra ella en materia pena.
La ley procesal penal determina que: La función de los tribunales de justicia en los
procesos es obligatoria, gratuita y pública, los casos de diligencias o actuaciones
reservadas serán señaladas expresamente por la ley, además determina que el debate debe
ser público, sin perjuicio de que el tribunal pueda resolver de oficio, que se efectúe, total o
parcialmente, a puertas cerradas, lo que lógicamente obedece a circunstancias que
favorecen una mejor administración de justicia, en casos muy excepcionales. En este
sentido, el tribunal puede resolver, aun de oficio, que se efectúe total o parcialmente a
puertas cerradas, cuando:
Afecte directamente al pudor, la vida o la integridad física de alguna de las partes o de
persona citada para participar en él.
Afecte gravemente el orden público o la seguridad del Estado.
Peligre un secreto oficial, particular, comercial o industrial cuya revelación indebida
sea punible.
Esté previsto específicamente.
Se examine a un menor, si el tribunal considera inconveniente la publicidad, porque lo
expone a un peligro.
En este caso, la resolución será fundada y se hará constar en el acta del debate, el tribunal
podrá imponer a los que intervienen en el caso el deber de guardar reserva sobre los hechos
que presenciaren o conocieren, decisión que también constará en el acta del debate.
3.7. PRINCIPIO DE SANA CRÍTICA RAZONADA.
Por este se obliga a precisar en los autos y las sentencias, de manera explícita, el motivo y
la razón de la decisión, lo cual hace al juez reflexivo y lo obliga a prestar atención al
debate y al examen de las leyes o doctrinas que tienen relación con la cuestión litigiosa.
3.8. PRINCIPIO DE DOBLE INSTANCIA.
El artículo 211 de la Constitución de la República de Guatemala, establece que en ningún
proceso habrá más de dos instancias, lo cual es un reconocimiento tácito de lo pactado por
nuestro país en tratados y convenios internacionales que garantizan el derecho de recurrir
del fallo ante juez o tribunal superior.
En el medio jurídico nacional la doble instancia se identifica especialmente con el Recurso
de Apelación que implica la revisión íntegra del fallo de primer grado, así favorezca o
perjudique a quien lo haya interpuesto, incluyendo al procesado, lo cual viola el principio
de favor rei, aspecto que corrige el actual código procesal en el artículo 422 al establecer la
reformatio in peius con lo que, cuando la resolución sólo haya sido recurrida por el
acusado o por otro en su favor, no podrá ser modificada en su perjuicio, salvo en lo que se
refiere a la indemnización civil de los daños y perjuicios provocados.
Las características del sistema acusatorio implementado en la nueva legislación procesal
penal, modifican las formas tradicionales de apelación en el país porque, como queda
dicho, los tribunales de segunda instancia que conocen de las sentencias y autos definitivos
no tienen potestad para corregir ex-novo la causa y corregir por ese medio todos los errores
de hecho y de derecho que pueda cometer el juez de sentencia. Para adquirir un mayor
grado de certeza, disminuir los errores humanos y controlar la correcta aplicación del
derecho sustantivo y procesal, sin perjuicio de la doble instancia, se establece un tribunal
de sentencia integrado de manera colegiada.
Nos encontramos entonces ante una modificación substancial de la forma en que la doble
instancia viene funcionando en Guatemala, pero en todo caso se garantiza el derecho al
reexamen de las resoluciones judiciales por un tribunal de mayor jerarquía, con mayor
experiencia judicial.
3.9. PRINCIPIO DE COSA JUZGADA.
El fin del proceso judicial es la sentencia firme, que en el caso del Derecho Procesal Penal
absuelve o condena al acusado, fin equivale a término, límite, consumación, objeto o
motivo último.
Lo anterior significa que llega un momento en que las fases del proceso se agotan, en que
la sentencia que lo concluye es irrevocable en su forma, no susceptible de impugnación por
haberse agotado o dejado de interponer los recursos pertinentes.
Materialmente han concluido las posibilidades de un nuevo examen del fallo y, en
consecuencia, no podrá abrirse nuevo proceso por las mismas acciones entre las mismas
partes y con el mismo fin.
La Cosa Juzgada implica: A. Inimpugnabilidad. B. Imposibilidad de cambiar de contenido.
C. No procede recurso alguno. D. Ejecutoriedad, capacidad de hacer cumplir por medios
coactivos lo dispuesto en la sentencia.
Responde a una necesidad de autoridad en el sentido de que la sentencia adquiere carácter
definitivo y que la decisión contenida no será modificada.
Ahora bien, la Cosa Juzgada, tiene excepciones cuando datos relevantes o causas
desconocidas en el proceso fenecido o nuevas circunstancias evidencien claramente errores
que hacen que la verdad jurídica sea manifiestamente distinta a lo ocurrido en la realidad
objetiva, o se descubran actividades dolosas que muestran que el principio de Cosa
Juzgada lesiona la justicia, procede el recurso de revisión, que más que un recurso es un
procedimiento especial de reexamen de una sentencia ejecutoriada.
Puede decirse que la revisión también responde, a la luz de los nuevos conceptos, al
principio de seguridad jurídica, pues no hay seguridad donde hay injusticia. Pero la mayor
justificación de la revisión es que el Estado democrático contemporáneo, como se dijo,
protege bienes e intereses individuales, sociales y solidarios de manera coordinada, todo lo
cual justifica la ampliación de los casos que provocan la revisión.
El Decreto 51-92 del Congreso de la República, consecuente con los modernos postulados
jurídicos y La Constitución Política de 1985 amplía los motivos de revisión, que ahora
podrá proceder:
Cuando se presenten documentos decisivos ignorados, extraviados y no incorporados
al procedimiento.
Cuando se demuestre que un medio de prueba, al que se le concedió valor probatorio
en la sentencia, es falso, adulterado, falsificado o inválido
Cuando la sentencia condenatoria ha sido pronunciada a consecuencia de
prevaricación, cohecho, violencia y otra maquinación fraudulenta, cuya existencia fue
declara en fallo posterior firme.
Cuando la sentencia penal se basa en una sentencia anulada o que ha sido objeto de
revisión.
Cuando después de la condena sobrevengan hechos o elementos de prueba que hacen
evidente que el hecho o circunstancia que agravó la imposición de la pena, no existió,
o se demuestre que el condenado no cometió el hecho que se le atribuye.
La aplicación retroactiva de una ley penal más benigna que la aplicada en la sentencia.
Como puede verse por el principio de FAVOR REI sólo procede la revisión contra
sentencias condenatorias firmes, este mismo principio motiva el que cuando en una nueva
ley substantiva se desagraven delitos y por lo tanto se impongan penas menores, sea
revisado el proceso porque se entiende que ha cambiado el criterio para calificad un hecho
delictivo.