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Arte Rupestre-Monografía

El documento describe el arte rupestre en el Perú. Explica que existen representaciones tanto pintadas como grabadas en cuevas y rocas a lo largo del país. El arte rupestre peruano data de miles de años y muestra una gran variedad de temas, reflejando la diversidad de las sociedades prehistóricas. Muchas imágenes parecen tener un contexto ritual y han estado vinculadas a creencias y prácticas espirituales de las comunidades.

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Arte Rupestre-Monografía

El documento describe el arte rupestre en el Perú. Explica que existen representaciones tanto pintadas como grabadas en cuevas y rocas a lo largo del país. El arte rupestre peruano data de miles de años y muestra una gran variedad de temas, reflejando la diversidad de las sociedades prehistóricas. Muchas imágenes parecen tener un contexto ritual y han estado vinculadas a creencias y prácticas espirituales de las comunidades.

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Lirio Gómez

Introducción
El Arte rupestre son representaciones figurativas o no realizadas en
las paredes de las cuevas y de los abrigos rocosos, así como en
piedras y bloques, agrupados o aislados. Pueden dividirse en dos
grandes grupos: las figuras pintadas, llamadas a veces pictografías: y
las figuras grabadas o petroglifos. También se ha hecho común en el
Perú el empleo del término quilca, que proviene de la palabra
quechua quillcana (escribir), sin que la validez de la aplicación de este
término a esta clase precisa de actividad esté claramente
establecida.
Mientras los petroglifos fueron ejecutados en su gran mayoría sobre
rocas al aire libre, la otra técnica está sobre todo presente en el
interior de abrigos o cuevas. Y, sólo en muy pocos casos, se ha notado
la utilización conjunta de los dos métodos. Del mismo modo, si bien
las manifestaciones más antiguas conocidas en el territorio peruano
son pintadas, y la técnica del grabado de aparición probablemente
posterior, hubo figuras pintadas hasta épocas recientes y las dos
tradiciones son en parte contemporáneas, como lo verificaremos más
adelante.
De lo antedicho se desprende que los mayores problemas que
enfrenta el investigador al estudiar las manifestaciones artísticas
rupestres son los de su fechado, contexto cultural y finalidad. A
diferencia de los vestigios textiles, cerámicos o arquitectónicos,
hallados en ubicaciones estratigráficas que pueden ser analizadas,
las figuras rupestres y particularmente los petroglifos están
desprovistas, en la mayoría de los casos, de todo contexto
arqueológico directamente asociado, y no pueden ser relacionadas
fácilmente con un período cultural preciso. Por otro lado, y en
oposición a los altos y bajos relieves, pinturas murales y esculturas
líticas, no pertenecen generalmente a ninguna estructura construida,
y su aparente falta de organización les concede un carácter
engañosamente primitivo. Por lo tanto, es importante poner en
relación sistemática el arte rupestre con las demás manifestaciones
artísticas de su época y definir su importancia relativa en el contexto
cultural.
EL ARTE RUPESTRE EN EL
TERRITORIO PERUANO

Es actualmente imposible determinar con precisión el número de


sitios con arte rupestre presentes en el territorio peruano. Un
inventario preliminar realizado hace unos años por el Instituto
Nacional de Cultura (Ravines, 1986) ha registrado 97 sitios con
pinturas y 137 sitios con petroglifos, presentes en 22 departamentos,
o sea en todas la regiones naturales: Costa, Sierra y Selva. Núñez
Jiménez (1986), en su libro sobre los petroglifos del Perú, presenta 72
sitios con piedras grabadas, cuya mayoría se encuentran en las
legiones costeñas. Ampudia, 1978), que abarcan departamentos o
zonas particulares, presentan decenas de sitios a veces
concentrados en sectores reducidos. Siendo, por otra parte, difícil
determinar el número de sitios desaparecidos o desconocidos,
cualquier estimación tendría actualmente poco sustento científico.
La repartición de los sitios registrados parece mostrarnos sin
embargo la existencia de concentraciones particularmente
importantes en cuatro departamentos: los de Cajamarca al norte,
Huánuco al centro, Arequipa y Puno al sur. Veremos más adelante
que un análisis más detenido, por tradiciones y épocas, confirma la
existencia de agrupaciones notables, testimonios en algunos casos
de culturas bien definidas en otros aspectos. El número de figuras
por sitio es muy variable. En cuanto a las pinturas, va desde unas
escasas representaciones hasta más de quinientas, tal como en el
caso del sitio de Sumbay en el departamento de Arequipa (Neyra,
1968) o de los alrededores de Pizacoma en el departamento de Puno
(Franco Inojosa, 1957), donde fueron descubiertas una decena de
cuevas, todas con manifestaciones de arte rupestre parietal. En el
caso de los petroglifos, la importancia es también variada, desde
una única piedra, grabada con una sencilla raya, hasta
concentraciones de varios centenares de piedras cubiertas de
figuraciones, tal como se ve en los sitios de Alto de las Guitarras
(Horkheimer, 1944) en el departamento de La Libertad; Checta, en el
departamento de Lima (Villar Cordoba. 1935; Guffroy, 1979); o Toro
Muerto, en Arequipa (Linares Malaga, 1973). Diversos fueron los
autores que se interesaron en estas manifestaciones y es imposible
citarlos todos aquí. Las primeras referencias acerca del arte
rupestre datan del siglo xvi con las menciones hechas por P. de
Acosta (1580) acerca de los petroglifos de Viñaque (Ayacucho). A.
de la Calancha (1638) nos propone también una descripción antigua
que, refiriéndose a los petroglifos de Calango (departamento de
Lima), nos proporciona datos interesantes relativos a las creencias
asociadas a este sitio. Este texto será analizado en detalle en el
capítulo VI del presente trabajo
Más numerosas son las referencias de los siglos xviii y xix, entre los
cuales se destacan las descripciones hechas por científicos y viajeros
tales como P. son conocidos los trabajos de H. Entre los más recientes
son notables los estudios de D. Ravines) sobre Cuchimachay, A.
Lozano) sobre las pinturas y grabados del río Chinchipe, A. Cardich
(1962; 1964) sobre la zona de Lauricocha, E. Linares Málaga (1960; 1973;
1978) sobre Toro Muerto, J. Muelle (1969) sobre Toquepala, M. Neyra
(1968) sobre Sumbay. Pimentel (1986) sobre los petroglifos del
Jequetepeque, R. Ravines sobre las pinturas de Caru (1967). Muelle),
así como las obras de A. Núñez Jiménez (1986), con su inventario de los
petroglifos peruanos, y del autor (1979; 1987) sobre las piedras
grabadas de Checta. Sin embargo, la mayoría de los trabajos citados,
valiosos en sí, se limitan a una descripción, más o menos breve, de
uno o algunos sitios, sin poder o querer abarcar el problema más
general del significado y función de estas representaciones. J.
Tschudi (1854) que interpretaron erróneamente los petroglifos como un
antiguo sistema prehispánico de escritura, las contribuciones más
completas desde este punto de vista nos parecen ser las de A.
Ravines (1967; 1969) sobre las pinturas, y de W. Núñez Jiménez (1986)
sobre los petroglifos. Deben ser destacados también los trabajos
pioneros de J. Villar Córdova (1935); quedando bien establecido que
en el estudio de estas manifestaciones, todas las contribuciones, por
reducidas que sean, participan del conocimiento común. Para acabar
esta presentación, queremos sugerir a las nuevas generaciones de
estudiantes de arqueología a que dediquen un poco de su tiempo al
levantamiento y análisis de los sitios rupestres, en su mayoría
amenazados de destrucción, debido a causas naturales y humanas. El
caso de las pinturas: no tocar con los dedos, no aplicar directamente
un calco sobre las paredes, tomar buenas fotografías (con luz natural
o artificial) y trabajar después sobre ampliaciones o proyecciones. En
cuanto a los petroglifos: no aplicar tiza (esta costumbre demasiado
difundida, hasta entre los profesionales, es causa directa de la
mutilación de centenares de figuras, entre las más bellas del
patrimonio peruano).
Conclusiones
El arte rupestre en el Perú tiene una antigüedad significativa, con
evidencias que datan de miles de años atrás. Esto sugiere una
continuidad en la práctica artística a lo largo del tiempo, mostrando
la importancia cultural de esta expresión. Se observa una amplia
variedad de temas representados en el arte rupestre, que van desde
escenas de caza, figuras antropomórficas y zoomorfas hasta
representaciones geométricas. Esto refleja la diversidad de las
sociedades prehistóricas y sus preocupaciones culturales.
Muchas de las representaciones rupestres parecen tener un contexto
ritual y religioso. Las imágenes podrían haber estado vinculadas a
ceremonias, creencias espirituales o prácticas místicas, lo que
sugiere una conexión profunda entre el arte y la vida cotidiana de
estas comunidades. El arte rupestre también se interpreta como un
medio de comunicación y expresión simbólica. Las imágenes podrían
haber sido utilizadas para transmitir mensajes importantes dentro de
la comunidad o para establecer conexiones con el mundo espiritual.
Las ubicaciones de los sitios rupestres a menudo están vinculadas a
características geográficas y naturales, como cuevas, acantilados o
ríos. Esto sugiere que las comunidades prehistóricas eligieron
conscientemente estos lugares para crear arte, posiblemente debido
a sus significados simbólicos o a la relación con el entorno natural. La
preservación del arte rupestre en el Perú es un desafío importante
debido a factores ambientales, humanos y culturales. Se requieren
esfuerzos continuos para conservar y proteger estos sitios, así como
para llevar a cabo investigaciones adicionales que arrojen luz sobre
su significado y contexto.
El arte rupestre en el Perú proporciona valiosa
información a los arqueólogos e historiadores,
ayudando a reconstruir la historia y la evolución
de las sociedades prehistóricas en la región. El
estudio de estas manifestaciones artísticas
contribuye a una comprensión más completa de
la diversidad cultural y la complejidad social en el
pasado.

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