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Ensayo

En 3 oraciones o menos: 1) El ensayo analiza la novela "La dependienta" de Sayaka Murata, la cual explora la relación entre la protagonista Keiko Furukura y el espacio de la tienda de conveniencia donde trabaja. 2) Keiko encuentra orden e identidad a través de la estructura y rutina de su trabajo como dependienta, pero su equilibrio se ve amenazado por un nuevo compañero problemático. 3) A medida que avanza la historia, Keiko se da cuenta que su identidad como "dependient

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Ensayo

En 3 oraciones o menos: 1) El ensayo analiza la novela "La dependienta" de Sayaka Murata, la cual explora la relación entre la protagonista Keiko Furukura y el espacio de la tienda de conveniencia donde trabaja. 2) Keiko encuentra orden e identidad a través de la estructura y rutina de su trabajo como dependienta, pero su equilibrio se ve amenazado por un nuevo compañero problemático. 3) A medida que avanza la historia, Keiko se da cuenta que su identidad como "dependient

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Ensayo Final

Dana Martínez

Estudios Literarios

Pontificia Universidad Javeriana

Materia: Lit. Contemporáneas

Bogotá

2023
Espacialidad e Identidad

“La dependienta” por Sayaka Murata. Aborda la vida de Keiko Furukura, una mujer de 36
años, que se encuentra sola y trabaja a tiempo parcial como dependienta en una konbini, o
tienda de conveniencia. La obra explora la relación entre los personajes y los espacios que
habitan. En este ensayo me centraré en la protagonista, y cómo esta misma encuentra un
significado y orden en su vida al sumergirse en la rutina estructurada del trabajo.

Ahora bien, la obra inicia con la tienda y los diferentes sonidos que podemos
percibir al entrar en una de estas: la campanilla, el megáfono, el saludo de los dependientes,
el escáner de código de barras; son algunos de los sonidos que podemos percibir al mismo
tiempo que vamos conociendo la tienda bajo los ojos de Keiko y su rutina, como cuando
predice la siguiente decisión de un cliente o cuando necesita recomponer algún producto
agotado. Ella se describe a sí misma como un engranaje de la sociedad y cómo ha vuelto a
nacer para ser una dependienta. La tienda no solo se convierte en un lugar donde se trabaja,
sino en un espacio central que define la identidad y rutina diaria de la protagonista.

En un principio, en la infancia de la protagonista se siente ajena a los espacios que


la rodean, junto a su gente, experimentando choques sociales en situaciones como los
encuentros en el parque o en el colegio. Este último, en particular, se convierte en un
episodio que la silencia casi por completo, llevándola a cerrarse frente a las expectativas de
la sociedad.

Por otro lado, Keiko rememora su entrevista de trabajo. En este punto de la obra, se
resalta una característica que define a una persona como dependiente: el uniforme. Esta
prenda, que uniforma a todos por igual, convierte a cada individuo en 'otro ser', según las
palabras de Keiko. Además, tanto las expresiones faciales como el saludo del protocolo
contribuyen a definir la identidad de un dependiente. Este rol es esencial en una tienda, y
para nuestra protagonista, aprender este oficio la hizo sentirse ‘normal’ dentro de la
sociedad. Siguiendo las instrucciones de un manual, Keiko logra imitar esa ‘normalidad’
que tanto busca, y decide basar su vida en trabajar en la tienda. Ella encuentra un sentido de
pertenencia por primera vez, conformándose con la idea con el tiempo.
Su trabajo le proporciona una estructura y un conjunto de reglas que le permiten
sentirse en control y aceptada, aunque sea en la capacidad limitada que proporciona la
tienda. Conocemos la rutina de Keiko, desde su llegada minutos antes de su turno hasta las
revisiones matutinas. Aunque la vida parezca en equilibrio gracias a la tienda les seguirán
varios ‘quiebres’ del orden, como los llamaré.

Antes que nada, Keiko intentará evitar el desequilibrio a cualquier costo, mostrando
indicios de mantener su normalidad al apropiarse de diversas personalidades de la gente
que la rodea. Según sus palabras: “yo era Izumi en un treinta por ciento, Sugawara en otro
treinta por ciento y el jefe en un veinte por ciento; el resto de mí estaba formado por todo lo
que había absorbido de las personas de mi pasado…” (p. 35). Este hábito, como ella lo
describe, es algo que las personas aprenden al estar cerca de otras. Sin embargo, Keiko lo
utiliza como excusa para apropiarse de gestos y palabras que caracterizan a una persona
para lucir ‘normal’, justificándose en el papel del ‘dependiente’ al convertirlos en un
individuo por estar en la tienda. Esto no tendría nada de malo si no lo hiciera con ese
propósito, ya que esa no sería su forma de ser; es un medio que usa para aparentar y pensar
ajena a su identidad que terminará por explotar al final de la obra.

Los días pasan, y se revela otra característica que la define como dependienta: el
“briefing” como ¡Bienvenido!, ¡Con mucho gusto! y ¡Muchas gracias!, comunes en
cualquier tienda. Lo curioso es que Keiko encuentra paz en estas expresiones y el sonido de
la campanilla, convirtiéndolo en un ritual para ella, ya que estos sonidos la acompañan
hasta su hogar; sobre todo en momentos estresantes o antes de dormir.

Ahora bien, el equilibrio que mantenía nuestra protagonista se ve interrumpido por


el nuevo personaje, Shiraha, un hombre alto, delgado y sobre todo irresponsable;
característica que será el primer quiebre del orden de Keiko. Lo primero que podemos
apreciar de este personaje en un comienzo es negativo: es un hombre que no tiene la actitud
de un dependiente. En su primer día, Keiko es la encargada de instruir al nuevo, pero este
menosprecia el trabajo con burlas para luego pasar al orden de las bebidas. Ella ya tiene una
forma de ordenar las bebidas y es importante mantenerla de esta manera. Shiraha termina
por ordenar a su voluntad las bebidas, lo que provoca la insistencia de Keiko por enseñarle
los pasos para ser un buen dependiente. Ella no parece darles importancia a los diferentes
desprecios y vuelve a explicarle el orden de las cosas.

En este momento conocemos la personalidad de este hombre cuando explica su


punto de vista sobre la sociedad. Los estereotipos de género salen a la luz, demostrando su
rechazo a las expectativas de la comunidad. Keiko, en un principio no entiende y no le da
importancia, por lo que no se da cuenta del potencial problema que tiene frente a sus ojos.
No pasa mucho tiempo cuando sucede el segundo quiebre, y es luego de hablar con Shiraha
para pasar a su compañera Sugawara. Ella le comenta su inconformidad con el nuevo y
cómo le sorprende que no se enoje ante tal personaje. Para Keiko, es un problema estas
palabras, ya que implicarían que se está saliendo de su personaje ‘normal’. Aunque haya
sido un cumplido por parte de su compañera, su casi nulo sentir de emociones expone por
primera vez su falsa apariencia.

Lo que la salva del incomodo momento es la señora que siempre va a comprarle y le


comenta: “Aquí nunca cambia nada”, cuando, en verdad, todas las cosas fueron
reemplazadas por otras. Es irónico, ya que la única que no ha cambiado en la tienda es la
misma Keiko. Cualquiera podría considerarlo algo curioso, pero por mí parte, lo considero
relevante. La tienda no ha cambiado gracias a ella; los años han pasado, ha trabajado junto
a ocho jefes, ha visto nuevos integrantes pasar por la tienda cada cierto tiempo, junto al
constante cambio de ofertas. Aun con esto, ella ha seguido manteniéndose en la tienda. Es
cierto que en el exterior ha cambiado en aspectos como su forma de hablar, vestir e incluso
de actuar bajo ciertas situaciones espontáneas, pero la Keiko que saluda todos los días, la
que ama oír la campanilla y se preocupa por que todas las cuentas y ofertas de la tienda
estén al día, se mantiene a lo largo de los años.

Ahora bien, luego de que Keiko se reuniera con su hermana sucede algo extraño con
un cliente mandón. A pesar de que su intervención fue breve y molestó a los clientes, Keiko
menciona por primera vez el término ‘cuerpo extraño’, refiriéndose a un ser que no es
bienvenido ni se adapta a las normas establecidas del lugar. Tal cual lo es Shiraha, un
hombre que va de mal a peor. Ya que a medida que avanzamos en la obra, notamos ciertos
comportamientos preocupantes de este personaje. Keiko pensaba que la tienda podría
ayudarlo como lo hizo con ella, pero no fue así. Shiraha rompe varias normas en la tienda,
como ver el celular en hora laborar o tomar fotos a los datos de las clientas. Lo único que le
molesta a Keiko es que este hombre haya roto las reglas simples de la tienda,
comenzándolo a ver igual que todos los demás, un estorbo que debe ser removido. Un
cuerpo extraño. Keiko siente alivio al no tenerlo más por la tienda, junto con el consuelo de
que no fue ella la despedida, sino que aún sigue siendo útil para la tienda. Aunque en este
momento, la empieza a perseguir el miedo de que un día envejecerá y ya no la necesitaran.

Nuestra protagonista pasa de la tienda a otro lugar, o de un problema a otro. Keiko


se enfrenta a su peor enemiga, y esta sería la reunión de amigas. A simple vista, parecerían
inofensivas, pero las preguntas y comentarios atrevidos se harán presentes constantemente.

La reunión inicia mal, ya que ella junto a otra mujer son las únicas que no traen
pareja. Desde el punto de vista de los asistentes está mal visto estar sola siendo una adulta.
Sumado a esto, las preguntas personales se hacen presentes y el tema del trabajo por horas
sale al aire, produciéndose el tercer quiebre en el orden de Keiko.

Se supone que, al ser un lugar de calma y diversión, como lo es una barbacoa entre
amigas, no deberían ocurrir este tipo de confrontaciones tan fuertes. Lo nombro así porque
no solo le cuestionan a Keiko su trabajo, sino también su vida personal. Los comentarios
como: “Pero si tan delicada estas, ¿Por qué pasas tantas horas de pie?” (p.85), este primero
refiriéndose a la excusa de la supuesta enfermedad crónica de Keiko, así como “¿Y hasta
cuando piensas seguir así? Es verdad que ahora te costaría encontrar trabajo, pero a lo
mejor te convendría casarte.” (p.85) o “cuanto antes mejor, ¿no? No puedes seguir como
hasta ahora, y la verdad es que tienes prisa. Si sigues cumpliendo años, se te pasara el
arroz.” (p.86).

Todas estas preguntas y comentarios tendrían algo de sentido si las hiciera alguna de
sus amigas, pero no es así; las hacen los esposos de estas, desconocidos que no pintan nada
en la vida de Keiko. Para ella, haber enfrentado el comentario de este hombre
ingenuamente termina por provocar lo que más le temía: se convierte en un cuerpo
extraño, al estar en contra del estereotipo femenino, como la mujer casada y con hijos, o
como su amiga como una mujer con un salario superior a un hombre. Al no cumplir con
ninguna de las dos termina por generar el rechazo de la gente. Una vez más Keiko se
desconecta de su entorno.

Para ir terminando, luego de esta incomoda reunión, en la noche, saliendo de


trabajar, Keiko se da cuenta de la presencia de Shiraha en la oscuridad. Al enfrentarlo, el
hombre se quiebra y se queja de no encontrar pareja que lo mantenga. Por lo que Keiko,
cansada de las constantes críticas de su entorno, le propone un trato en donde se beneficien
ambos. Ella lo mantendrá a cambio de que él se haga pasar por su pareja; era ganar o ganar,
o al parecer, porque la verdad Keiko no sabia completamente a lo que le esperaba al tomar
esa decisión precipitada.

Pasamos por fin a conocer su hogar, es un apartamento pequeño, para una persona.
Lo cual Shiraha se termina por acomodar a regañadientes. La comida es procesada, a Keiko
no le importa si sabe bien o mal, con tal de que la alimente es suficiente para ella. Por otra
parte, se enteran sus compañeros de trabajo sobre la ‘relación’, por error, felices por ella la
felicitan y empiezan hacerles muchas preguntas personales. El hecho de que sus
compañeros estén tan distraídos para ocuparse de sus obligaciones en la tienda provoca un
cuarto quiebre en Keiko. Para ella estas personas se alejaron del prototipo del dependiente
para ser solo ‘machos y hembras de la comunidad’ que solo se preocupan por cosas triviales
y nada más. Además, el odio que le tenían a Shiraha desaparece por arte de magia y desean
salir a beber con ellos.

Keiko se ocupa de las tareas de la tienda para luego llegar a su hogar y ser visitada
por la cuñada de Shiraha. A esto me refería a que Keiko no sabia en lo que se estaba
metiendo; las deudas de este hombre la involucran inconscientemente como la única de la
relación que trabaja, obligada a responder por él.

Se presenta el último quiebre en Keiko; renunciar a su trabajo en la tienda y buscar


otro. Ella no quiere, pero es obligada por los diferentes factores que la han hastiado a lo
largo de la obra. Por primera vez, Keiko se encuentra en silencio en su hogar. A pesar de
que vivía sola, el sonido de la campanilla siempre la acompañaba, esto la hace perder el
sentido de su propia vida, aunque ya no está en la tienda ella se siente conectada a esta aun,
pensando en sus posibles deberes. Ella ya no tiene alguna guía, ya que todas sus decisiones
las tomaba en base a lo conveniente para la tienda. No sabe diferenciar una decisión
racional de una irracional, ya que no recuerda como hacía las cosas antes de la tienda. Al
querer satisfacer los deseos de los demás decide partir con Shiraha a nuevas entrevistas de
trabajo. Sin embargo, se presenta una última oportunidad para Keiko; ella oye la campanilla
a lo lejos y decide entrar a una nueva tienda. Shiraha la descubre y explota contra ella,
Keiko por primera vez lo enfrenta y le confiesa que en verdad ella es primero una
dependienta antes que un ser humano, revelándose contra él, su familia, amigas, los esposos
y hasta la misma sociedad por el firme deseo de seguir sus ideales y ser parte de la tienda
una vez más.

En conclusión, Keiko decide lo que es mejor para ella, lo cual considero el mejor
final para esta historia. No es lo que esperaba como lectora ya que la idea de estar por años
encerrada en un lugar haciendo tareas repetitivas me volvería loca, añadiendo la soledad del
hogar, junto a la falta de otras actividades por cumplir en mi vida. Me hace pensar que, en
esos aspectos, me separa del personaje, pero al mismo tiempo, puedo llegar a entenderla y
simpatizar con ella, tomando en cuenta las constantes preguntas de personas en su entorno
que tienden a ser muchas veces sofocantes para él que las recibe; como también el
sentimiento amargo de no poder enorgullecer a tus seres queridos siempre, porque muchas
veces tus deseos no son los mismos que los de tu familia o amigos. El hecho de que Keiko
decida sobre su propia vida y tome el control al último momento, lo hace significativo.
Hasta podríamos pensar que la figura de Shiraha es la misma sociedad personalizada;
siendo un hombre que constantemente se victimiza, para luego ser él, el que acosa y
molesta a la gente para posteriormente criticar a la comunidad. Aunque en secreto quiera
ser parte de esta misma. Un hipócrita en toda regla que, a pesar de que quiera ser parte de la
comunidad no logra ganarse un lugar. Este hombre termina por hacer todo lo contrario.

Así puede ser la sociedad, contradictoria muchas veces, juzgan, pero no quieren ser
juzgados de regreso, desean el éxito, pero no hacen ningún esfuerzo por obtenerlo. Lo más
importante de la obra con lo que me quedó, es que no importa lo que se haga en la vida,
siempre existirán inconformidades, y no vale la pena satisfacer las necesidades de todos,
sino las tuyas.

Bibliografía

Murata, S. (2016). La dependienta. Traducción del japonés de Mariana Bornas.

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