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3 Actividades para La Evaluación

El documento presenta un resumen de un texto filosófico sobre la naturaleza de la verdad y la realidad. Explica que nuestros conceptos y lenguaje son meras convenciones basadas en la experiencia humana y no reflejan directamente la realidad en sí misma. Afirma que la verdad surge de metáforas que se han vuelto tan comunes que parecen verdades objetivas, cuando en realidad son subjetivas. Concluye que la realidad en sí misma nos es inaccesible a través de la percepción o el lenguaje humanos.

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3 Actividades para La Evaluación

El documento presenta un resumen de un texto filosófico sobre la naturaleza de la verdad y la realidad. Explica que nuestros conceptos y lenguaje son meras convenciones basadas en la experiencia humana y no reflejan directamente la realidad en sí misma. Afirma que la verdad surge de metáforas que se han vuelto tan comunes que parecen verdades objetivas, cuando en realidad son subjetivas. Concluye que la realidad en sí misma nos es inaccesible a través de la percepción o el lenguaje humanos.

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Filosofía IES Número 26

UP 4: La realidad y su conocimiento.-

Actividad inicial

Responde a las siguientes preguntas:

• ¿Qué es la realidad y que relación mantiene con el pensamiento?


• Si el pensamiento es lenguaje, ¿qué relación hay entre lenguaje, pensamiento y
realidad?
• ¿Es posible el conocimiento humano de la realidad? ¿Cómo?
• ¿Exige verdad el conocimiento? ¿Por qué?
• ¿Podemos asumir la validez absoluta de la verdad? ¿Por qué?

Actividades formativas

1. Define brevemente los siguientes conceptos: materia, forma, esencia, apariencia,


substancia, accidente, fenómeno, mundo, opinión, creencia, saber, verdad, idea,
concepto, enunciado, proposición, ley científica, teoría científica, inducción,
deducción, abducción, método axiomático-deductivo, método hipotético-deductivo,
método hermenéutico, criterio de demarcación, verificabilidad, falsabilidad,
paradigma científico, ciencia normal y revolución científica.

2. Tertulia dialógica:

Pero pensemos especialmente en la formación de los conceptos. Toda palabra se


convierte de manera inmediata en concepto en tanto que justamente no ha de servir para
la experiencia singular y completamente individualizada a la que debe su origen, por
ejemplo, como recuerdo, sino que debe encajar al mismo tiempo con innumerables
experiencias, por así decirlo, más o menos similares, jamás idénticas estrictamente
hablando; en suma, con casos puramente diferentes. Todo concepto se forma por
equiparación de casos no iguales. Del mismo modo que es cierto que una hoja no es
igual a otra, también es cierto que el concepto hoja se ha formado al abandonar de
manera arbitraria esas diferencias individuales, al olvidar las notas distintivas, con lo cual
se suscita entonces la representación, como si en la naturaleza hubiese algo separado de
las hojas que fuese la “hoja”, una especie de arquetipo primigenio a partir del cual todas
las hojas habrían sido tejidas, diseñadas, calibradas, coloreadas, onduladas, pintadas,
pero por manos tan torpes, que ningún ejemplar resultase ser correcto y fidedigno como
copia fiel del arquetipo. Decimos que un hombre es “honesto”. ¿Por qué ha obrado hoy
tan honestamente?, preguntamos. Nuestra respuesta suele ser así: a causa de su
honestidad. ¡La honestidad! Esto significa a su vez: la hoja es la causa de las hojas.
Ciertamente no sabemos nada en absoluto de una cualidad esencial, denominada
“honestidad”, pero sí de una serie numerosa de acciones individuales, por lo tanto
desemejantes, que igualamos olvidando las desemejanzas, y, entonces, las
denominamos acciones honestas; al final formulamos a partir de ellas una qualitas occulta
con el nombre de “honestidad”.
La omisión de lo individual y de lo real nos proporciona el concepto del mismo modo que
también nos proporciona la forma, mientras que la naturaleza no conoce formas ni
conceptos, así como tampoco ningún tipo de género, sino solamente una x que es para

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Filosofía IES Número 26

nosotros inaccesible e indefinible. También la oposición que hacemos entre individuo y


especie es antropomórfica y no procede de la esencia de las cosas, aun cuando tampoco
nos aventuramos a decir que no le corresponde: en efecto, sería una afirmación
dogmática y, en cuanto tal, tan demostrable como su contraria.
¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias,
antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido
realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un
prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son
ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y
sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya
consideradas como monedas, sino como metal. [...]
Sólo mediante el olvido de este mundo primitivo de metáforas, sólo mediante el
endurecimiento y petrificación de un fogoso torrente primordial compuesto por una masa
de imágenes que surgen de la capacidad originaria de la fantasía humana, sólo mediante
la invencible creencia en que este sol, esta ventana, esta mesa son una verdad en sí, en
resumen: gracias solamente al hecho de que el hombre se olvida de sí mismo como
sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con cierta calma, seguridad y
consecuencia; si pudiera salir, aunque sólo fuese un instante, fuera de los muros de esa
creencia que lo tiene prisionero, se terminaría en el acto su “conciencia de sí mismo”. Le
cuesta trabajo reconocer ante sí mismo que el insecto o el pájaro perciben otro mundo
completamente diferente al del hombre y que la cuestión de cuál de las dos percepciones
del mundo es la correcta carece totalmente de sentido, ya que para decidir sobre ello
tendríamos que medir con la medida de la percepción correcta, es decir, con una medida
de la que no se dispone. Pero, por lo demás, la “percepción correcta” —es decir, la
expresión adecuada de un objeto en el sujeto— me parece un absurdo lleno de
contradicciones, puesto que entre dos esferas absolutamente distintas, como lo son el
sujeto y el objeto, no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión, sino,
a lo sumo, una conducta estética, quiero decir: un extrapolar alusivo, un traducir
balbuciente a un lenguaje completamente extraño, para lo que, en todo caso, se necesita
una esfera intermedia y una fuerza mediadora, libres ambas para poetizar e inventar. La
palabra “fenómeno” encierra muchas seducciones, por lo que, en lo posible, procuro
evitarla, puesto que no es cierto que la esencia de las cosas se manifieste en el mundo
empírico. Un pintor que careciese de manos y quisiera expresar por medio del canto el
cuadro que ha concebido, revelará siempre, en ese paso de una esfera a otra, mucho
más sobre la esencia de las cosas que en el mundo empírico. La misma relación de un
impulso nervioso con la imagen producida no es, en sí, necesaria; pero cuando la misma
imagen se ha producido millones de veces y se ha transmitido hereditariamente a través
de muchas generaciones de hombres, apareciendo finalmente en toda la humanidad
como consecuencia cada vez del mismo motivo, acaba por llegar a tener para el hombre
el mismo significado que si fuese la única imagen necesaria, como si la relación del
impulso nervioso original con la imagen producida fuese una relación de causalidad
estricta; del mismo modo que un sueño eternamente repetido sería percibido y juzgado
como algo absolutamente real. Pero el endurecimiento y la petrificación de una metáfora
no garantizan para nada en absoluto la necesidad y la legitimación exclusiva de esta
metáfora.
Friedrich Nietzsche, Verdad y mentira en sentido extramoral

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Filosofía IES Número 26

3. Comenta el siguiente texto atendiendo las indicaciones de la rúbrica


correspondiente:

Desde los escépticos griegos hasta los empiristas del siglo XIX han habido muchos
opositores a la metafísica. La naturaleza de las críticas expuestas ha sido muy diversa.
Algunos han declarado que la teoría metafísica es errónea en razón de oponerse a
nuestro conocimiento empírico. Otros la han considerado únicamente incierta en base al
hecho de que sus problemas trascienden el límite del conocimiento humano. Muchos
antimetafísicos han declarado estéril el ocuparse de las interrogantes metafísicas,
pudieran o no ser respondidas, porque en todo caso es innecesario preocuparse por
ellas; mejor es dedicarnos enteramente a las tareas prácticas que absorben la diaria
actividad del hombre.
El desarrollo de la lógica moderna ha hecho posible dar una respuesta nueva y más
precisa al problema de la validez y justificación de la metafísica. Las investigaciones de la
lógica aplicada o de la teoría del conocimiento, cuyo propósito es esclarecer por medio
del análisis lógico el contenido cognoscitivo de las proposiciones científicas y, a través de
ello, el significado de las palabras que aparecen en dichas proposiciones, conducen a un
resultado positivo y a uno negativo. El resultado positivo es elaborado en el campo de la
ciencia empírica: se esclarecen los conceptos particulares de distintas ramas de la
ciencia, se explicitan tanto sus conexiones lógico-formales como epistemológicas.
En el campo de la metafísica (incluyendo la filosofía de los valores y la ciencia normativa),
el análisis lógico ha conducido al resultado negativo de que las pretendidas proposiciones
de dicho campo son totalmente carentes de sentido. Con esto se ha obtenido una
eliminación tan radical de la metafísica como no fue posible lograrla a partir de los
antiguos puntos de vista anti-metafísicos. Desde luego, ciertas ideas afines pueden
localizarse ya en varias meditaciones anteriores, por ejemplo en las de índole nominalista,
pero solamente ahora, después de que el desarrollo de la lógica ocurrido en las últimas
décadas la ha transformado en un instrumento de la necesaria precisión, resulta posible
la realización decisiva de dicha superación.
Al decir que las llamadas proposiciones de la metafísica carecen de sentido, hemos
usado estos términos en su acepción más estricta. Dando a la expresión un sentido lato,
una proposición o un problema son caracterizados en ocasiones como carentes de
sentido cuando su planteamiento es totalmente estéril. (Por ejemplo, el problema de
“¿cuál es el peso medio de aquellos habitantes de Viena cuyo número telefónico termina
en 3?”, o proposiciones que resultan obviamente falsas como “en 1910 Viena tenía 6
habitantes”, o que son no sólo empírica sino lógicamente falsas, proposiciones
contradictorias tales como “las personas A y B son un año más viejas cada una respecto
de la otra”). En realidad, aun cuando sean estériles o falsas, estas proposiciones poseen
sentido ya que solamente proposiciones con sentido son clasificables entre
(teóricamente) fructuosas y estériles, verdaderas y falsas. Sin embargo, strictu sensu una
secuencia de palabras carece de sentido cuando, dentro de un lenguaje especifico, no
constituye una proposición. Puede suceder que a primera vista esta secuencia de
palabras parezca una proposición; en este caso la llamaremos pseudoproposición.
Nuestra tesis es que el análisis lógico ha revelado que las pretendidas proposiciones de
la metafísica son en realidad pseudoproposiciones.

Rudolf Carnap; La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje

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4. Investiga: ¿Por qué Wittgenstein quería tirar su escalera?

Actividad para la evaluación sumativa

5. Realiza una disertación, atendiendo las indicaciones de la rúbrica


correspondiente, en la que respondas a la siguiente pregunta: XXXXX. [Se realizará
en el aula]

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