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Poemas de angustia en "Arritmia"

Este documento resume el libro de poemas "Arritmia" de Hernán Contreras. A través de 33 poemas, el libro explora temas como la incertidumbre, la angustia existencial, y la complejidad de la vida moderna. Los poemas usan imágenes de la naturaleza para reflexionar sobre temas filosóficos y criticar aspectos de la sociedad actual. El libro invita al lector a experimentar sensaciones incómodas pero necesarias para fortalecerse frente a las fragilidades de la vida.

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Poemas de angustia en "Arritmia"

Este documento resume el libro de poemas "Arritmia" de Hernán Contreras. A través de 33 poemas, el libro explora temas como la incertidumbre, la angustia existencial, y la complejidad de la vida moderna. Los poemas usan imágenes de la naturaleza para reflexionar sobre temas filosóficos y criticar aspectos de la sociedad actual. El libro invita al lector a experimentar sensaciones incómodas pero necesarias para fortalecerse frente a las fragilidades de la vida.

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Sobre "Arritmia", de Hernán Contreras

R.
Por Isabel Guerrero

Todo ha sido resuelto, excepto cómo vivir.


J.P. Sartre
La vida es esa constante que nos envuelve, un concepto que se torna fácil de enunciar a la
vez que se nos hace tan complejo experimentarlo. Pasamos por ella, o ella nos pasa delante
y a veces sin quererlo nos aplasta o nos convida a darle la vuelta, de la mano, a pie. En esa
misma línea avanzamos queriendo darle un sentido a la existencia, queriendo tomarla para
que no se escape. Sin entenderla a veces, por inercia, la pensamos como el manto firme que
nos abriga del miedo o, precisamente, nos arroja a él.
La rabia, la tristeza, el miedo, emociones que nos han determinado desde aquellos tiempos
en que no le dábamos importancia. Luego se nos vinieron encima los siglos y sus
complejidades, las eternas angustias por el ser, el devenir, la conciencia, la identidad. La
cultura determinante nos agarró por abajo y dimos por sentada la vida. En esa compleja
posición en la que completamos los años, a veces, nos detenemos. Un pulso, una despedida,
una muerte, una hoja que pasa o el río que corre, un dolor muscular, una arritmia. En
cualquier momento y por cualquier motivo, doblamos el cuello para observar. De seguro a
cualquiera de nosotros nos pasa que un pequeño sobresalto, alguna agitación matutina o un
mal sueño, nos ha dejado en la pendiente de la pregunta.
Desde ese limbo, esa pendiente, o desde el filo de la navaja, nos arremete Arritmia, libro de
poemas escrito por Hernán Contreras R. y editado por Signo Poesía. Un libro compuesto
por 33 hermosos poemas que nos invitan a sentir ese desordenado pulso que nos saca de lo
ordinario, de lo común, para obligarnos a experimentar la incertidumbre. Siendo sincera, no
es un libro de felicidades, de armonías, no es un libro de autoayuda. Es un relato que nos
somete a esas sensaciones que tratamos de evitar todo el tiempo. Aquello que a toda costa
intentamos rehuir. La imagen de angustia de la que nos habló la filosofía occidental del
siglo pasado, con sus nihilismos, con el ser, el no ser y el estar, el adentro y afuera, y toda
la conciencia de saberse en un mundo inventado por nosotros mismos, humanos frívolos,
sangrientos, vengativos, se hace presente porque los años que siguieron al siglo pasado
también trajeron vacío, liberalismo, esclavitud, guerra.

un río saqueado se reconoce


por la ausencia
de ruido.

Dice el poema "Encierro". En esos versos y en otros, se extrapolan sensación y paisaje, idea
y sustancia, reflexión y crítica social y la presencia de la naturaleza deja de ser mero adorno
del poema. En Arritmia se funda el dominio de una sabiduría que íntimamente se relaciona
con las representaciones físicas concretas de la naturaleza, desde donde su fuerza vital no
procede de la intuición inmediata del proceso de la vida humana, concebido como una
acción o necesidad biológica, sino que también abarca, en una unidad compleja y particular,
lo espiritual y lo físico como hemisferios de un solo ser, que en todos sus tiempos se
manifiesta al mundo y desde el mundo.
En este sentido, lo espiritual proviene del ejercicio reflexivo de salirse de sí, para
observarse:

Ahí se espejeaba todo


hasta que el mundo y mi cara
se iban con las olas provocadas por una hoja caída
que el más mínimo viento
se hubiera llevado.
("Otra pausa")

En esa inspección personal, los versos se van intercalando como fragmentos que ordenan
las respuestas, el uso de lugares habituales dentro del poema nos permite anticiparnos a la
reversión del espacio-tiempo. Ya lo planteaban los griegos en la antigüedad, lo sagrado, lo
divino se aloja en el hablar, en el lenguaje, la palabra humana que es capaz de asir las
estrellas sin quemarse, como dice el poema "Vista hacia los cerros":

las estrellas nacen en los postes de luz


en los cerros
entre calles nuevas y terrenos tomados
tenemos la suerte de poder presenciar
su muerte y nacimiento
mirarlas de cerca
sin quemarnos los ojos

Tenemos la suerte, dice el hablante, pero esa voz también reconoce en su actitud, la
resonancia de una época, la angustia que, precisamente, es la clave de la humanidad. Esa
incomodidad con la que nacemos y que, aunque intentamos anestesiarla, se queda de pie
junto a nosotros, como sombra y luz, como pasado y presente, al mismo tiempo.. Encandila,
brilla, produce ceguera… los reflejos dan paso a las versiones distintas de la misma forma,
otra perspectiva, el ángulo que siempre esconde algo más.

El suelo contiene al cielo


en el agua de la lluvia de ayer

Asoma el juego de polaridades, tal como lo sería una Arritmia, pausa, movimiento, vida,
muerte, la luz y las sombras que están presentes en todo el esqueleto del libro. Un cuerpo
que se agita, se mueve, se estimula con las dificultades de un tiempo que se presenta en las
mismas contrariedades que hace siglos atrás y que con forma de luz, vitrina, espejo, letrero
luminoso, focos o electricidad nos invita a revisar la infancia, el amor, las relaciones, la
sociedad y sus decisiones. En su opuesto, como toda moneda con su otra cara, viven las
sombras, las siluetas, el silencio, lo que nos empuja a identificarnos, precisamente en esa
otredad reconocer que en la sustancia que es oscura, también hay primaveras que renacen,
que nos aflojan, nos deslumbran, a pesar de que la gotera siga cayendo en el mismo sitio o
que el río en el que nos sumergimos nunca sea el mismo, de todas formas asistimos a la
vida y presenciamos sus cambios.
En el lugar donde ayer te protegías de la lluvia
hoy
con el cielo despejado
el agua continúa su caída

Los poemas, como escenas, nos regalan capítulos de una historia que pulsa, que viaja a
pestañeos entre recuerdos, pequeños flashbacks de vivencias que van y vienen como el río,
cuestionan y determinan el presente, el tiempo, como la medida de lo que no se puede
medir, se alarga como ese cuello que busca el agua o la multitud y esa multitud como la
humanidad sin sentido, hipnotizada al tiempo que avanza, el hablante se detiene en las
curvas del camino para tantear el terreno, la ciudad está presente en contraste con la
anatomía de la naturaleza, con el esqueleto de los árboles que se filtra para recordar la
infancia o recordar que “el humano” siente, está vivo, y que puede conmoverse con la
sencillez de una hoja.
Como lectora de poesía, aprecio en Arritmia la interpretación que hace desde una época
ruidosa, en la que se hace necesario buscarse en lo sencillo, reconocerse en la calle,
recordarse desde la sutilidad de un vidrio, de un aroma, de una imagen. Aprecio el rescate
que un hablante cansado emprende frente a las fragilidades, usando las mismas para
fortalecerse. En este mundo tangible que nos impone Arritmia no podemos desentendernos
en superficialidades, mirar para otro lado o hacer cuenta de que las cosas no afectan.
La buenaventura que nos deparaba el progreso no llegó, porque la miseria es atemporal,
porque no hemos salido de ese abismo, de esa caída moral que ha separado el bien común
de la carne. Que nos ha dejado sin palabras propias para hilar una historia. Hace rato se nos
cayó el dios del olimpo, así también se nos cayeron los ídolos, los mártires, los héroes. Nos
quedan cuadros vacíos sin retratos que acomodar, la resignación de que por más que
tejamos, las agujas se siguen quebrando. Vemos eso en Arritmia, un caldo frío que quedó
sobre la mesa a la espera de los comensales que no llegaron.

nos dicen
que un lugar se vacía con su propia multitud

el ruido de un río
que anuncia un escape entre tanta piedra.

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