Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar
Mª Josefa Sanz Fuentes
Miguel Calleja Puerta
(coordinadores)
Los fueros de Avilés y su época
Real Instituto de Estudios Asturianos
Oviedo
2012
Los fueros de Avilés y su época / Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar,
María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta (coord.).—Oviedo :
Real Instituto de Estudios Asturianos, 2012
578 p. : il. b/n. ; 24 cm
D.L. AS.-3.743-2012 .- ISBN 978-84-940373-2-0
1. Asturias-Historia-Fuentes
I. Ruiz de la Peña Solar, Juan Ignacio (coord.)
II. Sanz Fuentes, María Josefa (coord.)
III. Calleja Puerta, Miguel (coord.)
IV. Real Instituto de Estudios Asturianos (Oviedo)
930(460.12)
La realización del congreso "Los fueros de Avilés y su época" contó con ayuda financiera
del Gobierno del Principado de Asturias, con cargo a fondos provenientes del Plan de
Ciencia, Tecnología e Innovación (PCTI) de Asturias 2006-2009, ref. CNG10-44
© De los textos: Los autores
© De la edición: Real Instituto de Estudios Asturianos
ISBN: 978-84-940373-2-0
Depósito Legal: AS-3.743-2012
Imprime: Imprenta Gofer
Índice
Presentación ........................................................................................ 9
Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar
Prólogo ................................................................................................ 11
Román Antonio Álvarez González
LECCIÓN INAUGURAL
La villa de Avilés en la Edad Media: el movimiento portuario
pesquero y mercantil ........................................................................... 13
Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar
Las ciudades europeas del siglo XII ..................................................... 75
Giovanni Cherubini
La urbanización del litoral atlántico del reino de Francia en el siglo XII. 97
Michel Bochaca, Alain Gallicé, Mathias Tranchant
The Process of Urbanization on the British Coast in the Twelfth
Century ............................................................................................... 119
Richard H. Britnell
La repoblación urbana costera del norte peninsular........................... 131
Fernando López Alsina
Consolidación de la monarquía castellano-leonesa y el fenómeno
urbano ................................................................................................. 233
Manuel Recuero Astray
Las migraciones de francos en la España de los siglos XI y XII........... 253
Pascual Martínez Sopena
8
San Nicolás de Bari y Santo Tomás de Canterbury en la religiosidad
del siglo XII.......................................................................................... 281
Gregoria Cavero Domínguez
Asturias en tiempos del fuero de Avilés (siglo XII).............................. 303
María Álvarez Fernández
La génesis del eje comercial Avilés-Oviedo-León ............................... 333
José Antonio Álvarez Castrillón
Avilés en el tiempo de los fueros: una revisión arqueológica de la
villa medieval....................................................................................... 359
José Avelino Gutiérrez González
Escritura y elaboración formal de los Fueros de Avilés ...................... 405
Carmen del Camino Martínez
El fuero de Avilés de 1155, original extracancilleresco de Alfonso VII.... 431
Miguel Calleja Puerta
El fuero de Avilés como excepción al Derecho general de la comarca . 463
Javier Alvarado Planas
El Fuero de Avilés: lingüística histórica y metalingüística medieval
asturiana .............................................................................................. 491
Xulio Viejo Fernández
Los fondos medievales del archivo municipal de Avilés...................... 519
Covadonga Cienfuegos Álvarez
LECCIÓN DE CLAUSURA
Las lecciones del fuero de Avilés ......................................................... 537
Mª Josefa Sanz Fuentes
LOS FUEROS DE AVILÉS. INTRODUCCIÓN, EDICIÓN DIPLOMÁTICA Y
TRADUCCIÓN.................................................................................... 547
Mª Josefa Sanz Fuentes
Miguel Calleja Puerta
Avilés en el tiempo de los fueros:
una revisión arqueológica de la villa medieval
José Avelino Gutiérrez González
Universidad de Oviedo
1.- Introducción
La historia de la villa de Avilés ha sido reconstruida hasta ahora por
varios autores a través de la documentación escrita, especialmente el
Fuero, el archivo municipal y otros archivos monásticos asturianos (Fer-
nández-Guerra 1865, Uría Riu 1979, Benito Ruano 1975, 1981, 1992; Ruiz
de la Peña 1977, 1993, 2002, 2007, etc; Garralda 1970, Arias García 1973,
Cienfuegos Álvarez 1999, entre otros). También los edificios religiosos
y funerarios (Caso 1991, Álvarez Martínez 1988, 1999), las casas y pala-
cios medievales (Uría Ríu 1979, Alonso Álvarez 1996, 1999) o el urba-
nismo reflejado en la cartografía histórica (Texeira 1634 ed. 2002, Coello
1870) han sido utilizados para recomponer la trama histórica de la villa
(García San Miguel 1897, Uría Ríu 1979, Ureña y Hevia 1995, Madrid Ál-
varez 1997, Argüello Menéndez 2009).
En cambio son aún escasas y recientes las contribuciones arqueoló-
gicas al conocimiento del entramado urbano, destacando la informa-
ción aportada por las excavaciones en la Plaza España (García Fernández
y Marcos Herrán 2007), el Palacio de Camposagrado (Requejo Pagés,
Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007) o la muralla (García Álvarez-
Busto, Fanjul Peraza 2005)1.
1 Agradecemos la información e ilustraciones proporcionadas por Alicia García Fernández, Otilia
Requejo Pagés y Alejandro García Álvarez-Busto de sus respectivas excavaciones en la Plaza Es-
paña, Palacio de Camposagrado y Calle San Bernardo.
360 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Sin embargo, el potencial arqueológico de la villa y su entorno se
está revelando como una importante reserva documental, aún poco ex-
plorada y susceptible de proporcionar un gran caudal de nuevas infor-
maciones, tanto para el conocimiento del pasado histórico y
monumental de la villa como para facilitar una mejor gestión de los re-
cursos patrimoniales. En efecto, desde la aplicación de la normativa y
prescripciones de intervenciones arqueológicas previas a obras de cons-
trucción y urbanización en el conjunto histórico, se han realizado más
de una treintena de excavaciones arqueológicas de distinto alcance y ex-
tensión; aunque muchas de ellas se limitaron a unas pocas zanjas y son-
deos exploratorios, otras en las que se realizaron intervenciones más
extensas han deparado importantes novedades en el conocimiento de
los orígenes y desarrollo de distintos ámbitos urbanos. A pesar de que
sólo se ha intervenido en un pequeño porcentaje de la superficie urbana
histórica, el potencial informativo que se puede ya apreciar constituye
una fuente de conocimiento y de incremento patrimonial de primera
magnitud. Las líneas que siguen pretenden tan sólo realizar un avance
de estos nuevos conocimientos y servir de guía para futuras actuaciones.
La imagen de Avilés medieval ha sido construida esencialmente
sobre la cartografía histórica, especialmente a partir del mapa de Fran-
cisco Coello (1870) (fig. 1); si bien es cierto que el desarrollo urbano de
época moderna y preindustrial varió poco desde su consolidación en
tiempos medievales hasta la expansión industrial contemporánea, no
debe asignarse una configuración estática e inmóvil a lo largo de varios
siglos; la desaparición de construcciones de gran calado como la mura-
lla, conventos y casas, así como la consiguiente y continua renovación de
edificios, calles o plazas, fueron modificando sustancialmente el plano
urbano y sus características morfológicas, tanto en horizontal como en
vertical. Aunque las trazas básicas del viario respondan a la planificación
inicial tanto al interior, en los ejes norte – sur (calles de la Ferrería y de
la Fruta), como en la ronda exterior (calle de la Cámara) y los caminos
que salen radialmente (calles de Rivero, Galiana, Cabruñana o Sabugo),
los trazados concretos han sufrido continuas modificaciones en anchu-
ras, alineaciones, cotas y suelos, al igual que el parcelario (urbano y agra-
rio, tanto intra como extramuros), las edificaciones, los espacios abiertos
o las líneas de costa y riberas fluviales.
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 361
Fig. 1.- Plano de Avilés (Francisco Coello 1870)
Junto a la acción antrópica, también la dinámica marino-fluvial
ha contribuido a esas modificaciones; así, la ribera de la ría –que hasta
tiempos modernos alcanzaba la propia villa y barrio de Sabugo, batiendo
la base de casas y muralla– fue retrocediendo al tiempo que aumentaban
las colmataciones sedimentarias del estuario, permitiendo con ello ganar
espacio para muelles y trazados viarios paralelos a la ría, que se en-
cuentra hoy mucho más alejada de la villa que en sus orígenes. Igual-
mente, la línea de costa sufrió desde tiempos modernos una importante
regresión en torno a la ría, alejándose de asentamientos costeros como
el Peñón de Raíces y generando marismas, arenales y dunas del Espar-
tal (Flor 1995, Alvargonzález, Roza Candás 2000, García Álvarez-Busto,
Muñiz López 2010).
362 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
2.- Avilés antes de Abilies.
Las buenas condiciones naturales de la ría y su entorno fueron ya
aprovechadas desde tiempos antiguos. La bocana de la ría estuvo prote-
gida desde época romana por dos asentamientos fortificados, el Peñón
de Raíces (conocido como castillo de Gauzon en la alta Edad Media) en
la orilla occidental y el castro del Cantu la Figal en la opuesta; en ambos
los hallazgos romanos constatan un uso aún indefinido, monedas y terra
sigillata hispánica en Raíces, tegulae con la marca de Licinius en La Figal
(Uría Ríu 1979, 316-317, García Álvarez-Busto, Muñiz López 2005).
En el entorno más cercano a Avilés también se han producido al-
gunos otros hallazgos menos definidos: monedas de cobre y plata en Sa-
bugo, La Carriona, Llaranes y en la propia ría (Ibidem), capitel corintio
tardorromano – sin procedencia conocida – conservado en la actual igle-
sia de San Nicolás; en un entorno más amplio se han hallado epígrafes
como los de Molleda (lápida antropomorfa) y ara con cabeza de Medusa
de San Martín de Laspra (Ibidem¸ Argüello Menéndez 2009, 26). Los pro-
pios antropónimos de Avilés, Llaranes o Laviana remiten a posesores la-
tinos, aunque su formación puede abarcar un arco temporal más amplio,
que alcanza la alta Edad Media (Ibidem, 316).
También en ese entorno avilesino se han producido otros hallazgos,
imprecisos pero muy significativos, de época tardoantigua y altomedieval:
moneda sueva (cuño de Valentiniano III) en San Juan de Nieva (Ibidem), en
las cercanías del posterior castillo bajomedieval y moderno de Nieva (Uría
Riu, 1957 y 2005), tablero de cancel de caliza local, fechable entre los siglos
VIII y IX, reutilizado en el claustro de la iglesia de San Francisco (García de
Castro 1995, 222), dos capiteles compuestos, altomedievales, de proceden-
cia exógena, traídos al antiguo palacio de Carlos Lobo en tiempos quizás
muy posteriores (García de Castro 2007, informe inédito). Junto con la ven-
tana altomedieval de la iglesia de San Lorenzo de Cortina, encuadrable en
el estilo prerrománico de las iglesias asturianas (García de Castro 1995, 247),
constituyen las pruebas más evidentes de la existencia de iglesias altome-
dievales en el entorno avilesino, que pueden corresponder a las que se do-
cumentan en la conocida y discutida donación por Alfonso III a la iglesia de
Oviedo en 905, manipulada por el obispo Pelayo en el siglo XII: uillam Abi-
lies secus oceanis maris cum ecclesia sancti Iohannis Baptiste et ecclesiam sancte
Marie (García Larragueta 1962, 62-63).
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 363
Fig. 2.- Hallazgos arqueológicos de época antigua y altomedieval en el entorno de la ría de
Avilés (a partir de García Álvarez-Busto, Fanjul Peraza 2005)
Todo ello parece indicar que el entorno de la ría de Avilés constituye
un espacio poblado y bien organizado desde tiempos antiguos, con varios
asentamientos fortificados en su entrada (Raíces, el núcleo jerárquico del
amplio territorio Gauzone, Cantu La Figal, Nueva) y otros más en las ribe-
ras de la ría, usadas como fondeadero seguramente con un carácter tanto
pesquero como comercial, por donde llegan numismas romanos y pro-
ductos de áreas externas, como capiteles y canceles de mármol (fig. 2).
El poblamiento aldeano
Precisamente de uno de esos asentamientos en la ribera de la ría co-
mienzan a conocerse algunas estructuras domésticas altomedievales,
previas a lo que será la villa de Avilés a partir del siglo XII, indicando la
persistencia de una ocupación antigua y medieval en el mismo solar del
fondeadero pesquero y comercial.
364 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Dichas evidencias han sido localizadas hasta ahora en las excava-
ciones realizadas en el interior del Palacio de Camposagrado, en la Plaza
España o de la Constitución y en el Palacio de Valdecarzana o Casa Ba-
ragaña, situados en el mismo eje norte – sur de la villa. Consisten en ca-
bañas de madera, compuestas por hoyos de poste, hogares, estructuras
de hueso, suelos de arcilla, hoyos-silo así como otras huellas de activi-
dades domésticas (fauna, cerámicas de cocina), agrícolas (huertos) e in-
dustriales (ferrerías).
Las mejor documentadas son las localizadas al interior del Pala-
cio de Camposagrado con ocasión de los trabajos de rehabilitación
del inmueble (Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007).
Bajo la torre occidental y entre la fachada meridional y la antigua fa-
chada de la casa nobiliaria de la familia Alas, en un espacio de unos 46
m2, se localizaron 40 hoyos excavados en el sustrato aluvial, con for-
mas y medidas variables (fig. 3-4); la mayoría tienen planta circular,
con diámetros entre 25 – 40 cm y una profundidad de 20 cm; su forma
y disposición, intuyéndose algunas alineaciones, permite interpre-
tarlos como hoyos de poste que formarían cabañas de madera y arci-
lla, de plantas oblongas. En asociación a estas se hallaron varias
estructuras formadas por planchas arcillosas rubefactadas por la ac-
ción del fuego, delimitadas por metápodos de bóvidos, una de planta
semicircular (superpuesta a otra anterior también semicircular) y otra
cuadrangular (acostada al lado de otra semicircular anterior), que pu-
dieron interpretarse como hogares o llares, acompañados por peque-
ños hoyos para sustentar trébedes o calamiyeres (cadenas de hierro de
donde cuelga el pote sobre la lumbre) (fig. 5-6). A su lado, otros hoyos
mayores (con diámetros de 90 cm y profundidades de 50 cm) se en-
contraron colmatados con cerámicas, restos óseos y malacológicos, lo
que indica su uso como vertederos o basuseros domésticos inmedia-
tos a los hogares (Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fernández
2007, 24-29) Uno de los hoyos (fig. 7) fue colmatado con metápodos
de bóvidos, similares a los de los hogares, lo cual - además de indicar
cierta coetaneidad - remite a las ancestrales costumbres o rituales fun-
dacionales de viviendas en otras áreas y épocas, entre las que desta-
camos por su similitud y frecuencia las de los "depósitos especiales"
anglosajones altomedievales (Hamerow 2006; Morris and Jervis 2011).
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 365
Fig. 3.- Planta y sección estratigráfica de la excavación en el palacio de Camposagrado, donde
se aprecian los hoyos de poste, hogares y estructuras de las cabañas previas a la construcción
del palacio (Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007)
366 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 4.- Hoyos de poste formando una cabaña rectangular con suelos y hogar de arcilla, corta-
dos por la torre bajomedieval y el palacio renacentista (Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja
Fernández 2007)
Fig. 5.- Llar de arcilla y metápodos de bóvidos superpuesto a otro anterior (Requejo Pagés,
Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007, 24-29)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 367
Fig. 6.- Llar cuadrado de arcilla adosado a otro circular limitado por metápodos de bóvidos
(Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007, 24-29)
Fig. 7.- suelo de arcilla y hoyo
rellenado con huesos de
bóvidos bajo estructuras de pie-
dra bajomedievales
(Requejo Pagés, Pérez Suárez,
Calleja Fernández 2007, 24-29)
368 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Respecto a la cronología de esta primera fase de ocupación del solar
avilesino, los excavadores proponen una fecha de finales del siglo XIII,
a partir de dataciones radiométricas (1240-1400 2σ), materiales ar-
queológicos y relaciones estratigráficas (Ibidem, 25), si bien esas da-
taciones deben corresponder al momento final de uso, mientras que
el inicial queda aún impreciso, pudiendo remontarse al menos a tiem-
pos altomedievales2.
En cuanto a la adscripción funcional, los excavadores proponen que
pudo tratarse de las viviendas de los operarios que estarían construyendo
la cerca de la villa en esos momentos de finales del siglo XIII, aceptando
que las rentas de los muros documentadas en 1286 (vid. infra) supon-
drían el comienzo de las obras (Ibidem, 28). Sin embargo, la construc-
ción murada debió iniciarse a mediados del siglo XII, como
comentaremos más adelante, lo que invalida tal interpretación. En rea-
lidad, las cabañas de madera están amortizadas ya por la construcción de
la muralla en la puerta de la Ferrería, como se observó en la excavación
de la Plaza España; en la excavación de Camposagrado están destruidas
ya al menos por la primera construcción nobiliaria de finales del siglo
XIII por lo que su creación y uso deben remontarse a momentos pre-
vios a ella e incluso a la villa y su cerca. Debieron, pues, pertenecer a
grupos de campesinos o pescadores instalados allí antes de adquirir el
solar un carácter urbano.
En el centro del mismo eje viario norte – sur que forma la calle de
la Ferrería, en el interior del Palacio de Valdecarzana, se descubrieron –
con ocasión de las obras de rehabilitación del inmueble– algunas es-
tructuras semejantes a las anteriores, aunque de menor entidad. Se trata
de un hoyo de poste excavado en las arcillas del sustrato y una pequeña
zanja con sección en V, colmatada con abundante materia orgánica, pro-
bablemente madera en descomposición, todo ello cubierto por un se-
dimento negro que se extiende sobre la arcilla de base (Rodríguez Otero
1998, informe inédito). A pesar de las exiguas noticias sobre esta exca-
2 Los mismos arqueólogos señalan que estas estructuras de la primera fase están amortizadas (cu-
biertas o seccionadas) por los muros de la primera torre y casa de la familia Alas, construida a finales
del siglo XIII y acompañada por cerámicas y monedas de ese momento (óbolo de Alfonso X), por
lo que obviamente las cabañas de madera, con varios hogares superpuestos, deben ser bastante an-
teriores (Ibidem, 41 y 47).
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 369
vación, resulta fácil identificar esas estructuras con similares cabañas de
madera, sustentadas en hoyos de poste y completadas con material pe-
recedero (madera y arcilla principalmente). Su excavador propone una
cronología anterior al edificio protogótico que las cubre y corta (datado
entonces en el siglo XIV, aunque su construcción deba adelantarse pro-
bablemente a mediados del siglo XIII cuanto menos). Además, debido a
la aparición de cerámicas peinadas propone un posible origen más anti-
guo, entre el siglo IX y el XI, lo cual estaría en consonancia con lo ob-
servado en el Palacio de Camposagrado.
Finalmente, en el extremo meridional del mismo eje viario, en la
Plaza de España o de la Constitución, con ocasión de las obras de cons-
trucción del aparcamiento subterráneo, se documentaron arqueológi-
camente similares estructuras de viviendas de madera, en un horizonte
cortado por la zanja de cimentación de la muralla y puerta de la villa.
Sobre las arcillas del sustrato geológico se extendía un suelo arcilloso de
tono gris oscuro, con abundantes carbones y restos de madera, así como
un hoyo de poste excavado en el sustrato (García Fernández y Marcos
Herrán 2007, 388).
Todas estas tenues huellas de construcciones sencillas, con mate-
riales perecederos, levantadas sobre postes y entramados de madera,
constituyen un primer horizonte de ocupación del solar avilesino, pues
reposan siempre sobre el sustrato geológico, previo a la organización
urbana de la villa, su cerca defensiva y anteriores a las casas nobiliarias
que las cortan y cubren, sin que podamos precisar su momento inicial,
forma, extensión, carácter y otros muchos detalles. El momento final
de este horizonte de ocupación viene marcado por la construcción de la
muralla y puerta de la Ferrería en el extremo sur, a mediados del siglo
XII, la construcción del palacio de Valdecarzana, en la zona central de la
villa, a mediados del siglo XIII, y la primera torre y casa de la familia
Alas, en el extremo norte, a finales del siglo XIII. A pesar de su extensión,
es muy posible que este primer poblado de cabañas no ocupara densa-
mente el solar de la futura villa, pues en otras intervenciones intramu-
ros no se han detectado, tratándose muy probablemente de conjuntos
intercalares, compuestos por pequeños grupos de cabañas con amplios
espacios abiertos entre ellas, similares a tantos otros detectados ar-
queológicamente en los estadios previos de otras muchas ciudades me-
370 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
dievales; entre los ejemplos más cercanos podemos mencionar las de
Oviedo, Gijón, León, Astorga o Vitoria, entre otras muchas españolas y
europeas (Azkárate y Quirós 2001; Gutiérrez González 2006). Todo ello
parece indicar que se trataría de un primer asentamiento aldeano,
abierto y sin compactar, probablemente más agrupado en la zona nor-
deste, más elevada, en el espigón entre la ría y el río Tuluergo, inclu-
yendo el área de Camposagrado, donde se han localizado en mayor
número, rarificándose hacia la zona más baja y llana del sur, donde apa-
recen en menor número y con menor claridad (Valdecarzana y Plaza Es-
paña).
Este primer poblado estaría dedicado a actividades agrícolas, gana-
deras y pesqueras, a juzgar por los hoyos-silos, la fauna bovina y la ma-
lacofauna documentados en Camposagrado. No cabe excluir una
incipiente actividad mercantil marítima, de afianzarse la relación de este
horizonte con la aparición –en la excavación de la Plaza España– de al-
gunas cerámicas vidriadas importadas de las costas francesas, propias de
los siglos XIII y XIV. La constitución de la villa concejil, abocada a una
intensa actividad portuaria e industrial, iría generando una población
mercantil y artesanal, que pudo continuar habitando en viviendas sen-
cillas como las descritas durante los primeros tiempos. Sin embargo, a
lo largo del siglo XIII la presencia de algunos burgueses enriquecidos y
la llegada de algunos nobles como la familia Alas motiva el desalojo de
esos primeros pobladores, al menos en el principal eje urbano y comer-
cial de La Ferrería, donde van a levantar sus palacios y casas-torre. A
partir de entonces, la progresiva sustitución de esas sencillas cabañas por
viviendas más sólidas y estables, incorporando estructuras pétreas, bo-
rraría definitivamente el perfil agrario de aquel primer asentamiento al-
deano.
2.- Orígenes de la villa.
¿Un primer recinto amurallado?
Varios autores han planteado la hipótesis de la existencia de un pri-
mer recinto amurallado anterior a la delimitación de la villa por la cerca
bajomedieval, basándose en algunos indicios arqueológicos así como en
la disposición de plazas, calles y mercados. Así, E. Tessier (1999 y 2002)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 371
suponía la existencia de un recinto altomedieval circular marcado por
cuatro plazas situadas al interior del recinto bajomedieval, las de Cam-
posagrado, Carlos Lobo, del Sol y de la villa; en este recinto habrían apa-
recido cerámicas más antiguas (siglos VIII-X) que en el resto de la villa;
suponía también que una empalizada cerraría este primer recinto, sus-
tituida después, a finales del siglo X, por otro de piedra, basándose en los
restos aparecidos en el palacio de Valdecarzana (Rodríguez Otero 1998).
Sin embargo, con el conocimiento actual no puede mantenerse tal hi-
pótesis; las plazas señaladas son de apertura moderna, eliminando cons-
trucciones anteriores en los casos de Camposagrado y Carlos Lobo
(Rodríguez Vega 1989; Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fernández
2007, Requejo 2007). Igualmente, las cerámicas mencionadas no per-
miten avalar esa secuencia cronológica, máxime sin tener en cuenta los
contextos y estructuras a las que se asocian (Argüello Menéndez 2009).
Los hoyos de poste localizados en Valdecarzana responden a cabañas de
madera, como hemos expuesto, más que a la empalizada sugerida. Otro
trazado previo, diferente del anterior, es sugerido por J. Argüello Me-
néndez (2009, 51-57) basándose en la conformación y los nombres de
las calles y mercados de la villa; en su opinión el primer recinto se ins-
cribiría en el cuadrante noreste de la villa; la ampliación de las calles
Nueva, Cabruñana y Ferrería indicaría los límites de ese primer recinto
cerrado con una cerca de madera (Ibidem). Aunque es igualmente una hi-
pótesis sugerente carece por ahora de confirmación arqueológica; los
hoyos de poste responden más bien a cabañas que a una empalizada, ex-
tendiéndose estas – además – más al sur de ambas propuestas. En reali-
dad lo que ambos autores parecen atisbar es la existencia de un
asentamiento anterior a la villa, previo al diseño de la cerca y del urba-
nismo que ha perdurado parcialmente hasta hoy; los hallazgos de caba-
ñas de madera vienen a confirmarlo, si bien no con las características
que ambos autores proponían. Sí podría considerarse un núcleo inicial
más agrupado en el espolón nordeste de la villa, la zona más elevada del
espigón entre la ría y el río Tuluergo, en torno a la iglesia de San Nico-
lás, y que incluiría las cabañas localizadas en Camposagrado, para ir ra-
rificándose su densidad hacia el sur (Valdecarzana y Plaza España),
donde aparecen con menor claridad, pero no hay ningún indicio para su-
poner una cerca anterior a la fundación de la villa.
372 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
3.- La fundación de la villa.
Sobre este primer poblado aldeano se afirmaría la creación de la
villa de Avilés desde finales del siglo XI, con la concesión del Fuero por
Alfonso VI, y más decididamente a partir de mediados de la siguiente
centuria, con la confirmación foral de Alfonso VII. En los primeros tiem-
pos continuaría y predominaría el modo ocupacional aldeano prece-
dente, intercalar y poco compacto, con casas de sencilla construcción
realizadas con materiales perecederos; el hecho de que entre los desechos
domésticos que colmatan hoyos y suelos de ocupación aparezcan cerá-
micas de los siglos XIII y XIV parece avalar esas persistencias. Sólo
cuando se hubiera alcanzado un grado de crecimiento y consolidación
de las actividades mercantiles, pesqueras y artesanales comenzaría la re-
novación edilicia, construyendo nuevas casas con técnicas mixtas que
incorporan elementos pétreos y patrones más urbanos: alineación y je-
rarquización de calles, parcelación de solares, alineamiento de fachadas,
mayor compactación y aparición de medianeras entre edificios, entre
otras medidas habituales en las villas y ciudades de la época, por más
que las dedicaciones agrarias (huertos, establos, corrales, pozos, etc) no
desaparecieran completamente.
La construcción de la cerca
Al mismo tiempo que se produce esa consolidación de la villa se
iniciaría también la construcción de la cerca, no sólo con una finali-
dad defensiva, ante posibles ataques de la flota musulmana, sino tam-
bién y principalmente como un elemento de prestigio y distinción
urbana sobre el resto de aldeas abiertas. En una villa de nueva crea-
ción, carente de murallas heredadas de la antigüedad romana, como
eran los casos de Gijón, León, Astorga o Lugo en el noroeste penin-
sular, la construcción de una sólida muralla como la de Avilés consti-
tuía uno de los principales esfuerzos económicos del concejo, pues
precisa una financiación muy elevada y el concurso de un buen nú-
mero de artesanos especializados (canteros, herreros, carpinteros, al-
bañiles, transportistas, etc); la villa debía destinar una importante
parte de los recursos e ingresos disponibles y por tanto sólo sería po-
sible cuando se hubiera consolidado la actividad artesanal y mercan-
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 373
til y con ella la fiscalidad concejil promovida y favorecida por el rey a
través del Fuero. El hecho de que el primer fuero de Alfonso VI hacia
1100 fuera confirmado en 1145 y 1155 por Alfonso VII podría indicar
que el proyecto inicial no hubiera fraguado, quizás por la rivalidad y
oposición de los señoríos eclesiásticos (Ruiz de la Peña 2002 y 2007,
Argüello 2009), necesitando un nuevo impulso más firme y decidido,
al igual que ocurriera en Oviedo. A partir de entonces la villa va a
consolidar sus actividades y a convertirse en uno de los enclaves por-
tuarios más importantes del Cantábrico, de vital importancia no sólo
para Oviedo y la región asturiana sino para el resto del transpaís, des-
tacando el monopolio de la sal en su empuje (González García y Ruiz
Peña 1972). Este debe ser el momento en que la villa alcanzaría los re-
cursos necesarios para iniciar la construcción de la cerca.
En relación con la fecha de inicio de la obra de la cerca, las aporta-
ciones arqueológicas no son completamente concluyentes. Hasta ahora
sólo se ha obtenido una datación radiométrica relacionada con la cons-
trucción de la cerca, en el relleno de la zanja de cimentación del sector
noroeste (calle San Bernardo, 5) (fig. 8-9) que ofrece unas horquillas de
datación 980-1050 AD (1 σ - 68% de probabilidad) y 1100-1140 (2 σ - 95
% de probabilidad), inclinándose los arqueólogos por este último inter-
valo, coincidente con la época de concesión de fueros y crecimiento ur-
bano (García Álvarez-Busto, Fanjul Peraza 2005, 71-72). Sin embargo, es
preciso tener en cuenta que una sola muestra no marca una tendencia
contrastada, debiendo verse apoyada por una serie más amplia; además,
el relleno de la zanja de cimentación se produce inmediatamente des-
pués de la construcción, pero puede incluir materiales orgánicos más
antiguos, procedentes de maderas de ciclo de vida largo, como son las
especies arbóreas de madera dura empleadas en construcción. Por tanto,
la fecha final del intervalo, 1140, debe considerarse no como un ante
quem para la cimentación de la muralla sino como el terminus post quem
para la misma; teniendo en cuenta que sería a partir de la confirmación
del fuero en 1155 cuando la villa comienza su consolidación urbana y
económica, resulta más coherente y prudente pensar en las siguientes
décadas como el periodo en que se inicia la obra de la cerca. Recorde-
mos, además, que es el reinado de Fernando II (1157-1188) en el que se
inicia un programa más extenso de pueblas y nuevas fundaciones de vi-
374 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 8.- sección estratigráfica de la excavación sobre la cerca en la calle de San Bernardo (Gar-
cía Álvarez-Busto, Fanjul Peraza 2005)
Fig. 9.- vista de la excavación sobre la cerca en la calle de San Bernardo, donde se aprecia el pa-
ramento interno (izquierda) y el empedrado que cubre el relleno de la zanja de cimentación por
la cara interna de la cerca (García Álvarez-Busto, Fanjul Peraza 2005)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 375
llas y pueblas en todo el reino leonés, que continuará con Alfonso IX
(1188-1230) (Martínez Sopena 1985 y 1989; Gutiérrez González 1995),
quien dispone además la cerca de Oviedo, con la que la avilesina guarda
una estrecha relación en forma y técnicas constructivas. La construc-
ción de la cerca a partir de mediada la duodécima centuria justificará
que en 1189, cuando recala aquí la flota de cruzados camino de Acre, se
mencione a la villa como oppidum Abilez (David 1939).
Es también factible pensar que la construcción de la cerca, su tra-
zado, extensión, recorrido y otras cuestiones técnicas se realizaran con-
juntamente con el diseño general de la nueva villa, habida cuenta de que
las puertas deberían adaptarse a los caminos preexistentes y al tiempo
condicionarían las calles interiores. Igualmente el inicio de la obra iría pa-
rejo al resto de la actividad constructiva que por entonces comenzaría en
la villa, especialmente la edificación o reconstrucción de la iglesia prin-
cipal, la parroquial de San Nicolás de Bari, advocación ligada a merca-
deres y burgueses, que se consagraría probablemente en 1206 (Uría Ríu
1979, 372).
El trazado de la cerca, sus características técnicas y elementos cons-
tructivos han sido ya dados a conocer por algunos estudios (Ureña y
Hevia 1995) y sobre todo por los arqueólogos que la han documentado
en las excavaciones de la Plaza España (García Fernández y Marcos He-
rrán 2007), el Palacio de Camposagrado (Requejo Pagés, Pérez Suárez,
Calleja Fernández 2007) o la calle San Bernardo (García Álvarez-Busto,
Fanjul Peraza 2005).
La cerca de una villa suele conllevar, además de un gran esfuerzo
económico, importantes dificultades técnicas, debido al relieve, subsuelo
y otras condiciones del terreno en que se asienta, que en el caso de Avi-
lés tiene como protagonista la dinámica marina y fluvial de la ría. En las
pleamares la base de la muralla era batida por un oleaje suave pero cons-
tante y agresivo, hasta el punto que en época moderna debió reforzarse
con un muro exterior y reconstruirse en varios tramos (Requejo Pagés,
Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007 31-35, 72-75). La villa se implanta
sobre el primitivo poblado aldeano, en el espigón ligeramente elevado
sobre el nivel del mar que forma la confluencia del río Tuluergo con la
ría de Avilés. La planta de la villa cercada adopta una forma cerrada, ten-
dente al círculo, como es habitual en un gran número de villas medie-
376 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 10.- Plano de Avilés indicando las estructuras conocidas de la cerca, sobre el parcelario ac-
tual (Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 377
Fig. 10b.- Restos intramuros de la cerca descubierta en las excavaciones en el interior del Pala-
cio de Camposagrado (Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007)
vales, tan sólo deformado ligeramente por el sureste (fig. 10). Alcanza un
perímetro de 775 m, creando una superficie de 4,12 Ha, medidas muy
modestas en relación a las villas y ciudades medievales coetáneas, que su-
peran a veces (como en Soria, Ávila, Salamanca…) las 100 Ha, pero muy
similar a la mayoría de las villas y pueblas costeras cantábricas que se
fundarán en los dos siglos siguientes (Ruiz de la Peña 1981 y 2002). A
pesar de su exigua superficie, aun quedaron solares vacíos, abiertos o
dedicados a huertas intramuros hasta tiempos bien recientes, como
muestra la cartografía histórica y confirman recientes excavaciones ar-
queológicas en diversos solares intra y extramuros.
La muralla contaba con un doble muro, cerca y barbacana añadida en
la baja Edad Media, además de un foso doble (documentado en la Plaza
España) por los sectores terrestres (sureste, sur y suroeste), en tanto que
hacia la ría y río Tuluergo presentaba inicialmente un solo muro, que
debió ser reforzado por otro exterior en tiempos modernos.
378 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
La cerca presentaba una anchura de 2,30 m y estaba construida
mediante una zanja de cimentación y una ligera zarpa (escalonada en
el sector sureste, calle Ruiz Gómez), dos paramentos de mamposte-
ría caliza en hiladas irregulares y un relleno de bloques de piedra co-
gidos con un mortero muy arenoso (fig. 10b). A partir de la
documentación municipal sabemos que contaba con una ronda de 3
m de anchura y seis escaleras de acceso al adarve (Ureña y Hevia
1995). Remataría en un parapeto con almenas apuntadas, represen-
tadas en algunos grabados y dibujos de época moderna (Texeira 1634,
AGS, 1673). La cerca estaba flanqueada al menos por 19 cubos de
planta semicircular, con 2,7 m de radio, como el conservado en el pa-
lacio de Camposagrado (Requejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fer-
nández 2007, 35 y 74-76). Presentaba cinco puertas, de las que sólo
una ha podido ser documentada arqueológicamente, en el extremo
sur, la Puerta de la Ferrería o del Alcázar, construida con sillares de ca-
liza en hiladas regulares dejando un vano de 4 m; el pavimento de la
puerta e inicio de la calle de la Ferrería estaba compuesto por una
capa de 20 cm de espesor formada por escorias de forja del hierro, sin
duda desechos de las actividades metalúrgicas que por entonces ya se
realizaban en la zona (fig. 11-13). Completaba la defensa del acceso un
doble foso con perfil de artesa y 3,8 m de anchura. En tiempos bajo-
medievales se añadió un antemuro curvo delante de la puerta, evi-
tando el acceso directo; posteriormente, a finales del siglo XV, se
reformaría la puerta, adosando una torre cuadrangular de sillería al
exterior de la primera puerta, dejando un vano de 2,8 m (García Fer-
nández y Marcos Herrán 2007, 388-389), que constituiría el torreón
del alcázar (Ureña y Hevia 1995). En el extremo sur de la calle para-
lela, la rúa Nueva o de la Fruta se encontraba la puerta de Cimadevi-
lla o del Reloj, que sólo ha podido ser excavada parcialmente (Ibidem,
390).
Las defensas de la villa requerían un continuo mantenimiento,
reparaciones y reformas, que se documentan desde 1286 en que el
concejo de Avilés destina ciertas rentas sobre el diezmo de la madera
que pase por el puerto “para la çerca de nuestra villa” (Benito Ruano
1992, nº 12). Más abundantes son las referencias municipales que
desde las últimas décadas del siglo XV mencionan frecuentes actua-
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS
Fig. 11.- Plano de la excavación en la plaza de España, con indicación de los cimientos de la cerca, el antemural y
379
la torre de la puerta avanzada (alcázar) (García Fernández y Marcos Herrán 2007)
380 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 12.- vista superior de la excavación en la plaza de España: la cerca, el antemural y la torre
cuadrada de la puerta avanzada (alcázar) (arriba); detalle del antemural y el pavimento de es-
coria (abajo) (García Fernández y Marcos Herrán 2007)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 381
Fig. 13.- Reconstrucción infográfica de la Puerta de la Ferrería con la cerca, el antemural y la
torre del alcázar (García Fernández y Marcos Herrán 2007)
ciones en la cerca, puertas, torres, cárcavas y barbacanas (Cienfuegos
Álvarez 1999, 104, 111, 169, etc), especialmente en 1485, para reparar
los daños del incendio de 1478 (Argüello Menéndez 2009). Las repa-
raciones y disposición para la artillería continuarán en época mo-
derna, al tiempo que se producían también apropiaciones de espacios
adosados a la cerca (bien documentados en el palacio de Camposa-
grado) o entre cárcavas y barbacana (Cienfuegos Álvarez 1999, 111,
etc). Finalmente, la cerca, torres y puertas serían demolidas hasta su
cimentación a partir de 1820 (Ureña y Hevia 1995; García Álvarez-
Busto, Fanjul Peraza 2005, 80-83, Requejo Pagés, Pérez Suárez, Ca-
lleja Fernández 2007, 80-81).
4.- El urbanismo medieval.
Con la construcción de la cerca la fisonomía de la villa quedaría fi-
jada para los tiempos siguientes y – en gran medida – hasta época con-
temporánea. Al interior del perímetro ovalado son las puertas las que
marcan la red viaria intra y extramuros, aunque seguramente respon-
382 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
diendo a trazados y caminos ya preexistentes. Al interior de la villa se re-
conoce una trama reticulada formada por el eje principal norte – sur,
calle Mayor y de la Ferrería, que une las puertas de la Mar y de la Ferre-
ría, dando paso respectivamente al barrio de Sabugo a través de un
puente y al camino hacia Oviedo. En paralelo se encuentran la rúa Os-
cura y la rua Nueva (hoy de la Fruta), al extremo de la cual se abría la
puerta de Cimadevilla, mientras que en el extremo norte (en la Cuesta
de la Molinera) no parece que existiera su simétrica. Transversalmente
se extendía la Rúa de So la Eglesia (hoy Alfolíes) desde la puerta de Co-
ruxedo o de los Pilares – que comunicaba con el cay o muelle y el puente
de los Pilares o de San Sebastián hacia Gozón – hasta la iglesia de San Ni-
colás; desde la calle Mayor la calle Real o del Postigo (hoy San Bernardo)
comunicaba con el camino de Cabruñana a través del postigo o puerta
de la Cámara. Otra transversal, la calle del Sol o Pescadería, unía los dos
ejes principales en el centro de la villa. El resto serían pequeñas calle-
juelas y plazuelas, completando la retícula de una manera más irregular
en los laterales hasta la cerca, como refleja aun la cartografía histórica
(fig. 14-15). Al exterior de las puertas se iniciaba una red radial de cami-
nos, en torno a los cuales se generarían los primeros barrios extramuros:
Sabugo al norte, al otro lado del río Tuluergo; Rivero y Galiana al sur y
sureste, desde las puertas de la Ferrería y Cimadevilla respectivamente;
al oeste el camino de Cabruñana desde el postigo de la Cámara. Des-
taca el barrio de Sabugo, con un plano en retícula formado por dos ejes
norte – sur, las rúas de Delante y de Atrás, otro transversal, la rúa de En-
medio y la plaza y puerta del Fresno frente a la iglesia de Santo Tomás
de Cantorbery, cuya consagración a comienzos del siglo XIII indica la
temprana constitución de este barrio, prácticamente ordenado urbanís-
ticamente en paralelo a la villa. Los otros barrios extramuros, más tar-
díos, tienen una disposición alineada a los lados de las calles y caminos
respectivos (Garralda 1970, Uría Ríu 1979, Ureña y Hevia 1995, Madrid
Álvarez 1997, Ruiz de la Peña 2007, Argüello Menéndez 2009).
Esta imagen del Avilés medieval en realidad responde a la reflejada
en la cartografía del siglo XIX (Coello 1870), que sólo en cierta medida
expresa la configuración urbana medieval; aunque no se produjera un
cambio drástico, las modificaciones de época moderna son notables en
calles, caserío, palacios, conventos, muralla, barrios, muelles, etc. Un co-
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 383
Fig. 14.- Plano de Avilés a partir de Coello (1870) (Garralda 1970, Uría Ríu 1979)
384 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 15.- Reconstrucción gráfica de Avilés en el siglo XV (Ureña y Hevia 1995)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 385
nocimiento detallado de la morfología urbana sólo pueden aportarlo las
intervenciones arqueológicas; sin embargo la superficie excavada hasta
ahora es demasiado exigua para ofrecer un panorama suficiente para rea-
lizar una caracterización física de la ciudad.
Es muy posible que las calles mantengan su trazado originario bá-
sico; sin embargo, los alineamientos de fachadas, anchuras, soportales,
cotas y pavimentos responden a las reformas de época moderna y con-
temporánea. Apenas conocemos pequeños retazos del viario medieval,
como el pavimento de la Puerta de la Ferrería e inicio de la calle homó-
nima, formado por capas de escorias férricas procedentes de las forjas
cercanas. En algunas intervenciones recientes (calle los Alfolíes, Ruiz
Gómez, Jovellanos, Plaza del Carbayo y otras calles de Sabugo) se han
podido documentar retazos de empedrados, enlosados y canalizaciones
hidráulicas de época moderna (Requejo Pagés 2007, 384-385, Bartolomé
2007, etc), en ocasiones superpuestos a suelos anteriores de cantos o
gravas (zahorra), arcilla, cal y arena, como los registrados adosados a la
cara interna de la muralla (García Álvarez-Busto, Fanjul Peraza 2005) o
en varias calles del barrio de Sabugo (Bartolomé 2007).
Tampoco se conoce con precisión el caserío, parcelario, solares,
huertos y espacios abiertos medievales, que aún son perceptibles en la
cartografía histórica, tanto en el plano de Coello (1870) como en la pri-
mera representación gráfica de la ría y villa de Avilés (Texeira 1634), fia-
ble aunque poco precisa, en las que son visibles amplios espacios abiertos
y huertas en áreas centrales del interior, mientras que la mayor densidad
construida se concentra en los sectores noreste – el “núcleo viejo” en
torno a la iglesia de San Nicolás - y sureste, junto a la puerta de La Fe-
rrería (fig. 16). En dicho grabado se aprecia, además, cómo en el siglo
XVII la muralla conservaba todo su recinto almenado, las puertas de
Los Pilares y la de La Ferrería o del Alcázar con su torreón (no se re-
presentan las demás) y nueve cubos, más altos que la cerca, aunque al-
gunos ya aportillados. Apenas se dibujan alineamientos viarios y el
caserío aparece desordenado, con escasas alineaciones, sin soportales y
formado por viviendas sencillas, desiguales en tamaño y alturas, de plan-
tas rectangulares, cubiertas con tejados a dos aguas, pocos y estrechos
vanos. Similares, aunque con un caserío más ralo, se representan los ba-
rrios extramuros. Curiosamente el barrio de Sabugo no debió llamar la
386 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 16.- Vista de la ría de Avilés (Texeira 1634, ed. 2002)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 387
atención del dibujante, pues en su lugar aparece un convento con su
iglesia, claustro y huerta cercada, que sin duda debe responder al pri-
mer convento-hospicio de la Merced –anterior a las obras de 1670-1683–
y no al barrio de pescadores.
Las intervenciones arqueológicas, en muchos casos planteadas tan
solo como sondeos y trincheras limitados a pequeñas zonas de los sola-
res, apenas han permitido hasta ahora documentar otros detalles del par-
celario y caserío medieval, tan sólo algunos retazos de muros, suelos,
canalizaciones o espacios abiertos, insuficientes para recomponer la his-
toria urbana de la villa en época medieval y moderna. En un buen nú-
mero de esas actuaciones se comprobó que las construcciones
contemporáneas habían afectado sustancialmente a las estructuras ante-
riores; en otras, sin embargo, ha sido posible registrar y conocer mucho
mejor la secuencia constructiva desde la época medieval hasta tiempos
contemporáneos. Es el caso de la intervención en el Palacio de Campo-
sagrado, que cuenta además con una cuidada y bien documentada pu-
blicación monográfica de las actuaciones (Requejo Pagés, Pérez Suárez,
Calleja Fernández 2007). En ella se da cuenta de toda la vida urbana del
solar donde se levantó el palacio actualmente conservado y rehabilitado
(fig. 16b-17); sobre el horizonte de las primitivas cabañas de madera la
familia Alas, el linaje más poderoso de la villa, levantará a finales del siglo
XIII su torre fuerte, frente a la iglesia de San Nicolás, con acceso directo
a la muralla (Ibidem, 41). Esta torre “antigua” de planta cuadrangular se
localizó bajo la torre oeste del palacio barroco, que se edificó sobre la
primera. A esta se unirá, ya en el siglo XIV, una vivienda aneja, cua-
drangular, adosada a la esquina noreste de la torre y distante 4 m de la
muralla, respetando la disposición de las ordenanzas. La casa contaba con
una bodega o almacén en la parte inferior, cuya construcción supuso el
vaciado del sustrato y por tanto también de estructuras anteriores; la ex-
cavación de los rellenos permitió además documentar sus detalles cons-
tructivos (Ibidem, 42-45). Esta primera vivienda nobiliaria sufrió, como el
resto de la villa, el devastador incendio de 1478 u otro de los acaecidos a
finales del siglo XV, cuyas evidencias arqueológicas son bien patentes en
la excavación: un potente estrato con grandes concentraciones de tejas y
maderas calcinadas, además de materiales cerámicos y numismáticos que
permiten conocer la etapa bajomedieval (Ibidem, 46-47). Sobre los restos
388 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 16b.- Planta
de las estructuras
medievales de la
torre y casa de las
Alas localizadas
en las excavacio-
nes del Palacio de
Camposagrado
(Requejo Pagés,
Pérez Suárez, Ca-
lleja Fernández
2007)
Fig. 17.- Secuencia constructiva
de la torre y casa de las Alas y
del Palacio de Camposagrado
(Muelas, Mateo 2007)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 389
Fig. 18.- Cubo nuevo y adarve en la fachada posterior, noroeste, del Palacio de Camposagrado
(foto P. Suárez)
390 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
de esta torre y vivienda, la familia Alas Carreño reedificará el palacio re-
nacentista a finales del siglo XV o comienzos del siguiente, avanzando la
fachada norte sobre la cerca y anulando así el paso de ronda. A su vez, este
palacio fue reformado posteriormente, para dar paso al palacio barroco
de la familia de Las Alas-Camposagrado, (siglos XVII-XVIII) que se man-
tuvo hasta la actualidad con otras reformas menores, entre las que se in-
cluyen los refuerzos de la base de la cerca, la reconstrucción de un cubo
y la reforma del adarve (Ibidem, 48-76) (fig. 18-19).
Interesa también destacar la única casa medieval que ha subsistido,
siquiera parcialmente, en el corazón de la villa; el denominado palacio
de Valdecarzana o casa Baragaña se emplaza en el centro de Avilés, en
una posición que revela su origen mercantil burgués: en la calle de la Fe-
rrería, en el encuentro con la Rua Mayor y la Pescadería. La perfecta ali-
neación de la fachada con la calle y la puerta de La Ferrería evidencia el
diseño y trazado unívoco del conjunto urbano (fig. 20). Las caracterís-
Fig. 19.- Cerca y Cubo nuevo (noreste) con saetera en la fachada septentrional del Palacio de
Camposagrado (foto P. Suárez)
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 391
Fig. 20.- Casa medieval de Valdecarzana, fachada principal en la calle de la Ferrería (foto P. Suárez)
ticas estilísticas de la construcción, y en especial las puertas apuntadas de
la planta inferior y la galería de ventanas dobles en la superior, han ser-
vido para elaborar diversas propuestas de datación, entre los siglos XIV
y XV (Uría Ríu 1979, Caso 1981, Ramallo 1993) o en la segunda mitad del
XIII (Alonso Álvarez 1999). Además de los modelos gascones de media-
dos del siglo XII que han sido aportados (Alonso Álvarez 1999) y que se
justifican por el comercio atlántico, no deben olvidarse otros hispanos
como el palacio real de Estella que remite a finales de la misma centu-
ria. A partir, por tanto, de esas fechas, de acuerdo con las propuestas
mencionadas y en consonancia con los momentos de mayor dinamismo
constructivo en la villa – cuando ya se habrían concluido las cercas e
iglesias románicas – puede suponerse que se edificara esta casa y tienda
o lonja en la planta baja, atribuida a un rico mercader conocedor de los
modelos francos (Uría Ría 1979). Las excavaciones arqueológicas reali-
zadas con motivo de su rehabilitación permanecen inéditas (Rodríguez
Otero 1998, informe inédito) y tan sólo han sido divulgados algunos de-
392 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 21.- Croquis de las estructuras localizadas en las excavaciones en el palacio de
Valdecarzana (Rodríguez Otero 1998)
talles y un croquis muy simple (Argüello Menéndez 2009) (fig. 21). Al pa-
recer, responden al primer edificio los muros perimetrales, formando
una planta cuadrangular, ligeramente trapezoidal, aunque al exterior
sólo la fachada deja ver la obra de buena sillería. También sería del mo-
mento inicial la fachada posterior con dos arcos, hacia el huerto, y un
muro de compartimentación interna, creando dos salas al norte y al sur,
todo ello alterado por las modificaciones de época moderna y contem-
poránea (Rodríguez Otero 1998).
En la villa y su entorno permanecen también varias iglesias me-
dievales, aunque muy alteradas en tiempos posteriores. Destaca la única
intramuros, la iglesia de San Nicolás de Bari (hoy de los Padres), muy po-
siblemente reedificada sobre alguna de las iglesias mencionadas en el
documento manipulado del 905, extremo que deberán desvelar las ex-
cavaciones arqueológicas proyectadas. Construida a finales del siglo XII
como muestra su estilo románico tardío, debió ser consagrada hacia
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 393
Fig. 22.- Portada occidental de la iglesia de San Nicolás de Bari
1206, en consonancia con el impulso constructivo de la villa (fig. 22). Se
emplaza en la zona más elevada del “núcleo viejo”, sobre la horquilla
entre la ría y el Tuluergo, entre las puertas del Mar y del cay, en plena
zona portuaria y mercantil, acorde con su advocación. En las primeras
décadas del siglo XIII debían estar construyéndose algunas iglesias más
en el entorno de la villa: en el barrio de Sabugo la de Santo Tomás de
Cantorbery, iniciada por el ábside en románico tardío y terminada en
una portada protogótica a los pies (Álvarez Martínez 1988, 1999) (fig.
23-24). Una arquería románica en la sala capitular del convento de San
Francisco adelanta varias décadas la llegada de los franciscanos y la cons-
394 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 23.- Portada occidental de la iglesia de Santo Tomás de Cantorbery
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 395
Fig. 24.- Ábside y portada sur de la iglesia de Santo Tomás de Cantorbery
trucción de su convento extramuros, debiendo atribuirse a una instala-
ción monástica anterior, quizás relacionada con la iglesia de sanctum
Martinum de illo monte o sancti Martini de Celio mencionada en el docu-
mento de 905 y manipulado en el siglo XII (Argüello Menéndez 2009,
76). Restos románicos presentan también las iglesias de Santa María Ma-
dalena de Corros y San Pedro Navarro de Valliniello en un radio más
amplio. La excavación de estas iglesias y su entorno desvelarán sin duda
muchos otros aspectos urbanísticos y de su secuencia constructiva.
Un edificio medieval bien preservado y de gran singularidad es la ca-
pilla funeraria de Las Alas, construida en el costado septentrional de la
iglesia de San Nicolás. Fue mandada construir hacia 1346 por Pedro Juan,
quizás un burgués enriquecido por el comercio que promocionaría so-
cialmente y entroncaría matrimonialmente con la familia de Las Alas
(Alonso Álvarez 1996, 152). Además de la arquitectura y ambiente fu-
396 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 24b.- Capilla de Las Alas
después de su restauración
(2010)
nerario del edificio (fig. 24b), es preciso mencionar el reciente hallazgo,
en la excavación arqueológica realizada con motivo de su restauración
(2010), de un grueso muro sobre el que se asienta la fachada occidental
de la capilla, de mayor anchura que esta. Aún en fase de estudio, no es
posible determinar si se trata de un edificio anterior – alguna casa-torre
de los poderosos linajes locales – o de una estructura de cimentación y
contención del terreno, que inicia un brusco descenso hacia la ría en ese
punto.
Actividades económicas
La vocación mercantil portuaria y artesanal de Avilés es evidente
desde sus orígenes. La documentación escrita da cuenta de una amplia
nómina de artesanos entre los siglos XIII y XV, entre los que destacan
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 397
los relacionados con la pesca y el sector naval como mercaderes, mari-
neros, pescadores, carpinteros, seguidos del sector de la construcción y
textil: pedreros, ferreros, peleteros, gordoneros (cordeleros), alfayates, za-
pateros, sastres, además de otros relacionados con la alimentación - al-
folineros, forneros, carniceros, molineros - y la agricultura (Uría Ríu 1979,
Ruiz de la Peña 1967, Argüello Menéndez 2009). Sin embargo, pocas de
estas actividades han sido documentadas aún en las excavaciones ar-
queológicas. En las del aparcamiento de la Plaza de España la calle y
puerta de la Ferrería contaban con una solera formada por espesas capas
(15-20 cm) de escorias, sin duda procedentes de los desechos de las for-
jas y ferrerías instaladas en esa calle hasta finales del siglo XIII; poste-
riormente ese sector metalúrgico sería trasladado extramuros, al barrio
de Ribero (Argüello Menéndez 2009). Las importaciones atlánticas están
documentadas por dos tipos de materiales: las cerámicas relacionadas
con el trasiego y servicio de vino bordelés y los alabastros ingleses. La
intensa relación comercial de Avilés con otros puertos atlánticos y es-
pecialmente el de La Rochelle se refleja en la importación de vino de la
región de Bordeaux, entre otros productos que no dejaron una huella ar-
queológica clara, como los paños y textiles. Acompañando los fletes de
vino se cargaban una características jarras vidriadas con tonos verdosos,
fabricadas en la región de Saintonge entre mediados del siglo XIII a me-
diados del siglo XIV, o en tonos marrones en la región de Rouen – Paris,
utilizadas para el trasiego, el servicio y el consumo de vino a bordo de
los barcos, primero, y en los puertos después (Chapelot 1983, Gutiérrez
2000, Gutiérrez et alii 2011). De este modo la dispersión de estos pro-
ductos cerámicos por las costas francesas, británicas, cantábricas, galai-
cas, portuguesas y andaluzas muestra claramente la incidencia del
comercio y las exportaciones aquitanas. En Asturias se han localizado
hasta ahora en Avilés (Plaza España, Ruiz Gómez, Camposagrado) (fig.
25-26), castillo de Gauzon, Gijón, Villaviciosa y Oviedo, alcanzando in-
cluso a León (Gutiérrez et alii 2011), lo que da una buena idea de la ca-
pacidad importadora y redistribuidora del puerto avilesino. También a
los puertos cantábricos arribaron, ya en el siglo XV, otro importante con-
junto de piezas, las esculturas inglesas labradas en alabastro, que se lo-
calizan en las iglesias y catedrales de Pontevedra, Santiago de
Compostela, Mondoñedo, Avilés, Oviedo, Bilbao, Oyarzun o Fuente-
398 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
Fig. 25.- Fragmentos de jarras vidriadas importadas de Saintonge, halladas en la excavación de
Camposagrado
Fig. 26.- Fragmentos de jarras vidriadas importadas de Paris-Rouen, halladas en la excavación
de la Plaza España
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 399
rrabía (Uría Ríu 1979). En Avilés un retablo de alabastro se encontraba
en la capilla de Las Alas, hasta su desaparición durante la Guerra Civil
(Ibídem, 374-376). Ninguna huella material consta, en cambio, del afa-
mado alfolí o depósito de la sal, situado junto a la puerta de Los Pilares,
a pesar de las intervenciones arqueológicas realizadas en la zona (Re-
quejo 2007, Bartolomé 2007).
A pesar de la pujanza mercantil y artesanal de Avilés, no dejaron de
realizarse actividades agrícolas, tanto en el entorno como intramuros
de la villa. Además de referencias escritas a viñas y otros cultivos, en di-
versas excavaciones arqueológicas se han hallado espacios de cultivo,
identificables tanto por la inexistencia de áreas construidas como por la
presencia de “tierras negras”, con abundante materia orgánica y escasos
materiales constructivos, además de otros restos como pozos, canaliza-
ciones, tapias de barro, escaleras de acceso a viviendas o soleras de ar-
cilla; restos de este tipo identificables como huertos han sido localizados
en diversos barrios extramuros (Sabugo, Rivero, La Cámara, calle Ruiz
Gómez) (Bartolomé 2007). En varias de estas excavaciones se han re-
gistrado también abundantes restos de fauna y malacofauna, que nos
informan de las especies consumidas y las costumbres culinarias de los
habitantes de la villa en época medieval. En las primeras viviendas del
solar de Camposagrado, formadas por cabañas de madera y hogares de
arcilla se localizaron unas singulares estructuras de arcilla, hogares o lla-
res, limitadas por metápodos de bóvidos hincados; otros huesos simila-
res fueron depositados ordenadamente en capas en un hoyo cercano;
además, en otros hoyos mayores, que pueden suponerse basureros aso-
ciados a los hogares, se vertieron otros restos óseos y malacofauna (Re-
quejo Pagés, Pérez Suárez, Calleja Fernández 2007, 25-28). En los
depósitos y rellenos contra el sector de la cerca localizada en la calle San
Bernardo se registraron abundantes restos faunísticos, entre los que des-
tacan los de ovejas (33 %) y ovicápridos (31 %) sobre los bóvidos (8%)
(García Álvarez-Busto, Muñiz López 2010, 446). La presencia de casi
todas las partes anatómicas de los animales, así como las marcas de des-
piece y descarnado (Ibídem), parecen indicar una preparación domés-
tica, previa a la especialización carnicera que se documenta a finales del
siglo XV en la localización de la calle de La Carnicería (hoy de Las Alas)
(Argüello Menéndez 2009, 160). Importante fue también el consumo de
400 JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ
moluscos (ostras 57 %, berberechos 25 %, mejillones 7 %) procedentes
de la ría y playas cercanas (García Álvarez-Busto, Muñiz López 2010,
446). Aunque son datos consignados en tan sólo estas dos excavaciones,
resultan altamente significativos, quizás extensibles a otros ámbitos do-
mésticos urbanos, donde no se han recogido o estudiado.
En suma, resulta evidente que el origen y elección del asentamiento
de Avilés para la fundación de la villa responde a unas favorables condi-
ciones naturales como fondeadero protegido al interior de la ría, que
habían sido ya ocupadas en tiempos antiguos. La entrada al puerto que-
daba además defendida en tiempos altomedievales por el castillo de Gau-
zón, en cuyo territorio se encuadraban los primeros asentamientos de
Avilés y su entorno. Precisamente ese primer poblado aldeano anterior
a la villa, formado por cabañas de postes de madera con suelos y hoga-
res de arcilla, ha sido documentado arqueológicamente en varias áreas,
desde el extremo norte hasta el sur de lo que será posteriormente la
villa. Sobre esta primitiva aldea portuaria y pesquera se implanta el re-
cinto urbano, a lo largo del siglo XII, coincidiendo con el empuje co-
mercial y artesanal que los fueros vienen a sancionar y favorecer. A partir
de mediados de esa centuria es evidente el desarrollo de un programa ur-
banístico bien planificado, con la construcción de la cerca y conjunta-
mente el trazado de puertas y calles, a las que seguirá la reedificación de
iglesias como la parroquial de San Nicolás de Bari y seguirán a lo largo
del siglo XIII las de Santo Tomás de Canterbury en el barrio gemelo de
Sabugo y el convento franciscano en el área extramuros meridional. La
renovación edilicia acabará con las sencillas viviendas de los primeros
momentos, sustituyéndose progresivamente por casas más complejas y
con un aspecto más urbano. Entre ellas destacarán las levantadas por la
oligarquía de comerciantes enriquecidos en las áreas más representati-
vas de la actividad burguesa, como el palacio de Valdecarzana en la calle
de La Ferrería en el entronque con la Rua Mayor y La Pescadería, a me-
diados del siglo XIII; a comienzos del siguiente la familia de Las Alas, el
linaje más poderoso de Avilés en los tiempos siguientes, edifica su torre
cerca de la puerta de la Mar, a la que añadirá una vivienda ampliada su-
cesivamente –a costa de la ronda, la muralla y otros espacios públicos–
hasta constituir el palacio renacentista y barroco de Camposagrado. La
pujanza del comercio marítimo y las importaciones atlánticas, especial-
AVILÉS EN EL TIEMPO DE LOS FUEROS 401
mente la sal, los paños o el vino, convirtieron a la villa de Avilés en el
principal puerto del momento en Asturias, y pionero de las villas por-
tuarias cantábricas. De esas actividades mercantiles y artesanales no se
han documentado aún demasiadas evidencias materiales, aunque sí son
lo suficientemente significativas como para mostrar la importancia de
la función importadora y distribuidora que ejerció Avilés en todo el
reino en los siglos centrales medievales. Las jarras vidriadas francesas
de mediados del siglo XIII a mediados del XIV que acompañan los fle-
tes de vino o los retablos de alabastro ingleses de mediados del siglo XV
son claros exponentes del alcance comercial del puerto avilesino.
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