Artículo Teko Porä 1
Artículo Teko Porä 1
1
El "Surnak kawsay" (quechua ecuatoriano) y el "Suma qamana" (aymara boliviano) corresponden al
"Teko Porã" del guaraní paraguayo y expresan la idea de "Vida Buena".
términos individuales. Se trata de una meta que abarca a todos, respetando la diversidad
que se presenta en cada uno.
2- Una dimensión económica. La sociedad garantiza el bienestar de todos sus integrantes
(basado no tan solo en los bienes materiales, sino en la calidad de vida). La "Vida-buena"
considera también el tema de los recursos naturales, no ya con fines de explotación sino en
un contexto de conservación y de convivencia mutua entre la naturaleza y el ser humano.
3- Una dimensión cultural. El concepto "Vida buena" propone considerar cada país como
una sociedad plural, atenta a lo particular y reconociendo el aporte de todas las minorías. La
cultura del Teko Porá se presenta entonces como una propuesta alternativa al estilo de vida
materialista, centrado en un "progreso" económico social que privilegia el consumo, la
acumulación de los capitales, el desperdicio…, postergando a los bienes culturales.
4- Una dimensión religiosa-trascendente. El "bien" producido por la sociedad, además de
apuntar a aumentar al "nivel de vida", con criterios ecológicos y de justicia social, también
propone e incluye un criterio de trascendencia y bienestar espiritual".2
Estas cuatro dimensiones se funden e interactúan en un único sistema antropológico de
convivencia armoniosa y de reciprocidad, que los pueblos guaraníes llamamos Teko Porã.
En la Biblia, ya en los textos tardíos de la Sabiduría (11, 24-26), aparece corno una
grandiosa síntesis de este estilo de Vida-Buena querido y sostenido por el "Señor que ama
la vida": "Tú amas a todos los seres... ¿Cómo podría subsistir algo que tú no hubieses
querido? ¿Cómo se conservaría si no lo hubieses llamado? Pero Tú todo lo puedes, porque
todo es tuyo, Señor, que amas la vida".
La antropología bíblica es antropología teológica y tiene como centro el Dios que da vida;
autor de sus tres etapas: vida engendrada (crear), vida alimentada (el llamado a subsistir),
vida realizada (llevada a plenitud).
Al explicar el estilo de vida de los guaraníes, el antropólogo jesuita Bartomeu Meliá3 afirma
que también aquí se podría hablar de una antropología teológica, porque toda esta
concepción de vida está impregnada de lo trascedente y de la presencia del Padre-Madre
supremo.
Meliá llega a hablar de una "tekología" 4 que seguramente tiene mucho que ver con toda
teología que hable de un Dios de la Vida y en especial con la teología de Jesús de Nazaret.
2
Ver "Sumak Kawsay: la "vida buena" y "2° Sínodo de África", Umbrales, 198:3 y 15- 22.
3
Meliá, 1991: 78. El padre jesuita B. Meliá es el más conocido autor paraguayo de estudios
etnohistóricos con sus libros (1986) El guaraní conquistado y reducido, Asunción: Ceaduc; (1987) La
tierra sin mal de los guaraní. Economía y profecía, Asunción: Ateneo Paraguayo; y (1997) Pueblos
indígenas del Paraguay, Asunción: l)geec. Es un destacado defensor de la causa de los pueblos
originarios. No por nada, durante los 35 años de la dictadura strosneriana fue enviado al exilio durante
15 años, que él aprovechó para vivir entre los pueblos originarios limítrofes.
4
El término guaraní Teko (=vida, manera de ser), además de ser una palabra "oscilante", con inicial
variable, triforme (teko, reko, heko), tiene múltiples significados como ya señalaba en 1639 el gran
estudioso de la lengua guaraní, el jesuita Antonio Ruiz Montoya; esta palabra significa: manera de
ser, de pensar y actuar, hábito y costumbres, norma y comportamiento, sistema de vida y cultura. Es
más que evidente que los guaraníes estaban satisfechos con este modo de vivir que definían como
"Ñande reko katu" (nuestro modo de ser auténtico y bueno) o como "Ñande reko marangatu" (nuestro
modo de ser santo, virtuoso y digno).
Cuando el Maestro de Galilea hablaba de Dios no enseñaba dogmas religiosos, sino que
anunciaba un estilo de vida que infundia una nueva esperanza. Nadie lo considera un
maestro de la Ley dedicado (un profesional del aparato doctrinal, diríamos hoy).
Es visto como un profeta apasionado por una Vida-buena (teko porã), una vida más digna
(teko marangatu), para todos.
Esta visión teológica de la antropología fue retomada magistralmente por el Concilio
Vaticano II y, más recientemente, por el Documento de los obispos latinoamericanos en
Aparecida.
El documento Gaudium et Spes nos propone las líneas claves de la antropología cristiana:
a) Primeramente, el ser humano es creado a imagen de Dios y Dios "vio que era muy
bueno". El ser humano es la explicitación de la imagen de Dios fundamento de su grandeza,
su unidad y su interioridad, su conciencia moral y su libertad. Pero hubo la afirmación
histórica del pecado (nn 12.13).
b) En segunda instancia, Cristo es el "hombre nuevo", la verdadera respuesta al misterio
del hombre: "En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo
encarnado". Cristo aparece como la clave del enigma humano, el que descubre su sentido,
ya que es el hombre nuevo, el nuevo Adán de la nueva creación y del nuevo estatuto de la
humanidad (n. 22). Cristo es el Ecce Horno que "amó con corazón de hombre" llegando a
ser el paradigma de todo ser humano. Con su Palabra y acción, con su estilo de vida y sus
opciones, con su Muerte y Resurrección, Cristo representa un "modo de ser y de vivir
saludable, bueno" (el Teko Porá de los guaraníes).
c) El enigma de la muerte es iluminado por la vida, muerte y resurrección de Cristo, nos
revela nuestro destino final y plenitud; la realización de la utopía factible del mundo nuevo (la
"tierra sin males" de los pueblos indígenas).
Esta reflexión de los padres del Concilio aparece ya muy bien sintetizada el número 1 de la
constitución pastoral Gaudium et Spes:
"El gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre
todo de los pobres y de todos los que sufren, son también gozo y esperanza, tristeza y
angustia de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre
eco en su corazón".
Muy sugestiva es la propuesta antropológica de Aparecida que naturalmente cita Gaudium
et Spes 22, y también considera el término "Vida" como la síntesis de la buena noticia y de
la entera misión de Jesucristo "rostro humano de Dios y rostro divino del hombre" (A 107).
Todo el documento, titulado a partir de la frase central de Juan (10,10) propone la misma
misión de Jesucristo: "para que tengan vida", y la tengan en abundancia. De manera
especial el capítulo 3 y más especificamente aun los números 106-113, nos hablan de la
"buena noticia" del ser humano, su vida y su dignidad, su familia y su trabajo, sin dejar de
subrayar la buena noticia del destino universal de los bienes y la ecología.
Más recientemente el Papa Francisco nos da una meta clara para una auténtica
antropología cristiana: "Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que
humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para
alcanzar nuestro ser más verdadero" (EG 8).
El Papa Francisco afirma que el sentido de una vida plena y feliz está justamente en una
"feliz amistad" con el Dios —Amor, que nos rescata de nuestra "conciencia aislada y de
autorreferencialidad ". "Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro
camino más que recono-cer al otro y buscar su bien" (EG 9).
I" itinerario: La vida como búsqueda y misterio de amor
5
De aquí que Mounier afirme: "El misterio no vale por su oscuridad, como se cree corrientemente,
sino porque él es el signo de una realidad más rica que las claridades demasiado inmediatas. Su
dignidad está completamente en su positividad, en la presencia que anuncia": cf. M. Moreno Villa,
Misterio, en [Link]/DicPC/M/[Link]
6
Según la definición de Umberto Eco en su magistral obra que lleva este mismo nombre. Versión
digitalizada en [Link]áA4p-content4tploads
Entre los guaraníes la Palabra se originó en el Padre Primigenio cuya esencia es el amor,
por lo cual éste invita a cada guaraní a practicar el amor recíproco. Así se expresaba a fines
de los arios 50 un líder Guaraní:
"Nuestro Gran Padre (Ñandejaraguasu) hizo que se abriese la palabra fundamental y que se
hiciese corno Él, divinamente cosa de cielo. Cuando no existía la tierra, en medio de la
oscuridad antigua, cuando nada se conocía, hizo que se abriera como flor la palabra
fundamental, que con él se tornará divinamente cielo; esto hizo el Padre verdadero, el
primero " 7.
La Palabra está consubstanciada con el alma humana. Para los guaraníes, un ser humano,
al nacer, es "una palabra que se pone de pie" y se yergue hasta alcanzar su plenitud
humana.
Esta religiosidad ejercía una fuerte influencia en la organización social ya que consideraban
que la tierra se armonizaba mediante el amor fraterno y la solidaridad, que tiene su origen y
su fin en Dios. Es sorprendente la similitud con el mensaje cristiano de la Palabra hecha
carne (Jn 1) y la palabra de vida y palabra de amor (1Jn 1) del apóstol Juan.
Ya en el Génesis se afirmaba que el Dabar, la palabra creadora de Yahvé, no sólo daba vida
al ser humano sino que lo hacía "a su imagen y semejanza".
El texto sacerdotal de los Orígenes es muy detallado en el subrayar la "identificación"
hombre-Dios: "Y Dios creó, al hombre a su imagen, Lo creó i imagen de Dios. Los creó
varón y mujer (repetición triple del verbo crear y la doble afirmación de imagen de Dios,
como pareja (en adelante no se usa más el término singular ser-humano, sino que se sigue
hablando directamen-te en plural: "los bendijo y les dijo: sean fecundos") (Gn 1, 27-28).
Entonces la Creación es una respuesta a los interrogantes sobre el sentido de su vida.8
Para el creyente la vida tiene sentido porque alguien nos ama, y ama "como Dios".
En el gran mandamiento "Ama a tu prójimo corno a ti mismo" (Levítico 19, 18), el amor no es
entendido sólo para un prójimo reducido, sino para todos los seres humanos, justamente por
haber sido creados todos los seres humanos "a imagen de Dios”9. En definitiva, entender la
vida como misterio no tiene nada que ver con lo misterioso o el suspense de las películas de
terror; por el contrario, este misterio es un precepto breve y claro: Ama.
El Reino predicado por Jesús y el concepto de Vida-buena
La perspectiva principal de la predicación de Jesús no fue la de ser un maestro de vida
moral; él no predicó preceptos o leyes que tengamos que cumplir. Jesús anunció que la
llegada del Reino de Dios era inminente (Mt 24, 34), "la cercanía bondadosa" de Dios Padre,
su Amor que ya se estaba manifestando. Cuando los primeros misioneros de los Guaraníes
quisieron traducir el Padre Nuestro a su idioma se encontraron que ellos no
tenían ni la palabra ni el concepto de "Reino". Una solución era imponer la palabra en
castellano (que de paso no traduce bien lo que la Biblia y Jesús entendían decir); otra
solución era intentar traducir el concepto usando otras palabras adecuadas. Esto implicaba
entrar en su cultura y aprender la mentalidad guaraní para poder decir con sus mismos
7
Meliá, 1991: 9.
8
CEC 282.
9
Un midrash de Sitia Quedoshim narra que: "Rabí Akiba decía que Ama a tu prójimo cwno a ti mismo
(lit 19,18) es el gran principio de la Torá. Pero Ben Asay afirmaba que hay un principio aún mayor:
Cuando Dios creó al ser humano lo hizo a imagen de (Gn 5,1). En este caso el amor no es sólo para
el prójimo, sino para todos los seres humanos" (Jakob Petuchowski, 2003: 85).
conceptos lo que se les quería proponer. Así nació una tradición que me parece mucho más
fiel que la traducción castellana: "Tu Reino" fue traducido con "Nde reko marangatu" (= "tu
manera de ser bondadosa").
Esta manera de ser bondadosa es lo que Cristo anunció solidarizándose con la gente
humilde, corno signo de la cercanía del Padre. Jesús sorprendió a todos al afirmar que el
Reino de Dios ya había llegado. Él quería que la cercanía se trasformara en un estilo de vida
en comunidad, en la que todos se sintieran protagonistas. Por eso eligió a 12 discípulos,
simbolizando a todo el pueblo, y como anuncio de una nueva manera de
vivir como "pueblo de hermanos".
Todos los pueblos a lo largo de la historia fueron buscando esta plenitud de vida, y también
la Buena Nueva de Jesús puede tener muchos puntos en común con "Teko porá".
Jesús explicó claramente el sentido de su misión: "Yo he venido para que tengan vida y vida
en abundancia" (Jn 10, 10). Su propuesta de plenitud es para todos, pero en especial para
los protagonistas de la cultura popular (y marginal) de su tiempo, es decir, campesinos,
pescadores, pastores, siervos/as... publicanos y prostitutas.
Son varios los puntos en común con la propuesta del "Teko pora”. Jesús habla de un estilo
de vida que abarca toda la existencia en sus múltiples dimensiones, social, económica,
cultural y religiosa; que parte del corazón del ser humano y llega a expandirse en un
proyecto global e integrador. Es una utopía factible, que tiene sus raíces en el presente y su
proyección sin límites, en la práctica del amor. Es un proyecto que se realiza en comunidad
y con el aporte personal de reciprocidad. En la práctica del amor reciproco podemos
establecer una similitud profunda entre las dos concepciones de vida.
Para el cristiano la definición más clara y clarificadora del sentido de la vida quizás sea el
considerar la Vida como un Don de Amor.
Un Don recibido y dado según el juego de palabras que dice "Se da vida dando vida". Es
decir, se aporta vida, se hace crecer la vida de alguien, sólo gastando la propia vida,
ofreciéndola y entregándola con generosidad.
Jesús resume este principio en sus discursos de despedida, anunciando el mandamiento
nuevo (Jn 13, 34 ss.) y mostrando el camino a seguir: "No hay amor mayor que dar la vida"
(Jn 15, 13).
La palabra de Dios nos da la clave interpretadora de la vida, resumida en el supremo y único
mandamiento del Amor (Mc 12, 28), que abre y cierra todas las cuestiones.
El famoso "Ama y haz lo que quieras" de San Agustín10.
El Jefe de la tribu no tenía un poder de coerción. Su autoridad era aceptada solo si era un
generoso servicio en la dirección de todos los emprendimientos comunitarios. Además debía
caracterizarse por su generosidad en ofrecer dones, debía ser po-jera(= mano abierta, = el
generoso)13.
A esa economía del Don y de la reciprocidad se opone la economía del individualismo
egoísta. En términos cristianos, a la economía de la gracia (= don gratuito) se opone la
10
"Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor, si gritas, gritarás con amor, si corriges,
corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor. Si está dentro de ti la raíz del amor, ninguna
otra cosa sino el bien podrá salir de tal raíz" (San Agustín, Homilía 7, 8).
11
Meliá y Temple, 2004: 20-21
12
Meliá y Temple, 2004: 24 y Meliá, 1991: 68.
13
Necker, 1990: 29-30.
economía del pecado. Los guaraníes no acumulan riquezas porqueel compartir, el don
recíproco, es el valor más alto de su cultura.
Por eso, si alguien llega a acumular bienes sin compartirlos con los demás, se automargina
automáticamente y ya no es parte de su grupo fa-miliar.14
Todas las culturas conocen el egoísmo y pecado como una opción consciente y libre en
contra la vida plena. También para los guaraníes la "Tierra sin males" (Yvy marane'y) era
una constante aspiración, una meta a conquistar, simbolizada por la periódica peregrinación
en busca de una tierra virgen para cultivar, y alcanzable solamente en el "lugar de la gran
luz resplandeciente" (Mba'e vera guasu) en el más allá15.
También estos pueblos nativos del continente americano conocieron la guerra y la violencia
entre tribus rivales, la envidia y la traición entre la gente de la misma tribu, corno narra
enfáticamente la película de Mel Gibson Apocalypto (2006)16.
El encuentro-embate con la civilización europea, que conoció un es-plendoroso resultado
positivo en las famosas "Reducciones guaraníticas" de las misiones jesuíticas y en "las
doctrinas" (pueblos indígenas) de los franciscanos, conoció también una dura realidad de
pecado en la bravosía de muchos conquistadores y encomenderos, sin hablar de las crueles
hazañas de los bandeirantes. También el mestizaje conoció sus momentos de gracia y de
pecado.
En muchos derivados de la palabra "po" (= mano) podemos ver esta doble cara del corazón
humano en la cultura guaraní.
Junto con el po jopói (= la mano que regala) aparece el el po pinda (= la mano anzuelo, el
ladrón y su sinónimo po vevúi = la mano ligera, el ratero) y también el po mboja (= la mano
libre, el atrevido).
Junto al potirö (= todas las manos unidas), es decir, el trabajo comunitario, aparece el po
karë (= la mano torcida, el corrupto).
Junto al pojera (= la mano abierta, el generoso) aparece el po jopy (= la mano apretada, el
tacaño); junto al popegua (= que procede de la mano, el que regala) aparece el po su'u (= la
mano que golpea, el puñetazo, el tacaño).
Los derivados son muchos más, y todos estos nombres y adjetivos se [Link] en verbos,
en acciones. Por eso, también para el paraguayo .14.1;11, para conocer al otro de verdad
hay que conocer su corazón, lo que ii;isa en su intimidad. Hay un dicho que reza: "Voy a
comer tu sobra para ;ilocer tu intimidad" (Ha'úta nerembyre roipy'akuaa hagua)18.
Entre los integrantes de una familia se comparte todo y no las "sobras" l• uno. Por eso,
cuando se da algo a un indígena guaraní, él lo recibe y, en lugar del "muchas gracias" (y me
voy satisfecho), dice: "También están is compañeros" ("Oiméko avei cheirünguéra") 19.
En el mundo comunitario, el defecto imperdonable, el más vergonzoso es la tacañería, el no
saber compartir. Cuando el paraguayo tacha a alguien diciéndole "Moopi" (tacaño,
miserable) eso significa el más profundo desprecio.
El principio de la Vida como don compartido, que es la base de la •ct momia de reciprocidad
de los pueblos guaraníes, sigue siendo una línea illaestra para la construcción de la
comunidad. Además de la propia familia cada uno siente un lazo de cercanía con su indad,
familias unidas por la misma Tekoha (ver supra).
18
Vera, 1996: 153
19
Vera, 1996: 204.
Los pueblos guaraníes tienen clara su tarea, su vocación y misión cuan-l; ; hablan de la
búsqueda de la Tierra sin males (Yvy maráne'y). Aunque in uy conocida esta expresión, que
los guaraníes han puesto como fundamento de su constante búsqueda de un mundo mejor,
conviene profundizar sobre el sentido de este horizonte utópico que marcó la vida de estos
nómadas en el Cono sur del continente americano.
La búsqueda de una Tierra-sin-mal no es un sueño lejano inalcanzable, sino más bien una
tarea cotidiana que encarna el proyecto de Vida-buena en esta sociedad de la reciprocidad.
El estudioso de la cultura guaraní, Bartomeu Meliá afirma que "el Guaraní es un pueblo en
Éxodo”20.
La itinerancia física de estos pueblos semi-nómadas indica una itine-rancia espiritual, una
permanente búsqueda, una constante precariedad. Sin embargo, hay también un espacio de
estabilidad que fija y sacra-mentaliza esta búsqueda: es la fiesta (= "arete"), considerada
como el tiempo (ara) verdadero (ete); es el tiempo auténtico, el tiempo de la Vida-buena,
que es sacramento de la tierra-sin-mal y de la felicidad plena.
"En la danza se revela el chamán, que es 'Nuestro Padre', el camino.
Este camino conduce a la casa de Nuestra Madre, donde no faltan frutas, ni chicha
para beber. Es la fiesta"21.
Los bailes, los cantos, la chicha tomada hasta la ebriedad, el humo ritual del tabaco que
envuelve a todos los presentes... no son sólo parte de un ceremonial, sino la expresión de
esta Tierra-sin-males que estaba en el origen y que estará en el fin.
En el Paraguay actual sigue muy arraigada la práctica comunitaria del Karuguasu, la gran
comida familiar en la que participan todos los vecinos, especialmente los más pobres y los
niños.
Al terminar los nueve días de rezo por un familiar difunto ("novena Paha") se realiza este
Karuguasu que es el mejor himno a la vida en un momento de tristeza y de muerte.22
Hay que destacar que la fiesta (arete) de los guaraníes era un tiempo auténtico porque
recogía y repartía los frutos de su tiempo cotidiano. En la fiesta, los frutos de la tierra y del
trabajo son ofrecidos como don y gracia (aguyje).
Por medio de este "don", la persona alcanza el deseado bienestar y tiene la virtud del Buen-
vivir que tiene muchas manifestaciones: teko porá (ser bueno el vivir bien); teko joja (ser
igual, ser justo); teko ñemboro'y (ser sereno), teko marangatu (ser santo, bueno).
Este Buen-vivir no era algo teórico; se traducía en bondad y sabiduría práctica. Lo vemos,
por ejemplo, en su arte de cultivar la tierra, conociendo y clasificando perfectamente todas
las especies vegetales y animales, las características ecológicas de los distintos lugares. El
gran botánico suizo-paraguayo Moisés S. Bertoni da testimonio de ello en su obra de
clasificación de las plantas (después del griego, el guaraní es el idioma que más
terminología aportó a la nomenclatura botánica).
Los buenos conocimientos prácticos de los guaraníes los hacían unos hábiles "agrónomos";
y, en lugar de explotar la naturaleza, preferían emigrar: nunca dejaron desiertos tras de sí. El
colono europeo acabó por pedir prestados a los guaraníes esos conocimientos".23
20
Meliá, 1991: 14
21
Meliá, 1991: 52
22
Paraguay son muy comunes estas fiestas de familia abiertas a amigos y vecinos en ocasión de
aniversarios de difuntos o do fiesta de cumpleaños (sobre todo los 15 años de las muchachas). Hasta
la familia más pobre llena su patio de sillas alquiladas para recibir a los invitados. Quizá el Paraguay
tenga el record mundial de alquiler de sillas por habitante.
23
Meliá, 2004: 20.
La sociedad moderna, con su discurso del desarrollo ilimitado e instru-
inentalizar la naturaleza, rompió la unidad del hombre con su entorno, y ha provocado una
de las crisis más graves y profundas que pone en peligro toda la existencia humana sobre la
Tierra.
El concepto del Buen-vivir propone otra relación del ser humano con la naturaleza. Entre los
pueblos guaraníes, por ejemplo, la buena tierra recibe su hermosura y plenitud de una
relación festiva con su fundamento original: Nuestro Primer Padre. Allí, en la fiesta guaraní,
se logra centrar el cosmos, allí está el centro de la tierra, esa Tierra sin males a la que se
aspira.
Tenemos aquí un paralelo significativo con el relato bíblico de la creación en donde el ser
humano es puesto en el centro del jardín de la creación. A él le corresponde dar el nombre
(dar identidad y plenitud) a las criaturas; no para explotarlas, sino para "relacionarlas" a su
centro.
Nada más y nada menos que el trabajo, por humilde y sencillo que sea, es parte de ese
"señorío-servicio" que Dios nos ha encomendado. Continuar el desarrollo, vencer los
misterios de la naturaleza, hacer posible la vida, buscar y producir el alimento, crear belleza,
poner orden y estética en el mundo.
Todo ha de ser para el creyente una tarea "divina", una tarea-don, encomendada por el
mismo Dios. Hasta el trabajo se trasforma en "gracia", en gratuidad recibida y dada; en una
vida gastada, pero al mismo tiempo fecunda. Una vez más, los pueblos guaraníes nos
ayudan a comprender esta verdad con su filosofía de vida, su teko marangatu, teko porá.
Lo que subraya el Buen-vivir (sumak kawai, o teko porá) es, antes que nada, la dimensión
solidaria de la comunidad humana. Ni el desarrollo, ni el crecimiento económico son
solidarios, y no pueden serlo, porque entrarían en contradicción con sus lógicas "egoístas"
de acumulación. Sin embargo, cuando hablamos de la solidaridad del Buen-vivir no
significa achatamiento o uniformidad.
Para este tema quiero citar otro gran pensador jesuita de otras latitudes (que amó América
latina): Michel de Certau24, quien habla de un dinamismo constantemente asegurado por la
llegada del extraño, del otro, es decir "una solidaridad siempre edificada sobre el respeto de
la diferencia".
Para que nuestra búsqueda de una Vida-buena se haga creíble, debe radicarse en el
encuentro con el "otro". Ese volcarse al otro, sin embargo, nos abre camino a nuestro propio
espacio. Por eso Certeau" frente al otro proclama "Sin ti, ya no puedo vivir".
El otro es algo diferente de mí, pero es también alguien a quien necesito "puesto que lo que
soy de más verdadero, está entre nosotros". 25 Elegir esta experiencia del otro significa al
mismo tiempo elegir un camino y un lugar (estable y firme). Por un lado, el camino es un
partir que nunca se termina. Por otro lado, el lugar estable es una práctica comunitaria, un
24
De Certeau, 1993: 18.
25
De Certeau, 2006: 28.
hacer juntos, una "minga" (mutiräo). El camino hacia la Tierra-sin-males sólo se hace
realidad en el intercambio con los otros, con la comunidad.
El "otro" se transforma así en una singularidad absoluta. Cada rostro, cada nombre, cada
persona, a pesar de su finitud y de su límite, se trasforma en el infinito de la humanidad y,
por eso, cada persona merece atención y ayuda.
Entre los guaraníes "el cuidado del otro toma en consideración las condiciones de la
existencia de la humanidad: cosas prácticas, limitadas, que no requieren esfuerzos
considerables o heroicos, sino que están al alcance de todos. Así, la primera manifestación
concreta de la reciprocidad es la hospitalidad, la segunda la protección y la tercera el don de
alimentos"26.
El papa Francisco, cuando habla del compromiso social del cristiano y de la dimensión
social de la evangelización, no duda en subrayar que "nuestro compromiso no consiste
exclusivamente en acciones y/o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu
moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro. Este
amor contemplativo hacia el 'otro' nos permite servirlo, 'no por necesidad o por vanidad, sino
porque él es bello, más allá de su apariencia"' (EG 199).
De esta "atención amante" nace una verdadera preocupación por cada persona y, en
especial, por los pobres, que implica "valorar "su forma de ser, con su cultura y su modo de
vivir la Fe", y agrega, citando a Juan Pablo II: Sin la opción preferencial por los más pobres,
el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser
incomprendido" (EG 199).
Así, por ejemplo, los itinerarios de la antropología guaraní que hemos señalado y que hacen
como el “karaku” de su identidad (de su teko), pueden muy bien compararse a las tres
26
Meliá y Temple, 2004: 84
"funciones" mesiánicas de Cristo (profética, sacerdotal y regia) que todo cristiano recibe con
la unción del crisma bautismal 27, y que son el kerigma de su misión .
2. LA VIDA COMO DON OFRECIDO implica el proyecto de una vida, por y para los demás
(pro-existencia) a la manera de Jesús que ofreció su vida al Padre y a los hermanos.
El discípulo de Jesús, con el Sacerdocio, bautismal vive la Oblación de si mismo como un
nuevo culto "espiritual" "vivo, santo y agradable a Dios" (Rom 12,1).
Al interpretar su vida a la luz de la Palabra el discípulo se encamina por el camino del Amor
y transforma su vida en Don (Oblación), en una vida ofrecida, una vida sacerdotal.
Esta perspectiva de la vida cristiana es otra dimensión concreta del vivir en Cristo. La vida
ofrecida al Padre y a los hermanos se trasforma en gozo, servicio, cotidianidad, cercanía,
paz interior, misericordia, cordialidad, etc.
Esta vida-Don, "vida por y para los demás", se concreta para los cristiianos en su labor
cotidiana que se hace consciente por medio de algunos rituales sencillos y profundos: una
oración de ofrecimiento por la mañana; un suspiro confiado en Dios durante el día; o un
agradecimiento al terminar la jornada. El pueblo paraguayo ha conservado no obstante la
orfandad de sacerdotes vivida después del genocidio de la Guerra guasu de la triple Alianza.
La vida ofrecida en don al Padre y a los hermanos encuentra en la Eucaristía, celebrada y
adorada, la fuente y la cumbre de una vida cristiana.
Bibliografía
Siglas
A: Documento de Aparecida
CEC: Catecismo de la Iglesia Católica
EG: Evangelii gaudium
GS: Gaudium et Spes
LG: Lumen Gentium