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Escena de psicoanálisis con Freud

El documento describe una escena psicoanalítica entre un Doctor y una Mujer en el gabinete de Freud. La Mujer se recuesta en el sofá y habla sobre un sueño de su infancia donde ve a su padre montado en un caballo. El Doctor intenta analizar el sueño pero la Mujer se pone nerviosa y cambia de posición con el Doctor, poniéndolo nervioso a él. Luego el Doctor logra calmar a la Mujer y vuelve a analizar el sueño, sugiriendo que ella intenta purificar la imagen de su padre.

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Escena de psicoanálisis con Freud

El documento describe una escena psicoanalítica entre un Doctor y una Mujer en el gabinete de Freud. La Mujer se recuesta en el sofá y habla sobre un sueño de su infancia donde ve a su padre montado en un caballo. El Doctor intenta analizar el sueño pero la Mujer se pone nerviosa y cambia de posición con el Doctor, poniéndolo nervioso a él. Luego el Doctor logra calmar a la Mujer y vuelve a analizar el sueño, sugiriendo que ella intenta purificar la imagen de su padre.

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Decorado

La escena intenta reproducir el gabinete de trabajo del DOCTOR Freud en


Viena, una mesa con lámpara de pantalla, algunas sillas, y el famoso sofá revestido
de una colcha chillona. Quizás una ventana ciega y algunos cuadros por las paredes, a
ser posible, pergaminos encuadrados.

Las luces son dos, la general del escenario y la que viene de la lámpara de la
mesa.

Una sola entrada, pero con puerta practicable.

Personajes

DOCTOR. Ha de representar a Freud, gafitas de alambre y barba recortada, puede


fumarse un puro. Correctamente vestido.

MUJER. Una señora vestida aproximadamente según la moda de los años veinte del
pasado siglo, no muy escotada, pero con mucho pecho, quizás una boa al cuello,
sombrero con plumas, zapatos de tacón alto, sobre el vestido y algún collar, un
echarpe.

La entrada

(La escena a oscuras, se oyen unos pasos y se enciende la lámpara de la mesa, pero
seguimos sin ver al DOCTOR. Después de unos instantes en el que se ven sus manos
en la mesa, revolviendo papeles y quizás escribiendo alguna nota, se oyen fuertes
golpes en la puerta.)

DOCTOR.- ¡Cómo, ya es la hora! Creía que era más pronto, (Siguen los golpes.)
siempre tan impaciente.

(El DOCTOR ante los golpes que siguen, enciende la luz general, la de escena.)

DOCTOR.- Ya voy señora, ya voy.

(Abre la puerta y entra la MUJER, entra enfadada, mirando muy fijamente al


DOCTOR, recorre la escena autoritaria, suenan sus tacones.)

MUJER.- Claro, todo igual siempre igual, el doctor que sonríe indeciso, porque no sé
si se ha dado usted cuenta, pero usted se sonríe indeciso.
DOCTOR.- Señora...
MUJER.- No, nada de señora, y, además, ¿cómo voy a ser una señora después de
todas esas cosas que le he dicho?
DOCTOR.- Usted sabe que...
MUJER- Yo no sé nada, y, además, cómo voy a saberlo, los médicos acaban siempre
por contar las historias de sus pacientes.
DOCTOR.- Usted sabe que no es así...
MUJER.- Yo no sé nada, bueno cada día que pasa, sé menos, no sé nada, eso es, no
sé nada.
DOCTOR.- Si quiere usted recostarse, podríamos empezar...
MUJER.- Eso es, echarme en el sofá y empezar a contarle a usted mis sueños, pero
¿se puede saber por qué le interesan a usted mis sueños? Eh, ¿qué me dice?
DOCTOR.- Vamos, señora, de verdad, póngase cómoda.

El Terapeuta.

(La ayuda a recostarse en el sofá, pero la mujer apenas queda recostada, sigue
erguida.)

MUJER.- No, no estoy nada cómoda.

DOCTOR.- Tranquilícese, sobre todo tranquilícese.


MUJER.- (Se sienta.) No, nada de tranquilizarme, eso es lo que me dice usted
siempre que vengo a su consulta, tranquilícese, tranquilícese, pero doctor, si yo fuera
capaz de tranquilizarme, de tranquilizarme por mí misma, ¿cree usted que vendría
todas las semanas a verle a usted?
DOCTOR.- Sí, tendría usted que venir de todas las maneras, porque solo aquí, en mi
consulta, puede usted conocer los motivos de su intranquilidad, y también las razones
para su tranquilidad.
MUJER.- Sí, eso suena muy bien, los motivos de, y las razones de... Pero mire,
doctor, ante todo no me gusta nada este sofá, esta colcha es de lo más chillona que se
puede encontrar, y además ni siquiera hace juego con mi vestido, usted tendría que
tener cuidado con estas cosas, porque si usted hubiera puesto una colcha azul pálido,
yo estaría mucho más contenta, sí, el azul pálido hace juego con mi vestido, o una
colcha rosa, pero rosa pálida, siempre pálida...
DOCTOR.- No piense usted ahora en la colcha, tiéndase, póngase a gusto, eso es...
Respire más despacio, eso es... Así, así... Tranquila, muy tranquila... Y ahora vamos a
hablar como dos buenos amigos.
MUJER.- Pero la colcha...
DOCTOR.- Tengo aquí las notas de la última sesión,
(Mientras va a buscar estas notas en la mesa, la mujer se arrebuja en la colcha y
solo asoma las piernas que alza y agita, tiene medias caladas con ligas de color y
pompón.) sí, aquí están, vamos a ver... pero ¡señora!
MUJER.- Las notas, claro las notas. (Agita las piernas.)
DOCTOR.- Vamos a ver, no, no mueva las piernas, tranquila, eso es, y no se tape...
eso es, así está mejor... tranquila, y aquí están las notas, vamos a ver, en la última
sesión recordaba usted un sueño de su infancia en el que aparecía su padre montado
en un caballo blanco... (La mujer queda como un capullo de gusano de seda.)
MUJER.- Bueno, quizás no fuera exactamente blanco, quise decir que el caballo
estaba muy limpio, eso es, pero blanco, lo que se dice blanco... a lo mejor...
DOCTOR.- Descríbame la escena, parece ser que usted estaba en un jardín...
MUJER.- Sí, eso es, en un jardín, pero claro, el jardín no era mío, mi familia nunca
ha tenido jardín, siempre hemos vivido en un piso, ya sabe usted cómo son estos
pisos de Viena, amplios, grandes, bien soleados cuando hay sol...
DOCTOR.- Estaba usted en un jardín...
MUJER.- Sí, en un jardín, había césped y una mesa blanca y unas sillas, claro que
había sillas, y en una estaba sentada mi madre con un sombrero amarillo, pero de un
amarillo rabioso, doctor, rabioso, nunca he podido comprender ese gusto por ciertos
colores...
DOCTOR.- Y entonces llegó su padre en un caballo...
MUJER.- Bueno, usted está tomando nota de todo lo que le digo...
DOCTOR.- Sí, claro, en esto consiste también el tratamiento, pero usted no se
preocupe de nada, siga usted, llegaba su padre montado en un caballo...
MUJER.- Primero oí el trote del caballo, porque era trote, yo distingo muy bien entre
el galope, el trote y el paso, ¿usted no?
DOCTOR.- Sí, sí, yo también, y entonces...
MUJER.- Entonces apareció mi padre encima de un caballo casi blanco, eso es, casi
blanco, y estaba guapísimo... mi padre, no el caballo, guapísimo, guapísimo.
(La mujer se envuelve en la colcha y lanza sus piernas al aire intentando imitar el
trote de un caballo.) Tacatá-tacatá, eso es, tacatá y tacatá...
DOCTOR.- Bien, siéntese, siéntese... será lo mejor...

La Terapeuta

MUJER.- (Sentándose.) Se me ocurre que...


DOCTOR. Dígame, qué se le ocurre.
MUJER.- Pues que no me encuentro bien...
DOCTOR .- ¿Quiere usted que...?
MUJER.- No, no quiero nada, bueno sí, verá usted, no estoy a gusto aquí, sentada,
tendida... No, no, y se me ocurre, ¿por qué no se sienta usted aquí y yo en la silla?
DOCTOR.- ¿Tiene usted miedo?
MUJER.- No, miedo no, pero me gustaría...
DOCTOR.- Pero es usted la que tiene que hablar, la estoy psicoanalizando, no sé si se
da usted cuenta.
MUJER.- Sí, sí, me doy cuenta, pero me gustaría... y no, no es un capricho, creo que
tendría mucha más confianza en usted si cambiáramos de sitio.
DOCTOR.- No me parece normal...

(Ella se ha levantado y muy suavemente tiende al DOCTOR en el sofá, después


busca unos papeles en la mesa y se sienta en la silla.) (Envuelve al doctor de manera
que hace recordar a las camisas de fuerza de los psiquiátricos.)

DOCTOR.- No sé qué se propone usted, pero...


MUJER.- Vamos, doctor, no hay que tener miedo, ¿cómo era?, ah sí, tranquilícese
usted, eso es, tranquilícese usted.
DOCTOR.- Ridículo, completamente ridículo... (Enfadado)
MUJER.- (Toma notas de vez en cuando.) Vamos a ver, usted también ha tenido que
soñar con su padre, ¿me equivoco?
DOCTOR.- No, claro que no.
MUJER.- Y dígame, ¿cómo le soñó la última vez?
DOCTOR.- Bueno, estábamos merendando en el jardín de casa, eso es, toda la
familia reunida, cuando apareció mi padre montado en un caballo blanco.
MUJER.- ¿Seguro que era blanco?
DOCTOR.- Claro que estoy seguro, y se apeó del caballo y se sentó a merendar con
toda la familia, entonces...
MUJER.- No, no, esto no va bien, usted me tiene que contar los sueños si sueña con
su madre, no si sueña con su padre, vamos, eso me parece a mí... o por lo menos es lo
que he aprendido en estas sesiones... conque, vamos a ver, doctor, cuénteme la última
vez que soñó con su madre, eso es, con su madre.
DOCTOR.- Todo es un poco borroso, y además no sé si... pero ocurrió en el
estanque, eso es, en el estanque, cacé una rana, era la primera vez en mi vida que
cazaba una rana, y eso que me pasaba las horas muertas acechándolas, pero por fin,
aquella tarde, porque era por la tarde, saltó una rana del estanque y casi, casi, fue a
parar a mis manos... una mala impresión, eso lo primero, algo viscoso, húmedo, frío,
por eso no supe qué hacer... (El DOCTOR habla con calma, está muy a gusto y
tranquilo)
MUJER.- Un momento, doctor, un momento, algo viscoso y húmedo, ¿y esto le
recordó un sexo femenino?
DOCTOR.- No, no, qué barbaridad, dije viscoso, húmedo y frío... En fin, no sé de
dónde saca usted... pero un momento, (Se incorpora.) qué demonios estoy haciendo
yo aquí... vamos, vamos, vuélvase a tender...

(Se levanta e intercambia el sitio con la mujer que se vuelve a tender de muy mala
gana, vuelve a echar las piernas por alto y a agitarlas.) (Ya no se pone la tela.)

El Sueño

DOCTOR.- Vamos, vamos, estese quieta... así, cierre los ojos, eso es... y ahora
volvamos a lo que usted me estaba contando, recuerde... llegaba su padre en un
caballo blanco.
MUJER.- Blanco, no, era un caballo limpio, eso es, muy limpio...
DOCTOR.- Perfecto, perfecto, este detalle puede ser muy significativo, ya ve, parece
que solo es un adjetivo, sin embargo, encuentro aquí una voluntad por su parte de
purificación.
MUJER.- ¿De purificación?
DOCTOR.- Claro, está muy claro, usted no quiere por ningún concepto que la figura
de su padre aparezca con ningún signo de impureza, de suciedad, de culpabilidad, en
una palabra.
MUJER.- Era un caballo precioso.
DOCTOR.- Y ahora tendría usted que saber por qué intenta por todos los medios
purificar a su padre.
MUJER.- Yo... yo no intento nada, nada. (Casi gritando, vuelve a echar las piernas
por alto.)
DOCTOR.- Tranquilícese, estese quieta, calma, un poco de calma... como ya le he
explicado muchas veces todos nosotros tenemos grabado en el cerebro lo que llamo
complejo de Edipo...
MUJER.- ¿Yo también?
DOCTOR.- Todos, la humanidad entera, de alguna manera el hombre desea la muerte
del padre y desea sexualmente a su madre...
MUJER.- Yo no siento nada de eso, no es verdad, doctor, no es verdad. (Vuelve a
agitar las piernas.)
DOCTOR.- Claro que no, serénese, en su caso se trata de una mujer, entonces se
invierten los términos, usted ha deseado alguna vez la muerte de su madre y ha
deseado sexualmente a su padre, eso es, este complejo podría llamarse complejo de
Electra, pero eso no importa ahora... Ahora, querida señora, tratamos de curar sus
nervios, y para ello nada mejor que analizar sus sueños...
MUJER .- Nunca he deseado la muerte de mi madre, además mi madre tiene muy
buena salud y espero que viva muchos años, en cuanto a mi padre, sí, es un hombre
guapo, no cabe duda, sé que tuvo muchas aventuras antes de casarse con mi madre,
pero eran cosas de la juventud, eso es, aventuras juveniles, pero ahora es un marido
muy bueno, eso es, muy bueno...
DOCTOR.- Y usted se pasa la mayor parte de las noches soñando con él, ¿no es así?
MUJER.- Sí, muchas, muchas noches, y casi siempre es el mismo sueño... Estamos
sentados en un jardín...
DOCTOR.- Que nunca han tenido.
MUJER. Sí, que nunca hemos tenido, y está mi madre con un sombrero amarillo...
DOCTOR - (Que consulta sus notas.) Amarillo rabioso, eso dijo usted, un sombrero
de un amarillo rabioso.
MUJER. Bueno, sí, de un amarillo rabioso, pero y qué...
DOCTOR.- Pues querida señora, que todo se va aclarando.
MUJER.- No entiendo nada.
DOCTOR.- Fíjese en los adjetivos, es muy fácil, su madre va con un sombrero
amarillo pero el amarillo es un amarillo rabioso, en cambio su padre va en un caballo,
pero el color del caballo no es solamente blanco, es más todavía, es limpio, puro.
MUJER.- Sí, tiene usted razón, pero eso, ¿qué quiere decir?
DOCTOR- Por ahora nada definitivo, tendremos que continuar trabajando, pero de
momento los adjetivos son muy significativos, uno sirve para descalificar a su madre
y el otro sirve para enaltecer a su padre.
MUJER.- Es que, la verdad, el sombrero de mi madre no es solamente de amarillo
rabioso, es también ridículo, sí, ridículo, demasiado grande, eso es, demasiado
grande.
DOCTOR.- Muy bien, vamos muy bien, porque todo lo que diga de aquí en adelante
seguro que seguirá esas dos tendencias que ya hemos descubierto, enaltecer la figura
de su padre, para el que usted solo tiene palabras amables y adjetivos laudatorios, y
ridiculizar la figura de su madre, con su sombrero demasiado grande...
MUJER- Y guantes, eso es, ahora me acuerdo, también lleva guantes y también son
amarillos, ya ve usted, otra ridiculez, porque, ¿para qué quiere esos guantes?
DOCTOR.- Y también amarillos rabiosos, ¿no?
MUJER.- Bueno, si me fijo bien, tanto como rabiosos no son, pero amarillos sí que
son.
DOCTOR.- Bien, vamos muy bien, ahora concéntrese un poco más, vamos a ver,
¿qué ocurrió entonces?
MUJER.- Pues entonces... Sí, eso es, llegó mi padre a caballo, se apeó y... (Grita, se
envuelve en la colcha y vuelve a agitar las piernas.)
DOCTOR- Vamos, vamos, tranquila, tranquila, (Como queda en silencio, pero
envuelta en la colcha, la destapa y arregla el vestido.) eso es, ve usted, no pasa nada,
nada... y ahora siga.
MUJER.- Bueno lo que sigue... Y entonces se acercó a mí y me besó en los labios...
DOCTOR.- (Escribiendo afanosamente.) Claro, claro... y la besó, ahí tiene usted...
No hay duda, usted desea a su padre... ¿lo comprende ahora?
MUJER.- Pues no, no lo comprendo, porque verá usted, cuando mi padre se acerca a
besarme, ya no es mi padre.

El primo Gustavo

DOCTOR.- ¿Cómo que no es su padre?


MUJER. No, no es mi padre.
DOCTOR.- Pero entonces, ¿quién es?
MUJER.- Mi primo...
DOCTOR.- Su primo, pero ¿quién es su primo?
MUJER.- Mi primo Gustavo, un chico de unos treinta años, muy apuesto, no, nunca
se ha querido casar, y es extraño porque ya le digo, muy apuesto y además es militar,
capitán de ulanos, ya ve usted doctor, de ulanos, con ese uniforme tan precioso que
tienen...
DOCTOR.- (Consultando sus notas y algo confuso.) Un momento, un momento...
Bueno, vamos a ver, usted sueña que llega su padre...
MUJER.- A caballo, eso es.
DOCTOR.- Y después el que se acerca a usted y la besa en los labios, no es su padre.
MUJER.- No, doctor, no es mi padre, es mi primo Gustavo...
DOCTOR.- Bien, bien... Aquí puede haber un caso de transposición, o de ocultación
y sustitución, sí, eso es, vamos a ver, hay una ocultación, usted oculta a su padre
porque su padre es intocable, y entonces llega la sustitución y aparece su primo...
MUJER.- Gustavo, se llama Gustavo Müller y es capitán de ulanos.
DOCTOR.- Bien, bien, usted desea a su primo, sí, casi seguro...
MUJER.- Como desear, sí, le deseo, pero claro todo es imposible...
DOCTOR.- ¿Por qué es imposible?
MUJER.- Mi primo está destinado en un regimiento que está en la frontera con
Valaquia, muy lejos, solo viene a casa en Navidades y eso cuando tiene permiso... Y
además...
DOCTOR.- Y además...
MUJER.- Está casado, eso es, está casado, se casó con una tal Jazviga, una polaca la
mar de guapa, eso sí, pero en fin, polaca...
DOCTOR.- Un momento, un momento, tengo que tomar algunas notas...
MUJER.- (Que sigue hablando quizás para sí sola.)... Y no, no es que no me gusten
los polacos, pero en fin, en casa siempre hemos sido muy patriotas, mi padre todavía
añora los tiempos de la doble monarquía, es muy patriota, en fin... Y en cuanto a mi
primo Gustavo, guapo y apuesto, de acuerdo, pero falso y traidor como él solo, si por
mí fuera le echaría del ejército, porque no tiene palabra, eso es, no tiene palabra... o
mejor dicho, tiene palabras, muchas palabras, y yo hubo un tiempo en el que le creí...
y ahora, bueno ahora no, pues hace dos años le destinan a ese pueblo de la frontera
con Valaquia, y dice que se casa con Jazviga, una desvergüenza porque incluso nos la
trajo a casa, nos la presentó...
DOCTOR.- Comprendo, sí, comprendo, usted estaba enamorada de su primo, pero su
primo, ¿le había a usted hecho alguna promesa de casamiento?
MUJER.- Pues claro que sí, doctor...
DOCTOR.- Pero entonces... bueno, es un caso que se puede llevar a los tribunales...
MUJER.- No, no creo porque verá, doctor, Gustavo no solo se comprometió conmigo
sino con una media docena más, todas doncellas de Viena y de buena familia, una
vergüenza, doctor, una vergüenza...
DOCTOR.- Bien, veamos... una transposición, la imagen de su padre se
metamorfosea en la de su primo Gustavo, ¿es así?
MUJER .- Yo no noto ninguna metamorfosis, doctor, llega mi padre en su caballo y
después el que llega es mi primo Gustavo...
DOCTOR.- Sí, claro, no hay cambio, hay sustitución, pero vamos a ver, ¿su padre y
su primo se parecen?
MUJER.- (Parece dudar un poco.) Pues ahora que lo dice, pero no... Sí, un poco, los
dos son altos, apuestos, pero Gustavo no tiene bigote como mi padre, no, bien
pensado, no... creo que no se parecen...
DOCTOR.- Pero ¿no se parecen en su sueño o no se parecen en la realidad?
MUJER.- Pues... no, ni en el sueño ni en la realidad.
DOCTOR.- Bien, habrá que buscar por otro lado... pero ¿qué hace usted?

Final Alternativo II

(La mujer se sienta, se despoja de la boa y del echarpe y empieza a quitarse los
zapatos.)

MUJER. No puedo más, estos zapatos me matan


DOCTOR. ¿Tan cansada estás?
MUJER. Ha sido un día muy duro…
DOCTOR. Bueno, han salido cosas interesantes como lo del primo Gustavo
MUJER. Claro, lo del primo Gustavo. Eso es.
DOCTOR. Pero tengo en mis notas tu árbol genealógico y no mencionas a ningún
primo Gustavo...
MUJER. Claro que no Frank, me lo he inventado, me refiero a Albert
DOCTOR. ¿Albert? (se pone nervioso) No recuerdo a ningún Albert
MUJER. Bueno, ya está bien, ya está bien.
DOCTOR. ¿Pero qué pasa?
MUJER. Estoy muy cansada Frank, no estamos avanzando.
DOCTOR. ¿Cómo que no estamos avanzando? Lo estamos haciendo ¡y mucho! El
amarillo rabioso creo que puede ser la clave y también lo de los sueños a su padre,
eso es esencial para...
MUJER. ¿Para qué Frank? ¿Para qué es esencial?
DOCTOR. Para entender lo que está pasando. Para entender tus sueños, tu
inconsciente más profundo.
MUJER. Y cuando lo entiendas ¿qué va a pasar?
DOCTOR. ¿Que qué va a pasar? ¡Todo! Así haré que te mejores...
MUJER: ¿Ah sí?
DOCTOR: ¡Sí! por fin serás feliz, sentirás que tu vida vale la pena y así, así podré
salvarte.
MUJER. ¿Salvarme de qué?
DOCTOR. ¡¡De ti misma!! De tus malos pensamientos. De esos sueños que escribes.
Yo solo quiero, yo quiero...
MUJER. Frank, es imposible me voy (Se levanta y coge del ropero una bata e intenta
irse)
DOCTOR. ¡Caroline!
MUJER. Caroline se suicidó
DOCTOR. No puede ser...esto es una broma de mal gusto...¿dónde está?(empieza a
mirar en la habitación, se acerca a la médico) ¿dónde está? (le pone las manos en
los hombros, la mujer le da una palmada en el brazo, el DOCTOR empieza a mirar
de nuevo en la habitación)...¡dímelo! (golpe en la mesa, mira a la doctora y no
obtiene respuesta) Voy a buscarla (recoge rápido unos papeles de la mesa, los pone
en un maletín y va hacia la puerta).
MUJER. ¿A dónde la vas a buscarla Frank?
DOCTOR. Déjame en paz
MUJER ¿Al parque con las glicinas al lado del estanque? (DOCTOR se para en
seco).
DOCTOR. (De frente de la puerta sin darse la vuelta, da la espalda a público) ¿cómo
lo sabes?
MUJER. Su lugar favorito.
DOCTOR. Cierto.
MUJER. Habías quedado con ella. Sabes que Caroline ha estado un poco deprimida
desde que Albert la dejó, pero últimamente te parece que estaba más animada.
DOCTOR. Sí.
MUJER. Pero ese día al llegar al parque, no está y en vuestro banco te encuentras una
carta con un lazo amarillo que dice...
DOCTOR. Papá, lo que voy a decirte no es fácil…
MUJER. Exacto
DOCTOR. (Se mira la ropa, se toca la cara, mira la habitación con detenimiento)
¿Entonces esto pasará?
MUJER. No estoy segura Frank. A veces tienes días de lucidez, pero cada vez son
más breves, aunque tenemos esperanzas con este tratamiento.
DOCTOR. ¿He llegado a entender?
MUJER. ¿Cómo?
DOCTOR. A entender qué hice mal
MUJER. Frank, lo hemos hablado, tú…
DOCTOR. Fue mi culpa. Lo sé, yo tendría que...debía...me tenía a mí y yo...yo debí
verlo venir, debí verlo, .
MUJER. Frank
DOCTOR. A lo mejor si la hubiera llevado a ese psicoanalista tan bueno que me
recomendaron. A lo mejor...
MUJER. Para.
DOCTOR. Seguro que se me pasó algo por alto. Estoy seguro. Hablé con ella unas
horas antes ¿qué fue lo que le dije? No logro recordarlo. Llevaba ese vestido amarillo
y además...
MUJER. ¡Basta ya Frank!
DOCTOR. ¡No puedo, soy su padre! (tira los papeles al suelo) No voy a tirar la
toalla y nunca lo haré. ¿Qué hice mal? (empieza a mirar notas de la mesa) ¿qué hice
mal? Seguro que se me ha pasado algo por alto. Tiene que estar por aquí, eso...
MUJER. (Se va hacia la puerta) La cena, Frank, ya está lista la cena.
DOCTOR. No puedo, necesito entenderlo. Necesito entenderlo, necesito...

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