Unidad avaladora: Instituto de Estudios Interétnicos
Equipo de trabajo
Dr. Ángel Valdez Estrada
Licda. Monica Quiñónez Andrade
Lic. Rodolfo Hernández
Profa. Lucky Ramírez
Noviembre 2007
INDICE
Resumen
Antecedentes
Justificación
Objetivos
Metodología
Referente Histórico
Referente Teórico
Resultados obtenidos
La Pureza de sangre como elemento de designación de castas
Las Dos Republicas
El mestizaje
Bibliografía
Anexos
RESUMEN
Esta investigación realizo una recopilación de fuentes primarias sobre la formación y
posterior consolidación del grupo ladino, que en otras regiones de América se
denomina mestizo. Con esta información, se realizo una historia de este grupo desde
las primeras noticias que arrojan los textos que se encuentran en el Archivo General de
Centroamérica.
El tipo de investigación que se realizo es de archivo y de análisis de datos a partir de
una investigación archivística de las fuentes primarias. El objeto de estudio son los
ladinos y el área geográfica de estudio es la región del oriente de Guatemala, en
concreto: Chiquimula, Zacapa y Jutiapa. El período histórico que se establece para el
análisis de la documentación es del siglo XVII al XIX y en concreto, hasta la Reforma
Liberal de 1871.
La razón de estudiar este grupo ladino se debe a que recientemente, en el debate sobre
las identidades de los pueblos que conforman Guatemala, se suele afirmar que existen
cuatro pueblos pero en algunos casos se habla de cinco pueblos: mayas, garífunas,
xincas, ladinos y mestizos. Es por esto que se plantea esta recolección de documentos
sobre los orígenes de los ladinos y la forma en que se entendía a este grupo en la época
colonial y primeros años de la independencia.
El proyecto de investigación se desarrollo en la siguiente forma: La primera parte
corresponde a la recolección de los documentos – trabajo de archivo -, en el archivo
establecido para el efecto. La segunda parte correspondió a un análisis histórico y
sociológico de la información extraída de los documentos para la redacción de un
documento que detalla la historia de los ladinos, concretamente en la zona oriental del
país. La tercera parte es la publicación de los documentos con los comentarios
correspondientes.
La selección del área geográfica obedece a la necesidad de investigar sobre la zona,
aunque se han dado ya estudios sobre los ladinos en el área de Jalapa y también
Chiquimula (Claudia Dary), e interpretaciones sobre el concepto del ladino desde
planteamientos históricos en la zona del occidente del país como lo realizado por
Arturo Taracena e Isabel Rodas, es necesario hacer un análisis del concepto con los
nuevos planteamientos teóricos al respecto de la identidad.
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CAPITULO I
Antecedentes
G
uatemala tiene una población ladina la cual es heterogénea. Este grupo
ha sido y es el que culturalmente “heredo” todo el legado cultural traído
por los conquistadores, por tanto se considera que son los
continuadores del sistema establecido desde aquella época hasta nuestros días.
Son los que reproducen los esquemas de exclusión segregación y racismo que
han caracterizado las relaciones interétnicas entre ladinos e indígenas desde los
orígenes de los ladinos y especialmente, desde la Reforma Liberal de 1871.
No obstante lo heterogéneo de su composición, argumentos como el que figura
en el anterior párrafo sirve para designar o calificar a todo un grupo en si. En el
discurso de muchos líderes indígenas y de intelectuales también, el ladino como
tal carece de identidad étnica y por tanto, debe construirla, al igual que lo han
hecho los mayas.
Tales argumentos contrastan con lo que supone el concepto de identidad étnica
y/o cultural, del cual los ladinos no están excluidos al poseer un pasado común,
un idioma que les sirve como medio de comunicación, una serie de aspectos
culturales que les une como es el pensamiento, la visión del mundo, el sentido
de pertenencia a un territorio, etc. Aunque no se expresa el sentido de grupo
como tal, este aparece en forma concreta a medida que se desarrollan sus
relaciones sociales en las ciudades y comunidades que habitan.
Pero este “dominio cultural” – y en algunos casos político y económico también –
que les caracteriza en la actualidad no ha sido siempre así. En el período
colonial los mestizos que en Guatemala se les domina ladinos, carecen de
derechos debido a que no poseen “pureza de sangre”, término que sirve para
designar a aquellos que pueden considerarse dignos de derechos por no estar
mezclados en su descendencia.
Asimismo su ubicación en las ciudades y los quehaceres que les son
encomendados reflejan un “problema” para las autoridades españolas, no saben
que hacer con este grupo emergente pero que a la vez es parte de su
descendencia.
Es precisamente este proceso el que se indago por medio de los textos
originales. El tratamiento que se les da en los documentos oficiales que dan
cuenta de la existencia de los ladinos, bajo qué contexto se les califica, cuál es el
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grado de importancia que se les da y sobre todo, cómo y por qué aspectos se les
fue tomando en consideración.
Ahora bien, la zona geográfica que se rastreó en los documentos es la del
oriente de Guatemala, esto en el entendido que es la región en la que habitan la
mayor parte de población ladina o mestiza, asimismo donde las relaciones
interétnicas entre indígenas y ladinos son menos tensas, pero sobre todo,
porque es en esa zona donde se pueden rastrear aspectos de la cultura ladina
que de alguna manera se ha identificado como propia y por tanto la especifica
de una identidad concreta.
El indagar sobre los elementos identitarios del ladino es un medio para lograr
superar las dificultades que se presentan en la actualidad para designarlos.
Esto se refleja en concreto en la forma en que el Ministerio de Educación
designa a los ladinos. En la casilla correspondiente, todo aquel que no se
considere parte de un grupo lingüístico maya, deberá colocar o rellenar el
código 208 que corresponde a los “no indígenas”.
La designación como “no” a un grupo en una contradicción. Un grupo como el
ladino no puede ser considerado a partir de una negación, como tampoco algún
lingüístico maya o el pueblo maya en general no puede ser designado en base a
la negación de algo. “No maya”, “no indígena”, “no ladino”, son categorías que
denotan exclusión. Por lo cual, el problema a estudiar aporta elementos que
permitirán designar en forma adecuada a la realidad, al grupo ladino que es el
segundo grupo de la población guatemalteca en cuanto al número de
habitantes.
Justificación 5
L
os Acuerdos de Paz y en concreto el “Acuerdo sobre identidad y Derechos de
los Pueblos Indígenas”, suponen un paso muy importante en cuanto al
reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas en materias
como el uso del idioma, el traje regional, toponimias, centros ceremoniales, etc.
Su firma supone asimismo el reconocer la existencia de otros pueblos en
Guatemala diferentes al de la cultura dominante que es la que corresponde a la
población ladina.
Este reconocimiento implica por tanto cambiar el esquema de una nación, un
idioma y una cultura, propio de los planteamientos liberales que buscaban la
unidad de la nación en detrimento de la diversidad cultural que presentan la
inmensa mayoría de países del mundo. Asimismo en la actualidad existen
estados multinacionales que respetan esa diversidades culturales y nacionales,
que sobre la base de ese respeto a la multinacionalidad que lo conforman
establecen su unidad nacional, tal es el caso de Suiza. O aquellos Estados que
anteriormente reconocían como propio y exclusivo de su Estado un idioma y
una forma cultural concreta pero posteriormente, ante el empuje que han tenido
últimamente los reclamos por el reconocimiento de los derechos culturales, han
optado por ese reconocimiento dentro del esquema de un entendimiento e
igualdad mutuos como en el caso de Bélgica.
Sea cual sea el modelo a seguir, el reconocimiento implica a la vez un
conocimiento mutuo. Esto sobre la base que para que una identidad se
especifique como tal, debe darse o confrontarse ante el otro, la otredad en el
proceso de la definición de una identidad cultural es importante y por tanto, el
conocimiento del otro debe ser un paso necesario para hacer factibles los
reclamos que se exigen al Estado para su reconocimiento cultural, más en el
entendido que este Estado beneficie de forma directa o solapada la
monoculturalidad del mismo.
El caso guatemalteco hace necesario un estudio de los ladinos para una mejor
comprensión y conocimiento de este grupo étnico que no se designa como tal
pero que lo es. A través de las fuentes primarias, se conocerá sobre la forma de
su surgimiento y expansión, así como los pasos que fueron dando para
consolidarse como el grupo cultural dominante y hegemónico en detrimento de
los pueblos originarios que habitaban lo que hoy es Guatemala.
Se trata de indagar en las fuentes, establecer esos aspectos propios que
permitieron su surgimiento y consolidación, concretamente, en la forma que se
6
establecen en el
Oriente de Guatemala, ¿qué determinó que fuera esta región la que poblaran en
mayor número?, ¿cuáles son los aspectos que los caracterizaron desde sus
orígenes y servían de una forma distintiva con otros grupos?
Son estas algunas de las preguntas que esta investigación pretende responder.
A la vez de aportar un documento para el análisis del ladino el cual está
relegado y que merece la pena volver a tratar.
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Objetivos
General
• Analizar el uso del término ladino en los documentos correspondientes
a los siglos XVII al XIX, archivados en el Archivo General de
Centroamérica, referente a la región de Chiquimula, Zacapa y Jutiapa.
Específicos
• Identificar las diversas connotaciones que se da al término ladino según
los diversos periodos históricos a analizar: siglo XVII la fase de
transición de la Austria a la borbónica que marca el inicio de la
consolidación del concepto de Estado liberal en cuanto a la centralización
del poder. Siglo XVIII implementación del nuevo ordenamiento
jurídico del territorio americano. Siglo XIX el proceso de independencia
y Reforma Liberal en Guatemala.
• Analizar los diversos roles que los ladinos asumieron en los siglos
rastreados en los documentos. Específicamente lo correspondiente a:
ubicación de la población, tenencia de la tierra, tareas a las que se
dedicaban y los aspectos propios de la cultura que figuren en los
documentos.
• Documentar los esteriotipos que se manejaron para designar al ladino
y las formas en que se operaron los cambios en estos.
• Identificar las razones por las que al mestizo en Guatemala se le
denomina ladino, según las fuentes estudiadas.
Hipótesis
La investigación fue de tipo documental, la unidad de análisis fue la categoría
ladina y la connotación que este termino tuvo en los documentos de los siglos
XII al XIX. En este sentido se planteo como hipótesis en siguiente enunciado:
El concepto ladino ha sufrido una serie de cambios desde su origen hasta la Reforma
Liberal. De una acepción peyorativa, pasó a ser el modelo que presentó el Estado, con
el fin que los indígenas pudieran entrar a lo que el Estado monocultural denomina
desarrollo.
8
Metodología
L
a investigación fue planificada para realizarse en dos fases diferentes
con insumos diferentes. Una primera fase que consistió en el análisis del
concepto ladino en los siglos XVII, XVIII, y XIX, en este ultimo hasta la
Reforma Liberal de 1871.
A continuación se describe los pasos seguidos durante el año 2007
Esta fue una investigación de tipo cualitativo, por lo cual no se baso en
variables sino en el análisis de las connotaciones históricas de la categoría
ladino, en este caso desde las fuentes primarias, con el soporte de la
investigación bibliográfica, por lo cual, lo fuerte del trabajo fue la investigación
de archivo. La selección de documentos se circunscribió a la zona geográfica
que se rastreó: Chiquimula, Zacapa y Jutiapa, que en el período colonial
conformaron lo que se denominó Chiquimula de la Sierra.
Para el análisis de los datos que se recopilaron se empleó el método de la
sociología histórica, con el fin de determinar los roles que fueron desarrollados
por los ladinos en la región, en la que se ha delimitado la investigación.
Asimismo un análisis antropológico desde la Antropología Social en cuanto a
los símbolos e imaginarios culturales encontrados en los documentos de los
siglos que constituyen la delimitación temporal de la investigación.
Por otra parte, se realizó un análisis desde la perspectiva de la historia de las
ideas, referente a los procesos ideológicos que caracterizaron a las dos dinastías
reinantes durante el dominio castellano en Guatemala. En concreto, se procuró
establecer si las ideas imperantes en la metrópoli concerniente a la organización
territorial, leyes sobre la ubicación de los pueblos según su origen, las formas de
impartir justicia y los aspectos propios de la pureza de sangre, se aplicaron en la
región estudiada para la población ladina.
Para lograr este cometido, se siguieron los planteamientos del medievalista Luis
Weckmann quien en sus estudios, ha demostrado la continuidad del
pensamiento medieval en la legislación indiana aplicada en América. Aunque el
autor ha estudiado en este sentido México y Brasil, podemos aplicar el método
de análisis medieval en la jurisprudencia castellana para el caso de Guatemala y
destacar de ese examen, los aspectos propios de dicha mentalidad presentes en
la formación y consolidación del ladino como grupo “étnico”.
El soporte para la obtención de información reposa en las fuentes primarias, por
lo cual esta parte estuvo a cargo de una experta en la materia, quien aplicó los
principios de la paleografía para la recuperación de los documentos y proceso
de los datos en el Archivo General de Centroamérica.
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La recolección de la información fue por medio de la paleografía de los
documentos respectivos del siglo XVII, XVIII y XIX, así como la transcripción
integra de los mismos. Esta información se complementó con fuentes
secundarias producto de una investigación bibliográfica sobre el tema. Los
datos obtenidos de los documentos se procesarán por medio del programa File
Maker Pro versión 5. Esta consiste en hacer el análisis de los datos, mediante las
fichas creadas por el equipo de investigación, asimismo para hacer relación de
categorías aparecidas partiendo de un dato específico, lo cual facilita la
búsqueda rápida al investigador, porque el programa está diseñado para
ingresar solo el dato e instantáneamente, transfiere a la ficha correspondiente, al
mismo tiempo muestra enlaces con fichas. El total de documentos
introducidos al programa dio un total de 146 fichas (anexo 1) y un CD que
contiene esta información con el software File Maker versión 5.0 para ser
utilizado.
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CAPITULO II
Referente Histórico
U
na de las etimologías como lo han anotado varios investigadores
sociales proviene del Nahuatl Chiquimolin, es decir jilguero, sin
embargo en estudios de Charles Wisdom sobre los Chortis anota
“Chiquimula puede ser tcikimul ha’ ha’ = rió o agua” en cuanto a tckimul el
autor aclara que Tcik o mur ha’ pudo haber significado pájaro del borde del rió
en chorti.
Concluida la conquista de los territorios del oriente de Guatemala, en 1531, se
proclama conquistador –encomendero del territorio de Chiquimula a Lorenzo
Godoy de Zacapa a Don Diego Díaz. Y se funda el corregimiento de
Chiquimula de la Sierra colindando al Oeste con Verapaz, al este con
Comayagua, al sur con Escuintla, Sacatepequez, Sonsonete y al norte con el
mar.
Para el año de 1690 Fuentes y Guzmán escribe que el corregimiento posees
542 tributarios y 2412 habitantes entre españoles y mestizos y que el curato
esta compuesto de seis pueblos.
Para el año de 1760 Zacapa y Acasaguastlan se unen al territorio de
Chiquimula de la Sierra dando un total de 30 pueblos bajo la jurisdicción de
este corregimiento. Los cuales son: Señora Trinidad Chiquimula, San José,
Santa Elena Herminia, San Esteban, Santiago Jocotan, San Juan Jocotan, San
Juan Camotan, Santiago Esquipulas, San Francisco Quesaltepeque, San Jacinto,
San Luis Xilotepeque, San Ildefonso Yecpala, Santa Maria Jalapa, San Pedro
Pinula, Santo Domingo Amatitlán, Nuestra Señora de la Asunción Mita, Santa
Catarina Mita, San Cristóbal Jutiapa, Pueblo de Atescatempa, San Juan
Yupitepeque, Santiago Mataquescuintla, Santa Lucia, San Pedro Zacapa, San
Pablo Zacapa, San Miguel Gualan, San Cristóbal Acasaguastlan, San Sebastián
Chimalapa, San Juan Osumatan, San Agustín Acasaguastlan, Santa Maria
Magdalena. Para el año de 1790 el total de tributarios de estos pueblos
ascendía a 7,675 personas.
11
En cuanto a la presencia de la iglesia en estos lugares, se puede asegurar que
fue importante ya que se establecieron 11 curatos para adoctrinar a los
habitantes de este corregimiento. Dichos curatos se dividieron de la siguiente
forma : Cabecera de Curato con sede en Chiquimula de la Sierra se encargaba
de los pueblos San Esteban, Santa Elena, San José para el año de mil
setecientos sesenta y ocho poseía un aproximado de 1949 familias 5,253
personas, según los censo hechos por Cortez y Larraz
Mientras que el curato de Jilotepeque tiene baja su jurisdicción a los pueblos
de Ypala, San Marcos y 8 haciendas, con 573 Familias 4,368 personas
12
Por su parte el Curato de Nuestra Señora de Mita con jurisdicción en el
pueblo de Santa Catarina y 16 haciendas, poseía 632 Familias unas 3,139
personas.
El Curato de Jocotán, con jurisdicción en Camotán, San Juan Ermita, 2 valles
y el ingenio de Guacapiche Tenia dentro de su censo del año ya mencionado
por Cortez y Larraz 1,783 familias 5,601 persona
13
El Curato de Quetzaltepeque, aunque llevaba este nombre la sede se
encontraba en el pueblo de Ysquipulas, su jurisdicción abarcaba el pueblo de
Quetzaltepeque, San Jacinto 6 valles 1 hacienda y Real de Minas. Poseía 855
familias con 5,692 personas
Curato de Acasaguastlan, su jurisdicción abarcaba los pueblos de San
Cristóbal Acasaguastlan, Chimalapa, Usumatan. 706 familias 2,591 personas
Curato de San Agustín de la Real Corona, tenía bajo su orden al pueblo de
Santa Maria Magdalena, el valle Guastatoya, el valle de Sanarate y el Valle
Tocoy. 1,063 familias 6,024 personas
Curato de Jalapa, su jurisdicción abarcaba el pueblo de Santo Domingo y
Pinula. Familias 1,630 con 5,579 personas
Curato de de Jutiapa, abarcaba el pueblo Julitepeque, Atescatempa, Comapa,
3 valles y 4 haciendas. El total de familias era de 734 con 2906 personas de 15
las cuales la mitad son ladinos.
Curato de Zacapa, abarcaba el pueblo de Santa Lucia, San Pablo, Gualan y 24
haciendas. 1108 familias 6,608 personas.
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Curato de Metapas tenía baja su jurisdicción solamente al pueblo donde se
encontraba el curato y 34 trapiches. Familia 190 1,155 personas
En lo referente a la producción de la región, esta era maíz, fríjol, arroz, cacao,
melón, sandia, algodón y caña de azúcar la cual era sumamente importante
puesto que esta región poseía 22 trapiches y 1 ingenio que abastecían de
panela a la parte oriente del reino, algunos de los trapiches mas famosos de
esta región fueron : Las cabezas, Rió grande, de la Vega, de Dardón, Claro
Oriente, Olavarierra , Sansare, Hacienda de Monte.
La minería también se dio en esta Chiquimula, algunas de ellas son: San
Pantaleón, Santa Rosalía, Socorro, San José, San Miguel y Atutilco dentro de
los ríos más prominentes de la región se encuentran: El rió Grande, rió San
Sebastián, río Olopa, rió Sacramento y rió lempa.
En cuanto al gobierno, este se encomendaba a un corregidor que tenia
jerarquía superior al del Alcalde Mayor, este desempeñaba funciones judiciales
y políticas sus deberes eran procurar el cultivo de la tierra, repartir y velar
por los tributarios de la región. Los corregidos tenia destinado para su uso
casas especificas las cuales no estaban en buen estado prueba de ello es la
solicitud de que se hace a la real audiencia para mejorar la casa de
Corregimiento el entonces corregidor Pedro de Arrivillaga en el año de 1811.
EL correxidor de las Provincias de Zacapa y Chiquimula haze A.V.A presente se hallan aquellas en un estado de abandono, que
seguramenteson las mas infelizes del reyno: La cavezera tiene las casas Reales en terminos que para poder pasar los pocos
meses corridos de su posecion a la fha. fue necesario cubrir de palma dos piezas que sus paredes amenazan ruina, e
igualmente livertar del rigor de las aguas los papeles del Archivo con cueros y petates. Zacapa pueblo principal del camino real,
y donde por muchos motivos deverian existir algunos meses el corregidor no tiene casa cavildo, ni carseles; siendo tan presisos
para la administracion de justicia en una poblacion como aquella; esto mismo susede en los mas de las dos Provincias; y en la 17
cavezera de ellas que las hay,
son tan angustiadas que sirven de tormento a los infelizes reos, y no como devian de detencion. Habria el que habla
representando a V.A. acompañando los prespuestos, de todas estas indispensables obras que faltan si las arcas de comunidad
tuviesen algun fondo, de donde aunque fuese por via de prestamo se pudiera echar mano, para comenzar las obras: pero se
hallan tan exaustas que no alcanzando muchas de ellas a pagar los Maestros de Escuela, ha sido indispensable en algunso
Pueblos suspenderlas como en la cavezera dexando a los niños sin este consuelo para su educasion. pero lo q.e es mas si
ocurre una peste como la de haora siete y ochos años , o necesidad publica no hay absolutamente como socorrerlos, sino
ocurriendo a V.A la remedie, dexando entre tanto se instruyen diligencias y se dan providencias a que perescan aquellos
naturales todas estas consideraciones jusgandolas preferentes, me han detenido a no representar a V.A que el infeliz sueldo de
que goza el correxidor no es el asignado por dotacion a una sola de las dos Provincias que tenia mas de setesientos pesos la de
Chiquimula asignada en las Arcas de Comunidad mitad de el y que de resultas de haverla servido un Ynterino, Pdr los tresientos
que hoy disfruta largos años se han quedado sin mas goze; siendo constante que por el sumo travajo deveria tener mayor
dotacion que las de Chimaltenango, Verapaz y Zacatepequez para subenir a todo sin gravamen del Real Herario, que hoy mas
que nunca deve ser el objeto de nuestros respectuosos miramientos, como tan ncesesarios sus caudales; para las atenciones
del Estado, ha paresido al qe habla manifestar a V.A. que los mas de aquellos Pueblos tiene terrenos de exidos, y que en ellos,
los Españoles y ladinos pastan sin penxion animales de toda espesie que a estos se pueden gravar con dos reales por caveza
de todo ganado mayor ya sean cavallares o Bacunos y qe igualmente paguen una corta contribucion por las sementeras de
caña dulse, maises, etc. a proporcion del terreno que ocupan, llevandose en cada cavildo un libro por el Escribano en que
consten los asientos ( A1. Leg..380. Exp. 7890 F.1)
Algunos otros acontecimientos de suma importancia que ocurrieron en el
corregimiento fueron los terremotos que provocaron el derrumbe de varias
casas y el traslado de pueblos hacia otro lugar tal y como lo deja ver la
siguiente petición del cura Alonso Fernández de Heredia
Expediente que contiene la petición del Común del Pueblo de Santiago Esquipulas, así como la del Cura de la Parroquia Juan
Antonio Gallardo y Varaona, solicitando a la Real Audiencia autorización para trasladar el pueblo más cerca del “famoso Templo
del Señor de Esquipulas”, por los daños sufridos en los temblores de 7 y 8 de abril y los del 2 de junio de 1765, lo que ha
provocado epidemias, enfermedades y pobreza que padecen los pobladores (folios de 1 al 4).
Folio 6v. y 7 “Dictamen del Fiscal”
“M.I.S.”
“El fiscal de su Majestad dice: que los indios de Esquipulas pretenden mudar su Pueblo; cerca de la Iglesia nueva, donde se
venera la imagen de Nuestro Señor Crusificado poco distante de la antigua por lo que le parece remita V. S. este expediente al
Alcalde Mayor para que en caso de parecerle conveniente permita la translacion con tal que no se haga a costa de los tributos
pues, si esto se permitiera todos los días proyectaran los indios y sus curas nuebas translaciones, y con la condicion tambien de
que no enagenen los solares que dejen a favor de ladinos, Guathemala y Noviembre 7 de 1765.
“Lo qual probeyo y rubrico el M. Y. S. Dn. Alonso Fernandes de Heredia Mariscal de Campo de los Rs. exercitos de S.M. de su
Consejo Precidte. de esta Rl. Auda. Govor. y Capn. Gral. de este Rno. en Guata. a nuebe de Noviembre de mil Setos. Sesenta y
cinco años -” ( A1.22 Leg. 175 Exp 3539 Folio7)
Después del traslado de la ciudad y la edificación de las casa reales, iglesias y
casas de los pobladores, el corregimiento de Chiquimula vuelve a tomar
importancia dentro de la historia del reino de Guatemala debido a que era el
puente intermediario para acceder al comercio internacional por el puerto
Dulce que se encontraba dentro de su jurisdicción.
Por decreto de la Asamblea Constituyente del 4 de noviembre de 1825 el
corregimiento de Chiquimula fue erigido como departamento, por decreto del
gobierno del 26 de Noviembre de 1831 se dispuso que las poblaciones de la
parte norte formen un distrito del departamento de Chiquimula teniendo como
cabecera al pueblo de Livingston
.
18
Mas tarde el departamento de Chiquimula, se dividió en dos: Chiquimula y
Zacapa, esta división se baso en que dicho departamento era muy extenso y
hacia ineficaz la acción de las autoridades. En 1908 por decreto No683 se creó
un nuevo departamento con el nombre de El Progreso, comprendiendo la
parte sudoeste del departamento de Zacapa, la parte noroeste del Chiquimula y
la sudeste de Baja Verapaz, la nordeste de Guatemala y la mitad norte de
Jalapa, sin embargo dicha disposición no fue concluida, se suprimió por el
decreto No756 de 1920, pero se retomo en 1934 y fue aprobada por el decreto
No1965 de ese mismo año. Dando como resultado la chiquimula que hoy en
día se conoce.
CAPITULO III
Reflexiones teóricas
D
iversos autores han tratado el tema de la identidad ladina desde
diversas disciplinas pero específicamente desde la antropología. No
obstante, debe mencionarse que uno de los primeros autores que
analizó la división de las castas coloniales, como forma de dominio y control
social fue Severo Martínez Peláez en su obra La Patria del Criollo, en la cual
desarrolla el examen de las castas y de cómo estas eran entendidas en la
mentalidad colonial. Martínez Peláez les da una condición de clase social y por
lo cual, el ladino o mestizo vendría a ser el prototipo de una clase social
emergente para asegurar el dominio y explotación del “indio”.
Efectivamente, desde el materialismo histórico, las relaciones sociales y la
organización social están dominadas por los aspectos económicos, es decir, la
economía determina a las mismas e impone unas formas que permitan la
explotación económica de unos en beneficio de otros. Por lo cual, los puntos de
partida y llegada en el estudio de Martínez Peláez obedece a esta lógica. Pero
actualmente las discusiones e investigaciones sobre el tema de la identidad se
han desarrollado notablemente, los aspectos que deben ser tomados en cuenta
para aproximarse a una definición sobre la identidad ladina, requieren de otros
elementos que contribuyan a la construcción, aunque será mejor decir, a la
definición de la categoría.
Por lo cual, se requiere analizar la categoría ladina en dos sentidos, por un lado
desde el punto de vista jurídico de la legislación castellana impuesta en
América y por otro, desde una perspectiva antropológica. En este caso, el
análisis del “ladino” como identidad se hace en base a la legislación castellana
para Indias, desde una perspectiva histórica, para lo cual se hace uso de la
Historia del Derecho (Escudero, 1996) para comprender los pormenores de estos
aspectos jurídicos aplicados en América.
Según la legislación indiana, los pueblos cuyos derechos están reconocidos son
dos: los españoles y los indios, aquí utilizado el término “indio” desde una
perspectiva histórica y no despectiva como se hace en la actualidad. Tal
disposición obedece a una mentalidad medieval aún imperante en Castilla al
momento de producirse la conquista y que perduró acá durante los tres siglos
que duró el régimen colonial. Luis Weckmann en su trabajo La Herencia Medieval
en México, explica la forma en que las instituciones de gobierno implantadas en
América, obedece la lógica medieval de dominio y posesión de los territorios
conquistados para la Corona de Castilla, de tal cuenta, la organización social
20
está orientada según estos criterios y es por eso que la determinación de dos
grupos o castas, sujetos de derechos son solo aquellas que pueden demostrar
“pureza de sangre”.
Esta pureza está determinada por un estudio del árbol genealógico en el cual
hasta cuatro generaciones anteriores, debe demostrarse no haber contaminación
alguna, con otro grupo que no sea al que pertenece. Para completar el marco de
acción de la aplicación de las leyes, se establecieron dos repúblicas separadas
una de la otra y con una legislación propia y esas fueron: la República de los
castellanos –españoles- y la República de Indios. Ambas con una relación única
y exclusivamente en lo concerniente a las relaciones económicas de explotación
por parte de los conquistadores y colonizadores hacia los dominados.
No obstante, en los primeros momentos de producirse la conquista, se inicia el
proceso de “mezcla” de la sangre castellana con la indígena. Las cartas de
relación de Hernán Cortés al Emperador Carlos V, dan noticias en este sentido
y la existencia de “barraganas” en América, es una reproducción de la
mentalidad medieval que existía en la península en cuanto a la legitimidad de
unas relaciones extra maritales, sancionadas como pecaminosas por la Iglesia,
pero que no obstante, estaban amparadas en los términos establecidos durante
el período de la reconquista, durante la cual, la lejanía de los soldados y
capitanes del hogar, fomentaba esta clase de uniones de facto aunque no de
derecho, cuyo resultado era la procreación de hijos denominados “bastardos” y
que en algunos casos, llegaron a tener derechos reconocidos por parte de los
padres.
Estas formas de vida fueron trasladadas a este continente lo que originó lo que
posteriormente se les denominó mestizos y en el caso de Guatemala, ladinos.
Ahora bien, existe una confusión en cuanto al término ladino porque puede
significar varias cosas y a la vez, se utiliza para designar a otros pueblos o
grupos culturales. En su momento, para el siglo XV y XVI, se aplicó en España a
aquellos que se habían convertido al cristianismo, abandonando el islam, pero
cuya conversión era nada más para guardar las apariencias. A estos se les
denomina en muchos textos de la literatura castellana de la época “ladinos”.
Algo de esto está recogido aún en la definición que la el Diccionario de la
Lengua Española al término, que lo denomina “astuto, sagaz, taimado”, lo cual
demuestra la historicidad. Pero también la misma definición del diccionario
citado añade lo siguiente: “se decía de quien hablaba con facilidad alguna lengua
aparte de la propia”. Lo cual era obvio en lo que ahora se expone en cuanto a la
diversidad de idiomas, en concreto dos, que podían hablar los conversos, esto
es el árabe y el castellano.
Pero también ladino designa a un idioma que se hablaba en la antigua Retia y
en la actualidad, un grupo del norte de Italia reivindica esta acepción para
definirse a si mismos, esto es: ladinos.
21
Al regresar a centrar el punto de atención en la península ibérica, se puede
colegir también siguiendo la definición que da el diccionario de la lengua
castellana o española, que ladino es utilizado para designar a la lengua religiosa
de los sefardíes, que escribían la Biblia hebrea en su idioma materno, pero con
caracteres latinos.
Estos aspectos históricos arrojan datos para la definición del ladino y que ha
sido utilizada por algunos especialistas en la materia, pero que figura también
en los textos de los documentos analizados y en la forma de designar a una
casta o grupo sociocultural determinado.
Para Mario Roberto Morales, la definición de ladino data del S. XVI y servía
para denominar a aquellos indígenas que habían abandonado su idioma
materno y adoptado el castellano, por lo cual, se decía de ellos que ya no eran
indios, sino latinos, porque el idioma deriva del latín, de esa cuenta se fue
derivando al término actual de ladino.
Esto puede ser posible pero hay que tomar en cuenta que según lo analizado de
la definición del DRAE, así como los aspectos jurídicos extraídos de Escudero
con la adición al análisis de la mentalidad de la época según los parámetros
establecidos por Weckmann, el término ladino ya existía para el siglo XVI con
otras connotaciones que en momentos determinados, sirvió como adjetivo
despectivo, por lo cual, pudo haber sido aplicado acá de igual forma.
De hecho, en los documentos que se encuentran en el proceso de análisis en esta
investigación, las connotaciones varían y no existe un acuerdo por parte de los
escribanos, en cuanto a la designación de los mismos, por lo que en algunos
documentos se les denomina ladinos y en otra mestizos, con la adición que en
otros ambos términos figuran con un grupo determinado de personas
pertenecientes a cada uno.
En principio, el término utilizado en la legislación es el de mestizo, pero para la
zona correspondiente a lo que hoy es Guatemala y sur de México, se aplicó
también el de ladino para designar a las mismas personas, aunque esto supuso
un proceso, en los primeros años, siglo XVI, ladino era el indígena que aprendía
castellano y por tanto “entraba en policía”, lo que suponía en la mentalidad de
la época que había entrado en el proceso de civilización y abandono por tanto
de las costumbres “bárbaras”. El mestizo era el hijo de un español con una
indígena, posteriormente ambos términos llegaron a ser análogos para luego
fundirse en uno solo que es el que se maneja en la actualidad: ladino.
En los trabajos que se han hecho sobre el período colonial en otras partes de
América, se aprecia también esta constante en cuanto a la separación de los dos
grupos ya descritos, esto es españoles e indígenas, pero figura un vacío legal en
cuanto a los mestizos que posteriormente se subsano en la medida que el grupo
creció. Luciano Pereña en la compilación de leyes y cartas de relación que
22
coordino y que fueron publicados en la colección Corpus Hispanorum de Pace
(Pereña, 1,990). Analiza la composición de las castas y la forma en que estas
eran visualizadas por los evangelizadores, señalando los abusos que se
cometían especialmente hacia los indígenas, pero deja en la periferia a los
mestizos, esto como consecuencia lógica de la poca atención que las fuentes
primarias prestaron a este grupo o casta en formación.
Pedro Borge en su obra Historia de la Iglesia en la América española e Islas Filipinas
(Borges, 1989), hace uso también de fuentes primarias para desarrollar la
relación de la Iglesia con los recién conversos al cristianismo y dedica una parte
a analizar los procesos legales establecidos para profesar en alguna orden
religiosa, así también, sobre los condicionantes existentes para la obtención de
las ordenes menores y mayores, es decir, para ordenarse sacerdote. El aspecto
fundamental de los resultados presentados por Borge y que es de interés para
esta investigación, es el hecho del requisito de la pureza de sangre para acceder
a una orden religiosa en calidad de profesa o profeso y para obtener la
autorización para que se le confiriera a un candidato la orden sacerdotal. En
toda la documentación examinada, se aprecia que en el caso de los indígenas,
tal posibilidad existía en cuanto demostraran esa pureza de sangre dentro de su
casta o grupo, pero para los mestizos, tales requerimientos exigían un detallado
examen para comprobar que aunque no poseía esa pureza de sangre, la de sus
padres podía ser demostrada que si.
Obviamente esto fue cambiando según las dinastías y por tanto, la mentalidad
existente en cada época. Para la dinastía Austria, la defensa de esa pureza y por
tanto, la no relación entre ambas, constituía un punto capital en cuanto a la
autenticidad de las conversiones en el caso de los indígenas y la lealtad a la
Corona por parte de los castellanos. En la dinastía Borbón, el interés se centra
en la homogenización cultural con el propósito de la construcción de un Estado
ilustrado con una unidad garantizada en todos los sentidos.
No obstante el cambio operado por las reformas borbónicas, el núcleo central de
la legislación, de la organización social y los sistemas de control de la población,
sufrieron pocas alteraciones por lo cual, el planteamiento de Weckmann sobre
el desarrollo de las instituciones medievales en la América española, siguieron
vigentes muy entrado ya el siglo XIX.
Pero al tratarse de una identidad, en este caso la ladina, la cual quiere
investigarse y hacer una historia de la misma, los fundamentos teóricos para
llegar a la definición de la categoría, son aportados por la antropología. Previo a
desarrollar el enfoque antropológico, es conveniente señalar para concluir la
parte histórica, que la línea de análisis que se seguirá en el tratamiento de los
documentos, está determinado en la aplicación del método utilizado por
Weckmann al momento de estudiar la herencia medieval en México. En este
caso, se trata de incursionar en un campo poco estudiado en Guatemala que
será puesto en práctica, conforme se analice la categoría ladino según lo
23
establecen los documentos del siglo XVI, XVII y XVIII examinados. La
orientación en este sentido del análisis de las castas considerándolas como
clases sociales tal como lo plantea Severo Martínez Peláez, aunque tomado muy
en cuenta, no será el determinante para el análisis.
Desde la Antropología muchos autores han trabajado el tema de la identidad
ladina, en concreto se señalan a las autoras Claudia Dary e Isabel Rodas como
dos destacadas antropólogas que han puesto su atención en el análisis de lo
ladino desde una perspectiva antropológica, es decir, estudian al ladino como
una identidad cultural. Ambas autoras parten del hecho de los lazos familiares
como puntos de consolidación de una identidad marginada tanto por los
indígenas y los españoles en el período colonial. Estos lazos han sido los
vehículos que permitieron su sobrevivencia. Esto permitió posteriormente,
enlazar con las familias criollas a medida que los ladinos iban adquiriendo
poder en las regiones que habitaron.
Este poder por tanto se circunscribe en las zonas en que fueron y siguen siendo
mayoría, pero que luego extendieron hasta lograr consolidar posiciones
hegemónicas en todo el país.
Dary ha hecho estudios sobre la categoría “ladino” y sus connotaciones en
diversas zonas del oriente guatemalteco, en concreto sus trabajos se han
centrado en Chiquimula y en Jalapa. Ella parte de un análisis antropológico que
ha llevado a cabo a través de entrevistas a profundidad a líderes e informantes
de la zona, así como estancias de largas temporadas que le han permitido la
convivencia con las comunidades del lugar.
En su libro Identidades étnicas y tierras comunales en Jalapa, describe el proceso de
surgimiento y consolidación de la identidad ladina. Para Dary, ésta se
fundamenta en los lazos familiares que surgen entre los primeros mestizos que
posteriormente van adquiriendo ciertos privilegios dentro del sistema
económico y social de la época, lo cual data en el siglo XVII. Este argumento no
contradice lo afirmado anteriormente, porque la consolidación del grupo ladino
obedeció al deseo de la Corona de hacer que los indígenas abandonaran sus
costumbres que consideraban “bárbaras” y una de ellas era precisamente el
idioma. Por lo cual el mestizo y en este caso el ladino, viene a constituirse en la
punta de lanza para adentrarse en comunidades indígenas que se resistían al
cambio cultural.
Aunque la legislación prohibía que los mestizos habitaran en pueblos de indios,
es evidente que la distinción de que eran objeto, contrastaba notablemente con
las condiciones de vida de los indígenas. Esta separación entra también en la
lógica medieval citada anteriormente y demuestra el deseo de la Corona de
mantener los criterios de pureza de sangre y evitar así mezclas que
consideraban “anti natura”. Un ejemplo de ello lo tenemos en las disposiciones
de la Corona en cuanto al control de la embriaguez, tema que fue trabajado por
24
Tania Sagastume en su ponencia Más allá que una copa, y que fue presentado en
el último Congreso Centroamericano de Historia.
Sagastume señala la prohibición que existía en cuanto a que los ladinos
frecuentaran chicherías y que los indígenas frecuentaran tabernas. No obstante,
en la práctica social, esta forma de control social ejercía poca presión, dadas las
constantes infracciones a la norma establecida.
Este paréntesis permite abordar la complejidad del ladino como identidad y
también la forma en que fue tratado por parte de la Corona. Ahora bien, al
retomar los argumentos de Dary, aparecen más datos que permiten comprender
a cabalidad lo que se denomina ladino. En su libro citado anteriormente, la
autora especifica como el proceso de castellanización de los pocomames que
habitaban Jalapa, acelera la ladinización. Parte de la tesis de que el proceso de
consolidación de la identidad ladina se fundamenta en la propiedad de la tierra.
Los documentos analizados dan cuenta que se les permitía el acceso a la
adquisición de la misma, lo cual estaba vedado a los indígenas en forma
individual, solo permitiéndoseles hacerlo en forma colectiva.
Dary señala que “las personas asociadas como “comunidades” insisten en
denominarse como tales como una estrategia étnica que hace posible no solo el
mantenimiento de su identidad, de un territorio histórico y de sus tierras, sino
como una manera de captar y mantener cuotas importantes de poder local en la
región. En este sentido, tales comunidades desean presentarse como
homogéneas y coherentes, aunque en la práctica cotidiana no lo sean tanto” –
pág. 9-
Esta especificidad y homogeneidad es la que se aprecia en las comunidades
ladinas que están rodeadas o que conviven en comunidades indígenas, tal es el
caso del oriente de Guatemala, pero sucede algo similar en las áreas urbanas de
la Ciudad de Guatemala y la Ciudad de Quetzaltenango. De la misma forma se
manifiesta con los indígenas que han adquirido cierto grado de ladinizacón,
pero posteriormente retoman su identidad étnica y se identifican plenamente
con ella.
Pero la sobrevivencia del grupo ladino en comunidades de predominancia
indígena también adquieren otros matices como es el caso de Jacaltenango,
aunque no es la zona geográfica de atención de esta investigación, el ejemplo
constituye un punto a tomar en cuenta al momento del análisis de los
documentos. En esta zona que es la que corresponde a la región Huista, el
ladino ha perdido su identidad para pasar a denominarse “popti´”, que en
algunos casos constituye un término análogo al de jacalteco, aunque esta
identificación pasa por un proceso en la dinámica social y sobre todo, en el
imaginario social sobre lo popti´y lo jacalteco (Camposeco Montejo, 2,006). En
esta comunidad el censo nacional arroja un porcentaje considerable de
población ladina, pero al interior de la comunidad y las redes familiares que
25
han establecido, la “ladinidad” se diluye en esos lazos familiares que se han
establecido y que han permitido los matrimonios entre ladinos y poptiís cuyo
resultado ha sido una identidad jacalteca que los une a todos, tanto a ladinos
como a popti´.
En estos casos se encuentran rasgos de una y de la otra, pero la diferenciación se
recalca en términos de poder, como sinónimo de la misma, de superioridad
sobre el otro. Unos en cuanto que ostentan mayores oportunidades de
superación y desarrollo al manejar el idioma español, poseer una cultura y
formación occidental. Los otros porque poseen una cultura milenaria –los
indígenas- y consideran que sí tienen una identidad fuerte y consolidada que
permite aglutinarlos como pueblos. Ambas posturas crean tensión en el seno de
la sociedad guatemalteca y la misma se remonta a los siglos analizados en esta
investigación, tal como lo demuestran los primeros resultados del análisis de
los documentos transcritos.
En la actualidad se ha destacado la identidad ladina que en algunos círculos se
suele denominar mestiza, la complejidad del término deriva a que esta
identidad no requiere de su reconocimiento para gozar de derechos. Francisco
Villagrán Kramen en un artículo publicado en Elperiódico en el año 2,002,
señala que aunque la Constitución garantiza la igualdad para todos, es obvio
que la misma está construida sobre las bases culturales y por ende identitarias
de los ladinos. Por lo cual, la característica del ladino como tal se destaca en
tanto y cuanto es el otro, la otredad según las definiciones de Barth. El ladino es
en cuanto es el referente de reafirmación de la identidad maya.
De hecho, las primeras reacciones ante lo ladino o mestizo, fueron de rechazo
por ambos grupos, los indígenas y los españoles, pero ahora el rechazo es en
cuanto al dominador no como anteriormente se suscitaba por su inferioridad.
Para el caso de los ladinos no ha sido necesario asumirse como un grupo étnico
porque salvo al inicio de su aparición, posteriormente fueron gozando de
ciertos privilegios a medida que se consolidaban los lazos familiares que les
permitían salir adelante, esto e acrecentó cuando las familias de españoles
venidos a menos –con quienes solía agrupárseles también según consta en los
documentos- establecieron lazos familiares con ellos. Todo esto claro está en
detrimento de la cultura e identidad indígena.
Si tomamos en cuenta que una de las definiciones de etnia puede ser aquella
que la considera para un nombre colectivo, un mito de descendencia común,
una historia común, una distinta cultura compartida, un vínculo con un
territorio específico, un sentimiento de solidaridad común (Adams), con estos
elementos se puede intentar establecer las características de la identidad ladina.
En términos generales los ladinos se han considerado a sí mismos como
guatemaltecos, de hecho se recalca más la nacionalidad, es decir el elemento de
la identidad ciudadana es más fuerte que el de la identidad cultural, por lo cual
lo guatemalteco es la base fundamental de su identidad. Por lo cual lo
26
guatemalteco constituye lo que se denomina en la definición, un nombre
colectivo.
Se consideran en forma idílica más que real y en determinados momentos y
circunstancias, como descendientes de los mayas, esto en el entendido que
supone un constructo de imaginario colectivo para reafirmar un origen y una
tradición histórica como pueblo, por lo cual esto constituiría un mito de
descendencia común. Por otra parte, establecen unos hitos en la historia
nacional que parte de la batalla de la conquista entre Tecún Uman y Alvarado,
de hecho, en ese imaginario colectivo, al primero le denominan héroe nacional y
al otro no, cuando los vínculos culturales son más próximos al segundo que al
primero. Este hito histórico pasa por la colonia la cual es entendida como un
todo, alcanza su cenit con la independencia y posteriormente la vida
independiente está señalada por la Reforma Liberal y la Revolución de Octubre,
con estos elementos se tiene una historia común como grupo, en la cual los
indígenas no figuran como sujetos de la misma.
Asumen como cultura propia tanto a la maya como a la española de la época
colonial lo cual viene a ser una distinta cultura compartida, asimismo se
reconocen del territorio nacional con el que sienten ligados, a modo de pueblo
originario en defensa de su territorialidad, lo cual aporta el vínculo con un
territorio específico y por último, una visión de unidad de todos los habitantes
del país como guatemaltecos –un sentimiento de solidaridad común-.
El desglosamiento de los aspectos de esta definición, presenta a la etnia como
sinónimo de nación, quizá no es la más apropiada para este tipo de análisis,
pero facilita el intento de esquematizar lo que es la identidad ladina. Así
también la rigidez que comporta el esquema anterior, no cabe la posibilidad de
considerar la existencia de otra identidad distinta a la de guatemalteco que ha
sido sancionada por la Constitución y está presente en el ideario del
pensamiento colectivo. Conviene hacer matizaciones como es el hecho de los
localismos que lleva a la identificación inmediata más al lugar de origen que al
país en general. Pero este fenómeno se repite en otras sociedades y no es
exclusivote la población ladina de Guatemala.
Otro aspecto que permite definir al ladino es en cuanto la relación con el otro,
con el indígena. Y aquí surgen varios datos de interés para la definición. En este
aspecto debe destacarse la discriminación que sufre el indígena en la sociedad
monolingüe dominada por los ladinos, la cual se da contra el individuo, pero no
contra la cultura idealizada de la grandeza de la civilización maya a la cual el
ladino considera también suya. Lo mismo sucede con las costumbres y
tradiciones indígenas que en el discurso oficial es considerado como “lo
nuestro”, lo de todo el país. Esto es una contradicción en cuanto a las formas de
pensar y la de actuar en la convivencia diaria entre indígenas y ladinos. Pero
este proceso no surgió aislado, tampoco es fruto de la espontaneidad de una
sociedad, sino que se encuentra enlazado con el tipo de Estado monocultural
27
que se ha establecido y cuyos fundamentos los encontramos en los documentos
analizados en esta investigación.
En el momento de organizarse como tal, se terminan unas pautas a seguir y un
régimen regulado por una Constitución política. En el Estado moderno, según
Ignasi Álvarez Donorroso, “la vida de los miembros de cada grupo étnico ya no se
limita a su ámbito cultural, a su nicho étnico. El poder estatal y los límite territoriales
del mismo dejan de ser una realidad distante. La movilidad interna, la escolarización
obligatoria, la administración única, configuran un nuevo espacio geográfico-político, y
también lingüístico y cultural, que no coincide necesariamente con el de buena parte de
los grupos étnicos existentes. El concepto de nación o de minoría nacional, contiene un
elemento de continuidad con el de grupo étnico, pero existe también entre ambos una
diferencia significativa: nación hace referencia, al menos a partir de la configuración de
os estados modernos, a la existencia de un ámbito de poder político y cultural para el
grupo étnico o la aspiración de llegar a conformarlo”.
El problema radica en que en el Estado moderno de Guatemala está
configuración se origina y desarrolla al margen de una cultura o etnia
mayoritaria y que privilegia a una minoría sobre una mayoría. Es hasta los años
noventa que los indígenas al agruparse en una identidad concreta que es la
Maya, plantean demandas al Estado para que sean incluidas en el proyecto de
construcción de un Estado Liberal Moderno, pero que conviene advertir
también la importancia de la visión del ladino en esos procesos, pero antes de
eso, es preciso determinar según los documentos históricos, los hechos que le
dieron origen a esa identidad que ha surgido como tal, precisamente cuando el
otro, el que sirve para confrontar una identidad concreta, inicia el proceso de
reconocimiento de la suya dentro de ese Estado.
Segregación:
El Diccionario de sociología de Henry Pratt Fairchild, define segregación como
el “Acto, proceso o estado de segregar. Puede ser consecuencia de la ley
(escuela para negros), de la costumbre social (fronteras de clase usuales en una
sociedad democrática, castas de una sociedad estratificada), de actitudes
sociales pasajeras (ciertos casos de ostracismo social) o del empleo de la fuerza
en casos de necesidad urgente (campos de concentración y zonas de seguridad
restringidas en tiempo de guerra). Las fronteras de segregación, en una
sociedad democrática, se basan en el status económico, en el nacimiento, en la
educación y en otros signos de respetabilidad”.
Seguidamente da una segunda definición que es: “separación o apartamiento.
En derecho penitenciario se usa como sinónimo de aislamiento celular”.
El acto por el cual se produce la segregación es el de segregar, que explica de
mejor forma lo que se desea observar en la comunidad objeto de estudio. El
mismo diccionario lo define como “separar o poner aparte una o más categorías 28
de la población, ya sea con una finalidad social consciente, ya mediante la
acción selectiva inconsciente de influencias personales y culturales”.
El ejemplo típico para definir esta segregación lo encontramos en el aparheid y
recientemente, en la política israelí de separación de los palestinos. El primer
caso se expondrá detalladamente, mientras el segundo se hará una referencia
somera debido a que es un proceso que se está llevando a cabo en estos
momentos y por lo cual se carece de la bibliografía que dé el soporte teórico al
mismo. No obstante, debe señalarse su existencia.
En ambos ejemplos se trata de una segregación llevada a cabo por el Estado,
quien amparado en el sistema jurídico interno, puso en práctica en el caso de
Sudáfrica y ha puesto en práctica en el caso israelí, una política de segregación
como piedra angular de la seguridad de las fronteras estatales, asimismo, como
base de la organización social de la población de su territorio.
El Diccionario de política de Norberto Bobbio, Nicola Mateucci y Gianfranco
Pasquino, definen el apartheid de una forma amplia, se utilizará esa definición
y se explicarán aquellos aspectos de interés para el objeto de investigación.
Parten de la definición del apartheid como un sistema social, que en lengua
afrikáans significa separación, aunque en su acepción más común y como se
maneja en las ciencias sociales es de “comunidad separada”, designa “ la
política oficial del gobierno sudafricano por lo que respecta a los derechos
sociales y políticos y a las relaciones entre los diversos grupos raciales en el
interior de la Unión”.
Para el caso guatemalteco que es con el cual se tratará en estas líneas establecer
un paralelismo si lo hay, ha habido etapas de la historia que se asemejan a este
ordenamiento jurídico establecido para Sudáfrica. En el período hispánico o
colonial, el concepto “meterlos en policía” que figura en los textos de la época
para referirse a la forma de tratar a los indígenas, puede equiparase al de
segregación o separación tal como se ha visto en la definición correspondiente y
a la vez, como se aplicó en su momento en Sudáfrica.
“Meterlos en policía” significaba hacerlos entrar en la civilización, el mismo
término “policía”, derivado del concepto latino “polis”, no es más que el acto de
civilizar, de hacer un ciudadano porque ha adquirido un nivel que le permite
ser tomado como tal. No sé debe entender por tanto “policía” en el sentido
actual de la definición, sino en la “civilización”, que no es más que adoptar las
formas culturales del grupo dominante, pero eso si, aún con ello, no se
superaban las diferencias por motivos de la pigmentación de la piel.
Ahora bien, los autores indicados, aclaran que apartheid no debe traducirse
literalmente como racismo o discriminación racial, porque va más allá, no se
queda solo en una actitud por parte de unos ciudadanos hacia otros de manera
29
solapada o clara pero desde ningún punto de vista oficial tal la situación en
Guatemala. En la Sudáfrica del apartheid, esta era entendida como un sistema
social, económico y político constitucional. Abarcó por tanto todo el sistema
estatal. En él la “diferenciación corresponde a la definición de grupos raciales
diversos y a su desarrollo separado, por lo que es lo opuesto a la asimilación y a
la integración”.
En este aspecto se aprecia una similitud con el proceso que actualmente acaece
entre Israel y Palestina, y en Guatemala, aunque no es un sistema que pueda
decirse próximo a este proceso, si hay algunos indicios de esa separación, de la
definición de grupos raciales, que aquí son étnicos, diversos y la insistencia en
acentuar la separación más que la unión. En el seno de las comunidades, la
separación –como se verá más adelante- constituye un fenómeno constante,
máxime en comunidades multiétnicas que habitan un espacio reducido de
territorio.
Un dato interesante es la definición vista en términos políticos, porque da más
luces de lo que sucede en algunas comunidades de interior de Guatemala. En
este sentido, apartheid “significa el mantenimiento de la supremacía de una
aristocracia blanca basada en una rígida jerarquía de castas raciales para la que
existe una correlación directa entre color de la piel y posibilidad de acceso a los
derechos y al poder social y político”.
Dos elementos claves surgen en este seguimiento a la definición antes
planteada. El primero es sobre el mantenimiento de una supremacía, en el caso
sudafricano era la aristocracia blanca, en el caso guatemalteco es la aristocracia
criolla a la que posteriormente se le sumaron los ladinos acomodados. Y en
cuanto a la correlación directa entre el color de la piel y por tanto, el acceso a los
derechos y al poder social político, resulta poco atrevido ver en esa situación un
paralelismo, con sus matizaciones históricas y sociales, pero si presente en la
afirmación.
Ahora bien, la segregación solapada por decirlo de alguna forma, en Guatemala
ha sido en términos generales entre indígenas y ladinos, dicho con más
propiedad, una dominación del ladino sobre el indígena. Pero en las
comunidades puede observarse también, un fenómeno similar en cuanto a la
relación de grupos lingüísticos diferentes en un mismo territorio. Aquí la
superioridad de uno sobre el otro no descansa propiamente dicho sobre la
pigmentación de la piel, o la procedencia étnica, sino por relaciones de poder
establecidas entre los pobladores originarios y los foráneos que de una u otra
forma han llegado a ese determinado territorio.
Pero es oportuno hacer un sondeo histórico que determine el proceso de
emplazamiento de un determinado grupo en una zona con preponderancia
lingüística ajeno al mismo.
30
En este juega un papel importante la historia. Si se continua con el análisis del
término “apartheid”, que se ha tomado aquí por su similitud con la segregación
o mejor dicho, como una forma de la aplicación de la segregación, porque en
sus orígenes aparecen los conceptos en los que se inspira la población
dominadora, en el caso que nos ocupa serían los afrikaners y en el caso
guatemalteco los criollos con su purismo racial y vinculación directa con los
primeros conquistadores españoles, así como de los ladinos con su ideario de
nación con una doble tradición histórica: la española y la precolombina, sin
relación directa con los pobladores originarios del país a la venida de los
españoles.
Esa intervención histórica o el uso que se hace de la misma tienen como
finalidad fundamentar la propiedad o la forma de apropiación de la tierra.
Resultará interesante observar si estos mismos argumentos históricos son
esgrimidos por los ladinos en cuanto a la propiedad de la tierra y sobre el
sentido de la pertenencia al lugar lo cual marca una diferenciación y una
segregación implícita a los grupos no originarios del lugar.
En el caso de los afrikaners, nos encontramos ante un grupo que se considera
una nación, ahora bien, sin que este aspecto sea similar para Guatemala en
general y para los ladinos en particular, conviene señalar hasta que punto los
ladinos se consideran a si mismos en el ideario identitario, es decir, si parten
que son un pueblo, una etnia o si remotamente llegan a considerarse una nación
dentro del discurso político de lo étnico y las relaciones interétnicas
propiamente dichas.
Asimismo analizar los elementos históricos que conforman su ideario como
pueblo. En este aspecto conviene pensar una posible fuerza de lo que Adam
Smith denomina el “mitomotor”. Esto implica la existencia de una historia
mítica de los orígenes de lo ladino, su asentamiento en la región de lo que hoy
es Chiquimula, Jutiapa y Zacapa y la relación que han tenido con las
poblaciones circunvecinas. Si aparece una historia mítica y un sentido de la
dominación por parte de otro pueblo, por lo cual consideran injusto y que debe
enmendarse, estamos entonces ante el mitomor. Por una parte puede aplicarse
tal categoría al proceso de surgimiento y consolidación de la identidad ladina
actual, pero en el caso de relaciones interétnicas, puede indagarse en la
existencia o no de indicios que apuntalen la teoría antes descrita.
Otro aspecto interesante del apartheid como ejemplo paradigmático de la
segregación, es la creación de una separación física de unos sobre otros, esto se
tradujo en leyes de circulación, de vivienda y la creación de batustanes,
territorios rodeados totalmente por población blanca, con autonomía relativa y
controlado por el gobierno blanco de Sudáfrica.
Lo antes expuesto tiene mayor relación con los palestinos, en el cual podemos
ver un ejemplo de segregación a nivel estatal por parte de los dominadores, es
31
decir, los israelíes. El paralelismo con Guatemala lo podemos encontrar en las
leyes de Úbico sobre viabilidad y manos ociosas, pero no hay una restricción en
cuanto a territorios exclusivos para uno y otro grupo étnico. Pero si se dieron
situaciones similares en el caso de los “Polos de Desarrollo” durante el conflicto
armado interno.
La segregación se aplicó en el sentido de la separación y aislamiento de
población por seguridad nacional, tal como está consignado en la definición
inicial. El carácter de segregación lo adquiere en la medida que la población que
fue confinada en esos polos de desarrollo bajo control militar fue la indígena, en
la cual no se dio un proceso de asimilación, sino de separación para evitar que
siguiera contribuyendo con la insurgencia.
La diversidad en cuanto a las formas de segregación resulta interesante observar en
una región como la que comprende Chiquimula, Zacapa y Jutiapa, para determinar la
validez de aplicar una categoría en la construcción de la identidad ladina
32
CAPITULO IV
La pureza de sangre como elemento de designación de castas.
A
l momento de producirse el “descubrimiento” y posterior conquista del
territorio americano, la sociedad castellana aplicó acá los criterios
establecidos en la península para las relaciones sociales, en este caso, el
de la pureza de sangre que se basó no solamente en cuanto al linaje, sino
también y por tanto muy unido a lo anterior, su vinculación al catolicismo
desde las primeras generaciones.
Estos dos aspectos conectan por tanto al individuo con sus posibles orígenes
visigóticos, porque fue este pueblo el que se convirtió masivamente al
cristianismo en el siglo VI y se conforma la estructura eclesiástica del territorio
en el Concilio de Toledo de 589, lo que da origen al rito visigótico. Obviamente
el criterio de considerar a los individuos sujetos de derechos no es propio de la
época acá señalada, pero se hace uso de la categoría para comprender de mejor
forma posible, la relación de estos elementos en la conformación de los criterios
de la pureza de sangre.
Asimismo el Reino Visigodo1 es considerado el embrión de lo que
posteriormente fue España y los diversos reinos que lo conformaron, por lo que
el ordenamiento jurídico se diseñó sobre la base de las instituciones visigodas,
cuyo desarrollo se vio truncado por la invasión árabe a la Península, lo que
modificó el ordenamiento territorial de esta entidad política, y a la vez el
entramado jurídico y el orden social imperante en la época.
La irrupción de la cultura árabe proporcionó una nueva forma de organización
social y apuntaló, un proceso de consolidación de los aspectos culturales,
científicos y económicos que posteriormente permitieron la empresa colombina.
A lo largo de siete siglos se forjaron tres sociedades que en algunos momentos
se interrelacionaban y en otros se convirtieron en sociedades cerradas, por lo
que godos, árabes y judíos, cooperaron a la construcción de una cultura y una
identidad que se fundamentó en la diversidad.
No obstante, al observar el mapa del reino visigodo, se observa que no
ocuparon la parte norte de la península y tampoco lo que hoy es Portugal,
factor que determinó que al darse la invasión árabe, estos territorios quedaran
1
Véase: Barrientos Grandon, Javier: "El Reino Visigodo de Tolosa", en Introducción a la historia del
Derecho chileno. I. Derechos propios y Derecho común en Castilla.- Santiago: Barroco Libreros,
1994. Barrientos Grandon, Javier: "El Reino Visigodo de Toledo", en Introducción a la historia del
Derecho chileno. I. Derechos propios y Derecho común en Castilla.- Santiago: Barroco Libreros,
1994. Iglesia Ferreiros, Aquilino: "Lección VII. El Reino Visigodo", en La creación del Derecho.
Una historia de la formación de un derecho estatal español.- Madrid: Marcial Pons. Ediciones
Jurídicas y Sociales, 1996 33
fuera de su alcance o bien, la reconquista se produjera en forma rápida y se
evitó así que se desarrollara una cultura árabe en los mismos. Es precisamente
en estos territorios, donde cuajó la idea de reconquistar toda la península y son
los que adoptan la mentalidad de la herencia visigótica y por tanto, los que
determinan la pureza de sangre a partir de ese origen.
Por otra parte, al ser detenidos los árabes en los Pirineos, este hecho trajo
consigo dos consecuencias determinantes para el análisis de la idea de “pureza
de sangre” y la posterior aplicación de tal criterio en la América hispana. La
primera se refiere a la consolidación del dominio árabe en la península y las
relaciones establecidas entre los tres pueblos que convivieron durante siete siglo
y la segunda se refiere al aislamiento que esto supuso para España en relación
al ulterior desarrollo de las instituciones jurídicas, las ideas y la organización
económica, política y social que se produjo –a lo largo de esos siglos- en el resto
de Europa.
Las instituciones mediales entraron tardíamente a España y el proceso de
consolidación de las mismas hizo que se acentuarán mucho más que en el resto
del continente, asimismo los siete siglos de dominación permitieron el
establecimiento de unas relaciones sociales e interculturales algunas veces
tensas y otras de convivencia pacífica, pero a medida que la reconquista avanzó,
la construcción de la identidad de los pueblos españoles reconquistados se
fundamentó en el origen y en su fidelidad por generaciones al catolicismo.
Obviamente por su mismo carácter en cuanto a su identidad como pueblo, es la
población judía la más cerrada a cualquier otro contacto con las culturas
vecinas, por lo que el rechazo a los mismos ante su negativa de
interrelacionarse, se presentó tanto entre los hispanos como en los árabes, pero
con un carácter más feroz por parte de los primeros por su condición de
cristianos que por los segundos, quienes según las prescripciones de El Corán,
deben guardar cierto respeto a los judíos.
Es en este momento, cuando los sefardíes adoptan el alfabeto latino para la
escritura de la Toráh, que surge el término ladino para identificar a un grupo
concreto y que hacía referencia al dominio del latín o uso de un idioma
derivado de este para su escritura de un texto no latino.
Por lo tanto, aunque la experiencia de esos siglos dio origen a la sociedad
castellana que se forjó precisamente en esas luchas de reconquista, la misma
fundamentó su identidad en el rechazo a las otras culturas con las que convivió
y que consideró siempre como heréticas. Los términos “infiel” y “judio”
vinieron a ser para la época sinónimo de rechazo y de afianzamiento de la
superioridad de un pueblo que luchó por conquistar las tierras que consideró
eran de su heredad.
34
A medida que la reconquista avanzó, los territorios incorporados a los reinos de
Castilla y Aragón fueron cristianizados en forma violenta y la conversión
forzosa era la única garantía para evitar la expulsión. En los primeros siglos de
la reconquista, este proceso fue aceptado como solución para lograr la
incorporación a la sociedad cristiana castellana y aragonesa, de personas
cualificadas para diversas tareas que requería la sociedad de entonces, sin dejar
de lado el factor económico que esto supuso.
Puede considerarse el siglo XI como el inicio del cambio en el proceso de
reconquista, cuando aún se aprecia el esplendor de la organización social árabe
de Ad – Andalus, pero que en su interior se manifestaban las divisiones y
rivalidades de los diversos califas que dieron como resultado la consolidación
del Reino de Aragón que estableció sus bases en el norte y a la vez, la perdida
de la autoridad por parte de los señores feudales ante el empuje del rey de León
que empezó a acaparar en si el poder real, para pasar posteriormente a dominar
Castilla y coronarse como rey de ese reino.
Es precisamente en estos momentos en que los nuevos cristianos –como se les
llamó entonces-, iniciaron a tener protagonismo y a la vez acceso a los medios
de producción, con el consiguiente rechazo de los cristianos “viejos”. A la vez,
las prebendas eclesiásticas empezaron a ser ocupadas por ellos, es decir: las
sedes arzobispales, las abadías exentas y los monasterios que estaban fuera de
la jurisdicción civil y por tanto se regían por leyes eclesiásticas que los
dispensaban de tributar al monarca en algunos casos, o de aportar al fisco real
según lo establecido en cortes.
Los mecanismos sociales de segregación iniciaron su marcha, de tal cuenta a los
nuevos cristianos se les empezó a denominar popularmente “marranos” y a
forjarse la sospecha de su lealtad a la Iglesia y al Rey. Durante los siguientes
siglos esa animadversión cobró fuerza y la misma desembocó con fuerza a
finales del siglo XV, momento en el cual se produce la empresa de Cristóbal
Colón que dio como resultado el Descubrimiento de América.
Se utilizará acá el término descubrimiento para ese momento histórico del 12 de
octubre de 1,492 pero por cuestiones de facilitar la lectura y evitar dar un giro
demasiado extremo que aleje el objeto de estudio, no obstante, se tiene presente
el intenso debate que tal denominación generó en el año de 1,992.
El descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón demuestra como la
mentalidad segregacionista había penetrado en la corte castellana y aragonesa,
así como el criterio de la pureza de sangre era la condición central al momento
de conceder los respectivos derechos a los conquistadores u expedicionarios
que buscaron el aval de la Corona.
Salvador de Madariaga en la biografía que escribió sobre Colón, analiza
detenidamente las dificultades legales que el navegante tuvo que salvar, las
35
cuales fueron más allá de las gestiones económicas que tuvo que solventar para
patrocinar la empresa, sino también –y sumamente importante para la época-
eludir el escollo que suponía su origen judío.
Las Capitulaciones exigían que se diera cuenta de la pureza de sangre del
patrocinado para que pudieran ser expedidas las mismas y en ellas debía
figurar como garantía que lealtad y honradez. En el caso de las Capitulaciones
de Santa Fe este dato no figura, asimismo es paradójico el hecho que al retornar
Colón a la Corte después del éxito del primer viaje, se está poniendo en práctica
el decreto de expulsión de la población judía sefardí de la península.
El siglo XVI constituyó en sus inicios, el punto de partida de la expansión
castellana en América a la vez que la portuguesa. En ambas sociedades, los
fundamentos medievales en la organización social, política y por ende política,
siguen vigentes con un sistema económico mercantilista que se fomento y
alimento por los nuevos descubrimientos, de tal cuenta son esos sistemas los
que traen al continente y establecen las sociedades hispanoamericanas a la luz
de ese modelo.
Esto fue posible gracias a otro principio jurídico medieval que era el “derecho
de islas”, este consistió en alegar ante la Santa Sede el derecho que se tenía a su
posesión por estar fuera del Acta de Donación de del Orbe por parte de
Constantino al Papa. Esta “ley” se fundamentó en un documento falso
denominado “pseudo Isidoro”, en el cual se afirmaba que Constantino, en su
lecho de muerte, había donado el Orbe o sea el mundo al Papa.
Para los juristas medievales esta donación debía entenderse sobre la base del
concepto que se tenía del mundo en el momento de producirse el mismo, esto
es: el mundo conocido de esa época, pero el mismo excluía –por ignorar su
existencia- las islas más allá del límite del Imperio Romano.
A medida que se produjeron los diversos hechos históricos que permitieron el
separar el poder civil del eclesiástico en materias como la jurisdicción territorial:
querella de las investiduras, galicanismo, conflictos entre el Sacro Imperio
Romano Germánico y la Santa Sede, etc., estos argumentos quedaron en desuso,
no obstante en la península Ibérica siguieron vigentes por lo señalado en
párrafos anteriores.
De hecho, este fue el marco legal que permitió la incorporación de islas como
Las Canarias al dominio hispánico y las Azores al Reino de Portugal, estas
enunciadas como ejemplos de muchos casos similares.
Es por esto que Colón insistió que había llegado a Cipango y Catay, ambas
consideradas islas, con lo cual buscó fundamentar la legitimidad de la posesión
que incorporaba a Castilla y sustraerlas así de la jurisdicción pontificia,
argumentos que posteriormente esgrimió Isabel la Católica y su esposo
36
Fernando de Aragón para reclamar los derechos que consideró que validaban el
considerar estos territorios de su propiedad.
Junto con esto se habían expedido bulas por parte de la Santa Sede bajo los
criterios utilizados durante las cruzadas, para garantizar la propiedad de las
iglesias que fundaran en los territorios que fueran reconquistados, de esta
manera las mismas pasaban a gozar del patronato real exento de la legislación
romana.
Ambos mecanismos legales se pusieron en práctica para asegurar la sujeción de
los territorios conquistados a la corona castellana y es lo que permitió, que ésta
aplicara el principio de pureza de sangre cuando en el resto de Europa dicha
disposición había quedado caduca muchos siglos atrás.
Lo que se buscó garantizar fue la lealtad a la Corona y a la Iglesia sujeta a la
primera, evitar la formación de sociedades diversas y por tanto, establecieron
acá los mismos principios que en la península en el ejercicio de su poder tanto
civil y religioso. De tal cuenta los evangelizadores, ecomenderos, funcionarios
reales que llegaron a América, debían antes demostrar su pureza de sangre para
podérseles confiar cargos, prebendas y posesiones de tierras.
Las dos Repúblicas.
Como se ha demostrado en este análisis, en la construcción jurídica de las leyes
que se aplicaron en el Reino de Castilla al momento de la conquista y
colonización, subyace una dicotomía al momento de plantear la sociedad, esta
es la de crisianto – infiel, los primeros son sujetos de derechos y obligaciones
para con la Corona y los segundos carecen de ambos y se supeditaron a las
disposiciones reales en momento coyunturales.
Esta misma visión fue trasladada a América que inicialmente fue la misma que
en la península pero que posteriormente, al iniciarse la evangelización, cambia
hacia otra forma dicotómica y esto es la contraposición de dos Repúblicas que
aglutinan a dos sectores de la población y que se rigen por un derecho
particular, es decir la de castellanos – indios.
La categoría de infiel para designar a los pobladores del continente, pesó con
fuerza al momento de legitimar los derechos de posesión de estos territorios por
parte de la Corona Castellana, esto explica el por qué en la expediciones
figuraba un fraile –o varios- junto con un secretario, porque el apoderarse de la
tierra estaba supeditado tanto al orden civil como el eclesiástico, por lo que los
pobladores originarios no tenían alternativa más que aceptar las disposiciones
de los requerimientos o ser reducidos por medio de las armas.
Como se ha señalado, dentro de la lógica castellana y gracias a los últimos
momentos de la puesta en vigor del documento de donación del orbe contenida 37
en el acta del pseudo Isidoro, los juristas consideraron importante hacer el
legítimo requerimiento a los indígenas para darle validez a la ocupación por
parte de la corona de esos territorios, uno de los requisitos indispensables para
que las bulas de concesión de los territorios a los reyes católicos pudieran ser
aplicadas, es que estas fueran aceptadas con total “libertad” y conocimiento
previo de su contenido por parte de los reyes locales.
Ante esta necesidad se requería a los pobladores de las tierras recién
descubiertas su consentimiento a dos puntos: Primero. Que el Papa es el
legislador del orbe. Segundo, en orden de esas prerrogativas el Papa donaba
aquellos territorios a los Reyes de Castilla y Aragón de quienes pasarían a
depender.
Por supuesto que tales argumentos no fueron entendidos por los indígenas y
tampoco tenía valor alguno para ellos. De no ser aceptado el requerimiento,
38 se procedía a la guerra justa para aplicar aquellos principios de
entonces
derecho del período bajo medieval que legitimaban el dominio castellano en las
tierras recién descubiertas2.
La aplicación de estos principios jurídicos medievales durante la conquista y
colonización de América suscitó una intensa polémica; se ha hecho mención a
los justos títulos que permitían esa intervención. Pero lo más agudo fue la
manera de tratar a los habitantes de las tierras recién descubiertas.
La primera conclusión de los conquistadores fue considerar a los indígenas
“brutos” para luego llegar a la segunda conclusión que por esta condición
debían ser explotados, tratados como servidores dada su inferioridad.
Este planteamiento fue zanjado por el Papa Paulo III en su bula Sublimis Deus
del 2 de junio de 1537, en ella afirma -entre otras cosas- que “teniendo en cuenta
que estos indios, como verdaderos hombres”... “no han de ser privados o se les
ha de privar de su libertad y dominio de sus cosas, antes bien pueden libre y
lícitamente usar, poseer y gozar de tal libertad y dominio, y no se les debe
reducir a servidumbre; y que lo que de cualquier modo haya podido acontecer,
sea irrito y nulo y sin ninguna fuerza o momento”3
Aún así, el comportamiento de los conquistadores y luego encomenderos para
con los indígenas siguieron los mismos planteamientos que al inicio de la
2
Véase BORGE, P. Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas, II tomos, Madrid, BAC., 1992,
pp.432 - 435. ESCUDERO, J. A. Curso de Historia del Derecho. Madrid, 1990, p. 648. CÉSPEDES DEL
CASTILLO, G. Textos y Documentos en la América Hispánica (1492 - 1898), Historia de España, Tomo
XIII, Barcelona, Labor, 1986, pp. 48 - 50. RAMOS, D. “El Hecho de la Conquista de América”. En La
ética en la conquista de América: Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca. Corpus Hispanorum
de pace, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1984, p. 17. SOLÓRZANO
PEREIRA, J. De Indiarum iure ([Link]. Deacquisitione Indiarum) (Cap. 16 – 25). Corpus Hispanorum de
Pace, II tomos, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2000.
3
Véase: CÉSPEDES DEL CASTILLO, G. [Link]., pp. 229 – 230
conquista: su explotación y sojuzgamiento, la reducción de los mismos a la
esclavitud y el considerarlos siempre inferiores y carentes de “civilización”.
Las denuncias de los frailes evangelizadores autorizados por la Corona, generó
lo que se llamó “Duda de la conciencia nacional”. Este intenso debate
desembocó en la promulgación de las Leyes Nuevas u Ordenanzas de
Barcelona de 1542. En este documento, la Corona establece que: “(21) Yten
ordenamos y mandamos que de aquí adelante, por ninguna causa de guerra ni
otra alguna, aunque sea so título de rrevelión, ni por rescate ni de otra manera,
no se pueda hazer esclavo yndio alguno, y queremos sean tratados como
vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son”4.
Estas disposiciones no frenaron en modo alguno las injusticias cometidas contra
los indígenas en la evangelización. De la reacción de los encomenderos a estas
disposiciones reales dan cuenta los documentos que surgieron después para
matizar los mandatos de las Leyes Nuevas5.
Entre las discusiones que generó la puesta en práctica de estas leyes, que no
eran más que acentuar el carácter medieval de las que anteriormente se habían
aplicado en América, con algunos indicios de “modernidad”, destaca el debate
entre Juan Ginés de Sepúlveda y Francisco de Vitoria, sin desdeñar el aporte de
Fran Bartolomé de las Casas, cuyo resultado fueron los justos títulos de
conquista, que vinieron a acentuar aún más la concepción que los
conquistadores tenían sobre el indígena y es verlo como menor de edad y por lo
cual, necesitado de protección.
Para el objeto de estudio de esta investigación, esa idea es fundamental porque
permite comprender la relación que posteriormente se establecerá con los
mestizos y/o ladinos a quienes se les excluyó inicialmente de la legislación
indiana.
Con esta forma de entender a los pobladores originarios del continente, la
legislación que se estableció se fundamentó en ese principio, la inferioridad del
indio y la consiguiente necesidad de tutelaje. Asimismo sentó las bases para la
construcción de las dos repúblicas en la organización jurídica americana: la
república de castellanos o españoles y la república de indios.
Esta separación marcó el inicio de la segregación que ha existido por parte de
un buen sector de la población hacia el otro sector, así como la mentalidad de la
inferioridad del indígena y por tanto, la necesidad de sacarlo del subdesarrollo
que arrastra su cultura con la incorporación a la occidental.
4
[Link]. pág. 109
5
Véase [Link]. Págs.115 - 117. VARIOS AUTORES. La ética en la conquista de América: Francisco
de Vitoria y la Escuela de Salamanca. Corpus Hispanorum de Pace. [Link]. Especialmente el capítulo I y
la conclusión final. (Págs. 67 y ss. 716 y ss). TAU ANZOATEGUI, V. La ley en América Hispana, 39
Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1992, pp. 67 - 144.
El término utilizado en el siglo XVI que perduró en los siguientes siglos de
dominación hispánica fue “meterlos en policía”, con lo que indicaban que era
necesario castellanizarlos para así logras su verdadera “civilización”. Y
precisamente esta actividad estaba entre las funciones de los encomenderos y
frailes evangelizadores.
En el primero momento de la organización indiana, la Corona estipuló que los
evangelizadores dominaran los idiomas locales para una efectiva incorporación
de los indígenas a la iglesia, de tal cuenta era requisito el tener conocimientos
que permitieran una comunicación en el idioma materno con los conversos.
Concretamente, esta fue la política que intentaron sostener los Austria en el
siglo [Link], la cual se fue atenuando a medida que se consolidó el sistema
colonial.
Con los Borbones el sistema se acopla a una aceleración de la castellanización
porque los elementos de unidad se forjaron entonces también por el idioma, el
castellano pasó a ser el idioma aglutinador de los reinos de España y el punto
sobre el cual descansó la centralización del poder real.
De tal cuenta la República de Indios con sus leyes específicas que determinaron
los repartimientos, las encomiendas, la evangelización, etc., se vio sometida a
un proceso de castellanización con el fin que dejaran a un lado su idioma
materno para lograr un mejor dominio, control y sujeción de los pobladores de
pueblos de indios.
Aún con la dicotomía que se estableció para Indias o sea América, al crearse
estas dos repúblicas, surgió un grupo que no estaba contemplado en la
legislación indiana, esto es la población mestiza, quienes inicialmente quedaron
en un limbo jurídico que fue subsanado con las disposiciones de la Corona en lo
relativo a las diversas materias que legislaron para las dos repúblicas
apuntadas.
Conviene hacer una acotación para una mejor comprensión de este proceso.
Cuando se habla de las dos repúblicas, la legislación indiana las entendió según
la definición de República que da Platón, porque en la práctica es la puesta en
práctica de lo que los atenienses consideraron “La Polis” y en concreto, a los
que la conformaban, que eran los ciudadanos sujetos de derechos y
obligaciones.
La consideración de los habitantes de América como pertenecientes a una
república respectiva, hace eco también al concepto platónico de la sociedad
ideal, pero que no es más que el reflejo, atenuado si se quiere, de la sociedad
que debería ser en la realidad. No obstante, la realidad indiana y especialmente
para los pueblos de indios, distaba mucho de estos principios filosóficos. 40
En este orden social, económico y jurídico, el aparecimiento de un grupo no
previsto, alteró lo que en sus inicios se consideró el sistema idóneo para el
dominio y administración de tan basto territorio. Es precisamente cuando
irrumpen los mestizos que la dinámica social adquiere un nuevo carácter
porque surge un grupo social que está castellanizado, adoptó la forma de vida
de los españoles y se fue alejando paulatinamente del grupo indígena en cuya
cultura también hunde sus raíces.
Es de esta forma en que así como en el momento de darse la reconquista, los
pueblos que fueron sometidos y emprenden la lucha por la expulsión de los
árabes, asumen lo visigótico como su pasado y que son herederos de esa
cultura, desdeñando de las otras que también los forjaron, es decir lo árabe y lo
judío, los mestizos paulatinamente asumieron lo castellano como suyo y en su
momento, se consideraron herederos legítimos de la cultura y las instituciones
que los españoles establecieron en América durante el período colonial.
El proceso en que esto sucede, está reflejado en los documentos que se han
transcrito y que figuran en el CD que acompaña este informe. En el mismo se
aprecia como la irrupción del mestizo que posteriormente los mismos
documentos denominan ladino, desmontó las dos repúblicas, porque se ubicó
en zonas destinadas en exclusiva para cada una de ellas y al evadir las
disposiciones jurídicas, fue abriendo espacios para los que legalmente estaba
vetado.
Y si en la legislación “civil” sucedió esto, otro tanto puede afirmarse en la
eclesiástica, ambas íntimamente unidas durante el período colonial. De esta
forma fue ubicándose y posesionándose para luego –en el momento dado-
reclamar para si la herencia que dejaron los españoles durante cinco siglos.
Por otra parte, el esquema de las dos repúblicas no se pudo sostener por mucho
tiempo, aún sin el aparecimiento de los ladinos, esto hubiera sido imposible
porque al dictaminarse la prohibición de someter a esclavitud a los indígenas,
esto abrió la puerta para que vinieran a América ingentes cantidades de
personas de color que suplantaron a los anteriores esclavos indígenas. La
llegada de población africana, imprimió un elemento más en el dinámico
proceso de mestizaje, de interrelación no solo cultural sino afectiva entre los
distintos habitantes de este continente y dio origen a otros grupos que también
fueron objeto de una clasificación por parte de la legislación colonial.
Son estas movilizaciones forzadas, las que permitieron también romper con la
dicotomía que el sistema colonial pretendió imponer, porque al revisar los
documentos se observa que en los mismos figuran otras castas, lo cual
demuestra cómo en la práctica aplicaron la división social que Severo Martínez
señala en “La Patria del Críollo”. 41
Sin ánimo de adelantar acontecimientos, puede afirmarse que esa visión
dicotómica que el ladino reprodujo posteriormente y que se encuentra aún
vigente para ciertos sectores, se derrumba ante la evidencia de la realidad, el
considerar que existe el antagonismo indígena – ladino como identidades
contrapuestas, es ignorar la forma en que ambos son rechazados también por
los que consideran de origen criollo.
El mestizaje
Analizar los factores que permitieron el mestizaje, obliga a volver a la
explicación inicial de los orígenes históricos que los castellanos y aragoneses
consideraron como su pasado y constituyó el fundamento de su lucha de
reconquista.
En la conquista de América esta “superioridad” tanto tecnológica como de sus
raíces se hizo evidente en la forma de considerar a los pobladores originarios
del continente, pero a la vez, la empresa supuso el alejamiento de la península
de cantidad considerable de hombres guerreros, aventureros y deseosos de
fortuna fácil, que al llegar a América ven la posibilidad de elevar su rango y
salir de la pobreza en que están sumidos, pero que por su linaje son incapaces
de realizar trabajos que consideran “serviles”.
Al examinar los escritos de la época, especialmente en “La relación de la conquista
de la Nueva España y Guatemala”, Bernal Díaz del Castillo nos traslada a la época
y describe la situación en que se encontraron al momento de enfilar desde
Veracruz
hacia México – Tenochtitlán. A medida que se aproximaban, Monctezuma envía
regalos a Cortés, entre éstos doncellas para agradar a los conquistadores,
similar situación ocurre en Tlaxcala y la consecuencia de esta costumbre fue el
engendrar hijos con sangre indígena y española.
Por otra parte se puede traer como ejemplo el caso de Doña Marina, conocida
como “la malinche”, indígena tlaxcalteca que se constituyó en una persona de
vital importancia para la conquista de México, su facilidad para el conocimiento
de los idiomas le valió ser la interprete entre Cortés y Moctezuma.
Asimismo, entre las doncellas entregadas a los conquistadores, se establecieron
lazos afectivos que dieron lugar al primer mestizaje por decirlo de alguna
forma, para el caso de Guatemala, puede observarse que Pedro de Alvarado
viene con una hija fruto de la unión con una Tlaxcalteca, aunque obviamente la
esposa legítima era Beatriz de la Cueva.
Esto está en consonancia con la mentalidad de los españoles que al venir a
América, respetaron de alguna forma los linajes locales porque los equipararon 42
con los de su lugar de procedencia, por lo cual aplicaron los criterios de pureza
de sangre y consideraron a los indígenas dentro de esta categoría porque los
consideraron puros en cuanto a que no había mezclas en su sangre.
Para los tiempos actuales esto es una aberración, pero como se ha explicado en
párrafos anteriores, en aquel entonces ese procedimiento era el adecuado al
pensamiento de la época, lo que supone una coherencia en el constructo
hispánico de la pureza de sangre y que se inscribe en los principios medievales
de entender a la sociedad según criterios religiosos, económicos y políticos.
El primer mestizaje sucede de esta forma según los cronistas de la época como
el citado Bernal Díaz, asimismo en la relación de Vasco Nuñez Cabeza de Vaca
se encuentran ejemplos similares, aparte de los castellanos encontrados en
Cempoala al llegar los españoles comandados por Cortés. Esto para referirnos a
la fase continental de la conquista, dejando a un lado la fase antillana que
también presenta otros hechos similares a los apuntados.
Posteriormente al establecerse la sociedad colonial con su diferenciación
jurídica entre república de indios y de castellanos, continuaron los nacimientos
de niños y niñas mestizos, por lo que puede afirmarse que en sus inicios, el
mestizaje se produjo por las uniones extra maritales.
Pero con la instalación de las instituciones coloniales y el consiguiente proceso
de evangelización, así como la organización y control de los pueblos de indios,
se inicia un mestizaje de tipo cultural que empuja a muchos indígenas a dejar su
idioma, costumbres, tradiciones y cosmovisión, por la forma nueva de estas
características culturales que traen de España, uno de estos es la
castellanización y el apuntado anteriormente proceso de “meterlo en policía”.
Con estos dos datos se está frente a dos realidades distintas, por un lado el
mestizo como tal, considerado según los criterios de pureza de sangre, el ladino
cuyo fundamento no son fundamentados en tal procedimiento, sino en la
asimilación de la nueva cultura producto de haber sido “metido en policía”, es
decir, civilizado, porque al asumir otra forma cultural distinta a la propia de su
origen, adquirió una nueva connotación frente al orden legal.
De ahí deriva la enumeración entre castellanos, indios, mestizos, pardos, etc.,
que se aprecia en el siglo XVIII con mayor fuerza, a la cual se añadieron los
negros, pardos, mulatos, cuarterones etc., que fueron estudiados por Severo
Martínez. La relación ha dejado de fundamentarse en criterios cerrados, para
ampliarse según los requerimientos económicos de explotación de mano de
obra barata y de control y sujeción social.
Del mestizo como tal en Guatemala se pasa a hablar de ladino, no obstante 43
ambas castas suelen equipararse en los documentos oficiales de la época. El
mestizo vivió junto al ladino pero sus procedencias son distintas para luego
llegar a fusionarse en un solo grupo heterogéneo y que según la región en que
se ubique, adquirió matices específicos, esto sumado a los españoles
empobrecidos con quienes se relacionó, le proporcionó el linaje que lo catapultó
posteriormente, a reclamar la herencia hispánica en la segunda mitad del siglo
XIX.
Mario Roberto Morales sostiene que el término ladino deriva del hecho de la
castellanización, esto se sustenta porque al ser el castellano una lengua proviene
del latín, al señalarlos como “latinos”, el cambio de una letra configuró esa
acuñación para designarlos. Pero por otra parte, al producirse ese cambio
gradual de la cultura, para reafirmarse frente al criollo, o ante el mestizo, fue
necesario que rechazara la otra raíz cultura para identificarse mejor con la
visión cultural occidental.
El mestizo no pasó por este proceso, porque de nacimiento –según los criterios
españoles de la época-, asumió la cultura occidental y por tanto, consideró el
castellano como su idioma materno y determinó el acceso a bienes materiales y
económicos que posteriormente también tuvieron acceso los ladinos.
En los documentos examinados se observan casos de reclamación de herencia,
acceso a la tierra y otras demandas en las cuales los demandantes son mestizos
o ladinos, ambos considerados grupos distintos pero que en algunos momentos,
son análogos.
Pero en ambos grupos se observa el rechazo hacia el indígena y los conflictos y
tensiones que provocaron al asentarse en inmediaciones de pueblos de indios,
lo cual estaba prohibido en la legislación de la época, con lo cual principiaron a
ocupar espacios que posteriormente pasaron a dominar política y
económicamente.
44