El jarrón azul
Míster Alden P. Ricks, mejor conocido por sus empleados como "Cappy Ricks", fue el fundador y el espíritu dirigente de una
importante empresa maderera y de vapores. Él ya se había retirado de la dirección activa del negocio, pero en realidad continuaba
siendo su principal guía y consejero. Este señor tenía un problema, ya que a la oficina de Shanghái había mandado a un empleado
que estaba dando mal resultado.
-Es cierto, pero Andrews... bueno, no hemos puesto a prueba todavía su competencia.
- ¡Skinner! – interrumpió Cappy en voz resonante—no alcanzo a comprender, porque no te he
despedido. ¿Dices que todavía no hemos puesto a prueba la competencia de Andrews? ¿Por qué
tenemos aquí gente que no sabemos lo que puede hacer? ¡Contéstame! El mundo de hoy es el
mundo de la juventud y me tete eso en la cabeza. El próximo representante que mande a
Shanghái y tendrá que ser un luchador que no se dé por vencido. Ya hemos tenido allá tres que
resultaron ser un fracaso y de esos no quiero más.
Contenido final del documento
Cuando Skinner salió de la oficina llegó una visita, al hallarse ante el saludo
respetuosamente y dijo "Mi nombre es William E. Peck. Le agradezco mucho a usted la
fineza de concederme una entrevista." Mirándolo con semblante severo, Cappy le dijo
que tomara asiento, señalándole una silla, Cappy notó que cojeaba un poco y que el
brazo izquierdo lo tenía amputado hasta el codo.
- ¿Bien, que desea usted?
-He venido a que me dé usted trabajo.
-Habla usted como si tuviera la seguridad de obtenerlo. -Ciertamente, Míster Ricks, yo
sé que usted no me lo negará.
- ¿Por qué?
-Peck, sonriendo en una forma que le simpatizó a Cappy, contestó: "Yo soy agente
vendedor y sé que puedo vender cualquier cosa que tenga algún valor, porque lo he
demostrado durante cinco años y quiero demostrárselo a usted."
-Míster Peck – dijo Cappy sonriendo – de eso no tengo duda, pero dígame ¿acaso sus
defectos físicos no son un impedimento?
-No, en ningún modo. Lo que me queda de cuerpo está sano, sobre todo mi cabeza y
me queda el brazo derecho. Puedo pensar y puedo escribir. ¿Estoy contratado?
-No, Míster Peck. Lo siento, pero usted sabrá que yo no tomo parte activa en la
administración de este negocio. A quien debe usted ver es a Míster Skinner.
-Ya vi a Míster Skinner. Pero por el modo en que me habló parece que no le simpaticé.
Yo le manifesté que estaba dispuesto a aceptar cualquier ocupación.
- ¿No le dio ninguna esperanza?
-No, señor. -Bien amiguito, entonces ¿para qué viene a verme a mí?
-Porque quiero trabajar aquí. No me importa de que, con tal de que sea algo que yo
pueda hacer.
-Cappy oprimió un botón en su escritorio y en un momento entró Míster Skinner
lanzando una mirada hostil hacia Peck y luego otra mirada interrogativa a Cappy.
-Quiero mandar a Andrews a Shanghái y quiero que le des empleo a este joven... que
le des una oportunidad de demostrar lo que puede hacer. Naturalmente que le habrás
de pagar a Míster Peck lo que valga y nada más.
-Muy bien Míster Ricks – dijo Skinner con cierto despecho –
-Volviéndose hacia el triunfante Peck, le amonesto diciéndole: "No crea que porque he
intervenido por usted ya tiene su porvenir asegurado. Su porvenir usted mismo tendrá
que labrarlo y tiene que comenzar muy pronto.
-Este diablo – dijo para sus adentros Cappy – es buena pieza, pero tiene cerebro. No
me explico como Skinner, no pudo darse cuenta de ello, si ese pobre chico se sale un
poco de la raya o si le brota en la cabeza una idea que quiera poner en práctica es casi
seguro que firmara su sentencia de muerte con esta gente de cerebro fosilizado. Ya en
la oficina de Skinner, el joven poniéndose de pie pregunto:
- ¿Cuándo debo empezar?
-Cuando este usted listo. – Le contestó con cierta ironía.
-Apenas había salido cuando Míster Skinner se dirigió a la oficina de Cappy, antes de
poder abrir la boca, le calló levantando un dedo y en voz cordial le dijo:
-Ni una palabra. Ya sé lo que me vas a decir y admito que tienes razón. Pero óyeme
¿cómo era posible rechazar a un joven que tanto empeño tiene en trabajar y que no
acepto un NO como respuesta? A pesar de que no encontró aquí más que obstáculos
para lograr su propósito, no se dio por vencido ni se desanimó. ¿Qué trabajo le vas a
dar?
-El de Andrews, naturalmente.
-Dime Skinner, ¿no tenemos en existencia como medio millón de pies de abeto fétido?
Skinner asistió y Cappy, continuando con la avidez de quien acaba de hacer un gran
descubrimiento que cree causará una verdadera revolución en el mundo dijo: Mándalo
a vender esa madera apestosa y un par de furgones de pinabete rojo o cualquiera otra
de las maderas que casi nadie quiere ni regaladas. -Skinner sonrió maliciosamente y
dijo: convenido, pero si no vende le damos su pasaporte ¿verdad? -Supongo que sí,
aunque yo lo sentiría mucho. Por el contrario, si tiene éxito, le pagaremos el sueldo
que gana Andrews. Hay que ser justos, justos en todo y con todos.
-Cuando se presentó Peck a trabajar Cappy habló con él para darle instrucciones:
-Peck, ¿acaso has llegado a vender alguna vez abeto fétido?
-Peck se mostró bastante confundido e indicando una negativa con la cabeza pregunto:
¿Qué clase de madera es esa? El abeto de California es una madera áspera y correosa,
muy pesada y que despide un olor como zorrillo cuando se corta. Creo que Skinner te
va a dar lo peor que hay para empezar.
- ¿Se pueden clavar clavos en ella?
-Ah, claro -Yo puedo vender cualquier cosa sí vale el precio. Concluyó Peck con un aire
de desafío y se dirigió a trabajar. Y así lo hizo, trabajó arduamente y levantó varios
pedidos de madera, sus ordenados eran tantos que Skinner tuvo que pedirle que se
calmara un poco en la venta de esa madera, por estárseles agotando la que tenían en
existencia.
Explique brevemente la enseñanza que le dejo a usted este tema
No podemos tener prejuicios de una persona por el hecho de tener discapacidades
físicas, pues, eso no exime a la persona de tener ciertas habilidades o destrezas. No lo
hace menos inteligente. Los defectos físicos no son un impedimento. Eso mostro
William E. Peck. Entiendo que no hay que darse por vencido, sino que hay que ser
persistente cuando se trata de lograr los objetivos o metas propuestas, a pesar de que
en el camino tengamos obstáculos. Además, un dicho dice: querer es poder. En la vida
seremos probados con el fin de mostrar de qué somos capaces o qué tanto queremos
obtener el logro deseado.