LA ROMANIZACIN
LA ROMANIZACIÓN JURÍDICA DE HISPANIA
CARLOS RAMIREZ CENTERNO
Antes de la 2ª Guerra Púnica en la Península Ibérica hay un predominio de los cartaginenses.
Durante esta segunda Guerra Púnica, se produce la romanización de Hispania en la que se pasa de
la colonización a la conquista del territorio. En un primer momento, cuando se llega tras el
desembarco en Ampurias en el 218 a.C. solamente hay un interés económico con el fin de obtener
el control del mediterráneo y extraer todos los materiales de la Península, expandiéndose y
colonizando los pueblos prerromanos. Pero, poco a poco, se va desarrollando un interés político-
administrativo sobre el territorio de peninsular de carácter permanente. Tras la toma de
Numancia en 133 a.C., se envían 10 senadores desde Roma para observar lo que se tiene
conquistado y se dicta la 1ª Lex provinciae por la
TEMA 1: FACTORES DEL PROCESO DE ROMANIZACIÓN
INTRODUCCIÓN
La presencia de Roma en la Península Ibérica está motivada por el enfrentamiento con la
potencia norteafricana de Carthago que estaba desarrollando una intensa política imperialista en
las
costas hispanas. En el año 218 a. C. las legiones romanas llegaron por primera vez a la Península,
prolongándose la conquista durante doscientos años con duros enfrentamientos con los pueblos
indígenas, hasta que el 19 a. C. los ítalos consiguieron someter el último foco de resistencia
representado por cántabros y astures. Durante este amplio periodo se produjo el proceso de
romanización y la unificación política de Hispania por primera vez en su historia.
Por romanización se entiende el proceso histórico por el que los pueblos mediterráneos
integrados en el Estado romano adoptaron las formas de vida y la mentalidad de sus
conquistadores,
transformando su idioma, sus costumbres, su organización sociopolítica, su economía y su cultura.
Fue un proceso complejo, que afectó de un modo desigual a las diferentes regiones hispanas, ya
que la romanización fue más intensa y temprana en las costas mediterráneas donde se asentaban
los
íberos que habían tenido contactos previos con los colonizadores fenicios y griegos. Por el
contrario tuvo
menor repercusión entre los pueblos de la Meseta y del valle del Ebro, donde lusitanos y
celtíberos
opusieron una mayor resistencia a los conquistadores, siendo escasamente romanizados los
pueblos de
la franja cantábrica.
FACTORES DE LA ROMANIZACIÓN
1.- LA ADMINISTRACIÓN PROVINCIAL DE HISPANIA
La conquista y pacificación del territorio suponía la organización administrativa y la explotación
de las tierras sometidas a Roma, por lo que el amplio territorio hispano fue estructurado en
diferentes
provincias:
- En los inicios del siglo II a.C., durante el periodo republicano, los romanos organizaron sus
dominios
en la península ibérica en dos provincias: Hispania Citerior (valle del Ebro y costa levantina) con
capital
en Tarraco y la Hispania Ulterior (valle del Guadalquivir) con capital en Corduba.
- En tiempos del emperador Augusto (año 15 a. C.) dominando ya toda la Península, se
establecieron
tres provincias: manteniéndose la Citerior, llamada Tarraconensis, capital Tarraco (Tarragona); y
dividiéndose en dos la Ulterior: Ulterior Lusitania, capital Emerita Augusta (Mérida) y Ulterior
Baetica, capital Corduba (Córdoba). Mientras que las dos primeras eran provincias imperiales
(tenían
ejército y el emperador nombraba a los gobernadores), la Bética completamente pacificada era
una
provincia senatorial (el senado nombraba al gobernador).
- Esta división tripartita se amplía en época bajo imperial, y durante la reorganización de
Diocleciano
en el siglo III d. C. se conformarán cinco provincias que formaban la diócesis hispaniarum:
Tarraconense, Bética, Lusitania, Cartaginense y Gallaecia, a las que posteriormente se añadió la
provincia Baleárica y Mauritania Tingitana. Las provincias estaban compuestas por conventos
jurídicos
que eran circunscripciones (distritos) territoriales con una función judicial, en ocasiones militar e
incluso religiosa.
Las provincias eran gobernadas por asambleas provinciales (concilium) formadas por todos
representantes de las ciudades y pueblos. Al frente se hallaba un gobernador, del que dependían
una
serie de funcionarios encargados de las cuestiones administrativas, jurídicas, militares o fiscales
Roma impuso en sus provincias unas mismas estructuras económicas, basadas en la propiedad
privada de la tierra y la formación de latifundios, la utilización de mano de obra esclava, la ciudad
como
centro de producción y de intercambio de mercancías y el uso de la moneda.
2.- LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA LOCAL: LAS CIUDADES
Las ciudades se convirtieron en los centros administrativos, jurídicos, políticos y económicos de la
Hispania romana, y fueron la base de la romanización e incluso del sistema imperial.
La CIVITAS, la ciudad latina, estaba compuesta por un núcleo urbano principal y por el territorio
circundante que debía de abastecer a todos sus habitantes. Pero la ciudad era ante todo una
comunidad
de ciudadanos, la ciudadanía romana era un estatuto privilegiado que otorgaba derechos civiles
(propiedad y familia) y políticos (el voto).
Durante el dominio romano en Hispania se desarrollaron antiguos asentamientos (es el caso de
Tarragona (Tarraco), Ampurias (Emporiom), Carthago-Nova (Cartagena) o Cádiz (Gades), y se
crearon
nuevas ciudades como Mérida (Emerita Augusta), León (Legio) y Zaragoza (Cesaraugusta),
fundadas
por los soldados imperiales o por la administración romana. Por lo general eran más numerosas en
el
sur y el levante, siendo escasas en la Celtiberia y prácticamente inexistentes entre los pueblos del
norte.
Las ciudades hispanas fueron tras la conquista divididas en tres grupos en función de la
resistencia ante las tropas romanas:
- Ciudades federadas o aliadas: aquellas con las que Roma establecía una alianza, se respetaba su
autonomía y no pagaban impuestos
- Ciudades libres, con privilegios, autonomía y libres de impuestos
- Ciudades estipendarias, a este grupo pertenecían las mayoría de ciudades hispanas, debían de
pagar
impuestos extraordinarios, mantener tropas de ocupación, aunque conservaban sus instituciones.
En el siglo I a. C. estas diferencias desaparecieron y las ciudades hispanas se organizaron en:
Colonias y Municipios
- Colonia: ciudad fundada por el Estado romano para el establecimiento de colonos romanos o
soldados
licenciados quienes recibían una vivienda y tierras. Como ejemplo: Emérita Augusta y
Caesaraugusta.
- Municipio: eran ciudades indígenas romanizadas, así como algunos campamentos militares
estables
como León (Legio Séptima Gémina).
Posteriormente, a finales del siglo I d. C. se produjo una unificación de las ciudades y sus
habitantes cuando se concedió el derecho latino a todas las ciudades de Hispania y sobre todo
cuando en
el siglo III con el emperador Caracalla, se amplió el derecho de ciudadanía romana a todas las
personas
libres del Imperio.
Las ciudades eran gobernadas por un consejo de magistrados (curia) elegidos por una asamblea
entre los ciudadanos más adinerados de la oligarquía local (puesto que no cobraban por su
magistratura
sino que financiaban los gastos de la ciudad). Los cargos de máximo rango eran los duunviros (dos
varones) que ejercía el poder ejecutivo del municipio, a los que seguían los ediles encargados de la
seguridad pública y los cuestores que recaudaban los impuestos.
En las ciudades se instalaban los talleres artesanales y se realizaba el comercio. La actividad
artesanal conoció un gran desarrollo y parte de su producción se exportaba a Roma, existían
grandes
talleres en los que trabajaban esclavos y artesanos libres que se agrupaban en corporaciones de
oficios
(llamados collegia). Fue de especial interés la producción de armas en Tarragona, Calatayud y
Toledo,
tejidos de lino en Ampurias, paños finos en Játiva, salazones en la Bética y en Cartago-nova, etc.
Las ciudades se ajustaban al modelo urbanístico romano: eran de planta ortogonal (con calles que
se cruzan en ángulo recto), con dos grandes ejes viarios que se cruzaban perpendicularmente: el
cardo (
de norte a sur) y el decumano ( este a oeste), a partir de los cuales se trazaba el resto de la ciudad.
En el
centro se situaba el foro o gran plaza abierta que era el centro de la vida ciudadana alrededor del
cual se
localizaban los edificios públicos más importantes: la basílica, templos, curia, mercado. Las termas,
teatros y anfiteatros se edificaban fuera del centro. Estaban dotadas de infraestructuras para el
abastecimiento y evacuación de aguas.
Las ciudades estaban unidas por una excelente red de calzadas (carreteras) que las comunicaban
entre sí y con el resto del Imperio. Entre las calzadas más importantes destacan: la Vía Augusta,
que
desde Andalucía recorría todo el levante peninsular y atravesaba los Pirineos para llegar a Roma, y
la
Vía de la Plata, que unía Emerita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga). Destacando las
grandes obras de ingeniería pública, tanto puentes como acueductos.
3.- LA ESTRUCTURA SOCIAL
En los inicios de la romanización en Hispania había una minoría de colonos y comerciantes
romanos e itálicos que controlaban todas las actividades económicas, junto a ellos, un elevado
número
de indígenas hispanos (íberos, celtas…), cuyas élites imitaron rápidamente a los romanos.
Conforme
avanzó la romanización, la población tendió a unificarse convirtiéndose en el año 212 d. C
(emperador
Caracalla) todos los habitantes libres del Imperio en ciudadanos romanos.
En el siglo I a. C. la sociedad hispana se estructuraba según su situación jurídica en:
- Colonos romanos e itálicos, eran una minoría privilegiada y tenía plenos derechos políticos eran
hombres libre que se distinguían por su grado de riqueza.
- Las élites indígenas que imitaban a los romanos copiando sus modos de vida y su estructura
familiar
patriarcal.
- Los indígenas libres tenían derechos más restringidos y mantuvieron durante cierto tiempo sus
costumbres, lengua y creencias religiosas.
- En los últimos escalones sociales se encontraban los libertos o esclavos liberados que tenían
obligaciones hacia sus antiguos dueños o patronos y algunos tuvieron un importante papel político
e
incluso llegaron a enriquecerse. Y finalmente los esclavos que eran la base de la producción del
Imperio
romano, estaban privados de todo derecho, fueron muy abundantes en el periodo republicano
debido a
las guerras de conquista y desarrollaban sus trabajos en el ámbito agrícola, minero y artesanal.