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Saigo

Este documento resume la vida y rebelión final de Saigo Takamori, un samurái japonés que lideró la revuelta contra el shogunato en 1868 pero luego se opuso a la modernización y occidentalización rápida de Japón bajo el emperador Meiji. Frustrado por los cambios que amenazaban las tradiciones samuráis, Saigo encabezó una rebelión final en 1877 que fue aplastada, tras lo cual se suicidó.

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Este documento resume la vida y rebelión final de Saigo Takamori, un samurái japonés que lideró la revuelta contra el shogunato en 1868 pero luego se opuso a la modernización y occidentalización rápida de Japón bajo el emperador Meiji. Frustrado por los cambios que amenazaban las tradiciones samuráis, Saigo encabezó una rebelión final en 1877 que fue aplastada, tras lo cual se suicidó.

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Temas / Guerras

LA LEYENDA DE UN VENCIDO

el �ltimo samur�i
Austero, idealista y firme defensor de los valores tradicionales, en 1877 Saigo
Takamori encabez� una desesperada revuelta contra el nuevo Estado Meiji, al que
acusaba de traicionar los ideales del antiguo Jap�n en nombre del progreso.
Guerras
Servidor fiel. En 1858, tras la muerte de su se�or o 'daimyo', Saigo trat� de
suicidarse en se�al de fidelidad lanz�ndose al mar, tal como recrea este grabado.
Foto: Granger / Aurimages
Jos� Paz� Espinosa. Escritor y traductor de japon�s. Profesor de la Universidad
Aut�noma de Madrid.
Actualizado a 21 de julio de 2021 � 14:05 � Lectura:

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REGALO
�nete ahora
en 1853, cuando el comodoro Perry, al frente de una escuadra estadounidense, oblig�
a los japoneses a abrir sus fronteras y permitir el comercio con el resto del
mundo, comenz� en el pa�s nip�n una de las fases m�s agitadas y dram�ticas de su
larga historia. No s�lo se rompi� con 250 a�os de aislamiento, paz y enorme
prosperidad econ�mica, sino que se desencaden� una violenta lucha por el poder que
incluso se prolongar�a m�s all� del acceso al poder del emperador Meiji, en 1868.

CRONOLOG�A

el nuevo jap�n

1853

Una expedici�n naval al mando del comodoro Perry obliga a Jap�n a abrirse a las
relaciones con el resto del mundo.

1868

Saigo Takamori participa en la rebeli�n que derroca el shogunato y restaura el


poder de la dinast�a imperial.

1873

Saigo dimite de sus cargos en el gobierno en desacuerdo con la pol�tica


modernizadora del emperador Meiji.

1874-1876

Diversos clanes samur�is se rebelan contra la apertura y la occidentalizaci�n


crecientes de Jap�n.

1877
El ej�rcito imperial aplasta la �ltima y m�s sangrienta revuelta samur�i,
encabezada por Saigo, que se suicida.

En realidad, esas tensiones ven�an de antes. Desde 1600, Jap�n estaba regido por el
shogunato o bakufu, un r�gimen en el que un shogun o general�simo de la familia
Tokugawa ejerc�a todo el poder desde su residencia en Edo (Tokio) en nombre del
emperador, que viv�a casi olvidado de todos en su palacio de Kioto. La clave de la
estabilidad del r�gimen era mantener totalmente sometida a la nobleza feudal,
impidiendo cualquier rebeli�n o guerra civil. Un modo de lograrlo era obligar a los
grandes se�ores feudales, o daimyo, a residir en la corte del shogun.
Paralelamente, la antigua clase de guerreros samur�is debi� adaptarse a una vida en
la que no pod�a ejercer su funci�n de combate. Pese a su elevado rango social, al
final del per�odo Tokugawa muchas familias samur�is sufr�an una creciente
precariedad econ�mica.

UNA PAZ FR�GIL


Aunque durante m�s de dos siglos los shogun lograron mantener la paz, hubo zonas
donde el descontento estaba a flor de piel. En el oeste de la isla principal,
Honshu, y en las de Kyushu y Shikoku, los daimyo eran estrechamente vigilados y sus
vasallos samur�i se ve�an discriminados en el acceso a puestos de la administraci�n
central. Adem�s, los campesinos sufr�an una fuerte presi�n fiscal que amenazaba con
provocar revueltas. En este contexto, el incidente con el comodoro Perry sirvi�
para galvanizar la oposici�n al bakufu. Los daimyo occidentales y sus samur�is
reprochaban al shogunato su debilidad ante las presiones occidentales y tambi�n su
reticencia a lanzar una invasi�n de Corea, una empresa con la que muchos samur�is
so�aban revivir la antigua gloria guerrera de Jap�n. De este modo, una serie de
clanes se unieron bajo el lema Sonno joi, �reverenciar al emperador, expulsar a los
b�rbaros�. Ante la resistencia de los shogun a ceder un �pice de su poder, una
sucesi�n de conspiraciones y rebeliones condujo en 1868 a la ca�da del shogunato y
la restauraci�n del poder imperial.

�Kabuto� o casco samur�i del siglo XIX, hecho en hierro lacado.


Foto: Scala, Firenze
Uno de los art�fices de la revoluci�n de 1868 fue un personaje llamado Saigo
Takamori. Saigo pertenec�a a una familia samur�i venida a menos radicada en
Satsuma, uno de los dominios de la isla de Kyushu que se rebelaron contra el
bakufu. Cerca de un 40 por ciento de la poblaci�n de esta isla eran samur�is
descontentos por el ostracismo al que los somet�a el shogunato. Para subsistir
depend�an de los tributos de los campesinos, lo que alentaba a�n m�s el descontento
de estos �ltimos.

LA FORJA DE UN REBELDE
Educado en Kagoshima, en el extremo sur de la isla, Saigo demostr� desde peque�o
una personalidad que mezclaba inocencia y sinceridad con energ�a y control de s�
mismo. A esto se sumaba un cuerpo portentoso, cercano al de un luchador de sumo, y,
de forma legendaria, unos test�culos enormes. Saigo pronto encontr� el favor de su
se�or, Nariakira, quien le encomend� misiones de representaci�n ante el gobierno
del shogun. Le acompa�� Okubo Toshimichi, samur�i tambi�n de Satsuma, que hab�a
sido compa�ero de colegio y amigo de la ni�ez de Saigo.

El comodoro Matthew C. Perry en un grabado japon�s realizado hacia 1854.


Foto: Bridgeman / ACI
Sus maneras rudas, pero siempre sinceras, su desinter�s material y su entrega a
Jap�n le dieron notoriedad en la capital. Se sum� enseguida a la oposici�n de los
samur�is al shogunato, lo que le cost� un destierro de cinco a�os en una isla
remota por orden del nuevo se�or de Satsuma, deseoso de congraciarse con el
gobierno central. Tras ser perdonado, en 1864, a los 36 a�os, fue nombrado ministro
de la guerra de Satsuma. A partir de ese momento fue una figura clave en la
rebeli�n contra el shogunato. En 1868-1869 su ej�rcito de 4.000 samur�is derrot� a
los 20.000 del bakufu, lo que precipit� la toma del castillo de Edo y la ca�da del
shogunato.

Los samur�is vencedores decretaron de inmediato la reinstauraci�n del emperador


Meiji como jefe del Estado, pero eso no significaba que tuvieran intenci�n de
entregarle realmente el poder. Lo que deseaban era establecer un gobierno formado
por samur�is de todos los clanes y de la antigua nobleza. Los antiguos dominios
feudales ser�an sustituidos por prefecturas, pero al frente de �stas estar�an los
samur�is.

Bah�a de Kagoshima. La ciudad natal de Saigo Takamori se encuentra al suroeste de


la isla de Kyushu, en una bah�a frente al volc�n Sakurajima (en la imagen).
Foto: Franck Guiziou / Gtres
Sin embargo, no todos los samur�is ten�an la misma visi�n del futuro de Jap�n. Los
m�s conservadores, representados por Saigo Takamori, eran partidarios de una
modernizaci�n moderada que mantuviera lo esencial de las estructuras antiguas.
Exig�an limitar la presencia de occidentales �en particular, sus derechos de
propiedad en suelo japon�s� y defend�an que el aparato militar siguiera en manos de
la clase samur�i.

Frente a ellos estaba el grupo partidario de transformar Jap�n radicalmente, para


ponerlo a la altura de los pa�ses occidentales. Su programa contemplaba una
modernizaci�n e industrializaci�n r�pidas, instaurar un centralismo absoluto a
trav�s de una nueva clase de funcionarios estatales, crear un ej�rcito abierto a
todas las clases sociales y mantener contactos intensos con los pa�ses
occidentales. El representante de esta tendencia termin� siendo Okubo Toshimichi,
el amigo de la infancia de Saigo Takamori.

TRAICIONADOS POR EL GOBIERNO


Enseguida se vio que ser�a esa segunda tendencia la que se impondr�a en el
gobierno, aun a costa de las aspiraciones de los samur�is que hab�an protagonizado
la revuelta contra el shogunato. Desde 1869, el gobierno y la administraci�n
central (al igual que la de las provincias) se abrieron a todos los estamentos
sociales, y en 1872 se cre� un ej�rcito con tropas de todas las clases, incluida la
campesina, dirigido por nuevos militares no necesariamente pertenecientes a la
clase samur�i. Esta medida, que significaba desmontar un orden social que hab�a
existido durante siglos, agudiz� el descontento de los antiguos dominios del oeste.
Particularmente dolorosa fue la prohibici�n de usar en p�blico la katana, el
s�mbolo de autoridad externo m�s reconocible de los samur�is. En este contexto, los
samur�is insatisfechos empezaron a mirar a Saigo Takamori como su l�der natural.

�Katana� del siglo XIX. Este tipo de espada se convirti� en un s�mbolo samur�i.
Foto: Mus�e de l�Arm�e / RMN-Grand Palais
Inicialmente, Saigo hab�a evitado la confrontaci�n. Tras su victoria en Edo,
desalentado por el gobierno central y su nueva administraci�n, decidi� volver a su
ciudad, Kagoshima, y pas� all� tres a�os retirado. En 1871, Okubo, todav�a muy
cercano a Saigo, viaj� hasta Kagoshima para pedirle que se reincorporara al
gobierno central. Al final Saigo acept� y se convirti� en sangi, un ministro sin
cartera del gobierno. Y aunque en 1873 recibi� el t�tulo de mariscal de campo,
sigui� mostrando su desd�n por los bienes materiales y su desprecio por la nueva
clase pol�tica. Aunque muchos de sus miembros eran antiguos compa�eros suyos, Saigo
los consideraba poco m�s que bestias rapaces, hombres corruptos en todos los
sentidos.

La leyenda de Saigo se ciment� en esos a�os. Como persona, se le consideraba un


shimatsu ni komaru, un hombre de trato dif�cil al que no le preocupaban ni la vida
ni la fama ni el dinero (muchas veces olvidaba recoger su paga). Al servicio de su
pa�s y sus ideales, no quer�a depender de nada ni de nadie. Admiraba a quienes
trabajaban con las manos �los campesinos� y con el intelecto �los jefes samur�is�,
pero despreciaba a la nueva clase administradora y funcionaria y a los genro, los
consejeros �ulicos del emperador. Su lema era makoto gokoro, �coraz�n sincero�.
Como un sant�n budista, prefer�a una casita modesta y una comida frugal a los
fastos que rodeaban el palacio imperial y el gobierno. A la vez, clamaba en p�blico
contra �el tabern�culo de ladrones� que era el nuevo ejecutivo central, del que
parad�jicamente segu�a formando parte.

EL MOMENTO DE LA RUPTURA
En 1873 se produjo un punto de inflexi�n. Las relaciones entre Jap�n y Corea
empeoraron y los samur�is del oeste, con Saigo a la cabeza, pidieron que se
organizara una expedici�n militar contra aquel pa�s. Okubo, en el gobierno central,
fue el principal opositor a esta idea, ya que pensaba que Jap�n a�n no estaba
preparado para una confrontaci�n armada. Por su parte, Saigo opinaba lo contrario,
y cuando se confirm� que la campa�a contra Corea se anulaba renunci� a todos sus
cargos p�blicos y se retir� de nuevo a su Kagoshima natal. Esta vez lo hizo
indignado, declarando al emperador que nunca m�s volver�a a aceptar ning�n cargo
p�blico.

Un emperador de estilo occidental. En este grabado, el emperador Meiji viste un


uniforme militar de estilo occidental, s�mbolo de la apertura de Jap�n al exterior.
Foto: Bridgeman / ACI
En Kagoshima, Saigo fund� academias en las que formaba a ni�os y j�venes en
t�cnicas agr�colas y en los principios de la vida samur�i. Tambi�n us� sus
contactos para obtener armas modernas brit�nicas. En un momento de 1873, el
gobierno central, alarmado por su conducta, hizo una gesti�n a trav�s del pr�ncipe
Sanjo, ideol�gicamente cercano a Saigo, para pedirle que se reincorporara de nuevo
al gobierno Meiji. Al o�r la petici�n del enviado, Saigo exclam� en voz alta, como
si el pr�ncipe estuviera presente: ��Pero t� eres tonto o qu�, pr�ncipe Sanjo!�. El
mensajero le respondi� que no pod�a dar esa respuesta, pero Saigo insisti�.

REBELIONES DESESPERADAS
Los samur�is se lanzaron a la rebeli�n armada contra la administraci�n del nuevo
emperador. En 1874, en Saga, en la misma isla de Kyushu, se alzaron contra el
gobierno por su d�bil actitud ante Corea, que hab�a prohibido el comercio con
Jap�n, lo que ahogaba el comercio mar�timo del oeste del archipi�lago. La rebeli�n
fue aplastada por el nuevo ej�rcito imperial. Okubo orden� la decapitaci�n del
l�der de la rebeli�n, Eto Shimpei, un joven seguidor de Saigo, y la exposici�n
p�blica de su cabeza en un pilar, la mayor afrenta que pod�a hacerse a un samur�i.

Ataque fracasado. El castillo de Kumamoto era una de las fortalezas m�s poderosas
de Jap�n. En la primavera de 1877, Saigo trat� de tomarlo, pero los defensores
resistieron y la llegada de tropas gubernamentales oblig� a los rebeldes a
retirarse. Este fracaso debilitar�a decisivamente la insurrecci�n liderada por
Saigo.
Foto: Shutterstock
Dos a�os m�s tarde, en octubre de 1876, un grupo de doscientos samur�is,
encolerizados por la pol�tica occidentalista del gobierno �que entre otras cosas
permit�a la divulgaci�n de ideas extranjeras a costa del credo sinto�sta nativo�,
cre� un grupo llamado Shinpuren, la Liga del Viento Divino o Liga de los Kamikaze.
Sus miembros atacaron la fortaleza de Kumamoto, pero fueron vencidos r�pidamente
por unos dos mil soldados imperiales y todos los supervivientes pusieron fin a su
existencia mediante el ritual del seppuku, abri�ndose el est�mago con la espada.
Casi simult�neamente tuvieron lugar otras dos rebeliones: una en Fukuoka, al norte
de Kyushu, y otra en el ind�mito dominio de Choshu, en la ciudad de Hagi. Ambas
fueron sofocadas y sus l�deres, antiguos oficiales que hab�an apoyado el fin del
shogunato, fueron ejecutados mientras muchos de sus seguidores cometieron seppuku.

LA BATALLA DE SHIROYAMA
El gobierno central, mientras tanto, observaba con prevenci�n a Saigo y los
acontecimientos en el sur de Kyushu. En previsi�n de acciones violentas, comenz� a
acumular armas y explosivos en la zona. Saigo observ� estos movimientos sin
decidirse a actuar hasta que una escaramuza de sus seguidores contra uno de
aquellos polvorines desencaden� el drama. Saigo comprendi� que hab�a llegado el
momento de intervenir y puso en marcha la rebeli�n m�s larga, sangrienta y f�til
contra el nuevo gobierno imperial. Con un ej�rcito de unos 20.000 hombres,
constituido sobre todo por samur�is de su dominio o de otros que viajaron a Kyushu
a unirse a la revuelta, as� como ronin (samur�is sin amo), se enfrent� desde el 17
de febrero hasta el 24 de septiembre de 1877 con un ej�rcito imperial de unos
60.000 soldados recientemente formados, pero mucho mejor armados. Estaban, adem�s,
dirigidos por Okubo.

Sociedad rural. Antes de la era Meiji, la sociedad japonesa ten�a un car�cter muy
jerarquizado y estamental. En la imagen, campesinos durante la cosecha, hacia 1880.
Foto: Mathieu Ravaux / RMN-Grand Palais
Tras una serie de batallas de resultado desigual, con sus fuerzas ya muy mermadas,
Saigo se refugi� en la colina de Shiroyama, cerca de Kagoshima, su ciudad natal. La
madrugada del 24 de septiembre sufri� all� el asedio del ej�rcito imperial. Con
muchos menos efectivos, las fuerzas rebeldes resistieron, pero Saigo fue herido en
la ingle y muri� poco despu�s, se cree que tras cometer seppuku. Su segundo, Beppu,
le cort� la cabeza, la escondi� e instantes despu�s, con los a�n supervivientes,
inici� una carga desesperada contra el ej�rcito imperial que los esperaba en
formaci�n y que descarg� sobre ellos una lluvia de balas. Las tropas imperiales
encontraron la cabeza y la llevaron a Tokio como prueba de la muerte del cabecilla
rebelde.

LA NOBLEZA DE LA DERROTA
As� acab� la resistencia al nuevo gobierno imperial, protagonizada precisamente por
quien hab�a puesto ese gobierno en el poder. Pero tambi�n entonces empez� a crecer
la leyenda de Saigo Takamori. El pueblo le adjudicaba poderes sobrenaturales, y
muchos estaban convencidos de que no hab�a muerto, sino que segu�a vivo, escondido
en alg�n lugar de Rusia. Otros rezaban por su vuelta.

Triunfo imperial. Los soldados del ej�rcito imperial presentan las cabezas de Saigo
y otros l�deres rebeldes a las autoridades militares japonesas.
Foto: Alamy / ACI
El tr�gico final de Saigo concordaba con el amor nip�n por lo que el historiador
Ivan Morris llam� �la nobleza del fracaso�. Nada hay m�s japon�s que la ciega
entrega a unos valores que se saben derrotados de antemano. En realidad, la
consolidaci�n del r�gimen imperial se vio propiciada por la lucha entre dos
samur�is que fueron amigos, casi hermanos en alg�n momento, y al final se
convirtieron en enemigos mortales, enfrentados tanto por su visi�n de Jap�n como
por sus respectivas personalidades: por un lado, Okubo Toshimichi, pragm�tico, fr�o
y cerebral; y por otro, Saigo Takamori, emotivo, sincero y atento a las ra�ces. La
derrota de Saigo, heroica y bella, dio a entender a los opositores del nuevo
r�gimen que la rebeli�n era imposible y que las artes del samur�i resultaban
ineficaces contra el armamento moderno. Con ello se cerr� el camino de la rebeli�n.
Sin embargo, a pesar de su derrota, o quiz� por ella misma, todav�a resuenan en los
corazones de los japoneses las acciones y las palabras de Takamori, como estas
l�neas de un poema suyo: �No me preocupa el fr�o del invierno, / lo que me llena de
temor es el fr�o del coraz�n humano��.

---

EL FIN DEL JAP�N FEUDAL


Antes de 1868, los shogun de la dinast�a Tokugawa gobernaban Jap�n desde Edo, la
moderna Tokio, mientras que el emperador, sin poder real, viv�a en Heian-kyo, la
actual Kioto. Los shogun administraban directamente una cuarta parte del
territorio, sobre todo tierras productoras de grano. El resto conformaba unos 200
grandes dominios o daimiatos(daimyo), regidos de forma aut�noma por se�ores ligados
con los shogun por un juramento de fidelidad. Estos se�or�os eran de tres tipos,
seg�n los gobernaran parientes de los Tokugawa (shimpan), vasallos hereditarios
(fudai) o se�ores ajenos (tozama), descendientes de los nobles derrotados por los
Tokugawa en la batalla de Sekigahara, en 1600. Los feudos tozama, muy extensos, se
concentraban en las �reas perif�ricas al oeste y al norte del archipi�lago. Entre
ellos estaban los daimiatos de Tosa, Choshu y Satsuma, que en 1866 se coaligaron
para derribar el shogunato.

---

Saigo Takamori en una foto vestido con un kimono.


Foto: Bridgeman / ACI
UN SAMUR�I DE SENCILLEZ LEGENDARIA
Saigo Takamori era un hombre de enorme corpulencia, car�cter llano, sincero e
impulsivo. De gustos simples y espartanos, repudiaba el alboroto y la formalidad.
Le gustaban la caza y los paseos por el campo con su perro. Su trato con los
inferiores era de absoluta llaneza. Un colaborador escribi� de �l: �Rezuma una
inocencia y una sencillez casi infantiles�. Un d�a, saliendo de palacio en medio de
un aguacero, decidi� quitarse los zuecos y caminar descalzo. Un vigilante que no lo
conoc�a, al ver a semejante personaje andando descalzo por el recinto de palacio,
pens� que era un intruso y lo retuvo hasta que un ministro que pasaba por
casualidad le dijo que era un mariscal de campo y consejero de Estado.

---

Samur�is de una embajada del dominio Satsuma fotografiados el a�o 1863.


Foto: Bridgeman / ACI
ADAPTARSE PARA SOBREVIVIR
Los samur�is fueron las primeras v�ctimas de la reforma social impulsada por el
nuevo r�gimen Meiji. La abolici�n de los grandes dominios feudales, o daimyo, los
dej� sin los se�ores que los manten�an, sin m�s compensaci�n que un peque�o sueldo
del gobierno. Perdieron tambi�n privilegios simb�licos como el porte de espada, su
peinado caracter�stico o la pleites�a que deb�an rendirles los dem�s ciudadanos.
Obligados a buscarse el sustento, muchos entraron en el ej�rcito o en la polic�a.
Otros aprovecharon su formaci�n para hacerse profesores, abogados y periodistas.
Pero tambi�n los hubo que acabaron como comerciantes, artesanos o campesinos.

---

Okubo Toshimichi vestido a la manera occidental. �leo por Ando Nakataro.


Foto: Alamy / ACI
CAMINOS DIVERGENTES
Okubo Toshimichi, amigo de la infancia de Saigo Takamori, acab� siendo su enemigo
ac�rrimo. Los dos eran samur�is del dominio de Satsuma, y ambos, junto con Katsura
Kogoro, del dominio de Choshu, forjaron en 1866 la alianza Satcho para derrocar al
gobierno de los shogunes. Una vez en el poder, Okubo comprendi� que para adaptarse
a los nuevos tiempos hab�a que sacrificar los ideales del pasado. Fr�o y
calculador, vestido siempre a la moda occidental, aplic� desde el gobierno un
radical programa modernizador y no dud� en aplastar la revuelta de su antiguo amigo
Saigo. Apenas seis meses despu�s, un comando de exsamur�is, para vengar a Saigo,
asalt� a Okubo cuando iba en su carruaje y lo asesin�.

---

La batalla de Shiroyama recreada en varias escenas por Yamazaki Toshinobu, a


finales del siglo XIX.
Foto: Bridgeman / ACI
LA BATALLA DE SHIROYAMA
Los sucesivos choques con las tropas gubernamentales durante la revuelta de Satsuma
redujeron las fuerzas de Saigo a unos 500 hombres que lograron refugiarse en una
cueva en la colina de Shiroyama, cerca de Kagoshima. All� los cerc� un ej�rcito
imperial de 30.000 hombres. Sabiendo que no hab�a escapatoria, y tras rechazar la
oferta de rendici�n que le hizo el general Yamagata, Saigo decidi� que todos
morir�an combatiendo. El 24 de septiembre, a las 4 de la ma�ana, las tropas
imperiales iniciaron el ataque descargando un intenso fuego de artiller�a sobre los
hombres de Saigo. �stos, lejos de amedrentarse, recurrieron al combate hombre a
hombre, usando sus espadas, para el que estaban mucho mejor preparados.
Inicialmente, los soldados imperiales se retiraron, pero poco despu�s se redobl� el
fuego de artiller�a para proteger su avance. Una bala perdida hiri� de muerte a
Saigo, que decidi� quitarse la vida practicando seppuku asistido por su
lugarteniente, Beppu Shinsuke, encargado de decapitarlo y enterrar su cabeza. Los
samur�is rebeldes se lanzaron en una carga suicida colina abajo y fueron
aniquilados por el fuego imperial. Cuando se hall� la cabeza de Saigo, el general
Yamagata se inclin� ante ella en demostraci�n de respeto y murmur�: ��Ay! �Qu�
mirada tan dulce se refleja en tu rostro!�. Los soldados imperiales no pudieron
contener las l�grimas.

para saber m�s

Ensayo

La nobleza del fracaso

Ivan Morris.

Alianza Editorial, Madrid, 2010.

Ensayo

Los samur�is. Historia y leyenda de una casta guerrera

Jonathan Clements.

Cr�tica, Barcelona, 2010.

Ensayo

Historia de los samur�is

Jonathan L�pez-Vera.

Satori, Gij�n, 2016.

Este art�culo pertenece al n�mero 212 de la revista Historia National Geographic.

para saber m�s

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