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La Trágica Vida de La Qoya Cura Ocllo

Cura Ocllo fue la última reina Inca y tuvo que soportar una vida trágica llena de sufrimiento. Fue esposa de Manco Inca y lo apoyó en su rebelión contra los españoles, pero fue capturada y brutalmente torturada hasta la muerte por orden de Gonzalo Pizarro. A pesar del terrible tormento, no emitió ningún quejido, demostrando un gran coraje y valentía. Su muerte llevó a Manco Inca a retirarse devastado de la rebelión. Cura Ocllo es recordada
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La Trágica Vida de La Qoya Cura Ocllo

Cura Ocllo fue la última reina Inca y tuvo que soportar una vida trágica llena de sufrimiento. Fue esposa de Manco Inca y lo apoyó en su rebelión contra los españoles, pero fue capturada y brutalmente torturada hasta la muerte por orden de Gonzalo Pizarro. A pesar del terrible tormento, no emitió ningún quejido, demostrando un gran coraje y valentía. Su muerte llevó a Manco Inca a retirarse devastado de la rebelión. Cura Ocllo es recordada
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LA TRÁGICA VIDA DE LA QOYA CURA OCLLO - La última reina Inca.

La Historia peruana esta llena de mujeres indígenas líderes, estoicas, valientes y guerreras que
datan de tiempos de los Incas como Mama Huaco, Chañan Curi Coca o Mama Runtu.
Paradójicamente estas figuras han quedado olvidadas en nuestra Historia, pues no se
mencionan en los colegios ni en los libros escolares.

Hoy rescatare la Historia de Cura Ocllo, como ejemplo de firmeza hasta en los momentos más
trágicos de su vida.

Debo decir que desde su infancia, tuvo que vivir la cruenta guerra civil fratricida, donde
prácticamente fue aniquilada la panaca del Inca Huáscar. Uno de los sobrevivientes, Manco
Inca, fue nombrado Inca por los españoles tomando como esposa a su hermana Cura Ocllo
según la tradición incaica.

Al inicio vieron a los españoles como salvadores, wiracochas que llegaron del mar para acabar
con tan terrible guerra y vengar los crímenes de Atahualpa contra su panaca, por ello los
ayudaron en todo lo que pedían, incluso entregándoles el sagrado oro del Coricancha.

Esto cambió cuando Gonzalo Pizarro quiso tomar a Cura Ocllo para él mismo. Manco Inca trató
de convencerlo de tomar otras esposas, le ofreció incontables indígenas, las más bellas de Los
Andes, pero Gonzalo Pizarro estaba empecinado con Cura Ocllo. Se dice que incluso Manco
Inca llegó a buscar a la indígena más parecida a su esposa y vestirla igual a ella, entregándosela
a Gonzalo Pizarro aprovechando que el efecto de la embriaguez cubra el engaño. No fue así y
al darse cuenta de la treta, Gonzalo Pizarro mandó a encerrar a Manco Inca y tomar a Cura
Ocllo a la fuerza.

Este fue el detonante para iniciar la sublevación de Manco Inca, el quiebre de la alianza con los
españoles y la rebelión más grande hasta entonces para expulsarlos del territorio. Se podría
decir que Cura Ocllo fue la Helena de Troya de este lado del planeta al detonar su secuestro
tan terrible guerra. La Historia nos enseña que te puedes meter con el oro sagrado, pero no
con la esposa.

En todo momento, Cura Ocllo apoyó a Manco Inca en su sublevación, por eso fue un duro
golpe al Inca cuando ella cayó prisionera de los Pizarro. Gonzalo Pizarro, aún resentido por su
rechazo, ordenó a todos sus hombres violarla, pero ella se resistió usando la fuerza como
colocándose sustancias apestosas que provoque nauseas en los hombres que querían
acercársele.

Conociendo su importancia para el Inca, la usaron para forzar su rendición. Si no se rendía,


sería torturada y asesinada. Manco Inca se mantuvo firme en su rebelión por lo que Cura Ocllo
fue entregada a los cañaris, que aún tenían la sangre en el ojo por los abusos que Atahualpa
cometió contra ellos, para que se desquiten con Cura Ocllo.

Ellos la desnudaron, la amarraron a un palo y la golpearon. Los españoles miraban atónitos


como la coya del Inca no emitía siquiera un quejido ante la brutal golpiza. Por lo que los cañaris
cargaron sus arcos y la usaron como blanco para disparar sus flechas.

Los aguerridos españoles, a pesar de estar acostumbrados a la guerra y la muerte, observaban


consternados como Cura Ocllo resistía en silencio cada uno de los flechazos. Pedro Pizarro
llegó a escribir en su crónica: "¡Uno no puede sino admirar a una mujer que no se queja ni
habla ni emite un solo gemido de dolor de las heridas mientras muere!".
Finalmente, sus últimas palabras fueron retadoras ante sus agresores cañaris gritándoles de
forma desafiante: "¿Sacan su ira con una mujer?... Dense prisa y acaben conmigo y así podrán
satisfacer todos sus deseos".

No contentos con la tortura, una vez muerta colocaron su cuerpo en una canasta y lo enviaron
flotando en el río Vilcanota para ser encontrado por los hombres de Manco Inca. Pocos días
más tarde, Manco Inca recibió el cadáver destrozado y quedó "abatido y desconsolado por la
muerte de su esposa. Lloró y agonizó por ella, pues la amaba mucho y regresó [con su cuerpo]
retirándose a Vilcabamba".

Hoy en dia, podemos encontrar una estatua en Ollantaytambo, en el lugar de su muerte, como
único recuerdo de una de las mujeres más fuertes y valientes del Incanato, la última reina Inca
a la que lamentablemente la Historia peruana ha decidido olvidar. Sin embargo, nosotros no
queremos olvidar esos casos de mujeres en nuestra Historia que, lejos del victimismo que se
exalta en la época actual, fueron grandes reinas, líderes y gobernantes.

Como hoy en estos tiempos hay grandes mujeres indígenas que defiende al Perú de muchas
injusticias que se dan.

La mujer debe ser siempre guerrera aguerrida a sus principios y sus valores y gran luchadora
social por sus pueblos indígenas y sus raíces.

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