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Águeda Monasterio: Heroína de Chile

Este documento analiza el papel de las mujeres en la independencia de Chile, que fue silenciado por la historia oficial. Aunque se les asignó un rol activo limitado a actividades "propias de su sexo", muchas mujeres desempeñaron un papel político clave, como en el espionaje para San Martín. Figuras como Águeda Monasterio fueron torturadas por sus actividades independentistas. El documento argumenta que las mujeres influyeron en el debate público a través de sus redes sociales y fueron temidas por su capacidad de difundir información
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Águeda Monasterio: Heroína de Chile

Este documento analiza el papel de las mujeres en la independencia de Chile, que fue silenciado por la historia oficial. Aunque se les asignó un rol activo limitado a actividades "propias de su sexo", muchas mujeres desempeñaron un papel político clave, como en el espionaje para San Martín. Figuras como Águeda Monasterio fueron torturadas por sus actividades independentistas. El documento argumenta que las mujeres influyeron en el debate público a través de sus redes sociales y fueron temidas por su capacidad de difundir información
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ÁGUEDA MONASTERIO

CIUDADANA BENEMÉRITA DE LA PATRIA

Por Antonio Correa

Resumen:
Águeda Monasterio, no pertenecía a la oligarquía criolla sino a una familia ligada al trabajo, el
comercio y las armas. Fue anfitriona del salón de tertulias políticas más revolucionario de la
independencia. Ahí no iban los patricios criollos, sino hombres que vivían de su trabajo, serios,
democráticos y abiertamente republicanos. Durante la Reconquista sirvió como espía de San
Martín en Chile. Fue descubierta y fuertemente torturada con golpes, hambre, simulacro de
ejecución y simulacro de mutilación de la mano de su hija. Nunca dijo nada. Murió 6 días antes de
la Batalla de Chacabuco.

MUJERES EN LA INDEPENDENCIA DE CHILE

Politización de las mujeres e influjo en el debate público y la opinión política


A diferencia de la mayoría de los países de América Latina la construcción histórica de la
independencia de Chile no otorgó protagonismo a las mujeres. La visión androcéntrica de los
principales historiadores del periodo redujo su figura al arquetipo femenino de la época (madre
abnegada, digna esposa, bella y dulce dama), eclipsando su trabajo político y el papel clave que
jugaron algunas de ellas en la red de espionaje de San Martín en Chile durante la Reconquista
española.
Se ha narrado el rol de la mujer en la independencia desde el padecimiento, la viuda, la madre de
un soldado muerto en batalla. Durante la independencia el rol de la mujer pasa a ser activo pero
siempre como la doliente, la suplicante, modelo de virtud femenino, esposa fiel, madre abnegada.
Uno de los temas usualmente silenciados por la historia oficial es el protagonismo que tuvieron
muchas mujeres en el proceso independentista chileno. Casi las mismas líneas dedicadas a la
virtud patriótica de mujeres de la aristocracia criolla como Javiera Carrera o Paula Jaraquemada se
repiten con pocos cambios cada año en los textos escolares.

1
La historia oficial despojó a las mujeres de todo lo que olería a política, liderazgo, inteligencia,
dotes militares, etc., todos los atributos que se consideraron propios de los hombres. Solo así
podemos entender como Doña Javiera Carrera, mujer de enorme talento político e intelectual,
pasara a la historia solo por ser la hermana de ilustres patriotas, por bordar la primera bandera
nacional y por protagonizar una popular canción.

Durante el proceso independentista las mujeres fueron convocadas por las autoridades a
colaborar con la causa patriota, asignándoles un rol activo pero restringido a las actividades
tenidas como propias de su sexo. La contribución económica y material fue considerada por las
autoridades como más apropiada a su sexo. 1 Sin embargo, su participación en la gesta
emancipatoria excedió con creces la mera contribución material.

La bibliografía decimonónica destacó el valor de las mujeres en la independencia de Chile


resaltando virtudes propios del bello sexo. Supieron apoyar a sus esposa y mostrar en algunas
ocasiones actitudes viriles. Los nuevos trabajos que se han realizado en las últimas décadas
encasillan a las mujeres en la categoría de desamparadas de la guerra. Es en esta de indefección
cuando mostraron fuerza excepcional en defensa de su familia y patrimonio. Esto último puede
deberse a de fuentes utilizadas a la fecha. Abundan las peticiones ante la autoridad en defensa de
sus esposos y son muy escasos los documentos que dan cuenta del trabajo político y su papel
clave en el espionaje que posibilitó la victoria del Ejército Libertador de Los Andes.

La bibliografía reciente sobre la participación femenina en la independencia de Chile coincide en


que durante el proceso emancipatorio las mujeres dejaron su habitual enclaustramiento en el
ámbito íntimo para incursionar en la esfera pública, espacio clásicamente masculino, desplegando
un conjunto de capacidades que, en condiciones de normalidad, la imagen que de sí mismas han
internalizado desde la niñez las lleva a inhibir. 2

Contenidas dentro del espacio doméstico y bajo el gobierno masculino, pareciera indudable que el
modelo femenino deseable en una sociedad tan fuertemente jerarquizada como la de Chile a
comienzos del siglo XIX corresponde a aquella mujer que muestra recogimiento, recato y
discreción frente a su entorno familiar y social. 3 El modelo contrario, la mujer libre de la sujeción
masculina es vista como una amenaza para un orden social sustentado sobre los vínculos
jerárquicos de la familia, en donde, incluso la devoción religiosa podía presentar una amenaza al

1
Patricia Eugenia Peña González, Las célebres y las otras. Modelo, presencia y protagonismo femeninos, en
el proceso independentista chileno, tesis para optar al grado de Magíster en Historia con mención en Historía
de América, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades, Departamento de Ciencias
Históricas, Santiago, 2004, p. 117.
2
Patricia Peña González: “… Y las mujeres ¿dónde estuvieron? Mujeres en el proceso independentista
chileno”, Anuario de postgrado, Nº 2, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, Santiago,
1997, p.253. Trabajos más recientes también han conceptualizado el problema como la imbricación de las
esferas pública y privada en un periodo de crisis. Sobre este punto ver: Patricia Peña González: Las célebres y
las otras. Modelo, presencia y protagonismo femeninos en el proceso independentista chileno, tesis para optar
al grado de magíster en Historia con mención en Historia de América, Universidad de Chile, Santiago, 2004;
Tania Mella Lizana: Las mujeres en la independencia de Chile: acciones y contribuciones, tesis para optar al
grado de licenciado en Historia, Universidad de Chile, Santiago, 2004.
3
Cecilia Salinas Álvarez: Las chilenas de la colonia. Virtud sumisa, amor rebelde, LOM Ediciones, Santiago,
1994, p.92.

2
dominio del marido, en tanto desviaba a las mujeres de sus deberes familiares. Tras este discurso
masculino se encuentra la idea que la mujer no tenía la capacidad moral para cuidar de sí misma ni
de sus hijos. 4

Con la llegada de la independencia a Chile la política irrumpió en la vida cotidiana de muchas


mujeres. Aunque el proyecto republicano no contemplaba su ciudadanía política y siguió
excluyéndola de la conducción de los asuntos públicos, la politización femenina que trajo consigo
la revolución en Chile, la influencia que las mujeres ejercieron en el debate público, así como el
recelo que mostraron las autoridades por las opiniones insumisas de las rebeldes, nos sugiere que
durante el proceso emancipatorio no pocas chilenas demostraron poseer una fuerte convicción
política que repercutiría en la revolución, hecho que muchas veces le ha sido negada por la
historia oficial. El que las mujeres no hayan ocupado cargos públicos durante la independencia no
significa que no hayan ejercido una enorme influencia en la sociedad y que en ocasiones, desde las
sombras, arbitraran el juego político. 5
El miedo mostrado por las autoridades a la oposición política femenina -patriota o monarquista-,
evidencia el poder del influjo de las mujeres y hasta qué punto podía transformase en un peligro.
El Monitor Araucano reconocía la dificultad de atacar “el gran poder del bello sexo” y advertía
cuan peligroso podía ser dejar que “su falta de concurso en los negocios públicos las haga creer sin
influencias”, puesto que, “el influjo no está reservado a los que sufragan en las asambleas del
pueblo, o se acercan al Gobierno.” 6
Las mujeres utilizaron sus tradicionales espacios y redes sociales para dejar sentir su influencia
política, desplegando estrategias propias para contribuir con la causa que apoyaban, fuera esta
patriota o realista. Eran temidas por ser articuladoras de influencias e informaciones, así como del
murmullo sordo y continuado del rumor. 7
Las autoridades realistas, asimismo, vislumbraron tempranamente la importancia del poder
femenino en sus familias y en la sociedad como conjunto. De este modo, el bando monárquico
también se dirigió a ellas, pues reconocía cuan grande era el imperio de su influjo.
“Graciosas Chilenas, añadid la docilidad y la dulzura a los demás atractivos que os hacen tan
apreciables. No se diga que la seducción las hallo fáciles y el desengaño tenaces. No tenga mas
poder y más influencia en vuestro corazón, la inconsideración, la rapacidad, la desenvoltura que el
honor, el juicio y la prudencia. Devoto llama la iglesia a vuestro sexo, no la desmintáis dando a
entender que aprobáis, las rapiñas, los sacrilegios, la descarada irreligión, si defendéis
apasionadamente a sus autores. No ensucies vuestros bellos corales investigando con fiereza
contra los amadores de la paz y de vuestros verdaderos intereses. Cesen del todo las tertulias

4
María Francisca Rengifo Streeter: Un recurso de protección femenina: el divorcio eclesiástico en Santiago
de Chile, 1850-1890, tesis para optar al grado de doctor en Historia, Instituto de Historia, Pontificia
Universidad Católica de Chile, Santiago, p.191.
5
Sol Serrano y Antonio Correa, “De patriota o sarracena a madre republicana”, en Tiempos de América.
Revista de historia, cultura y territorio, n°17, 2010, Centro de Investigaciones de América Latina (CIAL),
Universitat Jaume I, Sevilla, España, pp. 119-129, p.121.
6
El Monitor Araucano, tomo I, Nº 58, 21 de agosto de 1813.
7
Sol Serrano y Antonio Correa, “De patriota o sarracena a madre republicana”, en Tiempos de América.
Revista de historia, cultura y territorio, n°17, 2010, Centro de Investigaciones de América Latina (CIAL),
Universitat Jaume I, Sevilla, España, pp. 119-129, p.123.
3
mordaces, lassediciosascanciones que pueden seros muy nocivas. Dulces sirenas, encantada
vuestros libertadores, cantando sus lores, pregonando sus hazañas, ensalzando su valor y sus
virtudes. Mucho podéis influir en la común tranquilidad: emplead pues toda la fuerza y el arte que
concedió la naturaleza a vuestro sexo en procurarla: lo lograréis probablemente y Chile os
confesará deudor de una gran parte de sus bienes”. 8
En La Gaceta de Santiago de Chile de 1817, nuevamente puede verse la preocupación del gobierno
ante la incontrolable rebeldía femenina.
“Ya no pueden escucharse con indiferencia las repetidas declamaciones contra la osadía de
algunas mujeres que se declaran enemigas de la libertad de la patria. Lisonjeadas de las
consideraciones que la educación y el hábito de respeto tienen consagradas a su sexo, se juzgan
defendidas por un privilegio de absoluta impunidadpara verter la opinión que aprendieron del
hombre que las halagaba, del perverso confesor que se las enseñó como un dogma, o del realista
que las sostiene [...] No pueden ser muchas las reducidas por el amor: porque son muy pocas las
que lo merezcan. Ya se ha dicho otras veces que las anti-patriotas en lo general son feas, o viejas,
o rudas y no hay pasión tan extravagante que se dedique a semejantes objetos. Si existe alguna
que reúna las gracias del talento a la juventud y la hermosura, ella adoptará muy breve nuestro
sistema, siempre que trate con los que profesan y se lo hagan entender.
[...] La desgracia es, que las mas veces [muchas veces] un acaloramiento del corazón se hace
superior a la filosofía y al interés público y el temor a disgustar a la señora enmudece acaso a los
más bravos y resueltos defensores de la independencia”. 9

ÁGUEDA MONASTERIO
Ciudadana benemérita de la patria
Una de las espías chilenas más recordadas de la independencia chilena fue Águeda Monasterio, a
quién don Juan Egaña llamó “monumento de la crueldad de Marcó” y de quien Vicente Grez dice:
“Se asegura que su conversación embelesaba; expresiva, elocuente, llena de imágenes,
comunicaba a los que la escuchaban el fuego de su alma”. 10 Vivió en la casa 40 de la calle Merced,
en el popular barrio de la Chimba, hasta el día de su muerte.
Águeda Monasterio nació en Chile el año 1777 en una familia distinguida y conocida en el reino de
Chile pero sin gran fortuna. Su padre, Ignacio Monasterio, era mercader en una época en que el
monopolio del tráfico comercial que España mantenía con sus reinos en América le dificultaba
prosperar. El padre de Águeda fue uno de los primeros criollos en abrazar la idea de un Chile
independiente. A los catorce años de edad se casó con Jean Lattapiat, soldado de la Armada
francesa que destacó en la defensa del puerto de Buenos Aires de la invasión inglesa. Tras esto se
unió a la causa americana.

8
Gaceta del Supremo gobierno de Chile Viva El Rey. N º 2. jueves 24 de noviembre de 1814. Imprenta
Cultura. Santiago. 1952.
9
Gaceta de Santiago de Chile. Nº 7. sábado 2 de agosto de 1817. Imprenta Universitaria. Santiago. 1951.
10
Vicente Grez, p.39.
4
El 1 de abril de 1811, cinco días después de la muerte del presidente de la Junta de Gobierno
Mateo Toro y Zambrano, estalló en Santiago un motín liderado por el teniente coronel Tomás
Figueroa al mando de trescientos hombres compuestos de algunos veteranos de Concepción y de
Dragones de Santiago, que al grito de viva el Rey, muera la Junta, tomaron la plaza de la capital
para impedir la elección de diputados al nuevo Congreso Nacional y reestablecer el antiguo
gobierno.
Al llegar las tropas leales a la Junta, la Plaza de Armas de Santiago se transformó en un campo de
batalla. Cuando el intercambio de disparos comenzaba a sembrar heridos y muertos, Águeda
Monasterio, que llegó corriendo desde su casa en la calle Merced, impresionó al pueblo de
Santiago con una exhibición pública de su valentía al atravesar la línea de fuego para rescatar a su
hijo que había caído herido en la calle luchando fielmente al lado de las fuerzas patriotas. El
enfrentamiento no duró mucho, un disparo de cañón de las tropas gobiernistas puso fin al
connato.
Cómo muchas mujeres, Agueda se hizo presente en la escena pública como anfitriona en su salón
de tertulias políticas. Fue en estos salones donde se gestó la revolución y se discutió su curso.
Según el historiador decimonónico Vicente Grez, las mujeres eran el alma de estas reuniones
ejerciendo, incluso, influencia política en la marcha de los acontecimientos. 11 Javiera Carrera, Luisa
Recabarren y Águeda Monasterio son tal vez las más importantes anfitrionas de los únicos lugares
de sociabilidad política ciudadana, tomando en cuenta el temprano cierre del primer Congreso
Nacional.
En la primera etapa del proceso independentista chileno, durante el periodo conocido como Patria
Vieja (1810-1814), el salón de los Carrera -“mitad club y mitad asamblea”- fue tal vez la instancia
de deliberación no estatal que más influiría en los primeros años de la independencia. Su
anfitriona, Javiera, era la mayor de los hermanos Carrera, familia que alrededor de la figura del
caudillo militar José Miguel ostentaba el poder en Chile sin mayor contrapeso. Para Benjamín
Vicuña Mackenna, en la arena de la agitación, Javiera Carrera se hizo un gran nombre político y
casi una potencia en la República. “Fue aquella mujer la cúspide de la revolución y el irresistible
consejo de sus promotores.” 12 Así retraba el célebre historiador a la que fue, tal vez, la mujer más
influyente del primer periodo del proceso independentista chileno.
Otros importantes salones revolucionarios de la época fueron los de Luisa Recabarren y Agueda
Monasterio. La primera de ellas, una de las mujeres más cultas de esos años, contaba en sus
tertulias con hombres de letras y pensadores de la revolución como Camilo Henríquez, el doctor
Bernardo de Vera y José Gregorio Argomedo, así como también, destacados militares de la talla de
Juan Mackenna. 13 Luisa Recabarren formó parte activa en las conversaciones que allí tenían lugar,
debate que preparó los acontecimientos que desembocarían en la instalación de la Primera Junta
de Gobierno el 18 de septiembre de 1810. 14 Más original que los anteriores, pero no por esto
menos relevante, fue el salón de Agueda Monasterio. Ubicado en el popular barrio de la Chimba,
era concurrido por el sector revolucionario menos adinerado, pero de mayor compromiso
democrático y abiertamente republicano en una época donde abundaban las vacilaciones

11
Vicente Grez: Las mujeres de la independencia, Imprenta Gutenberg, Santiago, 1878, p.20.
12
Benjamín Vicuña Mackenna: Doña Javiera de Carrera. Rasgo biográfico, Guillermo E. Miranda, Editor,
Santiago, 1904, p.17.
13
Vicente Grez: Las mujeres de la independencia, p.31.
14
José Bernardo Suárez, Rasgos biográficos de mujeres célebres de América, Librería de la Viuda de CH.
Bouret, París, 1909, p.111.
5
políticas. 15 En su modesto salon no se reunía el mundo elegante sino la parte más seria de la
sociedad, aquella que vive de su trabajo y que debe exclusivamente a él las comodidades y
placeres de que disfruta. Esa sociedad constituía la fuerza democrática de la revolución; todos
aquellos espíritus deseaban la independencia con la república. 16
Águeda Monasterio cumplió un rol fundamental durante los primeros años de la gesta
emancipatoria, alentando el descontento político entre los comerciantes y otros actores sociales
que pertenecían a la elite criolla. 17
Tras la derrota del ejército patriota en la Batalla de Rancagua, la familia de Águeda Monasterio
debió enfrentar el destierro. Sus hijos mayores, soldados patriotas, se refugiaron en Mendoza con
el grueso de las tropas derrotadas. Su hermano Felipe Monasterio uno de los más decididos
promotores de la revolución emancipadora fue detenido y llevado con esposas y grilletas sobre
una mula a un calabozo de Valparaíso para desde ahí continuar su destierro en el presidio de Juan
Fernández. 18

Su esposo Jean Lattapiat habría emigrado también a la provincia de Cuyo, sin embargo su historia
es muy oscura y tras la derrota patriota en Rancagua se le pierde de vista. Algunos autores como
Diego Barros Arana hablan de la viuda Agueda Monasterio de Lattapiat a partir de entonces.
Aunque este tema no se ha investigado las preguntas surgen por si solas. ¿Por qué Águeda
Monasterio es la única heroína de la independencia que no es la hija ni la esposa de un hombre
más grande que ella? ¿Por qué los huérfanos de Jean Lattapiat no solicitaron pensión o montepío
por ser deudos de un oficial del ejército y si lo pidieran en nombre de la benemérita ciudadana
Águeda Monasterio? La pensión concedida era menor a la que habrían concedido a los huérfanos
de un capitán. Tal vez la ausencia de una figura masculina de algún poder o influencia pueda
explicar los tormentos brutales que tuvo que sufrir y el olvido al que intento relegarla el gobierno
de Bernardo O’Higgins.
En la proscripción, es decir bajo la autoridad del gobierno de la Reconquista, los salones
nuevamente comenzaron a cumplir el papel de asilo de los conjurados. En estas circunstancias, las
damas como sus anfitrionas, brindaron apoyo, ayuda, asilo e información a los rebeldes del reino y
a los que se encontraban tras los Andes. 19
El espionaje y el traspaso de información fue una actividad arriesgada de la que no se restaron las
mujeres y que fue altamente apreciada por las autoridades de la patria cuando se realizó en su
favor:

15
Vicente Grez: Las mujeres de la independencia, p.39.
16
Sol Serrano y Antonio Correa, “De patriota o sarracena a madre republicana”, en Tiempos de América.
Revista de historia, cultura y territorio, n°17, 2010, Centro de Investigaciones de América Latina (CIAL),
Universitat Jaume I, Sevilla, España, pp. 119-129, p.123.
17
Jerome R. Adams, Notable latin american, Twenty-Nine Leders, Rebels, Poets, Battlers and Spies, 1500-
1900, McFarland & Company, Inc., Publishers, North Carolina, 1995, p.128.
18
José Bernardo Suárez, Rasgos biográficos de mujeres célebres de América, Librería de la Viuda de CH.
Bouret, París, 1909, pp.104-105.

6
"Que si hay algún mérito digno de consideración, ninguno es superior al de aquellos qué por
comunicar noticias interesantes, sabiendo que eran observados, se exponían abiertamente a ser
víctimas." 20
Durante los años en que el gobernador Mariano Ossorio estuvo a cargo de reino la convivencia,
salvo un hecho puntual y aborrecible, parecía tolerable. En este tiempo Águeda Monasterio se
transformó en una pieza fundamental y de absoluta confianza en la red de espionaje montada por
el general San Martín. 21
Son nombres como el de Águeda Monasterio, Manuel Rodríguez, Carmen Ureta y tantos y tantas
otras los que conformaron una eficiente red de comunicaciones y desinformaciones, como pocas
se han visto en nuestra historia. Sin ellos hubiese sido imposible que 5.000 soldados, con sus
armas, municiones, pertrechos, caballos, mulas y 21 piezas de artillería cruzarán los Andes y
sorprendieran al enemigo.
Monasterio junto a su hija de 14 años, Juana Lattapiat, mantenía correspondencia patriótica con
los emigrados en Mendoza tras el Desastre de Rancagua, y eran parte clave de la red de espionaje
que el general San Martín mantenía en Chile. Las propiedades de Agueda fueron estratégicas para
los agentes enviados por San Martín. Una casa en la calle Merced, cerca del río, en el barrío de la
Chimba. Espacio popular y difícil de dominar por los aparatos de seguridad y orden del
gobernador. Sus fundos, El Algarrobal y La Monja, ubicados en Rinconada de Los Andes ofrecían
grandes posibilidades para guarecer e informar a los agentes de San Martín en sus cruces
cordilleranos.
La misión de Águeda era mantener a los emigrados y al general San Martín, informados de los
acontecimientos más relevantes que sucedían en Chile. Diego Barros Arana destaca la labor de
espionaje realizada por Águeda Monasterio la que “comunicaba a San Martín todo cuanto tenía al
corriente hasta las más insignificantes ocurrencias de los cuarteles” 22
Los primeros días del año 1816 un nuevo gobernador del reino de Chile llegó a reemplazar a
Mariano Ossorio, su nombre era Francisco Casimiró Marcó del Pont. Gallego de dilatada historia
militar y política impuso un gobierno implacable. El temor al enemigo interno, como a la amenaza
allende de los Andes, hizo que tanto Osorio como Marcó del Pont jamás pudieran tener todo el
país bajo su entero control, pues siempre tuvieron el temor de ser atacados; este temor
intentaron palearlo a través de castigos cada vez más ejemplificadores que no solo afectaron al
sexo masculino, sino también al femenino..

Recién investido como gobernador del reino de Chile, Marcó del Pont impone la pena capital y la
confiscación de bienes a los que mantengan correspondencia con el enemigo.23 Una horca fue
levantada en la plaza de Santiago para confirmar las amenazas del gobierno. 24

20
Gazeta de Santiago de Chile, Santigo Nº 8 Sábado 9 de agosto de 1817.
21
Ana Belén García López, Las heroínas silenciadas en las independencias hispanoamericanas, Barcelona,
Me Gusta Escribir, 2016, p.239.
22
Diego Barros Arana, Historia General de Chile, tomo X, p.355.
23
Viva el Rey. Gazeta del Gobierno de Chile, martes 23 de enero de 1816, tomo 2°, N°13.
24
Diego Barros Arana, Historia General de Chile, tomo X, p.165.
7
El nuevo gobernador del reino de Chile, Casimiro Marcó del Pont, trajo consigo el ánimo de la
represión institucionalizada por medio de organismos creados para este fin.
El Tribunal de Vigilancia y Seguridad Pública, al mando del capitán Vicente San Bruno, era el
órgano encargado de la inteligencia del reino, su objetivo era desarmar maquinaciones en contra
del Estado. Hasta él llegaban las denuncias sobre actos o conversaciones en contra del gobierno. 25
San Bruno y sus Talaveras vigilaban de cerca los movimientos de Águeda Monasterio. Debido al
cariño y admiración que tenía el pueblo por ella y su familia, primero le advirtieron que era
vigilada para que cesara las actividades sospechosas.
Finalizaba el año 1816, el gobernador tenía noticias que se preparaba una expedición militar
contra Chile. La información que escondía Agueda resultaba clave. Marcó del Pont recurrió a su
legendaria crueldad para hacerla hablar. Fue tomada prisionera y llevada al cuartel de Talaveras
para ser interrogada. Su obstinado silencio la confinó a un calabozo de la cárcel de Santiago,
ubicada en aquel entonces en la actual Plaza de Armas. Completamente aislada, castigada sin
comida, solo le permitían mirar por su ventana abarrotada como levantaban una horca en el lado
norte de la plaza, donde pudiera verla desde su celda. El hambre, el aislamiento y la proximidad de
su muerte colgada de una horca infame no fueron motivos suficientes para hablar.
Barros Arana asegura que “Águeda Monasterio de Lattapiat, sufrió de por parte de los soldados
realistas ultrajes de palabras y golpes, para obligarla a declarar el paradero de sus hijos y de otros
parientes perseguidos como perturbadores del orden público”. 26
Marcó del Pont extremó la tortura a Agueda, posiblemente por que su información era clave para
los futuros movimientos militares, trajo su hija Juana Lattapiat y ordenó que le cortaran la mano
derecha frente a su madre. Ante la insistente negativa de Águeda a hablar el simulacro de
ahorcamiento y mutilación se detuvo. La mayoría de los historiadores concuerdan que la señora
Monasterio y su hija fueron llevadas a casa, donde la deteriorada salud producida por el encierro
prolongado cobrararon su vida solo seis días antes de la victoria del Ejército Libertador de Los
Andes en la Batalla de Chacabuco (12 de febrero 1817). Otro testimonio de la época confirmado
en lo sustancial por fuentes oficiales ofrece un final aún más doloroso.
Juan Egaña, patriota confinado en Juan Fernández, supo del fallecimiento de Agueda Monasterio
de boca de su hermano Felipe Monasterio, compañero de exilio. Según este testimonio doña
Águeda murió en el cuartel de los Talaveras a los días de estar privada de libertad y que su familia
hizo todo lo posible por ocultar su cadáver de los guardias ya que pretendían colgar su cuerpo en
la plaza a la expectación pública. 27
“Esta benemérita ciudadana estando agonizante y auxiliándola el sacerdote, fue conducida en su
cama y en la misma agonía al cuartel de Talavera para examinarla sobre una carta que se decía
haber escrito a Mendoza. Allí tuvo la crueldad una mujer (pero era de un oficial de Talavera) de no

25
Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo X, p.165.
26
Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo X, p.355.
27
Juan Egaña, “El chileno consolado”, en Academía Chilena de la Historia, Archivo de don Bernardo
O’Higgins, Tomo XX, p.114.
8
permitir que la entrasen a lo interior de su habitación: no se la concedió una cuchara para tomar
un caldo (…)”. 28
Esta versión, usualmente desechada, calza perfectamente con la satisfacción al mérito y
desagravio a la inocencia que publica el Gobierno de Chile en su periódico La Gaceta de Santiago
de Chile el 18 de junio de 1817. En el decreto que concede una pensión a Juana Lattapiat por los
servicios prestados a la patria por su difunta madre se señala que Agueda Monasterio “fue
martirizada en su lecho de muerte por el enemigo”.
Esto presenta un escenario desconocido de su muerte. Siempre se ha señalado que una vez en
libertad la salud de Agueda Monasterio empeoró dramáticamente. Claramente las fuentes
coinciden en ese hecho. Pero ahora podemos sugerir que una vez que Agueda fue torturada en
prisión junto a su hija fue puesta en libertad por razones poco claras. Enferma en su casa habría
seguido con su labor de espía hasta que el Tribunal de Vigilancia y orden público, que nunca
apartó sus ojos de ella, la llamó al cuartel de Talaveras para que declarara sobre cierta carta
procedente de Mendoza. Es allí donde tiene lugar una nueva tortura para Agueda, quien resiste
hasta fallecer. El conocimiento de sus hijos sobre la inminente llegada del Ejército Libertador de
los Andes les dio la fuerza para esconder el cuerpo de su madre y evitar que Marcó y San Bruna lo
exhibieran colgado de una horca en la plaza.
Águeda Monasterio es de las mujeres que sirvieron de espías al general San Martín, la que encarna
con mayor consistencia los valores republicanos, democráticos y populares. Otras connatadas
patriotas como Carmen Ureta, Luisa Recabarren y Rafaela Riesco sirvieron también como espías
pero su condición económica y pretigio social distaban mucho del de Águeda. Sus recompensas
fueron considerablemente mayores, especialmente en el caso de Rafaela Riesco a quien se dieron
3.000 pesos por trabajos no muy claros.
Además, de las damas patriotas que sirvieron en la red de espionaje del general San Martín,
Agueda Monasterio fue la única que no pudo cobrar su merecido premio y sus hijos no pudieron
pagar un buen abogado que redactara la petición a las autoridades. Solo la insistencia de José San
Martín logró incluirla en el panteón de las heroínas de la independencia.

En este punto caben destacar dos antecedentes. El primero es que la huérfana de Águeda se dirige
directamente al general San Martín para solicitar una pensión y no al Director Supremo Interino
Hilarión de la Quintana. Las palabras del general San Martín son muy claras y despejan toda duda
sobre la connotada partición de Monasterio en su red de espionaje.
Excmo. señor:
El premio es un signo que indica los buenos servicios del que los contrae. Si la benemérita madre
de doña Juana Tapia y Monasterio, no lo alcanzó a obtener por haber degraciadamente expirado
en las tiránicas manos del enemigo, parece de justicia que dando el Gobierno una prueba de su
gratitud al importante mérito de la expirante, con quien tuve mis comunicaciones desde Mendoza,
cuandó este reino fue ocupado por el enemigo, use de su suprema consideración con su huérfana
hija, quien ha puesto en mis manos la presentación que incluyo y tengo el honor de pasar a las
superiores de V. E., a fin de que disponga lo que sea de su superior agrado.

28
Juan Egaña, “El chileno consolado”, en Academía Chilena de la Historia, Archivo de don Bernardo
O’Higgins, Tomo XX, p.114.
9
Dios guarde a V. E. muchos años. Santiago, mes de América 23 de 1817.
Excmo. señor.
José de San Martín.
Excmo. señor Director Supremo delegado de este Estado.
El gobierno de Chile, siempre reacio a premiar el heroísmo de mujeres que no tuvieran cierta
alcurnia, no pensaba pagar ni una pensión de más en virtud de la escases del Erario. En un
procedimiento irregular, carente de sentido de la realidad hizo pasar la solicitud del general San
Martín al Cabildo de Santiago para que ellos corrieran con los gastos. Por supuesto el Cabildo de
Santiago manejaba un presupuesto exiguo ysus prioridades no incluían desagraviar a una
benemérita ciudadana de la patria. Devolvió la petición argumentando exactamente lo anterior.
Para terminar esta vergonzosa situación del Gobierno ante el general San Martín, el Director
Supremo de Chile, Hilarión de la Quintana, dictó un bando con fecha 7 de junio de 1817 por medio
del cual se mandaba a dar “a la ciudadana Dña. Juana Latapia por la tesorería general doscientos
pesos contados, y treinta pesos mensuales con las calidades de Montepío cuando tome estado y
tenga sucesión, y tómese razón en el tribunal de cuentas y tesorería general”. 29
Dineros que tardarían tres años en aprobarse por el Senado Conservador los prometidos 200
pesos y el montepío de 30 pesos mensuales. 30
Águeda Monasterio en ningún modo fue acaudalada ni su familia era influyente en la política del
nuevo gobierno patriota. De eso da cuenta la exigua pensión que recibió su hija y los años que
tardaron en hacerla efectiva. Su gratificación de 200 pesos era similar a la pensión de un capitán
(188 pesos, un cuarto de su sueldo) y la mensualidad de 30 pesos es inferior a la de cualquier
oficial. Otro antecedente de su situación económiica es que a diferencia de otras damas
comprometidas con la independencia como Luisa Recabarren, Javiera Carrera y Mariana Toro (hija
del Conde de la Conquista), Agueda no aparece en ninguna de las listas de donantes publicadas en
el periódico oficial El Monitor Araucano. Otros antecedentes de importancia es el pequeño monto
que recibió Juana Lattapiat por los servicios prestados por su madre y por ella, en comparación al
que recibieron mujeres que habrían prestado servicios similares durante la Reconquista española.
Carmen Ureta fue premiada con terrenos pertenecientes al Estado por haber prestado servicios a
los espías enviados desde Mendoza.31 Rafaela Riesco fue premiada en mérito a “importantes
servicios” que no se detalla con la elevada suma de 3.000 pesos, suma elevada para la época y
para los montos de los premios y montepíos que se concedían. 32

La petición de una pensión por parte de Juana Lattapiat es quizás la única que se solicita
invocando los servicios prestados a la patria por una madre, por una mujer. Eso no es casualidad.
Si Águeda Monasterio hubiese sido la hermana de O’Higgins probablemente una importante
avenida dentro del anillo Américo Vespucio llevaría su nombre. MI REFLEXIÓN SOBRE LA CALLE
CON SU NOMBRE NO ES PARTE DEL ANÁLISIS HISTÓRICO.

29
Gaceta de Santiago de Chile, Nº 1, 18 de junio de 1817
30
Sesiones de los Cuerpos Legislativos, Senado Conservador, Sesión 280 ordinaria, en 25 de septiembre de
1820, anexo N°540, p.278.
31
Gaceta de Santiago de Chile, N°12, 6 de septiembre de 1817.
32
Gaceta de Santiago de Chile, N°10, 23 de agosto de 1817.
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