Escuela de Educación Secundaria Nº 21 – Antonio Mentruyt – Banfield
Proyecto de Investigación en Ciencias Sociales
Prof. Marta Balmaceda Celular: 1161660729
Estudiante:
Curso: 6to Div:
En el trabajo anterior abordamos la lectura y pensamos como la humanidad llego al
conocimiento.
Pudimos ver que el conocimiento era distinto según la época histórica, pero también que en
cada época era alcanzado a partir de la resolución de un problema. Por ej. Para hacer más
eficaz y productiva una caza, se tuvo que inventar técnicas y herramientas. Podemos
preguntarnos ¿por qué pensaron que pasos eran más efectivos, que herramienta era más útil?
La respuesta es simple, tenían que solucionar la subsistencia, vivir era el problema al que se
enfrentaban.
En nuestros días es más difícil ver el problema, la sociedad y la organización alcanzada
dificulta, no aparece tan transparente. Sin embargo nuestra vida gira alrededor del mismo
problema, la supervivencia.
Trabajamos en una remesbería, nos capacitamos y nos convertimos en ingenieros, atendemos
un teléfono, en fin parece que estas actividades no nos muestran de inmediato como les
sucedía a los recolectores y cazadores, el plato de comida para subsistir. Pero todes sabemos
que si desarrollamos una actividad, podremos llegar a lo que hoy se requiere para subsistir.
Sabemos que las diferencias entre aquellas sociedades y la complejidad de las nuestras,
llevaron mucho tiempo en el medio, se resolvieron infinitos problemas, que tomaron como
base la solución de problemas anteriores.
La solución de un problema requiere de un proceso, esa solución nos deja un conocimiento.
Podemos entonces decir que el conocimiento es el resultado de un Problema y un Proceso.
También vimos que en esta carrera de solucionar problemas, la humanidad fue alcanzando
distintos tipos de conocimiento, religioso, filosófico, artístico, científico.
En el material de lectura, el autor dice:
La ciencia debe ser vista como una de las actividades que el hombre realiza, como un conjunto
de acciones encaminadas y dirigidas hacia determinado fin, que no es otro que el de obtener
un conocimiento verificable sobre los hechos que lo rodean.
Luego agrega:
Será preciso definir a la ciencia como una actividad social y no solamente individual, para no
correr el riesgo de imaginar al científico como un ente abstracto, como un ser que no vive en el
mundo cotidiano, con lo que perderíamos de vista las inevitables limitaciones históricas que
tiene todo conocimiento científico.
Para cumplir con el fin de obtener un conocimiento verificable a cerca de hechos que nos
rodean, la ciencia trabaja con una estructura particular, en la que se deben respetar ciertas
características, propias del conocimiento científico, Racionalidad, Objetividad, Sistematicidad,
Generalidad y Falibilidad.
1-Podrías leer en el material de lectura (punto 1.4), estas características, explicarlas
con tus palabras y dar un ejemplo de cada una.
En el punto 1.5 del material de lectura, se habla de Clasificación de las Ciencias, abajo arme un
cuadro que sirve de guía para la lectura.
2- Completar:
a- ¿Cuándo se clasifica por el objeto de estudio, que ciencias incluyen los objetos ideales?
b- ¿Cuándo el objeto es concreto, que otras clasificaciones aparecen y que ciencias
entran en estas?
c- ¿Qué son las ciencias puras y las ciencias aplicadas?
d- Podrías dar un ejemplo de ciencia pura y otro de ciencia aplicada.
Material de Lectura: El proceso de investigación, Cap.1. Carlos Sabino.
1.4. El conocimiento científico y sus características
La ciencia es una vasta empresa que ha ocupado y ocupa una gran cantidad de esfuerzos
humanos en procura de conocimientos sólidos acerca de la realidad. Tratar de elaborar una
definición más precisa sería tarea evidentemente ardua, que escapa a los objetivos de estas
páginas. Pero interesa señalar aquí que la ciencia debe ser vista como una de las actividades
que el hombre realiza, como un conjunto de acciones encaminadas y dirigidas hacia
determinado fin, que no es otro que el de obtener un conocimiento verificable sobre los
hechos que lo rodean. [V. Bunge M., La Ciencia, su Método y su Filosofía, Ed. Siglo Veinte, Bs.
Aires, 1972; N. Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía; Nagel, Ernest, La Estructura de la
Ciencia, Ed. Ariel, Barcelona, 1978, y nuestro ya citado Los Caminos de la Ciencia, entre la
mucha bi- bliografía existente.] Como toda actividad humana, la labor de los científicos e
investigadores está naturalmente enmarcada por las necesidades y las ideas de su tiempo y de
su sociedad. Los valores, las perspectivas culturales y el peso de la tradición juegan un papel
sobre toda actividad que se emprenda y, de un modo menos directo pero no por eso menos
perceptible, también se expresan en la producción intelectual de una época el tipo de
organización que dicha sociedad adopte para la obtención y transmisión de conocimientos y el
papel material que se otorgue al científico dentro de su medio. [V., entre otros, a Bernal, John
D., Historia Social de la Ciencia, Ed. Península, Barcelona, 1976; Merton, Robert K., La
Sociología de la Ciencia, Ed. Alianza, Madrid, 1977; Geymonat, Ludovico, El Pensa- miento
Científico, Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1972, y Kuhn, Thomas, La Estructura de las Revoluciones
Científicas, Ed. FCE, Madrid, 1981.]
Considerando estos factores será preciso definir a la ciencia como una actividad social y no
solamente individual, para no correr el riesgo de imaginar al científico como un ente abstracto,
como un ser que no vive en el mundo cotidiano, con lo que perderíamos de vista las inevitables
limitaciones históricas que tiene todo conocimiento científico. Entrando más de lleno en la
determinación de las características principales del pensamiento científico habremos de
puntualizar que éste se ha ido gestando y perfilando históricamente por medio de un proceso
que se acelera notablemente a partir de la época del Renacimiento. La ciencia se va
distanciando de lo que algunos autores denominan conocimiento vulgar", [Nos referimos a
Bunge, Op. Cit.] otros conocimientos práctico" y otros el mundo del manipular"; [Kosic, Karel,
Dialéctica de lo Concreto, Ed. Grijalbo, México, 1967, pp. 26 a 37, passim.] se va estableciendo
así una gradual diferencia con el lenguaje que se emplea en la vida cotidiana, en la búsqueda
de un pensamiento riguroso y ordenado. Al igual que la filosofía, la ciencia trata de definir con
la mayor precisión posible cada uno de los conceptos que utiliza, desterrando las
ambigüedades del lenguaje corriente. Nociones como las de crisis económica", vegetal" o
estrella", por ejemplo, que se utilizan comúnmente sin mayor rigor, adquieren en los textos
científicos un contenido mucho más preciso. Porque la ciencia no puede permitirse designar
con el mismo nombre a fenómenos que, aunque aparentemente semejantes, son de distinta
naturaleza: si llamamos crisis" a toda perturbación que una nación tiene en su economía sin
distinguir entre los diversos tipos que se presentan, nos será imposible construir una teoría
que pueda describir y explicar lo que son precisamente las crisis: nuestro modo de emplear el
lenguaje se convertirá en nuestro principal enemigo. De allí la necesidad de conceptualizar con
el mayor rigor posible todos los elementos que componen nuestro razonamiento, pues ésta es
la única vía que permite que el mismo tenga un significado concreto y determinado. De allí
también la aparente oscuridad de algunos trabajos científicos, que emplean conceptos
específicos, claramente delimitados, utilizando palabras que confunden al profano. Otras
cualidades específicas de la ciencia, que permiten distinguirla con bastante nitidez del pensar
cotidiano y de otras formas de conocimiento (según veíamos en 1.3), son las que
mencionaremos a continuación:
Objetividad: La palabra objetividad se deriva de objeto, es decir, de aquello que se estudia, de
la cosa o problema sobre la cual deseamos saber algo. [V. Infra, 2.1.] Objetividad significa, por
lo tanto, que se intenta obtener un conocimiento que concuerde con la realidad del objeto,
que lo describa o explique tal cual es y no como nosotros desearíamos que fuese. Ser objetivo
es tratar de encontrar la realidad del objeto o fenómeno estudiado, elaborando proposiciones
que reflejen sus cualidades. Lo contrario es la subjetividad, las ideas que nacen del prejuicio,
de la costumbre o de la tradición, las meras opiniones o impresiones del sujeto. Para poder
luchar contra la subjetividad es preciso que nuestros conocimientos puedan ser verificados por
otros, que cada una de las proposiciones que hacemos sean comprobadas y demostradas en la
realidad, sin dar por aceptado nada que no pueda sufrir este proceso de verificación. Si una
persona sostiene: hoy hace más calor que ayer" y otra lo niega, no podemos decir, en
principio, que ninguna de las dos afirmaciones sea falsa o verdadera. Probablemente ambas
tengan razón en cuanto a que sienten más o menos calor que el día anterior, pero eso no
significa que en realidad, objetivamente, la temperatura haya aumentado o decrecido. Se trata
de afirmaciones no científicas, no verificables, y que por eso deben considerarse como
subjetivas. Decir, en cambio, ahora la temperatura es de 24oC", es una afirmación de carácter
científico, que puede ser verificada, y que Ben caso de que esto ocurra podemos considerar
como objetiva. El problema de la objetividad no es tan simple como podría dar a entender el
ejemplo anterior, sacado del mundo físico. En todas nuestras apreciaciones va a existir siempre
una carga de subjetividad, de prejuicios, intereses y hábitos mentales de los que participamos
muchas veces sin saberlo. Este problema se agudiza cuando nos referimos a los temas que más
directamente nos conciernen, como los de la sociedad, la economía o la política, en todos los
cuales puede decirse que estamos involucrados de algún modo, que somos a la vez los
investigadores y los objetos investigados. Por eso no debemos decir que la ciencia es objetiva,
como si pudiese existir un pensamiento totalmente liberado de subjetividad, sino que la
ciencia intenta o pretende ser objetiva, que trata de alcanzar un fin que, en plenitud, en
términos absolutos, resulta inaccesible.
Racionalidad: es otra característica de suma importancia para definir la actividad científica,
que se refiere al hecho de que la ciencia utiliza la razón como arma esencial para llegar a sus
resultados. Los científicos trabajan en lo posible con conceptos, juicios y razonamientos y no
con sensaciones, imágenes o impresiones. Los enunciados que realizan son combinaciones
lógicas de esos elementos conceptuales que deben ensamblarse coherentemente, evitando las
contradicciones internas, las ambigüedades y las confusiones que la lógica nos enseña a
superar. La racionalidad aleja a la ciencia de la religión, y de todos los sistemas donde
aparecen elementos no-racionales o donde se apela a principios explicativos extra o sobre-
naturales; y la separa también del arte donde cumple un papel secundario, subordinado a los
sentimientos y sensaciones.
Sistematicidad: La ciencia es sistemática, organizada en sus búsquedas y en sus resultados. Se
preocupa por organizar sus ideas coherentemente y por tratar de incluir todo conocimiento
parcial en conjuntos cada vez más amplios. No pasa por alto los datos que pueden ser
relevantes para un problema sino que, por el contrario, pretende conjugarlos dentro de teorías
y leyes más generales. No acepta unos datos y rechaza otros, sino que trata de incluirlos a
todos dentro de modelos en los que puedan tener ordenada cabida. La sistematicidad está
estrechamente ligada a la siguiente característica que examinaremos.
Generalidad: La preocupación científica no es tanto ahondar y completar el conocimiento de
un solo objeto individual, como en cambio lograr que cada conocimiento parcial sirva como
puente para alcanzar una comprensión de mayor alcance. Para el investigador, por ejemplo,
carece de sentido conocer todos los detalles constitutivos de un determinado trozo de
mineral: su interés se encamina preponderantemente a establecer las leyes o normas
generales que nos describen el comportamiento de todos los minerales de un cierto tipo,
tratando de elaborar enunciados amplios, aplicables a categorías completas de objetos. De
este modo, tratando de llegar a lo general y no deteniéndose exclusivamente en lo particular,
es que las ciencias nos otorgan explicaciones cada vez más valiosas para elaborar una visión
panorámica de nuestro mundo.
Falibilidad: la ciencia es uno de los pocos sistemas elaborados por el hombre donde se
reconoce explícitamente la propia posibilidad de equivocación, de cometer errores. En esta
conciencia de sus limitaciones es donde reside su verdadera capacidad para autocorregirse y
superarse, para desprenderse de todas las elaboraciones aceptadas cuando se comprueba su
falsedad. [Recomendamos, para todo este punto, consultar a Mario Bunge, La investigación
Científica, su Estrategia y su Filosofía, Ed. Ariel, Barcelona, 1969, así como a Popper, Karl, La
Lógica de la Investigación Científica, Ed. Tecnos, Madrid, 1980.] Gracias a ello es que nuestros
conocimientos se renuevan constantemente y que vamos hacia un progresivo mejoramiento
de las explicaciones que damos a los hechos. Al reconocerse falible todo científico abandona la
pretensión de haber alcanzado verdades absolutas y finales, y por el contrario sólo se plantea
que sus conclusiones son provisoriamente definitivas", como decía Einstein, válidas solamente
mientras no puedan ser negadas o desmentidas. En consecuencia, toda teoría, ley o afirmación
está sujeta, en todo momento, a la revisión y la discusión, lo que permite perfeccionarlas y
modificarlas para hacerlas cada vez más objetivas, racionales, sistemáticas y generales. Este
carácter abierto y dinámico que posee la ciencia la aparta de un modo nítido de los dogmas de
cualquier tipo que tienen la pretensión de constituirse en verdad infalible, proporcionándole
así una enorme ventaja para explicar hechos que esos dogmas no interpretan o explican
adecuadamente, para asimilar nuevos datos o informaciones, para modificarse
continuamente. Es, de algún modo, la diferencia crucial que la distingue de otros modelos de
pensamiento, sistemáticos y racionales muchas veces, pero carentes de la posibilidad de
superarse a sí mismos.
1.5. Clasificación de las ciencias
Siendo tan vasto el conjunto de fenómenos que nos rodea, tan polifacéticos y diversos, y
teniendo en cuenta que la actividad científica tiende por diversas razones a especializarse pues
cada tipo de problema requiere el empleo de métodos y técnicas específicas y el investigador
individual no puede dominar bien una gama muy amplia de temas es comprensible que se
hayan ido constituyendo, a lo largo de la historia, diferentes disciplinas científicas. Estas
ciencias particulares, que se caracterizan por tratar conjuntos más o menos homogéneos de
fenómenos y por abordarlos con técnicas de investigación propias, se pueden clasificar de
diversas maneras para su mejor organización y comprensión. Las ciencias que se ocupan de
objetos ideales, y en las que se opera deductivamente, como las matemáticas o la lógica, son
las llamadas ciencias formales. Las ciencias que se ocupan de los hechos del mundo físico, en
cualquiera de sus manifestaciones, son las que llamamos ciencias fácticas, para distinguirlas así
de las anteriores, incluyéndose entre ellas a la física, la química, la biología, la sociología, etc.
Las ciencias que tratan de los seres humanos, de su conducta y de sus creaciones son, en
principio, también ciencias fácticas. Entre ellas cabe mencionar a la psicología, la historia, la
economía, la sociología y muchas otras. Pero, como cuando estudiamos las manifestaciones
sociales y culturales necesitamos utilizar una conceptualización y unas técnicas de
investigación en parte diferentes a las de las ciencias físico-naturales, se hace conveniente
abrir una nueva categoría que se refiera particularmente a tales objetos de estudio. Se habla
por eso de ciencias humanas, ciencias sociales o de ciencias de la cultura, como una forma de
reconocer lo específico de tales áreas de estudio y para distinguirlas de las que suelen llamarse
ciencias naturales (llamadas también ciencias físico-naturales o, con menos propiedad, ciencias
exactas). Conviene aclarar que la clasificación de las ciencias, así como la existencia misma de
disciplinas separadas, posee siempre algo de arbitrario. Se trata de distinciones que se han
hecho para la mayor comodidad y facilidad en el estudio de la realidad, pero no porque ésta se
divida en sí misma en compartimientos separados. Por eso, históricamente, han aparecido
nuevas ciencias, y se han ido modificado también las delimitaciones que se establecen
corrientemente entre las mismas. Se comprenderá, por ello, que toda clasificación es apenas
un intento aproximado de organizar según ciertas características a las disciplinas existentes y
que muchos problemas reales no admiten un tratamiento unilateral sino que sólo pueden
resolverse mediante un esfuerzo interdisciplinario. Así el desarrollo económico, por ejemplo,
sólo puede comprenderse a través de conocimientos económicos, históricos, sociológicos,
políticos y culturales; los problemas de la genética requieren un abordaje doble, químico y
biológico, y las matemáticas, que se incluyen dentro de las ciencia formales, resultan un
componente indispensable en muchas investigaciones que desarrollan las ciencias fácticas.
Por otra parte, según el tipo de interés que prevalece en la búsqueda de conocimientos, estos
pueden dividirse en puros y aplicados, hablándose en consecuencia también de ciencias puras
y ciencias aplicadas. Las primeras son las que se proponen conocer las leyes generales de los
fenómenos estudiados, elaborando teorías de amplio alcance para comprenderlos y
desentendiéndose al menos en forma inmediata de las posibles aplicaciones prácticas que se
puedan dar a sus resultados. Las aplicadas, por su parte, concentran su atención en estas
posibilidades concretas de llevar a la práctica las teorías generales, encaminando sus esfuerzos
a resolver las necesidades que se plantean los hombres. De estas últimas ciencias surgen las
técnicas concretas que se utilizan en la vida cotidiana. De tal manera, por ejemplo, tenemos
que de la física y la química surgen las diversas ramas de la ingeniería, de la biología y la
química deriva la medicina, y así en muchos otros casos. No hay ciencia aplicada que no tenga
detrás suyo un conjunto sistemático de conocimientos teóricos puros", y casi todas las ciencias
puras son aplicadas constantemente, de un modo más o menos directo, a la resolución de
dificultades concretas. La división entre ciencias puras y aplicadas no debe entenderse como
una frontera rígida entre dos campos opuestos y sin conexión. Una ciencia es pura solamente
en el sentido de que no se ocupa directamente por encontrar aplicaciones, pero eso no implica
que sus logros puedan disociarse del resto de las inquietudes humanas. Entre ciencias puras y
aplicadas existe una interrelación dinámica, de tal modo que los adelantos puros nutren y
permiten el desarrollo de las aplicaciones, mientras que éstas someten a prueba y permiten
revisar la actividad y los logros de las ciencias puras, proponiéndoles también nuevos desafíos.