Historia 50 Años Ucb
Historia 50 Años Ucb
2016
La conversión de San Pablo
Vitral conmemorativo de los cincuenta años
de la Universidad Católica Boliviana
“San Pablo”
autor: León Saavedra Geuer
© 2016 Cincuenta años
Publicación del Departamento de Cultura y Arte
de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, La Paz
Depósito Legal:
4 - 1 - 4013 - 16
Derechos reservados
Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio o procedimiento,
distribución, comunicación pública y transformación de cualquier parte de esta
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La Paz - Bolivia
2016
Mensaje del Nuncio Apostólico
de Su Santidad en Bolivia
28 de enero de 2016
La dimensión misionera del discipulado cristiano,
debe ser evidente en la vida de las personas y en
el trabajo de cada institución eclesial. Esta implicación
en un “discipulado misionero” se debería percibir
de un modo especial en las universidades católicas
[EG.,nn.132-134] que, por su naturaleza
misma, están comprometidas en mostrar la armonía
entre fe y razón y poner en evidencia la relevancia
del mensaje cristiano para una existencia
humana vivida en plenitud y autenticidad.
[ Papa Francisco, 30 de enero de 2014]
Este Ateneo ostenta desde sus inicios un lema muy significativo: “Veritas
in caritate”, que ciertamente ha guiado a miles y miles de jóvenes a ser
ciudadanos responsables y competentes profesionales, que con su adhesión a
la verdad en la caridad de Cristo sirven como católicos a la construcción del
bien común. Esta es la verdadera identidad que la Universidad “San Pablo”
no debe nunca ni minimizar ni perder. Por eso hago votos para que siga
ofreciendo a las nuevas generaciones una óptima formación, para afrontar los
desafíos del tiempo presente.
+ Giambattista Diquattro
Nuncio Apostólico
Mensaje del Gran Canciller
marzo de 2016
Prólogo
Capítulo 1
Los primeros años, los primeros días LA FUNDACIÓN
Capítulo 2
Los años setenta LAS HORAS DIFÍCILES
Capítulo 3
Los años ochenta y noventa OTRO PAÍS, OTRA UNIVERSIDAD
Capítulo 4
Más allá del tiempo LAS OTRAS HISTORIAS
Capítulo 5
2000-2015, la antesala del medio siglo
LOS DESAFÍOS, CINCUENTA AÑOS DESPUÉS
Prólogo
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En verdad se trata de narrar, ni más ni menos, cómo fue que
un grupo de hombres y mujeres, desdeñando la comodidad
y la indolencia, munidos de principios y convicciones,
asumieron posiciones y se enfrentaron a los problemas para
resolverlos y a las incomprensiones para vencerlas: porque
se trataba de empeños que sólo aspiraban a culminar con
éxito los esfuerzos denodados; sin halagos personales y
buscando que la Universidad Católicia Boliviana “ San
Pablo” contribuya en la construcción de un orden temporal
querido por Dios. Así ha sido siempre y así seguirá siendo
para quienes, alejados de la comodidad o la rutina, quieren
ser útiles al Plan de Dios.
22
contar, mucho que decir y mucho que pensar para alcanzar
los nobles propósitos con los que nuestra Universidad
fuera fundada: una universidad que no quiere ser “una
universidad más, sino una Universidad Católica que
debe colocarse (…) en un alto nivel científico en base
a los principios de la Filosofía y la Doctrina Social de
la Iglesia”.
23
La década de los años ochenta y noventa en la Universidad
(1980-2000) es un periodo de significativas transformaciones:
se inicia y se consolida la etapa de estabilización de su
economía y se materializa su expansión a las ciudades de
Cochabamba, Santa Cruz y Tarija lo que significa un
crecimiento notable con la creación de treintaiocho carreras
en diez años, entre 1990 y el año 2000.
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Pero sobre todo no debemos perder de vista la esencia
misma de lo que somos y buscamos, esencia claramente
establecida por nuestro Papa Francisco en una reflexión
sobre las universidades catolicas: “La universidad
tiene un papel precioso como lugar de elaboración y
transmisión del saber, de formación de la ´sabiduría´
en el sentido más profundo del término, de educación
integral de la persona. La universidad debe ser un
lugar de discernimiento, de sabiduría, donde se
elabora la cultura de la proximidad, de la cercanía y
se forma para la solidaridad”
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26
27
Los primeros años, los primeros días
LA FUNDACIÓN
30
La década de los años sesenta. Éste es el tiempo histórico,
caudaloso y contradictorio, en que nace la Universidad
Católica Boliviana. Y en esa década, 1962 es el año en que una
reunión de Obispos decide encomendar un estudio para erigir
una universidad cuya primera condición de existencia debía
ser precisamente ésa: tenía que ser una Universidad Católica.
La reunión se llevó a cabo entre los días 5 y 8 de febrero. Seis
meses después, en agosto de 1962, los Obispos tenían en sus
manos un primer documento y un puñado de preguntas. El
documento era aquél que habían encargado y las preguntas
sintetizaban la importancia de la decisión a tomar: ¿es o no
el momento de fundar una Universidad Católica?; ¿es más
oportuno que la Universidad Católica dependa directamente
de la Jerarquía o se preferirá confiarla a una Orden religiosa
y a cuál?; ¿cuál es la ciudad en que hay que fundarla? La
decisión de los Obispos conducía ineludiblemente a dos
caminos. Si se decidía fundar la Universidad había que,
primero, pedir la aprobación de la Santa Sede, tramitar su
reconocimiento ante el gobierno boliviano inmediatamente
después, y poner manos a la obra. El otro camino suponía,
simplemente, «dejar el proyecto para tiempos mejores». El
documento en manos de los Obispos concluía así: «El voto
de Vuestras Excelencias Reverendísimas dirá cuál de los
caminos sea más prudente y más oportuno seguir».
Los Obispos se tomarían su tiempo para decidir cuál sería
ese camino.
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Como todo tiempo histórico, cuando se lo mira con la
benefactora distancia de los años, la década de los años
sesenta está poblada de hechos sustanciosos, en Bolivia
y el mundo. Fue ése el tiempo del Concilio Vaticano
II (1962-1965), el que inauguró el Papa Juan XXIII y
clausuró su sucesor Paulo VI, el encuentro ecuménico en
que la Iglesia Católica proclama el derecho universal a la
educación de todos los hombres y en el que se exponen los
principios fundamentales de la educación cristiana; fueron
ésos los años en los que en Estados Unidos se asesina a
su trigésimo quinto Presidente (1963) y nace la llamada
«Doctrina de Seguridad Nacional»; fue ése el tiempo en
que la Revolución cubana, en 1962, se declara socialista,
el tiempo en que Mao Zedong inicia en China la llamada
«Revolución Cultural» (1966); y fue ésa la década en la
que se produjo la mayor revuelta obrero-estudiantil en
París (1968), el conocido «Mayo francés».
En Bolivia, en esos diez años, ocurrió el ocaso de la
Revolución Nacional (1952) y el retorno de los militares
en el mando del país. Fue la década en que se inició la
explotación del gas natural, el tiempo en que, a raíz de
la desviación de las aguas del río Lauca, el país rompió
relaciones diplomáticas con Chile (1962); fueron diez
años en que se contabilizaron dos golpes de Estado y
la instalación de una Asamblea Constituyente (1966-
1967), aquella que promulgó la Carta Magna bajo cuyos
principios se recuperó el régimen democrático en 1982.
Fue en 1966 cuando llegó a Bolivia Ernesto «Che»
Guevara para morir casi un año después. Éste fue el tiempo
en que se redactaron los dos primeros planes de desarrollo
y de planificación de la economía nacional, el tiempo
en que se establecieron relaciones con la extinta Unión
de Repúblicas Socialistas Soviéticas y se nacionalizaron
32
los hidrocarburos por segunda vez, el tiempo en que se
creó el primer acuerdo de integración regional, el Pacto
Andino (1969), y en el que la Televisión Boliviana inició
sus emisiones. Fue ésta, la década de los sesenta, la que
desbrozó el camino a una efímera Asamblea Popular que
sustituyó al Congreso Nacional en 1970, el mismo año en
que un grupo de jóvenes universitarios, una gran parte de
ellos militantes demócrata-cristianos, marchó a Teoponte
siguiendo los pasos de Guevara. Un año después, en 1971,
se inició en el país la más larga dictadura militar.
33
Juventud Católica, la Legión de María y otros más esto,
sobre todo, en las universidades de San Andrés en La Paz
y San Simón en Cochabamba.
Esto mismo supuso que cuando se habló de fundar una
universidad católica, algunos de estos grupos expresaron su
preocupación en cuanto a dejar −decían ellos− el ámbito de
las universidades autónomas en las cuales se estaba llevando
a cabo tan importante labor de evangelización y presencia.
Agosto de 1966. Dieciséis días después de haberse hecho
pública la decisión de los Obispos de crear la Universidad
Católica, el 1 de agosto de 1966, otro artículo primero, esta
vez el de un Decreto Ley con número 07745, promulgado
por la junta militar de gobierno encabezada por el general
de ejército Alfredo Ovando Candia, «autoriza la instalación
y funcionamiento de la Universidad Católica Boliviana».
Cinco días después de ese primer día de agosto de 1966,
asumiría la conducción del país un nuevo gobierno, el
encabezado por el general de aviación René Barrientos
Ortuño y el abogado Luis Adolfo Siles Salinas, Presidente y
Vicepresidente de la llamada «Revolución Restauradora»,
elegidos en las elecciones del 3 de julio de ese mismo año.
Febrero de 1967. Los diputados y senadores elegidos
también en julio de 1966, junto a Barrientos Ortuño y
Siles Salinas, y como el primer acto de la legislatura que
les tocó inaugurar, decidieron convertir a esa legislatura
en Asamblea Constituyente con un principal propósito:
modificar la Constitución Política del Estado. Fue en esta
Asamblea —que sesionó entre agosto de 1966 y febrero de
1967— en la que inscribieron por primera vez en el régimen
constitucional boliviano dos palabras: «Universidades
Privadas». La nueva Constitución Política del Estado,
sancionada el 2 de febrero de 1967, en su Parte Tercera
34
referida a los «Regímenes Especiales», Título Cuarto,
Artículo 188, establece el «Régimen de las Universidades
Privadas». Ninguna de las tres reformas constitucionales
previas —la ocurrida durante el gobierno de Bush en
1938, la procesada por el presidente Villarroel en 1945 y
la ejecutada por Hertzog en 1947— habían considerado
siquiera la posibilidad de modificar el predominio estatal
sobre la Educación Superior en Bolivia.
Mayo de 1966. Nueve meses antes de la promulgación
de la Constitución Política del Estado de 1967, dos meses
antes de que la Conferencia Episcopal de Bolivia emitiera el
Decreto de creación de la Universidad Católica Boliviana, y
luego de que los Obispos pidieran la aprobación de la Santa
Sede contando con el entusiasmo decisivo del Papa Paulo VI
—hoy hace cincuenta años—, el 14 de mayo de 1966, en el
barrio de Obrajes de la ciudad de La Paz, siete profesores y
treintaiún alumnos inauguraron las aulas de lo que en ese
momento quiso ser el «Instituto Superior de Economía de la
Empresa», el núcleo básico de la futura universidad.
35
Episcopal emite el Decreto de su creación (julio, 1966), son
años de intensa preparación, intercambio de ideas y debate
sobre su viabilidad, carácter, sentido y propósitos, dentro y
fuera del episcopado boliviano. Uno de los personajes que
contribuyó a este proceso de gestación de la Universidad fue
el Nuncio Apostólico de Su Santidad, Monseñor Carmine
Rocco, quien es considerado como uno de los principales
impulsores de dicho proceso durante su estancia en el país,
entre 1959 y 1967.
La primera medida concreta que asumen los Obispos, en
la referida reunión de febrero de 1962, es la creación del
«Comité de Obispos Pro Universidad Católica» integrado por
Monseñor Abel Antezana, Arzobispo de La Paz; Monseñor
Clemente Maurer, Arzobispo de Sucre; Monseñor Armando
Gutiérrez Granier, Obispo Auxiliar de Cochabamba; y
Monseñor Genaro Prata, Obispo Auxiliar de La Paz. Los
prelados, además, designan como Secretario Ejecutivo del
Comité a Monseñor Prata.
Poco después, mientras el referido Comité y su Secretario
Ejecutivo se dan a la tarea de recoger y formular las
primeras ideas de lo que debía ser la Universidad, también
por iniciativa de los Obispos y con el propósito de difundir
la idea e impulsar su fundación más allá de las fronteras
eclesiales, se crea un segundo comité —el llamado «Comité
de Laicos»—, conformado por Luis Adolfo Siles Salinas,
Eduardo Arauco Prado, Guillermo Zalles, Arturo Alaisa,
Federico Nielsen Reyes y Bernardo Zamora.
Planteados así los espacios organizativos y deliberativos
que encausarían la discusión sobre la viabilidad o no
de la Universidad, había que «definir con premura sus
rumbos inmediatos», y había que hacerlo —tal como se
lee en uno de los varios documentos en que se sugieren y
36
S. E. R. Clemente Cardenal Maurer
(1900 - 1990)
38
anuencia de la Santa Sede, y con el que presentan su
proyecto ante las autoridades del país, señala en su
primer párrafo que una «triada formativa» —enseñanza,
investigación y servicio— guiará sus principales propósitos:
«la constitución de una ideología cristiana, revolucionaria,
dialogante, dinámica, perfectible, libre y erecta»; «el
perfeccionamiento de una estructura universitaria apta
para reajustes permanentes y sensible a la problemática
social»; y «la creación de carreras prioritarias para el
cambio social».
La jerarquía católica boliviana asumía así, con la elección
de esas palabras y en un momento histórico concreto
—el de la plena vigencia de la Universidad Pública y
Autónoma que entendía a la Educación Superior como la
«vanguardia intelectual» del pensamiento revolucionario
de la época y que asumía su rol como un «servicio a la
clase obrera y al socialismo»—, el desafiante propósito de
fundar una universidad destinada a «proveer la adecuada
formación de cristianos maduros capaces de cumplir su
rol y responsabilidad frente al compromiso temporal en la
sociedad de la que forman parte», una universidad cuyos
miembros sean «capaces de actuar con sentido de Iglesia
en el cumplimiento de la misión de encarnar el Mensaje
Salvador del Evangelio en su tiempo y en su ambiente»,
tal como señala el Decreto de creación de la Universidad
Católica emitido por la Conferencia Episcopal de Bolivia.
Una universidad forjadora del cambio social e inserta en
las transformaciones estructurales que enfrenta el país; una
universidad formadora de profesionales de alta capacidad
y de gran influencia en la sociedad; una universidad en
la que prevalezcan el compromiso social y los valores
cristianos. Ésos los fundamentos y principios de la nueva
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universidad, ésa la Universidad Católica que imaginaron
y empezaron a construir sus fundadores a mediados de la
década de los años sesenta.
[Y aquí, a manera de un breve paréntesis, y antes de
seguir, cabe un dato curioso: en todos los documentos que
alimentan la discusión sobre la viabilidad y carácter de la
Universidad, se la nombra como «Universidad Católica
Boliviana Juan XXIII», recogiendo el nombre del papa que
había inaugurado e impulsado el histórico y transformador
Concilio Vaticano II (1962-1965); no se ha encontrado,
en esta paciente búsqueda entre históricos papeles de la
Universidad, un documento que nos señale el momento y
las razones que, finalmente, designaron a la Universidad
como «Universidad Católica Boliviana San Pablo».]
40
proyecto que «sería imposible de pensar sin la colaboración
substancial de las órdenes y congregaciones religiosas»: «Los
padres Jesuitas —se lee en esos documentos fundacionales
de la Universidad— están preparando ocho padres para
el centro de investigaciones; los Agustinos —que tienen
cuatro sacerdotes con títulos universitarios en las distintas
ramas de las ciencias exactas y de la tecnología— podrían
hacerse cargo de un departamento de Ciencias; el de
Filosofía y Letras quedaría a cargo de los padres Dominicos;
las Señoritas Teresianas —varias de ellas tienen títulos
universitarios en las artes liberales— tendrían en sus manos
el departamento de Castellano, además del de Ciencias
Sociales, que también estaría a cargo de profesores laicos y
colaboradores de otros religiosos, aquellos que darían lugar
a la formación de los futuros profesionales para las facultades
de Sociología, Administración de Negocios, Administración
Pública, etcétera…».
Ahí, en esos iniciales y documentados aprestos eclesiales,
se encuentra el origen del «Instituto Superior de Economía
de la Empresa», con el que arrancaría la marcha de la
Universidad Católica Boliviana, el 14 de mayo de 1966.
Y son esos mismos documentos, y esos dos espacios
educativos básicos en los que pensaron los Obispos y laicos
—la Escuela Normal de Cochabamba y el proyectado
«Centro de Investigaciones Sociales y Económicas»—,
los que le permiten a la Conferencia Episcopal de Bolivia,
el 16 de julio de 1966, emitir el Decreto de creación de
la Universidad y describir, en el artículo cuarto de este
documento, sus dos primeras unidades académicas: «Una
Facultad de Economía y Administración de Empresas,
orientada a formar personal para las obras de desarrollo
nacional, la misma que funcionará en la ciudad de La
Paz»; y «Una Facultad de Pedagogía, en Cochabamba,
41
dirigida a formar personal especializado para facilitar la
realización integral de la Reforma Educacional».
42
becas por parte de las sociedades comerciales e industriales,
bancos, fundaciones, etcétera».
En octubre de 1965, el Comité de Obispos Pro Universidad
y el Comité de Laicos deciden enviar una carta a los
directivos de las principales empresas nacionales. En la
carta se informa que «la jerarquía episcopal de Bolivia ha
visto la necesidad de crear una Universidad Católica» y
se apuntan los siguientes motivos: «preparar profesionales
especializados y líderes responsables para la nación»; ofrecer
una «sólida formación intelectual, patriótica y cristiana a
un cierto número de estudiantes que serán cuidadosamente
seleccionados»; conseguir «profesores bien preparados que
puedan dedicarse plenamente a la formación de dichos
estudiantes»; y «ayudar a las universidades existentes para
que logren sus fines con mayor eficiencia».
La carta era aún más específica: «La Universidad Católica
cuenta, para su mantenimiento, con donativos nacionales y
extranjeros, y con becas para los estudiantes seleccionados
que no puedan costearse los gastos de sus estudios»; «la
carrera en la Facultad de Economía de Empresas en La Paz
durará cinco años, la Facultad de Pedagogía de Cochabamba,
tres años»; «en la Facultad de La Paz cada beca significa $US
2.000, para la de Cochabamba, $US 1.200».
Señala la carta, además, que «gracias a la generosa ayuda
del Cardenal Cushing de Boston, la Universidad Católica
espera abrir sus puertas en 1966», que «tiene un edificio en
La Paz para la Facultad de Economía de Empresas» y que
en Cochabamba «la Escuela Normal Católica será elevada
a Facultad de Pedagogía». La carta concluye así: «En
nombre del Comité de Preparación de dicha Universidad
Católica me permito solicitar su cooperación en forma de
un donativo o de unas becas para llevar a cabo la fundación
43
de la Universidad y ayudar a costear los gastos de formación
de los futuros líderes de la nación».
Hacen falta cincuenta años de distancia para comprender
el sentido de esta carta fechada en octubre de 1965. Hoy,
cuando la Universidad Católica Boliviana es una institución
arraigada en la sociedad y consolidada en sus propósitos
y alcances, aquella carta expresa, con singular elocuencia,
el largo y rugoso camino recorrido, y las apremiantes
circunstancias que Obispos y laicos tuvieron que encarar
ante el tamaño del desafío que se habían planteado.
La carta de octubre de 1965, además —y porque fue la
vía por la que se hizo pública la decisión de la jerarquía
católica boliviana de fundar una universidad—, traería
contestaciones insospechadas, aunque propias del tiempo
en que se vivía.
Un ejemplo concreto y decidor de la forma en que se
recibe la decisión de los Obispos de crear una universidad,
es la reacción de los entonces dirigentes de la Juventud
Universitaria Católica. En dos cartas distintas, redactadas
y firmadas en Cochabamba y en Lovaina, la primera
fechada en febrero de 1966 y la segunda en diciembre de
1965, esos dirigentes cuestionan la decisión de la Iglesia
boliviana. «Muchos se preguntan si la situación actual ofrece
condiciones propicias para la fundación de la Universidad
Católica», empieza señalando la primera de esas cartas, para
luego afirmar que la decisión del episcopado nacional ha
provocado la infundada acusación de que se busca instituir
una universidad clasista, «una Universidad Católica que
se hace en función del triunfalismo, de la gloria humana
y del prestigio». Por ello, esta primera carta concluye con
una sugerencia: «Que se quite de una vez el nombre de
44
Universidad de las instituciones que se cree, mostrando la
falsedad de la acusación indicada».
La segunda carta, la fechada en Lovaina, concentra sus
observaciones en la desigual relación de la Universidad
Católica con las universidades públicas, y en los recursos
que deberá destinar la Iglesia para su creación. «Será difícil
desarrollar la Universidad Católica frente a las Universidades
Autónomas, por su larga tradición y apoyo económico del
Gobierno Nacional, máxime si a partir de 1966 gozarán
de porcentajes del presupuesto nacional», señala la carta,
y añade: «Los recursos progresivamente crecientes que
demandará la Universidad Católica, nos recuerdan que,
paralelamente, importantes y urgentes obras de Pastoral
de la Iglesia en Bolivia se encuentran paralizadas por falta
de recursos». La carta concluye valorando los efectos y
tensiones que podría generar la creación de la Universidad
Católica «dentro de la Iglesia», «en la opinión pública del
país» y, especialmente, «entre los catedráticos y estudiantes
católicos que se encuentran en niveles de dirección de las
universidades públicas, y cuyo esforzado trabajo constituye la
única presencia cristiana en esas Universidades, que debe ser
impulsada y reforzada».
Es otro, radical y naturalmente opuesto, el tono con que se recibe
la noticia de la creación de una Universidad Católica en uno los
periódicos que en ese tiempo circulaba en la ciudad de La Paz. El
15 de enero de 1966, y en clara alusión a la carta que Obispos y
laicos enviaron a los directivos de empresas nacionales solicitando su
apoyo a la gestación de la Universidad Católica, el diario «El Pueblo»
publica una nota titulada así: «¿Qué dice la CUB [Confederación
Universitaria Boliviana] sobre la universidad privada?». Merece la
pena transcribir algunos párrafos de esa nota. Es una manera de
acercarse al talante de la época.
45
A propósito de los recursos con que se financiará la nueva
universidad, la noticia publicada por «El Pueblo» señala:
«Los recursos están financiados por la Iglesia. Contribuye
el Cardenal de Boston, la Alianza para el Progreso y todos
los instrumentos dependientes del imperialismo». Sobre
los alumnos de la nueva universidad, se dice: «Se trata de
organizar élites seleccionadas que compartan los puntos
de vista de la nueva democracia cristiana, que planteen
las cuestiones presentes y ya no pasadas, que defiendan
la Alianza para el Progreso, aunque reprochen al sistema
capitalista y se impongan sobre la intelectualidad nacional».
Sobre las becas y sus aportantes: «Se dispensarán becas,
viajes y, además, la industria nacional, ahora dependiente
del imperialismo, está obligada a financiar también
cubriendo becas o el importe de ellas». A propósito de
la Universidad Pública: «Que tengamos conocimiento,
la entidad central de los universitarios no ha dicho hasta
el momento nada. Tiene pactos con la clase trabajadora
y contra la cual precisamente va la Universidad Católica
y Privada. Esperamos que las entidades nacionales, tanto
estudiantiles como sindicales, se pronuncien y asuman la
defensa de la Universidad Pública en Bolivia». El colofón
de la nota, en forma de pregunta: «Lo que provocó grandes
tempestades en otros países, ¿se llevará a la práctica en
silencio y con toda tranquilidad y seguridad en el nuestro?».
Era la década de los sesenta, el tiempo en que se fundó la
Universidad Católica Boliviana.
46
Gran Cancilleres
de la U.C.B.
Mons. Armando Gutiérrez Granier Mons. Genaro Prata Mons. Alejandro Mestre
Mons. Nino Marzoli Mons. Jesús Juárez Mons. Edmundo Abastoflor Mons. Jorge Herbas
Los años setenta
HORAS DIFÍCILES
52
El primer número de Información Universitaria tiene como
fecha de aparición el 26 de septiembre de 1970. Es el
«Órgano Oficial de la Secretaría General de la Universidad
Católica Boliviana». En sus dos o hasta tres páginas
semanales, pulcramente redactadas e impresas en ese
tan apreciado como desaparecido papel obra, «picado» a
máquina en el también largamente desaparecido esténcil,
esta especie de gaceta institucional —que bien puede
concebirse como el primer periódico de la Universidad—
nació con el propósito de «informar permanentemente
a toda la comunidad universitaria sobre los principales
acontecimientos y actividades» que en la Universidad
ocurrieran. Y así fue. La suspensión de actividades por algún
«acontecimiento político» (léase golpe de Estado), el viaje
del señor Rector o la preparación de un proyecto para la
creación de las carreras de Ciencias Sociales; la designación
del Decano como ministro de Educación, el anuncio de la
realización de un congreso estudiantil o la adquisición de
«una computadora electrónica de mesa» —Olivetti 101, con
«memoria de diez registros»—; la convocatoria a profesores
y alumnos para que aporten en la redacción de los Estatutos,
el ofrecimiento de becas, la presentación del grupo teatral
«Duende» de la Universidad Católica de Córdoba y hasta
una «reunión bailable en el Aula Magna en la que será
aclamada la “Compañera Amistad”, elegida entre las
alumnas de la Universidad», son la materia noticiosa de la
que está hecho este primer órgano informativo institucional
de la Universidad.
53
Ese primer número de Información Universitaria, el de fecha
26 de septiembre de 1970, denota otra característica, y
una necesidad: allá se publicaría la palabra oficial de las
autoridades de la Universidad, y se lo haría como una
manera —cada vez más necesaria por el crecimiento de la
institución— de aproximar (comunicar) a los integrantes
de la comunidad universitaria, autoridades, profesores y
estudiantes. Esta primera gaceta informativa tiene otro valor
añadido: es también, y en gran medida, signo y señal del
momento que vivía la Universidad Católica. ¿Qué momento
era ése? Hay que utilizar un par de palabras, algo ásperas y
frías, para expresarlo: éste era el tiempo de su consolidación
e institucionalización.
54
entenderse lo siguiente: el 19 de julio de 1970, sesentaisiete
jóvenes, una gran mayoría universitarios, y varios de ellos
demócrata cristianos radicales, incluido un estudiante
de Economía de la Universidad Católica, tomaron el
campamento minero de Teoponte, en el norte selvático del
departamento de La Paz, y proclamaron así la continuidad
de la guerrilla iniciada tres años antes, en 1967, por Ernesto
Che Guevara. Un mes después, y a propósito de lo ocurrido
en ese lejano poblado, en agosto de 1970, el Centro de
Estudiantes de la Universidad organizó un acto en su Aula
Magna y publicó un comunicado en la prensa local. Estas
dos acciones estudiantiles provocaron el primer cierre de
la Universidad Católica Boliviana, por decisión del señor
Rector, y durante cuatro días.
55
no significando en ningún momento ni autoritarismo,
ni paternalismo»; 2. El diálogo. «La Universidad es una
comunidad, y el diálogo deber ser el principio de cohesión
de esa comunidad —afirma el Rector—. Sin este diálogo,
peligra la existencia y la esencia de la Comunidad
Universitaria»; 3. Una ideología. «Se buscará urgentemente
los canales efectivos para que la definición de la Universidad
como “Agencia de Cambio” no sea meramente principista
y ambigua. Se tendrá que elaborar una ideología que
sirva de fundamento y de orientación a la Universidad.
Dicha ideología deberá tener la amplitud necesaria para
que en ella puedan tener cabida diferentes posiciones
doctrinales y políticas frente a la problemática nacional»;
4. Pluralismo. «No obstante el fundamento doctrinal de la
Universidad Católica Boliviana —apunta en este acápite
el señor Rector— se reafirma el principio del pluralismo
para que todos puedan participar en la construcción de
la Universidad»; 5. El fuero estudiantil. El Rector reconoce
éste como un derecho de los estudiantes, admite que poco
se ha hecho al respecto en la Universidad, y que por ello
el Rectorado «acelerará los procesos necesarios para
llegar a ese fin» de manera que el fuero estudiantil esté
inscrito en los Estatutos de la Universidad. Entretanto,
señala el Rector, «se determina que no se aceptará
identificación partidista alguna en la Universidad», que
tanto profesores y alumnos «no pueden comprometer a la
institución a través de comunicados, actos públicos y otras
formas de expresión sin previa consulta a las autoridades
universitarias», y, finalmente, que «se debe tomar especial
cuidado en el uso de los locales de la Universidad».
56
En esas ideas, en esos principios y normas que se discutirían
poco después en la elaboración del Estatuto Orgánico de la
Universidad, y que prevalecerían en los diez años siguientes,
está el genio y figura de Monseñor Genaro Prata, Arzobispo
Auxiliar de La Paz en esos años, Obispo-Rector de la
Universidad Católica Boliviana, por lo tanto, y su primer
conductor desde 1966 y hasta 1979, durante doce años.
57
Boliviana, hay un par de preguntas que cumplen ese papel:
¿por qué los fundadores de la Universidad eligieron, como
sus dos primeras carreras, las de Economía y Administración
de Empresas?; ¿por qué la Universidad, antes de declararse
formalmente como tal, y por apenas unos meses, entre
mayo y junio de 1966, inaugura sus actividades con un
denominado Instituto Superior de Economía de la Empresa?
58
de esos años, el «Plan de Estudios de 1964». En este
documento, se nombra como «Facultad de Ciencias
Económicas y Sociales». Debe repararse aquí en la
importancia que tiene el año de este Plan de Estudios:
1964, dos años antes del inicio de actividades del Instituto
Superior de Economía de la Empresa, con el que arrancaría la
marcha de la Universidad —el 14 de mayo de 1966—; dos
años antes de la publicación del Decreto Episcopal de su
creación por parte de la Conferencia Episcopal de Bolivia
—el 16 de julio de 1966—; y dos años después de febrero
de 1962, cuando los Obispos comenzaron a discutir la
posibilidad de erigir una Universidad Católica.
59
y Retención). Es éste, sin duda alguna, uno de esos libros
que ya no se hacen.
60
«directores y técnicos de la empresa y la banca», «oficiales de
la nación» y «técnicos sociólogos de nuestras ciudades y de
nuestro agro», todos profesionales formados «dentro de una
orientación profundamente humana, cristiana y patriótica».
61
de los Padres Dominicos»; que se podía contar «con un
promedio de veinte estudiantes por cada carrera»; que
«una cafetería sería conveniente una vez que la Facultad
cuente ya con varios cursos»; y que «debería prohibirse la
organización de partidos y actividades políticas dentro del
recinto de la Facultad».
62
Enseñanza de las Ciencias Psicológicas en las Facultades
de Medicina», un evento que ya prefiguraba la necesidad
de contar en el país con una carrera de Psicología en las
universidades, en ese momento todas estatales. Dos años
antes, en 1963, el Ministerio de Educación había creado el
primer «Gabinete de Psicometría» en el que se desarrollaron
los primeros programas de orientación vocacional dirigidos
a los jóvenes bachilleres.
63
de la información contenida en esta breve reseña. En
1977 egresaron los primeros psicólogos formados en la
Universidad, y «esta primera promoción y las subsiguientes
—apunta Calderón— abrieron el campo laboral en
diferentes sectores y lideraron gran parte de las actividades
y organizaciones de la psicología en el país».
64
estudios de la Carrera de Psicología de la Universidad
estaba organizado en diez semestres académicos: los
primeros tres de formación general; los siguientes cuatro
semestres, entre el cuarto y el séptimo, correspondían al
ciclo de formación aplicada; y los tres últimos al ciclo de
formación especializada en los que se impartían contenidos
relativos a las tres principales tendencias o corrientes de
la Psicología: el Psicoanálisis, la Psicología Fenomenológica y la
Psicología Experimental. Este Plan de Estudios, en el curso de
los años, no ha sufrido modificaciones sustanciales, excepto
aquellas que se llevan a cabo en 2002 con el propósito de
encaminar la Carrera hacia el Postgrado.
65
denominaciones. Es ésta también la Carrera que ha tenido
que indagar, entre históricos papeles, la fecha exacta de su
creación, y por ello tuvo que ser una Resolución Rectoral
de la década de los años noventa —bastante después del
inicio de su andadura— la que ha sellado la búsqueda y ha
definido su actual denominación y fecha de fundación, el 18
de mayo de 1971. De lo que no quedan dudas es de que en
esa algo entreverada historia de fechas y nominaciones tuvo
como uno de sus nombres —el primero de ellos, además—
el más largo que uno pudiera imaginar: Instituto Superior
de Ciencias y Técnicas de la Opinión Pública.
66
Primeros egresados del Instituto Superior de Ciencias de la Opinión Pública
68
Medios de Comunicación», por ejemplo, tal como figura
en el documento presentado por el Rectorado al Ministerio
de Educación, o simplemente «Carrera de Periodismo»,
como la nombra el señor Rector en alguna de sus cartas;
o «Departamento de Ciencias de la Comunicación»,
como se lee en el «Boletín Informativo de la Universidad
Católica Boliviana», que bajo el nombre Noticias UCB,
circuló entre 1975 y 1978.
69
Septiembre 6, 1971. A dos días de la publicación del
Decreto Ley 09783 que clausura las actividades universitarias
en todo el país y anuncia la creación de una «Comisión
Nacional de Reforma Universitaria» cuya principal tarea será
la «reestructuración integral de la Universidad Boliviana», y
a dieciséis días del golpe de Estado del 21 de agosto de 1971,
el Consejo Académico de la Universidad Católica Boliviana
tenía que reunirse, evaluar la situación y tomar algunas
decisiones. Presididos por el Rector, Monseñor Genaro Prata,
se reunieron autoridades y representantes de los profesores y
alumnos, y hubo entre ellos distintas maneras de interpretar
el referido Decreto Ley y de encarar las tareas inmediatas de
la Universidad en un nuevo contexto político. Para unos, lo
primero que había que hacer era averiguar si la suspensión
de las actividades incluía a la Universidad Católica; otros
daban por hecho que la medida del gobierno la incluía y
que había que preparar un plan que considere el cierre de la
Universidad —con todas sus consecuencias administrativas—
y su reapertura el año próximo, tal como señalaba el Decreto
Ley; hubo quien consideró que el momento político le
otorgaba a la Universidad —pensando en el perjuicio que la
medida gubernamental causaba a todos los estudiantes del
país— la oportunidad de sumarse e integrarse a las luchas de
las universidades públicas, y hubo también quién consideró
—desde la orilla contraria— que la oportunidad consistía en
incorporar a la Universidad Católica en aquella Comisión
creada por el Decreto Ley, la que se ocuparía de reestructurar
el sistema universitario nacional.
70
el país, incluida la Universidad Católica, por supuesto.
Y poco más de siete años, el tiempo de la intervención
gubernamental en el sistema universitario nacional. La
Educación Superior, durante todo ese periodo, vivió un
proceso de transformación política y académica cuyo
eje central fue, como no podía ser de otra manera, la
supresión de la Autonomía de las universidades públicas.
En junio de 1972, el gobierno aprobó la denominada
«Ley Fundamental de la Universidad Boliviana», y en
ella se estableció, por primera vez en la estructura estatal
del país, una instancia exclusivamente dedicada a los
asuntos universitarios, el Consejo Nacional de Educación
Superior, CNES, además del examen nacional de ingreso
en todas las universidades. Y fue en ese periodo —entre
1972 y 1978— en el que se inició un proceso de notorio
crecimiento de la matrícula universitaria en el país: en
1966 la población estudiantil de las universidades era de
poco más de once mil alumnos; diecisiete años después,
en 1983, en el inicio de la democracia en Bolivia, esa
cifra llegó a más de setenta mil estudiantes. Los datos de
la Universidad Católica confirman, exponencialmente,
esta tendencia: treintaiún eran los alumnos que iniciaron
clases en 1966, año de su fundación, y 2.257 los alumnos
inscritos en 1978, doce años después.
71
La primera biblioteca
73
Ciencias de la Comunicación de la Universidad, aparece
una noticia titulada así: «La Universidad Católica Boliviana
recibirá una adecuada asistencia económica del Estado»,
y en ella se reseñan las palabras de Monseñor Genaro
Prata destinadas a aclarar, en una conferencia de prensa,
el contenido de recientes publicaciones referidas a la
«ayuda» del Estado a la Universidad. «En la reunión con
representantes de los medios de comunicación —apunta
Noticias UCB— Monseñor Prata se refirió a los antecedentes
sobre la colaboración del Estado», los referidos a la Tercera
Reunión de Rectores con el CNES, ya anotados aquí. Las
resoluciones aprobadas en esa reunión (también detalladas
en estas líneas) le permitieron al Rector —cuenta Noticias
UCB— dirigir «un oficio al Supremo Gobierno, solicitando
que se viera la manera de tomar en cuenta lo expresado en esa
reunión», y añade que «el aporte que recibirá la Universidad
será indirecto, es decir, por los trabajos de investigación que
se realizarán». Para ello «habrá que firmar un contrato con
el Ministerio de Coordinación y Planificación».
74
varias carreras de la Universidad Católica Boliviana»,
señala en su primer párrafo la resolución. Y continúa: «La
nueva perturbación universitaria asumió el carácter de
una huelga eminentemente política, impuesta sin ningún
planteamiento universitario». «Los únicos responsables
de esta situación —añade el texto resolutivo— son los
agitadores extremistas incrustados en las universidades,
empeñados en desencadenar el caos y la anarquía,
cumpliendo consignas antinacionales». La resolución
concluye exhortando a los estudiantes «a normalizar la
vida universitaria en toda la República», informando que,
en el caso de las universidades de La Paz y Cochabamba,
«se dispone la suspensión de actividades académicas y
clausura del primer semestre de 1976», y anunciando, en
el caso de las universidades de Sucre, Potosí, Oruro, y en
el de la Universidad Católica, que «si hasta el lunes 28 de
junio no vuelve a clases el 60 por ciento del estudiantado»,
quedarán suspendidas también, en esas universidades, las
actividades académicas y clausurado el primer semestre
del año en curso».
75
Había dicho el Obispo-Rector, a poco de iniciarse la década
de los años setenta, que la Universidad —para que su
definición como «Agencia de Cambio» no sea apenas una
ambigua declaración—necesitaba «elaborar una ideología
que le sirva de fundamento y de orientación», una ideología
que tuviera la suficiente amplitud de manera tal que en
ella «puedan tener cabida diferentes posiciones doctrinales
y políticas frente a la problemática nacional». Monseñor
Prata, al mencionar la palabra ideología, pensaba en
una sólida armazón de ideas que le dieran consistencia y
caracterizaran la manera de ser y obrar de la Universidad
Católica en la escena nacional; Monseñor Prata, urgido por
los arduos tiempos que le tocó vivir, necesitaba un orden, un
ideario, unas normas, unas reglas lo más eficaces posibles
que le permitieran conducir la Universidad en esos tiempos
difíciles. Monseñor Prata necesitaba un estatuto, el Estatuto
Orgánico Ad Experimentum, aprobado consecutivamente por
tres instancias y en tres meses: por la Conferencia Episcopal
de Bolivia, en abril de 1976; por el Consejo Nacional de
Educación Superior, CNES, en mayo de 1976; y por la
Sagrada Congregación para la Instrucción Católica de la
Santa Sede, en junio de 1976.
76
naturaleza. La de 1971, que tiene una particularidad
que la destaca y diferencia: bajo el influjo crítico y
transformador de la Segunda Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano, CELAM, llevada a cabo
en septiembre de 1968 en Medellín, Colombia, este
«Anteproyecto de Estatuto Orgánico» propone como
principales objetivos de la Universidad «Propugnar la
educación liberadora que convierta al educando en sujeto
de su propio desarrollo», «Ser instrumento de diálogo
profundo y renovado con inspiración cristiana de Fe y
Ciencia, de las diferentes disciplinas entre sí, de profesores
y alumnos, de Universidad y Sociedad», «Ser conciencia
crítica de la comunidad boliviana y agencia de cambio
social para lograr la constitución de una comunidad
digna, justa, solidaria y cristiana». Y finalmente la versión
estatutaria de 1973, cuya peculiaridad consiste en que, a
juicio de los profesores de esa época, ése era el «Estatuto
de la Universidad», es decir, el que fue presentado ante el
Rector por la comunidad universitaria.
77
en la Universidad, y luego de su aprobación por parte de
la Conferencia Episcopal de Bolivia, veintiún profesores
le escriben una escueta carta, de apenas una página, al
presidente del episcopado nacional de entones, Monseñor
Armando Gutiérrez Granier. La misiva tiene cuatro puntos;
los tres primeros comentan el contenido del documento
y en el cuarto se mencionan los capítulos y artículos que
generan su desacuerdo. «Lamentamos que la Conferencia
Episcopal de Bolivia haya introducido cambios importantes
en el Proyecto de Estatuto Orgánico presentado por nuestra
Universidad en 1973», afirman los profesores en el primer
punto; lamentan también que en la presentación oficial
del documento «no se haya hecho conocer el parecer de la
Comisión Episcopal de Educación», y opinan, categóricos
los profesores, «que el Estatuto Orgánico no ha sido
mejorado, sino empeorado».
78
viejas tradiciones institucionales de las universidades que la
Universidad Católica había hecho suya, aquella que señala
que quien propone a los candidatos al Rectorado es el
«Claustro Universitario», es decir, la asamblea conformada
principalmente por los profesores y estudiantes. Por eso la
ruda protesta de los profesores.
79
a cualquier título, función o actividad, se compromete —
por ese solo hecho— a respetar su carácter de “católica”,
los fines y efectos que se derivan de tal definición, y a
colaborar lealmente para que éstos sean alcanzados». El
segundo de esos artículos (el 93) señala: «Los alumnos
regulares, además de los créditos correspondientes a la
propia Carrera deberán llevar en cada periodo académico
por lo menos dos créditos de asignaturas dictadas por el
Departamento de Ciencias Religiosas».
80
La primera de las dos frases es de Monseñor Genaro
Prata, y está inserta en el informe presentado al Presidente
de la Conferencia Episcopal de Bolivia, el Cardenal José
Clemente Maurer. Tiene como fecha el 3 de enero de 1978.
La segunda frase fue pronunciada por Monseñor Alejandro
Mestre, Secretario General del Consejo Episcopal
Permanente, y tiene como fecha el 6 de abril de 1979.
81
gradual de legalización de los sindicatos en las fábricas y
de las organizaciones estudiantiles en las universidades.
En la Universidad Católica Boliviana, un grupo de
estudiantes y ex dirigentes estudiantiles convocaron
también a unos comicios en los que se pretendía renovar
la directiva del Centro de Estudiantes, unos comicios
que el Rector de Universidad, Monseñor Genaro Prata,
calificó como «un acto de rebeldía». La elección de esa
nueva directiva estudiantil se produjo el 22 de diciembre.
Cuatro días después, la Comisión Académica de la
Universidad decidió desconocer sus resultados e informar
de lo acontecido al episcopado boliviano. El 6 de enero
del nuevo año (1978), y en una Asamblea Extraordinaria,
la Conferencia Episcopal de Bolivia emite una resolución
en la que se le otorga «pleno y total apoyo al Rector y a la
Comisión Académica y a las decisiones asumidas por ellos
en fecha 26 de diciembre de 1976». Tres días después, el
9 de enero, un comunicado firmado por el Rector señala
que, pese a los esfuerzos desplegados por las autoridades,
persiste «la situación de rebeldía del sector estudiantil
que originó el conflicto» y decide mantener la suspensión
de actividades académicas hasta el 30 de enero, fecha en
que la Comisión Académica de la Universidad retoma sus
funciones y evalúa la situación a partir de un informe de
Monseñor Prata en el que se afirma que los estudiantes
decidieron deponer su actitud y renunciar a los cargos
a los que postularon. La Comisión, por tanto, acuerda
reanudar las actividades administrativas el 1 de febrero e
iniciar el nuevo año académico el 3 de abril.
82
Miércoles 21 de marzo y sábado 7 abril de 1979.
En estos días el Secretariado General de la Conferencia
Episcopal de Bolivia, en un comunicado público, hace
constar que Monseñor Genaro Prata, como Rector de
la Universidad, «cuenta con el apoyo de la Conferencia
Episcopal de Bolivia». El lunes 26 de marzo, un grupo
de diez estudiantes inicia una huelga de hambre en la
Asociación de Periodistas de La Paz y recibe el apoyo
de la Federación Universitaria Local de la Universidad
Mayor de San Andrés, UMSA, de la mayor organización
de los universitarios del país, la Confederación
Universitaria Boliviana, CUB, y de Federación Sindical de
Trabajadores Mineros de Bolivia, FSTMB. El miércoles
28, las autoridades de la Universidad anuncian que han
decidido la suspensión temporal de todas sus labores en
la Unidad Académica de La Paz. Pero el viernes 6 de
abril, el Consejo Episcopal Permanente, después de tres
días de deliberación, emite una Resolución de cuatro
puntos: «1. Mantener el receso de actividades académicas
y administrativas en la Universidad Católica Boliviana; 2.
Crear una Comisión que estudie la renovación estructural,
académica y económica de la Universidad. Se instruirá a
dicha Comisión que realice la tarea que se encomendará,
en el menor lapso de tiempo posible, intentando salvar los
dos semestres del presente año académico; 3. Rechazar
las exigencias de renuncia del Rector; 4. Reconocer y
agradecer la colaboración competente, desinteresada
y honesta de Monseñor Prata, injustamente atacado, y
demás autoridades, ratificándoles la confianza y apoyo del
Episcopado boliviano, dejando constancia que el señor
Rector había presentado su renuncia desde hace tiempo,
83
basada en la multiplicidad de labores». La Resolución
fue firmada por los Obispos José Clemente Maurer, Jorge
Manrique, Armando Gutiérrez y Alejandro Mestre.
84
vigencia del Estatuto Orgánico Ad Experimentum y exigió
la renuncia del Obispo-Rector. La Comisión encargada
de estudiar «la renovación estructural» de la Universidad
—denominada «Comisión Episcopal Universitaria»—
presentó su informe a la Asamblea Plenaria de la Conferencia
Episcopal de Bolivia el 12 de mayo de 1979.
85
Toma de posesión de la Junta Fundacional
87
en las autoridades, profesores, estudiantes y trabajadores
administrativos— un hermoso texto titulado «Sentido y
razón de la Universidad Católica Boliviana».
88
«Nuestra institución le exige a la Iglesia un esfuerzo
muy grande en recursos de personal y financieros. Lo
hacemos gustosos, pero en la esperanza de obtener
una justa rentabilidad. Una rentabilidad espiritual».
89
El Rector Antonio Boza y el Gran Canciller Genaro Prata
Acto académico 1981
finalidad. La nuestra no es otra universidad, una más
en el conjunto de universidades. La nuestra es una
Universidad adjetivada, católica, que nos exige y nos
condiciona; que desea identificarse como tal y que
quiere que se la acepte y estime por lo que ella es».
91
Rectores Nacionales
de la U.C.B.
92
Dr. Antonio Boza Fernández
(1979 - 2001)
Dr. Carlos Gerke Mendieta
(2001 - 2005)
93
Marco Antonio Fernández C. MEE.,MM.
(2013 - a la fecha)
Los años ochenta y noventa
OTRO PAÍS, OTRA UNIVERSIDAD
96
Los números también se ocupan de contar la historia. En
1980 eran siete las carreras que ofrecía la Universidad
Católica Boliviana, en La Paz y Cochabamba. Y poco más
de 1.700, sus estudiantes. Veinte años después, en el primer
año de este nuevo siglo, el número de carreras y el número
de estudiantes se habían multiplicado por siete. Y eran ya
cuatro, en el año 2000, las ciudades que cobijaban una
Universidad Católica. Santa Cruz y Tarija se añadieron
a las dos primeras. Y eran también cuatro las Unidades
Académicas Campesinas, en Batallas, Carmen Pampa,
Pucarani y Tiawanacu, seis los cursos de un primer ciclo de
Postgrado, cuatro los de las «Maestrías para el Desarrollo»
y cerca de 100 millones de bolivianos el presupuesto total
del más importante de los empeños de la Iglesia Católica en
el ámbito de la Educación Superior en el país.
97
abiertas y en los espacios que la cobijan. Hay, empero, un
dato que no debe dejarse de lado. Si bien en la década de
los ochenta, y en la ciudad de La Paz, se habían creado
dos nuevas carreras, las de Turismo y Relaciones Públicas,
es en 1990, con la creación de la Carrera de Derecho,
también en La Paz, cuando arranca el proceso de crecimiento
y expansión de la Universidad que aquí referimos, tomando
en cuenta, claro, que hasta entonces, hasta 1990, estaban
consolidadas las cuatro emblemáticas carreras con las
que la Universidad Católica inició su andadura en La
Paz: las dos fundacionales, Administración de Empresas
y Economía, creadas en 1966, y las de Psicología y
Comunicación, que arrancan labores en 1971. A ellas
se sumaban las tres de Cochabamba: Filosofía (1971),
Enfermería (1974) y Teología (1976).
98
Universidad Católica en Cochabamba
100
101
Universidad Católica en Cochabamba
Acto de graduación, auditorio en Cochabamba
107
política, en esos años, comenzaron a ocurrir «por primera
vez». Entre 1985 y 1997, puntualmente, bajo el rigor de
la Constitución, en el Congreso Nacional y después de la
celebración de elecciones nacionales, siempre en agosto
y después de cuatro años, cinco presidentes que habían
cumplido su mandato le entregaron a otro líder político
el mando de la nación. No había ocurrido nunca en la
historia del país, era la primera vez.
108
La década de los años noventa le trajo al país nuevas
palabras, en forma de nuevas instituciones democráticas:
el Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo, por
ejemplo. La política tuvo las suyas: «Participación Popular»,
«Capitalización», «Reforma Educativa». La misma política
se ocupó de diluirlas, apenas llegado el nuevo siglo.
109
no sólo que debía considerarse la implantación de un
sistema de educación gratuita para aquellos estudiantes
que no pudieran pagarla, sino que no podía construirse
como una institución lucrativa y excluyente?
110
Conferencia Episcopal Boliviana, a través de ocho
resoluciones, había decidido emprender la «renovación
estructural» de la Universidad Católica. Una de esas
resoluciones, la 008/79, instruye a sus autoridades
establecer un riguroso «plan de austeridad económica»,
como parte de la «etapa de reordenamiento» que en
ese momento vivía la Universidad. Otra resolución, la
007/79, había designado al doctor Luis Antonio Boza
Fernández como su nuevo Rector. Y fue él, el segundo
rector en la historia de la Universidad, quién tuvo como su
primera tarea la transformación radical de su estructura
presupuestaria, una tarea que consistía, básicamente, en
revertir completamente la composición del presupuesto,
de manera que los ingresos propios, y ya no las donaciones,
se conviertan en la base y sustento económico de la
Universidad. Y esto sólo era posible incrementando los
pagos mensuales de sus estudiantes. La Universidad, si
quería existir, no podía depender más de las donaciones.
111
Los Gastos de Operación, en ese presupuesto, se
desglosaban así: «Aportes de la Conferencia Episcopal
de Bolivia», poco más de seis millones (el 33 por ciento)
(en este monto figuran los referidos aportes captados por
la Universidad como donaciones de la Santa Sede y de
organismo católicos internacionales); «Aportes del Estado»,
poco más de cinco millones de pesos (el 28 por ciento);
«Aportes de los alumnos», poco más de cuatro millones (el
22 por ciento); «Investigaciones», cerca de tres millones (el
15 por ciento); y, finalmente, las «Donaciones para Becas»,
cerca de 350 mil pesos (el dos por ciento), monto que
corresponde a las donaciones de instituciones nacionales.
No será difícil para un lector paciente corroborar que
estas cifras corresponden a una estructura presupuestaria
en la que los ingresos propios de la Universidad —los
que provienen del pago mensual de los estudiantes— se
acercan al ya referido 30 por ciento del total de ingresos; y
el 70 por ciento restante, a las donaciones.
112
por Donaciones» eran de apenas 400 mil bolivianos (el 0,46
por ciento); y los llamados «Ingresos Varios» llegaban a poco
más de 700 mil bolivianos (el 0,81 por ciento). Si el paciente
lector decidió seguirnos, estas cifras de 1998 le dirán,
irrefutablemente, cómo había cambiado el presupuesto de
la Universidad en poco más de veinte años.
113
había detentado el monopolio absoluto de la Educación
Superior en el país. Era una Universidad que, en varios
aspectos, se había adelantado a las transformaciones que se
iniciaron en la universidad pública en la década de los años
noventa, cuando en el país se comenzó a discutir la necesidad
de una nueva conciencia sobre el rol de las universidades.
Es la Universidad Católica Boliviana de esos años, una
universidad que, por su trayectoria, y también por su vínculo
permanente con el Sistema de la Universidad Boliviana (es
parte de este Sistema), logra adecuarse, también con éxito,
a las nuevas demandas sociales que surgen ya no sólo en el
plano nacional, sino en el contexto internacional, marcado
por los procesos —es inevitable apelar a la terminología de
la época— de globalización e internacionalización de la
economía en el planeta.
114
se trata, porque así es posible perfilar qué es eso que aquí
—hace apenas un par de párrafos— se ha llamado «nuevas
demandas sociales» en el ámbito de la Educación Superior
en el país. Antes, empero, cabe una brevísima reseña de la
instalación de la Universidad en las ciudades de Cochabamba,
Santa Cruz y Tarija.
115
carreras en Cochabamba durante casi dos décadas,
entre 1971 y 1990, hasta que a partir de ese último año
se produjera una verdadera «implosión»: diecinueve
nuevas carreras en diecinueve años, entre 1990 y 2009,
un programa de siete maestrías, diecisiete diplomados
y un primer y único doctorado en el país en el área de
Comunicación Social.
116
de la Carrera de Psicopedagogía, el segundo Programa
Académico de la Iglesia acogido por la Universidad. Un año
después, en 1991, las Hermanas Misioneras de la Doctrina
Cristiana y la Universidad crearon la Carrera de Ciencias
Religiosas, el tercer Programa Académico de la Iglesia en
Santa Cruz. Después de fundada la Unidad Académica de la
Universidad en esa ciudad, el referido 1 de marzo de 1993,
se sumaron a ella, y también a través de convenios y como
Programas Académicos de la Iglesia, varias otras carreras,
entre ellas la de Comunicación Audiovisual (en 1998, a cargo
de Diakonía), la de Agropecuaria (2000) a nivel de Técnico
Superior, esta vez en Comarapa y a través de un convenio
con la Congregación de los Hermanos Maristas, y la Carrera
de Teatro (2004) también a nivel de Técnico Superior y
en convenio con la denominada «Fundación de Hombres
Nuevos». Al año 2015, de los 3.354 alumnos inscritos en
Santa Cruz, 647 corresponden a los Programas Académicos
de la Iglesia y 2.707 a la Unidad Académica Regional. Una
singularidad adicional de la Universidad Católica en Santa
Cruz: es la única que cuenta con las carreras de Medicina y
Odontología: siete de cada diez estudiantes de esta Unidad
Académica regional se forman en estas dos carreras.
117
de la «Universidad San Bernardo de Tarija», en marzo de
1994. Seis años después, el 27 de enero de 2000, la referida
Fundación y la Universidad Católica Boliviana firmaron un
convenio de transferencia que hizo posible la instalación de
la cuarta Unidad Académica Regional de la Universidad
Católica en Tarija. Hoy, esta Universidad, y con datos
del periodo 2001-2014, ha titulado a 902 profesionales,
la mayoría de ellos en cuatro de sus doce carreras: 281 en
Ingeniería Comercial, 180 en Arquitectura, 165 en Derecho
y 98 en Ingeniería Civil.
118
Biblioteca Central de la regional La Paz
Unidad Regional de Tarija
año 2000, destacan: Administración de Empresas, Medicina
y tres «ingenierías»: de Sistemas, Industrial y Civil; en la
Unidad Académica de Tarija destaca la creación, en el
año 2000, de la emblemática carrera de Administración de
Empresas, y a ella se suman, entre otras, y también en ese
mismo año, la de Derecho y, otra vez, tres «ingenierías»:
Civil, Comercial y de Sistemas.
121
exclusivo de la universidad pública. Puede decirse, por tanto,
que el periodo de los noventa fue, para la Universidad, al
menos en alguna medida, la «década de las ingenierías».
122
1982, y con la apertura de la Universidad Privada de Santa
Cruz de la Sierra, UPSA, creada con el respaldo corporativo
del empresariado cruceño en 1985. Entre los años 1990 y
1995 se crearon veintiún nuevas universidades privadas en
todo el país. Hay, en estas cifras, la marca no sólo de unos
nuevos tiempos, sino también el signo de que la Educación
Superior comenzaba a convertirse, en el país, en un atractivo
y lucrativo negocio en manos privadas.
123
La Ley 1545 reafirma también, como el Decreto Ley de
1966, que la Universidad Católica «se regirá por su propio
estatuto», y «por las leyes que norman las universidades
públicas estatales»; la norma señala además que la
Universidad «administrará libremente sus recursos, sin
recibir ningún aporte estatal, nombrará sus autoridades y al
personal docente administrativo, de acuerdo a sus estatutos,
planes de estudio y presupuesto anual». Finalmente, la
Ley 1545 establece que al ser la Universidad Católica
una institución «de interés social, de derecho público y de
utilidad nacional», «se le reconocen las mismas liberalidades
arancelarias e impositivas que a las universidades estatales».
124
Nacional de Acreditación y Medición de la Calidad
Educativa (CONAMED)», a cargo de su administración
(Artículo 21, Ley 1565).
125
Hay otros papeles, los papeles que guardan los archivos de la
Universidad (esos viejos papeles, siempre felices decidores de
la historia), que nos ofrecen, desde distintas perspectivas, otra
aproximación a la vida de Universidad Católica de aquellos
años. Entre esos papeles están, por ejemplo, un par de páginas
escritas y firmadas, de puño y letra, por el Rector Luis Antonio
Boza Fernández. Era frecuente, allá en los años noventa,
que instituciones de toda naturaleza ensayen una suerte de
autovaloración a partir de la identificación de las «Fortalezas»,
«Oportunidades», «Debilidades» y «Amenazas», una técnica
de evaluación institucional llamada «FODA». Anota el Rector,
como Fortalezas de la Universidad, las siguientes: Tradición,
Prestigio y Predisposición al cambio, y las justifica destacando la
calidad en la formación de profesionales y la alta calificación
de sus docentes, el hecho de que la Universidad sea una
institución de la Iglesia, el trabajo en equipo y el inicio de
una serie de reformas en el ámbito académico e institucional.
Las Oportunidades que observa la principal autoridad de la
universidad son: Mantener el liderazgo, Mejorar la calidad de la
educación y establecer Convenios nacionales e internacionales, y los
argumentos en los que se asientan estas Oportunidades, a juicio
del Rector, tienen que ver con un crecimiento más sistemático
de la Universidad (cuantitativo y cualitativo), con la aplicación
de sistemas de autoevaluación, acreditación y planeamiento
institucional, y con la implantación del postgrado en la
Universidad. En cuanto a las Debilidades institucionales, Boza
Fernández anota: el Crecimiento desordenado y la Burocracia, la Poca
investigación y la Infraestructura; estas tres principales Debilidades,
señala el Rector, se explican por la interrupción de procesos
en marcha, por la falta de una formación pedagógica en los
docentes, por la ausencia de un Plan de Desarrollo Integral,
126
la falta de comunicación y el ingreso indiscriminado de
estudiantes; la construcción de una biblioteca acorde a las
dimensiones que adquiría la Universidad en esos años, es otra
de las necesidades que menciona la primera autoridad de la
institución. Finalmente, el Rector advierte, como Amenazas,
el Estancamiento (crecimiento no organizado), la Competencia de
otras universidades y la Interrupción del proceso de cambio iniciado
en esos años.
127
Son éstos los puntos centrales de lo que bien puede llamarse,
en esos años —entre 1997 y 1998, fundamentalmente— la
agenda de desafíos y transformaciones que enfrentaba la
institución. Cabe aquí, porque nos aproxima a un retrato de
la Universidad de entonces, un breve repaso a una de esas
tareas fijadas en su agenda institucional.
128
este sistema de evaluación estriba en que el profesor «deberá
presentar por escrito en la primera clase del semestre, los
objetivos básicos, los adicionales, los contenidos de la materia, la
bibliografía y las técnicas y los instrumentos que se utilizarán
para evaluar el cumplimiento de cada uno de los objetivos.
Estas técnicas deberán contemplar necesariamente procesos
autoevaluativos, coevaluativos y hetreoevaluativos», señala
el «Reglamento del Sistema de Evaluación Académica». Y
añade: «La Evaluación Docente, en el proceso enseñanza-
aprendizaje, se realizará en base a cuatro documentos: Plan
de Trabajo, Informe de Labores, Informe del Jefe del Departamento y
Formulario de Valoración Estudiantil».
129
sobre las Universidades Católicas», nombrada como Ex
Corde Ecclesiae (Nacida del corazón de la Iglesia). Es ésta la
«Carta Magna» de las universidades católicas en el mundo,
la fuente referencial de los principios que guían la tarea de
la Iglesia Católica en la Educación Superior, y es, al mismo
tiempo, las síntesis de una larguísima discusión cuyo punto
de partida podría situarse en el Concilio Vaticano II (1962-
1965), y más específicamente en la «Declaración sobre la
Educación Cristiana, Gravissimun Educationis» que emite el
Papa Paulo VI el 28 de octubre de 1965.
130
«La Universidad Católica está ya en la madurez como
para dar un salto cualitativo y cuantitativo en beneficio
de la educación superior católica y en satisfacción de las
demandas del medio como obra social», señala la propuesta
de un Nuevo Modelo Académico para la Universidad de
1989, y afirma que ese modelo debiera «poder acercarnos
más, de manera objetiva, a nuestra realidad social boliviana
en conjugación con los preceptos de la Iglesia y los
lineamientos que sean definidos». Hay, en esta propuesta
una clara inclinación por uno de los principales postulados
de sus fundadores: la Universidad como instrumento del
cambio social. Así puede explicarse que en ese documento
se afirme que ese Nuevo Modelo Académico «se constituya
en un medio para lograr la transformación social»; «que
esté al servicio de la pluralidad cultural y en un diálogo
de respeto con los valores étnicos y lingüísticos del país»;
«que sirva para la formación de una conciencia crítica y
reflexiva frente a las demandas y necesidades sociales para
una acción coherente y cristiana»; y «que —finalmente—
esté ubicado en la realidad objetiva de las necesidades y
perspectivas de los sectores populares».
131
de su existencia: debía ser una Universidad Católica. ¿Pero qué
es, qué significa ser una Universidad Católica? La pregunta,
siempre presente, vigilante, encuentra respuesta en la ya
referida Constitución Apostólica sobre las Universidades
Católicas de Juan Pablo II.
132
La «Identidad de la Universidad Católica». Éste es
el acápite de la Constitución Apostólica sobre las
Universidades Católicas de Juan Pablo II donde se definen
sus «características esenciales». «Una Universidad Católica —
apunta el Papa— debe poseer tanto la fidelidad al mensaje
cristiano tal como es presentado por la Iglesia, como el
esfuerzo institucional a servicio del pueblo de Dios y de
la familia humana en su itinerario hacia aquel objetivo
trascendente que da sentido a la vida». «En una palabra
—concluye Juan Pablo II— siendo al mismo tiempo
Universidad y Católica, ella debe ser simultáneamente
una comunidad de estudiosos, que representan diversos
campos del saber humano, y una institución académica,
en la que el catolicismo está presente de manera vital».
133
La nueva biblioteca en La Paz
134
La Facultad de Teología
Instituto Superior de Estudios Teológicos, ISET
135
El Seminario Mayor de San José se puso en marcha
bajo la dirección de los sacerdotes diocesanos españoles
que pertenecían a la Obra de Cooperación Sacerdotal a
Hispanoamérica, OCSHA; a los pocos años se generó una
crisis por ciertas directrices de este equipo de formadores,
y por ello la Conferencia Episcopal de Bolivia, en 1969,
decidió prescindir del equipo en la conducción del Seminario
Mayor. Esta decisión hizo que se considere la creación de
un Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos —éste fue su
primer nombre—, como una instancia académica no sólo
para la formación sacerdotal de seminaristas, sino también
abierto a candidatos a la vida religiosa y, lo más novedoso,
abierto a laicos que desearan estudiar Filosofía y Teología.
Este proyecto causó expectativa y entusiasmo. Los obispos
encargaron la concretización del proyecto a un equipo
integrado por los sacerdotes diocesanos Luis Sagredo y
Edmundo Abastoflor, los jesuitas Ignacio Zalles y Enrique
Jordá y el agustino Lucas Hoogveld. Este grupo inter-
religioso se reunió regularmente durante los años 1969 y
1970 para la concepción y creación del Instituto, y como
resultado de su trabajo nació el Instituto Superior de
Estudios Teológicos, más conocido como ISET, que empezó
a funcionar el 1 de febrero de 1971.
El ISET anduvo errante durante sus primeros años de
actividad, no tuvo un lugar fijo como sede propia. Dio inicio
a sus actividades académicas en el colegio Santa María, de
las hermanas de Santa María Magdalena Postel; pasó luego
al Centro San Martín de Porres, de los padres dominicos;
136
y después al colegio Pío XII. En 1972, quienes acogieron
al ISET fueron los padres franciscanos en las instalaciones
de lo que había sido antes el Colegio Seráfico de la Orden
de los Frailes Menores, OFM, donde permaneció hasta el
año 1985. La sede propia y definitiva fue fijada en la actual
avenida Ramón Rivero, esquina calle Oruro, de la ciudad
de Cochabamba, un predio adquirido por la Conferencia
Episcopal de Bolivia.
El primer director del ISET fue el padre Luis Sagredo, quien,
muy penosamente, y apenas a los dos meses de asumir el
cargo, enfermó y falleció. Lo sucedió en la dirección el padre
Enrique Jordá, quien, con la colaboración cercana del padre
Fernando Manresa, estructuró los programas académicos. En
1974, el padre Edmundo Abastoflor reemplazó a Jordá en la
dirección del ISET, y luego estuvo a cargo el padre salesiano
Pastor Montero. Posteriormente, varias otras personalidades
asumieron su conducción: el padre Lucas Hoogveld,O.S.A.,
Miguel Manzanera, S.J., Hans van den Berg, O.S.A., P. Luis
Jolicoeur y P. Juan de Dios Gonzáles.
Es justo mencionar y recordar al primer equipo de docentes
y conferencistas del ISET: Los Sacerdotes Luis Sagredo,
Edmundo Abastoflor, Javier Baptista, Luis Espinal,
Crisóstomo Geraets, Juan Gorski, Lucas Hoogveld, José
Luis Idígoras, Enrique Jordá, Joaquín López S., Fernando
Manresa, Antonio Menacho, Pastor Montero, Luis
Palomera, Juan Risley, Oscar Uzín, Luis Villarroel, Jaime
Virreira e Ignacio Zalles, el científico Martín Cárdenas y
la religiosa Aida Salek.
137
En la historia de ISET, un paso importante fue su
incorporación a la Universidad Católica Boliviana, por
decreto de la Conferencia Episcopal de Bolivia, el 30 de
abril de 1976. Este hecho dio lugar al nacimiento de la
Facultad de Filosofía y Ciencias Religiosas, para la que se
trabajó intensamente con el propósito de contar con un
plantel de catedráticos con formación postgradual y con
competencias para la investigación y la publicación, tarea
nada fácil por las limitaciones académicas y económicas de
las instituciones de la Iglesia boliviana. Digna de mencionar
es, sin embargo, la creación de la revista Yachay. Revista de
Cultura, Filosofía y Teología, una revista semestral que nace
en 1984 y que ha contribuido hasta la fecha con artículos
que constituyen un verdadero fondo de reflexiones sobre
la historia del pensamiento filosófico y teológico del ISET,
además de abordar temas culturales bolivianos varios.
Años más tarde, el ISET se dio a la tarea de buscar la
afiliación a una Facultad de Teología. Y así, en 1986, por
decreto de la Sagrada Congregación para la Educación
Católica de la Santa Sede, el ISET fue afiliado a la
Facultad de Teología de la Pontificia Universidad
Javeriana de la ciudad de Bogotá, Colombia. Esto significó
que fuera la primera carrera de la Universidad acreditada
internacionalmente. Un poco más tarde, en 1994, el
ISET fue agregado a la misma Universidad Javeriana,
y con autorización para organizar un primer ciclo de
Licenciatura Eclesiástica en Teología, especialidad en
Misionología. Esta agregación abrió las puertas para que
138
se consiga, en marzo del año 2000, la declaratoria del
ISET como Instituto Sui Iuris. [La frase latina Sui Iuris
significa literalmente «De propio derecho»; en el Derecho
Romano la frase refiere a aquel que no se encuentra bajo
el mando de otro; en español diríamos, simplemente,
«autónomo».] Con esta declaratoria, el ISET se convirtió
en una entidad directamente vinculada a la Sagrada
Congregación para la Educación Católica de la Santa
Sede, por lo que recibió autorización para organizar el
segundo ciclo de Licenciatura Eclesiástica en Teología,
esta vez en la especialidad de Teología Pastoral.
Finalmente, y a cuarenta años de la creación del ISET,
la Sagrada Congregación para la Educación Católica, el
26 de enero de 2012, erige al Instituto como Facultad de
Teología. El ISET pasa, por tanto, de Instituto Sui Iuris
a ser Facultad de Teología, con autonomía y autoridad
para otorgar los siguientes títulos académicos eclesiásticos:
Bachiller Eclesiástico en Teología, Licenciatura Eclesiástica
y Doctorado en Teología, con tres especializaciones, en los
dos ultimos grados: Misionología, Teología Espiritual y
Teología Pastoral. La búsqueda de la afiliación del ISET,
iniciada en los años ochenta, ha tenido, por todo lo dicho,
un resultado altamente positivo, el que mencionamos al
principio de esta breve reseña histórica: Bolivia cuenta con
la primera y única Facultad de Teología. Erigida en su vida
repúblicana. Anteriormente, en la época colonial, se contó
con la Facultad de Teología de la Universidad Pontificía de
San Francisco Xavier de La Plata, hoy Sucre.
139
Más allá del tiempo
LAS OTRAS HISTORIAS
142
Están aquí, aquellas historias que, diríamos, rompen el
curso normal o rutinario de los hechos. Le atribuimos
cierta normalidad o el carácter de rutinario, a esa línea
histórica cuyos ejes son, en alguna medida, probables
o previsibles, sujetos a un curso más o menos general
de los hechos. Estas historias no. Estas historias, las
que en este acápite se cuentan, obedecen sobre todo al
bienhacer y a la creatividad de sus impulsores. Y por ello
el nombre aquel, “Otras historias”. De todas maneras,
estas otras historias son parte sustanciosa de la vida en la
Universidad Católica Boliviana.
145
Primera etapa. Fueron tres las carreras con las que las
Unidades Académicas Campesinas iniciaron sus labores
en el altiplano paceño: Técnico Superior en Agronomía,
Agroindustria y Enfermería. La primera de esas carreras,
Agronomía, se estableció en Tiwuanaku, localidad situada
a setenta kilómetros de La Paz, en la provincia Ingavi; el
Técnico Superior en Agroindustria comenzó a funcionar
en Batallas, provincia Los Andes, a sesenta kilómetros
de La Paz; la carrera de Enfermería arrancó en Pucarani,
a cuarentaiocho kilómetros de la principal ciudad del
departamento, también en la provincia Los Andes.
En estos tres primeros cursos se matricularon 182
universitarios, 72 en Tiwuanaku, 31 en Batallas y 79 en
Pucarani. Participaron 19 docentes, seis fueron destinados a
Tiwuanaku, seis a Pucarani y siete a Batallas.
La implementación de proyectos de Educación Superior en
el ámbito rural ha sido siempre una difícil tarea en el país. Lo
saben muy bien los fundadores e impulsores de las Unidades
Académicas Campesinas. Apenas un ejemplo: durante
un mucho tiempo, y debido a la inexistencia de espacios
físicos adecuados, varias salas parroquiales de Tiwuanaku,
Batallas y Pucarani tuvieron que convertirse en aulas, hasta
que CARITAS, una de las principales organizaciones
humanitarias de la Iglesia Católica, apoyó el proyecto con la
construcción de las edificaciones que se necesitaba.
Segunda etapa. El segundo periodo en la historia de
las Unidades Académicas Campesinas se caracterizó,
principalmente, por la ampliación de la oferta académica,
146
la consolidación de la infraestructura y la creación de dos
nuevas unidades, una en Escoma y otra en Carmen Pampa.
La creación de la Unidad Académica de Escoma se
remonta a 1972, cuando la comunidad Salesiana de
esa localidad inicia sus actividades pastorales y otras
relacionadas con la atención de la salud y la educación.
Diez años después, en 1982, y con el objetivo de impulsar
la formación de productores agropecuarios, esa misma
Congregación crea el Centro de Extensión y Capacitación
Agropecuaria, CECAP, el antecedente inmediato para
la creación de la Unidad Académica Campesina y de la
carrera de Técnico Superior en Agropecuaria, en julio
de 1994.
La Unidad Académica Campesina de Carmen Pampa,
situada a 14 kilómetros de la ciudad de Coroico, en la
comunidad del mismo nombre, provincia Nor Yungas,
fue creada a iniciativa de la Diócesis de Coroico y de las
Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción, el 4
de Octubre de 1993, y comenzó sus actividades ofreciendo
las carreras de Agropecuaria, Enfermería , Veterinaria y Zootecnia.
Ampliación de la oferta académica. Entre los años
2000 y 2005 el número de carreras que se ofertaban en las
Unidades Académicas Campesinas creció notablemente.
Eran tres cuando arrancó el proyecto, en 1987, y en 2005
ya eran quince, ocho a nivel de Técnico Superior y siete a
nivel de Licenciatura, todas inscritas en el Comité Ejecutivo
de la Universidad Boliviana, CEUB, tal como se observa en
el cuadro que acompaña esta reseña.
147
Carreras ofrecidas en las Unidades
Académicas Campesinas, al año 2005
148
Bajo este principio, se desarrollaron los llamados «cursos
modulares», cursos cuya característica central consiste
en abordar una problemática de interés específico de la
comunidad. Y así, las Unidades Académicas de Batallas
y Tiwuanaku, con el apoyo de diferentes programas,
instituciones y organizaciones afincadas en el altiplano,
pusieron en marcha el primero de esos cursos, el de
Producción y transformación de derivados lácteos, con el objetivo
de capacitar al productor campesino y elevar sus niveles de
vida mediante el aumento de la productividad.
A partir de esta primera experiencia, y siguiendo la misma
lógica, las Unidades Académicas Campesinas han venido
implementando, regularmente, cursos modulares que
abordan temáticas como: Gestión municipal, Veterinaria,
Producción y manejo en camélidos, Liderazgo y organización,
Apicultura y Turismo.
Desafíos. A casi treinta años de su creación, las Unidades
Académicas Campesinas de la Universidad Católica
Boliviana se han planteado como reto inmediato ya no sólo
la formación de profesionales campesinos, sino un mayor y
más efectivo involucramiento en proyectos y programas de
desarrollo rural en tres áreas de incuestionable importancia
en el altiplano paceño: la Salud y las actividades Pecuaria y
Agraria. Entre esos programas y proyectos figura, además,
la ampliación del Sistema de Becas para llegar a todas las
zonas rurales del país.
149
Unos Talleres donde no se enseña,
se descubre y se aprende
150
Y esto es bueno porque, en esencia, se trata de descubrir
otras cosas, se trata de que por muy poco que se logre
descubrir, ese descubrimiento trascienda y se convierta en
una práctica que le haga sentirse a uno como es: con sus
propias dudas y con sus propios logros; con sus propios
miedos y con sus propias penas. Todo esto para vencer la
soberbia o el quietismo. Esto es un Taller.
Fue en los turbulentos años de la década de los setenta cuando
Carlos Rosso le propuso a Alberto Villalpando innovar un
taller de estas características, un taller que se dedicara a formar
músicos profesionales, un taller para la música, puesto que, a
la sazón, buena falta hacía eso en Bolivia. La Universidad
Católica acogió la idea gracias al entusiasmo definitivo de
Monseñor Prata, el Rector de entonces.
Y es que, además, el problema de la formación profesional
de los músicos, y de los artistas en general, a nivel
universitario, no había merecido en Bolivia —por lo menos
hasta ese entonces— la atención suficiente ni del gobierno
ni de nadie. Esa absoluta indiferencia nacional no podía
menos que provocar el empobrecimiento de la autoestima
de quienes querían ser músicos profesionales y a quienes se
les obligaba a considerar que, para poder estudiar música
y vivir profesionalmente de ella, había que irse a vivir en
Europa o Estados Unidos.
Así, no solamente se perdían recursos humanos valiosos, sino
que aquellos que se marchaban se encontraban en la difícil
situación de tener que enfrentar las exigencias técnicas y
sociales de esos grandes centros, lo que les obligaba a tener
que expresarse en lenguajes y maneras muy distantes de
151
su propia esencia vital. Y así, muchos de ellos terminaban
condenados a sobrevivir, como músicos profesionales, es
cierto, pero totalmente huérfanos de identidad y sin mucho
que aportar en estos centros mundiales y menos en Bolivia.
Por todo esto, la propuesta de ingeniar un Taller de Música
consistía en promover la formación de profesionales capaces
de trabajar con el mundo de los sonidos, con sus relaciones
culturales y expresivas. Más que ser especialistas en esto
o en aquello, se trataba de que pudieran, más bien, ser
profesionales integralmente formados y cuya competencia
los capacitara para componer, realizar, tocar, dirigir e
investigar todo cuanto se refiere al conocimiento musical.
En una palabra, músicos capaces de vivir y trabajar
serenamente en Bolivia, desafiando las dificultades o las
ventajas que esto suponía.
Un Taller de Música así concebido no podía sino
buscar que quienes lo conformaran debían formarse de
manera interdisciplinaria para que puedan ejercer un
pensamiento ético, estético y crítico acerca de lo que
somos y queremos ser en Bolivia, un país cuya diversidad
cultural obliga a una apertura a lo diferente, a lo distinto;
un país que, por su propia y particular naturaleza, exige
pensar en el ejercicio profesional basado en una alteridad
cargada de sentidos éticos y estéticos; unos profesionales,
en fin, educados para manejarse con solvencia en el área
creativa y de realización de la cultura musical, capaces
de organizar lo cotidiano artístico de su entorno social y
dispuestos siempre a trasmitir sus destrezas a otros. Dicho
con prontitud: se deseaba crear una generación de líderes
de un nuevo movimiento musical para Bolivia.
152
No cabían más dudas. El 11 de marzo de 1974 empezaron
las clases de este taller para la música. Hubo, sin embargo,
además del mayor de los entusiasmos, la clara conciencia
de asumir la responsabilidad de poner en marcha una
propuesta nueva en una universidad nueva y con una nueva
manera de pensar la formación musical profesional en el
país, si esto era posible. Aquella primera clase se inició con
treinta estudiantes, todos ellos escogidos como para una
aventura sin retorno. Al final sólo quedaron once, once
músicos profesionales. No todos se quedaron a trabajar en
Bolivia, como era la idea, pero todos asumieron el reto de
una u otra manera.
El Taller de Música terminó su trabajo en 1978, como
estaba planificado, pues nunca se pensó en una Carrera de
Música que durara muchos años, lo que no hubiera sido
socialmente responsable puesto que el campo de trabajo
profesional de un músico en el país era todavía muy limitado.
Pasaron más de veinte años de esta primera y singular
experiencia, y la Universidad Católica Boliviana volvió
a acoger, en 1998, un proyecto similar, con los mismos
postulados y esta vez por partida doble: un segundo taller
para la música y uno nuevo, el Taller de Literatura. Rosso
y Villalpando asumieron nuevamente la responsabilidad de
conducir el taller de música, pero esta vez secundados por
Cergio Prudencio, Ramiro Soriano, Agustín Fernández y
Oldrich Halas. El Taller de Literatura, a su vez, estuvo a
cargo de Blanca Wiethüchter, Alba María Paz Soldán, Jesús
Urzagasti, Marcelo Villena y otros.
El año 2006 pareció propiciatorio para ensayar una nueva
propuesta, y esta vez se pensó en el cine —en un Taller
153
de Cine— que, una vez más, en Bolivia no había recibido
atención a nivel académico ni de parte de las universidades
estatales y menos de las universidades privadas, que ya en
ese año eran varias. No era fácil definir una buena oferta,
pero al final se optó por la especialidad de Dirección de Cine.
El entusiasmo para esta nueva oferta fue sorprendente:
se presentaron a un examen de ingreso casi doscientos
postulantes. Imposible acogerlos a todos, no sólo por la
cantidad sino por la modalidad misma de un taller con una
singular metodología que privilegiaba la calidad antes que
la cantidad. Se acudió a todos los directores de cine que
había en Bolivia: desde los ya consagrados, como Sanjinés,
Eguino o Agazzi, hasta los más jóvenes, como Ovando,
Loayza, Córdova, Valdivia y Bellot. Hubo que apelar
incluso a profesores del extranjero para algunas materias
fundamentales, y no era fácil encontrarlos; pero el impulso
que ejercían los casi treinta jóvenes y sus ganas irrefrenables
de ser cineastas requería cualquier esfuerzo, y así se hizo.
Diecisiete cineastas terminaron el programa, unos con más
éxito que otros, pero todos con una vocación que no admitía
limitaciones.
Así fue la aventura de los talleres de formación profesional
en música, literatura y cine. Así fue cómo la Universidad
Católica cobijó, sin recelos, esta singular modalidad para
profesionalizar a jóvenes talentos en estas disciplinas tan
poco atendidas por la Educación Superior en Bolivia.
154
Los primeros estudios de Postgrado
en la Universidad
155
Y a propósito del notorio acento de las primeras Maestrías
en el ámbito agrícola, Sanchis decía que la Universidad
había comprendido —tempranamente se diría hoy— que
era en el agro y en la agroindustria donde el país encontraría
el impulso necesario para superar una etapa crítica de su
desarrollo.
La Maestría en la Universidad Católica fue concebida como
un curso integrado, un programa que comprende varios
aspectos de una disciplina y constituye un conjunto, en
cierto modo interdisciplinario. Pero quizá lo más importante
fue que, al convertirse la Maestría en una actividad
institucionalizada en la Universidad, se garantizaba su
continuidad.
En el país, la formación en el nivel de Postgrado se venía
impartiendo, en general, a través de cursos de especialización
sobre temas puntuales que, por su misma condición, no
abarcaban conocimientos y prácticas para enfrentar los
problemas en toda su complejidad. De ahí la importancia
de institucionalizar los cursos de Maestría, garantizando su
continuidad y convirtiéndola en un foro de exposición y de
retroalimentación donde se acumulan conocimientos que
generan ciencia, además de proyectarse como un primer
paso para la formación de Doctorados.
En términos todavía más concretos, para la creación de
las Maestrías en la Universidad se tomaron en cuenta los
siguientes aspectos: se buscaba satisfacer las necesidades del
país en términos de recursos humanos calificados en áreas
que se consideran prioritarias; se pretendía facilitar el acceso
a la Educación Superior de segundo nivel a profesionales
que por motivos de costos elevados en el exterior se veían
imposibilitados a acceder un Postgrado; y, finalmente, se
156
entendió que, a diecinueve años de su fundación (1966),
la Universidad debía enfrentar el reto de satisfacer las
necesidades de profesionales que buscaban un mayor y más
alto nivel de formación y, al mismo tiempo, reafirmar el
propósito inicial y siempre presente de sus fundadores de
forjar profesionales como agentes de cambio.
Por otra parte, los programas de las Maestrías estaban
dirigidos a profesionales que estaban en pleno desarrollo de
su carrera en las organizaciones, empresas o instituciones
del país, que tenían el objetivo de ingresar a nuevas
disciplinas para enfrentar nuevos cargos, y que buscaban
obtener nuevos conocimientos e innovación en su carrera
profesional.
Así fueron concebidos e imaginados los primeros cursos de
Postgrado de la Universidad Católica Boliviana, y en 1989
egresaron los primeros veintitrés profesionales que habían
obtenido una Maestría.
Con el paso del tiempo, los estudios de Postgrado de la
Universidad crecieron e incursionaron en otras áreas.
Además de los que existían en la Facultad de Ciencias
Económico Financieras, se ampliaron a las facultades de
Ingeniería, Derecho y Ciencias Políticas, Ciencias Humanas
y Sociales, y Arquitectura y Diseño Gráfico. Actualmente,
son poco más de cincuenta programas entre diplomados,
especialidades, maestrías y doctorados. El crecimiento fue
progresivo, con un «pico» expansivo sustantivo entre los
años 2011 y 2012, hasta lograr hoy la envidiable cifra de
más de mil estudiantes de Postgrado. Un último dato: en
el año 2000 se crearon los primeros cuatro Doctorados
de investigación en Psicología, Economía, Ingeniería y
Arquitectura, y en el año 2012 en Ingeniería de Sistemas.
157
Inauguración Maestrías para el Desarrolo
158
Edificio de la ePC
Las Maestrías para el Desarrollo (MpD)
y la Escuela de la Producción y
la Competitividad (ePC)
159
La propuesta académica de las Maestrías para el Desarrollo
estaba enmarcada en cuatro conceptos importantes:
frontera del conocimiento; aplicación de conceptos globales
a casos locales; tecnología educativa moderna; y educación
aplicada. Sus instalaciones son únicas en Bolivia y han sido
diseñadas tomando como referente la infraestructura del
Harvard Business School. Actualmente, esta institución ofrece
cuatro programas diferentes de Maestrías: Maestría en Gestión
y Políticas Públicas; Maestría en Administración de Empresas;
Maestría en Finanzas Empresariales; y Maestría en Administración
de Empresas, Concentración en Pequeñas y Mediana Empresas.
A lo largo de los años, las Maestrías para el Desarrollo
han logrado posicionarse como los mejores programas
de Postgrado en Bolivia, tanto en gestión pública como
privada. Un ejemplo: el programa fue seleccionado, en
reiteradas ocasiones, como el único en Bolvia para figurar
en el Ranking de las mejores Escuelas de Negocios de Latinoamérica,
un ranking publicado anualmente por la prestigiosa
revista internacional América Economía y realizado por una
de sus secciones: América Economía Intelligence. El objeto de
este ya histórico ranking es fotografiar la excelencia de
los programas MBA (Master in Business Administration) más
relevantes de la región y es realizado en función a diversas
áreas de análisis: estándares de calidad del cuerpo de
profesores, la producción de conocimiento, el éxito de sus
graduados y sus vinculaciones internacionales.
160
Estos logros fueron posibles gracias al impulso inicial
brindado por los recursos de la cooperación internacional,
pero también al liderazgo y creatividad de quienes asumieron
el reto de impulsar este programa: Julio Sergio Ramírez,
por el HIID, y por Gonzalo Chávez y Marco Antonio
Fernández C, por la Universidad Católica Boliviana,
logrando hacer autosostenible a esta Unidad Académica.
En efecto, y tal cual estaba configurado en el proyecto
inicial, la financiación brindada por la Agencia de los
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID,
concluyó en julio de 1999. Un año después fue necesario
tomar diferentes iniciativas con el fin de afrontar la nueva
situación. Se impulsaron nuevos programas y se expandió
la oferta curricular vía cursos ejecutivos, de manera que
hoy, las Maestrías para el Desarrollo de la Universidad
cuentan con 1.240 graduados y aproximadamente cinco
mil participantes en programas ejecutivos.
Y no es menos destacable el hecho de que las Maestrías
para el Desarrollo, en el ámbito de la investigación,
lograron un liderazgo indiscutible para las escuelas de
negocios en Bolivia, por la producción de numerosos casos
de estudio, libros de texto e investigaciones específicas,
como el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), que le ha
permitido ser parte de las dos redes más importantes del
mundo del emprendimiento y la competitividad: el Global
Entrepreneurship Research Association y el Microeconomics of
Competitiveness de Harvard Business School.
161
Sesión de clases en el MpD
162
163
de la Universidad Católica que acoge a las Maestrías para
el Desarrollo (MpD), a las Licenciaturas para el Desarrollo
(LpD), al Instituto para el Desarrollo del Emprendimiento
y la Competitividad y al mencionado Técnico Universitario
Superior en Gestión y Emprendimiento (TUSGE).
Sobre este último curso (el TUSGE), debe decirse que gracias
a un acuerdo de cooperación con el Banco Mercantil Santa
Cruz —uno de los más grandes de Bolivia—, la Escuela
de la Producción y la Competitividad beca cada año a
más de 50 bachilleres de escasos recursos de todo el país
con el objetivo de brindarles competencias y habilidades
técnicas y un espíritu emprendedor que les permita crear
sus propios negocios y aportar en la mejora de empresas ya
establecidas. Este programa, que tiene una duración de dos
años y medio, ha presenciado ya, el año 2014, la graduación
de su primera promoción.
Las ideas e iniciativas no se detienen ahí. A partir de 2013
la Escuela inició el proyecto denominado «e-Learning»,
que consiste en la incorporación de recursos de enseñanza
y aprendizaje virtuales en los planes de estudio. Durante
el año 2015 se puso en marcha la primera versión de la
«ePC Experience», un proyecto que consiste en ofrecer
una formación académica básica a alumnos del quinto
y sexto grado de Secundaria del país para guiarlos en la
elección de su carrera profesional. La Escuela, además,
ha estado trabajando en el proyecto de creación del
«e-Business English Center» (e-BEC-ePC), una unidad que
se dedicará exclusivamente a la enseñanza de inglés técnico
especializado en el campo de los negocios.
164
Han pasado poco más de veinte años desde que en 1994
naciera una idea y un proyecto cuyo soporte fundamental
fue la cooperación internacional para mejorar la formación
del capital humano en Bolivia en las áreas de gestión pública
y privada. Esa idea y ese proyecto son hoy una institución
plenamente consolidada y autosostenible, dotada de una
oferta curricular variada y reconocida a nivel internacional.
Y esto último no es cuento, pues en 2014 la Escuela de
la Producción y la Competitividad fue premiada como la
mejor Escuela de Negocios de Bolivia y entre las mil mejores
del mundo por la calificadora internacional EdUniversal.
Este estudio abarca 154 países y la votación es ejecutada
por pares académicos —rectores o directores de otras
universidades— quiénes basan su calificación en criterios
académicos y la capacidad de proyección e influencia a
nivel internacional de las Escuelas de Negocios.
La Escuela de la Producción y la Competitividad obtuvo
«Dos Palmas» en la calificación de EdUniversal, y eso quiere
decir que se trata de una Good Business School With Strong
Regional Influence.
165
Las carreras de Ingeniería, un vuelco
en la historia de la Universidad
166
Mecatrónica, carreras con las que queda conformada la actual
Facultad de Ingeniería de la Unidad Académica de La Paz y
sus ocho carreras: Ingeniería Industrial, Ingeniería de Sistemas,
Ingeniería Civil, Ingeniería de Telecomunicaciones, Ingeniería
Química, Ingeniería Ambiental, Ingeniería Mecatrónica
e Ingeniería Biomédica, cada una de ellas insertas en el
Departamento respectivo. A las ocho carreras se suma el ya
mencionado Departamento de Ciencias Básicas.
En casi dos décadas, entre 1992, cuando se crea la primera
carrera de ingeniería en la Universidad (Ingeniería de
Sistemas), y el año 2011, cuando se crean las dos últimas de
las mencionadas ocho carreras en la Unidad Académica de
La Paz (Biomédica y Mecatrónica), la Facultad de Ingeniería,
por su extensión, el número de sus estudiantes, las áreas
disciplinares que abarca y su correlación con la demanda
profesional nacional, ya se ha había convertido en una de las
de mayor importancia en la Universidad.
Si a las consideraciones anteriores se suma el hecho de que desde
el año 2002 la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras
de la Universidad en La Paz ofrece, además de las carreras de
su giro tradicional, la de Ingeniería Comercial, y que además,
en ese mismo año y en cada una de las Unidades Académicas
Regionales de Cochabamba, Santa Cruz y Tarija ya se habían
implantado al menos tres carreras de ingeniería en cada una de
ellas, no es difícil concluir que la Universidad Católica Boliviana
le había dado un vuelco a la historia de sus primeros veinticinco
años. Hoy, la Universidad Católica Boliviana es una de las
instituciones de Educación Superior más completas del país en
la enseñanza de las diferentes disciplinas de ingeniería.
167
El Instituto de Investigaciones
Socioeconómicas, IISEC
168
estudiantes de la carrera de Economía, los que han logrado
una trayectoria de excelencia académica, son invitados a
formar parte del Instituto, donde adquieren sus primeras
armas en investigación.
En sus más de cuarenta años de actividad, el Instituto ha
experimentado diferentes etapas de desarrollo institucional.
Primera Etapa (1974-1980). Fue ésta una etapa de
construcción y afirmación institucional en la que se inicia
—desde 1975— la publicación de los llamados Documentos
de Trabajo IISEC (ininterrumpida hasta la actualidad) en
los que se dan a conocer las investigaciones de relevancia
académica en su versión extensa, para luego ser cualificadas
y publicadas en revistas especializadas. Las investigaciones
desarrolladas en esta etapa se concentraron en temáticas
como la economía agrícola y campesina, la economía
de la educación, ciencia y tecnología, la democracia, la
macroeconomía y los estudios distributivos. Entre todas ellas,
destacan los trabajos de Juan Antonio Morales y Salvador
Romero —los dos primeros impulsores del Instituto—
además de los de Miguel Urioste y Armando Pinell.
Segunda Etapa (1981-1995). En esta etapa, el
Instituto concentró sus estudios en uno de los fenómenos
económicos de mayor trascendencia para el país: el
proceso hiperinflacionario ocurrido en esos años y sus
posteriores derivaciones: el proceso de estabilización y
los efectos de la crisis sobre el desarrollo y el crecimiento
económico. Estas investigaciones y actividades le otorgaron
169
al IISEC un amplio auditorio nacional e internacional. Las
investigaciones desarrolladas en este periodo —críticas y
propositivas, al mismo tiempo—, todas publicadas en la serie
Documentos de Trabajo IISEC, se constituyeron en un relato
histórico-académico de ese proceso de crisis económica que
vivió el país. Jeffrey Sachs, Juan Antonio Morales, Juan L.
Cariaga y Gonzalo Chávez, destacan entre los autores que
contribuyeron a esa tarea.
Tercera Etapa (1995-2010). Las actividades del
IISEC en esta etapa se centraron en estudios sectoriales
que establecieron un nuevo marco de acción para la
investigación. El equipo de investigadores publicó trabajos
en las áreas de macroeconomía, economía agraria,
economía internacional, economía del trabajo, economía
de los recursos naturales, economía de la educación y la
sociología. Estos trabajos fueron presentados nacional e
internacionalmente a través de seminarios y reuniones
de la especialidad. Debe mencionarse, como ejemplo, la
presentación de documentos del IISEC en los Encuentros
Latinoamericanos de la Econometric Society, Latin American and
Caribbean Economics Association, en la Conferencia Internacional
sobre la Integración Comercial del Hemisferio Occidental
y en los seminarios organizados por la Red de Centros de
Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.
En este periodo, destacan las investigaciones realizadas por
Alejandro F. Mercado, Lykke Andersen, José Luis Evia,
Carlos G. Machicado y Jorge Leitón.
Y ya en esta etapa, a poco más veinte años de creado el
IISEC, gran parte de sus labores investigativas se realizaron
170
a través de convenios y asistencia técnica y financiera de
instituciones como la Fundación Ford, el Programa de
Estudios Conjuntos de Integración Económica (ECIEL),
la mencionada Red de Centros de Investigación del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), la Junta del Acuerdo
de Cartagena (JUNAC), el Centro Interuniversitario de
Desarrollo Andino (CINDA), el Centro Internacional de
Investigaciones para el Desarrollo (CIID) del Canadá, la
denominada Autoridad Sueca para el Desarrollo (ASDI), el
Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB), la
Corporación Andina de Fomento (CAF) y Petroleo Brasileiro
S.A. (PETROBRAS).
Cuarta Etapa (2011-2015). Desde el año 2011, la dirección
del IISEC está a cargo de Javier Aliaga Lordemann. En esta
etapa, complementariamente a sus labores de investigación
y publicación de documentos sobre tópicos de relevancia
económica nacional y regional, el Instituto mantiene
un importante vínculo con más de veinte instituciones
y universidades de diecinueve países del mundo. La
relación con estas instituciones se enmarca bajo el alero
del desarrollo de los siguientes proyectos: los proyectos
CELA (Red de Centros de Transferencia Tecnológica
sobre Cambio Climático en Europa y Latinoamérica), el de
JELARE (Proyecto Conjunto de Universidades Europeas y
Latinoamericanas en Energía Renovable) y el de REGSA
(Promoting Renewable Electricity Generation in South America).
La principal característica de este conjunto de proyectos es
que sus resultados son transferidos directamente al sector
productivo, hecho que determina su importancia y, al mismo
171
tiempo, sus logros. El involucramiento del Instituto en estos
proyectos le ha permitido a la Universidad obtener el Premio
Mundial Energy Globe, recibido en 2014 y otorgado por la
Energy Globe Foundation con el auspicio de la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura, UNESCO, y la Fundación Advantage de Austria.
Las investigaciones del IISEC, en esta etapa, han estado
dirigidas al estudio de los ciclos económicos y crecimiento,
a la matriz energética, el cambio climático, la educación
superior, ciencia y tecnología, la economía del desarrollo
y la seguridad alimentaria, principalmente. Destacan las
investigaciones de Javier Aliaga, Horacio Villegas, Sergio
Cerezo y Lourdes Espinoza.
El IISEC, además, inicia en este periodo la publicación
de la Revista Latinoamericana de Desarrollo Económico (Latin
American Journal of Economic Development, LAJED). Esta
revista fue presentada en 2003 como iniciativa de un grupo
de académicos de la Universidad preocupados por la
difusión de investigación científica relevante para el diseño
de políticas públicas y la contribución al conocimiento en
la ciencia económica. La revista tiene una periodicidad
semestral y se publica en los meses de mayo y noviembre.
Finalmente, cabe aquí señalar las cinco líneas de investigación
que desarrolla el Instituto actualmente: i) Crecimiento
económico, ciclos e inclusividad; ii) Energía, Cambio
Climático, Recursos Naturales y Crecimiento Compatible;
iii) Economía de la innovación y emprendimiento inclusivo;
iv) Economía de la Felicidad; y v) Pobreza y Cohesión Social.
172
Salvador Romero Pittari
FUNDADORES IISEC
La Pastoral Universitaria
174
promover la identidad católica en la vida académica y la
evangelización de la comunidad universitaria, aunque
dentro del mayor respeto que tiene toda persona a su propia
libertad religiosa. Desde 1995, se decidió la descentralización
del área de Pastoral convirtiéndola en un Departamento
encargado de ofrecer las materias de formación cristiana. El
Departamento de Ciencias Religiosas, como licenciatura, se
cerró el año 2006.
Hoy, y en las cuatro sedes de la Universidad—La Paz,
Cochabamba, Santa Cruz y Tarija—, se priorizan tres
niveles de Formación Humano Cristiana (FHC) y
dentro de los planes de estudio de las cuatro unidades
académicas regionales se enseña y se aprende Antropología
Cristiana, Cristología y Doctrina Social de la Iglesia.
La Pastoral quiere contribuir a que los estudiantes de
la Universidad Católica Boliviana no sólo culminen sus
estudios como buenos profesionales, sino también como
agentes de cambio en un mundo globalizado, y como
creadores de una sociedad más sensible, humana, solidaria
y justa. La Pastoral aspira, en el caso de los estudiantes
creyentes, a que éstos «participen activamente en la vida de
la Iglesia». En general, se busca descubrir las coincidencias
y las diferencias entre una manera buena y una manera
cristiana de actuar para entender en profundidad el mensaje
de Cristo. La Pastoral aspira también a ser instrumento de
un verdadero encuentro con Dios y de esa forma «llevarlo
a las periferias» y hacer que Cristo viva la comunidad al
estar al servicio del prójimo. Por todo ello, dentro del Plan
Estratégico Institucional 2014-20120, el Ámbito de Desempeño
Pastoral es parte fundamental de su estructura.
175
Por otra parte, la Pastoral universitaria ofrece una serie
de programas dirigidos precisamente al cumplimiento
de los objetivos ya mencionados, y no solo desarrolla sus
actividades dentro de la Universidad sino que una parte de
sus programas están dirigidos a la interacción social y extensión
universitaria, vinculando activamente a la Universidad con
la sociedad. Uno de esos programas, quizá el de mayor
significancia, es el denominado «Universidad para la
Tercera Edad», UPTE, que funciona hace más de diez
años en La Paz. En el caso de las universidades de Santa
Cruz, Cochabamba y Tarija, el programa se denomina
«Universidad para el Adulto Mayor», UPAM
Debe señalarse que este modelo de atención a los adultos
mayores de la Universidad Católica Boliviana ha sido pionero
en Bolivia, aunque siguiendo, naturalmente, el ejemplo de
otros países que también ofrecen programas universitarios
similares. En estos programas dirigidos al Adulto Mayor se
prioriza la atención a necesidades tan importantes como el
mejor uso del tiempo libre, la participación en la sociedad,
la valoración de las capacidades de asimilar aprendizajes
nuevos y la reflexión positiva de las experiencias de la vida
para valorar los recuerdos. En suma, la Pastoral universitaria
promueve el espíritu católico de una Universidad que está
llamada a servir no sólo a sus estudiantes sino a toda la
sociedad boliviana.
Finalmente, y en la parte litúrgica y pastoral, la Pastoral
universitaria atiende con misas diarias para la comunidad,
retiros permanentes para el personal administrativo,
docentes y universitarios, acompañamiento espiritual,
asesoramiento humano y moral, confesiones y orientación
a los sacramentos de la Iglesia.
176
177
178
al ejercicio del derecho a la comunicación, un derecho de
todos y todas.
Una de las principales fortalezas del SECRAD es,
precisamente, ser pionero en la comunicación inclusiva de
y para personas con discapacidad, un campo abierto desde
el año 2003, cuando se llevó a cabo el «Primer Seminario
Internacional de Comunicación y Discapacidad»,
promovido por la Universidad en noviembre de ese
año. Desde entonces, toda la producción de materiales
audiovisuales, las acciones de formación, así como los
proyectos que ejecuta el SECRAD, consideran el uso y
fomento de los lenguajes alternativos de la discapacidad.
La actual estructura del SECRAD se debe a la tarea de
comunicadores como Jaime Reyes Velásquez, Luis Ramiro
Beltrán y Dulfredo Retamozo Leaño. Entre sus directores
debe citarse a Fernando Andrade Ruiz y a Mariola Materna.
Desde junio de 1996, dirige el SECRAD José Luis Aguirre
Alvis, quien fue parte de su equipo docente en el «Primer
Curso de Profesionalización de Comunicadores en Lenguas
Nativas de Bolivia» con el que inició sus actividades en 1986.
Hoy, el SECRAD, como instituto de investigación en
comunicación social y centro de interacción social
comunicativa de la Universidad Católica Boliviana,
desarrolla las siguientes acciones: a) formación de recursos
humanos en producción radiofónica, televisiva y de medios
alternativos; b) asesoría y planificación de estrategias
179
de comunicación educativa y para el desarrollo social; c)
producción de materiales educativos y para la movilización
social, d) investigación y fomento de las prácticas de la
comunicación social para el ejercicio del derecho a la
comunicación; y e) centro de estudio y fortalecimiento de
las formas de comunicación inclusiva de y para las personas
con discapacidad.
El SECRAD se ha impuesto como misión institucional una
aspiración: potenciar las capacidades de comunicación de
los distintos actores de la comunidad para intervenir en la
búsqueda y conocimiento de la realidad, en la conservación
de sus saberes, y en la contribución a la construcción de una
sociedad inclusiva y democrática.
Finalmente, el SECRAD está asociado a la Asociación
Mundial para la Comunicación Cristiana (World Association
for Christian Communication, WACC), el mayor espacio
ecuménico de trabajo por el derecho a la comunicación en
el mundo. El SECRAD ha asumido la Presidencia Regional
para América Latina de la WACC, y desde este espacio
impulsa proyectos por una comunicación alternativa y al
servicio de los más necesitados.
180
2000-2015, la antesala del medio siglo
DESPUÉS DE CINCUENTA AÑOS
184
Sábado 5 de marzo, año 2016. Han pasado cuarentainueve
años, nueve meses y cinco días desde que los Obispos de la
Iglesia echaran a andar la Universidad Católica Boliviana,
el 14 de mayo de 1966. «La celebración de estos cincuenta
años de vida no puede detenerse sólo en eso, en la celebración.
Sabiendo que los propósitos y anhelos de los fundadores
de la Universidad permanecen siempre vigentes, tenemos
el desafío de proponer, imaginar y soñar una Universidad
para las próximas cinco décadas. Celebraremos este medio
siglo de vida, por tanto, proyectando la Universidad hacia el
futuro. Pero no sólo eso, tenemos que ser capaces, también,
de resolver los desafíos materiales y espirituales que tiene hoy
la Universidad». Es Marco Antonio Fernández Calderón, el
actual Rector Nacional de la Universidad, el primero de
sus cinco rectores que procede de sus aulas, de la Carrera
de Economía, una de las dos primeras con las que se fundó
la Universidad, hace cincuenta años. El Rector, sin sombra
de duda alguna, afirma que la Universidad se ha planteado
desafíos que puede vencer, que está bien encaminada en
ello y que es posible lograr la excelencia como Universidad
y formar profesionales integros. Hay algo, sin embargo,
que lo inquieta: «Nuestra identidad, somos una Universidad
Católica». La inquietud del Rector Nacional toma la forma
de preguntas: «Me he preguntado y les he preguntado a
mis colegas, los rectores regionales, si estamos realmente
entregando a la sociedad profesionales que aporten al país
los valores católicos: ¿somos capaces de poner las manos al
fuego por esto?, ¿seremos capaces de llegar al corazón de los
jóvenes que formamos para que ellos puedan enfrentar un
mundo cada vez más complejo con los valores y principios
del humanismo cristiano?».
185
Las preguntas —las mismas preguntas que los Obispos
fundadores de la Universidad se hacían hace cincuenta
años— conducen al Rector Fernández a una necesaria
e inevitable referencia al hombre que hoy intenta
transformar la Iglesia: «Estoy seguro, como les digo a
mis colegas, que si tuviéramos al Papa Francisco frente
a nosotros, quisiéramos contarle nuestros logros: que
tenemos un Plan Estratégico Institucional muy sólido,
que hemos avanzado en fortalecer nuestras capacidades
institucionales, que en los dos últimos años hemos
acreditado nueve carreras… pero es posible que él, más
bien, nos pregunte qué estamos haciendo realmente en
esos cinco o seis años de formación de los estudiantes
para “tocar” su corazón, para dejar en ellos una huella
indeleble que les permita enfrentar sus dilemas futuros en
base a valores éticos y morales del cristianismo. Y que es
muy probable que el Papa Francisco nos pregunte sobre lo
que estamos haciendo para que esos jóvenes sean capaces
de ser coherentes en el futuro —cuando actúen como
empresarios o políticos— con esos valores cristianos y en
un contexto que, más bien, los aleja de esos valores y los
invita al egoísmo, al individualismo y al materialismo».
186
y soñar el futuro de la Universidad. Y ese importante
factor es la solidez financiera y la fortaleza económica
de nuestra institución. Se ha hecho, durante muchos
años, un gran trabajo en este campo, de manera que hoy
podemos plantearnos decidir hacia dónde vamos, podemos
plantearnos el desarrollo de una serie de planes y programas
de alta calidad y tambien podemos apoyar iniciativas que
buscan que nuestra institución sea más inclusiva».
187
en La Paz) y siete carreras, cuatro en La Paz (Economía,
Administración de Empresas, Comunicación Social y
Psicología) y tres en Cochabamba (Filosofía, Enfermería
y Teología). Dos décadas y dos años después, en 2001,
cuando Boza Fernández deja de ser Rector, la Universidad
se había extendido a dos ciudades más, Santa Cruz y Tarija,
eran poco más de 7.000 sus estudiantes y cuarentaicinco las
carreras que ofrecía en esas cuatro ciudades. Al doctor Boza
y a dos de sus principales colaboradores, Elizabeth Álvarez
Rodriguez, en el ámbito académico, y Martín Hinojosa
Campos, en el área administrativa, les había tocado
encausar el periodo de mayor crecimiento y expansión
de la Universidad. En la primera de las dos décadas de la
gestión del Rector Boza Fernández, entre 1979 y 1990, la
Universidad encaró la primera reforma estructural de su
economías; y en el segundo decenio, entre 1990 y 2001,
el periodo de crecimiento, con la creación de treintaiocho
nuevas Carreras, nueve en La Paz, doce en Cochabamba,
nueve en Santa Cruz y ocho en Tarija.
188
de años de mandato de su predecesor, Luis Antonio Boza—,
desde 1979 hasta que asumió el rectorado en 2001, y ejerció
el cargo por sólo cuatro años, hasta el año 2005. En mayo de
2011, la Universidad le confirió a Gerke el grado de Doctor
Honoris Causa «por su eminente carrera profesional como
hombre de leyes, por haber dedicado a nuestra Universidad
sus mejores y más desinteresados empeños como docente,
como Rector Nacional, y por su generosa colaboración
en la Junta Directiva, identificado siempre con los nobles
ideales cristianos».
189
las necesidades de Bolivia y de la Iglesia en Bolivia». «No
queremos engendrar monstruos ni engendrar gigantes»,
decía Monseñor López de Lama en 1979, «deseamos y
queremos una Universidad mejor, a la medida de nuestro
país y de nuestra Iglesia».
190
consultora define los «Objetivos cualitativos» que se busca
implantar en la Universidad. Los citamos íntegramente:
«Relacionar la ejecución operativa y la toma de decisiones
con mediciones financieras que reflejen su impacto»;
«Implantar el concepto de accountability (responsabilidad
y rendición de cuentas, traducimos libremente aquí) en la
cultura de trabajo de la institución»; «Generar en la UCB
una cultura de trabajo y análisis permanente de resultados,
basados en el concepto de monitoreo activo de recursos y
confrontación sistemática del desempeño»; «Profesionalizar
la gestión del cuerpo gerencial, modificando su perfil actual
hacia la estructura de valores requerida»; y «Desarrollar
la plataforma metodológica-operativa que permita a la
UCB caminar hacia el cumplimiento de un planeamiento
estratégico institucional».
191
«Aplicación del análisis resumido del cuadro de mando
integral»; «Resultados financieros positivos»; y, finalmente,
«Incremento de la productividad».
192
un sacerdote feliz: cuando ofrece misa los domingos, allá no
cabe un alma más, la iglesia se llena de bote a bote. Todos
los domingos, el padre Hans oficia la misa en la Parroquia
«Santísima Trinidad», la situada en la calle Max Paredes,
en el popular barrio del mismo nombre, allá donde también
está la casa de los padres Agustinos en la ciudad de La Paz.
«Las finanzas están en orden, no te preocupes». Esto es lo
que Carlos Gerke —Rector Nacional hasta el año 2005—
le dijo al padre Hans, pocos días antes de que el Agustino
se hiciera cargo de la conducción de la Universidad. Los
Obispos lo habían nombrado para que se dedicara a
promover y fortalecer el área académica de la institución,
y esa fue su tarea durante los ocho años en que fue Rector.
Con un acento especial, sin embargo. El padre Hans
cree que contar con un buen estado de las finanzas será
siempre insuficiente si es que la Universidad Católica no
cumple una de sus principales tareas: la investigación. «Una
universidad que no investiga, y que no gana prestigio por
sus investigaciones, no va a alcanzar nunca un nivel que
sea fácilmente reconocible aquí en el país y en el mundo»,
dice el padre Hans. E insiste: «¿A qué se debe que las
universidades en Bolivia no sean capaces de competir en
ningún ranking mundial? Precisamente a eso, a la ausencia
de investigación, y también a la falta de actualización de
sus docentes». Investigar —lo sabe el padre Hans— quiere
decir invertir: «Sí, lo sé, y por eso mismo creo que hay que
invertir en iniciativas de investigación relacionadas con la
problemática actual —la cuestión del clima, por ejemplo,
y desde una carrera que tenemos, la Carrera de Ingeniería
Ambiental—, de manera que así, a partir de nuestra propia
iniciativa en la investigación, generamos y producimos
193
prestigio y confianza, para luego, en una segunda instancia,
recibir encargos. Esto, recibir encargos de investigación, es
el camino, no sólo para ser una universidad verdadera, sino
una universidad que fortalece su economía a través de los
ingresos que pueden generar esas iniciativas de investigación,
unos ingresos que necesitamos urgentemente, sencillamente
porque, además de la investigación, ¿qué se espera de una
universidad de peso, de una universidad de prestigio?: que
esté al día con la tecnología, que seamos capaces de invertir
en tecnología, algo que todavía no podemos hacer».
194
el actual Modelo Académico de la Universidad Católica
Boliviana. Entre ese mismo año (2007) y el año 2009, se
aprobó la puesta en marcha, en la Unidad Académica de la
Paz, de cuatro institutos de investigación: el Instituto para
la Democracia (IpD, 2007), el de Investigaciones Aplicadas
(2008), el de Investigación en Ciencias del Comportamiento,
el de Emprendimiento y Competitividad (2008) y el Instituto
de Investigación sobre Asentamientos Humanos (2009).
En la Unidad Académica de Tarija se creó el Instituto de
Investigaciones de Ingeniería Civil, y en la de Santa Cruz
el de Medicina (2012). Y a propósito de lo que el padre
Hans denomina una «una universidad verdadera», es
decir una universidad que investiga y que tiene programas
de doctorado, en su gestión se aprobaron los reglamentos
para el Doctorado en Economía, Ingeniería y Ciencias,
Psicología, Arquitectura y Comunicación Social. Otro
dato: en 2011 la Junta Directiva de la Universidad aprobó
la creación la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales en
la Unidad Académica de La Paz.
Volvamos al diálogo.
195
calificación. Una universidad verdadera. Debe ser una
celebración de proyección, sino no tiene sentido». ¿Qué
le han dejado, padre Hans, sus cerca de cuarenta años de
vida volcados hacia la Universidad? «Soy una persona
de comunidad, y todo mi gran afán ha sido hacer de la
Universidad una buena comunidad donde la gente se
entiende, donde no hay un Rector y sus directivos que
están en la torre de marfil, una Universidad en la que
se crean equipos y se fomenta el trabajo en equipo. Esto
para mí ha sido fundamental». ¿Puede ser ése el sentido
de ser una Universidad católica? «Sí, y éste es un tema
que he trabajado silenciosamente, eso de poner toda la
atención posible a la creación de comunidades. Ésta es
mi vida, ésta ha sido mi vida, vivir en comunidad. Y
esto, para mí, es el catolicismo de la Católica, un lugar
donde cualquier ser humano que está adentro, sea el
doctor Morales o la Isabelita, tiene el mismo peso y
la misma importancia. Y creo que de alguna manera
lo he logrado, y no es ningún mérito, porque para mí
éste ha sido mi concepto y mi empeño católico. Pero
además, esto del catolicismo en la Universidad, es decir,
construir comunidad, tiene que ser algo muy real y no
artificial…». Una última pregunta, padre Hans: ¿de qué
ha disfrutado más en sus ocho años como Rector de la
Universidad? «Más que nada —y esto tiene que ver con
lo que dije de la comunidad—, de la convivencia. Para
decirlo de una manera muy clara y sincera: ni un solo
día he ido con mal gusto a la Universidad. Sabía que
allá encontraría a mis colegas y amigos, compartiendo
un ambiente de paz, serenidad y compañerismo. No
teníamos un equipo, éramos un equipo».
196
Vista parcial de la unidad regional en La Paz
198
»Eran los tiempos del debate inicial de la Teología de la Liberación,
de las luchas sociales, de las guerrillas del Che en Ñancahuazú,
primero, y de Teoponte después, guerrillas que marcaron nuestras
vidas de estudiantes rebeldes. Y por eso mismo, nuestros estudios
estuvieron marcados por un contexto de lucha social para el
ejercicio y la recuperación de la democracia. Esta marcada
politización no conspiró contra la calidad de nuestra enseñanza.
199
Fernando Prado Guachalla, egresado de la Carrera de
Economía en 1973:
»Los verdaderos guías con los que contamos fueron Francisco Nadal,
Pedro Bassiana, Federico Aguiló, Miguel Manzanera y Salvador
Romero, entre otros. Ellos buscaban inculcar en todos nosotros la
necesidad de que la Universidad fuera una “agencia de Cambio” en la
vida nacional.
200
Rolando Terrazas Salinas, egresado de la Carrera de
Economía en 1973:
»En esos años, casi todo estaba por hacerse. El pensum de cada carrera
era elaborado casi a medida que un grupo pasaba al siguiente nivel y
era ajustado en función de experiencias propias y las procedentes de
otras universidades. Se discutía acerca de la conveniencia y capacidad
para construir un campus universitario propio, con capacidad para
crecer, o permanecer donde se estaba.
201
Estos hechos marcaron de por vida a los estudiantes de esa época,
comprometidos con su realidad.»
202
la mano de la educación y de la salud. Sin educación y salud, todo el oro,
el petróleo, el gas y demás materias primas, se irán por las alcantarillas,
sin haber hecho mella en un desarrollo humano y económico sostenible
de los bolivianos.
203
con el único fin de rendir exámenes cada año. «Ése era mi
deseo, estar en permanente contacto con la juventud, sobre
todo con el espíritu que lleva la juventud universitaria, y de
mantener siempre abierto mi corazón y mi mente en busca
de la verdad y de los conocimientos. Éste era mi espíritu».
El sacerdote y misionero salesiano de entonces tuvo como
su primer destino en Bolivia San Carlos de Yapacaní, un
pueblecito perdido en el oriente del país, situado en el
oeste del departamento de Santa Cruz de la Sierra, a 120
kilómetros de su capital, la ciudad de Santa Cruz, en donde,
claro, no había ni la sombra de una universidad. La pena y
la tristeza, sin embargo, durarían muy poco.
204
pequeña, pero tenía grandes proyectos y anhelos, y ya tenía
fama de ser una buena universidad. Capté inmediatamente
que aquello era importante, que la sociedad valoraba a sus
estudiantes y a la propia Universidad. Pude sentir que algo
especial había en esta Universidad, tenía un buen espíritu,
tenía luz, tenía valor». Monseñor Tito Solari, como miembro
de la Junta Directiva de la Universidad, acompañó a varios
Obispos de la Iglesia en la tarea de conducirla. Recuerda
a Monseñor Jesús Juárez, a Monseñor Nino Marzoli y, en
especial, a Monseñor Edmundo Abastoflor, quien —nos
dice— «ha llevado a cabo su labor en la Universidad con
responsabilidad, con competencia, con entrega y con una
fuerte sensibilidad».
205
es decir, volver a la reflexión de la persona, para que sus
estudiantes no se dediquen sólo al estudio de una carrera,
de una especialidad, sino que procuren comprender todo
el contexto de lo que significa la naturaleza, la filosofía, el
saber, la historia, y cómo se ubica la persona humana, el ser
humano, en ese contexto».
206
Sábado. Nueve de la mañana en punto. Quizá el mejor día
y la mejor hora para charlar larga y distendidamente. La
prueba es que durante poco más de tres horas de diálogo,
hasta pasado el mediodía, no sonó el teléfono ni una sola
vez. El actual Rector Nacional de la Universidad Católica
Boliviana ha leído casi todo lo que hasta aquí se ha escrito,
ha sido generoso en su lectura y en sus aportaciones, y
paciente en el diálogo, abierto y franco. A Marco Antonio
Fernández Calderón le ha tocado en suerte ser el Rector del
medio siglo de vida. El Rector tiene mucho que decir.
207
universitaria. Esto, sin embargo, de ninguna manera
quiere decir que los propósitos y sueños de los fundadores
de la Universidad hayan desparecido. Al contrario, esos
propósitos y sueños permanecen». Unos los contextos de los
años setenta, y otros los nuestros, los de hoy, nos ha dicho el
Rector. Tiene los pies calando firmemente la tierra. Vamos
al otro tema, la investigación. La respuesta es larga, vale la
pena transcribirla casi en su totalidad.
208
Tenemos que detener aquí la argumentación del Rector.
Tenemos que hacerlo porque ésa, la idea o el propósito de
construir un Sistema de Carrera Docente, es una tarea que,
hasta donde se han leído los viejos papeles de la Universidad,
no aparece en ninguna parte. Se trata, además, de una idea
a la que el Rector Fernández le pone cifras concretas: será
un sistema en el que, en aproximadamente en trece años, un
docente de la Universidad tendrá la certeza de convertirse en
Profesor Titular o Pleno, luego de que haya iniciado su carrera
como Profesor Adjunto, durante seis años, y después de ejercer
su carrera como Profesor Asociado, durante siete años.
209
Luego del ejemplo, el Rector Nacional sintetiza y resume:
«Entonces, nuestro empeño como Universidad en el
ámbito de la investigación consiste en la construcción
de una secuencia: la definición de líneas estratégicas de
investigación; el establecimiento de convenios específicos
con universidades internacionales de reconocido prestigio
que nos ayuden en nuestro propósito de formación doctoral,
diseño de programas de formación a nivel doctoral, el
desarrollo de capacidades institucionales propias para atraer
y retener a esos profesionales una vez formados con grado
doctoral (por ejemplo: carrera académica, laboratorios
modernos, tecnología, recursos financieros para investigar);
y capacidad de interacción con comunidades científicas
internacionales». ¿En cuántos años espera usted convertir
estos propósitos en realidad, señor Rector? «Hemos
empezado ese proceso y pensamos que en el año 2020
tendremos al menos una masa crítica de cerca de treinta
doctores formados en diferentes áreas y trabajando en la
Universidad».
210
Pero además, está ese otro dato, el que aparece al principio
de este último acápite, tan significativo como los anteriores:
«saltar» de los setenta actuales docentes de tiempo completo
en la Universidad, a doscientos en 2020. ¿Qué ha cambiado
en la Universidad, o qué está cambiando para que esto
suceda, Rector?, ¿es esto realmente posible? «Sí, es posible, y
es posible porque para ello contamos con una herramienta,
nuestro ya referido Plan Estratégico Institucional, que
permite articular el trabajo de todas las unidades académicas
regionales para avanzar juntos. Pero además, debo decir que
para el desarrollo de los retos específicos allá donde esté la
Universidad, hemos elaborado las Estrategias Regionales
de Desarrollo. Hoy, cada una de nuestras unidades en La
Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Tarija tiene su plan. Hasta
hace poco, la creación de carreras obedecía a otro tipo de
impulsos: si La Paz creaba una carrera, se creía necesario
crearla también en Santa Cruz. Ahora no es así. Cada una de
las unidades regionales tiene que tener su propia propuesta
de valor, identificar sus capacidades de crecimiento y, sobre
todo, la capacidad de responder a las necesidades regionales.
Y tiene que ser líder en ello. En términos aún más precisos y
concretos, lo que hicimos en estos dos años es implantar una
cultura de la planificación, una cultura de la planificación que
permite alinear todos los esfuerzos en función de los objetivos
institucionales. Y la planificación, como bien sabemos, viene
de la mano de la evaluación. Ahora, en la Universidad,
sentimos también la necesidad de evaluarnos, la necesidad
de una cultura de la evaluación».
211
concretos de esa «cultura de la evaluación». «En los
últimos dos años, desde el año 2014, tenemos nueve
carreras acreditadas; antes, durante todo ese tiempo,
eran apenas dos. Y este año vamos a tener otras cuatro
más. Esto es hablar de evaluación, y de calidad, porque la
acreditación nos obliga a realizar algo así como auditorías
técnicas académicas, entrar profundamente a cada carrera
y evaluar cosas que durante mucho tiempo no se han
actualizado, muchas veces sencillamente porque es más
cómodo, porque es menos comprometedor no abrirse a
ojos externos que vengan a indagar qué estás haciendo,
cómo lo estás haciendo, cuál es tu bibliografía, si tienes
laboratorios, si tienes biblioteca, qué dicen los empleadores
de tus graduados, etc. Exactamente eso es la autoevaluación
y la acreditación». Pareciera ser éste, por el tono en que lo
dice, el mayor orgullo de su gestión, ¿es así, Rector? «Sin
duda, debemos sentirnos orgullosos por esta tarea, como
nos sentimos orgullosos de que la Carrera de Economía,
en octubre de 2015, haya sido acreditada por el Comité
Ejecutivo de la Universidad Boliviana, CEUB, con el
máximo porcentaje de nota a nivel nacional, alrededor
del 96 por ciento y así en muchas de nuestras carreras
acreditadas. Ahora estamos pensando en ir a la acreditación
internacional. Y déjenme decirles algo más, al respecto:
otro frente en el que estamos trabajando intensamente es
en la modernización del modelo de gestión. La Universidad
ha crecido a gran ritmo y no queremos caer en la “crisis
del crecimiento”. Ello implica que los sistemas de gestión
administrativa y la propia administración educativa deben
ir acordes al crecimiento de nuestra Universidad».
212
El Rector Fernández ha tocado otro de los viejos
temas de debate en la Universidad, su crecimiento.
Y la Universidad ha crecido, y sigue creciendo. ¿Tiene
límites ese crecimiento?, ¿tiene que ver, en alguna medida, con
el crecimiento del país y de sus necesidades en el ámbito de
la Educación Superior? «No tenemos dudas respecto de que
nuestro país está creciendo, y que lo seguirá haciendo. Este
crecimiento abre nuevas perspectivas para todos los sectores.
Pero además, si observamos el país y pensamos en el aporte
que le queremos entregar, lo que vemos es que, efectivamente,
hay muchos nuevos actores en todos los ámbitos, y muchos
de ellos buscan nuevas capacidades y posibilidades en torno
a su educación, y esto —pensando en nuestro aporte al país,
reitero— nos involucra directamente como Universidad. Se
trata, al mismo tiempo, de un proceso que nos exige nuevos
retos». Y entre esos retos seguramente está el de aproximarse,
con la mayor certeza posible, a eso que puede llamarse el
«perfil» del estudiante de la Católica, algo que, curiosamente,
Rector, no aparece, por ejemplo, en el Plan Estratégico
Institucional… «Es cierto que los estudiantes no figuran en
nuestro Plan Estratégico, porque ese documento solo muestra
una metodología de trabajo y directrices estratégicas, pero
gran parte sino todo los resultados, producto de esa nuestra
estratégia, estan orientados a optimizar el valor que les
queremos brindar a nuestros estudiantes. En resumen, dicho
plan basicamente es el instrumento que nos indica hacia
dónde vamos pero el centro y la inspiración de él son los
estudiantes y el país en su conjunto. En cuanto al “perfil” de
nuestros estudiantes, sí lo tenemos, y coincide con un estudio
elaborado por la Federación Internacional de Universidades
213
Católicas hace cuatro años. Nuestro Plan Estratégico, debo
remarcarlo, ha sido hecho pensando en los estudiantes, y ha
sido formulado para ellos».
214
años de vida, en la cual la calidad es fundamental,
conectados tanto con la realidad nacional como con la
dinámica realidad internacional. Seguiremos haciendo lo
que sabemos hacer, buscar la formación integral de nuestros
estudiantes. Pero también buscaremos la innovación. Ahí
tenemos, como ejemplo, la Escuela de la Producción y de
la Competitividad, la ePC, cuyo origen se encuentra no
sólo en las primeras maestrías de nivel internacional que
se dictaron en Bolivia y en nuestra Universidad, sino en
la mejor Escuela de Negocios del país (Maestrías para el
Desarroollo, MpD). Hoy, en la ePC, las clases que cursan
cerca de 400 estudiantes, a partir del sexto semestre, se
desarrollan completamente en inglés…» ¡Una verdadera
noticia, Rector! «Y lo estamos haciendo con tecnologías
educativas de vanguardia. No podemos dejar de participar
en los desafíos que hoy nos presenta el mundo de la educacíon
superior. Y no dejaremos de proyectarnos hacia el futuro.
Cito dos ejemplos: un “Territorio Inteligente” en la
UCB en La Paz, y un nuevo programa financiado
por el Consejo de Universidades Flamencas (VLIR)
patrocinado por el gobierno de Bélgica, y al que accedimos
por méritos propios, a través de un concurso internacional».
215
tecnología al servicio del país en un “Territorio Inteligente”. Será un
territorio en el que se trabajará con una modalidad que se utiliza en
los países más avanzados, el co-work, una modalidad de enseñanza
cuyo centro es el trabajo cooperativo. Se busca que este programa sea
un señalizador en La Paz y en Bolivia; se trata de fortalecer el espíritu
emprendedor de los estudiantes; se trata de generar innovación e
investigación aplicada para solucionar problemas concretos del país
junto a los otros actores: sector privado, gobierno nacional, gobierno
municipal y otras universidades.
Volvamos al diálogo.
216
iniciado el diálogo, el Rector Nacional de la Universidad
Católica Boliviana se preguntaba, y les pegunta a sus colegas,
los rectores regionales: ¿qué clase de profesionales estamos
formando?, qué nos diría el Papa Francisco sobre lo que
estamos haciendo? «Éste un tema que nos provoca muchas
preguntas y sobre el que ya estamos trabajando. Como guía,
ciertamente, tenemos las palabras del Papa Francisco cuando
visitó el país, especialmente aquellas que pronunció en su
encuentro con los movimientos populares en Santa Cruz.
Allí el Papa Francisco, con esa su manera abierta y franca
que lo caracteriza, nos dijo que este sistema ya no se aguanta,
que este sistema de injusticas, exclusión social y destrucción
de la naturaleza ya no va más. Y entonces, nosotros tenemos
que preguntarnos qué hacen nuestros egresados cuando
salen de la Universidad respecto de ese sistema, tenemos que
preguntarnos si esos estudiantes, en su vida profesional, son
capaces de guiar sus vidas acompañados de paradigmas del
humanismo cristiano que los ayuden a la construcción de un
orden temporal querido por Dios». ¿Cómo se hace eso en la
Universidad, Rector? «Por el momento, lo que hemos hecho
es iniciar la discusión sobre el tema con nuestros colegas.
Queremos y tenemos que ampliar esa discusión para imaginar
un vehículo que nos ayude a encontrar respuestas; tenemos
que jugarnos por eso que llamo un Modelo Académico
Integral; tenemos que intervenir en el modelo actual para
asegurarnos de que la formación de excelencia no sea sólo a
nivel de los conocimientos, sino también a nivel de los valores
y principios, y para que nuestros estudiantes sientan con el
corazón las palabras de Francisco, para que sientan que está
en sus manos preocuparse por el medio ambiente, la injusticia,
la pobreza y sean capaces de decir: ¡está en mis manos¡».
217
Es inevitable aquí, recordar otras palabras del papa
Francisco, aquellas de su Exhortación Apostólica titulada
«La Alegría del Evangelio», dirigida a sacerdotes y laicos,
en las que los convoca a «salir de la propia comodidad y
atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la
luz del Evangelio». Ir a todas las periferias humanas, eso
les propuso el Papa a los católicos del mundo. El Rector
Fernández hace suyas esas palabras, y las contextualiza
para la Universidad. «Estas palabras del Papa Francisco,
en el contexto de la Universidad, nos hacen pensar en
que, ciertamente, quienes llegan a nuestras aulas tienen la
posibilidad de obtener una formación profesional que les
va a permitir, en el futuro, lograr una vida muy cómoda,
mucho más cómoda que la de muchos bolivianos, y es por
esto que buscamos formar las mentes y los corazones de
nuestros estudiantes, para intentar evitar que el disfrute
egoísta de la profesión los aleje de sus compromisos con el
país y con su comunidad. Entonces, tenemos que salir de
la Universidad, ir a las periferias, tener el valor de hacerlo,
salir de nuestra zona de confort, ofrecer nuestra capacidad
de compromiso. Ésta es nuestra identidad, éste es el
paradigma que buscamos: sembrar en nuestros estudiantes
el compromiso con las realidades de esas periferias, tenemos
que ser capaces de romper la indiferencia de los estudiantes
ante su entorno».
218
ser el tutor de mi tesis bajo la condición de que me vaya
a vivir al campo durante un año. Y me fui. Estuve en el
altiplano norte y en el altiplano central, en Achacachi
y Patacamaya, trabajando para elaborar mi tesis.
Esta experiencia enriqueció grandemente mi vida
profesional. Algo parecido me ocurrió en el ejercicio de la
docencia, en los cursos de emprendimiento, innovación
y creatividad en los que armamos un programa en el
que los estudiantes tenían que salir a trabajar con micro
emprendedores, en El Alto. Estas experiencias, entre
otras, sin duda extraordinariamente enriquecedoras,
nos lleva a proponer y discutir la necesidad de salir de
nuestra aulas».
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»2: La Universidad aporta en el diseño de los modelos
de desarrollo regional. Un segundo elemento, es que
la Universidad Católica será el año 2020 una universidad
que contribuye al país, a partir de investigación aplicada,
seria y coherente, al debate sobre la problemática nacional.
Aspiramos, por tanto, no sólo a ser una universidad que
aporta al país con profesionales de excelencia, que es
nuestra tarea básica, sino que seamos capaces de contribuir,
efectivamente, en el diseño de los modelos regionales de
desarrollo.
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»5: Una Universidad que camina con la Iglesia, una
Universidad mucho más inclusiva. Finalmente, nos
imaginamos una Universidad caminando con la Iglesia.
Somos parte de la Iglesia, y por ello mismo debemos
construir una universidad cada vez más inclusiva.»
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Nota Bibliográfica