LYNCH, Enrique. Sobre La Belleza
LYNCH, Enrique. Sobre La Belleza
marzo 1999
Sobre Ia
ISBN: U4 207-9065-5
Depósito 1egal: M. 3.005/1999
Impreso en ORYMU, S. A.
Ruiz de Alda, 1
Polígono de la Estación
Pinto (Madrid)
lmpreso en España - Printed ln Spain
Salaga dola
Menchíhabola
Bibidi, Bobidi, Booo... !
I1.lIRODUCCION
bles, un tipo de comunión espiritual tan fuerte y tan con- doscientos años atrás, era raro hablar de belleza en rela-
solidada que nos permite comprender nues[ra inclina- ción con las obras de arte. Lo bello se tenía por una cua-
ción casi natural hacia 1o bello en pueblos cuyas pautas lidad casi exclusiva de la naturaleza,y sólo 1o era del arte
de belleza desconocemos. Miramos un monumento cuya en general en la medida en que éste supiese reproducir
lunción en principio nos es desconocida, como el Taj con la mayor fidelidad 7a be\leza del mundo creado por
Mahal, o la figura colosal de un antiguo faraón esculpida Dios.'
en piedra dura, y, aunque no sepamos nada acerca de las De modo, pues, que cambia el gusto, pero cambia
razones que llevaron a sus creadores a producirlos, en también la agnición que permite pensarlo.
seguida determinamos que la disposición estilizada de 1os Como tantos otros elementos que han ido formando
piiegues de la túnica del laraón tallada en la piedra o el nuestra cuitura, la atención sobre io bello se planteó por
blanco inmaculado del Taj Mahal responden a la misma primera vez en la antigua Grecia, que no en vano fue con-
voluntad de plasmar labelleza en un objeto. Puede que siderada por los primeros helenistas como la cultura de la
no sepamos nada acerca del objeto en sí, pero Ia vocación belleza. Pero sería muy arriesgado afirmar que la atención
por la belleza de los artistas no nos es desconocida. De que los griegos prestaban a Ia belleza haya sido una nota
hecho nos comunícamos con los antiguos egipcios, o con exclusiva de ellos. Muchos otros pueblos han sido sensi-
el apesadumbrado sultán que hizo construir aquel gran bles a las cosas bellas, como lo atestiguan las obras de arte
mausoleo para su esposa muerta, a través de la belleza. La acumuladas por los hombres de todas las épocas y geo-
belleza de estos objetos maravillosos se convierte en[on- grafÍas. Lo que tiene de innovador y de singular el enfo-
ces en el srgno privilegiado que trasciende los límites de que adoptado por los griegos es el característico sesgoflo-
la lengua, la diferencia entre nuestras respectivas culturas sófico que dieron a ia cuestión de la belleza, y la marcada
y nuestras sensibilidades. distinción que establecieron entre la experiencia sensible
Puede que al lector le parezca muy extraño, pero lo de algo bello y la idea debelleza,Iabelleza ¿n sí. Dicho de
cierto es que la experiencia de la belleza tiene también otro modo: la verdadera novedad introducida por los grie-
una historia, y los avatares de esta historia pueden ser tan gos fue la de valorar labelleza como idea y hacerla jugar en
variados como una peripecia novelesca. Los hombres no su comunidad como una especie de regla de üda.
siempre hemos pensado igual acerca de 1o bello, y no tan Para nosotros esta diferencia puede que no sea tan
sólo porque, como es obvio, nuestros actuales patrones evidente, acostumbrados como estamos a entender la
debelleza sean distintos de los patrones de nuestros ante- belleza como una experiencia que nos suscita un objeto
pasados, no sólo ha cambiado, y sigue cambiando, nues- cuando pasa por nuestros sentidos. Por el contrario, en la
tro gusto por lo bello, sino la idea que tenemos de la
belleza en sí. En una fecha no tan lejana, digamos, unos Remo, Le Jorme delbello.11 Mulino, Bolonia, 1995
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Enrique Llnch
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St¡bre La belleza
Enrlque Llnch
utensilio de medicina es <bello> para realizar una disec- ción? En este diálogo se plantean algunos temas centrales
ción o que las leyes que gobiernan Alenas son <bellas>. del pensamiento antiguo en torno alabelleza. A medida
En la perdida dimensión de su sentido, en el griego que se desgranan las respuestas torpes y superficiales del
antiguo, el atributo de 1o bello se extendÍa has[a abarcar sofista Hipias, Sócrates intenta llamar la atención de su
una gama enorme de posibilidades que hoy en dÍa se nos compañero sobre la idea debelleza ¿n sí. Obstinadamente
escapan y que, por lo tanto, sólo podemos conjeturar. le pide que defina Iabelleza, pero no en relación con este
Kalas, <bello> en griego antiguo, se decÍa de algo bonito o aquel objeto bello, sino con una noción fundamental.
a los ojos, pero también se decía de 1o útil y 1o agradable Le pide que aprenda a no asociar Ia belleza con la con-
en general, de 1o atractivo desde un punto de vista sexual, veniencia, la utilidad o con aquello que parece agradable
asÍ como de aquello que simpiemente atrae nuestra aien- a los sentidos. Tampoco se trata, piensa Sócrates esto
en contra de lo que se afirma en otros pasajes de-y
la obra
ción. Según una sutil asociación, se ha dicho que kalos
procede del verbo ltaleín, que quiere decir <llamar, atÍaer de Platón-, de un simple canon de medida y proporción
a sÍ>r, de donde la acepción más próxima que podemos descubierto en el objeto. Lo que le interesa es la belleza en
asignarle es <apreciable>, <sobresaliente>, en algún senti- sÍ, lo que hace que un objeto (un puerto, una flor, un ros-
do o valor, desde luego muy indeterminado, que llama tro, una ley, un instrumento de trabajo, etc.) se represen-
nuestra atenciÓn. te como bello (apreciable) para nuestras necesidades. Y es
Naturalmente, cuando nosotros calificamos algo como curioso que el diálogo se quede sin resolver, y que Sócra-
bello, no sólo decimos que es <apreciable>, sino que lo tes, al final, adr,'rerta al sofista de que <lo bello es difÍcil>,
asociamos con el efecto que produce en nosoLros mis- sentando un principio que la belleza, en su dimensión
mos, un estado espiritual al que damos el nombre de puramente teórica, conselará intacto hasta nuestros dÍas.
sensación de belleza. Hacemos eso porque la bel\eza, La belleza, en un sentido platónico, tiene un valor
para nosotros, es ante todo un lenómeno subjetivo, el casi instrumental, pero no es, como para las Sirenas, el
resultado de una experíencia esLética. Pero no era asÍ en medio de multiplicar los efectos sensibles con fines de
Grecia. encantamiento, sino la vía que permite acceder a una
En efecto, nada más alejado de la uexperiencia estéti- eslera de la realidad que nuestros prosaicos y engañosos
ca> es lo que intenta sonsacarle Sócrates al sofista Hipias sentidos no nos permiten abordar. Pero para que la belle-
en uno de los diálogos platónicos en que se trata sobre la za sirva para estos fines de elevación espiritual, es preci-
belleza'. ¿Hacia donde conduce Sócrates su argumenta- so cumplir con un rito de iniciación que, poco a poco,
nos despojará de nuestra dependencia sensorial, y libera-
' Pr;u(rN, <Cratilo>,416b, en Didlogos II. J. Calonge Ruiz, E. Acosta, rá eI alma de su servidumbre respecto del cuerpo. La ini-
F J. Olilreri, J. L. Calvo, eds. y trads., Gredos, Madrid, 1983.
' Ídem, <Hipias Mayor>, ibídem. ciación es una vía, un camino (una as"L¿esi.s, un procedi-
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Enrique Lynch Sobrc la belleza
miento ascético) que por fuerza ha de ser purificador y, social y descubrirá lo bello de las normas ciudadanas, y
por 10 tanto, racional. de este modo se elevará en su formación moral; aprende-
La exposición de esa vía iniciática, ascética, que eleva rá así a conocer la manera de vincularse al bien, y, por 1o
a los individuos por encima de su sensualidad hacia un mismo, llegaú a conocer cuánto de bello y bueno hay en
horizonte espiritual desconocido, se lleva a cabo en uno los conocimientos de las ciencias. Labelleza,la verdad y
de los diálogos platónicos más célebres, El banquete, el bien mostrarán su naturaleza ideal común.
donde Platón despiiega toda su poderosa sugestión como A través de la labula de Diotima, reconocemos que la
escritor para explorar los vericuetos de la relación amo- verdad, el bien ylabelleza adquieren en Platón la condi-
rosa. En El banquete se describe la conversación de un ción de una trinidad fundamental que quedará indisolu-
grupo de amigos en casa de Agatón, donde se han reuni- blemente asociada a la tradición de pensamiento que ve
do con el solo propósito de beber y discurrir acerca del en el gran lilosofo ateniense el inspirador del idealismo.
amor. El banquete es, en efecto, un diálogo sobre las dis- Elbanquete enseña la estrecha relación que une a la teorÍa
tintas concepciones del vÍnculo amoroso, y se desarrolla metafÍsica de la belleza con los lundamen¡os del idealis-
como una especie de torneo de elocuencia en el que mo. La llamada doctrina platónica de las ideas, el punto
Sócrates y sus contertulios exponen, cada uno por su en que convergen ambas teorías, se vale de esta versión
lado, cada uno en sutil combate dialéctico contra la posi- de la belleza como eje en torno al cual gira una concep-
ción del otro, los modelos del amor. Cuando, al final de ción del mundo que será decisiva para el destino del pen-
los sucesivos discursos, toca ei turno de Sócrates, éste samiento filosófico europeo. Según dicha concepción, ei
cuenta la fabuia que dice haber oÍdo de labios de Dioti- hombre espiritual capaz de seguir la vía señalada por
ma, una misteriosa sacerdotisa de Mantinea. En ella se Diotima a Sócrates quedará así definitivamente libre de la
presenta una función distinta paralabelleza. servidumbre de los sentidos y se abrirá al mundo de las
Sócrates asegura que cuanto él sabe del amor le fue ideas eternas e inmulables.
impartido en sueños por Diotima, quien le enseñó que el Ni qué decir tiene que la teoría idealista platónica de
amor existe para permitirnos gozar delabelleza. Según la lo bello en sÍ está muy alejada de nuestra representación
enseñanza de ésta, el hombre de espíritu no debe que- moderna y contemporánea de la belleza, claramente
darse aferrado a la experiencia sensual, sino que ha de enfocada a hacer de ella una expenencia estética, es decir,
progresar, gozando de un cuerpo bello tras otro, hasta el resultado de un juicio subjetivo que suscita un tipo
captar la idea que le permitirá pensar lo que todos los especial de impresión sensorial y que se expresa en un
cuerpos bellos tienen en común. Unavez en posesión de sentimiento.
esta idea, comprenderá que hay formas de belleza que ¿Cuál eslarazón que explica esta diferencia? Por una
antes desconocía; llegará a vislumbrar belleza en la vida parte, la cuitura antigua clásica encuentra su ideal en el
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I:nriqut L1'nch Sobre la bcllczr
equilibrio entre los órdenes humano y divino que se tros sólo encontramos contingencia, complejídad y azar.
expresa como armonÍa y moderaciÓn. Toda experiencia Los antiguos, en cambio, suponÍan que una de las tareas
que nos suslraiga de esa voiuntad de equilibrio será, cle la lilosofía era preparar a 1os hombres virtuosos para
como se observa en la historia de Ulises, causa de fatali- alcanzar la armonÍa natural, la de 1as almas individuales,
dad. Pero, por otro lado, la razón del ideal del equilibrio inmortales, eternas, con el Alma del mundo. Y entre los
y la moderación griegas se encuen[ra en la arraigada con- rnedios adecuados para alcanzar esa armonÍa estaba 1a
cepción de1 mundo como un cosmos, es decir, como una belleza.
totalidad ordenada y discreta que, al mismo tiempo. y La idea de la belleza como reflejo de una relación
por eso mismo, es bella. El griego clásico edifica su ciu- armónica entre un objeto del mundo, o una obra de arte,
dad, cría a sus hijos, organiza su vida diaria, su dieta, su y \abelleza del cosmos es el fundamento, por otra parle,
sistema de gobierno, e incluso su lenguaje, a semejanza de la otra concepción preponderante en la Antigüedad.
de un orden superior que descubre (o cree descubrir) en Según ésta, y tal como la hallamos en otros diálogos de
el mundo. Piensa que ese orden superior se manifiesta en Platón', labelleza se detecta como simetría y proporclón.
signos inconfundibles que los seres humanos sólo pue- Esta concepción aparece reflejada, por una parte, en 1a
den copiar o reproducir en sus cosLumbres, o en sus doctrina pitagórica, y por otra, en la obra del más impor-
reglas, cuando son virtuosas; o en oscuras relaciones tante de los discÍpulos de Platón: Aristóteles. Para Pitágo-
maLemáticas que el arte, cuando es bello, consigue plas- ras y su escuela, la belleza es una propiedad de ciertas
mar. Así 1o creÍan el misterioso Pitágoras, legendario fun- medidas áureas, que se expresan en relaciones numéricas
dador de las matemáticas, y sus discípulos, Platón entre y geométricas, y cuya manifestación más evidente encon-
elios. Para la escuela de los pitagóricos, cuya influencia se tramos en la música, el arte que suscita la mayor emo[i-
extrende por toda 1a época antigua, la música y las mate- vidad dentro del orden más estricto. Para ArtsLótelesa, en
máticas eran la estructura oculta del cosmos, y de 1o que un sentido no mLly alejado del pitagórico, la belleza se
se traLaba era de aprenderla, reproducirla y, sr acaso, pro- expresa en una cierta medida (t¿xls) que puede reducirse
fundizar en ella. a dimensiones matematizables, y que a menudo se des-
Nosotros, modernos, nos vemos separados del cribe como <la gracia> que posee una cosa en razón de la
mundo por el sistema de nuestras facultades, entre las
cuales se cuentan la imaginación y los senlidos, que no 'PlqtoN, <Fedro y Fedcin>, en Dirílogos Vl. tr,t" Á. Durán y F Lisl, eds.
acLúan para obstaculizar la necesaria armonía que debe- y trads., Gredos, Madrid, L992; iclem, <Frlebo>, en Dirikrgos III. C. GarcÍa
Gual, M. MartÍnez Hernández y E. Llcdo iñrgo, cds y trads., Gredos,
mos procurarnos, sino más bien para organtzar el ccos
Madrid. 1986.
que observamos fuera, y ponerlo así a nuestro servicio. 'Arustór'pL¡s, MeLdfísicd, 1078a. V GarcÍa Yebra, ed. y trad., Gredos,
Donde los griegos veían cosmos, orden y belleza, noso- Madrid. l987
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Enrique Lynch Sobre la belleza
armonÍa que impera entre sus panes; en la simetría (sym- contrario, aprendera a participar en el principio creador
metna) que rige ia disposición proporcional de las parres de todas las cosas, y celebrará asÍ ia creación del mundo
en el todo; y, por último, en lo que Aristóteles denomina a partir del Uno originario. En esta fórmula simple, que
to horísmenon, el principio que nos permite descubrir el debemos a Plotino, se funda, por otra pafte, la idea, tan
contorno o la figura de un objeto y, de ese modo, nos arraigada en nuestra cultura, de que el arte tiene un valor
autoriza a separarlo del fondo en la representación. En educativo incomparable, que muchos siglos después rei-
suma, una cosa es bella cuando posee gracia en virtud de vindicarán los artistas y filósofos románticos siguiendo a
la armonía especÍfica de sus partes en un todo completo, Schiller.u
slmetrico y discreto. ¿Y cómo se representa Plotino esa belleza que nos
No obstante, es[e breve repaso de la idea de la belle- remonta al principio y origen de todas las cosas? Como
za enla Antigúedad no estaría completo si no apuntára- una luz. En efecto, la belleza es como un reflejo de las
mos una tercera concepción delabelleza que debemos a emanaciones luminosas que proceden del principio origi-
un filósofo del perÍodo helenista, hacia comienzos del nario. La relación con lo bello adquiere así una dimen-
siglo ttt de nuestra era, Plotino. El interés de la doctrina sión casi religiosa.
plotiniana de la belleza es que reinterpreta y profundiza Religiosa es, por cierto, la época que alumbra el plo-
los elementos metafísicos que están ya presentes en la tinismo, y paradójico es que esta edad, mal llamada
filosofía de Piatón en relación con 1o bello.' media y peor calilicada de oscura, vincule explícitamen-
Para Plotino la contemplación de la belleza en un telabelleza alaluz. Véase si no cómo aparecen las metá-
cuerpo no es tanto la consecuencia de unas propiedades loras de la Iuz y de la claridad, en relacrón con el senti-
fÍsicas de ese cuerpo, sino de que el contemplador y el miento religioso, para identificarlabelleza, con lo cual se
objeto contemplado partícipan de una forma común. Esta completan los atributos de lo bello tal como son recibi-
afinidad es la causa del sentimiento de placer que nos dos por el cristianismo.
producen las cosas bellas, pero también es ei principio La idea cristiana de belleza está Íntimamente ligada a
que guÍa al artista en la concepción de su obra. Quien se las ideas de la verdad y de lo bueno, cuyo fundamento
fija en un objeto bello ya no tiene por qué resguardarse, como hemos visto-. se encuenLra en cierta
como hizo Ulises frente a las Sirenas, sino que, por el -platonico.
armonía, simetría y proporción de las partes que compo-
nen un objeto. Esta composición natural en la cosa, más
- PLornro, <Enéada
I, 6>, en EI alma, Ia belleza y la contemplación. tarde, se llamará concinnitas, y por sus solas cualidades
Ismael S. Qulles , trad., Austral, Buenos Aires, 1949; ídem, <Ennead\ B>.
en Ennuds. A. H. Armsrrong, rrad., Loeb Classical Llbrary, William Heine- " Qr Scurmn, Friedrlch, Kallias: Cdrtas sobre Ia educaciÓn cLética del
mann Ltd , Londres, 1984; y Porplnto, Vida de Plotino-Enéadas I-I1. Jesús hombre. Edición bilingúe. Jaime Feijóo, intr., Jorge Seca y Jaime Feijóo,
Igal, ed. y trad , <Biblioreca ClásÍca>, Gredos, Madrld, 1992. trads., Anthropos, Barcelona, 1990.
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Enrique Llnch
libro reivindicando este concepto en contra de las corrien- sé qué. Debemos al poeta Petrarca,quien saca de contex-
tes formalistas y textuaiistas de la crítica literaria.' to una expresión original de San Agustín, la idea de la
Contra 1o que afirma el tópico, ia Edad Media tardía belleza como un nescio quid, es decir, un no sé qué, fÓr-
fue una época de una imaginación riquÍsima, io que se mula que más tarde habrá de ser trasladada, con el
refleja en leyendas e imágenes radiantes. Sirva como tes- mismo sentido de <certera incertidumbre>>, a todas las
timonio de ello la claridad y la luz que los arquitectos lenguas europeas.
medievales destacaban en la invocación de Dios al alige- ¿Qué expre sa eI nescio quid petratquiano? Ante todo
rar las formas pesadas y macizas de ias iglesias románicas. manifiesta la creciente inadecuaciÓn entre las facultades
Todavía hoy se puede percibir, en el interior de las gran- del alma sensible y Ia cada vez m^s polivalente dimensión
des catedrales góticas, ia luminosidad y transparencia de que posee Iabelleza en la cultura europea. Bello no sólo
las vidrieras, y la ligereza de los fustes que se elevan hacia se dice ahora de la obra de Dios en la naturaleza, sino de
lo alto para rematar en la caracteñstica ojiva que identifi- aquello que se deja ver con asombrosa riqueza de medios,
ca a este estilo arquitectónico. Aquí, se expresa la voca- formas y colores en ei arte del Renacimiento italiano,
ción del hombre medieval por celebrar la belleza como movilizado por el auge de la cultura en las prósperas ciu-
atributo de Dios y su disposición a valerse de la forma dades del norte de ltalia.
para ilustrarla. Por otra parte, el despuntar de la idea de belleza
En tercer lugar, en esta etapa última del medievo, se como un no sé qué, que acomp ana a la sensación cores-
da también la idea de Ia belleza como una gracia, qualitas pondiente, indica que en el espíritu europeo se está pro-
excelsa cuyo responsable último y final es el Creador. duciendo un cambio radical. Poco a poco se señala al
Sin duda, ninguna de estas líneas de representación sujeto como centro de la experiencia de la belleza' aun-
de la belleza contradice a las demás, sino que, en todo que todavÍa en esta época no cabe hablar de algo verda-
caso, todas ellas alimentan la concepción de Ia belleza deramente <estético>. En la nociÓn de un no sé qué se
como aigo vago, indeterminado e indefinible, que la sen, muestra un individuo que siente, un sujeto intrigado por
sibilidad, limitada como está a los recursos del cuerpo, saber qué significa su sentimiento de belleza. Las condi-
no siempre consigue apresar. Desde esta época en ade, ciones para retomar la vieja pregunta socrática, ¿qué es
lante, y cada vez que nos enfrentamos a un objeto que lo bello?, están dadas, sólo que el hombre que formula la
consideramos bello, utilizamos la misma fórmula para pregunta ya no es el mismo. Ahora se siente más libre,
referirnos a é1: decimos que sus cualidades tienen un no más solo y más individualizado. EI mismo fenómeno de
consolidación de la autonomÍa individual, que se verifi-
' SrErN¡n, George, Presencias reales Gabriel López Guix, trad., Desti- ca en los términos de una sensación que todavía no se
no, Barcelona, 1991. puede llamar gusto, se da en materia de politica con el
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Enrique Lynch
Probablemente la figura decrsiva en e1 cambio de tingue entre ei artista y ei cientÍfico, y el técnico versado
enfoque que caracteriza, desde mediados del siglo XV, al en matemática. Sin embargo, ya en pleno Renacimiento
Renacimiento sea Leon Battista Alberti, personaje que se advierte un cambio del concepto de creaciÓn artÍstica,
sintetiza en gran medida las cualidades del hombre de que adquiere un inequÍvoco sesgo neoplatónico en la teo-
la época. Aiberti, buen conocedor de los antiguos y de Ia rÍa del arte de Federico Ztccaro. En efecto, cuando Zuc-
tradición medieval, reinterpreta ese legado de la Anti- caro manifiesta su recelo hacia la matemática, lo hace en
gúedad en un sentido actual. Por primerayez, y en disi- nombre de un nuevo concepto de creación en el que tan
dencia con las teorías platónica y aristotélica, se estable- importante resulta el objeto que se ha de representar
ce una correspondencia entre arte y belleza, ya esbozada como la idea interior que el artista debe crear dentro de
durante el siglo anterior en la idea del arte defendida por sí para lograr una representación satisfactoria y bella del
Dante, Petrarca y Boccaccio. En coincidencia con esta objeto.
Tigazónentre arte ybelleza,Alberti legitima todos los len- En la ídea de Zuccaro la belleza aparece descrita no
guajes artÍsticos, con independencia de su género o apli- tanto como 1a cualidad de la reproducción de una divina
cación, io cual lo lleva a dignificar el papel del artista, al proporción que se expresa en valores matemáticos, sino
que deja de considerar como indistinto del artesano. Su como la recreación de la gracia de una figura serpentina
tratado De la pintura (1435) , además de adoptar un sesgo que el artista ha de desentrañar y de plasmar por medio
estélico preceptivo, con bases matemática y geométrica, de su ingenio y de su libre imaginación.'Pata el1o, Zuc-
y de defender un realismo que se apoya en la belleza de caro ya no reclama al artista el celo y la precisión exigidos
la proporciónyla armonía natural, testimonia el ascenso todavía por Alberti o Leonardo. Tánto o más importante
social del papel del artista, que es uno de los rasgos que seguir las lormas naturales del objeto es atender a la
carac[erísticos del cambio operado en el status social del recreación del objeto en la conciencia sensible dei artista,
arte, que obtiene una inédita autonomÍa en el Renaci- de acuerdo con un disegno interno. Anles que en el lienzo,
miento. el arte y ei artista han de aprender a reproducir ei objeto
Con todo, la estrecha relación postulada entre arte y en 1a imaginación.
ciencia, que sustenta el minucioso realismo renacentisla, En este sentido, a comienzos del siglo xvl parece
sigue siendo un punto irrenunciable en los criterios de como si se hubiesen dado las condiciones para pensar Ia
belleza defendidos por Alberti y, sobre todo, por Leonar- belleza a través de una vÍa introspectiva, Ínlima, subjeti-
do da Vinci, quien, en su Tratado de pintura2, apenas dis- va, que es el requisito para poder hablar en términos de
gusto y fundar, asÍ, una cultura diferente. ¿Qué otra cosa
2
LroNAnoo da Vinci. Cuadernos de notds José Luis Velaz, trad., M. E
Editores, S. L., Madrid, 1993. ' Zucc-¡no, Federico, Scntti d'arte Ed. Leo Olschkr, Florencia, 19ó1
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Sobre la belleza
Ennque Lr nch
sino un gusto puede ser ese disegno interno al que alude la imitación y más relerido a la expresión individual de Ia
Zuccaro?' inspiración artÍstica. En ia práctica, esto se demuesLra con
La idea de que la belleza es una cualidad impresa, el progresivo abandono deI decorum en aras de una deli-
descubierta, inducida, translerida o desentrañada por e1 cada puesta en relieve del genio que descubre, como pre-
artista en las formas del mundo, y de que es el genio espi- sumía Miguel Ángel en su etapa final, la figura escondida
ritual del afte, o, en todo caso, la maniera del artista, su en la materia en bruto.
estilo o su capacidad de creación, el origen auténtico de
la experiencia de algo como bello supondráuna profun-
da transformación en el significado de labelleza. A partir
del Renacimiento tardío, quedan definitivamente sentadas
las bases para Ia emancipación del arte como actividad,
frente a las otras actividades artesanas, y queda determi-
nada la experiencia estética como el núcleo de la sensa-
ción de algo como bello. Un vocabulario cargado de
matices sustituye progresivamente los códigos de la belle-
za rerracentista clásica; conceptos tales como venusta,
maníera, disegno, desideno di stupire, etc., pueblan las teo-
rías del gusto de esta época. Una misma sensibilidad se
encuentra en el manierismo, perÍodo de la segunda etapa
del Renacimiento en el que los artistas, más que a inno-
var, tienden a investigar sobre sus propios estilos, como
en el barroco, que en alguna medida podrÍa interpretarse
como un estilo que lleva esa investigación a la desmesu-
ra. Es verdad que las manifestaciones de cambios en el
orden de la sensibilidad no se manifestan tanto en el nivel
de la teorÍa. Las teorías del arte de este período reinciden
en temas y argumentos expuestos en el perÍodo anterior,
aunque con matices diferenciales; por ejemplo, el domi-
nio de lo estético aparece descrito como menos ligado a
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EL NACI1'lIENTO DEL GUSTO
36 Estatua colosal. <Parclue cle los ntonstruosr. Palacio OrsinL, Bonarzo, Itaha (siglo xvt)
Sobre la belleza
Ennque Lynch
leza, tesis coincidente con los postulados canónicos de1 tunado Laoconte, tal como aparece en el célebre grupo
racionalismo expuesto en la poética de Boileau, y que serÍa escultórico conocido con el mismo nombre.
atacado por algunos representantes destacados del movi- De este modo, a mediados del sigio xvIII lenemos
miento enciclopedista ilustrado. planteados los lemas centrales parala consideración de la
En los albores de una nueva disciplina filosófica, la beTTeza desde una perspectiva moderna. Por una parte,
estética, que nacerÍa en 17 55 con la publicación de la obra está la idea de que lo bello es, en virtud del sentimiento
de un discípulo de Leibniz y Wolff, Alexander Baumgar- que lo inspira, ante todo una experiencia subjetiva, y que
ten2, tenemos dos modelos claramente diferenciados de ese sentimiento, no obstante, puede (y debe) ser compar-
belleza'. la belleza autónoma, que cabe encontrar en la tido con los demás. Por otra, la concepción de labelleza
lrbre contemplación del objeto artÍstico bello; y labelTeza como un ideal que unas veces puede (o debe) ser inter-
normal, que, a partir de este momento, es determinada y pretado según ciertas reglas de buen gusto, y que no nece-
delimitada por la crítica y la historia del arte. sariamente han de ser consideradas divinas. Y, en tercer
El auge de una nueva sensibilidad impulsada por una lugar, la idea de que ese ideal, plasmado en obras de arte
cultura del gusto lunda nuevas disciplinas. Denis Diderot (plásticas, arquitectónicas, literarias, poéticas, musrcales),
inventa la crítica de arte al escribir durante un largo pe- en productos de las <bellas artes), responde a un mismo
rÍodo de más de veinte años (1759-1781), ei comentario principio, que la crÍtica puede evaluar o, en todo caso,
de los Salones de la Academia de Bellas Artes de París, comparar con otros fenómenos centrales de la cultura.
donde, año tras año, presentaban sus obras pintores y ¿Qué lalta para que la idea de belleza alcance su
esculLores de la época. plena madurez como noción moderna? En principio, lo
Y, en el lerreno de la crÍtica erudrta del arte pasado, que falta es llegar a comprender en su profunda diferen-
se publica la monumental Historia del arte de los griegos cia la experiencia de lo bello como experíencia aI fin. Ésa
(1764) de J J Winckeimann', que gira en torno al ideal es la tarea que, de algún modo, emprende la tradición de
de la belleza antigua, que éi identifica con el gesto sobrio la estética inglesa del siglo xvlll. En efecto, desde un enfo-
y contenido, en el lÍmite dei dolor desesperado, del infor- que neoplatónico y neoplotiniano los ingleses estudian la
relación con 1a beIIeza, primero, abordándola a través de
su dimensión psicológica, y, más tarde, en su radical tipi-
' B¡ur,rcAntrn, Alexander, Aesthetica. 2 vols. G. Olms, Hildesheim,
cidad, en relación con cierto placer subjetivo. De algún
1961.
' WtNcx¡LrvrANN, Johannes Joachim, Histona del arte enla Antigpedad; modo con los estetas anglosajones (Shaftesbur¡ Hutche-
seguida de Las Observaciones sobre Ia alquiLecturd de los antiguos. Manuel Tama- son, lord Kames, Addison) se abre una senda diferente.
yo Benito, introd. y trad., Aguilar, Madnd, l9B9 Del mismo autor, véase
Sin proponérselo, la estética inglesa da un impulso reno-
también, Reflexiones sobrelaimitación deL arte griego enlapinturay la escultu-
ra. Ludwig Uh1ig, ed , Vicente Jarque, trad., Edlcions 62, Barcelona, 1987. vador a la nacien[e conciencia moderna. La belleza recu-
Enrique Lynch
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Sc'l¡rc la bcllc;:¡
Lnntluu Lvnrh
ta por Shaftesbury, en el sentido de explicar Ia belleza ¿Por qué razón nunca mejor dicho- cada uno cle
,-rorotior, por
-y
diferentes que sean nueslros gustos, pod:-
como virtud individual. Este modelo, fiel a la tradición
ernpírica inglesa, investiga en torno a una psicologÍa de la mos coinciclir en torno a la experiencia de algo como 1o
sensibilidad. Según ésta, la belleza ya no ha de ser visla bello?
exclusivamente como una cualidad del objeto bello, sino En cierto sentido, éstas son las cuestiones a las quc
que, de manera delinitiva, ha de ser entendida como un intenta responder el célebre escéptico David Hume en su
sentimiento del sujeto sensibie. Una cosa puede tener gra- ensayo Sobrelanormadelgusto', de 1757 Hume es cons-
cia, y su armónica belleza puede resplandecer ante nues- cienie de que iimitar la belleza a cierto gusto individual
tros sentidos, pero todo lo que sabemos de ella es 1o que nos hunde en el relativismo y socava por la raíz el pro-
expresa nuestro juicio de gusto, 1o que sentimos delante de yecto
'aceÍca
defendido por el clasrcismo. Si quienes juzgamos
ella. El enunciado que afirma <A es belio>, ya no es de la belleza somos libres y autónomos con rela-
entendido como si enlazara una cualidad objetiva de la ción a nuestros gustos, ¿cómo seguir sosteniendo la posi-
cosa con la sensibilidad de quien la conlempla, sino que, bilidad de dictar una <regla del arte bello>? Hume ncr
por decirlo asÍ, nos inlorma de que un sujeto sensible ha ilega a resolver de manera definitiva la cuestión' Se limi-
pr.tto en relación un pensamiento (una idea de belleza, tu á ..t.o.ttrar el fundamento de una idea común dc
iu suyu propia) con un sen[i.mienLo, que, normalmente, es belleza en una suene de generalidad práctica' Label\eza,
de piacer. La belleza abandona el campo de la cualidad para el filósofo británico, tiene que ver con una cuahdacl
para permanecer dentro del lerreno de la experiencia' iipi.u-..tt" subjetiva, la <deiicadeza de gusto>' es dectr,
Co.r étto, la estérica sensualista inglesa rompe de modo cón cierta disposición a 1os placeres refinados y exquisr-
terminal con la tradición qLle se remonta a la estética anti- tos obtenidos principalmente en las obras de arte, que ,
gua, y abre un lerrilorio inexplorado para la actividad no obstante, puede educarse con la experiencia, con el
artística: ya no se tratarátan sÓlo de reproducir, sino, ade- estudio y la Constante dedicación a las obras bellas La
más, de investtgar sobre 1o que es posible experimentar posibihdad de un acuerdo en torno alabelleza se cifra en
con la propia sensibilidad. Ln denominador común, unanorma, que, de nuevo, sÓltr
Pero los nuevos derroteros de la estética plantean un en parte se funda en reglas, medidas o proporciones obic-
problema de dlfÍcil soiución. Postulada la absoluta subje- tivas, pues ha de contemplar valores artísticos, estétict'rs tr
iinrdud del juicio de gusto en generai y del juicio de belle- simplámente culturales que son propios de una época, clc
za en particular, ¿donde ha1lar un fundamento racional una civilización, y que, por consiguiente, pueden scr
qn. trót permita explicar por qué existen patrones de
belleza que de algún modo unifican nuestras sensaciones ' HuME, David, La normtt delgusby of ro-s ensayos' María Téresa Bcgtti-
individuales y nos permiten adoptar un criterio común? risráin, trad., <Nexos>, Peninsula, Barcelona, l9B9'
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Sobre la belleza
Enrie¡uu L¡ neh
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Enrique Lynch Sobre la bcllcza
gusfo, de belleza) y el otro, a suyez, nos entiende, por- placer completamente intelectualizado y limitado a la
que, al reflexionar sobre ello, descubrimos que nuestros forma del obleto, con una relativa prescindencia de su
respectivos juicios se fundan en el mismo principio sub- tontenido. Reivindicar en el objeto bello una belleza de
jetivo, que sentimos como libre acuerdo de nuestras contenido hubiese supueslo para Kant infringir su regla
fa.cultades en la apreciación esLética. teórica que la identifica con una absoluta ausencia de
Merece la pena detenerse por un instante en el deta- interés por ella.
lle de estas cualidades de lo bello, que la analÍtica kan- En cierto modo, la principal diferencia que separa 1a
tiana sintetiza con todo rigor, porque esas cualidades teorÍa kantiana de la belleza de la teoría estética expuesta
marcarán a fuego la idea de belleza de la modernidad, por Hegel en sus Lecciones sobre la estética de lB29' es la
transformándose en una especie de canon. Belio, dice siguiente: mlentras que para Kant sólo la naturaleza pue-
Kant, es lo que piace sin interés y sin concepto, y es obje- de proporcionarnos la experiencia de una belleza libre y
to de una satisfacción necesaria, no en virtud de sus desinteresada, para Hegel no tiene sentido hablar de
caracteñsticas formales, sino por el modo en que nuestras belleza fuera del arte, es decir, luera de un ámbito donde
facultades se ponen libremente de acuerdo entre sÍ. Tene- la intención de dar o de obtener un significado es lo fun-
mos asÍ planteada una idea de belleza enteramente dife- damental.
rente de la antigua. Por una parte, esta belleza se funda Hegel defiende un arte y una estética por lo
casi por entero en un estado subjetivo, cuya expresión
-y
tanto, una idea de la belleza- de contenidos. No quiere
más evidente es el placer que el sujeto experimenta en la decir que labelleza de la naturaleza no le interese, sino
contemplación. Por otra, la belleza kantiana, puesto que que, para su peculiar punto de vista, sóio el arte es capaz
no se refiere tanto al objeto que la inspira, sino a la con- de expresar con toda su riqueza nuestra irrenunciable
dición individual en que tiene lugar, favorece el diálogo y condición espiritual. El arte pasa a ser <la manifestaciÓn
el cotejo de opiniones. La cualidad sobresaliente de las sensible de ia ldea>, la expresión material, abordable a
obras de arLe y, sobre todo, de las obras de Ia naÍuraleza través de los sentidos, de un contenido espiritual, y este
que se ofrecen para solaz de nuestros sentidos es que esti- contenido espiritual es lo que nos define como seres
mulan y renuevan nuestra vocación por la belleza y nos humanos. La belleza del arte, por consiguiente, es ei
llevan a compaftirla con otros.
Vista así, la teoría de la belleza expuesta por Kant ' Hrc¡1, Georg Wilhelm Friedrich, Lecciones sobre Ia esLéticd. Hay dos
parece asignar un lugar privilegiado al placer. Pero no es versiones españolas aconsejables: 1a de Alfredo Brotons Muñoz, en un solo
volumen, en Akal, Madrid, l9B9; y la de Raú1 Gabás, en PenÍnsula, Barce-
el placer de los sentidos, aquel placer arrebatador, inquie-
lona, 1989, de la que queda por publlcar e1 tercer volumen. También cabe
tante, que llamaba a Ulises a arriesgar la vida para escu- mencionar la versión de Alfredo Llanos, en ocho volúmenes, en Siglo Vein-
char el bellisimo canto de las Sirenas. No; se trata de un te, Buenos Alres, 1985.
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Ennque Lynch Sobrc la bcllcza
modo con que el espíritu se plasma y se contempla a sí devoción por los dioses Lutelares de sus respeclivas
mismo a través de sus obras. Reaparece, pues, con este comunidades. El mundo moderno muere en
gran filósofo, que clausura el perÍodo clásico de la filoso- 1831- empieza a ser un mundo que -Hegel
los dioses han
fÍa en Alemania, la vieja idea de belleza expuesta por Plo- abandonado, de modo que las obras de afte no se emplean
tino, una idea que posee un inequívoco trasfondo reli- para representarlos, más bien, el arte se represenla a sí
gioso y metafÍsico. Según la plotinianaidea de belleza, el mismo.
arte y la religión, que también se ocupa de nuestra irre- En el fondo, esla posición es una crítica ambigua al
nunciable condición espiritual, van siempre mancomu- carácter prosaico de nuesLra época moderna. Hegei ya
nados, se potencian y se influyen mutuamente. De ahí sentÍa, como se ha comprobado en gran medida a lo largo
que la histona del arte universal desarrollada por Hegel de las últimas décadas, la progresiva banalización de la
en sus Lecciones sobre la estética apunte en todo momen- expresión artÍstica y su disolución en el llamado mercado
to la estrecha relación que une la representación anística del arte. Hegel, pues, no declara muerto el arle, no dicta
con las creencias religiosas (pensemos en la construcción para é1 ninguna partida de defunción, sino que afirma
de grandes edificios bellos, los templos, para servir de que vivir en eI arte, como se supone que hacían los grie-
morada a los dioses, o en la riquÍsima tradición de la ima- gos, ya no es posible. En alguna medida, su tesis implica
ginerÍa cristiana; pensemos además que el arte sirve y ha que entre nosotros, hombres y mujeres modernos, ya no
servido en todas las culturas para representar o hablar puede darse una <cultura de la belleza) como la de la
acerca de lo divino). Grecia clásica, y que la belieza tan sólo nos sirve para
Sin embargo, para Hegel, Iabelleza como adecuación hacernos descubrir la sustancia espiritual que alimenta
perlecta de una forma a un contenido plasmada en un nuestros actos, a la que, no obstante, sólo se puede abor-
arte bello es (cosa del pasado>. Frase tremenda que toda- dar con rigor y prolundidad desde 1a religión y, más aún,
vía hoy sigue siendo motivo de discusión y controversia desde 1a filosofía. Más adelante veremos que. en cierlo
entre los especialistas de estética y que, sin embargo, no sentido, esta idea hegeliana resulta insostenible en nues-
debe entenderse, con un sentido apocalíptico, como que tros días, cuando parece haberse consolidado en nuestra
<el arte ha muerto>. La tesis hegeliana acerca de la sociedad Lardomoderna una nueva cotrdianldad con 1o
<muerte del arteu no quiere decir que ya no se puedan bello a través de la moda, el diseño y el discurso de 1a
hacer obras de arte, sino que, desde el punto de vista de comunicación masiva eiaborado por ios grandes medios
la autorrealización del Espíritu Absoluto, el arte como audiovisuales y por 1a publicidad.
saber especulativo ya no tiene una misión histórica que Claro está que con esta tesis Hegel no hacía más
cumplir. Durante siglos los hombres han utilizado los que revelar sus gustos personaies. Es verdad que para
recursos del arte be1lo para retratar sus creencias y su é1, el único arte bello, la única belleza en sentido estric-
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"ilF''Fir*--
Sobre la belieza
Ennqur Lynth
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v
LO BELLO Y LO SUBLII|E
I
Sobre la belleza
tnr iquc Ll nch
liegó una manera diferente de considerar el modo en que mentos cada vez más rigurosos y fiables, que superen el
el hombre se relaciona con el mundo. engaño de los sentidos, se muestra en la inusitada popu-
Por su relevancia, Kant llamaría a esta profunda laridad que adquieren entre los filósofos y científicos los
transformación de la conciencia humana y del mundo, estudios de óptica. Paralelamente a esto, y como era ine-
<giro copernicano>. Según el nuevo punto de vista, nues- vitable, lalarga empresa de investigación y conocimiento
tro pequeño mundo está siluado en un universo infinito emprendida por sabios y filósofos, tras lo que se tenía por
y sin centro, cuyo orden está escrito seguir la cer- derrumbe de la ciencia y la filosofÍa antiguas, ileva a des-
tera meúfora de Gaiileo, uno de sus -pormás fervorosos cubrir horizontes desconocidos en eL campo de la sensi-
divulgadores- en lenguale matemático. AsÍ concebido, bilidad, y a expiorar nuevas formas y experiencias que
el universo se presenta al hombre como algo ajeno e indi- van más alla de las fronteras del arte clásico. El hallazgo
ferente, eterno e inabarcable para nuestros sentidos, e de formas diferentes de sensibilidad, que tncluso pueden
inconcebible para nuestra razón. De donde la antigua llegar a ser placenteras, es, en cierlo modo, una conse-
pretensión de lograr que el hombre alcance una armonía cuencia notable de es¡a renovada curiosidad por descu-
con e1 cosmos, en las nuevas condiciones, ya no parece brir cómo somos y cómo nos relacionamos con el mundo
posible. Por el contrario, la nueva ciencia moderna que se en realidad, con rndependencia de (y si es preciso. en con-
inspira en el modelo copernicano-galileano, se propone tradicción con) las teoñas legadas por los autores antiguos.
arrancar a la naturaleza sus secretos para, llegado el De pronto, tras el minucioso examen de las faculta-
momento, ponerla a nuestro servicio. des racionales emprendido por varias generaciones de
En esas condiciones, el racionalismo europeo racionalistas (Descartes, Hobbes, Locke y muchos otros)
emprende, a partir del siglo XVI, un gran proyecto de se descubría que la sensación de belleza no era la única
saber en dos frentes. Por un lado, rnicia una vasta empre- experiencia sensible que podía trasladarse al campo de 1o
sa de conocimiento cientÍfico, acompañada por su corres- inteligible. Había una manera de sentir, en una dimensión
pondiente desarrollo tecnológico, con objeto de desen- intelectual o racional, que no se atenÍa a las normas o los
tranar 1os secretos de la naturaleza,ya que ni la ciencia ni criterios de la belleza. O, 1o que vendría a ser lo mismo,
la filosofia pueden ya reducirse a reinterpretar el conoci- había una manera de ser bello que, por paradójico que
miento legado por la cultura de la Antigúedad. Por otro, parezca, nada tenía que ver con Ia belleza- Esta nueva
los filosofos racionalistas investigan teórica y metódica- manera de sentir encontró un nombre.lo sublime . Desde
mente sobre el hombre y sus facultades, dado que estas un punto de vista estético, lo bello era tan importante y
facultades se muestran como el vÍnculo necesario con ese significativo como 1o sublime, pero la sensación produci-
mundo inmarcesible que la nueva ciencia despiiega ante da por algo bello no tenÍa nada que ver con la sensaciÓn
la Razón. La necesrdad de contar con métodos e instru- producida por algo sublime.
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Elnaulragio. dc Turncr (1805)
Enrique Llnch Sobre la belleza
¿Qué era 1o sublime? ¿Una sensación que nombraba do, vendrÍa a ser mucho más radical y profundo que lo
estados de conciencia y de sensibilidad que no podÍan ser bello, y, en alguna medida, imposible de lograr por un
encuadrados según el modelo de la belleza? ¿A qué se medio técnico o artÍstico corriente. A excepción, claro
refería el autor del breve tratado de retórica, titulado P¿ri está, de que el artista luera un genio.
hypsous, erróneamente identificado, en un primer mo- Pero, por otra parte, la atención sobre 1o sublime sig-
mento, con Longino?' En 1554 se publicó en Basilea una nificaba una transformación radical en el modo de pen-
traducción de esta obra que alcanzó una inusitada popu- sar el problema de la estética. Mientras que de lo bello
laridad en la época ¿Qué contenía de especial ese trata- podÍa pensarse que era producido por una especial cua-
do que, aparentemente, se limitaba a determinar 1o que lidad del objeto, de 1o sublime sólo podÍa decirse que era
puede y no puede ser incorporado en el estilo de una exclusivamente subjetivo: como si sólo hubiese una mane-
obra literarta para cautivar y hechizar al lector? Sin duda, ra, estrictamente privada, de ser sublime.
el tratado de marras no era un libro de recetas literarias, El hallazgo de una sensación cuyo fundamento no es
aunque se señalaban al1Í muchos recursos utilizados por posible encontrar en las cualidades de un objeto y que,
los escritores de genio para ganñ la atención de sus lec- en cambio, sólo puede ser atribuida a ia genialidad de su
tores. Tampoco era un estudio de psicologÍa de la lectu- creador, y nunca puede ser reducida a úna receta litera-
ra, y, como ensayo de retórica, era bastante más que un ria, venía a reforzar el vuelco decrsivo en el planteamien-
vulgar manual de estilo. Lo verdaderamente excepcional to del problema estéiico. Lo caracterÍstico de esa sensa-
de este texto célebre, y hoy en día considerado anónimo, ción extraordinaria era que generaba una súbita elevación
era que lograba identificar un tipo de experiencia seme- del ánimo. Lo sublime no sólo parecía estar por enclma
jante a Ia belleza, pero diferente. Y 1o hacía de modo de la diferencia entre lo bello y 1o feo, sino que era difÍcil
recursivo, no tanto por señalar una cualidad sublime (tér- atribuirlo a una cualidad objetiva. A dilerencia de 1o
mino que tendrÍa una fortuna considerable en todas las bello, era ia condición misma de la sensibilidad, algo que
reflexiones estéticas posteriores) de los lextos escritos por sólo un sujeto dotado de capacidades excepcionales, podÍa
autores geniales, .nánto por describir la sensación en sí llegar a sentir v si acaso, a producir. Dependía de él y no
como un estado de exaltación y de arrebato cercano al de aquello que, en principio, producía semejante efecto'
éxtasis, y generado por atributos que nada se parecen a Por su propia nattraleza,lo sublime no apunta a nin-
los de la belleza. Juzgado por el insólito efecto que pro- gún acontecimiento o causa eliciente, sino al modo por ei
duce, 1o sublime, según el anónimo rétor autor del trata- cual nuestra sensibilidad trasciende el lÍmite de lo que
puede experimentar. En este sentido, como claramen[e
I ANóNIMO. Sobre 1o Sublime Edición bilingúe José Alsina Clota, ed observó Kant, expresa la inadecuactón entre la experien-
y trad., Bosch, Barcelona, 1985. cia que tenemos de algunos objetos y las facultades con
5B 59
I
Sob¡e la beLle¿a
Ennquc Lynch
I
Enrique L¡nch Sobre la belleza
de aludir a un contenido que trasciende la mera percep- la cualidad dilerencial del mundo. Que hubiese un
ción sensibie, como si nuestros sentidos estuvieran facul- mundo, eso era precisamente bello y 1o que merecía la
tados para hacernos atisbar un vaior o un significado pena reproducir con las formas del arte be1lo. Por lo
mucho más profundo que la evlciencia. No lo vemos, no tanto, gozar delabelleza (y, por eso mismo, reproducir
lo oímos ni 1o podemos tocar, pero lo sentimos y lo pode- ese goce en un objeto bello) equivalía a hacer un voto por
mos pensar mediante la Razón. la existencia del mundo en generai y de la cosa bella en
Lo sublime, en este sentido, invita a la transgresión. panicular. Es verdad que este latente esteticismo, en as-
Y precisamente esta voluntad de transgresión, que se deja censo a partir de los escritos de los neoplatónicos ingle-
ver en el gusto correspondiente, tendráuna importancia ses, no negaba la presencia de 1o feo y lo repugnante,
enorme en el trazado de nuevos caminos paru la expre- incluso admrtÍa que eslas notas sirvieran como moLivos
sión artÍstica. de un tratamiento artÍstico. Ya apunta Aristóteles en su
Cuando en 1757 Edmund Burke escribe su lndaga- Poéticd que el poeta trágico está facultado para recurrir si
ción filosóJíca sobre el ongen de nuestras ídeas acerca de lo es preciso a la truculencia cuando se trata de resal[ar
sublime y de lo bello' quedan trazadas las pauras de una algún aspecto decisivo de su trama. La cuestión plantea-
nueva estética que ya no parece orientarse exclusivamen- da por lo sublime, sin embargo, no es el horror y su
te en torno a la experiencia de labelleza. El breve ensayo lnconmensurabilidad en el objeto, sino, como en las ma-
de Burke, que más adelante habría de influir de modo ravillosas novelas de H. P Lovecrafto, su presencia abru-
decisivo sobre Kant, establece un contraste entre el placer madora, o, en todo caso, la sensación misma que eslas
positivo que depara la belleza y el placer negarivo que determinaciones reciben en el sujeto.
produce 1o sublime. Burke extiende su parangón a los El reconocimiento de que hay una forma de ex-
objetos y, sobre todo, a las formas, y relaciona la sublimi- periencia sensible que ya no procura ni satislacción ni
dad con la experiencia de algo terrible o, lisa y llanamen- sosiego y que, por otro lado, no se limita a reproducir o
te, con una especie de terrible experiencia. a celebrar labelleza del mundo, pero que, sin embargo,
Merece la pena considerar la importancia que tiene el puede ser causa de placer, inciuso de un placer que pro-
hecho de que una experiencia terrible pueda suponer una duce exaltación y arrobo, tendrÍa un efecto decisivo para
forma de placer para quien la sufre. Hasta el siglo xvru el el fu¡uro del arte en la época moderna. En alguna medida,
arte se habia limitado a reproducir con mejor o peor la atención sobre lo sublime responde al giro hacia el sub-
resultado unabelleza que, según la tradición clásica, era
'ARrsrór¡lEs, Poética, l449b9. Valentín Garcia Yebra, trad., Gredos,
' Bunx¡, Edmund, Indagaciónt'ilosóJica sobre el oigen de nuestras ideas Madrid, 1974.
acerca de lo sublime y de lo bello. Menene Gras Balaguer, ed. y trad., Tecnos, '' Véase, por ejemplo, Lovrcn¡¡'r', H. P, En las montahas de lalocura.
Madrid, 1987. Calvert Case¡ trad., Seix Barral, Barcelona, 1980.
62 63
EnrLquc L,vnch Sobre Ia belleza
jetivismo que caracteriza a la modernidad. Ahora cobra lo monstruoso. La primera novela castillo de
gÓtica, El
valor só1o la sensación en sí y no tanto el objeto, lo que Otranto de Horace Walpoleu, aparece en 17 65 y represen-
lleva a pensar que en el arte importa más la voluntad ta el nuevo gusto por el <placer horroroso>' La posibi-
expresiva, el genio, o la sensibilidad del artista y 1o que lldad de abrtrse a una forma de placer <negativo>, por
ésta procura independientemente de su voluntad de llamarlo así, se deja ver en géneros como la literatura fan-
mimelización. Con la renovada atención hacia lo sublime tástica, o en lormas de discurso, como el monólogo inte-
el arte se reconduce en la dirección de dejar de ser una rior, que, por definición, no puede reducirse a patrÓn
I
actividad lécnico-mecánica para convertirse en un acon-
{
poético alguno; y en las artes plásticas, en la ruptura del
tecimiento existencial. ; principio formal en aras de la expresiÓn pura' Todas éstas
¡
Hoy en dÍa, hemos logrado hasta tal punto internali- ¡ io.l .onr".uencias de la nueva sensibilidad inaugurada
zar e incorporar este pnncipio a nueslros criterios estéti- i
I por 1a estética de lo sublime.
j
cos más Íntimos que nos resulta muy difÍcil llegar a com- Pero lo sublime no es solamente la introducción de
prender en qué consiste esta novedad de 1o sublime que un nuevo gusto. En un sentido mucho más relevante, es
se extiende de modo imparable a partir del siglo xvtt. En el signo que enseña cómo se abren vÍas inexploradas a la
alguna medida, esto se debe a que una parte considerable expresión artistica. En primer lugar, libera al artista de la
de nuestro arte contemporáneo está concebido desde la regla implÍcita que le obligaba a reproducir una belleza
idea de lo sublime y en abierto rechazo a la idea de belleza. q* tt.."turiamente debÍa encontrarse fuera de él En
¿Dónde podemos iocalizar los signos de lo sublime slgundo lugar, multiplica hasta límites imprevisibles la
en los gustos de la modernidad en ciernes? Quizá el idéa renacentista que aconsejaba al artista emprender una
ejemplo más significativo de1 nuevo gusto por 1o sublime búsqueda interior, dentro de su propia imaginación, para
pueda encontrarse en el auge de algunos géneros. Hemos encontrar un motivo de su inspiración. Vueitos sobre sí,
mencionado los cuadros que reproducen escenas de nau- sobre sus propias fantasías y sus abismos interiores' los
fragros y calamidades, grandes aludes, incendios, confla- artistas, loi esóritores y los poetas modernos descubren la
graciones y episodios funestos, en su mayorÍa extraÍdos realidad de otros mundos que pueden ser representados,
de las Sagradas Escrituras y de referencias y citas de la visrtados, e incluso diseñados, como se ve en los géneros
mitología clásica. Pero a esto habría que añadir la litera- que cobran auge a panir de esta época: ia literatura visio-
tura de terror: el Franlzenstein de Mary Shelley' sería el nartay utÓpica, los relatos de viajes imaginarios y la pin-
ejemplo paradigmático de este gusto que se atreve con tura, que, sobre todo en el romanticismo, adquiere poco
rl
'SHlLLrv, Mary W, FranhensLein. María Engracia Pujais, trad., <Tüs 'avrttt*¡, Horace, EL castillo de Otrantc¡. María Engracia Pujals, trad '
:i
Libros>, Anaya Madrid, 6.'ed., 1993. il <Tüs Libros>, Anaya, Madrld, 1991
64 65
t
Enrique Lynch Sobre la beileza
a poco una profunda dimensión simbólica y alegórica. de los car-crashes, fotos de accidentes de carretera, con un
Una misma curiosidad anima los viajes imaginados por sentido y una intención totalmente opuestas a cualquier
Swift, las tenebrosas profundidades del Mcrlstróm de Poe asociación festiva.
o la arquitectura sombría, onÍrica, de Piranesi. La misma Los efectos de esta ruptura del marco tradicional de
delectación por lo que escapa al alcance de nuestros sen- lo bello en pos de algo sublime influyen de manera deci-
tidos se deja ver en los cuadros de icebergs pintados por siva sobre inclinaciones y gustos que hoy en día nos pare-
Kaspar David Friedrich o se vislumbra en el Saturno devo- cen naturales y cotidianos, y no lo son tanto. La delecta-
rando a sus hr-7os pintado por Goya en la Quinta del Sordo. ción por el paisaje de la ruina urbana y la decadencia, que
La belleza contenida y quieta del ideal clásico cede su tan bien describe Addison', en 1712, en unos términos
sitio a una forma y una expresión cuyos contornos que son casi románticos, es un signo inconlundible de
definitiva, su sentido- nunca terminan de perfilarse.-en cómo se abre camino el gusto por lo sublime. ¿Puede en
La estética de 1o sublime deja ver su marca inconfun- verdad ser bello un escenario de ruinas (un montÓn de
dible con una dirección que ya no será abandonada, sino columnas caídas y rotas, cubiertas por la maleza y eI
que, por el contrario, encontrará un impulso y una inspi- musgo e invadidas por las ratas) hallado en algún rincón
ración renovada en la literatura y en el arte modernos, solitario de la abandonada Roma imperial? ¿Puede ser
sobre todo, en la eclosión de las vanguardias artísticas del bello, en el sentido clásico, lo que sólo es un fragmento?
siglo xx. El culto de la experiencia sublime no descarta ni De nuevo aquí las piezas antiguas que se apilan en los
descalifica la cultura de la belleza, sino que la desarrolla museos nos sirven de eiemplo: estatuas sin cabeza o sin
y la profundiza en un sentido nuevo. El ejemplo paradig- brazos, bajorrelieves desgastados, lienzos desgarrados, o
mático de esta nueva sensibilidad se puede ver en el con, lrescos oscurecidos por la mugre y el humo de las cande-
traste entre ias escenas de ia vida de palacio de Goya y su las. Por supuesto que todos estos objetos pueden ser con-
serie de Los desastres de la guerra o sus Caprichos. El siderados estéticamente atractivos o relevantes, incluso
mismo contraste se podrá observar, mucho más tarde, bellos, pero desde una delectación que nada tiene que ver
entre el Picasso del Guernica y eI de los lienzos de los con una perfección, con el hallazgo de una armonÍa per-
períodos rosa y azul; y también (a modo de callada espe- fecta. La contemplación de estos objetos incompletos,
culación sobre el deleite de lo bello y el sobrecogimiento truncados, parciales, desarticulados, cargados de tiempo,
caracterÍstico que produce 1o sublime) entre el Andy no busca el tipo de complacencia de lo bello. No busca
Warhol que celebra la cursilería del pop haciendo jugar satisfacer ni colmar, sino, por el contrario, estimular la
los colores estridentes en ias fotografías de los Ídolos del
star-system holl1'r,voodiano y el que, al mismo tiempo, usa i Véase AootsoN,
Joseph Los placeres de la imagnación. Tonla Raquejo,
recursos parecidos para colorear su impresionanle serie ed. y trad., <La balsa de 1a Medusa>, Visor, Madrid, 1991.
66 67
Sobre la bcllcza
7I
Sobre la belleza
Enriquc L¡,nch
en general, de todos los objetos del llamado arte decora- para darle ia vuelta, diríamos que el carácLer desinteresa-
tivo que, con mejor o peor fortuna, se encuentra en los do de la experiencia de lo bello ha tenido el curioso efec-
interiores de nuestras casas, en nuestros lugares de traba- to de producir un inusitado interés por la beIleza.
jo o en los que pasamos el tiempo libre. Bellos suelen ser Ahora bien, la proiiferación de los signos y emblemas
los envoltorios (las bolsas, los paquetes y las cajas) de de lo bello en nuestro mundo cotidiano convive con la
nuestras compras, ya sea de objetos suntuarios o de bie- audacia de signo contrario. Nunca, en ninguna epoca
nes de uso común como los que se consiguen en los pasada, ha habido una tan grande exhibiciÓn de lo feo y
supermercados, y bellos son los rótulos de las marquesi- lo horroroso, potenciados por esos detalles que nos está
nas y los estihzados emblemas de las marcas y los pane- permitido lograr a través del prodigioso desarrollo alcan-
les que nos informan sobre el trazado del transporte zado por ios medios tecnológicos. A esto, sin duda, han
urbano de las grandes ciudades. Bellas son las cubiertas contribuido especialmente el cine y la fotogralia que son
de los libros (a veces lanto más bellas cuanto malo suele las <artes> más directamente vinculadas con la tecnolo-
ser el contenido de 1o que presentan). gÍa. No parece haber límite o cortapisa parala exhibiciÓn
Sin duda, se trata de una belleza superficial, intras- del horror, y hasta puede que con ello se buscara con-
cendente, furil o, en muchos casos, puramente funcional. trastar la eclosión de la belleza con objeto de herir deli-
Pero ¿hay acaso otra beTleza posible en nuestro tiempo? beradamente la sensibilidad contemporánea, con la sola
La moda y la publicidad, acicateados por los medios intención de que con tal gesto cómpiice se autorice una
masivos de comunicación que se alimentan de ellas, han nueva forma cada vez.
impuesto sus patrones de belleza, que rtgen no sólo cler- Sin embargo, no es lo bello 1o que interesa al arte de
tas formas y colores, sino además el modo y la ocasión de nuestro tiempo, sino la proyección de sÍ mismo en un
disfrutar de ellos. AsÍ, no basta con que se nos presente gesto. ParaIa estética contemporánea, cuaiquiera que sea
un plato gastronómico como ejemplo de la llamada ál t"tr"tro en que nos movamos, los grandes estilos (de
<nueva cocina> francesa, sino que es preciso que ia dis- escritura, de las artes plásticas o de la música) son cosas
posición de las viandas haya sido elaborada con esmero y del pasado y han dado paso a formas de expresiÓn que se
con el inequívoco propósito de atraernos visualmente. carac1erizan por su carácLer desvertebrado y anárquico'
La profusión y la sorprendente capacidad que, al En ningún terreno artÍstico es lícito hoy en día invocar
parecer, posee nuestra cultura tardomodetna para hacer regla alguna. Y, por otra parLe, no exisle un principio que
que casi cualquier objeto en cualquier ámbito u ocasión obligue al receptor a juzgar en un sentido o en otro' En
sirva como pretexto para la experiencia de la belleza, es cierto modo, los artistas y los aficionados al arLe actúan
una de las notas más características de nuestra época y de totalmente desregulados, tal como bailan las masas de
nuestros medios culturales. Remitiéndonos a Kant, pero individuos de cualquier discoteca urbana: de manera
72 73
Enrique Lynch Sobre la belleza
absolutamente libre y sin reglas, sin ninguna coreografía reglas neoclásicas con una especie de estética de resisten-
que las odente. Las normas del arte (o ¿no será que son cia: Ia pintura se inclina por los motivos exóticos, por 1a
las normas en general?) han sido abandonadas en favor exhibición de la crueldad y del dolor, y la representación
de las regulaciones puramente técnicas que se presentan de los estados oscuros del alma. Labelleza se hace salva-
ante nuestros ojos como garantes indefinidos del orden je y la gestualidad, decadente. Se ensaya en la plástica, y
convivencial. también en la literatura, cierta ternbilita que no por
Sin embargo, en este mundo sin reglas, se ha impues- impostada es menos legílima, y que se tiene como reac-
to una nueva <cultura de la belleza>, que florece en el ción contra el creciente peso de la crÍtica burguesa. Se
mismo momento en que el arte parece haberla abando- trata de evitar por cualquier medio que la crÍtica conven-
nado para siempre. Hoy en día, se dalaparadoja de que cional consiga domesticar el impulso innovador del gusto
ninguna de las antaño denominadas <bellas artes> se romántico.
dedica ala creación de objetos bellos. ¿Cómo ha sucedi- En cierto modo, el giro hacia el llamado arte de van-
do esto? guardia se inspira, por una parte, en esta voluntad de épa-
Si seguimos someramente la historia de las ideas esté- ter le bourgeois, o sea, de escandalizar, de chocar, que se
ticas durante el úl¡imo siglo y medio, que es la historia encuentra en las expresiones del arte decadentista y, por
del gusto y la estética burgueses, podremos comprobar otra, en el amplio horizonte abierto por la sensualidad y
que la atención prestada a la belleza es, en muchas oca- el gusto por lo sublime, que incitan a profundizar y trans-
siones, contradictoria. Desde su implantación, la cultura poner los límites de la sensibilidad vigente en pos de nue-
de la moderna sociedad burguesa promueve la delecta- vas formas. Y no es nada casual que para todos los movi-
ción por lo bello tanto como la voluntad de transgredir- mientos de vanguardia que siguen al impresionismo, y
lo, de ir más alla de labelleza. La transgresión de una tra- ganar. a las artes mayores (plásticas, musicales, literarias)
dición es, valga la redundancia,Ia auténtica tradición de con poderoso brío, la necesidad de acabar con la relación
la modernidad introducida en la cultura europea por el entre arte y belleza sea casi una consigna. Ninguno de los
movimiento romántico. Y este espÍritu, alavez inquieto, movÍmientos vanguardistas contradirÍa la sentencia de
innovador y subversivo, está en la base de los movimien- Apollinaire: <La belleza, ese monstruo, no es eterna),
tos artísticos de vanguardia de comienzos del siglo XX que sino que suscribiría plenamente su irreverencia. Los van-
tantay tan variada influencia han tenido en nuestros gus- guardistas Íratat^n de producir un arte deliberadamente
tos, en el diseño y el estilo de nuestra vida cotidiana. no bello, un afie que no aspira a satisfacerse con la con-
Hacia finales del siglo pasado, el ideal de belleza ini- tempiación deleitosa de un objeto y que, en cambio,
cialmente promovido por el entusiasmo romántico inten- cuestiona y r,'uelve a cuestionar sus propios principios
ta romper con la tendencia a una reimplantación de las con sus propias obras.
74 75
Ennque L¡,nch
7B 79
I
Relitve con esponjas, de Yves KLein ( i 960) R¿liev¿ con csponjas, de Yves Klein (1958)
t
fnriqui: Llnch Sobre la bclleza
frente: por un lado, 1as obras derivadas de 1a propia prác- tc contradictorio, forma parte del panorama estético de
tica, y por otro, explicitación teódca de sus búsquedas
la nuestro siglo.
y objetivos. Es así como nos encontramos con un fenó- El elemento fundamental de1 arte de vanguardia es su
meno nuevo en la historia del arte, los manifíestos, que vocación de ruptura y de rnstauración de nuevos mode-
recogen los postulados de cada movimiento con la radi- los. Este aspecto es incuestionable. Sin embargo, también
calidad y la vehemencia que acompañan siempre a los lo es que algunos elemenlos propios de los movimientos
actos de provocación. La vanguardia era provocativa en la de vanguardia hunden sus raÍces en posiciones estéticas
medida en que quería producir efectos y reacciones, del siglo XIX, y que figuras fundadoras del romanticismo,
usando la teorÍa como arma ideológica y de oposición. al igual que Hegel o Nietzsche, desempeñan un impor-
Pero también, y más serenamente, es un momento de ela- tante papel en la formulación de la nueva sensibilidad
boración de nuevos temas en la figura de los artistas-teó- artÍstica. Por no mencionar el caso de Marx que, arran-
ricos, que despliegan teorías acerca del arte vinculadas a cando de finales del siglo XIX, dejará su impronta defini-
su visión del mismo. AsÍ, Kandinsky, Malévich, Breton, tiva en muchos movimientos artÍsticos, así como en
Valér¡ Schónberg, por citar tan só1o media docena de corrientes teóricas y estéticas de nuestro siglo. El roman-
nombres, dan prueba de la voluntad, desde todas las ticismo influirá especialmente en la vanguardia surgida
artes, de formular una nueva teorÍa que acompañe a los en Alemania, puesto que en este paÍs el movimiento
objetivos para el arte nuevo. romántrco y la filosofía idealista tenÍan un extraordinario
La variedad de las propuestas teódcas enarboladas arraigo.
por la vanguardia también es cier[o que pue- La idea del genio, por último, uno de los pilares de la
-aunque
den sacarse líneas maestras de todas ellas- revela otro estética romántica, aparece velada o declaradamente en
fenómeno característico de1 siglo xx la Jr agmentación. Los algunos artistas vanguardistas. En principio, la posiciÓn
distintos movimientos, los <ismos>, conviven o se suce- de los artistas de los distintos movimientos es que pueden
den en perÍodos muy corLos de tiempo, y ofrecen como deben- darse a sí mismos sus propias reglas. Esta
totalidad sus visiones parciales. El siglo xx, tanto en el -y
idea tiene su origen en la concepciÓn del artista como
afie como en el pensamiento, no admite ya 1os sistemas, genio que no sigue los principios establecidos, sino que
las épocas unitarias, los paradigmas únicos. Las distintas los instituye. En especial en algunos artistas formados en
propuesLas estéticas son vÍas paraielas, que aún cuando se el expresionismo alemán, como Klee o Kanclinsky, esta
consideran a sÍ mismas como las únicas válidas no son noción está fuertemente arraigada, al punto de que el céle-
capaces de anular la divergencia.La convivencia entre sis- bre arquitecto Groptus, fundador de la Bauhaus, punta de
temas represen[ativo-concepluales, con sus estéticas deri- lanza del movimiento moderno en arquitectura, alerta en
vadas, y otros de cuño diferente, o incluso absolutamen- L922 sobre el <peligro de un excesivo romanticismo>.
82 B3
I
Enriclue L¡nch Sobre la bellcza
La otra gran influencia en los movimienlos de van- arte como edilicación o diseño de la vida. Nicolai Tara-
guardia es Hegel. La estética hegeltana también extiende bukin afirma: <La muerte de ia pintura, la muerte del arte
su entramado en algunos movimien[os de vanguardra, a de caballete, no obstante, no significa ni mucho menos la
la vez que en las teoñas del arte del siglo XX; en el muerte del arte en general. El arte continúa vivtendo, no
momento de su formulación tuvo menos importancia como forma determinada, sino como sustancia creado-
para eI movimiento artÍstico que las tesis románticas, sin ra.>t Esto explica que , en cierto sentido, nuestro mundo
embargo, a finales de1 siglo xIX se encontraba en la base contemporáneo rebose de arte, pero no de un arte dedi-
de la mayoría de las teorÍas del arte, y ello porque casi cado a glorificar y eterrlrzñlabelleza del mundo, sino de
todos los teóricos del arte se formaron universitariamen- un arte que ha renuncj.ado definitivamente a presentarse
te en el hegelianismo. Sin contar, además, la lmpronta a sí mismo como bello.
romántica en el marxismo. La idea hegeliana de que el Es, pues, un <arte muerto> que, no obstante, resuci-
arte es una luente de conocimiento, en la medida en que ta como estetización del mundo, consigna de movimientos
expresa contenidos fundamentales de los seres humanos, de vanguardia de muy distinto cuño y que está inspirada
es recogida por el marxismo que considera el afte como en las tesis del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, de
la única forma de conocimiento del mundo de la amplia difusión a linales del siglo xx. En el mismo sen-
filosofÍa marxista- capaz de escapar a la
-fuera
úsión alienada de tidó apunta, ya entrado el siglo li(, la idea nietzscheana
la realidad que es indisociable de toda sociedad de clases. de que la realidad solamente se justifica como fenómeno
Por otra parte, uno de los elementos de la teoría estéiico, lo cual permitía establecer un nexo de unión
hegeiiana que será objeto de amplio debate es, sin duda, entre los programas artÍsticos y la revolución social' Los
el tema de la <muerte del arte>. Todos los movimientos distrntos movimientos de vanguardia (futurismo, expre-
de vanguardia consideran que el arte, tal como había sido sionismo, constructivismo) se proponían modificar la
concebido hasta ese momento, habia dejado de tener sen- realidad mediante el proceso voluntario de su estefiza'
tido. Se proponÍan distintas variantes para esta disolu- ción. La voluntad del artista vanguardista, que actúa en el
ción: desde la disolución del arte en la vida o en ia indus- mundo, señala el camino parala apariciÓn del <hombre
tria, hasta la desaparición pura y simple del arte, al modo nuevo>, con tnnegables resonancias del nsuperhombre>
propuesto por Marcel Duchamp o Rimbaud. El construc- nietzscheano.
tivismo ruso proclama constantemente ia <muerte dei
arte>, en el puro sentido hegeliano de una superactón
(Aufhebung), una muerte entendida como drenaje en TAtr.tzuxrN, Nicolai, <Del caballete a 1a máqurna>, en Escritos de arLe
de tanguarclia 1900/1915, de Ángel GoNzÁLEz GARCÍA, Franclsco C¡rvo
objetos concretos de todo tipo, como una ampliación del Srnncri¡n y Simón Man.*qN Ftz, Ediciones Türner/Fundación Orbegozo,
campo de acción del artista-ingeniero que considera el Madrid, 1979.
B5
vlll
t
en compañía de los demás muertos>. A la reproducctón ?rr1,..1',¡tü
ojos, es preciso que el amateur encuentre en la pintura un sica, suponía redefinir el papel del artista, que pasa a ser
placer diferente del que puede proporcionarle rambién el un agente en la realidad, un elemento que puede promo-
espectáculo de la naturaleza.>> ver su cambio. Tan profunda redelinición del arte y el
La <pintura pura>, es decir, reducida a los eiementos artista llevada a cabo por la vanguardia artÍstrca habrÍa de
mÍnimos de su propio lenguaje, rnavez que se ha desem- alterar completamente el campo de la estética. Las con-
barazado del objeto, del tema, de la mimesis, es decrr, de cepciones estéticas que habían sostenido relaciones de
la copia o imitación de una belleza preexistente en la mutua compenetraciÓn con el arte del pasado fueron
naÍuraleza, es para Apollinaire la definición del arte cuestionadas [anto como 1o fue el arte realizado hasta el
moderno: <Los jóvenes pintores de las escuelas radicales momento. Apollinaire habia declarado en 19L3 que la
tienen como objetivo secreto hacer pintura pura. Es un belleza no es eterna. Y Tarabukin dirá: <La vieja estétlca
arte plástico completamente nuevo. Está en sus comien- es a la nueva, que está a punlo de surgir, y que he llama-
zos y aún no es tan abstracio como desearía serlo. La do ciencia de la maestría productivista, lo que la filosofía
mayor parte de los nuevos pintores hacen matemática sin metalÍsica es a la metodologÍa contemporánea. La deno-
saberlo, pero aún no han abandonado la naturaleza, aIa minación de ciencia del arte como ciencia de 1o "Bello"
que interrogan pacientemente para que ésta les enseñe el suena de manera tan singular como la vieja denomina-
camino de la vida.> ción de la quÍmica: poiética o ars divina.>>'
Futurismo, arte abstracto, diferentes movimien[os m- En efecto, la vanguardia terminó para siempre con la
sos de vanguardia, Bauhaus..., todos coinctden en el inten- idea de que podía llevarse a cabo 1a búsqueda de una
to de ilegar a dominar el medio de expresión, el lengua¡e de definición de la belleza con valídez universal e in[empo-
cada arte, prescindiendo de representar (o de representarse ral, y más aún, con la propia tematización de la beIleza.
a sí mismos como) el arte bello. Moholy-Nag,., con la pers- A partir de la puesta en marcha del programa vanguar-
pectiva que le proporciona escribir en 1926, sostiene que: dista, tanto en 1a práctica como en lo teórico, el campo de
<Ei denominador común de todos los ismos, desde el natu- la estética se adecua a un ar[e definido en términos iné-
ralismo hasta el constructivismo, es la lucha duradera, ditos y a un artista cuya misión ya no se parece a los
inconsciente, por la conquista de los medios expresivos y esquemas tradicionales y propios del perÍodo posrena-
fonnativos puros, pnmarios y autónomos.>, centista.
La afirmación de la propia época, alavez que la crí-
tica ala tradición artística y al arte en su concepción clá-
' l,tono*N¡cy, L., <¿lsmo o Arte?>, en E.scrito.s de artt: de vanguardia
1900/1945, de Ángel GoNzÁr¡z G¡nci¡, Francisco Crlvo S¡nncrru* y Si-ór,,
M¡ncnqN Ftz, Ediciones Türner/Fundación Orbegozo, Madrid, 1979. 'TARABUKIN, Nicolai, <De1 caballete a la máquina>, loc. cif
90 91
_r-ta
BELLEZA E IRONIA
5 I
Sobre la belleza
Enrique Lynch
La nuestra es, por otra par[e, una sociedad diseñada imágenes de indiscutible belleza o de chocante truculen-
al modo de la publicidad, como corresponde a su econo- cia. Perturban con lo que muestran o, mejor, con la expo-
mía dominada por el modelo del mercado. La publicidad sición de la indiferencia entre la belleza y la fealdad, pero
invade hasta cierto punto nutre- el cine, el deporte, mantienen intacto el mensaje subliminal de la marca que
-y
la comunicación (los diarios e Internet, ese gran ídolo está detrás: el color (ei signo de la casa Benetton es el
contemporáneo, que no sería nada si no fuera por la pu- color). Las vallas consiguen transmitir labelleza dei color
blicidad que bulle conslantemente en sus páginas), la in- demostrando que puede encontrarse en todas partes: en
dustria del espectáculo y la politica, ésta última por la vía la profusa variedad de las razas humanas, en la imagen
de la llamada sponsonzación y el mecenazgo, que practi- mai fea bebé recién nacido cubierto de 1a placenta
can, por ejemplo, las grandes instituciones financieras. La
-unmaternas, un enfermo de SIDA moribundo,
y las heces
influencia más notable de la publicidad se deja ver en la una camiseta manchada de sangre en plena guerra de
progresiva transformación de toda experiencia en un Bosnia- o impactante pareja de caballos, blanca
simulacro: todo puede ser objeto de tratamiento publici-
-una
Ia yegua, negro el semental, copulando-. La idea es
tario, ya sea la escena de una niña vietnamita corriendo mostrar que en todas partes hay color, y también' por qué
desnuda tras sufrir un bombardeo de napalm, ya sea la no, que el color está en la célebre marca que produce
confesión pública de adulterio de un presidente de los ropa para el mercado de masas. No sÓlo el efecto sino el
Estados Unidos, o incluso el texto acusatodo del liscal princlpio en que se sustentan sus vallas justifica que Oli-
que investiga los hábitos sexuales del presidente. La verio Toscani, el astuto italiano que las crea' no se pre-
publicidad es el género que dicta las formas y los estilos, sente a sÍ mismo como un publicitario, sino como un
¡ sobre todo, es e1 género que educa el gusto de los con- <artista de la comunicación> a Ia vez que se autodefina
sumidores, sean esLos lec[ores, aficionados a la música o como un virtuoso de la ironía.
a las artes plásticas, o simplemente compradores de un Podríamos, pues, [erminar este breve repaso de los
aparLamento. hitos de 1a idea de belleza con su presentación actual en
Uno de los efectos secundarios más notables de esta clave irónica. A la pregunta crucial, sobre si aún está
influencia es la evidente disipación de las dilerencias vigente entre nosotros la pasión y el interés por la belle-
entre los géneros. Tenemos un ejemplo caracteñstico de za, deberíamos contestar que sÍ, que la belleza nos impor-
esta deliberada confusión de los órdenes (artÍstico, públi- ta, y en cierto sentido conserva para nosotros la misma
co, mediático, mercadotécnico) en el fenómeno de las fasóinación que tenÍa para Ulises escuchar el canto de las
vallas publicitarias de Benetton, que combinan de modo Sirenas, pero ahora nuestra atención no es sÓlo deleitosa
extraordinariamente ingenioso todos los recursos de que y serena, tal como la describía Kant, y tampoco presupo-
hoy en dÍa disponemos para generar un efecto: enseñan ne para Ullses- correr ningún peligro' sino que
-como
,':" I
Fuent¿, de Marcel Duchamp (1917)
I
Enriquc L,vnch Sr¡br e la bell¡:z¡
además resulta inevitable que sea un poco irónica. A me- te existente. Y, por último, el cuadro representa las dis-
nudo nos ocupamos de la belleza para burlarnos de ella, tin[as lases del acto crealivo con 1a necesaria disLancia iró-
para distorsionarla o para profanarla, para gozar de ella a nica: Duchamp se refiere a sí mismo y a su trabajo en el
la distancia o para desvirtuarla o volverla a crear, como en momento mismo en que parece ocuparse de la obra de
Ios grffiti que cubren 1os muros en las grandes urbes. otro. Es como si dijera: pinLar es variar, abusar o aprove-
Cada una de nuestras aproximaciones a \abelleza intenta charse del trabajo ajeno; y su inlención es la más radical
lo mrsmo, hallar una y otra yez una nueva versión del y la más prepotente: entre 1a obra maestra de Leonardo y
goce de lo bello, que ha dejado de ser tan sólo un acto de esto mismo que yo, Marcel Duchamp, hago con el1a, no
contemplación extasiado para convertirse en un juego. hay ninguna dilerencia.
Ei modo que unifica todas las formas y los estilos La ironización de la experiencia del arte y de la
expresivos del arte contemporáneo es la ironÍa, y proba- acción artÍstica puede hallarse con los mismos maiices en
blemente la obra que sintetiza con mayor elocuencia este obras tales como Cuatro minutos, treinLa y tres segundos,
sesgo irónico es el ready made de Marcel Duchamp titula- del compositor americano John Cage, que consis[e en
do L.H.O.0.Q, de 1919, en el cual el célebre ar[isLa fran- que un pianista permanezca sen[ado frente a su insLru-
cés se limita a dibujar unos bigotes y una perilla, nada mento en silencio y ante el público durante cuatro minu-
menos que a Ia Gioconda de Leonardo, ilustrando el ana- tos y treinta y tres segundos. La misma rronÍa anima
grama del titulo, juego de palabras que ha deleerse. elle a los ejemplos podrÍan ser interminables- a esas maque- -y
chaud au cou,literalmente, <e1la tiene calor en e1 cuello>.' tas de monumentos urbanos diseñados por Dan Graham
Como en lantas obras suyas, Duchamp manifiesta en en las que se rnuestran modelos de monumentos que,
este cuadro la voluntad de ruptura y de irreverencia, como algunos proyectos de Tátlin, tal vez nunca vayan a
común a todos los vanguardis[as, que se resume en el ser ejecutados.
gesto de garabatear una obra maestra del Renacimiento El impulso originario del llamado arte de vanguardia
que se ha convertido en el emblema del arte bello de en cuanto proyecto de innovación y de búsqueda de nue-
todos los tiempos y para todos los gustos. Ei mismo gesto vas formas expresivas es[á sin duda agotado, pero la
sirve para llamar 1a atención sobre el hecho de que el arte voluntad de ironizar y de jugar con las infinitas posibiii-
está exclusivamente en la labor del artista, que no nece- dades del espíritu humano permanece tan vilal y prolÍii-
sarlamente debe reproducir la belleza de algo previamen- ca como nuestra inagotable capacidad de asombro, o
nuestra curiosidad, la misma que, hace mucho tiempo,
' Leída rápldamente, la frase, en francés, puede entenderse como ellc a disLinguió a un ser sensible entre otros en e1 momento de
chaud au cul (e11a tiene el culo cahente), de ahí que 1a irreverencia de Duchamp
haya sido entendida como una ¿rlusión a 1a homosexualidad de Leonardo y
separar, entre todos los de su mundo, un objeto al que
a 1a posibilidad de c,¡ue e1 modelo dela Gioconda haya sido un hombre. ese ser llamó bello.
98 99
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Ítlorc¡ Rtlnúrco
105
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Ennque Lynch
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-r
Enrique Lynch
INDICE
Introduccíón 9
l. La Belleza clásica: Platón, Aristóteles, Plotino 15
ll. Medievo y RenacimrenLo: una cierta gracia que
resplandece 25
IlLElnacimientodelgusto .......35
IV La consagración de la estética: Kant, Hegel y los
románticos +I
V Lo bello y lo subiime 53
VI. ¿Un mundo sin belleza? . . . . 7I
VIL EI final del siglo xtx y la vanguardia artística 79
VIII. Nuevos problemas teódcos 87
IX. Belleza e ironÍa 93
Bibliografía ...101
indiceanalítico ......105
indice onomastico t07
108 t09
ENRIQUE LYNCH
Nació en 1948, en Buenos Aires. Se licencró en FilosolÍa
en la Universidad de Buenos Aires y obtuvo el grado de
doctor en Filosofía por 1a Universidad Autónoma de Barcelona. TITULOS PUBLICADOS
Realizó esludios de postgrado en ia Universidad de París I,
Panthéon-Sorbonne en 1981-1982. Actualmente es profesor El amor y laliteratura
titular de Estética en la Facultad de Filosolía de 1a Universidad Martín Casariego Córdoba
de Barcelona. Miembro de 1a Sociedad de Estudios Literarios
de Barcelona y de los consejos editoriales de ias revistas Taller de narrativa
Substratum, Perspectwcts Niefzsch¿anas y RE. Ha pubiicado Laura Freixas
los siguientes hbros: Hobb¿s; LaleccLón de Sheherezade: Filosolía
y narración; EI merodeador: Ientalivas sobre filostfía y liLeraLura; El origen delhombre
Dionis,o dormíclo sobre un tigre: d trdy¿s de Nietzsche y su teoríct Manuel Seara Valero
clel lenguajt y Prosa y círcunstancia.
Sobre lalibertdd
Eduardo Subirats
Sobre la belleza
Enrique Lynch
Deporte y límites
Emilio Calderón
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