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Islam: Sumisión y Ley Coránica

El documento resume los conceptos fundamentales del Islam. Explica que Islam significa sumisión a la voluntad de Dios y que los musulmanes son aquellos que se someten a Él. Señala que el Islam se presenta como una religión, sociedad y estado que regula todos los aspectos de la vida de acuerdo a la ley coránica. Finalmente, destaca que el Islam se concibe a sí mismo como una religión universal destinada a extenderse a toda la humanidad bajo la nación islámica o umma.
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Islam: Sumisión y Ley Coránica

El documento resume los conceptos fundamentales del Islam. Explica que Islam significa sumisión a la voluntad de Dios y que los musulmanes son aquellos que se someten a Él. Señala que el Islam se presenta como una religión, sociedad y estado que regula todos los aspectos de la vida de acuerdo a la ley coránica. Finalmente, destaca que el Islam se concibe a sí mismo como una religión universal destinada a extenderse a toda la humanidad bajo la nación islámica o umma.
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Apuntes para uso exclusivo de los alumnos de Fenomenología e Historia de las Religiones

Universidad “San Dámaso”

EL ISLAM
1. INTRODUCCIÓN. El SIGNIFICADO DEL ISLAM
Islam, en su sentido religioso, significa sumisión a la voluntad de Dios y obediencia a su Ley. Las palabras
islam y salam derivan de la misma raíz, pero no tienen una relación directa. La raíz s-1-m en árabe, como la raíz
sh-l-m en hebreo y en todas las lenguas semíticas, significa «estar sano», «estar en paz». Así, pues, existe un
vínculo semántico entre paz, salvación, salud, etc. Pero, salam, en árabe, significa paz, salama significa salud,
islam significa sumisión. La palabra islam deriva del verbo que significa «someterse» o «abandonarse a»; el islam
consiste, por tanto, en el acto de abandonarse o de someterse (se entiende a Dios), pero no significa «alcanzar un
estado de paz». Sólo a través de la sumisión a la voluntad de Dios y por la obediencia a su Ley (Islam), enseña la
espiritualidad islámica, se puede alcanzar la verdadera paz (salam). Pero Islam no significa paz, sino
sometimiento; la paz se alcanza por y en el sometimiento. La ley coránica (sharia) es esencialmente la sumisión.
Los musulmanes son los sometidos a Dios.
El Islam rechaza los términos «mahometismo» (en referencia a la religión) y «mahometanos» (en referencia a
los creyentes), porque para el Islam:
1) Mahoma no es el fundador del Islam. El fundador original del Islam no es otro que el propio Dios y la fecha
de su fundación se remonta a la edad de Adán. El Islam, se afirma, ha existido, en una forma u otra, ya desde el
comienzo y continuará existiendo hasta el fin de los tiempos. Mahoma sólo fue un ser mortal, enviado por Dios
para restaurar el Islam en la última fase de la evolución religiosa.
2) Los musulmanes no son adoradores de Mahoma o creyentes en él. Los musulmanes sólo adoran a Dios. Para
el musulmán, Mahoma es el encargado por Dios para trasmitir Su palabra. La vida de Mahoma es ejemplar,
ocupa en la historia un puesto como el mejor modelo de piedad y perfección para el hombre.
Según esto, el nombre correcto de la religión es Islam, y quienes la siguen son los musulmanes (personas
sometidas —o que se someten— a la voluntad de Dios). Por tener su origen exclusivamente en Dios, el Islam se
presenta como religión no sometida a ningún lugar o hombre, sino que es trascendente e intemporal. (Sin
embargo, como veremos, se presenta a sí misma ligada intrínseca y necesariamente al árabe).
Sin embargo, la denominación «mahometismo» y «mahometanos» tiene un fundamento en la realidad. En
primer lugar por la gran importancia que tiene la llamada Tradición (el conjunto de hadices —hadit, hadiz en
español—), que contiene de forma oral o escrita lo que se consideran dichos o hechos de Mahoma, como fuente
firme del Islam. En segundo lugar por la relación que debe guardar todo verdadero musulmán con el Profeta, y
que está expresada en el siguiente mandato, cuyo cumplimiento es necesario para tener una fe firme: “Amar a
Dios y a Su Profeta sobre todas las cosas” (p.33). Dicha exigencia supone un amor paritario hacia dos realidades
diferentes, por lo que contiene implícitamente una nivelación. Amar a Dios sobre todas las cosas significa amarlo
más que a Mahoma. Amar a Mahoma sobre todas las cosas, ¿qué significa? Está claro que no puede querer
expresar un amor por encima de Dios; pero, ¿no encierra en el fondo una divinización de Mahoma, un elevarlo a
la misma altura de Dios?
El mundo físico (no humano), porque obedece necesariamente a Dios y está sometido a la administración de
las leyes divinas, se encuentra en un estado de Islam, es decir, es musulmán (cfr. C 41:9-12; 16:48). Sólo el
hombre, que nace también en estado de Islam, debe someterse con su inteligencia y con su libertad a Dios1.

1 Esto, como reflexionaremos, encierra varios problemas: cómo explicar la posibilidad de abandonar el estado originario de Islam;
¿es concebida la sumisión del hombre con su inteligencia y con su libertad como un sometimiento del hombre al margen de la

1
Como la condición de musulmán viene determinada por el estado de sometimiento del hombre a la ley
coránica, el ser musulmán es ante todo una condición moral. La ley moral tiene un peso y un espacio enormes en
el islamismo. El islam se muestra exigente en ciertas cosas, y lo es menos en otras, pero en todo tiende a
reducirse a la observancia de las normas (legalismo). Por eso, ser musulmán significa, para muchos creyentes
del islam, orar y vestirse de una manera determinada, comer ciertos alimentos y rechazar otros (como los
derivados del cerdo o la carne sangrienta), comportarse externa e interiormente de una manera determinada.
La pretensión de las distintas religiones existentes en el mundo de ser cada una de ella la única religión
verdadera es contradictoria. La religión sólo puede ser una, pues tiene que aglutinar a la humanidad en una
hermandan universal bajo el Único Dios Benevolente Universal. Sólo existe una religión auténtica procedente del
Único e Idéntico Dios, para iluminar los grandes problemas humanos de todos los tiempos. Ésta religión, se
afirma, es el Islam. Por tanto, el Islam ha sido y será siempre la verdadera religión universal de Dios.
El Islam no considera la religión como mera relación del hombre con Dios. El Islam no es sólo una necesidad
espiritual e intelectual del hombre, sino también una necesidad social y universal. El Islam se concibe a sí mismo
no como una cuestión personal o una entidad separada del curso general de la vida, de la historia y de los
pueblos. El Islam se extiende a la organización y configuración de todos los aspectos de la vida humana: al
ámbito personal, al político, al social, al empresarial, al económico, y todo ello tanto a nivel nacional como
internacional. No existe ningún tipo de autonomía (autonomía relativa) de las realidades creadas respecto del
Islam. El islam contiene una concepción del mundo en la que todo está mezclado y las diferentes esferas han
perdido sus respectivas autonomías. La ley religiosa puede y debe convertirse en ley civil y en ley política.
Cuando se intenta determinar qué es el proyecto musulmán para la religión islámica, emerge un designio
de conjunto, un proyecto socio-político-cultural-religioso de carácter universal. El islam es una religión
normativa-formal-colectiva. El islam, más allá de sus variantes sociológicas, mantiene fuertes raíces comunes
en el plano dogmático y ritual, y es considerado por los musulmanes como un proyecto global que es, al
mismo tiempo, religioso, cultural, social y político. Se trata de una mentalidad heredada de siglos de historia y
cimentada hoy por la hegemonía de las naciones islámicas más ricas2.

E1 islam se presenta desde sus orígenes como un proyecto global que incluye todos los aspectos de la
vida. En árabe se dice que éste es din wa-dunyá , es decir, religión y sociedad, o bien din wa-dunyá wa-
dawlá, religión, sociedad y Estado. Incluye un modo de vivir, de comportarse, de concebir el matrimonio,
la familia, la educación de los hijos, y hasta un tipo de alimentación. Este sistema de vida incluye
asimismo el aspecto político: el modo de organizar el Estado, el modo de actuar con los otros pueblos, el
modo de conducirse en las cuestiones de guerra y de paz, el modo de relacionarse con los extranjeros, etc.
Todos estos aspectos han sido codificados a partir del Corán y de la sunnah en la sharia , ley coránica, y
han permanecido «congelados» durante siglos, impermeables sustancialmente a los acontecimientos de la
historia y al impacto con otras realidades socioculturales. El principio de que el islam es din wa-dunyá
wa-dawlá , religión, sociedad y Estado, se considera intocable en el mundo musulmán.

inteligencia y de la libertad?; ¿cómo se puede afirmar la condición musulmana originaria del hombre y que se pueda dar una
condición impura del mismo por razones constitutivas del propio ser de la persona en las que no entra la libertad?
2 En particular por Arabia Saudí, que, a través de su financiación, influyen en las ideas y en los comportamientos de millones
de fieles y contribuyen a un proceso de «unificación» del pensamiento y del proyecto islámico.
Desde hace unos diez años los saudíes han adquirido prácticamente el control de la distribución cinematográfica en árabe y han
establecido algunas reglas para la circulación de una película. Ésta debe respetar determinados cánones como, por ejemplo: la
mujer debe llevar el velo, se debe recoger la llamada a la oración enfocando a los fieles que se postran para rezar o a alguien que
baja la puerta metálica de su tienda para ir a la mezquita, tampoco se pueden mostrar bebidas alcohólicas.
Arabia Saudí ha financiado la creación de cientos de escuelas «azharíes» en pueblos (pequeñas estructuras de grado elemental
donde se imparte una enseñanza dotada de una fuerte impronta islámica en sentido tradicionalista wahhabí) , homologadas
con las escuelas estatales. Esto contribuye asimismo a crear una mentalidad inspirada en la ortodoxia más intransigente, la
misma que alimenta, sobre todo entre las generaciones jóvenes, grupos fundamentalistas y radicales. Y precisamente en esta
mentalidad es donde encuentran alimento, mantillo cultural y, en ocasiones, hasta adeptos, los grupos protagonistas de
acciones violentas llevadas a cabo en nombre del islam.

2
Para el islam, la umma (en árabe, nación), la comunidad a la que pertenecen todos los musulmanes, es
fundamental para poder vivir efectivamente la sumisión a Dios. De ahí la obligación de extender la umma,
la nación islámica, a todo el mundo. La expresión más concreta de la implantación de la umma ha sido el
califato, del árabe khilafa, sucesión. El califato duró de manera casi ininterrumpida desde la muerte de
Mahoma, el año 632, hasta 1924, año en que fue abolido por la Turquía republicana. Su reconstitución la
consideran hoy necesaria muchos grupos radicales islámicos para liberar al mundo de la jahiliyya
(literalmente, la ignorancia), es decir de la sociedad que no conoce o no aplica el islam, es decir, a las
sociedades paganas. Las sociedades paganas son vistas como enemigas del Islam, porque resultan un
peligro para los musulmanes que viven en ellas y, sobre todo, porque sus habitantes no se someten a Dios.
Para salvaguardar y extender la umma frente a la la perversidad de la jahiliyya, el islam, cuando se dan las
circunstancias adecuadas para ello, llama a el jihad (de la raíz árabe j-h-d, que significa esforzarse, luchar).
En el Corán se habla del jihád fi sabil Allah, lucha por el camino de Dios, entendido por los exegetas
musulmanes como sinónimo de guerra santa3.

2. MAHOMA Y EL ISLAM
2.1. Contexto geográfico y político
El islam apareció en la Península arábiga, en las ciudades de La Meca y Medina, entre el 610 y el 632 d. C. (22
años), por medio de las palabras y las obras de Muhammad ibn Abdallah (Mahoma). En la época de Mahoma
(570-632), Arabia estaba dividida en tres áreas bajo poderes políticos diferentes. El norte de Arabia era dominado
en parte por el Imperio Bizantino (cristiano) y en parte por el Imperio Persa (zoroastriano), estando ambos
Imperios en permanente enfrentamiento por el control de la zona. El sur de Arabia (actual Yemen y sur de
Arabia Saudita), a principios del siglo VI, con la conversión del Negus (gobernador) de Etiopía al cristianismo, y
la gracias a la alianza que estableció con Bizancio, pasó a estar bajo dominación etíope. La zona central de Arabia,
de territorio mayoritariamente desértico y pobre, era habitado por tribus beduinas, que poco a poco se fueron
organizando y estableciendo ciudades, que servían de guía para las caravanas comerciales.
La ciudad más relevante del centro de la Península arábiga era la Meca, bañada por el manantial Zam Zam,
donde está situada la Kaaba. En ese lugar estableció su población la tribu Quraish, bajo el mando de Qusayy
(tatarabuelo del padre de Mahoma). La Meca (o Bakka) se desarrollo como un gran centro comercial y como
lugar nuclear del tránsito de mercancías entre oriente y occidente. Pero también en centro religioso, porque la
Kaaba se convirtió en el templo de las deidades de la mayoría de las tribus árabes: allí instalaron las imágenes de
sus dioses y realizaban sus ritos de adoración. La Meca era el lugar de peregrinación religiosa por excelencia.
2.2. Infancia y juventud de Mahoma
Muhammad ibn Abdallah (Mahoma) nació en La Meca en torno al año 570. Su padre Abdallah4, tataranieto
de Qusayy, fundador de la Meca, pertenecía a la familia Hashimita de la tribu Quraysh. La madre de Mahoma,
Amina, era descendiente del hermano de Qusayy. Mahoma perdió a su padre Abdallah no se sabe si antes o
después de su nacimiento, en todo caso no llegó a conocerlo, pues falleció estando de viaje en un oasis al norte
de la Meca situado cerca de Yathrib. Como era costumbre entre los Quraysh, la madre de Mahoma, Amina, envió

3 Desde que empezó el siglo XX hasta nuestros días los fieles del islam han pasado en todo el mundo de 150 a 1.500 millones. El
cristianismo sigue siendo todavía la primera religión del planeta con 2.200 millones de seguidores, pero los musulmanes
constituyen la primera «confesión», si tenemos en cuenta que, entre los cristianos, los católicos representan «sólo» 1.350
millones. Entre las grandes religiones, es el islam la que se caracteriza por ritmos de expansión más elevados: crece a una
velocidad que, en lo que se refiere al número de fieles, es 21,5 veces superior a la velocidad con la que se extiende el
cristianismo. Motivos: 1) la elevada tasa de su incremento demográfico; 2) la intensa actividad misionera (dawa), acogida
especialmente en África (sintonía política y cultural); 3) grandes inversiones económicas en mezquitas, centros islámicos,
escuelas coránicas...; 4) discriminaciones implantadas en el ámbito jurídico, económico y social en los países islámicos; 5) una
motivación religioso-espiritual.
4 Abd Alláh, siervo de Allah.

3
a su hijo Mahoma recién nacido al desierto, para que allí fuese amamantado por una niñera y pasara su niñez con
una familia beduina. Amina confió a su hijo a una ama-nodriza de nombre Halima5., y, cuidado por ella, Mahoma
creció en el desierto. Cuando tenía unos seis años de edad, Amina llevó consigo a su hijo Mahoma a La Meca.
Poco tiempo después, ambos fueron de viaje a Yathrib, donde había muerto el padre de Mahoma. En el regreso
de Yathrib a La Meca, la madre de Mahoma enfermó y murió, Mahoma tenía unos 7 años de edad.
Huérfano de padre y madre, Mahoma fue recogido por su familia de La Meca, miembros de la importante
tribu Quraysh. Mahoma estuvo primero bajo el cuidado de su abuelo Abd al-Muttalib, jefe de la familia
Hashimita. Cuando Mahoma tenía uno ocho años, su abuelo murió, quedando bajo la custodia del nuevo jefe del
clan Hashimita, su tío, Abu Talib, que le educó y le protegió hasta la muerte. En reconocimiento a su tío,
Mahoma se comprometió a cuidar siempre del hijo de Abu Talib, su primo hermano Alí, que era más joven que
él6. Siendo adolescente Mahoma, Abu Talib lo llevó en viaje de caravana a Siria para que aprendiera el arte del
transporte y del comercio.
Ya joven, Mahoma trabajó en las caravanas comerciales, entrando al servicio de Khadija (Jadiya), una viuda
muy rica que se dedicaba al comercio. Mahoma llevaba mercancías a Siria. Con su trabajo se ganó la confianza de
Jadiya. Mahoma y Jadiya se casaron cuando él tenía unos 25 años y ella unos 40. Jadiya tuvo seis hijos con
Mahoma. De este período, las tradiciones musulmanas se complacen en relatar hechos edificantes de la vida de
Mahoma, sobre todo con el fin de demostrar que Mahoma era fiel y que podía uno fiarse de él cuando afirmaba
que hablaba en nombre de Dios; así afirman que Mahoma era conocido como al-Amin (el confiable o digno de
confianza).
2.3. La experiencia de Mahoma en el monte Hira
Mahoma, hombre con riqueza e influencia, y de espíritu inquieto, era, desde la perspectiva religiosa, un
hunafa7, un buscador de la verdad sobre Dios y la religión que, apartándose de la adoración de los ídolos, trataba
de llegar a la verdadera vida religiosa adorando al único Dios y siguiendo la luz de su propia conciencia. En su
búsqueda espiritual y religiosa de la verdadera religión de Dios, a la edad de 40 años, en e1 610, dentro de un
período de retiro solitario en las montañas del desierto próximo a La Meca -las tradiciones islámicas dicen que se
encontraba en una gruta del monte Hira-, Mahoma, siendo de noche, vive una intensa experiencia espiritual y
mística, y decide dedicar su vida a la tarea de dar a conocer a todos el Dios único. Según la tradición islámica,
Mahoma vio (unos dicen que en sueños, otros en estado de vigilia) a un personaje enorme que le dio la orden de
predicar (C 96, 1-5). Es la noche conocida por los musulmanes como Lailat-ul-Qadr, la Noche del Designio
Divino. Mahoma, inquieto y conmovido por el impacto tremendo de esa experiencia, abandonó pronto la gruta y
volvió a su casa de La Meca, para compartir con su esposa Jadiya lo que había vivido en su retiro del desierto.
Llego rápido a su hogar y pronto le contó a Jadiya lo sucedido.
Una vez que Jadiya fue conocedora de la experiencia de Mahoma, no se sabe bien si sola o acompañada por
Mahoma, ella se dirigió a casa de su tío, Waraqa ibn Nawfal, que según parece era cristiano y algo conocedor de
la Biblia. Jadiya le transmitió la experiencia de Mahoma. Waraqa, después de escuchar la historia, tranquilizó a su

5 Las relaciones colactáneas eran consideradas entre los árabes como verdaderos vínculos familiares y creaban solidaridades al
mismo tiempo que impedimentos matrimoniales. Hoy día, todavía están prohibidos los matrimonios entre musulmanes y
musulmanas que han mamado a los mismos pechos. Estas relaciones desempeñaron su papel cuando Mahoma creó el Estado
musulmán en Medina, pues ayudaron a lograr la adhesión y el apoyo de sus parientes colactáneos.
6 El Corán menciona esta orfandad y la protección que Dios dispensó a Mahoma. El texto coránico pide al que se ha beneficiado de
tal gracia que ayude, a su vez, a los huérfanos y a los débiles (C 93).
7 La palabra procede del siríaco hanpé y significaba para los árabes cristianos «pagano». En la tradición musulmana, en cambio,
adquirió cl significado de «monoteísta» o «creyente puro» que no pertenece ni al judaísmo ni al cristianismo y, por consiguiente,
fue aplicado a Abrahán (Corán 3,67). En tiempos de Mahoma, eran muchos los que buscaban al Dios verdadero (monoteísmo) y
una fe caracterizada por una fuerte espiritualidad. Entonces vivían en Arabia numerosas tribus judías y cristianas. Así pues, en
cierto modo, el ambiente pagano en Arabia estaba predispuesto para recibir una predicación monoteísta. Sin embargo, parece
que existía una cierta tensión entre las dos tendencias religiosas: los monoteístas y aquellos que asociaban al Dios supremo y
creador otros dioses («asociadores», musrikun).

4
sobrina con la interpretación de lo vivido por Mahoma en su retiro del desierto. Waraqa le afirmó que la visión
de Mahoma venía de Dios; señaló que Mahoma era el profeta anunciado y esperado por las profecías de la Biblia;
y le indicó que la criatura que Mahoma había visto en la cueva del monte Hira era el ángel Gabriel, el mismo
que vino a María, la madre de Jesús, o sea, el ángel de la revelación. Waraqa ibn Nawfal desempeñó un papel
esencial en el nacimiento del islam con la interpretación que hizo de la experiencia espiritual y mística de
Mahoma. La experiencia de Mahoma se narra en el Corán, y es concorde a la interpretación que hizo de ella
Waraqa (Corán 2:185, 44:3, 97:1, 96:1-5).
Las revelaciones misteriosas cesan durante dos años. Mahoma vuelve a tener experiencias religiosas en el
612. A partir de esa fecha, Mahoma continuó experimentando revelaciones durante el resto de su vida con
cierta frecuencia. El Corán alude a estas manifestaciones particulares en dos pasajes principales, en protesta
contra los que tratan a Mahoma de poseso, iluso y extraviado. Él afirma la veracidad de la visión y la verdad de
la revelación (C 81:19-29; 53:1-18).
2.4. La predicación de Mahoma en La Meca
Mahoma comienza su predicación en La Meca. La predicación mecana de Mahoma se prolonga de 612 al
622, año de la Hégira (la huida de Mahoma de La Meca a Medina). En la Meca, Mahoma predica en primer
lugar a sus familiares y amigos del clan Hashim. La primera mujer en convertirse fue su esposa Jadiya; el
primer niño, su sobrino Ali; el primer joven, su sirviente Said, antiguo esclavo que Mahoma liberó; el primer
hombre adulto, su amigo Abu Bakr, que será más tarde el primer califa. No obstante, otros familiares, por
ejemplo su tío Abulahab y la mujer de éste, se niegan a convertirse al islam; contra ellos se lanzan en el Corán
violentas maldiciones con la amenaza del infierno (C 111). A finales del tercer año después de tener la
experiencia religiosa del monte Hira, el profeta recibió la orden de advertir a todos con su predicación;
comenzó entonces a divulgar su mensaje en público, abiertamente.
El contenido de la predicación mecana de Mahoma (primera etapa de su mensaje) es claro, simple y
marcadamente religioso: creer en un Dios único, Alláh 8, omnipotente y creador (los que no admiten
Alláh, profesando la idolatría, están condenados al fuego eterno); creer en el día del Juicio, en el que
cada uno será evaluado según sus acciones (que se harán públicas), y según ellas fueran buenas o malas, será
destinado al infierno o al paraíso; implorar de Dios el perdón de los pecados; hacer las dos oraciones
prescritas (las oraciones de la mañana y la oración de la noche9); mantenerse alejado del adulterio y rechazar la
costumbre árabe de enterrar vivos a los recién nacidos. Predica además la justicia social para con la viuda, el

8 Alláh no es, en modo alguno, una «invención» de Mahoma o de la religión islámica. La raíz de la palabra es común a todas
las lenguas semíticas y a todas las lenguas de los pueblos del Mediterráneo meridional, y la encontramos en la palabra hebrea
'Elóh im del Antiguo Testamento, así como en siríaco y en arameo. La lengua árabe ofrece la posibilidad de distinguir entre
iláh , dios con minúscula, y Al1áh , el Dios absoluto, donde el artículo árabe al- se ha fusionado con el sustantivo iláh. Por
consiguiente, Alláh era simplemente el nombre con el que los árabes se referían al Dios por excelencia, y el islam no ha
hecho otra cosa más que adoptar una palabra preexistente ya antes de su nacimiento y atestiguada en la poesía preislámica
precisamente por autores cristianos.
De todos modos, es significativo el hecho de que los musulmanes, cuando traducen el Corán a las lenguas occidentales, se
niegan en nuestros días a traducir Allah por Dios o bien por Dieu o bien por God. Se ha convertido casi en un dogma el uso
de mantener la palabra Allah en árabe. Me parece que es una actitud fanática la pretensión de que éste sea el nombre del
«Dios de los musulmanes» y que nadie más tenga derecho a emplearlo. Esta pretensión absurda ha llevado, efectivamente, en
Malaysia, a la promulgación de una ley que prohíbe a los cristianos el empleo de la palabra Allah para referirse a Dios.
Al1áh formaba parte, por consiguiente, del panteón árabe, y muchos árabes de la época preislámica -entre ellos el mismo
padre de Mahoma- se llamaban Abd Alláh, siervo de Alláh. Es probable que los árabes paganos utilizaran la palabra Alláh para
referirse a una divinidad particularmente poderosa, a veces con el atributo al-Rahmán, el Clemente. Los judíos y los cristianos
árabes usaban la palabra al-Rahman para referirse al Dios único, como revelan algunas inscripciones de época preislámica
descubiertas en Arabia. Una inscripción muy significativa que se remonta al siglo VI, y contiene una afirmación trinitaria,
presenta al-Rahmán como el atributo de Dios Padre para los cristianos, dado que habla de al-Rahmán, de su hijo Christos y del
Espíritu Santo. Rahmán es, por consiguiente, el atributo paterno en la tradición cristiana y el atributo esencial de Dios para los
judíos, mientras que era considerado como uno de los dioses más poderosos por los árabes paganos.
9 Sólo más tarde, en Medina, se convertirán en tres las oraciones (con el añadido de la oración de mediodía), para trasformarse
después en las cinco actuales.

5
huérfano y el pobre, a través de un desprendimiento de las riquezas (la dureza de corazón para con los pobres
es causa de condenación). Enseña que sólo la fe da valor a las obras que el hombre realiza; sin la fe las obras
no valen nada.
Pero lo que afirma Mahoma en los textos coránicos del período de La Meca es, sobre todo, que él es el
profeta elegido por Dios para comunicar a la humanidad la última revelación, que le ha sido transmitida por
medio del arcángel Gabriel (los que niegan la misión de los enviados de Dios, están condenados al fuego
eterno). Se recuerda los relatos de los profetas anteriores para demostrar que Mahoma está en continuidad con
ellos: es un enviado de Dios. Se presentan algunos ejemplos para mostrar cómo aniquila Dios a los que se
oponen a sus profetas: el diluvio, Sodoma y Gomorra, los egipcios en el mar Rojo.
Los textos coránicos mecanos (que recogen la predicación de Mahoma en La Meca entre el 612 y el 622,
señalados como tales en el Corán) presentan el islam como la forma árabe de la religión eterna, como
confirmación de lo que ha sido previamente revelado en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Moisés y Jesús
recibieron la Escritura. Pero, como lo reflejan los textos coránicos de la Meca, los hijos de Israel estaban
divididos (se expresa así la situación religiosa relajada, confusa y sin vitalidad de los grupos judíos de esa época
y, a escala menor, de los cristianos). Las revelaciones requieren a Mahoma para que siga la Biblia,
probablemente a semejanza de cómo la seguía el tío de su mujer Waraqa y los que gravitaban a su alrededor.
Así el islamismo de la Meca se presenta como la religión bíblica; como el retorno a la pureza de la religión de
Abraham y de Jesús. Así lo refleja un texto mecano (Sura 6, titulada los Rebaños: C 6, 74-75, 84-91; sura 19,
titulada María, 19, 1-40).
2.5. La persecución a Mahoma y a sus seguidores en La Meca
En un primer momento, las ideas de Mahoma no encontraron fuerte oposición entre los habitantes
paganos de su ciudad. Éstos se limitaron a burlarse de él, acusándole de estar poseído por algún espíritu
maligno o de ser un adivino. A esto hay que añadir también el hecho de que, al principio, Mahoma no tenía
intención de fundar una nueva religión, sino que se limitaba simplemente a amonestar a los árabes con la inmi-
nente llegada del día del Juicio. Si exceptuamos a un reducido grupo de jóvenes, de condición bastante
modesta, pocos le siguieron. Sin embargo, cuando empezó a atacar de una manera abierta el politeísmo de sus
conciudadanos, la oposición se volvió áspera, ya que eso representaba una amenaza para los intereses de los
clanes de la ciudad. Éstos, en efecto, se enriquecían gracias a los peregrinos que allí afluían anualmente. La
Meca era, efectivamente, no sólo un importante centro político, social y comercial de Arabia, sino también un
lugar religioso. Ya en la época preislámica se reunían allí todas las tribus durante un mes específico dedicado a
la peregrinación, para adorar a para adorar a sus divinidades colocadas en torno a la Kaaba, el edificio en
forma de cubo que contiene la piedra negra, además de hacer comercio u organizar certámenes poéticos.
Obligar a esta gente a destruir sus ídolos hubiera perjudicado los negocios10.
La oposición creciente que Mahoma experimenta contra él y su predicación, a la que se sumo la poderosa
tribu de los Quraysh, le confirma todavía más en la convicción de ser profeta, por ser combatido como todos
los que le habían precedido, según el dicho «nadie es profeta en su tierra». El Corán refleja, en los textos de La
Meca, el rechazo a Mahoma por parte de sus conciudadanos mecanos. En la Meca, Mahoma no uso la fuerza
para defenderse de los ataques. Ante la situación difícil en la que se encontraba, cuenta la Tradición
musulmana (Hadices, Sunnah) que su antiguo tutor, Abu Talib, le rogó que abandonara la predicación de su
mensaje para no poner en riesgo su vida y la seguridad del clan Hashim; pero Mahoma le respondió diciendo:

10 Kaaba: La construcción cúbica que se encuentra en el centro del patio de la Gran Mezquita de La Meca en torno a la cual
dan siete vueltas los musulmanes cuando realizan el tawáf durante la peregrinación. En ella se custodia la piedra negra, un
bloque de pórfido negro (tal vez un meteorito). Según la tradición islámica, Abrahán habría elevado en aquel lugar un altar
a Dios, por ese motivo mantuvo Mahoma la construcción, ordenando, no obstante, destruir los símbolos de las divinidades
preislámicas que habían sido colocadas alrededor. La primera purificación de la Caaba tendrá lugar en el 630, cuando los
musulmanes, vencedores, se apoderaron de La Meca. Se dice, que había, entre otras imágenes, un icono de Jesús y de María, y
que ese icono halló gracia ante los ojos de Mahoma.

6
“Oh tío mío, incluso si colocaran en mi palma derecha el sol y la luna en mi izquierda, no abandonaría mi
propósito hasta que Dios me garantice el éxito o hasta que muera en el intento”. Abu Talib, admirado por las
palabras de Mahoma, le dijo: “Sobrino mío, no te abandonaré”. La persecución se hace más severa cuando
Mahoma comienza a denunciar la explotación de los pobres por parte de los ricos, echándoles en cara a éstos
su codiciosa avaricia.
Sólo un grupo muy reducido de fieles le sigue. Las conversiones de los primeros cuatro años de predicación
de Mahoma fueron en su mayoría personas humildes, débiles frente a la oposición que sufría. La persecución y
las vejaciones contra el primer grupo de musulmanes se vuelve cruel. Muere uno de ellos, Yasir, el primer mártir
del islam (± 616). En cambio, el hijo de Yasir, sometido a tortura, apostata (C 16:106-109: texto contra la
apostasía, en el que, pese a todo, se excusa a aquellos que niegan exteriormente, a causa de la tortura, pero su
corazón permanece creyente). La persecución era tan dura que Mahoma aconsejó a sus seguidores que huyeran
temporalmente a Abisinia (la actual Etiopía), asegurándoles que el Negus, cristiano de religión, les recibiría bien.
Unos ochenta musulmanes marcharon a Etiopía. Las autoridades mecanas, al enterarse que los seguidores de
Mahoma se habían refugiado en país extranjero, pidieron la expulsión de éstos al Negus. Antes de decir nada, el
Negus pidió escuchar a los musulmanes huidos a su tierra. Éstos le demostraron que adoraban al mismo Dios
que los cristianos, y luego le recitaron los pasajes coránicos que hablan de la Virgen María. La Tradición
musulmana cuenta que el Negus, al escuchar la traducción de los bellísimos versículos coránicos de la
Anunciación (sura «María», C. 19), se conmovió, lloró y dijo, llamando «hermanos» a sus huéspedes musulmanes:
“Verdaderamente esto viene de la misma fuente que descendió sobre Jesús”; y permitió a los musulmanes que se
quedaran en su reino. La marcha de los musulmanes al reino de Etiopía constituye la primera «hégira»11
(emigración) musulmana.
En la Meca, los jefes paganos, bajo del liderazgo de Abu Yahl, deciden aislar totalmente a los musulmanes:
prohíben casarse con ellos y comerciar con ellos, y se intenta que vivan en las afueras de la ciudad. En el 619,
Mahoma pierde dos de sus apoyos familiares en La Meca, a su mujer Jadija y a su tío Abu Talib, que le había
protegido siempre. En los momentos de mayor aislamiento, Mahoma busca el apoyo de los fieles de las
religiones monoteístas, a quienes Mahoma llama la «gente del Libro», o sea, a los judíos y a los cristianos, los
únicos que poseían entonces un libro revelado12. Estos concuerdan con Mahoma en lo que se refiere al
monoteísmo, a la doctrina relativa al Último día y a la resurrección de los muertos, pero no aceptan en
absoluto su pretensión de ser profeta de Dios. No obstante, en medio de todas las dificultades por las que
atravesaba Mahoma, se convierte al islam uno de los hombres más importantes en la sociedad jerárquica de La
Meca, Umar ibn al-Jattab, que después de la muerte de Mahoma será el segundo califa del islam.
2.6. El pacto de Mahoma con grupos de Yathrib (Medina) y la Hégira (622)
Mahoma busca protección en la ciudad de Taif en el 620, pero es rechazado. Su predicación en la esa
ciudad fue un fracaso, no tuvo seguidores. De vuelta Mahoma a La Meca, se dedica a predicar a los forasteros
que van de peregrinación a la Kaaba. Los primeros peregrinos en aceptar el mensaje de Mahoma, en
reconocerle como profeta y convertirse al islam fueron son seis peregrinos de Yathrib, la actual Medina,
situada a 400 kilómetros de La Meca, pertenecientes a la tribu de Jazray. Regresando a Medina, comenzaron allí
a difundir la religión de Mahoma. En dos peregrinaciones sucesivas (621 y 622), grupos venidos de Medina
(pertenecientes a la tribu Jazray y a la tribu de los Aws) prestan juramento de obediencia a Mahoma y se
compromete a seguir fielmente sus enseñanzas en Aqaba. En el encuentro del año 622, ante la creciente
oposición de los habitantes de La Meca, Mahoma modificó su estrategia, se estableció entre Mahoma y los
medinenses un acuerdo, el conocido como el Pacto de Guerra, en el que se decidió la emigración de Mahoma

11 La raíz de hégira es la misma que la de Hagar, la sierva de Abrahán obligada a huir al desierto con su hijo Ismael, considerado
como el fundador del linaje de los árabes.
12 El cristianismo no es una religión del Libro, sino la revelación de Jesucristo (revelación que se identifica con su misma persona),
una revelación que ha sido consignada y trasmitida también en forma escrita.

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a la ciudad de Yathrib, la segunda en importancia de Arabia después de La Meca, y realizaron el juramento de
defender a Mahoma frente a sus enemigos, con las armas si fuese necesario. Preparando su huida a Medina,
Mahoma envía allí a sus seguidores por pequeños grupos a fin de no llamar la atención. Se trataba de una
verdadera conspiración contra su ciudad natal, pues la intención era hacerse fuerte para poder posteriormente
dominarla. Mahoma emigra a Yathrib en la noche entre el 15 y el 16 de julio del año 622, fecha que marca el
comienzo del calendario musulmán. Es la Hégira (Hiyrah) por excelencia13. En la sura novena (C 9:40) se
presenta esta emigración como una expulsión moral, pero acompañada de la protección de Dios, pues
Mahoma y su compañero Abu Bakr pueden esconderse en una cueva, escapando así de los mecanos que los
buscaban para darles muerte. De hecho, cuenta la Tradición islámica que Abu Bakr, en un momento de miedo,
le expresó su temor a Mahoma, el cual le contestó: “¿Qué piensas de dos cuyo tercero es Dios? No temas, de
hecho Dios está con nosotros”. Llegaron al oasis de Yathrid. Allí, en Qubaa, Mahoma permaneció unos días,
y construyó la primera mezquita del Islam. También allí se unió a Mahoma y a Abu Bakr, Ali, el primo
hermano de Mahoma. La entrada de Mahoma en la ciudad de Medina fue en baño de multitudes. Cada casa en
Medina quería que Mahoma fuese su huésped. Sin embargo, el camello de Mahoma le llevó a casa de Banu
Nayyaar, familiar materno. El 23 de septiembre de 622 la Hégira (emigración) había sido completada. Este
evento marca el inicio del calendario musulmán y la del islam como religión-estado-sociedad.
2.7. Mahoma en Medina
Siguiendo el contenido del Corán en su desarrollo histórico, inmediatamente después de la emigración de
Mahoma a Medina, se dice que Mahoma recibió la revelación de los versos coránicos que permiten la guerra
santa, la guerra en defensa del islam. Estos versos son cruciales para el desarrollo histórico posterior del islam:
“Se les permitió combatir porque fueron oprimidos, y en verdad, Dios tiene poder para socorrerles. Ellos
fueron expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho: Nuestro Señor es Dios. Si Él no hubiera
hecho que los creyentes vencieran a los incrédulos, se habrían destruido monasterios, iglesias, sinagogas y
mezquitas en donde se recuerda frecuentemente el nombre de Dios” (Corán 22:39-40; cfr. Corán 2:251). Esta
enseñanza supuso un cambio en toda la predicación de Mahoma y en su manera de actuar como profeta del
islam. Después de trece años en La Meca sufriendo la persecución, sin defenderse activamente (hay que tener
en cuenta el estado de debilidad en el que estaba allí Mahoma, por no contar con poder para enfrentarse a sus
adversarios), adquiriendo cada vez mayor fuerza e influencia (un cambio de circunstancias muy importante
para él), Mahoma considera que es ahora tiempo de lucha y la guerra, tanto espiritual como física. Con la
Hégira, los trece años de humillación, de persecución y de poco éxito habían terminado. Comienza la etapa de
Medina, la actividad medinense de Mahoma como profeta del islam, en la que no va sólo a hacer de
predicador, sino también de gobernador político, social y militar. Por eso, los capítulos coránicos de Medina
difieren en contenido de los mecanos.
En Yathrid, que pasa a llamarse Medina (abreviación de Madinat al-nabi, la ciudad del profeta), la primera
tarea que realizó Mahoma fue la de construir una mezquita. Mahoma convirtió la Mezquita en lugar público de
oración, escuela de las verdades de la religión, centro de resolución de diferencias, lugar de la administración de
lo público, o sea, el mayor símbolo de la sociedad islámica, en la que todos los aspectos de la vida se incorporan a
la religión. Mahoma comienza a construir una nación basada en la religión del islam. Para ello, Mahoma establece
pactos con todas las tribus presentes en Medina, incluidas las poderosas tribus judías. En el primer pacto, se
decidió tener un estado igualitario, con libertad religiosa y defensa recíproca. Con normas de gran alcance
unificador, Mahoma hermana a los emigrantes venidos de La Meca con los ayudantes suyos de Medina (aquellos
con los que había hecho el Pacto de Guerra y con los que se habían incorporado a él posteriormente), creando
fuertes lazos religiosos entre ellos. Mahoma creó un sistema de atención a los más desfavorecidos, para que no
pasaran necesidad.

13 Hégira. Del árabe Hijra, emigración. Se refiere a la huida de Mahoma desde La Meca a Yathrib (rebautizada después con el
nombre de Madinat a1nabi, la ciudad del profeta, o Medina), que marca el año 1º del calendario lunar islámico (622 d. de C.)

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2.8. La relación de Mahoma con los grupos judíos en Medina
Al principio las relaciones fueron buenas con los judíos. Mahoma, para congratularse con las tribus judías,
las más ricas de la ciudad, orientó la oración14 hacia Jerusalén e impuso el ayuno en el día del Yóm-Kippur, tal
como hacen los judíos. Sin embargo, los intentos de Mahoma no tuvieron el éxito apetecido, y los judíos no lo
reconocieron como profeta. Por lo general, el islam fue considerado por las tribus judías como otra secta más
derivada del tronco bíblico.
Aproximadamente dos años después de llegar a Medina, finales del año 2 de la Hégira, el 623 de la era
cristiana, Mahoma cambió de estrategia y rompió con los judíos, cuando se hizo evidente que los judíos
rehusaban la nueva religión. Mahoma manifestó la ruptura con ellos cambiando las prácticas religiosas
musulmanas: orienta la oración hacia la Kaaba de La Meca (considerada por el islam como el primer lugar de
la tierra construido para la adoración de Dios, y reconstruido por Abraham; cfr. sura al-Baqara); el ayuno lo
amplía a un mes entero, elegido ahora entre los meses sagrados del calendario árabe15, dejando de coincidir
con el uso de los judíos. La nueva orientación de la oración (la nueva qiblah) estaba destinada a «atraer» a los
árabes paganos al islam. Se trataba de un movimiento táctico encaminado a ganarse a los árabes: en efecto,
pretendía acentuar que no era contrario en absoluto al papel ejercido por La Meca como centro religioso,
sino a la concepción politeísta de sus habitantes. Ante estos signos arabizantes de Mahoma, Abdallah ibn
Ubayy ibn Salul, jefe de la ciudad de Medina antes de la llegada a ella de Mahoma, aceptó el islam, pero
como una formalidad. De hecho, posteriormente, se volvería contra los musulmanes como cabeza del grupo
de los denominados “hipócritas”. En esta época de Medina, la predicación de Mahoma se dirige
violentamente contra los judíos, evoca la incredulidad de los hebreos en el desierto durante el éxodo y
recuerda su actitud contraria a Moisés, enviado de Dios, que es la que seguían teniendo en ese momento.
Mahoma acentúa la figura de Abraham, del que dice que construyó la Kaaba, para llamar a la peregrinación y
para rogar a Dios que mandase un profeta a los árabes. La venida de Mahoma se presenta, pues, como la
respuesta de Dios a la oración de Abraham.
2.9. Las razias organizadas por Mahoma
Tras la ruptura con las tribus judías, Mahoma se dedicó a las razias (incursión en territorio enemigo para
saquear) y a la guerra. Según la biografía más autorizada, la Sira de Ibn Hisham16, Mahoma realizó, en el decenio
transcurrido en Medina, diecinueve operaciones entre guerras17 y razias, casi todas lideradas por Mahoma mismo.
La mayoría de ellas encaminadas a debilitar a la tribu mecana de los Quraish, la más contraria y opuesta a él en La
Meca. Los Quraish, a través de alianzas con disidentes de Mahoma en Medina, sobre todo con Abdallah ibn
Ubayy, continuaban con su intento de impedir que Mahoma se hiciera con todo el poder. Mahoma y los suyos
asaltaban las caravanas comerciales entre Siria y La Meca. Estos conflictos procuraron a Mahoma fuerza
económica18; pero sobre todo le permitieron establecer pactos con las diferentes tribus, ampliando
considerablemente su poder y su influencia. De esta manera, Mahoma estableció una nueva posición en la
Península de Arabia. En efecto,las razias tuvieron un papel fundamental en la implantación del Islam por parte
de Mahoma. Tal importancia se vio reflejada en las primeras biografías de Mahoma. Éstas no llevaban el nombre

14 La Qiblah es la dirección hacia la cual se orientan los musulmanes para rezar.


15 Los judíos emplean un calendario solar. Mahoma sigue el calendario lunar de los árabes constituido por 355 días.
16 Ibn Hisham (fallecido el año 834) se basó en la Sira perdida de Ibn Isháq escrita hacia el año 750. Sira: Biografía de Mahoma.
La más autorizada es la escrita por Ibn Hishám en el s. IX.
17 Los árabes de la tradición preislámica observaban cuatro meses sagrados durante los cuales estaba prohibida la guerra, mientras
que sí estaba permitida durante los otros meses del año, en dos estaciones diferentes. Mahoma respetó en cierto modo esta
costumbre, sin que los musulmanes vieran en ella nada incompatible con su nueva fe. A fin de cuentas, la guerra formaba parte de
la cultura beduina.
18 Son numerosas las azoras que hablan del derecho de Mahoma a una quinta parte del botín: «Te preguntan, Mahoma, por los
botines. Responde: `Los botines son de Dios y del Enviado. ¡Temed a Dios! ¡Arreglad vuestras diferencias! ¡Obedeced a Dios y a
su Enviado, si sois creyentes!'» (azora del Botín VIII,1); «Sabed que de cualquier cosa que forme parte del botín que obtengáis
pertenece cl quinto a Dios, al Enviado...» (azora del Botín VIII,41-42).

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de sira, como serán llamadas en el siglo tercero de la Hégira (siglo IX de la era cristiana), sino el de kitáb almagázi,
o sea, «el Libro de las razias». Fue el mismo Mahoma el que dirigió sistemáticamente, como jefe político, estas
razias o incursiones bélicas, el que las organizó y el que llevó a cabo las conquistas, una tras otra, de las diferentes
tribus árabes. Para subsistir, éstas no tuvieron más remedio que someterse a Mahoma y a su Dios, pagando un
tributo e imponiéndoles una especie de protectorado, lo que permitía a Mahoma lanzarse a nuevas conquistas. El
sistema de Mahoma con las diferentes tribus árabes era el siguiente: en la medida que crecía su fortaleza, atacaba
a una tribu más débil, que ponía bajo su gobierno y la obligaba a pagar tributo. Cuando tenía frente a sí una
tribu con la misma fuerza que él, establecía pactos con ella. Cuando se consideraba más débil que su posible
adversario, se limitaba simplemente a evitar el choque. Así, gracias a su inteligente estrategia, Mahoma
consiguió ampliar la base y la influencia del islam, tanto desde el punto de vista numérico como en el ámbito
político.
2.10. La Campaña de Badr (624) la batalla del monte Uhud (año 625)
En este período, Mahoma organiza ataques frecuentes contra los intereses económicos de La Meca. En marzo
del año 62419, Mahoma consigue la victoria en la famosa batalla de Badr (entre Medina y el mar Rojo) contra la
caravana de Abú Sufyán, hombre notable de la Meca, padre de Mucawiya, fundador de la dinastía Omeya (661-
750), que regresaba de Siria con gran mercancía para el comercio. Llegando noticias a Abú Sufyán que
Mahoma intentaba interceptar su caravana para asaltarla, envió un mensaje urgente a La Meca para que el
ejército fuera enviado para defenderse de los musulmanes. Cuando Mahoma se enteró del avance del ejército
mecano, tres veces mayor en número que el grupo de los musulmanes (cerca de 300 hombres), decidió no
retirarse y luchar contra aquél en Badr. La tradición islámica dice que Mahoma pasó toda la noche en oración y
súplica el día antes de la batalla, que se conoce como el Día del criterio (al-Yawm al-Furqan): el criterio entre la
luz y la oscuridad, entre el bien y el mal. La batalla tuvo lugar el 17 de Ramadán, en el segundo año de la
Hégira (624 d. C.). El profeta ordenó a los musulmanes que tomaran la defensiva, seguro del auxilio de Dios a
través de sus ángeles (cfr. Corán 8:9). El ejército de los Quraish mecanos fue derrotado por Mahoma y sus
hombres. Mahoma asumió el éxito como prueba de la veracidad del islam (C 8:8) y como signo cierto del
cumplimiento de que Dios cumple sus promesas (Corán 54:45, “Pero en verdad todos ellos serán vencidos y
huirán”). El éxito de Mahoma en Badr hizo que algunas tribus beduinas, interesados siempre en estar con el
más fuerte, se inclinaron a aliarse con los musulmanes; así, el islam ganó muchos adeptos en Medina tras la
batalla de Badr
2.11. La batalla del monte Uhud (año 625)
Al año siguiente de la batalla de Badr, La Meca organizó un ejército de tres mil hombres para atacar a
Mahoma en Medina. La primera idea del Mahoma fue defender la ciudad, sin atacar a los mecanos. El plan fue
aprobado por Abdallah Ibn Ubayy, el jefe de “los hipócritas”. Pero los musulmanes que lucharon en Badr,
esperanzados de que Dios les ayudaría a pesar de su inferioridad militar, pensaron que era mejor no quedarse
tras los muros de la ciudad y salir a atacar. Mahoma, de acuerdo con confianza en Dios, partió con un ejército
de mil hombres hacia el monte Uhud, muy cerca de Medina. Allí acamparon. Por la noche, Abdallah Ibn
Ubayy retiró del grupo a sus hombres, que era un tercio del ejército musulmán La caballería del ejército de
Quraish se dirigió al lugar y cayo sobre los musulmanes. Mahoma es herido y casi muere. Poco faltó para que
los musulmanes fueran derrotados. Cuando los musulmanes de dieron cuenta de que Mahoma seguía vivo, lo
recogieron y se retiraron del campo de batalla. Pero al día siguiente, Mahoma quiso luchar contra los mecanos
con el ejército que le quedaba. Abu Sufian, sin embargo, sabedor de la gran derrota que le había causado a
Mahoma decidió volver a La Meca. Este suceso fue interpretado por los musulmanes como una victoria de
Mahoma, pues sostienen que, aunque los habitantes de La Meca podían haberle matado, no lo hicieron;
interpretación confirmada en un fragmento coránico (C 3:118-129, 139-160, 165-180). La derrota que

19 Este año o en 625, Fátima, hija de Mahoma, se casa con Utman, futuro califa. En 625, Mahoma se casa con Hafsa, hija de Umar,
futuro califa.

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sufrieron los musulmanes en el monte Uhud disminuyó su prestigio ante las tribus árabes y también ante los
judíos de Medina, de tal modo que comenzaron a pactar con los Quraish de La Meca.
2.12. Ataque y expulsión de los judíos de Medina. La batalla del Foso
En un primer momento, Mahoma simplemente se distanció de las tribus judías, pero llegó un momento,
en el que Mahoma se sintió fuerte para atacar a los judíos. Primero lanzó un ataque contra la más poderosa de
ellas, la tribu de Bani Nadhir, obligándola a refugiarse en Siria. Algunos años después expulsó de la ciudad,
una tras otra, a las otras dos tribus de Medina (de 624 a 627), impidiéndoles que se llevaran consigo sus
propios bienes. El motivo invocado por Mahoma tras la matanza de la primera tribu fue el no haber
respetado el pacto de solidaridad que habían hecho con él, pero esto parece más un pretexto que otra cosa.
Los musulmanes confiscaron los bienes de los hebreos. Los judíos expulsados no aceptaron esta situación y se
unieron a Abu Sufian, jefe de La Meca, para recuperar su posición, haciendo frente común contra Mahoma.
Unidos al ejercito mecano de Abu Sufian, los judíos, también con algunas tribus beduinas, se propusieron
asediar la ciudad de Medina en el 627 (abril) con un ejército de 10.000 hombres, el más grande jamás visto en la
región occidental de la Península árabe. Mahoma pudo reunir unos 3.000 hombres para oponerse a su enemigo.
Tuvo lugar la que se llama «campaña del Foso», porque los musulmanes habían abierto un foso para proteger
Medina. La contienda fue muy breve. Vencieron los musulmanes, porque los mecanos quedaron atrapados en el
foso embarrado bajo el agua. Los supervivientes del ejército enemigo se refugiaron en Jaybar, un oasis situado
cerca de Medina. La derrota definitiva de los judíos tuvo lugar en el curso de la expedición contra el rico
oasis de Jaybar, el año 7 de la hégira (628 d. de C.). En ese período, Mahoma estaba en pleno ascenso militar
y preparaba la entrada en La Meca. Mahoma les presentó batalla, derrotándoles tras un asedio de cuarenta y
cinco días. Fueron degollados entre 600 y 900 judíos después de la rendición; las mujeres y los niños se vieron
reducidos a la esclavitud (C 3:26-27). La victoria de Jaybar (628) entró en la mitología musulmana como
testimonio de su superioridad sobre los judíos, hasta tal punto que todavía hoy la siguen evocando los militantes
islámicos y los jóvenes de la Intifada palestina.
2.13. La entrada militar de Mahoma en La Meca
Expulsados y vencidos los judíos de Medina, Mahoma comienza centrarse más en organizar la vida civil20 y
religiosa de la ciudad. No obstante, su gran sueño era entrar triunfante en La Meca. Según cuentan los relatos
musulmanes, el año 628 Mahoma tuvo una visión en la cual se veía a él mismo entrando en La Meca sin
oposición alguna. Apoyado en este sueño, Mahoma determinó organizar una campaña para hacerse con el
control de La Meca. En orden a llevar a cabo su pretensión, ese mismo año Mahoma firma un tratado con los
Quraish de La Meca y, por tanto, con todas las tribus paganas bajo el domino de aquéllos (la tregua de
Hudaybiyya). La tregua estipulaba que durante diez años no habría hostilidades entre ellos. La tregua fue la
victoria más grande que los musulmanes pudieron lograr, porque, eliminado el enfrentamiento entre paganos e
islam, muchos paganos se convirtieron a la religión islámica. Mahoma sigue adelante con su estrategia de pactos
y enfrentamientos hasta el choque decisivo con La Meca. En enero del año 630 marcho contra su ciudad natal
con un ejército de 10.000 hombres. Mahoma consigue entrar en La Meca sin derramamiento de sangre, porque
los habitantes de ésta reconocen ahora su supremacía militar. Se comportó de una manera generosa con sus
conciudadanos (sólo tres hombres y dos mujeres fueron condenados a muerte). Mahoma ordenó que todos los
ídolos que había alrededor de la Kaaba fuesen destruidos, diciendo: “Ha llegado la verdad y la oscuridad ha
desaparecido”.
2.14. La batalla de Hunayn

20 Mahoma tuvo que trabajar a fondo para desarrollar la legislación de los beduinos, que no tenían otras leyes más que las
transmitidas por la tradición. En Medina tuvo que resolver toda una serie de problemas sociales, económicos, familiares,
matrimoniales, de relaciones con los esclavos, con los judíos y con los cristianos. Cada vez que le plantean un problema, tal vez
al cabo de algunos días, le da una respuesta en forma de revelación, en el sentido de que la respuesta está presentada como
«bajada» de parte de Dios sobre él. Lo religioso, lo social y lo político se mezclan y se unen en el islam.

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Poco después de la toma de La Meca, doce mil musulmanes se enfrentaron a cuatro mil infieles en
el valle de Hunayn, en el camino de Taif, a una jornada al éste de La Meca. Los paganos querían
reconquistar La Meca y la Kaaba para la idolatría. Los musulmanes estuvieron a punto de ser
derrotados, porque los arqueros enemigos estaban mejor situados. Sin embargo, Mahoma animó a sus
seguidores, decidiéndose la batalla a favor de éstos (C 9:25-27). La victoria fue completa y el botín
enorme. La tribu de Zaqif, que habitaba en Taif, fue una de las que se enfrentó a Mahoma en Hunayn. Después
de la victoria de Hunayn, Mahoma sitió y conquistó la ciudad de Taif, muy próxima a La Meca. Entonces, se
produjeron conversiones en masa, que fortalecieron aún más su posición. En este momento casi toda la
Península arábiga se convierte al islam. Las tribus se «convierten al islam» con una sumisión a la fuerza militar de
Mahoma. Ambas cosas eran idénticas, porque quien se sometía a Mahoma le reconocía como gobernante y como
profeta enviado por Dios. Por consiguiente, los musulmanes no sólo requerían de los conquistados la sumisión
política y militar, sino también el reconocimiento del único Dios y de su profeta. Un reconocimiento que se
expresaba asimismo con el pago de un tributo para el mantenimiento del ejército. En el año 631, noveno de la
Hégira, Mahoma extendió el dominio del islam al norte de Arabia y estableció la llamada Declaración de
Inmunidad, con el propósito de que a partir de ese momento sólo los musulmanes pudiesen peregrinar a La
Meca para adorar a Dios en la Kaaba. La proclamación de esa Declaración supuso el final de la presencia de
cultos paganos e idolátricos en La Meca.
2.15. La peregrinación de despedida
En marzo de 632, el año 10 de la hégira, emprende Mahoma, por fin, su primera y última peregrinación
oficial (Hajj o Hayy) a La Meca, convertida ya en islámica. Es la así llamada Peregrinación del Adiós. Desde
Medina y con 90.000 musulmanes de toda Arabia, Mahoma peregrinó triunfalmente a la Kaaba. En el discurso
pronunciado ante la muchedumbre de musulmanes comunica a su gente el último versículo coránico que había
recibido: “Hoy os he completado vuestra religión y he terminado de daros mi bien. Yo os he escogido el islam
por religión” (Azora de la Mesa 5,5).
2.16. La muerte de Mahoma
Después de su peregrinación a La Meca, Mahoma regresó a Medina. En mayo del mismo año 632, mientras
estaba preparando una expedición contra la ciudad de Tabuk en la Trasjordania, dominada por Siria, se sintió mal
y tuvo que renunciar a ella. El 8 de junio del año 632 entró por última vez en la mezquita de Medina. Murió en su
casa, entre los brazos de su mujer preferida, Aisha21, este mismo día. Abu Barkr comunicó la noticia de la muerte
de Mahoma a los musulmanes de Medina, diciéndoles que Mahoma ha muerto, pero quien adora a Dios, sepa
que Dios está vivo y no morirá. Luego recito el verso del Corán: “Mahoma no es sino un mensajero, a quien
precedieron otros. ¿Si muriera o le dieran muerte, volveríais a la incredulidad? Mas quien volviera a ella, en nada
perjudicará a Dios. Dios retribuirá a los agradecidos”. Mahoma murió sin que fuera reconocido como profeta
por el cristianismo y el judaísmo. Desde el principio, ni los judíos ni los cristianos22 han reconocido su
profecía. Creen que «no hay otro dios fuera de Dios», propuesta equivalente a la primera parte de la
profesión de fe islámica, pero ningún judío o cristiano quiso reconocer a Mahoma como profeta. De ahí las
invectivas del Corán contra judíos y cristianos (C 5:56; 3:106; 9:29).

21 Mahoma permaneció monógamo mientras vivió Jadija. Sin embargo, tuvo después por lo menos tres mujeres. Con Áisha, hija del
futuro primer califa Abu Bakr, se casó cuando ésta tenía seis años, aunque el matrimonio no lo consumó hasta que llego a los
nueve. Y es que, durante los últimos nueve años de su vida, para consolidar sus alianzas con diversos clanes y para acrecentar su
prestigio de jefe, sus matrimonios se multiplicaron, según la norma de las costumbres árabes. En el Corán (C 24:10-26) se
menciona la acusación de adulterio levantada conta Aisha, y que esto había dividido a la comunidad musulmana. Se autoriza a
Mahoma a casarse con la mujer de su hijo adoptivo —lo cual iba contra las costumbres de Arabia— (C 33 5:37-40). La sura 66
relata y apaga la crisis que (más o menos en el 629) existió en el harén de Mahoma por los celos entre sus mujeres. El Corán
permite cuatro esposas a cada musulmán, a condición de que el marido obre con arreglo a la justicia. No dice nada del número de
esclavas —mujeres de segunda categoría—, que son también permitidas. Mahoma tuvo un harén de tres o cuatro mujeres por lo
menos.
22 Nasara (nazarenos), término empleado por el Corán y la tradición islámica para referirse a los cristianos.

12
3. EL CALIFATO Y EL ISLAM. LAS DIVISIONES INTERNAS EN EL ISLAM
El califato. Después de la muerte de Mahoma, Abu Bakr, compañero de Mahoma de los primeros tiempos y
padre de su esposa Aisha, fue nombrado califa, es decir, jefe de la comunidad musulmana en lugar del fallecido
Mahoma. El Corán no contenía ninguna indicación para la sucesión de éste y sus compañeros tuvieron que
improvisarla. Comienza así el período del califato en el islam. Poco después de la muerte de Mahoma, tuvo
lugar la secesión del conjunto de las tribus árabes que se habían sometido al islam por dominio militar. Fueron
muchas las tribus que se rebelaron contra el sucesor de Mahoma, el califa Abu Bakr al-Siddiq (632-634),
negándose a seguir pagando el tributo, de modo que el califa les tuvo que declarar la guerra. Los historiadores
musulmanes llaman a estas guerras hurub al-ridda, las guerras de los apóstatas. De ahí ha derivado la obligación de
matar a todo el que se eche atrás, al apóstata que reniegue de su fe. Con todo, es preciso añadir que los
compañeros del califa le señalaron que esas tribus se negaban a pagar el tributo, sin que por ello abandonasen el
islam. En realidad, las tribus consideraban a Mahoma más como líder político que como profeta religioso, y no
estaban dispuestas a reconocer, a su muerte, a ningún otro jefe. La violencia, en definitiva, formaba parte del
islam naciente como religión-estado-sociedad. En esta primera revuelta después de la muerte de Mahoma,
surgieron una serie de líderes árabes frente a los musulmanes. Dos de ellos: Musaylima, en la Arabia central, y
una cristiana, la profetisa Sachab, ofrecieron a los musulmanes una fuerte resistencia. La sangrienta campaña
terminó con la derrota en Yamamah de los que se había sublevado contra el islam. Esto ocurrió en el año 633.
Fue el último intento para que Arabia no quedara totalmente en manos de los musulmanes.
Después del califato de Abu Bakr (632-634), le sucedió Umar (634-644, muere asesinado por musulmanes);
el tercer califa fue Utman ibn Affan (644-656, también asesinado por musulmanes), el primero entre los
notables de La Meca que se convirtió al islam en vida de Mahoma, jefe del clan de los Omeyas en La Meca; el
cuarto califa fue Ali ibn Abi Talib (656-661, asesinado por musulmanes), marido de Fátima, la hija de
Mahoma, y miembro del clan Hachemí; el quinto califa fue Hasán, hijo de Ali, que renunció al califato a los 6
meses (+670); por la abdicación pactada de Hasán, el califato recae en Mu-Awiya (o Moavia I), gobernador
Omeya de Damasco (Siria) y familiar de Utman, que inaugura, como sexto califa (661-680), el califato en
Damasco, haciendo el califato hereditario.
Tanto Abu Bakr como Umar había permitido a los pueblos conquistados su conversión al islam mediante la
mera aceptación de las obligaciones de los Cinco Pilares del Islam (reconocimiento del Dios único y verdadero, y
de su profeta Mahoma (shahada); la oración ritual; el tributo religioso y ritual; el ayuno ritual; y la peregrinación a
La Meca), e incluso les dieron por convertidos con la sola recitación de la shahada (credo básico): «No hay más
Dios que Dios, Mahoma es el mensajero es el mensajero de Alá». Otro tanto hace Utman; pero los
musulmanes que no estaban de acuerdo con ese tipo de conversiones, por estimar que tales neoconversos
sólo podrían ser considerados verdaderos musulmanes si además llevasen vidas exentas de pecado,
constituyen el grupo de los jariyíes («secesionistas»). Austeros e intérpretes literales del Corán, los jariyíes se
muestran partidarios del califato electivo del más digno. Utman rechaza la pretensión de los jariyíes de exigir
a los conquistados una conversión más profunda y real al islam, pues eso dificultaría bastante la expansión
de su imperio. Utman se alejó de los jariyíes, pasando entonces a proteger a los muryia («los que aplazan el
juicio»), para quienes el juicio sobre la piedad de un musulmán corresponde sólo a Dios, convirtiéndose sus
argumentaciones teológicas y jurídicas relativamente permisivas el núcleo del islam sunní (islam de la vía
armoniosa, que da mucha importancia a la sunnah o tradición). Los muryia apoyan a Utman en la pretensión
de que el califato sea hereditario. Según esto, los omeyas gobiernan por legítimo derecho y deben ser
aceptados como jefes de la comunidad islámica. La oficialización de la postura de los muryia enfurece a los
jariyíes, que declaran la guerra al clan de los Omeyas. Los jariyíes asesina al califa Utman el año 656 en La
Meca.
Contando con el incondicional apoyo de los jariyíes, inmediatamente a la muerte de Utman, es designado

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cuarto califa Ali ibn Abi Talib. Pese a todo, el mismo Ali quedará expuesto a la intransigencia ultralegitimista
de los propios jariyíes, que le reprochan que permita la crítica de su propia autoridad, siendo asesinado por
uno de ellos en Kufa (Irak) el 661. Su propio hijo Hasán es elegido para sucederle, pero a los seis meses
renuncia para evitar una guerra fratricida, pactando su abdicación a favor de Mu-Awiya, gobernador omeya
de Damasco, que, por contrapartida, se comprometía a que tras la muerte de Hasán el mando del islam
pasaría a los descendientes de éste. Hasán muere el 670 en Medina relegado a la condición de simple
ciudadano. El hermano de Hasán e hijo también de Ali, Husayn sigue el ejemplo de su hermano mayor
durante algunos años; pero, cercana ya la muerte de Mu-Awiya (+680), decide recuperar el poder según lo
que estaba pactado con éste. Sin embargo Mu-Awiya incumple e1 pacto, nombrando heredero a su
descendiente. Husayn se rebela y declara la guerra; sin embargo, es derrotado, muriendo todos sus
compañeros. Sólo sobrevivieron dos de sus hijos, el resto de la familia de Ali (el clan Hachemí) fue
asesinada. La derrota, ocurrida el 683 (61 de hegira), deviene así martirial y conmemorativa en la historia de
los llamados, a partir de ese momento, chiíes («guerrilleros»), que considerarán siempre a los Omeyas
usurpadores satánicos del califato Hachemí. Los shiíes toman su nombre de Shiat 'Ali, el partido de Ali,
sobrino y yerno de Mahoma y marido de Fátima. La fiesta religiosa más importante de los chiíes es la ashura,
donde se conmemora la derrota del segundo hijo de Ali (Husayn), que por su martirio es reconocido por
todos los, chiítas como tercer imán, tras su padre Ali y su hermano mayor Hasán. Toda la descendencia de
Alí (los alidas) queda asociada a este destino de ser imanes del islam. Así, del año 655 al 683 quedó
consumado el gran cisma (al que la historiografía musulmana denomina «tormenta mayor»), en que se
separaron las tres ramas más importantes del Islam: sunnitas (88%)23, jariyíes (ibadíes) (0,2 %) y chiitas (10
%) viven, principalmente, en Irán, Paquistán, Iraq, Líbano y en algunos países del Golfo.
El califato de la dinastía Omeya tendrá su máximo esplendor entre los años 683 y 715. Los sucesores de
Mu-Awiya I ocuparon el califato muy poco tiempo: Yazid (680-683), Mu-Awiya II (683-684), Marván I (684-
685). Fue un período de fuertes disidencias internas; sólo Abd al-Malik, décimo califa (684-705), fue capaz de
establecer un fuerte poder bajo su autoridad e imponer la paz. Abd al-Malik profesionalizó el ejercito,
introdujo la moneda islámica y amplió notablemente las conquistas del islam. Su sucesor fue Valid I (705-715),
incapaz de controlar todo el territorio del imperio. En el 711 se conquista la península ibérica sin pedir
permiso a Damasco. No obstante, los califas posteriores fueron capaces de recuperar y consolidar el poder
Omeya. Con Marván II (744-750), la dinastía Omeya encuentra una fuerte oposición en la familia de los
Abasíes, vinculados a Mahoma por sangre. Alrededor de esta familia se concentraron los musulmanes chiitas y
todas las minorías musulmanas, constituyendo un poderoso ejército con el que enfrentarse a los Omeyas. En el
año 749, Abú-l-Abás al-Safar, cabeza de la familia de los Abasíes, se proclama califa en Jurasán, e inicia la
guerra civil contara el califato omeya. Al-Safá derrota a Marván II en Zab, y realiza una represión muy violenta
contra la familia Omeya. De esta represión sólo se salvó el joven Abderramán I, que reconstruirá la dinastía
Omeya en Córdoba. La derrota de Marván II supuso el fin del califato omeya de Damasco24.

23 Sunníes son aquellos que se atienen a la Sunnah. Constituyen el 90% de los musulmanes del mundo y están divididos en
cuatro «ritos» o escuelas: la hanafi, vinculada a Abú Hanifa (700-768) y difundida por Turquía, Egipto, Siria, Iraq,
Paquistán, Afganistán y la India; laa, que toma su nombre de Malik ben Anas (712-796) y está difundida por el Magreb y
por el África negra; la sháfii, del imán Sháfici (768-820) y difundida por el África oriental, el sur de Arabia e Indonesia; y
la hanbalí de Ibn Hanbal (781-856) de Arabia Saudí, que ha dado origen a la rígida doctrina wahhabí de la familia real de
Riad.
24 Los años que siguieron a la I Guerra Mundial representaron el punto de ruptura de este proceso: cae el Imperio otomano, la
última gran dominación islámica de la historia, y su territorio se pulverizó, en parte dividido entre el Reino Unido y Francia, en
parte heredado por Estados independientes. En 1923 nace una Turquía republicana sobre bases laicas, un hecho escandaloso para
la concepción islámica clásica, y en 1924 Mustafá Kamál, el futuro Atatürkzl, decreta la supresión del califato, única autoridad
reconocida por toda la comunidad islámica. En realidad, el califato carecía ya de un verdadero peso real, desde el punto de vista
político, pero seguía poseyendo un fuerte significado simbólico y psicológico, y su fin manifiesta la crisis de un sistema y de una
visión de la realidad. Fue como si el proceso de reconsideración puesto en marcha a comienzos del siglo llegara a su culminación,
pero, al mismo tiempo, cambiara de signo. Se quiso crear un nuevo mundo islámico, libre de cualquier influjo de Occidente.
Rashid Ridá (1865-1935), por ejemplo, discípulo del gran reformador egipcio Muhámmad Abduli (1849-1905), recogió e1
mensaje y los escritos del maestro y los publicó en los años 20 en ocho grandes volúmenes en forma de un comentario al Corán

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4. EL CORÁN, LA PALABRA «INCREADA» Y ESCRITURA SAGRADA DE DIOS EN EL ISLAM

4.1. Introducción
El Islam se presenta como la última revelación de Dios a la humanidad. El Corán (de qur’an: recitación o
lectura salmodiada) es el Ultimo Testamento, que engloba, rectifica, completa y anula los dos anteriores, el
Antiguo Testamento (hebraísmo) y el Nuevo Testamento (cristianismo), en todo lo que no coinciden con él.
“El Corán no es otra cosa sino la trasmisión en la tierra del libro eterno preexistente en Dios [...]. El libro se
encuentra en Dios y ha bajado sobre Mohamed en forma árabe, en forma última y perfecta. Por tanto, el
criterio de todo estriba en el Corán”25. Para los musulmanes, el islam es la religión deseada por Dios desde los
albores de la historia de la humanidad: la sumisión dócil y gustosa a la voluntad de Dios. Piensan que la religión
ha sido siempre la misma; por eso, si no hubieran sido tergiversados por los hombres los Evangelios y la Torá,
estos textos deberían ser idénticos al Corán. Las diferencias entre éste y aquellos están causadas, según los
musulmanes, porque el Nuevo y el Antiguo testamentos han sido mal conservados. El musulmán está
convencido de que el islam es la última y definitiva religión revelada, que en el Corán se encuentran tanto el
verdadero judaísmo como el auténtico cristianismo, y que los judíos y los cristianos ha alterado sus Escrituras,
tergiversando el mensaje de los profetas de Dios. Por tanto, es en el Corán donde el musulmán, el hebreo y el
cristiano buscará la enseñanza verdadera de Moisés y de Jesús.
4.2. La afirmación del Corán como libro divino y eterno
El Corán es afirmado como la palabra de Dios «bajada» de parte de Dios, por el ángel Gabriel, sobre
Mahoma. El hecho de la revelación coránica es un dogma esencial para el musulmán. En el islam el Corán no es
considerado solamente un texto revelado, sino munzal, o sea, «descendido» sobre Mahoma. El texto escrito sería
simplemente la transcripción literal de un Corán eterno y divino que se encuentra desde siempre junto a Dios, y
que ha «descendido» con forma de Corán histórico en lengua árabe sobre Mahoma, para que él lo transmita a
toda la humanidad26. Así, los términos para expresar éstas dos dimensiones inseparables del texto coránico, su
origen total y exclusivamente divino, y su trasmisión por medio de Mahoma, son dos: wahy, revelación en cuanto
inspiración o comunicación a Mahoma; y tanzil, revelación en cuanto “hacer descender” (significado literal del
término) por parte de Dios su palabra sobre Mahoma. El Corán, por tanto, es comprendido por el islam dentro
de un absoluto positivismo religioso: todo es dado y determinado desde arriba por Dios. Se considera que nada
humano hay y pertenece al Corán: todo él procede y es de Dios (Corán 4:48; 10:38; 2:23-24).
a) “Este Corán me ha sido revelado [raíz de wahy] para que, por él, os advierta a vosotros y a aquellos a
quienes alcance” (C 6:19)
b) “Es, en verdad, la Revelación [tanzil] del Señor del universo. El Espíritu digno de confianza lo [el

titulado Tafsír al-Manar (a saber: «La Interpretación del Faro», tomado del nombre de la revista al-Manar fundada por él).
Posteriormente, en 1928, uno de sus discípulos, Hassan al-Banná' (1906-1945) funda en Egipto el movimiento de los Hermanos
musulmanes (al-Ikhwán al-Muslimún), del que nacerán todos los movimientos radicales. Recorre el territorio egipcio
difundiendo la idea de la necesidad de implantar una sociedad basada en el Corán, transformándola en comunidad política. Su
mensaje odríamos formularlo así: nunca podremos vencer a Occidente si intentamos imitarlo, debemos crear un proyecto
islámico volviendo a una interpretación rigurosamente literal del Corán. Su visión se resume en estas frases: «El Corán es nuestro
sable y el martirio nuestro deseo. El islam es fe y culto, religión y Estado, Libro y espada. En cuanto religión universal, el islam
es una religión conforme a todo pueblo y a toda época de la historia humana». El lema de los Hermanos Musulmanes, hasta hoy,
es: «El islam es la solución».
25 S. KHALIL SAMIR, Jesucristo en y ante el Islam, en “Cristo. Camino, Verdad y Vida”. Actas del Congreso Internacional de
Cristología, Universidad Católica San Antonio (Murcia 2003) 151.
26 En la revelación cristiana, el redactor del texto sagrado es, al mismo tiempo, coautor con Dios y escribe bajo el influjo del
Espíritu Santo. Por consiguiente, en el caso de la Biblia se habla de «inspiración». Cuando un cristiano abre el Evangelio, lee:
Evangelio de Jesucristo según Mateo, Marcos, Lucas o Juan. Este según es esencial y es muy fácil de reconocer el estilo de cada
evangelista.

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Corán] ha bajado a tu corazón, para que seas uno que advierte. En lengua árabe clara, y estaba,
ciertamente, en las Escrituras de los antiguos” (C 26:192-196).
c) “¡Sí, es un Corán glorioso, en una Tabla bien guardada!” (C 85:21-22; cfr. C 43:4; 56:78) (El texto
original de las Escrituras reveladas que Dios guarda en el cielo)27
Según el islam, la revelación de Dios a Mahoma fue gradual, durante un período de veintitrés años. No
obstante, la tradición islámica, apoyándose en algunos versículos del Corán, sugiere que el «descenso» de éste
tuvo lugar en bloque en el momento de la vocación profética de Mahoma, llamada la Noche del Destino. Dice el
Corán: “...Nos lo hemos hecho descender en la noche del Destino. ¿Qué te hará entender lo que es la noche del
Destino? La noche del Destino es mejor que mil meses. Los ángeles y el Espíritu descienden, en ella, con per-
miso de su Señor, para todo asunto. ¡Paz! Ella dura hasta que sube la aurora” (C 97:1-5). En los primeros
versículos de la sura 44, llamada del Humo, se encuentra otra referencia: “¡Por el Libro evidente! Nos lo hemos
hecho descender en una noche bendita. Nos somos los amonestadores. En esa noche se ha decidido toda orden
sabia”. Así pues, los musulmanes sostienen que aquella noche el Corán, que hasta ese momento estaba en el cielo
«en una tabla conservado», fue, literalmente, «hecho descender» sobre Mahoma, que lo comunicó, a
continuación, a sus fieles en «fragmentos» y poco a poco, según las circunstancias. No se trata, por tanto, de una
creación de Mahoma. Él es elegido por Dios para ser el «re-transmisor» material de un texto que le fue «dictado»
por Dios a través del arcángel Gabriel. La transmisión del mensaje del Corán la terminó Mahoma de realizar al
concluir su peregrinación del año 632 de Medina a La Meca, afirmando: “Hoy os he perfeccionado vuestra
religión, he completado Mi gracia en vosotros y Me satisface que sea el islam vuestra religión” (C 5).
4.3. La puesta por escrito del Corán
Mahoma no sabía ni leer ni escribir (Corán 29:48), y no quiso nunca que se hiciera una colección escrita de
su predicación durante su vida. Por eso, las azoras eran aprendidas de memoria y, en ocasiones, transcritas
en trozos de arcilla, en hojas de palma, en pergamino o en huesos de camello. La predicación de Mahoma era
memorizada por sus seguidores28. La tradición islámica considera que el Corán fue memorizado literalmente,
palabra por palabra, por algunos de los Compañeros del Profeta (los considerados “memoriones”: huffáz); entre
ellos se destacan Zayd ibn Tabit, Ubayy ibn Ka’b, Muadh ibn Yabal y Abu Zaid; se considera que no sólo
memorizaron las palabras del Corán, sino también la correcta pronunciación (taywid) del mismo en su totalidad;
se afirma también que la sucesión y el orden de los versículos del Corán fue estipulada por Mahoma y era
conocida por los “memoriones”; se dice además que Mahoma recitaba todos los años el Corán entero (todo lo
que hasta entonces había sido transmitido por él), y que en el año de su muerte lo recitó completo dos veces.
Con la muerte de Mahoma, Abu Bakr, aconsejado por Umar, dio orden de reunir por escrito todos los
textos coránicos. La compilación del Corán (en formato de libro) se inició después de la batalla de Yamamah
(año 633). El joven musulmán, Zayd ibn Tabit, familiar de Mahoma, fue encargado del trabajo, junto con una
comisión de varios miembros (“memoriones” compañeros de Mahoma) presidida por él. Se recogió todo el
material que contenía por escrito partes de la predicación de Mahoma, se interrogó a docenas de compañeros
del Profeta y, finalmente, se estableció un texto definitivo, que fue remitido a Abu Bakr. Éste lo conservó y, a
su muerte (634), lo confió a su sucesor, el califa Umar (634-644), que muere apuñalado en Basora. Éste, a su
vez, lo dejó a su hija Hafsa, una de las viudas de Mahoma. El tercer califa, Utman ibn Affán (644-656), pidió a
Hafsa que le enviara el manuscrito del Corán que ella había guardado, y ordenó la elaboración de un texto

27 La palabra árabe para ‘tabla’ (lawh) es exactamente de la misma raíz que la palabra hebrea que designa en la Biblia las tablas de
la ley.
28 La memorización del Corán se convirtió en una tradición continuada a través de los siglos. Se crearon escuelas para la
memorización del Corán y su correcta pronunciación (taywid), donde los alumnos siguen a un maestro que, a su vez, adquirió el
conocimiento de otro maestro. Esta cadena de transmisión oral se considera que es perfecta en todos sus eslabones y tiene como
primero de ellos a Mahoma. El proceso de memorización del Corán dura entre 3 y 6 años. Una vez que se domina su recitación
libre de errores, se le otorga al alumno la licencia o certificado para poder recitar el Corán (pues lo hará como lo lo hizo
Mahoma), convirtiéndose en un instructor de los demás como recitador oficial del Corán (qurrá).

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oficial a partir del manuscrito. Esta tarea se la confió de nuevo a Zayd ibn Tabit, quien retomó el documento y
reanudó los estudios. El trabajo estuvo terminado en el año 645. Una vez realizadas las copias de la versión
oficial del manuscrito, Utman envió las copias a las provincias islámicas más importantes, estableciéndolo
como texto único y oficial del Corán para todo el islam. Utman ordenó la destrucción de todas las otras
versiones existentes hasta entonces. De ahí que la versión realizada por iniciativa suya sea el Corán que
tenemos hoy. El ejemplar más antiguo conservado hasta hoy data del año 776. Con ello Utman quiso evitar
las lecturas erróneas del Corán con la extensión cada vez mayor del islam, y también que sus numerosos
opositores musulmanes pudieran utilizar el Corán como elemento en la lucha contra él por el poder político
y social del islam.
La tradición islámica afirma que el Corán nunca ha sido revisado ni corregido, porque el texto nunca tuvo
ni tendrá nunca necesidad ninguna de revisión o corrección. Sin embargo, en el mismo Corán existen cambios
de doctrina; en esos cambios lo nuevo es presentado como lo que Dios desde el principio reveló a Mahoma,
pero que éste ocultó por circunstancias. Con esto se salva que no implique un cambio en la revelación, mas
¿qué sucede con la fidelidad de Mahoma en la transmisión de la revelación?; pues si fue un verdadero y sincero
mensajero de Dios con lo último, ¿cómo hay considerar lo primero?:
“Y recuerda [oh Mahoma] cuando dijiste [a Zaid ibn Harizah] a quien Allah había agraciado [con el
islam], y tú habías favorecido [liberándolo de la esclavitud]: Quédate con tu esposa, y teme a Allah;
ocultaste así lo que Allah haría manifiesto porque temiste lo que diría la gente, pero Allah es más
digno de ser temido. Cuando Zaid termine con el vínculo conyugal [y su ex esposa hay concluido con
el tiempo de espera luego del divorcio], te la concederemos en matrimonio para que los creyentes no
tengan ningún impedimento en casarse con las ex esposas de sus hijos adoptivos si es que éstos
deciden separase de ellas, y sabe que esto es un precepto de Allah que debe ser acatado” (Corán 33:37)
(cfr. Corán 18:23-24).
Con todo, la grafía del texto oficial de Utman era deficiente. En esa época los puntos diacríticos no se señalaban
aún en las letras del alfabeto y esto podía dar lugar a una serie de intercambios entre diferentes letras que
tienen una grafía idéntica. Una de ellas podía significar hasta cinco letras diferentes. En cuanto a las vocales, las
breves e incluso las largas no se indicaban29. Esto llevó a que habiendo un solo texto oficial, no obstante, existieran
varías “lecturas” del mismo. Se admitieron siete lecturas oficiales en un principio; luego, diez; luego, catorce. Las
variantes de estas lecturas no difieren gran cosa. A veces, las aleyas han sido cortadas de diferente manera. En
cuanto al sentido, las variantes entre las “lecturas” eran mínimas. De ahí proceden las diferencias de numeración que
existen. Hizo falta el trabajo de mucho tiempo para que se realizaran las precisiones necesarias relativas a los pasos y
elementos que daban lugar a las distintas “lecturas”, por lo que no se obtuvo hasta el siglo IX el texto oficial
definitivo del Coran. Desde que tuvo lugar la fijación oficial de las lecturas, el texto coránico se ha conservado con
escrupuloso cuidado. En la fijación de la “lectura” oficial, se impuso y suplantó a todas las demás “lecturas” la
conocida como la “lectura de Hafsa”, convirtiéndose en el texto coránico más divulgado en el islam. Este texto fue
el fruto del consenso entre los huffáz (personas que constituían los grandes memoriones de la predicación de
Mahoma), dirigidos por Zayd ibn Tabit, dos siglos antes.
4.4. El Corán, la lengua árabe y la interpretación del texto
El Corán “descendido” de Dios es «palabra increada» de Dios que ha bajado originariamente a Mahoma
en árabe, siendo su traductor es el arcángel san Gabriel, pues él lo vertió al árabe para que Mahoma pudiera
entenderlo, de tal manera que no existe en él ninguna influencia humana30, ni siquiera en la lengua. Por eso,

29 Son, en efecto, los diacríticos los que marcan -en función de su número y de que estén encima o debajo de la letra- la
diferencia entre b, t, th, n e y, por ejemplo, por lo que su omisión podía originar una lectura errada del texto. Pero no sólo
esto, faltaban también los signos vocálicos, indispensables en una lengua semítica para una lectura correcta de las vocales
breves.
30 Las palabras de Mahoma no forman parte del Corán. La comunidad islámica considera este texto como la palabra comunicada
por Dios a su último mensajero, Mahoma, a partir de la copia increada conservada en el cielo junto a Dios. El islam les

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para el islam, la lengua árabe, que es una forma cultural de expresión lingüística particular, configura
esencialmente lo comunicado por Dios a los hombres a través de Mahoma, o sea, el Corán, de tal modo que el
árabe constituye un elemento insuperable e imprescindible del mismo. Según el islam, el Corán fue descendido
desde y por Alá a Mahoma, mediante el ángel Gabriel, en forma árabe31, de tal modo que el árabe se considera
canónico para la religión y la práctica de ésta. Ninguna otra lengua es capaz de expresar con claridad y fidelidad
absolutas lo dado por Dios: el Corán; por eso, éste ha sido comunicado por Alá a Mahoma en lengua árabe.
Verter el Corán descendido desde Dios a otra lengua supone siempre una interpretación de éste y, por
consiguiente, su tergiversación. En el islam, no es posible realizar un proceso de inculturización del Corán, pues
se considera que éste produce siempre una deformación del mensaje transmitido por Mahoma.
Para el islam es imposible someter el Corán a una interpretación crítica e histórica, también respecto de
aquellos aspectos vinculados de una manera evidente a los usos y costumbres de un marco histórico y cultural
particular (ej. C 106). Sacando consecuencias del origen del Corán, en el siglo XI se cerró la «puerta de la
interpretación» del texto, pues se considera que la trasmisión del texto ha sido siempre perfecta y es todo él
definitivo y vigente para siempre32. En general, se considera que el gran al-Gazáli, llamado Algacel, teólogo y

reconoce un valor muy grande, pero en un plano inferior al Corán. Se las tiene por inspiradas (no «descendidas») y su
recopilación constituye lo que se llama hadiz o tradición. El Corán primero y, luego, las tradiciones constituyen la base de todo el
islam. Para los musulmanes, el Corán se puede comparar a Cristo: éste es el Verbo de Dios encarnado; el Corán -ruego que
se me perdone el juego de palabras- es el verbo «empapelado», fijado en el papel. Este paralelo debería permitir a los
musulmanes considerar el Corán como divino y humano al mismo tiempo, como hacen los cristianos al reconocer las dos
naturalezas de Jesús, pero, de hecho, lo consideran sólo como divino.
Los musulmanes pretenden demostrar nada menos que si comparáramos mediante un análisis sintáctico y léxico, empleando el
ordenador, los dichos de Mahoma, recogidos en los hadices, con el Corán, no encontraríamos nada común entre ambos textos,
porque el Corán es la lengua de Dios, mientras que los hadices son la lengua de Mahoma. Sin embargo, se trata de una afirmación
gratuita, dado que ese estudio no se ha hecho nunca y que el examen filológico demuestra el influjo concreto de los
acontecimientos de la vida de Mahoma sobre el texto coránico, como lo confirma, por ejemplo, el uso de algunas palabras etío-
pes, típicamente cristianas, sólo en el período posterior a la emigración de los musulmanes a Etiopía.
El descenso el Corán no es considerado un milagro, es la revelación. El ijaz, milagro, es para los musulmanes el estilo literario
inimitable del Corán. En un determinado momento, la gente le pregunta a Mahoma: «Tú, que pretendes ser profeta, ¿qué signo
nos das? Haz un milagro. Tú nos hablas de los milagros de Moisés, de los de Jesús: ¿y tus milagros?, ¿dónde están?». Y Mahoma
responde: «Mi milagro es el Corán: elaborad un solo versículo semejante». La tradición musulmana dice que los beduinos no
fueron capaces de elaborar ni siquiera uno que igualase la belleza del Corán, y llaman a esto «milagro». En la práctica, Mahoma
no hizo ningún milagro, aunque la tradición posterior le atribuye muchos, a imitación de los profetas.
Los eruditos occidentales y muchos eruditos musulmanes niegan terminantemente el analfabetismo de Mahoma. Cada vez que el
Corán menciona la palabra ummi (analfabeto) la encontramos como opuesta a la palabra que designa a quien posee un libro
sagrado. Los ummiyyim (en plural) no son, por consiguiente, los que no saben leer, sino más bien quienes no poseen un libro
revelado. Decir que Mahoma es el profeta de los ummiyyum tiene que ser interpretado en el sentido de que el se consideraba
profeta con respecto a los paganos, excluyendo a los judíos y a los cristianos, que sí tenían un texto sagrado. El significado de
um,mi tiene, por consiguiente, el mismo valor que el término latino gentes, pueblos, empleado para describir a san Pablo como
apóstol de los gentiles, es decir, de los paganos. Es muy probable que este significado haya sido tomado de los judíos, que usaban
también una expresión semejante para designar a los goyim, las otras naciones.
31 «Bien sabemos que dicen [los infieles]: “A este hombre [Mahoma] le enseña sólo un simple mortal”. Pero aquél en quien
piensan habla una lengua no árabe, mientras que ésta [la lengua de lo comunicado por Alá a través de Mahoma] es una lengua
árabe clara» (C 16103). «Es [el Corán], en verdad, la Revelación del Señor del universo. El Espíritu digno de confianza [el ángel
Gabriel] lo [el Corán] ha bajado a tu [de Mahoma] corazón, para que seas uno que advierte, en lengua árabe clara» (C 26192-195).
«Es un Corán árabe, exento de recovecos. Quizás, así, teman a Dios» (C 3928). «Si hubiéramos hecho de ella [la Amonestación]
un Corán no árabe, habrían dicho: “¿Por qué no se han explicado detalladamente sus aleyas? ¿No árabe [el Corán] y árabe [el
Profeta, Mahoma]?” [...]» (C 4144). «Hemos hecho de ella un Corán árabe. Quizás, así, razonéis» (C 433).
32 Lo cierto es que siempre se puede plantear a todo esto una serie de cuestiones: ¿En base a qué se distingue la palabra de Mahoma
(tradición) y la palabra de Dios (Corán) trasmitida por él? Dentro de lo que se considera palabra de Dios, ¿han sido recogida toda la
predicación de Mahoma?, ¿no es posible que existan textos, en mayor o menor número, que estén registrados como textos coránicos
y no lo sean? ¿Cómo puede ser considerado el texto como «palabra increada» cuando su fijación histórica es fruto de un consenso
humano?
De hecho, se conoce el caso de una aleya mecana que fue aceptada por los musulmanes como auténtica, para ser en seguida
suprimida. Se trata de la intercesión de las diosas mencionadas en C 53, 19-23. Durante algún tiempo, los musulmanes admitieron
que «su intercesión se esperaba», luego se dijo que este inciso no procedía de Dios , sino del diablo, y fue suprimido. Todos los
comentaristas hablan a propósito de C 22,52 sobre la acción del demonio, que enturbia la revelación. ¿Cómo distinguir lo que
está enturbiado por el demonio con lo que no lo está? La exégesis musulmana, por otra parte, sabe que algunas aleyas encierran
un sentido evidente, mientras que otras son ambiguas, indicando la importancia de las aleyas claras y evidentes. Como su
enseñanza es simple y esencial, no se prestan a confusión, son esas las que deben ser seguidas ante todo. Se afirma que los otros

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pensador musulmán, fue el último que repensó lícitamente el islam de modo definitivo. Desde entonces, el solo
intento de comprender qué significa, qué mensaje quiere comunicar en un determinado contexto, es
considerado como una voluntad de ponerlo en tela de juicio. En esto consiste una de las grandes tragedias del
mundo islámico. No está claro quién decidió cerrar el Corán a toda posible interpretación, pero todos los
musulmanes aceptan este postulado. Nadie ha conseguido hasta ahora volver a abrir la «puerta de la
interpretación». Este consenso sobre la clausura hermenéutica del Corán, le ha impedido prácticamente al
islam renovarse y hacer frente al reto del tiempo33.
A lo largo de la historia del islam han surgido reformadores, pero no han conseguido imponerse al
conjunto de la comunidad islámica. Averroes (filósofo árabe nacido en Córdoba el año 1126) es autor de un
libro famoso sobre el papel de la razón en la interpretación del texto coránico. Este libro lleva el título de
Doctrina decisiva sobre la armonía entre la ciencia y la revelación. Explicación de los métodos demostrativos de los dogmas
religiosos. La revelación es la Sharia. En esta obra se sostiene de una manera argumentada que el hombre tiene
derecho a interpretar (ta'wil) el Corán. Más aún, tiene el deber de interpretarlo, y no sólo comentarlo (tafsir) para
comprender su significado auténtico, referido al tiempo en que vive. Todo intento es en vano. El peso de esta
tradición y, sobre todo, el miedo a poner en tela de juicio las seguridades adquiridas han dado en la
creación de un tabú: el Corán no se interpreta, no puede ser repensado de manera crítica, debe ser citado
al pie de la letra y en árabe34. Se puede decir, por tanto, que según la tradición islámica solo cabe el Tafsir,
la disciplina de comentar el Corán ( el comentador es el mufassir), no la hermenéutica o
interpretación del mismo.
4.5. La estructura y las partes del Corán
El Corán consta de 114 capítulos (sura; en español, azoras). Las suras están clasificadas según una longitud
decreciente de párrafos que contengan (ayes, en español aleyas), siendo la más larga la sura segunda. La primera
azora, la llamada al-fatiha (C 1,17), o sea la «azora de la apertura», tiene que considerarse aparte. Los
musulmanes la recitan sin cesar como oración (viene a tener entre ellos la misma importancia que el
Padrenuestro para los cristianos). Sin embargo, el orden cronológico tiene una gran importancia en la
organización de los diferentes capítulos. Por eso se señala si una sura ha sido predicada antes que otra; en efecto,
se hace la siguiente indicación bajo el título de la azora: «esta azora ha descendido después de esta otra» y cuando
se pasa a esta otra se lee «ha descendido después de aquella otra». Por otra parte, no hay que pensar que a cada
azora particular le corresponda una sola intervención de Mahoma. Muchas azoras presentan, en efecto, en su
interior versículos que han «descendido» en momentos diferentes. Como Mahoma cambió la legislación coránica
en algunos puntos aún en vida, una aleya puede abrogar otras aleyas más antiguas. Por eso, en el islamismo se
tiende a considerar que las aleyas cronológicamente más nuevas son las que determinan la ley o la doctrina. Esto
es muy importante para comprender qué tipo de religiosidad musulmana, entre el mecano —espiritual— y el

pasajes deben comprenderse a su luz.


33 Los musulmanes liberales reprochan en la actualidad al sistema jurídico islámico haber pretendido resolver los problemas
de un modo definitivo hace diez siglos. Desde entonces ha surgido una gran cantidad de nuevas cuestiones, pero nadie
puede buscar respuestas diferentes a las ya elaboradas en aquel tiempo, dado que la puerta de la interpretación ha sido
cerrada. Como es obvio, los grandes teólogos no se habían pronunciado sobre el uso del automóvil o del televisor, por lo
que se emplea hoy el principio del qiyás, la analogía, para llevar a cabo una transposición analógica desde la tradición
antigua a las cuestiones modernas. Está claro que, con suma frecuencia, se trata de auténticas acrobacias intelectuales en
nada conformes ni a la vida real ni al espíritu de la jurisprudencia.
34 En algunas naciones se está difundiendo la práctica de leer cl Corán en la lengua local o en las lenguas de las diferentes
comunidades que frecuentan la mezquita. Ahora bien, esta regla no cancela la regla soberana que impone la recitación
(taláwa) en árabe. El esto se argumenta del siguiente modo: “La razón es simple. Ningún intérprete, por cultivado y experto
que sea, podrá jamás trasmitir, en lengua alguna, la fuerza espiritual y el encantador atractivo del Corán. El Corán es —y así
lo hizo Dios— inimitable; y queda muy lejos de la imaginación y de la energía humana, producir nada semejante” (p. 33).
La primera víctima de este sistema es la libertad de pensamiento: en muchos países se ha nombrado al frente de los organismos
encargados del control de las publicaciones a miembros cualificados del islam integrista. Éstos intimidan a los escritores no
gratos y prohíben los libros y revistas considerados como nocivos para la fe. Sólo en el año 1997, por ejemplo, el comité
pertinente de la universidad de alAzhar de El Cairo decretó la retirada de la circulación de 196 libros. Con frecuencia se trata de
autores que intentan revisar la tradición islámica, a fin de conferirle una mayor concreción histórica.

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medinés —político y militar—, tiene y tendrá la preponderancia dentro del Islam. Esta evolución figura en el
origen del debate moderno entre los musulmanes sobre cuál deber ser considerado como el verdadero islam: el
de la primera fase, elaborado en La Meca (610-622) y caracterizado por una fuerte impronta espiritual, o bien el
de la segunda, el de Medina (622-632), de naturaleza claramente social y política. Se trata de dos concepciones
muy diferentes. Las ediciones árabes del Corán hacen constar, a la cabeza de las diferentes suras, si el texto data
del período mecano (antes del 622) o del período medinés (después del 622), distinguiendo así entre las suras
mecanas y suras medinesas. Si en el primer período, se presentaba como religión bíblica, en el período medinés el
islam, el Corán se presenta como la realización, reforma y superación del judaísmo y del cristianismo: dado el
Corán por Dios, Antiguo Testamento y Evangelio dejan de tener validez.

5. LOS ARTÍCULOS DOGMÁTICOS FUNDAMENTALES DEL ISLAM


Los contenidos de la fe islámica se pueden concentrar en dieciséis artículos o dogmas. En su conjunto
expresan que el sendero del Islam es el más alto nivel de evolución religiosa, la guía suprema de la perfección, y la
realización última de toda aspiración del hombre y de la humanidad entera. El contenido de estos artículos se
basan y se derivan de las enseñanzas del Corán y las Tradiciones de Mahoma.
Los dos primeros, la profesión de fe en Alláh y en su profeta, shahada, son los artículos fundamentales
de la fe islámica, y constituyen el primer y más importante pilar donde se asienta la vida del musulmán.
5.1. Creer en Dios único, supremo y eterno, infinito y poderoso, misericordioso y compasivo,
creador y proveedor.
El concepto de Dios en el Islam: Dios es diferente a todo y mayor que todo. Es el creador y el principal
arquitecto del mundo; el origen de la vida y el proveedor y mantenedor de todas las cosas; la Fuerza activa y el
poder eficaz de la naturaleza. En términos generales, toda perfección y bondad absoluta pertenecen a Dios y no
cabe aplicarle defecto o error alguno35.
En términos específicos, se debe saber y creer que:
1. “¡Dios es único; Dios es eterno; Jamás engendro ni fue engendrado36; y es incomparable!". A Él
suplican eternamente todos y no tiene principio ni fin y nada es igual a Él (Corán, 112:1-4).
2. El es graciabilísimo, misericordioso, celador, compulsor, poderoso, supremo, creador, formador. El
Primero y el Ultimo, el omnisapiente, Dios está enterado de todo cuanto el hombre hace, es el sabedor.
Todo cuanto existe en los cielos y en la tierra le glorifica porque es poderoso, prudente (Corán, por
ejemplo, 571-6; 59:22-24).
3. Dios es indulgentísimo, misericordiosísimo. No existe ser viviente sobre la tierra cuyo sostén no
dependa de Dios. Dios es, de sumo, opulento y loable. Quien teme a Dios, El le destinará una salvación
y le agraciará desde donde menos lo piense (Corán, por ejemplo, 3:31; 11 :6; 35:15; 65:2-3).
Para que esta creencia en Dios sea eficaz, requiere la absoluta confianza y esperanza en Él, sumisión a su
voluntad y seguridad en su ayuda.
La sumisión a Dios (fe) asegura la dignidad del hombre y le aparta del temor y la desesperación, de la
culpa y la confusión.

35 Sin embargo, parece que algunas enseñanzas pueden contradecir esto, por ejemplo: si el mundo se rige necesariamente por la
ley divina (es musulmán), y ésta no puede tener error, habrá que considerar: que las desgracias naturales son queridas por
Dios; que, en consecuencia, son buenas y signos de perfección, y que ir contra ellas es ir en contra de la voluntad de Dios. Y
como dichas desgracias dañan al hombre, ¿cómo compatibilizar todo ello con la afirmación de la bondad de Dios hacia el
hombre?
36 Contra la divinidad de Jesucristo. Según esto, Dios no puede nacer, no puede hacerse hombre.

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La idolatría es asociar a Dios con divinidad alguna. Quien asocie algo a Dios comete un pecado mortal
que jamás será perdonado. Fuera del pecado de idolatría, Dios perdona a quien le place. El único pecado
imperdonable en el Islam es el de creer en alguna deidad junto con o al margen de Dios37.
5.2. Creer en todos los enviados de Dios, sin hacer discriminación alguna entre ellos
Por su misericordia y amor, Dios ha enseñado, para nuestra ayuda y guía, el camino recto y ha enviado
para ello mensajeros y maestros, libros y revelaciones. El último Mensajero de Dios es Mahoma y el libro
más auténtico que existe es el Corán. Se conoce al Dios compasivo en las tradiciones de Mahoma y en las
enseñanzas del Corán.
Todas las naciones conocidas tuvieron un consejero o mensajero de Dios. Estos fueron grandes maestros del
bien y auténticos paladines de la rectitud. Fueron elegidos por Dios para enseñar a la humanidad y entregarle su
mensaje divino. Fueron enviados en distintos momentos de la historia y a todas las naciones conocidas, que
tuvieron uno o varios enviados. Durante determinados períodos fueron enviados por Dios dos o más mensajeros
al mismo tiempo y a la misma nación.
El Corán menciona los nombres de 28 enviados, pero la tradición musulmana considera que son
centenares. El musulmán cree en todos ellos y los acepta como enviados autorizados de Dios, sin hacer
distinción entre ellos. Se afirma que se cree en Dios, en cuanto nos ha sido revelado (El Corán), y en lo que fue
revelado a Abraham, a Ismael, a Isaac, a Jacob y a las doce tribus de Israel, y en lo que fue concedido a Moisés y a
Jesús, y en lo que fue dado a los profetas por su Señor; no hacernos distingos entre ninguno de ellos y
seguiremos consagrados a Él (2:136, cf. 3:84; 4:163-165; 6:84-87).
Sin embargo, esta no distinción no es absoluta, porque, en primer lugar, con excepción de Mahoma, todos son
considerados enviados "nacionales" o locales; Mahoma es el profeta de todos los pueblos. En segundo lugar,
porque se considera a Mahoma como el enviado definitivo, a quien Dios comunica su mensaje original y
canónico. En efecto, para el islamismo, aunque afirma la no distinción, Mahoma se distingue entre ellos como el
Ultimo mensajero y la gloria culminante de la fundación de los profetas38. Mahoma, el «sello de los profetas»,
como declara solemnemente el Corán (33,40), es el último de ellos.
Se considera que el mensaje y la religión de todos los enviados es básicamente el mismo, y que reciben todos
ellos el nombre de Islam porque proceden de una e idéntica fuente, Dios, para servir uno e idéntico propósito
que es el conducir a la humanidad al camino recto de Dios. Todas las religiones y todos los mensajes religiosos
son islam y el Islam las engloba y supera a todas39.
La afirmación de fe islámica respecto de los enviados enseña que todos ellos fueron, sin excepción, y ahora si
que se incluye también a Mahoma, mortales, seres humanos40, portadores de revelaciones divinas y nombrados
por Dios para llevar a cabo determinadas tareas. Se dice que todos ellos fueron infalibles, por cuanto no
cometieron pecados ni violaron la Ley de Dios, aunque, como mortales y limitados, pudieron incurrir en errores
no intencionados, por eso son considerados y afirmados como musulmanes.

37 ¿No supone esto un límite a la poder de la misericordia de Dios y a la posibilidad de arrepentimiento del hombre? Esto es
radicalmente diferente a la afirmación de Jesucristo de que el único pecado que no puede ser perdonado es el pecado contra el
Espíritu Santo (que nos convence de nuestro pecado): el no aceptar y rechazar el perdón de Dios.
38 Se dice que esta afirmación es lógica y auténtica, pero jamás se da razón de ello.
39 Sin embargo, se señala siempre que se conoce a Dios en las enseñanzas del Corán y en las tradiciones de Mahoma; justamente
porque se considera que Mahoma es el último mensajero de Dios y el libro más auténtico que existe es el Corán. Todas las demás
religiones y enseñanzas sobre Dios son relativas y subordinadas al Islam. De este modo todo se debe plegar al Islam. Es el Islam
quien determina lo que Dios reveló o no reveló a los demás mensajeros. Lo que no coincide con el Islam se considera que es
manipulación o tergiversación del mensaje de Dios dentro de las otras tradiciones religiosas, que originariamente eran islam. Se
trata de una asunción sincrética, pero absorbente y absolutizadora, de las demás religiones. Lo que aparentemente puede parecer
pluralismo y convivencia religosa, en verdad no es sino una destrucción de todas ellas a favor del Islam.
40 Contra la divinidad de Jesucristo. Según esto, Jesucristo no es Dios hecho hombre.

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5.3. El verdadero musulmán cree en todas las escrituras y revelaciones de Dios (consecuencia del
artículo dos)
Las escrituras y las revelaciones de Dios fueron 1a luz-guiadora recibida por los enviados para mostrar a
sus pueblos respectivos el camino recto de Dios.
En el Corán se hace referencia especial a los libros de Abraham, Moisés, David y Jesús. Pero mucho
antes de la revelación del Corán a Mahoma, estos libros y revelaciones se habían perdido o corrompido en
mayor o menor grado, o bien se encontraban olvidados, abandonados o escondidos. La fe islámica afirma
que el único libro auténtico y completo de Dios que existe hoy, se afirma, es el Corán.
En principio, el musulmán cree en los libros y las revelaciones anteriores. Pero como no se conservan
en su integridad, en su totalidad y han sido manipulados, sus enseñanzas tienen que ser tamizadas a través
del contenido del único libro seguro y verdadero: El Corán. Para el musulmán no existe problema de
revelación. El Corán está en su mano completo y auténtico. Al Corán es al único libro de Dios que no le
falta nada ni le sobra nada. Su autenticidad, se asegura, está fuera de dudas y ningún estudioso o pensador
serio se ha aventurado a cuestionar su veracidad.
Para el musulmán, el Corán fue hecho por Dios (no es obra del hombre). Quién lo reveló y lo basó en
Él, para protegerlo contra cualquier clase de mistificación y corrupción. Por eso se afirma que Dios lo dio a
los musulmanes como norma o criterio por el que se juzgan todas las demás escrituras. Todo lo que esté de
acuerdo con el Corán es aceptado como verdad Divina, y todo cuanto difiere del Corán es rechazado o
desterrado. Dios dice: "Por cierto que revelamos el Mensaje y que somos sus custodios". (C 15:9; cfr. 2, 75-
79; 5, 13-14,41,45,47; 6:91; 41,43).
5.4. El verdadero musulmán cree en los ángeles de Dios
Se enseña y se cree que los ángeles son seres esplendentes y puramente espirituales, cuya naturaleza no precisa
de comida, bebida o sueño. No sienten ninguna clase de deseo físico ni necesidad material. Dedican los días y las
noches al servicio de Dios. Existe una multitud de ellos, y cada uno está encargado de un determinado deber.
La creencia en los ángeles procede del principio islámico de que el saber y la verdad no se limitan
enteramente al conocimiento o a la perfección sensoriales (16, 49-50; 21, 19-20).
5.5. El verdadero musulmán cree en el Día del juicio Final
Se afirma y se cree que este mundo llegará a su fin algún día y los muertos resucitarán para someterse a un
juicio final y equitativo.
Todo cuanto hacemos en este mundo, cada intención que tenemos cada movimiento que realizamos,
todos los pensamientos que albergamos y todas las palabras que decimos están contados y conservados en
registros exactos para el día del juicio, en que todo ello saldrá a la luz.
Las personas que tengan buenos expedientes serán premiadas con generosidad y acogidas con calor a los
cielos de Dios, y quienes tengan malos expedientes serán castigados y arrojados al infierno. El musulmán
cree que las buenas obras recibirán compensación y premia y las malas serán merecedoras de castigo. Ese es
el día de la justicia en el que se liquidarán definitivamente todas las cuentas. Nada ni nadie se escapa del
juicio de Dios.
Sólo Dios conoce la naturaleza real del cielo y el infierno y la descripción exacta de ambos. Existen en el
Corán y en las Tradiciones de Mahoma descripciones del cielo y del infierno. Algunos teólogos musulmanes
afirman que no deben tomarse al pie de la letra. Se basan para tal aserción en que Mahoma dijo que hay
cosas en el cielo que nadie ha visto jamás, ni ha oído, ni han sido concebidas por la mente. Sin embargo,
esto es incoherente, porque lo escrito en el Corán se considera palabra de Dios escrita por Él; además,
¿quién determina lo que debe tomarse literalmente o lo que no debe ser considerado así?

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Se considera que la creencia en el Día del juicio representa la última respuesta liberadora a muchos
problemas complicados de nuestro mundo, sobre todo, a la cuestión del aparente éxito de los injustos en
este mundo y al aparente fracaso en la tierra de muchos justos. Esto puede suceder en el ámbito de las leyes
mundanas, pero en el juicio final se hará justicia absoluta con todos. La justicia de Dios se cumplirá
plenamente antes o después
5.6. El verdadero musulmán cree en el saber intemporal de Dios y en su poder para planear y ejecutar
sus designios respecto del mundo y de los hombres
Dios no es indiferente a este mundo, ni neutral con él. Su conocimiento y poder están en acción en todo
momento para mantener el orden en su infinito dominio y conservar el control total sobre su creación. Los
musulmanes llaman a este artículo de fe la creencia en "Qadaa" y “Qadar", lo que significa simplemente que
el conocimiento intemporal de Dios prevé los sucesos, y que éstos tienen lugar con arreglo al conocimiento
exacto de Dios (Corán, por ejemplo, 18:29; 41:46; 53,33-62; 54-49; 65,3; 76,30-31). Nada debe su existencia
al azar. Todo sucede según el plan de Dios. Nadie se crea a sí mismo, ni crea tampoco ser alguno.
El pecado de Adán y de Eva no fue algo accidental, estaba ideado por Dios para disciplinar al primer
hombre, para hacerle experimentar realmente la caída y la elevación, la derrota moral y el triunfo, el
descarrío y la reconciliación con el creador. De esta forma, dice la teología musulmana, el hombre quedó
mejor preparado para la vida y más instruido para hacer frente a sus incertidumbres y momentos de prueba.
Se afirma que Dios es infinitamente sabio y amante. Todo cuanto hace tiene un motivo bueno y un fin
racional. Si el hombre establece esto en su mente, aceptará con fe firme todo cuanto Él hace, aún cuando
no consiga entenderlo plenamente, o incluso piense que es malo (esto se deberá en todo caso a que su
conocimiento es limitado, y a que el criterio del hombre se basa en consideraciones individuales o
personales).
Se cree que esto no supone en absoluto una visión fatalista (determinismo) que vuelva inútil al hombre.
Se afirma que sólo traza la línea divisoria entre lo que concierne a Dios y a la responsabilidad humana. El
hombre, finito y limitado por naturaleza, tiene un grado finito y limitado de poder y libertad, no puede
hacer todas las cosas. Las cosas que el hombre no es capaz de llevar a cabo o las cosas que hace Dios
mismo, no entran en el campo de la responsabilidad humana. Dios es justo y nos ha dado al hombre un
poder limitado equivalente a su naturaleza finita y responsabilidad limitada. Él hace graciosamente
responsable al hombre sólo de las cosas que realiza.
Por otra parte, se enseña, que la sabiduría intemporal y el poder de Dios al ejecutar sus planes, no
impiden al hombre realizar sus planes en nuestra propia esfera limitada de poder. Si el hombre intenta realizar
algo con todas sus capacidades, una y otra vez, y no lo logra, no es responsable del resultado.
5.7. El verdadero musulmán cree que la creación de Dios encuentra sentido en que la vida sigue un
fin sublime más allá de las necesidades físicas y las actividades materiales del hombre
La vida le viene dada al hombre por Dios, y Él es el único legitimado para quitarla (cuando se ejecuta a
alguien en castigo de sus crímenes, su vida es arrebatada en virtud del derecho de Dios y de acuerdo con su
Ley). La vida tiene una gran importancia por ser medio hacia un último fin, por eso el Islam enseña al
hombre como debe vivir la vida en orden a lograr ese fin.
Se afirma que la vida tiene por objeto adorar a Dios. Esto no significa que el creyente tenga que pasar la
vida entera en constante retiro y meditación absoluta. Se entiende por adorar a Dios lo siguiente: conocerle,
amarle, obedecer sus mandamientos, cumplir su ley en todos los aspectos de la existencia, servir su causa
haciendo el bien y condenando el mal y ser justos con El, con uno mismo y con el prójimo (sin olvidar que
la base de toda justicia es ser musulmán). Adorar a Dios es imbuirse de sus supremos atributos. El proceder
que el Islam impone al hombre es en orden a alcanzar ese fin; con dicho camino el hombre no puede dejar

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de alcanzar su última meta.
En efecto, si la vida tiene un fin, si el hombre ha sido creado para servir a Dios, el hombre no puede
eludir su responsabilidad. No puede negar su existencia ni ignorar e papel vital que ha de representar.
Cuando Dios le impone alguna responsabilidad (ser musulmán), le proporciona toda la ayuda necesaria.
Dios ordena firmemente al hombre que ejerza todos los medios posibles por cumplir plenamente el fin de
su existencia. Si falla siendo así, vivirá equivocadamente, o si hiciere caso omiso de sus deberes, será
responsable ante Dios de sus malas obras (ver 21 :17-18; 51 :56-58; 75:37).
5.8. El verdadero musulmán cree que el hombre goza de una categoría especialmente elevada en la
jerarquía de todas las criaturas conocidas
Según el Islam, el hombre ocupa este distinguido rango porque solo él ha recibido facultades racionales y
aspiraciones espirituales, además de poderes de acción41. Se afirma también que la mayor altura de su categoría
implica un mayor grado de responsabilidad. El hombre ocupa el cargo de virrey de Dios en la tierra.
La persona que sea nombrada por Dios para convertirse en Su agente activo debe tener necesariamente cierto
poder y autoridad y ser, al menos en potencia, poseedor de honor e integridad.
Esta es la calidad del hombre en el Islam. El hombre no es miembro de una raza maldita42, desde el
nacimiento a la muerte, sino un ser dignificado potencialmente, capaz de alcanzar logros buenos dignos y nobles.
El hecho de que Dios eligiera a Sus mensajeros entre la raza humana confirma, se dice, que el hombre es capaz y
merecedor de confianza y que puede adquirir inmensos tesoros de bondad (C 2,30-34; 6:165; 7:11; 17, 70-72, 90-
95).
5.9. El verdadero musulmán cree que cada persona nace "musulmán"
Esto significa que el hombre nace en un estado-de-acuerdo con la voluntad de Dios, realizando sus
planes y en acatamiento de sus mandamientos.
Significa también que toda persona ha recibido posibilidades espirituales e inclinaciones intelectuales que
pueden hacer de ella un buen musulmán, si es que goza del debido acceso al Islam y se le permite que
desarrolle su naturaleza innata.
Se afirma que todas las personas aceptaría fácilmente el Islam si se les presentara en la forma correcta,
por cuanto es la fórmula divina para quienes desean satisfacer sus necesidades morales y espirituales, y
también sus aspiraciones naturales, para quienes desean vivir una vida sana y constructiva, ya sea en
términos personales o sociales, nacionales o internacionales. Ello es así, se dice, porque el Islam es la
religión universal de Dios, el Creador de la naturaleza humana. Es Dios quien conoce lo que es mejor para
la naturaleza humana. (C 30,30; 64,1-3; 82,6-8).
Este artículo de fe del musulmán tiene de fondo la idea de que son las circunstancias o la situación social
las que impiden a muchos reconocer su ser musulmán y vivirlo. No se tiene la fuerza para mantenerse y ser
musulmanes, porque no se vive en ambientes musulmanes. Esto significa que el entorno no musulmán es un
impedimento para que el hombre se someta a la voluntad de Dios y realice su fin. Se considera, por tanto,
que el menoscabo del ambiente o plataforma musulmana representa la mayor pérdida que pueden sufrir los
hombre y la humanidad; por eso existe el deber para todo musulmán, como contribución al mundo, a
trasladar el mensaje divino a la totalidad del género humano, poner en práctica el Islam en todas las
realidades y acrecentar los ámbitos musulmanes. Esto es una batalla “espiritual” que disputan los

41 En el cristianismo por encima de esta consideración está el hecho de que Dios crea al hombre «a su imagen y semejanza»,
destinándolo a participar de su misma vida divina como hijo adoptivo suyo.
42 En el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento no se afirma en ningún lugar que el hombre y la humanidad sean malditas.
En el libro del Génesis, la maldición de Dios recae sobre la serpiente, no sobre el hombre; es más, se señala la enemistad radical
entre el linaje de la mujer y la serpiente maldecida por Dios.

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musulmanes en el mundo occidental43.
Dice Hamuda Abdul Tai: “El futuro del Islam es el futuro de la humanidad... La batalla espiritual que
actualmente libramos los comprometidos y sinceros musulmanes no es una batalla perdida, pese a que su
progreso se aprecie con lentitud. Si los musulmanes pierden su batalla espiritual (por cualquier causa), la
humanidad sufrirá pérdidas irreparables” (p. 10).
La exigencia de crear una fraternidad universal (unidad de la humanidad), que alcance a todos lo
hombres de la tierra, en el Islam (unidad de religión), se basa en la creencia inquebrantable en la unidad y
universalidad de Dios. Y una comunidad islámica sólo está presente cuando los hombres y los pueblos se
alimentan en el Islam. Crear dicha comunidad islámica (ummah) y darle continuidad es obligación de todos
los musulmanes.
5.10. El verdadero musulmán cree que cada persona nace libre de pecado y todos reclaman la
virtud heredada
Se cree que el hombre es como un libro en blanco. Cuando la persona alcanza la madurez, si su
desarrollo es normal y sano, se hace responsable de sus obras e intenciones. El hombre no sólo está libre de
pecado hasta que lo comete, sino que es así mismo libre de hacer cosas de acuerdo con sus planes y bajo su
propia responsabilidad.
Se afirma que el hombre tiene esta doble libertad: libertad de pecado y libertad para realizar cosas
efectivas44. Este concepto islámico de la libertad constituye un artículo de fe. Por tanto, la idea de Pecado
Original o del delito hereditario no tiene cabida en las enseñanzas del Islam. Con arreglo al Corán y al
Profeta, el hombre nace en un estado natural de pureza o «fitra», es decir, de Islam o sometimiento a la

43 Todo hombre que nace sobre la tierra nace musulmán, después serán sus padres quienes puedan imponerle una religión
diferente (judía, cristiana, budista u otra). Por consiguiente, la conversión de un musulmán a otra religión es considerada
como un grave error y como una traición a la comunidad de los verdaderos creyentes, la umma, en la que sólo se puede
entrar y de la que no es lícito salir. Es tarea de todo musulmán invitar a cada hombre a convertirse al islam, y esto es un
aspecto fundamental de la dawa, la misión de anunciar la verdad a toda la humanidad. La libertad religiosa se concibe ante
todo como libertad de adherirse a la verdadera religión, que es el islam, mientras que el paso a otros credos está
considerado como algo no natural y, por tanto, está severamente prohibido.
44 Esta afirmación sólo puede partir de una falta de análisis de la libertad humana tanto a nivel filosófico como a nivel teológico.
Una tal afirmación implica que la libertad humana está en una situación de indiferencia equidistante frente al bien y frente al mal.
La libertad humana no está ni ha estado jamás configurada por una semejante indiferencia. La indiferencia propia de la libertad
humana es una indiferencia penetrada por la inclinación de la libertad del hombre al bien absoluto, y por tanto no igual ante el
bien que ante el mal. En este planteamiento del Islam se hace notar la falta de percepción de cuál es el sentido más profundo de la
libertad humana: el amor. El sentido de la libertad consiste en el amor. En este sentido sólo es libre el que ama el bien por sí
mismo. En la medida en que el amor se enfría en la libertad humana, para el hombre se aleja del núcleo del amor, aparece la
dicotomía, la mala indiferencia entre el bien y el mal. Quien vive en el núcleo del amor, no elige entre el bien y el mal, cada
instante de su existencia la realiza en el amor, «jamás está en el punto de indiferencia entre amar y no amar», jamás cae en la
tentación de situarse en ese punto. [...] Una tal indiferencia equidistante dentro del amor mismo es una situación imposible. El
amor es tan decidido que jamás regresa a la postura de indiferencia ante la opción. Sólo el amor que ha entrado en una fase de
congelación se aproxima de nuevo a la zona de una libertad indiferente. A partir de lo afirmado precedentemente se muestra
diáfana una cosa: Una libertad dual de pecado y de sumisión sólo pudo existir después de la caída en el pecado original, pues
presupone una “mala indiferencia” en la que Dios no pudo crear al hombre, a saber, la indiferencia del desamor. En efecto, la
libertad del hombre no brotó de las «manos» creadoras de Dios como «indiferencia del desamor», sino en la gracia original de la
rectitudo voluntatis, es decir, una libertad conformada y orientada a Dios y al bien. La posibilidad originaria de la libertad no
consistía en poder elegir lo bueno o lo malo. Tal irreflexión no responde ni a la Escritura ni a la razón. La posibilidad consiste en
que «se puede». El estado originario de la libertad no la mala neutralidad indiferente entre bien y mal, Dios y anti–Dios. Dios no
ha puesto a su criatura en este mal lugar; más aún, toda su prohibición en el Paraíso tuvo un sólo sentido: el de guardarla de ese
mal lugar, del lugar de la tibieza entre frío y calor, del no haberse decidido por el bien y contra el mal, o simplemente por el bien,
sin conocer o presentir el mal, volviéndose únicamente a Dios y por tanto dando la espalda a todo lo que no se encuentra al
volverse a Dios. El bien que se ama, que ésta totalmente presente al que lo ama, evita a éste toda elección: él es el que está
decidido, a quien no le queda otra elección, el que experimenta en ello toda su libertad y liberación. No decimos que Adán haya
visto a Dios cara a cara, porque entonces su posterior caída no sería ya explicable. Decimos sólo que el espacio en Adán, que, con
el apartamiento de la divina presencia se volvió un espacio de vacío y de libertad indiferente, era un espacio que originalmente
Dios había creado para sí y había llenado con su presencia, misteriosa pero por otra parte incuestionable. En la base del pecado
original, tal como lo expresa el libro del Génesis, existe un engaño hacia el hombre. Adán no produce el mal desde sí mismo, lo
toma de fuera, se lo traga, es decir, lo hace interior a sí mismo, y lo introduce en la historia.

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voluntad y al deseo de Dios. Lo que ocurra al hombre después de su nacimiento es consecuencia de
influencias externas y factores ajenos a él.
Según los teólogos musulmanes, esta afirmación de fe del Islam libera la conciencia musulmana de la pe-
sada carga del pecado heredado. Libera su espíritu y mente de las tensiones innecesarias de la doctrina del
pecado original45.
La negación del pecado original y la afirmación de una doble libertad natural en de todo hombre se basa,
según la doctrina islámica, en el principio de la justicia divina y de la responsabilidad directa del individuo
ante Dios. Es decir, cada persona debe soportar su pesada carga y ser responsable de sus propios actos,
porque nadie puede expiar el pecado ajeno46. Ahora bien, la imperfección y la posibilidad de equivocarse no
son equivalentes ni sinónimos de pecado, porque esto forma parte de su naturaleza como criatura finita y
limitada.
¿Cómo se define pecado en el Islam? Un pecado es cualquier acto, pensamiento o deseo que 1) sea
deliberado, 2) desafíe la ley inequívoca de Dios, 3) infrinja el derecho de Dios o el derecho del hombre, 4)
sea dañino para el alma o el cuerpo, 5) se cometa repetidamente y 6) pueda evitarse normalmente.
En el Islam existen pecados mayores y menores, por cuanto existen pecados contra Dios y pecados
contra Dios y el hombre. Todo los pecados contra Dios, excepto uno (politeísmo o ateísmo), pueden
perdonarse cuando el pecador procura sinceramente el perdón. Dios perdona a quien Él desea. Los pecados
cometidos contra los hombres sólo son perdonables cuando el ofendido perdona al ofensor o cuando se
aplican las compensaciones y/o castigos adecuados.
Por ello, un musulmán cree que si Adán cometió el primer pecado, fue responsabilidad suya repararlo47.
Según la fe musulmana, suponer que Dios era incapaz de perdonar a Adán, y el tener que hacer que otro
expiara su pecado o suponer que Adán no pidió perdón o rogó por él sin que le fuera concedido sería
extremadamente improbable y contrario a la misericordia y la justicia de Dios y a sus atributos de perdón y
poder de perdonar. Se dice, por parte del Islam, que suponer esa hipótesis constituiría un osado desafío al
sentido común y una fragante violación del mismo concepto de Dios48 (Corán, 41,45; 45,15; 53,31-42;
74:38).

45 Sin embargo, es todo lo contrario. El planteamiento islámico de un hombre naturalmente musulmán (sometido a Dios y a su Ley),
que sólo se desvía de su bondad natural en su desarrollo de la infancia a su estado adulto por el ambiente o las circunstancias (a
semejanza del Emilio de Russeau), es totalmente contraria a la experiencia humana de cada hombre. Una experiencia que
Aristóteles dejó reflejada en el Libro VII de su Ética a Nicómaco, y que le llevó a afirmar el estado acrático en el que se
encuentra el hombre. Esa situación acrática del hombre la expresó Pablo de Tarso de forma insuperable en el capítulo séptimo de
su Carta a los Romanos: “No me explico lo que hago: porque no pongo por obra lo que quiero, sino que lo que aborrezco, eso es
lo que hago; y si lo que no quiero, eso es lo que hago, estoy de acuerdo con la ley reconociendo que es buena; pero entonces ya
no lo hago yo, sino el pecado que habita en mí” (Rom 7, 15-17). Debido a una fuerza que domina en él, ha de hacer el mal que no
quiere hacer. Es decir, es un hombre acrático. En san Pablo el hombre sabe que la ley es “espiritual” (Rom 7,14) por lo cual la
“aprueba con alegría” (Rom 7,22); sin embargo, la “otra ley”, la de la concupiscencia, es más fuerte en él, de modo que no
aprueba esta alegría espiritual de mala conciencia. [...] San Pablo ve a su manera la misma contradicción en la vida que se asienta
absolutamente en la ley, y la ve en lo sucesivo como una impotencia manifiesta para el hombre: no puede hacer lo que él querría
y hace lo que no quiere. Ciertamente, es también “embaucado” o “engañado” (Rom 7,11), y esto contra su mejor saber y
conciencia (del «nous»: Rom 7,23), pero este engaño se conecta con un estar “vendido” (Rom 7,24) y “esclavizado” (Rom 7,23).
46 En este artículo de fe del Islam se contiene el rechazo radical de la misión de Jesucristo. Es la negación del Misterio Pascual.
47 ¿Cómo puede el hombre reparar el pecado desde sí mismo? Si Dios es absolutamente más grande que el hombre, ¿puede el
hombre alcanzar a Dios y reestablecer la comunión perdida?, ¿puede el hombre reconstruir el puente que le unía con Dios, que
era un don dado gratuitamente por Él?
48 Con esta consideración se está afirmando implícitamente que el judaísmo y el cristianismo caen en dichos errores teológicos.
Esto es una tergiversación de la doctrina del Nuevo Testamento y del Antiguo Testamento. En ninguno de ellos se afirma que
Dios era incapaz de perdonar a Adán; en el Nuevo Testamento no se afirma que la expiación del pecado de Adán la realice otro
distinto de Dios; tampoco se dice que Adán no se arrepintiera de su pecado y que no fuera perdonado por Dios; no existe sobre
Adán y la humanidad, por parte de Dios, una palabra de condena por motivo del pecado original, lo que se pone de manifiesto
son las consecuencias de dicho pecado para Adán y para su descendencia. La palabra de Dios es una palabra de salvación para el
hombre: el proto-Evangelio.

26
En base a este «supuesto» fundamento racional y a la autoridad del Corán, el musulmán cree que Adán se
dio cuenta de lo que había hecho y pidió perdón a Dios como hubiera hecho cualquier otro pecador
sensato. Sobre esa misma base, el musulmán cree que Dios, el compasivo y misericordioso, perdonó a Adán
(2:35-37; 20:117-122). Por tanto, el musulmán no puede aceptar la doctrina de que Adán hubiera sido
condenado con toda la raza humana y quedara en espera de perdón hasta que Jesús viniera a dar expiación a
los pecados de los hombres49. Por consiguiente, resulta imposible para el musulmán creer la dramática
historia de la muerte de Jesús en la cruz en reparación de todos los pecados humanos de una vez por todas.
En todo este planteamiento subyace una consideración extrinsecista de la realidad del pecado respecto del
hombre y, por otro lado, un carácter totalmente foráneo de la justificación del hombre por parte de Dios. En
efecto, “la salvación en el Corán estriba en la aplicación de la ley coránica, la sharia [...]: quienes la apliquen se
salvarán, porque obviamente el Corán en el Islam es el correspondiente de Cristo”. La salvación es obra de la
potencia del poder absoluto de Dios. La cruz de Jesús es negada por el Corán. El pecado del hombre, su
desamor hacia Dios, hacia los otros y hacia sí mismo, no es destruido, ni el corazón del hombre curado. En el
Islam, no existe una redención del hombre por Dios desde dentro. La purificación del hombre es foránea y
meramente ritual, no produce una verdadera transformación del hombre. La salvación es puramente exterior, no
se da una salvación interior del hombre. El perdón por parte de Dios hay que considerarlo como un simple «no
tener en cuenta», «un olvidarse de ello»50.
Con todo ello, se afirma que el musulmán no cree en la crucifixión de Jesús por sus enemigos porque la
base de esta doctrina de la crucifixión es contraria a la misericordia y a la justicia divina, igual que a la lógica
y dignidad humana. Se considera que esta falta de creencia de los musulmanes hacia Jesús, ni rebaja el alto
rango de Jesús en el Islam, ni tan siquiera pone en duda su calidad de profeta distinguido de Dios. Al
contrario, se dice que al rechazar esta doctrina, el musulmán acepta a Jesús con mayor estima y respeto, y
considera su mensaje original como parte esencial del Islam51.
5.11. El verdadero musulmán cree que el hombre debe ganar su salvación dejándose guiar por Dios
Esto significa que una persona para poder alcanzar la salvación debe combinar la fe y la acción, la creencia y
la práctica. La fe sin acción es tan insuficiente como la acción sin la fe. En otros términos, nadie puede alcanzar
la salvación en tanto que su fe en su vida y sus creencias se conviertan en realidad.
Este artículo de fe implica que Dios no acepta una fe de mera boquilla; y que ningún verdadero creyente
puede mostrarse indiferente cuando se trata de los requisitos prácticos de la fe.
En esta afirmación de fe islámica se dice también que nadie puede actuar en nombre de otro ni interceder
entre el y Dios (ver por ejemplo el Corán, 10:9-10; 18:30; 103:1-3).
Es importante destacar que la salvación la gana o la realiza el hombre con sus obras. Dios premia o castiga,
pero no es salvador. Desde esta perspectiva el Islam aparece como una religión cuya esencia es sobre todo la
componente moral o ética. La ayuda de Dios para ello es únicamente externa: Mahoma y el Corán.
5.12. El verdadero musulmán, cree que Dios no hace a nadie responsable mientras no le haya revelado
el camino recto, es decir, el Islam
Se afirma que Dios fue enviado numerosos mensajeros y realizando revelaciones para que el hombre
tuviera conocimiento de dicho camino. Este modo de actuar de Dios, se dice, deja muy que no habrá castigo si

49 Éste no es el planteamiento del Nuevo Testamento y tampoco del Antiguo Testamento.


50 En la cruz de Jesucristo, el amor entre el Padre y el Hijo encarnado, en la unidad del Espíritu Santo, engloba en sí la lejanía
pecaminosa entre los hombres y Dios, y la separación de los hombre entre sí, sobrepasándolas y destruyéndolas, de tal modo que
Dios sana la capacidad de amar del corazón humano y lo hace partícipe del mismo amor que existe entre las Personas divinas,
para que pueda amar con un amor de eternidad y de bienaventuranza.
51 Todo esto es contrario a la razón. No cabe mayor estima y agradecimiento a alguien por parte del hombre que hacia el que da la
vida por la de uno mismo. Todo el contenido del mensaje de Jesucristo se pierde al margen de su muerte en la cruz «pro nobis».

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antes no se ha recibido ayuda y se ha hecho sonar l a alarma.
Como consecuencia de esto, se dice que quien no conozca ningún mensajero o revelación de Dios, o que se
encuentre fuera de su sano juicio, no sea responsable ante Dios por desobedecer las instrucciones divinas. Esa
persona sólo será responsable por no realizar lo que le aconseja su sentido común. Pero la persona que in-
fringe intencionadamente y a sabiendas la Ley de Dios o se desvía de su camino recto, será castigada por sus
malas obras (C 4,165; 5,16; 21,7-15).
Esta cuestión es sumamente importante para todo musulmán. Hay mucha gente en el mundo que no ha oído
hablar del Islam y no tiene medios de conocerlo. Esas personas deben ser honradas y convertirse en buenos
musulmanes, para ello se les debe presentar el Islam. Si no conocen y no tienen medio de conocer, no serán
responsables de no ser musulmanes. Por el contrario, los musulmanes deben hacer presente el Islam a esas
personas, siendo responsables de no hacerlo. El Islam impone a cuantos musulmanes se encuentran diseminados
por todo el mundo la obligación de extender el Islam con palabras pero también —lo que es más importante—
con obras (C 3,103; 16,125).
5.13. El verdadero musulmán cree que en la naturaleza humana creada por Dios hay más bueno que
malo y que la probabilidad de reformarse con éxito es mayor que la de fracasar
Para el Islam, esta creencia deriva del hecho de que Dios ha asignado al hombre ciertas tareas y ha enviado
mensajeros con revelaciones que le orienten. La fe firme en Dios y la debida confianza en el hombre pueden
realizar milagros.
En este artículo de fe está encerrada la creencia del éxito del Islam, de su implantación, a pesar de todas las
dificultades, en todo el mundo. Es una llamada a la esperanza de los musulmanes; una fuente de aliento en la
tarea de hacer presente el Islam en todas partes.
5.14. El verdadero musulmán cree que la fe no es completa cuando se sigue con dudas
Si la fe debe inspirar la acción y si la fe y la acción han de conducir a la salvación, la fe debe basarse en
convicciones inconmovibles. La fe no es compatible con la duda. Un musulmán debe construir su fe sobre
convicciones bien asentadas, fuera de toda duda, y por encima de la incertidumbre, sólo así será realmente un
musulmán íntegro a los ojos de Dios.
Si un musulmán no está seguro de su fe, debe apoyarse solamente en las fuentes auténticas de la religión,
que son suficientes por sí mismas, sin someterlas a interrogantes críticos de los que sea incapaz (¿quién lo
determina?). Para ello el musulmán debe fundamentarse principalmente en el Corán y en las Tradiciones de
Mahoma. (C 5,16-17; 12,109; 18,30; 56,80).
Responsabilidad de los padres ante sus hijos en la trasmisión de la fe. No se les permite mostrarse
indiferentes ante el bienestar espiritual de quienes dependen de ellos. En efecto, deben hacer cuanto les sea
posible por ayudarles a desarrollar una fe fuerte e inspiradora. (Corán 5:16-17; 12:109; 18:30; 56:80).
Libertad religiosa. Imposición de la fe. Coacción religiosa. coacción religiosa.
5.15. El verdadero musulmán cree que el Corán es la palabra de Dios revelada a Mahoma por
mediación del Ángel Gabriel
Se afirma que el Corán fue revelado por Dios a Mahoma, el cual lo trasmitió a los demás pieza a pieza,
en diversas ocasiones, para dar respuesta a determinadas preguntas, resolver ciertos problemas, zanjar
ciertas disputas y orientar mejor al hombre hacia la verdad de Dios y hacia la felicidad eterna. E1 Corán es
la primera y más auténtica fuente del Islam.
Todas las letras del Corán son palabras de Dios y todos los sonidos que contiene son los ecos
auténticos de la voz Divina, pues su traducción al árabe es obra del mismo Ángel. Por eso, se enseña que
se mantiene y se mantendrá por siempre el Corán en su versión árabe completa y original.

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También se cree que Dios se preocupa por preservar el Corán y protegerlo contra la corrupción (C
4,82; 15,9; 17,9; 41, 41-44; 42,7,52-53).
Se afirma, dando testimonio de la conservación divina, que el Corán es la única Escritura de la historia
humana que ha sido conservada en su versión completa y original sin el menor cambio de estilo ni
siquiera de puntuaciones. La historia del registro del Corán, recopilando sus capítulos y conservando su
texto, no ofrecen ninguna duda a los musulmanes ni tampoco a las mentes de los estudios honrados y
serios; se dice que tal registro es un hecho histórico que nadie —que respete su saber e integridad— ha
puesto jamás en tela de juicio, cualquiera que sea su fe.
A este respecto se considera que el milagro más prodigioso de Mahoma es que si toda la humanidad se
pusiera a trabajar conjuntamente no podría producir nada igual a un capítulo coránico (C 2:22-24; 11,13-
14; 17:88-89).
5.16. El verdadero musulmán cree en una clara distinción entre el Corán y las Tradiciones de
Mahoma
Se afirma que e1 Corán es la palabra de Dios, mientras que las Tradiciones de Mahoma son las
interpretaciones prácticas del Corán. Los dichos de Mahoma (Hadiz) son explicativos del Corán, pero no
Corán.
La misión de Mahoma fue transmitir el Corán tal como lo recibió, interpretarlo y ponerlo plenamente
en práctica. Sus interpretaciones y normas dieron lugar a lo que se conoce como las Tradiciones de
Mahoma. Éstas son consideradas como la segunda fuente del Islam, y deben guardar absoluta armonía
con la primera, es decir, el Corán, que es la Norma y el Criterio. Si hubiera alguna contradicción o
inconsistencia entre algunas de las Tradiciones y el Corán, el musulmán acepta sólo el Corán poniendo en
duda todo lo demás, porque, se dice, ninguna Tradición Genuina de Mahoma puede estar en desacuerdo
con el Corán u oponerse a él.
La colección de hadits auténticos, aquellos que son atribuidos a Mahoma y a sus primeros seguidores,
llamados los compañeros del profeta (sahaba Mamad), recibe el nombre de Sunna. Cada hadit (narración oral o
escrita de los dichos y hechos de Mahoma) se compone de dos partes, a saber: el contenido de la tradición; y la
cadena de los nombres de quienes lo trasmiten a partir de la primera generación, la segunda, etc.
Originariamente los hadits se trasmitieron oralmente. Dos siglos y medio después del comienzo del islam, la
comunidad musulmana estaba en posesión de las dos colecciones más famosas y autorizadas de tradiciones
auténticas. La primera gran compilación de los hadits de Mahoma la hicieron el abogado Ismail Bujari (+ 780) y
Muslim (+ 875), que dieron por auténticos 7.000 de los 60.000 examinados. Después de Bujari, otros abogados
abasidas publicaron cinco libros más de hadits, que en la actualidad se consideran totalmente auténticos.

6. LOS CINCO PILARES DE LA VIDA DE FE DEL MUSULMÁN Y DE LA COMUNIDAD


MUSULMANA

6.1. Cuestiones generales sobre los cinco pilares del islam


La fe no basta en el islam, éste requiere del creyente también las obras y le exige una conducta según las
enseñanzas de Corán y la Tradición (sunna), las cuales prescriben las obligaciones rituales (aaibadat)
fundamentales del musulmán, que entrañan la completa sumisión a Dios en la totalidad de las dimensiones de la
vida. Estas obligaciones se conocen con el nombre de Pilares del islam (Arkan al Islam). En efecto, la vida de fe
del islam se asienta sobre cinco pilares, que constituyen los principios morales positivos más importantes que
tiene que vivir un musulmán: 1) la profesión de fe en Alláh y en su profeta (shaháda), es decir, el dar testimonio

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de manera comprometida de la unicidad de Dios y del mensaje profético de Mahoma; 2) la oración ritual
cinco veces al día (salát); 3) Pagar el impuesto religioso-ritual (zakát); 4) Observar el ayuno durante el mes del
Ramadán (sawm); 5) Hacer la peregrinación a La Meca, que ha de ser realizada al menos una vez en la vida por los
que tengan la posibilidad de hacerla (hajj). Estos cinco pilares son obligatorios para todo musulmán que haya
llegado a la edad de la pubertad.
Estos cinco elementos marcan islámicamente todo el curso de la existencia del musulmán y de la
comunidad musulmana. En el ámbito teológico, la unidad de la comunidad islámica se fundamenta en la
unicidad de Dios y en la profecía de Mahoma: Dios es absolutamente único (tawhfd); Mahoma es su último
mensajero y el sello de los profetas (játam al-nabiyyin), es decir, el que transmite a la humanidad el último mensaje
de Dios, el que corrige y completa todas las revelaciones precedentes llevándolas a su cumplimiento.
En el aspecto práctico, la unidad de la comunidad islámica se lleva a cabo a través de los otros cuatro pilares:
la oración ritual, la limosna, el ayuno y la peregrinación. La fuerza evocadora de los cinco pilares y su eficacia en
la tarea de reforzar la unidad entre los fieles tienen su alimento en la unanimidad y simplicidad de gestos y
palabras, rituales, tiempos y movimientos (arrodillarse en dirección a La Meca durante la oración, dar vueltas
alrededor de la Kaaba, etc.). También en esto se manifiesta el genio de Mahoma, en haber ideado y propuesto
unos ritos simples y fuertemente unificadores.
Además de estas medidas positivas, hay otras que son preventivas y precautorias, como protección al hombre
contra la degeneración y la tentación. Entre las prohibiciones del Islam están: 1) Toda clase de vinos, licores y
alcoholes embriagadores (C 2,219; 4,43; 5,93-94); 2) Toda clase de carne porcina, de animales salvajes que utilizan
garras o dientes para matar a sus víctimas, de todas las aves depredadoras, de roedores, reptiles, gusanos y
similares, de animales y pájaros muertos que no hayan sido matados adecuadamente (C 2,171-173; 5,4-6); 3) Toda
clase de juegos de dinero y pasatiempos vanos (C 2,219; 5, 93-94); 4) Toda relación sexual fuera del matrimonio;
todas las formas de pasear, hablar, mirar y vestirse en público que puedan inducir a tentación, provocar deseo,
despertar sospechas o indicar inmodestia e indecencia (C 23,5-7; 24,30; 70, 29-31). Esta ley de prohibición ha
sido introducida por Dios para el bienestar espiritual y mental del hombre, así como en beneficio de la
humanidad. Una buena síntesis de la moral islámica puede verse en la sura 17 (C 17, 18-39).
El Islam afirma dos principios respecto de dichas prohibiciones: A) Ciertas circunstancias extraordinarias,
emergencias, necesidades y exigencias permiten al musulmán realizar aquello que le está prohibido normalmente
(no es culpable). B) Dios ha hecho de la misericordia su norma de actuación: quien cometa una falta por
ignorancia, y luego se arrepienta y enmiende, será perdonado (C 6,54).
6.2. El testimonio de la fe (Shahada)
“Yo atestiguo que no hay más Dios que Alá y Mahoma es su enviado”. Shahada es la Profesión de fe en Alláh
y en Mahoma como su profeta. Este primer pilar del islam consiste en decir: «Atestiguo que no hay más dios que
Alláh y que Mahoma es su enviado» (ash-hadu an la iláha illá Alláh wa-Muhammad rasul Alláh). Basta con que
alguien que no sea musulmán pronuncie esta frase para serlo.
A esa fórmula se la denomina también al kalimatain (las dos palabras), en referencia a las dos partes de
que se compone, que juntas no se encuentran en el Corán, sino en el hadiz señalado. La Shahada se recita en
los momentos solemnes de la vida del hombre, como son: al comienzo de la oración, al iniciar la guerra
santa y cada batalla; en el momento de morir; cuando un no musulmán se convierte al islam. El recitarla
antes de la batalla hace que el fiel, si muere, se convierta en mártir y, así, vaya directamente al paraíso.
6.3. La oración ritual (Salat)
La oración ritual y obligatoria. Consiste en gestos y frases preestablecidos. Puede ser comunitaria (en la
mezquita, del árabe masjid, «lugar de postración) o individual. Debe ser recitada cinco veces, al día (al alba, al
medio día, por la tarde, a la puesta del sol y ya entrada la noche) en dirección (qibla) hacia La Meca. Debe

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realizarse siempre en estado de «pureza legal», o sea, practicando las necesarias abluciones; sin dicha pureza legal,
la oración no es tal, no tiene ningún valor. El mandato de la oración ritual se encuentra en varias aleyas de Corán:
11:114; 17:78-81; 20:130; 30:17-18). No obstante es en la sunna, en la que muchos hadices se refieren a la oración
ritual, donde se describe el modo exacto cómo ésta debe realizarse.
La perspectiva adoptada por el islam respecto de la oración es de tipo preponderantemente jurídico y
colectivo. La oración ritual25, para un musulmán, se expresa a través de la realización de ciertos ritos, como la
postración, que debe realizarse de una manera perfecta desde el punto de vista formal. Es verdad que la salát
dura entre cinco y diez minutos y se lleva a cabo cinco veces al día, pero se trata de un rito. Quien la realiza de un
modo formalmente perfecto, adoptando el conjunto de posturas corporales exigidas (rakaat, literalmente dice
inclinación profunda), en conformidad con el rito previsto, después de haberse purificado (tahara, purificación)
con las abluciones, ha hecho la oración; quien la hace sin respetar la purificación es como si no hubiera orado. La
oración no ritual que más se asemeja a la cristiana recibe el nombre de doaa (invocación), que entraña una
petición, y la dikr (recuerdo o jaculatoria), utilizada por los místicos en sus letanías.
La purificación es un acto jurídico, no espiritual. La pureza está concebida de forma ritual; se trata
de una pureza exclusivamente exterior (farisaica)52. Si alguien no realiza las abluciones prescritas, Dios no
acoge su oración. La purificación consta de una ablución menor (para los estados de impureza ritual menor,
hadaz al asgar, que se contrae al contacto con materias procedentes del exterior y también como resultado
de la transpiración y evacuaciones fisiológicas) y de la ablución mayor (consiste en un baño de todo el
cuerpo, necesaria cuando se está en impureza mayor o ceremonial a causa de: polución nocturna (ihtilam),
coito (yimaa), menstruación (had), puerperio (nifás)53. También se recomienda la ablución mayor antes de la
oración en común del viernes en la mezquita, para ello hay servicio de baños anexos a sus instalaciones.
El muecín, del árabe mu'adhdhin, es el que realiza la adhán, la llamada a la oración, desde lo alto del alminar. La
llamada empieza pronunciando cuatro veces Alláhu akbar (Dios es el más grande), seguida de la shaháda (dos
veces cada frase) y de la llamada propiamente dicha: «Venid a la oración, venid a la salvación» (dos veces cada
frase), para acabar con un nuevo Allahu akbar (dos veces) y diciendo, por último, «no hay más dios que Alláh».
Fatiha: Azora «que abre», primera azora del Corán, usada como oración ritual por los musulmanes. Dice así:
«¡En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso! Alabado sea Alá, Señor del universo, el Compasivo, el
Misericordioso, Dueño del día del Juicio, a Ti solo servimos y a Ti solo imploramos ayuda. Dirígenos por la
vía recta, la vía de los que Tú has agraciado, no de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados».
Los cinco rezos obligatorios diarios se hacen en los siguientes momentos del día y de ellos reciben su
nombre: 1) Al fayer (amanecer), que debe hacerse antes de salir el sol; 2) Ad dohor (mediodía), en el momento
que el sol comienza a declinar; 3) Al aasar (media tarde), cuando el son está a la mitad de su curso, entre al
posición anterior y su ocaso; 4) Al mágrib (puesta del sol), inmediatamente después de que el sol se pone hasta
que el halo rojizo desaparezca en el horizonte; 5) Al aichá (cena), ya entrada la noche.
6.4. El impuesto religioso (Zakat) o limosna legal
El Corán establece la obligación del zakat o limosna legal. La limosna que se da por caridad de modo
voluntario es la sadaqa. En Corán 2:177 expresa en síntesis este pilar del islam: “No es justo que giréis vuestros
rostros hacia Oriente u Occidente, sino que lo justo es que creáis en Dios, en el último día, en los ángeles, en el

52 Respecto de la concepción ritualista de la pureza Cristo dice: «¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al
vientre y luego se echa al excusado? En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que
contamina al hombre» (Mt 15,17-18).
53 Por ejemplo, la mujer es considerada impura durante los días de la menstruación y, en consecuencia, no puede realizar la
oración ritual. Debe recuperarla otro día. Lo mismo vale para el ayuno: las mujeres, normalmente, no pueden ayunar durante
algunos días en el mes del ramadán por ser impuras. Deberán recuperar los días perdidos a lo largo del año. Las reglas de la
pureza prevén que yo no pueda saludar a una mujer, porque podría tener la menstruación que la hace impura y, al tocarla,
también yo quedaría impuro. Se trata de un hecho objetivo, no subjetivo.

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libro y en los enviados. Dar la hacienda por amor a Él y a tus allegados, a los huérfanos, a los pobres, a los
caminantes, a los que piden y para (el rescate de) los esclavos. Haced la oración, dad la limosna (zakua) y cumplid
los contratos que hayáis hecho...”.
Es la sunna la que desarrolla ampliamente este precepto hasta llegar a la forma de impuesto, sin
considerarlo un acto de caridad voluntario, sino una acción obligatoria, y por eso el que lo recibe no tiene por
qué sentirse agradecido, sino el que lo da. Están obligados a la limosna legal todos los fieles, sanos de cuerpo y
espíritu, que perciban beneficios económicos por una cantidad mínima llamada nisab. Viene a ser como un
diezmo.
6.5. El ayuno (Saum) ritual durante el ramadán
Ayuno, en general el observado durante todo el mes del ramadán (noveno del año lunar musulmán),
corresponde al cuarto pilar de la fe. Esta mandando en el Corán (2:183,184,185,187). Se celebra ese mes por ser
el mes en que comenzó la revelación de Dios a Mahoma. El comienzo del ayuno de ramadán lo señala la
aparición de la luna nueva, que marca el principio del citado mes. Consiste en abstenerse de tomar cualquier
alimento, bebida y placeres desde la salida del sol hasta el ocaso. Es obligatorio para todo musulmán que ha
llegado a la pubertad. Están exentos los enfermos, los que están de viaje o las mujeres encintas. No es válido el
ayuno de las mujeres durante la menstruación y deben recuperar después los días perdidos.
El ayuno musulmán consiste en no comer, no beber, no fumar, no introducir nada en el cuerpo desde el alba
a la puesta del sol; ahora bien, una vez se ha puesto el sol, comen y beben más y mejor que en los días normales.
Éste, a decir verdad, no era el espíritu ascético del ramadán, se trata de una deformación que cuenta ya con varios
siglos de existencia. Al-Gazáli, ya en el siglo XI, arremetió contra esta traición al espíritu originario del ramadán.
Con todo, de hecho, ayuna el que cumple de una manera formal las normas rituales. Finalizado el período de
ayuno, al día siguiente, es decir, el día primero del mes de Chaual, se celebra la Pascua de fin del ayuno, llamada
también Pascua Pequeña (Aaid as saguir).
6.6. La peregrinación (Hajj) a La Meca
Quinto pilar del islam. La peregrinación a La Meca para visitar la Kaaba, esto es, la Casa de Dios según
el islam (Corán 3:96; 2:127,125; 14:37; 22:26-28). Debe hacerla al menos una vez en la vida quien tenga
posibilidades, entre los días 9 y 13 del mes de Dhú Hiyya. En ella participan cada año por lo menos dos
millones de fieles, que siguen un ritual minucioso. Entre los principales actos figuran el tawáf, que consiste
en dar siete vueltas alrededor de la Kaaba, el sary, una carrera entre las colinas de Safa y Marwa, la lapidación
simbólica del diablo junto a Miná (primer lugar entre la Meca a Aarafa, a 8 km hacia el Este de la Meca y a
10 km de Aarafa, el monte de la Misericordia), y la ofrenda de un sacrificio animal. El ritual culmina en la
oración sobre el monte Aarafat. Cuando la peregrinación a La Meca se realiza fuera del mes de Dhú Hiyya se
considera «pequeña» y, por consiguiente, recibe el nombre de cumra, visita.
Esto dice la aleya 197 de la sura 2 sobre la peregrinación a la Meca: “Bien conocidos son los meses de la
Peregrinación. Si alguien emprende la Peregrinación, no habrá obscenidad, ni maldad, ni peleas indecorosas. Dios
sabe lo bueno que tú haces. Toma tus disposiciones, la mejor de las cuales es la piedad. Témeme tú, que eres
sabio; no es un crimen buscar la gracia de tu señor, y cuando desciendas de Aarafa, alaba a tu Dios en el sagrado
monumento y menciona su nombre como El, que te ha dirigido cuando antes te descarriaste. Luego pasa por
donde pasó la multitud y pide perdón a Dios, porque Dios es el todo Misericordioso que perdona todo”.
Mahoma tuvo éxito en su intento de «recuperación religiosa» del politeísmo. Mantuvo casi
completamente intactos los ritos paganos de la peregrinación tradicional a La Meca: la carrera de una colina
a otra, las siete vueltas alrededor de la Kaaba, el lanzamiento de piedras al valle, beber agua de la fuente de
Zam Zam, etc. Conservó todos estos ritos dándoles un nuevo significado conectado con las gestas de
Abrahán e lsmael5. Fue, como se dice hoy, una óptima inculturación del islam en la sociedad árabe pagana.
Los ritos de la peregrinación a La Meca son, por tanto, todos ellos de origen pagano, pero fueron isla-

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mizados, hasta el punto de que el famoso teólogo al Gazáli, a quien se llama «la Prueba del islam», escribió:
«La peregrinación es la cosa más irracional que pueda haber en el islam. En ella hacemos gestos y ritos
absolutamente irracionales. Por eso la peregrinación es el lugar donde podemos mostrar, mejor que en
cualquier otro lugar, nuestra fe, porque la razón no comprende nada y sólo la fe nos hace realizar estos
gestos. La obediencia ciega a Dios es la mejor prueba de nuestro islam».

7. LA LEY CORÁNICA (Sharia) Y LA AUTORIDAD RELIGIOSA EN EL ISLAM


Sharia, abreviación común de Shariat Alláh, la ley de Dios. El Corán la presenta siempre como una ley de
origen divino, de una «vía» que se opone a las «pasiones de aquellos que no saben» (los paganos). Las fuentes de
la sharia son el Corán y la sunna, la tradición del profeta cuyos textos han dado lugar a distintas
interpretaciones por parte de las diferentes escuelas jurídicas. La salvación en el Corán estriba en la aplicación
y el cumplimiento de la ley coránica, la sharia, porque ésta es considerada como la que fija el aspecto práctico de
la doctrina social y religiosa predicada por Mahoma. En el islam existe poca o ninguna distinción entre 'legal' y
'religioso'. Por eso, no sólo violar la ley, sino simplemente descuidarse en su cumplimiento es, además de una
infracción de la norma social, un pecado, pues implica un acto de desobediencia a Dios y, consecuentemente, trae
consigo un castigo religioso.
La fuente de todos los derechos en la concepción islámica es Dios. Para reconocérselos al hombre, Dios exige
antes la satisfacción de «su» derecho: la total obediencia a la voluntad divina respecto al hombre, que se expresa
en el Corán y en la sunna. De estas dos fuentes principales deriva la sharia, la ley islámica que, por estar legitimada
por la revelación resulta superior a cualquier otra ley establecida por iniciativa humana. De ahí que la sharia sea
considerada como la expresión perfecta de la voluntad divina destinada a garantizar a los hombres un
ordenamiento justo de la sociedad humana. Así pues, el derecho coránico, para el mundo musulmán, procede de
lo alto, parte de Dios, tal como se ha revelado en el Corán, y llega abajo, al hombre y a la sociedad.
La sharia se fundamenta en una triple desigualdad. Se trata de una desigualdad que implica una diferencia de
derechos. Se considera que esa desigualdad jurídica es natural, justa y buena, porque ha sido Dios quien ha
establecido las desigualdades, sobre las que se han construido el sistema social y jurídico en el islam, a saber: la
desigualdad entre hombre y mujer, entre musulmán y no musulmán, y entre hombre libre y esclavo.
La Declaración universal de los derechos humanos, promulgada en 1948, fue criticada por muchos países islámicos
por considerarla expresión de una visión parcial, no universal. Por eso se promulgó en 1990 (El Cairo) la
«Declaración universal de los derechos humanos en el islam». La primera refleja la naturaleza humana en su
dignidad integral. La Declaración de El Cairo reafirma, en primer lugar, el papel histórico de la comunidad islá-
mica (umma) como «la mejor comunidad que se ha hecho surgir para los hombres». De ahí que sostengan que
los derechos humanos están incluidos todos en la sharia, la ley islámica, considerada como inmutable y definitiva,
y que «todos los derechos fundamentales y las libertades universales forman parte de la religión islámica». «Todos
los derechos y todas las libertades de que habla este documento están subordinados a las disposiciones de la sha-
ria» (art. 24) y «la sharia islámica es la única fuente de referencia para explicar o aclarar cada uno de los artículos
de la presente Declaración» (art. 25). Y no falta tampoco al final de muchos capítulos la expresión restrictiva «a
menos que la sharia no disponga algo distinto».
Como las reglas del Corán y de los hadices es compleja, pero no aclaran todos los aspectos, tan varios y
cambiantes, de la vida diaria de la comunidad islámica, se hizo necesario el uso, por los sabios religiosos, del
ichtihad, o sea, de la aplicación de las facultades sapienciales para emitir una opinión ante las cuestiones poco
claras a la luz del Corán y los hadices. Las personas expertas en ellos, que han dedicado largos años al estudio del
Corán y los hadices, reciben el nombre de sabios, porque poseen la ciencia religiosa del islam, representando su
opinión la de toda la comunidad. Su consenso en una cuestión hace de su dictamen norma jurídica o religioso,
recibiendo esta fuente de derecho el nombre de iymáa.

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“En principio, todos los musulmanes son iguales en la religión islámica. Sin embargo, la Ley coránica, la sharia,
se basa en una infinidad de hadices, de dichos del profeta, muy difíciles de memorizar. Por ese motivo, los
alfaquíes (fuqahá), los doctores de la ley, acaban por tener una autoridad casi absoluta sobre los fieles, pues la
mayoría de los musulmanes no se pierden en consideraciones complicadas ni en preguntarse por las razones
de las cosas a la hora de saber lo que debe o no debe hacer, se mueven casi siempre por respuestas pre-
establecidas.
Ante cualquier duda están los fuqahá, los jurisconsultos, para obtener de ellos respuestas válidas a las
nuevas cuestiones. Por eso la la ciencia principal del islam sea la jurisprudencia, y no la teología o la
espiritualidad. No es casualidad que El sabio (o el faqih, singular de fuqahá) en el islam es aquel que conoce
toda la jurisprudencia y la Tradición.
Los estudios del islam y el conocimiento del mismo estructuran la autoridad religiosa dentro del islam. Así,
pues, la autoridad religiosa en el mundo musulmán está ligada al nivel cultural. Cuanto más instruida es una
persona más autoridad posee. Ahora bien, dado que la inmensa mayoría de los musulmanes no tiene la posibili-
dad de profundizar en los aspectos doctrinales y jurídicos del islam, se somete con tanta mayor facilidad al juicio
de los «sabios».
El que estudia la tradición, el hadith, se convierte en muhaddith; el que estudia el derecho se convierte en faqfh o
mufassir, doctor de la ley; el que realiza estudios generales del Corán y de la tradición se convierte en un imán que
dirige la oración en la mezquita; el que posee una hermosa voz y se dedica, de manera remunerada, a convocar a
la oración cinco veces al día recibe el nombre de muecín; y el que goza de una reconocida autoridad religiosa
recibe el nombre de sheikh, que significa en árabe antiguo jeque, aunque también presbítero, como en muchas
otras lenguas. Esto por lo que respecta a la terminología árabe.
En la terminología persa encontramos otros términos, como mullah, sayyed, hojjatoleslám, ayatollah, etc. En el
mundo chií la jerarquía está mucho más estructurada en función del grado de conocimiento adquirido por el fiel
y según el número de los textos estudiados, que pueden llegar a ser miles. En resumen, existe un escalafón con
títulos que corresponden a los diferentes grados. Entre los chiíes está vigente el sistema del discipulado. Este
sistema pretende que cada fiel devoto tenga un guía elegido entre los imanes, al que paga también el así llamado
khums, la quinta parte de sus beneficios, estableciendo una estrecha relación maestro-discípulo.
Están también las autoridades supremas, como la Universidad islámica de al-Azhar, en El Cairo, una
antiquísima institución que goza de gran prestigio en todo el mundo sunní y desempeña un papel de árbitro del
pensamiento islámico moderno. La autoridad moral del Rector de al-Azhar rebasa, en efecto, los confines de
Egipto. Cada país islámico tiene su gran muftí, palabra que deriva de fetua (fatwa), significando esta última
pronunciamiento de la jurisprudencia. El muftí, nombrado tradicionalmente por el gobierno, es el que emite la
fetua sugerida a veces por el mismo gobierno. Todos los titulares de estos cargos perciben estipendios del
Estado, incluso. La autoridad de los jefes religiosos musulmanes es sólo de orden moral. Sus opiniones son
respetadas, pero no vinculan a nadie, aunque tienen mucha fuerza y poder respecto de sus seguidores.

8. LA JIHÁD EN EL ISLAM
La palabra jihád deriva de la raíz j-h-d que, en árabe, evoca la idea de esfuerzo, en general bélico. La palabra
jihád se emplea siempre en el Corán con el sentido de lucha por Dios, según la expresión completa jihád fi sabi1
Allah, lucha por el camino de Dios. De ahí que se traduzca en las lenguas europeas como «guerra santa» por los
mismos musulmanes. Esta traducción ha sido puesta, recientemente, en tela de juicio por algunos investigadores,
sobre todo occidentales, según los cuales el jihád no es la guerra, sino la lucha espiritual, el esfuerzo interior. La
distinción entre el jihád akbar y el jihád asghar, entre el gran jihád y el pequeño jihád, donde el primero sería la lucha
contra el egoísmo y contra los males de la sociedad (esfuerzo ético y espiritual), mientras que el segundo sería la
guerra santa destinada a combatir contra los infieles en nombre de Dios, no se corresponde ni con la tradición

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islámica ni con el lenguaje moderno. Los grupos islamistas que adoptan la palabra jihad en nombre del islam no la
entienden, ciertamente, en su significado místico, sino en su acepción violenta, y las decenas de libros publicados
en estos últimos años sobre el jihad se refieren todos a la guerra santa. Por consiguiente, tanto en el plano
histórico, desde el Corán en adelante, como en el sociológico, el significado actual de jihád es unívoco y designa la
guerra islámica hecha en nombre de Dios para defender el islam.
Antes de declarar la guerra a sus enemigos, Mahoma les invitaba a abrazar el islam, repitiendo la invitación
tres veces. Si la rechazaban, les informaba de la inminencia del ataque, y si se obstinaban aún, les atacaba. El jihád
es una obligación para todos los musulmanes adultos, en particular para los varones. Se trata de combatir al
adversario en nombre de Dios y por causa de él, con el objetivo declarado de defender o expandir el islam con
relación a los «infieles». El jihád implica que los musulmanes deben llevar el islam a los no musulmanes como
hizo el Profeta, con la guerra y la violencia. El islam conoce dos tipos de obligaciones: la individual y la colectiva.
El jihád es una obligación colectiva en el sentido de que toda la comunidad está obligada a participar si se siente
en peligro. Sólo el imán tiene el derecho-deber de proclamarla, pero, una vez que lo haya hecho, todos los
musulmanes varones adultos deben adherirse a ella. Se trata de una obligación establecida para el musulmán en el
Corán. Este último reprocha a menudo a los «tibios» el no hacer la guerra y quedarse tranquilos en su casa. Les
llama «hipócritas». Esta obligación se ha venido practicando desde Mahoma, y se refiere tanto a la guerra
defensiva, esto es, cuando alguien ataca al islam, como a la preventiva, cuando es inminente el riesgo de ser ata-
cados. La guerra tiene que proseguir hasta que se haya marchado o haya muerto el último enemigo.
La guerra entre hermanos de fe es ilícita e inconcebible en términos jurídicos islámicos. Por esa razón, si un
líder musulmán tiene intención de declararle la guerra a una nación islámica, debe declarar primero a esta nación
incrédula, atea, káfir en árabe. Cuando se declara káfir al otro, se vuelve legítima e inevitable la declaración de
guerra, porque va dirigida contra los incrédulos. En toda guerra santa, la ley islámica manda que el musulmán
tiene el deber de anunciar al enemigo su intención de declararle la guerra. Si éste se niega a someterse, la guerra
se hace inevitable y el musulmán tiene derecho a matarle por no haberse rendido. En cambio, si el otro
demostrara su disponibilidad a rendirse, el musulmán dejaría de tener derecho a matarle, sólo tendría derecho a
ocupar su tierra. En el primer caso, el no musulmán sólo puede salvar su vida si se hace musulmán, porque ha
sido vencido con la fuerza. En el segundo, en cambio, no tiene esta obligación. Éstas son las reglas de la guerra
en el islam.
En el Corán existen tanto versículos que están a favor de la tolerancia religiosa, como otros que son
abiertamente defensores de la guerra religiosa. Por lo general, a los musulmanes que viven en Occidente les gusta
citar los primeros. Entre ellos citan precisamente el versículo 257 de la azora de la Vaca (2): “Dios es el Amigo de
los que creen, les saca de las tinieblas a la luz. Los que no creen, en cambio, tienen como amigos a los taguts, que
les sacan de la luz a las tinieblas. Ésos morarán en el Fuego eternamente”; y los versículo 99-100 de la azora de
Jonás (10), cuyas afirmaciones van claramente en el sentido de la tolerancia: “Si tu Señor hubiera querido, todos
los habitantes de la tierra, absolutamente todos, habrían creído. Y ¿vas tú a forzar a los hombres a que sean
creyentes, siendo así que nadie está para creer si Dios no lo permite? Y Se irrita contra quienes no razonan”.
Pero junto a ellas hay otras más agresivas, como el famoso versículo 29 de la azora de la Conversión (9):
¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Dios ni en el último Día, ni prohíben lo
que Dios y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, has que, humillados, paguen el tributo
directamente!”. En el versículo 51 de la azora de la Mesa (5), dice: «La gente del Evangelio juzgue según lo que
Dios ha revelado en él. Quienes no juzguen según lo que Dios ha revelado, ésos son los perversos». Y el
versículo 106 de la azora de la Familia de Imrán (111), que se dirige a los musulmanes diciendo: «Sois la mejor
comunidad que se ha hecho surgir para los hombres: mandáis lo establecido, prohibís lo reprobable y creéis en
Dios. Si la gente del Libro hubiese creído, hubiese sido mejor para ellos. Entre ellos hay creyentes, pero, en su
mayoría, son perversos». Esto es como decir que la mayoría de los judíos y de los cristianos son impíos y, por
eso, deben ser combatidos como kuffár o káfirun, como incrédulos. No olvidemos que se trata aquí de cristianos y

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de judíos, no de politeístas. Para estos últimos, en efecto, no hay escapatoria: o se hacen musulmanes o deben
morir. En el versículo 39 de la azora del Botín (8) recomienda: «¡Combatidlos hasta que no exista la tentación y
sea la religión de Dios la única!».
En la tradición de los hadices (ahádith) atribuidos a Mahoma hay recomendaciones semejantes. En la
colección de al-Bukhári hay todo un capítulo dedicado al jihád: en él el autor trata exclusivamente de la guerra en
nombre de Dios. El parágrafo 102 de este capítulo dice: «He recibido la orden de combatir a la gente hasta que
confiese que no hay otra divinidad más que Dios. Quien confiesa esto no tiene nada que temer de mí, no puede
ser atacado en su persona, ni en sus bienes, a no ser de manera conforme con el derecho del islam y es Dios
quien será responsable de él». Otro hadiz atribuye a Mahoma esta máxima: «Sabed que el Paraíso está bajo las
sombras de las espadas».
La violencia, por tanto, no constituye una deformación del islam, sino que está en sus entrañas desde su
origen. Con todo, hay que señalar que existen dos lecturas del Corán y de la sunna: una lectura legítima que opta
por los versículos que invitan a la tolerancia respecto a los otros creyentes, y otra lectura, igualmente legítima, que
prefiere los versículos que invitan a la guerra santa. Ante esta contradicción interna del islam, la tradición islámica
ha tenido que encontrar un método de interpretación llamado el principio del abrogante y del abrogado. La teoría
es sencilla: Dios, después de haber dado una disposición o una orden, puede dar una orden opuesta, por motivos
contrarios. En consecuencia, se trata de saber cuál es la última orden de Dios que cancela y abroga la disposición
precedente. El problema fue tratado por decenas de exegetas, que escribieron extensos tratados titulados «Del
abrogante y del abrogado», sin alcanzar, por desgracia, un consenso que nos permita decir con claridad: estos
versículos han abrogado aquéllos, y éstos han sido abrogados por aquéllos. El principio del abrogante y del
abrogado encuentra además su fundamento en el versículo 100 de la azora de la Vaca (2): «No abrogamos una
aleya o la hacemos olvidar sin dar otra mejor o igual. ¿No sabes que Dios es poderoso sobre todas las cosas?».
Los eruditos musulmanes se muestran unánimes en distinguir entre las azoras del período de La Meca (610-
622) y las del período de Medina (622-632). Pero no han conseguido establecer de manera unánime el orden
exacto de la sucesión de las azoras en el interior de cada uno de estos dos períodos. No obstante, han intentado
precisar dentro del período de La Meca tres etapas, y, en general, han intentado sobre todo precisar el orden de la
sucesión, estableciendo algunas fechas. En Egipto, por ejemplo, está muy difundida la opinión según la cual el así
llamado versículo de la Espada (ayat al-sayf) ha abrogado «más de cien versículos», una afirmación que se refiere a
todos los «pacíficos». El versículo dice: «¡Matadlos donde los encontréis!» (azora de la Vaca 2, 187). El problema
es que, sea cual sea su posición, los musulmanes no han admitido nunca que algún versículo del Corán haya
dejado de tener valor hoy. De ahí que los ulemas estén obligados a decir que no comparten la elección de quien
adopta como normativa el versículo de la Espada, aunque no pueden condenarlo. De este modo, hay dos
opciones diferentes en el Corán: una agresiva y otra pacifica, y ambas son aceptables. En el islam es lícito optar
por la tolerancia y también sea lícito optar por la violencia. Pero siempre, antes o después, se exige la conversión
de una forma u otra.
En el Corán se alude una sola vez al suicidio, en la azora de las Mujeres (4,33): «¡Oh los que creéis! No comáis
vuestras riquezas con lo fútil, salvo si se trata de un negocio hecho de mutuo acuerdo. ¡No os matéis! Dios es
misericordioso con vosotros». A esta única referencia coránica se añade una serie de hadices que condenan el
suicidio. Uno de ellos refiere que el profeta se negó a rezar sobre el cuerpo de un suicida, en otro se ordena que
el cadáver de un suicida sea quemado hasta que sólo queden cenizas, algo abominable para la mentalidad
islámica. En definitiva, el suicidio no encuentra ninguna justificación en la tradición islámica. Sin embargo, el
problema se ha planteado con un carácter dramático en tiempos recientes a raíz de los numerosos episodios en
que han intervenido terroristas que han optado por morir procurando la muerte de otras personas y declarando
hacerlo por alguna «causa islámica». No obstante, en la actualidad tiende a justificarse el suicidio dentro del jihád.
Así en el comunicado final emitido en la clausura de la cumbre celebrada en Beirut, en enero de 2002, y en la que
participaron más de 200 ulemas sunníes y shiíes procedentes de 35 países, se puede leer: «Las acciones de martirio

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de los mujáhidin son legítimas y tienen fundamento en el Corán y en la tradición del profeta. Más aún, representa
el martirio más sublime, dado que los mujáhidin lo realizan con una conciencia cabal y una decisión libre». En este
documento afirman los ulemas que «hablan a partir de sus responsabilidades religiosas, y en nombre de todos los
pueblos, ritos y países de la nación islámica». Según esto, el suicidio puede ser insertado en la categoría del jihád
porque se pretende proteger o liberar un territorio islámico en peligro. En este caso, no han de ser considerados
como suicidas, sino como héroes y como personas destinadas al Paraíso, porque han desarrollado un verdadero
jihád y son «mártires del islam».

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