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Adolf Hitler

Adolf Hitler nació en 1889 en Austria y se trasladó a Munich en 1912. Después de servir en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial, se unió a un pequeño partido de derecha donde demostró talento como líder carismático. En 1933, fue nombrado Canciller de Alemania y estableció un régimen totalitario nazi. Inició la agresiva expansión territorial de Alemania que desembocó en la Segunda Guerra Mundial en 1939.

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Adolf Hitler

Adolf Hitler nació en 1889 en Austria y se trasladó a Munich en 1912. Después de servir en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial, se unió a un pequeño partido de derecha donde demostró talento como líder carismático. En 1933, fue nombrado Canciller de Alemania y estableció un régimen totalitario nazi. Inició la agresiva expansión territorial de Alemania que desembocó en la Segunda Guerra Mundial en 1939.

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Adolf Hitler

Nació en Braunau, Austria, en abril de 1889; hijo de un funcionario de aduanas, a


corta edad quedó huérfano y pasó a radicar a Viena en 1907. Quiso ingresar a una
academia de arte y en la escuela de arquitectura, pero fracasó e hizo toda clase de
actividades para ganarse la vida. Creció junto con el una aversión encarnizada
contra la monarquía austro-húngara y una admiración considerable hacia el
imperio germánico; esto lo llevó a trasladarse a Munich en 1912.
Luego de estallar la Primera Guerra Mundial, se enlistó en un regimiento bárbaro;
después de ser herido dos veces ascendió a cabo. Cuando Alemania fue derrotada,
Hitler permanecía en un hospital. Al regresar al regimiento, hizo actividades
militares para aplastar la revolución y restaurar el orden.
En 1919, ingresó en un pequeño partido de derecha extrema dirigido por
Godofredo Feder, fue entonces que se descubrió su talento demagógico que le
hizo ser reconocido como jefe por el resto de los miembros. Pronto se reorganizó
el partido de desde 1921 llevaría el nombre de Partido Nacional Socialista de los
Trabajadores; a través de él, Hitler llevó a cabo una campaña contra el Tratado de
Versalles, los comunistas y la república de Weimar.
En 1923, Hitler fue a dar a prisión luego de un intento fallido de levantamiento en armas que realizó junto con
Ludendrof. En prisión escribió "Mi lucha", libro considerado como la biblia para los miembros del nacional
socialismo. Cuando en 1924 lo declararon libre de sus responsabilidades penales, procedió a reorganizar de nuevo el
partido.
Fue en 1932 que encontró el momento de lanzarse a las elecciones, aprovechando las consecuencias de la crisis
económica de 1930, la división de los trabajadores, los errores del gobierno y el enorme fortalecimiento de su partido.
No obstante que fue derrotado por su opositor Hindenburg, fue nombrado canciller el 30 de enero de 1933 con ayuda
del partido de Hugenberg y el sector militar.
Cuatro meses luego de asumir su puesto, nombró un parlamento que le otorgaría plenos poderes, y de ese modo
suprimió todas las organizaciones democráticas y como dictador impuso la supremacía de su partido. Tras de haber
cometido algunos actos represivos se convirtió en Führer, dirigente absoluto del Tercer Imperio y desde entonces la
guerra pareció haber sido la motivación principal de la organización económica alemana.
En lo interno, su doctrina se distinguió por la persecución de judíos, comunistas y socialdemócratas y en la política
exterior por su agresividad y dinamismo. En 1935 restableció el servicio militar obligatorio y en 1936 ocupó Renania.
Apoyó a Franco con armamento y gente en su movimiento nacionalista español. Hitler junto con Musolini en 1937
crearon el eje Roma-Berlín y el pacto Anticomintern, al que se unió Japón. Firmó en 1939 el pacto Germano-
Soviético y en septiembre de ese año invadió Polonia; fue este movimiento lo que desencadenaría la Segunda Guerra
Mundial, que terminaría en 1945.
Según la versión más aceptada, Hitler se suicidó cuando Berlín estaba a punto de sucumbir en la guerra.
Segunda Guerra Mundial

Conflicto militar que comenzó en 1939 como un enfrentamiento bélico europeo entre Alemania y la
coalición franco-británica, se extendió hasta afectar a la mayoría de las naciones del planeta y cuya conclusión en
1945 supuso el nacimiento de un nuevo orden mundial dominado por Estados Unidos y la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS).

La II Guerra Mundial fue el conflicto de la historia en el que más civiles y combatientes participaron, superando
incluso a la I Guerra Mundial. Todos los recursos humanos y económicos de las naciones implicadas se emplearon en
la lucha por la victoria, y todos los sectores de la población pasaron a ser objetivos de ataque. En Gran Bretaña, este
grado de compromiso fraguó el mito de una nación unida contra la adversidad, en la que las diferencias sociales del
tiempo de paz se habían olvidado. La propaganda, las ilusiones y la nostalgia podrían haber magnificado esta leyenda,
pero no puede negarse la importancia del Home Front (Frente Nacional) en el esfuerzo de guerra británico.

Una de las medidas peor aceptadas por la población británica durante la II


Guerra Mundial fue el racionamiento de alimentos y otros bienes, motivado
por la economía de guerra total implantada por las autoridades. Se entregaron
cartillas con cupones de racionamiento para satisfacer diversas necesidades, y
el comercio de algunos productos y servicios dejó de realizarse a través de
transacciones monetarias. Muchas personas aumentaron sus raciones
cultivando sus propios alimentos o mediante compras realizadas en el mercado
negro. El coste de la guerra fue tan grande para la economía británica que el
sistema de racionamiento hubo de mantenerse mucho después de que cesaran
las hostilidades, dado que el gobierno debía pagar inmensas deudas y
reorganizar el país para el tiempo de paz.

Los masivos ataques aéreos sobre la población civil urbana, una de


las más brutales innovaciones militares de la II Guerra Mundial,
recibieron una rápida respuesta por parte de las autoridades
británicas. Miles de niños fueron evacuados de Londres y otras
importantes ciudades para ser enviados a regiones rurales, que
quedaran fuera del alcance de los bombarderos alemanes destacados
en la Francia ocupada o, al menos, tuvieran menos riesgo de ser
atacadas. Para muchos de los jóvenes evacuados, el hecho de tener
que vivir —durante años en algunos casos— con familias extrañas y
en lugares desconocidos supuso un experiencia traumática. Esta
medida pudo haber salvado la vida de muchos niños, pero
posteriormente se la consideró excesiva y fue revocada a medida que
avanzaba la guerra.
La Guardia Nacional se constituyó en 1940, cuando Gran Bretaña
afrontaba el momento más peligroso de la guerra y la invasión
alemana se había convertido en una amenaza real. Este cuerpo, cuyo
nombre oficial era Voluntarios de Defensa Local, llegó a contar con
más de un millón de soldados con dedicación parcial que recibían
una instrucción elemental y algunas armas para defender sus
respectivas regiones en el caso de que se produjera un ataque
alemán. En sus primeros momentos, la Guardia Nacional disponía de
más hombres que armas, pero la calidad de sus equipos mejoró
progresivamente, y el servicio en este cuerpo se hizo obligatorio para
determinados sectores de la población civil en 1942. Nunca llegará a
saberse si la Guardia Nacional disuadió a los alemanes de llevar a
cabo la invasión, o cómo habría funcionado esta organización en el caso de entrar en acción. No llegó a combatir
mientras se mantuvo en activo (1940-1944), pero proporcionó a muchos ciudadanos la sensación de estar participando
efectivamente en la defensa de su país.
La II Guerra Mundial requirió la utilización de todos los recursos humanos y económicos de cada Estado y fue un
conflicto único en los tiempos modernos por la violencia de los ataques lanzados contra la población civil y por el
genocidio (el exterminio de judíos, gitanos, homosexuales y otros grupos) llevado a cabo por la Alemania
nacionalsocialista (nazi) como un objetivo específico de la guerra. Los principales factores que determinaron su
desenlace fueron la capacidad industrial y la cantidad de tropas. En los últimos momentos de la lucha se emplearon
dos armas radicalmente nuevas: los cohetes de largo alcance y la bomba atómica. No obstante, el tipo de armamento
empleado durante casi todo el enfrentamiento fue similar al de la I Guerra Mundial, aunque con ciertas mejoras. Las
principales innovaciones se aplicaron a las aeronaves y a los carros de combate.

Adolf Hitler (a la derecha) está considerado como uno de los


dirigentes más despiadados de la historia. Después de eliminar a sus
posibles rivales políticos, transformó Alemania en una máquina de
guerra moderna. Hitler y Benito Mussolini (a la izquierda) se aliaron
en 1936. En esta fotografía aparecen juntos, en 1937, en Munich.
Durante la II Guerra Mundial, los nazis hicieron
prisioneros entre 7 y 8 millones de personas (en su
mayoría judíos europeos) y los confinaron en 22 campos
de concentración. Algunos fueron asesinados por
pelotones de fusilamiento, otros murieron de inanición o
como resultado de experimentos llevados a cabo por
doctores y científicos alemanes. La mayoría murió en las
cámaras de gas. En 1945, cuando las fuerzas aliadas
liberaron los campos, encontraron miles de cadáveres
sin enterrar esparcidos. La mayoría de los supervivientes
padecía enfermedades o desnutrición.

Las causas de la guerra

Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos alcanzaron, por su parte, los objetivos previstos en el conflicto iniciado en
1914. Habían logrado que Alemania limitara su potencial militar a una cifra determinada y reorganizaron Europa y el
mundo según sus intereses. No obstante, los desacuerdos políticos entre Francia y Gran Bretaña durante el periodo de
entreguerras (1918-1939) fueron frecuentes, y ambos países desconfiaban de su capacidad para mantener la paz.
Estados Unidos, desengañado con sus aliados europeos, que no pagaron las deudas contraídas en la guerra, inició una
política aislacionista.

El fracaso de los esfuerzos de paz

Durante la década de 1920 se llevaron a cabo varios intentos para lograr el establecimiento de una paz duradera. En
primer lugar, en 1920 se constituyó la Sociedad de Naciones, un organismo internacional de arbitraje fundado un año
antes, en el que los diferentes países podrían dirimir sus disputas. Los poderes de la Sociedad quedaban limitados a la
persuasión y a varios grados de sanciones morales y económicas que los miembros eran libres de cumplir según su
criterio. En la Conferencia de Washington (1921-1922), las principales potencias navales acordaron limitar el número
de naves a una proporción establecida. Los Tratados de Locarno, firmados en esta ciudad suiza en una conferencia
celebrada en 1925, garantizaban las fronteras franco-alemanas e incluían un acuerdo de arbitraje entre Alemania y
Polonia. Durante la celebración del Pacto de París (1928), 63 naciones firmaron el Tratado para la Renuncia a la
Guerra, también denominado Pacto Briand-Kellogg, por el que renunciaron a la guerra como instrumento de sus
respectivas políticas nacionales y se comprometieron a resolver los conflictos internacionales por medios pacíficos.
Los países signatarios habían decidido de antemano no incluir las guerras de autodefensa en esta renuncia a los
medios bélicos.

El ascenso del fascismo

Uno de los objetivos de los vencedores de la I Guerra Mundial había sido hacer del mundo un lugar seguro para la
democracia; la Alemania de posguerra (cuyo régimen es conocido como la República de Weimar) adoptó una
Constitución democrática, al igual que la mayoría de los estados reconstituidos o creados después de la contienda. Sin
embargo, en la década de 1920 proliferaron los movimientos que propugnaban un régimen basado en el totalitarismo
nacionalista y militarista, conocido por su nombre italiano, fascismo, que prometía satisfacer las necesidades del
pueblo con más eficacia que la democracia y se presentaba como una defensa segura frente al comunismo. Benito
Mussolini estableció en Italia en 1922 la primera dictadura fascista.

La formación del Eje

Adolf Hitler, presidente desde 1921 del Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo, impregnó de racismo su
propio movimiento fascista, el nacionalsocialismo. Prometió cancelar el Tratado de Versalles y conseguir un mayor
Lebensraum (en alemán, ‘espacio vital’) para el pueblo alemán, un derecho que éste merecía, a su juicio, por
pertenecer a una raza superior. La Gran Depresión que se produjo a finales de 1929 y se extendió a los comienzos de
la década de 1930 afectó profundamente a Alemania. Los partidos moderados no llegaban a ningún acuerdo con
respecto a las posibles soluciones, y un gran número de ciudadanos depositó su confianza especialmente en los nazis.
Hitler fue nombrado canciller de Alemania en 1933 y de inmediato se erigió en dictador tras una serie de maniobras
políticas e instituyó el llamado III Reich.
Japón no adoptó un régimen fascista de forma oficial, pero la influyente posición de las Fuerzas Armadas en el seno
del gobierno les permitió imponer un totalitarismo de características similares. Los militares japoneses se anticiparon
a Hitler a la hora de desmantelar la situación mundial. Aprovecharon un pequeño enfrentamiento con tropas chinas en
las proximidades de Mukden (actual Shenyang) en 1931 como pretexto para apoderarse de Dongbei Pingyuan
(Manchuria), en donde constituyeron el Estado de Manchukuo en 1932. Asimismo, ocuparon entre 1937 y 1938 los
principales puertos de China.
Hitler, tras denunciar las cláusulas sobre desarme impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles, organizar unas
nuevas Fuerzas Aéreas y reimplantar el servicio militar, puso a prueba su nuevo armamento durante la Guerra Civil
española (1936-1939), en la que participó en defensa de los militares rebeldes junto con las tropas italianas de
Mussolini, que pasaron a apoyar a los insurrectos españoles después de haber conquistado Etiopía (1935-1936) en un
breve conflicto armado. Los tratados firmados por Alemania, Italia y Japón (además de otros estados como Hungría,
Rumania y Bulgaria por ejemplo) desde 1936, cuando los dos primeros países acordaron el primero de ellos, hasta
1941 (cuando Bulgaria se incorporó a los mismos) dieron como resultado la formación del Eje Roma-Berlín-Tokio.
En septiembre de 1938, Hitler amenazó con declarar la guerra para anexionarse la zona de la frontera occidental de
Checoslovaquia, los Sudetes, con sus 3,5 millones de ciudadanos de lengua alemana. El primer ministro británico,
Arthur Neville Chamberlain, inició una serie de conversaciones que concluyeron a finales de mes con el Pacto de
Munich, en el que los checoslovacos, instados por británicos y franceses, renunciaban a los Sudetes a cambio de que
Hitler se comprometiera a no apoderarse de más territorios checos. No obstante, este acuerdo no tardó en convertirse
en un apaciguamiento infructuoso: Hitler invadió el resto de Checoslovaquia en marzo de 1939. El gobierno británico,
alarmado por esta nueva agresión y las amenazas proferidas por Hitler contra Polonia, se comprometió a ayudar a este
país en el caso de que Alemania pusiera en peligro su independencia. Francia también estableció un tratado de defensa
mutua con Polonia.

La otra vertiente de la política de apaciguamiento tenía como protagonista a la URSS. Iósiv Stalin, el máximo
dirigente soviético, había ofrecido ayuda militar a Checoslovaquia durante la crisis de 1938, pero su proposición no
fue tenida en consideración por ninguna de las partes del Pacto de Munich. Ahora que existía la amenaza de una
guerra, ambos bandos procuraban obtener la alianza soviética, pero fue Hitler el que realizó la oferta más atractiva. El
Pacto Germano-soviético se firmó en Moscú en la madrugada del 23 de agosto de 1939. En el comunicado hecho
público al día siguiente, Alemania y la URSS acordaban no luchar entre sí; existía, no obstante, un protocolo secreto
en el que se concedía a Stalin libertad de acción en Finlandia, Estonia, Letonia y en el este de Polonia y en Rumania.
Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de
1939. El Ejército polaco esperaba que el ataque se
produjera a lo largo de la frontera polaca, pero Hitler
puso en práctica una nueva estrategia denominada
blitzkrieg (guerra relámpago): multitud de
bombarderos alemanes destruyeron los ferrocarriles
de Tczew —como muestra la imagen—, lo que
imposibilitó la movilización militar de las fuerzas
polacas. Cientos de tanques arrollaron las defensas
polacas y se adentraron en el país. Los polacos
ofrecieron una gran resistencia, pero la Unión
Soviética invadió el este del país el 17 de
septiembre. A finales de ese mes, Polonia ya había caído.
La estrategia polaca consistía en una rígida defensa de toda la frontera y preveía varias semanas de escaramuzas
preliminares con los alemanes. No obstante, ambos cálculos resultaron incorrectos. En la mañana del 1 de septiembre,
oleadas de bombarderos alemanes atacaron las líneas férreas y bloquearon la movilización polaca. Durante los cuatro
días siguientes, dos grupos militares —procedentes de Prusia Oriental y Silesia, respectivamente— abrieron el paso a
las unidades de avance acorazadas que se dirigían con rapidez hacia Varsovia y Brest. En esto consistía la blitzkrieg
(en alemán, ‘guerra relámpago’): desplegar de forma simultánea fuerzas acorazadas, aviación e infantería para realizar
un movimiento en forma de pinza y envolver al enemigo en un breve espacio de tiempo.
Los alemanes rodearon Varsovia entre el 8 y el 10 de septiembre, bloqueando a las fuerzas polacas al oeste de la
capital. El 17 de septiembre, un segundo y más profundo movimiento envolvente se cerró cerca de Brest. Ese mismo
día, el Ejército Rojo soviético atacó la frontera. Prácticamente toda Polonia había sido invadida el 20 de septiembre; el
6 de octubre capituló el fuerte de Kock, último bastión de la resistencia polaca.

Dinamarca y Noruega : Stalin, que temía una intervención extranjera, puso fin a la Guerra Ruso-finesa el 8 de marzo
y estableció unos términos que obligaban a Finlandia a entregar ciertos territorios, pero le permitían conservar su
independencia. Los británicos y los franceses necesitaban entonces encontrar un pretexto para realizar su plan de
invasión de Narvik y Kiruna; decidieron situar minas en las inmediaciones del puerto de Narvik. Su objetivo era
provocar una reacción violenta por parte de los alemanes, lo que les permitiría pasar al lado noruego y llegar así hasta
Narvik.

Los Países Bajos : Al llegar la primavera, Hitler había elaborado un proyecto mejor para la campaña contra Francia y
los Países Bajos. El primer plan consistía en atravesar Bélgica tal y como se había hecho durante la I Guerra Mundial.
Sin embargo, el general Erich von Manstein y algunos de sus asesores le habían persuadido para que trasladara el
grueso de sus tropas al sur de Luxemburgo y al bosque de las Ardenas, puesto que el enemigo nunca esperaría que se
realizara un ataque desde esta zona. Los carros de combate podrían marchar con rapidez hacia el noroeste desde las
Ardenas después de alcanzar la costa y derrotar al enemigo en Bélgica; retrocederían y atacarían por el sureste, desde
la retaguardia de los ejércitos franceses situados en la Línea Maginot.

Cuando comenzó el ataque el 10 de mayo de 1940, ambos bandos disponían aproximadamente del mismo número de
tropas y carros de combate, aunque las fuerzas aéreas alemanas eran superiores a las de los aliados. No obstante, la
ventaja decisiva de los alemanes consistía en que habían planeado todos sus movimientos detalladamente. Sus
oponentes tuvieron que improvisar una estrategia, debido en parte a que belgas y neerlandeses se mantuvieron
neutrales hasta el último momento. Además, los británicos y los franceses no estaban preparados para hacer frente a
las fuerzas acorazadas alemanas. Los carros de combate aliados se dispersaban entre la infantería, mientras que los de
los alemanes se mantenían juntos en un grupo panzer (‘acorazado’).

La marcha de los tanques y aviones alemanes hacia el norte de la


Línea Maginot en mayo de 1940 no había sido prevista por el
Ejército francés. Aunque ambas fuerzas estaban equiparadas en
cuanto a efectivos y tanques, los alemanes contaban con más
aeronaves y con un plan de invasión. La blitzkrieg (guerra
relámpago) obligó a las tropas francesas a retirarse de forma
desordenada, y el gobierno francés cayó cuando los alemanes
marcharon hacia París el 14 de junio.
El 20 de mayo, el grupo panzer tomó la ciudad francesa de
Abbeville, situada en la desembocadura del río Somme, y
comenzó a avanzar hacia el norte a lo largo de la costa. Hacia el
26 de mayo, los británicos y los franceses se vieron obligados a
retroceder hasta una estrecha playa que se encontraba en los
alrededores de Dunkerque. El rey belga, Leopoldo III, capituló al
día siguiente. Destructores y pequeñas embarcaciones de todo tipo consiguieron evacuar de Dunkerque a 338.226
hombres en un salvamento heroico propiciado por la actitud del general alemán Gerd von Rundstedt, que ordenó a sus
carros de combate que se detuvieran a fin de preservarlos para la siguiente fase de la operación.

La campaña contra Francia comenzó el 5 de junio. Italia declaró la guerra a Francia y Gran Bretaña el 10 de junio. La
Línea Maginot, que sólo dejaba a merced del enemigo la frontera con Bélgica, no había sufrido el más mínimo daño,
pero el comandante de las fuerzas francesas, el general Maxime Weygand, no disponía de ningún medio para proteger
París por el norte y el oeste. El 17 de junio, el mariscal Henri Philippe Pétain, nombrado jefe de gobierno el día
anterior solicitó un armisticio, que fue firmado el 22 de junio, en el que se acordó que Alemania controlaría el norte y
la franja atlántica de Francia. Pétain estableció la capital de su gobierno en Vichy el 1 de julio, en la zona no ocupada
del sureste, y constituyó así uno de los regímenes colaboracionistas más significativos de cuantos se crearon durante
la II Guerra Mundial.

Un año después de la caída de Francia, la contienda se convirtió en una guerra mundial. Mientras se llevaban a cabo
campañas secundarias en la península de los Balcanes y en el norte de África así como combates aéreos contra los
británicos, Hitler desplegó el grueso de sus fuerzas hacia el este y formó una coalición con los países del sureste de
Europa (además de Finlandia) para atacar a la URSS.

La ayuda de Estados Unidos a Gran Bretaña: Estados Unidos abandonó su política de neutralidad estricta en la
guerra europea y se enfrentó, sin llegar a la guerra, con Japón en Asia y el océano Pacífico. Las conferencias
mantenidas entre Estados Unidos y Gran Bretaña desde enero de 1941 sirvieron para diseñar una estrategia básica en
el caso de que los estadounidenses intervinieran en la guerra; ambos centrarían su esfuerzo en combatir a Alemania,
posponiendo la lucha con Japón, en el caso de que ésta se iniciara.
En marzo de 1941, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Lend-Lease Act (Ley de Préstamo y Arriendo) y asignó
la cantidad inicial de 7.000 millones de dólares para ayudar a cualquier país que el presidente designara. De este
modo, los estadounidenses esperaban asegurar la victoria sobre las potencias del Eje sin necesidad de enviar a sus
propias tropas a Europa. No obstante, a finales del verano de 1941, Estados Unidos se hallaba en estado de guerra no
declarada contra Alemania. En julio, la Marina estadounidense comenzó a escoltar los convoyes británicos por las
aguas del oeste de Islandia. En septiembre, el presidente Franklin Delano Roosevelt autorizó a las naves que
realizaban estas misiones de escolta a abrir fuego contra las embarcaciones de las potencias del Eje.

Los Conflictos entre Estados Unidos y Japón: Mientras tanto, las relaciones entre Estados Unidos y Japón
continuaban deteriorándose. En septiembre de 1940, Japón obligó al gobierno francés de Vichy a entregarle la zona
norte de Indochina. Estados Unidos respondió a esta acción prohibiendo la exportación de acero y combustible a los
japoneses. Éstos firmaron un pacto de neutralidad con la URSS en abril de 1941 para prevenir un ataque soviético en
el caso de que entraran en conflicto con Gran Bretaña o Estados Unidos mientras se apoderaban de territorios en el sur
y este de Asia. Cuando Alemania invadió la URSS en junio, los dirigentes japoneses sopesaron la posibilidad de
romper el acuerdo y unirse a la ofensiva desde el este, pero finalmente optaron por ocupar el sur de Indochina el 23 de
julio. Dos días después, Estados Unidos, Gran Bretaña y los Países Bajos congelaron los activos japoneses para
impedir que Japón pudiera adquirir petróleo, lo que a la larga inutilizaría por completo a su Armada y sus Fuerzas
Aéreas.

El comienzo de la guerra en el Pacífico : Japón, ante la


aparente inminencia de la derrota soviética en el verano y
otoño de 1941, vio una gran ocasión para apoderarse del
petróleo y demás recursos del Sureste asiático y las islas de
los alrededores, pero sabía que estas acciones desatarían
una guerra contra Estados Unidos. El gobierno
estadounidense deseaba detener la expansión japonesa,
pero no estaba seguro de que la opinión pública estuviera
dispuesta a llegar a la guerra para cumplir este objetivo.
Acuciados por el embargo de petróleo que sufrían, los
japoneses decidieron lanzar un ataque sobre el Sureste
asiático.

El 8 de diciembre de 1941, un día después del ataque japonés a Pearl Harbor, el presidente de Estados Unidos,
Franklin Delano Roosevelt, se dirigió al Congreso y pidió que se declarara la guerra a Japón. Roosevelt declaró que
el 7 de diciembre sería "una fecha que pasaría a los anales de la infamia".

Pocos minutos antes de las ocho de la mañana del domingo


7 de diciembre de 1941, un grupo de aeronaves japonesas
lanzaron un ataque por sorpresa sobre la Flota del Pacífico
estadounidense, atracada en Pearl Harbor (Hawai). Los
japoneses confiaban en inutilizar a la Marina
estadounidense, que constituía el principal obstáculo para
obtener la victoria en una guerra contra Estados Unidos. Al
cabo de unas horas, los japoneses habían hundido cuatro
acorazados y dañado otros cuatro, uno de los cuales fue el
Arizona, que aparece en la fotografía; asimismo,
destruyeron gran cantidad de aviones de combate y
causaron numerosas bajas y heridos entre el personal militar naval estadounidense. Como resultado de este ataque, el
Congreso de Estados Unidos declaró la guerra a Japón al día siguiente a petición del presidente Franklin Delano
Roosevelt.

La invasión de Rusia emprendida por el Ejército alemán prácticamente


había derrotado a las fuerzas rusas. Sin embargo, a finales de julio de
1942, Iósiv Stalin dio esta orden a sus hombres: "íNi un paso atrás!".
Los soldados soviéticos combatieron contra los alemanes en las ruinas
de Stalingrado (como se puede apreciar en esta fotografía), luchando
por la toma de cada edificio en una batalla cruenta que duró cinco
meses.

La cuarta fase: la victoria de los aliados

Después de la batalla de Kursk persistía la duda sobre si las fuerzas soviéticas podrían lanzar una ofensiva con éxito
en el verano. El 12 de agosto, Hitler ordenó que comenzaran las obras para la construcción de una barrera en el este, a
lo largo del río Narva y los lagos Pskov y Peipus—detrás del grupo militar del Norte— y de los ríos Desna y Dniéper
—detrás de los Grupos de ejércitos del Centro y el Sur. En la segunda mitad de dicho mes, la ofensiva soviética se
expandió por el sur, a lo largo del río Donets, y por el norte, adentrándose en el sector del Grupo de ejércitos del
Centro.
Hitler permitió al Grupo de ejércitos del Sur retirarse hasta el río Dniéper el 15 de septiembre; de lo contrario, lo más
probable es que fuera aniquilado. Asimismo, ordenó a las tropas que destruyeran todo aquello que se encontrara en la
zona oriental del río Dniéper y pudiera ser de alguna utilidad para el enemigo. Esta política sólo pudo llevarse a cabo
parcialmente antes de que los soldados cruzaran el río a finales de mes; a partir de este momento se aplicó en todos los
territorios cedidos a los rusos.
Las tropas alemanas no encontraron el más mínimo rastro de la barrera oriental al cruzar el río, y tuvieron que luchar
desde el principio contra cinco cabezas de puente soviéticas. La orilla superior izquierda del río era la mejor línea
defensiva que quedaba en la URSS, y los ejércitos rusos, mandados por Zhúkov y Vasilevski, lucharon
encarnizadamente para impedir que el enemigo se hiciera fuerte en esta zona. Expandieron las cabezas de puente,
cercaron al Ejército alemán en Crimea durante el mes de octubre, tomaron Kíev el 6 de noviembre y continuaron la
ofensiva en invierno sin apenas interrupciones.

De izquierda a derecha, el líder soviético Iósiv Stalin, el


presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt y
el primer ministro británico sir Winston Churchill, reunidos
en Teherán (Irán) en 1943 para elaborar la estrategia militar
y la política europea de la posguerra. Se decidió invadir
Francia en 1944, pese a la oposición de Churchill. Esta
conferencia marcó el momento culminante de la alianza bélica entre el Este y el Oeste. Los dirigentes de estas tres
grandes potencias pasaron a ser conocidos como los ‘Tres Grandes’.

El desembarco de Normandía

El 6 de junio de 1944, el Día D, el I Ejército de Estados Unidos, dirigido por el general Omar Nelson Bradley, y el II
Ejército británico, mandado por el general Miles C. Dempsey, establecieron cabezas de playa en Normandía, la costa
francesa del canal de la Mancha. La resistencia de los alemanes fue firme, y las bases militares para los ejércitos
aliados no eran tan buenas como se había esperado. La enorme superioridad aérea de los aliados en el norte de Francia
impidió a Rommel movilizar a sus limitadas reservas. Además, Hitler estaba convencido de que el desembarco de
Normandía era una estratagema y que la invasión principal tendría lugar al norte del río Sena. Por este motivo, se
negó a dejar partir a las divisiones que se encontraban allí e insistió en que llegaran refuerzos de otras zonas distantes.
A finales de junio, Eisenhower disponía de 850.000 hombres y 150.000 vehículos en Normandía.

La rendición de Alemania

Hitler decidió esperar el desenlace final en Berlín, donde aún podía manipular a los escasos altos mandos que
quedaban. La mayor parte de sus colaboradores políticos y militares abandonaron la capital para dirigirse hacia el
norte y sur de Alemania, seguramente para no estar al alcance de los soviéticos. Hitler se suicidó en su búnker de
Berlín el 30 de abril. Su último acto oficial importante fue nombrar al almirante Karl Dönitz como sucesor suyo en la
jefatura del Estado.

La única opción que le quedaba a Dönitz, que había sido leal a Hitler, era rendirse. Su representante, el general Alfred
Jodl, firmó la rendición incondicional de todas las Fuerzas Armadas alemanas en el cuartel general de Eisenhower,
establecido en Reims, el 7 de mayo. Las tropas alemanas de Italia ya se habían rendido (el 2 mayo), al igual que las de
los Países Bajos, el norte de Alemania y Dinamarca (4 de mayo). Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña
declararon el 8 de mayo el Día de la Victoria en Europa. La rendición incondicional completa entró en vigor un
minuto después de la medianoche, una vez firmado en Berlín un segundo documento que también suscribió la URSS.

Hiroshima y Nagasaki : A lo largo de todo el conflicto, los gobiernos de Estados


Unidos y Gran Bretaña habían llevado a cabo un gran proyecto científico e
industrial para el desarrollo de armas nucleares, y creían que Alemania estaba
investigando en el mismo campo. No se disponía de suficientes cantidades de los
elementos principales, uranio y plutonio fisionable, antes de que concluyera la
guerra en Europa. La primera bomba atómica se hizo explotar en un ensayo
realizado el 16 de julio de 1945 en Alamogordo (Nuevo México, en Estados
Unidos).

El 6 de agosto de 1945, durante la II Guerra Mundial, Estados Unidos lanzó la


primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Se estima que
unas 130.000 personas murieron, fueron heridas o desaparecieron, y otras
177.000 quedaron sin hogar. Dieciséis horas después del ataque, el comunicado sobre este acontecimiento realizado
por el presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, fue emitido por radio.

EL COSTE DE LA GUERRA

Las estadísticas fundamentales de la II Guerra Mundial la convierten en el mayor conflicto de la historia en cuanto a
los recursos humanos y materiales empleados. En total, tomaron parte en esta contienda 61 países con una población
de 1.700 millones de personas, esto es, tres cuartas partes de la población mundial. Se reclutó a 110 millones de
ciudadanos, más de la mitad de los cuales procedían de tres países: la URSS (22-30 millones), Alemania (17 millones)
y Estados Unidos (16 millones).
La mayor parte de las estadísticas de la guerra son únicamente cálculos aproximados. La inmensa y caótica
destrucción del conflicto ha imposibilitado la elaboración de un registro uniforme. Algunos gobiernos perdieron el
control de los datos, y otros decidieron manipularlos con fines políticos.
Se ha alcanzado un cierto consenso con respecto al coste total de la guerra. Se estima que el económico rebasó el
billón de dólares estadounidenses, lo que la hace más onerosa que todas las anteriores guerras en conjunto. El coste
humano —sin incluir a los más de 5 millones de judíos asesinados en el Holocausto, que fueron víctimas indirectas de
la contienda— se estima en 55 millones de muertos, 25 millones de los cuales eran militares y el resto civiles.

Estadísticas económicas: Estados Unidos fue el país que destinó más dinero a la guerra: el gasto aproximado fue de
341.000 millones de dólares, incluidos 50.000 millones asignados a préstamos y arriendos; de éstos, 31.000 fueron
destinados a Gran Bretaña, 11.000 a la URSS, 5.000 a China y 3.000 fueron repartidos entre otros 35 países. La
segunda nación fue Alemania, que dedicó 272.000 millones de dólares; le sigue la URSS con 192.000 millones; Gran
Bretaña, con 120.000 millones; Italia, con 94.000 millones; y Japón, con 56.000 millones. No obstante, a excepción
de Estados Unidos y algunos de los aliados menos activos desde el punto de vista militar, el dinero empleado no se
aproxima al verdadero coste de la guerra. El gobierno soviético calculó que la URSS perdió el 30% de su riqueza
nacional. Las exacciones y el saqueo de los nazis en las naciones ocupadas son incalculables. Se estima que el importe
total de la contienda en Japón ascendió a 562.000 millones.

Las pérdidas humanas :El coste humano de la guerra recayó principalmente sobre la URSS, cuyas bajas entre
personal militar y población civil se cree que superaron los 27 millones. Las víctimas militares y civiles de los aliados
fueron de 44 millones, en tanto que las de las potencias del Eje de 11 millones. El número de muertos de ambos
bandos en Europa ascendió a 19 millones y las víctimas de la guerra contra Japón llegaron a los 6 millones. Estados
Unidos, que apenas sufrió bajas entre la población civil, perdió a unos 400.000 ciudadanos.

Como consecuencia de estas ingentes pérdidas humanas y económicas, se alteró el equilibrio político. Gran Bretaña,
Francia y Alemania dejaron de ser grandes potencias desde el punto de vista militar, posición que fue ocupada por
Estados Unidos y la URSS.

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