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Historia y política en India contemporánea

Este documento presenta la portada y página legal de un libro titulado "Historia, sociedad y política en India contemporánea: miradas interdisciplinarias". El libro fue editado por la Universidad Nacional Autónoma de México y contiene ensayos de varios autores sobre temas relacionados con la democracia, el nacionalismo, la casta, el género y la política en la India contemporánea. La introducción, escrita por Andrés Ríos Molina, explica el contexto y los temas centrales que atraviesan los ensay

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Historia y política en India contemporánea

Este documento presenta la portada y página legal de un libro titulado "Historia, sociedad y política en India contemporánea: miradas interdisciplinarias". El libro fue editado por la Universidad Nacional Autónoma de México y contiene ensayos de varios autores sobre temas relacionados con la democracia, el nacionalismo, la casta, el género y la política en la India contemporánea. La introducción, escrita por Andrés Ríos Molina, explica el contexto y los temas centrales que atraviesan los ensay

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Universidad Nacional Autónoma de México

Dr. Enrique Graue Wiechers


Rector
Dr. Leonardo Lomelí Vanegas
Secretario General
Ing. Leopoldo Silva Gutiérrez
Secretario Administrativo
Dr. Alberto Ken Oyama Nakagawa
Secretario de Desarrollo Institucional
Dr. César Iván Astudillo Reyes
Secretario de Atención a la Comunidad Universitaria
Dra. Mónica González Contró
Abogada General
Lic. Néstor Martínez Cristo
Director General de Comunicación Social

Coordinación de Humanidades
Dr. Alverto Vital Díaz
Coordinador

Instituto de Investigaciones Históricas


Dra. Ana Carolina Ibarra González
Directora
Dr. Martín Ríos Saloma
Secretario Académico
Mtra. Miriam C. Izquierdo
Secretaria Técnica

Seminario Universitario de Estudios Asiáticos


Dra. Alicia Girón González
Coordinadora
Mtra. Vania de la Vega Shiota González
Secretaria Técnica
Lic. José Luis Maya Cruz
Encargado de Difusión
Libertad Figueroa Rodríguez
Asistente Técnica
Historia, sociedad y política
en India contemporánea:
miradas interdisciplinarias

Andrés Ríos Molina


Coordinador
Página LegaL

Historia, sociedad y política en India contemporánea: miradas interdisciplinarias


"OESÏT3ÓPT.PMJOB DPPSEJOBEPS

Esta Investigación, arbitrada por pares académicos, se privilegia con el aval de la institución editora.

Primera edición electrónica: Mayo de 2019

© D.R. Universidad Nacional Autónoma de México


Av. Universidad 3000, Col. Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad Universitaria, Coyoacán, C.P. 04510, México, Ciudad de México.

Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África


Calle de Filosofía y Letras 88
Copilco Universidad, Coyoacán, C.P. 04360, México, Ciudad de México

SBN edición: 978-607-30-2091-6

DOI: [Link]

Esta edición de un ejemplar de (3.5Mb) fue realizada por el Área de Ediciones y


Publicaciones Electrónicas del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África de
la Universidad Nacional Autónoma de México. La edición, formación y producción de este
ejemplar fue realizada por María del Carmen Uribe Rangel.

La Obra Historia, sociedad y política en India contemporánea: miradas


interdisciplinarias fue publicado en versión impresa en 2016 por el Seminario
Universitario de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Traducción “Cuestiones convergentes: historia, antropología, modernidad” (Saurabh
Dube): Lucía Cirianni; “Nacionalismo y género: ¿de las mujeres al género y de regreso
otra vez? (Mrinalini Sinha): Olga González. Fotografías de portada: María Fernanda
Vázquez Vela.

Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Prohibida su reproducción parcial o total por cualquier medio sin autorización escrita de los
titulares de los derechos patrimoniales.

Hecho en México / Made in Mexico


Contenido

Introducción
Andrés Ríos Molina 1

Cuestiones convergentes: historia, antropología, modernidad


Saurabh Dube 7

Nacionalismo y género: ¿de las mujeres al género


y de regreso otra vez?
Mrinalini Sinha 29

Democracia, religión y género


Ishita Banerjee 57

De cómo ser bárbaro en India


Sanjay Subrahmanyam 74

La casta como instrumento de movilización política


Laura Carballido Coria 101

Las contradicciones de la democracia: igualdad política


y desigualdad social
Fernanda Vázquez Vela 123

Entre crecimiento económico y tensión social


las elecciones de 2014
Beatriz Martínez Saavedra 147

Alternancia democrática en el sistema de partidos


y su influencia en la política exterior
Mario González Castañeda 168
Introducción

En India vive más de 17 por ciento de la población mundial y su colosal


economía ha crecido desde 2003 a más de 7 por ciento anual. Podríamos
pensar que la actual relevancia de India en el panorama internacional es
razón suficiente para que desde México volvamos la mirada y tratemos de
comprender los procesos que han llevado a dicho país a ser lo que es. Sin
embargo, bajo esta lógica, los países pequeños y pobres no merecerían
análisis alguno. Asimismo, una historia que se remonta a sociedades clá-
sicas que vieron su esplendor milenios atrás aunada a su imponente diver-
sidad cultural, si bien han generado fascinación en “occidente” al punto de
recubrir a India con un halo de misticismo, tampoco son razones suficien-
tes para que desde la academia mexicana nos interesemos en la cultura e
historia de dicho país. Más allá de las especificidades que nos puedan se-
ducir de la India, el presente libro nace en la convergencia de proyectos
institucionales emprendidos por dos instancias de la Universidad Nacional
Autónoma de México: el Seminario Universitario de Estudios Asiáticos
(SUEA) y el Instituto de Investigaciones Históricas (IIH).
Por una parte, desde el SUEA se ha impulsado la reflexión sobre los
procesos políticos, económicos, sociales y culturales que han determinado
la dinámica del continente asiático y su impacto en la geopolítica contem-
poránea. Por otra, desde el IIH hay tres temas que han sido de crucial inte-
rés: la historia del siglo XX en tanto posibilidad analítica para el abordaje de
problemáticas contemporáneas; la historia mundial como una ruta que
debemos transitar para comprender los procesos históricos desde una pers-
pectiva tal que permita integrar procesos locales, regionales y continentales;
y finalmente la historiografía como una preocupación permanente por
conocer y reflexionar sobre los debates y las tendencias que rigen el queha-
cer de los historiadores en diferentes partes del mundo. A partir de la con-
vergencia entre los mencionados tópicos, hay dos temas que atraviesan las
reflexiones plasmadas en este libro: el funcionamiento de la democracia en
India y la particular mirada historiográfica que desde los estudios subalter-
nos ha articulado el análisis de las relaciones de poder con la cultura. Vea-
mos la relevancia de cada punto, y comencemos por el segundo.
2 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Los estudios subalternos son un movimiento intelectual que inició en


la década de 1980, el cual propuso una serie de referentes que cuestionaron
el conocimiento elaborado desde Europa sobre territorios y culturas del
Sur de Asia; reflexiones cuyo impacto en América Latina ha sido notable.
Tanto la historia como la antropología, los estudios culturales y hasta la
crítica literaria han sido atravesados por reflexiones provenientes de los
estudios subalternos, de autores como Ranajit Guha, Dipesh Chakrabarty,
Patha Chatterjee, Gayatri Chakravorty Spivak, para sólo mencionar
algunos intelectuales que han sido leídos y ampliamente discutidos en la
academia mexicana.
Por lo anterior, este libro inicia con una reflexión crítica por parte de
Saurabh Dube, quien presenta un panorama de los principales debates y
tendencias gestadas en el encuentro de la historia con la antropología a la
hora de comprender los fenómenos en el Sur de Asia, donde convergen
las relaciones de poder y la cultura. Según Dube, las historias de las socie-
dades de dicha región fueron pensadas como apéndices de la historia
europea, como culturas refractarias a la modernidad que habitaban un
pasado perpetuado y mitificado. Cuestionar la forma en que se había es-
crito la historia del Sur de Asia no sólo significaba acercarse a nuevas
fuentes y/o temas de investigación; más bien, implicó reflexionar sobre la
naturaleza misma del saber historiográfico, la validez y la utilidad de sus
categorías analíticas, y su relación con otras disciplinas. De manera par-
ticular, Dube nos presenta una reflexión sobre la problemática y fructífera
relación entre historia y antropología, y sus implicaciones tanto epistemo-
lógicas como metodológicas. Sobre las llamadas sociedades “etno­gráficas”
generadas por la mirada eurocéntrica, se reprodujo una visión sobre lo
cultural vinculado con lo estático e inalterable en resistencia y al margen
de la modernidad. En oposición a esta perspectiva romántica de lo no
occidental, Dube parte de autores como Michael Taussig y Renato Rosaldo,
entre otros, para señalar que lo irracional, lo mágico y en general lo cul-
tural también son constitutivos de la vida social de ese “occidente” que ha
sacralizado la racionalidad como bandera de la modernidad. Así, la coe-
xistencia de diversas temporalidades y una mirada de lo cultural que
rompe con el esencialismo han sido variables que han transformado los
estudios culturales sobre el Sur de Asia. Dube nos ofrece, a partir de su
experiencia personal, una especie de genealogía de los estudios subalternos
3 Historia, sociedad y política en India contemporánea

y las implicaciones que han tenido a la hora de pensar la relación entre la


antropología y la historia.
Si bien los estudios subalternos incorporaron a sujetos que habían
estado al margen de la historiografía en tanto masas pasivas y sometidas
a las relaciones de poder, su inclusión no significó solamente hacer la his-
toria “desde abajo” a partir de la mirada de los marginados. En lugar de
partir de una empatía condescendiente con los dominados, la propuesta
de los estudios subalternos consistió en complejizar el análisis de las rela-
ciones de poder a partir de la incorporación de la cultura como elemento
determinante en las negociaciones cotidianas entre dominantes y subal-
ternos. Así, en lugar de hacer historias reivindicativas sobre grupos mar-
ginados, ya fueran mujeres, castas o sectas, los estudios subalternos abor-
daron estos sujetos para historiar de una manera más amplia y diversa las
relaciones de poder. Es decir, no sólo significó la inclusión de quienes están
en la periferia, sino la posibilidad de escribir historias que permitieran ver
la forma en que el papel activo de los subalternos moldea y estructura las
relaciones de poder con los dominantes. Dos trabajos en este libro van en
ese tenor: el de Mrinalini Sinha nos describe la forma en que la historio-
grafía de las mujeres en la India había estado limitada al ámbito de lo
privado; sin embargo, a partir de diversos estudios de caso donde se “ex-
pandió” la categoría de género en su relación con los nacionalismos, se
hizo evidente la forma en que la acción de las mujeres, más que llevarlas a
lo público, produjo una politización de lo privado que en diversos casos
tuvo repercusiones de orden político. Así, Sinha nos muestra cómo la in-
clusión de la perspectiva de género y la historia de las mujeres ha signifi-
cado una nueva mirada a un fenómeno que se consideraba exclusivo del
terreno de lo público: los nacionalismos. Por su parte, Ishita Banerjee nos
presenta una reflexión en la que señala las implicaciones que tiene pensar
la ciudadanía desde la perspectiva tanto de género como feminista en India
independiente. La paradoja que reviste el funcionamiento de un sistema
democrático que en teoría pugna por la equidad, en una sociedad signada
por grandes desigualdades tanto de género como de casta y de clase, es
analizada por Banerjee en función de las articulaciones que tienen lugar
entre la democracia “formal” y la “real”.
El cuarto capítulo de este libro es un análisis sobre la forma en que se
ha construido la imagen del bárbaro en India. A partir de un caso reciente
4 Historia, sociedad y política en India contemporánea

que tuvo amplia cobertura en los medios de comunicación donde estu-


diantes africanas fueron maltratadas debido a acusaciones por venta de
droga y prostitución, Sanjay Subrahmanyam explora la forma en que la
alteridad se ha construido como mecanismo para legitimar ciertos actos
de violencia. Para una historiografía convencional, este trabajo podría
generar algo de vértigo ya que se remonta a más de dos mil años y recorre
cuatro categorías que han dado contenido a la idea de “bárbaro” en India.
Ellos son el paria o intocable, el “aborigen” apartado y en estado de “sal-
vajismo”, el extranjero considerado como “inferior” y el otro en términos
religiosos, a saber, el musulmán. El autor nos muestra la forma en que a lo
largo de la historia de India, en el marco de una diversidad temporal y
espacial, se ha construido la imagen del bárbaro. Este trabajo, al igual que
los anteriores, incluye la categoría cultura para comprender fenómenos de
exclusión, marginación y violencia contemporánea en un marco cronoló-
gico amplio.
Hay un tema que estructura los últimos cuatro capítulos de este libro:
el funcionamiento de la actual democracia en India, la más grande del
mundo ya que tuvo más de 1 600 partidos y 834 082 814 votantes en las
elecciones de 2014. Este hecho no está al margen de lo arriba señalado: el
lector podrá notar que son textos elaborados en un marco analítico don-
de la cultura es un elemento central para comprender las relaciones de
poder, razón por la cual la perspectiva histórica engrana con la etnográ-
fica. Por ello, para comprender las características de la democracia en
India, estos trabajos le ofrecen al lector un panorama general de los pro-
cesos más relevantes que han determinado la dinámica de la democracia
india desde la independencia en 1947 hasta las elecciones de 2014. Por
una parte, son un conjunto de reflexiones articuladas y complementarias
que desarrollan diferentes rasgos de la política durante el periodo señala-
do y, por otra, comparten un marco analítico atravesado por las paradojas,
las tensiones y las contradicciones de una democracia que en teoría de-
fiende la igualdad y la equidad, pero que en la práctica convive con un
conglomerado de diferencias sociales, económicas y religiosas que marca
una notable brecha con los ideales democráticos. Por consiguiente, los
trabajos en cuestión reflexionan sobre la forma en que opera una demo-
cracia “exitosa” en el marco de una sociedad con diferencias de castas, de
clase y de género.
5 Historia, sociedad y política en India contemporánea

El trabajo de Laura Carballido expone el papel de la casta en la política


india y argumenta que lejos de ser un sistema estático, diversos estudios
históricos y etnográficos han demostrado que la dinamicidad de las mismas
ha sido determinante en su relación tanto con el imperio británico durante
la colonia, como con la democracia después de la independencia. Particu-
larmente, el caso de las “castas registradas” es una muestra de la forma en
que pertenecer a dalits, o castas inferiores, se convirtió en una posibilidad de
participación política y una mejora en las condiciones de vida.
El texto de Fernanda Vázquez Vela nos presenta una síntesis de los
tres momentos en la historia de la India independiente y la forma en que
el ideal planteado por el doctor Ambedkar, estratega de la Constitución
india, frente a la necesidad de abolir progresivamente las diferencias so-
ciales y económicas, quedó como un anhelo inalcanzado. Las bases del
sistema político definidas por la Constitución, la dinámica partidista, la
distribución regional del poder y el lugar de la derecha supremacista
(hidutva), son tópicos abordados en el mencionado capítulo.
Por su parte, el texto de Beatriz Martínez Saavedra explora el perfil y
los antecedentes de Narendra Modi, actual primer ministro, quien gober-
nó el estado de Gujarat con notables índices de crecimiento del PIB (10 por
ciento); sin embargo, se le acusó de no interferir en los violentos disturbios
de 2002. Su nombramiento en 2014 significó un giro a la derecha que
obedeció, en parte, a los frecuentes escándalos de corrupción por parte del
Partido del Congreso. La autora afirma que fue “el castigo de los votantes
para un gobierno plagado de inconsistencias, corrupción y con nula
sensibilidad social”. Modi ha impulsado la inversión privada y la reduc-
ción de la burocracia, poniendo la economía en manos del mercado. Sin
embargo, lo beneficios han llegado a pocos, y los musulmanes marginados
continúan viviendo en lamentables condiciones.
Finalmente, la reflexión planteada por Mario González Castañeda
nos expone las principales características de la alternancia política, par-
ticularmente la coyuntura donde el hegemónico Partido del Congreso
Nacional Indio (1947-1977) fue reemplazado por el Janata Party (1977-
1979), fenómeno donde Indira Gandhi y los problemas de su adminis-
tración desempeñaron un papel determinante. Además, expone las
posteriores coaliciones y alianzas regionales que han configurado el mapa
electoral indio. Un aporte notable de este trabajo radica en el análisis de
6 Historia, sociedad y política en India contemporánea

las coaliciones y alianzas partidistas, y sus implicaciones en la política


exterior de India.
Los ocho trabajos que aquí aparecen fueron presentados y discutidos
en el Coloquio “Reflexiones sobre la India: política contemporánea e his-
toriografía”, el cual tuvo lugar en el Instituto de Investigaciones Históricas
de la UNAM los días 7 y 8 de mayo de 2015. Dicho evento fue realizado
gracias al apoyo de Ana Carolina Ibarra, directora del IIH, y Alicia Girón,
coordinadora del Seminario Universitario de Estudios Asiáticos. En las
mesas en las que se discutieron estos trabajos participaron Federico Na-
varrete, Pilar Gilardi, Elisa Speckman, Marta Santillán, Jesús Hernández,
Graciela Márquez, Jacqueline Peschard y Martín Ríos. Por su parte, Mario
González Castañeda fue el eslabón entre la UNAM y la UAM-C, donde
laboran colegas que estuvieron dispuestos a compartir generosamente los
resultados de años de investigación; a todos ellos, mis más sinceros agra-
decimientos. Finalmente, sólo me resta agradecerle a Saurabh Dube su
calidez, generosidad e incondicional apoyo en la organización de este
evento.
La edición de este libro es el resultado de un importante esfuerzo co-
lectivo. El arduo proceso editorial estuvo a cargo de Miriam Izquierdo y
Rosalba Cruz, por parte del iih. Las numerosas gestiones editoriales estu-
vieron a cargo de Vania de la Vega Shiota, Libertad Figueroa y Alma Cer-
vantes, por parte del suea. También se reconoce el eficiente apoyo del
equipo de servicio social del suea: Leticia Duarte, Natasha Hernández,
Emmanuel Vega y Francisco Javier Patiño. Las fotografías utilizadas en la
portada son de la autoría de María Fernanda Vazquez Vela. A todos ellos
vayan mis más sinceros agradecimientos por su dedicación, generosidad
y compromiso.

Andrés Ríos Molina


Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Históricas
Cuestiones convergentes:
historia, antropología, modernidad
Saurabh Dube
El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África

Este trabajo explora el tema de las disciplinas, la modernidad y su inte-


racción por medio de una serie de consideraciones cruciales sobre el
tiempo, el espacio y sus intrincaciones. Desde la antropología y la historia,
y con la ayuda de la teoría sociopolítica, me enfocaré en temas discipli-
narios socioespaciales y temporalidades alborotadas. La afiliación de mi
obra en general a los terrenos limítrofes de distintas disciplinas y su re-
conocimiento de que los sujetos (sociales y disciplinarios) producen el
tiempo y el espacio desempeña aquí un papel crucial. En su nivel más
básico, mi trabajo es cuestionar representaciones rutinarias de un tiempo
homogéneo (que, sin embargo, se ha fundado en rupturas espaciales in-
augurales) y esquemas antinómicos de espacio social (que, no obstante,
suponen una jerarquía temporal única). Es decir, esta plática se ubica en
el punto de unión entre antropología e historia, articulando, desde sus
márgenes, conocimiento(s) de área, lo cual incluye una visión del Sur de
Asia desde América Latina. Este último punto resulta relevante. Aun si
en este evento celebramos la importancia de la India, mi propio trabajo en
español (en enseñanza, pláticas y publicaciones) ha tenido poco que ver
con la India en sí y mucho con cuestiones críticas sobre las disciplinas, el
método, la teoría y el entendimiento de asuntos relacionados con mate-
riales del Sur de Asia. Después de todo, ¿por qué el solo hecho de conocer
más y más acerca de India resulta importante para la tarea del aprendiza-
je en América Latina? Tales apreciaciones y cuestionamientos atraviesan
esta reflexión.
8 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La asociación entre antropología e historia ha sido accidentada y con-


tradictoria. Su alianza también ha resultado apasionante y productiva.1 Al
mostrar su comprensión limitada y su mutua desconfianza, la historia y la
antropología han sostenido recurrentes diálogos sin entendimiento.2 Por
otro lado, en diferentes tiempos y locaciones, importantes practicantes de
estos dos saberes han remarcado sus puntos clave de convergencia, al mis-
mo tiempo que han resaltado la necesidad de cruzar fronteras y tender
puentes entre las fronteras que los separan; asimismo, durante las tres úl-
timas décadas, el intercambio entre estas dos maneras de investigar, ha
adquirido nuevos propósitos en los estudios teóricos y empíricos. Estas
conjunciones han traído consigo una serie de consideraciones clave sobre
la historia de la antropología y la antropología de la historia. Esto ha puesto
en juego una seria revisión de los estatus y pretensiones de las dos discipli-
nas, lo cual incluye la emergencia de una bestia distinta, una criatura inno-
vadora, llamada antropología histórica.3
¿Cómo, entonces, debemos entender la antropología histórica? ¿Es
acaso una forma de conocimiento que implica principalmente la investiga-
ción de archivo y el trabajo de campo, ambos procedimientos ya conocidos
y prefigurados?, ¿se trata de protocolos que, uno tras otro, encuentran una
combinación productiva en este terreno interdisciplinario? ¿Es la antropo-

1 Utilizo el término antropología para referirme a la antropología social y cultural en su sentido


más amplio. También me refiero con este término a los trabajos de sociología de India que han
sido apoyados desde consideraciones etnográficas. Etnografía es un término utilizado para refe-
rirnos, de un modo cómodo, a las prácticas de la antropología social y cultural. Este texto fue
traducido por Lucía Cirianni.
2 Esto se refleja especialmente en la manera en la que ciertas declaraciones, por demás obvias,
concernientes a la historia y la antropología, se convirtieron en leitmotivs para discutir la disci-
plina propia y la del otro. Tales declaraciones incluyen la postura de Maitland sobre que, “antes
de lo esperado, la antropología contemplará la alternativa de convertirse en historia o en nada”;
la afirmación de Radcliffe-Brown de que la mayor parte de la historia “no explica nada en abso-
luto”; y la negativa de Trevor-Roper para hacer una historia de África que no considere la pre-
sencia europea en este continente, o una de la América precolombina, por considerarla una
“enorme oscuridad”, que nunca podría ser un “tema de corte histórico”. Para más detalles sobre
las dificultades de conducir discusiones bajo estos argumentos, usualmente citados fuera de
contexto, véase S. Krech III, “The State of Ethnohistory”, Annual Review of Anthropology, vol. 20,
1991, pp. 345-346.
3 A su vez, esto incluye el cuidadoso cuestionamiento de las celebraciones contemporáneas de las
nuevas vías interdisciplinarias —ésas del “giro antropológico” de la historia y del “giro histórico”
en la antropología— como insuficientemente conceptualizadas.
9 Historia, sociedad y política en India contemporánea

logía histórica sólo una investigación que conjuga metodologías y técnicas


de dos disciplinas que se dan por hechas? Como Brian Axel argumentó,

[...] entre toda esta enérgica actividad que busca probar y vislumbrar
cómo la historia y la antropología pueden usar la una las técnicas de la
otra (y así, supuestamente, constituir una antropología histórica), lo que
generalmente se pasa de largo es la presunción de que la historia y la
antropología son de suyo ya completas. Aquí veremos tal presunción
como un problema —y un problema conducente a la forma común de
considerar a la antropología histórica como un ejemplo de diálogo entre
historia y antropología.4

Mis propios esfuerzos implican una aproximación a la antropología


histórica que reconsidera a sus disciplinas constitutivas y a su interacción
en general. Hacer esto significa hacer más que rastrear el “diálogo” entre
antropología e historia: es, en su lugar, considerar sus reformulaciones
críticas y renovaciones mutuas, que apuntan tanto a disposiciones con-
vergentes como a articulaciones divergentes.5 Esto también quiere decir
que las implicaciones compartidas por la antropología y la historia están
fundadas en presupuestos comunes y en rechazos mutuos, genealogías
disciplinarias que tienen un origen profundo y grandes implicaciones
dentro de los mundos sociales. Al examinar tales principios recíprocos, y

4 B. K. Axel, “Introduction: Historical Anthropology and its Vicissitudes”, From the Margins: His-
torical Anthropology and its Futures, Durham, Duke University Press, 2002, p. 13.
5 Evidentemente, este capítulo y los siguientes no representan un mero resumen del diálogo entre
antropología e historia en la educación en el Sur de Asia. Al mismo tiempo, busco expandir la
noción del diálogo disciplinario y su falta de acuerdo por medio de consideraciones críticas
sobre la antropología y la historia. Esto también significa que mis esfuerzos alcanzan y extienden
el énfasis hecho en muchas de las discusiones más influyentes acerca de la participación mutua
entre antropología e historia, incluidas en textos que deberían ser de interés para los lectores. B.
K. Axel, op. cit.; S. Mathur, “History and Anthropology in South Asia: Rethinking the Archive”,
Annual Review of Anthropology, vol. 29, 2000, pp. 89-106; J. Kelly y M. Kaplan, “History, Struc-
ture and Ritual”, Annual Review of Anthropology, vol. 19, 1990, pp. 119-150; P. Pels, “The An-
thropology of Colonialism: Culture, History and the Emergence of Western Governmentality”,
Annual Review of Anthropology, vol. 26, 1997, pp. 163-183; A. L. Stoler y F. Cooper, “Between
Metropole and Colony: Rethinking a Research Agenda”, Tensions of Empire: Colonial Cultures
in a Bourgeois World, Berkeley, University of California Press, 1997, pp. 1-56; J. D. Faubion,
“History in Anthropology”, Annual Review of Anthropology, vol. 22, 1993, pp. 35-54; S. Krech
III, op. cit., y J. Comaroff y J. Comaroff, Ethnography and the Historical Imagination, Boulder,
Westview Press, 1992.
10 Historia, sociedad y política en India contemporánea

al ganar conocimiento del tiempo y espacio como factores que sostienen


tanto a la historia como a la antropología, busco examinar el día-a-día de
la antropología y de la historia, así como presentar las consecuencias,
en un sentido general, de la comunión y la convivencia de estos modos
de investigación.
Ahora bien, en términos de la organización de estas dos disciplinas en
lo que concierne a India (y a México y a América Latina en general) y en
términos de la organización de estas disciplinas, eso que he venido llaman-
do antropología histórica se muestra aquí como una forma de investigación
académica vagamente demarcada. Este hecho tiene sus propias genealogías,
mismas que se mueven entre especializaciones disciplinarias y articulacio-
nes espaciotemporales poco estables. El punto clave ahora es que, en años
recientes, y gracias al hecho de que antropólogos e historiadores se han
tomado el tiempo de repensar su teoría, método y perspectiva, los mate-
riales de archivo han sido leídos a través de filtros antropológicos y el
trabajo de campo se ha atado a la imaginación histórica. Esto ha abierto
significativamente una serie de cuestionamientos acerca de la naturaleza
de los conceptos “archivo” y “campo”. Las agendas antropológicas se han
uncido también a los recuentos históricos de la superposición del sentido
y la práctica. Los discernimientos históricos han dotado a las exploraciones
etnográficas de información acerca de la relación entre cultura y poder.
Tal combinación ha producido narrativas híbridas; así, si lo extraño se
vuelve familiar y si se accede a lo familiar como algo extraño, tenemos la
fórmula perfecta para desestabilizar nuestras nociones de extrañeza y fa-
miliaridad con respecto a mundos históricos y contemporáneos. Aunque
tales desarrollos no siempre han sido de un mismo tipo, las posibilidades
críticas que resultan de ellos se muestran como íntimamente informativas
para lo que viene. De hecho, el carácter personal de la narración que ofrez-
co a continuación revela, en el corazón mismo de esta plática, algunos de
los aspectos sobre cómo he llegado a entender las disciplinas y sus temas,
su espacio y su tiempo.
Hijo de antropólogos, crecí en Sagar (en India Central), Delhi (Vieja y
Nueva), y en Shimla (al norte de India). Mis años de formación se vieron
afectados con un persistente sentimiento particular acerca de cómo los te-
rrenos (o tiempos/espacios) de lo “vernáculo” y lo “cosmopolita” muy a
menudo se empalmaban entre sí únicamente de maneras caprichosas, in-
11 Historia, sociedad y política en India contemporánea

usuales y hasta contradictorias. Poco después, en una búsqueda vocacional


mediante la docencia y la investigación, me formé como historiador pero
con una inclinación hacia la antropología, especialmente porque me curtí
como preaprendiz de académico en la empresa de los estudios subalternos.
(Como muchos de ustedes ya lo saben, los estudios subalternos formaban
una tendencia historiográfica que buscaba poner en primer plano el lugar
de los temas subordinados y subalternos para el entendimiento de la histo-
ria y la sociedad).
Al graduarme (con honores) de mis estudios profesionales de historia,
en St. Stephen’s College, en Delhi, mis camaradas y yo participamos acti-
vamente de la emoción intelectual que acompañó el surgimiento de los
estudios subalternos. Poco después, mientras buscábamos una maestría
en historia, también en la Universidad de Delhi, los debates y confusio-
nes surgidos de ellos durante esos tiempos condujeron, sobre la marcha, a
un mayor compromiso crítico con una gran variedad de ideas historiográ-
ficas y teóricas. Entonces, aun cuando los estudios subalternos apuntaban
con energía hacia nuevas direcciones históricas, su tarea también privi-
legiaba los momentos de abiertas rebeliones subalternas en contra de las
negociaciones de poder que se mostraban rutinariamente al interior del
grupo. Esto último, a su vez, propiciaba, dentro del proyecto, una serie
de breves e inadecuadas articulaciones sobre cultura y consciencia, religión
y casta.
No sorprende que, al buscar un tema de investigación para mi maes-
tría en historia, también en la Universidad de Delhi, encontrara intere-
sante estudiar la conducta de resistencia en un lenguaje religioso. Espe-
cíficamente, quería rescatar tales negociaciones y enfrentamientos a la
autoridad desde su ser subordinados —como insustanciales, incluso
epifenoménicos— hasta sus determinaciones subyacentes de imperativos
infinitamente económicos y/o posiciones políticas, principalmente pro-
gresistas, que abundaban en las historias heroicas de la época. Más bien,
lo que estaba en juego era la forma en que las instituciones y los imagi-
narios de la casta, las prácticas y los procesos de la religión (en este caso,
el hinduismo dominante y popular) podían, de manera importante, es-
tructurar y dar forma a las acciones y expresiones de las comunidades
subordinadas.
12 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Me encontré con un objeto de estudio: una casta-secta herética e “in-


tocable”, los satnamis de Chhattisgarh. El amparo de mis padres resultó
muy importante aquí, pues, mucho tiempo atrás, ambos habían hecho sus
investigaciones doctorales en esta enorme región cultural y lingüística del
centro de la India.
En el camino hacia una historia social de los satnamis para mi tesis de
maestría se revelaron, de maneras inestables pero insistentes, las poten-
cialidades y los problemas de los estudios subalternos en cuanto a las
temporalidades. Por una parte, los análisis al interior de la empresa colo-
caban las acciones y los entendimientos de estos grupos como completa-
mente contemporáneos, formativamente coetáneos del tiempo-espacio de
la colonia británica y la nación india. Por otra parte, las sensibilidades
de un paternalismo recuperativo (junto con los procedimientos de un
estilo académico dedicado a la salvación) significaban que al interior del
proyecto los significados y los motivos de estos pueblos aparecían tami-
zados por la distinción directriz entre comunidad y Estado. Los subalter-
nos habitaban igualmente un distintivo tiempo previo/a priori que giraba
en torno a una tradición implícitamente inmutable, marcada por un es-
pacio pasivo, moldeada por la mano muerta de la cultura dominante. Por
lo tanto, era sólo cuando estos grupos subordinados reivindicaban la
“esencia” de sus iniciativas en forma de insurgencia, momento expresivo
autónomo y verdaderamente emancipador que involucra una “revocación
prescriptiva” dirigida a la completa subversión y eliminación de la insig-
nia de subalternidad, que emergieron como pertenecientes a la vanguardia
del escenario temporal de la política moderna.
Por supuesto, yo no experimenté ni expresé las cosas de ese modo, pero
me perseguía la intuición de la incertidumbre, algo así como la sombra de
una presencia. De hecho, lejos de ser incapacitante, la ambigüedad fue
productiva. Era un signo de los tiempos: la tensión era fructífera. Ahora
bien, a la par de otras tendencias teóricas, me involucré críticamente con
los estudios subalternos con el fin de aprovechar sus aportaciones previas,
que colocaban a los protagonistas desposeídos como elementos formativos
en la historia a la vez que cuestionaban sus últimos énfasis, que presenta-
ban a estos sujetos como inciertamente fuera del tiempo.
Así, al explorar las concepciones satnamis del pasado, centradas en sus
gurús o preceptores, hallé en los mitos orales del grupo una modalidad de
13 Historia, sociedad y política en India contemporánea

conciencia histórica que elaboraba distintas convenciones. En ellas se en-


contraban procedimientos y resultados que accedían y excedían, a su modo,
tanto las configuraciones lideradas por autoridades brahmánicas y las de
la devoción popular, como las representaciones imperiales y nacionalistas.
Dicho simplemente, las historias de los satnamis eran completamente
coetáneas de la historiografía moderna, de manera que incluso reflejaban
las presunciones de ésta, más que constituir una excepción exótica más,
como dictaban los imperativos de una temporalidad jerárquica pero sin-
gular. De modo similar, al enfocarme en la justicia colonial y en las dispu-
tas aldeanas de la región de Chhattisgarh, lo que emergió fueron las con-
versaciones en disputa, las imbricaciones mutuas y los enfrentamientos
formativos entre la ley y el orden modernos y las legalidades e ilegalidades
populares. Es decir, lejos de ser una oposición indolente entre procesos de
disputa de la gente y reglas judiciales-occidentales, que segregan estos
terrenos temporal y espacialmente, se ponían en juego los enredos ince-
santes entre las normas cotidianas, los deseos familiares y las patologías
extranjeras.
En retrospectiva, estaba explorando los procesos que trenzaban el
tiempo, el espacio y sus imbricaciones. En ese momento, sin embargo,
había más interés en, por ejemplo, la absoluta e incluso aritmética antino-
mia entre la elite y los subalternos. Entonces, vistos a través de los filtros
de los patricios y plebeyos en la Inglaterra del siglo XVIII (i. e., del trabajo de
E. P. Thompson) o a través de la conciencia de los estudios sobre los escla-
vos afroamericanos en el sur de los Estados Unidos (como los planteados
por Eugene Genovese o por Lawrence Levine); a partir de esas lecturas,
decía, esta oposición al interior de los estudios subalternos encuadraba la
creación de lo subalterno y la elite como procesos relacionales, hecho que,
incluso, causaba problemas para la formación de clases, comunidades y
géneros. Más aún, parecía que existía una vacilación entre privilegiar los
códigos elementales, o estructuras subyacentes, que guiaban la acción y la
insurgencia subalternas por un lado, y una celebración un tanto ingenua
de su propia capacidad libre de acción, o autonomía, por el otro. Tras ana-
lizarla por medio de debates sobre la relación entre la capacidad de acción
y la estructura, especialmente como lo expresan los trabajos de Philip
Abram, Pierre Bordieu y Anthony Giddens, tal fluctuación se mostraba
analíticamente inadecuada, profundamente problemática y generalmente
14 Historia, sociedad y política en India contemporánea

improductiva. Lo que quiero decir con esto es que estas sencillas oposicio-
nes y esta analítica ambivalente traían consigo grandes implicaciones.
Aunque esta idea resulta apenas esbozada al plantearla de este modo, re-
sultaba difícil no sentir una inquietud persistente y latente hacia estas in-
cómodas determinaciones de un tiempo único y jerárquico (mismo que
indicaba una construcción antinómica de los espacios sociales) dentro de
los estudios subalternos.6
Así, era de esperarse que para mi investigación doctoral en la Univer-
sidad de Cambridge y para el libro basado en ella, buscara establecer un
diálogo entre los estudios subalternos, la antropología histórica y lo “co-
tidiano” como perspectiva crítica, al mismo tiempo que seguía con mi
investigación sobre los satnami. Para hacer el cuento corto, entre muchas
otras cosas, muchos encuentros críticos y confusiones contingentes me
indicaron el inmenso poder codificado en los signos y los símbolos, las
metáforas y los mapeos, y las prácticas y persuasiones del gobierno y el
Estado; tal autoridad estructuraba crucialmente los imaginarios y las em-
presas de sectas y subalternos, castas y comunidades. Puesta de un modo
simple, mi investigación se convirtió en una óptica y un señalamiento
hacia la formidable participación y la interpenetración crítica de los em-
blemas del Estado, o poder gubernamental, y las formas de vida subalter-
na y en comunidad. En las tradiciones dominantes en la antropología y la
historia del Sur de Asia precisamente se habían dejado de lado esas pro-
blemáticas. Lo que se ponía en juego eran los procedimientos de espacia-
lización del tiempo y de temporalización del espacio que servían para
separar lo subalterno del Estado, la comunidad de la historia, la tradición
de la modernidad y la emoción de la razón como si formaran espacios
distintos mediante la suposición de una temporalidad exclusiva. Por su-
puesto, nada de esto me parecía una revelación brillante. Más bien, estas
intuiciones se desenvolvían poco a poco, parte a parte.
De hecho, muchas de estas cuestiones se aclararon poco a poco cuan-
do entré al Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México
a mediados de los noventa. A partir de entonces, me percaté de que los
mundos de América Latina, Asia y África pasaban por filtros de espacio

6 Admito no considerar en absoluto al espacio de manera crítica ni las ideas que flotaban en el aire,
excepto por Bordieu.
15 Historia, sociedad y política en India contemporánea

y tiempo muy particulares y algo peculiares. Esto se comprobaba en las


arenas cotidianas y en los espacios académicos. Con una América Latina
mestiza que se balanceaba inciertamente aunque con prontitud en la se-
mejanza con un Occidente moderno cosificado; la otredad temporal y
social y la diferencia espacio-cultural de Asia y África, trabajadas en con-
junto, significaban una marca encantadora, algo bello; pero su “pobre
desarrollo” político y económico, que implicaba un retraso temporal,
también constituía un retraso histórico, una distinción espacial, una falta
de modernidad y una inferioridad social tangible, algo feo.7 Al pensar
estas distinciones espacio-temporales, emprendí una serie de escritos
fundamentales sobre (y hechos desde) el sur del río Grande; al buscar la
yuxtaposición y la conexión de las ideas críticas sobre América Latina y
sobre el Sur de Asia y al elaborar nuevas investigaciones sobre las conver-
siones coloniales y el arte subalterno, ¿qué creen que sucedió? Esto es lo
que pasó: las relaciones entre modernidad, historia y antropología —al-
rededor de la Ilustración y el imperio, la razón y la raza, y las colonias
(establecidas y no establecidas) y las naciones (nuevas y antiguas)— sur-
gieron como zonas de conversación pertinentes.
Como indiqué antes, las conversaciones entre antropología e historia
suelen concebir a éstas como dos disciplinas distintas. Pero las problemá-
ticas comunes a la historia y la antropología son, en no menor medida,
producto de suposiciones comunes y rechazos mutuos que tienen raíces
profundas y amplias implicaciones fundadas en los mundos de la moder-
nidad. Por un lado, ni el tiempo ni la temporalidad son prerrogativas ex-
clusivas del historiador, pues ambas encuentran una diversidad de confi-
guraciones en la práctica antropológica. De hecho, la etnografía ha
logrado expandir la naturaleza del tiempo y la temporalidad, que se daba
por sentada. No obstante, la etnografía también ha segregado estas cate-
gorías hacia los distintos dominios del mito y de la modernidad, imbuyen-
do a las primeras de una significación estática. Por otro lado, es posible
que los conceptos de cultura y tradición hayan reforzado a la antropolo-
gía, pero al mismo tiempo también han estado presentes de modos va-
riados, y de modo especial, en los trabajos escritos de historia como
nociones recibidas y como dispositivos de comprensión y explicación

7 En español en el original. (N. de la trad.)


16 Historia, sociedad y política en India contemporánea

dados. Al funcionar como términos cómodos para las narrativas históri-


cas, la cultura y la tradición han traído consigo connotaciones en dispu-
ta a través de algunas proyecciones particulares de la acción histórica.
Estos problemas merecen un análisis más detallado que incluya un examen
de los principios de apoyo recíprocos entre historia y antropología. En esta
presentación, me enfocaré, primero, en las cuestiones del tiempo y en los
problemas de la cultura antes de voltear brevemente hacia ciertas diver-
gencias sobre la antropología histórica. Esto enfatiza que mi esfuerzo se
centrará en discutir las formas del conocimiento moderno sobre la antro-
pología y la historia que señalen los atributos cruciales de los procedimien-
tos de la modernidad, especialmente sus articulaciones antinómicas de
tiempo-espacio que refuerzan los temas disciplinarios.
Desde hace mucho tiempo, los presupuestos antropológicos han mos-
trado una variedad de posturas hacia los problemas de la temporalidad y la
historia, mismas que van desde una indiferencia voluntaria y una omisión
incómoda hasta ambivalencias formativas y contradicciones constitutivas.
No obstante, el concepto mismo del tiempo nunca ha estado ausente en
tales comprensiones. Actualmente hay un reconocimiento generalizado de
la violencia epistémica que participó en el nacimiento y el desarrollo de la
antropología moderna; ahí se habrían de encontrar secuencias temporales,
basadas en los principios evolutivos y presupuestos raciales, que proyectaban
etapas jerárquicas en el desarrollo de las civilizaciones, las sociedades y los
pueblos. Al mismo tiempo, es importante preguntarse si tal mapeo evolu-
tivo (de orden jerárquico) de las culturas y sociedades —mismos que versan
sobre lo “salvaje” y lo “primitivo”— fue extirpado de los programas de es-
tudio con el surgimiento de la antropología “científica” basada en el trabajo
de campo, durante la primera mitad del siglo XX.
Primero que nada, la aparente ruptura de la antropología funcionalis-
ta y la estructural-funcionalista, con los principios evolucionistas (difu-
sión-istas) en razón de sus procedimientos especulativos, tuvo conse-
cuencias más profundas. En no menor medida, esto implicaba un recelo
hacia un cuestionamiento sobre la historia como tal al interior de la dis-
ciplina antropológica.8 Así, la práctica de la antropología podía proceder

8 Distingo entre “funcionalismo” (de Malinowski) y “funcionalismo estructural” (de Radcliffe-


Brown) como procedimientos analíticos, pero también considero en conjunto las orientaciones
17 Historia, sociedad y política en India contemporánea

diferenciándose de los trabajos de historia. Como segundo punto, estas


tendencias se conjugaban con la influencia de la sociología durkheimiana
en la formación de las ideas estructural-funcionalistas. Tales conjunciones
condujeron hacia las presuposiciones comunes de que los arreglos sociales9
resultaban más fácilmente comprensibles al ser abstraídos de sus transfor-
maciones históricas. Este pensamiento produjo y se basó en oposiciones
analíticas entre “sincronía” y “diacronía” o entre lo “estático” y lo “dinámi-
co”; en cada uno de estos pares, el primer término resultaba privilegiado
sobre el segundo cuando se trataba del objeto de la antropología. En tercer
lugar, estos énfasis estaban ligados, a su vez, a predilecciones antropológi-
cas generalizadas por la búsqueda de continuidad y consenso, más que de
cambio y conflicto, dentro de las sociedades estudiadas. En cuarto lugar,
la ambivalencia hacia las dimensiones temporales de la estructura y la
cultura al interior de la antropología estaba implícitamente fundada en
las amplias diferencias entre las sociedades occidentales basadas en la
historia y la razón, por un lado, y culturas no occidentales, sostenidas por
el mito y el rito, por el otro.10 En quinto lugar, esto llevó a forjar la idea
tendenciosa de una “tradición” perenne mediante presuposiciones sobre
un “presente etnográfico” duradero. Como sexto punto, tales presuncio-
nes intrusivas siempre han separado puntualmente el tiempo dinámico
de la sociedad del etnógrafo de la temporalidad estática de los objetos
antropológicos.11 En séptimo y último lugar, en algunas orientaciones

que estas tradiciones comparten hacia la temporalidad en la práctica antropológica. Véanse B.


Malinowski, Argonauts of the Western Pacific: An Account of Native Adventures in the Archipela-
goes of Melanesian New Guinea, Londres, Routledge, 1922; A. R. Radcliffe-Brown, Structure and
Function in Primitive Society, Glencoe, Free Press, 1952; S. N. Eisenstadt, “Functionalist Analysis
in Anthropology and Sociology: An Interpretive Essay”, Annual Review of Anthropology, vol. 19,
1990, pp. 243-244; A. Kuper, Anthropologists and Anthropology: The British School 1922-1972,
Londres, Allen Lane, 1973, pp. 92-109; J. Vincent, Anthropology and Politics: Visions, Traditions
and Trends, Tucson, University of Arizona Press, 1990, pp. 155-171, y G. Stocking, Jr., After Tylor:
British Social Anthropology 1888-1951, Madison, University of Wisconsin Press, 1995, pp. 233-441.
9 Societal, que apunta hacia una relación de fuerzas o poder al interior de la sociedad, frente a
social, que apunta hacia una relación de iguales o, por lo menos, más equilibrada.
10 Esta discusión trae a cuento otros argumentos encontrados en gran variedad de compromisos
críticos con los análisis funcionalistas —por lo menos desde la década de los cincuenta. Más
que proveer numerosas citas, baste decir que mis críticas serían ampliamente aceptadas por la
antropología crítica hoy en día.
11 Tanto el trabajo antropológico como el histórico pueden marcar una separación tan definitiva
entre el principalmente dinámico tiempo antropológico de los sujetos de Occidente y la relati-
18 Historia, sociedad y política en India contemporánea

etnográficas muy generalizadas, el cambio y la transformación llegan a las


estructuras nativas en formas exógenas.
Todos estos puntos tienen sus ramificaciones críticas. Johannes Fabian
ha señalado las formas repetitivas en las que la investigación antropológi-
ca ha considerado a su objeto de estudio como lo “irremediablemente otro”
a través de medidas que recurren a la temporalidad: el objeto etnográfico
niega la “coetaneidad del tiempo” con el instante del sujeto antropológico.12
En otras palabras, el sujeto (que observa) y el objeto (que es observado)
están precisamente separados por el tiempo de modo tal que ambos viven
en “temporalidades distintas”: el tiempo histórico del primero siempre
adelante del tiempo mítico del segundo. Así, esta división temporal se ha
traducido en que tanto los objetos antropológicos como la práctica etno-
gráfica han emergido como algo que está afuera del tiempo, aunque de
maneras ambivalentes y disyuntivas. Por un lado, las dimensiones tempo-
rales de los trabajos antropológicos se han borrado por la superposición
tanto del presupuesto tiempo del sujeto moderno como del tiempo obje-
tivo del conocimiento científico. Por otro, la temporalidad de los Otros de
la antropología —su tiempo/intemporalidad— sólo podía surgir como
algo externo y atrasado respecto al tiempo de la escritura etnográfica.13
Todo esto ha definido el “lugar del salvaje” y el “nicho nativo” de la antro-
pología como conceptos constitutivos de esta disciplina.14 Lejos de ser
espectros del pasado ahora desvanecidos por los análisis críticos, los re-
sultados de estos entendimientos siguen con nosotros —en la India y en

vamente temporalidad estática de los pueblos no occidentales. Por ejemplo, para abordar el tema
de la importancia crítica de las declaraciones de Cohn para la formación histórica, véase H.
Medick, “‘Missionaries in the Rowboat’? Ethnological Ways of Knowing as a Challenge to Social
History”, The History of Everyday Life: Reconstructing Historical Experiences and Ways of Life,
Princeton, Princeton University Press, 1995, pp. 41-71.
12 J. Fabian, Time and the Other: How Anthropology Makes its Object, Nueva York, Columbia Univer-
sity Press, 1983. Véase también J. Comaroff y J. Comaroff, op. cit.; y N. Thomas, Out of Time:
History and Evolution in Anthropological Discourse, Ann Arbor, University of Michigan Press, 1996.
13 Aquí me extiendo y me comprometo con los argumentos críticos de J. Fabian, op. cit.
14 Sobre la noción del “lugar silvestre” de la antropología, véase M. R. Trouillot, “Anthropolo-
gy and the Savage Slot: The Poetics and Politics of the Otherness”, Recapturing Anthropology:
Working in the Present, Santa Fe, School of American Research Press, c. 1991, pp. 17-44.
Sobre el “nicho nativo” de esta disciplina, véase S. Dube, Stitches on Time: Colonial Textures
and Postcolonial Tangles, Durham, Duke University Press, 2004.
19 Historia, sociedad y política en India contemporánea

México, en el Sur de Asia y en América Latina— ampliamente diseminados


en los terrenos cotidianos de académicos, sujetos, ciudadanos y Estados.
Por supuesto, nada de esto niega que tales esquemas hayan encontrado
controversias y excepciones al interior de la antropología (y la historia).
He explorado estos temas en otros trabajos, y ahora los dejo aquí para la
discusión. El punto principal es éste: que las presuposiciones constitutivas
y los procedimientos concernientes a lo temporal y lo espacial al interior
de las disciplinas no son, pues, puramente disciplinarios. Más bien, estas
presuposiciones sugieren proyecciones “metageográficas”. Al acudir al
tiempo y al espacio, tales proyecciones se basan en visiones desarrollistas
de la historia que son académicas y cotidianas, eruditas y del día a día. Con
autoridad, aunque ambiguas, estas visiones moldean mundos sociales en
terrenos encantados por la tradición y en dominios desencantados por la
modernidad.
Así, está en juego nada menos que el orden jerárquico del tiempo y el
espacio como parte de una interacción a muchos niveles entre conocimien-
to moderno, entendimientos antropológicos, planos históricos y sus confi-
guraciones cotidianas. En conjunto, nos encontramos cara a cara, ¿con qué?
Repito: con un tiempo jerárquico singular y con espacios antinómicos di-
vididos. Piensen en la forma en la que los patrones de la historia y los dise-
ños culturales han sido comprendidos en el pasado y el presente, mediante
imponentes oposiciones entre comunidades estáticas encantadas y socie-
dades modernas dinámicas. Éstas constituyen los encantamientos y oposi-
ciones de la modernidad, mismos que han desempeñado un papel realmen-
te importante en el mapeo y el molde de los mundos sociales.
Al afirmar esto, soy consciente de las tendencias opuestas que se han
presentado durante la formación del conocimiento moderno. Estas orien-
taciones controversiales se han descrito como racionalismo e historicismo,
de lo analítico y lo hermenéutico, lo progresista y lo romántico. Resulta
crucial localizar la frecuente combinación, en la práctica, de estas tenden-
cias para rastrear las contradicciones y polémicas y las ambivalencias y los
excesos del conocimiento(s) moderno(s). En conjunto, estas expresiones
simultáneas revelan que los términos de la modernidad han estado asidua-
mente conectados, pero que también están desarticulados con ellos mis-
mos. Una vez anotadas estas cuestiones para su discusión, permítanme
continuar con los problemas de la historia.
20 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Antes señalé que, del mismo modo que el tiempo y la temporalidad se


han presentado de formas distintas en el corazón de la antropología, tam-
bién los trabajos de historia han involucrado presupuestos sobre la cultu-
ra y la tradición. Así, como la antropología, la labor histórica ha estado
profundamente moldeada por las oposiciones jerárquicas de modernidad,
aun cuando ella misma ha señalado seriamente las problemáticas y las
contradicciones del conocimiento moderno.
Primero que nada, los procesos de institucionalización de la discipli-
na histórica en el mundo euroamericano en el siglo XIX —tanto como sus
antecedentes significativos— implicaban que la labor histórica emergió
portando la bandera de la nación. La disciplina de la historia no sólo se
mostraba frecuentemente, interminablemente y etnocéntricamente mi-
rando hacia sí misma, sino que estaba moldeada por agudas distinciones
entre los pueblos y las naciones civilizadas y retrasadas. Segundo, de esto
se desprendía que, en los terrenos occidentales de discusión, los relativa-
mente escasos recuentos históricos que trataban sobre territorios distan-
tes, generalmente coloniales, a menudo presentaban tales pasados como
notas al pie y apéndices a la historia de Europa. Tercero, estas historias,
comprendidas desde los países colonizados y las naciones recientemente
independientes, eran a su vez pensadas a imagen de un Occidente progre-
sista, aunque al mismo tiempo se reservaban las jerarquías y oposiciones
de una modernidad exclusiva para sus propios propósitos.15 El cuarto y
último asunto es que algunas vertientes importantes de la labor histórica
podrían expresar impulsos hermenéuticos, historicistas o contrailustrados,
pero su relación con una modernidad occidental jerárquica y exclusiva
era un arma de dos filos. Tales historias articulaban de forma importante
las nociones de cultura, de tradición, de volk (folk o pueblo), y general-
mente la de nación, hacia un cuestionamiento crítico de la razón engran-
decida que ellas mismas consideraban como el leitmotiv de la Ilustración.

15 Sobre este tema, véase D. Chakrabarty, “Postcoloniality and the Artifice of History: Who Speaks
for ‘Indian’ Pasts?”, Representations, no. 37, 1992, pp. 1-26; F. Cooper, “Conflict and Connection:
Rethinking Colonial African History”, American Historical Review, vol. 99, no. 5, 1994, pp. 1516-
1545, y S. Sarkar, Writing Social History, Nueva Delhi, Oxford University Press, 1997, pp. 30-42.
Véase también, G. Prakash, “Subaltern Studies as Postcolonial Criticism”, American Historical
Review, vol. 99, 1994, pp. 1475-1494. Aunque con excepciones, los trabajos de Cooper y Sarkar
apoyan mis declaraciones.
21 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Por otra parte, tales articulaciones de tendencias hermenéuticas, histo-


ricistas y contrailustradas no pudieron escapar por sí mismas de los es-
quemas desarrollistas de una historia de cierta forma singular y centrada
en Europa.
Esto me trae de vuelta hacia la antropología histórica. Gran parte del
énfasis que he hecho hasta ahora ha surgido de las mismas expresiones
críticas de la historia, la antropología y la antropología histórica compren-
didas de un modo lato. Me gustaría trazar tres fases distintas del surgi-
miento de la antropología histórica. La primera de ellas duró desde me-
diados de los setenta hasta finales de los ochenta. Configurada por los
renovados acentos en la práctica y el proceso, preocupada por los sujetos
actuantes y la dominación social y algunas veces influida por la política
económica marxista, esta etapa conoció la publicación de los trabajos de,
por ejemplo, June Nash, Michael Taussig, Renato Rosaldo, David Warren
Sabean y Nicholas Dirks. Al tiempo que Bernard Cohn seguía con su tra-
bajo previo, incluso Marshall Sahlins recurrió al archivo en Islands of
History. Éstos son únicamente breves ejemplos ilustrativos. Trabajos como
el de Jean Comaroff en Body of Power, Spirit of Resistance, y el libro de
Taussig, Shamanism, Colonialism, and the Wild Man, se pueden considerar
una especie de puente entre la primera y una segunda etapa.
En esta segunda fase, los acentos puestos sobre el proceso y la práctica,
el sujeto y la agencia, se complementaban con nuevas consideraciones
sobre la interacción entre cultura y poder, especialmente como se desta-
caba en el trabajo de Michel Foucault. En esta etapa también se habrían de
encontrar conversaciones cruciales de la antropología, la historia y la
antropología histórica con las perspectivas poscoloniales, los estudios
subalternos y la teoría crítica, entre otras orientaciones. Ahora bien, las
culturas coloniales, el evangelismo imperial, las naciones y los nacionalis-
mos, y las comunidades y sus historias fueron examinadas críticamente
por incorporar una autoridad que implicaba autoridad como alteridad y
significado y como poder. Algunos ejemplos, entre muchos, sobre este
tema incluyen: de la primera generación, Of Revelation and Revolution de
John y Jean Comaroff; Joanne Rappaport escribió Cumbe Reborn, y Frede-
rick Cooper y Ann Stoler editaron Tensions of Empire; de una generación
más joven tenemos The Nation’s Tortured Body, escrito por Brian Axel;
Hybrid Histories, de Ajay Skaria, y mi propio Untouchable Pasts.
22 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La actual y tercera etapa, que puede considerarse que empezó durante


los primeros años del siglo XXI, trabaja sobre la base del énfasis que se ha
puesto en la antropología histórica. Al mismo tiempo, ahora hallamos una
reflexividad crítica sobre las historias y las antropologías de las disciplinas
mismas, así como un sutil involucramiento con la teoría social y la filosofía
política. Así, por ejemplo, encontramos estudios religiosos que, más que
recuentos de creencias lejanas, son movimientos hacia etnografías del cris-
tianismo que resultan igualmente antropologías de lo secular. De hecho,
más que darles una lista de los trabajos que han marcado esta tercera etapa,
voy a decir que si las academias mexicana e india emprendieran, a su ma-
nera, los retos marcados por la antropología histórica, podría haber muchas
ganancias cruciales. Y es que no sólo están en juego los nuevos estudios
sobre el imperio y la nación, la modernidad y el neoliberalismo, fronteras
y diásporas,16 política y religión, culturas públicas y ansiedades guberna-
mentales. Más bien, están en juego los presupuestos sobre cómo los regí-
menes modernos del Estado, la nación y la burocracia han dado forma a
las disciplinas, incluyendo la historia, la antropología y la antropología
histórica. En otras palabras, actualmente está en juego el porqué y el cómo
los archivos, los campos y las disciplinas se organizan de tal o cual modo,
es decir, está en juego su naturaleza misma. Según mi entendimiento, la
antropología histórica puede hacer que nos detengamos a preguntarnos:
¿acaso la antropología contemporánea no debería apartarse de la diferencia
interminablemente postergada de una tradición recursiva para convertirse
en el estudio de los temas de la modernidad, mismos que incluyen a los
sujetos modernos?; ¿acaso la historia crítica no debería alejarse de la mis-
midad rutinaria del sujeto moderno para, en su lugar, explorar la presencia
de temporalidades heterogéneas pero coetáneas en los mundos de la mo-
dernidad y en muchos otros?; ¿qué queremos decir exactamente con “an-
tropología” e “historia” y por qué decidimos estudiarlas?
Al final, es propio que me lleve a casa tales preguntas. Para hacerlo, debo
volver la mirada hacia los principales modos en que los términos de la
modernidad se han discutido en América Latina. Mi apuesta es por desta-
car los lineamientos de una academia en la que actualmente circulan mis
deliberaciones. Una descripción breve, más que un recuento exhaustivo.

16 En español en el original. (N. de la trad.)


23 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Considerado tanto un paso existencial como analítico, tal movimiento


está fundado en esta apuesta particular. Aunque es importante que apren-
damos algo sobre la India, tal como lo anuncia este evento, también hay
otros Méxicos y otras Américas Latinas en una academia crítica. Estos
terrenos tienen mucho que dar, especialmente ahora que las disciplinas y
la modernidad en América Latina se han encontrado a menudo en sende-
ros ya dados, de tal forma que se vuelcan sobre sí mismas. En otras palabras,
y desde Merlau-Ponty, pregunto: ¿dónde estamos?, ¿qué tiempo es éste?
Los indicios de la modernidad han perseguido por mucho tiempo a
América Latina, generalmente reflejando los fantasmas de una Europa
cosificada aunque tangible. Frecuentemente, esta región se ha proyectado,
incierta pero prontamente, como parte del mundo occidental, aunque con
ciertas carencias específicas y dentro de límites particulares. Todo esto es
un resultado de los mapeos17 dominantes y de las “metageografías” auto-
ritarias que han separado al mundo entre el Occidente y el Oriente, refor-
zados por discursos de orientalismo y occidentalismo, formidablemente
presentes en la estética y en la expresión cotidiana (y aquí me viene a la
mente Octavio Paz).
Ahora bien, en América Latina, como en muchas partes del mundo, los
planos dominantes de lo contemporáneo descansan sobre el decreto mo-
derno que dicta que la modernidad ya ocurrió en algún otro lugar. Si esto
ha generado entre los latinoamericanos modernos ansiedad por conside-
rarse poco originales, también los ha llevado a una variedad de búsquedas
en pos de una idea nacional de lo moderno, el modernismo y la modernidad
como algo dispuesto entre Occidente y el resto.18 (No es para sorprenderse
el hecho de que los discursos y las representaciones “indigenistas” y “pri-
mitivistas” hayan desempeñado un papel crucial aquí.) En el México de
inicios y mediados del siglo XX, por ejemplo, sólo necesitamos pensar la
vida y la obra de no sólo Diego Rivera y Frida Kahlo, sino también de “los
Contemporáneos” como Jorge Cuesta y Salvador Novo (y, poco después,
del “Grupo Hiperión”). La cuestión es que las discusiones sobre el moder-
nismo —en sus políticas y estéticas simultáneamente republicanas y auto-

17 Mappings, en el original, que refiere, al mismo tiempo, a la elaboración cartográfica y al análisis


intelectual de las categorías de una cosa. (N. de la trad.)
18 “Between the West and the Rest”, en el original. (N. de la trad.)
24 Historia, sociedad y política en India contemporánea

ritarias, y en sus avatares gubernamentales y cotidianos— han dado a luz


uno de los más aceptados entendimientos sobre las narrativas de la moder-
nidad en América Latina (desde Ángel Rama hasta Doris Sommer, Ramos
Otero o Jean Franco). Esta tendencia continúa en el presente (como la han
desmenuzado Tracey Hedrick y González Echeverría). Es, entonces, contra
este fondo teórico que necesitamos considerar tres amplios escenarios de
discusiones recientes sobre la modernidad en América Latina, que han
cuestionado las polaridades simplistas entre los modernismos prolíficos y
la deficiente modernización de la región, tal como lo han expresado autores
influyentes (como Paz y Cabruja). Al hacerlo, enfatizamos que las distin-
ciones e incluso las superposiciones entre modernidad, modernización y
modernismo son reveladoras: la idea desarrollista de una superación del
pasado es central en estos imaginarios modernos —de naturaleza académi-
ca y cotidiana, así como de sus expresiones entrelazadas. Al mismo tiempo,
tal segregación del pasado y el presente, aunque se asuma como algo prin-
cipalmente temporal, incorpora profundos atributos espaciales. Así, la
presunción de una historia homogénea que mantiene su lugar hace posible
que un Occidente imaginario pero palpable —su trayectoria temporal sin-
gular funciona en conjunto con su locación espacial exclusiva— se convier-
ta en el horizonte para el presente y la posteridad de otras culturas, que se
conciben según su capacidad, o la falta de ella, para alcanzar su destino. No
obstante, las rupturas históricas insinúan nudos tenaces que atan irreduc-
tiblemente una y otra vez a lo temporal y lo espacial. Con esto quiero decir
que los lugares/tiempos anteriores, a la vez anacrónicos y completamente
coetáneos, aparecen mezclados con etapas y espacios contemporáneos,
indicando, así, los desgastes, imbricaciones y texturas del pasado y el pre-
sente, de lo espacial y lo temporal. Pero permítanme regresar a las tres
tendencias que he mencionado antes.
Primero, al considerar la relación entre imperio y modernidad, las
cuestiones sobre el colonialismo han sido frecuentemente colocadas, en
los estudios hechos en América Latina, como pertenecientes a un pasado
distante y borroso que también se presenta, sin embargo, de modos más
amables: por ejemplo, Coyoacán, la colonia (el barrio) en que vivimos es
“muy colonial”.19 Contra estas disposiciones dominantes, un importante

19 En español en el original. (N. de la trad.)


25 Historia, sociedad y política en India contemporánea

cuerpo de pensamiento crítico sobre América Latina (desde Enrique Dussel


hasta Aníbal Quijano y Walter Mignolo) se enfoca hoy en los esquemas
subterráneos y las agitadas apariciones de lo moderno y lo colonial. En
otras palabras, la obra de estos autores considera críticamente el lugar y la
presencia de las estipulaciones coloniales del conocimiento-poder dentro
de las provisiones modernas del poder-conocimiento. En consecuencia,
tales movimientos han hecho que la modernidad se vea reflejada como un
proyecto profundamente ideológico y un aparato primario de dominación
—en el pasado y en el presente, hoy aquí y mañana allí— con la promesa
de una redención mesiánica como la única posibilidad de posteridad.
Segundo, en años recientes, la noción de la “magia de lo moderno” ha
encontrado articulaciones interesantes, especialmente en la antropología
crítica y en los estudios culturales, mismos que incluyen a América Latina.
Una influencia importante para ello ha sido la traída por las ideas de Marx
sobre el fetichismo de la mercancía y el capital y la magia de los mercados
y el dinero. En el pasado, la labor analítica subsumía tales sugerencias
marxistas a los énfasis relacionados con la cosificación y la alienación (por
ejemplo, el trabajo temprano de Michael Taussig). Pero escritos más re-
cientes registran la interacción entre lo mágico y lo moderno como cons-
tituyentes críticos de mundos sociales. De esta forma, el trabajo intelectual
producido en América Latina y en el Caribe ha dotado de nuevos sentidos
a las discusiones sobre la magia y la locura del capitalismo y el colonialis-
mo (desde Taussig hasta Richard Price) y a aquéllas sobre el fetiche y la
cosificación del Estado y la nación (especialmente Fernando Coronil). En
este tenor, ejercicios similares (Taussig, nuevamente) se han movido hacia
la simultánea evocación y deformación del poder, apuntando hacia el ca-
rácter sagrado de la soberanía, para volver a encantar a la modernidad a
través de la representación surrealista y la teoría extática.
Tercero y último, una gran variedad de trabajos sobre América Latina
(y el Caribe) han explorado imaginativamente tanto temas importantes de
modernidad como sus márgenes. Estas cuestiones se han visto desde varios
ángulos en los programas académicos de la región: desde discusiones sobre
la arquitectura y la construcción a través de las políticas populares y agrícolas
(el trabajo de Florencia Mallon, Steve Stern y Mark Thurner), espacio y terri-
torialidad (Ana María Alonso), cultura y consumo (George Yúdice), hasta
representación y subalternidad (los trabajos de John Beverly, Ileana Rodrí-
guez, José Rabasa, Roger Bartra, Andrés Guerrero y Gareth William).
26 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Al mismo tiempo, mi argumento se relaciona con el trabajo que ha


abordado de manera explícita términos contemporáneos e históricos, tex-
turas y transformaciones de la modernidad. En este terreno, las exploracio-
nes han variado desde consideraciones influyentes sobre las coordenadas
heterotemporales del tiempo-espacio nacional (especialmente el trabajo de
Néstor García Canclini) hasta las que consideran la articulación mutua de la
modernidad y la nación (Claudio Lomnitz, Mauricio Tenorio-Trillo, Jose-
fina Saldaña-Portillo y Mark Overmyer-Velázquez). Estas consideraciones
han abordado, también, las problemáticas de la piedad, la intimidad, la
incorporación y la imagen desde los regímenes entrelazados de la moderni-
dad y la religión (Rebeca Lester y “blade-runner” Gruzinski); también han
trabajado con la modernidad en sus formaciones barrocas y sus configura-
ciones vernáculas (Bolívar Echeverría, Joanne Rappaport y Michel-Rolph
Trouillot); finalmente, y de manera crucial, se han pensado las serias con-
tradicciones y polémicas de la modernidad (Peter Redfield y David Scott).
Vistas en su conjunto, aquí se mencionan trabajos que se enfocan en
diferentes articulaciones de la modernidad (entendida como una entidad
históricamente fundada y/o culturalmente expresada) que cuestionan a
priori las proyecciones y los formalismos sociológicos que fundan esta
categoría-entidad. Ciertamente no es sólo en América Latina, o en cual-
quier otro lugar, que encontramos formaciones y elaboraciones de la mo-
dernidad que podemos ver como procesos (contradictorios y contingentes)
de cultura y poder, o como historias accidentadas y en disputa sobre el
sentido y el dominio. También se trata de que todo esto nos plantea nuevos
retos y hace dar un nuevo giro a la antropología y a la historia. Las con-
versaciones imaginativas entre las perspectivas críticas sobre la India y
México, el Sur de Asia y América Latina, aún tienen mucho que ofrecer.
Pero tenemos que aprender a mirar y mirar para aprender.

Referencias

Artículos

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¿de las mujeres al género y de regreso otra vez?*
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Cuando se publicó en 1986 Feminismo y nacionalismo en el Tercer Mundo,


el trabajo pionero de la académica feminista del Sur de Asia, Kumari Ja-
yawardena, pocos podían haber previsto que en menos de una década se
haría común en los estudios sobre el Sur de Asia mirar al nacionalismo a
través del prisma de género.1 El libro de Jayawardena, sin duda, intervino
en una coyuntura académica favorable. La investigación feminista, que
anteriormente había evitado consideraciones serias sobre el nacionalismo,
ahora empezaba a superar su reticencia inicial, especialmente en el contex-
to angloamericano. Por otro lado, los estudios sobre el nacionalismo toma-
ron un nuevo giro al prestar renovada atención a los lineamientos
culturales de las “comunidades imaginadas” en tanto naciones.2 Más aún,
algunos eventos fuera de la academia también señalaban la necesidad de
un mayor diálogo entre académicos especialistas en los estudios sobre na-
cionalismo y el género. En países a lo largo del Sur de Asia, los revanchismos
nacionalistas religiosos y culturales iban en aumento, sus demandas de
“autenticidad” frecuentemente eran articuladas, aunque de diversas formas,
a través de las subjetividades de género de mujeres y hombres. En ninguna
parte se sintió más profundamente el impacto de estos desarrollos diversos,

* Este texto fue publicado originalmente como “Gendered Nationalism: From Women to Gender
and Back Again?”, Routledge Handbook of Gender in South Asia, Londres, Routledge, 2014,
pp. 13-27. Traducido por Olga González.
1 K. Jayawardena, Feminism and Nationalism in the Third World, Londres, Zed Books, 1986.
2 B. Anderson, Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, Londres,
Verso, 1983. También M. Sinha, The Specters of Mother India: The Global Restructuring of an
Empire, Carolina del Norte, Duke University Press, 2006.
30 Historia, sociedad y política en India contemporánea

quizá, que en los estudios sobre el nacionalismo en el Sur de Asia, especial-


mente sobre la India. Ciertamente, podría decirse que hay pocas áreas
académicas en el Sur de Asia que hayan sido más seriamente impactadas
por el estudio del género que el del nacionalismo, en particular el naciona-
lismo anticolonial, pero también una variedad de otras formas de nacio-
nalismo, tanto en el pasado como en el presente.
¿Qué hacer con la idea generalizada del concepto de “naciones de gé-
nero” —la idea de que las naciones y los nacionalismos se construyen en
torno al género— en el amplio rango de la investigación académica con-
temporánea, tanto feminista como no feminista, en el Sur de Asia?3 El
nuevo enfoque de género en los estudios sobre los nacionalismos en el Sur
de Asia constituye una especie de desafío para el (la) investigador (a) fe-
minista. Sin duda, la academia feminista fue la primera en usar el género
—como distinto de una noción biológica de “sexo”— como una categoría
analítica. A su vez, los académicos feministas, así como los analistas con
perspectiva de género, ahora han tomado un lugar en la mesa principal de
los estudios sobre el Sur de Asia. Sin embargo, esta visibilidad es engañosa:
no se ha traducido para la mayoría en un compromiso serio y persistente
con la academia feminista y se ha convertido en un discurso hueco. La
negligencia benigna es típicamente la norma, y muchos de los debates más
importantes y los principales desafíos medulares en el campo de estudios
del Sur de Asia han procedido como en un universo paralelo.4 Con este
panorama de fondo, los estudios sobre el nacionalismo destacan como una
especie de anomalía. Su receptividad a la incorporación de género como
categoría analítica —mas no siempre a las aportaciones feministas— es
excepcional. En este caso, al menos, la atención al género ha transformado
fundamentalmente el objeto mismo de estudio: el nacionalismo.
Así, este emergente consenso entre los estudiosos del nacionalismo
proporciona una oportunidad para reflexionar sobre la desigual recepción
de los aportes académicos feministas en el campo de estudios del Sur de
Asia y también sobre su potencial crítico para tener un impacto trans-
formativo más amplio. La literatura académica sobre el nacionalismo en
Asia del Sur, como en otros lugares, está dividida en torno a los orígenes,
3 N. Yuval-Davis, Gender and Nation, Londres, SAGE, 1997.
4 J. Nair, “The Troubled Relationship of Feminism and History”, Economic and Political Weekly,
vol. 43, no. 43, 25-31 de octubre de 2008, pp. 57-65.
31 Historia, sociedad y política en India contemporánea

la naturaleza, el impacto y las formas cambiantes del nacionalismo. La


variedad de nacionalismos, cada uno con sus propias coordenadas espa-
ciales, temporales y políticas, en los diferentes países, provincias y loca-
lidades, así como entre diferentes colectividades en la región, es asom-
brosa. Incluso la corriente principal de nacionalismo anticolonial en el
antiguo imperio británico en India difícilmente era una sola cosa: difería
en el tiempo y en el espacio, y contenía diversas tendencias contradicto-
rias. Sin aplanar la inmensa variedad entre y dentro de diferentes pro-
yectos nacionalistas, es posible encontrar algunas contribuciones sustan-
ciales y metodológicas propias del análisis de género en general. Aquí
género no es meramente sinónimo de mujeres. Se construye como un
elemento constitutivo de relaciones basadas en diferencias percibidas
entre los sexos y los significados a través de los cuales un rango de rela-
ciones sociales de poder —no sólo entre hombres y mujeres— se articu-
la y se hace valer.5 La utilidad del género como una categoría analítica
descansa precisamente en la procedencia expansiva de su significado. La
contribución de los estudios de género al conocimiento sobre naciona-
lismo no descansa meramente en la adición de las mujeres. En cambio,
y más importante, descansa sobre la reconfiguración del nacionalismo
mismo a través de un entendimiento más amplio de “lo político”.
Una línea importante que estos estudios académicos han seguido es
el realineamiento de lo “doméstico” o lo “privado” con la historia políti-
ca del nacionalismo. Los estudios feministas, especialmente sobre las eras
premoderna y precolonial, han mostrado que el hogar no se limitaba sólo
a las relaciones familiares y nunca se confinó simplemente a un espacio
privatizado; el hogar, de hecho, ha sido siempre esencial para una varie-
dad de procesos públicos, políticos y económicos. El ejemplo más obvio,
desde luego, es el rol de los hogares de la realeza y de las elites en la con-
solidación de la sucesión dinástica y en el sostenimiento de formas parti-
culares de gobierno.6 Como lo han demostrado historiadores de periodos

5 J. Scott, “Gender: A Useful Category of Analysis”, American Historical Review, vol. 91, no. 5, 1986,
pp. 1053-1075; también N. Menon, “Sexuality, Caste, Governmentality: Contests over ‘Gender’
in India”, Feminist Review, no. 91, 2009, pp. 94-112.
6 I. Chatterjee (ed.), Unfamiliar Relations: Family and History in South Asia, New Brunswick,
Rutgers University Press, 2004, y R. Lal, Domesticity and Power in the Early Mughal World,
Nueva York, Cambridge, 2005.
32 Historia, sociedad y política en India contemporánea

anteriores, la familia “privatizada” a la que nos hemos acostumbrado en


tiempos modernos es “un espacio muy novedoso y ningún santuario
arcaico”.7 Incluso en los tiempos cuando lo “público” y lo “privado” se
construían como espacios separados, expresado en el modelo de género
de hombres en el mundo y mujeres en la casa, esta separación raramen-
te era más que ideológica: la ilusión de su separación en ocasiones oscu-
rece las fuerzas político-económicas que la sostienen, en primer lugar,
como dominios distintos de los géneros. Por ejemplo, la construcción de
la familia como una zona de privacidad, aislada de las preocupaciones
políticas, fue, a su vez, creada por los gobiernos del Estado colonial y re-
afirmada por las respuestas de las elites indígenas. Esta crucial mirada
feminista —sobre la interconexión entre lo público y lo privado— ha
venido a incidir en los estudios contemporáneos sobre el periodo colonial
en India con implicaciones cruciales para una relectura del nacionalismo.
La división público-privado, con sus ramificaciones en función del
género, tenía su corolario en una división académica entre los estudios
propiamente del nacionalismo, con su énfasis en asuntos políticos tradi-
cionales, y los estudios sobre la reforma social, la cual abordaba temas
como la “cuestión de la mujer”, así como temas sobre casta, clase y reformas
religiosas.8 A pesar de esta división del trabajo académico, pocos investi-
gadores podían ignorar que los dos llegaban a abordar los mismos temas.
Su historia cruzada terminó por dar lugar a cierto repertorio de preguntas
generalizadas en el campo: ¿por qué las elites masculinas indígenas en el
primer periodo colonial asumieron con tal vigor ciertos aspectos de la re-
forma social, particularmente aquellos que tenían que ver con las prescrip-
ciones y prácticas de la casta superior hindú en torno al matrimonio y a la
viudez?; ¿por qué el interés por la reforma social, ampliamente liberal espe-
cialmente durante las presidencias de Bengala y Bombay, cedió el paso en
el último cuarto de siglo a una política de nacionalismo cultural más social-
mente conservadora?; ¿por qué cambió la relación entre el nacionalismo
y la reforma social con la aparición del liderazgo de M. K. Gandhi en el

7 S. Guha, “The Family Feud as Political Resource in Eighteenth-Century India”, Unfamiliar Rela-
tions: Family and History in South Asia, New Brunswick, Rutgers University Press, 2004, p. 90.
8 A. R. Desai, Social Background to Indian Nationalism, Nueva York, Oxford University Press,
1948; S. Natarajan, A Century of Social Reform in India, Bombay, Asia Publishing House, 1959,
y S. Ram Singh, Nationalism and Social Reform in India, Nueva Delhi, Ranjit Publications, 1968.
33 Historia, sociedad y política en India contemporánea

movimiento anticolonial del siglo XX? A primera vista, la historia de las


dos instituciones “toda-India”, el Congreso Indio Nacional (1885) y la
Conferencia Social Nacional (1887), que representaban respectivamente
los ámbitos de nacionalismo y reforma social, dio fuerza a esta narrativa
de trayectorias separadas pero superpuestas. Sin embargo, los estudios
feministas sobre la historia de las reformas sociales en el periodo colonial
han contribuido a nublar las alguna vez bien definidas distinciones entre
los dos, dando lugar a un entendimiento más amplio del nacionalismo.
La “cuestión de la mujer” —especialmente las costumbres y las prácti-
cas que afectan a las viudas y las esposas de las castas superiores hindúes
más que, por ejemplo, cuestiones de casta— tomó relevancia en los deba-
tes sobre la reforma social entre los gobernadores coloniales y las elites
indígenas del siglo XIX. Esto ofrece una perspectiva sobre las prioridades
de una elite nacionalista naciente en cuanto a la formación de clase y casta.
Privilegiar lo conyugal, en particular —sobre otras relaciones sociales y
familiares tales como la casta o los vínculos de parentesco— reflejaba la
influencia ejercida por la ideología “civilizadora” del colonialismo en los
nuevos intereses materiales de una clase emergente profesionista y empresa-
rial en la India colonial. A esta última, el ideal de la familia conyugal, cen-
trado en la diada esposo/esposa en lugar del hogar en copropiedad tradi-
cional, resultó más adecuado en la consolidación de un nuevo régimen de
propiedad.9 Esta nueva forma de familia —y la reformulación de las rela-
ciones de género que trajo consigo— era una meta para muchas de las
reformas sociales en el periodo colonial, y un espacio para la movilización
de la identidad nacional y comunitaria.
Más aun, la reforma social colonial siempre fue para las mujeres un
asunto político de mucho peso. Tómese el siguiente ejemplo clásico. En
1829, cuando se abolió la práctica de la inmolación de viudas (satidaha),
o sati, como se le llamaba comúnmente, había más en juego que la difícil
situación de la viuda. La legislación aprobada por el gobernador general,
Lord William Bentinck, con valiosa ayuda del reformador y publicista
bengalí Raja Rammohum Roy, fue la culminación de un largo y tortuoso

9 M. Sreenivas, Wives, Widows, and Concubines: The Conjugal Family Ideal in Colonial India,
Indiana, Indiana University Press, 2008; J. Walsh, Domesticity in Colonial India: What Women
Learned When Men Gave them Advice, Lanham, Rowman & Littlefields Publishers, 2004.
34 Historia, sociedad y política en India contemporánea

proceso que involucraba lo siguiente: la temprana compasión y al mismo


tiempo la condena por parte de los europeos de dicha práctica; la conver-
sión de la sati, permitida sólo bajo condiciones particulares para mujeres
de la casta superior hindú y presente principalmente en ciertas regiones
del subcontinente por parte de los británicos, en un emblema de cultura
“india” per se; la tolerancia inicial del Estado colonial de una versión sa-
neada de la práctica, antes de que se proscribiera; la representación sub-
secuente de la proscripción como un ejemplo de la “misión civilizatoria”
colonial; y el vigoroso debate indígena entre facciones rivales a favor y en
contra de la abolición. La historiadora feminista Lata Mani demuestra que
en el centro del proceso se oponían visiones distintas de la tradición hin-
dú-qua-india. Su famosa argumentación consiste en que las mujeres no
eran los sujetos ni los objetos en los debates sobre la abolición, eran sim-
plemente el campo sobre el cual se debatía el significado de la “tradición”.10
A pesar de que algunos detalles del argumento de Mani han sido refutados,
su punto más importante ha sido extremadamente productivo. Su propues-
ta de que las reformas para las mujeres, frecuentemente, no eran para las
mujeres per se, sino que tenían que ver con la naturaleza de la cultura/
tradición indígena, argumento que ha resonado ampliamente en el con-
texto de diferentes proyectos nacionalistas comprometidos con la confor-
mación y recuperación de sus “controvertidas tradiciones”. Su contribución
fue poner la “cuestión de la mujer” directamente sobre la agenda de los
estudiosos del nacionalismo anticolonial.
La mirada de los estudios sobre la reforma social colonial impactó en
el dominio del nacionalismo de múltiples maneras.11 La historia de la re-
forma social en la India colonial, por ejemplo, transcurrió dentro de un
marco colonial legal que codificaba de manera puntual las “leyes persona-
les”, las cuales se derivaban de textos y costumbres de diferentes comuni-
dades religiosas. Una vez codificadas como tales, el Estado colonial, por lo
general, se inclinaba por no tocar estas leyes excepto bajo circunstancias
excepcionales, cuando ciertas prácticas particulares podían contravenir la

10 L. Mani, “Contentious Traditions: The Debate on Sati in Colonial India”, Cultural Critique, no. 7,
otoño de 1987, pp. 119-156; y L. Mani, Contentious Traditions: The Debate on Sati in Colonial
India, Berkeley, University of California Press, 1998.
11 S. Sarkar y T. Sarkar, “Introduction”, Women and Social Reform in Modern India: A Reader,
Ranikhet, Permanent Black, vol. 1, 2007, pp. 1-18.
35 Historia, sociedad y política en India contemporánea

interpretación de la ley personal correspondiente. La historia de la legislación


de las reformas individuales —los contornos de los debates públicos que
generaban, los mecanismos de Estado movilizados para su aprobación y
las cortes que posteriormente interpretaban las nuevas leyes— revela un
proceso problemático cuyo subproducto era también la consolidación de
distintas comunidades sectarias en el periodo colonial. El Acta Hindú
de Segundo Matrimonio para Viudas de 1856, que permitía que las viudas
hindúes de casta superior volvieran a casarse, incluía en su ámbito a mu-
jeres de castas subordinadas que no enfrentaban restricciones similares en
contra del segundo matrimonio. El acta incluía un compromiso que res-
tringía los derechos de propiedad de la viuda en el segundo matrimonio,
y las mujeres que anteriormente habían tenido derecho a casarse por segun-
da vez sin penalización, habiendo sido sometidas a la nueva acta, estaban
también sujetas a sus regulaciones restrictivas de herencia.12 De igual
modo, las reformas sociales musulmanas que apuntaban hacia una “isla-
mización” creciente de la ley musulmana, muchas veces a costa de las di-
versas prácticas de matrimonio de algunas comunidades musulmanas,
como los khojas, los momins y los mapillahs —por la aceptación de visiones
dominantes de las leyes personales de comunidades específicas— contri-
buyeron al proceso de homogeneización de las comunidades sectarias.
Cierto es que hubo resistencia desde el interior de ambas comunidades,
hindúes y musulmanas, en contra de los impulsos homogeneizadores de
reformas coloniales legales, pero a la larga estas últimas contribuyeron a la
consolidación de las fronteras entre las diferentes denominaciones. El deseo
competitivo de algunas comunidades rivales por su propio fortalecimien-
to, por ejemplo, proporcionó mayor ímpetu a los líderes comunitarios
para exigir reformas en sus respectivas comunidades.13 Este proceso de
consolidación de comunidades —a menudo a través de los mecanismos
de reforma y disciplina de las mujeres— habilitó y también frustró
tipos de movilizaciones nacional/comunales potencialmente diferentes. Así,

12 L. Carroll, “Law, Custom, & Statutory Social Reform: The Hindu Widows; Remarriage Act of
1856”, Indian Economic and Social History Review , vol. 20, no. 4, 1983, pp. 363-388.
13 G. Minault, “Women, Legal Reform, and Muslim Identity”, Comparative Studies in South Asia,
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36 Historia, sociedad y política en India contemporánea

la historia de las reformas sociales coloniales no fue incidental sino cons-


titutiva en la creación de las colectividades que conformaron las bases para
diferentes tipos de proyectos nacionalistas.
Finalmente, el reconocimiento de la “politización” de lo doméstico,
desde luego, fue una importante contribución de los estudios de las refor-
mas sociales coloniales que posibilitaron un mejor entendimiento de la
verdadera naturaleza del nacionalismo anticolonial. La esfera pública
bengalí del siglo XIX, incluyendo periódicos, juegos, canciones, pinturas,
peticiones y protestas callejeras, como lo demuestra el trabajo de Tanika
Sarkar, estuvo saturada por debates que surgían de la esfera doméstica.14
Hacer frente a una serie de cuestiones domésticas, desde un escándalo
causado por el asesinato de una mujer adúltera hasta una movilización
pública en contra del aumento en la edad de consentimiento para las re-
laciones sexuales, proporcionó a los reformadores liberales y sus oponen-
tes un campo de pruebas para el desarrollo y la articulación de sus ideas y
técnicas políticas. Para una sección de la casta superior de la alta burguesía
en Bengala —que se sentía decepcionada por el gobierno colonial en el
terreno político y en el económico— la esfera doméstica recientemente
“privatizada” y separada de lo público por el marco colonial de leyes per-
sonales, proporcionó “compensación” a través de la afirmación de su su-
perioridad. La nueva ecuación emergente entre el hogar y el mundo se
reflejó en la reacción cultural-nacionalista contra el Acta de Edad de Con-
sentimiento de 1891, que aumentaba la edad en la que una niña casada o
soltera podía dar su consentimiento para relaciones sexuales, la cual re-
planteaba el acta como una amenaza al orden moral de los hindúes. Este
momento formativo de un nacionalismo bengalí hindú revitalizado, reacio
a tolerar la intervención colonial para mitigar el sufrimiento de las ni-
ñas-novias y madres, se construyó, como argumenta Sarkar, en torno a la
falta de libertad de las mujeres. Sin embargo, la anomalía de fundamentar
su libertad a partir de la no libertad de las mujeres, difícilmente podía
proporcionar una base perdurable para una nueva retórica nacionalista:
esto explica, tal vez, el paso posterior de un enfoque en la esposa hindú a

14 T. Sarkar, Hindu Wife, Hindu Nation: Religion, Community and Cultural Nationalism, Nueva
Delhi, Permanent Black, 2001, y T. Sarkar, Rebels, Wives, Saints: Designing Selves and Nations in
Colonial Times, Nueva Delhi, Permanent Black, 2009.
37 Historia, sociedad y política en India contemporánea

un énfasis en la madre hindú agraviada —la icónica representación de


género de la nación— que podría ser tanto glorificada como vengada.15 La
esfera “privada” de la familia fue el tema de debates públicos y políticos
altamente cargados durante el periodo colonial, precisamente porque era
un importante recurso para las ideas sobre comunidad y nación.
Uno de los argumentos más influyentes sobre la naturaleza de los na-
cionalismos en el mundo colonizado —como “derivados” y también “dife-
rentes” en relación con el Occidente moderno— se basa precisamente en
meter la historia del nacionalismo y de la reforma social dentro de un
marco analítico compartido.16 Los orígenes del nacionalismo anticolonial
en la India, según el muy conocido argumento de Partha Chatterjee, no se
situaron en la esfera pública de las organizaciones políticas. Por el contra-
rio, el nacionalismo anticolonial se elaboró en un principio en una esfera
interior/espiritual, presuponiéndose la separación previa de esta última de
una esfera exterior/material, como el lugar para reclamos nacionalistas
de soberanía. Si bien los nacionalistas concedieron la superioridad de Oc-
cidente en la esfera exterior/material de la política, la economía, la ciencia
y la tecnología, reclamaron su propia autonomía y diferencia en una esfera
interior/espiritual que requería ser celosamente custodiada de la interven-
ción cultural. Utilizando una vez más la historia de Bengala, Chatterjee
afirma que la reforma social —especialmente la cuestión de las mujeres—
no desapareció realmente del interés de los nacionalistas culturales a fina-
les del siglo XIX. En cambio, los nacionalistas ofrecieron un nuevo tipo de
“resolución”. Habiendo dividido su mundo en una esfera exterior/material
y una esfera interior/espiritual, trasladaron la cuestión de las mujeres a la
esfera interior, separándola de la contienda política con el Estado colonial.
Esta esfera se convirtió en el sitio desde el cual se reclamaba la autonomía
nacional y la autenticidad. Los términos de esta “resolución”, sin duda, no
excluyen la “reformulación” de las relaciones de género; pero esto debía
lograrse primeramente a través de la representación indígena “nacional” y
debía servir a las necesidades de un nuevo patriarcado nacionalista. La

15 T. Sarkar, Hindu Wife...


16 P. Chatterjee, “The Nationalist Resolution of the Women’s Question”, Recasting Women: Essays
in Indian Colonial History, New Brunswick, Rutgers University Press, 1989, pp. 233-252, y
P. Chatterjee, The Nation and its Fragments: Colonial and Post-Colonial Histories, Princeton,
Princeton University Press, 1993.
38 Historia, sociedad y política en India contemporánea

“modernización” resultante de las relaciones de género —a menudo invo-


cando la figura de la mujer aria de casta superior hindú de un glorioso
pasado antiguo— fue, en efecto, una construcción de una elite: la casta
superior hindú.17 Esta mujer india moderna, que si bien modernizada,
también permanecía fiel a las raíces de sus tradiciones espirituales, tenía
toda la carga de la encarnación simbólica de la esencia cultural de la nación.
Esta “resolución” nacionalista permitió a las mujeres de elite y clase media
una entrada en la esfera pública bajo supervisión nacionalista; pero también
le dio al nacionalismo anticolonial, preocupado por su relación “derivada”
de Occidente, una reivindicación simultánea a su propia “diferencia”. La mu-
jer india moderna —distinta por un lado de la mujer tradicional y la pobre,
y por el otro, de la mujer de Occidente y occidentalizada— brindó la res-
puesta a un dilema más importante para la elite colonizada: producir un
imaginario nacional que fuera al mismo tiempo moderno e indio.
Este argumento acerca de las esferas interior/espiritual y exterior/ma-
terial de nacionalismo anticolonial, por su naturaleza esquemática, ha sido
tanto sujeto de críticas como modelo para diferentes proyectos naciona-
listas en diversos contextos. Las críticas, por ejemplo, han demostrado que
las elites indígenas no siempre se opusieron a la intervención colonial
legislativa en la casa. Éste fue el caso, por ejemplo, en Kerala, donde los
reformadores sociales naires instaron a la legislación para reformular la
familia Nair, con sus tradiciones matrilineales, según formas patrilineales
y patriarcales “apropiadas”.18 Las presiones de diferentes tipos de castas y
formaciones regionales, como en el caso de los nairs en el sur, era probable
—como el dilema anticolonial— que dictaran las formas particulares de
inversiones nacionalistas y políticas en función del género en lo “domés-
tico”. Por otra parte, la relación entre articulaciones nacionalistas y lo
“doméstico” fue siempre más compleja. Hubo una variedad de resistencias
desde dentro de la familia a la apropiación nacionalista de los asuntos
domésticos. Igualmente, las mujeres de clase media educada, quienes al

17 U. Chakravarti, “Whatever Happened to the Vedic Dasi? Orientalism, Nationalism, and a Script
for the Past”, Recasting Women: Essays in Indian Colonial History, New Brunswick, Rutgers
University Press, 1989, pp. 27-87.
18 G. Arunima, There Comes Papa: Colonialism and the Transformation of Matrilny in Kerala,
Malabar, c. 1850-1940, Hyderabad, Orient Longman, 2003.
39 Historia, sociedad y política en India contemporánea

mismo tiempo hacían sentir su presencia en la esfera pública, frecuente-


mente ponían en cuestión la estabilidad de la “resolución” nacionalista.19
Y finalmente, la esfera interior/espiritual no era el único sitio para elaborar
una modernidad india. Los contrapúblicos emergentes, el feminismo y los
“dalit” (los estigmatizados o aquellos llamados “intocables” en los cuentos
coloniales) del siglo XIX, demostraron que la hegemonía de Occidente no
quedó sin ser impugnada en la esfera exterior/material.20
Las críticas al modelo de Chatterjee, no obstante, comparten su enten-
dimiento expandido del nacionalismo: uno que ubica la politización de lo
doméstico directamente en el seno del proyecto nacionalista. Las diferen-
cias son más sutiles. Mientras para Sarkar, el retiro del nacionalismo cul-
tural bengalí de lo doméstico a finales del siglo XIX se explica en parte por
los cambios en la política económica colonial; para Chatterjee el vínculo
nacionalista anticolonial con lo doméstico surge del dilema planteado por
el reto epistemológico del colonialismo. Donde los críticos se separan de
Chatterjee, de hecho, es en atribuir a cualquier dinámica individual —por
ejemplo, la “regla de la diferencia colonial”— el poder central que explica
una política de género demasiado fija en el proyecto de nacionalismo.
El reconocimiento de la contribución nación/comunidad a la esfera
doméstica “privatizada” ha constituido una de las más significativas direc-
ciones nuevas en los estudios sobre el nacionalismo en décadas recientes.
El tema de relaciones de género ya no es visto como separado de proyectos
públicos de constitución nacional y comunidades etnoculturales. La de-
pendencia del nacionalismo de Gandhi en los aspectos cotidianos del día
a día en el hogar y en la reforma de relaciones de género es sólo la más
conocida.21 La reevaluación de las relaciones de género existentes era par-
te de la agenda de muchos tipos diferentes de formaciones nacionales y
comunitarias. El Movimiento por el Respeto a Uno Mismo, un movimien-
to radical anticasta en la región de habla tamil en el sur, aunque crítico del

19 H. Bannerji, “Projects of Hegemony: Towards a Critique of Subaltern Studies ‘Resolution of the


Women’s Question’ ”, Economic and Political Weekly, vol. 35, no. 11, 16 y 17 de marzo de 2000,
pp. 902-910.
20 M. Sinha, The Specters of Mother..., y A. Rao, The Caste Question: Dalits and the Politics of Modern
India, Berkeley/Los Ángeles, University of California Press, 2009.
21 M. Kishwar, “Gandhi on Women”, Economic and Political Weekly, vol. 20, no. 41, 12 de octubre
de 1985, pp. 1753-1758.
40 Historia, sociedad y política en India contemporánea

nacionalismo gandhiano, también ofreció una reformulación de las rela-


ciones de género, la cual incluía el repudio a los rituales tradicionales de
matrimonio a través de celebraciones públicas de una nueva forma radical
de matrimonios de “respeto por uno mismo” dentro de su proyecto alter-
nativo de nacionalismo dravidiano.22 Aun para los reformadores y publi-
cistas dalit, quienes se oponían significativamente a la asociación por
parte de los nacionalistas de casta superior de las mujeres con la tradición,
la degradación de las mujeres dalits estaba asociada simbólicamente con el
estatus de la comunidad. La reforma de las mujeres, del matrimonio y de
la familia, entonces, se volvió parte de la reproducción de las prácticas y
subjetividades específicas de casta para los reformadores dalits.23 Hacia el
siglo XX, el apoyo a la reforma de las relaciones de género, incluso dentro
de la corriente principal del movimiento nacionalista anticolonial, se había
convertido, cada vez más, en un asunto de “honor nacional”.24
La repolitización de lo “doméstico”, una de las más importantes con-
tribuciones de los estudios de género y del nacionalismo, ha moldeado
también la investigación en maneras particulares. Ha demostrado, sin
duda, cómo la reforma del hogar es constitutiva de clase, casta, etnia/reli-
gión y formaciones nacionales. Su énfasis, sin embargo, se ha centrado en
gran parte en la relación entre las mujeres y la nación, especialmente en las
maneras en que las mujeres se convierten en signos y símbolos de la co-
munidad/nación. Las consecuencias para la relación entre los hombres y
la masculinidad y el nacionalismo están claramente implícitas: en la me-
dida, por ejemplo, que las comunidades se constituyen a sí mismas vía la
reforma y el control de “sus” mujeres, la identidad de la colectividad es
definida automáticamente como masculina.25 Sin embargo, los hombres y
la masculinidad como tales no han recibido el mismo tipo de atención en
este compromiso con la acción del nacionalismo en lo “doméstico”.

22 S. Anandhi, “Women’s Question in the Dravidian Movement, c. 1925-1948”, Social Scientist, vol.
19, no. 5-6, mayo-junio de 1991, pp. 24-41.
23 A. Rao, The Caste Question...
24 J. Nair, “Imperial Reason, National Honor, and New Patriarchal Concepts in Early Twentieth
Century India”, History Workshop Journal, 66, 1, 2008, pp. 208-226; M. Sinha, “The Lineage of
the “Indian” Modern: Rhetoric, Agency and the Sarda Act in Late Colonial India”, Gender, Se-
xuality, and Colonial Modernities, Londres, Routledge, 1999, pp. 207-221.
25 N. Menon, “Women and Citizenship”, Wages of Freedom: Fifty Years of the Indian Nation State,
Nueva Delhi, Oxford University Press, 1999, pp. 241-266.
41 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Una segunda contribución de los estudios sobre el género y el nacio-


nalismo es la exploración de las representaciones en función de género de
la nación/comunidad/territorio y sus implicaciones. La nación como ma-
dre patria ha predominado —en el Sur de Asia como en otros lugares— en
las prácticas representacionales del nacionalismo. Sin embargo, la idea de
un “padre patria”, usada algunas veces al lado y de manera intercambiable
con la idea de madre patria, no ha sido del todo ausente. Por ejemplo, V.
D. Savarkar, la figura fundadora e ideólogo del Hindutva o nacionalismo
hindú, desplegó ambas ideas, matrubhumi (madre patria) y pitrubhumi
(padre patria) en sus escritos para promover una nación autoconsciente-
mente “hindú”. La figura de Bharat Mata —madre india— ha recibido, tal
vez, la más prolongada atención. Sus representaciones ubicuas —desde el
popular eslogan anticolonial nacionalista, Vande Mataram, hasta en pin-
turas, impresos, carteles e imágenes— han sido exploradas en relación con
una variedad de contextos: su impacto emotivo o afectivo; la ideología de
maternidad que la sostiene; los diferentes apegos de devotos masculinos y
femeninos; y la mezcla contradictoria de lo religioso y lo secular en la re-
presentación de la nación como diosa materna, por mencionar algunos.26
Esta literatura nos ha enseñado acerca de cosas tales como el apego afec-
tivo a la nación, su connotación dentro de la vida cotidiana de la gente, y
los modos de pertenencia en torno al género que sostiene.
La mirada sobre las imágenes de género, los iconos y los temas usados
en las representaciones nacionalistas ha creado también una apertura para
examinar las relaciones de los hombres/masculinidad con la nación/comu-
nidad. Las políticas de masculinidad sirven a proyectos nacionalistas de
muchas y variadas maneras. Tomemos el siguiente ejemplo. El bhadralok
(clase respetable) bengalí, a finales del siglo XIX, se apropió del negativo
estereotipo colonial de “babu bengalí afeminado”, en su propia autopercep-

26 J. Bagchi, “Representing Nationalism: Ideology of Motherhood in Colonial Bengal”, Economic


and Political Weekly, vol. 25, no. 42-43, 20 de octubre de 1990; C. S. Lakshmi, “Mother, Mo-
ther-Community and Mother Politics in Tamil Nadu”, Economic and Political Weekly, vol. 25,
no. 42-43, 20-27 de octubre de 1990, pp. WS72-WS83; C. Gupta, “The Icon of Mother in Late
Colonial North India: ‘Bharat Mata’, ‘Matri Bhasha’ and ‘Gau Mata’ ”, Economic and Political
Weekly, vol. 36, no. 45, 10-16 de noviembre de 2001, pp. 4291-4299; S. Ramaswamy, Passions of
the Tongue: Language Devotion in Tamil India, 1891-1970, Berkeley/Los Ángeles, University
of California Press, 1997, y S. Ramaswamy, The Goddess and the Nation: Mapping Mother India,
Carolina del Norte, Duke University Press, 2010.
42 Historia, sociedad y política en India contemporánea

ción. Su atractivo residía precisamente en su uso para las aspiraciones he-


gemónicas de esta clase para la cual la degeneración del cuerpo de la elite
masculina se volvió un símbolo del impacto negativo del colonialismo en
toda la sociedad indígena.27 El efecto ideológico que tuvo esta imagen de la
emasculación favoreció a sus seguidores, asegurando una amplia aceptación.
Los intentos concertados que vinieron después para recrear una masculi-
nidad indígena —a través, entre otras cosas, de la promoción autoconscien-
te de un movimiento de cultura física en Bengala— se desarrollaron en
torno a los lineamientos sectarios anticoloniales y competitivos, y también
llegaron a asociarse con la decadencia de los hindúes como comunidad.28
Los cuerpos de los hombres, no menos que los de las mujeres, aunque en
diferentes formas, llegaron a representar a la comunidad y la nación.
El contexto de las movilizaciones competitivas nacional/comunitarias
ha proporcionado algunos de los campos más fértiles para la resignificación
de los hombres y de la masculinidad. El tema de emasculación, por ejem-
plo, se volvió nuevamente disponible para volver a trabajar en el muy di-
ferente contexto de la política sectaria hindú-musulmana al principio del
siglo XX en las Provincias Unidas (UP, por sus siglas en inglés), en el norte
de la India. La sangathan (defensa comunitaria) y los movimientos shuddi
(reconversión del islam al hinduismo y la recuperación de castas subordi-
nadas dentro de un hindú unificado) produjeron tanto nuevos argumentos
sobre el hinduismo como una religión militante/marcial como nuevas
subjetividades en función de género para los hombres y las mujeres hin-
dúes.29 El varón hindú masculinista y agresivo, producido a través de la
asociación con las tradiciones del militante kshatriya (casta guerrera), así
como a través de un regreso a las ideas tradicionales de ascetismo hindú,
fue una respuesta desafiante ante la noción del varón hindú castrado/
afeminado, popular en las percepciones coloniales y musulmanas. Esta

27 T. Sarkar, “The Hindu Wife and the Hindu Nation: Domesticity and Nationalism in Nineteenth-
Century Bengal”, Studies in History, vol. 8, no. 2, 1992, pp. 213-235, y M. Sinha, Colonial Mas-
culinity: The “Manly Englishman” and the “Effeminate Bengali” in the Late Nineteenth Century,
Manchester, Manchester University Press, 1995.
28 I. Chowdhury, The Frail Hero and Virile History: Gender and the Politics of Culture in Colonial
Bengal, Nueva Delhi, Oxford University Press, 1998.
29 C. Gupta, “Articulating Hindu Masculinity and Femininity: ‘Shuddhi’ and ‘Sangathan’ Move-
ments in the United Provinces in the 1920s”, Economic and Political Weekly, vol. 33, no. 13,
marzo 26-abril 3 1998, pp. 727-735.
43 Historia, sociedad y política en India contemporánea

política de masculinidad estaba sustentada a través de unas construcciones


estereotípicas de los hombres musulmanes como viriles y libidinosos. Los
hombres musulmanes se construían como “violadores” y “secuestradores”
de las mujeres hindúes puras y vulnerables, que, en ocasiones, podrían
convertirse en ángeles vengadores ellas mismas, pero que por lo general
necesitaban la protección y el control de los hombres hindúes. Los contor-
nos de este obsesivo enfoque en la masculinidad pueden haber sido espe-
ciales para la política sectaria hindú de la UP de principios del siglo XX,
pero también pone de relieve el rol que desempeña la emasculación per-
cibida de los hombres en muchos proyectos de reforma nacional y comu-
nitaria. El rechazo gandhiano de esta lógica de masculinidad —a través de
una apropiación deliberada de los valores y los símbolos asociados con
feminidad— fue en este contexto una intervención creativa.
La atención a la masculinidad, y especialmente al discurso colectivo
del honor masculino, ha sido especialmente productiva en la descodifica-
ción de la naturaleza sexual de los momentos de violencia nacional y co-
munal frecuentemente ejecutada sobre los cuerpos de las mujeres. Las
investigaciones feministas sobre la violencia que conllevó la Partición del
subcontinente en 1947, que produjo los dos Estados nacionales nuevos,
India y Pakistán, han sido particularmente útiles para exponer algunos de
los riesgos implícitos en articular el nacionalismo en función de género.
El saldo de la violencia de la Partición —12 millones de personas despla-
zadas, un millón de asesinados y aproximadamente setenta y cinco mil
mujeres secuestradas y violadas en ambos lados de la frontera— siempre
ha sido bien conocido. Las experiencias y los testimonios de mujeres, niños,
dalits y otros excluidos de los estudios académicos clásicos sobre el evento,
los cuales han sido rescatados en los estudios feministas recientes, han
arrojado luz sobre las implicaciones devastadoras de las políticas mascu-
linistas de nación y comunidad que subyacían en esta violencia.30 Las
mujeres, equiparadas con las naciones y las comunidades religiosas, fueron
posicionadas ya sea como merecedoras de la protección masculina, cuan-
do se les identificaba como “nuestras”, o bien sujetas a violaciones terribles,

30 R. Menon y K. Bhasin (eds.), Borders and Boundaries: Women in India’s Partition, Nueva Delhi,
Kali for Women, 1998, y U. Butalia, The Other Side of Silence: Voices from the Partition of India,
Nueva Delhi, Penguin Press, 1998.
44 Historia, sociedad y política en India contemporánea

cuando eran consideradas “de los otros”. El significado simbólico de some-


ter a las mujeres “de los otros” a la violencia, desnudándolas, mutilándolas,
violándolas y marcándolas con eslóganes quemados en la piel tales como
¡Pakistan Zindabad! o ¡Hindustan Zindabad!, se produjo a través de las
relaciones entre hombres. Los actos de violencia en contra de las mujeres
tenían como propósito la humillación de los hombres de la comunidad
rival, quienes se veían inadecuados como protectores de “sus” mujeres.
Irónicamente y en contraste con las atrocidades “normales” en contra de
las mujeres dalits, durante la violencia de la Partición, las mujeres dalits a
veces se excluían de las violaciones masivas. Este instrumento de humilla-
ción para con los hombres de la comunidad a partir de la violación de las
mujeres no incluía a los dalits porque los hombres dalits eran excluidos de
tales concepciones del “honor” de la comunidad.31 Los gobiernos de India
y Pakistán, en sus intentos por rescatar y rehabilitar a “sus” mujeres, tam-
bién estaban guiados por nociones de “honor” que dictaban el lugar ade-
cuado que les correspondía a las mujeres.
La naturaleza masculinista del discurso sobre el honor, ya sea de los
hombres, de la comunidad religiosa o de la nación, está mejor demostrada
en los estudios sobre el significado de la violencia interfamiliar y los suicidios
femeninos durante la Partición. De manera preventiva, los miembros mascu-
linos de las familias y los líderes comunitarios a veces mataban a las mujeres
de sus familias y comunidades con el propósito de preservar el “honor” de
la comunidad, para que las mujeres no cayeran en manos de los hombres
de la comunidad rival. Las nociones de honor y deshonra detrás de estos
casos de violencia intrafamiliar, como han argumentado algunos académi-
cos, apuntan a un continuum inherente a esta lógica masculinista que va
desde las formas espectaculares a las formas cotidianas de violencia. Por la
misma razón, muchas mujeres, individual y colectivamente, se suicidaban
—lo que representaba, típicamente, actos heroicos de sacrificio para preser-
var el honor familiar y comunal—. El significado de estos actos y la cuestión
de si las mujeres eran coaccionadas o si actuaban de manera independiente,
por supuesto, son imposibles de resolver; pero, como Urvashi Butalia obser-
va, la representación dominante de que el suicidio de las mujeres significaba
un “sacrificio”, y la absorción del mismo dentro de un tropo masculinista de

31 U. Butalia, op. cit.


45 Historia, sociedad y política en India contemporánea

la preservación del honor familiar/comunal, sirve para negarle a estas mu-


jeres su representación.32 Cuestiones similares sobre la naturaleza sexuada
y sexual de la violencia nacional y comunal se han planteado en otros con-
textos también.33 La “violencia encarnada” de los conflictos nacionales y
comunales resalta, con resultados devastadores, los tropos masculinistas
que conforman la política de las naciones y las comunidades.
Este acercamiento ha servido para demostrar que los hombres, no
menos que las mujeres, necesitan hacerse visibles como sujetos de género
que se movilizan como tales dentro de los proyectos nacionalistas. Cons-
truido sobre la base de la realineación de lo doméstico con lo político,
expande además la concepción de “lo político”, extendiendo el análisis de
género más allá de su asociación principal con lo doméstico. La tarea di-
fícil, por supuesto, es mantener en cuenta que la relación entre las repre-
sentaciones nacionales en torno al género y las subjetividades de la gente
nunca es lineal: siempre es el producto de un proceso complejo de media-
ción. De este modo, y como nos recuerda la antropóloga Veena Das, un
enfoque sobre los discursos nacionales colectivos de honor y deshonra
puede a veces oscurecer las maneras en que las familias y los individuos
logran subvertir estas representaciones dominantes.34
Una tercera línea de investigación académica reciente, que todavía no
se desarrolla por completo, sigue una exploración de las implicaciones de
la representación política de las mujeres para el análisis de la política pú-
blica tradicional. Una de las primeras contribuciones de la academia femi-
nista fue la de documentar la participación pública sin precedente de la
mujer en la causa anticolonial nacionalista.35 Esta participación incluía

32 U. Butalia, op. cit., pp. 212-216.


33 K. Jayawardena y M. Alvis (eds.), Embodied Violence: Communalizing Female Sexuality in South
Asia, Londres, Zed Books, 1996; P. Jeganathan, “A Space for Violence: Anthropology, Politics
and the Location of a Sinhala Practice of Masculinity”, Subaltern Studies XI: Community, Gender,
Violence, Nueva York, Columbia University Press, 2000, pp. 37-65; V. Das, Life and Words: Vio-
lence and the Descent into the Ordinary, Berkeley, University of California Press, 2007, y Y.
Saikia, Women, War, and the Making of Bangladesh: Remembering 1971, Carolina del Norte,
Duke University Press, 2011.
34 V. Das, op. cit.
35 M. Kaur, Role of Women in the Freedom Movement, 1857-1947, Nueva Delhi, Sterling, 1968; G.
Minault, “Purdah Politics: The Role of Muslim Women in Indian Nationalism, 1911-1924”,
Separate Worlds: Studies of Purdah in South Asia, Nueva Delhi, Chanakya Publishers, 1982, y L.
Kasturi y V. Mazumdar (ed.), Women and Indian Nationalism, Nueva Delhi, Vikas, 1994.
46 Historia, sociedad y política en India contemporánea

tanto a mujeres de elite como de la clase media —de cuyas filas surgió la
mayoría de las líderes bien conocidas— e innumerables mujeres comunes,
incluyendo a las dalits y adivasis (tribales), que permanecen en gran me-
dida desconocidas.36 Aparte de la movilización de un gran número de
mujeres por fuera del hogar, había numerosas mujeres comunes que,
dentro de los confines del hogar y en ocasiones en desafío a sus esposos y
a otros miembros de la familia, apoyaron y socorrieron al movimiento
anticolonial nacionalista: expandiendo, en algún sentido, los espacios en
los que ocurrían las políticas “públicas”.37 La participación política de las
mujeres, ciertamente, aumenta el número de preguntas interesantes en
torno al campo político tradicional del nacionalismo.
Más allá de una simple observación del rol público de las mujeres en
los movimientos nacionalistas, por ejemplo, los académicos plantean pre-
guntas acerca del significado y las implicaciones de la visibilidad de las
mujeres en público. La participación de las mujeres en las campañas gan­
dhianas, precisamente porque éstas atrajeron gran número de mujeres a
las calles y a las cárceles, ha sido objeto de mayor estudio y propone unas
visiones en contienda. Para algunos, el éxito de la movilización de las mu-
jeres en el nacionalismo gandhiano nació de la “domesticación” de lo pú-
blico —la extensión de los roles domésticos de las mujeres al servicio
público de la nación—. La propia imagen pública de Gandhi, como figura
santa, al igual que su uso de modelos tradicionales de lo femenino, hizo
“segura” la salida del hogar para las mujeres, para poder participar en sus
movimientos. Sin embargo, esta forma de participación pública de las mu-
jeres en su movimiento no ponía necesariamente en cuestión a las ideolo-
gías tradicionales de género.38 Otros han argumentado que el impacto de

36 S. Thapar Björket, Women in Indian National Movement: Unseen Faces and Unheard Voices,
1930-1942, Nueva Delhi, SAGE, 2006, y C. Gupta, ”Dalit ‘Viranganas’...”.
37 S. Thapar Björket, op. cit.
38 T. Sarkar, “Politics and Women in Bengal: The Conditions and Meanings of Participation”,
Women in Colonial India, Nueva Delhi, Oxford University Press, 1989; K. Katrak, “Indian Na-
tionalism, Gandhian Satyagraha and Representations of Female Sexuality”, Nationalisms and
Sexualities, Londres, Routledge, 1991, pp. 395-406. También G. Pearson, “Nationalism, Univer-
salization and the Extended Female Space in Bombay City”, The Extended Family: Women and
Political Participation in India and Pakistan, Nueva Delhi, Chanakya Publishers, 1981, y G.
Forbes, “The Politics of Respectability: Indian Women and the Indian National Congress”, The
Indian National Congress; Centenary Highlights, Nueva Delhi, Oxford University Press, 1988.
47 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Gandhi fue más complejo.39 Su práctica frecuentemente era más radical


que sus pronunciamientos; y, al menos para las mujeres individuales, la
participación pública en el movimiento era una experiencia radicalizado-
ra, más allá de la ideología del movimiento. La tensión entre la movilización
pública de las mujeres y el significado de esta participación pública, que
surgió en el contexto del movimiento de Gandhi, tiene resonancia en di-
versos grados para un número de diferentes tipos de proyectos naciona-
listas. Lo público “domesticado”, no menos que lo doméstico “politizado”,
problematiza la separación en torno al género de lo público y lo privado;
pero la siguiente pregunta que plantea es precisamente la de la represen-
tación de las mujeres y de las mujeres como sujetos.
Una línea fructífera de investigación ha sido tomar de frente la “do-
mesticación” de las mujeres en el discurso nacionalista oficial y la resisten-
cia de éste a reconocer a las mujeres propiamente como sujetos políticos.
Explorando las experiencias de las mujeres nacionalistas en la provincia
de Madrás, por ejemplo, Kamala Visweswaran pone atención a las formas
en que la ideología nacionalista reafirmó las nociones coloniales que cla-
sificaban a estas mujeres como “sujetos dependientes”, definidas por la
representación de sus esposos y otros miembros masculinos de la familia.40
Concentrándose en las estrategias enfocadas dentro de la ideología nacio-
nalista en contener la representación de las mujeres, está también atenta a
las brechas en esta ideología que permitan la recuperación de las mujeres
como participantes activas en el movimiento anticolonial nacionalista. El
contraste entre las experiencias de cárcel de mujeres de elite y de mujeres
de castas subordinadas y pobres, además, permite a Visweswaran reflexio-
nar sobre dos diferentes maneras en que el género se vuelve relevante para
la categoría de subalternidad (marginalidad): las mujeres (universalizadas
y esencializadas) como subalternas, como es evidente en la contención de
las mujeres en la ideología nacionalista a través de una lógica de domesti-
cación; y las mujeres subalternas, difícilmente consideradas dignas de
atención tanto en la ideología colonial como en la nacionalista.

39 M. Kishwar, op. cit.


40 K. Visweswaran, “Small Speeches, Subaltern Gender: Nationalist Ideology and its Historiogra-
phy”, Subaltern Studies 9: Writings on South Asian History and Society, Nueva Delhi, Oxford
University Press, 1996, pp. 83-125.
48 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La historia de la relación entre el nacionalismo anticolonial y el femi-


nismo ha proporcionado otro campo para explorar la representación
política de las mujeres. La lucha por la liberación de las mujeres en el Sur
de Asia —como en muchos otros países colonizados— estuvo estrecha-
mente entretejida con la lucha por la liberación nacional. Las mujeres
educadas de las clases privilegiadas durante el periodo colonial gestaron
reuniones, establecieron organizaciones autónomas de mujeres y publica-
ron material impreso, incluyendo revistas, periódicos y novelas de muje-
res, entre otros. Reflejando sus propias prioridades, abogaban por cosas
como la educación, el voto, el empleo y los derechos de matrimonio y
propiedad para las mujeres.41 Estos movimientos feministas de clase media
se inspiraban en la lucha antiimperial y surgieron en el contexto dual de la
contienda contra el imperialismo y contra las estructuras tradicionales
patriarcales y religiosas de la sociedad indígena. El movimiento naciona-
lista y los nacionalistas masculinos ayudaban con frecuencia en las luchas
de las mujeres, pero esta colaboración siempre fue de doble filo: aquéllas
por la liberación nacional, como es ahora bien sabido, promovían, a la vez
que limitaban las demandas de emancipación de las mujeres. Y las femi-
nistas, a pesar de estar limitadas por sus composiciones de casta-clase y sus
afiliaciones políticas, no eran inmunes a las presiones de la solidaridad
nacional. El resultado era que la pugna por la igualdad política y legal para
las mujeres era muchas veces más fácil que el reto de la subordinación
de las mujeres dentro de las estructuras patriarcales de la familia y la
sociedad. La ambivalencia de la relación entre el feminismo y el naciona-
lismo anticolonial en la India se repite, aunque con variaciones en grado
y especie, en otros movimientos feministas. Esto incluye el ejemplo con-
temporáneo del feminismo dalit, que surgió en oposición tanto al femi-
nismo indio de savarna (casta superior), como al patriarcado dalit, pero que
todavía debe negociar entre presiones opuestas, como “mujeres” y como
defensoras de la “comunidad”.42

41 K. Jayawardena, Feminism and Nationalism in the Third World, Londres, Zed Books (1986); G.
Forbes, Women in Modern India (The New Cambridge History of India), Cambridge, Cambrid-
ge University Press, 1996; P. Anagol-McGinn, The Emergence of Feminism in India, 1850-1920,
Londres, Ashgate, 2006.
42 S. Rege, Writing Caste, Writing Gender: Reading Dalit Women’s Testimonios, Nueva Delhi, Zubaan,
2006.
49 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La historia de la producción de las “mujeres” como un sector político


en la India colonial tardía ilumina algunas peculiaridades de la forma en
que el género moldea la política pública en India. Las mujeres hindúes y
musulmanas de las clases privilegiadas se movilizaron en favor de un
sector político de “mujeres”, imaginado necesariamente como transversal
en comunidad y en clase. El triunfo de estos esfuerzos llegó con la apro-
bación del Acta de Restricción de Matrimonio Infantil en 1929 —la pri-
mera, y desde entonces también la única ley sobre el matrimonio en India
que se impone sobre las leyes “personales” de las diferentes comunidades
religiosas, para ser aplicable universalmente. Las partidarias feministas del
acta pusieron a las “mujeres” —y no la “comunidad”— como los sujetos y,
al mismo tiempo, los objetos de la reforma. El acta, al imponerse por en-
cima de las leyes religiosas personales separadas para lograr una aplicación
universal, aunque como medida penal, ayudó en el esfuerzo por liberar a
las mujeres de las ataduras apretadas de comunidad y por reconstituirlas
como sujetos políticos con incidencia independiente en el Estado. Esta
frágil coalición política representó una fuerza política insólita en la esfera
pública de la era colonial tardía en India, que giraba en torno a la comu-
nidad: un universalismo liberal contencioso, constituido a la vez al lado y
en contra del liberalismo clásico europeo, que exaltaba a las mujeres como
paradigma del ciudadano universal deseado en un Estado nacional nacien-
te.43 La genealogía del ciudadano universal fue encauzada por el universa-
lismo liberal contencioso de las primeras feministas indias. La represen-
tación política de las mujeres en favor de las “mujeres” —en una asociación
deliberada de lo doméstico con lo político— intervino para cambiar los
términos del debate sobre la política pública nacional.
La noción del ciudadano individual abstracto, enraizada en la política
de las mujeres, ha tenido implicaciones para las articulaciones de los de-
rechos de las comunidades religiosas minoritarias y de los dalits, además
de las mujeres. La lección que ofrecía la frágil coalición transcomunal de
mujeres a los integrantes de las comunidades minoritarias y de dalits, por
ejemplo, fue ampliamente invocada en los debates sobre el sufragio y la
representación política en el periodo previo a la aprobación de la Consti-
tución colonial de 1935. Como el sector político de las mujeres indias se

43 Mrinalini Sinha, Gender and Nation, Washington, D. C., American Historical Association, 2006.
50 Historia, sociedad y política en India contemporánea

encontró durante los debates constitucionales en oposición a las comuni-


dades religiosas minoritarias y los dalits, la frágil unidad de las mujeres
fue imposible de sostener. La mujer india como modelo para el ciudadano
indio, en realidad, produjo resultados contradictorios para la relación
entre “mujeres” y “comunidad”: entonces las mujeres llegaron a hablar por
los reclamos rivales de comunidades de diversa constitución, ya fueran
nacionales, religiosas o de casta. La paradoja constitutiva del feminismo
en India ha sido precisamente esta: la necesidad y la imposibilidad de
constituir a las mujeres por separado de la comunidad.
El legado de esta paradoja de la era colonial continúa manifestándose
en India en la manera en que las mujeres están posicionadas “entre la co-
munidad y el Estado” en controversias públicas en torno a los derechos de
comunidades religiosas minoritarias.44 El enredo de los derechos de las
mujeres con los derechos de los grupos subordinados tiene su origen no
sólo en la política colonial nacionalista, sino también en la historia parti-
cular de la producción de mujeres como un sector político en India colonial
tardía. Las preocupaciones políticas tradicionales del nacionalismo, tales
como la protesta pública, la ciudadanía, la democracia y los derechos de
las minorías, no sólo han conformado la participación política de las muje-
res, sino que han sido conformadas por ésta.45 Así, la atención a las mujeres
como sujetos políticos, con toda la gama de posiciones políticas, tiene el
potencial de ofrecer historias alternativas de cosas como el liberalismo, la
ciudadanía, las minorías y la democracia, por nombrar algunas.
Las contribuciones de los estudios sobre el género y el nacionalismo
en las últimas décadas son un testimonio de la sofisticación y la madurez
del campo. Podría existir, quizá, mejor indicador del éxito de la investiga-
ción académica feminista que la posición central del análisis de género en
el estudio del nacionalismo hoy. Sin embargo, un análisis más detallado de
los elementos particulares que han ganado aceptación generalizada en
estos estudios, y de aquellas que no, revela la desigualdad en la recepción
de la academia feminista en la disciplina. Lo doméstico, por ejemplo, es

44 R. Sunder Rajan, “Women Between Community and State: Some Implications of the Debate on
Uniform Civil Codes in India”, Social Text 65, vol. 18, no. 4, 2000, pp. 55-82.
45 A. Roy, Gendered Citizenship: Historical and Conceptual Explorations, Nueva Delhi, Orient
Blackswan, 2005, y C. Keating, Decolonizing Democracy: Transforming the Social Contract in
India, Pennsylvania, Penn State University Press, 2011.
51 Historia, sociedad y política en India contemporánea

ahora ampliamente reconocido como un elemento central en la política


nacionalista; pero todavía es analizado con demasiada frecuencia en tér-
minos relativamente llanos, sin mucha atención a las dinámicas propias
de lo doméstico en sí. Del mismo modo, los estudios en general ahora
reconocen rutinariamente a las mujeres como objetos importantes del
discurso nacionalista, pero sigue demostrando poco interés por las muje-
res como sujetos. Y, por lo mismo, ciertas esferas de la política nacional,
en particular muchos de los temas políticos convencionales, aún perma-
necen impermeables a la representación de las mujeres. La comprensión
a menudo unidimensional y domesticada de las “mujeres” en los estudios
sobre el género y el nacionalismo demuestran la limitada incidencia de los
estudios feministas en la disciplina.
Lo anómalo de la situación, en realidad, es que mientras una perspec-
tiva de género sobre el nacionalismo se ha vuelto de rigueur, las contribu-
ciones de la academia feminista aún permanecen silenciadas. La crítica de
la coyuntura académica actual no podría hacer nada mejor que reanimar la
cargada categoría de las “mujeres”: no para recuperar el mito de una iden-
tidad unificada y esencializada sino para historiar e interrogar la produc-
ción de las mujeres como sujetos, siguiendo múltiples ejes de diferencia
para perturbar algunas de las generalizaciones de rápida congelación en la
disciplina; arrojar luz sobre el proceso de constitución de las mujeres como
sujetos, en lugar de presuponer a las mujeres como dadas, simplemente en
espera de ser movilizadas. Los académicos feministas tienen la oportuni-
dad de expandir los límites de la disciplina en maneras interesantes. En la
medida en que los procesos históricos a través de los cuales las mujeres se
constituyen como sujetos son necesariamente contingentes, no pueden ser
anulados a priori por una lógica basada en la construcción de la diferencia
sexual. Considérese aquí la formación de un sector político de “mujeres”
en oposición a la identidad colectiva de la “comunidad” en la India colonial
tardía. Esto libera al género de su asociación privilegiada con la diferencia
sexual para poner a disposición un rango de fuerzas políticas y sociocul-
turales que son constitutivas de las “mujeres”. Esta vuelta, revisada y remo-
delada, a “las mujeres” no sólo pone lo privado y lo público de nuevo a
disposición de los estudios sobre el nacionalismo; también abre la categoría
del género mismo para una pluralización más radical de su significado. Bien
puede haber llegado el momento de preguntar no sólo en qué contribuye
52 Historia, sociedad y política en India contemporánea

el estudio del género a nuestra comprensión del nacionalismo, sino tam-


bién qué puede aportar el estudio de los nacionalismos a nuestra compren-
sión del género.

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Democracia, religión y género
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“La democracia en India no está funcionando; ha fracasado”, publicó en


Facebook un primo mío hace unos días. “Además de que los políticos son
corruptos y egoístas, continuaba, la ‘reservación’ o ‘discriminación compen-
satoria’ no está basada en factores económicos, lo que la vuelve arbitraria.”
Comienzo mi intervención con este mensaje de Facebook aparentemente
trivial, dado que apunta a una grave denuncia por parte de grupos privi-
legiados contra la discriminación compensatoria y plantea importantes
cuestiones acerca de cómo concebimos la democracia, la igualdad y la
justicia social. Estos temas y su intersección con cuestiones de religión y
género constituirán el foco principal de mi texto.
¿Qué entendemos por democracia? Democracia, en su uso y entendi-
miento común, está ampliamente asociada con gobierno representativo.
Históricamente, sin embargo, no hay un vínculo intrínseco entre los dos
conceptos. Mientras que la democracia surgió en la Atenas antigua como
resultado de luchas desde abajo, en algunas sociedades europeas medieva-
les la representación era impuesta desde arriba y a conveniencia del rey.1
La fusión de estos dos modos de representación política fue algo que se
formó durante los siglos XVII y XVIII; producto de estos procesos, para
principios del siglo XIX existía un sistema de representación capaz de inte-
grar a toda la comunidad, un sistema que fue aclamado por el liberal britá-
nico James Mill como un “gran descubrimiento” de los tiempos modernos.2

1 U. J. Van Beek (ed.), Democracy under Scrutiny: Elites, Citizens, Cultures, Opladen, Barbara Bu-
drich Publishers, 2010, p. 11.
2 J. Mill, Political Writings, Cambridge, Cambridge University Press, 1992, particularmente: “Essay
on Government”.
58 Historia, sociedad y política en India contemporánea

A pesar de la entusiasta aprobación de Mill, la extremadamente influyente


teoría de Robert Dahl ha argumentado que la mayoría de las democracias
son en realidad poliarquías (donde el poder reside no en una única persona,
el monarca, sino en unos pocos), dado que es casi imposible para los go-
biernos democráticos responder de la misma manera a las demandas de
todos sus ciudadanos.3 Más importante es el énfasis que pone Dahl en el
carácter contingente de la inclusión política en democracias liberales, don-
de el derecho a ser incluido está basado en la capacidad de ejercer la “razón”.4
Además, las democracias no son ni singulares ni homogéneas: varían
en relación con los modos en que gobiernan el acceso a, y el ejercicio de,
la autoridad pública. Vale hacer notar que el propio James Mill condenaba
el miserable estado de la sociedad en la India decimonónica y defendía la
“misión civilizadora” para justificar la presencia de la Compañía Británica
de las Indias Orientales —un doloroso recordatorio de los íntimos víncu-
los entre liberalismo e imperio—. Tan sólo es necesario tener en cuenta el
brillante análisis del pensamiento liberal-utilitario británico ofrecido por
Uday Singh Mehta (en su libro Liberalism and Empire), quien demuestra
cómo las suposiciones liberales acerca de la razón y el progreso excluían a
personas y sociedades “atrasadas” e “infantiles” del ámbito de la doctrina
liberal y justificaban un imperio construido en la dominación política.5 En
otras palabras, el universalismo abstracto del siglo XIX era inherentemen-
te exclusivo y limitado.
Al mismo tiempo, es cierto que el éxito de las luchas nacionalistas y
democráticas en todo el mundo durante varias décadas del siglo XX signi-
ficó que las restricciones de rango, raza, casta y género fueran gradualmen-
te removidas del concepto de ciudadanía, haciendo de la ciudadanía uni-
versal la norma general para los Estados-nación modernos.6
A pesar de la anulación de tales distinciones, un conflicto yace en el
corazón de las políticas modernas imperantes en la mayor parte del mundo.
Es la existencia de: a) la oposición entre el ideal universal del nacionalismo

3 R. Dahl, Polyarchy: Participation and Opposition, New Haven, Yale University Press, 1971.
4 R. Dahl, Democracy, Liberty and Equality, Nueva York, Oxford University Press, 1986, p. 208.
5 U. S. Mehta, Liberalism and Empire: A Study in Nineteenth-Century British Liberal Thought,
Chicago, University of Chicago Press, 1999, particularmente el capítulo 2.
6 P. Chatterjee, The Politics of the Governed: Reflections on Popular Politics in Most of the World,
Nueva York, Columbia University Press, 2004, p. 29.
59 Historia, sociedad y política en India contemporánea

cívico, la premisa de la libertad individual y la igualdad de derechos sin


importar religión, raza, lengua o cultura; y b) las demandas particulares de
identidad cultural que requieren un tratamiento especial hacia ciertos grupos
en consideración a su vulnerabilidad o su atraso, así como para casos de
injusticia histórica, por mencionar algunos ejemplos.7 Este binarismo con-
tradictorio refleja la transición en la política moderna, la cual, en el curso del
siglo XX, pasa de políticas democráticas enraizadas en la idea de una sobe-
ranía popular, a políticas democráticas definidas por la “gubernamentalidad”.
El Estado, debemos recordar, es mucho más que un agregado de bu-
rocracias públicas o el aparato de Estado: conlleva una serie de relaciones
sociales que apuntalan un cierto orden mantenido en su lugar por “una
garantía centralizada y coercitiva sobre un cierto territorio”.8 Esta intrin-
cada relación entre el Estado y la sociedad moldea, de manera crucial, las
características de cada democracia, haciendo que ésta tome formas parti-
culares en diferentes Estados y sociedades.
La relación entre el Estado y la sociedad está formalizada en un sistema
legal instituido y mantenido por aquél. El sistema legal subyace al estado
y al orden que éste establece y garantiza sobre un territorio dado. El orden
no es igualitario ni socialmente imparcial, pero su sentido conlleva que
múltiples relaciones sociales sean conducidas dentro de sus normas y
que las órdenes sean obedecidas por los ciudadanos a cambio del orden
garantizado por el Estado. Este consentimiento afirma y reproduce el
orden social existente.
Aparte de sus aspectos organizacionales, burocráticos y legales, el Es-
tado tiene una dimensión ideológica: comúnmente se cree que el Estado
es un Estado para la nación, la forma ideal para la realización de la ciuda-
danía universal, una ciudadanía concebida como el poder de tener y gozar
derechos. Aquí es importante señalar que las ideas liberales de igualdad
y derechos individuales se han vuelto problemáticas.
La contribución de la teoría feminista ha sido fundamental. Generacio-
nes de académicos feministas han demostrado las ambigüedades inherentes
en la promesa liberal de igualdad, en la cual las mujeres fueron largamente

7 Ibidem, p. 4.
8 G. O’Donnell, On the State, Democratization and Some Conceptual Problems: A Latin American
View with Glances at Some Post-Communist Countries, Notre Dame, Helen Kellogg Institute for
International Studies, 1993.
60 Historia, sociedad y política en India contemporánea

excluidas de la ciudadanía —dominio de los hombres—, y en la construc-


ción, marcada implícitamente por nociones de género, que ha apuntalado
al sujeto de derechos políticos supuestamente universales en las democracias
liberales.9 Incluso cuando las mujeres adquieren derechos políticos forma-
les en el ámbito público, su igualdad política continúa siendo minada por
la subordinación de la mujer en la esfera privada.10 Entonces, según los
estudiosos feministas, el género constituye un punto de tensión en la vida
de la nación y el Estado moderno. Esto se debe a que existen formas parti-
culares dentro de las cuales las mujeres son construidas como ciudadanas
bajo regímenes modernos. Es importante comprender la entremezclada
identidad del ser mujer en distintos registros, que son simultáneamente
tanto de género como políticos, y situar la figura de la mujer en las matrices
imbricadas de la nación, las cuales la transforman en una portadora de la
tradición y del Estado, con connotaciones y responsabilidades particulares
como ciudadana, distintas a las del ideal ciudadano: el masculino.
Trabajos importantes han señalado cómo la igualdad y la libertad irían
en sentidos opuestos y tendrían que ser mediadas por la propiedad y la
comunidad. Es importante ser consciente, desde el principio, de que la ma-
yoría de las democracias funcionan dentro de sociedades capitalistas don-
de la igualdad de propiedad e igualdad de condiciones económicas no
constituyen un requerimiento básico de igualdad. De hecho, el derecho a
poseer propiedades es un elemento importante para la “inclusión política”11
en la mayor parte de la teoría liberal clásica, la cual ha mostrado una
marcada preferencia hacia una clase en particular para que se le permita
disfrutar de libertad respecto de la organización política y el poder.12 La
clara separación de lo público y lo privado junto con la demarcación de
propiedad “privada” y la “libertad” de gozar o tener derecho a esta propie-
dad privada han permitido a las democracias capitalistas resolver el pro-
blema de la desigualdad económica.

9 C. Pateman, The Sexual Contract, Stanford, Stanford University Press, 1983, y A. Phillips, En-
gendering Democracy, Pennsylvania, Pennsylvania State University Press/Polity Press, 1991.
10 M. Sinha, “Historically Speaking: Gender and Citizenship in Colonial India”, The Question of
Gender, Bloomington, Indiana University Press, 2011, pp. 80-101.
11 R. Dahl, Democracy...
12 S. P. Banerjee, Tradition and Truth: Essays on Indian and Western Philosophy, Nueva Delhi,
Indian Council of Philosophical Research, 2009.
61 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La tensión irresoluta entre igualdad y libertad ha permitido una ex-


pansión del concepto de democracia. Democracia ahora significa tanto
una forma de gobierno como una sociedad en la cual tal gobierno está en
el poder.13 Lo que en tiempos recientes ha preocupado a los intelectuales
y a los “hacedores” de políticas, y ha movilizado a distintos grupos sociales,
ha sido que, de hecho, las condiciones no son iguales para todos en el
dominio de lo público, lo político y lo social. Consecuentemente, la idea
de que hay una igualdad que garantiza los mismos derechos para todos los
ciudadanos en condiciones similares se ha vuelto vacía. Esto ha llevado a
muchos a reflexionar sobre las diferencias fundamentales entre la igualdad
formal y la igualdad sustantiva, así como a comparar a la ciudadanía formal
con la ciudadanía real. Con este panorama en mente, intentamos entrar a
la sociedad democrática de India ahora.

Igualdad y justicia en la Constitución india

La “contribución original” de India a la producción de constituciones, se ha


dicho, yace en la inmensa capacidad de “acomodación, la habilidad de re-
conciliar, armonizar y hacer funcionar conceptos aparentemente incompa-
tibles sin cambiar su contenido”.14 Estos conceptos son los de “discriminación
compensatoria” que pone a las nociones de igualdad liberal bajo una presión
severa; y el pluralismo legal que da cuenta directamente de los derechos
individuales y colectivos. Para algunos académicos, este compromiso simul-
táneo con “conceptos incompatibles” vuelve contradictoria la postura de
India hacia la igualdad y el secularismo. Para otros, la presencia simultánea
de derechos individuales para los ciudadanos y derechos colectivos para
las comunidades parece garantizar la pluralidad y la igualdad sustantiva.
Voy a tocar los dos conceptos y prácticas en una manera consecutiva.
La Constitución de India, que entró en vigor el 26 de enero de 1950, de-
claraba ilegal la práctica de “intocabilidad”. El Preámbulo de la Consti-
tución garantizaba justicia para el pueblo, seguida de igualdad y libertad.

13 Ibidem, p. 268.
14 G. Austin, The Indian Constitution: Cornerstone of a Nation, Oxford, Oxford Clarendon Press,
1966, y G. Austin, Working a Democratic Constitution: The Indian Experience, Nueva Delhi,
Oxford University Press, 2001.
62 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La Constitución además reservaba para los grupos en desventaja “cuotas”


en las instituciones educativas administradas por el Estado, en el empleo
público y en las circunscripciones electorales. Esta “reservación” o discri-
minación positiva o compensatoria tan cuestionada fue adoptada como una
medida temporal por diez años. Tenía como premisa un reconocimiento
de que “las condiciones no eran iguales” y así privilegios especiales debían
ser concedidos a grupos en desventaja en consideración a su atraso o vul-
nerabilidad. La idea era que la dispensación especial por un periodo espe-
cífico de tiempo permitiría que los sectores “atrasados” de la sociedad es-
tuvieran a la par con los demás y ejercieran sus derechos en igualdad de
condiciones. Esto, según B. R. Ambedkar, el ardiente líder dalit y presidente
del comité encargado de redactar la Constitución, disolvería los “grupos” o
“colectividades” en individuos y confirmaría el principio de un hombre
(o mujer), un valor, un voto.
Déjenme excavar brevemente en la genealogía de esta práctica. Para el
tiempo de la Independencia de India en agosto de 1947, la casta e identi-
dades construidas en torno a ella se habían atrincherado como categorías
políticas. Las reformas institucionales del Estado colonial británico desde
la segunda mitad del siglo XIX habían señalado las clases (y castas) “opri-
midas” que requerían privilegios especiales, tales como la reservación de
escaños en el electorado. La consciencia, la reivindicación y la lucha de las
castas bajas, de no brahmanes e intocables (dalits), habían adquirido nue-
vo significado en las políticas de representación desde el tiempo en que los
censos indicaron la gran discrepancia entre el número total de castas bajas
e intocables y su falta relativa de representación en las instituciones y los
empleos educacionales y gubernamentales, así como en la vida pública de
India. Corrientes radicales de lucha de no brahmanes y dalits habían pasa-
do de manifestarse en torno a las políticas y beneficios institucionales que
el Estado podría ofrecer a combatir la discriminación. Habían comenzado
a pelear por el “autorrespeto”. Grandes grupos de castas intocables habían
empezado a usar el término dalit, en un principio derivado de la categoría
colonial de “oprimido”15 desde la década de 1930, para definirse a sí mismos

15 E. Zelliot, “India’s Dalits: Racism and Contemporary Change”, Global Dialogue, vol. 12, no. 2,
verano-otoño de 2010, disponible en [Link] (ac-
ceso el 16 de julio 2015).
63 Historia, sociedad y política en India contemporánea

como mermados y oprimidos durante siglos. En otras palabras, casta no


sólo había adquirido un significado especial, también se había vuelto un
elemento crucial en la movilización en contra de la discriminación.
¿Qué es lo que hace la casta algo distinto? Es su carácter adscriptivo y
su endogamia usualmente confirmada por el principio de la pureza e im-
pureza ritual. Las personas nacen dentro de castas, es decir, les son adscri-
tas, aun cuando la movilidad de castas ha sido una característica constan-
te del “sistema”. En distinción contraria con la visión de Nehru de que la
casta era un asunto interno del hinduismo y tenía que mantenerse fuera de
la arena política, Ambedkar afirmaba la centralidad de la casta en la esfera
de lo social y lo político y argumentaba que tenía que ser combatida desde
dentro de las instituciones del Estado. Al trabajar dentro y no fuera de las
instituciones del Estado colonial y poscolonial, Ambedkar transformó
las nociones de nación, ciudadanía y derechos políticos.
La discriminación compensatoria de India independiente está permi-
tida con base en la casta como elemento clave que señala a los grupos como
“atrasados” en razón de la prolongada discriminación social, ritual, econó-
mica y política, y por ello en necesidad de “compensación” o trato preferen-
cial. Sin duda, esta preocupación por ofrecer igualdad sociopolítica “sus-
tantiva” y justicia social a todos los ciudadanos indios encarna una tensión
duradera en el concepto de ciudadanía. La concesión de derechos univer-
sales ha tenido desde un comienzo el contrapeso del reconocimiento de la
“injusticia histórica” sufrida por comunidades particulares y la concesión
de privilegios especiales para ellas. Este anclaje de derechos en “colecti-
vidades” “disminuía la presión para acordar derechos universales” e incita
a demandas de “dispensaciones especiales para grupos seleccionados”.16
El intento de garantizar una sociedad menos injusta por medio de la
“dispensación especial” otorgada por la Constitución no ha llegado a su
objetivo. Sin duda, la cláusula de “cuota” ha permitido a ciertas secciones
de dalits y clases “atrasadas” adquirir más poder político y ocasionado una
“revolución silenciosa” al dar mucha mayor representación a los dalits y
clases atrasadas en los cuerpos legislativos del país.17 Al mismo tiempo, se

16 S. Khilnani, The Idea of India, Londres, Hamish Hamilton, 1977, p. 35.


17 C. Jaffrelot, India’s Silent Revolution: The Rise of Low Castes in North Indian Politics, Nueva
Delhi, Permanent Black, 2003.
64 Historia, sociedad y política en India contemporánea

han fortalecido las “colectividades” como categorías políticas y se ha con-


ferido a la casta nuevo vigor como modo de autoidentificación política,
debido a que cada vez más grupos se presentan y reivindican sus derechos
a “reservación” en razón de su “atraso”. Casta, relacionada tradicionalmen-
te con religión y ritual, no sólo ha mostrado su carácter inherentemente
político y su íntimo vínculo con poder, sino también ha sido un elemento
clave en la movilización electoral en India independiente.
Irónica pero no sorprendentemente, los reclamos estentóreos de los
dalits y otras castas atrasadas han generado una reacción por parte de las
“castas aventajadas” (un término particular que se usa ahora en India para
contrastar con las clases “atrasadas”). Las clases y castas superiores privi-
legiadas se han levantado con serias críticas de la discriminación compen-
satoria. Ellos lamentan el deterioro en la norma política e insisten en la
necesidad de una igualdad y mérito burgués para el correcto funciona-
miento de la democracia. En su punto de vista, la discriminación positiva
es una fuerza negativa que refuerza la desigualdad y la identidad de casta.
Nos enfrentamos a una paradoja. Un esfuerzo para garantizar justicia
por medio de una distribución justa y “justificable” del derecho a bienes
sociales valiosos para un conjunto diverso de individuos —ciudadanos en
este caso— ha resultado en el reforzamiento de identidades que enfatizan
la diferencia y “atraso” por parte de algunos, y un cuestionamiento de la
“justificabilidad” del principio en el cual está basada dicha distribución
por parte de otros. En otras palabras, todos los ciudadanos de India en
principio no aceptan más la “razón justificadora”,18 la cual se considera la
regla básica que gobierna el respeto igualitario o la igualdad moral de las
personas —aquí me estoy refiriendo, en términos generales, a la aceptación
del respeto igualitario para todas las personas como el denominador co-
mún básico en teorías liberales influyentes de justicia propuestas por John
Rawls y Ronald Dworkin.19
La “investidura” de atraso por parte de muchos dalits y clases atrasadas
no sólo supone difíciles problemas para la democracia india; también nos

18 L. Valentini, “Justice, Disagreement and Democracy”, British Journal of Politic Science, Cambridge,
Cambridge University Press, vol. 43, no. 1, enero de 2013, p. 178.
19 J. Rawls, A Theory of Justice, Oxford, Oxford University Press, 1999; R. Dworkin, Sovereign
Virtue: The Theory and Practice of Equality, Cambridge, Harvard University Press, 2002, y A.
Sen, Development as Freedom, Oxford, Oxford University Press, 1999.
65 Historia, sociedad y política en India contemporánea

empuja a considerar cuidadosamente el punto de William Connolly sobre


cómo la política está permeada por la indispensable relación entre identi-
dad y diferencia. Si en India la democracia ha permitido la expresión de
identidad en la diferencia, también ha engendrado una política reactiva
de identidad dogmática a través del resentimiento.20 ¿Cómo entonces re-
cuperamos “el carácter relacional y construido de la identidad” que puede
hacer una diferencia para el “carácter ético” de la vida política al desafiar
la “pureza hegemónica” de una cierta identidad?21 ¿En este caso la identi-
dad de la “mayoría” en una democracia?
Estamos enfrentados con un dilema y una paradoja que necesitan ser
tratados con seriedad. ¿Podemos aceptar y sostener la naturaleza relacional
y construida de la identidad al mismo tiempo que reconocemos la “dog-
matización de la identidad” por parte de grupos no privilegiados, así como
de castas “aventajadas”, dos bloques aparentemente cristalizados, cado uno
afirmando su identidad a través de la diferencia con el otro?
¿Qué resultado ha tenido la democracia india al operar su “compromi-
so con el respeto igualitario”?22 Según parece, se ha quedado estancada como
requisito de justicia y “como un instrumento para realizarla”. Y esto ha su-
cedido debido no a su falta de compromiso con el respeto igualitario sino
al hecho de que, al permitir que identidades contingentes encuentren ex-
presión política, ha engendrado involuntariamente identidades dogmáticas.
En otras palabras, la “constitucionalización de la justicia fundamental”
no es “garantía contra la injusticia” interpretada más ampliamente.23 Un
llamado al respeto igualitario por medio de la mutua justificabilidad no es
adecuado para decidir cuáles leyes y políticas son justas y cuáles no lo son.
Puede darnos una idea de qué descartar de un sistema político justo pero
no alcanza a determinar qué requiere realmente un sistema justo. No hay
manera de determinar cómo las mayorías democráticas deciden balancear
e interpretar las garantías constitucionales unas contra otras. Por lo tanto,
la reivindicación de miembros de las castas bajas y la creciente apropiación
de una identidad politizada por los dalits ha ido mano con mano con el

20 W. E. Connolly, Identity/Difference: Democratic Negotiations of Political Paradox, Minneapolis/


Londres, University of Minnesota Press, 2002, p. 193.
21 Ibidem, pp. IX-X.
22 L. Valentini, op. cit., p. 178.
23 Ibidem, p. 180.
66 Historia, sociedad y política en India contemporánea

fortalecimiento del prejuicio de las castas y clases superiores de distintas


maneras; una de cuyas repercusiones ha sido el resurgimiento de la dere-
cha hindú.
El desafío planteado por los grupos “atrasados” a la autoidentidad he-
gemónica y la autoafirmación de la clase superior y los grupos privilegia-
dos (hindúes) y su interrogación del “consenso” en que la democracia está
supuestamente basada se ha presentado a través de una objetivación de su
propia identidad como “atrasada”. Y sus enérgicos esfuerzos para legitimar
esta identidad han amenazado con desentrañar la autocerteza de la iden-
tidad de grupos privilegiados como intrínsecamente buenos y legítimos.
Tales grupos a su vez han intentado definir la identidad “atrasada” como
anárquica y peligrosa, un “otro” que es intrínsecamente malo. Cabe seña-
lar aquí que Connolly retoma y aprovecha de manera creativa el pensa-
miento de Nietzsche en su defensa de la democracia agonística, un punto
que no podré desarrollar aquí.24
Esta experiencia problemática demanda una atenta reconsideración
de la teoría democrática. La legitimación de la identidad política de co-
munidades “atrasadas” en India ha trastocado sin duda “ideales consen-
suados del compromiso y aspiración políticos”.25 Sin embargo, también ha
reforzado la necesidad de un “consenso” entre muchos y ha allanado el
camino para el surgimiento de la derecha hindú al poder político. La in-
terrogación del “consenso” democrático por grupos no privilegiados ha
sido emparejada por una fuerte insistencia en la pureza hegemónica de la
identidad “hindú” y las raíces culturales de India y de los ciudadanos in-
dios; y no ha resultado en “respeto agonístico entre comunidades entre-
lazadas y contendientes”.26

Derechos individuales, derechos colectivos

Es tiempo ya de dar un breve vistazo al experimento de India con el plu-


ralismo legal. Liberador e inclusivo en el plano conceptual, el pluralismo
legal produce un caos legal y genera serios problemas difíciles de resolver.

24 W. E. Connolly, op. cit., pp. 65-66.


25 Idem.
26 Ibidem, p. XI.
67 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La Constitución de India permite un código civil y un código criminal


uniformes que se aplican a todos los ciudadanos independientemente de
su religión. Al mismo tiempo, se aceptan “leyes personales” —leyes sobre
las herencias, el matrimonio, el divorcio, la manutención y la adopción—
(temas que afectan a las mujeres directamente), para comunidades mino-
ritarias, comunidades delimitadas sobre la base de la religión. Las leyes
personales tienen una larga genealogía que se remonta al periodo colonial
en el que la ley “hindú” y la ley “musulmana” fueron codificadas a partir
de la premisa orientalista de que los habitantes del país necesitaban some-
terse a sus propias leyes. Esto provino de la noción británica de que el pilar
que constituía la sociedad no era el individuo soberano sino las comuni-
dades “primordiales” constituidas por religión, casta, parentesco, raza y
tribu. Esto dio un tono particular a las relaciones Estado-sociedad e hizo
posible que el discurso liberal de los derechos individuales en India toma-
ra una trayectoria diferente.27
Las consecuencias de la división de los pobladores indios entre hindúes
y musulmanes han sido de largo y muy influyente alcance. La categoriza-
ción de comunidades sobre la base de la religión creó una ficción legal de
que hindúes y musulmanes pertenecen a comunidades homogéneas y que
siguen leyes uniformes cuyo origen radica en sus respectivas escrituras.28
Esta distinción entre estatus (o ley) personal (familiar) y leyes civiles y
criminales comunes, cabe hacer notar, se mantiene en otras sociedades del
Medio Oriente que han estado bajo mandato británico por ciertos periodos
de tiempo. Egipto y Palestina ofrecen interesantes ejemplos de esto.
En tiempos de la independencia de India, las “leyes personales” habían
estado en operación por más de un siglo y medio. No podían ser elimina-
das. En efecto, se mantuvieron vigentes después de amargos debates en la
Asamblea Constituyente, en los años 1947-1949, como un compromiso o
una garantía para las comunidades minoritarias que el Estado indio habría
de “proteger”. Incluso, la “mayoría” hindú mantuvo sus “leyes personales”,
como una comunidad religiosa. Por consiguiente, las leyes familiares de
estas supuestamente cuatro mayores comunidades religiosas —hindúes,

27 M. Sinha, op. cit.


28 F. Agnes, Law and Gender Inequality: The Politics of Women’s Rights in India, Nueva Delhi, Oxford
University Press, 1999, p. 43.
68 Historia, sociedad y política en India contemporánea

musulmanes, cristianos y parsis— continuaron estando separadas del


principal cuerpo civil de leyes.29
Es interesante notar que la Constitución de India no se refiere a las
“leyes personales” como “religión”, aunque reconoce sus fundamentos
religiosos. El artículo 44 de la Constitución ordena al estado “esforzarse
por asegurar, para todos los ciudadanos, un código civil uniforme para
todo el territorio de India” y ordena que el Estado secularice y haga homo-
géneas las leyes familiares.30 Al mismo tiempo, este artículo es un principio
directivo de la política estatal, no ejecutable por ley. En el mismo ámbito,
las “leyes personales” se traducen como “derechos culturales” porque se
espera que aquéllas salvaguarden la “cultura” de las comunidades minori-
tarias. Los ciudadanos indios tienen la oportunidad de revertir el código
uniforme o sus “derechos colectivos” por problemas que caen dentro de la
dotación de “leyes personales”.
La noción liberal de los derechos tiene su premisa en la idea del ciu-
dadano-individuo. Los sujetos de la ley internacional también son sujetos
individuales, por ejemplo, personas que pertenecen a minorías, aunque es
evidente que los sujetos de estos derechos no pueden ser tratados como
“individuos aislados y atomizados porque, para que ellos puedan preservar
y disfrutar su cultura, la sobrevivencia colectiva de sus tradiciones se con-
vierte en una condición importante”.31
¿Cómo se pueden definir los derechos culturales o colectivos? ¿Son la
suma total de los derechos garantizados a un individuo ciudadano, que
pertenece a una comunidad minoritaria, o son lo colectivo por encima y
diferente del individuo?
Además de la tensión entre, por un lado, el Estado y lo “colectivo”, y,
por el otro, lo colectivo y el individuo como sujetos de derechos, la asocia-
ción entre los derechos colectivos y la cultura hace su legitimidad y apli-
cabilidad aun más problemática. Trabajos importantes han polemizado la

29 S. Sen, “Towards a Feminist Politics? The Indian Women’s Movement in Historical Perspective”,
The Violence of Development: The Politics of Identity, Gender & Social Inequalities in India, Lon-
dres, Zed Books, 2002, p. 485.
30 R. Pal, “Religious Minorities and the Law”, Religion and Personal Law in Secular India: A Call
to Judgement, Bloomington, Indiana University Press, 2001, p. 27.
31 V. Das, Critical Events: An Anthropological Perspective on Contemporary India, Nueva Delhi,
Oxford University Press, 1995, p. 87.
69 Historia, sociedad y política en India contemporánea

noción de “cultura”32 como un sistema común de significados a través de


los cuales la existencia colectiva se vuelve posible.33 Esto se debe a que este
sentido de cultura no da lugar a la idea del juicio y al papel que tiene el
poder, a través del cual el dominio de ideas y gustos queda establecido.34
De hecho, como Das señala, lo que se vuelve evidente en esta lucha
entre Estado, comunidad o colectividades y los individuos es la “doble vida
de la cultura”.35 Mientras la cultura compartida, que casi siempre constitu-
ye una comunidad o el “colectivo”, ofrece un “reconocimiento radical a la
humanidad de sus sujetos”, también conserva al individuo “dentro de lími-
tes tan definidos y estrechos que la capacidad de experimentar con el sí
mismo” es puesta en peligro.36 Como consecuencia, la idea asociativa de lo
colectivo, que implica “la pertenencia” del individuo, a menudo queda
sobrescrita por la idea de lo “colectivo”, que es “dueño” del individuo. Esto,
a su vez, impide seriamente el deseo de los individuos dentro de un colec-
tivo o comunidad “filiativa” (ascriptive community, comunidad adscriptiva),
tal y como aquella que está compuesta de una minoría étnica o religiosa,
para formar alianzas con una comunidad “afiliativa” (affiliative community),
como la comunidad de mujeres, para reinterpretar la “cultura compartida”
de acuerdo con un conjunto diferente de principios. Las tensiones, gene-
radas por tan distintos deseos, difícilmente encuentran una resolución
aceptable. Esto ha producido una expresión gráfica respecto de problemas
que surgen del ejercicio de las leyes personales por la comunidad ejempli-
ficado en el caso muy difundido y discutido de Shah Bano.
En 1978, Shah Bano, una mujer musulmana de 72 años de edad, di-
vorciada del marido después de 43 años de matrimonio bajo la “ley per-
sonal” islámica, recurrió al recurso del código uniforme para exigir ma-
nutención de su ex esposo. El marido, un abogado exitoso, afirmó en su
defensa que Shah Bano había dejado de ser su esposa a causa del divorcio,
que él había pagado su manutención durante el periodo de iddat, separa-

32 E. Said, Orientalism, Londres, Routledge & Kegan Paul Ltd., 1978, y T. Asad, Genealogies of
Religion: Discipline and Reasons of Power in Christianity and Islam, Baltimore (Maryland), Johns
Hopkins University Press, 1993.
33 C. Geertz, The Interpretation of Cultures: Selected Essays, Nueva York, Basic Books, 1973.
34 V. Das, op. cit., p. 90.
35 Ibidem, p. 91.
36 Idem.
70 Historia, sociedad y política en India contemporánea

ción (por cerca de dos años), y que también había depositado algo de di-
nero como mehr o dote que, formalmente, disolvía el matrimonio por
completo. De ahí que él no tuviera la obligación de pagar su manutención.
Después de una larga y muy publicitada guerra legal, la Suprema Corte de
India en 1985 ratificó el derecho de Shah Bano a la manutención bajo la
sección 125 del Código de Procedimiento Criminal.37
El caso de Shah Bano adquirió un significado central en la vida política
del país debido a “la heterogeneidad de la sentencia” y la “falta de mode-
ración en la prosa judicial”.38 El veredicto, pronunciado por el jefe de jus-
ticia hindú de la Suprema Corte, y por jueces hindúes, además de afirmar
el derecho de una mujer musulmana divorciada, versó en torno a la injus-
ticia hecha a las mujeres de todas las religiones; hacía comentarios peyo-
rativos sobre el islam, interpretaba la ley personal islámica, y enfatizaba
la necesidad de crear un código civil común como un medio de alcanzar la
integración nacional y la justicia de género. El caso de Shah Bano trajo al
primer plano las tensiones entre el Estado y la comunidad, por un lado, y
entre un individuo y la comunidad por el otro. Mientras la comunidad
minoritaria retaba el derecho del Estado a interferir en sus leyes persona-
les, restringía el derecho de un miembro femenino como individuo y
ciudadano en nombre de la preservación de la comunidad.
En este caso muy complicado que se convirtió en una lucha de “la
identidad cultural” de un grupo minoritario versus la “integridad nacional”
en los ochenta, la noción de derechos “seculares” vino en auxilio de aque-
llos que querían presionar en relación con la estandarización de las leyes
en nombre de la integración nacional a costa de los derechos de las comu-
nidades, mientras “religión” y “cultura” posibilitaban a secciones conser-
vadoras de la “comunidad minoritaria” pisotear de manera brutal los de-
rechos de las mujeres, revelando de esta manera la naturaleza restrictiva
de ambos tipos de derechos y subrayando la virtual imposibilidad de
realización de la ciudadanía universal.
La realidad de que casi todas las leyes personales sobre matrimonio,
herencia y tutela de menores discriminan a las mujeres en uno u otro modo
obliga a los feministas a “interpretar el asunto del código civil uniforme”

37 Mohd. Ahmed Khan contra Shah Bano Begam, AIR 1985 SC 945 citado en V. Das, op. cit.
38 V. Das, op. cit., p. 95.
71 Historia, sociedad y política en India contemporánea

desde una óptica distinta. Es importante subrayar que el juicio de la Supre-


ma Corte sobre el caso que Shah Bano pronunció en contra de la ley per-
sonal islámica y la legislación subsecuente que anuló el juicio marcaron un
momento en el que los movimientos de las mujeres empezaron a replantear
la idea del código civil uniforme. Se dieron cuenta de que la “integridad
nacional” significaba la marginalización de todos los intereses e identidades
no dominantes. A partir de los noventa, ha habido un cuestionamiento
serio de la idea de la nación y las comunidades como entidades homogé-
neas y esfuerzos para la creación de leyes con justicia de género.

Conclusiones

En fin, las contradicciones que han emergido en el contexto de los intentos


de India por garantizar los derechos individuales y colectivos revelan que
género, cultura, religión y su interacción están crucialmente presentes en
el desarrollo de la democracia y en conceptos del ciudadano bajo los regí-
menes de la modernidad. Mucho más que el indicador de una carencia o
una ausencia, la presencia de paradojas y contradicciones es constituyen-
te del Estado moderno y de la nación, y debe ser tomada en cuenta seria-
mente en cualquier reflexión o esfuerzo acerca de la construcción de un
Estado-nación plural y una ciudadanía inclusiva.

Referencias

Artículos

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Libros

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De cómo ser bárbaro en India*
Sanjay Subrahmanyam
Universidad de California, Los Ángeles, Departamento de Historia

Tanto las sociedades marcadas por el miedo como las impregna-


das de resentimiento están hoy en día en una encrucijada.

Tzvetan Todorov, El miedo a los bárbaros1

La historia de la tolerancia a lo que hoy conocemos como diferencia es una


excepción más que una regla en el pasado de la humanidad, al menos en
los últimos tres mil años. No es, pues, sorprendente que considerar, de una
u otra manera, a otros pueblos como “bárbaros” sea una historia en el
subcontinente indio tan vieja como esos miles de años. Los términos que
podrían glosar la palabra “bárbaro” son muchos también, aunque tal vez
no siempre utilizados en el más estricto sentido de los que no hablan una
lengua “entendible” y están limitados al uso de un absurdo “bar-bar” para
comunicarse. En efecto, quizá la historia de la India sea relativamente ori-
ginal por las muchas y variadas maneras en que se puede ser “bárbaro”.
Este breve ensayo examina la historia del bárbaro en la India en la longue
durée y repara en los variopintos usos del término y sus cambiantes coyun-
turas. Pero antes de interrogar al pasado, acaso pueda ser útil, inclusive
para historiadores, comenzar por el presente. Y es que los faits-divers de
los últimos años nos proporcionan material rico e inquietante para cual-
quier análisis de quién es visto como “bárbaro” en la India contemporánea
y las consecuencias concretas que esto tiene.

* Agradezco sinceramente a mi amigo Mauricio Tenorio-Trillo por su generosa ayuda con la


versión en castellano de este texto.
1 T. Todorov, El miedo a los bárbaros: más allá del choque de civilizaciones, Barcelona, Galaxia
Gutenberg, 2008.
75 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Considérese, por ejemplo, el reciente episodio que tuvo lugar en la


región de Delhi a mediados de enero de 2014, durante el breve gobierno
de tan sólo 49 días del populista Aam Aadmi Party (Partido del Hombre
Común). Un grupo de estudiantes africanas, la mayoría de ellas proceden-
tes de Uganda y Nigeria, que residen en el sur de la ciudad de Delhi, una
noche se vieron sorprendidas al descubrir sus casas rodeadas por una
turba de ciudadanos que las acusaban sumariamente de delitos relaciona-
dos con la venta de drogas y prostitución. Lo sorprendente es que la turba
estaba liderada ni más ni menos que por el ministro de Justicia del gobier-
no de Delhi, miembro del Aam Aadmi Party, un controvertido abogado
de nombre Somnath Bharti, quien ha sido previamente acusado de sobor-
nar a testigos. Sin empacho, Bharti declaró que estaba respondiendo a las
quejas de otros residentes contra los africanos, y exigió a algunos policías
presentes en la escena que allanaran las casas de los africanos para inves-
tigar su presunta posesión de drogas. Cuando los policías se negaron a
hacerlo, por no contar con orden de cateo, Bharti al parecer hizo justicia
por su propia mano y entró a la fuerza a las casas, e inclusive físicamente
forzó a salir a la calle a varias estudiantes. Lo que sucedió después ha sido
impugnado, pero algunas de las estudiantes declararon que fueron maltra-
tadas físicamente, insultadas verbalmente y también obligadas en la calle
a proporcionar muestras de orina en contenedores para probar su presun-
to consumo de drogas. Uno o dos días después se anunció que las muestras
no habían arrojado nada mínimamente incriminatorio. Aterrorizadas,
muchas de las africanas comenzaron a mudarse del área a los pocos días,
mientras que otros residentes declararon que Bharti era nada menos que
un “héroe” por sus acciones como jefe de la turba. Al final, se inició una
investigación en contra de Bharti, la cual aún está en marcha.
La mala prensa alrededor del suceso, que fue ampliamente cubierto en
los medios impresos y electrónicos indios, causó algo de consternación
en las filas del Aam Aadmi Party. No obstante, las altas autoridades del
partido, incluyendo el notoriamente fanático líder Arvind Kejriwal, insistie-
ron en que las acciones de Somnath Bharti habían sido perfectamente
adecuadas. No obstante, Madhu Bhaduri, una de los fundadores del partido,
ex diplomática de alto rango y ex embajadora en México, se mostró lo sufi-
cientemente molesta como para pedir, en una reunión de consejo del par-
tido celebrada dos semanas después, que esta resolución fuera aprobada:
76 Historia, sociedad y política en India contemporánea

El Consejo Nacional del Aam Aadmi Party, unánimemente, decide pre-


sentar una disculpa a las mujeres de Uganda y Nigeria que viven en
Khirki Extension, las cuales fueron forzadas a someterse a exámenes de
narcóticos a petición de algunos miembros y seguidores del Aam Aadmi
Party, la noche del 15/16 de enero de 2014. El partido lamenta profun-
damente la humillación causada a las mujeres. El Aam Aadmi Party se
disocia de cualquier comentario hecho por miembros y seguidores del
mismo. Se disculpa por ellos. No es un partido racista.

Para sorpresa de Bhaduri, la resolución no sólo no fue aprobada sino


que además la ex embajadora fue abucheada y expulsada del podio. En sus
posteriores comentarios a la prensa, Bhaduri señaló que uno de sus de-
tractores era un académico prominente y autoproclamado activista en
derechos de las castas “inferiores” de la India. Argumentó que, aunque las
mujeres africanas en cuestión hubieran estado involucradas en actividades
ilegales, de cualquier modo no se había seguido el debido proceso. Pero
evidentemente esto no era lo que pensaban muchos en el partido del “hom-
bre común”. Así, la conclusión de que el Aam Aadmi no era “un partido
racista” puede haber sido precipitada y sobre todo optimista.
Este episodio es sólo uno entre una saga que ha estado sucediendo
durante algunos años y que también involucra a otras ciudades como Pune
y Bangalore que tienen una notoria población de estudiantes africanos. Las
más recientes estadísticas disponibles, de 2012, muestran que de un total
de población, relativamente pequeña, de estudiantes extranjeros en la In-
dia de cerca de 77 000, aproximadamente, 10 000 (justo debajo del 13 por
ciento) eran de África, y más específicamente de Sudán, Nigeria, Kenia,
Etiopía, Uganda y Somalia, en este orden. Estos estudiantes frecuentemen-
te se quejan de dificultades para lograr que los caseros les renten vivienda,
así como de recibir constantes insultos verbales en la calle. Más reciente-
mente, en el metro de Delhi una multitud violenta intentó linchar a tres
jóvenes africanos, después de acusarlos de hostigamiento sexual a mujeres;
la policía tuvo que intervenir para salvarlos, como se puede comprobar en
el horroroso video difundido en redes sociales. Un estudiante de Chad que
vive en Bangalore afirmó al periódico The Hindu (en un reportaje fechado
el 22 de julio de 2013 y titulado “Estudiantes africanos aducen discrimi-
nación racial en Bangalore”): “Sentimos que la gente no quiere que nos
77 Historia, sociedad y política en India contemporánea

quedemos aquí. Voy a tomar un avión de regreso a mi país el mismo día


que termine mi curso”.2
Pero los últimos años también han puesto en primer plano episodios
de otras formas de exclusión, y el consecuente comportamiento violento
en ciudades indias. Tan sólo dos semanas después del incidente en Khirki
Extension, un estudiante del estado nororiental de Arunachal Pradesh,
Nido Taniam, fue abusado y atacado violentamente en plena luz del día en
una concurrida zona mercantil del sur de Delhi. El joven murió como
consecuencia del ataque. Taniam era hijo de un político bastante promi-
nente y su muerte desató acaloradas protestas de otros estudiantes de su
región de origen. En subsecuentes discusiones públicas se hizo evidente
que estos estudiantes eran con frecuencia tratados como “extranjeros”
debido a su marcada apariencia diferente a la de la gente del norte de India.
La discriminación en el alquiler se practicaba regularmente en contra de
ellos. Pero para fines de enero, algunas de las consecuencias del incidente
fueron inesperadas. En el área de Munirka, no lejos de la prestigiosa Uni-
versidad Jawaharlal Nehru, a mediados de febrero de 2014, escasas dos
semanas después de la muerte de Taniam, una asociación de propietarios
residentes decidieron excluir a varios inquilinos potenciales del noreste
del país porque se les veía como “gente indecente” (gande log). Los acusa-
ban en los medios de tener un patrón de comportamiento escandaloso y
alcoholizado. A su vez, una revisión de notas periodísticas apunta a una
serie de ataques, perpetrados por residentes locales, a mujeres estudiantes
solteras del noreste, precisamente en el área de Munirka, incluyendo varios
casos de violación y asesinato. Y en mayo de 2014 una estudiante de Na-
galand y su pequeño equipo legal, que habían ido a presentar un caso en
la corte de Tis Hazari en Delhi —en contra de un abogado que había
abusado sexualmente de ella en una estación del metro cercana—, fueron
públicamente perseguidos y atacados por otros abogados (amigos y aso-
ciados del acusado) en las mismas instalaciones de la corte.
Sin duda se pueden extraer varias conclusiones distintas de estos inci-
dentes que son sólo una selección de los que han aparecido recientemente

2 “African Students Allege Racial Discrimination in Bangalore”, The Hindu, 22 de julio de 2013, en
[Link]
tion-in-bangalore/[Link] (acceso el 29 de septiembre de 2015).
78 Historia, sociedad y política en India contemporánea

en los periódicos indios. Seguramente existen otros más, de los cuales no


se han presentado las denuncias formales o que se han considerados tri-
viales y no ameritar un artículo periodístico. En primer lugar, está claro
que estos incidentes en gran parte están concentrados en áreas urbanas,
especialmente en las ciudades más grandes. Por razones obvias: estos cen-
tros desempeñan el papel de “melting-pots” (crisoles de razas), tanto para
extranjeros que visitan India, como para indios que vienen de diferentes
partes del país. Dado que muchos de los afectados en estos incidentes son
estudiantes, también es claro que en aquellas ciudades que tienen prósperas
universidades es donde tienen lugar un número mucho mayor de casos de
violencia. Pero más allá de esto, es evidente que la ciudad de Delhi es un
punto particularmente conflictivo en lo que hace a estos incidentes y a la
violencia urbana en general, con frecuencia perpetrada en contra de mu-
jeres trabajadoras. Una segunda conclusión que se puede extraer es que
esta violencia está dirigida tanto en contra de los geográficamente margi-
nados de la cultura nacional —y por lo tanto “insuficientemente indios” en
la imaginación de los otros— como en contra de extranjeros a los que se
les considera racialmente inferiores. Indudablemente existe cierta violencia
y discriminación sistemáticas dirigidas hacia visitantes blancos america-
nos y europeos —que son, de hecho, más numerosos en la India que los
africanos—, pero en realidad éstas son mucho más limitadas. En pocas
palabras, éste es más que un tema de expresiones de “nativismo” o “xeno-
fobia”. En tercer lugar, es pasmosamente obvio que parte de la violencia
tiene una carga sexual, ya sea a través de acusaciones de prostitución o por
otros modos más directos.
Conforme uno se traslada de la situación urbana a la rural, la lógica de
alteridad y su correspondiente violencia cambia en la India contemporá-
nea. Aproximadamente 30 por ciento de la población india vivía en áreas
urbanas, de acuerdo con el Censo Nacional de 2011. Para el 70 por ciento
restante, podría decirse que la línea de fractura más importante tiene que
ver con casta. Mucha de la violencia rural está dirigida a los llamados
dalits (alguna vez denominados “intocables”), que son, en realidad, una
aglomeración de más de 1 200 castas específicas de variada condición
social, función y niveles de prosperidad. En las áreas rurales, los dalits, no
obstante, representan aproximadamente un tercio del trabajo agrícola y es
en este contexto que enfrentan las mayores fricciones y consecuentemente
79 Historia, sociedad y política en India contemporánea

la violencia más organizada. En el siglo XIX y principios del XX, a estas


castas trabajadoras a menudo se les exigía realizar corvée (un día de tra-
bajo no remunerado o trabajos forzados) para las castas superiores, pero
en las últimas décadas los dalits se han resistido a tales demandas. Además,
aunque alguna vez fueron excluidos de la posesión de tierras, los dalits han
incursionado en esta área en los años que siguieron a la independencia de
la India. Esto a su vez ha llevado a “guerras por tierra” entre ellos y en contra
de diferentes castas superiores. Finalmente, como en el caso urbano, una
cierta parte de la violencia parece seguir una lógica sexual: hombres de
castas superiores poseedores de tierras que exigen que mujeres dalits sean
puestas a su disposición para propósitos sexuales, recurriendo a la violen-
cia cuando dicho acceso es negado. Existen estadísticas disponibles acerca
de tal violencia, pero es obvio que están lejos de ser confiables; muchos
casos no son reportados.
Observadores, activistas y analistas contemporáneos suelen proponer
diferentes enfoques ante estos hechos que son, por lo demás, indiscutibles.
Algunos argumentan que la violencia en contra de dalits es específica y,
por lo tanto, comparable por ejemplo con la violencia dirigida en el siglo
pasado en contra de los afroamericanos en Estados Unidos. En otras pa-
labras, proponen que al menos en el caso de los dalits, las abismales dife-
rencias de castas pueden ser equiparables analíticamente a cuestiones de
raza y discriminación racial. Otros no están de acuerdo y sugieren en
cambio que estas formas de violencia deberían ser consideradas dentro del
contexto de una sociedad rural india impregnada de esas muchas formas
de violencia características de una sociedad en el trance de una radical
transformación social y económica. No sólo los dalits sino muchos otros
grupos en ascenso —se afirma— son víctimas de venganzas de grupos que
alguna vez dominaron la sociedad rural y que ahora resienten la pérdida
de esa dominación. Además, los enfrentamientos violentos no son total-
mente desconocidos inclusive dentro de los grupos más bajos en la jerar-
quía de castas, los que en el lenguaje oficial podrían denominarse “otras
castas atrasadas” (Other Backward Castes, u OBC) y dalits.
En la India actual, pues, es claro que existen varios ejes para considerar
alteridad y exclusión. Un primer eje sería el clásico de las castas, un eje,
digamos que hipotéticamente “vertical”, en el que se contraponen las castas
supuestamente superiores y más puras a las castas inferiores y más impuras,
80 Historia, sociedad y política en India contemporánea

y que esquemáticamente recorrería toda la gama que va de brahmanes a


comerciantes, terratenientes, pastores, trabajadores agrícolas y dalits, pero
que también incluiría posibles modernas categorías confusas como indus-
triales, obreros y profesionistas de baja estirpe. Una segunda forma de ver
la cuestión sería a través del espacio del Estado-nación mismo, en donde
los que pertenecen a zonas “exóticas” habitadas por los llamados “grupos
tribales” —tan socorridos por los últimos antropólogos coloniales, como
Verrier Elwin— son particularmente discriminados cuando salen de estas
zonas. A decir verdad, relativamente pocos de los adivasis —los llamados
grupos “aborígenes”, en su gran mayoría compuestos por los antiguos ca-
zadores-recolectores que la Constitución India dice proteger— se han
mudado a los principales espacios metropolitanos. Más bien los que están
atrapados en este peculiar fuego cruzado son los miembros de grupos bien
educados y a veces bastante occidentalizados, del noreste de India —de
estados como Assam, Nagaland, Meghalaya, Arunachal, Manipur, Mizoram
y Tripura—, junto con otros del norte de Bengala y Sikkim, así como el ya
viejo exilio del Tíbet. Un tercer eje opondría indios y extranjeros de acuer-
do con la aparentemente sencilla idea de ciudadanía. Pero no obstante la
discusión anterior alrededor de las estudiantes africanas, resulta que de
hecho nada es tan simple. Una controversia política en curso en la India
tiene que ver con los habitantes de los países vecinos, gente que no puede
ser identificada por los indios “verdaderos” a través de una simple inspec-
ción visual. Un reclamo frecuente de las campañas políticas de los partidos
nacionalistas hindúes es la constante “infiltración” de bangladeshís en la
India. Una tensión menor, pero palpable, se puede encontrar en el norte
de Bengala respecto de nepaleses que han circulado por mucho tiempo
con bastante libertad en el área y ahí han desempeñado un importante
papel social. Igualmente, la presencia de movimientos políticos con bases
étnicas, como los que demandan espacio para “Gurkhaland” dentro del
Estado-nación, tienden en ocasiones a exacerbar aun más estas tensiones,
aunque sus demandas de autonomía estén basadas en evidencias reales de
discriminación y falta de representación política.
Sin embargo, ninguna consideración sobre la naturaleza de la alteridad
en la India contemporánea puede saltarse un cuarto eje que en verdad es
crucial: la religión, particularmente el estatus de los musulmanes en el
actual Estado-nación indio. Las estadísticas oficiales de 2001 sugieren que
81 Historia, sociedad y política en India contemporánea

entonces los musulmanes representaban 13.4 por ciento de la población


india, los cristianos 2.3 por ciento y los sikhs alrededor de 1.9 por ciento.
En contraste, en 1941, el último censo antes de la Partición, los musulma-
nes constituían 24 por ciento de la población de la India no dividida. Esto
es, la creación de Pakistán en dos segmentos —este y oeste— redujo sig-
nificativamente el número de musulmanes en la India, pero no hasta el
punto de convertirlos en una proporción ignorable de la población. De
cualquier modo, el problema era que muchos en la clase política india
consideraban esto un negocio inconcluso. A pesar de que el Congreso
Nacional Indio —la principal formación política que lideró India en las
décadas posteriores a la independencia— afirmaba ser “secular” en orien-
tación, seguía siendo importante la cuestión de si India debía convertirse
de hecho en un Estado que representara a los “hindúes” —como Pakistán
representaba a los musulmanes—. En un principio, los portavoces políti-
cos de una India hindú fueron incapaces de hacer mucho eco en el sistema
parlamentario que surgió en la década de 1950. Por ejemplo, en las elec-
ciones generales de 1952, el Bharatiya Jana Sangh, que abiertamente re-
presentaba esta posición ideológica, ganó sólo tres escaños parlamentarios.
No obstante, la existencia de un sentimiento político antimusulmán se
expresaba de otras maneras, especialmente en términos de violencia y
disturbios regionales. Algunos sectores y algunos miembros prominentes
del propio Congreso no eran adversos a la posición pro hindú, lo cual de
hecho colocaba a los musulmanes en el papel de “bárbaros” que alguna
vez habían conquistado la India, pero que ya no eran bienvenidos. La
eventual disolución del Jana Sangh y la formación de su sucesor, el Bha-
ratiya Janata Party (o BJP), en 1980, proporcionó a esta posición mucha
más respetabilidad y finalmente se convirtió en un movimiento político
que logró, dos décadas después, capturar el poder político al menos por
un tiempo.
Una serie de ideas enlazadas yacía detrás de este movimiento, algunas
veces denominado hindutva, término acuñado por uno de sus primeros
ideólogos, Vinayak Damodar Savarkar.3 Una de estas ideas sostenía que el
orgullo hindú había sido castrado durante siglos de dominio musulmán
en la India y que por lo tanto ese orgullo necesitaba ser reafirmado urgen-

3 V. D. Savarkar, Hindutva: Who is a Hindu, Nueva Delhi, Bharti Sahitya Sadan, 1989.
82 Historia, sociedad y política en India contemporánea

temente. Una segunda noción era que, contrario a lo que académicos y


otros analistas sostenían, el “hinduismo” era de hecho una religión y una
ideología muy coherente y antigua, con un conjunto de textos canónicos
y con sólidas posturas morales. Un tercer principio era que la principal
amenaza a la identidad hindú era el islam, entendido como los vecinos
musulmanes de la India, pero también como los musulmanes que vivían
en el territorio de la nación india. Finalmente, una cuarta idea, de más
reciente elaboración, era que un emergente “gobierno hindú” en la India
podría aliarse con otras partes del mundo gracias a la lógica del “choque
de civilizaciones” en la cual otras naciones y civilizaciones importantes
también verían en el islam su principal oponente. Como en Europa, in-
fundir temor a la población fue una de las tácticas más favorecidas. Así,
uno de los principales sitios de internet del denominado Sangh Parivar (el
conglomerado de organizaciones que incluye el BJP) ha establecido que “en
el 2035 los musulmanes serán mayoría absoluta en la India” y sugiere que
esto será consecuencia, por un lado, de la poligamia y la reproducción
desenfrenada de los musulmanes y, por otro, de la conversión y el terro-
rismo. Los bárbaros, pues, parecen estar no sólo a las puertas sino en un
caballo de Troya dentro de la ciudad misma.
La historia debe desempeñar un papel central en todas estas asevera-
ciones y a la evidencia histórica es que tenemos que apelar. Pero no inspi-
rados por la feliz ilusión de que la investigación histórica resuelve las
disputas políticas contemporáneas —de lo cual hay poca evidencia—, sino
antes bien porque necesitamos poner al descubierto las complejidades del
problema en el caso indio. Hemos descrito cuatro categorías obvias de
alteridad que han recurrido a una u otra noción de “bárbaro” en la India;
éstas son, respectivamente, el paria o intocable; el otro “tribal” o “aborigen”
espacialmente apartado; el extranjero “inferior”, que a menudo viene de
lejos; y el “otro” en términos de religión, frecuentemente el musulmán,
opuesto al hindú. En la siguiente sección intentaré mostrar, un tanto es-
quemáticamente, cómo cada una de estas categorías evolucionó a lo largo
de la historia india con diferentes marcos temporales y con distintos con-
textos espaciales. Para comenzar, sin embargo, hagamos un ejercicio más
o menos clásico, que podríamos denominar “nombrar al bárbaro”.
83 Historia, sociedad y política en India contemporánea

II

Las evidencias textuales más antiguas sobre Asia del Sur a que tienen
acceso los historiadores —las que han llegado a nosotros sobre el después
de la (aún bastante oscura) fase de civilización urbana del valle del Indo—
sugieren la existencia de una sociedad ya diferenciada, con numerosas
categorías sociales utilizadas para jerarquizar y distinguir en la temprana
versión del idioma sánscrito entonces en uso. Los hablantes de sánscrito
a su vez estaban enlazados a otros pueblos en Asia Central y la meseta
iraní, y establecieron una sociedad caracterizada por nuevos rituales,
textos litúrgicos y prácticas materiales. Se trata de la llamada Edad Védi-
ca, cuyo inicio en la datación convencional actual se sitúa entre 1500 y
1200 a. C. al norte de India. A partir de entonces, la visión normativa de
la sociedad tiende a dividir a la sociedad —sánscrito-hablante, “normal”
y orientada al pastoreo— de los aryas en cuatro estratos (o varna) supe-
riores, correspondientes a diferentes funciones sociales: brahamanes,
kshatriyas, vaishyas y shudras. A veces, los primeros tres estratos se cla-
sificaban juntos como dvija (dos veces nacido), separados del cuarto y
acaso más numeroso estrato, el cual recibe un marcado trato de inferior
y excluido del uso de ciertos materiales rituales en sánscrito. Pero más
allá de estos cuatro estratos subyacen términos más debatidos que en
ocasiones son utilizados con una especial carga negativa, tales como dasa
y dasyu. Se ha argumentado que dasa, aunque sea considerada la entidad
inferior en la relación de amo-sirviente con su contraparte arya, de hecho
no refiere a personas de una sola etnia u origen. Además, con frecuencia
se asume que los dasa comparten con los aryas el mismo lenguaje y sis-
tema de valores. Así, es costumbre en muchos círculos historiográficos
traducir este término como “esclavo”, aunque aclarando que no tiene co-
rrespondencia exacta con la noción de esclavitud en la Grecia y Roma
clásicas. Por su parte, a primera vista dasyu parece referir a gente que vive
fuera de los límites de la sociedad arya y sus valores, con una apariencia
física peculiar, pero con considerable riqueza, recursos e incluso con fuer-
tes y fortalezas. El relativamente temprano texto, el Rig Veda, se refiere a
dasyu como gente de lenguaje áspero e incorrecto (mrdhravac), es decir,
gente cercana a la noción de “bárbaros”. Sin embargo, como advierte la
84 Historia, sociedad y política en India contemporánea

indóloga estadounidense Wendy Doniger, el término dasyu en sí mismo


sufre una evolución:

[...] el dasyu era en los tiempos védicos un no ario o un bárbaro, a me-


nudo un demonio; más tarde el dasyu era un esclavo, y aun más tarde un
ladrón u hombre caído de la casta. El término [finalmente] vino a usarse
como un término general de oprobio, denotando […] un asesino, un
hombre con mal temperamento o un hombre de casta baja. En Manu,
usualmente designa a una persona sin ninguna casta, de algún modo
fuera de todo el sistema de castas.4

Para un no experto en filología como yo, con frecuencia me resultan


casi impenetrables los debates sobre categorías sociales y su uso en la ló-
gica de alteridad y exclusión en este periodo temprano de la historia india;
son debates que caen en detalles filológicos muy específicos. Con todo,
vale la pena tener en cuenta algunos puntos generales importantes acerca
del periodo anterior a la aparición de las llamadas “religiones de la renun-
cia” en algún momento a mediados del primer milenio a. C. El más rele-
vante es la idea de que estamos en una sociedad caracterizada por lo menos
por tres tipos de división: primero, la segmentación en tribus (jana), ho-
rizontal y ampliamente territorial, entre las cuales la más prominente es la
Kuru-Panchala de lo que es hoy la región de Delhi; segundo, la división
entre amos, con su correspondiente rango varna, y sus esclavos; y tercero,
la división entre los aryas como un todo y sus principales “otros” que a
menudo fueron descendientes de pueblos que habitaron antes la llanura
del Indo-Ganges, tal vez hablantes de otras lenguas “bárbaras” que no eran
indoeuropeas. Claro, las “tribus” mismas sufrieron violentos conflictos
endémicos, como se revela sobre todo en la épica del Mahabharata, pero
parecen haber participado de un vocabulario compartido de jerarquía,
ritual y sacrificio, como lo demuestra la propia épica. No es descabellado
creer que estas sociedades todavía no estaban altamente reglamentadas y
que en ellas era aún claramente posible la movilidad social entre las cate-
gorías normativas. Otro punto general tiene que ver con el creciente pro-
ceso de urbanización que llevó a esta sociedad de sus orígenes de pastores
y simples agricultores a la formación de pequeños reinos que se fusionaron

4 W. Doniger, The Hindus: An Alternative History, Nueva Delhi, Viking Penguin, 2009.
85 Historia, sociedad y política en India contemporánea

alrededor de identidades “tribales” establecidas anteriormente. Segura-


mente la imagen de riqueza y resplandor de estos reinos fue exagerada por
la imaginación desbordada de las épicas, pero es evidente que estos reinos
a la larga produjeron sociedades cortesanas en la cuenca del Ganges, en
centros como Koshala, Kashi, Videha y en el nodo oriental de Magadha.
Pero los nacientes asentamientos urbanos también generaron formas
nuevas de interacción social y, por tanto, crearon nuevas y desconocidas
tensiones para una sociedad pastoral.
Nuestro principal problema para entender esta temprana fase de la
historia india (que va desde la composición de los primeros vedas al pe-
riodo de las épicas) es que sabemos mucho más acerca de sus normas e
ideales que acerca de sus realidades concretas. Se añade a esta dificultad
el hecho de que la historiografía de esta temprana fase de la historia india
ha provisto un poderoso molde para pensar la diferencia; ha creado un
vocabulario complejo, aunque ambiguo, que estuvo en uso por siglos e
inclusive por milenios después. El esquema de los cuatro varnas que sur-
gió en esa época, de alguna forma aún persiste en el vocabulario contem-
poráneo de la India, aunque a ras del suelo las realidades sociales sean
incomprensibles. También podría ser que la idea de conductas “ritual-
mente impuras” nos venga de ese tiempo, y que esta idea a su vez haya
marcado ciertas categorías sociales como ajenas a la sociedad “normal” al
declarar ciertas funciones sociales y ocupaciones como inasumibles para
los más elevados varnas, en particular las que tienen que ver con la elimi-
nación de animales muertos o excremento humano. No hay duda de que
términos como dasyu, con el significado remotamente cercano al que tenían
en la antigüedad, han casi desaparecido del vocabulario contemporáneo,
pero no puede decirse lo mismo de otro término crucial, mleccha, que
también surgió en esa época para nombrar al “bárbaro” y que en ocasiones
era utilizado como sinónimo de dasyu.
Es espinosa y controvertida la cuestión de la alteridad y la exclusión
en el periodo de surgimiento de las religiones de renunciación (particu-
larmente el budismo) alrededor de 500-400 a. C. No es posible tratarla aquí
con detalle. Es claro que no puede ignorarse que el budismo tuvo una
vocación proselitista, y esto sugiere que aun sus más tempranos seguidores
sostenían una amplia noción de inclusión antes que una preocupación
conceptual con la etnicidad y sus límites. Pero consideremos un periodo
86 Historia, sociedad y política en India contemporánea

posterior, cuando el término mleccha asumió un significado nuevo y abar-


cador. Me refiero al momento de la llegada de los griegos al noroeste de la
India, alrededor de 330 a. C., resultado de una lucha fronteriza (cuya na-
turaleza sigue en disputa) y del creciente poderío del estado aqueménide.
Los indios fueron un reto conceptual para los griegos porque representaban
una sociedad compleja y distinta que no podía simplemente ser denigrada
y por tanto descartada; pero lo mismo puede decirse en sentido opuesto.
En la India, los recién llegados pronto ganaron nombres —inclusive en las
célebres inscripciones del gobernante Ashoka Maurya (siglo III a. C.)—
como yavanas o yonas, una versión del término “jónico” utilizado por los
griegos del este en el mundo helénico. Pero también se les trataba como
pertenecientes a la más amplia categoría de los mleccha o “bárbaros”, de-
bido a su lengua extraña y al principio incomprensible. Posteriormente,
algunos textos y comentaristas añadieron densidad al asunto al sugerir que
el extraño carácter de los griegos derivaba de que no aceptaban una socie-
dad basada en el esquema de cuatro varnas.
En los siglos inmediatamente posteriores a las invasiones griegas, y al
establecimiento de importantes estados indogriegos a lo largo de la fron-
tera noroeste de la India, el término mleccha demostró su utilidad y flexi-
bilidad. Después de la caída de los Mauryas, a fines del siglo II a. C., siguió
un periodo complejo de cuatro o cinco siglos en los cuales el norte de la
India se vinculó estrechamente a los estados en expansión de Asia Central.
Los historiadores han relegado a un segundo plano este periodo, pero
recientemente ha sido sometido a una reconsideración sustancial y cons-
tante. Ahora es cada vez más claro que los cambios políticos del periodo
estuvieron acompañados de una gran movilidad social y, también, de
inestabilidad. El establecimiento de nuevas dinastías en el norte de la India,
como los Kushanas y los Sakas, dio lugar a un proceso de exclusión de los
invasores (en este caso, los Kushanas, posiblemente una rama de la gran
estructura de los Yuezhi) a los que se mantuvo alejados inicialmente como
mlecchas, pero que luego gradualmente se les incorporó al estrato gober-
nante de la India del norte. Al mismo tiempo, evidencias artísticas, arqui-
tectónicas y de otra índole, sugieren que los gobernante de Asia Central y
sus elites también se aculturaron como consecuencia de su presencia
constante en el norte y centro de la India. En otras palabras, el concepto
de mleccha en estos siglos “entre los imperios” (es decir, entre el dominio de
87 Historia, sociedad y política en India contemporánea

los Mauryas y el de los Guptas) no fue acaso una categoría de exclusión


absoluta sino un “holding term” (un término de dominación negociada) o
un punto de transición. Pueblos y dinastías con orígenes escitas o proce-
dentes de las regiones del oeste de China, a la larga se establecieron en la
llanura del Indo-Ganges —aunque desconocemos el tamaño verdadero de
estos asentamientos— y ahí fueron incorporados a las poblaciones locales,
inclusive a los rangos altos de esas poblaciones. Muy probablemente, a
muchos de ellos no se les ubicó en los estratos más bajos de la sociedad sino
en los estratos que correspondían a sus ya existentes rangos sociales, como
guerreros y elites políticas; es decir, en términos generales, como kshatriyas.
En un muy ambicioso y esquemático ensayo acerca de la formación de
esta sociedad de la India del norte durante los primeros siglos d. C., el in-
dólogo alemán Harry Falk sostiene que esta sociedad alternó entre dos
clases de estados: uno en manos de “extranjeros o inspirados en extranjeros”
y otro dominado por “dinastías con valores más bien nativos”. Ésta es una
concepción interesante aunque quizá un poco deliberadamente anacróni-
ca. Falk sugiere que el conjunto de dinastías de inspiración extranjera eran
“extrovertidas” en sus valores, tolerantes, exuberantemente politeístas,
permisivas en lo que tenía que ver con el papel de las mujeres en la vida
pública e interesadas en el comercio exterior; en cambio, las “dinastías
indias” no eran, sugiere Falk, particularmente “introvertidas”, pero sí seve-
ras y brahmánicas en sus actitudes; retiraban a las mujeres de la vida pú-
blica, se reducían a una concepción védica del tiempo y pasaron del interés
en el intercambio externo a la preocupación por el control de la economía
local. Esta somera conceptualización acaso es útil como provocación, por
ejemplo, a contraluz de algunas narrativas simplistas sobre el surgimiento
del “feudalismo indio” en el periodo en cuestión. Pero el ensayo de Falk
también abre una serie de difíciles problemas conceptuales, sobre todo
alrededor de la cuestión de cómo fue posible una alternancia tan violenta
cuando el mismo grupo de actores a menudo permanecía a través de estas
transiciones políticas. Aquí parece haber un peligro real añadido: confun-
dir firmes proclamas ideológicas con realidades “a nivel de cancha”.5

5 H. Falk, “The Tidal Waves of Indian History: Between the Empires and Beyond”, Between the
Empires: Society in India, 300 BCE to 400 CE, Nueva Delhi, Oxford University Press, 2006, pp.
145-166.
88 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Esto es aún más de tener en cuenta si se considera que muchas de las


posiciones normativas más o menos conservadoras actuales, que pretenden
sustentar de una tradición brahmánica “introvertida”, parecen derivar del
análisis de este mismo periodo. Así, Patrick Olivelle recientemente ha de-
fendido la visión de que el Manava Dharmasastra, “indudablemente el
texto legal más celebrado y mejor conocido de la India antigua”, puede pro-
bablemente ser fechado “entre el primer siglo a. C. y el segundo siglo d. C.”,
y más cercano al último siglo. Olivelle muestra una notoria ansiedad ante
la mezcla entre grupos sociales, e incluso clasifica “elefantes, caballos, shu-
dras, extranjeros despreciados, leones, tigres y jabalíes”, todos juntos, en la
categoría de los poseedores de “oscuridad”, en oposición a los poseedores
de “vigor” y “bondad”. De hecho, parecería ser que por un periodo de seis
o siete siglos, la India del norte fue el escenario de cruentas luchas entre
diferentes grupos e ideologías, que fueron del budismo —a menudo to-
davía favorecido por dinastías como los Kushanas— hasta el neobrahma-
nismo, el cual se vio reflejado, por ejemplo, en la ola de los impresionan-
tes templos que construyó la naciente dinastía Gupta, una vez que
consolidó su dominio en la primera parte del siglo IV d. C. Sería un gran
error suponer que la sociedad rígidamente estratificada que imaginó el
autor (o autores) del Manava Dharmasastra de hecho existió en alguna
región de la India. Un grupo como los rajputs, que aparece mencionado
por primera vez en el siglo VI d. C., y que en el milenio que sigue tiene un
enorme papel en la India del oeste, es precisamente el producto de esta
convulsión social.
Así, en los siglos posteriores al primer milenio d. C., podemos observar
la consolidación y la elaboración de un vocabulario alrededor de la alteri-
dad, en el cual también cambian los temas tratados. A los términos mleccha
y yavana, se añadió otro término que pronto se volvería genérico, a saber,
huna (o hun, en referencia a las invasiones de los heftalitas, a finales del
siglo V y principios del VI). Los primeros conquistadores musulmanes que
aparecieron en la India subcontinental en el siglo VIII fueron también
conocidos como tajika y parasika (el último, un término derivado de “Pars”
o Persia). Al término turushka (aproximado a “Turk”), empleado a veces
de manera fugaz por los primeros indoescitas, se le dio entonces un nuevo
giro y su uso fue propagado gradualmente en la India hasta convertirse
moralmente en sinónimo de la noción de “musulmán” en muchas partes
89 Historia, sociedad y política en India contemporánea

del subcontinente. Esta expansión del vocabulario para referirse a alguien


externo o “extranjero” se dio al mismo tiempo que la proliferación de tér-
minos para distinguir estratos sociales. Dentro del marco normativo del
sistema de los cuatro varnas surgió un vasto número de otros nombres
colectivos, conforme los grupos empezaron a identificarse a sí mismos
como jatis, utilizando referencias ocupacionales, regionales y otras. Pero
la relación con los de afuera del marco varna también se alteró debido al
menos a dos razones distintas. Una fue la frontera cambiante entre, por un
lado, los confines de la agricultura sedentaria y la urbanización por un lado
y, por otro, la gente del bosque y los cazadores-recolectores. Algunos de
estos últimos, comenzaron a ser tratados no como vagas amenazas, prác-
ticamente sin nombre, sino como interlocutores especiales, a los que se les
podía exigir tributo o usárseles como aliados en determinados contextos.
Aun más, es en el transcurso del primer milenio que ganamos un sentido
más claro del surgimiento de una quinta categoría complementaria, esa
que más tarde sería conocida genéricamente como “intocables”.
Sin duda, el término chandala había existido por mucho tiempo para
referirse a los responsables de la eliminación de cadáveres. También hemos
hecho mención del estatus de dasa, a saber, servidumbre o personas escla-
vizadas que comúnmente eran excluidas del sistema de los cuatro varnas.
Pero lo que parece claro es que no existía una situación fija para los que
estaban fuera de este marco, más allá del hecho de ser excluidos. En un
reciente e importante trabajo de síntesis, la gran dama de los historiadores
de la India antigua, Romila Thapar,6 ha afirmado que durante el primer
milenio d. C. los intocables —a quienes describe en esta época esencial-
mente como trabajadores rurales sin tierra y recolectores urbanos de de-
sechos— “tenían poca posibilidad de mejorar su estatus”. Thapar llega a
afirmar que “el estatus de los intocables era inmutable”. Me parece poco
claro cómo puede ser sostenida tal afirmación, empírica o conceptualmen-
te. Después de todo, el amplio grupo fuera del esquema del cuádruple
varna debe haber estado conformado por numerosos pequeños grupos
diferenciados de acuerdo con ocupación, función y ubicación geográfica.
Sus posiciones relativas entre unos y otros seguramente evolucionaron a

6 R. Thapar, Early India: From The Origins to AD 1300, Berkeley, University of California Press,
2004.
90 Historia, sociedad y política en India contemporánea

través de los siglos. Tampoco podemos descartar la posibilidad de que


incluso algunos de estos grupos hayan entrado esporádicamente en el sis-
tema varna, tal y como lo hicieron los asiáticos centrales u otros grupos
migrantes. Además, dada la constante proximidad entre los trabajadores
sin tierra y los grupos terratenientes, es razonable sospechar que hubo
varias formas de mezcla sexual, aunque esta mezcla no fuera necesariamen-
te la regla. Nuestra dificultad radica en que, como es natural, son escasas
las fuentes escritas para demostrar dicha promiscuidad; pero sería difícil
creer en la existencia de un sistema endogámico de casta íntegramente
eficiente a no ser que fuera a la manera de un mito autocomplaciente.
La llegada de musulmanes al Sur de Asia, a partir de sus primeras con-
quistas en Sind ya en el siglo VIII d. C., se consolidó alrededor del año 1200
en adelante con la formación de vastos estados conquistadores en el norte
de India. Durante los seis siglos siguientes, estos estados dominaron gran
parte del norte de India y también una parte de la península. En más de un
sentido, este periodo tiene consecuencias importantes para las lógicas de
alteridad en el Sur de Asia. Primero, es sobre todo gracias a las observacio-
nes y clasificaciones musulmanas que el término hindu (hunud, en plural)
se volvió de uso común para designar a los habitantes de la India no mu-
sulmanes. En efecto, de la misma manera que los musulmanes eran clasi-
ficados como turushkas, yavanas, mlecchas, etcétera, ellos mismos también
se embarcaban en igual ejercicio clasificatorio. Algunos observadores, como
el célebre Abu Raihan al-Biruni (973-1048 d. C.), vieron a los nativos de
al-Hind con cierta simpatía y con bien documentada erudición; pero otros
observadores tajantemente se refieren a ellos como kuffar (o “no creyente”),
ya fuera en el momento de la conquista o mucho más tarde. ¿Significa esto
que cada grupo concebía al otro de alguna manera como “bárbaro”? Esto
ha sido materia de un largo debate, el cual ha sido revivido recientemente.
Varios puntos necesitan subrayarse, unos más obvios que los otros. En
primer lugar, vale la pena reiterar que, en contraste con sus políticas de
conversión masiva en las primeras áreas de expansión del califato (como
en Siria, Egipto y luego Irán Sasánida), los gobiernos musulmanes en el
norte de la India nunca intentaron la conversión en masa de sus súbditos
conquistados al islam. Y esto a pesar de que era claro que los conquistados
no eran “gente de El Libro” (ahl al-kitab) y que, por lo tanto, legalmente no
tenían derecho a protección de acuerdo con las prescripciones del shari‘a,
91 Historia, sociedad y política en India contemporánea

lo cual invita a una cierta cautela en dos niveles. Primero, existía la convic-
ción —al parecer articulada por el sultán Iltutmish de Delhi en el siglo
XIII— de que aunque una conquista formal se hubiera concretado, el equi-
librio de fuerzas aún favorecía a los no musulmanes y que, por tanto, se
tenía que aplacarlos antes que provocarlos más. Segundo, al menos algunos
de los musulmanes conquistadores parecen haber sido auténticamente
asombrados por la naturaleza y la complejidad de la cultura que encontra-
ron; no parecen haber estado inclinados simplemente a rechazarla. Tras
hablar frecuentemente en términos agresivos de la “idolatría (but-parasti)”
de sus interlocutores, hacia finales del siglo XIII o principios del XIV algunos
musulmanes parecen estar en busca de algunos puntos en común. También
debió asombrarles que un número relativamente pequeño de los “hindúes”
se convirtiera al islam a principios de este periodo. Así, la figura del “brah­
mán” o del “portador del hilo” (zunnardar) asume una dimensión formi-
dable en la escritura indomusulmana, no como un oponente militar sino
como un contrincante social e intelectual.
Quiénes y cuántos fueron exactamente los que se convirtieron al islam
en las diferentes regiones de la India entre 1200 y 1800 d. C. sigue siendo
un misterio. Algunas comunidades cuentan con tradiciones orales que
evocan sus respectivas identidades antes de la conversión, a menudo por-
que convertirse en musulmán no eliminaba la pertenencia a alguna forma
de grupo jati, como tejedores o trabajadores metálicos. No hay evidencia
actual que sugiera que los conversos vinieran desproporcionadamente de
las filas de los varnas más bajos o de los “intocables”. En otras palabras, si
existió alguna clave para sugerir que el encuentro entre un islam “más
igualitario” y el mundo más jerárquicamente estructurado de los “hindúes”
conduciría a la larga a una conversión generalizada como forma de movi-
lidad social, esa clave no se encuentra en los registros históricos. Además,
es claro que entre los musulmanes la identidad étnica —fuera lo que fuera
entonces— continuó desempeñando un papel importante. Aquéllos con
origen centroasiático-turco sabían que no eran los mismos que los mi-
grantes del área litoral del mar Caspio, y mucho menos se confundían a
sí mismos con “los indios conversos”. Un caso particularmente interesan-
te es el de los africanos del Cuerno de África (Habash, que es la antigua
Abisinia, pero incluye Sudán) y la costa swahili (o zanj), los cuales fueron
traídos a India al menos desde el siglo XIV en adelante para servir de es-
92 Historia, sociedad y política en India contemporánea

clavos de elite. Hacia finales del siglo XV, y especialmente en los doscien-
tos años que siguieron, muchos de estos notables afromusulmanes ejer-
cieron considerable poder en estados como el sultanato bengalí o los
gobiernos del Decán. Uno de los más conocidos ejemplos es el de un tal
Malik ‘Ambar (1548-1626) que fue esclavizado en el este de África y que
finalmente llegó al Decán del este por el Mar Rojo y Bagdad. Por cerca
de tres décadas, hasta su muerte, este habashi notable fue reconocido no
sólo como una figura política poderosa y carismática, sino como un me-
cenas piadoso de los eruditos musulmanes sunitas en el Decán. Otra figu-
ra importante de más o menos el mismo periodo fue un tal Abhang Khan
Zangi (o Zanji), también en el reino de Ahmadnagar en el oeste del Decán,
y en ocasiones aliado y mecenas de ‘Ambar. Estos hombres con frecuencia
eran elogiados profusamente por otros escritores y cronistas musulmanes,
a veces iraníes, otras veces centroasiáticos, aunque el alto grado de inter-
mestizaje (por no mencionar intermatrimonios) entre los varios grupos
étnicos musulmanes sigue siendo un tema por explorar. Ciertamente, las
facciones políticas en estos reinos, e inclusive en el lejano y extenso impe-
rio mughal (que se formó alrededor de 1530), frecuentemente siguieron
líneas de etnicidad o una combinación de etnicidad e identificación sec-
taria musulmana.
Lo cierto es que alrededor de 1600 el “bárbaro” en la India se había
vuelto una cuestión inmensamente enmarañada. La circulación de las
elites del centro y oeste de Asia se había convertido en un fenómeno re-
gular, aun cuando no pudo haber excedido algunos millares cada año. Al
llegar a la India, al menos algunos de estos migrantes podían expresar
consternación al atestiguar cuán borrosas se habían vuelto las fronteras
culturales en el transcurso de los siglos de dominio musulmán. Pocos de
ellos fueron capaces de un entendimiento etnográfico profundo de los
“hindúes”, y fueron aún menos los capaces de observar los matices en las
divisiones de jati, las cuales a menudo traducían utilizando el término
ta‘ifat (tribu) o, más raramente, qaum (comunidad). Ciertamente, su in-
terés en las divisiones religiosas y sectarias, entre musulmanes y no mu-
sulmanes y entre los musulmanes mismos, parece haber sido mucho
mayor que el deseo de entender estas otras cuestiones. Hacia el siglo XVII,
con el rápido aumento de “hindúes” en los escalafones medios y supe-
riores del servicio militar y la burocracia mughal, resultaba sencillamen-
93 Historia, sociedad y política en India contemporánea

te imposible rechazar a los hindúes por incultos, o afirmar que eran


gente que balbuceaba algo incomprensible. Al contrario, más familiaridad
con la lengua persa, con su literatura y con las elaboradas artes y etique-
ta de las cortes indomusulmanas también hizo difícil, al menos para al-
gunos de los no musulmanes (incluyendo grupos como los marathas,
muchos de los cuales se oponían al gobierno mughal), ver a los musul-
manes como meros bárbaros. Esta cohabitación, por lo tanto, produjo lo
que se denomina en ocasiones “cultura compuesta”, el opuesto obvio al
modelo de alteridad radical. Evidencia de esto puede encontrarse, por
ejemplo, en la monumental arquitectura del periodo, en la literatura en
persa y en indio vernáculo (y eventualmente también en un “idioma com-
puesto” llamado urdu), en la pintura de ambas cortes, la de Mughal y la
de Rajput, y sobre todo en la espectacular tradición de lo que se denomi-
na música clásica “indostánica”, la cual mezcló elementos como los ins-
trumentos y las formas (como el maqam) del oeste y centro de Asia, con
las canciones vernáculas y devocionales (llamadas dhurpad y bishnupad)
del norte de la India.
Pero sería fútil negar que en la India los siglos entre 1200 y 1800 fue-
ron caracterizados por varias formas de conflicto, acompañadas a veces
por una violencia retórica radical que denigraba el nivel cultural y los
logros del oponente. En los últimos años del gobierno mughal era común
para los miembros de su elite musulmana quejarse de haber ido dema-
siado lejos en su compromiso con sus súbditos “indios”. El ritmo impla-
cable de la expansión territorial mughal entre 1560 y 1700 también los
puso en contacto con gente nueva, a la que no sabían bien a bien cómo
tratar. En el este y noreste encontraron pueblos que, aseguraban, eran
caníbales (adam-khwar) y los trataron entonces como apenas humanos.
Dentro de los límites nocionales del imperio, la política mughal de ex-
pansión agraria en busca de una mayor base fiscal redujo los límites de
las tierras forestales y puso a los campesinos en conflicto con los habi-
tantes del bosque. Algunos de estos grupos de habitantes del bosque,
como los bhils y gonds en la India central, estaban organizados en formas
políticas que los mughals reconocían y por tanto trataban a sus cabecillas
como gobernantes (o rajás). En algunas casos, en las afueras de la pro-
vincia de Bengala, sabemos incluso de rajás forestales que utilizaron la
expansión mughal para demandar un lugar dentro del marco de los cuatro
94 Historia, sociedad y política en India contemporánea

varnas, atribuyéndose una posición en la espaciosa categoría de guerreros


rajput. Otros grupos, como los bedas y los boyas en el Decán, se movili-
zaban como tropas, a pesar de que su estatus preciso era incierto y con
frecuencia se hacía referencia a ellos con disparatados términos como
“comedores de lagartijas”. Ésta fue pues la compleja situación que con-
frontaron los ingleses cuando, en 1800, consolidaron su conquista sobre
buena parte del este y sur de la India.

III

La cuestión del “bárbaro” adquirió un perfil muy diferente durante el do-


minio colonial británico; las consecuencias de este nuevo perfil aún nos
atañen hoy. En primer lugar, debemos notar que los mismos europeos eran
tratados como “bárbaros” entre 1500 y 1800, cuando primero llegaron en
números importantes y se establecieron en la costa. Al principio, se hizo
uso de términos muy familiares para describirlos: hunas, yavanas, mlec-
chas, o parasikas, además de dos nuevos términos: “caras blancas” o “pie-
les blancas” y “francos” —este último un término que los escritores
musulmanes en el siglo XVI ya habían utilizado para referirse a los portu-
gueses. Muchos observadores los consideraron poco limpios en sus prác-
ticas e ineptos para las más elementales reglas de higiene, ideas que de
algún modo continuaron a través de todo el periodo de dominio colonial.
Los primeros indomusulmanes en visitar Europa y dejar cuenta escrita de
sus experiencias, en la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX,
se explayaron sobre esta caracterización. Pero para entonces, era muy di-
ferente el equilibrio de poder al que había existido alrededor de 1600,
cuando Tahir Muhammad Sabzwari había declarado autoritariamente que

[...] la comunidad de francos visten ropa muy fina pero a menudo son
muy sucios y tienen granos en la cara. No les gusta usar agua. Se bañan
rara vez […]. Son muy buenos en el uso de armas de fuego, y son parti-
cularmente valientes en barcos y en el agua. Pero en contraste con esto,
no son tan valientes en la tierra.7

7 S. Subrahmanyam, “Taking Stock of the Franks: South Asian Views of Europeans and Europe,
1500-1800”, The Indian Economic and Social History Review, vol. 42, no. 1, 2005, pp. 86-87.
95 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Un intelectual como Mirza Abu Talib Isfahani (1752-1806),8 por otro


lado, vio a la nación inglesa bajo una luz muy diferente: un poder que
había aprovechado la tecnología y formas inusuales de organización social
para construir un imperio formidable y en expansión.
En el transcurso del siglo XIX, por lo tanto, los ingleses (y los británicos
más generalmente) en la India pudieron librarse de ser percibidos como
“bárbaros” gracias al simple hecho de su dominación política y militar.
Esta dominación fue muy eficiente en crear una clase de elites anglófilas
en la India, que admiraban mucho a los nuevos gobernantes y su cultura,
aunque continuaban circulando muchos chistes escatológicos sobre ellos.
Las elites coloniales indias aceptaron la idea no sólo de que su sociedad y
su cultura sino también su capacidad tecnológica, así como su sensibilidad
estética, eran inferiores a las de los británicos. Naturalmente, entre las
elites indomusulmanas existieron nichos de resistencia a esta visión que
dudaban de la supuesta “degradación” de sus propias concepciones estéti-
cas y literarias. Pero inclusive éstos casi desaparecieron después de la re-
presión de la gran rebelión campesina y principesca de 1857-1858. Así, la
segunda mitad del siglo XIX atestigua una limpieza cultural masiva de
parte de las autoridades coloniales hasta tal punto, que inclusive el movi-
miento nacionalista que surgió después a menudo articulaba sus consignas
en el mismo lenguaje cultural del gobierno colonial. Sólo un intelectual
excepcional, como el irreverente escritor telugu Gurajada Apparao (1862-
1915),9 se atrevió a burlarse de las pretensiones británicas de total domi-
nación cultural y epistemológica.
La intervención colonial en los confines de las categorías y percepcio-
nes sociales es, sin duda, una curiosa mezcolanza de consecuencias pre-
vistas e imprevistas. No hay duda de que, al menos desde el mandato del
gobernador general Lord William Bentinck (1828-1835), los británicos
(como gobierno de la Compañía de la India Oriental) habían lanzado un
ambicioso proyecto para la “reforma” de la sociedad india y sus supuestas
prácticas degeneradas. Una parte del proyecto se centró en los niveles más

8 A. Taleb Khan, The Travels of Mirza Abu Taleb Khan in Asia, Africa, and Europe during the Years
1799, 1800, 1801, 1802, and 1803, Londres, Longman, Hurst, Rees, and Orme, 1810.
9 G. Apparao, Girls for Sale: ‘Kanyasulkam’, a Play from Colonial India, Bloomington, Indiana
University Press, 2007.
96 Historia, sociedad y política en India contemporánea

altos de la sociedad bengalí india, pero otros proyectos también atacaron


fenómenos como el bandidismo organizado (o thuggee). Lo que entonces
se reveló como lo central fue la noción de que la principal categoría de
organización para entender a la India era “casta”; los administradores
británicos la entendieron como un término que representaba un sistema
total y abarcador que involucraba una combinación de ideas de varna y
jati. Postularon que ya en el antiguo pasado indio, quizá desde la edad
védica, un “sistema de castas” de cinco partes había surgido en la India,
formado por los cuatro varnas y los “intocables”. A través de los siglos,
argumentaron, la sociedad india se había reproducido a sí misma una y
otra vez dentro de esta estructura, la cual llevaba consigo dos formas de
rechazo: “fuera de casta” y mleccha o extranjero. Por lo tanto, el destino
de progreso del gobierno británico era liberar a la India de esta jaula de
hierro, dando al fin lugar a una genuina movilidad social. Puede com-
prenderse el poder de esta conceptualización leyendo su reciclaje en la
formulación del concepto de “Modo de producción asiático” en Karl
Marx; el concepto asume que la India ha sido subyugada durante largos
siglos a una sociedad de pequeñas aldeas, cuya lógica de inmovilidad es
precisamente la lógica del “sistema de castas” descrito por el dominio
colonial británico.
La consecuencia prevista era, claro, proporcionar una coartada liberal
para el gobierno británico, al que de hecho se le veía liberando a la India
no sólo de un tiránico gobierno musulmán anterior, sino también de una
estructura social atrincherada cuyos campesinos e intocables estarían más
que felices de verla caer. Las consecuencias no previstas fueron bastante
más delicadas. Como Bernard Cohn y otros han señalado, el censo colo-
nial y otra maquinaria similar, se convirtieron en poderosas herramientas
para fabricar identidad.10 Las castas viraron en números y los números se
convirtieron en posibles reclamos de identidad. Una categoría totalmen-
te nueva apareció dentro de la existencia del panchama, o “quinto” grupo,
una que reclamaba abarcar la totalidad de los excluidos por el sistema de
cuatro varnas (pero a la vez, casi siempre excluyendo pueblos forestales

10 B. S. Cohn, An Anthropologist among the Historians and Other Essays, Nueva Delhi, Oxford
University Press, 1987.
97 Historia, sociedad y política en India contemporánea

y de las franjas geográficas del espacio que se consideraba “civilización


india”). Esta categoría fue aplicada a la gente que había sido clasificada
por los británicos, utilizando la noción que los primeros visitantes por-
tugueses en Kerala en el siglo XVI habían usado, como “intocables”. A
finales del siglo XIX, estos grupos fueron capaces de protestar para ganar
formas de representación política, usando creativamente el marco colo-
nial, un fenómeno importante que tiene consecuencias hasta el día de
hoy. Gandhi y el movimiento nacionalista intentaron, algo santurrona-
mente, renombrar a estos grupos colectivamente como harijan (o “gente
de dios”); posteriormente, dalit (o los “aplastados”) fue el término más
común para nombrar a la misma gente. Con todo, lo que debe entender-
se es que la inclusión en una sola categoría de lo que en realidad son
muchos grupos dispares, con una gran variedad de ubicaciones sociales
y ocupacionales, es en sí misma un importante proceso político de crea-
ción de identidad, y es una de las consecuencias no previstas por los
gobiernos coloniales británicos.
En una vena un tanto distinta, puede decirse que el periodo colonial
también tuvo un efecto importante en las tendencias generales de xenolo-
gía y xenofobia en la India. Si los europeos resultaron objetos de cierta
admiración, por renuente que haya sido en ocasiones, los indios del siglo
XIX adquirieron una visión del resto del mundo muy diferente a la que
tenían en los siglos XVI o XVII. Las relaciones con los pueblos en el sures-
te y este de Asia con frecuencia continuaron siendo tensas, como sabemos
por las historias de la presencia india en estas regiones. Pero la relación
más difícil indudablemente fue con África; una relación por largo tiempo
mediada por la presencia de indios en las colonias británicas en ese con-
tinente, en lugares como Kenia, Tanzania y Uganda. Los roles económicos
y sociales de estos grupos indios de comerciantes y clérigos eran tales que
crearon tensiones y finalmente llevaron a violencia periódica y, en algunos
casos, a expulsiones masivas, como sucedió en Uganda en 1972. La con-
traparte de esto fue que los indios, ya fuera en África o en la India, fre-
cuentemente ahora veían a los africanos a través de ojos europeos, ubicán-
dose ellos mismos en el papel de colonizadores en lugar de colonizados.
Cuando un estudiante africano “bárbaro” toca a la puerta como un posible
98 Historia, sociedad y política en India contemporánea

inquilino, está claro que para la mayor parte de los indios urbanos ya no
tienen mayor resonancia los días de Malik ‘Ambar.
En cuanto a la división religiosa, su larga trayectoria ha dado lugar,
claro, a la repartición del subcontinente en varios Estados-naciones, cada
uno de los cuales está más o menos ligado a una identidad religiosa. En
las secuelas de 1857-1858, se permitió el surgimiento lento de un gobier-
no colonial burgués en la India británica; entre los miembros de este
gobierno hicieron su aparición los varios grupos anglófonos indios. Para
principios del siglo XX, era cada vez más claro que este espacio sería
fuertemente impugnado y, al mismo tiempo, quedaba claro que en este
espacio el papel de las elites musulmanas seguía siendo ambiguo. En la
siguiente mitad del siglo, difícilmente puede decirse que lealtades o di-
visiones “primordiales” tuvieron un papel importante. Antes bien, hubo
muchas maniobras y varios líderes políticos importantes cambiaron
de puesto y de postura pública. Aun así, hacia la década de 1940 lo que
había surgido era una política de violencia endémica, en la que comu-
nidades que habían coexistido y peleado localmente durante siglos
ahora aseguraban no reconocerse más entre sí. Los salvajes baños de
sangre de finales de la década de 1940 ridiculizaron un poco cualquier
noción de “cultura compuesta” de los siglos anteriores. Todavía vivimos
con este legado en la India contemporánea, y también en Pakistán. En
lugar de ver la Partición de 1947 como un acto trágico, aunque definitivo,
algunos grupos en ambos lados de la frontera lo ven como una herida que
no debe sanar naturalmente, como un asunto pendiente que debe resol-
verse violentamente.
¿Cómo ser bárbaro en la India? Parece que hay muchas maneras. En
su brillante y extenso ensayo, El miedo a los bárbaros, Tzvetan Todorov
divide el mundo de hoy en cuatro tipos de culturas nacionales. Existen
aquellas “donde el resentimiento tiene un papel vital”, es decir, para Todo-
rov, gran parte de los países del mundo musulmán “desde Marruecos
hasta Pakistán”, pero quizá también otros lugares. Un segundo grupo está
formado por aquellos que “se distinguen por el lugar que ocupa el senti-
miento del miedo en ellos”. Aquí, Todorov ubica a las naciones de Occi-
dente y particularmente las de Europa occidental: “temen ataques físicos
[...], los ataques terroristas, las explosiones de la violencia”. El tercer grupo
99 Historia, sociedad y política en India contemporánea

es el “grupo residual”, caracterizado por la “indecisión”, con lo que, uno


adivina, Todorov se refiere a ciertas naciones africanas sursaharianas y
latinoamericanas. Finalmente, Todorov nota la existencia de un cuarto
y último grupo constituido por un importante número de países donde
“la pasión dominante [es] el apetito”. Aquí, Todorov ubica países que se
están acercando a Occidente, y en los cuales “las personas quieren tomar
ventaja de la globalización, del consumo y del ocio”. En esta categoría,
coloca no sólo a China, Brasil, Sudáfrica y México, sino a la India. India,
escribe Todorov, junto con Brasil y algunos otros países, “hoy ilustra otras
vías a una existencia más próspera y democrática”. ¡Ojalá fuera así! Lo que
espero haber demostrado en estas páginas, así sea brevemente, es que hoy
la India es, por razones históricas y por otros motivos, antes que nada un
país de miedo y resentimiento. Quizá es precisamente por esto que tiene
un voraz antojo de inventar bárbaros.

Referencias

Artículos

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Libros

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Laura Carballido Coria
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa
División de Ciencias Sociales y Humanidades
Departamento de Ciencias Sociales

India es el segundo país más poblado a nivel mundial con 1 210 193 422
habitantes, de acuerdo con el Censo de 2011 (Census, 2011). Una buena
parte de su población es muy joven, por lo que posee una gran cantidad
de votantes que la convierten en la democracia más grande del mundo. La
institución encargada de conducir las elecciones es la Comisión Electoral
de India (ECI, por sus siglas en inglés), quien tiene una enorme tarea si
consideramos la gran extensión del territorio a cubrir y el tamaño del
electorado. Por ejemplo, en 2014 en ocasión de las últimas elecciones ge-
nerales, las listas electorales contaron con 834 082 814 votantes.1 Esto
obliga a conducir las elecciones en etapas a lo largo de todo el país. En las
elecciones de 2014 hubo nueve etapas: de abril a julio. Es importante men-
cionar que India posee un sistema parlamentario, con dos cámaras: la baja
o Lok Sabha (Cámara del Pueblo), que tiene el poder legislativo, y la alta o
Rajya Sabha (Consejo de los Estados).2 El presidente tiene el poder ejecu-
tivo, pero lo ejerce sólo por consejo del primer ministro y del Consejo de
Ministros. Las elecciones generales se realizan cada cinco años.

1 Electoral Commission of India, “General Election 2014”. La Comisión Electoral de India posee
una página web que permite la consulta de información para las elecciones, entre otros temas.
Para el caso de la elección general de 2014, es posible contar con un mapa con las etapas electo-
rales, resultados por estado, análisis de tendencias, incidentes electorales, etcétera.
2 P. Brass, The Politics of India since Independence, Cambridge, Cambridge University Press, 2004,
pp. 50-51.
102 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Las últimas elecciones generales en India para la Lok Sabha fueron las
decimosextas y fueron las mencionadas antes, de 2014. Un hecho nota-
ble es que por primera vez desde 1984 hubo un partido político que tuvo
mayoría en el Parlamento, es decir, no necesitó otro partido para hacer una
alianza y formar un gobierno: el Partido del Pueblo Indio o Bharatiya Ja-
nata Party (BJP, de aquí en adelante). Si bien dicho partido encabezó la
National Democratic Alliance, por sí solo obtuvo suficientes escaños en el
Parlamento. El otro partido relevante fue el Partido del Congreso Nacional
Indio (I) (Partido del Congreso (I), de aquí en adelante), quien encabezó
la United Progressive Alliance, pero que obtuvo la peor derrota electoral
de su historia. El partido ganador, el BJP, es un partido supremacista hindú,
cuyo discurso ha mezclado de forma consistente la unidad india basada en
su elemento hindú y el rechazo a las minorías “consentidas” (léanse into-
cables y musulmanes) por el Partido del Congreso (I).3 No obstante, en las
elecciones de 2014, el BJP tuvo que suavizar su discurso. Por un lado, se
cuidó de hablar en contra de la reservación de cuotas en empleos y educa-
ción para ciertas castas y grupos. Por otro, resaltó el origen de casta de su
líder Narendra Modi (n. 1950), quien nació en Gujarat, en una familia
pobre de casta Modh-Ghanchi-Teli (elaboradores, comerciantes de aceite).
Durante la campaña de Modi numerosos articulistas políticos se pre-
guntaron por el papel que la casta desempeñaría en las elecciones. Para al-
gunos especialistas, como Andrew Buncombe, fue claro que las declaracio-
nes del BJP sobre la casta baja a la que pertenece Modi fueron hechas en
momentos relevantes y para atraer simpatías, además de que la crítica del
BJP hacia el Partido del Congreso por usar a la casta como instrumento re-
sultó hueca, pues Modi y su partido también hicieron uso de ese elemento.4
Para otros, como Ajoy Ashirwad Mahaprashasta era cuestión de tiempo para
que aflorara una serie de tensiones durante la administración de Modi, como
resultado de las diferencias entre la plataforma del partido, los antecedentes
políticos de Modi y las promesas hechas: ¿cómo conciliar la cercanía con
grupos conservadores con la necesidad de atraerse votos de grupos de casta

3 Más adelante exploraremos con más cuidado en qué consiste el supremacismo hindú.
4 A. Buncombe, “How Caste Could Swing India’s Elections in Favour of Hindu Nationalists”, The
Independent, 7 de mayo de 2014, en [Link]
[Link], p. 1 (acceso el 31
de julio de 2015).
103 Historia, sociedad y política en India contemporánea

baja o intocables?, ¿cómo incorporar programas sociales a su agenda?, ¿cómo


ocultar que buena parte de su electorado es de casta alta?5
Hasta ahora he tomado el caso del BJP, pues se trata del partido polí-
tico triunfante en las elecciones generales de 2014, pero la casta ha sido un
elemento importante para otros partidos. Si analizamos los procesos elec-
torales a nivel regional, la casta se vuelve un factor de peso todavía mayor.
Asimismo, además de las elecciones, la casta adquiere relevancia en rela-
ción con políticas establecidas desde la Constitución (proclamada en 1950)
y que generan otros procesos de competencia; estas ideas apuntan a la
relevancia de la casta en la política india. El estudio de la participación
política en India, lo mismo que en otras regiones del mundo, implica tomar
en cuenta diversos factores: la posición de clase, el género, los contextos
urbano y rural, el regionalismo, la etnicidad, la comunidad religiosa y, en
el caso de India, la casta. En este texto, se considerará el último elemento,
como un punto de entrada, para ver cuál es el balance del sistema demo-
crático a casi setenta años de la independencia de India (1947). No obs-
tante, esta decisión analítica no implica que éste sea el elemento “esencial”
de la sociedad india. Todo lo contrario, se realiza una lectura contextual e
histórica para ver en qué coyunturas políticas la casta se vuelve relevante,
con base en distintos autores que han estudiado el tema.
En primer lugar, se explica en qué consiste la casta y cómo ha sido estu-
diada. En segundo, se examina brevemente el periodo colonial para entender
cómo se transformó la casta y cómo impactó en la participación política. En
tercero, se reflexiona sobre el periodo independiente haciendo énfasis tanto
en la existencia de partidos políticos basados en la casta, como en el impac-
to del mecanismo denominado “reservación” en el norte y el sur de India.
Si bien el enfoque estará en el periodo independiente, se hará referencia a
algunos cambios bajo el periodo colonial y a los vínculos entre la casta y la
política que han estado siempre presentes. Como establece Dipankar Gupta,
antes de la llegada de los británicos ya había competencia entre castas, pero
la economía un tanto más cerrada de los pueblos (que no de las zonas cos-
teras) y lo pequeño de las comunidades provocaba que las personas de

5 A. A. Mahaprashasta, “Conflict of Interests”, Frontline, Chennai (India), vol. 31, no. 11, 13 de
junio de 2014, en [Link]
p. 1 (acceso el 31 de julio de 2015).
104 Historia, sociedad y política en India contemporánea

castas bajas e intocables tuvieran más dificultades para rebelarse. Además


muchas disputas se resolvían directamente con las guerras, cuyo ganador asu-
miría una posición de poder.6 Sin embargo, tanto los cambios económicos
como la representación, aunque limitada, del periodo colonial y las posibi-
lidades de educación impactaron en las relaciones entre castas.

Casta: teoría y práctica

Cuando se usa la palabra “casta”, en español (igual que en inglés), en rea-


lidad se hace alusión a dos conceptos. Por un lado, la varna (clase, tipo)
mencionada en textos antiguos (por ejemplo, en los Vedas y las Leyes de
Manu),7 que hace referencia a cuatro órdenes: los brahmanes que eran
sacerdotes o letrados; los kshatriyas, que eran guerreros, gobernantes o
terratenientes; los vaishyas, que eran comerciantes, y los sudras o trabaja-
dores. Los intocables y los grupos tribales ocupan un lugar incierto res-
pecto de este orden: fuera, debajo. De forma sucinta, los intocables son
aquellos que desempeñan actividades que se consideran sucias: recolección
de basura, prácticas funerarias y manejo de animales muertos. La posibi-
lidad de que ensucien con el contacto con su cuerpo o incluso con el con-
tacto de la proyección de su sombra hace que las interacciones en la vida
cotidiana hayan estado marcadas por el ostracismo.
Los grupos tribales fueron denominados así por la etnografía colonial,
que los consideró los primeros habitantes de India (anteriores a la llegada

6 D. Gupta, “Caste and Politics: Identity Over System”, Annual Review of Anthropology, no. 34, 2005,
p. 413.
7 Susan Bayly nos da un recorrido por la literatura india antigua en que se encuentran las mencio-
nes más tempranas y relevantes para la casta. La primera referencia se encuentra en los Vedas
que son himnos producidos por los indoarios entre el 1500 y el 1000 antes de la Era Común (a.
E. C., de aquí en adelante). Si bien hay otros textos donde aparece la casta, ella resalta en los si-
guientes: (1) el Bhagavad Gita (los especialistas sitúan el texto entre los siglos V y II a. E. C.), (2)
un texto dentro del poema épico Mahabharata y (3) Las leyes de Manu (aunque Las leyes son más
conocidas así, el título original es Manavadharmasastra o Manusmrti y fueron compuestas alre-
dedor del siglo I de la Era Común). En este último se encuentran elaborados los principios de la
casta (S. Bayly, Caste, Society and Politics in India from the Eighteenth Century to the Modern Age,
Cambridge, Cambridge University Press, 2001, pp. 13-14). Para un buen resumen de algunos
debates sobre la antigüedad india y una introducción a la sociedad indoaria, véase Bose y Jalal
(S. Bose y A. Jalal, Modern South Asia. History, Culture, Political Economy, Nueva Delhi, Oxford
University Press, 1998, pp. 12-22).
105 Historia, sociedad y política en India contemporánea

de los indoarios) y con atraso respecto de los grupos no tribales de India.


Estos grupos hablan lenguas de varias familias lingüísticas, viven a lo lar-
go de India y presentan otras formas culturales (distintas a los grupos no
tribales). Un ejemplo es que no presentan relaciones de casta, aunque han
sido parte de la sociedad india, generalmente como jornaleros y trabaja-
dores estacionales.8
Por otro lado, la jati es el grupo en que se nace y que tiene que ver con
la vida cotidiana: con la actividad económica desempeñada en muchas oca-
siones, las reglas para contraer matrimonio y las formas de socializar, por
citar algunos elementos. El número de jatis en India se cuenta en miles, pues
el nombre y prácticas asociadas del grupo en que se nace son regionales;
fuera del lugar de origen, resulta difícil ubicar una jati.9 Por ejemplo, en el
caso de los intocables no hablamos de una sola jati a lo largo de toda India,
sino de muchísimas y con gradaciones de estatus aun entre ellas mismas.
La casta, que incluye tanto la varna como la jati, ha sido objeto de
fascinación desde la llegada de los comerciantes europeos, quienes trataron
de entender su funcionamiento. En particular, a partir del siglo XVIII, con
la victoria de la Compañía Británica de las Indias Orientales sobre los
reinos indios regionales y sobre sus competidores europeos, comenzó su
paulatina transformación de poder comercial en poder colonial y se hizo
necesario un mejor conocimiento del territorio y de su población. Así, se
realizaron numerosos estudios sobre la propiedad de la tierra, las lenguas
“clásicas” y “vernáculas”, las religiones, los principios legales hindú e islá-
mico y la organización social, entre otros temas más. Numerosos trabajos
como los de Bernard Cohn sobre las lenguas usadas en India y de Lata
Mani sobre la abolición del sati (quema de viudas)10 han explorado estos

8 Muchos grupos han perdido su lengua materna debido a las migraciones internas, pero las lenguas
alguna vez habladas pertenecen a las lenguas tibetobirmanas (noreste), austroasiáticas (norte) y
dravídicas (sur) (C. Jaffrelot, The Hindu Nationalist Movement in India, Nueva York, Columbia
University Press, 1991, p. 422). En el periodo colonial experimentaron aislamiento, pues debido
a la pérdida de tierras, restricción al uso de recursos de los bosques, a los prestamistas y a los
vendedores de licor terminaron por ser jornaleros o por ir hacia las montañas (B. Chandra (ed.),
India After Independence, 1947-2000, Nueva Delhi, Penguin Books, 2002, pp. 106-107).
9 S. Bayly, op. cit., pp. 8-9.
10 El sati es la práctica de quemar a las viudas vivas en la pira funeraria del esposo. Ésta es una
práctica presente sólo en el hinduismo, en algunas castas y regiones de India. El sati fue prohi-
bido por los británicos en 1829 y su práctica continúa prohibida en India actualmente.
106 Historia, sociedad y política en India contemporánea

procesos de generación de conocimiento en los que británicos e indios (de


los altos estratos sociales, especialmente brahmanes) participaron acti-
vamente.11 De entre las muchas conclusiones a las que llegaron, resalto
algunas relevantes para nuestro tema: que India estaba compuesta por
comunidades (religiosas y de casta), no por individuos, que la casta era un
sistema a nivel de toda India y que era una característica que se remonta-
ba a la antigüedad. Asimismo, estas conclusiones estuvieron marcadas por
la óptica de los informantes, provenientes de los grupos privilegiados. Por
ejemplo, la idea de que los brahmanes eran la casta predominante sobre el
resto, incluidos los kshatriyas, y la idea de que el elemento religioso era
central para el sistema de castas.
Este interés por la casta se trasladó a la academia y se ha mantenido
por mucho tiempo, adquiriendo la categoría de concepto clave para en-
tender la sociedad india. Los trabajos de Susan Bayly e Ishita Banerjee-Du-
be ofrecen un buen panorama de los debates en torno a la casta;12 ellas
explican las formas en que la academia ha debatido acerca de la casta.
Desde la antropología, la sociología y la historia se han preguntado: ¿cuál
es la relación entre la jati y la varna?, ¿el sistema de castas es acaso un
intercambio económico y de servicios entre las castas? ¿O se trata más
bien de un sistema principalmente religioso centrado en las nociones de
pureza y contaminación, que permite establecer cuál es la casta con pree-
minencia sobre las otras (los brahmanes o los kshatriyas)? ¿Es posible
afirmar que la jerarquización social es una de las características “esenciales”
del Sur de Asia? Una obra a la que ambas dedican bastante espacio es Homo
hierarchichus,13 pues fue la que propuso el estudio de la casta principal-
mente dentro de un sistema religioso, además de proponer la jerarquiza-
ción como la noción básica para la sociedad india.
Dos consideraciones resultan importantes para nosotros. Una es que
la idea misma de “sistema de castas” como algo extensivo a toda India es

11 B. S. Cohn, “The Command of Language and the Language of Command”, Subaltern Studies IV.
Writings on South Asian History and Society, Nueva Delhi, Oxford University Press, 1997,
pp. 276-329, y L. Mani, “Tradiciones en discordia: el debate sobre sati en la India colonial”,
Pasados poscoloniales, México, El Colegio de México, 1999, pp. 209-252.
12 S. Bayly, op. cit., e I. Banerjee-Dube (ed.), Caste in History, Nueva Delhi, Oxford University Press,
2008.
13 L. Dumont, Homo Hierarchichus. The Caste System and its Implications, Chicago, The Universi-
ty of Chicago Press, 1980.
107 Historia, sociedad y política en India contemporánea

difícil de sostener. Si bien es posible aceptar que a lo largo de India hay


ciertas nociones comunes dado que cada jati le indica a cada persona
(aunque no de forma absoluta) la ocupación a la que pueden acceder, con
quién contraer matrimonio y algunas reglas sobre la interacción social,
esto no significa que una jati ocupe el mismo estatus en todo el país. Por
ejemplo, la casta ya mencionada a la que pertenece el primer ministro
Narendra Modi (2014-) se ocupa de elaborar y/o comerciar con aceite. En
el estado de donde él es originario, Gujarat, esta casta es baja y correspon-
dería a la varna sudra, pero en el norte de India esta casta tiene un estatus
mayor y corresponde a la varna vaishya. Ello implica que no es posible
hacer equivalencias entre jatis. Asimismo, hay flexibilidad en lo que a ocu-
pación se refiere (como veremos enseguida). La segunda consideración
tiene que ver con que el estudioso debe tener en cuenta que la casta no es
ahistórica ni estática. La casta y la forma en que ha sido percibida, usada
y vivida han cambiado a lo largo del tiempo.
El libro de Banerjee-Dube contiene una sección que brinda una mira-
da a las complejidades de la experiencia cotidiana de la casta a fines del
periodo colonial y en India poscolonial.14 A partir de materiales etnográ-
ficos y biográficos es posible ver qué significa pertenecer a una jati baja,
además de permitirnos entender los elementos de flexibilidad y rigidez.
Por ejemplo, en un texto sobre las castas en Karani, en el sur de India, una
mujer de casta baja y analfabeta, Viramma, habla de lo que caracteriza a
la casta dominante: “Los Reddiar son las personas que no van a trabajar,
ellos ponen a otros a trabajar: 50, 60, 90, 200 personas. Sus esposas no
trabajan y nunca salen”.15 En su narración se aprecian las imbricaciones de
las relaciones entre casta, la opresión sufrida y la prosperidad experimen-
tada por algunos, pero que no cambia del todo las interacciones sociales.
Ella menciona que los tomban o criadores de puercos se volvieron agricul-
tores, pero que, a pesar de ello, las castas que aceptan trabajar para ellos
no aceptan comida cocinada de los tomban para no contaminarse.16
En otro texto de dicha sección, Mark Juergensmeyer narra las expe-
riencias de los ex intocables que, gracias a la reservación de empleos gu-

14 I. Banerjee-Dube, op. cit.


15 Viramma et al., en Banerjee-Dube, op. cit., p. 235. Todas las traducciones son mías.
16 Viramma et al., en Banerjee-Dube, op. cit., p. 239.
108 Historia, sociedad y política en India contemporánea

bernamentales en el periodo independiente, han logrado mejorar su


condición económica.17 Él toma el caso de Model Town, una colonia en el
estado de Punjab, donde estos ex intocables han dejado atrás el entorno
rural, han accedido a mejores opciones educativas y se han convertido en
clase media, pero encuentran difícil participar en reuniones sociales. In-
vitar y ser invitados a bodas es algo difícil para ellos, ¿cómo saber que sus
compañeros de oficina de casta más alta querrán asistir a una boda?, ¿cómo
invitar a estos ex intocables a una boda sin causar quizá la desaprobación
del resto de la familia? Juergensmeyer termina su texto señalando que:
“Paradójicamente, los beneficios gubernamentales que han buscado liberar
a los intocables han tenido el efecto de introducirlos a una nueva sociedad
en que la experiencia de alienación es aun más aguda”.18

Casta: colonialismo y movimiento nacionalista

En 1857 hubo una rebelión dentro del ejército británico en India. La re-
vuelta se extendió rápidamente a otros sectores, lo que hizo que la Com-
pañía Británica de las Indias Orientales perdiera el control de buena
parte del norte y centro de India. Debido a esto, la Corona liquidó a la
Compañía Británica de las Indias Orientales y asumió directamente
la administración de India en 1858, lo que profundizó la necesidad de
conocer la población y el territorio para poder administrar y controlar. La
Corona continuó los procesos de generación de conocimiento iniciados
por la compañía.19 Un instrumento importante en la generación de cono-
cimiento sobre la población fue el censo, que insistía en preguntar la co-
munidad religiosa a la que se pertenecía, así como la casta. El primer
censo a nivel de toda de India fue el realizado en 1881, y a partir de 1901
se introdujo un nuevo elemento: era preciso ubicar a cuál varna corres-
pondía cada jati, es decir, había que establecer la precedencia social. Las
protestas de los líderes de las jati —porque, de acuerdo con ellos, consis-

17 En el periodo independiente, la Constitución prohibió cualquier forma de discriminación con


base en la casta (y en otros factores). El término oficial para los intocables ahora es castas regis-
tradas. Juergensmeyer, en I. Banerjee-Dube, op. cit.
18 Juergensmeyer, en I. Banerjee-Dube, op. cit., p. 270.
19 S. Bose y A. Jalal, op. cit., pp. 88-106.
109 Historia, sociedad y política en India contemporánea

tentemente se les ubicaba en un nivel inferior— no se hicieron esperar:


apoyadas en mitologías que justificaban una posición más elevada y en
organizaciones de casta.20
La casta se convirtió en una consideración importante en diversas
decisiones de la administración colonial. Por ejemplo, la integración de los
batallones del ejército se hizo a partir de la identificación de “razas y castas
marciales”, en la que tanto características religiosas como de casta desem-
peñaron un papel importante.21 Pero este interés por la casta llevó a la
administración colonial a notar que tanto en la burocracia como en los
primeros puestos electos de los gobiernos locales dominaban ciertas castas,
lo que se atribuyó a las redes formadas por aquéllas, la corrupción y el
interés en algunas regiones por recuperar el poder perdido ante los britá-
nicos.22 El surgimiento del movimiento nacionalista a fines del siglo XIX
(el Partido Nacional del Congreso se fundó en 1885) y su conformación,
principalmente por grupos de casta alta entre sus miembros hindúes,
profundizaron los temores de los británicos por los probables desafíos a
su presencia.23 Los británicos crearon diversos contrapesos para minimi-
zar la resistencia. Buscaron la alianza de los príncipes indios, quienes
mantuvieron el control sobre sus territorios a cambio de la lealtad a la
Corona. Ofrecieron protección en contra del dominio de las castas altas
a grupos poco privilegiados, como los musulmanes, pero también a los
intocables y los grupos tribales. Esta protección adquirió la forma de elec-
torados separados para los musulmanes, que fueron introducidos en las
Reformas Rippon (1882) y mantenidos y extendidos en reformas poste-
riores a los marcos legales de la colonia: 1909, 1919 y 1935. Para algunos
grupos tribales en el noreste, se introdujo una limitante para que los fo-
rasteros indios y británicos se asentaran en esas zonas, y dado su atraso,
se les excluyó de cualquier forma de representación introducida en la le-
gislatura central y provincial.24

20 S. Sarkar, Modern India 1885-1947, Nueva Delhi, Macmillan, 1999, p. 55.


21 S. Bose y A. Jalal, op. cit., p. 98.
22 S. Bayly, op. cit., pp. 234-236.
23 Ibidem, pp. 236-237.
24 S. Baruah, India Against Itself. Assam and the Politics of Nationality, Nueva Delhi, Oxford Uni-
versity Press, 2001, pp. 34-36.
110 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La resistencia anticolonial asumió varias formas que comprendieron


rebeliones armadas, organizaciones de casta y partidos políticos. El Parti-
do del Congreso Nacional Indio, fundado en 1885, fue el partido más
prominente (aunque no el único) en el movimiento nacionalista y aspiró
a hablar a nombre de todos los indios, de allí que uno de sus elementos
centrales fuera la unidad. Su visión de la India independiente era la de una
sociedad sin divisiones de casta ni de clase, punto de vista que compartía
la mayoría de sus líderes.25 No obstante, bajo el liderazgo de M. K. Gandhi,
cuando se convirtió en un partido de masas en la década de 1920, la casta
se volvió un tema relevante. No significa que los documentos importantes
del Partido del Congreso no hubieran incluido previamente el tema, pero
fue con Gandhi que hubo un mayor énfasis. Gandhi desaprobaba la dis-
criminación ejercida hacia los intocables, a quienes designó como harijan
o hijos de Dios. Pero sus soluciones, a decir de Susan Bayly, fueron sobre
todo religiosas. Los seguidores de Gandhi se esforzaron por promover
entre los intocables el vegetarianismo, la no ingestión de alcohol y el hila-
do con la rueca. Asimismo, los nacionalistas lucharon para que los into-
cables fueran admitidos en los templos hindúes.26
Sería B. R. Ambedkar (1891-1956), el líder más relevante de los into-
cables, quien se enfrentaría a Gandhi en este tema y buscaría otro tipo de
soluciones. Su familia era originaria de Maharashtra (al occidente de India)
y a pesar de la discriminación Ambedkar logró estudiar, convirtiéndose
en el primer intocable en asistir a Elphinstone College, institución depen-
diente de la Universidad de Bombay. Tras estudiar en el extranjero gracias
a una beca, regresó a India, donde, además de desempeñarse profesio-
nalmente, desarrolló actividades a favor de la independencia india y en
contra de la casta, por lo que en la década de 1920 ya era un líder bastante
conocido. Ambedkar tenía una perspectiva diferente a la de Gandhi. Para
él, la solución a la discriminación sufrida por los intocables yacía no en la
entrada a los templos, sino en la participación política. Cuando en 1932 los
británicos propusieron la introducción de electorados separados para

25 S. Bayly, op. cit., pp. 244-245.


26 Ibidem, pp. 247-248. Susan Bayly señala que el objetivo último sería la formación de un Harijan
que sería modelo de virtudes, que dejaría de lado cualquier resentimiento en favor de la unidad
de la nación. A pesar de la condena de la intocabilidad, para Gandhi el orden establecido por
los varnas era justo y de origen divino (ibidem, p. 251).
111 Historia, sociedad y política en India contemporánea

los intocables, Ambedkar respaldó la propuesta, pero Gandhi la rechazó


y realizó un ayuno a muerte, que finalmente llevó a un acuerdo entre am-
bos. Se eliminarían los electorados separados a cambio de que hubiera un
número de escaños reservados en las asambleas provinciales para los in-
tocables, preservándose así la idea de la unidad india.27
Ambedkar fue reconocido por la administración colonial como una
figura prominente, de allí que participara como representante en los de-
bates sobre el nuevo marco legal para la colonia: la Conferencia de Mesa
Redonda, celebrada a principios de la década de 1930. En paralelo, formó
un partido político, el Partido Independiente del Trabajo, que más tarde
se convertiría en la Federación de las Castas Registradas.
Dipankar Gupta ha escrito que los británicos pusieron en práctica tres
medidas que reafirmarían la dimensión política de la casta. La primera es
la centralidad que adquirió la visión brahmánica sobre la casta, motivada
sobre todo por el papel que los brahmanes desempeñaron como informan-
tes en el proceso de generación de conocimiento. La segunda es la intro-
ducción de los electorados separados para los intocables (lo cual hizo muy
importante la enumeración precisa), así como el fomento a la educación
para estos grupos. Esto alentó una mayor participación en esta esfera de
la política. La tercera es la serie de leyes que buscaban la mejoría de estos
grupos vulnerables y que tendría continuidad en el periodo independien-
te.28 Al mismo tiempo, el movimiento nacionalista no dejó de insistir en
la importancia de la unidad de la nación y de un gobierno centralizado.
Cuando se obtuvo la independencia en agosto de 1947, habría un costo
muy alto para obtener estos objetivos políticos: la Partición o división del
territorio en dos, debido a las discusiones internas entre los dos partidos
políticos principales, el Partido del Congreso y la Liga Musulmana.29

27 S. Bayly, op. cit., p. 262.


28 D. Gupta, op. cit., pp. 413-414.
29 El análisis de la Partición excede los alcances de este trabajo. Para una revisión de la literatura
relevante, así como para comprender la forma en que se dividió el territorio, véase L. Carballi-
do Coria, ¿India o Pakistán? Espacios divididos, México, El Colegio de México/Universidad
Autónoma Metropolitana-Unidad Cuajimalpa, 2011.
112 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Casta: periodo independiente

En 1947, al momento de la independencia, la transferencia de poder se


hizo de Gran Bretaña al Partido del Congreso Indio y Jawaharlal Nehru
fue el primero en ocupar el cargo de primer ministro. Durante los próximos
tres años se acometió una de las muchas e importantes tareas del nuevo
Estado: la redacción de una Constitución, cuyo comité dirigió Ambedkar
por invitación de Nehru. En este proceso de conformación del Estado se
han detectado tanto continuidades como rupturas con el régimen colonial,
así como esfuerzos importantes por sentar las bases de un sistema demo-
crático. Brass ha destacado entre las continuidades el modelo federal, la
división de tareas legislativas en tres esferas: el centro, las provincias y una
en que participan ambos, así como la presencia de los funcionarios públi-
cos de carrera que daban soporte a la administración colonial (Indian
Civil Service, ICS) y continuaron dándolo ahora al Estado independiente
(Indian Administration Service, IAS).30 Entre las rupturas, Brass ubica la
introducción de derechos fundamentales, el sufragio universal, programas
permanentes de desarrollo económico y social, además de una serie de
medidas para evitar que el Estado impacte negativamente sobre el ejercicio
de los derechos de los ciudadanos.31 Claramente estas rupturas establecen
una diferencia entre el periodo colonial y el independiente.
La Constitución establecía que la intocabilidad era abolida y que cual-
quier práctica relacionada con ella estaba prohibida, por lo que el término
oficial ahora es “casta registrada” (Scheduled Caste). No obstante, esto no
implicaba la eliminación del sistema de castas, sino sólo la discriminación
con base en la religión, la casta y el sexo.32 La Constitución otorgaba cier-
tas protecciones a las castas registradas (intocables), principalmente en
términos de representación y de reservación de cuotas de empleo y en el
sistema educativo. En cuanto al primer punto, se introdujo la representación
en las asambleas legislativas de la Unión y de los estados de acuerdo con su
población. En cuanto al segundo, se reservaron empleos dentro del sector
público y las escuelas, siempre y cuando el candidato estuviese calificado

30 P. Brass, op. cit., p. 2.


31 Ibidem, pp. 2-3.
32 C. Jaffrelot (ed.), L’Inde contemporaine. De 1950 à nos jours, París, Fayard, 1997, p. 394.
113 Historia, sociedad y política en India contemporánea

para ello. La reservación se originó por el deseo por proteger a aquellos


grupos que históricamente habían sido objeto de discriminación y que se
encontraban en una posición vulnerable. Sin embargo, la reservación de
cuotas sería transitoria, pues una vez que estas poblaciones remontaran
su condición se harían a un lado dichas cuotas.33 Es importante aclarar que
las tribus registradas o Scheduled Tribes (grupos tribales) también se vieron
beneficiadas con la reservación de cuotas.
A partir de la independencia ha habido una mejoría. Las ahora llama-
das castas registradas han tratado de aprovechar las oportunidades educa-
tivas y se han incorporado a los empleos reservados para ellas. Gracias a
esto, ha surgido una clase media entre ellos, a la que aludimos ya antes, en
el caso estudiado por Juergensmeyer en Model Town, una colonia en el
estado de Punjab. Asimismo, ha habido numerosos movimientos de resis-
tencia entre los ex intocables, muchos de los cuales prefieren ser llamados
dalits, pues consideran que el significado refleja bien su condición: “aplas-
tado”, “golpeado”. Pero aunque se han experimentado ciertas mejorías
entre los dalits en acceso a educación, salud, vivienda y empleo, esto no
elimina ni la escasez ni la lentitud de estas mejoras ni la violencia cometi-
da contra ellos, particularmente en ámbitos rurales y en ciudades pequeñas.
Por un lado, aunque los dalits han mejorado su nivel educativo las cifras
de deserción escolar en los grados iniciales de educación (del grado 1 al
10 del sistema escolar indio) son altas: para los niños es de 74 por ciento
y para las niñas es de 71 por ciento.34 Los niños siguen enfrentando situa-
ciones de discriminación tanto dentro como fuera del salón de clases.
Ellos están ausentes prácticamente del nivel universitario, con excep-
ción del estado de Maharashtra, donde en 1978 se dio el nombre de Ambed­
kar a la universidad de Marathwada en Aurangabad. Dicha institución
contaba con 25 por ciento de la matrícula estudiantil compuesta por dalits.
Sin embargo, esta decisión causó revueltas y quince años después se cam-

33 Esto último no ocurrió así, pues como veremos, no sólo se han mantenido, sino que incluso se
han extendido para incluir a otros grupos.
34 M. B. Das y S. Kapoor Mehta, “Poverty and Social Exclusion in India”, World Bank, [s. f.],
p. 1, [Link]
2-1265299949041/6766328-1307475897842/India-PSE_Dalits_Brief.pdf (acceso el 5 de agosto
de 2015).
114 Historia, sociedad y política en India contemporánea

bió el nombre a la universidad tras una nueva serie de enfrentamientos


entre la población de castas altas y los dalits.35
Por otro lado, las cuotas reservadas a ellos en la administración se
ocupan raramente, pues no son tenidos en cuenta por los procesos de
reclutamiento y promoción. En general, los dalits siguen siendo traba-
jadores manuales, continuando con la profesión tradicional asociada a
su casta. Muchos de ellos son trabajadores temporales: hacia 2004-2005,
41 por ciento de hombres y 20 por ciento de las mujeres desempeñaban
este tipo de trabajo, por oposición a grupos no dalits ni tribales para
quienes las cifras eran 19 por ciento y 8 por ciento, respectivamente.36
Por si fuera poco, son ellos quienes constituyen el grueso de los trabaja-
dores forzados por deudas. Este fenómeno ha sido estudiado por Kevin
Bales, quien describe cómo el trabajador(a) pierde la libertad de movi-
miento a cambio de un préstamo hecho a él o a sus padres y por el cual
se compromete a trabajar para el empleador sin percibir una remunera-
ción. A cambio de su trabajo recibe sólo una cantidad de alimento y, en
zonas rurales, el derecho a trabajar un pedazo de tierra, con el que com-
plementa su alimentación y que es su única fuente de efectivo al momen-
to de vender la cosecha. En Uttar Pradesh, estado al norte de India, por
ejemplo, es patente que los empleadores pertenecen a las castas altas, son
terratenientes y prestamistas, y detentan puestos oficiales como el de ma-
gistrado, lo cual asegura que la aplicación de leyes los favorezca. Por con-
traste, los trabajadores pertenecen a las castas bajas y son analfabetos en
su mayoría.37
La revista de circulación nacional Frontline, que goza de gran prestigio
por la calidad de sus textos, dedicó su número de mayo de 2015 a hacer una
revisión de las condiciones de vida de los dalits.38 El motivo fue el aniversa-
rio número 125 del nacimiento de Ambedkar. En particular, el artículo titu-
lado “Unequal Citizens, Still” recogió historias provenientes de varios esta-
dos de la república: Andhra Pradesh, Bihar, Haryana, Karnataka, Madhya

35 C. Jaffrelot, op. cit., p. 408.


36 M. B. Das y S. Kapoor, op. cit., p. 2.
37 K. Bales, “India. The Ploughman’s Lunch”, Disposable People. New Slavery in the Global Economy,
Berkeley, University of California Press, 1999, pp. 195-231.
38 “The Ambedkar Legacy”, Frontline, Chennai (India), vol. 33, no. 9, 15 de mayo de 2015, http://
[Link]/magazine/?date=2015-05-12&magid=7153805 (acceso el 5 de agosto de 2015).
115 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Pradesh, Uttar Pradesh.39 Las historias reseñan la discriminación sufrida


en la escuela, las calles, el trabajo, la adquisición de bienes y servicios, los
lugares de culto y las festividades, así como la continuidad de labores pro-
fesionales estigmatizadoras. Así, existe la prohibición de celebrar prácticas
culturales como las procesiones de boda, presentes en muchas regiones de
India, pero cuya celebración y participación en ellas están prohibidas para
los dalits. A pesar de que en 2012 se aprobó una ley que prohíbe el uso de
trabajadores para la limpieza de letrinas (lo que confirma su bajo estatus
en las castas) y que entró en vigor en 2013, todavía hay dalits que son
obligados a desempeñar estas labores con amenazas de violencia física,
económica y simbólica.
Estas características, aunadas al hecho de que con la introducción de
reformas económicas en la década de 1990 el Estado indio ha experimen-
tado cierto adelgazamiento, han hecho que los dalits intensifiquen su lucha
política, que de hecho viene desde la época colonial. Maharashtra tiene
una larga historia de lucha a favor de los dalits, siendo B. R. Ambedkar, a
quien ya mencionamos, la figura principal. Además de su participación en
instituciones gubernamentales, Ambedkar continuó su lucha.
En la década de 1950 fundó la Buddhist Society of India, para animar
a los intocables a convertirse al budismo. Él pensaba que los intocables no
tenían cabida dentro de la sociedad hindú y que la única salida posible era
la conversión. En 1956 él se convirtió al budismo.40 Hacia la década de
1970 se formó una tendencia llamada Dalit Panther en Maharashtra, si-
guiendo los principios de Ambedkar, y en 1972 se convirtió en una orga-
nización política. Sin embargo, han ocurrido luchas al interior de la or-
ganización, que además carece de una estrategia clara. Por otra parte, el
Bahujan Samaj Party (BSP) fue fundado en la década de 1980 en el norte
de India y estuvo compuesto sólo por dalits a pesar de que se había ha-
blado de la inclusión de otros grupos y minorías. Este partido ha conten-
dido en diversas elecciones y trata de obtener la mayor cantidad de votos
posibles de la población dalit. Asimismo, ha entrado en coaliciones y su
papel como aliado se ha vuelto importante. Es relevante mencionar que en

39 V. Ramakrishnan et al., “Unequal Citizens, Still”, Frontline, Chennai (India), vol. 33, no. 9, 15
de mayo de 2015, [Link]
(acceso el 5 de agosto de 2015).
40 S. Bayly, op. cit., p. 281.
116 Historia, sociedad y política en India contemporánea

el sur, los partidos políticos y la movilización de los dalits tienen mayor


tiempo y han conseguido logros importantes. Tal como Ashutosh Varshney
afirma, los procesos políticos en el norte y sur de India han sido distintos.41
En el norte una característica importante de la política desde la época
colonial ha sido el tema de la relación entre hindúes y musulmanes —ele-
mento que llevó a la división de India en dos—. En el sur, el elemento des-
tacado ha sido la casta y se ha registrado una gran movilización política en
torno a ella. Irónicamente, dice Varshney, cuando estos grupos han tomado
el poder son las castas altas las que han deseado que el sistema de castas no
hubiera existido. Mientras que en el norte los grupos dominantes fueron
durante mucho tiempo urbanos —de castas altas—, en el sur los grupos
políticos dominantes han sido de castas bajas. Un ejemplo es el Dravida
Munetra Kazgham (DMK), partido antibrahmán que llegó al poder en Tamil
Nadu en la década de 1960.42 Para Ashutosh Varshney, el declive del Partido
del Congreso, ocurrido a partir de la década de 1980, ha permitido que tres
fuerzas ocupen su lugar. En primer lugar, el nacionalismo o supremacismo
hindú. En segundo, el regionalismo ha adquirido una mayor presencia. En
tercero, están los partidos que representan a las castas bajas (Scheduled Castes,
Scheduled Tribes) y las otras clases atrasadas (Other Backward Castes, OBC).43
De interés aquí son la primera, una corriente que subraya la identidad hin-
dú como la base de la nación india, y la segunda fuerza.
Este movimiento se originó en el siglo XIX no como una deformación
del nacionalismo, sino como una variante de lucha por definir la nación
india y surge, de acuerdo con Thomas Blom Hansen, en un momento en el
que las políticas de masas comenzaban a perfilarse. Ésta en particular tenía
como punto de partida la imagen de una India espiritual, propagada por el
orientalismo.44 Será en el siglo XX, cuando varios ideólogos den concreción
a esta postura. Uno de ellos será V. D. Savarkar, quien en la década de 1920
elaboró una idea de la nación india en torno a la cultura y el territorio, para
lo cual fue necesario un nuevo concepto, hindutva, que va más allá del
hinduismo como religión. Así, el punto de partida será el rechazo a la teoría

41 A. Varshney, “Is India Becoming Democratic?”, The Journal of Asian Studies, vol. 59, no. 1, 2000, p. 5.
42 Ibidem, pp. 4-5.
43 Ibidem, p. 3.
44 T. B. Hansen, The Saffron Wave. Democracy and Hindu Nationalism in Modern India, Princeton
(New Jersey), Princeton University Press, 1999, pp. 88-89.
117 Historia, sociedad y política en India contemporánea

de las oleadas de invasión indoaria, pues, de acuerdo con él, los indoarios
se habrían originado en territorio indio. Por ello, el criterio principal para
definirse como hindú era la precisión de “tierra santa/sagrada”, es decir, la
localización geográfica de lugares sagrados y mitos de la religión del prac-
ticante. Hindú es un término que abarca todo lo que se ha originado en
India: budistas, jainas, sikhs y todas las sectas hindúes. Esto excluye de
la nación a aquellos que representan una amenaza cultural: cristianos y
musulmanes, que tienen “lealtades extraterritoriales”.45
El supremacismo hindú se desarrollará a lo largo de las décadas si-
guientes: ideólogos, activistas, una organización cultural (la Rashtriya
Swayamsevak Sangh, RSS) y finalmente, en 1951, el partido político Bha-
ratiya Jana Sangh (el BJP es su heredero, formado en 1980). No obstante,
fue en la década de 1980 cuando este movimiento adquirió fuerza, debido
a varios factores de orden político como el mencionado debilitamiento del
Partido del Congreso (I), la transformación de su discurso y las moviliza-
ciones políticas de algunas minorías.46 En las décadas recientes, el supre-
macismo hindú y su principal partido político, el BJP, han debido enfren-
tar una situación dicotómica. Por una parte, su defensa de la unidad india
a ultranza lo hace rechazar la postura militante de los dalits, a quienes
considera junto con otras minorías como privilegiados por las decisiones
tomadas por el Partido del Congreso (I) durante sus administraciones. Para
el supremacismo hindú, las reservaciones de cuotas para dalits (castas
registradas) y adivasis (tribus registradas) deben desaparecer, pues lo que
hacen es desplazar de instituciones educativas y empleos a aquellos mejor
preparados. Por otro, se han esforzado por atraer el voto de los dalits, ade-
más de que la fuerza que han adquirido los partidos políticos de las castas
bajas los han hecho entrar en alianza con ellos.
Además de los dalits, otros grupos de casta baja también han usado la
casta como instrumento de movilización política y han gozado de reserva-
ción de cuotas en empleos e instituciones educativas. Aunque durante un
tiempo las castas dominantes continuaron ocupando posiciones de poder
en India, paulatinamente a partir de la década de 1950 y 1960 (dependiendo
de la región), otros grupos campesinos empezaron a ascender políticamente

45 T. B. Hansen, op. cit., pp. 78-79.


46 C. Jaffrelot, op. cit. p. 9.
118 Historia, sociedad y política en India contemporánea

y a usar la casta de forma activa. Así, se registró un descenso en el número


de miembros de la Asamblea Legislativa pertenecientes a las castas supe-
riores.47 Algunos de estos grupos campesinos han sido denominados Otras
Clases Atrasadas (Other Backward Classes, OBC de aquí en adelante) y han
sido ubicados como sudras en la clasificación de las varnas, es decir, cam-
pesinos y artesanos. Aunque se ubican por arriba de los intocables, están
claramente por debajo de las castas superiores.48 No obstante, es impor-
tante entender que aunque sí se ha registrado un ascenso social entre ellos,
la mayoría de las OBC están apenas por encima de la línea de pobreza y no
hay que confundirlos con otros grupos denominados castas dominantes,
que aunque también han sido clasificados como sudras, poseen una posi-
ción económica muy por encima de las OBC y de los dalits.49
Siguiendo a Varshney, podemos estudiar el desempeño de las OBC en la
participación en partidos políticos y en la reservación de cuotas. En la pri-
mera, Varshney establece que las OBC no han tenido mucho éxito, pues han
enfrentado tanto el desafío del supremacismo hindú, que ha tratado de in-
corporarlos en su electorado, como sus propias divisiones internas (entre
grupos más y menos prósperos).50 En la segunda, el camino ha sido arduo.
A diferencia del consenso más o menos establecido sobre la importancia de
la reservación de cuotas para los intocables o dalits, para las OBC no había
tal consenso. Si bien la Constitución había hablado de una comisión que
investigaría sus condiciones de vida, ésta se materializó hasta 1953. Esta
comisión entregó un reporte en 1956, en el que se mencionaba la importan-
cia de la reservación de cuotas para ellos, pero fue archivado.51 Una segunda
comisión fue integrada en 1978, cuyas labores concluyeron dos años después,
pero el reporte, con recomendaciones similares, corrió la misma suerte.52
Fue sólo hasta 1990 cuando el primer ministro V. P. Singh aceptó estas re-
comendaciones y las puso en marcha, pero esto generó un gran rechazo
entre la población de casta alta, principalmente en el norte, pues como ve-
remos ahora en el sur ya había estados que funcionaban con este principio.

47 D. Gupta, op. cit., p. 415.


48 A. Varshney, op. cit., p. 8.
49 Ibidem, pp. 18-16.
50 A. Varshney, op. cit., pp. 11-12.
51 S. Bayly, op. cit., pp. 288-290.
52 Ibidem, p. 290.
119 Historia, sociedad y política en India contemporánea

A nivel regional y principalmente en el sur de India, también se for-


maron comisiones que investigaron sobre las condiciones de vida de las
OBC: 26 para la década de 1970, de acuerdo con Bayly.53 Éstas sí vieron
puestas en marcha sus recomendaciones, pues las cuotas se volvieron un
tema importante para atraer votantes para los partidos regionales, de allí
que en algunos estados del sur de India el porcentaje de reservaciones en
empleos e instituciones educativas alcanzó 69 por ciento como en Tamil
Nadu o 68 por ciento en Karnataka. Esta situación se reguló a nivel de toda
India en 1992, cuando se estableció un máximo de 50 por ciento.54 Es in-
teresante notar que este máximo se introdujo en buena medida por las
críticas hacia el mecanismo de reservación para las OBC, que tuvieron
lugar principalmente en el norte de India.

Consideraciones finales

A lo largo de este texto he querido mostrar que la casta, lejos de ser algo
estático, es un elemento cambiante que ha sido usado activamente por los
grupos subalternos. Estos grupos son aquellos que se encuentran en una
situación de subordinación ya sea por clase, género, profesión, comunidad
religiosa y casta. En los periodos colonial e independiente que fueron re-
visados aquí, la identidad de casta ha agrupado a personas en contra de la
administración colonial, de las castas altas y del Estado-nación indio. Anu-
pama Rao ha resumido este proceso de la siguiente manera: “La casta,
alguna vez una forma modal de organización social identificada con el
atraso y el subdesarrollo, es hoy una categoría e identidad política desafia-
da activamente”.55 Esto no implica decir que esta forma de jerarquización
social sea positiva, lo que significa es que la experiencia misma de exclusión
ha sido resistida, desafiada y se ha convertido en parte importante de la
identidad política de amplias secciones de la población india.56

53 Ibidem, p. 292.
54 Ibidem, p. 301.
55 A. Rao, The Caste Question. Dalits and the Politics of Modern India, Berkeley, University of
California Press, 2009, p. XIII.
56 La casta no es por supuesto el único factor explicativo para la política india. Los elementos re-
ligiosos, de clase, de género y étnicos son relevantes también. Hay regiones en India, como el
noreste, donde la etnicidad ha sido de forma constante el elemento central.
120 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Aunque las condiciones de vida de los dalits y parte de las OBC pre-
sentan dificultades, es posible decir que la reservación de cuotas ha teni-
do un impacto positivo. Varshney nos advierte que el balance se hace
sobre todo para la población dalit, pues es la que se ha beneficiado du-
rante un mayor tiempo, ya que el esquema para las OBC a nivel de toda
India es más reciente. Así, para muchos líderes dalits la reservación ha
funcionado y les ha permitido la movilidad. Sin embargo, el siguiente paso
tendrá que darse en el poder político, para modificar la composición de
la dirigencia política. Asimismo, Varshney hace notar que los estados del
sur, donde ha habido una mayor movilización y mayores cuotas, tienen
reputación de tener burocracias con menos brahmanes y un grado mayor
de gobernabilidad.57 Durante las décadas recientes, la fuerza de las castas
bajas ha hecho que los partidos políticos regionales y a nivel nacional
modifiquen su discurso y estrategias. Resta por ver cómo se seguirá trans-
formando el escenario político con una mayor participación de partidos
y líderes de dichas castas.

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57 A. Varshney, op. cit., pp. 18-20.


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Las contradicciones de la democracia:
igualdad política y desigualdad social
Fernanda Vázquez Vela
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa
División de Ciencias Sociales y Humanidades
Departamento de Ciencias Sociales

Hace ya sesenta y seis años, Bhimrao Ramji Ambedkar (1891-1956), un


importante jurista, economista, político y reformador social, mejor cono-
cido como el arquitecto de la Constitución de India, señaló con una pro-
funda claridad y con una visión hacia el futuro la situación que tendría el
recién creado Estado-nación indio:

El 26 de enero de 1950 entramos en una vida de contradicciones. En


política tendremos igualdad, pero en la vida social y económica tendremos
desigualdad. ¿Cuánto tiempo continuaremos en estas condiciones? ¿Cuánto
tiempo negaremos la desigualdad en nuestra vida social y económica? Si
la seguimos negando pondremos nuestra política democrática en duda.
Debemos remover las contradicciones lo más pronto posible, si no aque-
llos sectores que sufran de desigualdad volarán la estructura de la demo-
cracia que la Asamblea Constituyente tan dedicadamente construyó.1

En el centro de la preocupación del “pionero de la democracia social”,2


descansaba el mundo de contradicciones en el que se encontraba la recién
independizada y particionada India. El 25 de noviembre de 1949 en su

1 B. R. Ambedkar, “Government of India Act (Amendment) Bill”, vol. XI, p. 11, 1949, Constituent
Assembly of India, en [Link] (acceso el 20 de
julio de 2015).
2 H. S. Dwivedi y R. Sinha, “Dr. Ambedkar: The Pioneer of Social Democracy”, The Indian Journal
of Political Science, vol. 66, no. 3, julio-septiembre de 2005, pp. 661-666.
124 Historia, sociedad y política en India contemporánea

discurso ante la Asamblea Constituyente, el doctor Ambedkar puso en la


mesa de discusión para la historia por escribirse el objetivo primordial del
Estado, “debemos remover las contradicciones lo más pronto posible”.3
Además, elaboró tres líneas a seguir si se quería mantener una democracia
no sólo en forma sino de hecho:
lo primero que a mi juicio hay que hacer es aferrarnos a los métodos
constitucionales […]; lo segundo […] es no descansar sus libertades [de-
mocráticas] a los pies de un gran hombre, o confirmarle el poder que le
permita derribar las instituciones […]; lo tercero que debemos hacer es
no conformarnos con la mera democracia política. Debemos hacer nuestra
democracia política una democracia social también.4

En las más recientes elecciones en India (2014), el mundo entero siguió


con detenimiento el proceso en el cual ganó el partido de la derecha hindú
Bharatiya Janata Party (BJP). Los encabezados de los diferentes medios de
comunicación en el mundo destacaban uno de los dos temas que se han
tendido a resaltar en las últimas décadas sobre este país: por un lado su
democracia y por otro el “milagro” económico. Sobre el primero es notorio
el énfasis: “La India anuncia los mayores comicios del planeta, que se ce-
lebrarán entre abril y mayo”,5 “Elecciones en India. Una democracia mas-
todóntica”.6 Ante esta visión desde fuera y en retrospectiva sobre las re-
flexiones del doctor Ambedkar, ¿India ha logrado desparecer sus
contradicciones? ¿El que sea la democracia más grande del mundo es
síntoma de que es una democracia efectiva y “exitosa”?
En el presente texto, busco explorar la forma en que se despliega la
democracia en India con la intención de ofrecer una mejor comprensión
de sus logros, sus tensiones y sus retos. Busco, por otro lado, plantear una
discusión sobre los alcances y límites de una estructura democrática polí-
tica, más que social y económica. Se puede construir una forma política

3 B. R. Ambedkar, op. cit.


4 Idem.
5 “La India anuncia los mayores comicios del planeta, que se celebrarán entre abril y mayo”, El
Mundo, 5 de marzo de 2014, en [Link]
[Link] (acceso el 28 de julio de 2015).
6 A. Blanco, “Elecciones en India. Una democracia mastodóntica”, Fronterad, 1 de mayo de 2014,
en [Link]
dontica (acceso el 28 de julio de 2015).
125 Historia, sociedad y política en India contemporánea

funcional y eficiente, pero ¿hasta qué punto la persistencia de la desigualdad


social y económica limita los alcances del funcionamiento democrático?

La idea sobre India y sus sorpresas

La forma que adquiere India después de su Independencia en 1947 tiene


mucho que ver con su pasado colonial. No sólo en la medida en que las
instituciones que la forjaron tienen su origen en la colonia, sino también
en la medida en que se moldearon muchos aspectos en reacción a las vi-
siones y acciones británicas.
Los administradores coloniales veían a India muy alejada de las carac-
terísticas de las naciones europeas: una diversidad difícil de controlar y
unificar, con una variedad de lenguas que impedía la comunicación. No
eran un pueblo con una identidad común que pudiera derivar en una
nación y por lo tanto no serían capaces de autogobernarse.7 En respuesta
a estas ideas y a la situación de subordinación en la colonia, es que apare-
ce una elite india, urbana y moderna, educada en Inglaterra, dispuesta a
llevar a cabo un movimiento de liberación. Si bien el colonialismo fue
importante en la implementación de elementos e instituciones que enca-
minaron la práctica democrática, un gobierno constitucional, libertad de
prensa, un servicio civil efectivo y una fuerza armada apolítica, Atul Kholi
advierte que junto con estas instituciones también ha sido crucial el com-
promiso de los líderes indios después de la Independencia, sobre todo la
decisión de incorporar a las masas en la toma de decisiones.8
Es en el centro de la discusión de los líderes nacionalistas donde surge
la construcción de lo que se convertiría en la “idea de India”:9 una comuni-
dad política con “unidad en la cima y una pluralidad en la parte de abajo”.10
De esta manera se resolvería la problemática de la diferencia y se mantendría
un control sobre los conflictos vinculados con la religión, lengua, región,
casta y comunidad. La elite nacionalista fue dominada por la visión de

7 P. B. Mehta, “State and Democracy in India”, Polish Sociological Review, no. 178, 2012, p. 206.
8 A. Kholi, “Interpreting India’s Democracy: A State-Society Framework”, India’s Democracy. An
Analysis of Changing State-Society Relations, Nueva Jersey, Princeton University Press, 1988, p. 9.
9 S. Khilnani, The Idea of India, Nueva York, Farrar Straus Giroux, 1997, p. 1.
10 Ibidem, p. 6.
126 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Jawaharlal Nehru, basada en un nacionalismo secular. India se convirtió en


una sola idea y concepto: “unidad en la diversidad”. Ello no implicaba que
se disolvieran las diversas identidades en una sola, sino construir una iden-
tidad por sobre todas las demás y que las abrigara. Una unidad que tenga
como base el territorio soberano, una historia en común y una estructura
política compartida. El Estado fue pensado bajo las características tradicio-
nales weberianas y como coordinador de los valores democráticos. Como
bien lo afirma Sunil Khilnani:11 “el periodo en la historia de India desde
1947 debe ser visto como la aventura de una idea: la democracia”.
La experiencia de India muestra que no existen fórmulas precisas en
el camino hacia la formación de un Estado, una nación y una democracia.
Mientras que los modelos democráticos “occidentales” tenían como pre-
rrequisitos para su “éxito”: una economía más o menos estable; una socie-
dad “homogénea” con cierto nivel educativo; una cultura y una lengua en
común, con valores políticos y una cierta igualdad de condiciones que
alentaba la participación política. India optó por la democracia como for-
ma de gobierno después de 1947, en una situación de extrema precariedad
económica; con una población sumamente pobre (se calcula 65 por cien-
to de la población, unos 215 millones de personas),12 analfabeta y básica-
mente agraria (70 por ciento de la población); social y territorialmente
fragmentada con una considerable diversidad lingüística, religiosa y cul-
tural; con tremendas desigualdades en todos sentidos y regida por una
estructura social jerárquica. Atul Kholi describe la aparición de la demo-
cracia en estas circunstancias, como una “anomalía”.13
Desde las democracias occidentales se pensaba que el experimento
indio no prosperaría bajo estas condiciones. Pero pese a todos los pronós-
ticos, estas carencias no han sido un obstáculo para la construcción de-
mocrática. Su implantación ha sido una apuesta que ha tirado muchos
presupuestos y teorías. El caso indio debe generarnos especial interés
precisamente porque ha mostrado cómo se logró construir y transitar

11 Ibidem, p. 2.
12 B. S. Minhas, “Rural Poverty, Land Redistribution and Development Strategy: Facts and Policy”,
Indian Economic Review, vol. 5, no. 1, abril de 1970, pp. 97-128. Cuatro años antes de la conso-
lidación de la independencia, en Bengala tuvo lugar una hambruna que cobró millones de indios
a causa del hambre y de las enfermedades a las que se vieron expuestos.
13 A. Kholi, op. cit., p. 3.
127 Historia, sociedad y política en India contemporánea

hacia una democracia a pesar de la ausencia completa de los prerrequisitos


sociales y económicos en la que se había presentado esta estructura política.
Además, se debe destacar que su práctica ha ayudado a reducir las desi­gual­
dades políticas, aunque no las económicas, y sí ha tenido éxito en imple-
mentar un sistema representativo en un país tan diverso. India triunfó en
muchas áreas en las que otros países poscoloniales fallaron, por lo cual su
caso es considerado una “excepción a la regla”.14
En el momento en que el partido del Congreso asumió el control del
gobierno, se inició la labor de estructurar y construir instituciones enca-
minadas al cumplimiento de los objetivos que se habían planteado.
Jawahralal Nehru, el arquitecto del Estado, imaginó a India como una
comunidad más política que cultural y en 1950 concretó el esfuerzo con
una nueva Constitución que mantuviera el balance entre un gobierno
central fuerte y el reconocimiento de la diversidad regional; entre la tarea
de construir una nación unida y tener un encuentro con los grupos mino-
ritarios; entre incrementar los poderes del gobierno y desarrollar los de-
rechos del individuo. Se pretendía dejar atrás aquellas estructuras y tradi-
ciones que, a la luz de las nuevas ideas, se veían como problemáticas. Sin
embargo, en la realidad no se puede despertar de un día para otro siendo
distinto. Al no asumirse a la sociedad con una historia, en términos cul-
turales, además de políticos, diversa y compleja, la nueva nación repro-
dujo y reforzó ideas y prácticas coloniales como la estructura de diferen-
ciación vinculada a la política basada en casta y religión.

El primer paso: “aferrarse a los métodos constitucionales”

A pesar de sus imperfecciones, la democracia se ha convertido hoy día en


una forma de gobierno que busca colocar a los ciudadanos en una plata-
forma de mayores libertades, igualdades y parámetros de justicia más que

14 S. K. Mitra, “How Exceptional Is India’s Democracy? Path Dependence, Political Capital and
Context in South Asia”, Indian Review, vol. 12, no. 4, 2013, p. 227. Subrata Mitra hace una
comparación con las experiencias por las que pasaron algunos de los vecinos de India. Descri-
be, por ejemplo, en el caso de Pakistán y, después de su independencia, Bangladesh la forma
en que sustituyeron la práctica electoral por golpes de Estado. La tendencia en Sri Lanka a
mantener una exclusión étnica, la manipulación real y la movilización maoísta en Nepal o la
persistencia del mandato unipartidista en Maldivias.
128 Historia, sociedad y política en India contemporánea

otras formas de gobierno. Aunque podemos debatir sobre los niveles y


grados en que se logran los ideales democráticos en los diferentes contextos,
sus valores abren la puerta para colocar a los individuos en una sociedad
como ciudadanos y no como sujetos de decisiones de un grupo o poder
en particular, además de que promueve la vinculación de estos ciudadanos
para mejorar sus condiciones.15
En aquella intervención de 1949 ante la Asamblea Constituyente, el
doctor Ambedkar advirtió que en primer lugar era necesario “aferrarse a
los métodos constitucionales para alcanzar nuestros objetivos sociales y
económicos, lo que significa abandonar los métodos sangrientos de la
revolución”.16 Establecer las normas entonces fue una prioridad para los
constructores de la democracia, la Asamblea Constituyente, con 299 miem-
bros que representaban a una variedad de clases sociales, grupos religiosos
y lingüísticos,17 y para el doctor Ambedkar como el encargado del comité
que realizaría el borrador de la Constitución. Ésta entró en vigor el 26 de
enero de 1950 y define a India como una república soberana, socialista,
secular y democrática. En primer lugar, se plantea una democracia parla-
mentaria con el derecho al voto universal de sus ciudadanos y la libre
competencia política. En segundo, sus artículos establecen la igualdad ante
la ley, la igualdad de oportunidades y la prohibición de discriminación por
raza, sexo, casta o lugar de nacimiento. En tercero, garantizar la construc-
ción de instituciones sólidas y autónomas que generen pesos y contrapesos
dentro de la división de poderes. Sobre todo, la separación de los poderes
civiles y militares. Un cuarto punto involucra un sistema federal encami-
nado a ofrecer autonomía dentro de las regiones y representación a nivel
nacional. Un quinto punto, que la prensa se mantenga libre y contribuya
al debate sobre los asuntos públicos de forma abierta. Finalmente, todos
los puntos anteriores reflejan la necesidad de establecer salvaguardas que
ayuden a buscar el bienestar económico y social. La garantía y el cumpli-
miento de estas líneas ayudarían a dirimir las tensiones existentes, al menos
ese era el anhelo. Se consideró que, planteando en papel estos propósitos,
sería suficiente para comenzar a llevarlos a cabo, y desde fuera, India sería

15 P. B. Mehta, op. cit., p. 203.


16 B. R. Ambedkar, op. cit.
17 M. Banerjee, “Democracy”, India: The Next Superpower?, Londres, London School of Economics,
2012, p. 45.
129 Historia, sociedad y política en India contemporánea

vista como una democracia en todo el sentido de la palabra. Sin embargo,


estos principios y prácticas no siempre han estado presentes en el cotidia-
no político y en muchos casos se cumplen de forma deficiente.
Si bien Ambedkar no estaba equivocado al considerar que los métodos
constitucionales dejarían en el pasado las pugnas por el poder, como se-
ñala Atul Kholi, la introducción de la democracia en países en desarrollo
exacerba en un inicio muchas de las tensiones existentes por un corto o
mediano plazo a diferencia de la experiencia de los países occidentales. En
estos últimos, la democracia se forjó como un método para dar cauce a los
sucesivos conflictos de poder dentro de la sociedad, en especial entre la
elite económica y a través de las líneas de clase. Kholi considera que por
esta razón el resultado de India fue también una sorpresa en el sentido
negativo. Se esperaba que fuera una herramienta de solución y se convirtió
en fuente de nuevos conflictos de poder, debido a que las ideas e institu-
ciones incorporadas ofrecen incentivos distintos a los actores para orga-
nizarse y movilizarse.18 El contexto, la experiencia histórica y los valores
existentes comienzan a entrelazarse con las nuevas ideas, valores y prácti-
cas, lo cual genera una dinámica y un resultado particular. En países en
desarrollo y además poscoloniales, el voto se introduce en un contexto
en el que las identidades y los apegos son más sólidos en el ámbito local y
no en el nacional; existe una tendencia a la rigidez y la jerarquía; las normas
comunitarias tienen un peso importante y la incorporación de garantías
individuales y no comunitarias tiende a entrar en tensión.19
El diseño constitucional favoreció un centro fuerte que, en un inicio,
ayudó a la construcción del Estado y sus instituciones. A pesar de que esta
centralización ha sido una característica en las primeras cuatro décadas
de vida independiente, en la mayoría de los casos esta estructura ha sido
lo suficientemente flexible, primero, para que se manifiesten demandas de
los distintos sectores y, segundo, para darles respuesta y acomodarlas, lo
cual fortaleció en las décadas posteriores cada vez más la solución de con-
flictos de forma institucional. Sin embargo, el trayecto no ha sido sencillo,
en varios momentos el Estado ha utilizado la violencia como forma de

18 A. Kholi, “Can Democracies Accommodate Ethnic Nationalism? Rise and Decline of Self-
Determination Movements in India”, The Journal of Asian Studies, vol. 56, no. 2, mayo de 1997,
pp. 326-327.
19 Ibidem, p. 327.
130 Historia, sociedad y política en India contemporánea

diálogo ante las demandas de varios sectores y no ha incorporado adecua-


damente las necesidades.
Para entender el desarrollo de la democracia en India, Atul Kholi nos
sugiere verlo en tres fases.20 La primera fase transcurre entre 1947 y 1960,
con Jawaharlal Nehru como la figura fundamental en la creación y conso-
lidación del Estado. Ésta es una etapa llena de energía y dinamismo, además
de que las instituciones y prácticas democráticas tuvieron una gran acep-
tación por parte de la sociedad. La noción de gobierno democrático para
Nehru, como para otros líderes como el doctor Ambedkar, debía estar
fundada en la idea de que fuera un “gobierno de la gente, para la gente y
por la gente”,21 de ahí que muchos grupos sociales abrazaran con entusias-
mo y esperanza las nuevas ideas, calores y prácticas. De una estructura de
gobierno, la democracia debía convertirse en una forma de asociación,
de vida, de comunicar experiencia y una actitud entre compatriotas. Ne-
cesariamente impulsaría de esta manera la transformación social y esto
llevaría al progreso humano. La dimensión ética, lo que el doctor Ambed­
kar llamó “moral”, es un aspecto crucial en la concepción de democracia.
En lo más alto debía estar la “moralidad constitucional”, es decir el respe-
to al espíritu que la inspiró y no sólo a sus disposiciones legales. En esta
primera etapa se ve la preocupación por construir una democracia no sólo
de forma, sino con un fondo que impulsara la ética social necesaria para
la realización de la libertad y la igualdad.22
Ésta es la etapa en la que se edifican las instituciones. Las primeras
elecciones generales fueron organizadas con mucho rigor y entusiasmo en
1952, y dieron paso a la construcción de un proceso que hasta el momen-
to es respetado. La Comisión Electoral es una de las instituciones con
mayor prestigio en la sociedad india, con una enorme autonomía del go-
bierno y de los partidos políticos. El monumental ejercicio que realiza en
cada elección y el contacto cercano que genera con la gente han hecho que
el proceso resulte sumamente confiable.

20 A. Kholi (ed.), The Success of India’s Democracy, Cambridge, Cambridge University Press, 2001,
p. 6.
21 J. Drèze, “Dr. Ambedkar and the Future of Indian Democracy”, Indian Journal of Human Rights,
vol. 9, no. 1 y 2, enero-diciembre de 2005, p. 1.
22 Ibidem, p. 3.
131 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Para Atul Kholi, hay otras dos instituciones que han sido fundamen-
tales para forjar la institucionalización de la democracia:23 el servicio civil
de carrera y el Partido del Congreso, que se convertiría en el partido oficial
y hegemónico por varias décadas. Si bien el servicio civil de carrera era
una práctica heredada del periodo colonial, después de la Independencia
adquirió una nueva dinámica. Sería un cuerpo de individuos preparados
y especializados con los que se levantaría un gobierno efectivo y le daría
estabilidad a las instituciones del Estado, ya que no importando los cambios
en el poder las instituciones y sus proyectos se mantendrían. El Partido del
Congreso en esta etapa tiene una gran aceptación, es popular y la gente lo
consideraba legítimo al surgir del movimiento que dio independencia.
Cobija además a los líderes más importantes como Nehru, quien supo
aprovechar este capital político y dar acomodo a los diversos grupos e
ideologías que podían convertirse en rivales. El gran éxito del Partido del
Congreso fue la red tan vasta y eficiente que comenzó a tejer. A través de
miembros con influencia en cada rincón de India, el partido se hizo de una
serie de alianzas que favorecieron su permanencia por tanto tiempo, por
lo menos hasta que echaran raíz las prácticas democráticas y con ellas la
entrada de la competencia partidista.
También ha sido una fase en la que comienza a formarse una sociedad
civil que se vincula en los asuntos públicos. Los conflictos políticos que
surgen tienen que ver con un despertar de demandas en torno a compar-
tir poder y recursos en igualdad de condiciones entre las regiones y en
relación con el poder central. Se debe destacar la capacidad que tuvieron
las recién creadas instancias del Estado, si bien no en todos los casos pero
en la gran mayoría, de negociar las demandas.24
Por otro lado, surgen dos líneas de organización política, como hace
notar Ashutosh Varshney: la competencia política en el norte se orienta
sobre el eje de una mayoría hindú frente a una minoría musulmana, mien-
tras que en el sur se organiza en torno a las líneas de casta.25 De acuerdo
con este autor, de forma tanto ritual como social la casta ha simbolizado
jerarquización y desigualdad; sin embargo, cuando se entreteje con el voto

23 A. Kholi, The Success..., p. 7.


24 A. Kholi, “Can Democracies...”, p. 6.
25 A. Varshney, “Is India Becoming More Democratic?, The Journal of Asian Studies, vol. 59, no. 1,
febrero de 2000, p. 4.
132 Historia, sociedad y política en India contemporánea

universal y democrático, la casta puede ser un instrumento que genera


igualdad y dignidad.26
En esta primera fase de construcción de instituciones democráticas, su
desarrollo dio a largo plazo el capital político suficiente para que se lograra
un sistema federal con mayor grado de autonomía de los estados.27 La po-
lítica nacional estaba dominada por todos los líderes políticos urbanos que
en su mayoría pertenecían a castas altas. Mientras, en las localidades rura-
les el dominio estaba en manos de una elite agraria propia de la zona. En el
sur los políticos no sólo eran nativos, sino que en su gran mayoría venían
de castas bajas. Varshney habla inclusive del surgimiento de una verdadera
revolución pacífica de casta en el sur durante la década de los años sesenta
del siglo XX.28 Ésta se presentó con la entrada al poder, en el estado sureño
de Tamil Nadu, del partido político Dravida Munetra Kazgha (DMK), un
partido antibrahmán (casta alta), comunista y que estuvo en el poder en
Kerala en 1957. En el sur, la democracia empoderó a las castas bajas y esto
se convirtió a su vez en una enorme transformación social. Con una nueva
estructura cuyo juego político está vinculado a una relación de mayorías y
minorías, las castas bajas, que habían sido un grupo mayoritario en el sur,
pudieron por primera vez hacer valer a través del voto su representación
numérica.29 En la misma región, entre 1950 y 1960, se desarrollaron lide-
razgos que trabajaron desde abajo para formar partidos políticos, mientras
que la diferencia con los estados del norte fue que los líderes pertenecían
a las castas altas y las castas bajas dependían de ellos. En las fases por venir,
la política de las castas bajas del sur no se queda en sus estados, sino que
ha llegado en forma de coaliciones hasta la escena nacional.

El segundo paso: “No descansar las leyes a los pies


de un gran hombre [o mujer]”

La segunda fase, que según Kholi transcurre entre 1970 y 1980, es com-
pletamente dominada por la hija de Nehru: Indira Gandhi.30 Éste es un
26 Idem.
27 A. Kholi, The Success..., p. 7.
28 A. Varshney, op. cit., p. 6.
29 Idem.
30 A. Kholi, The Success..., p. 7.
133 Historia, sociedad y política en India contemporánea

periodo de mucha turbulencia e inestabilidad política. En varios momen-


tos el avance democrático que había logrado Nehru estuvo a punto de
venirse abajo junto con grandes posibilidades de fragmentación territorial.
Entre levantamientos armados, militancia, actos terroristas y fundamen-
talismo religioso, fue un periodo de “crisis de gobernabilidad”,31 aunque
también es conocido como “autoritarismo democrático”.
Ya en estos años comienzan a surgir nuevas elites locales que llegaron
a amenazar el control político que el Partido del Congreso construyó de
forma local y regional. A la par, con la disminución de la mortalidad y las
mejoras a la salud, la población comenzó a aumentar considerablemente.
Es una etapa en la economía que, si bien muestra un aumento en el comer-
cio interno, el desarrollo estaba dominado por las elites económicas y no
se extendió a las mayorías.
Entre 1960 y 1970, Indira Gandhi consiguió formar su propia escisión
del Partido del Congreso y dar la espalda a la vieja guardia de líderes. El
Partido del Congreso de Indira se convirtió en un órgano populista y com-
pletamente centrado en su persona, con lo cual comenzó a perder apoyos
de diversos sectores y a desinstitucionalizarse. La fuerza, la organización
y el apoyo que construyeron desde Mahatma Gandhi en los años veinte
del siglo pasado como movimiento social hasta Nehru en los cincuenta y
sesenta, Indira Gandhi y su estilo particularista e intransigente llevó a que
se criminalizara la política y, en especial, el Partido en el Congreso se
erosionara. Las elecciones en los diversos estados no funcionaban de for-
ma libre. La señora Gandhi se involucró en la elección de los candidatos
según el nivel de control sobre ellos y la lealtad hacia ella.32
Su popularidad se fortaleció con la divulgación, por todos los medios
de comunicación, de varios programas sociales, entre los más importantes
se encuentra: Garibi Hatao o erradicar la pobreza. La propaganda y el
discurso causaban gran revuelo y sus iniciativas le ganaron mucho apoyo,
el cual utilizó para concentrar el poder en su persona. Sin embargo, los
resultados de sus políticas no fueron contundentes. Los programas en
contra de la pobreza, por ejemplo, contaron con muy poco presupuesto
asignado y muchos de los fondos en realidad no llegaron a los pobres.

31 A. Kholi, “Interpreting…”, p. 3.
32 A. Kholi, The Success..., p. 8.
134 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Según el doctor Ambedkar, la segunda línea a seguir para alcanzar una


democracia de hecho y no sólo de forma es “no descansar sus libertades
[democráticas] a los pies de un gran hombre, o confirmarle el poder que
le permita derribar las instituciones”.33 En la Era de Indira Gandhi justa-
mente sucedió lo que el doctor Ambedkar buscaba prevenir con la con-
centración de poder, en este caso en una mujer, a la larga se debilitaron las
instituciones democráticas. La señora Gandhi construyó una red de colabo-
radores que controlaron la política en todo el territorio y que le rindieron
cuentas sólo a ella, las instituciones del Estado eran simples estructuras.
La intervención en los asuntos locales de forma constante despertó a una
oposición en muchos estados. En el Punjab por ejemplo, la clase política
sikh comenzó a exigir mayor autonomía para su estado.
La serie de cuestionamientos hacia las formas de su gobierno y las
acusaciones de corrupción y fraude electoral abrieron la posibilidad de que
tuviera que renunciar a su cargo y enfrentara un juicio. En su lugar, la
señora Gandhi condujo a las instituciones para declarar un estado de ex-
cepción que duró de 1975 a 1977, en el cual se suspendieron todas las
garantías individuales y se concentraron todas las decisiones, como nunca
antes, en su persona. En la vida política y democrática de India, éste es uno
de los periodos más oscuros, todos los poderes nacionales y estatales que-
daron subordinados al gobierno central y la policía adquirió amplios po-
deres para imponer toques de queda y arrestar a aquellos que estuvieran
en contra del régimen.34
El despertar de este periodo fue una sorpresa y una confirmación de
que la democracia en India funciona y es efectiva hasta en los momentos
en que se presentó un autoritarismo absoluto. A pesar de la situación de
control, de ausencia de libertades y garantías, la gente no dejó de participar
a través de los canales democráticos. En 1977 después de extender el esta-
do de emergencia en dos ocasiones, Indira Gandhi llamó a elecciones
confiando totalmente en que la gente la favorecería y como una forma de
reivindicar y legitimar sus acciones. Para su asombro, el partido de oposi-
ción, el Janata (ahora BJP y de nuevo en el poder), ganó la mayoría de
los asientos en el Parlamento y sacó a Indira Gandhi del poder. Después

33 B. R. Ambedkar, op. cit.


34 A. Kholi, The Success..., p. 8.
135 Historia, sociedad y política en India contemporánea

de este ejercicio democrático, todos los grupos políticos, hasta los más
renuentes a aceptar la democracia como forma de gobierno, aprendieron
que sin libertades políticas nada quedaría.35
Una vez en el poder, el Partido Janata trató de regresar las libertades y
garantías perdidas en el periodo de emergencia; sin embargo, la coalición
que los llevó al poder no tenía una unión sólida, con objetivos comunes.
Las disputas al interior fueron aprovechadas por Indira Gandhi, quien
trabajó su regreso al poder. En las elecciones de 1980 ganó nuevamente.
Su regreso despertó muchos conflictos que arrastraba desde su periodo
anterior. Bajo la forma de gobierno de Indira Gandhi, el servicio civil de
carrera de ser sumamente prestigioso y confiable comenzó a politizarse.
La centralización de poder debilitó el recién armado sistema federal y esto
ayudó a la creación de movimientos que demandarían de forma confron-
tativa mayor autonomía. Sus acciones militares y la utilización extrema de
la violencia estatal en contra de estos movimientos ocasionaron que dos
guardias sikh la asesinaran el 31 de octubre de 1984. Su muerte y años más
tarde la de su hijo y sucesor, Rajiv Gandhi, dieron fin por el momento a
una era de mandato familiar y de partido único.36
Después de transitar por situaciones como el periodo de emergencia,
podemos afirmar que India tiene unas instituciones sólidas y una demo-
cracia parlamentaria fuerte. Las elecciones están en la base de las prácticas
democráticas y han funcionado como un mecanismo fundamental para
sancionar la conducta de los políticos y llevarlos en muchos de los casos a
rendir cuentas. Los mismos partidos políticos de oposición también des-
empeñan un papel fundamental de observadores y críticos de las autorida-
des en una elección. La oposición tiene incentivos para vigilar constante-
mente a los otros partidos políticos y al partido en el poder. Sin embargo,
las simples elecciones no funcionan solas como instrumento eficaz de
rendición de cuentas. Existe una serie de elementos necesarios que coad-
yuvan a que una sociedad ejerza todos sus derechos y responsabilidades.
Los votantes necesitan información veraz sobre situaciones, políticos y
políticas del Estado, con la cual puedan dar seguimiento y demandar accio-
nes. Es necesario conocer a sus representantes y vincularse con el trabajo

35 Idem.
36 Ibidem, p. 9.
136 Historia, sociedad y política en India contemporánea

que realizan dentro del Parlamento. Los medios de comunicación y el


debate público que debe generarse en una democracia es uno de esos ele-
mentos ineludibles.37 El problema ha sido que en diversos momentos la
prensa no ha tenido el desarrollo necesario para cumplir con su cometido
de informar y generar debate. Durante el periodo de emergencia, por ejem-
plo, se controló desde el Estado todo lo que circulaba, censurando la in-
formación que comprometía la acción del Estado.
Otro tema importante en esta fase es el financiamiento de los partidos.
Es en este periodo en el que se inicia la opacidad en el sistema financiero
de los partidos, la cual continúa hasta nuestros días. Un sistema demo-
crático regula el financiamiento de las campañas y los partidos de varias
maneras, limitando los montos de gastos y los donativos privados, así
como ofreciendo fondos públicos para realizar sus actividades y algunas
veces también medidas para que sea transparente la forma en que se gas-
tan los recursos. El enorme reto en India ha sido monitorear y transpa-
rentar los recursos de los partidos. Una reforma financiera real no puede
ser pensada sin que se consideren todos los sectores económicos involu-
crados.38 Muchos de los partidos políticos además carecen de sistemas
claros de elección interna y sus estructuras tienen muchos vicios de ne-
potismo y corrupción.

Tercer paso: “Debemos hacer a nuestra democracia política


una democracia social”

Con la caída del dominio político de la familia Gandhi, el Partido del


Congreso se encuentra debilitado a nivel nacional, y el Bharatiya Janata
Party aprovechó el momento para consolidarse y ganar prestigio en las
regiones de habla hindi en el centro-norte de la república y en el oeste. La
tercera fase que describe Atul Kholi inicia en 1990 y la describe como una
fase de “experimentos políticos” con la intención de iniciar una apertura
a la alternancia política. En las elecciones de 1999, nuevamente ganó el BJP,
y Atul Vajpayee fue elegido como primer ministro. Desde finales de los

37 P. B. Mehta, op. cit., p. 215.


38 Ibidem, p. 218.
137 Historia, sociedad y política en India contemporánea

años noventa del siglo pasado y sobre todo en la primera década de la


presente centuria, la organización política adquiere matices centrados en
la casta, la clase, la religión y la región. Es interesante cómo toman fuerza
varios partidos regionales especialmente en el sur y en estados como Ben-
gala, Punjab y Kashmir.
Muchos de los nacionalismos regionales que aparecen trajeron consi-
go el surgimiento de partidos de oposición al Partido del Congreso. Sus
bases están formadas en su gran mayoría por aquellos grupos sociales a
los que el Partido del Congreso no pudo cooptar, entre ellos las llamadas
backward classes, o clases desfavorecidas, sin una tendencia ideológica
clara, que pueden apoyar a la izquierda o a la derecha según convenga a
sus intereses. Esta tercera fase se caracteriza por una inestabilidad guber-
namental constante. Los partidos regionales establecen alianzas sin un
proyecto claro para las partes, por lo que mantener la coalición una vez
alcanzado el poder ha sido una tarea complicada.
Para Kholi, este periodo muestra la importancia que han tenido las
instituciones y su lógica, más allá de las fuerzas extremistas y las tendencias
ideológicas.39 El BJP, un partido de derecha hindú, ganó las elecciones de
1991 y se mantuvo en el poder hasta 1996. Su paso por el gobierno central
incentivó una serie de reformas que ya se habían planteado en los gobier-
nos anteriores del Partido del Congreso, pero que el BJP cristalizó. La libe-
ralización de la economía convirtió a este periodo en una etapa de cambios
vertiginosos. El estilo de gobierno del BJP, por un lado, es de centralización
de poder a nivel nacional y, por otro, de descentralización representada
por sus aliados regionales.
Sobre la tercera línea a seguir para poder construir una democracia
de hecho más allá de la forma, el doctor Ambedkar expresó en 1949: “lo
que debemos hacer es no conformarnos con la mera democracia política.
Debemos hacer a nuestra democracia política una democracia social
también”.40
Esta fase coincidió con la liberalización de la economía de 1991, en la
cual el mercado indio se abrió gradualmente a los inversionistas extranjeros.
Estas políticas han traído importantes modificaciones, entre ellas, las regio-

39 A. Kholi, The Success..., p. 11.


40 B. R. Ambedkar, op. cit.
138 Historia, sociedad y política en India contemporánea

nes comenzaron a ejercer de forma más efectiva su autonomía dentro de la


federación. Con un mercado abierto, los diversos centros de poder han
comenzado a promover y solicitar recursos dirigidos a sus intereses regio-
nales. Ya no es un asunto nacional el desarrollo, ahora hay un cambio en el
que los actores políticos locales y regionales también gestionan recursos.
Las reformas económicas comenzaron a mostrar sus beneficios y su
magia en 1993 con el considerable aumento en el crecimiento económico:
del 2.5 por ciento al 6.3 por ciento, porcentaje que se mantuvo hasta 1996,
y más tarde con el impresionante crecimiento alcanzado de 2003 a 2008
que llegó a 9 por ciento de crecimiento anual y en la actualidad oscila
entre 8.3 por ciento y 8.5 por ciento.41 De esta manera, India se convirtió,
después de China, en el segundo país con mayor crecimiento en el mundo.
Sin embargo, es un error pensar que automáticamente el crecimiento de
India llevaría en poco tiempo a un desarrollo profundo, los retos que aún
se deben enfrentar presentan soluciones difíciles a corto plazo. Los más
marginados no están incluidos en las grandes transformaciones económi-
cas. De acuerdo con el Eleventh National Development Plan, 302 millones
de personas de los 1 200 millones de la población total vive por debajo de
la línea de pobreza extrema.42 Aunque ésta ha disminuido considerable-
mente comparando que en 1947 67 por ciento de la población era pobre,
en 1973 bajó a 55 por ciento y en 2004 las cifras apuntan a 28 por ciento,
el número de pobres sigue siendo una cifra altísima.
Al favorecerse el crecimiento del sector terciario o de servicios, existe
un enorme rezago en el sector primario o agrícola en el que se encuentra
69 por ciento (2010) de la población.43 Existe una ausencia de estímulos
por parte del Estado para fortalecer su trabajo, por lo tanto los campesinos
tienen constantes problemas de endeudamiento para mantener un cultivo
apenas de autoconsumo, lo cual los ha llevado a tener condiciones de po-
breza. Además, la apertura de empleos es limitada y se mantienen salarios
muy bajos. Las leyes laborales son restrictivas y complejas; la corrupción
41 R. D. Sibal, “The Untold Story of India’s Economy”, IDEAS Reports, Londres, London School of
Economics and Political Science, marzo de 2012, pp. 17-18.
42 Planning Commission Government of India, Eleventh Five-Year Plan 2007-2012, Nueva Delhi,
2008, p. 1, 2007-2012, en [Link]
11th_vol1.pdf (acceso el 3 de agosto de 2015).
43 Rural Poverty Portal, “Rural Poverty in India”, en [Link]
home/tags/india, 2015 (acceso el 1 de agosto de 2015).
139 Historia, sociedad y política en India contemporánea

y la burocracia generan un aparato lento; hay enormes fallas en la educa-


ción básica y media; una profunda brecha entre sectores de la sociedad que
crea el considerable porcentaje de analfabetismo. En cuanto a salud públi-
ca se refiere, India ocupa el lugar 171 de 175 países, lo cual significa que
tiene escasa infraestructura y pobre atención médica. Con estos datos,
India no figura en la lista de los cien países con desarrollo humano, apenas
se le considera en el escaño 136.44
Pese a estas condiciones, los canales democráticos siguen siendo un
medio importante para llevar a la igualdad política, pero esto no ha signi-
ficado el camino hacia la igualdad social y económica. Se debe enfatizar
que en las últimas décadas se han fortalecido las transformaciones de los
movimientos regionales en partidos políticos y éstos han puesto en la mesa
de discusión nacional muchos temas de los más desfavorecidos. Si bien
desde los años cincuenta del siglo pasado se habían presentado diversos
movimientos con demandas económicas, políticas, culturales y sociales, y
en su mayoría pasaban a la movilización armada para hacerse de una voz,
hoy en día sus transformaciones y su búsqueda de cambio se da más a
través de la política y menos por las armas.45
Para Mitra, el éxito que ha tenido el mantenimiento de la democracia
en India se debe a una estrategia con varios componentes:

(a) Los arreglos constitucionales de India (la Constitución), (b) leyes que
signifiquen la implementación de las visiones sociales igualitarias que en-
fatiza la Constitución, (c) el doble rol del Estado como responsable neu-
tral del cumplimiento de las normas y como agente que apoya a grupos
sociales vulnerables a producir un nivel en el que puedan competir, (d)
el empoderamiento de las minorías a través de la ley y la práctica política,
incluyendo la ley personal de India que garantiza la libertad religiosa de
las minorías para que sigan sus pronas normas en áreas como el matri-
monio, el divorcio, la adopción y la herencia, (e) judicialización que
salvaguarda los derechos individuales y de grupo.46

44 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Informe sobre el Desarrollo Humano 2013.
El ascenso del sur: progreso humano en un mundo diverso, Nueva York, 2013, p. 203, en http://
[Link]/content/dam/venezuela/docs/undp_ve_IDH_2013.pdf (acceso el 1 de agosto de
2015).
45 S. K. Mitra, op. cit., p. 235.
46 Ibidem, p. 236.
140 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Desde fuera, en las últimas décadas las elecciones resultan un ejercicio


impresionante. Es el evento electoral más grande del mundo y dentro de
India tiene un enorme peso como aspecto formal de la democracia. Para
las elecciones de 2014, se instalaron 9 mil casillas electorales y participaron
1 646 partidos políticos —6 nacionales, 47 estatales reconocidos y 1 593
partidos registrados no reconocidos—, con un total de 8 251 candidatos.
Estas cifras muestran una participación muy activa de los partidos políti-
cos. Sin embargo, dos partidos nacionales, el Partido del Congreso y el
Partido del Pueblo (BJP), son los que generalmente controlan las elecciones
a nivel nacional, con la ayuda de coaliciones.
Hoy en día es imposible ganar una elección sin la alianza con uno o
varios partidos pequeños. El sistema multipartidista ha creado una atomi-
zación de distintas fuerzas políticas que, si bien ofrece al electorado opcio-
nes, ha sido un elemento que ha favorecido la corrupción, la violencia, el
comunalismo y la falta de profundidad en las propuestas e ideologías detrás
de los partidos.
Por el tamaño de la organización que conlleva el proceso electoral, es
necesario desarrollarlo en varias etapas. Las elecciones pasadas se realiza-
ron del 7 de abril al 12 de mayo de 2014. Esta elección general ha sido una
elección histórica. Se encuentran registrados 814.5 millones de votantes
(100 millones más que en las elecciones de 2009),47 de los cuales el por-
centaje de participación ha sido el más alto de todas las elecciones desde
1952, con 66.4 por ciento.48
¿Cuál es la razón para que los indios encuentren tan llamativo parti-
cipar en las elecciones a pesar de sus condiciones económicas y sociales?
Un factor importante ha sido la confianza en las instituciones y en el sis-
tema electoral. El saber que cada voto es cuidado y vale como decisión con
la unión de otros. La participación política es muy activa porque los ciu-
dadanos piensan firmemente que su “voto es una arma” que les otorga
cierta forma de empoderamiento. Además, según Mukulika Banerjee, el

47 BBC, “India Election: World’s Biggest Voting Event Explained”, 9 de abril de 2014, en http://
[Link]/news/world-asia-india-26847432 (acceso el 19 de julio de 2015).
48 B. Jain, “Highest-ever Voter Turnout Recorded in 2014 Polls, Govt [sic] Spending Doubled
since 2009”, The Times of India, 13 de mayo de 2014, en [Link]
news/Highest-ever-voter-turnout-recorded-in-2014-polls-govt-spending-doubled-since-2009/
articleshow/[Link] (acceso el 1 de agosto de 2015).
141 Historia, sociedad y política en India contemporánea

acceso al voto se ve como un “deber” que debe cumplirse para tener acce-
so a otros bienes como educación, comida y seguridad.49
Las elecciones también crean una sensación de poder en especial en el
electorado más pobre, ya que es su oportunidad de tener injerencia en las
decisiones. Es de destacar la amplia participación de las clases bajas en
cada elección. Al contrario de los supuestos en los cuales la construcción
y mantenimiento de la democracia requiere de que su población tenga un
nivel educativo específico que le permita alcanzar una conciencia política,
India ha mostrado que la participación y la conciencia política están pre-
sentes sin distingos de clase, género o nivel educativo. La sociedad civil es
una de las más participativas y activas en el mundo. Un incentivo para esta
participación fue el ejercicio de la discriminación positiva como mecanis-
mo para generar situaciones de igualdad para aquellas comunidades mar-
ginadas históricamente. Existe una lista de castas y tribus para las cuales
se reservan un número de asientos en el Parlamento, en la educación y en
trabajos públicos. Esta política ha permitido el ascenso de muchos grupos
minoritarios y su activa participación, a tal grado que pueden encontrarse
en el Parlamento nacional representaciones de comunidades de clase baja
y de distintas regiones del país.
A pesar de que muchos grupos de castas bajas se han politizado y han
alcanzado presencia en el Parlamento nacional, India ha atravesado por
muchos momentos de violencia relacionados con las reivindicaciones que
plantean constantemente las minorías. El gobierno central durante muchos
años vio como una amenaza a la diferencia y utilizó la violencia como
forma de control. Esto provocó que diversas comunidades no se sientan
parte de la nación, que no vean en la democracia un espacio para mani-
festar sus necesidades y que éstas sean satisfechas. La política se ha con-
vertido en una lucha constante de recursos y poder.
En cuanto a la clase política se refiere, existe una gran desilusión de los
políticos hoy en día. Las grandes figuras de las primeras décadas de vida
independiente, con una educación sólida, con ideales y valores claros y
conscientes de la importancia de la visión y la planeación a futuro queda-
ron muy atrás. Los partidos políticos están llenos de políticos sin forma-
ción, con intereses personales y no nacionales. El Partido del Congreso

49 M. Banerjee, op. cit., pp. 46-47.


142 Historia, sociedad y política en India contemporánea

sigue estando dominado por los herederos de Nehru. Y en general, tanto


los partidos comunistas como los regionales, y hasta el BJP, presentan cri-
sis constantes de liderazgo y sus estilos políticos son inestables.

Reflexiones finales

Después de sesenta y ocho años de vida independiente, India logró forjar


e impulsar los principios básicos de la democracia; creó las normas nece-
sarias para hacerlos respetar, así como instituciones sólidas y reconocidas;
y mantiene elecciones regulares desde 1952. De regreso a las reflexiones del
doctor Ambdekar, el cumplir con las formas democráticas y concentrarse
en el desarrollo de la democracia política no es suficiente. Sin lugar a dudas,
es admirable la capacidad de organización de las elecciones y los alcances
políticos con los que se cuenta. Una política multipartidista, el ascenso y la
incorporación de castas bajas y grupos desfavorecidos, así como un enorme
avance en mayores niveles de autonomía de los estados, deben ser logros
ampliamente reconocidos. Sin embargo, sigue siendo una labor no cum-
plida el “remover las contradicciones lo más pronto posible”.50
Como respuesta a las preguntas hechas en un inicio, India no ha des-
aparecido sus contradicciones y el hecho de que sea la “democracia más
grande del mundo” no significa que sea en todos los ámbitos efectiva y
exitosa. Si bien lo es en el ámbito que marca el doctor Ambedkar como
“la forma”, existen aún enormes deudas en términos de desigualdad, li-
bertades y justicia.
Existe un énfasis en India y en el mundo por resaltar la magnitud y la
organización de las elecciones, lo cual en gran medida ha invitado a enfo-
carse únicamente en la democracia política y no en la serie de procesos
inconclusos que vive la sociedad india. Sin embargo, aunque se considera
que las elecciones son un elemento necesario de la democracia, no es una
condición suficiente ni única.51 Si bien es impresionante el crecimiento
económico que mantiene India desde los años noventa del siglo pasado,
no se ha traducido en desarrollo y bienestar para los sectores más amplios

50 Constituent Assembly of India, op. cit.


51 M. Banerjee, op. cit., p. 48.
143 Historia, sociedad y política en India contemporánea

de la sociedad. Temas como la malnutrición masiva, la crisis en el campo,


la serie de suicidios de campesinos endeudados, los desplazamientos in-
ternos continuos, la enorme desigualdad, la violencia que sigue imperan-
do en la política y con las comunidades religiosas minoritarias, entre otros
muchos, encabezan la lista de las deudas que los políticos siguen teniendo
con la gente.52 Como vimos en los últimos apartados, la clase política ha
perdido ese espíritu moral del que hablaba el doctor Ambedkar. La políti-
ca se ha convertido en una lucha constante de recursos y poder, los cuales
toman como bandera la casta, la clase y la religión. Las constantes confron-
taciones entre comunidades tienen que ver con una cultura en la que ha
permeado una serie de discursos en contra de las minorías como amena-
zas a la “mayoría hindú” y, por lo tanto, a la nación. Se requiere una serie
de medidas dentro de la democracia que vayan encaminadas al cambio
cultural y las percepciones y prejuicios de los distintos grupos.
El trabajo del sistema legislativo es poco productivo y efectivo para
alcanzar una democracia completa, lo cual tiene que ver con las capacida-
des y competencias de sus miembros. De acuerdo con un informe del
Centro de Estudios sobre Reformas Democráticas, una buena parte de los
candidatos registrados tiene cargos judiciales, las imputaciones incluyen
asesinato, violación y extorsión. En este mismo tenor, un tercio de los
miembros del Parlamento que salió el año pasado contaba con casos cri-
minales pendientes. A pesar de que en 2013 el Tribunal Supremo dictami-
nó que los políticos con procesos judiciales no podían presentarse a elec-
ciones, los partidos políticos echaron para atrás la implementación de
reformas encaminadas a verificar los antecedentes de sus candidatos.
Y a esto se suma la falta de claridad dentro de los partidos, no sólo en
sus elecciones internas, sino también en las formas de financiamiento.
Dentro de los partidos existen grupos dominantes o incluso familias que
controlan las decisiones y los cargos. El criterio para la elección de los
candidatos que los representarán no es transparente ni mucho menos ins-
titucional. En este sentido, un reto de la democracia en India es el cambio
al interior de los propios partidos y la creación de instrumentos que ayuden
a transparentar el financiamiento que reciben. La opacidad del sistema de

52 B. Natrajan, “Indian Electoral Democracy: The Only Game in Town”, Economic and Political
Weekly, vol. XLIV, no. 29, julio de 2009, p. 14.
144 Historia, sociedad y política en India contemporánea

financiamiento hace muy difícil monitorear los flujos y la incorporación


de lavado de dinero para las autoridades. Otro reto es la construcción de
una clase política distinta, preparada y dispuesta a llevar a cumplimiento
sus promesas de campaña, así como un mejor sistema de rendición de
cuentas en todos los niveles de gobierno, ya que las simples elecciones no
funcionan solas como instrumento eficaz de rendición de cuentas. Los
políticos carecen de visión a largo plazo y están preocupados más por su
carrera política, que por la búsqueda del bien común. No cuentan con la
suficiente capacitación para llevar su cargo y sus equipos de campaña
construyen una red de corruptelas y compra de votos con estrategias es-
pecíficas por clase social.
El vigor de la democracia vista desde el ejercicio electoral se desvane-
ce ante la permanencia de las desigualdades sociales y económicas. La
democracia política no se ha traducido en una democracia social y esta
situación lleva a un desencanto generalizado por la política y los políticos
que no logran cumplir las promesas de seguridad y bienestar.

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Entre crecimiento económico
y tensión social: las elecciones de 2014
Beatriz Martínez Saavedra
El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África

El proceso electoral de 2014 en India estuvo delineado por dos tendencias


visibles: la expectativa de desarrollo económico pero también el temor de
la instauración de un gobierno comunal, esto es, de promoción de anta-
gonismo entre las comunidades religiosas que integran la sociedad india,
en particular, hindúes y musulmanes. Ambos elementos fueron generados
por el candidato puntero, Narendra Modi, quien resultó ganador de la
elección para primer ministro. Si bien la trayectoria de este político ha
estado marcada por el reconocimiento, también lo ha estado por la con-
troversia. En este tenor, las elecciones en India de abril-mayo 2014 se des-
envolvieron en torno a este binomio: el prospecto de avance económico y
las acaloradas críticas hacia la polarización social acusada en Modi. De
manera que en este espacio abordaremos la actuación del político para ver
cómo fluctuaron tales elementos y la forma en que pudo imponerse a su
mayor obstáculo, a saber, las acusaciones por el manejo de los distur-
bios de Gujarat, estado de India occidental donde ejerció como jefe de
gobierno de 2001 a 2014.
Narendra Modi es el personaje más polémico de la India contemporá-
nea. Su triunfo como primer ministro en las elecciones de 2014 no causó
indiferencia hacia ningún sector sino que polarizó las reacciones entre un
rechazo categórico y un beneplácito tangible. Abordar la travesía política
de Narendra Modi implica, por un lado, hacer referencia a su gestión en
Gujarat como jefe de gobierno, misma que se prolongó por trece años con
índices de crecimiento positivos en términos generales. En contraste, tam-
bién conlleva enfocar la agenda de justicia social y derechos humanos que
148 Historia, sociedad y política en India contemporánea

quedó pendiente en cuanto a la violencia comunal registrada en 2002 en


el estado. Tal escenario genera cuestionamientos sobre el triunfo de Modi
en las pasadas elecciones. Entre otros, ¿cómo logró el político superar los
señalamientos por la violencia?, ¿cómo consiguió posicionarse política-
mente en un contexto social e internacional que lo había sancionado con
severidad por el desarrollo de los disturbios? Seguir sus administraciones
regionales y la propia promoción de su ejercicio político da la clave para
calibrar su triunfo subsecuente hacia el gobierno central.
El modelo económico de Gujarat durante la administración de Modi
resonó como un caso paradigmático que, según algunos analistas, contrasta-
ba con la administración a nivel central. Ésta era conducida por una alianza
gobernante de centro-izquierda, la United Progressive Alliance (UPA) con-
formada por varios partidos y encabezada por el Congreso, el cual había
acaparado el gobierno central desde la independencia salvo por algunos
paréntesis y en algunos casos en alianza con otros partidos. La llegada de
Narendra Modi con su plataforma política, el partido de derecha Bharatiya
Janata (BJP, Partido del Pueblo Indio), de hecho, marca el fin de treinta años
en que no hubo un parlamento con una mayoría partidista.1 Una breve
mirada a la administración de la UPA permite explicar el desencanto social
por el gobierno central y en parte, el viraje hacia un partido de derecha
hindú, aunque más por una preferencia concreta hacia Modi, cuyo triunfo
se sustentó en la fabricación de una imagen influyente como ministro del
desarrollo y el progreso.
Formada en 2004, la UPA tuvo en sus orígenes iniciativas adecuadas que
habían impactado positivamente en el contexto social indio. Entre otras, la
conformación de la National Rural Employment Guarantee Act (NREGA),
que es una legislación laboral y de seguridad social que garantiza un por-
centaje de trabajo remunerado en áreas rurales;2 asimismo el establecimien-
to del National Advisory Council (NAC), un cuerpo integrado por econo-

1 J. Burke, “Narendra Modi, What Does his Victory Mean for America, China and Pakistan?”, The
Guardian, 19 de mayo de 2014, en [Link]
dra-modi-india-election-victory-america-china-pakistan-world (acceso el 3 de julio 2015).
2 D. Sjoblom y J. Farrington, “The Indian National Rural Employment Guarantee Act: Will it Re-
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149 Historia, sociedad y política en India contemporánea

mistas, políticos, burócratas, empresarios y activistas para proporcionar


asesoría al primer ministro desde sus diferentes plataformas de acción. En
su segundo periodo en 2009, con la liberalización económica la UPA cedió
ante las leyes del mercado, y de un enfoque de justicia basado en los dere-
chos, se procedió a uno más tecnócrata orientado hacia la eficiencia. Muchos
activistas sociales que formaban parte de los órganos conformados por la
UPA, como el NAC, renunciaron bajo el argumento de que el gobierno se
había desviado de su compromiso de un crecimiento incluyente.3
Este alejamiento de una orientación hacia las problemáticas sociales
vino acompañado de una reducción en los niveles de desarrollo. Durante
la última gestión del Congreso con la UPA, los indicadores económicos
cayeron de manera notoria; entre 2005 y 2008, la economía había logrado
un alentador 9 por ciento de crecimiento del PIB. Hacia 2009, segundo
periodo de la UPA, la cifra había descendido a un 6.7 por ciento aproxima-
damente.4 Hacia 2010-2011, las estadísticas mostraban una recuperación
al remontar a 9.3 por ciento; no obstante, hubo una tendencia a la baja y
se llegó a menos de 5 por ciento en 2014.5
Asimismo, aunado a esos resultados, sonoros casos de corrupción
fueron un factor relevante para calibrar el desempeño político del gobier-
no liderado por el Congreso.6 Desde 2011 se había generado un movimien-
to anticorrupción en el que se articuló una serie de marchas y protestas
contra esa práctica. Entre otros aspectos, los niveles de inflación, la falta
de creación de empleos y la inseguridad creciente para el sector femenino
fueron elementos que sumaron inconformidad para que las preferencias
de la gente se apartaran del Congreso y su coalición en las pasadas elec-
ciones. Fue el castigo de los votantes para un gobierno plagado de incon-
sistencias, corrupción y con nula sensibilidad social.

3 S. Visvanathan, “Decadence and Decline. An Obituary for Ten Years of the United Progressive
Alliance”, The Caravan. A Journal of Politics and Culture, 1 de mayo de 2014, en [Link]
[Link]/perspectives/decadence-and-decline (acceso el 15 de abril de 2015).
4 R. Hensman, “The Gujarat Model of Development. What Would it Do to the Indian Economy?”,
Economic and Political Weekly, vol. XLIX, no. 11, marzo de 2014, en [Link]/web-exclusives/
[Link] (acceso el 13 de junio de 2014).
5 W. Darlymple, “Narendra Modi: Man of the Masses”, New Statesman, 12 de mayo de 2014, en www.
[Link]/politics/2014/05/narendra-modi-man-masses (acceso el 23 de junio de 2014).
6 S. Visvanathan, op. cit.
150 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Sin embargo, en términos generales, el promedio de crecimiento sos-


tenido durante la administración de la UPA fue de 7.7 por ciento,7 lo que
indicaría, según analistas, una administración más eficiente que la que tuvo
a nivel central la coalición gobernante de centro-derecha, la National De-
mocratic Alliance (NDA), de 1998 a 2004, encabezada por el BJP.8 Si éste
fue el caso, soslayar tal desempeño político es un quehacer en el que se
enfocó con vehemencia el actual primer ministro, Narendra Modi, duran-
te su campaña electoral de 2014. Para esto se dio a la tarea de promocionar
su ejercicio administrativo en Gujarat, contrastándolo con el de la UPA a
nivel nacional y enfatizando en sus críticas las prácticas de corrupción del
Congreso. A continuación conviene explorar cómo fue la actuación polí-
tica de Modi y de qué manera la instrumentó para apuntalarse hacia el
gobierno central que hoy conduce.
La gestión de Narendra Modi en Gujarat ha sido definida como exitosa
por diversos medios y analistas. El fundamento está en que el promedio de
crecimiento del PIB del estado a lo largo de sus administraciones (2001-2014)
se ubica en 10 por ciento. No obstante, estos índices positivos han dado
continuidad a una historia de crecimiento que se ha registrado en esta geo-
grafía en las últimas décadas. Una revisión del desarrollo de un Gujarat
previo a Modi muestra que entre 1994 y 2001, es decir, siete años previos a
su llegada, la entidad registraba un crecimiento promedio de 10 por ciento
y 13 por ciento; en 1994-1995 se registraban niveles incluso superiores a 13
por ciento.9 Los gobiernos de este periodo no fueron encabezados específi-
camente por el BJP, algunos también por el Congreso. Así, durante la déca-
da de 1990, Gujarat destacaba entre los tres estados con mayor crecimiento
junto con Maharashtra o Tamil Nadu, entidades que también han mostrado
un crecimiento sostenido en los últimos diez años. Esto indica que el estatus

7 D. Lockwood, “Should India Really Follow Modi’s Gujarat Model?”, The Conversation, 21 de mayo
de 2014, en [Link]
(acceso el 20 de julio de 2015).
8 M. Ghatak, P. Ghosh et al., “Growth in the Time of UPA. Myth and Reality”, Economic and Po-
litical Weekly, vol. XLIX, no. 16, abril de 2014, en [Link]
pdf (acceso el 22 de junio de 2015).
9 D. Gupta, “Gujarat: What Miracle?”, The South Asian Idea Web Blog, 18 de marzo de 2009, en
[Link] (acceso el 23 de
junio de 2014).
151 Historia, sociedad y política en India contemporánea

de Gujarat como un paradigma a seguir tendría que compartirse con los


estados mencionados, donde el PIB ha sido superior al promedio nacional.10
Por otro lado, el modelo de desarrollo de Gujarat dejó una agenda
pendiente en materia de distribución de los beneficios del crecimiento. El
eje conductor del resonado modelo ha sido privilegiar al sector privado y el
libre mercado. En este contexto, se ha impulsado la inversión privada y se
ha fomentado una menor burocracia e intervención del Estado. Además
se han hecho concesiones importantes en el cobro de impuestos para inver-
sionistas; se han brindado facilidades para la adquisición de tierras a este
mismo sector y se ha establecido una legislación laboral favorable a los
empresarios.11 La privatización de diversos sectores también ha sido un
rasgo clave en las administraciones de Modi y un imán para los inversio-
nistas. Con esto, se han delegado las responsabilidades del gobierno en las
manos de corporativos y empresarios.12 En otras palabras, el gobierno ha
renunciado a asegurar un crecimiento con equidad al confiar exclusiva-
mente en las fuerzas del mercado y los inversionistas.13
En tanto que los empresarios fueron determinantes en establecer las
prioridades y criterios del desarrollo, la inversión se canalizó a la infraes-
tructura en particular; 37 por ciento ha sido para desarrollo de puertos,
caminos, sectores de energía y, asimismo, para desarrollar complejos in-
dustriales y el crecimiento del sector servicios. Si bien esta infraestructura
ha sido algo positivo, no se ha establecido en los sitios más convenientes,
pues en muchos casos tales desarrollos han afectado a asentamientos hu-
manos ya existentes con serias implicaciones para la equidad y un alto
costo ambiental.14 Es decir, el progreso también ha generado sus víctimas
y son especialmente sectores marginados, por ejemplo, adivasis o grupos
tribales. En la década de 1990, 40 por ciento de los desplazados por pro-

10 R. Hensmann, op. cit.


11 D. Lockwood, op. cit.
12 R. Hensmann, op. cit.
13 S. Nigam, “Gujarat and the Illusion of Development”, Kafila, 23 de mayo de 2013, en http://
[Link]/2013/05/23/gujarat-and-the-illusion-of-development-shipra-nigam/ (acceso el 26 de
julio de 2015).
14 Idem.
152 Historia, sociedad y política en India contemporánea

yectos de desarrollo pertenecían a estos grupos y sumaban alrededor de


10 millones de personas.15
Como resultado de lo anterior, en cuestiones de desarrollo humano
Gujarat no ha tenido un ejercicio positivo: la redistribución del ingreso no ha
sido equitativa, tampoco en materia de salud, educación, alimentación u
otros servicios los resultados han sido tangibles.16 Al volcar todos los pri-
vilegios y atención a los empresarios, Modi eludió el desarrollo de sectores
sociales vulnerables. En 2012, 40 por ciento de la población del estado aún
vivía bajo la línea de pobreza y satisfactores básicos como el abastecimien-
to de agua; en Gujarat es una asignatura pendiente, toda vez que personas
de contextos rurales deben recorrer varios kilómetros en busca de este
recurso.17 En este mismo año, Gujarat ocupaba el lugar número 23 de una
lista de 28 estados en abatimiento de la mortalidad infantil.18
El desarrollo en Gujarat fue más visible en segmentos sociales específi-
cos: sector urbano, clases medias hindúes y de manera enfática, en empre-
sarios. Si los beneficios del progreso llegaron a enclaves urbanos hindúes,
no fue así con los guetos de musulmanes que carecen de los servicios bási-
cos. Tal es el caso de los habitantes de Juhapura, el asentamiento de musul-
manes de mayores dimensiones en Gujarat que nunca fue visitado por Modi
durante ninguna de sus administraciones.19 En esta área de Ahmedabad se
asentaron musulmanes desplazados por los disturbios de 2002, y la infraes-
tructura, los sistemas de transporte rápido, drenaje, instalaciones sanitarias,
abastecimiento de energía eléctrica o agua potable son factores inexisten-
tes.20 Esta población, por el contrario, se ve forzada a vivir en condiciones
precarias en zonas perjudiciales contiguas a tiraderos de basura.

15 SETU, “Development, Equity and Justice. Adivasi Communities in India in the Era of Liberali-
zation and Globalization”, Londres, abril 1998, p. 5.
16 D. Lockwood, op. cit.
17 R. Gowda, “Is the Development in Narendra Modi’s Gujarat all Virtual?”, DNA, 21 de abril de
2014, en [Link]/analysis/standpoint-is-the-development-in-narendra-modi-s-gu-
jarat-all-virtual-1980563 (acceso el 15 de junio de 2014).
18 D. Lockwood, op. cit.
19 S. Vaya, “Gujarat: ‘We don’t Want Modi or BJP’ ”, First Politics, 1 de mayo de 2014, en www.
[Link]/politics/gujarat-we-dont-want-modi-or-bjp-say-muslims-in-juhapura-1503671.
html (acceso el 16 de julio de 2014).
20 M. Langa y D. Gadhavi, “Ahmedabad’s Segregated Muslims”, Aljazeera English, 30 de abril de
2014, en [Link]/indepth/inpictures/2014/04/pictures-ahmedabad-segregated
-[Link] (acceso el 18 de mayo de 2014).
153 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Una visión panorámica de los gobiernos del Congreso y del BJP mues-
tra que las diferencias entre un gobierno de izquierda y uno arraigado en
una ideología de derecha hindú no son mayúsculas. Ambos gobiernos han
mostrado una insensibilidad social para con los sectores más vulnerables.
En este sentido, diversos teóricos han inquirido sobre la forma que cobra
el Estado bajo los lineamientos de un gobierno de derecha hindú. En otras
palabras, la pregunta es si existe un estilo de gobierno distintivamente
hindú; si el ejercicio de gobierno asume un enfoque distinto de la relación
entre el Estado y sus ciudadanos; si, de hecho, esta forma reestructura al
Estado y deteriora la democracia.21
Una aproximación a ambas prácticas gubernamentales revela que sean
de izquierda, derecha o de centro, el ejercicio político se desarrolla susten-
tado en un común denominador discernible sin importar la ideología
partidista. Este elemento común de la clase política es lo que algunos ana-
listas definen como economía del saqueo (economy of loot)22 para referir
un tipo de administración con prácticas de corrupción que se apropia de
los recursos públicos. Tales recursos son canalizados a las plataformas
partidistas y actividades electoreras en la construcción de redes de clien-
telismo así como para fines privados.
Sin embargo, cuando se habla de minorías religiosas, la relación que
establece un gobierno de derecha hindú con sus ciudadanos adquiere una
dimensión significativa. En este contexto, observar la administración del
ex jefe de gobierno de Gujarat, en particular su actuación en el contexto
de violencia comunal, arroja evidencia de las repercusiones de un gobier-
no de derecha hindú que, trascendiendo una mera retórica hostil hacia
grupos minoritarios, despliega dicha hostilidad con actos concretos. De
manera que en la siguiente sección repasaremos los episodios de violencia
de 2002 y la dudosa actuación de Modi en esos sucesos, y después exami-
naremos la construcción de su imagen como el gobernador del desarrollo
y el progreso, para culminar con el análisis de su victoria como primer
ministro de India en mayo de 2014.

21 T. B. Hansen, The Saffron Wave. Democracy and Hindu Nationalism in Modern India, Princeton,
Princeton University Press, 1999, pp. 219-220.
22 Ibidem, p. 223.
154 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Gobierno y violencia: disturbios antimusulmanes,


Gujarat 2002

Antes de revisar la administración de Modi en Gujarat cabe considerar de


manera sucinta el bagaje ideológico de esta figura, ya que es un factor
relevante en su forma de ejercer la política. Narendra Modi inició su for-
mación como activista hindú a muy temprana edad al pasar por las filas
del Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), una agrupación polémica que fue
determinante en el cimiento de una ideología de supremacismo hindú en
su persona.23 Esta organización, fundada en 1925, es el brazo militante de
lo que se conoce como la Sangh Parivar o familia de organizaciones hindúes
que —junto con el BJP— es la expresión política y el Vishva Hindu Parishad
(VHP), el ala cultural, promueven una agenda de dominación del hinduis-
mo y lo hindú sobre las manifestaciones culturales de las minorías. El
proyecto que en conjunto desarrollan, denominado hindutva o hinduici-
dad, consiste en crear y establecer una identidad nacional de dimensión
hindú como el marcador cultural por antonomasia. La agenda de hindutva
incorpora una defensa de los derechos que, desde esta perspectiva, corres-
ponderían al grupo mayoritario dentro de la nación “hindú” frente a los
derechos que reclaman “minorías antinacionalistas”.24 El RSS, por ejemplo,
sostiene entre sus postulados que los no hindúes en India debían adoptar
una cultura hindú y aprender a respetar al hinduismo, en otras palabras,
dejar de ser “extranjeros” o si no permanecer en el país en un estatus su-
bordinado sin poseer derechos de ciudadanos.25
En el caso de Modi, él se ha asumido abiertamente como un naciona-
lista hindú y su actuación ha sido consecuente con esa postura al privilegiar
la agenda de la mayoría hindú sobre la de minorías religiosas, en concreto,
los musulmanes. Esto no se reduce específicamente a impulsar el desarro-
llo de sectores mayoritarios que tienen derecho a ese empuje como el

23 R. Colvin y S. Bhattacharjya, “The Remaking of Narendra Modi”, Reuters, 12 de julio de 2013,


p. 4, en [Link]
20130712 (acceso el 15 de agosto de 2014).
24 C. Bhatt, Hindu Nationalism: Origins, Ideologies and Modern Myths, Oxford/Nueva York, Berg,
2001, p. 100.
25 G. Puri, Bharatiya Jana Sangh: Organisation and Ideology, Delhi: A Case Study, Nueva Delhi,
Sterling Publishers Pvt. Ltd., 1980, p. 13.
155 Historia, sociedad y política en India contemporánea

resto de los ciudadanos, sino que ese favoritismo se ha traducido en actos


lesivos para las minorías. El manejo de los disturbios de 2002 revela esta
forma sectaria de conducir la política, como a continuación veremos.
Narendra Modi asumió la administración como jefe de gobierno de
Gujarat en octubre de 2001, teniendo como plataforma política al BJP. No
obstante, a unos cuantos meses de su administración, en febrero de 2002,
tuvo lugar una violencia comunal de grandes proporciones entre sectores
de hindúes y musulmanes. Los segundos más bien se convirtieron en el
blanco de agresión de nutridos contingentes de hindúes que, según ver-
siones oficialistas, buscaban resarcir el daño por un incendio ocurrido en
una estación de tren en Gujarat.
Los acontecimientos se suscitaron cuando en febrero de 2002 un vagón
de tren en el que venían peregrinos hindúes se incendió mientras estaba
detenido en la estación de Godhra. Este grupo regresaba proveniente de
Ayodhya, una ciudad que también tiene un historial trágico en cuanto a
episodios de antagonismo entre comunidades, promovidos por políticos
y organizaciones comunalistas. Los peregrinos venían de haber celebrado
el décimo aniversario de la destrucción de un recinto islámico —una
mezquita del siglo XVI— a manos de activistas hindúes que en 1992 fueron
azuzados por líderes del BJP para la comisión de ese acto. El saldo de la
quema del tren fue de casi 60 personas muertas, todas ellas hindúes. Una
versión difundida del episodio es que un grupo de peregrinos se había
confrontado con vendedores de té musulmanes y éstos, en represalia, le
habían prendido fuego al tren. Sin embargo, existe gran controversia so-
bre el incendio, pues no se han dilucidado totalmente la causa ni los
responsables, y según diversas investigaciones, incluyendo el reporte de
una investigación de gobierno, el fuego pudo haberse iniciado de manera
accidental.26
Luego de la tragedia, se produjeron represalias por la quema del tren
contra la comunidad de los presuntos incendiarios, a pesar de que no
había claridad en quién inició o cómo se suscitó el siniestro. Las estadís-
ticas registran entre mil y mil quinientos decesos, la mayoría de ellos

26 K. S. Subramanium, “Truth Behind the Fire in Sabarmati Express”, Mainstream Weekly, vol.
XLIX, no. 16, abril de 2011, en [Link] (acceso el 7
de enero de 2015).
156 Historia, sociedad y política en India contemporánea

musulmanes.27 Los reportes de diversas organizaciones humanitarias


denunciaron que el gobierno de Gujarat tuvo responsabilidad por omisión
o comisión en los hechos de violencia. Los documentos coinciden en que
no hubo espontaneidad en la violencia. Es decir, que las hostilidades fue-
ron promovidas por agitadores, mismos que no fueron detenidos por las
instancias del gobierno del estado; asimismo se concluye que no se trató
de una reacción espontánea ante la quema del tren según versión difundi-
da por el propio Modi. Los reportes de investigación de las organizaciones
han documentado que la policía no intervino en los casos de agresión
contra los musulmanes; que agitadores llevaban listas para identificar los
negocios y tiendas que pertenecían a musulmanes para desmantelarlos en
específico;28 y que los policías que trataron de intervenir y detener a los
pogromos fueron trasladados a otros sitios.29 Los resultados de los reportes
y los señalamientos hacia el manejo de los disturbios han enfatizado que las
agresiones fueron posibles no como consecuencia de incompetencia admi-
nistrativa sino como desenlace de un acto deliberado de permitir e incluso
instigar a la violencia en contra de una comunidad concreta.30
Modi ha estado bajo averiguación por parte de un equipo especial de
investigación (SIT, por sus siglas en inglés), por su actuación. En una acción
sin precedente se le llamó a declarar en 2010 y se ha concluido que no hay
elementos para procesarlo, es decir, se le ha exonerado de toda responsa-
bilidad. Esto a pesar de que existen testimonios de jefes policiales que re-
fieren haber recibido órdenes para que dejaran que las masas “ventilaran
su enojo” con la quema del tren.31 En este sentido, la Facultad de Leyes de
la Universidad de Stanford ha señalado que en esos casos casi nunca hay

27 Reporte de Amnistía Internacional, 2005, en [Link]/en/library/asset/ASA20/0


01/2005/en/110d0c4c-d53a-11dd-8a23-d58a49c0d652/[Link] (acceso el 13 de
julio de 2014).
28 J. Kuruvachira, Politicisation of Hindu Religion in Postmodern India. An Anatomy of the World-
views, Identities and Strategies of Hindu Nationalists in Bharatiya Janata Party, Nueva Delhi,
Rawat Publications, 2008, p. 263.
29 Ibidem, p. 261.
30 S. Thakur, “An Architect of Fractures, or, the Man Who Could be Prime Minister”, 14 de sep-
tiembre de 2013, en [Link]
man-who-could-be-prime-minister/ (acceso el 5 de enero de 2015).
31 S. I. Jaleel y R. Bhan, “Gujarat Riots: Former Supreme Court Judge Says SIT Findings Incorrect”,
NDTV, 12 de mayo de 2012, en [Link]
me-court-judge-says-sit-findings-incorrect-209830 (acceso el 11 de diciembre de 2014).
157 Historia, sociedad y política en India contemporánea

convictos porque en realidad no se investiga de manera imparcial, y si no


hay procesamiento es más bien por corrupción.32 Es decir, los niveles de
impunidad son altos y no se quedan en las altas esferas sino que se hacen
extensivos a diferentes instancias, por lo que prácticamente no hay con-
victos por los actos de agresión en ese episodio.33 No obstante la exonera-
ción de Modi, el político genera una sospecha permanente ante diversos
segmentos sociales y organizaciones de derechos humanos.34
Por otro lado, su insensibilidad como gobernante ha sido patente en
sus afirmaciones que justificaban la violencia revanchista como respues-
ta supuestamente espontánea ante la quema del tren. Tales declaraciones,
además, fueron consecuentes con su actitud hacia los campos de refu-
giados musulmanes, cuya comunidad en su conjunto fue señalada de
manera irresponsable por Modi como culpable del incendio.35 Entre otras
cosas, los campamentos de refugiados no fueron establecidos por el
gobierno del estado, que se negó a brindar rehabilitación a las víctimas de
la violencia,36 sino que fueron establecidos por organizaciones de asisten-
cia islámicas. En este contexto, el gobierno estatal tampoco abasteció de
los satisfactores básicos a los refugios que fueron catalogados por el pro-
pio Modi como “fábricas de hacer bebés” en referencia a una supuesta
reproducción exacerbada de los musulmanes; con retórica denigrante
formulaba planteamientos públicos como “¿qué debemos hacer?, ¿habili-
tar campos de refugiados para ellos?, ¿queremos abrir centros de produc-
ción de bebés?”.37
El panorama mostrado indica que la forma de relacionarse de un go-
bierno de derecha hindú con sus ciudadanos que integran minorías cultu-
rales es un aspecto a todas luces relevante y cobra mucho mayor preemi-

32 “Modi: from Tea Boy to India’s Leader”, Aljazeera English, 27 de mayo de 2014, en [Link]
[Link]/news/asia/2014/05/[Link] (ac-
ceso el 4 de junio de 2014).
33 Reporte de Human Rights Watch, “Compounding Injustice”, 1 de julio de 2003, en http://
[Link]/es/reports/2003/06/30/compounding-injustice (acceso el 18 de agosto de 2014).
34 S. Thakur, “Pracharak to Pradhanmantri: Narendra Modi’s Extraordinary Journey”, 26 de mayo
de 2014, en [Link]
dra-modis-extraordinary-journey/ (acceso el 5 de enero de 2015).
35 J. Kuruvachira, op. cit., p. 253.
36 N. Sanghavi, Gujarat at Cross-Roads, Mumbai, Bharatiya Vidya Bhavan, 2010, p. 168.
37 D. Gupta, Justice Before Reconciliation. Negotiating a “New Normal” in Post-Riot Mumbai and
Ahmedabad, Nueva Delhi, Routledge, 2011, p. 25.
158 Historia, sociedad y política en India contemporánea

nencia cuando el gobierno central es conducido por un personaje de dicha


filiación ideológica que, además, tiene un historial en el que abunda la
suspicacia por el fracaso en la contención de la violencia.
Todo lo anterior abre interrogantes respecto a la forma en que Modi
logró trascender las acusaciones por el manejo de Gujarat en 2002 y posi-
cionarse políticamente como primer ministro de la India. Entre otros
cuestionamientos cabe plantearse por qué toda la reverencia ha sido para
el modelo económico de Gujarat cuando, como se ha señalado, otros es-
tados como Maharashtra y Tamil Nadu también tienen un crecimiento
económico que podría considerarse paradigmático. Sin lugar a dudas, la
promoción del modelo de desarrollo de Gujarat, la construcción de ese
estado como un ideal de crecimiento económico es un factor esencial en
el posicionamiento de Modi que es necesario explorar.
Desde los hechos de Godhra, Modi utilizó como estrategia no hablar
de lo ocurrido más allá de sus primeras declaraciones que justificaban la
violencia. Dar evasivas o responder que los cuestionamientos por los dis-
turbios iban encaminados a denostar la imagen de Gujarat y los gujaratis
en conjunto fueron métodos utilizados para tratar de contrarrestar la
imagen negativa del ex gobernador.38 En contraste, se dio estímulo y pro-
moción a proyectos de inversión en el estado que, como se ha revisado,
fueron complacientes con los empresarios. Asimismo se creó el proyecto
denominado Vibrant Gujarat, cumbres empresariales que tienen lugar cada
año en la entidad desde 2003 para atraer inversión.
La dedicación de Narendra Modi en promocionar el impulso a la in-
versión y una administración que el líder calificaba de boyante fue un acto
permanente de afirmación política. El gobernante no escatimó gastos para
difundir lo que él anunciaba como los grandes logros en Gujarat. Con
miras a lo anterior, de 2009 a 2013 contrató a la conocida firma estadou-
nidense de relaciones públicas APCO Worlwide para que impulsara la
imagen de Gujarat como un destino para inversionistas y a Modi como un
gobernante progresista. Y con un costo cercano a $25 000 dólares men-
suales, APCO se hizo cargo de desarrollar la campaña para el proyecto de

38 J. Kuruvachira, op. cit., p. 255.


159 Historia, sociedad y política en India contemporánea

Vibrant Gujarat.39 Debido al trato dado a corporativos, éstos fueron recí-


procos con Modi por los privilegios recibidos; empresarios como Mukesh
Ambani se refieren a él como “un líder con gran visión y claridad de ob-
jetivos”40 y ha sido concebido como el redentor en un periodo considerado
económicamente inestable.41 Incluso su apoyo hacia la candidatura de
Modi como primer ministro se hizo palmario varios años antes de que la
campaña comenzara, como fue el caso de los prominentes magnates Anil
Ambani y Sunil Mittal, quienes desde 2009 manifestaban beneplácito por
su posible candidatura.42
Durante el periodo electoral de 2014, en el que Modi se postuló como
candidato a primer ministro, su estrategia fue dar continuidad a su pro-
yección como una figura progresista y con la promesa de replicar el creci-
miento de Gujarat a nivel nacional. Su campaña para primer ministro giró
en torno a enfatizar la prosperidad alcanzada durante los años de su admi-
nistración en Gujarat que, como se ha referido, a pesar de haber logrado
un crecimiento sostenido, dejó asignaturas pendientes en cuanto a índices
de desarrollo humano para diversos segmentos de la población.
Aunado a la autopromoción de su gestión, Modi concentró sus esfuer-
zos en subrayar la corrupción del Congreso cuya imagen se había venido
deteriorando desde el movimiento anticorrupción de 2011. Este mismo
estandarte adoptado por el BJP tuvo sus repercusiones en contrarrestar el
apoyo de los votantes para el Congreso. Sin embargo, un elemento de peso
en la manera que culminó la elección fue la débil presencia de los conten-
dientes políticos de Modi, empezando por su antagonista mayor Rahul
Gandhi, candidato del Congreso. Miembro de la dinastía política más
importante en India, los Nehru-Gandhi, este candidato tuvo que encarar
no sólo las acusaciones de corrupción hacia su partido y un desarrollo

39 B. Prabhakar, “How an American Lobbying Company APCO Worldwide Markets Narendra


Modi to the World”, The Economic Times, 9 de diciembre de 2012, en [Link]
[Link]/2012-12-09/news/35689601_1_apco-worldwide-vibrant-gujarat-niira-ra-
dia (acceso el 27 de julio de 2014).
40 N. Sanghavi, op. cit., p. 204.
41 S. Hashmi, “Narendra Modi: India’s Economic Saviour?”, BBC, 17 de mayo de 2014, en http://
[Link]/news/business-27412507 (acceso el 21 de enero de 2015).
42 N. Mehta, “Ashis Nandy vs. The State of Gujarat: Authoritarian Developmentalism, Democracy
and the Politics of Narendra Modi”, Gujarat Beyond Gandhi. Identity, Conflict and Society, Nue-
va Delhi, Routledge, 2010, p. 172.
160 Historia, sociedad y política en India contemporánea

económico insignificante sino también la falta de identificación con el


electorado y una campaña política que nunca cobró fuerza.43 Por su parte,
el otro candidato importante, Arvind Kejriwal del Aam Admi Party (AAP,
partido del hombre común), quien también ha enarbolado la causa de co-
rrupción señalando al Congreso y posteriormente al BJP, no era considerado
una opción tan viable dado que en su trayectoria política figuraba su re-
nuncia a unos cuantos meses de haber sido elegido como gobernador de
Delhi en 2013.44
De manera determinante, la elección de Modi reveló el cansancio de
la gente hacia una coalición gobernante que no superó el marasmo econó-
mico y que hizo despliegues de corrupción a niveles exacerbados. Naren-
dra Modi supo no sólo capitalizar el descontento social sino que aportó
una importante contribución para exaltar los ánimos aún más contra la
alianza encabezada por el Congreso. Asimismo, el triunfo de Modi indica
su capacidad para vender un proyecto económico desarrollista que apela-
ba a la creencia o la esperanza de la gente de lograr un progreso incluyen-
te. En entrevista concedida a Reuters, Modi fue contundente al afirmar:
“creemos en el crecimiento incluyente, creemos que los beneficios de este
desarrollo deben llegar hasta la última persona. Estamos haciendo un buen
trabajo, por eso es que las expectativas son altas”.45
El discurso del político ha enfatizado nociones de modernización,
crecimiento y globalización que fueron atractivas para la población urba-
na como posibilidad de satisfacer sus necesidades económicas y también
culturales. Esto último porque existe una coincidencia entre un proyec-
to de hindutva (hinduicidad) como marcador de identidad cultural con
la idea de impulsar el desarrollo de esa comunidad mayoritaria por parte
de las organizaciones hindúes que conforman la Sangh Parivar. Es decir,
se trata de una noción de desarrollo que afianza su ideario en un proyecto

43 J. Burke, “Narendra Modi’s Landslide Victory Shatters Congress Grip to India”, The Guardian,
16 de mayo de 2014, en [Link]
tory-congress-india-election (acceso el 14 de enero de 2015).
44 W. Darlymple, op. cit.
45 R. Colvin y S. Bhattacharjya, op. cit., p. 8.
161 Historia, sociedad y política en India contemporánea

modernizador para la nación india equiparada con la comunidad hindú


mayoritaria.46
Instaurado como la alternativa de gobierno para los inversionistas, las
clases medias y las bases del RSS —organización de voluntarios hindúes
antes referida—, Modi encarna para cada sector en específico la concreción
de sus aspiraciones. Los industriales ven la posibilidad de mayores canon-
jías y una apertura del gobierno como la que disfrutaron en Gujarat. Fue
tanto lo que recibieron de la administración Modi que cuando enfrentaban
problemas para invertir en otros estados, buscaban cobijo en Gujarat, tal
y como lo hizo el magnate Ratan Tata.47 Por su parte las clases medias
reclaman la garantía de una mejora económica y poner freno a la crecien-
te afirmación de las minorías religiosas. Y grupos fundamentalistas hindúes
como el RSS buscan con Modi la ocasión de instaurar una hindu rashtra o
una nación hindú.48
El apoyo hacia Modi por parte de estos segmentos de la población está
revestido de cierto rasgo de naturalidad. Sin embargo, actores sociales que
no están en este espectro y no parecen ser beneficiarios del proyecto del
político también decidieron favorecer a Modi con su voto. Esto porque el
discurso de desarrollo se ha hecho acompañar de la idea de equidad como
consecuencia lógica e inmediata de la modernización y el desarrollo.49 Es
decir, como si estos aspectos espontáneamente dieran paso por sí mismos
a una derrama de beneficios para todos los sectores de la población. Este
ideal de prosperidad económica influyó en que los votantes se inclinaran
hacia Modi en las elecciones. De igual forma, el hartazgo de la corrupción
ejercida durante la administración del Congreso fue otro elemento rele-
vante, pues sectores amplios de la población aunque no comulgaban con
una ideología fundamentalista hindú vieron en Modi la única posibilidad
de liberarse del Congreso.
El apoyo electoral del que Modi fue depositario revela un aspecto pre-
ocupante a destacar entre sectores de la sociedad india. Se trata de la de-

46 T. Bobbio, “From Ahmedabad to Karnavati”, Globalisation, Diaspora and Belonging. Exploring


Transnationalism and Gujarati Identity, Nueva Delhi, Rawat, 2014, p. 256.
47 N. Mehta, op. cit., p. 172.
48 R. Puniyani, “Modi Coming to Power: An Appraisal”, [Link], 2014, en [Link]
[Link]/8781597/Modi_coming_to_Power_An_Appraisal (acceso el 19 de febrero de 2015).
49 T. Bobbio, op. cit., p. 258.
162 Historia, sociedad y política en India contemporánea

cisión de los votantes de eludir la agenda pendiente de las hostilidades en


Gujarat. Esta postura es una reverberación lamentable de la propia actitud
desdeñosa de Modi hacia los afectados por los disturbios. En otras palabras,
la disposición de preservar el silencio y la no resolución de la tragedia en
Godhra denota que los aspectos de justicia social y derechos humanos
quedaron subordinados a una cuestión aspiracional de sectores de la po-
blación que buscan legítimamente mejores niveles de vida en su escala de
prioridades.
Más que el reconocimiento a sus gestiones en materia económica y
siguiendo una observación cuidadosa de la trayectoria de Modi, lo que
se le debe reconocer sin cortapisas es su habilidad para reinventarse po-
líticamente en los momentos coyunturales. De ser un fundamentalista
hindú, un político comunalista que fomenta la polarización social y que
menosprecia los derechos humanos, Modi logró transfigurar su imagen
en la del líder de la administración eficiente, capaz de atraer inversiones
para emprender proyectos de desarrollo. En tales percepciones antagó-
nicas está la clave para entender tanto las preocupaciones de sectores
sociales que lamentaron su victoria como el alcance del político hacia
segmentos de la población que no coinciden con su tendencia de supre-
macismo hindú.
Con su llegada al gobierno central y en un intento por moderarse,
Modi ha apelado a una retórica de integración, pero ésta no ha tenido
lugar en su gabinete, pues todos los ministros que ha nombrado perte-
necen al BJP. Entre los personajes designados están individuos polémicos
como Uma Bharti, quien participó activamente en la campaña por la
demolición de la mezquita del siglo XVI a manos de activistas hindúes en
la década de 1990 en Ayodhya. Aunado a lo anterior, la ministra de Asun-
tos de Minorías Najma Heptullah, nombrada por Modi, no inspiraba
mayor confianza debido a que afirmó que los musulmanes en India no
eran una minoría a pesar de que constituyen sólo 14 por ciento de la po-
blación.50 Esta consideración lesiona los derechos de los musulmanes al
ser considerados en dicha categoría social.

50 I. Ahmad, “Are India’s Muslims a Minority?”, Aljazeera English, 5 de junio de 2014, en http://
[Link]/indepth/opinion/2014/06/are-india-muslims-minority-2014631221
[Link] (acceso el 6 de junio de 2014).
163 Historia, sociedad y política en India contemporánea

El punto más preocupante es que no se trata de una hostilidad discur-


siva. La insensibilidad hacia las minorías y grupos marginados se hace
presente en el gobierno actual del BJP con hechos concretos. En Mumbai,
por ejemplo, donde 60 por ciento de la población vive en asentamientos
irregulares, la tendencia por parte del gobierno ha sido desplazar a esos
sectores de los lugares que habitan precariamente para desarrollar infraes-
tructura, pero sin dar solución al problema habitacional de los residentes
de estas zonas. Los moradores de Mandala, en Mumbai, un barrio paupe-
rizado habitado mayormente por musulmanes y dalits o intocables, se ha
aglutinado en torno al movimiento Ghar Bachao Ghar Banao (Salven la
Vivienda, Construyan Vivienda) para combatir el proyecto de desalojo al
que el BJP ha dado su aprobación, siendo omiso en la construcción de vi-
vienda social para los residentes de Mandala. De manera que si no se
trata de un sentimiento antiislámico, sí se advierte indiferencia hacia sec-
tores marginados, mismos que durante su administración en Gujarat
fueron relegados.51
Al completarse un año del gobierno de Modi en mayo de 2015, las
cifras parecen arrojar un positivo 7.3 por ciento en crecimiento del PIB.52
Sin embargo, la problemática principal es garantizar que los beneficios de
esas estadísticas optimistas se hagan extensivos a todos los sectores de la
población y no sólo a grupos privilegiados. En esto será importante obser-
var si la ruta que sigue el crecimiento continuará siendo trazada por em-
presarios y no por el gobierno, como ocurrió en las administraciones re-
gionales de Modi.
De todo lo anterior se puede referir que, aunque no hay un estilo de
gobierno distintivamente hindú, sí hay un aspecto esencial para ser obser-
vado y es, como ya se mencionó, la relación que un gobierno de esta ten-
dencia establece con sus ciudadanos, en particular con los que integran las
minorías culturales. En todo caso el historial de Modi con medidas polé-
micas que ha asumido en diversos momentos siembra desconfianza, como

51 J. Iqbal, “Homeless Fight for Their Rights in India’s Mumbai”, Aljazeera English, 13 de julio de
2015, en [Link]
[Link] (acceso el 13 de julio de 2015).
52 R. Pandhatil y K. Kadam, “Economy During Modi’s First Year as PM”, F. Business, 26 de mayo
de 2015, en [Link]
[Link] (acceso el 27 de julio de 2015).
164 Historia, sociedad y política en India contemporánea

la ley anticonversión —que buscó aprobar en 2003 para evitar las conver-
siones al islam y el cristianismo— o la expulsión de religiosas católicas que
brindaban sus servicios en el hospital de leprosos de Ahmedabad, o algo
más reciente, la omisión de la palabra “secular” de una versión de la Cons-
titución distribuida por el BJP. Dicha desconfianza descansa sobre bases
sólidas dado que en las administraciones regionales de Modi se ha regis-
trado un trato característico hacia las minorías musulmanas, uno de mar-
ginación, así como de confrontación abierta para esos sectores. Es por eso
que un aspecto imprescindible en su gestión debe ser la construcción de
relaciones equitativas con todos los sectores sociales, aunque no deben
dejar de demandarse otros factores que normalmente figuran en la agenda
ciudadana, como son el crecimiento económico, la rendición de cuentas y
la erradicación de las prácticas de corrupción. No obstante, sólo en la
medida en que se trate de un crecimiento incluyente se podrá entonces
hablar de un modelo económico paradigmático.

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Alternancia democrática en el sistema
de partidos y su influencia en la política exterior
Mario González Castañeda
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa
Departamento de Humanidades

El sistema de partidos en India está configurado para canalizar y garanti-


zar el pluralismo ideológico-político, social y cultural del país. Esas dos
premisas se instrumentalizan mediante la existencia de partidos naciona-
les y regionales.1 Este esquema promueve y alienta no solamente la con-
formación de alianzas políticas entre distintos actores, sino también la
creación de contrapesos para asegurar la alternancia democrática en el
poder. En la práctica, durante las primeras décadas del periodo posco-
lonial, el Partido del Congreso Nacional Indio (Partido del Congreso)
dominó la política, haciendo parecer a la alternancia como una posibi-
lidad inoperante. Paulatinamente, la alternancia arribó y ha sido efectiva
en más de una ocasión. El objetivo de este trabajo es ofrecer una explora-
ción descriptiva de las condiciones en las cuales ha tenido lugar la alter-
nancia política en India y su influencia en la política exterior. Para ello, el
análisis se divide en periodos; en cada uno se describe el contexto y las
1 Un partido asegura el estatus de “nacional” cuando obtiene el seis por ciento de votos válidos en
cuatro o más estados en las elecciones generales para la Lok Sabha (Cámara Baja o de Diputados
del Parlamento bicameral), o para alguna asamblea legislativa estatal, o al ganar al menos cuatro
asientos en la Lok Sabha en cualquier estado o estados. El estatus de “regional” se otorga cuando
se asegura el seis por ciento de los votos válidos emitidos en un estado en las elecciones genera-
les, ya sea para la Lok Sabha o la Asamblea Legislativa estatal. Election Commision of India,
“Press Note”, Nueva Delhi, Election Commission of India, 2000, s/p, en [Link]
press/current/[Link] (acceso el 2 de febrero de 2015). Los partidos que han conservado
históricamente su registro nacional son el Partido del Congreso Nacional Indio; Congreso Na-
cionalista; Partido Comunista de India; Partido Comunista de India (Marxista); Bharatiya Jana-
ta Party; Bahujan Samaj Party.
169 Historia, sociedad y política en India contemporánea

condiciones para la alternancia democrática y su posible influencia en la


política exterior.

El ciclo de dominación de partido único, 1947-1977

Durante el periodo 1947-1977, el sistema de partidos fue dominado por


el Partido del Congreso, sin llegar a tornarse en un régimen autoritario.
Esto es posible en razón de la propia configuración de la dominancia. En
la tipología de los sistemas de partidos desarrollada por Sartori se distin-
guen tres subtipos en donde un solo partido monopoliza el poder: 1) de
partido único; 2) de partido hegemónico y 3) de partido predominante.2
En el primero, no existen condiciones para el surgimiento de otros parti-
dos. En el segundo, se observa la presencia de más de un partido, pero no
tiene lugar la competencia: el sistema favorece a una sola organización.
Finalmente, en el tercero, no sólo existen varios partidos, sino también
están dadas las condiciones para la contestación del poder, es decir, la
competencia es real y, por tanto, la alternancia es posible. En este último
supuesto se ubica el periodo en cuestión.
La predominancia o dominación del Partido del Congreso se sustentó
en los siguientes factores: las divergencias internas de los partidos de opo-
sición, traduciéndose en su incapacidad por obtener un número suficien-
te de asientos en la Lok Sabha. Igualmente, la flexibilidad ideológica y
programática del Partido del Congreso supuso el acomodo de demandas
provenientes tanto de la izquierda como de la derecha. Por esa caracterís-
tica, Kothari denominó al Partido del Congreso como partido de consenso.
De acuerdo con su análisis, en un sistema de partido dominante compe-
titivo existen organizaciones contendientes desempeñando papeles disí-
miles: de consenso o de presión. Los partidos de presión son ubicados por
Kothari en el margen de presión. En el partido de consenso se encuentran
varias facciones actuando dentro de ese margen. Fuera de él “existen di-
versos grupos y partidos opositores, grupos disidentes del partido gober-
nante, así como otros grupos de interés e individuos importantes”.3 Dado

2 G. Sartori, Partidos y sistemas de partidos, Madrid, Alianza, 1980, p. 160.


3 R. Kothari, “The Congress ‘System’ in India”, Asian Survey, vol. 4, no. 12, 1964, p. 1162.
170 Historia, sociedad y política en India contemporánea

que no son una verdadera opción de cambio por sus propias características,
su papel es presionar, criticar e influenciar a las facciones contendientes
en el partido gobernante, a fin no sólo de acomodar sus intereses, sino tam-
bién sensibilizarlo políticamente. Finalmente, la estructura organizacional
vertical partidista permitió una correcta distribución de recursos, coop-
tando a la burocracia, los líderes sociales, los grupos empresariales, los
terratenientes y los intelectuales. El partido, por tanto, se convirtió en el
interlocutor entre las exigencias y las demandas de los distintos sectores
de la sociedad y el Estado.
Precisamente, dicha mediación pudo haberse reflejado, igualmente, en
el diseño de la política exterior india durante ese periodo en particular. En el
contexto de la Guerra Fría, el entonces primer ministro, Jawaharlal Nehru,
buscó posicionar a India como un interlocutor entre el bloque capitalista y
el bloque comunista, mediante la estrategia y la plataforma ideológica de la
no alineación. La no alineación partía del supuesto de que las fricciones
entre los dos bloques podrían ser contenidas si un país libre de cualquier
alianza o bloque, como India, desempeñaba el papel de mediador.4 La estrate-
gia fue vinculada con una plataforma ideológica fundamentada en la pro-
moción del desarme, la no proliferación nuclear y la coexistencia pacífica.
Diplomáticos y políticos estadounidenses encontraron en la no alinea-
ción de India una política extremadamente titubeante e inoperante para
la contención de la Unión Soviética; por ello, se incluyó a Pakistán en la
Organización del Tratado Central (CENTO, por sus siglas en inglés). El
CENTO, alianza militar formada en 1955, agrupaba al Reino Unido, Estados
Unidos, Turquía, Iraq e Irán, y tuvo como propósito tender un “círculo
sanitario” en contra del comunismo.
Ciertamente, el conflicto bipolar comenzó a influir en la política inter-
nacional. En la primera Conferencia Afroasiática de 1955 (Conferencia de
Bandung), India intentó asumir el liderazgo de los países participantes,
provocando un enfrentamiento con China. La postura india fue que la
conferencia no debía transformarse en un bloque, sino que se redactara
únicamente una declaración final. En tanto, la propuesta china fue que la
conferencia se constituyera en una alianza política para hacer contrapeso

4 I. Abraham, “From Bandung to NAM: Non-Alignment and Indian Foreign Policy, 1947-1965”,
Commonwealth & Comparative Politics, vol. 46, no. 2, 2008, pp. 195-219.
171 Historia, sociedad y política en India contemporánea

a Estados Unidos y a la Unión Soviética. La conferencia concluyó con una


declaración final y con el riesgo permanente de división.5 Posteriormente,
se creó el Movimiento de los Países No Alineados, al cual India se unió
con ciertas reticencias. La intención del movimiento fue la descolonización
de África y Asia, a la vez que se intentaba crear un tercer espacio en la
política internacional. Para India, esta conferencia representó, igualmente,
una valiosa oportunidad de convertirse en el principal —o en el único—
interlocutor entre los países capitalistas y los comunistas, permitiéndole
reforzar y consolidar su legitimidad internacional. Para China, el solo
hecho de participar en la mencionada conferencia significó la fragmenta-
ción del aislamiento internacional fomentado en su contra por Estados
Unidos. Asimismo, esa coyuntura le permitió ampliar su aceptación en la
sociedad internacional acrecentando su capacidad de acción y de libertad
de maniobra respecto de la Unión Soviética.
Por otro lado, la postura asumida por Nehru en la política internacio-
nal fue cuestionada desde sus inicios. Las críticas, realizadas por sectores
conservadores del Partido del Congreso y partidos nacionalistas, señala-
ban un predominante idealismo en los principios de la no alineación,
particularmente de la supuesta existencia de una moral internacional, a
partir de la cual el Estado indio habría de defenderse. Los cuestionamien-
tos se fueron incrementando, especialmente cuando la dirigencia china se
propuso recuperar Tíbet. A este respecto, el gobierno indio había decla-
rado desde 1947 que, aunque no tenía ningún interés territorial sobre
Tíbet, si pretendía continuar ejerciendo los derechos comerciales here-
dados del periodo colonial.6 Por lo tanto, el anuncio de la “liberación” de
Tíbet llevó a que el Ministerio de Defensa indio, el ala derecha del Parti-
do del Congreso, los partidos nacionalistas, y algunos intelectuales, pre-
sionaran al gobierno para disuadir o convencer a China a no realizar
dicha intervención. El Ministerio de Defensa indio consideraba la medi-

5 Véase J. Mackie, Bandung 1955: Non-Alignment and Afro-Asiatic Solidarity, Singapur, Didier
Millet, 2005, y G. Kahin, The Asian-African Conference: Bandung Indonesia, April 1955, Nueva
York, Cornell University Press, 1956.
6 Durante el periodo colonial, los británicos habían asegurado derechos para comerciar en esa
región del imperio chino. Cuando surgieron ciertas diferencias, los británicos entraron en nego-
ciaciones directas con el dalái lama. El hecho fue interpretado por los tibetanos como un indicio
de cierta autonomía y como un posible reconocimiento internacional. Véase S. Bhutani, A Clash
of Political Cultures: Sino-Indian Relations (1957-62), Nueva Delhi, Roli Books, 2004.
172 Historia, sociedad y política en India contemporánea

da como una acción beligerante, mientras que los últimos la calificaron


como la invasión de un Estado independiente y soberano. Pero en suma,
esos actores temían la pérdida de la influencia política india sobre esa
región. Como una solución pragmática a la presión política y a las críticas
en contra de su gobierno por no abogar por la causa tibetana en los foros
internacionales, Nehru ofreció sus buenos oficios a la dirigencia china
para que junto con los tibetanos pudieran encontrar una posible solución
a sus desacuerdos. A finales del mes de agosto de 1950, las medidas toma-
das por China indicaban que la campaña de liberación de Tíbet ya no era
sólo una intención manifiesta; por el contrario, se estaba transformando
en una realidad. En octubre de 1950, las fuerzas armadas chinas entraron
a Tíbet, haciéndose del control de Lhasa, la capital.
A pesar de que la década de los cincuenta es conocida como los años
del “hindi-chini bhai” (indios y chinos son hermanos),7 es decir, de frater-
nidad y solidaridad, en realidad es el periodo en el cual los desencuentros
y la tensión entre India y China se fueron incrementado progresivamente.
El gobierno indio otorgó asilo político al líder político-espiritual tibetano,
dalái lama, y permitió el establecimiento del denominado gobierno en el
exilio en su territorio. El punto más álgido se alcanzó a principios de 1962.
La dirigencia china construyó una carretera más allá de la Línea McMahon,
frontera disputada por China, pero reconocida por India. Durante varios
meses se registraron escaramuzas entre los dos ejércitos en la zona, hasta
el mes de octubre, cuando se declaró oficialmente el estado de guerra. En
noviembre de ese año, el gobierno chino unilateralmente declaró el cese al
fuego. Así, la no alineación fue sometida a un severo proceso de autocrí-
tica como estrategia de política exterior. De hecho, grupos opositores,
incluido un sector del Ministerio de Defensa y el presidente de la Comisión
de Energía Atómica de India (CEA), Homi Jehangir Bhabha, comenzaron
a contemplar la posibilidad de que el país iniciara no sólo la compra de
equipos militares, sino también reforzar económicamente el programa
nuclear indio sin excluir su vertiente bélica.8

7 Eslogan acuñado por el gobierno indio en el marco de la primera visita a India del primer mi-
nistro chino, Zhou Enlai, en 1954.
8 El programa nuclear indio data de mediados de los años cuarenta, cuando se formalizan las
investigaciones de física cuántica en institutos especializados financiados por el aún Estado
colonial. Es un proyecto cuyo objetivo se ha complejizado paulatinamente en razón del contexto
173 Historia, sociedad y política en India contemporánea

El escenario político nacional arriba descrito fue cambiando hacia


finales de la década de los años sesenta, y es aquí cuando surge por pri-
mera vez la posibilidad de la alternancia. Por un lado, el desempeño
electoral del Partido del Congreso se vio mermado en varios estados, ya
sea por el triunfo de un partido regional (Tamil Nadu, partido DMK) o la
coalición de varias fuerzas políticas regionales y nacionales (por ejemplo,
en Kerala, el Partido Comunista de India encabezó al Frente Unido). Ello
evidenció el trascendental papel de los partidos regionales en el sistema
en los años por venir.
Por otro lado, el Partido del Congreso atravesó por un periodo de
crisis interna, provocado por las diferencias entre las facciones más jóvenes,
radicales y socialista del partido, con las facciones tradicionales y conser-
vadoras, opuestas a cualquier cambio político. La crisis fue igualmente
estimulada por la lucha por el control del partido entre la entonces prime-
ra ministra, Indira Gandhi, y los liderazgos tradicionales agrupados en el
llamado “sindicato” (syndicate). Por ello, Indira Gandhi empleó una estra-
tegia política muy bien diseñada e instrumentada para liberar a su gobier-
no de la influencia del “sindicato” y reposicionarse en el aparato del parti-
do: la campaña garibi hatao (desterrar a la pobreza). Con ella estableció
una relación personal con el electorado —algo inédito—, particularmente
con los musulmanes, las castas bajas y los pobres. De esa forma, logró
obtener la mayoría parlamentaria en las elecciones de 1971, y la crisis del
partido concluyó con su escisión.
El liderazgo de Indira Gandhi transformó la forma de hacer política
en India. El poder y el respaldo otorgado por las “mayorías populares” la
llevaron a centrar el proceso de toma de decisión del país y del partido en
su persona. Durante su primer gobierno (1971-1976), Indira seleccionó a

político. Inició con una justificación científico-económica: la generación de electricidad; sin


embargo, los científicos involucrados se marcaron la meta de demostrar su capacidad de gene-
ración y manejo de tecnología “moderna”. Dada la ineficacia en la producción de energía eléc-
trica, los científicos han empleado la amenaza militar de China y Pakistán como argumento para
la supervivencia del programa. Para ampliar el análisis, se recomienda revisar: I. Abraham, The
Making of the Indian Atomic Bomb. Science, Secrecy and the Postcolonial State, Londres, Zed Books,
1998; G. Perkovich, India’s Nuclear Bomb, Berkeley, University of California Press, 1999; S. Sagan,
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Castañeda y Bárbara Bavoleo, “Atomizando a la nación: la energía nuclear en el discurso de la
nación de India”, Memoria y Sociedad, vol. 14, no. 29, 2010, pp. 125-142.
174 Historia, sociedad y política en India contemporánea

los candidatos de su partido a la Lok Sabha, a las gubernaturas y a las


asambleas locales, suspendiendo así las elecciones internas. La estructura
del partido, paulatinamente, se fue desinstitucionalizando. En palabras de
Lloyd Rudolph y Susanne Rudolph, “esto marca el inicio de la política
plebiscitaria y personal, y la desaparición de la mediación política”.9
La conducción de la política exterior también cambió a lo largo de su
gobierno. La plataforma ideológica de la no alineación no sufrió modifi-
cación alguna, pero ésta se reinterpretó y ejecutó de forma muy distinta.
El resultado fue un considerable acercamiento político-diplomático y
comercial con la Unión Soviética (una relación calificada como “especial”,
según la propia Indira Gandhi), distanciándose de Estados Unidos. Ade-
más, le puso fin a la abstinencia militar, iniciándose un proceso de compra
de armamento. El excesivo protagonismo en los asuntos nacionales tam-
bién se proyectó en el ámbito regional. India intervino en el conflicto pa-
kistaní de 1970-1971, cuyo resultado fue la creación de Bangladesh en 1971
y la posterior firma de los Acuerdos de Shimla (1972), en los cuales se
estableció que la llamada “línea de control” sería reconocida paulatina-
mente como la frontera internacional.
Finalmente, India ensayó su primer artefacto nuclear en 1974. El even-
to, calificado oficialmente como pacífico, suscitó no sólo el rechazo inter-
nacional, sino también un conjunto de cuestionamientos en torno al
compromiso de India respecto del régimen internacional de la no prolife-
ración nuclear. De hecho, esos cuestionamientos empezaron a surgir desde
finales de la década de los años sesenta, cuando se negociaba la firma del
Tratado para la no Proliferación Nuclear. En los debates, India se opuso
abiertamente a la creación de un régimen internacional para la limitación
de la energía nuclear, bajo el argumento de que el tratado discriminaba
entre Estados poseedores y no poseedores,10 y sólo otorgaba derechos a los
poseedores para seguir empleando la tecnología nuclear con fines pacíficos
(proliferación vertical), mientras que a los no poseedores les imponía la
obligación de no adquirir, desarrollar ni producir energía atómica (proli-

9 Rudolph y Rudolph, citados A. Dey-Sharma, “The Party System: National”, Politics India. The
State-Society Interface, Nueva Delhi, South Asian Publishers, 2004, p. 52.
10 El tratado reconoce como Estados poseedores de armamento nuclear únicamente a aquellos
que hubiesen realizado un ensayo hasta antes de 1968, éstos son Estados Unidos, Rusia (antes
Unión Soviética), Gran Bretaña, Francia y China.
175 Historia, sociedad y política en India contemporánea

feración horizontal). El tratado se firmó en 1968; India declinó firmarlo,


poniendo en entredicho su posición en contra del arma nuclear.

La alternancia 1977-1979

A principios de 1975, el personalísimo estilo de gobernar de Indira Gandhi


la enfrentó con diversos sectores de la sociedad. Algunos de ellos organi-
zaron movimientos sociales,11 hubo varias protestas estudiantiles, así como
huelgas (de singular importancia la del sector ferroviario en 1974). El pa-
norama político se agravó aún más por la crisis económica generada por
el incremento de los precios del petróleo y de los insumos básicos, así como
por el desempleo. La situación se volvió insostenible para el gobierno; por
ello, el 26 de junio declaró el estado de emergencia. La justificación em-
pleada por Indira Gandhi argüía “la existencia de una amenaza a la segu-
ridad nacional, además de la alteración del orden público”. En el estado de
emergencia (1975-1977), se suspendieron los derechos civiles; los líderes
más importantes de la oposición fueron arrestados y se censuró a los me-
dios de comunicación.12 Asimismo, la implementación de “veinticinco
medidas” representó gobernar por decreto.13
Es aquí donde el retorno a la democracia y la alternancia tuvieron
lugar. En las elecciones de 1977, una coalición de fuerzas políticas, miem-
bros disidentes del Partido del Congreso, así como de adversarios políticos
al régimen de Indira Gandhi, decidieron presentarse a los comicios coali-
gados en el Janata Party, cuya plataforma política se puede resumir en la
frase: “fuera Indira”. Los votantes dieron el triunfo al Janata Party, y los

11 El de mayor relevancia por su estrategia gandhiana fue el encabezado por Jaiprakash Narayan,
véase P. N. Dhar, Indira Gandhi, the “Emergency” and Indian Democracy, Nueva Delhi, Oxford
University Press, 2000.
12 De acuerdo con el reporte de la Comisión Shah, nombrada para investigar los excesos cometi-
dos por el gobierno durante el estado de emergencia, cerca de once mil personas fueron dete-
nidas y encarceladas a lo largo de todo el país, algunas fueron torturadas durante su estancia en
las prisiones (A. Lal, “40 Years on, Those 21 Months of Emergency”, The Indian Express, Nueva
Delhi, s/p, 2015, en [Link]
months-of-emergency/ (acceso el 20 de julio de 2015).
13 El controversial plan de gobierno incluyó la esterilización forzada de mujeres; para un excelen-
te análisis del estado de emergencia, véase P. N. Dhar, Indira Gandhi...
176 Historia, sociedad y política en India contemporánea

resultados de esas elecciones significaron la primera derrota electoral del


Partido del Congreso a nivel nacional.
El gobierno Janata tuvo una corta duración (1977-1979), en razón de
la falta de cohesión, las pocas convergencias programáticas y la lucha por
el liderazgo entre las distintas fuerzas integrantes del propio partido. Sin
embargo, implementó varias medidas con repercusiones posteriores, por
ejemplo, se nombró a la Comisión Mandal, con el objeto de reestructurar
el sistema de cuotas14 y comenzaron los acercamientos políticos y diplo-
máticos con Estados Unidos y China.15

Coaliciones y alternancia rutinarias, 1980-2014

Este primer ejercicio de alternancia democrática terminó con el regreso


del Partido del Congreso en 1980, pero no con mayoría parlamentaria y sí
con una estructura sensiblemente reducida. De hecho, la década de los
años ochenta representó un periodo de transición, originado por el pau-
latino declive electoral del Partido del Congreso; la reformulación ideoló-
gica del Bharatiya Janata Party (BJP), el Tercer Frente (coalición de partidos
regionales); la restructuración de los partidos a nivel nacional y regional,
y los consecuentes cambios en las bases de los partidos.16
La reformulación ideológica de los partidos políticos no influyó en el
diseño de la política exterior. De hecho, el gobierno de Rajiv Gandhi17 se
caracterizó por la continuidad de la no alineación, pero las contradicciones
aún eran persistentes. La continuidad discursiva a la no proliferación
nuclear, por ejemplo, era concomitante con el apoyo al desarrollo de ojivas
atómicas. De hecho, a pesar de que el gobierno consideraba que el pro-

14 El sistema garantiza un número determinado de asientos en la Lok Sabha y de matrículas en las


universidades públicas a ciertos grupos reconocidos en la Constitución como Other Backward
Class (OBC).
15 El entonces ministro de Asuntos Externos, Atal Bihari Vajpayee, realizó la primera visita de un
alto funcionario indio a Beijing desde el conflicto militar, aunque ésta se vio opacada por los
bombardeos chinos sobre Vietnam, considerado un aliado de India.
16 A. Dey-Sharma, op. cit., p. 56.
17 Del Partido del Congreso, fue electo primer ministro de 1980 a 1989, tras el asesinato de su
madre, Indira Gandhi, en 1980. Rajiv tenía muy poca experiencia política, debido a su poco
interés en los asuntos públicos.
177 Historia, sociedad y política en India contemporánea

grama nuclear no estaba generando la cantidad de energía eléctrica proyec-


tada para abastecer las necesidades del país, se autorizó su extensión y, además,
el desarrollo de un programa balístico para poder desplegar el arsenal ató-
mico.18 Asimismo, se apoyó la convocatoria a una conferencia internacional
encargada de prohibir totalmente los ensayos nucleares.
En los foros internacionales se denunciaron las intervenciones extran-
jeras en otros países y, sin embargo, India intervino militarmente en Sri
Lanka y las islas Maldivas. En el primer caso, las presiones internas19 pro-
piciaron que el gobierno indio enviara un cuerpo de pacificadores indios
al país, con el fin de derrotar a los separatistas tamiles, quienes demanda-
ban la creación de un Estado independiente. En el segundo, también se
enviaron tropas del ejército indio para hacer retornar al poder a un grupo
político afín a los intereses indios. Finalmente, Rajiv Gandhi realizó la
primera visita de estado a China desde 1962, restableciendo las relaciones
políticas y diplomáticas entre los dos países. Durante la visita (1988), se
creó una comisión binacional de nivel ministerial encargada de encontrar
una solución al diferendo fronterizo. Igualmente, hubo un mayor acerca-
miento con Estados Unidos.
El legado del ciclo de dominación del Partido del Congreso, hacia el
final de la década de los ochenta, reviste una importancia trascendental
no sólo en términos de la calidad democrática del sistema de partidos, sino
también en términos sociales y culturales. Kohli ofrece un ilustrativo aná-
lisis al respecto:

La fotografía que emerge es de una democracia funcionando dentro de


los márgenes de una sociedad multinacional y una economía pobre. Es
una fotografía de una democracia bajo considerable tensión. La demo-
cracia india está maltrecha por el incremento de las demandas de una
variedad de grupos sociales politizados. Además, las normas de la demo-
cracia han sido debilitadas por los líderes, quienes no dan valor a los lí-
mites al poder personal impuestos por las instituciones. Las presiones

18 G. Perkovich, op. cit.


19 Algunos líderes políticos del estado de Tamil Nadu consideraban que India estaba obligada a
ayudar militarmente a la minoría tamil en su conflicto con el Estado de Sri Lanka. Ante la ne-
gativa del gobierno central, los separatistas tamiles establecieron campos de entrenamiento en
algunas zonas del estado; véase S. Krishna, Postcolonial Insecurities India, Sri Lanka, and the
Question of Nationhood, Nueva Delhi, Oxford University Press, 2002.
178 Historia, sociedad y política en India contemporánea

dentro del Estado y de la sociedad, igualmente, han contribuido a la


emergencia de un gobierno personalizado e ineficaz, así como a la vio-
lencia y a la corrupción en la vida política.20

La sociedad, el ejército y la burocracia estaban peligrosamente poli-


tizados y radicalizados, particularmente por la sobreexposición de asun-
tos concernientes a la relación entre hinduistas y otras religiones,21 los casos
de corrupción22 y el empleo del ejército en asuntos nacionales e inter-
nacionales.23
Iniciados los años noventa, la democracia india transitó de un sistema
de dominación de un solo partido a uno multipartidista con bases regio-
nales.24 El Frente Nacional no sólo fue el primer gobierno de coalición en
esta nueva etapa de la democracia india, sino también la primera alianza
integrada mayoritariamente por partidos regionales. Sin embargo, las di-
vergencias entre los distintos liderazgos llevaron a una crisis, agravada por
las movilizaciones sociales en algunas partes del país a causa del intento
por aplicar las recomendaciones de la Comisión Mandal. El resultado fue
la convocatoria anticipada de elecciones generales. Este intento fallido de
gobierno coaligado hizo evidente, para algunos politólogos y académicos,
la inoperancia de un sistema de partidos con bases regionales. Por ello, el
BJP, partido supremacista hindú, comenzó a ser visto por el electorado
como una alternativa política nacional.

20 A. Kohli, “India’s Democracy under Rajiv Gandhi, 1985-1989”, en A. Kohli, India’s Democracy,
Princeton, Princeton University Press, 1988, p. 305.
21 El caso Shah Bano, mujer musulmana divorciada y solicitante de pensión alimentaria, reactivó
el debate sobre la derogación de las llamadas Personal Laws y la creación de un código civil
uniforme, véase F. Agnes, “The Supreme Court, the Media and the Uniform Civil Code Debate
in India”, The Crisis of Secularism in India, Durham, Duke University Press, 2003, pp. 294-315.
22 El de mayor alcance en términos mediáticos y políticos para la trayectoria de Rajiv Gandhi fue
el caso Bofors, empresa sueca de insumos militares ganadora de un contrato de compraventa
de armas para el ejército indio; la asignación fue conseguida por el pago indebido de dinero a
uno de los más cercanos colaboradores del primer ministro, véase R. Vohra, The Making of
India. A Historical Survey, Armonk (Nueva York), M. E. Sharpe, 1997.
23 El ejército fue desplegado en el estado indio de Jammu y Cachemira. También, se puede citar la
movilización de tropas en zonas de litigio internacional con Pakistán y China. Esta acción no fue
avisada a los respectivos gobiernos, provocando una escalada militar en ambos casos, véase S.
Wolpert, A New History of India, Nueva York, Oxford University Press, 2009, y G. Perkovich, op. cit.
24 A. Dey-Sharma, op. cit.
179 Historia, sociedad y política en India contemporánea

La debacle del Frente Nacional permitió al Partido del Congreso go-


bernar en minoría (1991-1996). El gobierno encabezado por Narasimha
Rao25 enfrentó una severa crisis financiera provocada por un déficit en la
balanza de pagos y el retorno de trabajadores indios al inicio de la prime-
ra guerra del Golfo Pérsico. El resultado fue la liberalización de la econo-
mía: la rupia se devaluó; se desmanteló el sistema de licencias;26 se priva-
tizó a la mayoría de las empresas públicas,27 y se disminuyeron las
restricciones a la inversión directa nacional y extranjera. En el ámbito
internacional, este gobierno sometió a la política exterior a un trascenden-
tal debate. La Guerra Fría había concluido, y la ideología de la no alineación
perdió su razón de ser. En este escenario de reconfiguración geopolítica e
ideológica fue necesario replantear las relaciones internacionales de India,
así como sus alcances políticos y económicos. En suma: (re)definir su es-
tatus internacional. Baldev Raj Nayar y T. V. Paul mencionan que:

Los elementos más importantes de la [nueva] estrategia [de la política


exterior] fueron desarrollar una relación positiva con las grandes poten-
cias, renunciar a la provocación y a la confrontación en su trato, resolver
los problemas bilaterales de una manera práctica mediante la identifica-
ción de áreas de entendimiento como la base para la construcción de
mutuas y benéficas relaciones, y evitar una postura ideológica-moral en
los temas de prioridad.28

El gobierno de Rao fue sucedido, nuevamente, por un gobierno coali-


gado: el del Frente Unido (1996-1998), integrado por partidos regionales
y nacionales. El Frente Unido fue inestable, teniendo dos primeros minis-

25 Ocupó varios ministerios durante los gobiernos de Indira Gandhi y Rajiv Gandhi. El asesinato
del último durante la campaña electoral de 1989 y el rechazo de su viuda, Sonia Gandhi, a in-
tegrarse a la política provocaron una crisis de liderazgo partidista. Se consideró que la única
figura experimentada, con reconocimiento popular y con el liderazgo necesario para cohesionar
al partido era Narasimha Rao.
26 Este sistema limitaba o ampliaba la participación privada en el mercado con el fin de evitar la
formación de monopolios u oligopolios; sin embargo, el otorgamiento de permisos estuvo su-
peditado a intereses políticos y económicos particulares, provocando corrupción, véase P. N.
Dhar, Evolution of Economic Policy in India, Nueva Delhi, Oxford University Press, 2003.
27 Los ferrocarriles, la generación de energía nuclear y la producción de insumos militares per-
manecen como monopolios estatales.
28 B. R. Nayar y T. V. Paul, India in the World Order. Searching for Major-Power Status, Cambridge,
Cambridge University Press, 2003, pp. 201-209.
180 Historia, sociedad y política en India contemporánea

tros: H. D. Deve Gowda e I. K. Gujral, ambos duraron un año en el cargo


respectivamente. El Frente Unido se planteó cambiar el manejo y conduc-
ción de la política exterior, particularmente en la región. Resultó impres-
cindible transformar la imagen nuclearizada, intervencionista y de intran-
sigencia proyectada por India a sus estados vecinos. Se debía fomentar un
mejor entendimiento a través del diálogo y el establecimiento de nuevos
vínculos políticos, económicos, comerciales y culturales. El entonces mi-
nistro de Relaciones Exteriores, I. K. Gujral, sintetizó este nuevo enfoque:

La política de vecindad del gobierno del Frente Unido ahora descansa en


cinco principios: primero, con países como Nepal, Bangladesh, Bhután,
las Maldivas y Sri Lanka, India no les pide reciprocidad sino les ofrece
todo lo que puede de buena fe y con confianza. Segundo, ningún país del
Sur de Asia permitirá que su territorio sea utilizado en contra del interés
de otro de la región. Tercero, nadie interferirá en los asuntos internos del
otro. Cuarto, todos los países del Sur de Asia deberán respetar la integri-
dad territorial y la soberanía de cada uno. Y finalmente, todos resolverán
sus disputas por medio de negociaciones bilaterales pacíficas. Estos cin-
cos principios observados escrupulosamente, transformarán, creo yo, la
relación del Sur de Asia, incluyendo la tormentosa relación entre India
y Pakistán, volviéndola amistosa y cooperativa.29

Este aparente nuevo acercamiento político-diplomático con los países


de la región no fue una alternativa a la conducción de la política exterior
india, de hecho, se fundamentó en sus principios tradicionales y bajo el
mismo esquema de resolución de problemas, es decir, en el ámbito bilateral.
En estas oscilaciones políticas, deben resaltarse tres temas. El prime-
ro de ellos es la retórica nacionalista del BJP. El hinduvta, ideología elitista
definida sobre la base de la tradición hinduista de las castas superiores,
es un proyecto político homogeneizador, vertical y excluyente. Es homo-
geneizador de los hinduistas; vertical en tanto que distingue entre castas
superiores y castas inferiores, y excluyente de los grupos sociales no per-
tenecientes al hinduismo. Esta plataforma político-electoral fue cada vez
más atractiva para más sectores de la sociedad por ser distinta a la de otros
partidos nacionales y regionales, y novedosa por su planteamiento de un
29 I. K. Gujral, citado en C. Raja Mohan, Crossing the Rubicon. The Shaping of India’s New Foreign
Policy, Nueva York, Palgrave, 2003, p. 241.
181 Historia, sociedad y política en India contemporánea

gobierno de la mayoría hinduistas para la mayoría hinduista.30 El segun-


do tema a destacar es el resultado de la liberalización económica: creci-
miento acelerado y sostenido, pero también el incremento de la dispari-
dad social.31 El tercero, Atal Bihari Vajpeyee, candidato del BJP para el
cargo de primer ministro, fue uno de los pocos en reactivar el debate
público nuclear durante las campañas electorales de 1996 y 1998. Vajpeyee,
abiertamente a favor de las armas nucleares, aseguró en ambas ocasiones
que de ganar las elecciones autorizaría la realización de más ensayos nu-
cleares para demostrar la superioridad de India en la política internacio-
nal.
La consolidación del sistema multipartidista con bases regionales se
da en las elecciones de 1998 con el triunfo de la Alianza Nacional Demo-
crática (National Democratic Alliance, NDA), encabezada por el BJP y otros
partidos nacionales y regionales afines a su plataforma política. Una de las
primeras decisiones tomadas por el nuevo primer ministro, Atal Bihari
Vajpeyee, fue la autorización de cinco ensayos nucleares, realizados entre
el 11 y el 13 de mayo, en Pokharan, Rajasthán. Con estos ensayos, el go-
bierno del BJP concluyó la postura nuclear ambivalente del Estado indio,
formalizando el diseño de una política nuclear, pero al mismo tiempo,
afirmándola como un instrumento coadyuvante en el ejercicio de la polí-
tica exterior.
Las relaciones político-diplomáticas entre India y China se vieron se-
veramente deterioradas tras la realización de esas pruebas. El gobierno del
BJP utilizó un discurso nacionalista para contrarrestar la condena interna-
cional. Esa estrategia fue articulada por el círculo más cercano de colabo-
radores del gobierno,32 quienes vaticinaron el rechazo generalizado de la

30 P. S. Gosh, BJP and the Evolution of Hindu Nationalism, Nueva Delhi, Manohar Publisher, 2001;
T. Hansen, The Saffron Wave: Democracy and Hindu Nationalism in Modern India, Princeton,
Princeton University Press, 1999; C. Jaffrelot y T. Hansen (eds.), The BJP and the Compulsions
of Politics in India, Nueva Delhi, Oxford University Press, 2001; Y. K. Malik, Hindu Nationalism
in India. The Rise of Bharatiya Janata Party, Boulder (Colorado), Westview Press, 1994, y C.
Jaffrelot (ed.), Hindu Nationalism: A Reader, Princeton, Princeton University Press, 2007.
31 A. Panagariya, “India: A Global Economic Power? Revisiting The Past and Contemplating the
Future”, Journal of International Affairs, vol. 64, 2011, pp. 197-212, y C. Upadhya, “Imagining
India: Software and the Ideology of Liberalization”, South African Review of Sociology, vol. 40,
no. 1, 2009, pp. 76-93.
32 El ministro de Defensa, George Fernandes, y el ministro de Asuntos Externos, Jaswant Singh.
182 Historia, sociedad y política en India contemporánea

sociedad internacional por las pruebas nucleares, además de posibles san-


ciones económicas, especialmente, de Estados Unidos. Precisamente, se
buscó obtener el apoyo de Estados Unidos, justificando la realización de
los ensayos por la amenaza militar que China representa para India.
La dirigencia china rechazó enérgicamente las acusaciones de India y
condenó las pruebas nucleares por debilitar el régimen internacional de
no proliferación nuclear. Asimismo, canceló la decimoprimera reunión del
Grupo de Trabajo Conjunto (GTC) a celebrarse ese año en Beijing. A lo
largo de ese año, igualmente, fueron suspendidos todos los contactos al
más alto nivel. Todos esos eventos permitieron entrever un cambio radical
de los esquemas de seguridad de la región, producto del aumento de la
interacción política entre China e India, pero también un cambio forzado
de la percepción que China tenía sobre India, el cual comenzó a gestarse
desde el final de la década de los años ochenta. El liderazgo chino se en-
contró sorprendido y conmocionado porque India había puesto en peligro
el proceso de reconciliación y el renovado diálogo y entendimiento entre
los dos países. De igual forma, las acusaciones del gobierno indio pusieron
en riesgo las negociaciones para resolver el diferendo de la frontera. Más
aún, las pruebas nucleares obligaron a la dirigencia china a darse cuenta,
de forma abrupta, de la nueva realidad de India, es decir, de un país cuya
economía crecía de forma acelerada; de un país que adquiría mayor “visi-
bilidad” internacional, y de un país que se encaminaba a consolidarse como
polo tecnológico, especialmente, en la industria de la información. La
nueva imagen de India contrastaba con aquella de la década de los años
cincuenta y finales de los setenta, en donde se percibía a India como un
Estado burgués, con limitada autonomía y títere de los intereses imperia-
listas, ya sea de Estados Unidos o de la Unión Soviética. La dirigencia
china atestiguaba así el final del siglo XX, considerado el siglo de China, al
lado de India, cada vez más tecnologizada.
La NDA concluyó, por primera vez en la historia de los gobiernos coa-
ligados, el periodo normal de cinco años, pero con un controversial lega-
do: la severa radicalización de la política y la sociedad, con funestas con-
secuencias.33 Con la intención de ganar las elecciones generales de 2004,

33 Quizá el evento más evidente sea el asesinato de peregrinos musulmanes a manos de militantes
del BJP, en el estado de Gujarat, en 2002.
183 Historia, sociedad y política en India contemporánea

el BJP y sus aliados organizaron una campaña política a partir, precisa-


mente, del éxito económico: India shining (India resplandeciente). La
estrategia se dirigió a las clases medias urbanas. Por su parte, el Partido
del Congreso, bajo el liderazgo de Sonia Gandhi, se centró en el aam aad-
mi (el hombre común) o las “clases populares”, quienes no tenían cabida
en esa India resplandeciente.
El electorado prefirió al Partido del Congreso y sus aliados de coalición:
la Alianza Progresista Unida (United Progressive Alliance, UPA). La UPA
fue conformada por varios partidos regionales seculares, quienes negocia-
ron la creación de un Programa Común Mínimo (PCM). La firma del
documento significó el respaldo parlamentario del Left Front (Partido
Comunista de India, Partido Comunista de India-Marxista, Partido So-
cialista Revolucionario) y del Samajwadi Party y Bahujan Samaj Party, sin
integrarse al gobierno coaligado. Asimismo, Sonia Gandhi, presidenta del
Partido del Congreso, decidió no asumir el cargo de primer ministro, de-
signando a Manmohan Singh para el cargo. La UPA se mantuvo en el poder
por dos periodos consecutivos (2004-2009 y 2009-2014).
Los partidos regionales, por otro lado, han incrementado su partici-
pación en la política nacional en los tres últimos gobiernos. Esto se tradu-
ce, en la práctica, en el establecimiento de nuevos términos en la relación
centro-estados sin las complicaciones inherentes a una reforma constitu-
cional, pero también representa la supeditación de la agenda nacional a
intereses extremadamente particulares, generando a su vez periodos im-
portantes de inestabilidad política.
El triunfo del Partido del Congreso y sus aliados en las elecciones
generales de 2009 generaron varios mitos. Se argumentó que el voto ma-
yoritario de los jóvenes llevó a la victoria de la alianza. Se dijo que la
participación de Rahul Gandhi, hijo de la presidenta del partido, eviden-
ciaba el cambio generacional en el partido y en el gobierno, generándose
una opción más atractiva para las juventudes del país. Paradójicamente,
ese grupo de la sociedad no contribuyó significativamente a la reelección.
De hecho, fueron los menos entusiastas en apoyar un segundo gobierno
de la UPA. Entonces, ¿habrá sido la operación de sus políticas para el
combate a la pobreza? Tanto los programas gubernamentales enfocados
a aliviar las condiciones específicas de los más pobres en la zonas rurales
184 Historia, sociedad y política en India contemporánea

como aquellos destinados a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos


sin distingo de su perfil demográfico abonaron de manera parcial al triun-
fo en la urnas. “El gobierno, liderado por el Partido del Congreso en Nue-
va Delhi, también reforzó su gasto en iniciativas contra la pobreza con
numerosas leyes, las cuales beneficiaron parcial o totalmente, a los grupos
más pobres [por ejemplo] la Ley de Información de 2005, la Ley para la
Protección de las Mujeres de la Violencia Doméstica de 2005, y la Ley
Forestal de 2006”.34 Si a esas iniciativas se suman otros programas/esque-
mas (las comidas de mediodía [mid-day meals], la campaña de higiene, y
el esquema de empleo rural nacional), entonces, se infiere que, en efecto,
los grupos más marginados de la sociedad y beneficiarios de esos progra-
mas fueron determinantes en las elecciones. Sin embargo, después de
analizar las cifras oficiales de los comicios por estratos económicos, Manor
concluye que dicho planteamiento es cierto no sólo para el Partido del
Congreso, sino también para otros partidos. “Las cifras, asimismo, mues-
tran que en la medida en que se asciende de estrato económico, los votos
para el Partido del Congreso se incrementan ligeramente.”35 El programa
Mid-day Meals (MDM), implementado por el NDA, pero adoptado y adap-
tado por la UPA como política educativa, también representó un papel
significativo en el éxito electoral. El programa en realidad fue una senten-
cia dictada por la Suprema Corte de India (2005), producto de una petición
presentada por organizaciones no gubernamentales.36
En materia educativa, es relevante resaltar las implicaciones y el signi-
ficado que tuvo para el sistema de instrucción pública la reinstalación del
National Council for Educational Research and Traning (NCERT). La NDA
no eliminó dicho organismo, pero tampoco renovó su mandato, llevando
así a la creación de un ente especializado en la producción de libros de
texto. Por ello, una de las primeras acciones del NCERT fue revisar, precisa-
mente, los libros empleados en el sistema educativo público, a fin de en-

34 J. Manor, “Did the Central Government’s Poverty Initiatives Help to Re-elect it?”, en L. Sáez y
G. Singh (eds.), New Dimensions of Politics in India: The United Progressive Alliance in Power,
Londres, Routledge, 2012, p. 17.
35 J. Manor, op. cit., p. 19.
36 S. Fennell, “Educational Exclusion and Inclusive Development in India”, en L. Sáez y G. Singh
(eds.), New Dimensions of Politics in India: The United Progressive Alliance in Power, Londres,
Routledge, 2012, p. 42.
185 Historia, sociedad y política en India contemporánea

mendar la saffronisation de la educación.37 Es oportuno resaltar que los


incidentes de Gujarat de 2002 pudieron haber sido influidos por la alta
polarización de la sociedad hacia otros grupos religiosos, particularmente
el de musulmanes, producto de ese discurso supremacista propagado en las
aulas. De hecho, se nota una evidente mejoría para las minorías religiosas
tras el regreso del Partido del Congreso al poder. El hecho de que el gobierno
haya creado el Comité Sachar, según Wilkinson, evidencia su compromiso
no sólo por mejorar las condiciones de vida de las minorías, sino también
por garantizar su acceso a la educación.38 No obstante, las recomendaciones
del comité, como las de otros tantos comités y comisiones, no han sido
implementadas mediante los esquemas planteados y sugeridos.
El acceso a la educación durante los dos gobiernos de la UPA se vincu-
la con uno más amplio: la discriminación positiva. Históricamente, el
Partido del Congreso ha tenido una posición muy poco favorable a la
creación de cuotas para minorías religiosas. Sin embargo, Bajpai, identifi-
ca un cambio en la ideología del partido y, por tanto, de la alianza que
encabezó. Bajpai llega a esta conclusión a partir de un escrupuloso análisis
de los debates legislativos. El autor compara la posición del Partido del
Congreso respecto del reporte de la Comisión Mandal y el debate de 2005
para la creación de cuotas educativas para las OBC. Bajpai señala que, en
el primer caso, la renuencia a favorecer dichos esquemas se centró en la
eficacia de las cuotas basadas en la identidad como verdadero mecanismo
de justicia social.39
La política exterior también pasó por un importante periodo de tran-
sición entre los gobiernos de la NDA y la UPA. Un importante grupo de
diplomáticos, estrategas, especialistas y políticos estimaron de suma im-
portancia abandonar la retórica tercermundista del Estado indio y diseñar

37 G. Singh, “UPA and Secularism”, en L. Sáez y G. Singh (eds.), New Dimensions of Politics in India:
The United Progressive Alliance in Power, Londres, Routledge, 2012, p. 58. El neologismo polí-
tico en inglés saffronisation captura y explica ampliamente la instrumentalización de la política
nacionalista y supremacista realizada por el BJP, la cual ha buscado que el Estado indio adopte
estrategias sociales basadas en la glorificación de la historia y la herencia cultural hindú, mien-
tras se minimizan los recientes legados islámico y cristiano en India.
38 S. Wilkinson, “The UPA and Muslims”, en L. Sáez y G. Singh (eds.), New Dimensions of Politics
in India: The United Progressive Alliance in Power, Londres, Routledge, 2012, pp. 68-78.
39 R. Bajpai, “Social Justice and Affirmative Action”, en L. Sáez y G. Singh (eds.), New Dimensions
of Politics in India: The United Progressive Alliance in Power, Londres, Routledge, 2012, pp. 79-96.
186 Historia, sociedad y política en India contemporánea

una política más asertiva de las aspiraciones internacionales del país.


También se consideró indispensable desplegar una diplomacia marcada-
mente comercial y no se descartó la posibilidad de desarrollar un arsenal
nuclear como respaldo al nuevo papel del país.40 De hecho, la política
exterior del BJP se caracterizó por percibir en el exterior un escenario de
incertidumbre y poca equidad entre los distintos actores de la política
internacional. En esa visión Realpolitik de las relaciones internacionales la
integridad territorial de la hindu rashtra (nación hindú) está constante-
mente amenazada y en riesgo.41 No fue por tanto sorpresivo que el BJP
revalorara el papel de la energía nuclear tanto en la política exterior como
en la de seguridad, autorizando la realización de cinco pruebas nuclea-
res en 1998. La salida de India del clóset nuclear no fue reprimida por el
gobierno de la UPA.42 Por el contrario, firmó el Acuerdo Indo-Estadouni-
dense para los usos civiles de la energía nuclear. El histórico acuerdo, con-
cretado bajo los términos negociados por la NDA, reconocía a India como
un Estado nuclear de facto, además de garantizar el acceso a tecnología
nuclear mediante esquemas de transferencia y asesoramiento entre Estados
Unidos e India. Inicialmente, los aliados de la UPA rechazaron el acuerdo.
No obstante, su postura fue cambiando, salvo la de los partidos integrantes
del Left Front, quienes argumentaron que un acuerdo de esa naturaleza
supeditaría la política exterior india a los intereses de Estados Unidos.43
Sin embargo, tanto la política exterior de la NDA como la de la UPA han
sido conducidas bajo principios normativos, los cuales se fueron transfor-
mando en patrones conductuales. El primero de ellos es ahimsa (no violen-
cia),44 y el segundo purna swaraj (autogobierno, autodeterminación o au-

40 J. Chiriyankandath, “Realigning India: Indian Foreign Policy after the Cold War”, The Round
Table, vol. 93, no. 374, 2004, pp. 199-211; C. Ogden, “Norms, Indian Foreign Policy and the
1998-2004 National Democratic Alliance”, The Round Table, vol. 99, no. 408, 2010, pp. 303-315,
y H. V. Pant, India Negotiates its Rise in the International System, Nueva York, Palgrave, 2008.
41 M. González Castañeda y B. Bavoleo, op. cit.
42 I. Abraham, “Contra-Proliferation: Interpreting the Meanings of India’s Nuclear Tests in 1974
and 1998”, Inside Nuclear South Asia, Stanford (California), Stanford University Press, 2009,
pp. 106-136.
43 “Bush’s N-Assurances Mean Nothing: Left”, The Times of India, 2008, en [Link]
[Link]/2008-10-10/india/27923022_1_hyde-act-atomic-energy-act-cpi-natio-
nal-secretary (acceso el 10 de octubre de 2008).
44 La estrategia de la no violencia, empleada durante el movimiento de independencia, buscó di-
ferenciar entre la fuerza represora del Estado colonial y el carácter “pacífico” de la sociedad
187 Historia, sociedad y política en India contemporánea

tonomía), entendido como el ejercicio irrestricto de la soberanía del Estado.45


Este último, particularmente, se ilustra con la posición asumida por el Es-
tado indio en el tema de la proliferación nuclear: se debe conservar el de-
recho a decir si se emplea con fines civiles o militares. Por ello, la alternan-
cia en el sistema de partidos no ha influido en su totalidad en la política
exterior.
Finalmente, en las pasadas elecciones de 2014, donde cerca de ocho-
cientos millones de ciudadanos estuvieron habilitados para votar (Election
Commision for India, 2014) el principal socio de la UPA, el Partido del
Congreso, sufrió una histórica debacle provocada por una pésima campa-
ña electoral,46 por los sonados casos de corrupción,47 así como por la falta
de cumplimiento de las promesas de campaña. En contraste, el BJP consi-
guió la mayoría parlamentaria, aunque ha preferido revivir la NDA. Los
resultados de estas elecciones han confirmado una tendencia muy impor-
tante iniciada en 2009: el sensible decremento de la presencia de los par-
tidos regionales en la Lok Sabha. Ello beneficia la estabilidad política y
evita la regionalización de la agenda nacional.

Reflexiones finales

La alternancia en la democracia india parece ser más una norma que una
aspiración en la vida política. Aunque, no ha estado exenta de periodos
de autoritarismo, poca calidad democrática, polarización y radicalismo.
La existencia de partidos nacionales y regionales puede llegar a focalizar la

india. Se sugiere revisar los siguientes trabajos: P. Chatterjee, The Nation and its Fragments:
Colonial and Postcolonial Histories, Princeton, Princeton University Press, 1993; S. Khilnani,
The Idea of India, Londres, Hamish Hamilton, 1997.
45 Fue empleado discursivamente durante la última fase de independencia. Para comprender con
mayor precisión las implicaciones de estos dos conceptos en la política exterior india, véase B.
Prasad (ed.), India’s Foreign Policy: Studies in Continuity and Change, Nueva Delhi, Vikas, 1979;
A. Appadorai, The Domestic Roots of India’s Foreign Policy, 1947-1972, Delhi, Oxford University
Press, 1981.
46 No se definió claramente un candidato al gobierno, aunque no se descartaba que el vicepresi-
dente del partido, Rahul Gandhi, encabezará la lista. Asimismo, antes de la celebración de las
elecciones, el entonces primer ministro, Manmohan Singh, descartó un tercer mandato, incre-
mentando la incertidumbre.
47 Particularmente los esquemas de concesión para la explotación de minas de carbón y del es-
pectro de telefonía móvil.
188 Historia, sociedad y política en India contemporánea

agenda nacional a intereses extremadamente particulares; sin embargo, un


sistema así no sólo es recomendable, sino que es imperativo para una socie-
dad multiétnica y plural como la india. En ese mismo tenor, se sitúan los
gobiernos coaligados: ejercicios democráticos, demandados, ratificados y/o
reprobados por los ciudadanos. Pueden llegar a tornarse en ejercicios caó-
ticos, pero representan, implícitamente, la práctica permanente del diálogo
y la negociación, dos elementos no claudicantes para una democracia.
Los vaivenes políticos por los cuales ha atravesado India han sometido
a su democracia a importantes y significativas pruebas, y lejos de debili-
tarla, la han fortalecido. El disenso, otra cualidad y requisito de la demo-
cracia, ha estado presente en la política desde el movimiento de indepen-
dencia, aunque la intolerancia y la represión han quedado igualmente
registradas en la historia.
Esos son elementos característicos de la imagen internacional de India.
Sin embargo, en materia de política exterior, aún no se encuentran los
consensos para determinar el papel al cual aspira el Estado indio en la
política internacional ni la estrategia que la habilite. La no alineación pa-
rece ser una práctica aún ejercida en las relaciones internacionales del país,
por lo que no ha habido una alternancia.

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