0% encontró este documento útil (0 votos)
32 vistas3 páginas

Comunicación Asertiva en Conflictos

Este documento describe la comunicación asertiva como un estilo de comunicación efectivo para resolver conflictos de una manera que no sea ni agresiva ni pasiva. Explica 13 principios básicos para llevar a cabo una comunicación asertiva, como tener claros los propios puntos de vista, no imponerlos, centrarse en uno mismo, empatizar con los demás, reconocer cuando el otro tiene razón, buscar puntos de acuerdo y reconocer los propios errores.

Cargado por

Araceli Mata
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
32 vistas3 páginas

Comunicación Asertiva en Conflictos

Este documento describe la comunicación asertiva como un estilo de comunicación efectivo para resolver conflictos de una manera que no sea ni agresiva ni pasiva. Explica 13 principios básicos para llevar a cabo una comunicación asertiva, como tener claros los propios puntos de vista, no imponerlos, centrarse en uno mismo, empatizar con los demás, reconocer cuando el otro tiene razón, buscar puntos de acuerdo y reconocer los propios errores.

Cargado por

Araceli Mata
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Rocío Acosta: terapeuta de medicina natural y medicina tradicional china, especializada en nutrición ortomolecular, fitoterapia y acupuntura.

Profesora de terapias
naturales. www.rocioacosta.es/contacta o bien, www.rocioacosta.es

Asertividad: Aprendiendo a comunicarse


Por Rocío Acosta, 3 y 4 de junio del 2009 (fragmento)

Hay muchos conflictos que nos angustian y que mejorarían con una buena comunicación: con
tus padres, tus hijos, tus compañeros de trabajo, tu jefe, tus vecinos, tus amigos, tu pareja,
etcétera.

La comunicación asertiva es un estilo de comunicación que ayuda a resolver conflictos. Lo que


me gusta más de esta propuesta es que no trabaja sólo las palabras que escoges, sino que
hace hincapié en las emociones del que las utiliza. Es decir, no se centra sólo en la forma,
también se ocupa del fondo.

Parte del respeto hacia los demás y hacia uno mismo, aceptando que la postura de los demás
no tiene por qué coincidir con la propia y evitando los conflictos sin por ello dejar de expresar
lo que se quiere de forma directa, abierta, honesta, consciente, congruente, clara y equilibrada
con la finalidad de comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos
derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de
autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

Este estilo de comunicación tiene dos antónimos, el estilo agresivo (el que avasalla) y el pasivo
(el que evita el enfrentamiento). Para llevar a cabo una comunicación asertiva hacen falta
seguir ciertos principios:

1. Tener claros los propios puntos de vista: para poder defender una opinión con
coherencia es necesario que exista esa opinión coherente. A menudo, reaccionamos a
las situaciones sin haber meditado sobre ellas.
2. No imponer: limitarse a enunciar una directriz o punto de vista sin aportar argumentos
puede ser percibido como una imposición. “Vamos a hacer esto“ niega la posibilidad
del interlocutor a intervenir. Sin convertir cada decisión en un consenso, se puede
hacer partícipe a la otra parte de las decisiones tomadas explicando qué las motiva.
“Pasa tal, por lo tanto, vamos a hacer esto otro que lo resolverá por esto y esto otro”
3. No amenazar: cuando pensemos que contravenir nuestro punto de vista puede tener
consecuencias negativas, no se debe utilizar esas consecuencias negativas como una
amenaza: “Si no haces lo que digo perderás el trabajo” es una predicción amenazante.
“Es importante que hagas esto por tal y cual, de lo contrario, puede suceder esto otro”
4. Centrarse en uno mismo: hacer afirmaciones categóricas sobre las motivaciones,
intenciones o emociones de los demás es arriesgado. Podemos estar seguros de cómo
interpretamos nosotros a los demás, pero no de la auténtica motivación que hay

1
detrás: “No quieres hacerlo” contra “Parece que no quieras hacerlo” o “Lo que pasa es
que estás enfadado” contra “me da la sensación de que te has enfadado”. Si nos
ceñimos a los sentimientos o impresiones que nos despiertan los demás estaremos
seguros de no hacer ninguna acusación infundada.
5. Empatizar: ponerse en el lugar del otro puede ser uno de los consejos más antiguos
pero a menudo mal entendido. La finalidad de ponerse en el lugar de otra persona no
es necesariamente excusarla y punto. La finalidad real es comprender mejor el punto
de vista del otro, que no es lo mismo que estar de acuerdo con él. Comprender a la
otra persona ayuda a comunicarnos más efectivamente con ella.
6. Reconocer cuando el otro tiene razón: la finalidad de la comunicación ha de ser llegar
a una resolución. Si uno sólo tiene intención de “ganar”, no será posible el
entendimiento. Es importante saber reconocer cuando el otro lleva razón total o
parcialmente y demostrar que se reconoce.
7. Buscar puntos de acuerdo: aunque no estemos de acuerdo a grandes rasgos con la
otra persona, casi siempre podremos encontrar ciertos elementos en los que sí
estemos de acuerdo. Enfatizarlos refuerza la idea de que no hay bandos, sólo posturas,
utilizad frases como “estoy de acuerdo con eso”, “tienes razón en que…”, “como bien
has dicho…”, etcétera.
8. Sinceridad: es importante ser sincero en el discurso. Introducir falsedades, aunque se
haga con buena intención, suele ser contraproducente. Si nuestro interlocutor detecta
inconsistencias desconfiará (y con razón).
9. Hablar en frío: todo el mundo se “calienta” en alguna ocasión. Pero una comunicación
positiva no suele ser compatible con un estado de ánimo alterado. Posponer un
enfrentamiento para asegurar un correcto enfoque del asunto es recomendable.
10. La actitud corporal: nuestro cuerpo transmite mucha información. Se puede utilizar
para mejorar las oportunidades en una conversación: colocarse de cara al interlocutor
expresa franqueza y atención, mantenerse a su misma altura expresa igualdad de
condiciones. Por el contrario, cruzar los brazos expresa cierre y enfado, ocultar las
manos puede ser interpretado como amenazante o falso, de modo que es mejor
mantenerlas a la vista y utilizarlas de un modo suave para enfatizar. La postura general
del tronco también transmite mensajes: una actitud encorvada transmite debilidad o
vulnerabilidad. La postura envalentonada, con los hombros echados para atrás y el
pecho adelantado sugieren agresividad y amenaza. Lo ideal es una postura erecta pero
relajada.
11. Prestar atención: dedicar el tiempo que el otro dedica a hablar a planificar nuestro
discurso es un error que a menudo se comete. Es muy importante prestar auténtica
atención a lo que nos dice la otra persona y permitir que nuestro propio discurso se
vea afectado por las aportaciones del otro.
12. Cambiar de opinión: tratar de mantener la coherencia con nuestro punto de vista inicial
a toda costa es también contrario a una comunicación constructiva. Es necesario ser
capaz de cambiar de opinión en puntos concretos o en las conclusiones generales. Si
durante una misma conversación cambiamos de opinión sobre algo, es también
importante dejar claro que se ha producido ese cambio de modo que por un lado
dejamos claro nuestra flexibilidad y por otro evitamos que nuestro interlocutor piense
que somos incoherentes.

2
13. Reconocer los propios errores: a menudo, las consecuencias de no reconocer un error
son peores que las del propio error. En todo caso, ocultar los fallos propios es una falta
de sinceridad. Para establecer una comunicación efectiva se necesitan ciertas
premisas (derechos y deberes de los comunicadores) y entre ellos está el derecho a
equivocarse. A menudo, la gente está más dispuesta a perdonar un error si el que lo
cometió lo reconoce. Ello no implica fustigarse o humillarse, es también importante no
sobrevalorar los fallos (después de todo, nadie es perfecto) El reconocimiento ha de ir
acompañado, lógicamente, de una intención de enmendarlo ya que si no esa admisión
de culpa resulta exasperante (“ya sé que soy muy machista, pero qué quieres que le
haga, nací en otra época”) o bien de una negociación para compensar la falta (“No
puedo soportar limpiar el urinario ¿Qué te parece si te encargas tú y yo me encargo de
lavar los platos que a ti te disgusta mucho?”). Aportar soluciones a las posibles
consecuencias negativas de ese error es también recomendable (“siento haberte
estropeado el ordenador, me ocuparé de hacerlo arreglar y correré con los gastos”)

Estos principios básicos son generales, luego existen técnicas más concretas.

Una última reflexión: Cuando estaba explicando esta técnica en clase, hicimos una
representación. En ella, yo interpretaba a un compañero de piso con una actitud muy anti-
asertiva: pedante, agresivo, egoísta y desagradable. Una de las alumnas dijo “¡¿Y por qué
tengo que hablarle yo bien a este g*********?!” La respuesta a esta pregunta es la
siguiente: la comunicación asertiva es algo que haces para resolver conflictos. Puede
interesarte resolver conflictos con alguien aunque no merezca tu respeto. En ese caso, lo
harás por ti, por tu propio interés personal en resolver ese conflicto que te está afectando.

Recuerda identificar:

1. ¿Cuál es el conflicto?
2. ¿Cómo es que te afecta?
3. ¿Qué quieres conseguir?

Tener claro las respuestas a estas preguntas te dará una guía de la estrategia que
debes seguir.

También podría gustarte