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Laudes 19 Coros

Este documento presenta una guía para la celebración de Laudes del sábado de la primera semana. Incluye invitatorios, salmos, himnos, lecturas y oraciones para alabar a Dios. El propósito es iniciar el día con la alabanza a través de la palabra de Dios y la oración comunitaria.

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Laudes 19 Coros

Este documento presenta una guía para la celebración de Laudes del sábado de la primera semana. Incluye invitatorios, salmos, himnos, lecturas y oraciones para alabar a Dios. El propósito es iniciar el día con la alabanza a través de la palabra de Dios y la oración comunitaria.

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Laudes

Sábado I semana
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Ant Del Señor es la tierra y cuanto la llena, venid
adorémosle.
--Salmo 99--
Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Aclama al Señor, tierra entera,


servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Se repite la antífona

Sabed que el Señor es Dios:


que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Se repite la antífona

Entrad por sus puertas con acción de gracias,


por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
Se repite la antífona
"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades."
Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se repite la antífona

HIMNO
En el nobre del Padre, del Hijo, y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora,
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.

Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,


y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra,
tú pronuncias el mar como sentencia.

Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,


acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.
Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas,
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.

¡Bendita la mañana que trae la noticia


de tu presencia joven, gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.
SALMODIA
Ant. 1 Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
- Salmo 118 -

Te invoco de todo corazón;


respóndeme Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,


meditando tu promesa; escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1 Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Ant. 2 Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Cántico.
Ex. 15,1-4. 8-13. 17-18

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,


caballos y carros ha arrojado al mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es "El Señor".

Los carros del faraón los lanzó al mar,


ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: "Los perseguiré y alcanzaré,


repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano."

Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,


se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?


¿ Quién como tú, terrible entre los santos,
temibles por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;


guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
lo llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,


lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2 Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Ant. 3 Alabad al Señor, todas las naciones. +
- Salmo 116 -

Alabad al Señor, todas las naciones,


+ aclamadlo, todos los pueblos:

Firme es su misericordia con nosotros,


su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3 Alabad al Señor, todas las naciones.
LECTURA BREVE
2Pe 1,10-11

Hermanos, poned más empeño todavía en consolidar vuestra


vocación y elección. Si hacéis así, nunca
jamás tropezaréis; de este modo se os concederá
generosamente la entrada en el reino eterno de nuestro
Señor y Salvador Jesucristo.
RESPONSORIO BREVE
V. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.
R. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.
V. Mi heredad en el país de la vida.
R. Tú eres mi refugio.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en
sombra de muerte.
Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,


porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos


y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,


arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,


nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en
sombra de muerte.

PRECES.
Bendigamos a Cristo que para ser ante Dios el pontífice
misericordioso y fiel de los hombres se hizo
en todo semejante a nosotros, y supliquémosle diciendo:
Muéstranos, Señor, los tesoros de tu amor.
Señor, sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo,
te consagramos este nuevo día.
Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos
de nuestra jornada y glorifiquemos tu nombre con cada
una de nuestras acciones.

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a


tu palabra,
encamina hoy nuestros pasos para que obremos
también como ella según tu voluntad.
Haz que mientras vivimos aún en este mundo que
pasa anhelemos la vida eterna
y por la fe, la esperanza y el amor vivamos ya
contigo en tu reino.
Se pueden añadir algunas intenciones libres

Con la misma confianza que tiene los hijos con su


padre, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:
Padre nuestro .............

ORACIÓN.
Te pedimos, Señor, que la claridad de la resurrec-
ción de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra
vida; que no temamos ante la oscuridad de la muerte
y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
ORACION DEL MUSICO
Señor, Gracias por este don, de poder expresar la
fe, a través de mi voz y de mis manos; de poder
unirme al gozo incesante que hay en el cielo, de
exaltar tu Santo Nombre junto con los coros
celestiales.

Ayúdame a tener coherencia con lo que canto y con


lo que vivo. Unge todo mi ser entero, para ser
portador de consuelo y restauración, para las almas
sedientas de Ti. Que no crea que los aplausos, los
halagos, las alabanzas, son para mí, porque te
pertenecen solamente a Ti, autor de la sinfonía del
Amor.

Enséñame a servirte con humildad, con regocijo,


con devoción y respeto en el Banquete Eucarístico.
Tú sabes Señor que no soy digno/a, pero me has
mirado con misericordia. Que no sea solo un metal
que resuene, lléname con Tu Santo Espíritu, para
ser instrumento que disipe la oscuridad,
convirtiendo los corazones a Ti, produciendo los
mejores frutos en mí y en mis hermanos.
Gracias Amado Dios por permitir a esta alma,
entonar un nuevo canto de amor cada día. Que mi
canto disperse las fuerzas malignas de la
autosuficiencia, el egocentrismo y del egoísmo, y
une mi corazón al Tuyo Divino Jesús.

Hoy como Los ángeles, quiero elevar un canto de


loor, alabanza y gloria para Ti; Hoy como el Rey
David, quiero entonar mi canto, para alejar la
maldad y la intranquilidad del corazón humano;
Hoy como María, quiero proclamar las grandezas
de tu amor, humillándome y sirviéndote de corazón;
Hoy como los niños, quiero entonar mi canto, con el
gozo de saberme tu hijo/a Señor.

Gracias Señor, Gracias Señor por darme esta bella


gracia de tocar, de cantar la alegría de Tu Salvación
en unión de Tu Pueblo Peregrino. Para ti sean
dadas, la Honra y el Honor, Por Cristo Nuestro
Señor. Amén.

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