0% encontró este documento útil (0 votos)
470 vistas507 páginas

Bad Romeo

El documento presenta la situación de Taehyung, un actor que debe ensayar una obra de teatro junto a su ex amante y causante de su ruptura sentimental, Jeon Jungkook. Taehyung llega con retraso al primer ensayo y siente nervios y enojo ante la perspectiva de trabajar de nuevo con Jungkook después de lo sucedido entre ellos.

Cargado por

slowalkth
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
470 vistas507 páginas

Bad Romeo

El documento presenta la situación de Taehyung, un actor que debe ensayar una obra de teatro junto a su ex amante y causante de su ruptura sentimental, Jeon Jungkook. Taehyung llega con retraso al primer ensayo y siente nervios y enojo ante la perspectiva de trabajar de nuevo con Jungkook después de lo sucedido entre ellos.

Cargado por

slowalkth
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Juntos de nuevo, demasiado pronto.

PRESENTE.
CIUDAD DE NUEVA YORK.
TEATRO GRAUMANN.
PRIMER DÍA DE ENSAYO.

Me apresuro por la acera llena de gente, y un sudor nervioso ha estallado en todos mis lugares
pocos glamorosos.

Oigo la voz de mi madre en mi cabeza: “Una persona exitosa no suda, Taehyung. Ella brilla”.

En ese caso, mamá, estoy brillando como un cerdo.

Me digo a mí mismo que estoy “brillando”, porque voy retrasado. No a causa de él.

Daniel, mi compañero de piso/entrenador vida, está convencido de que nunca lo he superado,


pero eso es una mierda.

Lo he más que superado.

Lo he superado desde hace mucho tiempo.

Me escabullo a través del camino, esquivando el imparable tráfico de Nueva York. Algunos
taxistas me maldicen en varios idiomas. Alegremente les muestro mi dedo medio, porque estoy
bastante seguro de que mostrar el dedo significa. “vete a la mierda” por todo el mundo.

Echo un vistazo a mi reloj cuando entro al teatro y me dirijo a la sala de ensayo.

Maldita sea.

Cinco minutos tarde.


Casi puedo ver la mirada de diversión en su estúpido rostro, y estoy horrorizado de que antes de
que haya incluso puesto un pie en la sala, tengo la imperiosa necesidad de darle una bofetada.

Me detengo en la puerta.

Puedo hacerlo. Puedo verlo y no desmoronarme.

Sí puedo.

Suspiro y presiono mi frente contra la pared.

¿A quién diablos estoy engañando?

Sí, claro, puedo hacer una obra apasionada con mi ex-amante, quien me rompió el corazón, no
una vez, sino dos veces. No hay problema.

Golpeo mi cabeza contra la pared.

Si hubiera una nación de gente estúpida, yo sería su rey.

Respiro hondo y exhalo lentamente.

Cuando mi agente llamó con la noticia de mi gran oportunidad en Broadway, debería haber
sabido que habría condiciones. Ella habló maravillas conmigo sobre el actor masculino que
también fue elegido. Jeon Jungkook —el actual “Chico del Momento" del mundo del teatro.
Muy talentoso. Ganador de premios. Adorado por fanáticas gritando. Hermoso como el infierno.

Por supuesto, ella no sabía nada de nuestra historia. ¿Por qué iba a hacerlo? Nunca hablo de él.
De hecho, me alejo cuando otras personas mencionan su nombre. Era más fácil hacerle frente
cuando él se encontraba en el otro lado del mundo, pero ahora está de vuelta y manchando mi
trabajo de ensueño con su presencia.

Típico.
Bastardo.

Poner mi cara de póquer no va a ser fácil, pero tengo que hacerlo.

Saco polvo compacto y reviso mi reflejo.

Maldita sea, estoy más brillante que el Edificio Chrysler.

Me coloco un poco de polvo y retoco mis labios con bálsamo mientras me pregunto si le
pareceré diferente después de todos estos años. Mi cabello, el cual solía ser castaño en la
universidad, ahora se encuentra de color rubio. Mi cara es un poco más delgada, pero supongo
que soy básicamente el mismo. Labios decentes. Buena estructura. Ojos avellanados.

Cierro el compacto y lo arrojo de nuevo a mi bolso, molesto de que incluso estoy contemplando
verme bien para él. ¿No he aprendido nada?

Cierro mis ojos y pienso en todas las formas en que él me hirió. Sus estúpidas razones. Sus
excusas de mierda.

La amargura me inunda, y suspiro de alivio. Ese es el aislamiento que necesito. Traer mi enojo a
la superficie. Lo envuelvo a mí alrededor como hierro y tomo consuelo en el agresivo fuego
lento.

Puedo hacerlo.

Abro la puerta y entro. Antes de siquiera verlo, puedo sentirlo observándome. Me resisto a
buscarlo porque eso es lo que quiero hacer, y una cosa que he aprendido con Jeon Jungkook, es
apartar mis instintos naturales. Seguir mi instinto es cómo las cosas se arruinaron entre nosotros.
Me dijo que podía tener algo de él, cuando en realidad él no me ofreció nada.

Me dirijo a la recepción de producción donde nuestro director, Marco Fiori, está teniendo una
discusión con nuestros productores, Ava y Saul Weinstein. De pie junto a ellos está un rostro
familiar —nuestra directora de escena, la hermana de Jungkook, Sana.
Jungkook y Sana son un paquete. Él tiene escrito en su contrato que ella maneja todos los
espectáculos en que trabaja, lo que me desconcierta, considerando que pelean como perros y
gatos.

Yo diría que Sana es su manta de seguridad, pero, por supuesto ¿por qué necesitaría uno? Él no
necesita a nadie ni nada, ¿verdad? Él es intocable. Es jodidamente irrompible.

Sana señala un modelo a escala del set que utilizaremos, a medida que habla sobre la mecánica
del escenario.

Los productores escuchan y asienten.

No tengo ningún problema con Sana. Ella es una fantástica directora de escena, y hemos
trabajado juntos antes. De hecho, hace un millón de años solíamos ser buenos amigos. Antes,
cuando todavía pensaba que su hermano nació de una madre humana y no fue engendrado
directamente del culo de Satanás.

Ella eleva su mirada cuando me acerco.

—Lo sé, lo sé —digo mientras dejo caer mi bolso en una silla—. Lo siento.

—Está bien, Tae —dice Marco—. Todavía estamos hablando detalles de la producción. Cálmate,
toma un café. Empezaremos pronto.

—Genial. —Busco en mi bolso por mis suministros de ensayo.

—Hola, tú —dice Sana y me sonríe cálidamente.

—Hola, Sana.

Por un momento, mi cólera es atenuada por una oleada de nostalgia, y me doy cuenta de lo
mucho que la he echado de menos. Ella es tan diferente de su hermano. Bajita a su altura.
Redondeada a su angular. Incluso su color es diferente. Rubio y liso contra oscuro y caótico. Y,
sin embargo, volverla a ver me recuerda por qué no hemos hablado por años. Siempre la asociaré
con él. Demasiados malos recuerdos.
Cuando saco mi botella de agua, mi bolso se resbala del asiento y cae ruidosamente sobre el piso.
Todo el mundo se detiene para mirar. Rechino mis dientes cuando escucho una risita.

Jódete, Jungkook. Ni siquiera voy a mirarte.

Levanto el bolso y lo lanzo de vuelta a la silla.

La risita sucede de nuevo, y juro por el Dios Todopoderoso del Homicidio Justificable, que voy a
matarlo con mis propias manos.

A pesar de que se encuentra al otro lado de la habitación, él bien podría estar justo a mi lado,
porque su voz vibra a través de mis huesos.

Necesito un cigarrillo.

Echo un vistazo a Marco, resplandeciente en su corbata mientras ostentosamente describe la


obra. Esto es todo culpa suya. Él es el que quería que Jeon y yo hiciéramos este proyecto. Me
convencí de que sería un gran paso en mi carrera, pero en realidad va a ser el último show que
haga, porque si el idiota riendo en la esquina no se calla, tendré una ataque de ira asesina en
cualquier segundo y seré encerrado de por vida.

Afortunadamente, la risa se detiene, pero todavía puedo sentir su mirada intensa en mi piel.

Lo ignoro y busco en mi bolso. Tengo mis cigarrillos, pero mi encendedor no está en ninguna
parte. En serio tengo que limpiar este bolso. Jesús, ¿hay algo que no tenga aquí? Goma de
mascar, pañuelos, maquillaje, analgésicos, entradas de cine viejas, una pequeña botella de
perfume, llaves, una figura de
acción de una sola pierna… ¿qué demonios?

—¿Perdone, Sr. Kim?

Subo la mirada para ver a un lindo muchacho sosteniendo lo que huele sospechosamente como
mi favorito café macchiato de judías verde.
—Vaya, se ve estresado —dice con la cantidad justa de preocupación para impedir que arranque
sus oídos con mis dientes—. Soy Soobin. El pasante de producción. ¿Café?

—Hola, Soobin —digo mientras miro el vaso de cartón—. ¿Qué tienes ahí, chico?

—Un doble expreso de macchiato de judías verdes con moka y crema extra.

Asiento, impresionado. —Eso es lo que me imaginé. Es mi favorito.

—Lo sé. Me aseguré de familiarizarme con los gustos y disgustos de usted y del señor Jeon, para
poder anticiparme a sus necesidades y facilitar un entorno de ensayo agradable.

¿Un entorno de ensayo agradable? ¿Conmigo y Jeon? Oh, pobre niño iluso.

Tomo el café de él y lo olfateo mientras sigo cavando en el Tardis de Basura.

—¿De verdad?

¿Dónde carajos está mi encendedor?

—Sí, señor. —Saca un encendedor de su bolsillo y me lo da con una sonrisa locamente linda.

Suspiro y dejo caer mi cabeza hacia atrás.

Dulce Jesús, el chico ha sido enviado por Dios mismo.

Tomo el encendedor y resisto las ganas de abrazarlo. Daniel dice que puedo ser un poco
demasiado sentimental. En realidad, su término es jodidamente sentimental, pero lo modifico
para sentirme mejor.

Le sonrío al chico en su lugar. —Soobin espero que no lo tomes a mal, porque sé que apenas nos
conocimos, pero…creo que te amo.
Se ríe y baja su cabeza. —Si quiere salir para fumar, lo buscaré cuando estén listos para
comenzar.

Si él no pareciera como de dieciséis años, probablemente lo besaría. Con lengua.

—Eres es una estrella de rock, Soobin.

Veo una forma oscura en mi visión periférica, encorvándose en una silla en el lado opuesto de la
habitación, así que echo mis hombros hacia atrás y me pavoneo como si no me importara.

El calor de su mirada me sigue hasta que llego a la escalera, luego me entumezco.

Me digo a mí mismo que no extraño la quemadura.

Las escaleras son empinadas y oscuras, y conducen a un callejón detrás del teatro. Incluso antes
de que la puerta se cierre detrás de mí, tengo un cigarrillo encendido en mi boca. Cuando me
recuesto contra los fríos ladrillos, inhalo y elevo mi mirada a la fina capa de cielo visible entre
los edificios. La nicotina hace poco para calmar mis nervios. Estoy bastante seguro de que nada
menos que sedantes de grado hospitalario van a ayudar hoy.

Termino mi cigarrillo y me dirijo de nuevo a la puerta del escenario, pero antes de que pueda
agarrar el mango, se abre, y el detonante de todos mis problemas de ira sale. Sus vaqueros
oscuros lo abrazan de una manera que realmente no debería estar notando.

Sus ojos son los mismos que recuerdo. Oscuros, fascinantes. Espesas pestañas largas. Intensidad
para quemar.

Sin embargo, todo lo demás…

Oh, Señor, lo olvidé. Me obligué a mí mismo a recobrar el control.

Incluso ahora, él es el hombre más apuesto que he visto en mi vida. No, eso no es correcto.
Apuesto no le hace justicia. Los actores de novelas son apuestos, pero de una manera
completamente predecible, aburrido. Jeon es… cautivante. Como una rara pantera exótica; igual
parte de belleza y poder. Enigmático sin siquiera intentarlo.

Odio cuán bien se ve.

Fuertes cejas fruncidas. Mandíbula afilada. Labios que son lo suficientemente llenos como para
ser lindos, pero en el contexto de sus otras características parecen poderosamente masculinos.

Su cabello oscuro es más corto de lo que estaba la última vez que lo vi, y lo hace parecer más
maduro. Y más alto, si eso es posible.

Y yendo por el ancho de sus hombros, se ha estado ejercitando desde la universidad. No una
cantidad enorme, pero lo suficiente como para que pueda ver la clara definición muscular por
debajo de su camiseta oscura.

La sangre se apresura a mis mejillas, y quiero darme una bofetada por la reacción.

Confía en él para aparecer luciendo más atractivo que nunca. Imbécil.

—Hola —dice, como si no hubiera pasado los últimos tres años soñando con darle un puñetazo
en su hermoso, bastardo rostro.

—Hola, Jungkook.

Me mira, y como de costumbre, siento la vibración de él en la médula de mis huesos.

—Luces bien, Taehyung.

—También tú.

—Tu cabello es rubio.

—Lo es.
Da un paso hacia adelante y no me gusta la forma en que me mira. Evaluando y aprobando.
Hambriento. Me atrae en contra de mi voluntad, como si él fuera papel matamoscas, y todo
dentro de mí está zumbando y tratando de liberarse.

—Ha pasado mucho tiempo.

—¿En serio? No me di cuenta. —Estoy tratando de sonar aburrido a más no poder. No quiero
que sepa lo que me está haciendo. No se merece esta reacción. Más importante aún, yo tampoco.

—¿Cómo has estado? —pregunta.

—He estado bien. —Respuesta automática. No significa nada. He estado todo menos bien.

Su mirada se queda en mí, y tengo muchas ganas de estar en otro lugar, porque en este momento
se ve como lo hacía antes, y me duele recordar.

—¿Y tú? —pregunto con cortesía, mis nudillos blancos—. ¿Cómo has estado?

—Estoy… bien.

Hay algo en su tono. Algo enterrado. Ha dejado lo suficiente asomarse como para ponerme
curioso, pero no quiero cavar para encontrar más, porque sé que es lo que quiere.

—Vaya, eso es increíble, Jungkook —digo con la cantidad justa de alegría para molestarlo—. Es
bueno saberlo.

Mira al suelo y se pasa una mano por su cabello. Su postura se tensa en la forma familiar del
idiota que conozco tan bien.

—Bueno, allí está —dice—. Tres años, y eso es todo lo que tienes que decirme. Por supuesto.

Mi estómago rueda.
No, idiota, eso no es todo lo que tengo que decir, pero, ¿cuál es el punto? Todo se ha dicho antes,
y hablar en círculos no es mi idea de un buen rato.

—Sip, eso es todo —digo con alegría, y paso más allá de él.

Abro la puerta y bajo por las escaleras, ignorando el cosquilleo en mi piel donde nos tocamos.

Hay un ahogado “Joder” antes de que lo escuche apresurarse tras de mí.

Trato de escapar, pero agarra mi brazo antes de que llegue a la parte inferior.

—Tae, espera.

Me da vuelta para enfrentarlo, y espero que se presione contra mí. Para arruinarme con su piel y
olor como ha hecho tantas veces antes. Pero no lo hace. Solo se queda ahí, y todo el aire de la
estrecha y oscura escalera es tan grueso como el algodón. Me siento claustrofóbico, pero no se lo
dejaré ver.

Sin debilidad.

Él me enseñó eso.

—Escucha, Taehyung —dice, y no me gusta admitir que he extrañado oírlo decir mi nombre tan
jodidamente mucho—. ¿Crees que podríamos dejar toda nuestra mierda atrás y empezar de
nuevo? Realmente quiero hacerlo. Pensé que también tú.

Su expresión está llena de sinceridad, pero la he visto antes. Cada vez que confiaba, terminaba
con mi corazón arrancado.

—¿Quieres empezar de nuevo? —digo—. Oh, por supuesto. No hay problema. ¿Por qué no
pensé en eso?
—No tiene por qué ser así.

La implicación es que estoy siendo irrazonable. Si no estuviera tan enojado, me reiría.

—Entonces, ¿cómo debería ser, eh? —pregunto, mis palabras como ácido—. Por favor, dime.
Después de todo, eres el que siempre toma las decisiones acerca de nuestra relación ¿Cómo
quieres ponerlo esta vez? ¿Amigos? ¿Amigos que follan? ¿Enemigos? Oh, espera, ya lo sé ¿Por
qué no tomas el papel del pedazo de mierda que me rompió el corazón, y yo seré aquel que no
quiere tener nada que ver con él fuera de la sala de ensayo? ¿Cómo sería?

Su mandíbula se tensa. Está enojado.

Bien.

Puedo lidiar con el enojo.

Se frota sus ojos y exhala. Espero que grite, pero no lo hace. En cambio, dice en voz baja—:
Nada de lo que dije en mis correos electrónicos significó nada para ti, ¿verdad? Pensé que tal vez
podríamos al menos ser capaces de hablar sobre lo que pasó. ¿Acaso los leíste?

—Por supuesto que los leí —digo—. Simplemente no me los creí. Quiero decir, solo hay una
cantidad de veces que puedo tragar mierda antes de que desprecie el sabor. ¿Cuál es la frase? Si
me engañas una vez, la culpa es tuya. Si me engañas dos veces…

—No te estoy engañando esta vez. O a mí mismo. En el pasado, hice lo que tenía que hacer, por
los dos.

—¿Estas bromeando? ¿Realmente esperas que te agradezca por lo que hiciste?

—No —dice, su voz llena de frustración—. Por supuesto que no. Solo quiero…

—¿Quieres otra oportunidad para arruinarme? ¿Cuán estúpido crees que soy?

Niega. —Quiero que las cosas sean diferentes. Si quieres que me disculpe, lo haré hasta que
pierda mi maldita voz. Solo quiero que las cosas estén bien entre nosotros. Háblame. Ayúdame a
solucionar esto.

—No puedes.

—Taehyung…

—¡No, Jungkook! No esta vez. Nunca más.

Se inclina hacia delante. Está cerca. Demasiado cerca. Huele como solía hacerlo, y no puedo
pensar. Quiero alejarlo para poder aclarar mi mente. O golpearlo con mis puños hasta que
comprenda que no he sido verdaderamente feliz en años, y es todo culpa suya. Quiero hacer
tantas cosas, pero lo único que hago es estar allí, odiando lo impotente que todavía puede
hacerme sentir.

Su respiración es tan desigual como la mía. Su cuerpo igual de tenso. Incluso después de todo lo
que hemos pasado, nuestra atracción todavía nos tortura. Como en los viejos tiempos. Gracias a
Dios la puerta en la parte inferior de la escalera se abre. Observo para ver a Soobin mirándonos
con una expresión confusa.

—Disculpen, ¿Está todo bien?

Jungkook se aleja de mí y se pasa los dedos por su cabello.

Exhalo una respiración entrecortada y superficial. —Todo está bien, [Link] bien.

—De acuerdo, entonces —dice alegremente—. Solo quiero hacerles saber que estamos a punto
de comenzar.

Desaparece, y somos solo Jungkook y yo de nuevo. Ah, y la mierdosa carga de equipaje que
llevamos.

—Estamos aquí para hacer un trabajo —digo, mi voz dura—. Simplemente hagámoslo.
Su ceño se frunce y su mandíbula se tensa, y por un segundo pienso que no va a dejarlo así, pero
dice—: Si eso es lo que realmente quieres.

Empujo una vaga sensación de decepción. —Lo es.

Asiente, y sin decir una palabra más, se dirige a las escaleras y sale por la puerta.

Me tomo un momento para componerme. Mi cara está caliente, mi corazón late con fuerza, y
casi me río cuando pienso que ya me ha alterado, y ni siquiera hemos comenzado los ensayos.

Las próximas cuatro semanas van a apestar.

Me enderezo y me dirijo de nuevo a la sala de ensayo.

Para el momento en que agarro mi guión y agua, solo hay una silla en la mesa de producción, y,
por supuesto, es junto a Jungkook. La arrastro tan lejos de él como puedo y me hundo en el
incómodo plástico.

—¿Todo bien? —Marco levanta sus cejas.

—Sip. Bien —digo con una sonrisa, y es como si estuviera de vuelta en el primer año de la
escuela de arte dramático, diciendo lo que otros quieren escuchar para que estén felices, incluso
si yo no lo estoy.

Actúo mi papel.

—Entonces, vamos a empezar por el principio, ¿de acuerdo? —dice Marco.

Hay ruido de papel cuando todo el mundo abre sus guiones. Qué buena idea. Todas las buenas
historias tienen que empezar en alguna parte.

¿Por qué esta debería ser diferente?


En el comienzo.

EN LA ACTUALIDAD.
CIUDAD DE NUEVA YORK.
DIARIO DE KIM TAEHYUNG.

Querido Diario, Daniel ha sugerido que te use para facilitar las crónicas de los acontecimientos
en mi vida que me han llevado a ser el individuo inadaptado que soy ahora. Él quiere que me fije
en algunas relaciones nada sanas que me hacen ponerme deprimido y emocionalmente no
disponible, para que pueda empezar con lo gordo de mis arrepentimientos:

Jeon JungKooK.

La primera vez que lo vi, estuve simulando sexo con alguien que acababa de conocer.

Guau. Eso suena mal.

Déjame explicarlo.

Me encontraba realizando una audición por un lugar en la universidad The Grove de Artes
Creativas, una universidad privada que ofrecía cursos de danza, música y artes visuales, y
también alojaba una de las más prestigiosas escuelas de drama en el país.

Construido sobre los huesos de un antiguo huerto de árboles frutales, se hallaba localizado en
Westchester, Nueva YorK, y en la historia reciente, había entrenado a algunas de las mayores
prodigiosas estrellas del teatro y de la pantalla de América.

Yo había estado soñando con estudiar allí desde siempre, así que en mi último año cuando todos
mis amigos se encontraban solicitando puestos en universidades para ser doctores, abogados,
ingenieros y periodistas, yo envié una solicitud para ser actor.

The Grove fue mi primera opción por muchas razones, en particular, porque se encontraba en el
otro lado del país lejos mis padres.

No es que no quisiera a mis padres, porque lo hacía. Pero Chaewon y Chansung tenían ideas muy
específicas acerca de cómo debo vivir mi vida. Debido a que yo era hijo único y, por tanto,
programado para hacer cualquier cosa y todo para ganar su aprobación, básicamente vivía a la
altura de todas sus ideales poco realistas.

En el momento en que llegué a mi último año, nunca había bebido alcohol, fumado cigarrillos,
comido nada que no fuera la basura vegetariana saludable, pero sin sabor, de Chaewon, ni dormí
con un chico. Siempre estaba en casa cuando se suponía que debía estarlo, incluso si era para que
pudieran ignorarme los dos por completo, o criticarse el uno al otro, o no estar allí en absoluto.

Mi madre era mecánica. Ella siempre se sintió como si debiera mejorarse a sí misma, o a mí. Yo
era torpe, así que me inscribí en clases de ballet. Yo era gordito, por lo que ella veía cada bocado
que comía. Yo era tímido, así que me hizo ir a clases de teatro.

Odiaba todo lo que me obligaba a hacer, salvo el teatro. Eso se quedó. Resulta que yo era
bastante bueno en eso, también. ¿El fingir que era otra persona durante unas horas? Sí, sacudió
mi mundo.

La principal contribución de Chansung a mi educación consistió en establecer normas estrictas


acerca de dónde podría ir, lo que podía ver y lo que podía hacer. Aparte de eso, no me hacía caso
a menos que yo estuviera haciendo algo muy bien o muy mal. Aprendí rápidamente que había
menos gritos y menos encerramientos cuando hacía las cosas bien. Obtener buenas calificaciones
le hacía feliz. Lo mismo que ganar premios por el teatro y oratoria.

Por lo tanto, he trabajado duro. Más duro de lo que un hijo debería hacer para llamar la atención
de su padre. Es seguro decir que todos mis comportamientos obsesivos perfeccionistas procedían
de él.

Mis padres no estaban contentos con mi plan de ir a la escuela de teatro, por supuesto. Creo que
las palabras exactas de Chansung fueron: "Y una mierda." A él y a mamá les parecía bien que
actuara como un pasatiempo, pero con mis notas, podría haber tenido mi elección de profesiones
muy bien pagados. No entendían por qué desperdiciaría una vocación en la que el noventa por
ciento de los graduados universitarios eran siempre desempleados.

Los convencí para que me hicieran una prueba negociando que también solicitara para el
programa de Derecho en el Estado de Washington. Eso me compró un billete de avión de ida y
vuelta a Nueva YorK y la débil esperanza de dejar de buscar la aprobación detrás.

Sabía cuando empecé el proceso de solicitud que mis posibilidades eran escasas, pero tenía que
intentarlo. Había otras escuelas a las que me hubiera encantado asistir. Pero quería lo mejor, y
The Grove lo era todo.

HACE SEIS AÑOS.


WESTCHESTER, NUEVA YORK.
AUDICIONES EN LA UNIVERSIDAD GROVE.

Mi pierna está temblando.

No temblando.

No estremeciéndose.

Sacudiéndose.

Incontrolablemente.

Mi estómago se está atando en nudos, y quiero vomitar. De nuevo.

Estoy sentado en el suelo con la espalda contra la pared. Invisible.

No pertenezco a este lugar. No soy como ellos.

Son atrevidos, escandalosos y parecen cómodos usando la palabra mierda. Fuman un cigarrillo
detrás de otro y tocan las partes íntimas de cada uno, aunque la mayoría de ellos se acaban de
conocer. Se jactan de los espectáculos que han hecho, las películas en las que han estado y los
actores famosos que han visto, y me siento aquí cada vez más pequeño, cada segundo, a
sabiendas de que lo único que voy a lograr hoy es demostrar lo inadecuado que soy.

—Entonces, el director dice: "Jennie, el público necesita ver tus encantos. Tú dices que te
dedicas a tu oficio, y sin embargo, tu sentido equivocado de la modestia dicta tus opciones.”
Una pelinegra alegre es el centro de atención, contando historias de guerra teatrales. Las
personas reunidas alrededor parecen cautivados.

Realmente no quiero oírlo, pero ella habla tan alto que no puedo evitarlo.

—Oh, Dios mío, Jennie, ¡¿qué hiciste?! —pregunta una pelirroja, su cara retorciéndose de
emoción exagerada.

—¿Qué podía hacer? —le pregunta Jennie con un suspiro—. Le chupé la polla y le dije que no
me iba quitar la blusa. Era la única manera de proteger mi integridad.

Hay risas y algunos aplausos. Incluso antes de que hayamos entramos dentro, las actuaciones han
comenzado.

Inclino la cabeza hacia atrás y cierro los ojos, tratando de calmar mis nervios.

Corro a través de mis monólogos en la cabeza. Los conozco. Cada palabra. He diseccionado cada
sílaba, analicé los personajes, subtexto y capas de sutileza emocional, pero aun no me siento
preparado.

—¿Así que, de dónde eres?

Jennie está hablando de nuevo.

Trato de ignorarla.

—Oye. Tú. Chico de la pared.

Abro los ojos. Ella me está mirando. Así como todos los demás

—Eh… ¿Qué?

Me aclaro la garganta y trato de no parecer aterrorizado.


—¿De dónde eres? —pregunta de nuevo, como si tuviera problemas mentales—. Me doy cuenta
de que no eres de Nueva YorK.

Sé que su sonrisa sarcástica se dirige a los vaqueros de los grandes almacenes, y al suéter gris
liso, así como a mi pelo castaño aburrido y a mi falta de maquillaje. Yo no soy como la mayoría
de los jóvenes aquí, con colores vibrantes y las caras pintadas. Se parecen a las aves exóticas, y
me parecen una mancha de grasa.

—Eh… Soy de Aberdeen.

Su cara se arruga con disgusto.

—¿Dónde diablos se encuentra eso?

—Está en Washington. Es algo pequeña

—Nunca he oído hablar de ella —dice con un gesto desdeñoso de sus uñas lacadas—. ¿Por lo
menos tienes allí un teatro allí?

—No.

—¿Así que no tienes ninguna experiencia actuando?

—Hice algunas obras de teatro de aficionados en Seattle.

Sus ojos son brillantes. Ella huele una presa fácil.

—¿Amateur? Oh... ya veo. —Ahoga una risa.

Mi instinto de conservación entra en acción. —Por supuesto, no he hecho todas las cosas
maravillosas que tú has hecho. Quiero decir, una película. Guau. Eso de debe haber sido
seriamente impresionante.
Los ojos de Jennie se apagan un poco. El olor de la sangre se diluye por hacerle la pelota.

—En serio, fue increíble —dice mientras sonríe—. Quiero decir, probablemente esté perdiendo
el tiempo por tomar este curso, porque no voy a llegar a la final antes de llegar a un acuerdo de
gran presupuesto, pero es algo para mantenerme ocupada hasta entonces.

Sonrío y estoy de acuerdo con ella. Acariciarle el ego. Es fácil.

Soy bueno en eso.

Las conversaciones bullen a mí alrededor, y yo añado un comentario aquí o allá. Cada media
verdad que se derrama de mi boca me hace más como ellos.

Más probabilidades de encajar.

En poco tiempo, estoy riéndome a carcajadas y rebuznando como el resto de los asnos, y uno de
los chicos me levanta y finge que estamos en una rave.

Se pone de pie detrás de mí mientras se empuja contra mi trasero. Le sigo el juego, a pesar de
que estoy horrorizado. Hago ruidos vulgares y meneo mi cabeza. Todo el mundo piensa que soy
gracioso, así que ignoro mi vergüenza y sigo adelante. Aquí, puedo elegir ser desinhibido y
popular. Su aprobación es como una droga, y quiero más.

Todavía estoy fingiendo ser bombeado a tope cuando levanto la mirada y lo veo. Se encuentra a
unas yardas de distancia, todo alto y ancho de hombros. Su pelo oscuro es ondulado y rebelde, y
aunque su expresión es impasible, sus ojos muestran desprecio claro. Penetrante y sin perdón.

Mi risa falsa se tambalea.

Se ve como un ángel vengador con su intensa mirada y características etéreas. Piel suave y ropa
oscura.

Él tiene una de esas caras que en las que te detienes cuando estás hojeando una revista. No un
guapo de manual, pero fascinante. Al igual que una cubierta de un libro que te lleva a darle la
vuelta y perderte en la historia.

Mi nueva falsa valentía se siente pesada bajo su mirada. Se desliza fuera de mí toda sucia y
espesa, y dejo de reír.

El chico me empuja lejos y se vuelve hacia otra persona. He perdido mi vulgar encanto de
bombeo de trasero.

El chico alto también se da la vuelta y se sienta con la espalda contra la pared. Saca un libro
hecho jirones de su bolsillo. Atrapo el título: Los Rebeldes. Uno de mis favoritos.

Me vuelvo hacia el grupo ruidoso, pero han continuado.

Estoy dividido entre tratar de recuperar mi posición y saber más acerca del chico del libro.

La elección se queda sin valor cuando se abre la puerta cercana y una mujer sale. Es escultural,
con el pelo corto y negro y los labios de color rojo brillante, y nos evalúa con el foco de un rayo
láser. Me recuerda a Betty Boop, si Betty Boop fuera intimidando con
hazte-pis-en-los-pantalones y tuviera un sujetapapeles de charol.

—Muy bien, escuchen.

El gallinero se queda en silencio.

—Si digo menciono su nombre, entran.

Ella dispara nombres, su voz clara y segura.

Cuando grita, "Jeon JungKooK" el chico alto se levanta de la pared. Me mira brevemente a su
paso, y me dan ganas de seguirlo. Me siento falso e incómodo sin él.

Nombres siguen llegando. Estimo más de sesenta personas caminando por la puerta, incluyendo
"Kim Jennie" que chilla antes de entrar pavoneándose en el interior. Me estremezco cuando
escucho, “¡Kim Taehyung!”

Mientras agarro mi mochila, la mujer intimidante dice—: Eso es todo por este grupo. Todo el
mundo espera aquí. Serán llamados por otros instructores.

Ella me sigue por la puerta y la cierra tras ella. Estamos en una habitación negra y grande. Un
espacio teatral polivalente. En la pared del fondo hay un largo banco de gradas plegables. La
mayoría del grupo está sentado sobre ellas, charlando en voz baja. El recuento final es de ochenta
y ocho. Sesenta chicas y veintiocho chicos. Ninguno de ellos se ve tan nervioso como me siento
yo.

Tomo asiento, sintiéndome como un despistado chapuceando en un mar con los chicos más
experimentados de la ciudad. Mi pierna empieza a temblar de nuevo.

La instructora se pone delante de nosotros.

—Mi nombre es ParK Hyelin, y soy la jefa del departamento de actuación. Esta mañana vamos a
hacer un trabajo de carácter y de improvisación. Al final de cada escena, haré saber quién se
quedará. Sé lo que estoy buscando, y si no lo tienen, se van. No estoy tratando de ser una dura de
roer, es solo la forma en la que es. No necesito decirles que en Grove sólo aceptan los treinta
primeros candestará 25 de teatro de los dos mil que estarán haciendo las pruebas en los próximos
días, por lo que hay que dar lo mejor de ustedes. No estoy interesada en ver teatro estereotipado
y emoción falsa. Quiero algo autentico o volverán a casa.

Mi miedo a fallar me susurra que debo dejarlo, pero no puedo. Necesito esto.

Pasamos la siguiente media hora haciendo ejercicios de enfoque. Todo el mundo está tratando
desesperadamente de no parecer desesperado. Algunas personas tienen más éxito que otras.

Jennie es fuerte y confiada, como si tuviera la aceptación en el bolsillo. Es probablemente que


sea así. Jeon JungKooK es intenso. Increíblemente. Sus interacciones brillan con energía
contenida, como si fuera una planta de energía nuclear que se utiliza para encender una bombilla.

Trato de mantener todo real y natural, y en su mayor parte, tengo éxito.

Después de cada escena, la gente se reduce. Algunos lo toman bien y algunos caen rendidos. Es
como una zona de guerra.

Los números del grupo disminuyen rápidamente. Hyelin es rápida y eficiente, y cada vez que se
me acerca, creo que estoy fuera. De alguna manera, me las arreglo para sobrevivir.

Cuando descansamos para el almuerzo, todos estamos en silencio. Incluso Jennie. Nos sentamos
en un círculo, nuestra mente tropezando con nuestros monólogos mientras tratamos de ignorar
que la mayoría de nosotros no va a llegar a las audiciones de mañana. Algunas veces siento que
me quema la cara y levanto la mirada para ver a Jeon JungKooK mirándome. De inmediato mira
hacia otro lado y frunce el ceño. Me pregunto por qué parece tan enojado.

De vuelta en la habitación, estamos emparejados. Me emparejan con un chico llamado Jordan


que tiene acné y un ceceo.

A cada dúo nos dan un escenario, y el resto de nosotros observamos. Es como un deporte
sangriento. Todos estamos esperando a que los otros lo arruinen para tener una oportunidad
mejor.

Jennie y Jeon JungKooK se emparejan juntos. Se supone que son unos desconocidos en una
estación de tren. Hablan y coquetean mientras Jennie sacude su pelo. No puedo decir si tiene más
ganas de impresionar a Hyelin o a JungKooK.

Jordan y yo actuamos como hermanos. No tengo hermanos, así que es un poco agradable.
Bromeamos y reímos, y tengo que admitir, que estamos bastante bien. Hyelin nos complementa,
y el resto del grupo aplaude a regañadientes.

Al final de la ronda, la gente se reduce y se derraman lágrimas. Suspiro de alivio cuando me doy
cuenta de que sólo quedamos unos treinta. Las probabilidades son cada vez mejores.

Las parejas cambian. Me toca con Jeon JungKooK. Él parece feliz por ello. Se sienta a mi lado
mientras su mandíbula se tensa y se libera. No creo que jamás haya notado antes la mandíbula de
alguien es específico, pero la suya es impresionante.

Se vuelve y me atrapa mirándole fijamente, y su expresión es una mezcla perfecta de un ceño


fruncido y de voy-a-matarte-y-a-arrancarte-la-piel.
Guau. Vamos a ir fatal como compañeros.

Hyelin se pasea delante del grupo.

—Para esta última sesión, todo el mundo tendrá la misma tarea. El escenario es “Reflejo.”

Suena fácil.

—No va a ser fácil.

Maldita sea.

—Este ejercicio es una cuestión de confianza, apertura y de hacer una conexión con la otra
persona. Nada de cohibirse. Nada de artificios. Sólo cruda y pura energía. Ninguno de los dos
conduce o sigue. Tienes que sentir el movimiento del otro. ¿Lo entienden?

Realizamos todos un movimientos de cabeza, pero no tengo ni idea de lo que está hablando. Jeon
se frota los ojos y hace un sonido como gimiendo. Me imagino que él tampoco tiene ni idea.

—Bien, vamos.

El primer par toma su posición. Kim Jennie y Jordan. Toman unos minutos para planificar, y a
continuación, se empiezan a mover. Es obvio que Jennie está liderando y Jordan le está
siguiendo. Son todo manos y nada más. En un momento dado, Jordan se ríe. Hyelin garabatea en
su portapapeles. Me imagino que acaba de cagarla. Sonrío. También lo hace Jeon.

Otro que muerde el polvo.

Los otros grupos realizan su turno, y Hyelin los rodea como un halcón, escudriñando cada
movimiento. Ella decidirá quien se va al final para regresar mañana. La mayoría de las personas
están bajo presión. Yo estoy emocionado más allá de las palabras.

Por fin es nuestro turno, y nos ponemos de pie delante del grupo. Jeon tintinea su pierna. Sus
manos están en los bolsillos y los hombros están encorvados.
No me llena de confianza.

Realmente me gustaría hacer pis y/o vomitar. Ya que tampoco puedo hacerlo, cambio mi peso de
un pie a otro y pido a mi vejiga que retroceda.

Hyelin nos estudia unos momentos.

Me doy cuenta de que Jeon y yo hemos dejado de respirar.

—Muy bien, ustedes dos —dice ella—. La última oportunidad para impresionarme.

Jeon me mira, y veo mi desesperación reflejada en él. Quiere esto. Quizás tanto como yo.

Hyelin se inclina hacia mí y baja la voz.

—Él se mueve, tú te mueves, ¿Comprendes? Respira el aire. Encuentra una conexión. —Mira a
Jeon—. Tienes que dejarlo entrar, JungKooK. No pienses en ello, sólo hazlo. Tres intentos y estás
fuera, ¿recuerdas?

Él asiente y traga.

—Tienen tres minutos para prepararse.

Se va, y Jeon y yo nos vamos al fondo de la sala. Se queda cerca y huele bien. No es que debería
estar notando algo así, pero mi cerebro se encuentra en busca de una distracción a mis nervios, y
su buen aroma lo es.

—Mira —dice mientras se inclina—. Necesito esto, ¿de acuerdo? No lo arruines para mí.

Me sonrojo de ira.
—¿Disculpa? Tienes las mismas posibilidades de arruinarlo como yo. ¿Y qué quiso decir Hyelin
cuando dijo "Tres striKes y estás fuera"?

Se inclina más cerca pero no me mira.

—Éste es el tercer año que lo intento. Si no entro esta vez, terminé. No me dejaran volver a hacer
la audición. Entonces mi padre me diría un gran y gordo "te lo dije" y esperará que entre a la
escuela de medicina. He trabajado duro para esto. Lo necesito, ¿bien?

Estoy confundido. Lo he estado observando todo el día. ¿Estas personas están ciegas?

—¿Por qué no has entrado antes? Eres muy bueno. —De una forma intensamente inquietante.

Su expresión se suaviza por un momento.

—Me es difícil... encajar… con otros artistas. Al parecer, Hyelin cree que ese es un atributo
importante que deben tener sus actores.

—No parecía que tenías algún problema con Jennie

Se burla.

—No había conexión allí. No sentí nada, como siempre. Hyelin puede decirlo.

Echo un vistazo a la dama de cabellos oscuros que nos está estudiando.

—¿Te ha audicionado antes?

Asiente.

—Cada año. Quiere ofrecerme un lugar, pero no me dará un pase libre. Si no demuestro que
puedo hacer este ejercicio en particular, en el cual he apestado por completo siempre que lo he
hecho, entonces se acabó.
—¡Un minuto! —grita Hyelin.

Mi ritmo cardiaco se acelera.

—Escucha, simplemente has lo que sea necesario para "conectar" conmigo, ¿está bien? Porque si
no consigo esto, tendré que regresar con mis padres sobreprotectores, y de verdad que no puedo
calentar haciéndole frente a eso. Sé que puede ser una sorpresa, pero no eres el único que tiene
algo que perder aquí.

Frunce el ceño.

—¿Aca... acabas de decir "calentar"?

Siento un rubor feroz engullir mi garganta. Se está riendo de mí, simplemente porque me niego a
maldecir como loco al igual que todos los otros calentadores en este lugar.

—Cállate.

Su sonrisa se agranda.

—¿En serio? ¿Pifiar?

—¡Detente! Estás perdiendo tiempo.

Para de reír y suspira. Luce más relajado, pero supongo que es porque toda su ansiedad se ha
transferido a mí.

—Mira, Kim...

—Mi nombre es Taehyung.


—Lo que sea. Solo relájate, ¿de acuerdo? Podemos hacer esto. Mírame a los ojos y... Jesús, no
sé... hazme sentir algo. No pierdas la concentración. Eso es lo que ha traicionado a todos los
demás hasta ahora. Solo céntrate en mí, y me centraré en ti. ¿Bien?

—Está bien.

—Y ya no digas más "calentar", porque esa mierda me hace reír. Sabes que es un término del
porno, ¿no?

No, no sabía que calentar era un término del porno. ¿Me veo como un pervertido adicto al
porno?

Exhalo e intento enfocarme. Mis pensamientos son caóticos. Tengo que estar tranquilo.

—Oye —dice mientras toca mi brazo. Eso no ayuda a mi concentración—. Podemos hacer esto.
Mírame.

Lo miro a los ojos. Sus pestañas son ridículas. Mientras me mira, algo se sacude directamente en
la boca de mi estómago. Debe sentirlo, también, porque su boca se abre e inhala con fuerza.

—Mierda. —Parpadea pero no aparta la mirada.

La energía chisporroteando entre nosotros es demasiado intensa. Cierro los ojos y exhalo.

—¿Kim?

—Taehyung.

—Taehyung —susurra, su voz suave y muy desesperada—. Quédate conmigo. Por favor.