Suéltate
Suéltate
Carajo
Porque tienes la fortuna de
vivir…
¡Suéltate!
Carajo
A Che García
Por su fuerza siempre manifiesta…
Porque las dificultades sólo pulieron su estilo
A Dña. Celia
Por su transparencia,
Porque con la ciencia que arrancó a la vida
mantuvo unidos a los suyos
¡Gracias de corazón!
ÍNDICE
DEDICATORIA ................................................................. 5
AGRADECIMIENTOS ...................................................... 7
INTRODUCCIÓN ........................................................... 11
I. VOCACIÓN SINFÓNICA...................................... 25
II. CONECTA CON TU ESENCIA ............................ 43
1. Reconoce tus luces ............................................... 53
2. Encara tus sombras.............................................. 72
III. ANIMA A LOS DEMÁS ........................................... 81
IV. EMULA AL ARTISTA ...................................... 115
1. Juego a tres bandas ............................................ 139
2. Susurros al oído ................................................. 153
V. LIBERA TU VOZ ................................................... 177
1. Identifica los patrones de pensamiento y
comportamientos que no nos expresen .................. 182
2. Practica gradualmente en un entorno seguro ... 184
3. Aprende a gestionar tus emociones .................... 185
4. Desarrolla tu autoestima y confianza personal . 186
5. Afírmate .................................................................. 193
CONCLUSIÓN .............................................................. 203
BIBLIOGRAFÍA ............................................................. 207
AUTOR ........................................................................... 211
INTRODUCCIÓN
13
las personas, pero cada uno es responsable de lo
que hacen con ellos.
Es importante que todos brillen por la libertad
en su hacer, pero no somos responsables de la vida
de los demás, pero sí de lo que aportamos para
hacer de nuestra estancia en este mundo una grata
experiencia para todos los que así lo acepten.
Los demás no siempre estarán en condiciones de
acoger nuestra diferencia, pero esto no hace
ilegítimo nuestro derecho. ¡Suéltate! y que cada
uno asimile lo que pueda, aunque hacerlo o
evitarlo es una elección personal con consecuencias
para los demás, ya que no estamos solos.
No hay tiempo para desperdiciar nuestro
tiempo en lo mal que nos fue, pero sí de acoger la
oportunidad de asumirlo con flexibilidad si
queremos encajar en nuestro presente en las
mejores condiciones
Personalmente he tenido tantos cambios y
algunos me han regalado esquemas útiles en su
momento, pero también fardos difícil de encajar en
el presente. Así, por ejemplo, asimilé que las
personas, por el hecho de gozar de mayor edad,
había que darles autoridad y derecho de imponer
silencios sobre los de menor edad, pero con el
tiempo me di cuenta de que sólo tenían años y
autoritarismo, y que jamás se regalaron la
oportunidad de escuchar otras voces valiosas. En la
actualidad me encanta aprender de la autoridad de
los demás, pero sé que también tengo algo que
ofrecer a quien tenga flexibilidad para ir más allá
de lo vivido y de su estatus esclavizantes.
14
No está mal crecer con una creencia, pero sí sería
lamentable que no aprendiéramos mejores modos
para abordar el presente y darnos la oportunidad
de disfrutar que hay gente con menos edad que
tienen mucho que decir, y que su silencio sólo lo
imponen cuando sus ideas lo ameritan. No es
cuestión de edad sino de generosidad para dar y
recibir de nuestros semejantes. El respeto es debido
a todos, pero nunca es sinónimo de aceptar aquello
que niegue la propia esencia.
Hay que tener muy presente que todos somos
trastocables si damos espacio al cuestionamiento y
al desafío. Podemos contar con más experiencia y
conocimiento, pero también debemos aumentar la
capacidad de soltar lo que nos endurece a fin de
sortear vados y barrancas sin perder nuestra fuerza
y seguir con un mejor talante.
Es importante crear espacios comunes para
crecer y compartirnos con los demás. De aquí la
importancia de una comunicación efectiva. La
comunicación humana busca certeza y verdad,
pero no es tan fácil alcanzarla, aunque hay que
aspirar a conseguirla con todo y su riesgo.
Buscamos nuestra verdad, pero esto supone
rediseñarla conforme vayamos descubriendo
nuevas luces y superando inocentes engaños. Por
eso no estaría de más recordarnos la leyenda de la
mentira y la verdad.
Cuenta la leyenda que un día la Mentira y la Verdad
se encontraron en un río. Entonces, la Mentira le dijo a
la Verdad:
– Buenos días, doña Verdad
15
Y la Verdad, que no se fiaba mucho de su nueva
amiga, comprobó si realmente era un buen día. Miró al
cielo azul sin nubes, escuchó cantar a los pájaros y llegó
a la conclusión de que, efectivamente, era un buen día.
– Buenos días, doña Mentira.
– Hace mucho calor hoy, dijo la Mentira.
Y la verdad vio que tal y como decía la Mentira, era
un día caluroso.
La Mentira entonces invitó a la Verdad a bañarse en
el río. Se quitó la ropa, se metió al agua y dijo:
– Venga doña Verdad, que el agua está muy buena.
Por aquel momento la Verdad ya sí se fiaba de la
Mentira, así que se quitó la ropa y se metió al río. Pero
entonces, la Mentira salió del agua y se vistió con la ropa
de la Verdad mientras que la Verdad se negó a vestirse
con la ropa de la Mentira, prefiriendo salir desnuda y
caminar así por la calle. La gente no decía nada al ver a
la Mentira vestida con la ropa de la verdad, pero se
horrorizaba al paso de la Verdad desnuda.
Conscientes de esto, a todos nos vendría muy
bien partir de la actitud de Sócrates: “yo sólo sé que
no sé nada!” pero cultivar también la “mayéutica”,
es decir, el arte de dar a luz nuevas ideas a partir
de atinadas preguntas que fracturen la rigidez,
tanto personal como la de los demás. Si fuéramos
educados para buscar la verdad limitaríamos la
rigidez intelectual o adopción de posturas
inflexibles a ultranza sin espacio mínimo para la
autocrítica y recepción de los indicios de verdad,
“semina verbi” dirían los antiguos.
Nadie es dueño absoluto de la verdad y, por
tanto, tampoco está exento de mentir, involucrarse
en medias mentiras o medias verdades, pero sí
16
estamos en la posibilidad de compartir nuestra
perspectiva de la vida en base a lo vivido, sin
olvidar que existe la no infrecuente posibilidad de
falsear la realidad por temor, por conveniencia o
hasta por el gusto de hacerlo.
No somos ni ángeles ni demonios, sólo seres
humanos aspirantes a la “perfección”, pero
siempre viandantes a quienes se les pega el polvo
del camino, lo cual nos tendría que regalar la
humildad para reinventarnos día a día desde lo
que somos y tenemos el día de hoy.
Tampoco nadie puede ni debe privarnos del
derecho a compartir lo nuestro, aunque esto
implique no coincidir e incluso disentir. Es absurdo
pretender que personas tan distintas en educación,
origen e intereses, no tengan diferencias, cuando
más bien estas diferencias tendrían que ser
acogidas, estimuladas e impulsadas, como parte
natural de nuestras interacciones, y espacio ideal
para expandir el conocimiento y perspectivas
integrales. Y esto exige plasticidad personal para
dejarnos tocar por otras visiones.
Lejos de extrañarnos esta constante, cabría
preguntarse cómo hemos permitido y asimilado
esa imagen tan estrecha y estancada de la vida
humana, cuando nuestra condición da espacio a
diferir una y otra vez en la búsqueda de esa verdad
básica que nos aúne asumiendo los inevitables
roces del camino.
Esta hermandad a nivel de pensamientos, gustos
y sensaciones no es posible ni aconsejable si lo que
perseguimos es trascender nuestros límites. Lo
ideal es estimular la divergencia, la actitud crítica,
17
el cuestionamiento legítimo como medio
irrenunciable para ampliar nuestras miras. O ¿será
que nuestra seguridad es tan frágil que nos
atemoriza la posibilidad de reeditarnos?
Esto me recuerda aquella frase bíblica del
Génesis: y se dieron cuenta que estaban desnudos -
Adán y Eva- (3,7), pero lejos de quedarse en su
vergüenza, retomaron su vida con su
descubrimiento y sin negar lo evidente. Es cierto
que no siempre estaremos en las mejores
condiciones para hacerlo, pero no por ello nos
vamos a abstener y a privar de lo propuesto.
Si revisamos la historia del pensar humano las
peores aberraciones han surgido cuando las
personas se han aferrado rígidamente a una
perspectiva, fuente de grandes malentendidos y
catástrofes humanitarias: somos la mejor raza,
tenemos derecho a esclavizar y conquistar,
pertenecemos a una casta superior, somos parte de
la religión oficial y merezco ciertos privilegios. Se
ha perseguido a la gente por su color, por su fe, por
su raza y cosmovisiones, olvidando que eran
diferentes, pero siempre integrables y eco de otras
realidades.
Todas estas visiones eran parciales y
autoritarias; eran verdaderas para unos cuantos y
sufribles para muchos más. Estas visiones se
cerraban a causa de los peligros supuestos o reales
de la diferencia no entendida y mucho menos
aceptada. Por eso los cambios copernicanos han
sido sufridos y resistidos, e inclusos perseguidos,
como también son resistidos y hasta ignorados en
el presente.
18
Hoy tampoco es diferente, aunque sean más
sutiles, pero no por ello menos perniciosos. Es
posible que hoy no nos peleamos por afirmar que
el centro del mundo no es la tierra, pero si nos
distanciamos por un partido político, por no ser
hinchas del mismo equipo o país o por
autonombrarnos el centro hegemónico de la mejor
opción avaladas por fans que secundan
incondicionalmente y sin cuestionamientos
mínimos, como si la propia elección eliminara
mágicamente cualquier otra posibilidad.
Todos gritan ser los mejores y los únicos, no por
acciones consecuentes con lo proclamado sino por
voces de maquiavélico marketing e imágenes de
oropel construidas a conveniencia y promotoras de
esclavitudes disfrazadas de libertad. Nos imponen
slogans que se convertirán en verdades a base de
repetirlas por activa y por pasiva, aunque sin
aportar sustento mínimo; proponen modismos que
apelan al sentir sin necesidad de argumentar;
culpan, etiquetan y borran del mapa por el solo
delito de pensar distintos.
¡Suéltate! Son rigideces que terminarán por
fracturar un mundo mejor al desmembrar una
sociedad que está hecha para sumar, no para
desvirtuarse y descalificarse con la facilidad que
ofrenda una tendencia aplaudida y sostenida por
personajes sin rostro o por gritos de sinrazón, pero
con decibeles insufribles.
Los repudiados dogmatismos hoy tienen carta
de naturalización si son del color dominante, en
cambio, es digno de repudio lo distinto por el
19
simple hecho de no embonar con la tendencia o por
su sabor a pasado.
Las modas y perspectivas del pasado se han
convertido en pasto de críticas mordaces e incluso
motivos de pena ajena. Se supone que tendríamos
que aprender de la historia, como maestra de vida,
pero preferimos alzarnos como maestros con oídos
sordos, sin apenas escuchar, pero sí avaros de
tomar el escenario para esparcir nuestra verborrea
llena de lógicas con línea, pero nula simpatía y
menos de empatía para con los que nos
precedieron, olvidando que no somos los primeros
sino sólo beneficiarios de tantos esfuerzos de
héroes olvidados.
Una buena dosis de plasticidad personal nos
vendría muy bien a todos si queremos aprovechar
lo vivido. De lo contrario, estaríamos gestando
personas rígidas e intolerantes de lo que no es eco
de nuestra inconsistente supremacía.
El presente texto quiere ser promoción de la
valía personal siempre innovativa de los actores
del quehacer humano, que, aunque parcial, es
legítima experiencia que suma a una visión
integral de la vida con vistas a un futuro mejor
siempre objeto de mejora, para que las
generaciones que miran a nuestro hacer, con dudas
y sospechas si así lo quieren, lo hagan con libertad,
poseedora flexibilidad y apertura a lo valioso,
aunque no siempre cautivante en primera
instancia, pero la vida no es cuestión de facilidad
sino de validez.
Los que habitamos este mundo somos la suma y
resta de tantos aciertos y errores a agradecer y
20
aprovechar, si anhelamos trascender, pero para
ello habrá que dar al olvido cualquier tipo de
espasticidad intelectual y contracturas motrices
que nos impidan entrar en contacto con los demás.
La vida de las personas es exponerse a lo
distinto, probar, tragar, digerir y expulsar la
basura. Esta labor de discernimiento requiere
atrevimiento y darse el permiso de someter a juicio
las propias seguridades y de apropiarse lo que hace
crecer
También quiere ser una enérgica invitación a
considerar ese trasfondo de verdad que alberga
cada propuesta y vivencia humana, a sabiendas de
que nuestros interlocutores también tienen
derecho a conocerla y tomar postura ante la misma
distinguiendo, negando o consintiendo su valor.
Las opiniones son para cuestionarse y nadie
tendría porque sentirse ofendido, ni negarse a
adoptar nuevas perspectivas cuando así lo sugiere
una valoración inteligente, más allá de narcisismos
y sensibilidades exageradas ante lo distinto y
disruptivo. Eso se traducirá en un alivio, si tenemos
suficiente seguridad personal, y en una tarea a
afrontar, si tenemos el ego inflamado. De no ser así,
los efectos pueden ser catastróficos, ya que quien
se siente inseguro de lo que piensa y dice le
generará empachos y temor a ser rechazado,
contradicho o ignorado.
Para acercarnos a este objetivo ocuparemos
recuperar a través de acciones efectivas nuestra
calidad de seres sociales capaces de entretejer
aventuras con todos los colores y matices a nuestro
21
alcance, asimilando lo que nos hace más fuertes y
consistentes.
El ser humano está llamado a expresar su
esencia de manera clara y fuerte, pero esto sólo será
posible cuando reconectemos con todos los que
compartimos el momento presente con las
experiencias de cada uno y su voz peculiar. Es
necesario tomarnos muy en serio que no estamos
solos, sino que somos parte de un cúmulo de
posibilidades a incluir en un discurso de mayor
calibre que exige maleabilidad a todos los niveles,
aunque ajeno a todo relativismo cómodo. Sólo
cuando los recursos de todos tengan eco será
posible una gran sinfonía, tema del primer
capítulo.
El segundo capítulo acentúa la urgente
necesidad de reconectar con nosotros mismos, con
sus luces y sus sombras, para reestructurarnos a
partir de nuestros recursos y acondicionar las velas
para ir hacia los demás con nuestros sentidos en
pleno para asombrarnos en este viaje común.
Todos hacemos alarde de nuestra unicidad e
irrepetibilidad, pero hacen falta acciones directas y
focalizadas que nos fortalezcan, sin olvidar ni
ignorar nuestras debilidades. Así, pues, en el tercer
capítulo nos interesa atender a aquello que nos
hace sonar fuertes y originales en pro de todos.
Esto se ha de sentir como llamado a reconocer y
vibrar con los demás a fin de crear sinergia que
considera la simpatía y la empatía como elementos
necesarios para mantenernos vinculados y abiertos
al impacto de los demás
22
La suma de estas luces y sombras, multiplicado
por el número de personas con las que vamos a
coincidir puede sin duda multiplicar a la enésima
potencia nuestra valía y, en consecuencia, nuestro
aporte. La sinergia de talentos sólo se dará cuando
todos sumemos lo que nos hace distintos y
evitemos ser meros ecos de expectativas ajenas o de
temores encapsulados en excusas.
No basta con actuar de manera improvisada,
sino que hay que hacerlo con arte y maestría, lo
cual será objeto del cuarto capítulo. Esta ha de ser
la bandera que mida las acciones cotidianas que
nos permita ser y estar con los demás como
verdadero regalo que aplaude y desafía. Esto
requerirá esfuerzo de todos para evitar que los
demás se encuentren con una nuez vana e
inflexible, cuya cáscara debería servir para
salvaguardar el fruto, no para esconder nuestro
vacío.
No es suficiente considerar nuestro hacer como
un arte que exige conexión, por eso apostamos por
verificar que el acercamiento a los demás sea como
fuerza transformadora, es decir, como un
encuentro de seres asertivos que facilitan la
melodía cónsona de todas las voces.
A manera de ejemplo en la segunda parte de este
capítulo regalamos algunas expresiones a
quemarropa que ofrece a sus interlocutores
afirmaciones con pocos miramientos y basto
atrevimiento.
En la quinta sección el libro aterriza con una guía
parar mostrarnos y afirmarnos con los demás,
23
evitando actitudes intransigentes e inflexibles y
con la finalidad de pulir nuestras seguridades.
Este esfuerzo quiere ser un regalo con el anhelo
de que sea útil a quien ambicione otro horizonte,
confiando en su apertura y benevolencia.
Para pensar
24
I. VOCACIÓN SINFÓNICA
25
Suelta tu voz, con su color y su textura de lo
contrario tocaremos mal son. Presta atención al
otro, déjate cautivar por los demás, ya que sonamos
mejor cuando lo hacemos juntos, hacemos a un
lado lo que nos condiciona y asumimos lo que nos
permite escurrirnos entre los retos. Es hermoso
reconocernos parte de algo más grande que
nosotros mismos donde jugamos un papel
importante.
Me encanta la etimología griega de sinfónico por
la elocuencia que implica y las voces que integra:
significa sonar juntos, pero no basta con sonar cada
uno a su ritmo. ¿Se imaginan la sinfonía no 8 de
Mahler, llamada de los mil, tocando, cantando y
dirigiendo cada uno por su lado? Un verdadero
sinsentido del hacer sinfónico, sin embargo,
cuando cada uno disfruta lo que hace transmitirá
una melodía que lo trasciende. Ese es el objetivo.
Nada hay más valioso para un proyecto excelso
que cada uno haga lo que le compete en el
momento correcto independientemente de los
altibajos de la vida, lo cual no se dará por un
quehacer mágico sino por el consenso de
voluntades enfocadas en un propósito.
En ente interactuar nos encanta pensar que
somos transparentes como el agua y que, por
tanto, a los demás les queda claro y obvio mi
mensaje y que sólo será cuestión de buena
voluntad para que lleguen a lo propuesto. Así que
cada vez que alguien no secunda mi intención es,
sin duda, a causa de su mala voluntad, concluimos
con facilidad. Desafortunadamente ni soy tan
efectivo como pretendo ni la otra persona tiene
26
tanta malicia, sino que todos requieren práctica y
dominio de este arte, lo que exige superar la
rigidez e inflexibilidad de las propias convicciones
si nos han hecho convictos en lugar vencedores con
la valioso.
Ayudaría mucho a nuestra humildad
recordarnos que somos mensaje escondido entre
los claro obscuros de lo que hacemos u omitimos,
entre palabras y silencios, entre movimientos ágiles
y andares torpes. Si esto es así, la tarea permanente
sería aprender a expresarnos efectivamente, es
decir, debemos optimizar nuestros recursos para
mostrar lo que pretendemos y encontrar
condiciones proporcionales del otro lado.
Dominar este arte no es una tarea fácil y
automática, sino una tarea que requiere toda una
vida para hacerlo con maestría, pero aun así no nos
exime de fallos en el camino, ya que las personas y
las circunstancias cambian más de lo que queremos
admitir, por lo que es imprescindible que
pongamos a remojar nuestras expectativas y
pretensiones: sólo cabe vivir el momento y
moverse bajo el ritmo de quien danza con sus
altibajos y éxtasis esporádicos. Por ejemplo, el
verdadero artista sólo nos regalará su obra maestra
en las postrimerías de su recorrido e incluso como
póstuma.
Hay que tener muy presente que mostrarse ante
los demás no es un monólogo, sino un diálogo, esto
es, una interacción donde va en juego la palabra
(logos) de por lo menos dos interlocutores, con la
esperanza de que no sean presa de aislamientos
que debiliten el impacto de la palabra, ni de la
27
primacía de circunstancias que limiten este
quehacer. Por ejemplo, yo puedo tener el deseo de
comunicar mi disgusto o deseo a alguien, pero
puede suceder que el otro sólo tenga interés en las
historias de una red social en boga. Por lo que hay
que aceptar, que, si este medio ha cautivado su
atención, difícilmente tendrán cabida mis grandes
logros, cuitas y reclamos. El hecho es que alguien
compartió algo que creía que era importante pero
la realidad impone reconocer que no había receptor
interesado. Razón por lo cual, no hay espacio para
crear lo común. Así pues, hay que aceptar que es
imprescindible que alguien muestre algo, pero
también es requisito que a alguien permita ser
tocado por lo compartido.
El fallo puede ser atribuido a uno y a otro de los
participantes, pero de poco sirve buscar culpables
si no nos aseguramos de crear las mejores
condiciones e intentar hacer lo mejor para que no
suceda lo mismo en la siguiente oportunidad. Las
intenciones no determinan resultados y los actos
crean precedentes a considerar, pero no son para
someterse sin más.
No estaría de más tener presente que otros
seres, distintos a los humanos, se expresan de una
manera específica para cada especie, se comunican
de manera instintiva y dejan poco espacio para
malentendidos. En la medida que éstos captan los
signos los interpretan y reaccionan sin
cuestionamientos, sólo siguiendo sus instintos. Sin
embargo, esto no así entre los seres humanos. Las
personas se expresan, pero la recepción del
mensaje no siempre es óptima, sino que muchas
28
veces se confunden e incluso expresan cerrazón al
mismo, ya sea por deficiencias en la codificación o
en la decodificación, por miedo ante lo distinto o
porque atenta contra la comodidad de lo familiar.
Aunque sabemos que el cambio es una constante
en nuestra vida, pero nos apegamos a la costumbre,
aun cuando no sea más que una rigidez salvadora.
Es fácil verificar que a lo largo de la historia de
cada pueblo se han desarrollado códigos según su
idiosincrasia para salvar lo propio y evitando lo
extraño: disfrutan lo propio, pero se pierden de lo
valioso por no dar hospedaje a lo insólito. Esto ha
generado muchas veces Torres de Babel dada la
variedad de códigos como también de lecturas y
actitudes carentes de interés y/o tacto con los
demás. Los motivos son variados. Va desde tintes
dictatoriales de quien comparte hasta carencias
obvias para cosechar consensos. Habría que
recordarnos que la peculiaridad engendra
diferencias y guetos, pero también genera riqueza
y universalidad cuando hay generosidad y
confrontación de los límites seguros de lo
conocido.
Hoy en día tampoco es la excepción: las
personas tienen sus códigos más o menos
conscientes, unas veces razonados y verificados y
otras veces obviados e incluso tergiversados por
intereses obscuros y viciados. Otras veces se rigen
más por modas y tendencias sin rostro, pero con
atractiva facilidad y escasa permanencia en el
tiempo, que más de alguna vez hacen flaquear la
comunión de un proyecto que sume la entrega de
todos.
29
No es fácil mantenerse ajenos a las presiones
sociales ni tampoco inmunes a tanta información,
sin embargo, es tarea necesaria no perder de vista
que expresarnos supone crear espacios donde la
voz de todos tenga cabida, sean eco de calidad y
no resultado fácil y calculado de un algoritmo
preñado de intereses.
Unos y otros tienen el derecho de expresarse,
pero también de asegurarse de que sea en de tal
modo que enriquezcan a todos, es decir, que
tengan espacio para expresarse, pero con el arte
necesario para dar cabida al concurso generoso de
tantas voluntades.
Para tener un punto de partida sólido es
necesario poner las bases mínimas y consistentes
que den cabida a estructuras fuertes cultivadoras
de libertad.
En esta experiencia de viandantes tenemos que
aprender a relativizar lo vivido. Es básico entender
y aceptar que lo que hemos vivido no es un dogma
para nadie, ni siquiera para mí, por lo que hay que
limitar su valía. Por tendencia natural tendemos
hacer de lo vivido un tesoro a imponer y nos cuesta
mucho soltarlo y con ello soltarnos. La vida cambia
a grandes pasos por lo que hay que quedarse con
lo esencial y soltar lo accidental, lo que tendría que
dar espacio a la flexibilidad frente a lo nuevo.
Entre más vivimos y experimentamos
tendríamos que ser más flexibles y no todo lo
contrario. Esto es condición básica para seguir
aprendiendo. Si queremos aprender primero hay
que desaprender y cuesta mucho aceptar que
mucho de lo vivido ya tiene la etiqueta de caduco.
30
Razón por la cual habría que hacer eco al
imperativo “suéltate y afronta con flexibilidad lo
que viene”.
Es un deber hacer de la expresión un vehículo
efectivo, entendiendo que su sentido supera las
palabras e involucra a la persona. Por tanto, el
objetivo es que nuestro hacer, nuestro decir, pensar
y sentir exprese lo que somos y nos jale a lo que
podemos ser. Hay que atrevernos a expresarnos
en su sentido etimológico y formal. Empecemos
por apropiarnos su significado nuclear, es decir,
manifestar con palabras, miradas o gestos lo que se
quiere compartir. Expresar no se limita a lo que
decimos con palabras, sino también con miradas e
incluso con gestos, es decir, expresar apela a la
integralidad de la persona: ¡exprésate! Por lo que la
expresión debe tener vínculos fuertes con la
persona protagonista si queremos que tenga raíces
veraces y no sólo de corrección.
Así, por ejemplo, subrayamos que una persona
es expresiva, enfatizando que alguien es muy
obvio, esto es, manifiesta con viveza y exactitud los
afectos experimentados y aparecen impactantes
cual realidades inevitables y perceptibles para
todos. Hay que cultivar la capacidad de expresar la
propia esencia y aprender a leer al otro en lo
nuclear. Desde luego, que entendemos que no
siempre estamos al cien por ciento, pero como meta
aspiracional tendría que hacer de esto su punto de
gravedad. Para que esto sea así hay que gozar de
libertad suficiente para que no nos frenen nuestras
“buenas razones” para ocultarnos.
31
Los seres humanos somos presencia más o
menos lograda ante nosotros mismos o ante los
demás. Esta característica típica de los seres
humanos es una de sus calidades esenciales, es
decir, somos persona, seres en relación a alguien
más. La presencia puede ser más o menos
consistente, aunque también puede prevalecer su
levedad, como diría Kundera.
Ya los griegos subrayan este impacto de la
persona antes los demás. Ellos consideraban al ser
humano como seres en relación, con clara
referencia a esas máscaras que interactuaban en el
gran teatro, así las personas viven en relación con
los demás y cada máscara actúa su papel, un rol en
referencia a los demás. Es ahí donde aparecen los
grandes dramas de la existencia humana bajo el
designio a veces malévolo y caprichoso de los
habitantes del Olimpo.
A lo largo de la historia se acentúa el quehacer
del ser humano en el mundo con mayor o menor
luz. Unas veces se subrayaba el fatalismo y el
sometimiento ante un destino invencible, ante el
cual hay poco más que sufrirlo con dignidad. Esto
no es ajeno a nuestra vida cuando pensamos que
sólo tenemos que dejar fluir lo que somos y el
resultado será aquel que los dioses inmisericordes
ya han fijado. Desde luego que así vistos no hay
nada que hacer ante la nula libertad de los actores
con sus consecuencias prácticas.
Otras veces prevalece el antropocentrismo
enfatizando el papel protagónico de la persona
responsable de sus decisiones y sus consecuencias
acentuando que todo pasa por sus manos y que
32
todo gira entorno al ser humana con las bondades
y vicios de seres no siempre ecuánimes y
equilibrados.
Independiente de lo que se acentúe según la
mentalidad imperante, prevalece la calidad
sociable de las personas, es decir, los seres
humanos como parte de una gran polis donde se
dan cita héroes y villanos.
Según la cosmovisión predominante respecto
del papel del ser humano en el mundo aparecerán
también modos de interactuar y resultados
consecuentes con los trasfondos culturales
imperantes.
Si atendemos, además del sentido formal de
expresar, a su origen etimológico: “la palabra
expresar viene del latín expressus (expresado, claro,
manifiesto, hecho salir por presión), participio de
exprimere, formada ex- (hacia fuera) y pressus participio
de premere (presionar)”. La idea subyacente es la de
"presionar" o esforzarse para sacar afuera algo”, lo
que hace referencia necesaria a la voluntad
personal de hacer presión sobre la propia
naturaleza para que emerja lo valioso tanto actual
como latente, de ahí la necesidad de que la
educación personal sea entendida como el arte de
sacar lo mejor de cada persona. Sin embargo, hay
quien puede y no quiere, pero también quien
quiere y no puede, si no es con mucho esfuerzo y
constancia.
En este intento de convivir y compartir lo que
somos los medios no son suficientes: el cuerpo
sugiere, los silencios gritan, las palabras muestran
y esconden, las circunstancias desfiguran. Todas
33
estas variantes hacen del arte de expresarse y
mostrarse un desafío permanente para las
personas. Y es aquí donde debe surgir el
protagonismo inteligente de los seres humanos, es
decir, la capacidad de reinventarse cada día a partir
de lo adquirido. No somos la tiranía del pasado ni
la angustia del futuro, sino el recurso del presente.
Expresar siempre tiene como punto de
referencia a alguien o a algo. Se parte de lo que es,
pero está supeditado a la capacidad de
receptividad de los destinatarios sin olvidar todas
sus variantes. Habrá que verificar si gozamos de
las aptitudes y actitudes para salir de nosotros y
entrar en el escenario de los demás, a fin de
impactar positivamente a los demás y asegurarnos
de que nuestras torpezas no terminen por
afectarnos negativamente a todos.
En lo que respecta a las otras personas es
observable la capacidad variante de dejarse
impactar por la esencia del otro, aunque no
siempre es igual el deseo y la capacidad de
expresarse de todos los implicados. Esto tiene
como consecuencia resultados no siempre
efectivos, sino más bien malentendidos o
proyecciones parciales. Es tarea de todos crear las
condiciones y los recursos efectivos para impactar
y dejarnos impactar sin juicio y sin historias por
quienes gozan de proximidad.
Si partimos de esta experiencia, es deseable que,
en la medida que dominemos el arte de
expresarnos, seamos más asertivos y empáticos,
pero esto, más que un mero deseo, debe ser un
quehacer humano libre y bello que cautive al ser
34
humano. Por tanto, las relaciones con los demás
tendrían que aspirar a esto, ya a que nadie es ajeno
a la frustración que provoca quedarse fuera de algo
que te importa.
Igualmente, ser aceptado parcialmente, verte
condicionado por la incapacidad del otro, negarte
espacio dentro de un sistema establecido, quedar
fuera de los estándares reductivos, incluso verte y
sentirte alejado por el prejuicio de alguien más
apaga esa chispa y da espacio al enclaustramiento
de lo valioso.
Si queremos que esto sea una realidad hay que
desarrollar la consciencia de lo que somos – lo
actual y lo adquirible- y estar dispuestos a
compartir efectivamente lo que apreciamos de
nosotros mismos. Quien no está consciente de lo
que tiene sólo puede compartir su pobreza por
ignorar los tesoros que esconde.
Por otro lado, quien sabe lo mucho que posee
puede hacer de ello un gran desperdicio por miedo
a exponerlo, o bien, puede beneficiar a su entorno
de sus riquezas sin reparo alguno. He tenido la
suerte de encontrarme con grandes artistas pero
que había que rogarles para que nos regalará su
talento. De verdad no se creían que esto era una
delicia para los demás. Pero también me encontré
con quien repartía a diestra a siniestra sin
miramiento alguno sus aspiraciones, aunque, por
honor la verdad, tenían más atrevimiento que
talento.
Tanto si optamos por la primera o la segunda
opción siempre comunicamos algo de nosotros, y
por supuesto, la calidad de la comunicación,
35
portadora de riqueza, nunca será la misma en una
y en otra aptitud. Como diría Watzlawick, “Ahora
bien, si se acepta que toda conducta en una situación e
interacción tiene un valor de mensaje, es decir, es
comunicación, se deduce que por mucho que uno lo
intente, no puede dejar de comunicar”.
Cuantas respuestas desperdiciadas por temor a
ser criticados, abusados o infravalorados han
quedado en lo escondido. Esto no sólo afecta a
quien no lo recibe sino también a quien se lo
guarda o esconde. Independiente del motivo que
los limite siempre será una pérdida para todos.
Los demás coadyuban a descubrir lo que soy,
hacen las veces de espejo más o menos nítido. Es
decir, somos seres en relación con algo o alguien
con los cuales somos más o menos transparente y,
al mismo tiempo, ese algo o alguien nos hace ser
consciente de lo que somos, lo que facilita mi
autoconocimiento. Espejearnos en los otros es de
tremenda ayuda para calibrar nuestro verdadero
peso. En mi vida de deportista aficionado había
jugadores de futbol que me dejaban con la boca
abierta al descubrir que aún tenía muchas cosas por
aprender, pero también delante a otros me sentía
muy afortunado por lo conquistado.
Lo dicho no tiene que ser considerado como un
manojo de palabras sino una realidad que es
necesario asimilar y establecer estrategias para ver
a quienes nos rodean: unos nos estimulan a seguir
creciendo y otros nos recuerdan el impacto de
nuestra presencia, ya que nadie es neutral para
nadie, aunque en apariencia pueda prevalecer la
indiferencia.
36
El postulado de ser sociables es un llamado, en
consecuencia, a dejarnos impactar por la presencia
del otro y a ser conscientes de que tenemos mucho
para ofertar. Esta disposición es básica y
preámbulo de ganancia mutua. Lo contrario es
enclaustrarnos en la dictadura de la pobreza
individual, es decir, damos fuerza a la convicción
de que el don nace en uno y termina en los propios
límites. Nada más contrario para las personas que
creen en la necesidad de esforzarnos para
enriquecer a las demás personas y con ellas a
nuestro entorno.
De aquí brota el imperativo interior de abrirnos
tanto para recibir como para darnos, sino de una
verdadera madurez afectiva. Esto sólo sucederá si
cada uno construimos una mente flexible, como
antídoto a una mente rígida, capaz de aceptar que
no soy dueño de la verdad, que soy falible respecto
a mis pensamientos, por lo que hay que dar la
bienvenida al cambio justificado y al uso habitual
de duda metódica. En definitiva, aceptar
humildemente que no puedo tener todo bajo
control, más bien dicho, casi nada.
También hay que ampliar el horizonte de
nuestro modo de pensar exclusivo y dar el paso al
pensamiento inclusivo de lo retador y cuestionante
de lo familiar. Si queremos ingresar a las grandes
ligas habrá que asimilar que abandonar una idea
no es síntoma de debilidad sino de fortaleza,
atenerse por principio a los hechos, afrontar de
buen grado el reto de la novedad y fomentar la
autocrítica para exorcizar el dogmatismo, el
37
autoritarismo y la testarudez mental y modos de
actuar habituales a veces viciados.
Una persona de mente flexible debe aceptar los
errores como parte del proceso de aprendizaje,
convencerse de que el apego a las creencias no es
signo de estatus y, por último, reconocer que uno
es capaz de adaptarse a lo nuevo como un estilo de
búsqueda de lo mejor.
Las estrategias flexibles implican darnos la
oportunidad de explorar la realidad, actualizar e
investigar lo emergente, regalarse experiencias
nuevas, escuchar a los que no comparte la propia
perspectiva de la vida, adoptar el cuestionamiento
de los argumentos y no de las personas, así como
promover una democracia inteligente que
considere a todos en su mejor versión como
expresión de cuidado y avance mutuo (cfr. Riso,
W., 2010,130.131).
En la medida que cada uno se dé a la tarea de
construir estructuras sólidas tendrá la suficiente
flexibilidad para soltarse en sus acciones, en sus
decisiones. Estoy convencido que nadie que valore
lo que es y acepte el valor del otro adoptará
actitudes de cerrazón y rigidez, sino todo lo
contrario.
Hoy más que nunca no hay espacio para
actitudes pendulares que vayan de un extremo a
otro sino más bien de promoción de aquellas que
nos acerquen más a los demás.
Saber estar presente cuando sumo y ausentarme
para dar aire al otro requiere creer en la autonomía,
excluir la dependencia y abogar por la
interdependencia. Hoy pululan circunstancias que
38
alientan el individualismo y deterioran el sentido
de sociedad por lo que urge una cultura de escucha
activa de los otros sobre todo aquellos que la
diferencia pone a años luz o, por lo menos, en vías
paralelas. Conviene recordar que estamos en el
mismo barco y que la suerte de uno es la de todos,
como también que el capitán debe retomar el buen
oficio de líder que enarbole la bandera de todos y
conjunte esfuerzos efectivos para superar retos
comunes que exigen decisiones con turbo.
Somos seres en relación con acento en lo
primero, ya que la calidad de nuestro ser dará
como resultado relaciones que sumen y
multipliquen decisiones y resultados que
beneficien a todos.
Sólo quien valora el brillo de su voz, reconoce el de los
demás, los convoca a un objetivo común e implementan
las acciones que darán a luz obras maestras siempre
objetos de reedición.
No es cuestión de egos sino de creación de espacios
amplios para la alteridad, creadora de nuevas realidades.
Dar espacio a lo común ubica egos y acoge otros libres
y relajados.
Afina el oído para la escucha, engendradora de
bienestar estético y ético.
39
Para pensar
44
naturaleza nos regala, pero también es inevitable
cotejar la calidad de la conexión con nosotros
mismos, ya que de ello dependerá que aparezca lo
genuino que calificará la calidad de nuestros
aporte.
Nuestra calidad de seres sociales fue y es un
mecanismo de sobrevivencia, pero también de
sinergia generadora de valor agregado, si nos
damos la oportunidad de transformarnos en cada
experiencia de conexión y encuentro con lo que nos
rodea.
Es curioso que a nuestra tierna edad fácilmente
decíamos lo que pensábamos, pedíamos lo que
queríamos y decíamos no a lo que no nos gustaba.
Dábamos sin cálculos y sin etiquetas ni mirábamos
a la marca y a la clase social y menos al color de la
piel. Sin embargo, con el correr de los años
sucumbe esta espontaneidad con todas sus
virtudes y vicios y da paso a un imperativo
categórico, a veces dictador o un super yo
castrante, o una conciencia colectiva que parece
aniquilar lo particular, o a un individualismo
miope que mantiene a los demás a la distancia o
máximo regala cercanía con muchas reservas.
Son tantos “debería” que dan al traste lo que
apasiona e inspira, de ahí la importancia de volver
a nuestros orígenes curiosos como sugiere Robert
Greene en su libro Las leyes de la naturaleza, es
decir, atender a tus inclinaciones primarias como lo
hizo Einstein a través del regalo de la brújula que
le hizo su papá nació su curiosidad científica; Marie
Curie, pionera de la radioactividad , al encontrarse
con un estante lleno de instrumentos de laboratorio
45
se le abrió el campo de la investigación; Ingmar
Bergman, guionista y director de teatro y cine
sueco, quien cambio todos sus juguetes por un
Cinematógrafo de juguete y con el tiempo hizo de
este arte su vida; Martha Graham, bailarina y
coreógrafa estadounidense, quien ante las
dificultades para comunicar su sentir, se
transparentó finalmente con la danza; Daniel
Everett, lingüista, quien admirado por la
peculiaridad de la cultura mexicana, con el tiempo
dio el gran salto hacia el amor de su vida, la
antropología y dedicó mucha energía a estudiar la
lengua de los pirahä.
Es entendible que ser parte de un gran colectivo
exige cierta normativa para bien funcionar, pero no
tendría por qué hacerse caso omiso de lo que cada
uno lleva de valioso, como también atender a
nuestras zonas de sombra, sino que tendría que ser
vista como imprescindible. Unas y otras nos
configuran, sumando o restando a lo que
pretendemos. Es un desafío que invita a
aprovechar las primera y a mejorar las otras a fin
de transformarnos permanentemente para bien.
No somos meros merolicos o marionetas
manejados con más o menos disimulos, tampoco
expresión de mentes extrañas, sino seres que
sienten, quieren y piensan. Una combinación de
grises y matices variados y sorpresivos. Y eso no
tendría por qué ser un problema si no fuera porque
inconscientemente nos cuesta aceptar y amar
nuestra imperfección como sujetos de oferta e
intercambio con nuestros interlocutores.
46
Nuestra capacidad es incrementable pero
también está propensa a retrocesos. Es decir, no
somos de ninguna manera seres lineales en
marcha, sino personas con penosos repliegues y
estancamientos, aunque siempre con capacidad de
lograr mejoras.
Cada día nuestro cuerpo tiene algo que decirnos:
cansancio, vigor, temor, audacia. Así constatamos
que un sí vigoroso se puede convertir en indecisión
persistente ante obstáculos imprevistos o
negativas intransigentes, mientras que alguien, con
la debilidad como huésped permanente, muchas
veces nos sorprende cuando conecta con lo que le
apasiona y pone en movimiento. A este respecto
me encanta traer a la memoria a Temple Gardin -
niña autista con grandes dificultades para hablar y
pensante en imágenes- que cuenta cómo el
descubrimiento de los caballos fue su inicial pasión
hasta que descubrió a las vacas e hizo de ellas su
obsesión de estudio, con todo y su supuesta
limitación.
Cada uno “tiene una razón por lo cual hace lo
que hace”, eco del principio de razón suficiente
presumiblemente promovido por Leibniz “todo lo
que ocurre tiene una razón suficiente para ser así y no
de otra manera”, entre las razones no siempre
conscientes, pero no por eso menos impactante,
está su estilo de personalidad dominante que hay
que tener en cuenta porque esto dice mucho de
nuestro modo de afrontar la realidad, y que se hace
visible en nuestras relaciones interpersonales.
Habrá que poner atención a esos razones porque
terminan creando redes neuronales por lo que sería
47
prudente hay que verificar que su sustento sea
fuerte y sólido.
Cada uno tiene su estilo y esto crea
oportunidades y desafíos. Por ejemplo,
imaginemos qué le implicaría mostrarse ante los
demás a alguien que tiende a ser paranoico, un
obsesivo frente a un "laissez faire, laissez passer”;
un narcisista o una persona con hipersensibilidad,
por dar algunos ejemplos. Unos y otros
experimentarán retos de no poca monta. Pues bien,
todo eso existe en la vida y con ellos hay que lidiar
y vivir, incorporando siempre aprendizajes.
Si percibes el mundo como peligroso, los que
viven a tu lado serán posibles enemigos de quienes
hay que cuidarse e incluso afrontar. Esta
adrenalina primitiva te mantendrá en continuo
estrés, en estado de vigilia constante lo que
implicará un desgaste constante de tanta energía.
Estar siempre pronto a una respuesta puede
potenciar en ti una actitud reactiva permanente o
de ataque preventivo antes de que alguien te pueda
hacer daño, lo que te salvará de muchas situaciones
peligrosas, pero también te privará de muchas
experiencias enriquecedoras: por ejemplo, si tengo
un proyecto a emprender, pero el miedo me
paraliza, mi iniciativa sólo será una prometedora
idea y saldré con pérdidas en lugar de capitalizar
la experiencia.
Este estilo de personalidad ayudará a vivir en
prevención, pero también con una actitud
desconfiada e incluso rencorosa. Mientras te
sientas capaz de vivir en este desgaste prevendrás
48
muchas calamidades, pero también es posible que
más de alguna derrota te postre ante los demás.
La vida con los demás será muy complicada
porque crea alianzas muy frágiles y basadas en el
temor. Pensar y actuar como un auténtico esquivo
se convierte en todo un reto para todos los
enrolados en esta aventura.
Vivir desde este estilo de personalidad te obliga
a mostrarte siempre fuerte y escondiendo
cualquier tipo de fragilidad. Por otro lado, tu
necesidad de cercanía entrará en una dinámica de
puerco espín: al juntarse para sentir calor se
alejarán en automático por las puyas desarrolladas
para su defensa.
Si estás convencido de que eres lo mejor y lo más
hermoso del universo, te mostrarás exagerando tus
cualidades e infravalorando tus defectos. Este ego
inflamado implica una dictadura y, por
consecuencia, el desprecio del otro. Ignorarás todo
aquello que en apariencia opaque tu imagen, la
colaboración de los demás será sólo bienvenida
cuando sume a tus deseos de grandeza excedida y
excesiva, buscarás en los demás cansinos “me
gusta” y descalificarás a tus detractores con o sin
razón.
Tu séquito de aduladores e incensarios son los
únicos derechohabientes de tu mirada benévola,
siempre cuando no te hagan mínima sombra.
Nunca serás suficiente halagado, por tanto, tu
hambre será cada vez más exigente y
discriminatoria: tus amigos serán quienes gocen de
la creatividad creciente que sacie tu hambre de
reconocimiento. Serás un consumidor de halagos y
49
un enemigo atroz de quien no valore tu ficticia
grandeza. ¡Ay de aquellos que se atrevan a poner
en tela de juicio tu grandeza o que no tengan ojos
para ti!
Sentirte limitado y carente puede impulsar ese
perfeccionismo que te lleve a ser un controlador
permanente, servidor de protocolos bajo el yugo de
la rigidez. Este estilo te expresará cuidadoso y
atento a las reglas establecidas. La espontaneidad
sólo tiene espacio en el lugar de los muertos,
disfrutar no cabe porque la seriedad es la única
que tiene espacio en tu vida.
Puede que hayas hecho de la lógica tu modo de
decidir. Es lógico que si yo soy sincero el otro
también lo será; es lógico que, si yo soy generoso,
también los otros lo van a ser por fuerza. Todo esto
tiene lógica, pero la vida no es lógica ni tiene
porque serlo, por lo que no estaría de más que
adquirieras la disposición a dejarte sorprender por
la misma, de lo contrario tendrás que lidiar con la
decepción y la frustración permanentes.
La rigidez sólo puede regalarte intransigencia y
falta de maleabilidad. Por ejemplo, te encontrarás
con quien toma como criterio de decisión la lógica
de sus deseos y, por consecuencia, no existirá nada
más de esto, por lo será imposible tu
argumentación o tus buenas razones. Escucharás
frases como eso es lo que quiero y lo que pienso y no
hay razón humana que lo haga considerar otra
opinión, porque prevalecerá el peso de su verdad.
Lo que aparece ante nuestros ojos muestra una
afirmación aplastante sin espacio para el diálogo y
50
permanecerá cerrado ante cualquier
argumentación ajena.
También hay espacio para quien vive en la
frontera, con una inestabilidad estable, donde
siempre hay una posibilidad latente y estresante de
dar el salto al vacío sin considerar consecuencias.
La aventura sin ceso alienta la adrenalina del
protagonista y el estrés de sus interlocutores. La
necesidad de adrenalina contrasta con la necesidad
oxitocina para vivir en la paz que propicia la
creatividad de relaciones sanas. Podríamos pensar
que esta situación es algo anodino y excepcional,
sin embargo, la necesidad de satisfacción
inmediata y repetitiva propia de la cultura
dominante va por ahí: no hay espacio para
posponer la gratificación y con ello nos
encontramos con voluntades cada vez más frágiles
y caprichosas. ¿Por qué posponer la gratificación
cuando la podemos provocar en espacios continuos y
mínimos de quince segundos? Este estilo pone en
condiciones desfavorables cualquier relación
personal caracterizada por una rutina continuada,
porque es imposible que la vida de todos los días
este revestida de esta espectacularidad que
imponen las nuevas tecnologías donde no hay
espacio para una verdadera conversación y sólo
prevalece los guiones con mayor presión social y
repetidos a ultranza, cualquier intento de
aclaración sólo será motivo de mayor encono de
una postura. No importa si es verdadera y correcta,
sino que tenga apoyo, ya que esto le da
“veracidad”.
51
Una visión distorsionada de juez es limitarse a
dictar sentencia. Sin embargo, se te olvida que el
juez también absuelve. Juzga de las pruebas y
deduce culpabilidad o la inocencia de la persona
sometida a juicio. Si tú y yo aprendemos a
colocarnos ante la realidad con la postura de jueces
y aprendemos a condenar con automatismos y
poco diálogo con la realidad y discernimiento,
dando nulo espacio a la búsqueda de la inocencia
desde todos los ángulos de la realidad, todo estará
dicho.
Ir más allá de la condena exige la consideración
de todas las perspectivas y excluye responder a
líneas preestablecidas como criterio recurrente y
obvio. Cualquier postura que nos lleve a sólo ver
los defectos nos priva de la otra mitad de la
realidad, es decir, las bondades de la vida y sus
actores.
Ser meros cribadores de la realidad y quedarnos
sólo con los deshechos nos priva del gozo de
saborear los frutos de la cosecha, que son lo que
realmente buscamos. Si pretendemos disfrutar de
la peculiaridad de cada persona es indispensable
acercarnos y hacerlas próximas sin juicio y
dejándonos impactar por su esencia. La experiencia
dicta que no hay más creador de distancia entre las
personas que sentirse juzgados y objetos de escáner
implacable.
Una conversación vital de las personas implica
sepultar cualquier actitud que mitifique “mi sola
verdad”, “sólo lo que me apetece” para dar cabida a lo
advenedizo, sin “orejeras” que nos centren en la
52
propia perspectiva y nieguen cualquier otra
posibilidad.
Una verdadera conexión con las personas
presupone eliminar cualquier concepción que sólo
tiene ojos para las luces y ceguera irredenta para las
sombras tanto personales como las de los demás.
Es imprescindible estar convencidos por lo que
hacemos, pero jamás convictos de nuestras ideas
porque la vida nos trae muchas sorpresas.
53
1ª. Acepta que la palabra te muestra, pero
también te oculta
Tu decir honra lo bienvenido y disimula tu sonrojo
54
Otra vez, me tocó ir a un café inclusivo dirigido
por sordomudos. Nos fue entregado una pancarta
mínima para solicitar lo requerido en el café. Nada
fácil, por cierto, donde te sientes fuera de lugar por
tu escasa capacidad. Pues bien, espero que esto nos
dé una idea de lo importante que es la palabra para
la comunicación y su poder creador de significado,
pero también el gran reto que supone no entender
sus entrañas.
La escritura fue una gran invención nos facilitó
eternizar nuestro decir, pero también trajo retos de
traducción e interpretación. Hoy podemos decir
que tenemos grandes facilidades para la
traducción, pero aun así nos encontramos con
obstáculos ante estilos de escritura como la poesía,
la distancia de lenguas en apariencia muertas que
dieron origen a los idiomas actuales y hasta las
tendencias ideológicas del momento.
Hay también estudios muy extensos y bien
fundados del peso del lenguaje no verbal y del peso
que tiene en la comunicación, por lo que cuanto
más abarcamos las fuentes de comunicación
estaremos más cerca de la auténtica comunicación
que nos traduzca a los demás y evitemos que se
cumpla la maldición del traductor: «Traduttori,
traditori», es decir, traductores, traidores. Aunque
la verdad es que será siempre un acervo
inabarcable y siempre objeto de estudio y
asimilación si queremos que sea un instrumento
eficiente al servicio de un creador de impacto.
Todo esto sirva como muestra para decir que
tenemos la gran fortuna de tener a nuestra
disposición la palabra para comunicarnos pero que
55
no siempre tenemos la garantía de que alcance
plenamente sus objetivos. Aunque la palabra nos
acerca a los demás y nos muestra, siempre queda
algo escondido, sea por propia incapacidad o por
los límites de los demás. Es tanta la distancia que
nos separa que muchos de nuestros intentos se
quedan cortos. Unas veces somos tartamudos con
nuestro decir y torpes en nuestro hacer por lo que
de inicio estamos compartiendo ambivalencias o
por lo menos con poca trasparencia, ya sea por
desconfianza personal, por temor a lo desconocido,
por miedo a ser malinterpretados, etc. También
nuestros interlocutores puede ser presas de la falta
de atención, de sus problemas, de sus prisas e
incluso de sus antipatías o apatías.
56
corazón o desde la cabeza, como si esta dualidad
fuera constructora de humanidad.
A lo largo de la historia se ha querido hacer esta
distinción. En una época ha prevalecido la razón y
nos hemos encontrado con racionalismos fríos y
con déficit en empatía hacia los demás; otras
generaciones han acentuado más lo afectivo dando
espacio a visiones más románticas y epidérmicas.
Ni una ni otra tendencia dan un buen servicio a la
persona porque estas dos funcionan bien cuando
sirven al mismo fin y se convierten en debilidades
cuando se separan, por lo que ayuda mucho
cuando se crean puentes sólidos entre una y otra, a
fin de que la persona haga uso efectivo de su
inteligencia, de sus afectos y acciones que sean
constructoras de realidades y no proyecciones que
destruyan.
No podemos partir sólo de ideas, sin implicar
nuestros afectos ya que darán a luz acciones ligeras
y mayor impacto. Requerimos palabras que nos
expresen integralmente, no necesariamente
concluyentes, pero si en procesos firmes y
continuos.
3ª. Tu silencio es ambivalente
Cada uno tiene su modo de leer e interpretar
57
cuidamos del otro descuidándonos nosotros y
viceversa.
Estas dos variantes de la ecuación hay que
considerarlas si estamos convencidos de que
callarnos es la mejor de las soluciones. A quién no
le ha pasado callarse un disgusto por pensar en no
hacer sentir mal a la otra persona pero que deja
mucho malestar a nivel personal. La otra persona
sale muy librada y uno en cambio sale arañado. ¿Se
imaginan lo que va a significar cargar con este estilo
durante años? Sin duda el empacho emocional será
enorme.
Hay que tener presente que conductas repetidas
genera hábitos y los hábitos generan estados
emocionales. Si lo que perdura es bueno lo
disfrutaremos, pero, si fuera desagradable, dará a
luz un infierno insufrible. Así es que hay que
crearnos la disciplina de someter a juicio nuestros
silencios para asegurarnos que sumen a la vida de
todos. Hay personas que no se atreven a disentir
con los demás para evitar problemas y
paradójicamente con esta estrategia los conflictos
se multiplican.
Decir y callar son dos variantes importantes de
una buena comunicación. Actualmente, expresarse
es una gran bendición, incluso está estimulado.
A este respecto cabe recordar que en algunos
momentos aparece imponente la ley del péndulo.
Se pasó de las limitaciones y censuras a la
expresión indiscriminada y me pregunto ¿cuándo
llegaremos al equilibrio virtuoso de expresarnos cuando
tengamos algo que decir y callarnos cuando lo hemos
dicho o sea prudente hacerlo para el bien de todos? Decir
58
y callar son dos partes importantes de la
comunicación y por tanto también tendríamos que
considerarlo como meta laudable. Cuando hay que
compartir hay que hacerlo con libertad, pero
también hay que aprender el arte de callar.
Es un ideal a cuidar: nunca callar por miedo,
pero tampoco hablar porque tengo escenario. Este
deseo debe estar precedido por un trabajo arduo
que nos capacite a afrontar nuestros miedos. Estos
ideales suponen trabajo cotidiano permanente,
pero también es sabio evitar la temeridad, es decir,
lanzarnos sin mesura ni cálculo del impacto que
puede tener y sus consecuencias.
Ser capaces de emitir premisas correctas y
arribar a conclusiones lógicas y gramaticalmente
correctas no nos hace mejores personas sólo peritos
en lógica y gramática. Sin embargo, lo que no tiene
a la verdad como propósito nos pone delante a un
mundo muy resbaladizo hecho de jabón.
Es también muy importante cuidar lo que te
dices. ¿Qué sucedería si te dieras cuenta de que cuando
te hablas en esos diálogos interminable te estás contando
una imagen muy light o devaluada de lo que eres?
Supones que te conoces tan bien que das por cierto
lo que te dices, no hay espacio para el
cuestionamiento. A este respecto, es importante
recordar que “las palabras pueden calmar y sanar, pero
también son capaces de crear estigmas y causar
enfermedades” según escribe Mariano Sigman en su
libro El poder de las palabras. Te lo dices tantas
veces que terminas por creértelo. A este respecto,
uno de los acuerdos de don Miguel Ruiz en su libro
El quinto acuerdo es ser siempre escéptico de lo
59
que te dices, pero considero que también de lo que
no te dices.
Una duda inicial siempre es recomendable
cuando te lleva a verificar que sea lo más cercana a
la realidad y no sólo fruto de una percepción
limitada o de un mal momento.
Hemos aprendido a decirnos verdades que nos
estimulan a sacar lo mejor de nosotros, pero
también nos hemos dicho otras que nos llevan al
conformismo. Unas y otras tendríamos que
cuestionarlas y ocuparnos de buscar que tengan
fundamentos sólidos.
Mucho más urgente y necesario sería practicarlo
cuando ya han pasado tantos años y experiencias
que no sería nada extraño que ya no fueran de
nuestra talla. ¿Qué te sigues repitiendo, desde hace
décadas y etapas ya caducas de tu propia vida, que se han
vuelto incuestionables e invisitables? ¿Te consta que
siguen siendo válidas y vigentes o sólo recurrente por la
costumbre? Me sucede a menudo que acepto
verdades de personas adultas simplemente por su
edad y me olvido de que yo también soy un adulto,
de que ya no soy un niño, que también he vivido y
superado experiencias y que ya he fraguado un
estilo y bagaje que me da la capacidad de tomar
decisiones y de aportar a los demás.
64
de una carencia sustancial de confianza básica que
se expresa en una fragilidad crasa que
constantemente clama por el rescate con la fácil
escusa de merecerlo todo.
Los caprichos de deseos avasallantes son
nuestro pan de cada día, rabietas histéricas ante
ataques y ofensas supuestas, fruto de calenturas
febriles proveedoras de alucinaciones paranoicas.
65
eliminar de un plumazo. No somos una
computadora para deshacer nuestra penosa o
difícil realidad, sino seres responsables de sus
decisiones y acciones.
66
La etimología de la palabra expresar encierra
una fuerza incontenible que hay que aprovechar. Si
de verdad estamos interesados en compartir con
quienes tenemos la fortuna de coincidir lo que me
hace valioso como individuo es ineludible
trabajarnos con arte. No quiero afirmar con esto
que seamos frutos de concepciones rígidas a
manera de corsé, sino todo lo contrario, un
esfuerzo que con cincel en mano quitemos lo
superfluo y artificial para que emerja lo bello, lo
único, lo bueno, lo veraz y lo hermoso de cada uno
de nosotros.
No es soberbia apostar por lo especial de cada
uno, sino una opción por la diferencia de cada uno
como propuesta y llamado al reconocimiento. Esto
desde luego tampoco se refiere a un afán por
opacar al otro sino para abrir un espacio de libertad
donde cada uno ocupe su espacio en el gran
concierto del hacer común. Cuando se acentúa
tanto la polarización hay que crear zonas seguras
para una consciencia colectiva donde haya espacio
para las luces y las sombras de cada uno, con el
compromiso de empeñarnos en que predomine la
luz de cada uno de nuestros semejantes.
No hay especio para la discriminación cuando
existe la convicción de que cada uno esconde un
tesoro que embellece a todos. Estoy seguro de que
el mejor modo de inclusión es permitir que cada
uno brille y sea en un contexto de alianza
empoderadora, ya que cuando cualquier ser
humano es opacado todos perdemos luz.
Animar proactivamente a que todos brillen
posibilita un espacio común y luminoso. Crear un
67
clima de desconfianza hacia la diferencia sólo
contrapone.
Si queremos un legado diferente para los que
vienen detrás de nosotros hay que atreverse alentar
y abrazar lo que nos cuestiona para sacar lo mejor
con su simple presencia. Es dar espacio a una
espiral del crecimiento de todos. Pero esto no es
cuestión de buenas voluntades sino de acciones
inteligentes. Es todo un desafío sin duda, pero nada
tan desgastante como crecer en un espacio donde
sólo hay lugar para la confrontación.
No es que la confrontación sea un enemigo para
evitar, sin embargo, esta sólo dará sus frutos
cuando se hayan creado previamente vínculos de
confianza e interés mutuo. Lo contrario sólo traerá
guerras fratricidas cruentas.
Los generadores de división nos imponen
etiquetas y banderas que no nos pertenecen. La
imagen llevada y traída de bondad intrínseca no es
real si no es trabajada y purgada constantemente.
Son tantas las oleadas de información
tendenciosa y parcial que han terminado por
obnubilar nuestro entendimiento y enardecido
pasiones por lo mío y sólo lo mío, expulsando con
ello lo tuyo y por supuesto también lo nuestro.
No es una teoría o una utopía ocuparse de lo que
nos beneficia a todos, es un derecho. Lo nuestro no
es cuestión de banderas, sino cuestión de vida
digna para todos. No va en juego un partido o las
fronteras artificiales de una nación sino de
personas con nombres, sueños y esperanzas cada
vez más lánguidas y mortecinas.
68
Es imperativo crear espacios para todos donde
se construya la individualidad sin olvidar a los
demás. Se grita a los cuatro vientos la necesidad de
aspirar a productos y servicios autosustentables
pero todo esto no será posibles si nos olvidamos de
cuidar que la persona construya realidades
sustentables, futuros renovables. En pocas
palabras, una humanidad que perdure a los
cambios presentes y por venir.
Exprésate, pero has de ello un arte, lo que
supone reescribir los guiones, tanto personales
como de un continente sin fronteras. Dar espacio a
narrativas incluyentes y aspiracionales de un
mundo para todos garantiza la supervivencia de
todos. Esta igualdad equitativa de derechos y
oportunidades respetará sin duda a cada uno con
su estatus actual, su ritmo de crecimiento, pero
todo con sueños a la medida de cada uno.
Me ha tocado relacionarme con muchas
personas muy correctas que te hablan de usted, que
siempre tienen la palabra correcta y manifiestan
estar a tu servicio cuando dispongas, pero a la larga
sólo queda el recuerdo de un buen momento, pero
totalmente ausentes en los momentos importantes.
No te vas a encontrar una grosería explícita, pero si
ausencias groseras en los momentos importantes.
No creo ni espero que las personas sean perfectas,
pero si me molesta que prometan lo que en su vida
no van a hacer.
69
10ª. Comparte, pero tranquiliza a narciso
Quien sólo tiene ojos para sí mismo, no aprecia pasarela
alguna
70
has encontrado con personas que presumen de grandes
hazañas cuando no son más que experiencias ordinarias?
Mis interpretaciones con tres copas encima
parecieran superar las de un artista de renombre
cuando en realidad se sobrepone el sentimiento a
una voz educada y pulida en estas artes. Uno y otro
tiene derecho a sentirse feliz con lo que hace, pero
eso no dicta excelencia en lo que hace, es aquí
donde nos haría bien aceptar de buen grado las
cachetadas de la realidad.
Es un honor que las personas compartan su
subjetividad y se agradece, pero no legisla
obligaciones para los demás. En la medida que
entendamos que esto sólo obliga a quien la percibe,
pero no lo exime de someterse a la realidad;
acogemos con gusto sus aportaciones, si así lo
deseamos, pero también el cuestionarlas si son
obvias las carencias desde nuestra también
legítima perspectiva.
Somos un diálogo de subjetividades en aras de
construir bases sólidas que nos permitan construir
lo duradero. Por lo que no estaría de más
recordarnos que las opiniones son afirmaciones
sometibles al escrutinio público y, por tanto, han de
superar ese filtro ya que no son dogmatismos para
asumir sin más.
Es curioso como en un mundo que alardeada de
libertad proliferen situaciones por demás
intolerantes e intolerables para una mente
mínimamente cultivada por la cruda realidad.
“Gracias por el valor de mostrar y gritar lo que tu
pecho alberga, te respeto, pero quiero que sepas que tengo
el derecho a disentir con tus experiencias y tus ideas,
71
pero quiero poner sobre el candelero que yo también
tengo mis autopercepciones y sentires. Y es con estos
recursos con los que hay que dialogar. Pongamos las
cartas sobre la mesa y juguemos el mejor de los juegos
donde hay espacio para conceder, distinguir e, incluso,
para negar, como hace quien busca ampliar sus
horizontes, enriquecerse con nuevas luces”.
Llevar a cabo esta tarea supone suficiente
seguridad de los interlocutores. Uno para
afirmarse y el otro para dejarse mover y cuestionar.
Madurez para disentir y solidez de la otra parte
para no deshacerse ante el cuestionamiento de sus
ideas.
74
1ª. No ves toda la realidad
Tu horizontes es tu gracia y tu pecado
76
Hay verdades que no queremos escuchar o sólo
lo hacemos parcialmente e incluso acomodamos la
parte que nos conviene. Se dice que el sordo sólo
escucha lo que le conviene. Hay quien sólo tiene oídos
para lo negativo y otros que lo ignoran, dando paso
exclusivamente a lo positivo. Una psicología
positiva acentúa lo positivo, pero mira de reojo lo
negativo. Haciendo caso al refrán un ojo al gato y
otro al garabato.
Más de alguna vez, delante a un proyecto, me he
descubierto diciéndome “y si las cosas no funcionan”,
“y si esto y si aquello” y me ha mantenido en
equilibrio incluir también los indicios que indican
llegada a buen puerto.
78
5ª. A tu palabra la afectan los prejuicios
Lo vivido tiñe la experiencia
81
ser contagiados, sino por un verdadero sentido de
pertenencia a una entidad que nos supera. Suéltate
y grita tu valía, sumando al bien de todo y de todos
reinventándote permanentemente. Pero para ello
es imprescindible ahondar cada vez más en
nuestra esencia personal más allá de lo vivido y sus
resultados, por encima de los angustias de un
futuro incierto, superando imaginaciones e
interpretaciones salvadoras y dejándonos tocar
por la oportunidad presente sin prejuicios ni
cálculos emanados del temor. De hecho, todos
tenemos un bagaje enorme de experiencias que
vale la pena capitalizar y tamizar para asimilarlas.
La vida sigue con nuevos desafíos que
requieren nuevas reglas y estrategias que
cuestionen lo establecido que ya no responda a
nuevas exigencias. Si es esto es así, lo que la
experiencia testifica, vale la pena dar un paso
generoso e inteligente al siguiente nivel: si
compartimos la misma suerte y también el mismo
fin, habrá que constatar que aparezcamos ante los
demás sumando a lo que nos conecta a un ideal
común y hacer gala de nuestra presencia con sus
luces y sus sombras, y con una actitud exigente
que genere lo mejor de cada uno. Para que esto sea
más que una ficción hay que practicar la
creatividad -muestra tu diferencia en obras que te
prolonguen-, aprende algo nuevo cada día -quien
deja de aprender se estanca y con ello invoca su
propia muerte-, reta tu zona de confort -lo vivido
tiene que destrozar la percha-, establece metas que
desafíen lo conquistado -estás llamado a ampliar tu
continente-, practica la resiliencia -aprovecha tus
82
caídas para levantarte más fuerte- y cultiva una
mente abierta -no digas no a lo desconocido y date
la oportunidad de explorar nuevos horizontes-. En
pocas palabras, provoca todos tus recursos y lucha
con ahínco por lo venidero.
Hemos de aceptar que debemos superar nuestra
calidad de infantes (habituados a recibir) e iniciar
la etapa adulta (que se ha de distinguir por la
capacidad de darse), y todos, más tarde o más
pronto, nos tenemos que convertirnos en padres
capaces de darse y abrirse a recibir
retroalimentación, pero “darlo todo supone ganarlo
todo", a decir de Henri Nowen.
Antes de hacer este peregrinar hacia los demás
es básico constatar dónde estamos. ¿Te has
preguntado cuál es la imagen que estás
proyectando a los demás? ¿Será igual a la que
tienes de ti mismo? ¿Crees que esto sea tu máximo?
Por otro lado, ¿cómo percibo al que hiere mis
sentidos con su presencia?, ¿soy constructor de
espacios seguros para su manifestación?, ¿aliento
su expresión y creo ambientes acogedores?
Personalmente no estoy seguro de que mi
presencia, con toda su esencia, sea reconocida por
los demás y mucho menos si soy reconocido como
aporte positivo. Aunque sé que tampoco depende
totalmente de mí, pero, si de algo estoy seguro, es
que más de una alguna vez les he negado a los
demás la posibilidad de conocer lo que soy con mis
luces y sombras, por nobles, pero también irrisorias
razones. La costumbre de mostrarme no la cultivé
mucho porque me desarrollé en un ambiente
solitario y otras veces sentí que no tenía mucho que
83
decir. Esto me hizo tremendamente ávido de
aprender hasta que, por suerte, alguien me inquirió
porqué hablaba tan poco, a lo que contesté que
disfrutaba escuchar para aprender. ¿Te has puesto
a pensar que a alguien le encantaría conocerte? -
aseveró. La verdad es que todos tenemos
resistencias para mostrar aquello que nos desafía y
cuestiona. Pero las luces son imposibles de ocultar
y las más negras sombras terminan por aparecer.
El tiempo me ha enseñado que la ciencia está en
los libros y en los grandes manuales, pero la
asimilación de las experiencias personales
digeridas las llevamos tú y yo, y sería fabuloso
regalarnos eso que no está en los libros sino sólo en
los que viven. Sin duda que todo esto no será
material para enciclopedias, pero sí modos de vivir
y responder a la vida que los hace invaluables.
Es tiempo de gritarlo con arte, es tiempo de
compartir de modo efectivo. Unas veces será
aceptado sin resistencias y espontaneidad, otras
muchas cuestionado y hasta devaluado. Una y otra
puede ser una buena ocasión para aprender u
oportunidad para que los demás tomen posición
ante ello.
Hay que insistir que siempre comunicamos algo
de nosotros mismos, aun cuando no somos
consciente de hacerlo, por lo que hay que cuidar la
calidad de nuestra presencia y adquirir la solvencia
para hacerlo cada vez mejor ¡Alguien nos observa
y merece recibir trigo limpio!
Hay quien tiene más facilidad para hacerlo, pero
también existe quien tiene que esmerarse por
hacerlo mejor. Quiero acentuar la urgencia de
84
asegurarnos de que lo que decimos u omitimos
exprese lo genuino de las personas en interacción.
La comunicación puede ser más o menos
efectiva, pero esto es añadidura, ya que lo que
realmente importa es que sea prolongación de ti y
de mí con fuerza suficiente para superar los
obstáculos siempre presentes.
Lo que nos debe ocupar es asegurarnos de que
todo lo que realicemos o ejecutemos transmita
nuestra esencia y peculiaridad tanto en contenido
como intensidad.
La comunicación con los demás en sus contextos
particulares exige que cada uno de los implicados
aporte lo mejor y para hacerlo cada vez mejor es
imprescindible que desarrollen las habilidades
sociales para que lo expresen, pero no de cualquier
necesarias para actuar como verdaderos artistas,
por tanto, hay que verificar que las acciones, las
palabras y la gestualidad traduzcan y manifiesten
la esencia de los que protagonizan estos
encuentros.
Hay que subrayar que no construimos en lo
etéreo, sino que todo se construye sobre una base
primordial alimentada por cómo nos miramos a
nosotros mismos y a los demás. Esto no es algo
secundario, ya que sostiene y delimita la calidad de
nuestra expresión. La visión de nuestro valor y
aprecio personal nos contiene, localiza y proyecta.
Por ejemplo, quien piensa que los demás son un
estorbo los evitará en la medida de lo posible, en
cambio quien los considere como una oportunidad
los buscará, es decir, partiremos de una
antropología o visión de lo que encuadra ser
85
persona. Quien mira sólo a lo exterior subrayará lo
que aparece, quien vincula a la persona también
con sus entrañas mirará a la integralidad de la
persona.
De igual importancia es el valor que se le da a la
relación con los demás. Las demás personas
pueden ser visto como aliados o como lobos para
la persona. De esta visión surgirá también una
actitud ante las mismas. Para muestra un botón, si
el color es sinónimo de superioridad o de
inferioridad podemos adivinar las consecuencias.
Igualmente, si damos más peso a la opinión que a
las evidencias las tormentas serán tantas como las
personas que sostienen su propia visión. Así pues,
no podemos ignorar los sustratos que sostienen lo
que hacemos.
Mostrarnos con fuerza ante las demás personas
supone considerar a los demás como alguien capaz
de valorar otras perspectivas y con capacidad para
hacer prevalecer lo que suma al crecimiento de
todos.
De poco serviría mostrarse si no aceptamos que
esto nos impactará, nos moverá de nuestra zona de
confort y dinamizará cambios exigentes de
desarrollo y mejora para todos los involucrados.
Donde hay verdadero encuentro de riquezas y
vacíos el cambio es una exigencia. En la medida
que permitamos que los demás nos impacten en
esa medida algo muta en nosotros.
Nos sostiene también la confianza básica de que
no prevalecerá “Caín” ni la tendencia a inculpar a
la “serpiente”. De lo contrario prevalecerá el
aislamiento como opción salvadora o usar la
86
proximidad al otro como mera descarga de nuestra
responsabilidad y desnaturalización de mis
acciones personales.
Las personas que nos rodean son parte de un
gran escenario donde podemos montar una obra
maestra. Para ello hay que vernos como una gran
posibilidad donde cada uno tiene protagonismo,
tanto para bien como para mal. Dado que cada uno
es dueño de su respuesta ante esta posibilidad, solo
cabe que cada uno elija construir sumando lo que
está en su competencia y voluntad. Es básico saber,
querer y aportar la propia peculiaridad para
impulsar lo que queremos para nosotros y para
nuestro entorno. ¡Sorprende con lo tuyo y déjate
apabullar por la aportación de los demás!
Tuve la suerte de culminar mi curso de alemán
en Colonia. Me tocó hacer un viaje en tren desde
Madrid hasta Colonia, fueron casi 24 horas. En el
trayecto coincidí con una parisina que vivía en
Colonia. Por no sé qué malentendidos llegué un
día antes a Colonia y mis anfitriones no estaban en
avisados de recibirme en ese momento. Esta
parisina, junto con su novio alemán, vino en mi
auxilio para ayudarme a llegar a casa de mi
anfitrión con una prontitud que no me imaginé ni
esperaba. Fue la mejor lección de que la gente te
sorprende, pero para ello hay que salir de la propia
comodidad.
Las personas somos parte de una sociedad y nos
movemos dentro de ella con mayor o menor
agilidad acorde con el desarrollo alcanzado. Hoy
más que nunca se ha rebasado el núcleo familiar y
tribal para crear vínculos cada vez más fuertes con
87
la gran aldea con características diferentes a lo
hasta ahora familiar. Esto en apariencia no tiene
nada que ver con la necesidad que tenemos de
expresarnos, sin embargo, influye grandemente en
nuestro modo de comunicarnos y acercarnos a los
demás: no es lo mismo estar cara a cara que hacerlo
a través de un cámara, tampoco es igual interactuar
sin ediciones que hacerlo con variados filtros.
Entre las enseñanzas de la pandemia nos
encontramos con la proliferación y uso de la
tecnología para comunicarnos: formación online,
teléfonos Smart y tantas aplicaciones que crearon
otro espectro para la comunicación. Todo ha
facilitado estar en contacto virtual, pero con una
disminución apabullante del contacto físico y
proliferado abundante información de todos los
colores y densidades.
Es aquí donde cada uno ocupa un espacio y es
el momento donde nos hacemos presentes o
podemos decidir escondernos. Estas son las
circunstancias y el momento para mostrarnos y
hacer lo posible porque prevalezca lo
verdaderamente humano -inteligencia, afectos y
acciones libres-. Es fácil verle el lado oscuro, sin
embargo, es aquí donde hay que crear las
condiciones favorables para que el ser humano
brille y construya lo común.
Hoy las ideas están al alcance de todos y, por
consecuencia, estamos más expuestos a las mismas,
pero también optar por cerrarnos a todas a través
de dogmatismos o relativismos invalidantes. No
estoy cierto de cuan permeables seamos a las
mismas y que tan digeribles y benévolas sean para
88
cada uno, pero ahí están. Este es nuestro punto de
partida, aunque no necesariamente el ideal sino el
real.
Las ideas y visiones de la vida están al alcance
de más personas y con mayor facilidad, con grande
peso de las tendencias y su publicidad, pero habrá
que apostar por la capacidad para discernir y
asimilar aquellas que nos nutran mejor.
En el pasado el cara a cara era la “normalidad”,
pero con el tiempo han surgido multitud de medios
para mostrarse, dando origen a normalidades,
huéspedes de estancias cortas y resbaladizas, lo
que nos exige mayor efectividad.
Antes las miradas eran más limitadas, los juicios
también eran circunscritos a donde pesaba nuestra
presencia y se imponía nuestro grito, hoy se han
ampliado más allá de lo físico con la
preponderancia de lo virtual.
También quien emitía un juicio lo hacía a través
de unos medios con menos alcance y también con
mayor responsabilidad por su afirmación o, por lo
menos, con mayor temor al reproche o condena
social, en cambio en la actualidad el alcance está
garantizado, no así la responsabilidad.
Se puede constatar que hablar a través de una
máscara o detrás de la cara del anonimato nos hace
inhibidos, pero también atrevidos, e incluso
injustos e imprudentes. Hay más medios para
expresarse y mostrarse a los demás, pero también
son más las vulnerabilidades que hay que
considerar.
Las nuevas generaciones aman y disfrutan lo
que conocen. Las viejas generaciones se anclan en
89
su vieja escuela. Ni una ni otra son mejores en sí
mismas, sino que serán cualificadas por aquello
que domestiquen y posibiliten seguir sumando al
progreso personal y social.
Habrá que tener nítido que no es cuestión de
condenar o bendecir un recurso sino de verificar
que la persona brille en su esplendor e in
crescendo, si realmente nos creemos que la
madurez siempre será una exigencia de acuerdo
con el momento que vive cada uno.
Estar más expuestos a miradas de toda índole
marca la nueva normalidad. Hay quien está mejor
preparado para esta realidad, pero también hay
quien se siente sorprendido y neófito frente a las
nuevas exigencias.
Curiosamente también observamos más
fragilidad en los distintos actores, ya sea porque
están más expuestos o también porque no han
tenido espacio para endurecer la piel, bien por la
cero exposición o por la sobreprotección
omnipresente.
Las técnicas e instrumentos externos no siempre
van al mismo ritmo del desarrollo de las
habilidades suaves de las personas. Se subraya lo
técnico, pero no siempre coincide con el
fortalecimiento personal. Nuestra identidad,
nuestra estima, nuestra comunicación no siempre
son tan efectivas delante a los nuevos desafíos. Lo
peor que nos puede pasar es que nos cerremos a la
posibilidad de beber de lo nuevo por ser
desconocido o beberlo sin discernimiento porque
es tendencia.
90
Sentimos la necesidad de expresarnos, pero no
siempre nos concebidos con las fuerzas para
hacerlo ni nos damos a la tarea de adquirirlas y
compartirlas. Aunque también hay quien disfruta
de gran capacidad, pero con casi nula empatía con
las demás personas. Por eso es imprescindible
desarrollar la consciencia de que somos parte de un
todo que requiere solidaridad.
En la medida que tengamos presente esta
realidad ineludiblemente nuestro acercamiento a
los demás tendrá que ser claro y nítido, pero
también empático y solidario. Esto, desde luego, es
una tarea permanente de todos, si queremos
construir objetivos comunes que coadyuven al
crecimiento de todos. Sin embargo, esta
consciencia colectiva no siempre es alentada por un
individualismo que olvida a los demás y a la
responsabilidad personal por el impacto de nuestra
palabra, tanto las que se dicen como las que se
omiten, e incluso la frialdad del medio utilizado y
sensibilidades exacerbadas de quien se siente como
víctima.
Disponer de medios cada vez más efectivos
implica también cuidar generosamente de aquellos
con los que coincidimos, a fin de que todos brillen
con luz propia y contribuya al bienestar de todos.
Hay espacio para todos, pero esto implica
amplificar los derechos y deberes para todos.
Sólo se libera lo que está limitado por algo. Esto
supone que el hacer de las personas pasa por un
proceso de transformación gradual y personal.
Esto apela al libre albedrío de las personas y sus
características. Por tanto, será el resultado de un
91
esfuerzo personal que exige el cultivo de una
conciencia crítica, decisiones fuertes y acciones
coherentes.
Este escenario es más fácil para algunos
mientras que para otros resulta complicado y
exigente, y hasta derrotista: mejor sumarse a la
tendencia que proponer las propias ideas. Dicho
esto, hay que enfatizar que nuestros intentos de
comunicación exigen habilidad y maestría si
queremos crear verdadera comunión. Subrayar
esto no es una banalidad sino una condición de
comprensión de las personas y sus procesos para
que finalmente los encuentros personales sean
fuente de enriquecimiento mutuo.
No somos enemigos sino compañeros de camino
que tienden a un fin adaptado al deseo de cada
uno. No estamos en conflicto, sino que debemos ser
aliados para ayudarnos para que cada uno consiga
lo que lo promueva.
Si queremos que esto sea algo más que teoría
hay que instaurar mecanismos que sumen a que
cada uno sea una mejor versión cotidianamente.
Esto implica conectar con uno mismo y con los
demás con asertividad, ya que poco aporta brillar
en un mundo donde se aplaste a los demás o uno
mismo sea sometido por sus miedos y temores.
La encomienda es brillar, sonar fuerte, aparecer
y ser sólidos, pero con espacio libre para la voz de
los demás y para ello habrá que invertir recursos
personales para vaya más allá de la mera utopía y
supere egoísmos dictados por la cerrazón a lo
desconocido o distante. Así, pues, cada uno tendrá
que preguntarse ¿qué es lo que te diferencia ante los
92
demás?, ¿cómo pules actualmente lo que te hace único?,
¿cuál es la arista que más te limita para brillar?, ¿eres
capaz de sostener tu diferencia ante las contrariedades?,
¿te mantienes entonado en los momentos de crisis?,
¿sabes modelar tus emociones en tiempos de
convulsión?, ¿te reconoces hábil para brillar cuando
alguien pretende opacarte?, ¿sabes brillar sin humillar a
nadie?
Si queremos ser una verdadera contribución
para los demás tenemos que dejar de contarnos
nuestras historias y dar mayor espacio a
experimentar la otra versión. Cada uno nos
recitamos aquello que saca nuestro mejor perfil,
aunque no siempre sea el verdadero. Así que nos
vendría muy bien preguntarnos si corresponde a la
realidad presente y, por otro lado, si es un hecho o
una interpretación personal.
Las personas tendemos a vivir del pasado (como
supuesta experiencia y sabiduría), del futuro (lo
que puede suceder) viendo con disimulo el
presente. Damos mucho peso a nuestra
imaginación y las más extrañas interpretaciones,
pero damos escaso peso a los hechos. No todo tiene
que ser drama y novelesco.
Si queremos conectar de modo efectivo con los
demás es imprescindible que le demos más peso a
lo que vivimos y experimentamos. Pero, por otro
lado, dar menos espacio al protagonismo a lógica
de nuestros pensamientos ya que tiende a ser
generadora de juicios subjetivos, de pretensiones
de perfección, con preferencia de lo placentero y
tendencia a evitar lo doloroso.
93
Nuestra racionalidad nos ayudará mucho
contemplando nuestros pensamientos como
testigos objetivos e imparciales y sometiéndolos al
filtro de la realidad y al de la objetividad. Si
logramos esto, nuestra visión adquirirá mayor
valor porque nos trasciende y va más allá de
intereses particulares.
La diferenciación supone que hay algo que nos
iguala y nos hermana, sin embargo, no nos
agotamos en esa hermandad nuclear si no que lleva
en ciernes un potencial que debe expandirse cada
instante. Esta afirmación no es una exageración, ya
que nuestra persona se mueve constantemente y
sin descanso, y hay mucho espacio para concretizar
infinidad de posibilidades si estamos abiertos,
somos más tolerantes, receptivos y empáticos.
No somos seres acabados, nuestro continente se
expande en la medida que nos damos; es cierto que
nos transformamos a nivel personal, pero hay
mucho espacio para la reinvención permanente
tanto a nivel individual como social, ¿recuerdas
aquel encuentro que te cambió la vida cuando parecía
que ya todo estaba dicho? Mas bien parece que
cuando aparece el fin está emergiendo otra historia
Dado que somos parte de un grupo social, si
queremos interactuar con sus integrantes hay que
desarrollar nuestras habilidades de interacción
para que nuestros encuentros sean más
satisfactorias y gratificantes, ya que requieren del
libre concurso humano para llevarlas a la cúspide
y no sólo sobrellevarlas.
Estás habilidades sociales necesitan ser
aprendidas, entrenadas e incrementadas. Hay
94
quien nace en un ambiente favorable para que estas
las vaya adquiriendo de manera espontánea, pero
hay situaciones deficientes para otros y es con ellos
con quienes hay que darse a la tarea de
desarrollarlas.
Cuando un grupo está compuesto de varios
actores con intereses comunes y en un ambiente
favorecedor las habilidades sociales se
desarrollarán con mayor facilidad, pero, si no es
así, los retos serán mayores, pero siempre regalan
oportunidades para ponerlas en juego.
De hecho, la experiencia nos enseña que es ante
la resistencia donde hay que poner más fuerza y
mayor espacio a la autogestión del mundo
emocional que se desata en los implicados, ya que
en situaciones normales todos somos muy
ecuánimes, pero ante lo inesperado y desafiante las
respuestas pueden ser desproporcionadas. Es ahí
donde se muestra de qué estamos hechos.
La presencia de los demás es inevitable, sin
embargo, es decisión nuestra qué postura
adoptamos frente a ella. Hay quien preferirá
evitarla y entonces no habrá compromisos
mayores, ya que cuida de sus propios intereses e
ignora a los de los otros. Cuando prevalece esta
decisión trae como resultado el aislamiento: no da,
pero tampoco recibe y trae como resultado carencia
para todos. Cada uno va por su lado y a su aire sin
vinculación ni cercanía. Pero además están quienes
deciden sumar fuerzas con los demás con acciones
que construyen unidad y enriquecimiento mutuo.
En los dos bandos existen desafíos permanentes,
pero sólo los segundos cuentan con el respaldo de
95
los demás, tanto para celebrar los logros como para
ayudar en los tropiezos.
Si queremos que los demás sean aportaciones
para todos hay que ocuparnos en algunos aspectos
a fin de cimentar experiencias constructivas.
1ª. No a la polarización
Quien apuesta por los polos cosecha distancia
96
Hay modos variados de colocarse en los polos
de la misma realidad. Hay quien se siente el centro
del mundo y exige ser tratado como tal, sea por su
saber, por su sangre azul o por no percibirse como
parte de lo establecido o supuestos.
También polariza quien hace de la tendencia del
momento el eje de su juicio. De igual modo que
quien se considera superior por definirse moderno
y, en consecuencia, con derecho a despreciar lo que
huela a pasado sin discernimiento alguno.
Se polarizan también cuando se hace de la
rebeldía el único motivo válido sin espacio a
cualquier resquicio de verdad en lo propuesto. Así,
por ejemplo, sobresalen rasgos adolescenciales en
el comportamiento humano cuando se hace motivo
de rebeldía nuestros orígenes y cualquiera de sus
normas, pretendiendo que la reinvención viene de
la nada e, incluso, se alaba el desprecio de lo que
asemeje a paternidades o maternidades de otra
cala, aunque habría que dejar en claro que
culpabilizar a la célula original de mis decisiones
personales no es justo y tampoco racional porque
es negarse a uno mismo.
También habría que poner a la luz que no somos
más porque vemos carencias en nuestros orígenes
sino porque somos capaces de transformarlos.
Desde luego que nadie pretende negar las
deficiencias sino todo lo contrario, esto es, se
ubican y se invierte lo mejor de cada uno para
llevarla a un nivel superior.
El modo de transitar de los extremos hacia un
equilibrio que abrace a todos es la proximidad que
surge cuando se crean puentes entre los extremos.
97
Ésta exige voluntad e inteligencia para entender y
amar lo valioso que los polos albergan.
Nadie sensato niega las contrariedades y
conflictos entre los que comparten tiempo y
circunstancias pero que existan contrariedades
tendría que abrir puertas a soluciones, mientras
que la contradicción exige una verdadera paranoia,
es decir, un cambio radical de cabeza y percepción
para caminar hacia lo común.
Es importante recordar, al respecto, que la
mayoría de las posturas enfermizas de blanco o
negro no suman, por lo que no sería descabellado
considerar una gama de grises como espacio para
construir luz, desde luego, en lo que es negociable.
A manera de muestra, resulta doloroso ver
conflictos bélicos cercanos o lejanos, entre
particulares y naciones, donde sólo importa
imponer los deseos de poder de los dos bandos no
dando cabida a la búsqueda del bienestar de todos
los involucrados, sobre todo de los más
vulnerables.
Igualmente existen luchas de colores donde
sólo importa ocupar más peldaños sin considerar
los medios maquiavélicos a utilizar y quien tenga
que caer para que el otro suba, cual carrera de
cangrejos.
Y otro ejemplo más cercano y siempre doloroso
es el de parejas que hacen de sus hijos una bandera
fabulosa como recurso para aliviar sus rencores,
pero con miopía para considerar el bien de las
criaturas.
Ante tales panoramas y otros muchos a la orden
del día, acercarnos al otro es irremplazable, lo que
98
exige un cambio de mentalidad, empatía y acciones
que acorten distancias. Esto en definitiva facilitará
vínculos más sanos con los demás.
No podemos soñar utópicamente que será la
tierra de “y vivieron felices para siempre” pero sí
experiencias que alientan intentos renovados todos
los días para crear espacios para vivir.
¿Qué distancias creo y mantengo? ¿Qué se tiene que
mover en cada uno para transitar hacia ese centro
común?
2ª. Sí a la empatía y simpatía
Quien gusta de lo bueno su papila afina
99
compartimos tantos videos que nos sacan las
lágrimas, pero ni una sola acción. Hay que ser
empático con el sentir de los demás, pero también
actuar para generar crecimiento de los dos lados de
la ecuación.
Es de alabar la empatía con los demás, y
grandioso mostrar nuestra fuerza y reconocer la de
los demás, pero es transformador sumar con
nuestro hacer para cambiar el rostro a nuestra
frágil realidad.
En la medida que nos fortalezcamos la solidez
será una constante entre todos los que
compartimos la vida y habrá menos obstáculos
entre las personas. Sólo entonces esta conexión
dejará de ser meramente romántica y dará paso a
intereses más efectivos. Debo confesar que a lo
largo de mi ya no corta vida he tenido la fortuna de
encontrarme a personas que no hacen olas, pero sí
generan sinergias que perduran en el tiempo y en
las personas sin hacer mayor ruido que el de un
abrazo mientras que otros cacaraquean antes de
poner el huevo.
100
perfecto refugio para sus temores, mientras que
para otros pretexto para envalentonarse. ¿Cuántas
veces los demás han sido el escondite perfecto para tirar
la piedra y esconder la mano, un escenario propicio para
gritar lo complicado y acarrear justificaciones? Es
grandioso arroparnos con los otros, pero es
lamentable usarlos para nuestros fines.
Hay que tener muy presente que no basta dar
voz sino también generar cauces ya que una voz
fuerte tiene su consistencia cuando busca la verdad
y está abierta a la corrección. De igual modo, una
voz sin criterio consistente corrompe voluntades y
voluntad sin altos estándares es pasto para la
mediocridad y nada de esto crea conexión
perdurable.
Estar con los demás y ayudar a los demás exige
asumir lo que me pertenece, y subrayarlo para
crecimiento de lo común, pero también exige
reconocimiento de los beneficios recibidos por su
particularidad. Por eso hay que aceptar de buen
grado que no es una afrenta que la fuerza del otro
haga estruendos, sino un motivo de
agradecimiento por ser partícipe de una
oportunidad inmerecida.
Nos enoja escuchar ideas extrañas a la nuestra,
sin darnos cuenta de que nos colocan en zona de
aprendizaje, aunque a veces crea incomodidad.
Para que esto suceda es imprescindible fomentar la
libertad en sus dos vertientes: libertad de pensar
para compartir lo que queremos y libertad para
hacer nuestro aquello que pensamos con todo y sus
retos, es decir, responsabilidad por lo dicho.
101
Que maravilloso sería crecer en una cultura que
aliente que cada uno se exprese y desnude sus
ideas con toda libertad con la certeza de que hará
eco en el otro y que quien las dice dé la cara.
Habrá también que alentar una cultura de
corazón abierto a las distintas voces y con la piel
suficiente gruesa para someterse a la criba de la
realidad. A este respecto me encanta reconocer la
actitud de los italianos cuando defienden con
vehemencia sus ideas y terminan compartiendo
una pizza después de florear con sus ideas.
102
por una delantera que con elegancia y alegría rompen las
redes del portero contrario? Pues esencialmente esa es
la tarea de la promoción de la diferencia de talento
y de las capacidades de cada persona. Si
premiamos lo que nos enriquece surgirá de manera
natural y con menos resistencias. ¿Se imaginan un
grupo donde se aliente la diferencia y se acoja con
deferencia? Ciertamente, la necesidad de
pertenencia tiende a unificarnos, pero, con marcos
claros que indiquen lo particular de cada uno como
bienvenido, alentará su manifestación.
La competencia sólo tiene sentido si se refiere a
la mejoría personal y apunta al objetivo común que
sume consecuentemente al crecimiento personal de
todos. Esto que suena utópico sólo tocará piso
cuando cada uno sea exigente con su propio brillo
y mire a la conquista de altos estándares como
prioridad común.
No niego que haya egoísmos personales, pero
tampoco quiero olvidar el atractivo de los grandes
ideales. Si somos exigentes con este estilo, sin duda,
respetaremos también las diferencias y no
acallaremos lo que queremos. Tampoco elimina el
conflicto, pero sí alienta la capacidad de resolver
las diferencias en pro de esta cumbre catalizadora.
Acentuar lo común no es disminuir lo particular
sino focalizarlo para el beneficio de todos:
individuos fuertes hace equipos fuertes,
sociedades consistentes, familias a prueba de
desafíos.
103
5ª. Atiza la cultura apreciativa
Quien halagos siembra ensancha corazones
104
estrategias que nos lleve a patearlos siempre más
allá, ya que siempre van a estar ahí y nuestra tarea
es retarnos permanentemente.
Empujar nuestras fronteras se convierte en un
desafío real y exigente, y es condición para crecer.
Afirmar lo contario es olvidar una verdad básica:
las personas estamos llamadas a crecer
continuamente hasta morir, que incluso ésta
conlleva dejar atrás una condición para
aventurarse a una venidera.
Nada nos une más con los demás que aceptarlos
como limitados como punto de partida, pero la
mejora como punto de llegada.
Una verdadera conexión con los demás no
significa disimular ni ignorar sus defectos, sino
una actitud comprensiva ante los resultados y los
esfuerzos requeridos.
Siempre ayuda mucho a conectar con los demás
ser conscientes de los propios límites y de los
pobres resultados aún ante esfuerzos
descomunales. A este respecto, la comprensión y la
compasión son los mejores alicientes para intentar
con renovados esfuerzos y técnicas renovadas.
Nada más inútil que convertirnos en cómplices
de las medianías de los que nos importan.
105
limitante. Lo valioso nos sorprende cuando
nuestros sentidos están despiertos, en cambio,
pasan desapercibidos cuando nos distrae lo
superficial.
Nos encanta pensar que somos tan semejantes
que llegamos a estar cómodos sin disentir,
reconocernos como mero humus nos uniforma,
nos entona y nos cobija, pero hay mucho de excelso
en cada uno y tenemos el derecho y deber de
hacerlo manifiesto. ¡Cuántas ideas hemos sepultado
porque la voz predominante castiga el riesgo y descalifica
lo que parece absurdo!
Muchas situaciones y exigencias de nuestro
entorno claman respuestas disruptivas,
pensamientos fuera de la caja, atreverse a aparecer
como la oveja negra, pero sin olvidar que
pertenecemos al mismo linaje. Nos acomodamos
con facilidad a lo imperante y nos cuesta aceptar
que hay algo mejor después del ocaso del sol. Hay
mucho por explorar, conocer y valorar.
Si algo te interesa realmente creas las
condiciones para que se dé. Las personas disponen
de grandes bondades latentes y tienen también la
capacidad de hacer que sucedan. Si aplaudo lo
negativo esté abundará, si doy la bienvenida a lo
valioso aparecerá generosamente.
La mayoría tenemos experiencia que hay
personas con quienes nuestro diálogo y
convivencia gira en torno a superficialidades e,
incluso, asuntos dañinos. En cambio, contamos con
otras personas con quien siempre nos dejan algo
bueno.
106
8ª. Incita a trascender
Tu sueño alberga una mejor realidad
107
9ª. Promueve la consciencia integral
La vida supera tu perspectiva
108
de conexión porque todos suman a una experiencia
total. De hecho, cuando excluimos a quien menos
tiene o a quien menos sabe es acentuar un grito de
injusticia descalificadora de mi propio estatus y
crea vacíos que terminará absorbiendo a los
supuestos elevados. Un mundo con vacíos
crecientes son una burbuja que tarde o temprano
explotará en nuestras narices.
La verdadera consciencia sintoniza a todos bajo
la guía de valioso, que va más allá del precio
establecido arbitrariamente. Es regresar a lo
nuclear y en consecuencia devolver a la superficie
lo accidental.
Vivir en consciencia excluye, desde luego,
cualquier línea de pensamiento dictada por
intereses hegemónicos más o menos manifiestos y
exige construcción de un pensamiento crítico
constructor de estructuras que permiten brillar con
esplendor a todas las personas.
No cabe la hegemonía donde la heteronomía de
pensamiento es fruto de mentes buscadores de la
verdad caracterizados por la apertura a lo
consistente en discernimiento permanente.
Tampoco es una constelación de vidas
encadenadas de manera fatal con lo que nos
precede, sino una solidaridad básica y liberadora
que enfatiza la consciencia de que somos familia,
pero anima con vehemencia a la toma responsable
de decisiones personales cada vez más maduras
que cuestionan lo alcanzado e impulsan al
siguiente nivel, estiran la capacidad de dar y recibir
de todos los involucrados en esta aventura llamada
vida con los demás.
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Resultan por demás sospechosas las actitudes
que promueven mentes presuntuosas de libertad
que se limitan a juzgar anacrónica e injustamente
las conquistas del pasado, exaltando lo presente
como lo único válido y aplicable para todos. Habría
que recordarnos que la historia tiene sus etapas,
sus luces y sombras que responden a los recursos,
a las capacidades y necesidades del momento.
Somos parte de una gran familia que ha
contribuido para llegar a donde estamos con sus
mejoras y sus procesos imperfectos. El juicio a la
distancia de años e ignorantes de las motivaciones
del momento es injusto por ser guiado por
principios emergentes, con trasfondos exacerbados
y politizados, que responden a consignas más o
menos explícitas con espacio nulo al diálogo y
cuestionamiento intransigente.
Tampoco es un inconsciente colectivo que nos
lleva a repetir viejos patrones de manera alienable
y cíclica. Ciertamente caminamos sobre hombros
de gigantes que nos regalan otra perspectiva, pero
que no excluye la tarea de recorrer el camino
personal que nos toca explorar e incluso construir.
Hay mecanismos aprendidos que nos guían,
pero no está dicho que no operemos bajo líneas
conscientes y parámetros que midan nuestro
crecimiento. Cabe enfatizar que las personas y
colectivos jamás somos neutrales, sino que es
normal que nos guie una filosofía, una cosmovisión
imperante. No tiene por qué verse esto bajo
sospecha, lo extraño sería que no tuviéramos una
visión particular de la vida. Hablamos, pensamos,
amamos y actuamos desde n conjunto de creencias
110
más o menos maduras, egoístas en mayor o menor
medida. Lo legítimo y augurable es cada uno
asimile lo circulante de una manera consciente y
responsable.
No podemos pretender ser clon de lo vigente
por el hecho de ser actual o tendencia, sino que
tiene que asegurarse que suma al bien particular y
de nuestra sociedad.
Nada de esto será posible sino asumimos que
somos parte de un todo y no sólo seres aislados. Si
yo hago y deshago desde mi percepción sin
verificar la coherencia con la realidad y sin ningún
miramiento por los demás, puede ser que me
beneficie en primera instancia pero que termine
llevándome entre los pies los intereses y bienestar
de los demás.
La vida humana va más allá de sólo
pensamientos positivos constructores de nuevas
realidades, por lo que es necesario que estas
perspectivas optimistas nos lleven a lidiar con los
tropiezos cotidianos afrontados con nuevos
aprendizajes y estrategias más eficientes que la
realidad limitada presenta. Ayuda muchísimo,
desde luego, partir de una perspectiva positiva,
pero nos ubica más identificar los retos y desafíos
que aparecen al comunicarnos, al decidir, el
emprender.
Nos encanta pensar que todo irá bien pero
también hay obstáculos que hay que sortear para
llegar a la meta que hemos elegido: somos
hacedores de ilusiones y reconstructores de
tropiezos.
111
No basta con mantras creadores de realidades
ideales sino realidades exigentes de acciones y
decisiones a la altura de lo anhelado. La vida es
mucho más que “declaro que hoy todos
descubrirán la valía de mi persona” porque estoy
seguro de que más de algún miope estará
incapacitado para apreciarlo, que más de algún
buen negociante te impondrá rebajas, que el temor
a quedar mal te llevará a pulir tus pretensiones y
deseos.
Cohabitamos con una red de intereses y de
visiones distintas que exigen reediciones y
rediseño de infraestructuras para que las cosas se
den, así como de tiempos y momentos que no
siempre coinciden. No es lo ideal, pero si lo real. Es
de aquí de donde hay que partir y no de un
supuesto punto de apoyo que sólo nos traerá
decepción.
No es una filosofía estéril y evasiva de la
realidad sino una búsqueda inteligente de
respuestas que den sentido a nuestro presente sin
olvido de las lecciones del pasado, pero también un
mirar inteligente de lo que nos quita el sueño.
112
Ejercicio personal
116
que todos salgamos beneficiados de esta
interacción propia de un verdadero artistas.
Esto es lo ideal, pero en la realidad no es lineal
en las personas ni en todas las circunstancias: unas
veces surgen actitudes sumisas, pero también
agresivas, lo que nos sugiere que es algo a cuidar
permanentemente para que emerja lo mejor de
cada uno cuando al interactuar con los demás.
Todos tenemos experiencia de cómo en ciertas
situaciones y con personas con determinadas
características nadamos como pez en el agua, pero
con otras nos experimentamos limitados y hasta
torpes.
Dadas estas limitantes comunes es de mucha
ayuda indagar el trasfondo personal y social que
facilita y debilita nuestro accionar.
En primer elemento del verdadero artista es el
aprecio de nuestro valor como personas. La consciencia
de que poseemos algo valioso para compartir con
los demás, como también de la capacidad y la
voluntad para hacerlo nos regala persistencia y
habilidad en nuestro hacer.
En la medida que conozcamos lo que poseemos
y lo apreciemos podremos ponerlo a disposición
de los demás y darnos a la tarea de desarrollar las
habilidades que nos faciliten esta tarea en extremo
exigente. Esto no debe quedar en meros deseos,
sino que debe ser traducido en acciones que
impacten efectivamente a los demás. Y subrayo
efectivo porque debemos optimizar recursos y
tiempos, ya que no es raro encontrarnos con mucho
hacer, pero con resultados parcos.
117
Tampoco debemos dar por hecho que
habitualmente usamos nuestra inteligencia cuando
interactuamos, ya que ésta supone conocimiento
real de lo que compartimos y sus consecuencias
como también ciencia suficiente sobre la persona
que tenemos de frente, de hecho, grandes errores
tienen como base la presunción de que sabemos lo
que hacemos y a quien abordamos. ¿Cuántas
momentos desagradables nos hubiéramos evitado de
haber aceptado nuestro desconocimiento de los demás?
A este respecto cabe tener muy presente que no
es lo mismo un acto de hombre y acto humano,
típico de la vieja escuela, a fin de dignificar
nuestras acciones con el tinte humano que
quisiéramos que persista en nuestra vida. Los
primeros son acciones donde no interviene la
conciencia de las personas; así, por ejemplo,
respiramos, digerimos, nuestros órganos internos
funcionan sin necesidad de que estemos al tanto de
lo que se lleve a cabo, de hecho, nos damos cuenta
de su presencia cuando notamos fallos de éstos.
Entrar en contacto con ellos nunca está de más y
cada vez se alienta más la necesidad de procurar
dicha conexión con estas funciones y tener presente
sus implicaciones. No es banal hacerlo ya que son
parte integral de lo que somos y coadyuban a
lograr los resultados y objetivos personales.
Nuestro cuerpo nos “habla” permanentemente,
sin embargo, pareciera que sólo tenemos oídos
para sus gritos y, cuando esto sucede, ya es
demasiado tarde. Estar en conexión con él
fomentará una cultura de prevención, a fin de
optimizar resultados y ahorrar energía.
118
Por otro lado, están los actos humanos donde van
en juego las llamadas facultades superiores de las
personas, es decir, la inteligencia, la voluntad y el
arte ejecutivo. Nuestro bien hacer requiere el uso
óptimo de nuestro cerebro, nuestra afectividad
con los que nos implica y acciones poderosas que
hagan que los cosas sucedan, ya que de poco sirven
acciones fuertes sin miras claras, si sus afectos son
volubles ya que pondrían en peligro su
continuidad y calidad. Análogamente, las ideas
brillantes sin vínculos con nuestro afecto no atraen
acciones efectivas. ¿Cuántas veces nos hemos quedado
en sólo planeación o en un querer sin brújula? Por
tanto, si queremos pervivir en el tiempo es
indispensable que nuestras decisiones tengan estos
tres ingredientes.
Una vez explicitado lo anterior, hay que
subrayar que es imprescindible incluir ideas
claras, sentimientos y emociones constructivas y,
por supuesto, acciones calibradas que nos
potencialicen. Si falta algún elemento, sería como
ponernos a la mesa y degustar un excelente plato
olvidando la sal. Así nos consta que grandes
propósitos se van por la borda porque escondemos
detalles en apariencia insignificantes. Hasta
grandes amores han muerto por no haber tenido el
valor de decir un me gustas inicial, un te invito a
salir. Asimismo, un negocio que no se llevó a cabo
porque no fuiste capaz de insistir ante una negativa
inicial. También, una opinión ilustrativa se apagó
porque viste demasiado grande a tu interlocutor.
Si queremos ser efectivos a la hora de compartir
nuestra esencia es primordial subrayar varios
119
aspectos que se refieren a las personas implicadas
en esta magnífica aventura.
Es básico recordarnos el carácter mistérico de la
persona. Entendido como una realidad que está
más allá de nuestros ojos y es merecedora de una
actitud de escucha respetuosa.
Nos hemos acostumbrado a querer controlar
todo, incluso a las personas mismas. Por eso hay
quien intenta manipular o reducir a los demás a
una etiqueta limitadora y facilitadora, de igual
modo lo hacemos cuando nos basamos en un
libreto reductivo y cómodo de lo que somos.
Expresiones como para que tanto si con esto voy
saliendo, eso no está hecho para mí, ya lo intenté
muchas veces… no puedo. Albergan una visión
limitante de nuestro potencial y desde allí
interactuamos con los demás. Es cierto que hay
situaciones que nos resultan complicadas y que
están aboyadas por fallos, sin embargo, las
posibilidades sólo se agotan cuando llega el fin: las
opciones son tantas y debemos darnos la
oportunidad de explorarlas con inteligencia y
continuidad pertinaz.
Las personas somos un misterio difícil de
encuadrar y someter a un cliché. Cuando
pretendemos ser prácticos nos vemos obligados a
dejar en lo obscuro aquello que no entendemos o
que no estamos en condiciones de aventurarnos
respetuosamente, pero es necesario aceptar
considerar esta inasible cualidad y actuar en
consecuencia, ya que no todo está dicho respecto a
nuestra capacidad y posibilidades.
120
Obligarnos a aceptar sólo lo que vemos en
nosotros en el momento presente es ignorar que
siempre hay algo que rebasa lo tangible cuando nos
referimos a las personas, nada está cerrado cuando
nos ocupamos de las personas. Desde luego que no
resulta nada fácil, pero tampoco es lícito
envolverse en la fatalidad del momento presente y
cerrarse a lo incierto, sólo indica nuestra limitación.
Todos nos hemos visto sorprendidos por
nuestras decisiones, actitudes y omisiones. Así hay
decisiones personales que no logramos darnos una
explicación suficiente y convincente, por lo que
cabe preguntarse ¿cómo pueden pretender agentes
externos y ajenos a nuestro sentir definirnos de un
plumazo? Definitivamente, imposible. Sin embargo,
solemos simplificar nuestra esencia dentro de esta
maqueta manipulable por quienes se dicen
prácticos. Pero es necesario sostener que esta
practicidad no nos agota, sino todo lo contrario,
nos esconde todavía más, ya que lo que aparece es
una vil caricatura de lo que albergamos, pero que
va muy bien con nuestra comodidad y nuestro
miedo.
El respecto hacia el otro tendría que ser el
parámetro que nos guíe para acercarnos a los
demás asegurando que reciba siempre lo mejor. El
respeto por la alteridad real y pesante debería
suscitar mucho tacto y consideración de todos. Se
cuenta de una perla preciosa encerrada en una almeja
que amaba su seguridad, negoció con la almeja
esconderse en las profundidades, ahí donde nadie tuviera
la mínima posibilidad de encontrarlas. Una y otra se
regalaron la salvación abrazando la soledad. Lo justo es
121
que la perla brille y luzca, lo cómodo es refugiarse
en un determinismo práctico y cómodo animado
por una visión superficial y falta de seriedad de la
distancia abismal entre lo que soy y lo que es el
otro: no somos iguales ni podemos contar las
mismas experiencias ni tampoco nuestro modo de
vivirlas e integrarlas. Si entendiéramos la
magnitud de esta afirmación tendríamos que ser
extremadamente cautos: no somos conscientes del
impacto que tenemos en los demás, en positivo y
en negativo.
Es sorprendente, por ejemplo, recordar a
personas que sólo veían la pared de enfrente, y que
lo esperado y lógico era el fracaso, sin embargo, con
el correr de los años y su perseverancia, ahora están
en cúspides inauditas, y además contentos de
responder a nuevos retos. Las personas son
siempre sorprendentes, pero exigen ojos que
tengan por hábito traspasar la burda apariencia.
Otro elemento para tener en cuenta es que
somos creadores de lo común. La comunicación es
lo más hermoso que nos ha sucedido como seres
humanos, sin embargo, en la vida real siempre es
desafiante. Es un don que nos tendríamos que
tomar muy en serio. Todos somos comunicantes,
aunque no siempre efectivos, aun cuando todos
tengan la posibilidad y capacidad para la creación
de vínculos duraderos y gratificantes, si se dieran
la oportunidad de compartir yendo más allá de
miedos y falsas prudencias siempre justificadores
de nuestras reservas. Así vemos a quien prefiere
acomodarse en el deseo, pero sin correr riesgos.
122
A unos más el fallo los hizo retroceder y
encerrarse para siempre en aras de evitarse dolores
posteriores ¡Cuántos sueños yacen sepultados bajo el
yugo de lo “seguro”!
Se dice que los niños y los borrachos dicen
siempre la verdad. Aunque no estoy seguro de que
siempre digan la verdad, pero si es cierto que
siempre dicen lo que traen en su cabeza o en su
estómago. ¿Qué les permite esta libertad para decirlo a
los cuatro vientos? Generalmente no se inhiben, es
decir, se sienten con la fuerza y la libertad para
expresarse, sin mirar más allá de las ganas de
compartirlo. No experimentan límites que los
coaccionen. Lo que hay que salvar de ellos es su
espontaneidad para decir lo que experimentan sin
mirar a la oportunidad del momento y de las
personas presentes, haciendo sólo caso a su deseo.
Esta prontitud es la que hay que conquistar, guiada
y orientada por criterios que miren al bien de todos.
Este modo de actuar nos recuerda la
importancia de compartir con libertad y sin
prejuicios, pero recordando también a que el ser
humano es más que deseo, ya que son seres
animados por el propósito de construir lo
perdurable.
Pretender vivir la vida sin inhibiciones supone
que todos estamos preparados para recibir,
asimilar y aceptar lo que sea, independientemente
del momento, de las personas y del grado de
certeza y verdad de cualquier contenido. Esto
desde luego suena más a ficción que a realidad.
Cabe señalar, al respecto, que las redes sociales
son un medio fabuloso para expresarse ya que
123
permite a muchos salir de la invisibilidad. Sin
embargo, implica estar atentos para que no se
conviertan en grandes tiranas carentes de la
contención de la racionalidad y de la consideración
respetuosa del otro.
El miedo a no pertenecer muchas veces nos hace
tomar vías que nos alejan finalmente de los demás,
aunque inicialmente prometían vínculos eternos.
Tener miedo sólo indica el deseo de la salvaguarda
personal, un regalo invaluable para el desarrollo
del instinto de sobrevivencia, pero que, de ninguna
manera, podemos permitir que ocupe el puesto de
tomador de decisiones personales al interactuar
con las demás personas.
No somos ni islas ni conglomerados de deseos
sin rostro, sino la suma de proyectos que añaden
un plus a lo común pero también al brillo personal.
Una verdadera contribución a mi grupo de
pertenencia es aportar la perspectiva personal y ser
receptivo a la de los demás, pero sin olvidar que la
finalidad es el crecimiento de todos. Si unos y otros
quieren aportar lo suyo como imposición, y
consideran la aportación del otro como opacidad es
construir sobre arena y, más pronto que tarde, los
sueños de todos se fragmentarán e incluso
quedarán sepultados para siempre.
Somos tan frágiles que lo que nos rodea nos da
miedo. Hay tantas cosas que escapan a nuestro
control y nos ubican en la incertidumbre. Pero
nacer dentro de un núcleo familiar, quienes
tuvimos esa bendición con todas sus sombras, nos
dio seguridad básica. Poco a poco fuimos
ampliando el grupo de confianza, aunque también
124
encontramos otros que nos hicieron temer. Por un
lado, nos da confianza, pero por otro nos hizo
temerosos frente a lo desconocido. Sentirnos
apreciados abre espacio a que alguien no nos
valore e incluso nos desprecie. No está mal sentir
temor a no ser querido, sin embargo, cuando esto
se convierte en el motor de nuestras decisiones
termina por cortarnos las alas. Por lo que cabría
decirnos “saca tu monstruo, pero ponle correa”.
Reconocer lo que nos da miedo implica también
aprender a gestionarlo positivamente.
Granjearnos el cariño de los demás dependerá
de que nosotros mismos estemos convencidos de lo
que valemos, sólo entonces tendremos un espacio
en el afecto de los demás. En cambio, si damos
demasiado volumen a nuestro miedo a perder su
afecto nos mostraremos inseguros, limitando así
nuestro modo de ser, sobre todo en aquello que
desentona, pensando que con ello seremos más
queridos, aunque sea a costa de devaluarnos, ya
que esto pega fuertemente a nuestra autenticidad.
Si ganamos el afecto y cariño de los demás, pero
perdemos aquello que nos hace diferentes
terminamos por negar aquello que nos es propio.
Puede que haya aspectos que no encajan en nuestro
grupo, pero eso no justifica jamás que perdamos
parte de lo nuestro. Ser parte de un grupo supone
trabajar sobre lo que no puede ser bienvenido en
un proyecto común, pero no justifica eliminar lo
cuestionante o lo sospechoso por su calidad de
desconocido. Habrá que recordarnos que muchas
gratas sorpresas nacen de superar este reto. Esto
me recuerda la historia del granjero que se
125
encontró un huevo de águila y lo colocó en el nido
de una gallina. Su origen es aguileño, fue anidado
por una gallina, criado y alimentado como pollo,
pero su esencia no estaba allí, veía a otros seres
volar y le atraía su modo de vivir, pero no se
atrevió.
Por otro lado, me viene a la mente la figura del
creador de Alibaba, Jack Ma, que parecía no encajar
dentro de su ambiente, pero a base de dedicación,
persistencia e ingenio sacó adelante el proyecto
más de venta en línea manera majestuosa.
A nivel personal, nací entre chivas y sólo conocía
de diálogos interiores. El aprendizaje nacía de la
observación y de ásperas correcciones cuando
fallabas. Nunca me hablaron de grupos, los más
cercano a ello eran mis primos y algún vecino, con
poco más que brindarme. Nunca me vi delante a
profesionales, ya que ni siquiera sabía que existían,
salvo cuando la escuela abrió nuevos horizontes.
Podemos aprender siempre y entrar en espacios
insospechados, pero hay que darse la oportunidad
de mostrarse, no sin miedos, pero si con muchas
persistencia a pesar de los tropiezos, ya que sólo el
cuadrado brilla con sus líneas rectas.
Puede que no tengamos la autoridad moral para
pensar, decir o hacer, pero adquirirla es un
resultado muy sufrido, para unos será grandioso,
pero para otros nunca estarás a la altura de abrir la
boca. Esperar lo que no depende de ti es insensatez,
pero actuar es tu poder.
Podemos creer que un cierto modo de ser y
hacer nos da autoridad moral para poder darnos,
aunque pensemos para nuestros adentros que
126
mientras no la conquistemos en su totalidad hay
que mantenerse en la penumbra. Perdemos de
vista que el método mejor para aprender es
compartir lo aprendido. Sentirse inadecuado frente
a los demás tiene su fuente en la concepción de que
los demás son impecable, cuando nada tiene que
ver con la realidad de nadie. Cada uno tiene sus
límites, pero también cada uno tiene sus virtudes,
y eso es lo que hay que compartir donde estamos y
como estamos.
No hay que esperar a estar en un grado tal de
virtud que nos de la confianza para osar abrir la
boca, sino decidir golpear hasta romper la roca que
limita el paso a lo que queremos. Nunca estaremos
a la altura ideal, pero es legítimo ofrecer nuestra
realidad como ayuda. No necesitas actitudes de
salvador sino de compañero que ofrece el propio
pan para solventar las necesidades cotidianas. Esto
suma y ya es mucho.
Tampoco es cuestión de cuna para ofrendar tu
valor. Por ejemplo, cuando existen señalamientos
discriminatorios aprendidos de que el otro era más
grande y había que aprender de ellos, suele crecer
la sensación de que sólo se puede recibir, pero no
hay nada que dar. Es un fardo muy pesado de
cargar, pero los paquetes van en el piso no sobre las
espaldas de nadie. Inicialmente este modelo
funciona como medio para aprender de las brechas
experimentadas, pero con el paso del tiempo esta
actitud ya no es del todo verás: hay que aprender
que la vida es una avenida de ida y vuelta
permanente; es posible que esta actitud de carencia
se acentúe en ciertos momentos, pero hay que
127
aprender a escarbar más allá de la superficie si
queremos encontrar algo que dar.
Recuerdo que en mis años mozos había que
traer lena para que mamá cocinara, antiecológico
dirían hoy pero funcional en ese entonces, y
además era para lo único que alcanzaba: solo
invertíamos nuestros esfuerzo. Era cortarla en el
monte y cargarla sobre nuestras espaldas, pero
llegando a casa había que dejarlas sin
lamentaciones. El objetivo no era cargar sino
cocinar, por tanto, había que cumplir ese objetivo.
Cada uno, en su momento vital, ha
evolucionado en muchos aspectos y, aunque aún
quedan pendientes, siempre estamos en
condiciones darnos.
Conocimiento y experiencia no compartida
están condenados al desperdicio. Por eso no cabe
dejar en el tintero cuando tenemos algo que ofrecer
o por lo menos indicar de dónde se pueden extraer.
Cada uno adquiere experiencia en su campo y
hasta en el modo cómo la obtuvimos. Es lo que
tenemos y es lo que hay que dar.
Cavilando en torno esto, en más de una ocasión
hemos comentado con mi esposa que no sabemos
cobrar nuestro trabajo, y me pregunto si no será
más bien que no valoramos nuestro trabajo o si
aprendimos a sopesar las condiciones de los
demás. Miro hacia atrás y verifico mis experiencias:
fueron miles de personas a las que traté de dar lo
mío y de las mismas también he recibido otro tanto
¿por qué infravalorar tantas cosas bellas dadas y
recibidas? Definitivamente, no puedo silenciar la
valía de lo vivido. Reconocer lo logrado siempre
128
cabe preguntarse ¿qué nos estamos reservando por
pensar que no tenemos nada que mostrar? ¿Qué queda
después de remover las falas excusas?
Las habilidades generalmente son fruto del
dominio de la teoría, la técnica y la importancia
brindada por nuestro hacer. Un excelente músico,
un arquitecto, un artista desarrollan aquellas
habilidades que marcarán diferencia. La maestría
en cualquier campo que elijamos es el resultado de
muchas horas de trabajo, algunos autores hablan
de diez miel horas en promedio de práctica. Unas
veces partimos del simple atractivo y gusto por
algo. Unas veces hay que partir desde cero y otras
ya llevamos camino recorrido y hay menos por
hacer. Si yo quisiera especializarme en música a
esta altura de mi vida sería sin duda un camino
muy largo por recorrer, en cambio, si quisiera
darme a la tarea de un doctorado en psicología
tendría que partir de mi experiencia de años.
Habrá quien necesita muchas menos horas para
alcanzar un estado de excelencia, pero pocos
pueden presumir esta genialidad. En pocas
palabras, si queremos la excelencia en cualquier
campo hay que conocerlo muy bien, manejar las
mejores técnicas y demostrar con acciones efectivas
que nos importa.
Pues bien, las habilidades para interactuar
efectivamente con los demás requieren también
conocimiento y práctica inteligente y diligente. Y
claro, cuando hablamos de expresarnos de manera
efectiva también requiere un aprendizaje cuidado
y atinado.
129
Unos nacen con esta facilidad y además con un
espacio suficientemente confiable para iniciarse y
desarrollarla, otros con menos talento, estímulo y
espacios favorables. No es lo mismo nacer en un
ambiente alejado de las multitudes y con
actividades más bien solitarias y con espacios
limitados para la interacción, que quien nace en un
círculo y el gusto por interacciones cotidianas y con
normalidad “exigida”. No obstante, aunque exista
esta diferencia, nadie está exento de responder
creativamente a esta necesidad.
Sin pretender dramatizar, pero tampoco sin
suponer nada, quien quiera mejorar haría bien en
considerar esta vía de crecimiento como un proceso
necesario e importante.
Hay que considerar que si queremos
expresarnos (toda nuestra persona) con propiedad
y eficacia es imprescindible que lo que
compartamos con los demás sea una
representación fiel de nuestra realidad, esto
entendido como ideal y aspiración, cuidado todo
tipo subjetivismo. Ciertamente todo es vivencia
personal, con la impronta de cada persona, pero
con la consciencia de que nos dirigimos a otra y
otras personas también con una subjetiva, lo que
nos ha de llevar a exigirnos fidelidad a lo real.
Afirmaciones como yo siento que… yo pensaba
qué…me imaginé. será siempre una percepción muy
personal que cae en este plano y, por supuesto, que
dice mucho de mí, pero da poco espació al
encuentro con los demás. No es que
descalifiquemos nuestras intuiciones,
imaginaciones y pensamientos, sin embargo,
130
puede ser una limitante si las sobreestimamos en
nuestras relaciones interpersonales y no damos
espacio a las de los demás.
No hay que olvidar que, nuestras expresiones
son portadoras de emociones, que más allá de una
mera catarsis, deberían ser canalizadas para que
lleguen a su objetivo. Puedo mostrar mi malestar
por una ofensa y solicitar una disculpa, si lo
ameritase, pero jamás un vehículo para humillar,
lastimar u ofender sin más.
Compartir con las demás implica también estar
al tanto de las necesidades y limitantes de todos
los implicados por lo que expresarnos
efectivamente exige armonía y proporcionalidad,
es decir, la finalidad es construir por lo que cada
nota tiene su peculiaridad y ha de sumar a la
armonía de todos, lo que exige que cada uno tenga
su espacio y oportunidad.
A la hora de ir hacia los demás, con lo que nos
es propio, hemos de contar con dominio de las
habilidades exigidas y con las técnicas que mejor
sumen a todos los involucrados.
Este hacer es dinámico y multifactorial, es decir,
las interacciones con los demás conllevan energía
variada por lo que tocan fibras muy sensibles y
supeditadas a las vivencias y experiencias de las
personas. Nuestra expresión es multifacética y
sujeta a las tonalidades emotivas de todos los
implicados. No hay espacio para el cálculo frío y
medido, sino que requiere de gran sabiduría de
todos los involucrados. Lo que un día funciona no
significa que el día de mañana tendrá el mismo
efecto, ya que todos cambiamos y también las
131
circunstancias, sentimientos y estados de ánimo de
las personas.
Dicho esto, es deseable que todos nos demos a
las tareas de desarrollar nuestra capacidad de
expresarnos sin ira, sin pasividades sino en un
equilibrio virtuoso, a decir de Aristóteles, que no
por ser un clásico deja de ser una exigencia actual,
mucho más cuando asistimos una serie de
extremismos en apariencia irreconciliables.
Dado que nuestro tema mira a desarrollar
nuestra capacidad de afirmarnos tanto en lo verbal
como en lo no verbal con empatía y con la finalidad
de sumar a la una convivencia armónica y creciente
de todos, tiene que gozar de un talante respetuoso
del ser humano transparentado en toda persona.
Si realmente queremos apuntalar en el respeto
de la persona primeramente hay que conocerla y
no suponerla. Esto implica reconocer que no es una
tarea fácil y simple por lo que tendría que eliminar
de raíz cualquier lo que implique juicio y, en
cambio, promover una actitud de respeto y
asombro de todo ser humano. Este principio de
acción es básico ya que no somos neutrales dado el
carácter subjetivo que en ciertos momentos
prevalece.
El buen artista tiene que aprender a leer y
responder al estilo de personalidad de los que están
en el escenario.
Un acercamiento sin narcisismos que miren a
anular la belleza de los demás por la opacidad de
la primacía de mi grandiosidad impide de
principio un acercamiento de aprendizaje ante los
demás. Cada ser humano es digno de ser conocido
132
y no etiquetado dentro de nuestro concepto y
experiencia, por lo que la apertura del maestro que
aparece es condición para el verdadero encuentro,
ya que es condición básica para darnos la
oportunidad de mostrarnos.
Todos tenemos la experiencia de encontrarnos
ante personas que manifiestan haber vivido tantas
experiencias que ya han sido vacunados ante
cualquier novedad. Ahí ya no hay espacio para la
escucha sólo para la dictadura de quien sólo viene
a dar lecciones.
Incapacitante y limitante también es la actitud
de quien ostenta la espada de su “verdad” para golpear
y lastimar, donde más que afirmar su propia valía
se exhibe como la insensibilidad e intocabilidad
encarnada: la deidad ha hablado para destruir,
pero ha cerrado sus oídos ante cualquier vestigio
de verdad. Habría que recordarnos que donde
menos razones aparecen para la clemencia es
donde tiene que relucir la empatía, que va más allá
de ponerse en los zapatos de los demás porque
implica tomar distancia para poder ayudar con
mayor autonomía, es decir, sin ignorar la verdad
de los hechos pero que apostando por un futuro
mejor. No basta con decirle a nuestros hijos que
han fallado sino dejarles claro que no ignoramos
sus acciones y que, no obstante, seguimos
apostando por un futuro glorioso para ellos.
Esta actitud desde luego que expresa fuerza,
pero termina por avasallar a la persona y nada que
humille a los demás justifica. Claro que a veces no
es tan clara esa rudeza, sin embargo, actuar con
inteligencia y pulir nuestras técnicas de
133
acercamiento a los demás calibrarán nuestro hacer
y decir, a fin de no opacar a los demás ni debilitar
nuestra propuesta. Muchas veces tendremos que
recular cuando nos percatemos de algún exceso,
pero también otra habrá que ir un paso más allá
para no disminuirnos. Esto es un arte por pulir y
perfeccionar constantemente. No propongo con
esto caer en la tentación de la blandenguería, pero
tampoco los excesos de la intemperancia.
La vida es para vivirla e implica riesgos, lo que
conlleva que no siempre acertemos, aunque
siempre exista la posibilidad de probar una y otra
vez hasta que mejore nuestro hacer y brille nuestro
ser y el de los demás.
El brillo esencial de la persona impacta siempre
en mayor o menor medida. La imagen de los astros
refleja esta idea: todos brillan, pero nadie siente
celos de los otros. Cada uno tiene su aportación, y
sólo los observa quien quiere.
El verdadero arte exige justicia con los demás,
ya que en la medida que esta justicia nos lleve a
afirmar lo distintivo de cada uno y no amenacemos
ni nos sintamos amenazados por la fuerza del otro,
en esa medida crearemos un ambiente de
germinación de todos los talentos, conscientes de
que somos parte de un todo que es responsabilidad
de cada uno.
La verdadera justicia siempre apela a la
capacidad actual de cada persona, pero también
estimula para que nadie se quede en ciernes, lo que
significa que hoy damos lo que tenemos pero que
el talento, aun en germen, deba alcanzar su
134
madurez con esfuerzos atinados y con miras a la
excelencia.
Un primer servicio que podemos hacer a los
demás es servir de estímulo con nuestro bien hacer,
aunque no somos maestros de nadie, pero las
acciones impactan sin pretenderlo y, viceversa,
bien haremos en emular el bien hacer de los demás.
Esto exige la aceptación realista de lo que somos
y de lo que nos falta por conquistar y la humildad
siempre necesaria para aprovechar las conquistas
de los demás. He tenido la suerte de encontrarme
en mi vida con grandes maestros en su decir y
hacer, con un brillo sin imposiciones que
terminaron por impactarme y mostrarme vías de
ascenso. También he visto modos y acciones que
me han indicado claramente por donde no hay que
ir. “Hay de todo en la viña del Señor” (Mt, 21,42) y es
deber particular elegir aquello que nos ayude a
pulir nuestra esencia.
Dice la canción de Ricardo Ceratto que el sol sale
para todos, pero yo agregaría que hay espacio para
todos y lejos de entristecernos por la fuerza del
otro, tendríamos que alegrarnos porque se sume
una gran luz a este firmamento compartido.
Tampoco es justo para nadie que dejemos de brillar
atenuando nuestra voz para que el otro no se sienta
menos, y tampoco permitir que alguien nos acalle
porque se siente intimidado. No es nada cómodo
convivir con este tipo de personas y situaciones
asfixiantes, pero alejarnos de nuestro escenario es
privar a quienes se merecen de nuestra actuación.
Hay quien nos valora y hay a quien no, pero
simplemente hay que mostrar claridad en palabras
135
y acciones: muchas veces permitimos que la maleza
crezca porque no fuimos capaces de ponerla a
tiempo en su lugar.
La vida exige verdadero arte en nuestro hacer,
por tanto, no puede haber mediocridad ni
medianías, aunque si gradualidad, lo que exige
progreso continuo y excluye estacionarse a mitad
del camino por los obstáculos que constantemente
emergen.
Hoy en día se promueve mucho brillar con luz
propia pero también hay que tener cuidado que ese
resplandor responda a la esencia de las personas.
Nada que denigre a las personas y sus verdaderas
capacidades debería calificarse como
esplendoroso, y mucho menos si responde a
intenciones y manipulaciones mezquinas. No es
justo que se premie la vulgaridad y se entierre lo
disruptivo y exigente sólo por el hecho de no ser
tendencia, ya que uno y otro responde a modelos
predominantes.
Nada valioso se construye sin perseverancia y
persistencia y, desde luego, ninguna de las dos son
tales sin fortaleza. Cuando coexistimos tantas
personas y modos de ver la vida, intereses más o
menos nobles se requiere trabajar con ahínco lo que
a cada uno toca al corazón y proponerlo. Somos un
mar de posibilidades y cada una puede optar por
el individualismo o bien elegir la construcción de
lo nuestro. Esto exige una fortaleza capaz de
doblarse, pero no quebrarse ante el desafío. Puede
parecer una paradoja, pero nada hay como el agua
que muestra su fortaleza al romper la piedra y
mostrar su flexibilidad al encauzarse en el
136
poderoso río. La diversidad implica flexibilidad y
ductilidad pera entretejer lo que nos aúna.
La fortaleza no tiene por qué ser analogía de
choque y ruptura. Hablamos de fortaleza y nos
imaginamos al acero o el diamante, esto no tiene
por qué ser así en las personas. La fortaleza es
multifacética según lo que tenga que afrontar: unas
veces es choque y otras veces es caricia.
Es fuerte quien se levanta cotidianamente a
poner en pie al hijo que preferiría seguir
durmiendo que ir a la escuela, insistirle con el
desayuno apropiado para afrontar la jornada, pulir
las diferencias con la pareja unas veces con fuerza,
otras con ternura, pero siempre con determinación
que regala un compromiso mutuo: mantenerse en
píe cuando parece que hay tantos motivos para
bajar los brazos, seguir soñando un mañana mejor
cuando el hoy sufre pesadillas. Afirmarse aquí y
ahora mostrando convicciones, pero al mismo
tiempo buscando el medio oportuno para alcanzar
la meta.
Mostrarte sin aplastar, pero sin renegar de tus
convicciones y detenerte para negociar cuando el
otro sólo tiene espacio para ganar, insistir ante la
palabra descalificadora e intimidatoria. Esto y
mucho más exige decir tu verdad a mitad de
mentiras descaradas e insidiosas.
No es el mejor de los escenarios, pero es el
nuestro. Habrá que elevar el diálogo a otro nivel,
pero para ello hay que tomar en serio ese
interlocutor que sólo conoce el monólogo y la
interacción de palabra no es su terreno habitual, es
decir, hemos olvidado a poner en la balanza mi
137
palabra y la palabra del otro, ambas constructoras
de verdad. No es lo que rige, pero tampoco es lo
que más suma la unidad. Si no existe habrá que
cultivar la fuerza del conquistador que sabe que si
quiere el botín preciado habrá que superar
múltiples batallas. No se trata de eliminar a nadie
sino de construir un mundo para todos.
Finalmente, el verdadero arte de afirmarse
implica forje que regala temple. Nada es regalado,
todo es una conquista. No en el sentido bélico, sino
entendido como un ejercicio de búsqueda de lo
amado, de lo valioso que implica aciertos y
aprendizajes. Significa buscar y merecer lo mejor a
base de exigencia personal, de hacer músculo
conociendo y optando por la mejor técnica,
repitiendo una y otra vez hasta forjar maestría. Me
afirmo una y otra vez ante la adversidad, me
empodero ante la necesidad de ser mejor que ayer.
Hoy evito la confrontación, pero mañana
muestro mi desacuerdo, hoy opto por la verdad
aun con el peso de la autoridad desafiante y en
apariencia intocable por lo aprendido o por lo
imperante. Caigo una y otra vez, pero me levanto
más fuerte y determinado a buscar nuevas vías,
nuevos modos.
Afirmarse no excluye negaciones, omisiones y
actitudes tibias. No hay motivos para sentirse
menos o para sentirse más, sólo hay motivos para
aprender constantemente para responder mejor
porque sé que mi mejor versión estará caduca ante
los desafíos de mañana. Avanzar con los
aprendizajes de hoy me ponen en mejores
138
condiciones para un futuro todavía más exigente.
Esta es la realidad, lo demás es sueño.
Permitir el engaño y aún peor el autoengaño es
negarme y privar a los demás de lo auténtico en
proceso.
En la medida que aceptemos que hay que
reinventarnos ante cada nueva experiencia
tendremos algo digno para ofertar mañana.
140
iguales para todos y que no es cuestión de medidas
sino de exponer y defender sus derechos.
En la sumisión aparece la necesidad de cuidar
del otro (ese complejo de salvadores que tanto
afecta al protagonista y a la víctima), cuidando de
no herir los sentimientos de los demás y aún menos
de ofenderlos, aunque ellos mismos terminen
perjudicados. “Se va a sentir mal si le digo lo que
pienso”, “ya no me hablará”, “ya no me va a querer como
su amigo”. Todas estas son razones válidas, pero no
a costa de doblegar el propio sentir. Esta actitud no
suma para nada a generar autonomía en las
personas y, en cambio, alimenta actitudes infantiles
que terminan maniatando a quien pretenden
ayudar.
Además, es frecuente un temor a disentir de los
demás por el miedo a ser criticados y hasta
rechazados. Sin embargo, ser aceptados por la falsa
piel que nos hemos endosado sólo propicia
movernos en arenas movedizas: no hay peor
traición que dar gato por liebre. Y operando así
escondemos lo propio bajo una imagen
inconsistente.
Otras veces justificarán su falta de afirmación
porque sienten que no saben qué decir ni cómo
decirlo (Cfr. Riso, W., 2018, 15). Es normal y más
frecuente de lo aceptado que en muchas
situaciones no sabremos qué decir ni cómo decirlo,
pero es ahí donde tiene que emerger nuestra
decisión de aprender y aceptar nuestra condición
actual tal cual es y decidir transformarla.
Habrá que entender y asimilar que decir sí o no,
no tiene porque se ser contra alguien
141
necesariamente pero sí una expresión de mi
realidad que puede o no puede, y, además, nadie
tendría porque tomárselo como personal o sentirse
mal porque cada uno escoge lo que le importa.
En suma, no es cuestión de bondad o maldad,
sino de la oportunidad de una acción para que sea
expresión de lo que cada uno es.
Es importante, en palabras de Walsch, tener en
cuenta que “cada vez que decimos Sí a otra persona,
cuando interiormente hubiéramos querido decir que no,
en realidad es como si estuviéramos diciendo No a
determinadas instancias de nuestra vida” (Walsch,
2021, 21) de ahí la gravedad de no ser consistentes
con nosotros mismos, ya que esconden y niegan lo
propio.
Seguro que a nadie le gusta verse sumiso o
agachado ante los demás, ya que somos y además
nos gusta presentarnos como grandes
protagonistas de nuestra vida en cada una de
nuestras decisiones y acciones, pero para ello habrá
que ir más allá de los supuestos que nos mueven a
decir sí o no, muchas veces ajenos a lo que nos
identifica y optar por aquello que deja ver nuestra
realidad.
Detrás de individuos sumisos suelen existir un
trasfondo de miedo a afrontar lo que parece difícil
y complicado, como también ansiedad por lo que
puede desencadenar nuestra negativa. Pero la
frustración por este modo de actuar termina por
originar rabia contenida, culpa real o anticipada
por lo que hiciste o dejaste de hacer, sentimientos
de minusvalía por no hacer o decir lo tuyo y hasta
una depresión latente fruto de la tristeza por
142
ausencia de goce y disfrute en lo que uno hace o
deja de hacer. Definitivamente, tal actitud sólo deja
pérdidas que superan en mucho la supuesta
ganancia
Lo que mostramos o proyectan las personas
sumisas es una conducta externa apocada,
expresividad devaluada, con bloqueos frecuentes
ante lo no querido, les dan vuelta a las cosas
expresadas en circunloquios cansinos,
postergaciones y rodeos de todo tipo, pidiendo en
secreto a sus dioses que algo los exonere de esa
carga.
Si tal modo de actuar es llevado a sus extremos,
podemos actuar diametralmente contrarios a
nuestras convicciones e intereses con tal de quedar
bien parados ante los demás. Esta imagen
proyectada es leída magistralmente por los
grandes depredadores quienes terminan
aprovechándose de esta vulnerabilidad: nadie lee
mejor a sus víctima que un depredador.
Sin temor a equivocarme, a todos nos ha tocado
ver e incluso sufrir esta experiencia de abuso por
no saber levantar la cabeza en el momento
oportuno; otras veces, no hemos luchado por
conquistar el lugar que nos corresponde,
terminando presas del abuso por no alzar la mano
ni para pedir misericordia.
¿Cuáles son tus actitudes ante los demás? ¿Es igual
tu actitud ante quien percibes imponente que ante
quienes adivinas vulnerables? ¿Te comportas igual ante
tus iguales que ante quienes detentan autoridad?
Si por costumbre o por aprendizaje tiendes a
agachar la cabeza y esconder tu valía, tendrías que
143
recordar que no puedes privar ni a ti ni a los demás
de tu verdadera esencia; es aquí donde hay que
alentar la necesidad de recuperar nuestro peso
específico y hacer acto de presencia en cualquier
escenario sonde sea requerida nuestra presencia
recargada. No dudo que la primera vez sea
desafiante, pero estoy cierto que la práctica hace al
maestro y que, si nos damos a la tarea de trabajar
nuestras debilidades, terminaremos diestros en tal
materia. Contamos con una plasticidad que
requiere experiencias nuevas, desafíos nuevos para
mantenerse activa.
2ª. Ni agresivo
144
tragarse literalmente lo que no quieren por no
atreverse a decir no. El resultado es que las dos
terminan de mal humor y cobrándose con quien
menos tiene culpa.
También ante preguntas explícitas prefieren
responder según las expectativas de los demás. Si
alguien te pide que lo acompañes a tomar un café,
aun a sabiendas de que tienes urgencia por
terminar una tarea, dirás que sí. Tu incomodidad
interna es evidente pero no te atreves hacer sentir
mal a alguien más, aunque tu estés de por medio.
Este comportamiento es tremendamente incómodo
y desgastante para quien así actúa, sin embargo, la
gratificación de aparecer como la persona buena
onda te llevará a repetir hasta el cansancio este
comportamiento e incrementando tu incomodidad.
Esto a la larga se traduce en hábitos que llevan a la
negación de los propios intereses e incluso con
agresividad explícita consigo mismo y con los
demás.
Todos tenemos experiencia de decir sí a una
invitación a un evento al que no tenemos la mínima
intención de asistir. Posteriormente se traducirá en
la invención de una excusa por demás tonta e
incluso absurda, pero que en apariencia nos salva.
Ofendemos y lastimamos sin querer, pero no por
eso la agresión es menor.
También existen conductas agresivo-pasivas son
muy típicas en ciertas culturas o mejor dicho
anticulturas. Trabajos mal hechos y de mala gana
por no atreverse a contrariar a alguien;
impuntualidades reiteradas por ir a donde no se
145
quiere ir. Ironía y chistes de mal gusto socialmente
tolerados para disfrazar malestares contenidos.
La agresividad también suele aparecer como
una reacción a los propios miedos o como
respuestas a los propias heridas. Me puedo enojar
para evitar que alguien pueda herirme o acercarse
demasiado a mis sensibilidades. Por ejemplo, si
alguien me grito demasiado en mi infancia y me
tuve que aguantar no sería nada extraño que ante
un grito en mi presente me muestre agresivo para
repeler un supuesto abuso.
Incluso hay situaciones vividas en el pasado con
las cuales no supe lidiar en su pasado y su
aparición en el pasado hacen surgir enojo, fastidio
agresivo hacia personas que nada tienen con ver
con ello.
Este tipo de comportamientos desde luego no
nos representan dignamente, sin embargo, son
sombras que esconden nuestro verdadero
esplendor. Estos comportamientos son “cuchillitos
de palo”, no cortan, pero joden, aunque desde
luego no nos desenmascaran.
No todo lo podemos disfrazar porque hay
hechos que nos evidencian, ya que están a la vista
de todos: nuestra presencia, el modo de movernos
por el mundo en cada de una de las circunstancias,
pero tampoco nos agota. Es aquí donde hay que
evitar ambivalencias tomando decisiones que nos
muestren, que nos exhiban como aporte para los
demás de manera flexible ¿por qué darse a
cuentagotas cuando lo puedes hacer en modo cascada?
146
3ª. Sino asertivo
151
Para pensar
153
No te preocupes demasiado porque no consume
datos, aunque es probable que más de alguna idea
altere tu tranquilidad de rio calmo con corrientes
escondidas o ya adormecidas por tantas imágenes
espectaculares y sonidos cautivantes. Me reto a
alterar tus neuronas y tus afectos, aunque en ello
me lleve más de alguna descalificación.
Escribo el texto generalmente en segunda
persona (Tú) de singular porque no quiero que se
lo apliques a nadie porque pretendo que cada uno
se lo aplique en primera persona de singular (Yo).
Con la elección de este estilo evito mis rollos y
acallo tus excusas de no tener tiempo para invertir
en obviedades. No pretendo más autoridad que
aquella que brota del eco del cuestionamiento
asumido con apertura y del derecho a expresar mis
ideas y la esperanza de que alguien sea atrapado
por la curiosidad.
Todos tienen mucho que decir, pero no siempre
se atreven a exponerse por razones varias: temor a
represalias, hacer sentir mal a las personas,
desdibujar nuestra buena imagen, por temor a ser
rechazados o hacer tambalear su sentido de
pertenencia. Sin embargo, con todo y esas
posibilidades vale la pena decirlas, ya que es mejor
dar certeza de nuestro sentir y pensar a los demás
y a uno mismo que dar tanto espacio a los
supuestos, además viene bien hacer uso de nuestra
libertad de expresión, y de mostrar lo que cae bajo
el horizonte de nuestros ojos curiosos a fin de
mover rigideces justificadas por lo vivido e
inflamadas por la prudencia, aunque
154
desaconsejadas por las exigencias de los cambios
que vivimos.
Ser directos puede ser duro, pero también puede
facilitar entender y ser entendido, aun cuando se
toquen algunas sensibilidades, e inevitable por
vivir ante un mundo con tantas diferencias.
Es posible que seas muy sensible a las
contrariedades, pero acostumbrarse a este estilo
franco puede acrisolar la piel, que tarde o
temprano termina por afrontar las inclemencias del
tiempo, por cierto, nada infrecuentes en la vida
normal.
Te invito a que te digas las “verdades” que te
debes, que has preferido suponer y optado por
decires más benévolos y tranquilizadores. Es mejor
crear el hábito del boxeador que recibe más de
algún golpe, pero esquiva tantos creando estilo y
fondo.
Te instigo a que visualices a quien tengas
necesidad de decirle algo que para ti sería
importante que supiera y que te plantearas
ejercitarte en esta práctica. De nada sirve decir que
somos muy honestos y claros cuando se prefiere
andar por las ramas y alimentar supuestos,
haciéndolo con la sabiduría que salvaguarda a
todos, pero eliminando lo superfluo cual hábil
artista que con tacto e ideas clara usa su cincel.
Esto tiene como propósito el bien personal como
condición para buscar el de los demás. Por una vez
en la vida te incito a que mires sólo a tu bienestar,
en caso contrario se convertirá en repositorio de
residuos enfermizos y perniciosos para todos. Sólo
quien reconoce la verdad de lo que siente y le da
155
un nombre estará en condiciones de procesar, tanto
lo negativo como lo positivo, en energía
transformadora y no como venenos que terminan
lacerando el alma de todos.
Es importante sumar conocimientos, pero es
fundamental que lo hagamos personal y
accionable. Sabemos muchas “verdades”, pero nos
cuesta enormidades sentirlas en la piel para
domesticarlas, como diría El principito.
Es sano y liberador gestionar proactivamente lo
que hemos almacenado inútilmente durante tantos
años. Si queremos ir lejos es importante llevar
equipajes muy ligeros, sobre todo en lo que a
memoria emocional negativa se refiere.
Reinventarse es una exigencia no una opción si
queremos mantenernos vigentes ante las nuevas
oportunidades que surgen en nuevos escenarios y
con actores tan distintos. Suéltate con confianza,
fluye como el agua que mira siempre al mar y que
sabe que lo peor que le puede pasar es estancarse.
En la Ciudad eterna hay una estatua llamada la
Bocca della veritá de 175 centímetros de diámetro.
Según la leyenda hace referencia a la veracidad de
la fidelidad de la pareja, quien introduciendo su
mano en la boca de este enorme medallón se
exponía a ser devorada en caso de haber mentido,
en caso contrario su inocencia sería manifiesta
sacando su mano sin daño alguno. La sana
autocrítica nos mantiene maleables y desnudos
ante la novedad de lo distinto.
Te invito a exponer nuestro pensar y decir a esta
Bocca della Veritá con la determinación vehemente
156
de salir las menos de las veces englutidos en este
ejercicio de cuestionamiento habitual.
157
#Tus experiencias son para vivirlas no para
cargarlas
158
Ser valientes es una expectativa no escrita que
se repite de mil maneras en la vida cotidiana y que
pesa en nuestra aventura terrenal: la verdad es que
tengo miedo de no acertar, de no ser aceptado por
los que me importan, criticado por mis hechos y
omisiones. Sin embargo, hay que tener presente
que aprisionarla no la elimina, ni mucho menos la
hace inexistente, sólo la hace más pesante.
Es necesario y sano reconocer cuáles son tus
miedos porque si los ignoras terminarán por
golpearte por la espalda en los momentos menos
oportunos.
El miedo es un magnífico aliado pero un
pésimos amo. Cuida que ocupe el lugar que le
corresponde.
159
Es legítimo pretenderlo, pero convencidos de
que no es cuestión de comparaciones sino de un
desafío personal.
160
mejor modo de tomarme en serio la vida como
también la de los demás.
Esperar que alguien más se ocupe de uno sólo
retrasará gozar de tus propias búsquedas y la
conquista de lo querido. Esto, desde luego, no
significa tener el complejo del Llanero solitario sino
más bien de alguien que mueve las piezas
necesarias y apropiadas para alcanzar aquello que
le facilitará brillar con toda la fuerza que brota de
su esencia, es decir, dar espacio a aquello que
exalta nuestra peculiaridad. No es soberbia y
vanidad sino reconocimiento de las propias
facultades y de la libertad para activarlas y hasta
arrebatarlas.
Dejar que este criterio me rija descarta
salvadores de lo ajeno e incentiva mi
protagonismo en cada una de las decisiones que
están en mi cancha.
161
Tampoco incluyo las penalidades por servicios
extras por enfermedad y horas de desvelo,
simplemente lo básico.
Igualmente, ten presente que más de alguna
cana tiene tu autoría simplemente porque había
confianza, más de alguna vez, te has portado como
verdadero patán.
No te digo que lo entenderás totalmente porque
no estoy seguro de que seas capaz de sopesar lo
que la memoria da al olvido, pero prueba a
construir lo que exiges y puede que alguna idea
preconcebida cambie de color.
Mínimo un gracias es debido porque será signo
de que has dejado de mirar sólo a lo que te falta e
inicias a apreciar lo que eres gracias a lo recibido.
Quien vive en estado de gratitud tiene ojos para el
benefactor y honra la posibilidad.
162
#No te quejes: vivé los tropiezos
163
#Tienes la vida prestada
164
#Arríesgate
165
# Actúa tu magia
#Ocúpate de lo tuyo
167
# Aprende a irte a tiempo
168
#Vive
169
las propias inseguridad o temores puede
transformar nuestra apariencia y también esto hay
que conocerlo para que no esconda lo mejor de
cada uno.
El autoconocimiento es básico para trabajar
nuestras áreas de oportunidad para que nos
expresen mejor, y los demás no sean víctimas de
malentendidos. Por ejemplo, quien tiende a ser
seductor/a sin apenas percatarse, pero como no se
conoce después se extraña que la gente lo mal
interprete, siendo que hay indicios obvios para los
demás de una actitud coqueta.
170
Lo contrario provocará guerras interminables
por la propia verdad y una inflamación de la
intolerancia ante la menor insinuación de
diferencia.
Eh aquí el manantial de dictaduras y de las
peores barbaries. Podemos disimularla con el título
de modernidad, pero la eliminación del otro
siempre será ignominiosa injusticia.
# Siente, no resientas
171
realidad. Sería más sano que fuéramos más cautos
a la hora de lanzar semejantes dogmatismos.
Todos hablamos desde el pedazo de verdad que
hemos aprendido a domesticar, con la única
intención de salir vencedores y no precisamente
buscando bien de todos.
Nadie gusta de la derrota, pero es sabio
considerar que la primer derrota es adoptar la
competencia como obligación dando al olvido que
la sinergia es la opción que más nos deja.
173
Haz cuenta de los años invertidos de tu familia
en ti y compáralo con lo que ha invertido tu mejor
amigo. Espero que las datos te den claridad, pero
sobre todo una respuesta justa.
175
Para pensar
178
En primer lugar, hay que ser conscientes de lo
que estamos viviendo: pensamientos, emociones
y acciones. Para ello es necesaria la autorreflexión
constante, aunque sin obsesiones, con un aterrizaje
necesario en acciones persistentes en el tiempo,
para reconocer nuestro estatus actual en relación
con los demás y hacer lo conveniente para
transformar el futuro. Nadie sin consciencia genera
acciones efectivas, al máximo rutinas
inconsistentes, ya que acciones al azar sólo nos
hunden en resultados aleatorios.
Por ejemplo, cabe preguntarnos ¿por qué me enojo
tanto con los demás? La respuesta más fácil es
inculpar a los demás, pero si me percato de que es
una respuesta recurrente ¿no cabría que considerar
que la fuente principal puedo ser yo mismo? Por tanto,
habría que apuntar mejor: ¿qué se tambalea en mi
cuando aparecen las palabras y las acciones de los
demás? ¿mi orgullo evidenciado, mis intransigencias e
intolerancias, mi excesiva sensibilidad, mi ego sensible?
Las personas siempre tienen desafíos en la vida
que las mantienen alertas y en búsqueda de ese
plus que le brinde excelencia. Y es ahí donde nos
tenemos que ubicar. Por ejemplo, en la vida
cotidiana experimentamos dificultades para
expresarnos ante los demás, no con todos
conectamos con facilidad, incluso con algunos el
rechazo y la distancia aparecen casi sin pensarlo:
no conectamos con todos e incluso hay momentos
en que nos desconocemos nosotros mismos. O
nuestra expresión no tiene la resonancia que nos
hubiera encantado, no por responsabilidad de los
demás sino por propia incapacidad.
179
Iniciar o reiniciar no es fácil, pero como reza el
refrán “la práctica hace al maestro”, por lo que hay
que tener presente que se requiere práctica
perseverante para adquirir maestría en lo que nos
apasiona compartir y, por supuesto, en lo que se
refiere a mostrarnos a los demás no es diferente, ya
que tenemos mucho que dar, pero también mucho
que recibir para propiciar mejores resultados pero
seguimos anclados a lo vivido y la impronta
legada, olvidando que contamos con mayores
recursos y perspectivas para innovarnos.
Por eso, es imprescindible que tengamos claro
que es un reto y, más importante aún, accionar
mecanismos que ayuden a implementar lo que nos
importa y nos hace trascender, como también
desactivar lo que nos limita y empobrece a nivel
personal. Cada día es una oportunidad para
encararlos con nuestra novedad.
No es cuestión de acciones aisladas, sino de
hábitos que forjen actitudes ante los límites en
nuestra capacidad de expresar lo que nos
caracteriza y lo que queremos comunicar. Lo que
inicialmente es difícil con el tiempo puede llegar a
convertirse en hábito y consolidar nuestro estilo
peculiar de operar en la búsqueda de nuestros
objetivos.
He de confesar que por estilo personal y, quizá,
por experimentar grandes vacíos, se me facilitó
abrirme a nuevos aprendizajes y por eso hice de la
escucha mi medio favorito para responder a mi
necesidad.
Durante mucho tiempo esta característica
favoreció que creciera fácilmente escuchando a los
180
demás, pero llegó un momento en que ya no fue
suficiente y entonces aparecieron las dudas y con
ello la urgencia de preguntar, cuestionar y hasta
disentir.
Esto último sigue siendo un reto por mi
necesidad de pertenencia, pero cada día adquiero
mayor fortaleza y madurez, lo que me ha regalado
la capacidad y el gozo de disfrutar sólo y sin
necesidad de justificarme ante nadie, pero también
de arriesgarme con los demás.
Disentir siempre me trae rigidez y mi lenguaje
corporal aparece más bien de confrontación y
enojo, pero en el fondo sé que es temor, tensión y
ansiedad porque no es mi hábitat natural, aunque
también descubro que cuento con mayores
elementos que aseguran mi valía. También me he
dado cuenta de que un ambiente seguro me facilita
hacerlo de manera más relajada.
Pues bien, este ha sido un reto difícil, pero
usando las técnicas y medios a mi alcance me ubico
con avances significativos. Pero, estoy cierto de
que, si alguien me lo hubiera indicado antes, me
hubiera ahorrado muchos sin sabores.
Con la intención, espero hecha realidad,
presento a continuación algunas sugerencias
generales para que cada uno las ocupe en aquello
que sigue siento motivo de no pocas angustias a la
hora de mostrar lo que lo define con mayor libertad
y flexibilidad. Lo que lo limita a soltarse como
persona con los demás. Si queremos adquirir la
capacidad de reinventarnos, sin ignorar la normal
resistencia, habrá que prestarles atención e
implementar las acciones oportunas.
181
1. Identifica los patrones de pensamiento y
comportamientos que no nos expresen
No hay nada más esclavizante que actuar por guiones
del pasado.
182
que el tiempo nos regala nuevos recursos y
aprendizajes que nos hacen más aptos ante los
nuevos desafíos y mal haríamos en aferrarnos en
recursos obsoletos del pasado.
Por ejemplo, en la medida que identifiquemos
cómo reaccionamos ante una situación de
agresividad, ya sea con igual agresividad hacia el
presunto agresor, resolviéndolo en nuestro cerebro
con las mil posibilidades de respuesta a nivel de
meras ideas nos envenenaremos con semejante
empacho o, en el peor de los casos, nos
latiguearemos con auto descalificaciones que nos
recordarán lo cobarde que somos.
Una vez que identifiquemos los modos de
proceder, es importante afrontarlos en modo
constructivo cada vez que lo amerite a fin de lograr
mayor dominio y gestión proactiva de tales
situaciones probando estrategias más efectivas.
Lo importante y decisivo es que identifiquemos
qué patrones favorecen que brillemos con luz
propia, pero, por otro lado, eliminar o gestionar
efectivamente aquellos que nos opacan o esconden
nuestra valía y nos privan de la elegancia de quien
va aprendiendo a vivir con mayor flexibilidad. Por
ejemplo, si ante situaciones ambiguas actúo de
modo impaciente he de aprender a respirar, a
tomar tiempo para pensar en opciones y actuar con
suficiente calma, en caso contrario, los resultados
se vislumbran catastróficos como en el pasado.
En breve, en la medida que identifiquemos estos
patrones y nos decidamos por acciones coherente
con lo que es importante, nuestro hacer nos
expresará cada vez con mayor eficiencia a través de
183
acciones fluidas y proporcionales. No es cuestión
de aguantar, disimular o hacer finta de que no pasa
nada, sino de actuar conforme a lo que nos traduce
y manifiesta nuestra verdadera esencia, aunque eso
implique muchas veces romper con viejos patrones
para dar paso a aquellos que respondan mejor a
nuestras necesidades y la de nuestros
interlocutores.
184
No es lo mismo decir que te sientes ofendido por
uno de tus amigos de siempre que hacerlo ante una
persona que acabas de conocer y que a la distancia
se muestra agresivo. Seguramente que todos nos
hemos encontrado con personas cuya autoridad
moral o intelectual nos impone y que disentir o
contradecirlos o sugerirles una precisión nos
resultará difícil, pero, si ya nos hemos ejercitado
previamente, nos resultará cómodo, acertado y
efectivo hacerlo, incluso con cierta espontaneidad
y tranquilidad.
185
andamos por la vida haciendo de cada esquina un
ring de boxeo, sino que los lidiamos con suficiente
paz.
¿Qué emociones te siguen limitando en tu brillo? ¿La
ira, el miedo, la inseguridad, el temor al qué dirán?
Cualquiera que sea, todas requieren práctica en
espacios seguros hasta lanzarnos en aquellos que
nos exponen cada vez con mayor flexibilidad.
186
por el historial que nos contamos o que otros
aplauden, sino personas suficientemente valiosas
para conquistar sus metas y superar lo que huela a
”fracaso” y a sus sucedáneos.
La persona con una sana autoestima vive algunas
veces tiene “éxito” y otras tantas “fracasos”, pero
asume a los dos como partes importantes de su
quehacer ya que con ambos aprende y desaprende
para hacerlo mejor cada día. A este respecto resultan
pertinente recordar las palabras de Kohlberg
indicando que hay que cultivar un sano narcisismo
que nos permita mantener nuestro rostro bello y
lozano aún ante los rasguños de la vida, ya que la
experiencia dicta que son inevitables, y que, aunque
más de alguna vez las cuentas no nos salgan, tenemos
la confianza de que eso no toca nuestra esencia valiosa
en sí misma.
La confianza en uno mismo implica trabajo,
estrategia y voluntad. No podemos pretender que
nuestras áreas de oportunidad crezcan a la buena de
Dios, sino que es necesario invertir esfuerzos
inteligentes y perseverantes para que se den. Oímos
frases como “ahí Dios dirá”. desde luego, estoy seguro
de que Dios tiene mucho que decir, pero también
estoy convencido de que hay acciones que nos toca a
cada uno y que no tienen nada que ver con un sentido
de fe ciega o sentido mágico de la vida. La magia ya
la han puesto en nuestros manos, y sólo hace falta que
la ejercitemos.
Para afianzar la autoestima hay que lleva a cabo
algunas acciones.
187
1ª. Acéptate
188
La confianza real se basa sobre victorias, pero
ninguna victoria impacta si no somos conscientes de
que hemos alcanzado algo que pretendíamos. Ver un
libro impreso y disponible para ser leído nos sacará
un grito de satisfacción sólo si lo he soñado y sé lo que
ha implicado para mí y para los de mi entorno. Lo
pensé, lo planeé y lo ejecuté, y ahora lo disfruto.
Por otro lado, el modo también importa, ya que
tenemos unos parámetros que miden lo que hacemos
y que indican si están dentro de unos estándares. No
es lo mismo sacar un libro plagiado que uno que te ha
costado horas de trabajo y desvelos. Estos son los
valores que nos guían a la hora de emprender
cualquier decisión o proyecto. Tener claro lo que es
importante para mí y tomarlo como criterio de acción
regala gran tranquilidad y coherencia ya que encausa
esfuerzos y da sentido a los cansancios.
Definir y tatuarse los criterios de manera clara y
exigente brindan una gran confianza a la hora de
decidir. Lo vemos en la vida real, las personas que
tienen un historial de honestidad nos dan confianza,
los que están teñidos de dudosa honestidad la
confianza hacia ellos brilla por su ausencia.
189
determinación los desafíos que se aparecen en nuestro
caminar.
Si nos damos a la tarea de vivir la vida tal y como
se presenta tendremos aciertos, pero también fallos.
Aceptar la ilusión de que la vida sólo puede ser blanca
o negra, donde la única opción es aceptar las luces,
nos pone en una situación verdaderamente trágica.
Las personas somos convocadas a vivir en plenitud
el regalo gratuito de la vida, y conservarla supone
esfuerzo por activar lo que la mejore.
Los tropiezos del camino son inevitables y, sin
duda, serán muchos. Pero tenemos la posibilidad de
salir más fuertes una vez que los hayamos superado.
Por ejemplo, confiar ciegamente en alguien nos ha
regalo más de alguna traición, pero quien bien las
vive aprende y se levanta con nuevas miras y recursos
para la próxima ocasión.
Las malas experiencias no nos opacan, no nos
limitan y nos sacan brillo; simplemente cambian
nuestra perspectiva e incrementan nuestra fortaleza;
no nos priva de las nuevas posibilidades, sino que nos
regala nuevos criterios de acción.
190
hace crecer, y las conquistas son terreno fértil para
otras de mayor kilaje, tanto para uno mismo como
para los demás.
¿Qué te fascina y disfrutas enormidades? ¿Cuándo fue
la última vez que hiciste algo que te encanta y disfrutas?
Por lo que a mí respecta, me encanta hacer deporte de
cualquier índole y, si tuviera la oportunidad de
dedicarle más tiempo todos los días lo disfrutaría,
aún con poco tiempo todo los días le arrebato minutos
para cultivar este gusto.
También leer lo disfruto y procuro siempre tener
algo al lado para mis espacios cada vez más reducidos
para hacerlo. No es algo superfluo sino un modo de
alimentarnos, de darnos nuestro lugar, un espacio
que garantice una mejor calidad de relación hacia los
demás. No estaría demás que en una parte de tu
agenda esto estuviera incluido porque si no lo
tenemos en la mira ni siquiera lo vamos a considerar.
191
Forma un capital social empoderador que te ayude
a acercarte a tus metas. Hay que escuchar todo si
queremos lograr una visión más integral de la vida y
sus desafíos, pero hay que cuidar las fuentes. No es
despreciar a nadie, es elegir lo que nos importa y, por
tanto, debe ser lo mejor. ¿No es cierto que te has pasado
ideando un proyecto y empiezas a ilusionarte, entonces
aparece el bombero de iniciativas y las apaga la apenas
incipiente criatura? Pues bien, camina con pies de
plomo y con los aliados apropiados en lo que te
interesa, pero no te rodees de quien sólo tiene en su
haber buenas razones para que no te arriesgues a
nada. No te mereces esas pobrezas porque sólo te
aportará dudas y desánimos.
192
No conoces el calibre de los desafíos futuros por eso
no podemos escatimar esfuerzos que procuren
mejoras.
Hay habilidades que sabes que ya requieres pero
que no te gustan y pospones, y hay otras que te
encantan y aprendes con mayor facilidad que
conviene aprovechar esta simpatía y llevarlas a su
cenit.
Si lo que haces te requiere habilidades especiales
no puedes dejarlas para mañana, a menos que quieras
exponerte de modo temerario para lo cual no estás
capacitado, aceptando las consecuencias que
implique. No postpongas tus éxitos, aunque para ello
tengas que hacer inversiones proporcionadas a tus
amores.
5. Afírmate
Deja en cada acción tu impronta, para más de alguno
puede ser un indicio de respuesta.
193
Entre las muchas técnicas posibles podríamos
desarrollar las siguientes:
1ª. Comunicación yo
194
si hace falta, gritar lo que queremos y anhelamos. Nos
ahorraremos mucho tiempo y posibles malentendidos
si estamos atentos a quién nos referimos.
Esto también te ayudará a que los demás no tengan
que adivinar tus necesidades o incluso tu sentir.
Indica qué quieres, qué deseas, qué esperas. Da a
conocer cómo te sientes y evitarás muchos supuestos.
Algunas veces nos imaginamos que los demás
gozan de clarividencia sobre nuestros deseos, sin
embargo, hay que tener presente que lo que para uno
es obvio para el otro es un misterio insondable.
Es necesario recordarnos continuamente que la
atención es muy limitada y efímera, y hay que
aprovecharla cuando nos la brindan o la damos.
Captar y mantener la atención de los demás
actualmente es muy complicado porque hay
muchísima competencia al respecto, por eso hay que
ser muy concisos y explícitos en lo que deseamos.
198
podemos darle el lugar a alguien, pero no de manera
ordinaria.
Por una falsa concepción de educación podemos
haber aprendido a pasar por encima de nosotros
mismos, sin embargo, una verdadera educación
supone salir siempre airosos, aunque por un valor
superior podemos darle la prioridad a alguien, ya sea
por motivos heroicos como cuando alguien decide
morir su vida por la libertad de su patria, o como un
mártir dispuesto a morir por alguien por su fe. Pero
ordinariamente ha de prevalecer el valor de la justicia,
es decir, dar cada uno lo que le corresponde.
Visto desde el punto de vista psicológico, la
persona que se considera con poco valor en referencia
a la otra persona asume que el otro siempre merece el
primer lugar en todo, relegándose el mismo el último
de los puestos. Este sentir desde luego que es real,
pero hay que entenderlo como una condición que
requiere ser mejorada.
Es siempre útil considerar que, aunque alguien
bueno, siempre caben mejoras y estás se dan en la
medida que se avanza, aunque sea con pequeños
pasos: es mejor una pequeña victoria que privarnos
de tomar posición ante algo que nos supera.
Socialmente prevalece la creencia de que los padres
“han de quitarse el bocado para dárselo a sus hijos”,
es generoso y plausible este comportamiento por la
responsabilidad contraída, pero si se agota la fuente
habrá más de alguno que muera de sed. Unos y otros
tienen que comer de manera ordinaria, aunque en
ocasiones extraordinarias lo sublime prevalece.
199
7ª. Sé asertivo cotidianamente
202
CONCLUSIÓN
205
gratitud, de la aportación del otro para acoger con
prontitud lo que está por llegar.
¡Suéltate! De nada sirve resistirte ante lo otro por
su rigidez o cerrazón del corazón o por nuestras falsas
prudencias y temores camuflados.
Vale la pena disfrutar el proceso porque el final es
incierto e inaferrable cual volátil deseo, ya termina
escapando inevitablemente a ojos limitados, a
voluntades inestables y a acciones manchadas de
rutina.
La vida requiere flexibilidad porque los desafíos
los domestica la maleabilidad, aunque haya que
quebrarse y reinventarse sin claudicar, afirmarse sin
dictaduras, acoger con silencio sediento de esperanza
activa y dejarse sorprender por la chispa escondida
en la frialdad de quien el temor ata.
Es importante que aprendamos el arte de ser
flexibles ya que, indica Walter Riso, la flexibilidad
mental, más que una habilidad o una competencia, es
una virtud que define un estilo de vida y permite a las
personas adaptarse mejor a las presiones del medio. Una
mente abierta tiene más probabilidades de generar cambios
constructivos que redunden en una mejor calidad de vida y
en la capacidad de afrontar situaciones difíciles (Riso, W.,
3)
Estoy convencido de tu seriedad, pero sigo
sediento de que aprendamos a reírnos de nuestras
terribles contracturas y obscenas sensibilidades para
dar paso a experiencias creadoras de sentido y de
nuevos impulsos.
Si me regalas tu voz, te ofrendaré mi escucha y
secundaré tu acción. Suéltate porque nadie se merece tu
rigidez, aunque tengas las mejores razones
206
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