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Matrimonio Cristiano: Fundamentos y Compromisos

El documento habla sobre el matrimonio cristiano. Explica que el matrimonio fue creado por Dios como la unión sagrada entre un hombre y una mujer. Señala que requiere compromiso y flexibilidad de ambas partes para adaptarse el uno al otro a medida que surgen las diferencias. El matrimonio cristiano debe basarse en el amor, el respeto y la comprensión mutua.
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Matrimonio Cristiano: Fundamentos y Compromisos

El documento habla sobre el matrimonio cristiano. Explica que el matrimonio fue creado por Dios como la unión sagrada entre un hombre y una mujer. Señala que requiere compromiso y flexibilidad de ambas partes para adaptarse el uno al otro a medida que surgen las diferencias. El matrimonio cristiano debe basarse en el amor, el respeto y la comprensión mutua.
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Capítulo 1

MATRIMONIO - Fue Su idea

Vamos a pensar juntos acerca del matrimonio cristiano. El matrimonio fue idea de
Dios. Vamos a mirar lo que hace a un matrimonio Cristiano y a un hogar Cristiano.
¿Qué significa estar casado desde el punto de vista de Dios? ¿Cual es el deber de
cada miembro de la familia? Según la Biblia, ¿qué debe hacer cada miembro para
mantener una apropiada perspectiva cristiana y su responsabilidad como parte de
la familia? Vamos a comenzar donde Dios comenzó todo. Le llamamos
“Matrimonio”.

El Matrimonio es la única Institución que nos ha venido desde el otro lado de la


caída del hombre en el Jardín del Edén (Génesis 2:21-25). Dios ordenó el
matrimonio antes de que el pecado entrara en el mundo e intentó que fuera la más
plena, la más rica y la más gozosa vida en el planeta Tierra. Si falla en serlo, la
falla no está en la Institución misma sino en aquellos que entran en ella
descuidadamente y fracasan en cumplir sus condiciones. De hecho, el matrimonio
es tan importante en el plan de Dios que El hace una comparación en la carta a
los Efesios entre el Matrimonio y la Iglesia. “El esposo es la cabeza de la esposa,
así como Cristo es la cabeza de la Iglesia; y El es el Salvador del cuerpo. Por lo
tanto, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las esposas deben estar sujetas a
sus propios maridos. Esposos, amen a sus esposas así como Cristo amó a la
Iglesia y se dio a sí mismo por ella... Así los hombres deben amar a sus esposas
como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a sí mismo se ama”
(Efesios 5:23-25; 28). La Iglesia debería ser un reflejo del hogar, y el hogar un
reflejo de la Iglesia.

Chequeo Pre-Matrimonial

Las expectativas para el matrimonio varían en muchas maneras. Algunos se


casan por motivaciones equivocadas tales como: atracción física, seguridad
financiera, seguridad física, estabilidad emocional, compatibilidad sexual, para
liberarse de los padres, escapar de un hogar malo, una pobre auto imagen,
aprobación, y la lista continúa. Tarde o temprano estos motivos se manifestarán y
pondrán el matrimonio en peligro. Cada uno debería ser absolutamente honesto y
abierto con el otro antes de casarse. Deberían tener la libertad de hacerse
preguntas ya sea de lo social, espiritual, físico o cualquier cosa que pudiese ser
una parte del pasado del otro. Honestamente preverán futuros impactos que
podrían salvar su matrimonio. De hecho, cada relación romántica requiere la
prueba del tiempo, como así también la prueba de una separación ocasional. Esta
es una práctica fundamental para determinar la Voluntad de Dios. Tiempo
separados hará crecer el corazón más cariñoso, ya sea en aquel con quien
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planeas casarte o por alguien más. Asegúrate que tu relación ha experimentado la


prueba del tiempo.

Dios planeó que muchas de nuestras necesidades individuales se suplan a través


del matrimonio. La necesidad de compañerismo, familia, aceptación social,
intimidad sexual y muchas otras necesidades son logradas a través del
matrimonio. “Por eso dejará el hombre a su padre y su madre, y se unirá a su
mujer, y los dos serán una sola carne” (Efesios 5:31). Dios ordenó el matrimonio
para el confort, la felicidad y el beneficio de la humanidad. Es parte del plan
original de Dios. No es una relación que ha evolucionado. No es una costumbre en
la cual el hombre cayó en los tempranos días de la raza humana. No es un mero
arreglo o relación que es temporario y hecho por hombres. Es de origen Divino
como parte de la creación de Dios, que Dios ordenó para ser una obligación de
por vida del uno para el otro. “Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Marcos
10:9). Es Su Institución Ordenada para que los hombres y mujeres se unan en una
relación física y emocional y tengan el privilegio de traer niños a este mundo.

No hay relación sobre la tierra tan cercana y sagrada como la relación de


matrimonio. Sobrepasa a la relación de hijo a madre o padre. Nuestro Salvador, Él
mismo, determinó que el hombre debe dejar a su padre y a su madre y unirse a su
mujer (Génesis 2:24). Esto no debe ser tomado en el sentido de que un hombre
sea negligente con su padre o madre, lejos sea de eso. Esto significa que la
relación matrimonial y sus obligaciones están primero. Desde el momento en que
un hombre y una mujer se paran ante el altar matrimonial, su más alto deber es el
uno para con el otro.

Un Ministro del Evangelio debería consumar el matrimonio cristiano. Es una


ceremonia tan solemne, tan cargada de posibilidades de bueno o malo, tan ligada
con el destino eterno de las vidas de personas, que un modo frívolo o de mal
gusto en ella no debería ser tolerado. En el matrimonio, dos corazones y dos vidas
se unen, llegando a ser una por el resto de sus vidas. Este fue el plan original de
Dios para el matrimonio antes de la caída del hombre en pecado. “Por tanto,
dejará el hombre su padre y su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una
sola carne” (Génesis 2:24). Uno es el único número que no es divisible.
Aquí tenemos una famosa frase que nos da la perspectiva de Dios sobre el
matrimonio. “Si Dios hubiera querido que la mujer gobernase sobre el hombre, la
hubiera sacado de la cabeza de Adán. Si la hubiera diseñado para ser su esclava,
la habría sacado de sus pies. Pero Dios sacó a la mujer del costado de Adán, para
que fuese su ayuda idónea y co-igual con él” (Agustín).

Compromiso

El matrimonio es un vínculo que solo puede ser disuelto por la muerte. La


ceremonia se enfoca en un pacto entre dos personas que intercambian votos y se
prometen uno a otro “amor, honor y cuidado hasta que la muerte los separe”. La
ceremonia anticipa exclusivo compromiso de futuros eventos a pesar de lo que
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pase. “Para mejor o para peor, en enfermedad o en salud, en pobreza o en


riqueza.” Estas dos personas se presentan ante Dios y hacen un pacto que
solamente la muerte puede anular. No nos resulta difícil pensar que los ángeles
del cielo silencian sus canciones y se admiran silenciosamente mientras votos
santos son tomados, y dos corazones y vidas son unidos por designios Divinos.
Una ceremonia tan santa, tan sagrada, tan llena de destino que como cristianos,
debería ser hecha en la presencia de cristianos que entiendan lo sagrado de la
ocasión. Que no seamos culpables de tratar livianamente el plan divino.
¿Qué les espera a estas dos personas si para ellos el matrimonio es probar la
bendición que Dios intentó que fuese? ¿Qué deben tener ellos en sus corazones?
¿Qué sustentará esta nueva relación? ¿Habrá algunos ajustes o conflictos?
Vamos a considerar algunos de ellos.

Flexibilidad y Entendimiento

Cada pastor de una iglesia sabe la verdad de esto. Cuando dos vidas se unen,
hay, necesariamente, por un tiempo, un ímpetu de vida contra vida. Todos
nosotros procedemos de diferentes trasfondos, familias, temperamentos y
personalidades. Muchos ajustes deben ser hechos, y cada uno debe tener mente
y corazón entendidos para combinar estas relaciones juntos. Se debe empezar por
entender que hay una gran diferencia entre la manera de pensar de un hombre y
la de una mujer. Cosas que son importantes para una mujer son insignificantes
para un hombre, y cosas que son importantes para un hombre son insignificantes
para una mujer. Rápidamente se descubren aquellos hábitos, gustos e
inclinaciones que difieren mucho más ampliamente que lo que pensábamos
durante aquellos maravillosos días de cortejo de novios. Si ambos fueran
idénticos, el matrimonio rápidamente se tornaría aburrido. Dios nos hizo diferentes
para que pudiéramos complementarnos uno a otro mientras maduramos.
La mejor manera de hacer estos ajustes es usar frecuentemente las siguientes
cinco palabras: “Lo siento, perdóname, te amo.” Un versículo para fortalecernos en
esto es: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo
para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19). Al descubrir tantas diferencias,
algunas parejas a veces crecen descorazonadas y concluyen al fin que su
matrimonio fue un espantoso error. Entendamos una vez más, que el matrimonio
requiere sacrificio y ajustes del uno para el otro. Es fácil olvidar cuan maravilloso
fue y cuánto estabas enamorado antes de casarte. De nuevo, el matrimonio es un
plan Divino que fusiona dos vidas en una, y lo va haciendo un día a la vez,
comienza a madurar y complementar uno al otro en cada cosa que hagas. Como
alguien ha dicho, “Tu nunca conoces realmente una persona hasta que vivas con
él o con ella, y comenzar a conocerse es el gozo de la vida matrimonial.”
Déjame ilustrarte cómo funciona todo esto. ¿Has estado parado y observando
cómo dos cursos de aguas confluyen para formar uno sólo? Uno puede ser una
corriente barrosa y la otra de aguas claras. Donde las dos corrientes se
encuentran se observa una línea divisoria. Al seguir la nueva corriente, te
sorprenderá encontrar que dentro de una comparativa corta distancia todos los
signos de distinción se pierden. Las corrientes han sido completamente
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fusionadas. Así es cuando dos vidas se fusionan en matrimonio. Unión y perfecta


mezcla nunca pueden forzarse. Vienen tranquila y gradualmente - pero vendrá – y
sus vidas juntas serán más finas, más nobles y más fuertes que si no hubiera
habido diferencias para vencer. Cada uno habrá ganado una victoria moral sobre
su propia alma, y la vida unida en el Señor Jesucristo traerá calma y aguas
tranquilas a una maravillosa relación.

A veces, en medio de tu frustración y autocompasión, el diablo tratará de destruir


la relación. Una palabra que una pareja cristiana nunca debería considerar o
discutir es la palabra “divorcio”. Nunca es la respuesta. Es la mentira del diablo
para hacerte pensar que todos tus problemas se resolverían. Si has buscado la
voluntad de Dios y Él los ha unido, con Su gracia y guía, y tu perseverancia, tu
puedes hacer que funcione. Cuando mires atrás, años después, entenderás el
vínculo del verdadero amor en el matrimonio y te regocijarás en la maravillosa
relación que tienes. Todo lo que se necesita es un poco de sabia paciencia. Si
cada uno es paciente y pensativo hacia el otro, el ajuste ocurrirá muy rápidamente,
y descubrirás que el matrimonio, cuando estás en el centro de la voluntad de Dios,
es la más maravillosa relación sobre la tierra.

Determinación

Edificar una relación matrimonial no es fácil. Deberá haber menos pensamientos


de felicidad y más pensamientos del simple y desadornado trabajo de matrimonio.
Cuando un científico se mantiene en silencio por años en el laboratorio de
investigaciones, cuando un niño nace lisiado y algún corazón de madre es
encadenado al pequeño sofá de sufrimiento, no les presionamos con tontas
inquisitorias como si son felices o no. Tal pregunta sería un insulto. El matrimonio
es una obligación a través de la cual debemos mirar. Debemos mirar antes de
saltar, y habiendo saltado, estamos para permanecer comprometidos al poste del
deber. Nunca hubo un matrimonio que podría haber posiblemente sido un éxito o
un matrimonio que podría haber posiblemente sido un fracaso.
Nadie tiene derecho a la felicidad hasta que la gane por devoción, coraje y
autosacrificio. Estas tres cualidades traen la felicidad y el gozo que Dios pensó
para dos que llegan a ser uno en Él a través del matrimonio. “Sometiéndose unos
a otros en el temor de Dios” (Efesios 5:21). La felicidad no es una meta
motivacional. Ella cambia como el viento. La felicidad es el resultado de la
obediencia en hacer la voluntad de Dios de acuerdo a la Palabra de Dios. “Porque
Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena
voluntad.” (Filipenses 2:13-14). Para la pareja cristiana, el matrimonio debería ser
una nueva vida existente en dos personas.

Si la felicidad es la primera búsqueda y se la hace la meta final del matrimonio,


ella elude la febril búsqueda y escapa. Si, de todos modos, el hombre y la mujer se
ciñen a sí mismos a la aventura del matrimonio por convertirse en sacrificiales,
pacientes, perdonadores y determinados a hacer un éxito de la aventura a
cualquier costo, entonces ellos encuentran felicidad. El matrimonio es un medio de
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gracia, no una superficial felicidad humana. Recuerda, el matrimonio es un


triángulo. En los puntos de la base, estás tu y tu cónyuge. En el punto superior del
triángulo está Dios. Si te acercas a Dios, automáticamente se acercarán uno al
otro, y si se acercan más uno a otro, automáticamente te acercarás a Él y hallarás
que “el gozo de Jehová es tu fuerza” (Nehemías 8:10).

Buen trato y Cortesía

Si estas casado, recuerda como eras antes del casamiento, cuan atento fue tu
trato! No podías hacer lo suficiente para complacer uno al otro. Después del
matrimonio, cuan propensos somos a dejar caer las pequeñas cosas amenas de la
vida. Las palabras “te amo,” “agradezco a Dios por ti,” “tu eres especial” y otra
palabras de motivación, son frecuentemente menos usadas. Las pequeñas
cortesías que significan tanto al corazón y a la felicidad de cada uno, comienzan a
disminuir. Por supuesto, este no es un asunto unilateral. La esposa a menudo es
tan negligente en este tema como lo es su esposo. El punto es que estas palabras
y reconocimientos son necesarios para el éxito de la vida matrimonial. Márcalo
como un punto, de modo que esos refinamientos en el modo del trato uno al otro
sean preservados.

Nuestros corazones son amorosos, pero no tanto como para permanentemente


resistir mal trato. El mismo hecho de que son corazones hogareños los hace más
sensibles a tales negligencias. El corazón hogareño y el amor hogareño son fieles
y resistentes plantas, pero no tan resistentes como para nunca necesitar el rocío y
la luz solar de las amables, tiernas y corteses acciones. El hecho es que no hay
corazones hambrientos tan apasionadamente luego de bondadosa, afectiva y
premeditada cortesía, como los corazones hogareños de una pareja casada.
Muchos matrimonies han sido destruidos en este punto. “Hijitos míos, no amemos
de palabra ni de lengua; sino de hecho y en verdad” (I Juan 3:18).

Unidad de interés

Es algo muy fácil, incluso para los corazones que se aman unos a otros muy
sentidamente, perder el rumbo. Antes del matrimonio, tu hiciste todo lo que podías
para alcanzar lo que la otra persona gustaba. Entonces debías estar seguro de
proveer esto para ella. Después del casamiento el esposo tiene su oficina,
cuidados, responsabilidades profesionales y su diaria fatiga. La esposa tiene sus
problemas de la casa, hijos y compromisos sociales. A menudo, antes de que
cualquiera de los dos se de cuenta, ellos han separado rumbos, y malentendidos
han llegado a ser fáciles, porque sus intereses han sido removidos lejos.
Ahora, hay excelentes maneras para encarar estas contingencias. Conocemos un
espléndido hombre y su esposa que han estado casi abrumadoramente ocupados,
cada uno en su propia línea de trabajo. De todos modos, ellos no han permitido
que esto les cause crecer apartados. Ellos leen juntos. Cada uno se interesa por
los problemas y las esperanzas del otro. Ellos adoran juntos y oran juntos. Los
años los han entretejido en una perfecta unión de amor matrimonial. Ningún
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hombre es tan grande como para estar por encima de los asuntos que afectan los
intereses de su esposa. Si él es desconsiderado, no es un signo de grandeza sino
de insensatez y fracaso en cuidar del más precioso tesoro que Dios le ha dado. El
matrimonio es más que encontrar la persona correcta; es ser la persona correcta.
Y para ser la persona correcta, debes tener una correcta relación con Jesucristo.
Entonces tendrás la correcta relación con el otro. Por favor lee Colosenses 3:12-
17.

Visión para Evitar Malentendidos

La vida matrimonial no es un lugar para andar calculando a quien le corresponde o


de quién es la obligación. El verdadero amor no conoce tal decisión! Ninguno,
excepto un necio, tomará tal curso. La vida matrimonial es para tomar el primer
paso hacia la reconciliación, para disculparse primero. Si palabras ofensivas han
sido dichas durante el día, deben ser consideradas instantáneamente. Aquí
tenemos una buena práctica, si palabras de ofensa o enojo han sido dichas
durante el día, este versículo debe ser aplicado: “Airaos, pero no pequéis. No se
ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). Antes de cerrar tus ojos para
dormir, debes estar seguro de que hay una completa restauración de la relación
entre ti y tu cónyuge. Las palabras “lo siento” traerán paz al corazón, sumado a un
buen sueño nocturno. El verdadero amor se deleita en ser el primero en perdonar.
No hay lugar para el orgullo en la vida matrimonial. No debería haber sido
permitido antes del matrimonio. No debe ser permitido ahora.

Jesucristo en el Hogar

Dejar a Jesucristo y la Biblia fuera de nuestra diaria conversación es un error fatal.


Jesús nunca tuvo un hogar de su propiedad, pero fue un amante del hogar y pasó
mucho tiempo en diferentes hogares. Su Presencia en el hogar es indispensable.
Él ama tu hogar y quiere ser un huésped bienvenido en todo tiempo. Nunca debes
crear una situación en tu hogar o relación con la que no te sentirías confortable
invitándole como tu huésped. Realmente no puede haber profundo y permanente
amor sin Él. Podría haber acuerdo, de alguna clase. Hombres y mujeres podrían
vivir juntos en paz, pero no hay tal cosa como un verdadero hogar sin la
permanente presencia del Hijo de Dios. El corazón de cada hogar es la esposa; la
cabeza de cada hogar es el esposo; la cabeza de cada marido es Cristo; la
cabeza de Cristo es Dios. “Pero esto quiero que sepáis, que Cristo es la cabeza
de todo varón; y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (I
Corintios 11:3).

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