Comprendiendo la inspiración del libro de los
salmos
Lucas 24:44 “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando
aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está
escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.
En los tiempos de Jesús, el canon de las Escrituras estaba conformado
por la “Tanaj”, esta palabra es un acróstico de las palabras hebreas
“torá” (el pentateuco o la ley de Moisés), “Nevi'im” (los profetas),
y “Ketuvim” (los escritos), prácticamente lo que hoy conocemos como
el Antiguo Testamento. Ahora, vemos que, en lugar de mencionar los
escritos en general, Jesús habla de “los salmos”, debido
principalmente a que se trata del primer y más grande libro de esta
tercera división del registro sagrado.
v.45 “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las
Escrituras”.
Como dato importante, vemos que estos salmos son comprendidos como
parte esencial de las Escrituras, avalando por completo su carácter
de inspiración. Además, según el texto, en estos himnos existe
suficiente evidencia para entender la misión de Cristo, y como esta
fue cumplida a cabalidad.
La autoridad de los salmos en el Nuevo Testamento
Hebreos 3:7 “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy
su voz, 8 no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación,
en el día de la tentación en el desierto, 9 donde me tentaron vuestros
padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. 10 A causa de
lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan
vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos. 11 Por tanto,
juré en mi ira: no entrarán en mi reposo”.
Otro dato de no menor relevancia, es que los Salmos es el libro más
citado por los autores del Nuevo Testamento. Vemos, por ejemplo, en
la epístola a los Hebreos, capítulos 3 y 4, como se cita constantemente
el salmo 95, introduciendo el texto con un “como dice el Espíritu
Santo”. Esto nos habla con claridad de la autoridad de los salmos que,
a pesar de ser escritos por autores distintos y con una finalidad
litúrgica, son palabras inspiradas por el Espíritu Santo, y es así
como debemos considerarlos hoy.
Otro ejemplo: Evidenciamos como el apóstol Pablo, como parte de su
argumentación en favor de la justificación únicamente por medio de la
gracia, cita el salmo 32.
Romanos 4:6 “Como también David habla de la bienaventuranza del hombre
a quien Dios atribuye justicia sin obras, 7 diciendo: Bienaventurados
aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son
cubiertos. 8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de
pecado”.
Los autores de los salmos
Al tratarse de un libro integrado por un conjunto de composiciones
poéticas, es normal que los salmos varíen en autoría. Conocemos sobre
su procedencia gracias a los sobreescritos que leemos a la cabeza del
texto, por ejemplo: “salmo de David”, “salmo de Asaf”. Estos
sobreescritos están presentes en los manuscritos hebreos más antiguos,
por lo que ofrecen suficiente fiabilidad a la hora de determinar la
autoría de los salmos.
David encabeza la lista de los autores. Aunque se ha debatido sobre
si realmente él es el compositor de muchos de los salmos o si fueron
escritos para él, vemos que en otros lugares de la Escritura se nos
arroja suficiente evidencia para optar por la segunda opción:
Mateo 22:41 “Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42
diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De
David. 43 Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor,
diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta
que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45 Pues si David le
llama Señor, ¿cómo es su hijo?”.
2.ª Samuel 23:1 “Estas son las palabras postreras de David. Dijo David
hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado en alto, el ungido
del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel: 2 El Espíritu de Jehová
ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua”.
No obstante, tenemos también otros autores como Asaf, quien fue
levita, cantor e instrumentista de címbalos de bronce (1.ª Crónicas
15:19) y que compuso salmos como el 50 y el 73. También hay registro
de un salmo escrito por Moisés, específicamente el salmo 90, y otro
escrito por los hijos de Coré, el salmo 84, el cual expresa
detalladamente la experiencia que esta orden levítica vivía como
guardas en las puertas del templo.
La temática en los salmos
Además de contar con diversos autores, los salmos también tienen temas
variados, vamos a mencionar algunos:
● Salmos de exaltación y glorificación a Dios por medio de su
creación, como los salmos 19 y 95.
● Salmos de acción de gracias como el salmo 136.
● Lamentaciones y endechas como el salmo 88.
● Salmos sapienciales como el salmo 119.
● Salmos de entronización como los salmos 2 y 45.
● Salmos históricos o recopilatorios como los salmos 90 y 106.
Por si fuera poco, algunos salmos también nos ofrecen el contexto
histórico en el que fueron escritos, de manera que podamos entender
con mayor amplitud los sentimientos y vivencias del autor a la hora
de escribirlos; mira, por ejemplo, como empieza el salmo 3.
Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo.
Salmos 3:1 “¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí. 2 Muchos son los que dicen
de mí: No hay para él salvación en Dios. Selah”.
Imagina leer este salmo sin contar con este valioso contexto,
seguramente no tendríamos en cuenta el profundo dolor con el que David
escribió estas palabras, al ser su propio hijo su perseguidor.
También veremos en el transcurso de nuestro estudio del libro de los
salmos algunos recursos lingüísticos en ellos, que ampliarán
considerablemente el alcance del mensaje inspirado, por ejemplo, el
paralelismo sinónimo.
Este recurso consiste en la repetición o recapitulación de un concepto
para hacerle resaltar, empleando una estructura de palabras distintas:
Salmos 15:1 “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará
en tu monte santo? 2 El que anda en integridad y hace justicia, y
habla verdad en su corazón”.
Además, algunos salmos también disponen de métrica, juego de palabras
y hasta acrósticos, como el caso del salmo 119, con la finalidad de
ayudar a los lectores a memorizarlos y pronunciarlos fácilmente,
¡estudiar todos estos elementos seguramente será una bendición!
¡Que esta breve guía pueda ser utilizada por Dios para tu edificación!