DELEITARSE EN EL SEÑOR
Texto Biblico: Juan 15:7 / 1 Juan 3:22
Somos seres humanos con deseos y necesidades que
se transforman en peticiones para presentarlas a Dios
en cada oración. Sabemos que Dios nos escucha al
momento de orar y que Él tiene el poder para oír esas
oraciones, y más aún, de conceder esas peticiones
que vayan de acuerdo a su voluntad.
Esto es cierto, pero también hay que poner atención a
algunos otros aspectos para poder ver una petición
concedida, y una de esas claves está en el Salmo 37:4:
“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las
peticiones de tu corazón.”
Según este Salmo ¿Cómo Dios nos concederá las
peticiones de nuestro corazón? La respuesta es:
deleitándonos en el Señor.
¿QUÉ SIGNIFICA “DELEITARSE EN EL SEÑOR”?
El diccionario lo define asi “deleitarse” es producir
alegría o gozo, placer del ánimo. ¿Qué cosas te
producen deleite? Piensa en las cosas que más te
gustan, como tu comida favorita, una piscina en
verano, o la compañía de esa persona tan especial
para ti.
Entonces deleitarse en el Señor es alegrarse, gozarse,
encantarse, fascinarse por todo lo que es Dios.
Significa disfrutar la palabra de Dios, del estudio de la
Biblia, de la oración, la alabanza, el momento de
congregarse y participar en el servicio de la iglesia,
entre otras cosas que tienen que ver con el Señor.
Cuando nos deleitamos en el Señor podemos estar en
una reunión de una iglesia con menos de diez
hermanos, sin amplificación ni hermanos que tocan
instrumentos, con un predicador de cara poco
amigable, al cual poco se le entiende… sin embargo,
aún así nos alegramos de estar ahí porque sabemos
que Dios también está presente, e incluso con un
montón de necesidades, descansamos en la voluntad
del Señor.
¡Aburrido!
La iglesia, así como el evangelio, no es un parque de
diversiones. Sin embargo hacer ver el evangelio como
algo rutinario y aburrido es un error que nosotros
mismos trasmitimos. El evangelio es vida, el mensaje
que predicamos es poder de Dios, y si estamos en la
iglesia donde el poder de Dios fluye a través de los
cánticos de alabanza y a través de la proclamación del
evangelio ¿cómo podríamos aburrirnos? Así y todo
podemos darnos cuenta que muchas veces nos rodea
el aburrimiento y la rutina como una enfermedad
infecciosa matando en nosotros el gozo en el Señor.
En los tiempos del Antiguo Testamento, existieron
sacerdotes que tenían el privilegio de servir ante el
altar de Dios y ministrar al pueblo. Sin embargo,
muchos de ellos no valoraron este servicio y en vez de
deleitarse en el Señor, se aburrieron de lo que hacían.
¿Qué pasó? Pasó que empezaron a servir a Dios, ya no
como en sus inicios; ya no había entusiasmo, más bien
fastidio. Y empezaron a ofrecer un servicio cada vez
más mediocre, y sus ofrendas eran cada vez peores.
“Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! Y me
despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo
hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda.
¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? Dice Jehová.”
(Malaquías 1:13)
Que no nos invada la rutina, la religiosidad ni el
aburrimiento. Procuremos que el poder del evangelio
nos llene de vida cada día.
¿Deleitarme Yo?
Otro enemigo del deleite en el Señor es ese gran
problema que estamos atravesando que no nos deja
levantar cabeza, que nos entristece y que carcome
nuestras esperanzas. Cuando todo va bien,
deleitarnos o alegrarnos en Dios no es ninguna
ciencia, pero cuando estamos en un mal momento, se
convierte en un gran desafío para el cristiano, el cual
sin duda todos hemos vivido o hemos de vivir.
Deleitarse en medio de la necesidad implica la
presencia de fe, confianza en Dios y en su voluntad. Si
confiamos en él y decidimos deleitarnos en él, las
peticiones de nuestro corazón van bien encaminadas.