Búhos
Desmond Morris
Traducción de Mariano García
Adriana Hidalgo editora
naturalezas
Título original: Owl
Traducción: Mariano García
Editor: Fabián Lebenglik
Diseño: Gabriela Di Giuseppe
Producción: Mariano García
1ª edición en Argentina
1ª edición en España
Owl by Desmond Morris was first published in English by Reaktion Books,
London, 2009 and 2018, in the Animal series.
Copyright © Desmond Morris 2009, 2018
© Adriana Hidalgo editora S.A., 2021
www.adrianahidalgo.es
ISBN Argentina: 978-987-8388-47-2
ISBN España: 978-84-16287-27-7
Impreso en España
Depósito Legal: M-21948-2021
Prohibida la reproducción parcial o total sin permiso escrito
de la editorial. Todos los derechos reservados.
Esta edición se terminó de imprimir en Madrid
en el mes de septiembre de 2021.
B
I
El búho es una contradicción. Es la más conocida
de las aves y la menos conocida de las aves. Pidamos a
cualquiera, incluso a un niño pequeño, que dibuje un
búho y lo hará sin dudar. Preguntémosle cuándo vio uno
por última vez y se detendrá, hará un esfuerzo mental
y luego dirá que no lo recuerda. Como ilustración en
un libro, sí; como ave en un documental de televisión,
probablemente; como preso en una jaula de zoológico,
es posible. Pero ¿cuándo vio por última vez un búho vivo
en la naturaleza, en su estado natural? Eso es otro asunto.
¿Cómo pudo surgir esta contradicción? Es bastante
fácil comprender por qué nos encontramos tan raramente
con un búho vivo, pues es un tímido predador nocturno
de vuelo silencioso. A menos que salgamos de nuestro
camino para avistarlo o hagamos incursiones nocturnas
con equipamiento especial, tendríamos pocas posibili-
dades de encontrarnos con uno cara a cara. Más difícil
es entender por qué estamos tan familiarizados con su
apariencia, si lo vemos tan poco. La respuesta reside en
la singular forma de su cabeza. Al igual que los seres hu-
manos, el búho tiene una cabeza amplia y redonda, con
rostro aplanado y un par de enormes ojos penetrantes
7
Desmond Morris
apartados entre sí. Esto le confiere una inusual cualidad
humana que ninguna otra ave puede superar y en la
antigüedad a veces se lo refería como el ave de cabeza
humana. Nos denominamos a nosotros mismos Homo
sapiens, es decir, “hombre que sabe”, y puesto que el búho
tiene una cabeza de aspecto humano nos referimos a él
como “viejo pájaro sabio”. En realidad el búho no es tan
inteligente como el cuervo o el loro, pero pensamos en
él como sabio simplemente por su semejanza superficial
con nosotros.
Es su mirada humanoide la que nos hace sentir que
conocemos al búho. Y es la amplia cabeza y los grandes
ojos frontales lo que vuelve imposible para nosotros
mirar a un búho sin sentir que estamos en presencia
de un familiar aviar de profundos pensamientos. Esto
al mismo tiempo nos pone un poco sentimentales con
los búhos y nos asusta. Si son tan sabios y, no obstante,
salen al morir la noche, es posible que no anden en
nada bueno. Al igual que los ladrones acechan a su presa
cuando sus víctimas se encuentran más vulnerables. Al
igual que los vampiros sólo beben sangre cuando el sol
se ha puesto. Quizá, en lugar de sabiduría, sólo haya
maldad en el búho.
Si examinamos la historia de nuestra relación con los
búhos encontramos que de hecho ha sido con frecuencia
tanto símbolo de sabiduría como de maldad. Sabio o
malvado, malvado o sabio, la imagen del búho no deja
de cambiar. Por varios miles de años estos dos valores
icónicos siguieron alternándose y modificándose. Otra
8
Búhos
de las contradictorias cualidades del muy malinterpre-
tado búho.
En este libro quisiera examinar estos dos aspectos, y
también otros. Pues el búho malévolo puede transfor-
marse en búho protector si su violencia imaginada es
aprovechada y dirigida contra nuestros enemigos. En la
India también fue considerado como vehículo para una
diosa, precipitándose desde el cielo, y en Europa hay quie-
nes lo vieron como símbolo de obstinación y quienes lo
vieron como emblema de calma frente a una provocación
extrema. En el siglo XXI, cuando por fin comenzamos a
apreciar la fauna salvaje de nuestro planeta y a preocu-
parnos por su dramática declinación, también estamos
ansiosos por comprender la fascinante biología del búho.
De modo que hay muchos búhos para ser examinados
aquí: el búho sabio, el búho malvado, el búho protector, el
búho transportador, el búho obstinado, el búho tranquilo
y el búho natural. Y han sido muy distintas las épocas y las
culturas en las que nuestro interés por los búhos nos llevó
a una fascinante colección de mitos, leyendas y objetos,
dominados todos por la hipnótica mirada del búho.
Como nota personal, en mis días como conservador
de zoológico conocí muchos búhos en cautiverio, y du-
rante esos días en los que viajaba y hacía programas de
televisión sobre vida animal conocí muchos más. Pero
para ser honesto, supongo que, como usted, me crucé
con muy pocos búhos en la naturaleza, en su hábitat
natural. Hubo, sin embargo, un encuentro memorable
9
Desmond Morris
que todavía recuerdo vívidamente en cada uno de sus
detalles, aun cuando tuvo lugar hace más de sesenta años,
cuando estaba internado en un colegio. Había paseado
por el campo cercano al colegio una tarde de verano, y vi
algo extraño en un lugar del campo. Me acerqué despacio
y en silencio porque podía ver que se trataba de alguna
clase de ave, de pie e inmóvil en tierra. A medida que
me acercaba seguía sin moverse. Luego, cuando estaba
a unos tres metros de distancia, me di cuenta con un
repentino sobresalto de reconocimiento que era un búho
gravemente herido, cubierto de sangre. Debía haber sido
disparado, atrapado en una trampa, enredado en alguna
clase de alambre de púas o golpeado por un automóvil
en la noche. Sus heridas eran horribles y estaba murien-
do lentamente y con gran dolor. No me encontraba al
alcance de ayuda veterinaria. ¿Qué debía hacer?
Como no había esperanza de salvarlo, mi decisión
fue profundamente desagradable. La opción más fácil
era dejarlo solo, pero esto habría significado condenarlo
a morir en agonía. Por otro lado, si lo mataba, le estaría
acortando su miseria, pero eso requeriría de mí un acto
violento contra una víctima indefensa y destruir un ave
magnífica. Como pequeño escolar me resultó difícil
elegir. Observé al búho y el búho me observó, con sus
enormes ojos negros, sin registrar emoción. Debía estar
allí hacía horas, esperando morir, y mientras nos mirá-
bamos uno al otro sentí un tremendo apego emocional
hacia él y una furia ardiente contra los humanos que,
directa o indirectamente, habían causado sus heridas.
10
Autillo bigotudo (Scops trichopsis)