Devoción de los Mil Jesús y Coronilla
Devoción de los Mil Jesús y Coronilla
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de
cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que
nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de
cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que
nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
LA DEVOCIÓN DE LOS MIL JESÚS
(Para rezarse el día 3 de Mayo o en cualquier día)
"Más cruel que el mayor de los tiranos es el demonio que procura subyugar el mayor
número posible de almas, con astucia y engaños. El quiere tener un reino en el cual, sin ser
visto, sea escuchado de buena gana y no por la fuerza, como sucede en su reinado de odio,
de furor y de discordia"
Aquellas personas que vayan creciendo en santidad, Jesús les va a dar la oportunidad de
poder darse cuenta cuando el sembrador de discordia se encuentra junto a ustedes. No se
muestra pudiendo; sólo por orgullo y porque le conviene también permanece y actuar en lo
oculto, pero se puede notar perfectamente su presencia, basta que Jesús les quiera dar ese
regalo.
El Nombre de Jesús significa Salvador. Éste viene del cielo. A San José se lo manifestó un
ángel en sueños (cfr. Mateo 1, 21) y a la Santísima Virgen, el arcángel Gabriel en el momento
de la Anunciación (cfr. Lucas 1, 31-33).
El poder de intervención y la majestad de este Nombre es milagroso, porque está sobre todo
nombre y ante el cual se arrodilla todo ser, en los cielos, en la tierra y en los infiernos. Para
venerar este Nombre Sagrado, se hace un altar pequeño, con una cruz en el medio, dos
velas, flores y un poco de agua bendita.
Nota: El 3 de Mayo hace referencia al descubrimiento de la verdadera Cruz el año 326, pero
como lo señalamos, esta devoción puede rezarse en cualquier momento. Es bueno decir que
el demonio habita en aquellos hogares donde reina el pecado, por lo tanto hay que
confesarse, ayunar y comulgar.
Este portal no pide donaciones, pero sí, pide confesiones y algo muy importante, el demonio
se vanagloria cuando nosotros criticamos al prójimo, es un grave pecado que a Jesús no le
gusta. Jamás criticar a las personas, sea quien sea y haya hecho lo que haya hecho con
nosotros, no olvidar que en cada persona habita el Espíritu Santo. Nada sacamos con
creernos practicantes y decir que amamos a Dios, si criticamos o hacemos daño al prójimo,
podemos llevarnos un gran bochorno al momento de presentarnos ante Dios, donde todas
nuestras buenas acciones pueden ser opacadas por esta mala costumbre, tan nuestra, de
criticar y hablar mal de las personas.
Podemos rezar los mil Jesús de la siguiente manera:
Acto de Contrición:
Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú
quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me arrepiento de todo corazón de todo lo
malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he
ofendido a Ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.
Ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados. Propongo firmemente, con
la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado,
hacer una buena, sincera y profunda confesión (sin omitir ningún pecado cometido) y
comulgar con la mayor frecuencia posible. Señor, por los méritos de tu pasión y muerte,
apiádate de mí, y dame tu gracia para nunca más volverte a ofender. Amén.
Rezar el Padrenuestro.
Se pasan todas las cuentas del rosario diciendo Jesús, Jesús, Jesús... (50 veces) y cuando
haya terminado de contar un rosario completo se dice un Gloria, un Padrenuestro y la
oración final.
Cuando se hayan contado los 20 rosarios, se terminan los mil Jesús.
Oración final:
Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos, que, por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
Jesús, Jesús, Jesucristo.
Jesús, mi Jesús por siempre.
Jesús, Jesús en mi vida, Jesús, Jesús en mi muerte.
Dulce Jesús, sé mi Jesús y sálvanos.
Oremos
Oh, Dios, que, al recordar hoy el descubrimiento de la verdadera cruz, renovaste los
milagros de tu pasión, concédenos que por el valor de aquel sagrado leño de vida
alcancemos eficaz socorro y ayuda del cielo para la vida eterna. Por nuestro Señor
Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.
Amen.
Origen y Promesas
Esta devoción llegó a la Iglesia Católica a través de Santa Faustina Kowalska, conocida
como «Apóstol de la Misericordia». Santa Faustina escribió en su diario las promesas de
Jesús en relación a la coronilla. Jesús le dijo que a quien la rezase, la misericordia le
protegería en la vida y se le otorgaría inmensas gracias; y que fuera recomendada como
última tabla de salvación:
Reza incesantemente esta coronilla… quien quiera que la rece recibirá gran misericordia a la
hora de la muerte. Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como última tabla de
salvación. Hasta el pecador más empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá
gracias de mi misericordia infinita.
A las almas que recen esta coronilla mi misericordia las envolverá en la vida. y
especialmente en la hora de la muerte.
A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan. […] Cuando recen
esta coronilla junto a los moribundos, me pondré entre el Padre y el alma agonizante no
como Juez justo, sino como Salvador misericordioso.
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Esta devoción consiste en siete misterios en los que se medita sobre las siete caidas
principales de la Preciosa Sangre de Jesucristo. El Padre Nuestro se dice cinco veces
después de cada misterio con excepción de la última, cuando se dice tres veces ------ En
todo momento treinta y tres en honor de los treinta y tres años de la vida de Nuestro
Salvador en la tierra.
PRIMER MISTERIO
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (x5 veces)
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (x5 veces)
TERCER MISTERIO
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (x5 veces)
CUARTO MISTERIO
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (x5 veces)
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (x5 veces)
SEXTO MISTERIO
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (x5 veces)
SÉPTIMO MISTERIO
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. (x3 veces)
En 1960, el Papa Juan XXIII aprobó esta letanía, y con indulgencias especiales alentó su
rezo público y privado. En su carta apostólica para promover la devoción a la Preciosísima
Sangre (30 de junio de 1960), recalcó que la había aprendido de su propia familia en casa,
rezándola diario durante el mes de julio.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
Oremos: Dios Eterno y Todopoderoso que constituíste a tu hijo único Redentor del mundo, y
que quisiste ser apaciguado por su sangre, haz que venerando el precio de nuestra
salvación y estando protegidos por él sobre la tierra contra los males de esta vida,
recojamos la recompensa eterna en el Cielo.
Por Jescucristo Nuestro Señor. Amén
Virgen de La Salette
Acuérdate, Virgen de La Salette de las lágrimas que has derramado por nosotros en el
[Link]érdate también del cuidado que tienes siempre por tu pueblo para que, en
nombre de Cristo, se deje reconciliar con Dios.Y ve, si después de haber hecho tanto por
estos tus hijos, puedes abandonarlos.
Animados por tu ternura, henos aquí, Madre, suplicantes, a pesar de nuestras infidelidades
e ingratitudes. Confiamos plenamente en ti, oh Virgen Reconciliadora. Vuelve nuestros
corazones hacia tu Hijo Jesús. Alcánzanos la gracia de amarle sobre todas las cosas y de
consolarte a ti con una vida santa, ofrecida para gloria de Dios y amor de los hermanos.
Amén.
Santísima Madre, Nuestra Señora de La Salette, que por amor a mí derramaste lágrimas tan
amargas en tu aparición misericordiosa, mírame con bondad, mientras me consagro a ti sin
reservas. Desde hoy, mi gloria será saber que soy tu hijo. Que viva para secar tus lágrimas y
consolar tu afligido corazón. Amada Madre, a ti y a tu bendita carga y a tu sagrada custodia
y al seno de tu misericordia, por este día y por cada día, y por la hora de mi muerte, me
encomiendo, en cuerpo y alma, toda esperanza y toda alegría, toda angustia y toda pena, mi
vida y el fin de mi vida. Oh querida Madre, ilumíname con la comprensión, dirige mis pasos,
consuélame con tu protección maternal, para que, exento de todo error, al abrigo de todo
peligro de pecado, pueda, con ardor y coraje invencible, caminar por las sendas trazadas
para mí por ti y por tu Hijo. Amén.
LETANÍAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA LA SALETTE
Nuestra Señora de La Salette, Reina y Madre de los hombres, ruega por nosotros.
Tú que derramas tantas lágrimas a causa de nuestros pecados y desgracias, ruega por
nosotros.
Tú que tanto te preocupas por nosotros, a pesar de toda nuestra ingratitud, ruega por
nosotros.
Tú, que nos invitas con tanto amor a recurrir a ti, ruega por nosotros.
Tú que nos reprochas por nuestra violación del domingo y por nuestra blasfemia, ruega por
nosotros.
Tú que te quejas tan dolorosamente de la profanación de las cosas santas, ruega por
nosotros.
Tú que condenas tan severamente nuestros deseos y los placeres vergonzosos del mundo,
ruega por nosotros.
Tú que nos recuerdas tan conmovedoramente la Pasión de Jesús, ruega por nosotros.
Tú, cuya aparición es fuente de salvación para los pobres pecadores, ruega por nosotros.
Tú, que invitas con tanta urgencia a los justos a redoblar su fervor, ruega por nosotros.
Tú, cuyas amenazas proféticas han alarmado tan justamente al mundo, ruega por nosotros.
Tú que hiciste brotar a tus pies una fuente de agua milagrosa, ruega por nosotros.
Tú que, siguiendo el ejemplo de Jesús, sanas toda enfermedad, ruega por nosotros.
Tú que deseas ser honrada e invocada en todo el mundo, ruega por nosotros.
Tú que hiciste que se realizaran y prosperaran tantas obras de reparación, ruega por
nosotros.
Por tus amargas quejas de la pecaminosidad de los hombres, dócil a la ley de tu Divino Hijo,
oh María!.
Por tus abundantes lágrimas, obtén para nosotros la gracia de llorar por nuestros pecados,
oh María!.
Por tus sufrimientos maternales, obtén para nosotros la resignación en todas las pruebas,
oh María!.
Por las misteriosas apreciaciones hacia Roma, haznos cada vez más devotos de la Santa
Sede, oh María!.
Por tu incomparable ternura, haz que te amemos cada vez más, oh María!.
DÍA PRIMERO
Al postrarme a tus pies, oh Madre amorosa, para pedirte: (aquí menciona tu petición), no
puedo evitar recordar que tú llegaste a la montaña de La Salette, en primer lugar, para
recordarme mis deberes cristianos. Por lo tanto, no hay manera más segura para mí de que
se me conceda mi petición, que volver a la amistad de Jesús, mediante una confesión
sincera, y esforzarme con todas mis fuerzas para vencer el pecado que me acosa. Oh, Virgen
Reconciliadora de los pecadores, obtén para mí esta preciosa gracia, pues con ella se me
añadirá todo lo demás. Los innumerables milagros obtenidos por quienes te invocan bajo el
título de Nuestra Señora de La Salette llenan mi corazón de esperanza de que mi petición
sea tan afortunada como la de aquellos que se dirigieron a ti, por tantos otros suplicantes.
Acepta, oh, Madre, en cada día de mi novena, inculcar en mi corazón algo de la enseñanza
de tu misericordiosa Aparición.
DÍA SEGUNDO
Oh Madre dolorosa, ¿por qué esas lágrimas se derraman en la soledad salvaje, sobre la roca
de la que por un momento hiciste tu trono terrenal?
Hijo mío, sería feliz si mi dolor pudiese inspirarte con un dolor de corazón por tus pecados, y
con un propósito firme te condujera a una vida mejor. La tierra de tu corazón, como dice el
Profeta, está desolada, por tu amor al mundo y a sus placeres vacíos, por tu olvido de
meditar sobre las verdades más importantes de la fe, es decir, tu último fin, junto con las
terribles consecuencias, tanto aquí como en el más allá, de tu inconsciencia. Retírate a la
soledad y allí mi Hijo hablará a tu corazón, e insuflará en tu alma los medios adecuados
para asegurar tu salvación.
Oh Madre, los motivos que me impulsan a mezclar mis lágrimas con las tuyas son
innumerables. No resistiré más la llamada de Jesús. A partir de ahora, con tu poderosa
ayuda, mis pensamientos, palabras y acciones se corresponderán a los deseos del Divino
Corazón de Jesús.
Practica. Recita diez Ave Marías y diez invocaciones a Nuestra Señora de La Salette para
pedir un odio profundo al pecado.
DÍA TERCERO
Oh Madre, ¿cuál, es el significado de la cruz luminosa que resplandece sobre tu pecho? ¿Por
qué este torrente de lágrimas que se desliza por tu rostro celestial y cae sobre la cruz de oro
en la que son quemadas como en un fuego de Amor?
Hijo mío, ¿tu alma nunca ha sido contaminada por un pecado mortal? ¿Nunca te mofaste de
mi Hijo, crucificando así de nuevo a tu Salvador y a tu Dios? ¿No está la cruz, ese emblema
sagrado de la salvación, desterrada desdeñosamente de todos los lugares donde solía
permanecer en honor? ¡Tales iniquidades deben ser lavadas con lágrimas de sangre!
Esfuérzate, por lo tanto, para apaciguar la ira de mi Hijo y mitigar Su castigo. Tened miedo de
que la Sagrada Sangre que una vez fluyó en el Calvario, ahora caiga vengativamente sobre
vuestra cabeza, y sobre las cabezas de aquellos a quienes más queréis en este mundo.
¡Temed que Dios os abandone! Contempla a Jesús en su cruz. Adoradle humildemente y
derramad a sus pies vuestra más sentida gratitud. Recuerda que, con Él, hay un remedio para
cada mal. No hay virtud que no encuentre en Él un modelo perfecto. Lleva Su cruz en tu
pecho, pero principalmente en tu corazón. Y a cambio, el cielo será tu recompensa.
DÍA CUARTO
DÍA QUINTO
El torrente de tus lágrimas en La Salette, oh Madre dolorosa, cesó sólo con tus palabras,
como dijo la pastorcita. Y se notó que llorabas más abundantemente, mientras hablabas de
nuestros pecados más grandes, es decir, blasfemia, profanación del día del Señor, violación
de las leyes de ayuno y abstinencia, rebelión contra Dios y Su Iglesia, indiferencia con
respecto a tus advertencias sobrenaturales, e ingratitud por tus dones y tu amor. Que tu
rostro rociado de lágrimas esté siempre delante de mis ojos, para que ablande mi corazón, y
le conceda la gracia de un verdadero arrepentimiento. Y para demostrar que me arrepiento
de mis pecados, desde hoy no escatimaré esfuerzos para combatir los grandes crímenes con
los que nos reprochaste en tu aparición.
¿Rezas bien, hijo mío?... Deberías rezar por la mañana y por la noche. Ya sabéis lo que dice
mi Hijo sobre la oración en su Evangelio: "Debemos orar siempre, y no desmayar", es decir,
no ser pusilánimes en la oración. "Porque sin mí", es decir, sin mi gracia, "no podéis hacer
nada" meritorio para el cielo. Recuerda que la gracia sólo se concede a través de la oración.
"Pero," dice mi Hijo, "si pedís algo al Padre en mi nombre, él os lo dará." Pide, pues, con
corazón puro y recto, confiado, sumiso, perseverante, "y recibirás". La oración es la llave de
los tesoros celestiales. El grito de tu miseria sube a Dios, y la misericordia desciende de
inmediato. Si, entonces, deseas ser un santo, sé un amante de la oración. Yo misma rezo
incesantemente por vosotros en el cielo. ¡Oh dulce Madre, ayúdame a comprender el
profundo significado de estas pocas palabras! Nunca olvidaré que la oración es una
necesidad para el corazón humano y la felicidad de la vida.
Practica. Examínate a ti mismo para ver cómo rezas tus oraciones diarias.
DÍA SÉPTIMO
Quién podría imaginar, oh Madre amorosa, que el hombre es tan malvado y tan descuidado
con su propio bienestar, como para convertir en un veneno mortal para su alma lo que Dios,
en su infinita misericordia, pretendía para su salvación, y para su mayor felicidad. Y sin
embargo, esto es exactamente lo que aprendemos de uno de tus reproches maternos: "Van
a misa", dices tú, "sólo para burlarse de la religión".
DÍA OCTAVO
¡Oh Madre amorosa, cuán vívidamente reales son los secretos de tu corazón maternal que
aparecen en tu Aparición misericordiosa! ¡Cuánto aumentan y fortalecen mi confianza en ti!
Oh amigable Madre, cuán misericordiosamente soportas las reprensiones encontradas en
tus esfuerzos por devolver a Dios los corazones de tus hijos descarriados. Uno puede
permanecer sordo al llamado de tu amor y de tu bondad; pero se rendirá a tus lágrimas.
Porque las lágrimas de una madre van directamente al corazón y lo funden. Pero, en cuanto
a aquellos cuyos corazones endurecidos desprecian aun tus lágrimas, tienes terribles
amenazas y terribles castigos guardados para ellos. Sin embargo, aun así, ¡cuánto se parecen
a las de una madre tus reprensiones y castigos! Con una mano golpeas, mientras que con la
otra sostienes. Incluso cuando nos descarriamos, tus ojos vigilantes y maternales nos siguen
en los más pequeños detalles de la vida, para detectar los más pequeños buenos
sentimientos de nuestros corazones, para recompensarlos. ¿Quién no se esforzaría por
inflamar cada corazón con amor y respeto por ti?
Practica. Hable con uno de sus amigos y conocidos de Nuestra Señora de La Salette.
DÍA NOVENO
Los días de mi novena han llegado a su fin, y apenas he comenzado a meditar sobre las
enseñanzas de tu Aparición. ¡Qué consuelo para nuestros corazones cansados contemplarte
y derramar nuestras humildes oraciones a tus pies! Las horas pasadas contigo no son más
que instantes que pasan con un vuelo tan rápido como el del relámpago. Pero, como una
vez dijiste a los pastores embelesados por tu mirada: "Bien, hijos míos, daréis a conocer esto
a todo mi pueblo", así que ahora te diriges a mí con la misma advertencia: Bueno, mi niño,
darás a conocer mis enseñanzas a toda mi gente. El amor se regocija al expresarse con
sacrificios y entrega. Enseñad, pues, a todos los que os rodean la necesidad de servir a Dios.
Hacedles conocer las observancias religiosas y los deleites que se encuentran en el servicio
de Dios. Y, para cumplir con este deber sagrado, medita sobre las enseñanzas de mi
Aparición. Oh, hijo mío, que tu corazón se inflame como el de tu Madre con el fuego del
santo celo por la gloria de Dios! Recordad que edificando a vuestras semejantes criaturas y
procurando su salvación, aseguráis la vuestra. ¡Sí! ¡El cielo es el premio!
Oración:
“¡Mi Señor y mi Dios! Es mi voluntad irrevocable honrarte y adorar
por todos sus dolores secretos y por el derramamiento de su sangre.
Cuantos granos de arena haya en el mar, granos de tierra en los
campos, brotes de hierba en toda la tierra, frutos en los árboles,
hojas en las ramas, flores en los campos, estrellas en el firmamento,
ángeles en el cielo y criaturas sobre la tierra, tantas veces sean
adorados y glorificados al Señor Jesucristo, su santísimo corazón, su
invaluada sangre, el sacrificio divino de la santa misa y el santísimo
sacramento del altar.
Sean alabados y glorificados la Santísima Virgen María, los nueves
coros gloriosos de los ángeles y la multitud de los santos, por mí y
por todos los hombres, ahora y por toda la eternidad.
Tantas veces deseo, mi amado Jesús, agradecerte, servir, agradarte,
reparar todas las atrocidades que se te hacen y pertenecerte de
cuerpo y alma. A menudo quiero arrepentirme de mis pecados y
pedirte, oh Dios mío, perdón y misericordia.
También quiero ofrecer a Dios Padre sus méritos infinitos, en
reparación de mis faltas, de mis pecados y de mis tan merecidos
castigos. Estoy firmemente decidido a cambiar de vida y te pido que,
a la hora de mi muerte, me sienta feliz y en paz.
También quiero rezar por la liberación de las pobres almas del
purgatorio. Deseo renovar fielmente esta alabanza de reparación y
amor, en cada hora del día y de la noche, hasta el último instante de
mi vida.
Os pido, mi buen y bondadoso Jesús, restablecer en el cielo este mi
sincero deseo. No permitáis Jesús, que sea destruido por los
hombres, y mucho menos aún, por el espíritu maligno.»
Amén.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Coronilla de Reparación
Angel de Fatima
En una de las apariciones de la Santísima Virgen de Pompeya de 1884 en Nápoles, en
la morada del Comandante Agrelli, la Celestial Madre, manifestó sus deseos de cómo
quiere ser honrada.
Hacía 14 meses que Fortuna Agrelli, hija del Comandante, padecía de una terrible
parálisis, habiendo sido ya desahuciada y abandonada de su médico. El 16 de Febrero
de 1884, la joven enferma y sus deudos comenzaron a rezar una novena a la Virgen del
Rosario. La Reina del Santo Rosario se la apareció el 3 de Marzo. La Virgen aparecía
sentada sobre un trono, rodeado de una claridad resplandeciente, llevando consigo al
divino niño que descansaba sobre su regazo y que portaba en sus manos un rosario.
La Virgen Madre y su divino hijo vestían trajes bordados en oro. Iban acompañados de
Santo Domingo y de Santa Catalina de Siena. El trono de la Virgen se hallaba
decorado con flores; la hermosura de la Santísima Virgen era indescriptible.
María, miró con ojos compasivos a la enferma, y ésta, humildemente balbuceó estas
frases: "Reina del Santo Rosario, ten piedad de mí; ¡sáname! Ya hice una novena en tu
honor, Oh María, pero basta ahora no he recibido tu ayuda. ¡Es muy grande el deseo
que tengo de curarme!
Volvió a aparecérsela en otra ocasión la Reina del Santo Rosario y la dijo";-Los que
deseen conseguir mis misericordias, deben hacer tres novenas de Rosarios y otras tres
Novenas más como acción de gracias.
Este milagro del Rosario llegó a impresionar tanto al Papa León XIII, que le animó a
exhortar a todos los cristianos por medio de una pastoral, a que practicarán la
devoción del Rosario lo más frecuentemente que se pudiera.
El nombre completo es La Novena del Rosario de los 54 días. Pero se le conoce mayormente
como La Novena de los 54 días. Consta de rezar ininterrumpidamente el rosario por esa
cantidad de días.
Son 6 novenas: 3 de petición (27 días) y 3 de acción de gracias (27 días) se haya concedido o no
lo que se pide.
Esta devoción se remonta a Italia donde una joven llamada Fortuna Agrelli se curó
milagrosamente de una grave enfermedad que la tenía al borde de la muerte. La Virgen se le
apareció y le pidió rezara de la forma en que se reza la novena. Ella y su familia lo hicieron y
quedó curada.
Muchas personas han rezado esta novena y serie de rosarios ininterrumpidos y han recibido
gracias innumerables y maravillosas.
Beneficios
Es una devoción que nos ayuda a darnos cuenta de lo que es verdaderamente importante en
la vida.
Nos ayuda a ver que tenemos muchas cosas (materiales y espirituales) y que a veces las
ignoramos.
Nos ayuda a ver que no nos hace falta mucho y que lo que pedimos a veces lo necesitamos,
pero a veces no y nos damos cuenta en el camino.