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Antología del decir
Luis Alberto Angulo
1a edición, 2013
DIAGRAMACIÓN
Sonia Velásquez
IMAGEN DE PORTADA
Reinaldo Acosta
CORRECCIÓN
Wilfredo Cabrera
© Monte Ávila Editores Latinoamericana, C.A., 2013
Apartado Postal 1040, Caracas, Venezuela
Teléfono: (0212) 4850444
www.monteavila.gob.ve
Hecho el Depósito de Ley
Depósito Legal Nº lf50020138001754
ISBN 978-980-01-1949-5
A Myriam, Natasha y Miguel.
A Belinda, Chela, Alfredo y J. Cristóbal.
A don Betino y doña Mercedes (i.m.).
A Gerardo Alberto Angulo, nacido en el tiempo de este decir.
A la inmensa minoría, siempre.
A mis amigos en el camino.
Poética del decir
(2004-2011)
Del decir
La poesía del decir puede ser de carácter metafísico,
[existencial,
político, minimalista o disperso, puede además tener
[un tono
iluminado, reflexivo, prosaico, medido; no hay,
[en realidad,
cartabones que la limiten, pero tiene que decir;
[es de naturaleza
verbal y sustantiva más que adjetiva; no se propone
[ser hermética,
ocultadora, secreta o pura, se reconoce en el habla,
[es inclusiva,
plural, no es especializada; es intelectual e intuitiva
[al mismo tiempo,
su emoción mental está inserta en lo afectivo, propone
[la fusión
de géneros y el hallazgo común… hay un
[desplazamiento radical
del yo literario a favor de la creación…
Es visual, rítmica, desdeña las convenciones
[a propósito de la imagen
y la artificialidad versificadora del «artefacto poético»,
[es orgánica
5
y está asentada como propuesta
en el aquí y el ahora de las cosas como son…
Es una voz elemental, lacera la sensibilidad
[bienpensante
y lo «políticamente correcto», se dirige directamente
[a un lector advenedizo
que quizás resulta ser el mismo creador
al liberar sus más ocultos temores y deseos.
6
Iluminada poesía
a Drumond, a Gautama
El tiempo presente
la vida presente
el aquí y ahora
de quien toca la tierra
mientras señala el espacio
la mente en el vacío
poesía
presencia iluminada
gota de agua
para la sed del mundo
cielo y tierra en una mano
7
Otro decir
…en un poema
se puede decir de todo.
Ernesto Cardenal
se dice todo o no
se dice nada
pues lo que no se dice
dice
el no decir
del decir
dice
el poema del decir
todo dice
no hay manera
de acallarlo
8
En estos días
¿qué vamos a escribir en estos días humeantes
[de la guerra?
¿qué otra imagen sino la terrible panorámica
[del despojo
puede asentarse en el aliento de estos versos
[sin medida?
pese a ello, la niñez del mundo y las flores siguen
[creciendo
en alguna parte bellas y silvestres; el sol es un
[espectáculo
cada mañana sólo comparable al del ocaso cuando
[el amor
entre hombre y mujer, entre uno y otro, entre una
[y otra,
continúa afanoso con la misma fuerza inevitable
[de la aurora,
porque génesis y adiós, todo vive un instante y en
[un instante
muere y la tierra en su eje gira y el sol se mueve junto
[a todo
en una embarcación arbolada repleta de otras y otras
[naves
¿vale entonces la pena acometer el jardín cósmico
[del sueño
9
lejos de estos agrestes sembradíos de odio y sangre
[en donde
las palabras asesinan y son asesinadas?
pido que alguien responda, pero nadie dice nada, sólo
[oigo,
clamando entre las ruinas de una ciudad desconocida y
humeante, el eco de mi propia voz, hecha arena.
10
¿La poesía es la última religión?
¿la poesía es la última religión?
no, la poesía es la última revolución,
el primer fuego, la plena verdad, su
metáfora es la humanidad viviente;
sin ella todo es inútil y por ella
comienzo y fin, forma y contenido,
objeto y sujeto, son un solo poema…
11
Leer
como en una partitura,
el poema sólo puede ser
leído de una única manera
no arrulles sobre él
ni pretendas cantar
lo que no canta
no le niegues la música
ni el ritmo de su paso
déjale decir lo que tiene para ti
12
La poesía que a mí me gusta
Me gusta la poesía que le habla al mundo,
la que entiende que no es el centro del universo
y a ciencia cierta sabe, que ella está en los otros.
La poesía que no le hace concesiones
al poder establecido, pero tampoco
anda por ahí, restregándole a nadie
su arrogancia de magnífica señora.
La humilde poesía de los desesperados,
la de los solitarios y humildes poetas
expulsados por la fuerza de su verbo
de la mesa redonda de los poderosos
y asilados en la inmortalidad de una
gloria siempre vana e inútil para ellos.
Coda: Me gusta la llamada poesía del decir,
pero quizás ello sea una contradicción,
un énfasis innecesario para quien lo entiende.
Sin embargo, el decir de la poesía es opuesto
al retórico decir que nada dice ni comprende.
13
La mosca
(Recordando las coplas de Jorge Manrique)
hoy fui a la oficina y la he encontrado sola,
el señor Monroy me informa antes de irse
que el conductor del transporte se suicidó
ayer, y que ahora mismo todos salen
a darle el pésame a la familia; he pasado
la mañana aquí con la única compañía
de un moscardón grande y gordo que no
encuentra salida; pude haberle abierto
la puerta para que saliera, pero su bisbiseo
de abejorro me causó gracia al recordarme
tu poema de la mosca, en el viaje
al Festival de poesía de Alemania; ahora
en la desolada oficina, pienso en los
compañeros montados en el autobús que
apenas hace tres días manejaba el difunto;
pienso en el vuelo del avión y en la mosca,
también en el poeta de las coplas a su padre;
recuerde el alma dormida, y en los viajeros
de hoy ya en el pasado, en el futuro que también
es pasado y en la metáfora de los ríos y los mares;
ayer también se suicidó el Inca Valero, un día
antes había matado a su mujer, que fue
noticia recientemente porque el hasta
14
entonces imbatido campeón mundial de box,
le había fracturado una costilla con un golpe;
¡qué terrible es todo esto! la mosca sin
embargo es indiferente a todo ello,
con sus monstruosos ojos sobrevive el vuelo
y la caída de los otros, despliega las noticias y
una y otra vez, se engolosina con la muerte.
15
El caballo blanco de mi infancia
Yo me crié soñando con caballos de todos los colores,
[blanco
era el de Simón Bolívar y el que me regaló papá a los
[doce,
y se desnucó cuando lo llevaban (ya vendido) en una
[camioneta,
y saltó al ver su potrero en San Gregorio, bajando
[la cuesta
El Desconsuelo en Barinitas
No era un caballo hermoso y más que blanco era
[incoloro, no me
gustaban sus belfos albinos, era un poco despaletado
[y sólo ese
día, según cuentan, fue muy brioso
Tampoco recuerdo su nombre, tal vez nunca tuvo uno
[el caballo blanco
de mi infancia, el que de tarde en tarde come de mi mano
un poco de la mucha sal que su paso fue dejando
16
Irrevocable
me dijo Luzbenia
que el cura les decía
ese hombre es brillante
se murió José Antonio
el hijo de Ortuño y de doña
Ana Aurora Álvarez
en La Pascua
hace cuatro meses
que se murió «Gallo» Mujica,
mi mamá no lo dejaba ir
lo agarraba por la pechera
y duro le decía
usted no se me muere
no puede ser
que mis tres hijos menores
se vayan primero que yo
que tengo noventa
ese día le susurró al oído
usted no sufre más,
usted hoy descansa.
17
El viejo lobo
a Ramón Palomares
Yo conocí al viejo lobo sembrando maíz en el patio
[de su casa
lo vi observando las hojas del tabaco y el rubí del cafeto
[en la ladera
el viejo lobo come queso y panela a orillas de un río
[turbulento
que corre en la montaña haciéndose espuma entre
[la niebla
de él le viene el rumor ronco con que amansa
[las bestias más salvajes
y hace que las flores esparzan su olor por caminos
[que van al cielo
llevando al ozono azul los mensajes del tiempo
el viejo lobo aúlla y los lobos pueden oírle no importa
[dónde estén
o si mascan chimó o chupan caña o beben de la paila
[aún ardiente
su soledad de viejo lobo llamando a la manada dispersa
[en el planeta.
18
Mirlos de ala roja
Miles de mirlos de ala roja
han caído muertos de súbito
en Arkansas
la noche de año nuevo
Nadie conoce las razones
de aquella sinrazón
que se replica
de manera extraña
en otras partes
con otros pájaros
y otro tipo de animales
Son acontecimientos naturales
como las lluvias y las sequías
los tornados y tsunamis
Para el tercer milenio
la vida en el planeta
será prácticamente
insostenible
plantean estudios
del ambiente
19
Es natural entonces
vayan cayendo primero
esos pájaros de negro
y escarlata…
11/01/2011
20
Nos asombra
Dios existe, pero a veces duerme:
sus pesadillas son nuestra existencia.
Ernesto Sábato
Informe sobre ciegos
Nos asombra que alguien escriba un poema
en el que se duda de nuestra visión de Dios,
pero no nos asombra que una confederación
de potencias haga la guerra y destruya a un país;
¿no es acaso eso el más feroz de los ateísmos?
21
Versos contra balas
Tal es, arma cargada de futuro
expansivo/ con que te apunto al pecho.
Gabriel Celaya
Cantos iberos
la espantosa realidad de la guerra
nada tiene que ver con esto,
dices tú;
nada puedes hacer, piensas,
con poemas;
la ocupación que quisieras
es la belleza y no la que te obliga
a escribir versos contra balas…
los asesinos saben, no obstante,
que la poesía es una justicia sin cuartel,
sin paredes, una bofetada al sinsentido;
por eso nos quieren a todos fratricidas,
arrancándole los brazos, los ojos,
el corazón, a quien sabemos, somos
nosotros mismos, huérfanos y aterrados;
22
nuestros versos son pequeñas rocas
que pueden liquidar a un gigante
y enterrarlo en la historia de su infamia;
por ello prevalecerán entre las ruinas
de la antigua ciudad sus letras vivas,
en medio de la noche encenderán
una hoguera hasta la llegada de la aurora.
23
Próceres mitómanos
los próceres fundadores de la ciudad
por decretos de ellos mismos,
colocan nombres y señales…
como los perros en su orinar
se olvidan que la lluvia
y el tiempo todo lo borran
y otros perros peludos y más grandes
marcarán los públicos espacios
con nuevas meadas de poder
y renovadas ansias de grandeza
24
No soporto la ciudad
No soporto la ciudad y ella me rechaza
con la misma fuerza de esta aversión,
caravanas de autos apenas se mueven tal
un animal antediluviano que se replica
a sí mismo, llenando de humo y cornetas
el espacio.
No soporto la ciudad y ella me rechaza,
no hay un lugar en la ciudad dónde
refugiarse de ella. Escapar de sus límites
sólo extiende aún más la furia de su paso.
Cuando ella calla a lo lejos y sus luces
apaga, se enciende el cielo entonces y
el canto de los grillos y chicharras, el
croar de las ranas y los sapos, hasta
la madrugada de los pájaros del monte,
me muestran lo extraño que me he vuelto.
Soy un ciudadano que vive la vida
a través de las fantasías de otros y de otros.
Prefiero la luz de las pantallas líquidas
donde la ilusión me encierra.
La playa azul que no me quema,
el campo sin mosquitos,
25
las cumbres imposibles con nieves
que no derrite el efecto invernadero.
No soporto la ciudad pero no puedo ya
vivir sin ella. En mi cuarto el atenuado ruido
del aparato de aire acondicionado, tranquiliza
la angustia como el arrullo de una madre.
Esta asepsia y antisepsia de las imágenes
del apocalipsis únicamente me roban el alma
y me condenan esos seres que aplastan
flores a su paso cuando piensan que se alejan…
26
En la Luna hay agua
La NASA anunció hoy que encontró pruebas
de que en la Luna hay agua, espera enviar astronautas
hacia el 2020 y tiene planes para el establecimiento
permanente de una base habitada por humanos
que sirva como punto de escala en viajes más largos
…la noticia divulgada por la agencia EFE
inspiró esta nota futurista colocada en la nevera
del poeta estadounidense William Carlos William:
Mi amor, las ciruelas estaban deliciosas,
salgo a buscar una botella de agua mineral
a la Luna, regreso pronto.
EFE, Washington, 13/11/2009
27
El juego perfecto
Al «gallo fino» Armando Galarraga
El juego perfecto en beisbol consiste
en que un mismo lanzador logre hacer
de seguido, sin carreras ni hits,
los 27 «auts» del partido…
De los 700 mil partidos realizados
en las Grandes Ligas, únicamente
se han realizado veinte de ellos…
El serpentinero compatriota,
Armando Galarraga, este jueves en Detroit
jugando Tigres contra Indios, ha hecho uno;
que por cierto, le han robado frente al mundo,
cuando el «ampáyer», un Joyce sin la gloria del Ulises,
le cantó safe en la última jugada…
El tocayo Armando no se ha inmutado, pero
no le consuela mucho el automóvil que en el
propio dugout, una trasnacional le ha cambiado
por el viejo carro que la envidia le ha arrojado…
Él dijo para la historia:
28
Es lo que es, ahora nadie puede cambiarlo.
Cuando la gente pregunte cuántos juegos
perfectos ha habido y le digan veinte, ustedes
van a mencionar el mío, el más especial,
porque lancé uno con 28 «auts».
(Diario de Yucatán, 6/6/2010)
29
Dos notas de taller
El alumno avanzado del curso de expresión literaria,
respetuosamente se dirigió al sabio que los visitaba:
«Maestro, estoy desolado por mi falta de talento,
pese a que lo intento por todos los medios, no logro
ver nada en esos textos». El anciano dijo: «No ves
nada porque allí no hay nada, no te dejes
impresionar con el rimbombante título que llevan».
Me recuerda el episodio del maestro de poesía
que puso sobre la mesa de trabajo un pescado
fresco a sus alumnos y les pidió que dijeran
algo significativo sin que aquéllos lo lograran; al
tercer día uno de ellos dijo «el hedor es insoportable».
Y entonces el maestro estuvo satisfecho.
30
Sombra y Dillinger
Sombra y Dillinger, dos collies
que papá trajo de Caracas
en unas vacaciones;
Sombra es rubio y bravo
Dillinger, moreno y manso
Uno es enviado a la casa
de mis abuelos a una cuadra
de la nuestra y ellos
han resuelto por su cuenta
intercambiar las suyas…
Dillinger acompaña
mis primeros años
de aventuras
pero se quedó
con su hermano Sombra
cuando adolescente
abandoné mi pueblo…
Cuando fue a morir
tomó el camino a Barinas
en donde vivíamos
y ahora Sombra
me acompaña.
16/01/2011
31
Mi hija se ríe de mi afición al rap
mi hija se ríe de mi afición al rap
al hip hop y a otras expresiones
un poco de su tiempo
y muy lejanas del mío,
en especial por la manera
de intentar cantarlas
marcándoles compás,
pues ahora lo nuevo, dice ella,
no tiene ritmo alguno
le explico entonces que no es así,
que pese a la pobreza de las rimas
el ritmo es del tamaño de la vida;
el oído de sus creadores, le digo,
tiende un puente entre el ruido
y la breve ternura de estos días…
32
Clarividencia poética
a don Francisco de Quevedo
aquí no hay percepción poética
repetía Juan a quien quisiera
oírle pero la gente no le oía
al analfabetismo literario
habría que agregarle, digo,
el político y el humano
disfrazado de cualquier cosa
incluso de intelectuales y poetas
II
entre el duro concreto
de sus cárceles
en sus bares pobres
y en las escuelas
de sus hijos
leí mis poemas
a campesinos y obreros
entre sus tierras
y fábricas inexistentes
33
muchos de ellos
apenas leían
pero todos
entendieron
siempre
entendieron
III
los otros también entendían
gritó alguien entre el público
únicamente se hacían
los pendejos
34
La mejor arma
La mejor arma, la de hoja blanca, la de más fuerza, una
[escopeta;
a mí en verdad no me interesan, ni una ni otra,
[dijo el poeta.
Mi escapismo es realidad, yo mis sueños los construyo
con un poquito de paz en el vientre del orgullo.
Desnudo pues mis ensueños a las orillas de un río
por donde pasan los truenos de todos los señoríos.
El decir es poesía si inauguras el decir y no le marcas
[la vía
con vanidoso sentir. Visita la casa humilde atrincherada
[de soles,
donde la canta decide y entrega sus gratos dones.
35
El no decir
El no decir es la retórica y el juego de palabras,
frente a los cuales la vida y el poema sucumben
sin encontrar poesía en ninguna parte. La palabra
sola no es palabra alguna, así la llenes de signos
oscuros y mágicos pases por doquiera. No pierdas
tu tiempo, pues es lo único que tienes. Por cada
instante sin sentido, mil veces regresará la inercia.
Escribe sin miedo, como puedas, desde el centro
y los bordes del mundo que también eres.
36
Perdona la franqueza
perdona la franqueza, no estoy interesado
en tu historia clínica, en la ingratitud de tus
amantes o en los chismes de alcoba y palacio
¿por qué han de interesarme tus conocimientos
enciclopédicos adquiridos hace quince minutos?
ofrezco disculpas por mi rechazo a tanta broza
a tanto parnaso y a tanta pendejada académica,
quizá el poema ya se ha ido para siempre a un
lugar menos insalubre que este no decir nada,
que a esta infinita tontería de elucubrarle
trascendencia a un crucigrama y esconder,
entre anémicas palabras, el escandaloso crimen
cometido en contra de la vida del poeta.
37
Esa manía de achicar a otros
¿por qué será que algunas personas
para hablar bien de otras deben decir
que las demás no sirven para nada?
esa manía de achicar a otros
con la grandeza ajena le es
altamente sospechosa a
la crítica creadora…
la desolada invidencia
mira sin ver hasta lo obvio,
inmóvil se apoltrona
sin riesgo alguno,
deglute lo digerido,
el prejuicio es quien la ciega.
38
Sin tiempo
La poesía debe dar cuenta de cuando ya no tuvo tiempo
y no andarse con remilgos para hacerlo.
¿Qué sentido tiene la florecita artificial frente a la
desaparición inminente de los bosques y la vida misma?
Breves son los días del hombre en la tierra, dice
[la Biblia,
los días del planeta parecieran ser tan cortos como ellos.
39
Río enfermo
a José Iraides Belandria
Parangulita el río más pequeño
y bonito de mi pueblo se secó
el Santo Domingo el más grande
baja contaminado de químicos
desde la montaña en donde nace
hasta el Apure y el Amazonas a
donde llega
el fantasma del río enfermo sube
trago a trago por la garganta seca
del río más bonito de mi aldea
40
Picaresca
donde despachó la carne
enterró el cuero
riendo por dentro
aquella inescrutable
cara de jugador
el engaño del falso
no tiene límites
cada gesto aprendido
ensayado
es original.
II
un tiro aquí/ otro allá/
a salto de mata/ moviendo
sigiloso/ las bardas del vecino
para llegar hizo trampas a granel
infatuó la voz hasta el cansancio
41
la adelgazó como quien pela
hasta la nada una cebolla esperando
conseguir lo que otros obtuvieron
al final no reconoció su propia voz
ahogándole la mentira
lo atrapa en sueños.
42
Enormes carreras
No tengas nada en contra de los voluminosos poemas
o de las enormes carreteras y autopistas por donde se
desplazan automóviles de grandes cilindradas. Al lugar
de destino has de llegar sin subestimar ninguno de esos
medios. Recuerda que lo reactivo es una rémora. Ante
todo está lo espontáneo. El espacio ilimitado de la mente.
43
Imágenes del parque
(2003-2005)
Mejor es ver su rostro que oír su nombre.
Al dharma, a la sangha, al lama, al Buda.
Ars 3
Lo que el poema cuenta no es lo que le pasó al poeta,
es lo que le sucedió al texto antes de nacer,
su crecimiento y muchas veces su propia muerte.
El paisaje de la poesía es interior, jamás un decorado,
cuando más, una puesta en escena.
El mundo femenino de mi poesía está planteado
en relación al enorme significado del vínculo concreto
[con la mujer,
el amor y el desamor llevan su nombre.
Si pudiera escribir de manera voluntaria desde
[lo femenino recóndito
esa relación sería siempre ineludible. La poesía no es
[un problema
de géneros y sexos, pero sí relacional y de complejos
[entramados.
En un momento se habló de poesía social en
[contraposición a poesía pura,
eso no tiene sentido porque toda poesía es social en
[tanto es lengua y habla
y es pura, además, por la trascendente relación de su
[logro creador.
49
El éxito y el poder de la poesía es algo muy diferente
al éxito y el poder del éxito y el poder.
El poder de la poesía está relacionado con la creación
[de la lengua,
con la creación del hombre en tanto productor
[de lenguajes y de signos.
Es un no poder sin el cual nada existe. Su victoria
[la hace es inenajenable.
Nadie se puede apropiar indebidamente de ella, aun
[cuando el robo
y el crimen no son ajenos en literatura.
Alguien puede despojar una imagen y hasta una obra,
[pero eso es externo.
Jamás alguien podrá robar la poesía. ¿Tuvo Prometeo
[ese privilegio?
Tensión y distensión es el ritmo de su hacer. La poesía
[exige silencio, atención
y espontaneidad al mismo tiempo. Oscila entre
[la memoria y el olvido.
La voluntad del poeta se asienta en el deseo
[de perfección al que se entrega a
sabiendas de que todo es inútil. Nada prevalece más
[allá del silencio y el vacío
de donde todo surge. Lo que el poema cuenta no es lo
[que le pasó al poeta.
Es lo que le sucedió al texto antes de nacer,
[su crecimiento y su propia muerte.
50
Blues a Billy Holiday
¿Qué sabes tú de mi solitario corazón
de mi tristeza qué puedes tú saber
si no logras oírme en medio de la noche
ni ver mis ojos buscando en el infinito
la más lejana estrella?
no más
ya terminó
lo que pudo ser
toda esta vida anda por allí
esperando que vuelva sin olvido
la cadencia azul de esta canción
voy a hacer que me recuerdes
¿qué otra cosa puedo ya?
tuve que irme me dijiste
y como entonces temo tu regreso
y no besarte más cuando te vayas
sin decir nada para siempre
51
Elena Tirado mira el mar
Elena mira el mar en Puerto Cabello
advierte otras tierras más allá del azul
que de niña rodea su isla de poemas
en un cuaderno apunta minuciosa
sus impresiones desde el muelle
el sol de la tarde y el barco de piedra
anclado a la memoria de un poeta preso
por la dictadura de Juan Vicente Gómez
ve las naves llegar y partir desde la rada
justo en la línea que une mar y cielo
ve el horizonte oyendo el suave oleaje
que le habla de ella misma en el paisaje
alcatraces y tijeretas
los muchachos bucean en la orilla
recogen las monedas de los turistas
los vendedores de conservas
discos helados y cerveza
atacan inútil la paz de los pescadores
y el ensimismamiento de las parejas
52
Elena contempla la tarde
inacabable de su anhelo
la orilla se aleja y la despide
espejeando el poema de otro sueño
(04/07/05)
53
Les debo todo a las mujeres
Ama a las personas como si fueran tu madre
ya que es posible que algunas vez lo fueran
en el largo camino de las formas dijo Buda.
Les debo todo a las mujeres
a la tierra y a la poesía
nombres femeninos
como patria y sabana
mar mente
muerte y vida
54
Asombroso
Quién hace tanta bulla, y ni deja
testar las islas que van quedando.
César Vallejo
Trilce
Si te pones a ver seriamente sin prejuicio
es asombrosa la cantidad de excreciones
que día a día produce el cuerpo humano
Cincuenta años del más estíptico individuo
pueden trazar sobre el planeta tierra
un espacio paralelo y meridiano
por no querer aceptar tan sencillo axioma
es pasmoso en fin constatar el fertilizante
que se pierde acrecentando tantas vanidades
sorprende asimismo que pese a tanta boñiga
arrojada a los ríos y al mar océano
tal desmesura no es comparable a la de quien
acumula para sí todas sus excretas
55
Sólo ve el poema
a J. Krishnamurti
la comprensión de la poesía
no está en las palabras
su luz y belleza alumbran
en tu corazón
nada tienes para comparar
la metáfora o la imagen
también son ilusorias
nada que indagar en el
pasado de estas líneas
ahora mismo sabes todo,
libre y sin esfuerzo
56
Débora
Un gran agujero negro destrozó a una estrella
parecida al sol, devoró un poco de ella
y arrojó el resto hacia el vecindario cósmico,
en un acto de glotonería celestial captado
por dos observatorios en órbita,
dijeron el miércoles científicos.
Deborah Zabarenko
(Reuters 18/2/2004)
la estrella
el agujero
negro
en el espacio
y tus ojos
asombrados
mirando
la merma
del salario
y de la cesta
alimenticia
57
Somos nuestros pensamientos
Somos nuestros pensamientos/ nuestras ideas/ estamos
hechos de lenguajes/ de palabras/ signos y símbolos/
los conceptos se apoderan de nosotros/ construimos
nuestra identidad dentro de esa esfera de significados/
pero/¿en verdad es eso lo único que somos?/ un día/
sin embargo/ intentamos en silencio mirar lo que hay
detrás de nuestros propios ojos y el hallazgo aterroriza
o ilumina para siempre/ contemplamos la intemperie
e intuimos que ya no somos/ la vacuidad no es la nada
y también lo es/ si logramos despojarnos del testigo/ del
juez/ el descubrimiento resulta/ en su simplicidad/ mag-
nífico/ todo tiene significado y es entonces/ perfecto…
58
Principio
Om Tare Tutare Ture Soha
líquido y ceremonial
origen de esta orilla
en la que ahogado naces
isla perfecta del océano
y la cuenca viva
lugar de donde vienes
y a donde vas
hecho espuma
vapor y niebla
agua esencial que habita
la luminosa fronda
madre del alba
que extiendes los brazos
a los días y las noches
59
Údana
Generoso, sereno, haciendo bien,
el sabio vive sin remordimientos
y al mundo colma de felicidad.
Buda
la palabra del iluminado
no puede escribirse en verdad
sino desde el corazón sin límite
y la vacía esencia de las cosas
que vive y comprende otro iluminado
60
Océano de dicha
a Hannah y a Ole Nydahl,
lamas del Camino del Diamante
inmersa en aguas
de un océano de dicha
la ola plena
una y otra vez
el infinito
ya no
en el cuerpo
ahora suspendido
sino
en lo profundo
de sí misma
vértigo estremecedor
y éxtasis continuo
de la espuma
y los cantos marinos
las cuatro vías
felizmente apaciguan
el roce sin borde
de la tierra pura
61
Lama y dharma
en el mundo de las opiniones
muchas veces estoy en desacuerdo
con el lama
cuyas enseñanzas
sin embargo
son perfectas
sin argumentos
o palabras
62
Tantra
Cómo puedes tú/ construir/ fabricar/
fundar/ el amor// que no tiene/
principio/ ni fin/ tiene// y si comienza/
es cuando/ termina// compasión
***
Piérdete en mí
amor mío
como yo me pierdo en ti
sé aquí mismo ahora
el universo todo
que muere y vive
en un instante
***
Planeando en Ícaro
brotan del silencio
los verdes pastos del amor
63
***
Vengo de tus brazos
como un niño
jugando
en una nube
sin saber del tiempo
sin preguntarse
***
Suave e intenso
el viento mueve
la copa del árbol
la brisa entre la fronda
despliegasusramas
la raíz hunde firme
el espacio nutricio de la tierra
***
Ah gozo extraordinario de encontrarse en el otro
más allá del tiempo y de las condiciones
que únicamente permanecen
de forma pasajera
ah maravilla de sentir
el fluido innombrable del espacio
de una mente a otra
veinte o mil años
en un instante
64
más allá del placer
y del dolor
en la plenitud amorosa del vacío
***
Quisiera perderme en el olvido
y en el prodigio de amar
permanecer aquí y ahora
que cada acto sea una meditación
trascender lo físico
y el alma en carne
atento a cada instante
despierto ya
para siempre
sin expectativas
ni nostalgia
***
Que tu cuerpo
no es menos sagrado
que tu espíritu y la unión
de macho y hembra
no es menos perfecta
a la del alma con su amado
es todo cuanto tengo que decirte
desde este silencioso murmullo en donde
infinitos y próximos
somos todo y nada
65
Instantáneas
Primer día
en el parque de la ciudad frente a un árbol de bambú
tres muchachas chinas se fotografían unas a otras
la pestilencia doliente del río
no borra la imagen de las tres muchachas
frente al hueco bambú de tan extraña belleza
Segundo día
En el jardín de grava
el sonido coreado de los mantras tibetanos
se eleva entre las copas
gigantescas de los árboles
desde un brioso caballo el policía
obstinado impone a los budistas
apagar las varitas de incienso
el saber iluminado también extingue
el sufrimiento y sus olores
66
comenta compasivo o quizás irónico
el miembro más antiguo de la sangha
Día tres
apretando el paso
con años de molicie sobre ti
procuras el regreso
te asfixia el peso
la fetidez del aire
la ilusión de un paisaje liberado
Día cuatro
los propósitos de año nuevo
empiezan a estar tan pesados
como tu fofo cuerpo
atiborrado de dulces y cerveza
violenta estremece
la sentina de la ciudad
volcada sobre el río
el espectro de aguas puras
fatalmente te interroga
¿cuántos sedientos mueren
en la tierra cada día?
67
Día cinco
Shike,
el poeta japonés
dijo, sé conciso,
natural y vacuo
un haiku sólo es
el cuello y el cuchillo
juntos en el aire
Telescopio (día seis)
el tronco hueco de un árbol
contempla el firmamento
y en él se mira sin mirar
perecedero y eterno
en su vacío
Día siete
el festival anual de música
el festival anual de pintura
títeres y afines
el imposible
festival gastronómico
a orillas del río doliente
muladar de la ciudad
68
Fractal*
(2000-2003)
* Premio Único de Poesía X Bienal de Literatura Francisco Lazo
Martí, Ateneo de Calabozo, diciembre 2003.
Arte de borrar
entre los versos sin melodía ni ritmo
del ansiado poema
el poeta se borra a sí mismo
sin querer ni poder ocultarlo
prueba del tremendo vacío
de la forma en busca de sentido
no debería intentar escribir
ciertamente rebosante o pobre
toda escritura es la apuesta azarosa
entre el silencio salvador
y la afección retórica
postergando el acto de su negación
71
Ars dos
lo que intenta el poema no es el lustre del sentimiento
es la eficacia de la expresión la poesía en realidad no
puede ser escrita definida ni hablada no puede ser
transmitida cuantificada o calificada es el espacio
incalculable de objeto y sujeto sin separación somos
lenguaje y forma pero detrás de la forma el silencio no
afirma ni niega
72
Nada que conseguir
miras hacia atrás o hacia adelante sólo desde aquí
el pasado o el futuro puedes ver en el presente
real y vivo libre de añoranza y expectativa
silencia tu alma silencia tu mente
deja que brote de tu corazón
pequeño y simple
el universo entero
nada que conseguir
nada que buscar
quédate en ti como la flor
que no pregunta
y más allá y más acá del tiempo
es plena
73
Flor’s
también se escribe con palabras
pero nada serían ellas
sin el silencio que tu sombra
clama
no acallan sus letras el amor ausente
revela en la oscuridad una película
deja que el dolor muera
ábrete a la vida sin ningún anhelo
el hechizo no vendrá mañana
sin el milagro del instante
como en un espejo contémplate en el otro
cuelga tu lástima y apego
sé sólo aquí y ahora
envuelto en la sombra de tu miedo
el ser más luminoso
inmutable por ti aguarda
74
abre las ventanas y las puertas
aparta la casa lejos del silencio
y de las formas
eres universo
poesía
75
Arquero de la nada
a J.M. Villarroel París, i.m.
miras el solar valenciano
y el retratista fija en tu rostro
la dispersión del mundo
arbolado valor sin esperanza
recorre el puente minado
de la casa dolorida
el tenso arco te arroja al vacío
la sufrida alma abandona
los aromosos bosques del almizcle
hecho poema el universo te devuelve
76
Dedicación y señal
tu entrega a lo que haces
tu estar allí como un tonto
esperando nada
es quizás el comienzo
porque
¿quién te enseña a escribir tus poemas
sino tus propios poemas?
¿quién sino tú puede descubrir
el henchido corazón
la sola alma penando en el desierto?
lo evidente no ve lo invisible
me pides una señal
sin percatarte que siempre
estuvo en ti
una marca solitaria y simple
a mitad de la vía
a veces roja o amarilla
en medio de la verde
vegetación del trópico
que distante crece
77
Li Po 2001
Al cabo de diez mil, cien mil otoños,
no tendrás otro premio que el inútil
de la inmortalidad
Tu Fu
hace mil trescientos años
nació Li-Po (Li Thai Po
Li Bai) desde joven quiso
conocer el mundo
y de la natal Shuiyei
viajó niño a Shicuan
en Leyan conoció a Tu Fu
y el largo exilio de Guichou
por el río Amarillo
regresó a su comarca
y evoca hoy
el planeta tierra
a quien verso a verso
se bebió la luna
78
Un mismo canto
a Rosa, Luz y Ana Quintero
el turpial de doña rosa
silba en la mañana
y recorre un siglo
sin saltarse una nota
su tonada
vuela entre largos corredores
visita a eulogia a américa a laura
hunde sus garras en mis cabellos
retorna la infancia y un sueño
pajarito amarillo y negro
¿cómo vuelan las alas
esparcidas sus plumas
por el suelo?
el canto es el mismo
canto del principio
pero yo soy otro
sin quererlo
79
Ríos
a Matth y a Bery Gibbs
mi infancia saltaba de piedra en piedra
las ágiles corrientes del pueblo
así ha ido mi vida desde entonces
resbalando cayendo saltando de nuevo
ahora que atónito contemplo
los cauces secos de tantos ríos
saltar o caer ya no tiene importancia
80
Imagen y semejanza
a las «Coplas de la guerra mayor»
de Enrique Mujica
generalmente las mujeres prefieren lo seguro/ pueden
estar enamoradas/ del más ilustre de los hombres/
pero optarán siempre por un soltero tonto/ que las lleve
del brazo de tienda en tienda/ comprando trapos y
abalorios// un necio soltero con dinero/ (y hasta po-
bre)/ vale más que diez sabios/ a los ojos de la mujer/
que apunta siempre a lo tangible/ y desecha / el cono-
cimiento/ y hasta el honor/ creyendo que hay manera
de escapar/ a la impermanencia continua de las horas/
/ hijo mío/ te lo dice alguien que fue estúpido/ y con
el tiempo/ esclareció su mente/ y acrecentó sus men-
guados bienes de fortuna
ii
la mujer exige ser subyugada por su hombre/ de no
ser así es ella quien avasalla y merma// el amor y el
respeto por la yunta/ las relaciones de igualdad en la
pareja/ son una invención irrealizable/ porque la mujer
siempre le da un trato/ político a ese vínculo// es el
poder y las mil formas/ como se expresa ese poder/ lo
que para ella/ media su relación con el varón humano
81
iii
ella aprendió a manejar/ su sexualidad diferente a él/
desde el principio de los tiempos// reglar concebir
parir y amamantar/ marcaron su vida en medio de la
brutalidad animal/ y simplificaron sus metas para lo-
grar sobrevivir// fundaron el teatro el arte la magia la
medicina/ la gastronomía la sensualidad y la poesía//
descubrieron el tiempo en sus propios ciclos/ y la se-
milla que germinó en su vientre/ sembró los primeros
surcos en la tierra// del gruñido del varón/ extrajo
la llamada/ al árbol a la cueva// a la fuerza bestial del
macho/ opuso sin fuerza lo desconocido/ se inventó
a sí misma/ y creó al hombre casi a su imagen y seme-
janza// hijo mío no te engañes/ ellas siempre son más
duras/ eternas pleitean por la solidez/ y permanencia
de la especie
82
Sin color ni forma
«Lama La Chab Syn Chio»*
grávido deseo/ que sujeta al sufrimiento/ y por codi-
cia renace/ desgarrando mis vísceras// lanzando en
el abismo/ todos mis esfuerzos// arrastrando la ilu-
sión/ una y otra vez
ii
sufrir o fenecer perenne es un extremo/ permanecer
en la nada es otro// navega en medio del río/ viendo
las orillas alejarse// el hálito/ que sube la cascada/ y
el arcoíris// fúndete al silencio/ que no añora/ y na-
da espera
iii
no turbado por la vigilia ni por el sueño/ limpiar la
niebla en la mirada/ contemplar la irradiante/ y viva
luz que cada cosa emite/ oír el sonido del cosmos/ en
la palabra más simple// sin centro ni contornos
* «Me refugio en el Buda».
83
Uno el otro
a Lydda Franco Farías
uno debería hacerse cada día más simple
hacer el gallo en la mañana y sanamente
defecar como una vaca
uno que tiene tantos afanes debería reflexionar
tenazmente sobre sus excretas y vil humor
encerrado conviviendo en la carne magra
del tiempo/ en los gusanos sin virtualidad
del caos y la entropía
uno que se cree uno y apenas sabe del cero
y el infinito/ debería ciertamente hacerse
elemental y simple como una piedra/ como
las piedras del seco cauce de un río uno
debería extinguir el símil la imagen inclusive
y descebollarse el ego la corbata los lentes y
hasta el alma
uno que se cree una gran vaina
debería descubrir ante todo la semilla absoluta
de la vida brotando en la soledad del universo
84
¿De qué se acusa al poeta?
¿se acusa al poeta de buscar estrellas en el firmamento
y en los ojos de la gente? ¿de quedarse callado en
medio de la algarabía y de alzar su voz cuando
vacilantes todos callan? ¿de nadar contra la corriente
y de resistir hasta el último instante? ¿o de fluir como
el agua y no quebrarse? ¿se le acusa de trivializar el
dolor ajeno? ¿de aplaudir la acción del fuerte cuando
aplasta al débil y de engrosar las listas de los profetas
del odio y la necedad ilustrada? ¿de ser comparsa,
bufón y palangrista de la infamia? ¿de escribir malos
versos y robar imágenes se acusa acaso al poeta?
¿de guardar bajo la almohada un inútil atrapasueños
porque nunca en su vida tuvo un solo anhelo? ¿se le
acusa de negarse a ser víctima propiciatoria
o victimario? ¿se le querella por mal amante y peor
amigo? ¿por abstemio, aburrido y ateo de la vida?
¿de estar pagado de sí sin pensar en otros y de vivir
para otros sin pensar por sí mismo? ¿se le incrimina
por indiferente e indefinido o por lo contrario?
¿es diferente y claro sin zaherir la sombra y la luz que
a todo envuelve?
¿el poeta es enemigo de la humanidad viviente
o incesante la expresa con sus actos? ¿ha sido
agiotista, terrófago, vendedor de drogas en las escuelas,
85
traficante de blancas y negras intenciones?
¿es inversionista en operaciones financieras
innominadas que enriquecen sus bolsillos
y enloquecen a la Tierra? ¿ha extirpado con su pie
lleno de rabia una flor, la más pequeña? ¿mantiene
ruiseñores, turpiales y jilgueros en metálicas celdas,
o se eleva con ellos en cada uno de sus trinos?
¿es insípido escritor sin música ni fuego y aborrece
el talento de sus colegas más cercanos? ¿en las fechas
consagradas se da públicamente furiosos golpes de
pecho, pero jamás con nadie ha tenido el menor gesto
solidario? ¿le castigan inferiores o le condenan sus
iguales? ¿de qué se acusa al poeta cuando el poeta
acusa? ¿de ser él, o por el contrario, de no serlo? ¿de
aceptar un papel que le es insoportable o, simplemente,
de no querer tener papel alguno como títere de nadie?
¿se le incrimina por no decrecer a lo vulgar o de
ascender al pueblo mismo en la palabra? ¿de ser estéril
y trillado o de creador inagotable? ¿se le acusa por
cobarde o por valiente? ¿de sensato o insensato?
¿de tonto útil, o de inútil, llanamente? ¿es diestro o
siniestro escribidor de libelos infamantes? ¿indulgente
o represor, o camina impasible sobre el filo de una
cuerda floja? ¿se le tacha de inoportuno y divergente?
¿es o no, el hombre nuevo? en estos días sin cuartel en
los que la poesía imputa y avergüenza por todas
partes: ¿de qué se acusa al poeta?
86
La sombra de quien escribe
Oh, hombres: esta vida
es sólo un ojo que parpadea
Ibn Abbad
sed en mitad del alma
en la cuenta sin memoria
en el despertar que todo ve
vuelo y canto
canto y vuelo
vuelo
canto
el pájaro vuela
el pájaro canto
la sombra
de la mano
de quien escribe
a plena luz
87
a media luz
y hasta en tinieblas
la sombra de quien escribe
es lo que escribe
a una a dos manos
en la máquina del tiempo
y de las horas rotas
que se levantan
desde su ceniza
hay un instante
en que todo calla
y nos aterra
un momento
en el que solos
nos sabemos
ausentes
y luego
entendemos
todo
88
Laboratorio de poesía
pipetea el alcohol del mundo
coloca al matraz de tu desamparo
un poco del caldo verde oscuro
de tus reales e imaginarias penas
agar espumoso que con insaciable sed
flamea azul en el alumbrado corazón
estira los verbos los sustantivos las palabras todas
y rodea la tierra hasta meter en cintura al ecuador
hazle una sola entrada una única salida
al arca negra de tu vuelo sin retorno
despeja paso a paso la ecuación infinita
del cambio indisoluble
no escribas versos ni teorías
no afirmes no niegues
desabotona tu camisa colorada
báñate en la playa
asciende las más altas montañas
no prediques nunca
lo que ardoroso no puedes vivir
tú ya sabes que entre sujeto y predicado
entre el poeta y el poema el verbo es la poesía
89
No eres tan bueno como crees
no eres tan bueno como crees
ni tan malo como muchos aseguran
que en verdad eres y no eres
puedes a medias entenderlo
buscando fuera de ti
lo que bien sabes imposible
es duro envejecer en el orgullo
ser coceado diez mil veces
por la insensata arrogancia
que escarnece dondequiera
ver el grosor
la delgadez de la mirada que se alisa
en el vacío del tiempo sin frontera
90
De norte a sur*
(1994-1999)
* Primer Premio Bienal de Poesía Universidad Rómulo Gallegos
(1999).
Volumen tras volumen
Fusión de ver y creer
Octavio Paz
volumen tras volumen
el escritor en busca de obra
teje un sueño
palabra tras palabra el poeta
equilibra uno y otro verso
deshilando la débil trama
la estrella alumbra
el vacío sin nombre
93
Un continente se desplaza
…las columnas de gente son interminables.
BBC de Londres / Nov. 15, 1996
el hambre y la guerra
empujan hacia cualquier parte
el río desbordado de la sangre
pasan como sombras hacia el desierto
sin maná ni esperanza
he visto sus cuerpos calcinados
en las prisiones de mi patria
un día el mundo impávido
les contempló tirarse al mar
sin sitio adonde ir sin puerto ni estrella
viendo abrirse el cielo en el infierno
94
Joana’s interview
¿Quién en amor ha sido más dichoso?
SJIDLC
—¿y de México?
—sus viejas civilizaciones
Sor Juana Inés de la Cruz
Octavio Paz
y una muchacha que conocí
en el norte
y nunca más volví a ver
—¡ah! si quieres una idea que mejor me explique
di que el futuro es el pasado y el presente unidos
95
Bluegrass
a Thomas Merton y Jorge Luis Borges, i.m.
por la música que oímos y la creada en nosotros
por el río que cruzamos y sin saber nos cruza
por el latido solitario y el rumor de cuanto existe
por la sombra y la luz que hacen el día de la tierra
por nuestra alma singular de mil almas habitada
por la piel de la piel que se hace carne
y el padre y el hijo que fuimos y seremos
por el cóncavo universo de la madre
y la galaxia de la frente
por el pasto azul que crece en las praderas
de Kentucky
y la solitaria flor del desierto y la montaña
por el perfume marino de los vientos
por el grano que estalla y la estrella que se apaga
por el árbol seco donde retoñó la vida
por el perdón y la esperanza y la fe y el amor
Señor, te damos gracias
96
Qué
(rock)
¿qué clase de vida llevas tú
sentado frente a un televisor
creyendo que la vida
no nos ametralla con las horas
y somos indemnes
porque las imágenes
vuelan tan rápido
como el tiempo?
¿qué clase de vida es esa
sentado ahí
contemplando la muerte
frente a un espejo?
enamórate del mundo
pon un poema en tus labios
y ofrece tu mano
no te quedes ahí
cruza el puente
sé tu mismo
ama
vive
97
Que otros construyan imperios
la vida es breve y el amor muy dulce
un trago una pipa y el recuerdo dulce de tu aliento
mi bigote encanece sutilmente mi voz no cambia
la guitarra marca su compás
soy el eterno muchacho que no te olvida
cuando la densa noche nos separe para siempre
será tarde para amarnos
¡qué tontos fuimos mi amor!
el tiempo no regresa
nuestro deber es buscar hasta encontrarnos
desnudos frente al mar
con nuestra piel ardiendo
es piel y ensueño
el amor es piel y ensueño
no tardes ven a mis brazos
que otros construyan imperios
98
nosotros hagamos el amor
la única guerra buena de la vida
ven que me hago viejo
un trago una pipa
el recuerdo dulce de tu aliento
99
No soy
no soy un nombre
un cuerpo
ni una sombra
lo que se va
y lo que queda
no es nada de eso
el hombre es inmortal
me dijo mi padre en su agonía
esperó la aurora mirando la sabana
y taloneó su caballo buscando el infinito
100
Se apaga
se apaga la lámpara poco a poco
el incendio de los pastos
en la sabana
el bosque crepitante
la solitaria palma
herida por el rayo
se apaga
se apaga tu vida
padre mío
y se incendia el alma
en este verano
de ríos desbordados
101
Donde te encuentras
a Maritza Angélica, i.m.
no llega el olor de las pescaderías
el sol amable del domingo
haciendo contrasombra
sobre el templo
ya no oirás ópera
por la estación universitaria
ni irás a la panadería
a comprar el desayuno
de los niños
no abrirás la página del horóscopo
ni verás en mis ojos
este hermoso cielo azul
derramarse dentro
102
Altamira
a Mercedes Rivas Quintero, i.m.
desde mi atalaya frente al llano
miro los caminos de la niebla
un río duerme entre piedras
de perdidos cantos
el cerro azul aguarda
los brotes del cafeto
¿qué son tus huesos
madre
sino carne y alma mía?
en esta orilla vivirás
mientras yo viva
cada minuto tiene
la huella de tu amor
y la esperanza
103
Mar y vino
a Elena Vera
vino el celacanto y se fue
me embriagó su ausencia
no existe nada más profundo
que el olvido
un minuto de luz lo vale todo
no vale nada
vino la noche con ella
del mar y tierra y yo en el aire
vino del mar salobre
al encuentro con mis olas
104
Jardín celeste
los poemas que nadie lee
las canciones que nadie escucha
los mensajes perdidos en el mar
o en el silencio del espacio
van a Dios
ajenos a su paso por el mundo
toman la forma del rocío
hacen una señal
que el tiempo borra
en la arena de todos los desiertos
105
Voces
no seré traducido
a mis lenguas ancestrales
sus voces se perdieron
en el tiempo sin memoria
de la guerra
un idioma salvaje
suplantó sus cantos
y renací en su vientre
como un grano de polen
llevado por el viento
106
Escribo
a Natasha y a Miguel Alberto
escribo para ti que puedes leerme
más allá del signo y del sonido
para el llanto y la esperanza esparcidos en la noche
para ti ser humano creado a imagen de Dios
y fatalmente hijo de tus huesos
serrín astral que iluminará la tierra con su abrigo
escribo para ti que me miras y no existes
y sin embargo eres mi propia carne hermosa y dolorida
para el que fui y no seré para el recuerdo y el olvido
107
Chuang-Tzu
de joven
tuve un sueño
ahora
el sueño
me tiene a mí
108
El tío Ton
…sólo los buenos, los demás apestan.
Pitigrilli
el tío ton no baila tambor
es ventrudo
estirado y mal cohabita
recoge migajas del blanco
y veloz rueda al matadero
del refrito y la impostura
el tío ton se proclama poeta
envidia y halitosis lo delatan
grazna como cuervo
y dice que canta
109
Balance
desde el 46 aniversario
de mi nacimiento
y como quien observa la ciudad
desde un rascacielos
contemplo mi vida
dos hijos
tres libros
y un árbol sembrado
en la campaña nacional
de reforestación en 1957
hace 10 años quedé huérfano de madre
y mi padre ha muerto ahora
nacimientos y defunciones colman
nuestro tránsito en la tierra
mi balance es simple
no poseemos otro bien
ni otra dicha que el amor
eso es todo
110
Cigarra
otros días recorro el patio de mi casa
mi madre tiende ropas sobre un alambre
pañales blancos del último hijo
mi padre
que ha perdido su empleo
mata la angustia desyerbando
junto al jazmín y el limonero
escribo mis primeros versos
marzo arrecia la estación del canto
111
A los celos
¡Oh niebla del estado más sereno!
Luis de Góngora
¡cuánta energía hay en una mujer celosa!
su corazón es un volcán que arrastra poblaciones
enteras
de esa fuerza saben el bosque sometido a arena
el trozo de planeta girando en torno al objeto
de su amor y de su odio
el silencio de los pájaros cautivos
los niños envejecidos por la riña interminable
de sus padres
la derruida casa
el mar gelatinoso de la rabia
112
Del tamaño de la vida
argumenta el joven cronista
¿la vida que cabe en un insecto es
menor a la que cabe en nosotros?
seguramente es igual responde el sabio
mientras extermina a un zancudo impertinente
113
Por la orilla del mundo
a Natasha Isabel
irregular y peregrino
amigos sin fortuna
(el uno viajero
y el otro errabundo)
marchan sin prisa
por la orilla del mundo
de flema inglesa
y sangre española
caminan tres pasos
aguardan las horas
¡que el mar se derrame
que se extingan los modos
que la noche silente
se apiade de todo!
por la orilla del mundo
en versos cojos
cantan sin tono
irregular y peregrino
114
De norte a sur
de norte a sur de este a oeste gira el astro
distante estoy del centro y de sus bordes
paralelos y meridianos cruzan azules
la reverberación de plata
mi corazón es un ave perdida en el espacio
un planeta equidistante
una llamarada de la noche
una caída en el vacío sin nombre
115
Antípodas*
(1984-1994)
* Primer Premio iv Concurso Internacional Revista Poesía (Universi-
dad de Carabobo-Consejo Nacional de la Cultura), 1995.
Údana
¿qué es lo que como el mar no se derrama
y poco a poco llega a lo profundo
y arroja los desechos a la orilla
y mantiene su sabor en cada gota?
¿dónde moran seres del tamaño de la tierra?
¿quién une en un solo nombre todos los afluentes
y en un mismo nombre azul y firmamento?
119
Si el país
si el país se desploma
si la madre muere
¿escribiré
desde la noche
sin los días
de la inutilidad
de mi dolor
o la mariposa
que elevó la infancia
y otros fusilaron?
120
Cuando triste
cuando triste piensas en el fin
y de repente
un trinar de pájaro sin nombre
tu sed de cantos estremece
y el azul del cielo inunda
tu oscuridad terráquea
y oyes canturrear a una mujer
en la casa
al pie de la colina
y un rumor de niños
sube del parque hasta tu alma
hay ganas entonces de olvidar
que el mundo está en peligro
que eres ya
la sombra de la tarde
121
Misiva
luego del deshielo
y los escarchados pasos tiritantes
después del polen y la deshojación
entre el tiempo y el otro tiempo
de mi sol y mi lluvia
estas rápidas líneas de borrada
memoria
un poema inconcluso
sin otra pretensión
que ocupar el espacio
de un libro tuyo
hurtado sin querer,
Andrea Brown
122
XZ
a Reynaldo Pérez Só
leí a Buda
y a Lao-Tse
consulté el I Ching
abandoné todos mis deseos
y vacié mi mente de intelecto
me fui solo a la montaña
sin soberbia
regresé a los hombres
pero no encontré iluminación
ni mi opacidad alcanzó la noche
continué oyendo la gota de agua
horadando la piedra y el estruendo
de la hierba creciendo
en mi alma
me lleva el viento
123
Piedras pintadas
no busques más, no hay taxis.
Gabriel Zaid
regresando de los petroglifos
vimos en el cauce seco del río
un chasis de automóvil
entonces
entre bromas y profundidades
pensamos
si aquella era nuestra piedra
de perdido color
digamos el taxi(s)
que inútilmente
Gabriel buscaba en Teofanías
124
Ars
Dear Artemisa! Poetry’s a Snare.
Alexander Pope
suavemente se balancea en la hamaca
escucha el ruido del ventilador
los párpados cierra poco a poco
se imagina
gato cazador
los músculos y el oído
atentos
mientras apunta la presa
que a su vez lo atrapa
en el sopor del sueño
125
Li Po*
sobre la escalinata de jade
cae el blanco rocío
Li Tai Po
conocí a Li Po en Barinitas
a orillas de una fuente
la luna al fondo del estanque
iluminaba las hojas del jazmín
los muchachos bebían cerveza
mientras el poeta
humedecía sus labios
con el rocío de la noche
y susurraba a Esperanza
un somari del piedemonte
no sé cómo se ve la vida con tus ojos
sé únicamente cómo se ve la vida sin tus ojos
* Sin decirlo antes, este poema ha estado dedicado siempre a Rosa
Teresa Gómez, Esperanza Grüber, Eddy Rafael Pérez y a Gustavo
Pereira, creador del somari.
126
Taller al aire libre
a JMVP, quien celebró siempre este texto
a la hora en que los conserjes
lavan los portales de sus edificios
y a gritos discuten en portugués
como si nunca hubiesen salido
de su isla
a las 9 a.m.
de un día caluroso y claro
frente al banco de donde sacaré
mis ahorros
contemplo a un zapatero
en su improvisado taller al aire libre
en medio del tráfico de la gente
y el corneteo de los carros
pienso en la sobrevivencia de la tierra
en mi amor por ti
en un poema
127
Un poeta
un crítico dijo que no cuidaba mis versos
otro afirmó que eran perfectos pero nada decían
unos restregaron mi falta de estudios formales
para otros fui un sabio de extinguida emoción
mientras tanto uno y otro jamás escribieron una
línea
y yo vivo mi poesía sin pedirles nada
128
Arte final
que te gusten o no tus propios versos
poco importa al poema
que el azar escoge como bueno
la necesidad y deleite
que tuviste al escribirlos
contrafondo serán de un mundo
en el cual tú ya no existes
129
El púgil
para Miguel Alberto
el peleador se dispone al combate
disipa la tensión con el primer
golpe que atina
su oponente
un objetivo cuyos flancos desgasta
el registro minucioso del punto débil
sin odio
sin rabia
en el fragor de la lucha
apenas el triunfo le conmueve
se vence a sí mismo
esa es su guerra
130
Correlato objetivo
a Arthur Rimbaud en el centenario de su muerte
este día inacabable debo sin embargo beberlo todo
soy el poema ahíto de la vida
no cantaré níveas estaciones que nunca volverán
el río pestilente que cruza esta aldea
es materia primigenia de estos versos
la cobardía de mis contemporáneos
ante la avidez desaforada
de pequeños y grandes gobernantes
goza de lugar privilegiado en estas estrofas
este es el barco de Rimbaud perdido en la maraña
de las algas lanzado por el huracán contra el éter
II
enfilo mi arma contra el infinito
para provocar una tormenta ácida
sobre el cubo negro de grandes mercaderes
la estética impotente
la ética fementida
anunciando una creación ajena
una destrucción que no les pertenece
131
una ola gigantesca abate el mascarón de proa
las imantadas agujas desquician todo norte
la estrella marinera sucumbe a la entropía
del hueco negro
vacua banal insignificante
la miseria de sentido comienza y termina
en un mismo punto inacabado
Y yo, barco perdido en la cabellera de las algas,
lanzado por el huracán contra el éter sin pájaros
1991
132
Shift lock and power shift
el ruido de su corazón en un mismo sentido
sin tregua aguarda el fiel resurgimiento
de la palabra
y la marca duramente sobre el papel
con caracteres negros y precisos
todo es inútil
me digo a mí mismo
mientras intento
una línea en el blanco
espacio que densamente
me rodea
el ruido de su corazón en igual sentido
mayúscula emulación del metrónomo
la palabra agonizando sin su imagen
un agujero en medio del constelado
universo de la frente
agotadas las provisiones del verano
la lluvia incesante
sobre mi casa sin techo
desmoronándose las galerías
la vida en cascarón
133
La casa de los signos
a Luis Beltrán Díaz
Alabada sea toda/ semejanza/ si el hombre a la orilla/
de la nada/ se atreve/ y levanta la casa de los signos
Humberto Díaz Casanueva
en el sepia de la tarde/ frente al enceguecido sol de mi
silencio/ la pretensión de hablar/ con estos papeles
amarillos desde siempre
II
si arrancó sus ojos/ fue únicamente/ para contem-
plarse/ para buscar dentro de sí/ la luz que no se ex-
tingue/ la que no cesa/ en la larga noche/ de la casa
de los signos
III
¿se acaba el hombre?/ preguntaste/ y el enigma so-
brevive/ este salto que señalan/ los viejos signos/ el
oráculo/ las terribles cartas del Tarot/ las tres mone-
das/ a las que asignamos/ tres al cielo/ dos a la tierra
134
IV
el enigma de la luz/ te opongo/ el enigma de las som-
bras/ ¿en qué orilla cabalgamos?// ¿me das tu todo/
y te devuelvo nada?// la casa habita/ en su silencio
hoy es el día/ ¿cómo preguntarse por otra cosa?/ lo
terrible de este momento/ esconde la grandeza que
señala/ un pacto inédito entre luz y sombra
VI
sobreinfinito/ el hombre interroga/ o musita un deseo/
un trueno lejano/ en el llano sin nombre
135
Neronianas
sin especial remordimiento
el verdugo escribidor de versos
interroga al indiciado
confesaré
diré todo
exclama el preso
pero ay
no leas más
ese poema
por su parte el profesor
obliga a los alumnos
a estudiar su aburrido
texto crítico
su novela de ochocientas páginas
su plan de ascenso
a la embajada
136
La hiena
hiena de sí el hombre ríe
en su carroña
fuma la enfermedad con deleite
y en aceradas bóvedas atesora
hueso a hueso
pretende la inmortalidad
un poema
no tiene más dios que su esperanza
137
Salieris
llegará a ser conocido
por la fama de su víctima
murió en la cárcel de un tal mengano
que por cierto fusiló a otro poeta
dirán
robó sus imágenes
jamás le publicó
desprestigió su nombre
le borró
creyó borrarle
todo se supo
138
Piemonteses
a Antonio Trujillo
ebrios
una fiebre homicida
les cegaba
eran analfabetos y cavernarios
estrechaban la mano sin apretarla
tal era la fuerza hija del trabajo
los campesinos del piedemonte
sabían leer las cabañuelas
y hablaban con el río y con la niebla
bebían el café que habían sembrado
con guaje y ají muchos se criaron
amaban torpe y dulcemente
no tenían un puñal por corazón
ni una piedra de molino atada al alma
139
De cara rayada
¿qué se hizo el muchacho
de cara rayada
y alma fiera?
lo vieron
dicen
en lupanares
en garitos
y tribunales de justicia
lo vieron llorar
con su cara rayada
y sin el alma fiera
140
Augusto
augusto césar
cuando escribí el poema
más celebrado en tu reinado
recibí formal amonestación
del ministerio de cultura
fue el acto trascendente
de la buena señora
años lleva pegada al matamoscas
y de oficina en oficina
como una tarita cazadora
para su fortuna y quizás la nuestra
aún no las extingue
141
Mastiff
es un animal de presa
gordo y peludo
cuida el patio de su dueña
que cada día
más y más se extiende
creció entre fuego
y humareda
nada lo amedrenta
ni tiene contemplaciones
sin duda alguna
es un buen perro
en cargos magistrales
resulta no obstante
incompetente
142
A quien pueda interesar
hago constar que no la conocí en forma alguna
ni ahora ni en otra de sus vidas y reencarnaciones
ignoro si alguna vez comí un muslo suyo de gallina
si bebí leche en una ubre vacuna de su propiedad o
acaricié sin saber su pelambre de gata del tejado
quien suscribe en perfecto estado de salud
a duras penas
hace conocer su decisión de alimentarse por ahora
con flores del desierto solamente
143
Sueño
cada quien tiene su sueño
y lo acaricia
la gente asegura
estás equivocado
y se olvida
y no recuerda
que sólo los reptiles
nunca sueñan
144
Este pueblo
este pueblo es aburrido
como una aldea
y peligroso
como una gran ciudad
hombres obesos beben
en las barras de los bares
y las muchachas más bonitas
se equivocan de pareja
aquí únicamente existe
una calle larga
de norte a sur
botiquines tascas y burdeles
vendedores de terminales
niños durmiendo en las aceras
tres areperas y una casa de cultura
145
Playa sin arena
a Palmira Beatriz
lo que de ti queda son fragmentos
trozos de madera
que el mar arroja por la noche
una flor de plástico rosado desvaído
la cubierta de un libro
un disco rayado que jamás oímos
el musgo el moho las virutas el aserrín
los sueños gastados de la perdida juventud
del perdido amor de la olvidada poesía
lo que de ti queda es una canción
en la rockola de un bar de mala muerte
la resaca del alma que quiebra los diques
la mirada atrapada que interroga
con el ocular con el vítreo
con el corazón del badajo
al cuello de un reloj sin cuerda
146
A paso de pantera
una bella muchacha es todo lo que pido
de ojos almendrados y jugosa boca
la quiero con largas piernas
con senos y glúteos erectos
una muchacha del norte o del sur
del este o del oeste
para quien yo sea el Imán
la Rosa de los Vientos
de piel canela
de ojos y cabellos
oscuros
que camine erguida
a paso de pantera
147
Del ánima herida
y por la sola vista queda el ánima herida
Fray Luis de Granada
la rubia pecosa la pelirroja la amarilla de lacios
cabellos la negra pantera del deseo la callada
de húmedos ojos la dicharachera de risa fácil la dócil
ternura de la cervatillo la indomable que gime
mientras araña nuestra espalda la hetaira la geisha la
puta la intelectual la santa la compañerita
comecandela la poeta alunada la doncella de jengibre
y yerbabuena la jueza la rea miss italia miss españa
mis mestizas la gorda de nalgas aplanadas la flaca
cinturita culitoparado la de ojos color cerveza la que
se bebió el océano en la mirada la que venció la noche
en la playa empedrada de un puerto sin navío o nos
untó de niebla en una cima la de manos alargadas la
de dedos cortos y uñas infantiles la que se afina sobre
un micro y es una guitarra la que mira al cielo sin
aumento y descubre una galaxia la que de tanto
amarnos nos mandó para el carajo la que nos olvidó
sin apenas recordarnos la que perdimos su nombre
pero no su perfume la que nos enseñó un brindis
condottiero la que sin decir nada se entregó sin tregua
la impúber la acrópolis la diminuta la de teticas como
peras la valkiria la de los melones la que enturbia
su aliento en el fuego la que huele a monte y a tierra
148
recién llovida y era virgen y continuó mal educada la
que bebe como vikinga y no tiene descanso la novia
que perdimos en el viento las avecillas que nunca serán
gárgolas la única la única, tú, mi amor desesperado
149
El ojo que ve y se contempla
a Nydia, i.m.
el ojo que ve y se contempla
la nube la tierra en rotación
las antípodas que unen los tiempos
el universo en expansión
la palabra que ilumina y obscurece
el orden del caos
la ebullición de las formas
la certeza de la vida
la incertidumbre de la muerte
el cambio
el regreso a Dios
el canto de los pájaros
el silencio de los viajes siderales
el poema de la carne
el amor el dolor la tristeza
la soledad del hombre
su íngrima
infinita esperanza
150
Mi padre de ochenta
a Luis Alberto Angulo Urdaneta
mi padre de 80 es un viejo hermoso
de juventud plena de 37 de mis 43
de mis 15 a la vez de padre de su nieto
es poeta e inventor desde pequeño
su vocación de sabio le permite hablarnos
en silencio o a toda voz y cara a cara
monta a caballo a la manera de los jinetes
nacidos encima de sus bestias
trabaja de sol a sol con una alegría
que siempre he de envidiarle
se enamora con frescura fácilmente
pero amor y amistad tienen su tiempo
lleva más de medio siglo leyendo
a Don Quijote y a la Biblia
en los últimos veinte consulta diariamente
el I Ching el libro de los cambios
mi padre es sencillo discreto y solitario
tiene un cuenco de agua y una cama dura
tres mudas de ropa y por nada cambia
sus zapatos de 1913
151
Una niebla que no borra
(1980-1983)
Señal
a Ramón Elías Pérez
Un día de estos te morirás cantando de contento
saltarás sobre la tristeza para ser feliz
quien tiene el amor no puede sino amar
un pequeño laurel incinerando la memoria
una pequeña rama
en donde el pájaro turba al bosque
lo asegura
155
Una niebla que no borra
Hay niebla que nos borra
G. Ungaretti
Por esta vía la mucha luz se dispersa inútil
En la neblina y como sin hora de retorno
El denso vaho de la montaña palpita mudo
Existe una piedad una niebla que no borra
Este paso corto y veloz hundiendo
una linterna en el alma
II
Flo
ta
en
la
tristeza
y ella misma triste
Soñadora
de grandes ojos
húmedo profundo
la niebla arropa
más lejano
156
III
Totalidad líquida del tiempo
Río volátil con huella de mañana
y asombrada tarde alargándose nocturna
un paso en línea recta
para quien naufraga, niebla,
en tus orillas.
Los Teques, 1980
157
¿A dónde va?
A dónde va quien no tiene casa ni pueblo ni mujer
Quien nunca supo de sí hasta el día de su soledad
Y al fin pudo y no llegó a ningún lugar a ninguna
parte porque tuvo miedo de despedir a la tristeza
158
Estoraque
a Cory Feo Quintero, i.m.
Sencillo es morir, lo sé ahora
Aferrado a ello, otras preguntas
atormentan
¿despertaremos a otros sueños?
¿o esas galerías encerrarán
por siempre
nuestros ojos?
El tiempo rueda inútil
y rotundo alarga
tanta espera
Solos frente a la propia vida
no somos sino el hombre
Un afán de dioses se destruye
y en la pérdida de lo más amado
buscamos el encuentro…
II
Un estoraque de torcido tronco
enhiesto crece desde el alma
159
sus hojas blandas
blanquecinas y vellosas
frondan mortaja en maderamen
Al pájaro carnoso fruto
al viento oloroso incienso
y bálsamo a la herida que nos mata…
5/2/81
160
Po: La separación
Estas horas confunden, sigilosamente, en su caída
sin lluvia.
En su loca caída libre. Estos ríos hablan de un camino
que no conozco como tú, pero al cual imagino inagotable
y sin dirección alguna.
Un curso estelar de plenitud y vacío.
Tú, la emprendedora, dócil e irreflexiva hacia lo alto.
Invisible luminosidad que se esparce y no te
detiene, sin embargo.
Y sabemos que ella es desgarramiento. Lo que desin-
tegra y separa. Allí ya no existe vecindad pero no habrá
error para el que está entre los derribados.
Hablo de este lado de la noche que se detiene por mo-
mentos. De la mañana no hablo. De la tarde (¡siempre
la tarde!) que pareciera irse con todo
esto, poblador de lo inhóspito y el estrago.
1981
161
Ta Yu
a Roldán Montoya
¿Qué hacer con el guerrero
y su cimitarra entre punto
y punto cortando los espacios?
Coronada de tristeza
la flor se distiende
entre las aguas
¿Qué acontece en esa infinita espiral
donde la elección se abandona
a las circunvoluciones de la piedra?
La insaciable palabra
satura
el vacío
las mutaciones se cruzan
y lo que fue ya no será
sólo ello es inmutable.
162
Arácnido
Llega y lentamente sube
hasta mis sueños sin cuerda
Cada movimiento delata
un camino muy viejo
¿Cómo entretejió su vida la araña a la mía?
Quien vive sin oscuridad
despierto sueña entre la noche
un día tras otro
y más allá del tiempo
La noche líquida se derrama en mi alma
Un obscuro licor embriaga los abismos
y me pierde en su neblina
El ruido del tren
es como un río
durmiendo
entre la infancia
163
Otoño
Me asomo a la ventana desde donde veo
el paso tambaleante del otoño
Una hoja cae y la soledad
es una mentira que se pierde…
Como una hoja seca me lleno de luz y de sonido.
Oak Park, 1981
164
En algún lugar
a Nancy Tapia, i.m.
En algún lugar de esta terrible ciudad
debe haber alguien que como yo espera
a alguien como ella
En algún lugar alguien beberá
solitariamente un trago
Sentirá sobre sus hombros el peso
de sus normales y anormales coetáneos
Y los instantes que lo hacen vivo
impedirán el salto que se agita
en su cerebro
165
La canción de la guerra
Duro tiempo el del hombre
que sin vivir consigo
no vive para nadie
los pájaros cantan
al final de las batallas
y es mayor la herida
en nuestras manos abierta
Duro tiempo el del hombre
que sin vivir consigo
no vive para nadie
166
Torturado
a Jorge Rodríguez, i.m.
Amarrado a una silla, flotando,
el hombre sentía la víscera estallar
El dolor abre las compuertas, las arranca,
desciende un lago en el abismo
Reconcilia el alma entre la espuma
Quedamente llora
Amaina el mar embravecido y bandadas
de pájaros se elevan en saudades
167
Azules de Barinitas
para Alfredo Angulo Rivas
Hoy es domingo 24, el día amanece bajo esta
misma estrella. Sólo hay una hora de aquí hasta
allá, en el cómputo imposible del momento.
El tiempo fluye hacia abajo en el cauce y arriba
orillas de imágenes sin fecha: nos sacude
en su mañana y la tarde adormece otros días,
por estos campos vi volar a Enriqueta
como una colibrí entre las flores.
Los muchachos bajan hasta la plaza entre
ramilletes de rosas para el Capitán.
Tras del busto está la iglesia y más allá la gallera.
Por aquí advendrán océanos. Este es el río
más pequeño y hermoso de la tierra.
Oak Park, 25/7/82
168
Ma’ María
a doña María Urdaneta Paredes, i.m.
Mi abuela es blanda y dulce como el Platero de
Juan Ramón Jiménez. Mi abuela de tricófero de
Barry y jabón de Reuter. Mi abuela de pulseras
y peineta.
Mi abuela pasa las horas leyendo, entre página
y página acata siestecitas y recuerdos de la
infancia.
Mi abuela rosario, mecedora, horno, pan casero,
hijo lindo, mi muchacho. Mi abuela trujillana y
abolengo sin godarria.
169
Poeta sordo
para Mihaly y Joszef, sordomudos yugoslavos
con quienes compartí algunas clases de inglés
¿Ves los pájaros volar Mihaly?
Sus cantos están dentro de ti
Hubo quienes jamás oyeron
sus propias voces, únicamente
escucharon ruido y sonido.
¿Ves mi poema? Ondula en ti
la suave forma de su metro
Sea tu medida el mar y el hombre
170
Tse Wai Lin
Un nombre en una tarjeta es cuanto tengo de ti
Tse Wai Lin
Muchacha de rasgados ojos y dulce sonrisa
Muchacha lejana
Ausente casi desde siempre y nunca más ahora
Cuando te enserias y miras gravemente sin
entender mi forma de reír
Cuando dices si no quieres que te tema no digas
que me amas
Cuando tus manos se estremecen en las mías
como pajarillos
Y cuando el suave viento del otoño mueve las
últimas hojas
¡Ay! Tse Wai Lin, crece en mí otro árbol
luminoso
Y la sombra de tu duda estremece los frutos
maduros del encuentro
171
Soy del país más hermoso de la tierra
a Orlando Araujo
Pertenezco al mundo más claro de los mundos
Vengo de un lugar habitado por la vida
Y soy el más triste de todos mis paisanos
Sobre ese cielo azul clavaron los topos
sus miradas, sus dientes afilados
despoblaron los cementerios de corales
desviaron el río de su curso milenario
Pertenezco al mundo más claro de los mundos
Vengo de un lugar habitado por la vida
Y soy el más triste de todos mis paisanos
1983
172
Antología de la casa sola*
(1972-1979)
* Mención de Honor vi Concurso de Poesía Centro de Cultura
Facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, 1974.
La casa sola
Al límite de la arena inconmovible
en tránsito de fuego y lluvia,
el barro cocido nos construye
una inmensa casa despoblada.
•
Con costado abierto
cabalga
el tiempo de nacer
caballo brujo
retumba mi corazón
estos pálpitos sordos y callados.
•
La piedra tuesta desnudez
y su corazón gime
mi padre poda el limonero
si la luna quiere
el verano recoge tres sombras
la luz con tierra tiene un hijo
de tez oscura.
•
Yaciendo entre arrojados eneros
ave sorprendida en razón
175
misma del espacio
ayuna el eco
incendio de las lindes
acreedoras del potro atormentado
por la lluvia.
•
Yo, sueño del loco
precipicio de la duda
Señor eco
fui condenado a vivir
eso por cantar
la sencillez
del guijarro
por amar
el pájaro silvestre.
•
Poco a poco voy
despacio
me alcanza la lluvia
mis pies suaves y cansados
no afirman el paso del jaguar.
•
Se corrige un poema
cualquier cosa
Es necesario guardar
mágicos secretos
«olvidar para siempre»
…sepultar.
176
•
Cómo no pensar
que el loco de esa calle
no está más lejos
que el loco de la casa
cómo no
si este llanto
saltó por la ventana.
•
Epitafio de sueños:
El sólido
mundo
en que morimos
el irreal
mundo
que nos hace morir.
•
Un pequeño día
encontraremos forma
El peso exacto
tal vez sea ya
insignificantemente
nuestro…
177
La caja negra
a José Bianchi
Hace tiempo lancé al aire
cierta palabra
la dije con toda mi fuerza
y rebotando
rebotando se perdió
no fue atrás
entonces regresé a buscarla
ni adelante
porque ahora estoy aquí
o tal vez nunca dijo nada
aquella caja negra…
•
Aquí hay un poeta que se asoma
desde donde el mar enturbia
y enceguece
un sueño de soles enredados
al paso del agua
entre las rocas
•
Nunca he salido de aquí
todo ha venido
por corrientes subterráneas
he bebido sus viajes
178
y ese llegar
embriaga siempre
•
Es noche
y algo retoza aquí
acepto sin temor
el movimiento de hoja
………………….
y existe otra razón
que nunca digo
para que no sea verdad
otra cosa…
•
Con ojo abierto
de tanto nacer
contemplo sueño
y este pequeño átomo
salta y salta
sin motivo aparente
sin único y por solo gusto de saltar.
•
Me quedaré
Amigo
todo lo que pueda
abriré las puertas y ventanas
179
el techo
las paredes
y la base
Ordenaré las sillas
sobre el césped o la arena…
•
Continuaré escribiendo
en los rincones
para alejar la mala suerte
me negaré a vivir sobre espejos rotos
soy un viejo molino
que no descansa nunca…
•
De la muerte se regresa a cada rato,
uno es un continuo vivir
y morir aunque no quiere…
llega a esconder los huesos
en el único lugar no sospechable
bajo la piel turbia calca el peso
y por mucho espacio resiste
la estocada simple de los días.
180
Diamante
Comienzo mi vida en la mañana
y en el sueño sin reposo.
Inicio el día ya cansado
yo, no él,
antifaz de desvelo.
Y como duro esplendor
el alma se comprime en
sus oscuros
carbones que ya incendia.
181
Oasis
a Adhely Rivero
Alimentado de cactus
y de flores
y de arena del desierto
Nutrido de milenios
y de esfinges
y de voces
del desierto.
Desierto del desierto
Heme oasis de mí…
182
Distancia
a Plinio Angulo Urdaneta, i.m.
Uno pasa y no sabe
sobre la vida y el tiempo
Escucha el ala
y la brisa
y la memoria
Uno es del
torvo acantilado
la espuma de la ola
Es distancia
desde abajo
y para el cielo infinito
Sólida materia
terrestre y dura.
1978
183
Diálogo escondido
Es hora de hablar, de quedarnos con la palabra a solas
y recorrerla en su inmóvil voladura transparente. Se
mueve alrededor nuestro. Está en frente, a los costa-
dos, sentada en nuestros hombros hasta que al fin la
cabalgamos. Más atrás la voz queda vibrando, ondu-
lante y grave desde el alma. Está aquí ahora, rodean-
do el borde de mi vaso, la mesa y las sillas; los innom-
brables corredores. Carece de alas y de puertas. Un
elemento desconocido la dirige hacia acá, le imprime
peso y tamaño; tiene color, sabe a él, pero no resiste mi
memoria y se va.
Este viento se lo ha tragado todo, ahora soy un eco entre
fachadas engulléndome silencios.
Buscando lo sonoro/ descubrí/ que no era musical/
como creía.
184
4
Esta hora me arrastra hacia mi propio tiempo, hacia el
simple vacío de una época sin prisa y llena no obstante
de caos. Yo que nunca supe esperar me entrego a estos
días sin fortuna; automovilista, vendedor, ciudadano.
Cubro la huida con una sombra cada vez más lejana y
apenas presentida.
Lloviendo en otras latitudes el alma se desangra. Qui-
se ser sonoro y no pude con tanto ruido silencioso y
tanto frío en la montaña y las rocas. No pude con el
alma atormentada que nunca sabe hasta dónde llega
espacio y tiempo de mi canto.
Pero pude esperar y aún espero
el fragante ensueño de la noche
que no duerme
y me reposa entre silos
y aguardo/ tras la huella persistente
de los días que ambulan en las sombras
185
Canto solar
Al otro lado de la calle en la otra acera hay una puerta
gris donde comienza un mundo.
II
A veces voy y empujo el corazón hasta el zaguán y me
vuelvo corriendo luego de tocar el timbre.
III
Ya no me equivoco por la prisa entro al corredor de
flores miel de colibrí sin detener el vuelo.
IV
Estoy en condiciones de decirte que hemos ganado la
pelea Este olor a tierra remojada es el mejor de los per-
fumes la mayor prueba que te traigo.
186
V
Estuve conversando con la vida y le dije hermana na-
da más salimos a pasear la luna.
VI
Ya no temo entregar el corazón marchito ya azuló la
llama del amor ya tengo del costado rojo versos que
saltan a la tierra.
VII
Gracias por esta voz que en ti me llega Ven brisa sublime
a comer mi canto.
VIII
Que el hombre cante su alimento —que se nutra de
ala— pájaro mágico cuando florece el día.
IX
Ahí está el pájaro cantando libre en el follaje del al-
mendro ahí está insospechable permanente.
187
X
La voz del pueblo sacudió las hojas y del ramaje pája-
ros y frutos volaron al encuentro.
188
Viento barinés*
Luis Alberto Angulo Rivas
Luis Alberto Angulo Urdaneta
(1978)
* Universidad de Carabobo, Ediciones del Rectorado, Valencia.
Contrapunto barinés
Rudo canto e historia larga y extendida, como la saba-
na que canta, las coplas de Viento barinés. Cuando en
1978, Ediciones del Rectorado del otrora Departamento
de Publicaciones de la Universidad de Carabobo lo
publicó en Valencia, hacía ya diez años que sus ori-
ginales estaban concluidos y notariados, folio por fo-
lio, en el Tribunal de Distrito de Barinitas. Su autor,
Luis Alberto Angulo Urdaneta, registró con el nombre
de Contrapunto barinés esta obra en la que ratifica su
enorme devoción por el llano venezolano y el amoroso
designio de estimular la incipiente vocación escritora
de uno de sus hijos, pues aquel protocolo lo hizo a mi
nombre. Recuerdo que fueron intensos días de faena
creativa sobre su pequeña máquina de escribir. Él fue
en aquel recorrido de patrón y yo de acompañante, al
igual que como cuando tantas veces viajé de niño co-
piloto, en su vieja camioneta Willys hasta las sabanas
de San Lorenzo, cerca del pueblo de El Real en el esta-
do Barinas, espacio físico y espiritual del acontecer de
muchos hechos resaltantes en este libro. Papá, que ha-
bía nacido barinés y con vocación llanera en Barinitas,
a inicios de 1914, supo siempre, sin embargo, que la
cultura de la sabana era otra cosa. Sin ser antropólogo
ni etnógrafo, fue a su manera un estudioso del llano y
191
sus costumbres; pero además, como suele suceder en
estos casos, fue un investigador atrapado por su inda-
gación. El llano se le metió en los huesos y la figura del
llanero mutó arquetípicamente en su mundo interior
mucho más allá del imaginario de un hombre del pie-
demonte que nació contemplando la sabana y teniendo
a su espalda, como una enorme ancla, la montaña an-
dina. Era el tercero de los nueve hijos de Jesús María
Angulo Castellanos —barinitense como él y sus abue-
los paternos— y de doña María Urdaneta Paredes, tru-
jillana de Valera. Apuntaba él como referencia literaria
que conoció de niño a los hermanos poetas Arvelo La-
rriva, Alfredo y Enriqueta, y que como joven adulto
fraternizó hondamente con Alberto Arvelo Torrealba,
autor de Florentino y el Diablo, el mejor texto llanero de
Venezuela y uno de los grandes poemas de la lengua.
En 1968, papá se había quedado sin trabajo en
Obras Públicas de Estado por la decisión de un go-
bernador, que hasta consanguíneamente estaba rela-
cionado con él, pero no así ideológicamente. Yo escri-
bía un poemario del que se había publicado un texto
fragmentado en el primer número de la revista ICAM.
Pensaba enviarlo a un concurso literario en Barinas
que ofrecía una buena recompensa en metálico y la
publicación del libro. Mi padre, que había sido pre-
sionado políticamente el año anterior por mi condi-
ción de presidente del Centro de Estudiantes del liceo
O´Leary de Barinas, conociendo la línea de aquellos
poemas me hizo cambiar de planes al convencerme de
que mis textos no lograrían romper la censura. Así ini-
ciamos la frenética carrera de presentar un original para
192
aquel certamen. El concurso, por cierto, lo ganó un libro
de un muchacho quien convertido en conocido crítico
y narrador, intentó hacerle desaparecer de su propia
bibliografía.
Contrapunto barinés conservó su nombre más o
menos hasta 1974, cuando el poeta Gabriel de Santis, di-
rector de la Dirección de Cultura de la UC lo envió para
que fuera evaluado y durante algunos años continuó
durmiendo el sueño de los justos. Una fecha histórica
onomástica de mi pueblo y la circunstancia de que en
el consejo editorial de las publicaciones universitarias
estuviera el profesor Adolfo Blonval López, paisano y
amigo nuestro, permitieron revivir el proyecto de pu-
blicación del libro que ya tenía el aval de una carta del
maestro Luis Felipe Ramón y Rivera, presidente del
Instituto Nacional de Folklore. Se le cambió el nombre
por el de Viento barinés, pues fue una solicitud de Or-
lando Araujo, quien argumentó que en fecha cecana a
cuando leyó el original, se le había otorgado el Premio
Nacional de Literatura por su obra dedicada a Alberto
Arvelo Torrealba, Contrapunteo de la vida y la muerte.
Salió Viento barinés en 1978 sin pie de imprenta,
colofón ni número de ISBN, pero además, la edición
no estuvo al cuidado especializado de nadie. Sólo pe-
dimos al impresor que no corrigieran el original pues
había allí muchos giros, expresiones y palabras po-
pulares que debían ir de esa manera. Sin embargo, la
buena intención por mantener esa única exigencia lle-
vó posiblemente a la persona encargada de la trans-
cripción a extremar la misma en desmedro del texto,
pues al intentar hacerla más popular cambió la grafía
193
de varias palabras y el número de silabas de los ver-
sos. Ese texto, a la distancia de 33 años de publicada,
ha permitido, no obstante, el surgimiento de otro que
es la versión que ahora se presenta.
El momento de la escritura de Viento barinés co-
rresponde a un llano que para aquel momento ya es-
taba culturalmente en vías de extinción. La voz que
encarna el canto de Gavilán o del Arpista, sin embar-
go, pertenece a una expresión original en permanente
trasformación que es la poética desnuda del decir. Una
voz que, en este caso, se vincula a la copla llanera, pero
que está presente de forma indeleble en la poesía de
todos los tiempos. Viento barinés es la voz de un llano
históricamente determinado, pero cuyo lazo expresivo
viene de más allá y va más allá de su tiempo. Lo desta-
cable ahora, a mi particular modo de ver, no es entonces
su rudeza expresiva ni los elementos que puede ofre-
cernos como un documento sobre el que podemos rea-
lizar cierta arqueología.
Los valores arcaicos que ideológicamente pare-
cieran sustentar gran parte de su discurso, sólo son un
pretexto sobre el cual descansa la verdadera fuerza de
su ars poética. Su verdadera formulación respira enton-
ces la coyuntura ineludible de su expresión directa,
espontánea y eficaz en el uso de sus recursos.
Creo respetar cabalmente el deseo de mi padre
incorporando en la selección de mi trabajo a Viento ba-
rinés. En todo caso, el mío, al incorporar mis voces a
una de las suyas. Es un acto de responsabilidad con
este texto que determinó tantas cosas en mi vida y
que hasta ahora no ha sido reeditado. He propuesto,
194
de igual forma, que en el marco celebrativo del cente-
nario del nacimiento de mi padre en 2014, se imprima
este libro junto con otro de tipo narrativo, El llano y sus
llaneros, que desde un enfoque temático son similares.
Empero, la propuesta de la Antología del decir y las for-
mulaciones poéticas implícitas, maduradas de manera
irrefutable a partir de allí, legitiman la conveniencia de
su inclusión.
Bárbula, 14/03/12
195
Viento barinés*
Apresurando un poco el pasitrote de mi caballo di rápido
alcance a una caravana de peregrinos que viajaban al
pueblo de El Real, en el estado Barinas, con motivo de
la celebración de las fiestas patronales. De esta manera,
en grata compañía, continué la marcha por el desolado
pedazo de tierra llanera, entrecruzado por infinidad de
caminos, tan semejantes los unos a los otros que hacen
perder el rumbo hasta a los propios llaneros. Tortura-
dos por la monotonía del viaje, la sed que resecaba la
garganta y que aumentaba de minuto en minuto por el
recio sol del verano, el canto ensordecedor de las ciga-
rras y el grito melancólico del taro-taro, silenciosos y
cabizbajos nos vio llegar y brindó cordial acogida la la-
guna El Pajarote, a escasos kilómetros de la población
de El Real. Echados sobre la fresca yerba, calmada la
sed, consumidas las provisiones de manera idílica y bu-
cólica a la sombra de corpulentos árboles, recobrados el
ánimo y la fuerza, pareció recobrarse también, y como
por encanto, el don de la palabra.
Quien habló primero fue una robusta dama a quien
los años llevaban ya por los caminos de la beatitud.
* Luis Alberto Angulo Rivas y Luis Alberto Angulo Urdaneta.
Viento barinés, Ediciones del Rectorado de la Universidad de
Carabobo, Valencia, 1978. 56 pp. Diseño de portada Jorge Zerep.
196
Con lujo de detalles nos contó la vida y milagros de la
Virgen del Real. Su aparición en una moneda de a real,
cuya imagen, a decir de la gente devota, ha venido
creciendo en el transcurso de los años. Cuando calló la
dama, habló entonces un imberbe mocetón llanero de
broncínea piel y fuertes pectorales. Para éste —según
sus propias palabras— lo interesante de las fiestas
patronales de este año no estaba en los números reli-
giosos del programa sino en los paganos. Los ruidosos
bailes de joropo a golpe de arpa, cuatro y maracas, con
la sala llena de muchachas venidas de los hatos veci-
nos; los toros coleados, difíciles de agarrarles la mecha,
traídos por encargo especial de la mañosa ganadería
del hato Las Mercedes; las peleas de gallos finos con
intervención de las famosísimas cuerdas de Materán,
Ruperto Hurtado, don Luis Calderón y otros; el juego
libre de dados, conseguido gracias a la valiosa inter-
vención del Jefe Civil, quien tenía el remate; y como nú-
mero especial, extraordinario, el contrapunteo que para
ver cuál era mejor, tenían concertado los dos mejores
copleros de ese entonces: El Arpista, llanero marrajo
venido de las tierras de Guárico, y El Gavilán, nacido
y criado en las sabanas de Barinas. «Lo que soy yo»,
continuó diciendo el mozo, «no apuesto mis reales
a ninguno. Porque si es verdad que El Arpista es un
hueso duro de roer, El Gavilán, ese catire barinés, parece
que nació aprendido».
Con la tolda, como dicen en el llano, proseguimos
el interrumpido viaje y casi al anochecer, levantando
espesa nube de polvo al paso de la caballería, recorrimos
de punta a punta la más importante calle del poblado,
197
hasta llegar a la pensión del Tuerto Juan, donde nos
hospedamos.
Cuando aquella noche, a fuerza de codazos y em-
pujones, logré entrar a la sala del baile, daba comien-
zo El Arpista con el clásico ay, ay, ayayay, llanero, a sus
primeras coplas. Éstas y las contestadas por El Gavilán,
son las que aparecen publicadas en este libro con el
título de Contrapunto barinés.
Barinitas, 4 de abril de 1968
198
A Juan de los Santos Contreras «Carrao de Palmarito».
A Ángel Custodio Loyola, Dámaso Figueredo
y Luis Hernández, el de Arismendi.
A Luis Felipe Ramón y Rivera,
Orlando Araujo y Alberto Arvelo Torrealba.
A la viva memoria de todos ellos.
Coplero que canta y toca
su justa ventaja tiene:
toca cuando le da gana,
canta cuando le conviene.
Alberto Arvelo Torrealba
Florentino y el Diablo
Arpista: Ay, ay, ay, laralai, laralai…
A mí mismo me da miedo, / cuando comienzo a cantar
/ cuando las cuerdas del arpa / me dicen que hay que
empezar. // Porque soy como el caballo, / cuando lo
van a amansar / al quitarle la manea, al darle puerta al
corral. // Que corre barajustado / que se pone a corco-
vear, / no lo ataja la falseta, / ni le obedece al bozal. //
Si no me engaña la vista, / me parece que vi entrar, / a
la sala de este baile, / al que mientan Gavilán. // Tiene
fama de faculto, / pa´ el contrapunto cantar, / faculto
pa´ un toro bravo, / faculto para enlazar. // Yo quisiera
que me muestre, / si es tanta su facultad, / contestando
el contrapunto, / en este mismo lugar. // Para mí la
soga es dura, / si la miro temploniar, / en la cola de un
caballo, / o en la horqueta de un corral.
Gavilán: O en la horqueta de un corral…
Si la jala un potro flaco, / o vaca vieja y cansá, / por mala
que sea la soga, / el jalón puede aguantar. // Arpista de
los esteros / del pueblo de Camaguán, / no se le baje al
novillo, / si es que no sabe torear. // No se le tire al Apure,
/ si es que no sabe nadar, / no alborote las avispas, / por-
que lo pueden picar. // Si el potro se barajusta, / y no le
203
obedece al bozal, / como el mundo no está roto / algún
día debe parar. // Enróllese el pantalón, / que se pue-
de embarrialá, / por invitar sin saber, / el contrapunto a
cantar. // Arpista de los esteros / del pueblo de Cama-
guán, / dele talón a su rucio / que la fiesta va a empezar.
Arpista: Que la fiesta va a empezar…
Si el toro se me planea / porque lo voy a alcanzar, / mi
caballo que es vaquero / también se sabe planear. //
No barajuste planeando, / compañero Gavilán, / que
tengo mi buen caballo, / acostumbrado a planear. //
Al novillo me le bajo, / con la manta y nada más, / a las
avispas las rezo / y no me pueden picar. // Tengo sue-
ño de conejo, / costumbre de alcaraván, / que duerme
a la medianoche, / despierta a la madrugá. // Cuando
el gallo al becerrero, / le dice que hay que empezar, / a
darle puerta al becerro, / porque lo van a ordeñar. //
La vaca de rejo suelto, / se ordeña sin amarrar.
Gavilán: Se ordeña sin amarrar…
Dele rienda a su caballo / porque lo voy a dejar, / de
aquí para donde vamos / hay mucho que caminar. //
Si se queda rezagado / su susto puede llevar, / si es que
la bola de fuego / lo pretende atropellar. // Una vez
por este tiempo / la vi en el hato pasar, / las gallinas
se espantaron, / el perro se puso a aullar. // La cruz
de palma bendita, / fue necesario quemar, / pa´que se
fuera la bola, / rumbeando pa´otro lugar. // Asegúrele
las trancas, / al ganado en el corral, / mire que a la
204
medianoche, / se puede barajustar. // Agua que viene
en tapara, / es peligroso tomar.
Arpista: Es peligroso tomar...
Candela en banco’e sabana, / es difícil de apagar, / gana-
do barajustado / nadie ha podido parar. // No importa
que esté comido, / si es que lo invito a almorzar, / en lo
que diga arrime, / sin miedo debe arrimar. // De sarna,
copla y comida, / el trabajo es empezar, / la copla pa´ el
contrapunto, / la sarna para el rascar. // La cuerda pa´
la guitarra, / el adiós pa´ el saludar, / la gallina para el
pollo, / pollo pa´ usté, Gavilán. // Perdone si lo ofendí,
/ que se me quiso olvidar, / que con este sobrenombre /
siempre lo escucho mentar.
Gavilán: Siempre lo escucho mentar...
El que perdona está arriba, / mirando siempre pa´ acá, /
al cantador en apuros / si no sabe contestar. // A mí no
me da vergüenza, / que me mienten Gavilán, / una cosa
piensa el burro, / y otra quien lo va a ensillar. // Si lo
respeto cantando, / es por viejo y nada más, / pero ahora
verán señores, / a este abuelito jipiar. // Como cotudo
en la cuesta, / como mujer enviudá, / como muchacho
de pecho, / si la teta no le dan. // Abuelo si me permite
/ un consejo le voy a dar, / póngase la chamarreta / que
el invierno va a empezar.
205
Arpista: Que el invierno va a empezar…
Si lo que viene es chubasco, / como este que veo llegar,
/ con cobija o sin cobija, / a mí lo mismo me da. // No se
preocupe por mí, / no se venga a preocupar, / no soy pe-
dazo de azúcar, / ni capotera de sal. // Yo a nadie pido
respeto, / que sé hacerme respetar, / de cualquier cantor
coplero, / del contrapunto al final. // A nadie extrañe
señores, / a nadie debe extrañar, / que a este gavilán pri-
mito, / me lo tenga que almorzar. // Con la ayuda de
mi canto, / y de la Virgen del Real, / la patrona de este
pueblo, / en un rialito encontrá.
Gavilán: En un rialito encontrá…
La Virgen no tiene culpa, /si me desafió a cantar, / pa´
que le pida el milagro, / de que lo venga a ayudar. //
Ah caramba, compañero, / la pena que a mí me da, /
ver arrebiatando soga, / a quien no sabe enlazá. // Ver
maraca sin capacho, / ver viuda recién bañá, / ver un
burrito capón, / pretendiendo enamorá. // Ver cantan-
do a guacharaca, / al lado del turupial, / ver un viejito
en apuros, / del pueblo de Camaguán. // Si no sabe el
contrapunto, / yo se lo puedo enseñar, / aunque cotorra
ya vieja, / dicen que no aprende a hablar.
Arpista: Dicen que no aprende a hablar…
Señores tengan cuidado, / se calentó el Gavilán, / si
es faculto para el verso, / mejor es para insultar. // Si
quiere le echo a mi suegra, / que es vieja cuatriboliá /
diciendo malas palabras, / nadie le ha podido ganar.
206
// Se la echo a canilla limpia, / se la echo enzapato-
ná, / no importa si tiene grasa, / ella también viene
untá. // Le doy cuentas de al partir, / le doy pesetas
a real, / si lleva peso y tamaño, / ella lo sabrá igualar.
// Que su boca es la medida, / es el punto y la verdá,
/ si me casa la pelea, / la mando ahorita a buscar.
Gavilán: La mando ahorita a buscar…
Si cambia hermana por suegra, / la pelea está casá, /
aunque siendo hermana suya, / debe estar más arrugá
// Que carapacho en sabana, / que camisa almidoná, /
que papel en el bolsillo, / que grupera remendá. / Pero
como soy cristiano, / de muy buena calidá, / cumplidor
de mis deberes, / puedo hacer la caridá. // Aunque la
verdad señores, / es el punto y la verdá, / que muleto
y yegua vieja, / nunca me ha gustado traquiar. / Si es
mañosa pa´ la silla / y no se deja ensillá, / la voy montar
en pelo / y en pelo la he de amansar. // Que a mí no me
importa nada, / nada me puede importar, / después que
le eche la pierna, / que se ponga a corcoviar.
Arpista: Que se ponga a corcoviar…
Si le gusta andar en pelo, así se lo ha de llevar, / a la pai-
la del infierno, / al que llaman Gavilán. // Pero deje-
mos el cuento / y sigamos el cantar, / que es el toro por
la punta / que se debe respetar. // El tigre por el zarpa-
zo, / el caimán por la pancá / el caribe por el diente, /
el breque por la corná. // Por el rejo el mandador, / por
la contesta el que canta, / por la oreja el cimarrón, / y el
hombre por la palabra.
207
Gavilán: Y el hombre por la palabra…
Hato pa’ haber cimarrones, / el hato de Santa Marta,
/ entre calseta y calseta, / está el ganado que espan-
ta. // Hay toros que se les mide, / metro y medio de
carama, / tan viejos y palotiados, / que andan cruzan-
do las patas. // En esa cimarronera, / ningún pendejo
trabaja, / allí no se pagan peones / la res es de quien la
enlaza. // De aquí pa´ la madrugada, / muchos verán
lo que pasa, / durmiéndose un cantador, / sobre las
cuerdas del arpa. // Voy a probar esta noche, / lo que
me dijo mi abuelo, / pa´ mulo y caballo viejo, / mejor
es chaparro nuevo.
Arpista: Mejor es chaparro nuevo...
Aunque paso de sesenta, / viejo no me considero, / pue-
do jinetear un potro, / darle a un toro contra el suelo.
// Al tigre mato lanceado, / al mosquito con el dedo, /
a este gavilán primito, / lo mato con el sombrero. //
Si se me rechaza el maute, / que traigo pal paradero, /
pasando por la nariz, / a punta’e cola lo llevo. // Del ron
recién destilado, / prefiero el llamado añejo, / por eso a
mí no me ofende, / quien me señale por viejo. // Que
nada le sirve al hombre, / andar diciendo que es nuevo,
/ si no tiene el desgraciado, / para morirse ni un cuero.
Gavilán: Para morirse ni un cuero...
Soy pobre esa es la verdad, / con ser pobre a nadie
ofendo, / en cambio yo conocí, / uno con mucho dinero
// Por los pelos y señales, / parece que fue su abuelo,
208
/ no lo atajaba alambrada, / de siete ni de ocho pelos
// Enemigo del trabajo, / muy amigo de lo ajeno, /
donde puñaleaba el bicho, / hay mismo enterraba el
cuero. // Para cachapiar un hierro, / no hubo nin-
guno tan bueno, / fue tan buen amansador, / que lo vi
amansando un cepo // En dos tablones tendidos, / en
la plaza de este pueblo, / con los ojos pa´ las nubes / y
las costillas pa´ el suelo.
Arpista: Y las costillas pa’ el suelo…
Nadie me venga a decir, / que es hombre de pelo en pe-
cho, / el cantador que al cantar, / se pone a insultar a un
muerto. // Si en vez de estar sepultado, / tuviera vivo
el abuelo, / los dientes del Gavilán, / anduvieran por el
suelo. // El que quiere que le enseñe, / oficio de bece-
rrero, / sin que me pague un centavo, / le puedo servir
de maestro. // Pa´ la primera lección, / esta copla va de
ejemplo, / de día no te puedo ver / y por la noche te veo.
// Por el hilo del cantar, / y por la letra del verso, / se-
guro que está pidiendo, / a la hija de la Lucero. // Por si
no comprendió / y le suelta otro becerro, / doblado por
las costillas, / lo puede marcar el rejo.
Gavilán: Lo puede marcar el rejo...
Ni en Caracas ni en Barinas, / se encuentra mejor re-
medio, / pa´ agilizar la memoria / y amolar el pen-
samiento. // Con la misma medicina, / que se le da
al becerrero, / se aprende a torear un toro / y a mon-
tar potro cerrero. // Puede prestar su cobija, / puede
209
prestar su sombrero, / la mujer y su caballo, / nunca
los presta el llanero. // No se le puede atajar, / cuan-
do se esboca corriendo, / el caballo resabiao, / con el
diente muerde el freno.
Arpista: Con el diente muerde el freno...
Todo malo recién muerto, / dicen que tuvo algo bueno,
/ caballo con matadura, / siempre le pega el sereno. //
Dormir con hembra bonita, / es acostarse sin sueño, /
siempre se está espabilando, / como cimarrón llanero.
// Pa´ darle al cuerpo descanso, / a las viejas yo prefie-
ro, / que asina toda la noche, / la paso en un solo sueño.
Gavilán: La paso en un solo sueño...
A mí me gusta bailar, / con mujer que tenga sueño, / que
mula bien arrendada, / se para y sale ligero. // Peligro-
sa en la planeada / livianita por el freno, / si ve la opor-
tunidad, / se arrima y se abre primero. // Las que pasan
de cuarenta, / me hago el loco y no las veo, / aunque
es la pura verdad, / lo viejo guarda lo nuevo. // Me
lo dijo Juan Primito, / me lo aseguró Sotero, / no hay
negrita sin su gracia, / ni blanquita sin su pero. // Yo no
sé lo que me pasa, / yo no lo sé, compañero, / cuando
comienzo a cantar, / quiero parar y no puedo.
Arpista: Quiero parar y no puedo...
Yo se lo puedo decir, / porque conozco el uñero, / que
muchos sueñan dormidos, / pero más sueñan despiertos.
210
// El pobre con estar rico, / el preso con estar suelto, /
el sacristán con el vino, / el cura con el entierro. // El
borrachito con el ron, / el marino con el puerto, / el viejo
con ser muchacho, / el doctor con el enfermo. // El ca-
zador con la lapa, / el vivo con el pendejo, / el triste con
ser alegre, / el empleado con el queso. // El barrigón
con la faja, / el llanero con el hierro, / la blanca con ser
morena, / el limpio con el entierro.
Gavilán: El limpio con el entierro...
Con qué gana el contrapunto, / un viejo paraguanero,
/ que vino a buscar correas / y puede perder el cuero.
// Busca la canoa palanca, / busca la lluvia el invierno,
/ busca el piojo la cabeza, / busca la risa el contento. //
Busca el cazador la huella, / busca la muleta el renco, /
busca la brisa la vela, / busca la balsa el balsero. / Busca
la vieja el chimó, / busca el que quiere el encuentro, /
busca el sueño el trasnochado, / busca la garza el gar-
cero. / Busca el toro la madrina, / busca el buey su co-
medero, / busca el tigre el bajumbal, / busca el joropo
el llanero.
Arpista: Busca el joropo el llanero...
¿Dónde está Carmela Leal / que la miro y no la veo?,
/ que quiero bailar con ella, / para calmar mi deseo.
// Si no consigo a Carmela, / me empato con la Con-
suelo, / que sabe menear las nalgas, / como molino de
viento. // Cuando hay poquitas parejas, / el asunto es
la ocasión, / el pendejo amarra el bongo, / aunque vaya
211
de patrón. // Aunque tenga medio Apure, / y diez le-
guas de razón, / chancletudo nunca gana, / pleito en
la gobernación.
Gavilán: Pleito en la gobernación...
A según como la jalen, / la soga aguanta el jalón, / en la
orilla caza el bagre, / en el centro el valentón. // Ya se
equivocó el Arpista, / por buena o mala intención, /
que hombre pobre y leña verde, / prenden cuando hay
ocasión. // Porque le falta la plata, / porque le sobra a
montón, / al pobre le dicen Juan, / al rico le dicen don.
Arpista: Al rico le dicen don...
A mí no me asustan bultos, / ni gritos de fanfarrón, /
me asusta un toro plantado, / lleno de mala intención.
// Hombre meneando la nalga, / viejita con pantalón,
/ el grito de La Llorona, / el silbido del Silbón. // Una
creciente de rollo, / una parranda sin ron, / un rayo
en plena sabana, / en el monte un ventarrón. // Me
asusta una tempestá, / un pecado sin perdón, / un in-
vierno sin mujer, / un arpa sin el bordón.
Gavilán: Un arpa sin el bordón...
Para el grito en despoblado, / el leco es contestación, /
«no me diga más compadre / que el muchacho se mu-
rió». // Para comer carne asada, / de la mejor condición,
/ cuando saque la cecina, / que le piquen el cordón. //
Lagartijo no es iguana / tuteca no es camaleón, / traga-
212
venado macagua, / ni tortuga es morrocoy. // Pongan
cuidado señores, / pa´ que vean un cantador, / con la
lengua atarugada, / buscando contestación. // Sin en-
contrar la salida, / le da vuelta al botalón, / como corcho
en remolino, / como grillo en quemazón.
Arpista: Como grillo en quemazón...
No se preocupen, señores, / porque aquí cantando
estoy, / que a mí me enseñó a cantar, / Santiaguito el
cantador. // Que le gustaba montar, / en potro corco-
veador, / que lo espantaba la sombra, / y aletazo de
garzón. // Ése sí era de los buenos, / para enlazar ci-
marrón, / cuando salía la luna, / cuando se ocultaba el
sol. // Amigo de los amigos, / en casa’e palma o salón,
/ entre los buenos, puntero, / entre los guapos, hom-
brón. // Catire cuatriboleado, / de los Musso el mejor,
/ pa’ ver colear en el cielo, / lo mandó a buscar mi Dios.
Gavilán: Lo mandó a buscar mi Dios...
Cuando me monto en la silla, / de un llanero canillón,
/ si no me alcanza el estribo, / le cojo punto al arción.
// Para lo bueno o lo malo, / el asunto es la ocasión, /
lo bueno y malo llevamos, / como la vieja el chimó. //
Como la semilla, el pasto, / como verdín el limón, / co-
mo frutas la maraca, / como la preñá el dolor. // Como
el invierno la nube, / como el que se va el adiós, / co-
mo el topocho el hereque, / como la concha el arroz. //
Como el huevo la gallina, / como el ciego el tropezón,
/ como la vaina el cuchillo, / como el verso el cantador.
213
Arpista: Como el verso el cantador...
En la sabana soy tigre, / en la montaña soy león, / no es
bueno cogerle cría, / al gallo cuando es mamón. // Me
gusta bailar joropo, / me gusta bailar al son, / golpe de
cuatro y maracas, / de guitarra o guitarrón. // Me gusta
cortar el pasto, / por ver el pasto en montón, / cuando
no llevo machete, / lo corto con el rabón. // Que es un
cuchillo muy bueno, / de mi compa Encarnación, / se
partió cortando espinas / de pringamoso y cardón.
Gavilán: De pringamoso y cardón...
El caballo por el diente, / la espuela por el talón, / la
moza por la cintura, / la vieja por el riñón. // Para gu-
sanera el rezo, / para el que juye oración, / para el di-
funto manea, / del dedo del corazón. // No me venga
con aguajes, / si ya le vi la intención, / hombre gua-
po y toro bravo, / los amansa el botalón. // Le dijo la
negra Emilia, / al zambo José Ramón, / si me vende
la novilla, / negociamos el capón. // Para pescado el
anzuelo, / para caimán el arpón, / para tigre plomo
grueso, / pa´ conejo munición.
Arpista: Pa’ conejo munición...
Para la leña candela, / para la topia el fogón, / para
muchacho la escuela, / pa’ la guitarra el bordón. //
El pescado en el estero / se está muriendo a montón,
/ porque el agua está que hierve, / de tanto pegarle el
sol. // Ah caramba compañero, / la laguna se secó, /
dice la garza morena, / para otra tierra me voy. // Ya
214
se ve la zamurada, / llegando por el hedor, / como a
rico si se enferma, / le llega cura y doctor.
Gavilán: Le llega cura y doctor...
Caballo fino pa’ el pueblo, / para los llanos, trotón, /
no le temo a la caída, / me da miedo el resbalón. //
De comer pájaro vaco, prefiero comer garzón, / cuan-
do se me espanta el sueño, / me pongo madrugador.
// Se murió la becerrita, / que la vaca le parió, / por-
que el zamuro jediondo, / el ombligo le comió. // Si
el becerro está cursiento, / recórtele la ración, / si no
le deja un cruzao, / no es bueno el ordeñador. // Para
verano, mosquillo, / para invierno, puyón, / para re-
ventar caballo, / corná de toro tocón.
Arpista: Corná de toro tocón...
Para cantares mi tierra, / para pecado perdón, / cuan-
do el marrano está gordo, / hasta el rabo es chicha-
rrón. // Para sacar soga dura, / hay que saber el color,
/ pa´ tener mujer segura, / no hay que aflojar el cor-
dón. // El joropo escobillado, / no tiene comparación,
/ lo baila bien, chancletudo, / lo arremeda chivatón.
// Maliciosa es la mujer, / si por las buenas procura, /
amansar el concubino, / para llevárselo al cura.
Gavilán: Para llevárselo al cura...
Después que le eche el sogazo, / y le ponga la montura,
/ no se le quita de encima, / ni aunque tenga matadura,
215
// ¡Qué soga pa´ ser bien buena!, / ah soga pa´ ser bien
dura, / la que pica el sacristán, / con la que arrebiata
el cura. // El nudo no se desata, / cuando el que sabe
lo anuda, / de arroz cocido en perol, / me gusta la ras-
padura. // No está lejos la madrina, / cuando relincha
la mula, / macho viejo y resabiado, / cuando no patea
recula. // No le importa travesía, / a rumbero si se en-
rumba, / lleva ventaja el de alante, / cuando el de atrás
no se apura.
Arpista: Cuando el de atrás no se apura....
El tigre busca la espina, / el chivo busca la altura, / pue-
de tomar agua clara, / el hombre cuando madruga. //
Si el burro se le pandea, / debe falsear la jamuga, / si no
cuando se la quite, / es llaga grande segura. // El pato
busca el estero, / el pescado la laguna, / levántese de la
hamaca, / pa’ que cuelgue la asadura. // Cuando viene
con creciente, / el río muestra la espuma, / cuando le
pegan los años, / el viejo muestra la arruga.
Gavilán: El viejo muestra la arruga...
Si ya me olvidó Consuelo, / ahora me quiere Ventura, /
y cuando todas me olviden, / me voy a meter a cura. //
Qué me importa si me dicen, / que pasa y no me salu-
da, / el novillo no se olvida, / quien le hizo la capadu-
ra. // Si quiere partir el hueso, / búsquele la coyuntura,
/ pa´ que el palo le dé estilla, / péguele en la rajadura.
216
Arpista: Péguele en la rajadura...
Ungüento de yerbatero, / alivia pero no cura, / del
blanco la facultá, / del negro la dentadura. // Le mues-
tro el zancudo macho, / si me muestra la zancuda, /
pobre en baile de chivato, / siempre hace mala figura.
// La mujer por lo gallina, / el toro por la bravura, /
amores con prostituta, / comienzan pero no duran.
Gavilán: Comienzan pero no duran...
Si se le peló la riata, / fue mala la añadidura, / por el
canto el turupial, / por los pastos la llanura. // Para en-
lazar cimarrón, / deje que salga la luna, / si no entreteje
la cola, / no pega soga ninguna. // El conejo en la caña-
da, / la paraulata en la orura, / la chusmita en el estero,
/ la guabina en la laguna. // El llanero bebe en cacho, /
el guate bebe en totuma, // en la palma de su mano, /
bebe el hombre sin fortuna.
Arpista: Bebe el hombre sin fortuna...
En la soledad del llano, / dicen que la vida es dura, /
pero pa´ sentirse libre, / busque el hombre la llanura.
// Si la soltera es casada, / la culpa la tiene el cura, /
si el toro se hizo novillo, / culpa es de la capadura. //
Cuando el pendejo se alegra, / es seña casi segura, /
que ya le viene llegando, / un racimo de amargura. //
Luce el llanero la silla, / luce el cimarrón la punta, /
luce la blanca la pierna, / la negra la dentadura.
217
Gavilán: La negra la dentadura...
Tengo que arriar con la vieja, / si no encuentro moza
alguna, / en tiempos de quemazón, / cualquier tereco
es montura. // Sobre mi caballo rucio, / canto yo mi
desventura, / el que no sabe cantar, / canta si nadie
lo escucha. // Para mirarte de cerca, / no me importa
noche oscura, / pior es quedar esperando, / sin espe-
ranza ninguna. // Me gusta tirar la bola, / cuando la
bola retruca, / el que no tiene cerebro, / lo que le duele
es la nuca.
Arpista: Lo que le duele es la nuca...
Cuando lo coge la noche, / cualquiera pierde la ruta, /
comida en solar ajeno /, hace sabrosa la fruta. // Me
gusta ordeñar la vaca, / cuando la ordeño en totuma,
/ para beberme la leche, / mientras levanta la espu-
ma. // De tener mujer chismosa, / prefiero tenerla
muda, / ah espinita bien brava, / la espinita de la du-
da. // Pélele el ojo, compadre, a la novilla lebruna, /
milagro es casualidad, / quedar vivo no es fortuna.
Gavilán: Quedar vivo no es fortuna...
No es bueno seguir gritando, / si el grito nadie lo es-
cucha, / ni pretender consolar, / cuando la tristeza es
mucha. // El zapato aprieta el pie, / el lazo aprieta la
nuca, / la fama pierde de bueno, / el que con malo se
junta. // Le dijo a la Negra Juana, / Díaz Moronta en
la pregunta, / si no me das lo que quiero, / me voy y
no vuelvo nunca. // En la pata del uvero, / te espero,
218
Negra, a la una, / pa´ que cuentes las estrellas, / y mi-
res correr la luna.
Arpista: Y mires correr la luna...
De chupar limón chiquito, / prefiero la semeruca, /
el tigre por el zarpazo, / el oso para la lucha. // En el
remanso está el bagre, / en el torrente la trucha, / la
raya en el arenal, / con el veneno en la punta. // Si no
hay pa´ dónde correr, / cuando el gobierno apunta, /
mejor es ir voluntario, / que lo lleven en recluta. //
De negro viste el quemado, / negro viste la zamura, /
la mujer cuando no quiere, / lo negro poco le dura.
Gavilán: Lo negro poco le dura...
Si quiere seguridá, / de tener leña segura, / en la pata
del corozo, / mejor que amarre la burra. // No me gusta
la sardina, / en lata porque se eructa, / cuando mueven
la madrina, / prefiero coger la punta. // Negra es Ma-
ría Encarnación, / más negra que noche oscura, / pero
ninguno la alcanza, / a caballo y sin montura. // La soga
se pone suave, / cuando de grasa se unta, / si sabe pa’
dónde vamos, / entonces pa’ qué pregunta.
Arpista: Entonces pa’ qué pregunta...
Si choca con algún tronco, / y el bongo se le trambu-
ca, / fue que se empavó, compadre, / por montar a la
viejuca. // Monte sólo las muchachas, / señoritas y no
putas, / y puede pasear el Caipe, / desde la orilla a la
219
punta. / Le voy a dar el secreto, / pa´ que le cargue la
yuca, / que a mí me lo dio en Torunos, / la mujer del
Negro Lucas. // Ni en creciente ni en menguante, /
en la oscuridá’e la luna / debe clavar la estaquita, /
contándola de una en una.
Gavilán: Contándola de una en una…
A ese secreto le falta, / cuatro cuartas y una punta, / si
es que quiere de verdá, / que le eche carga y no fruta. //
En vísperas de clavar, / el estacón de la yuca, / no se
enriede con fustanes, / ni pantaletas ninguna. // Si el
central se hace llanero, / cuando el central se acostum-
bra, / después que aprende a montar, / ningún caballo
lo tumba. // Espere pa´ trabajar, / que el ganado se
reúna, / deje que reviente el tábano, / para que venga
en su ayuda.
Arpista: Para que venga en su ayuda...
El camino por lo angosto, / la sabana por la anchura,
/ si se despegó otra vez, / es mala la soldadura. // No
me importa si es verdad, / lo que la gente murmura, /
que ya me dejó Consuelo, / que no me quiere Ventura.
// Porque lo olvide mujer, / el que sabe no se apura,
/ le da en cigarro o en café, / el corazón de una chupa.
// El que no tiene con qué, / con agua se desayuna, /
si el venado se espantó, / el viento tiene la culpa.
220
Gavilán: El viento tiene la culpa...
El llanero que me diga, / ah vida de llano dura, / ense-
guida le sospecho, / que la mujer no procura.// Nada
me importa el lenguaje, / de Arauca a la desembocadu-
ra, / si viajo bien remontado, / en buena cabalgadura.
// Que los pesares del llano, / al llanero no lo apuran, /
sino cuando va pa´ viejo, / y le duele la cintura. // An-
dando bien a caballo, / buen freno y buena montura, /
y cobija resollona, / no hay vida de llano dura.
Arpista: No hay vida de llano dura…
Hombre con cable cambiado, / es quien mujer no procu-
ra, / ni cobija resollona, / ni buena o mala montura. //
No me colee la becerra, / cuando trabaje en corral, / mi-
re que de la caída, / me la puede malograr. // La vaca va
al paradero, / si hay toro que la reúna, / la garza busca el
garcero, / cuando va a soltar la pluma. // Para suavizar
el rejo, / de graso el llanero lo unta, / si es que no le coge
el viento, / la chiva se barajusta.
Gavilán: La chiva se barajusta...
El potro salta pa’ alante, / cuando la soga lo ajusta, / la
mujer brinca pa´ atrás, / cuando el cariño la asusta. // Si
es muy grande la madrina, / mejor repartirla en punta, /
pa´ que siga al madrinero, / que es el que enseña la ruta.
// ¿Qué le pasará al Arpista?, / la voz se le puso ronca, /
después de fanfarronear, / y de andar buscando bronca.
// Ya no va a poder llevar, / ni el sobornal de la carga, /
déjenlo que guaralé, / que la cabuya es bien larga.
221
Arpista: Que la cabuya es bien larga…
Si la voz se pone ronca, / el aguardiente la aclara, / pre-
fiero el agua en el cacho, / que beber agua en tapara. //
El buen jinete al montar, / la cincha siempre repara,
/ que el peligro está en la silla, / cuando la pierna se
aguanta. // Ah buen jinete, Asunción, / que me aman-
só la potranca, / la bicha saltó el tranquero, / sin tro-
pezar una tranca. // Hay cristiano que al tronar, / se
acuerda de Santa Bárbara, / y en verano no le reza, /
ni tan siquiera una salve.
Gavilán: Ni tan siquiera una salve...
El hombre que es malicioso, / a tiempo la punta apara,
/ de garrote encabullado, / de puñaleta o de daga. //
En vez de echar a correr, / debe el hombre dar la cara,
/ al peligro cuando llega, / al tigre si tiene caza. // Al
toro cuando le choca, / al guapo cuando amenaza, / a
la creciente del río, / cuando la creciente pasa. // Que
es muerte bien para fea, / es muerte bien desgraciada,
/ por enseñar el trasero, / morir jurgao por la espalda.
Arpista: Morir jurgao por la espalda…
Cuando voy a sabanear / prefiero la soga larga, / el lazo
lo llevo corto, / el resto cagaleriada. // Hay quien no sa-
be torear, / y se quita una cornada, / porque el cuerpo
le huye al cacho, / como el pescado a la garza. // Es el
punto y la verdad, / simple, salada o amarga, / que a na-
die le importa el peso, / cuando es el otro quien carga.
// No me diga que le ayude, / si ya no aguanta la carga,
/ si no se encuentra faculto, / lo mejor es que no salga.
222
Gavilán: Lo mejor es que no salga...
Buen susto se va a llevar, / el que a mí me desafiara, /
contrapunto se parece, / a candela en la sabana. // Se
apaga al enfriar la noche, / se enciende por la mañana, /
en lo que calienta el sol, / ahí mismo se ve la llama. / No
se preocupen señores, / porque aquí no pasa nada, / son
los vientos del abuelo, / que encendió la candelada, / /
No venga con coqueteos, / no soy viuda o divorciada, /
cuando es en barriga ajena, / no duele la puñalada.
Arpista: No duele la puñalada...
El que no va por las buenas, / tiene que ir por las malas,
/ como maute rechazado, / a cola y punta de riata. //
Me da lástima mirar, / el morrocoy si se mata, / después
de descuartizado, / todavía mueve la pata. // Prefiero la
carne fresca, / a comer carne salada, / si se anima agarre
el dado, / pa´ toparle la parada. // Si me dice que la es-
pere, / la espero aunque no salga / que más arriesga el
venado, / que quien la escopeta carga.
Gavilán: Que quien la escopeta carga...
No se olvide el cantador, / que está mayor pa’ la gracia,
/ caballo viejo y trozao, / echa a correr y no alcanza. //
El venado nada arriesga, / ni tampoco la venada, / si al
cazador la escopeta, / se le mojó en la quebrada. // Me-
jor no seguir jugando si la pelota no apara, / perro que
come manteca, / mete la lengua en tapara. // El mono
para los huevos, / el dulce para la caña, / el hombre
cuatriboleado, / si no la empata, la gana.
223
Arpista: Si no la empata, la gana...
«Si el muchacho se murió, / no me diga más compadre»,
/ para conocer la falla, primero escucho el alarde. // Yo
no soy de por aquí, / tampoco soy de otra parte, / llegué
dando travesía, / para acortar la distancia. // Llegué co-
mo buen llanero, / sin conocer la sabana, / con tan sólo
las señales, / que me dieron de pasada. // Sin miedo a
perder el rumbo, / ni que el ánima me espante, / porque
me coja la noche, / porque me agarre la tarde.
Gavilán: Porque me agarre la tarde...
Cómo quiere que lo coja, / cómo quiere que lo agarre,
/ la noche no tiene manos, / ni dedos tiene la tarde.
// Esta noche dormiré, / solito en plena sabana, / pa’
ver si María Laya, / por lástima me acompaña. // El
tigre por la malicia, / el caimán por la pancada, / por
el llanto y la sonrisa, / la mujer enamorada.
Arpista: La mujer enamorada...
El morrocoy por la concha, / el toro por la cornada, /
por las pruebas el querer, / el pasto por la sabana. // Lo
mejor es que se quede, / si piensa volver mañana, / por
mucho que mire el palo, / el burro no se encarama.
Gavilán: El burro no se encarama...
Que el rico vive del pobre, / y el pobre de la esperanza,
/ el peje grande del chico, / el pasto de la sabana. / El
cura vive del muerto, / el doctor de la matanza, / el líder
224
vive del pueblo, / el malo de la asechanza. // Para vivir
sin apuros, / yo prefiero mi sabana, / pasando cuando
estoy solo, / la tristeza con la canta.
Arpista: El burro no se encarama...
Dele duro al contrapunto, / o si quiere a la porfía, / que
con este par de nombres, / los mienta José María. //
No le traje la novilla, / porque no estaba paría, / pero
le traje la leche, / que era lo que usted quería. // Es el
punto y la verdad, / de noche o del mediodía, / «el que
no llora no mama», / ni aunque tiente a la paría.
Gavilán: Ni aunque tiente a la paría...
Me gusta escuchar el rezo, / para oír la letanía, / vale
más jugar con tierra, / y no con la ciencia mía. // Baba
vieja no es caimán, / Ana Luisa no es Lucía, / topocho
no es pan de arepa, / guarracuco no es comía. / Si es
mentirosa Ruperta, / diez veces más es María, / que
me ofreció sus pericos, / y ni cascarón había. // Yo
no me caso con viuda, / con hato ni pulpería, / por no
ponerle la mano, / donde el muerto la ponía.
Arpista: Donde el muerto la ponía...
Para cantares mi tierra, / para el sol el mediodía, / pa´
sancocho hueso blanco, / para el huevo sal molida. //
Ciego con mujer bonita, / es copla sin la porfía, / soga
sin quitarle pelos, / rosario sin letanías. // No impor-
ta si se regresa, / yo sigo con la porfía, / agua bendita
no es ron, / cariño no es picardía.
225
Gavilán: Cariño no es picardía...
Buscar el remedio a tiempo, / es mucha sabiduría, /
después que el ojo esté afuera, / no vale Santa Lucía.
// Hombre de toro parado, / no nace todos los días, /
pa´ cagaleriar una res, / a cien metros de partida. //
Cuando la mira panquear, / con las patas para arriba,
/ la guayuquea con el rabo, / pasado por la verija. //
Mi caballo es mi cariño, / el joropo mi alegría, / mi
mujer la que tropiece, / el llano la vida mía.
Arpista: El llano la vida mía...
Del ladrón la mala fama, / del caballo la partida, / del
temblador la corriente, / del cimarrón la embestida. //
Del chareto el caminar, / del barrigón la barriga, / de
la que escupe chimó, / lo negro de la saliva. // De lapa
el resolladero, / para asegurar la huida, / del picure,
vuelta y vuelta, / para cansar la fatiga. // Del apurado
el cansancio, / del cazador la mentira, / del invierno los
barriales, / del verano la sequía.
Gavilán: Del verano la sequía...
Si la mujer se le fue, / es que ya no lo quería, / o tal vez
quiso cambiar, / de amansador y de silla. // Malhaya
mi mala suerte, / malhaya la suerte mía, / cuando me
tomé el café, / sin saber lo que tenía. // Toy´ seguro
que la china, / me dio alguna picardía, / porque me puso
a quererla, / como el loco a la manía. // No me diga
que me vaya, / negrita Juana María, / mire que a media
noche, / soy muy buena compañía.
226
Arpista: Soy muy buena compañía...
Si se perdió en la montaña, / lo mejor es que no siga, /
mientras más apuro tenga, / menos encuentra salida.
// Quiero saber si soporta, / o si me puede aguantar,
/ cantando el contrapunto, / quien me pretenda retar.
// Al tercer canto del gallo, / Pedro lo vino a negar, /
éste creo que no aguanta, / ni al segundo nada más.
// Si no me engaña la vista, / que no me debe enga-
ñar, / parece que está aflojando, / el coplero Gavilán.
Gavilán: El coplero Gavilán...
Primero se afloja un mono, / que bien se sabe agarrar,
/ que aflojar el contrapunto, / el hijo de mi mamá. //
No ofrezca potros sin yeguas, / ni queso sin ordeñar, /
si cree que estoy aflojando, / yo creo que voy a empe-
zar. // En contestar a la copla, / en saberla contestar,
/ soy como el potro llanero, / acostumbrado a bregar.
// Cuando ve salir la res, / por la puerta del corral, /
pidiendo que le den rienda, / porque la quiere alcanzar.
// Alegría de pendejo, / es víspera de pesar, / dele cha-
parro a su rucio, / si no se quiere quedar.
Arpista: Si no se quiere quedar...
Que de aquí pa’ donde vamos, / hay mucho que ca-
minar, / eso lo sabe cualquiera, / sin que le venga a
enseñar. // En muchos pueblos del llano, / el jefe civil
es juez, / da gusto cómo se aplica, / en esos pueblos la
ley. // En amores y amoríos, / en carantoña y querer,
/ el hombre no pierde brío, / la que pierde es la mujer.
227
Gavilán: La que pierde es la mujer...
Pa’ cargar franela limpia, / haga lo de Juan Jerez, / si se
le ensucia de un lado, / se la pone de al revés. // Cor-
nada de vaca mansa, / y trompetazo de buey, / es golpe
casi seguro, / porque no se puede creer. // En el llano
el recontar, / anda siempre de al revés, / cuatro y cua-
tro no son ocho, / ni cinco y cinco son diez. // Entre
zamuro y zamuro, / el que tiene ala es rey, / con pluma
blanca en el cuello, / es muy distinto también. //
Arpista: Es muy distinto también...
Si todos somos distintos, / y también somos iguales,
/ el rasero de los unos, / también a todos les vale. //
Para la yegua, caballo, / para la laguna el pez, / el toro
para la vaca, / el hombre pa´ la mujer. // No le pre-
gunten al ciego, / si quiere o no quiere ver, / al renco
si quiere andar, / al chingo si quiere oler. // No me
jurungue la mano, / diciendo que sabe leer, / que ningún
pendejo sabe, / lo que le va a suceder.
Gavilán: Lo que le va a suceder...
Yo anduve con Juan Parao, / el del casquillo al revés,
/ que lo buscaban pa’ bajo, / cuando pa’ arriba se fue.
// Es malo contrapuntear, / con extraños sin saber, /
si es el diablo disfrazado, / que se lo quiere lamber. //
Con malicia y disimulo, / se le puede conocer, / que
siempre lleva el sombrero, / atarugado en la sien. //
Si se calienta cantando, / azufre puede jeder, / con botas
de cuero fino, / las patas no se le ven.
228
Arpista: Las patas no se le ven...
El rabo en el pantalón, / el diablo puede esconder, / y
se espanta si le nombran, / la oración del justo juez. //
A mí no me asustan bultos, / soy tapara encabullada, /
si quiere tire los dados, / pa’ toparle la parada. // En
la iglesia de mi pueblo, / chiquito fui sacristán, / si no
fuera por las jembras, / ahora sería capellán. // A una
sotana prefiero, / un buen caballo alazán, / el contra-
punto llanero, / una enagua y un fustán.
Gavilán: Una enagua y un fustán...
Si sigue con la manía, / ya sé para dónde irá, / las
puertas del manicomio, / no son chiquitas pa’ entrá.
// En compromiso de amores, / no basta con el que-
rer, / seguro que la experiencia, / ya se lo hizo saber.
// Que está nadando en lo seco, / es fácil de conocer,
/ que ya pasó los cincuenta, agregándole los diez. //
Olvídese de esas cosas, / y escuche mi parecer, / que
si es bonita o es fea, / lo mismo le puede hacer.
Arpista: Lo mismo le puede hacer…
No me le ofrezco de prueba, / porque es mucho ofender,
/ ni aprendí donde aprendió, / ni en su libro puedo leer.
// Qué le importa a dorodoro, / que el zamuro tenga
rey, / ni a hombre macho si el vecino, / sea capaz para el
querer. // No le busque huevo al gato, / y contésteme el
cantar, / que pa´ eso usted se puso, / conmigo a contra-
puntear. // El anzuelo para el peje, / el arpón para el cai-
mán, / mejor es que corte el nudo, / si no lo puede soltar.
229
Gavilán: Si no lo puede soltar…
Caballo de primera silla, / no sabe bien corcovear, / por-
que regresa aprendido, / lo bravo es la repasá. // Si el
ganado se barajusta, / no lo trate de atajar, / que bara-
juste de toros, / nadie ha podido parar. // Váyase con
la madrina, / pa´ poderla cabecear, / le da una vuelta
y después, / vuelven a entrar al corral. // Al silbo del
cabrestero, / o al grito de su cantar, / le van siguiendo
la huella, / hasta que vuelvan a entrar.
Arpista: Hasta que vuelvan a entrar...
Enfilando la canoa, / para el caballo abordar, / pasé un
brazo de Apure, / y del río Canaguá. // Del güire, el que
a mí me gusta, / es el pata colorada, / que cuando arre-
cia el invierno, / dice a llegar en bandada. // Lo mismo
hace en el estero / si se llena el pato real, / caballo bien
arrendado, / es muy fácil de parar. // Compañero écheme
un trago, / pa´ la garganta aclarar, / que la voz la tengo
ronca, / de las ganas de tomar.
Gavilán: De las ganas de tomar...
Para evitar el contagio, / no me vaya a contagiar, / con
la misma medicina, / me voy a medicinar. // Aunque la
verdad señores, / es el punto y la verdad, / que no
necesito del ron, / para ponerme a cantar. // Me gusta
cuando ventea, / porque la plaga se va, / y ver dándole
a la nalga, / a la hija de Soledá. // Esa negra no se
queda / nunca en el banco sentá, / que le sobra quien
la agarre, / para con ella bailar.
230
Arpista: Para con ella bailar..
Cuando camina trabao, / el caballo becerrero, / no
le hace soltar el trote, / ni el terronal del estero. // El
que se quiere casar, / todo le parece bueno, / para no
gastar saliva, / a ningún novio aconsejo. // Me gusta
andar en sabana, / porque siempre se ve lejos, / cuando
me pega la sed, / tiro el cacho en el estero. // Me gusta
silbar la copla, / de puro sabor llanero, / «sobre mi
caballo yo, / y sobre yo mi sombrero».
Gavilán: Y sobre yo mi sombrero...
Comer si algo consigue, / es la alegría del pendejo, / ver
jembra recién bañada, / es el tormento del viejo. // Ah
estaca tan puntiaguda, / es la estaca del recuerdo, / no
poder hacer ahora, / lo que en otro tiempo hicimos. //
La pena que a mí me da, / sin cotiza y sin sombrero, /
ver andando en bicicleta, / quien fue amansador pri-
mero. // Quien no respetó caballo, / ni ningún potro ce-
rrero, / por andar en bicicleta, / no monta ni burro viejo.
Arpista: No monta ni burro viejo...
Esa es la pura verdad, / en eso estamos de acuerdo, /
que esas bichas de dos ruedas, / han mariqueado al lla-
nero. // Pero no los de sabana, / del hato y del llano
adentro, / que ésos están completicos, / domando po-
tros cerreros. // Enlazando cimarrones, / toreando con
el sombrero, / buscando que su morena, / le dé un brin-
co al tranquero. // Con los pantalones chutos, / para
evitar el enredo, / con la mano en el cuchillo, / picando
soga del cuero.
231
Gavilán: Picando soga del cuero...
Pero es triste recordar, / cómo pasaron los tiempos, /
y ver que no queda nada, / de muchos hatos llaneros.
// Menos mal que el cimarrón, / es como el indio alta-
nero, / que está sosteniendo el punto, / entre calcetas
y esteros. // Si puede correr se esconde, / si lo acorra-
lan es fiero, / defendiendo lo que es suyo, / porque
allí llegó primero. // Así el indio motilón, / con arco
y flecha dispuesto, / en lo que espabila un mono, / al
blanco lo deja muerto.
Arpista: Al blanco lo deja muerto...
Simón Bolívar fue un blanco, / que al negro no despre-
ció, / y al pobre Negro Primero, / con lágrimas sepultó.
// Ese negro lo mataron, / me dijo quien me contó, / en
un banco de sabana, / que llaman de Carabó. // Que
corriendo en su caballo, / como borracho llegó, / y dijo
general Páez, / le vengo a decir adiós.
Gavilán: Le vengo a decir adiós...
Malhaya que me repelo, / que allí hubiera estado yo,
/ pa´ darle cuatro lanzazos, / al mierda que lo mató.
// Si fue que antes lo supo, / por qué no me lo contó, /
que a lo mejor el difunto, / sin venganza se quedó. //
Pero dejemos el muerto, / que ese entierro ya pasó, / y
volvamos a la copla / que a cantar me desafió. // Gila,
gila, ganadito, / Gila, gila, cabrestero, / poniendo amor
al camino, / olvida tu comedero.
232
Arpista: Olvida tu comedero...
Asina olvida el cantor, / de la copla al contestar, / si
de otro cantador, / no aguanta la atropellá, // Si es sa-
bio en contestación, / me tiene que contestar, / las dos
preguntas seguidas, / el que llaman Gavilán. // ¿Por
qué dicen que la res, / la van a beneficiar, / cuando a
punta de cuchillo, / la dejan sin resollar? // También
quisiera saber, / si es mucha su facultad, / ¿por qué
llaman caballero, / el que a pata debe andar?
Gavilán: El que a pata debe andar...
Con la misma atropellada, / yo lo debo atropellar, / si me
contesta primero, / por qué le dicen marcial // Al chareto
niguatoso, / que no se puede parar, / y que casi en cua-
tro patas, / se le mira caminar. // Consuelo a quien no
consuela, / mercedes a quien no da, / amable a quien
no se puede, / ni siquiera saludar. // Apure a quien no
se apura, / y ya para terminá, / Rosalinda a una vejuca,
/ tuerta, renca y con papá.
Arpista: Tuerta, renca y con papá...
Ah caramba compañero, / deje al mundo como está, /
si usted no me dio contesta, / no me obliga a contestar.
// Cuando se enlaza el novillo, / antes de apearse a
manear, / aunque la soga sea dura, / lo mejor es segun-
dear. // Si tiene viaje pa´ el pueblo, / dígame cuándo
se va, / para escribirle una carta, / a la hija de Natividá.
// Ah malhaya un yerbatero, / que me pudiera curá,
/ de la brujería que hizo, / esa negra condená.
233
Gavilán: Esa negra condená.
El remedio está en la mano, / y yo se lo puedo dar, /
échele cuatro cuerazos, / a la hija’e Natividá. // Si no
encuentra el becerrero, / que parió la pata real, / o no le
sabe la maña, / o no lo salió a buscar. // Dónde lo tiene
escondido, / ella misma lo dirá, / si está mirando ade-
lante, / es que lo tiene detrás. // Como el viejito llanero,
/ con morocota enterrá / que camina de al revés, / por
malicia y nada más.
Arpista: Por malicia y nada más...
No hay segunda sin primera, / dice la copla al cantar,
/ si mi mujer es segunda, / ¿la primera dónde está? //
Segunda le puso el cura, / y así quedó bautizada, / Se-
gunda de los Dolores, / sin primera que buscar. // Para
beber agua clara, / debe el hombre madrugar, / el cris-
tiano nada vale, / si es que no tiene que dar. // Cada
vez que estoy pensando, / que el mundo se ha de aca-
bar, / me quisiera volver peña, / en las orillas del mar.
Gavilán: En las orillas del mar...
Si el llanero se malogra, / y ya no puede bregar, / de-
be hacer lo del zamuro / cuando no puede volar. // Se
eleva de para arriba, / y cuando ya no puede más, /
se ve venir de cabeza, / con el ala bien pegá. // Negra
tortilla pa´ nadie, / queda en el suelo al regá, / que ni
siquiera el gusano, / su carne puede probar. // Hay
gente como el zamuro, / no digo por la parada, / sino
que comen de todos, / y de ellos no comen nada.
234
Arpista: Y de ellos no comen nada...
Busca el toro la madrina, / busca la copla el cantar, /
busca el cotudo resuello, / busca el gallo menudear. //
Busca la vaca el becerro, / busca el becerro mamar, /
busca la yegua el potranco, / busca la garza el palmar.
// Busca la tarraya el peje, / busca el arpón el caimán,
/ lo que no se le ha perdido, / sale el pendejo a buscar.
Gavilán: Sale el pendejo a buscar...
Busca la huella el que caza, / buscan las aguas el río, /
busca la soga el llanero, / busca la cuerda el sonido. //
Busca la vieja el chimó, / busca la cura el herido, / bus-
ca el sueño el trasnochado, / busca la hembra marido.
// Busca el que reza perdón, / busca la barca el marino,
/ busca velas el difunto, / busca el perdido camino. //
Busca la manta el torero, / busca el pájaro su nido, /
cuando yo salgo a buscar, / ando buscando lo mío.
Arpista: Ando buscando lo mío…
El que se case con viuda, / por puro y mero interés, /
parece un perico real, / cuando anida en comején. //
Consigue sin trabajar, / como el perico también, / casa
y comida segura, / de un solo golpe a la vez. // El be-
llaco turupial, / que el huevo pone por ver, / si saca el
pollo arrendajo, / sin el engaño saber. // Es el punto y
la verdad, / de al derecho y al revés, / que a viuda con
real en banco, / no se le mira vejez.
235
Gavilán: No se le mira vejez...
El dinero es como aceite, / que afloja tuerca al revés, /
porque todo en este mundo, / su precio puede tener.
// Precio tiene la maldad, / precio tiene la honradez,
/ precio el amor que se paga, / precio el morir y el na-
cer. // Precio para descansar, / en la gloria, o padecer,
/ si no hay plata pa´ pagar, / el responso de una vez.
// Porque todo en esta vida, / es mero y puro interés,
/ precio tiene la muchacha, / que acaricia la vejez.
Arpista: Que acaricia la vejez..
Perdone que le interrumpa, / no soy de su parecer, /
porque el amor de la madre, / precio no puede tener.
// Cuando sin pensar en pago, / y sin ningún interés,
/ al hijo más desgraciado, / le da todo su querer. //
Tampoco le encuentro precio, / que no lo puede tener,
/ el sacrificio del Hombre, / que murió en Jerusalén.
// Por salvar al pecador, / vino al mundo a padecer,
// el gallo cantó tres veces, / Pedro le negó otras tres.
Gavilán: Pedro le negó otras tres...
Me madrugó compañero, / lo debo reconocer, / si es
bueno saber ganar, / mejor es saber perder. // Si no co-
noce de rumbos, / no camine de través, / que los cami-
nos del llano, / no son libros pa´ aprender. // Para sa-
ber cuántos días, / en el año tiene el mes, / en la propia
coyuntura, / si quiere lo puede ver. // No olvide las
cabañuelas, / si es que las sabe coger, / para controlar
el tiempo, / antes que empiece a llover.
236
Arpista: Antes que empiece a llover...
Por la pata nada el güire, / por tener vejiga el pez, /
si es vieja doña Dolores, / más viejo es Matusalén. //
Para acortar el camino, / me gusta andar de través, /
cuando se mueve la tierra, / hasta el renco echa a correr.
// Se parece a un garabato, / también se parece a un
tres, / el hombre si está encorvado, / por causa de la ve-
jez. // Que se la jale un novillo, / quisiera pa´ conocer,
/ si es verdad que salió dura, / la soga que le piqué.
Gavilán: La soga que le piqué...
Para picar soga dura, / el color hay que escoger, / del
cuero y matar el bicho, / antes que lleguen las diez. //
Del lado de la verija, / sacarle corre y después, / tem-
ploniarla y si revienta, / no hay para qué proceder. //
Al menos que lo utilice, / para maniatar la res, / que
en el llano todo rejo, / su oficio puede tener. // No
importa que el gallo diga, / que el día va a amanecer,
/ aquí me estaré cantando, / hoy y mañana y después.
Arpista: Hoy y mañana y después...
Nadie puede asegurar, / quién gana o va a perder, /
por eso sin que sea miedo, / la tabla se puede hacer.
// Que el verso llega al coplero, / como la lluvia al
jagüey, / como la leche a la teta, / como el hombre a la
vejez. // Como el tiempo a la preñá, / como el caballo
a la res, / como el pasto a la sabana, / como la alpar-
gata al pie. // Como el cariño al que quiere, / como
la luz al que ve, / como la garza al garcero, / como la
237
avispa a la miel. // Gallos de la misma raza, / ninguno
puede perder.
Gavilán: Ninguno puede perder...
Si tablas pide el Arpista, / las tablas vamos a hacer, / que
en mi garganta se aprietan, / las coplas como las reses.
// Si duermen encorraladas, / y el corral abierto ven,
/ que todas quieren salir, / de un solo golpe a la vez. /
/ Pero antes de terminar, / quiero decir mi saber, / que
fue José Antonio Páez, / que para el agua era un pez. /
Quien dijo vuelvan carajo, / volvieron cara y después,
/ no quedó ni uno en la silla, / de los jinetes del rey. //
En el portón de la cárcel / de Barinas pueden ver, / la
marca de un machetazo, / cuando se juyó con diez. // Y
le tumbó la cabeza, / con la cachucha también, / al ofi-
cial centinela, / que hacía la guardia de tres. // Frente
a la plaza Bolívar, / del palacio del Marqués, / que dejó
mil morocotas, / en un túnel y después, // Nunca las
pudo sacar, / porque no volvió otra vez, / y el indio que
lo ayudó, / se tostó por no correr, // Cuando a Barinas
quemó, / el que llaman Ezequiel, / el que peleaba juyen-
do, / y se escondió para ver // Cómo mordieron el pei-
ne, / los godos aquella vez, / en las catorce trincheras,
/ del pueblo de Santa Inés. // Aquí termina señores, /
el contrapunto que ayer, / en estas fiestas de El Real, //
Se empezó pa´ conocer, / que gallos de la misma raza, /
ninguno puede perder // Y nunca es mango bajito, / un
cantador barinés.
238
Apéndice crítico
La sombra de una mano†
Comienza por atraparme en la poesía de Luis Alberto
Angulo su tono a la vez íntimo y coloquial, como una
confesión de lo que nos sucede en esa relación oscura,
a veces difícil, con nosotros mismos y con el mundo.
Detrás de esos hechos o acontecimientos aparente-
mente intrascendentes que nombran los primeros li-
bros y poemas de Angulo está el deseo de revelación
de profundos y diversos estados del alma. En este sen-
tido pienso que para Luis Alberto Angulo la poesía es
una experiencia desgarrada del alma que persigue la
iluminación. De allí que de algún modo esta poesía,
al nombrar ciertos objetos (una pipa de fumar, un za-
pato, por ejemplo) y momentos cotidianos, aun en un
tono que puede ser irreverente o irónico, les otorgue
un aura (como diría Benjamin), una sacralidad que
los desprenda de la rutina verbal y cotidiana. De es-
te modo las palabras quieren abandonar su condición
puramente instrumental, comunicativa, para poner en
funcionamiento, si así pudiéramos decir, una dialécti-
ca ambigua o contradictoria de revelación/ocultación
espiritual y de sentidos plurales.
† La sombra de una mano (Prólogo de Juan Calzadilla). Monte Ávila
Editores Latinoamericana, Colección Altazor, 2005.
241
Buscar esa aura, esa sacralidad oculta de las co-
sas es, como hubiera querido Enriqueta Arvelo Larriva,
una poeta muy afín a Luis Alberto Angulo, encontrar
la otra orilla del río. Es decir, penetrar la belleza oculta
de la existencia, esa belleza que el poeta quiere revelar y
fijar, intentando remover la dura caparazón de la lengua.
El poeta juega a decir-se y decir-nos con la inocen-
cia y el ardor de alguien que ha sido irrevocablemente
convocado al festín de las palabras. Observamos, en
efecto, desde sus primeros poemas, una preocupación
por nombrar el lado sagrado de la vida, pero se tra-
ta de una mística que se desprende de la carne, que
pudiéramos llamar cordial, una mística no ascética del
todo, que se juega inicialmente en el contexto de una
cierta exuberancia vital y de lenguaje. Es como quien
afina un instrumento que le ha sido dado por los dio-
ses para hacerlo resplandecer. Y lo que logrará decir
es parte de un misterio que nos atañe profundamente.
Por lo tanto, la poesía en Luis Alberto Angulo es
una confrontación, un combate consigo mismo, con el
lenguaje, con el mundo. De allí que estos textos estén
marcados desde el principio por un sentido de crítica
social que no contradice en nada la búsqueda mística o
espiritual a la que nos hemos referido. Es como si el
poeta al intentar nombrar la vida, el caos, la realidad
sórdida que a ratos nos avasalla, pretendiera de algún
modo exorcizarla, hacerla más amable y habitable. De
ese modo ocurre una transfiguración de la palabra, del
sentido, que es también transfiguración, reinvención
un tanto sacralizante, de la realidad.
En otro de sus plurales registros semánticos en-
contramos, al lado de la crítica social, una poesía que
242
sabe también de la ternura, que es capaz de metafori-
zar tanto el maravilloso candor de una mirada infan-
til como el fiero deseo del amor erótico. Y sobre todo,
una poesía que frente a la terrible incertidumbre de la
vida, frente a la constante asechanza de la muerte, no
vacila en anteponer la certeza de la esperanza. De esto
se deriva la celebración que propone del instante, del
goce amoroso y de la memoria. De esa memoria perso-
nal que puede expresarse a través de la recreación de
la infancia o de la adolescencia o encarnarse en la figu-
ra del padre agonizante que recuerda su caballo, o de
una memoria colectiva que se asume como nostalgia
del llano o como vivencia de grandes ciudades.
En una perspectiva semántica hay, pues, en la obra
de Angulo un permanente desplazamiento de una con-
ciencia de la brevedad vital, de la fugacidad de la vida, a
la conciencia de una energía cósmica o mística, que apaci-
gua la angustia de la muerte. En este sentido nos atravie-
sa a ratos una preocupación por la situación de desampa-
ro del hombre, por su condición de finitud con respecto
a la realidad cósmica. Pero lo interesante es cómo el poeta
nos habla de ese exterior planetario desde su propia inte-
rioridad quemante, subjetiva, con las sencillas, cordiales
palabras de una poesía encendida por la pasión.
Por otra parte, quisiera llamar la atención sobre
otro de los aspectos que me parece particularmente in-
teresante en este libro. Es en relación a la conciliación
que hace esta poesía de vida y reflexión metapoética.
Esta última, sabemos, atraviesa toda la poesía moder-
na, alcanzando un hito fundamental en la obra de Ma-
llarmé, hasta convertirse hoy en una suerte de tópico
243
retórico que en ocasiones intelectualiza el hecho poéti-
co restándole vitalidad y autenticidad. Esto no sucede
en la producción lírica de Angulo, para quien el len-
guaje poético es ante todo una pasión. Pero una pasión
que es también furor e inteligencia de la lengua.
De este modo el itinerario que muestra este libro no
es sólo el itinerario de una sensibilidad, de un estremeci-
miento emotivo, sino también, y fundamentalmente, se
nos muestra el combate amoroso del poeta por transfigu-
rar la emoción en imagen poética. Desdoblándose reflexi-
vamente, estos textos nos permiten seguir el itinerario de
una inteligencia y una sensibilidad poética en la que se
alían talento pero también trabajo, disciplina. Y ese tra-
bajo de lenguaje se traduce en una escritura que busca su
lugar en la tradición literaria. El despliegue de epígrafes
nos indica entre otras cosas que Angulo es también un
atento lector de la tradición y de la modernidad literarias
que de algún modo su poesía intenta reescribir.
Es esta búsqueda de un lenguaje propio lo que
define, a mi modo de ver, la realización poética. Y es
ésta precisamente la conquista de Luis Alberto Angu-
lo en su último poemario, en ese conjunto de poemas
que abre este libro y que el autor denomina Fractal, el
cual nos sorprende en su ajustado, casi perfecto grado
de elaboración formal. En un poema de este conjunto
que denomina «Nada que conseguir», el poeta reafir-
ma su inicial búsqueda mística en una suerte de invo-
cación de la quietud mental.
Fractal es la continuación de un trabajo de escri-
tura que no ha cesado de perseguirse en su despoja-
miento retórico, hasta alcanzar una como compleja
244
transparencia que nos enceguece. Palabra y silencio
logran aquí su mejor alianza, lo cual nos indica la ma-
durez de un hacer poético que es también profunda
sabiduría espiritual. Desde sus primeros textos pu-
dimos observar que Angulo es un lector atento de li-
bros maestros de la filosofía oriental. Así, los poemas
de Fractal, en la medida en que configuran una poe-
sía cada vez más elaborada, cada vez más consciente
de sí misma, ahondan también en la necesidad de la
quietud, de la contemplación, del regreso a esa fuente
primaria de la belleza que es la naturaleza. No una na-
turaleza puramente exterior, sino una naturaleza que
tornándose subjetiva sugiere por lo tanto complejos y
diversos estados espirituales y mentales.
El poeta Juan Calzadilla llama la atención en el pró-
logo de este libro sobre la reiteración de la nostalgia en la
poesía de Angulo. Es cierto. La evocación de la infancia y
la adolescencia como un espacio un tanto edénico es uno
de los ejes semánticos del discurso poético de Angulo.
En efecto, en torno a la reinvención de la memoria están
el río de la infancia, el llano barinés, el caballo, la casa,
es decir, todo un microcosmos de ligera tonalidad míti-
ca que avanza fundiendo pasado y presente, nostalgia y
esperanza, certidumbre del amor y angustia de la nada.
Pero esta nostalgia no entraña sólo el dolor ante la pér-
dida de ese paraíso, involucra también la crítica a veces
irónica, corrosiva, de una modernización deshumani-
zadora que ha avasallado el paisaje, el hábitat natural,
y ha desfigurado el rostro primigenio de todo un país.
Douglas Bohórquez
Revista Redve, 2005
245
Algo más que una experiencia de la vida
La poesía de Luis Alberto Angulo parece estar ordena-
da por un pensamiento que busca fijar en el lenguaje
poético una imagen ontológica; una especie de razona-
miento de la vida y el tiempo, del amor y el universo, de
la memoria y la escritura. Son estos varios de los motivos
que configuran la unidad de Imágenes del parque. Libro
claro e intenso, escrito en un lenguaje que se alza como
un oleaje luminoso para señalarnos el horizonte don-
de transcurre nuestra cotidianidad: «Somos nuestros
pensamientos/ nuestras ideas/ estamos hechos de
lenguajes/ de palabras/ signos y símbolos/ los con-
ceptos se apoderan de nosotros/ construimos nuestra
identidad dentro de esa esfera de significados/ pero/
¿en verdad es eso lo único que somos?», nos dice en un
pensamiento que parece intuir no sólo la claridad gana-
da a la palabra o ese camino desconocido que constitu-
ye el destino del hombre, sino también ese hallazgo que
nos «aterroriza o ilumina para siempre». Pues, ¿qué es
lo que hay detrás del vacío, en el silencio de la palabra
o en la mirada que intenta aprehender algo más que
una experiencia de la vida y del cuerpo? Creo que otra
realidad: «…la mirada de adentro hacia afuera/ y la de
afuera hacia adentro se ha extinguido/ sólo quedas tú
en medio del olvido». Es decir, una mirada que posee
247
una imagen del mundo y una sabiduría que nace de los
sentidos. Por eso, mientras nos adentramos en la mate-
ria de este universo, sentimos «el sonido del cosmos/
en la palabra más simple/ sin centro ni contornos».
La palabra como esencia fundadora, como sus-
tancia y memoria que trasciende la vida del poeta, y
también como un lugar donde se traza su condición
humana, lo que le rodea, su medio físico, ese espacio
sensible y recóndito que guarece su existencia. Pues
la poesía de Luis Alberto Angulo es una forma de se-
ñalar la transitoriedad de nuestra condición humana:
«Uno que se cree uno y apenas sabe del cero y el in-
finito/ debería ciertamente hacerse elemental y sim-
ple como una piedra/ como las piedras del seco cauce
de un río…». Y sentimos sobre la superficie de esta
poesía imágenes que recogen la profunda y silencio-
sa humanidad del poeta. Es como si contempláramos
un universo cuyos referentes van señalando el sentido
de nuestra propia existencia: «porque fuego tierra aire
que es donde estamos/ únicamente son instantes/ de
otro tiempo y otro espacio/ que apenas conocemos».
Así es como el poeta siente la naturaleza de su
poesía: fuerte, honda y luminosa como luz arrojada
sobre el corazón del lector; una poesía no guiada por
caprichos o detalles sentimentales, sino por la lógica
de un pensamiento que refleja una actitud de compro-
miso con el lenguaje y el sentido de nuestra existencia.
Como la hermosa imagen del pajarillo («Un mismo
canto») cuyo trino permanece nítido y claro en el es-
plendor de la infancia como en contraste con la vida del
poeta que cambia, que pasa, que se extingue: «pajarito
248
amarillo y negro/ ¿cómo vuelan las alas/ esparcidas
sus plumas/ por el suelo?/ el canto es el mismo/ can-
to del principio/ pero yo soy otro/ sin quererlo». He
aquí estos versos, breves imágenes que custodian el
paisaje de su historia:
en esta soleada mañana
teniendo por testigo
el pino seco de la navidad
un niño lanza su balón
sobre el arco metálico
de sueltas redes
rodeado por una pequeña
caja de madera
el perro ladra
arriba un pájaro solitario
cruza el aterido espacio
y la nostalgia anticipada
de mi partida
se anuda en la garganta.
Poesía que no pretende escamotear el paisaje
de la infancia, ése cuya grata presencia nos hace evo-
car recuerdos en una sucesión de imágenes que van
cristalizando vivencias y cosas del pasado. Porque el
poeta nos revela los hallazgos de un lenguaje que es
morada y canto que va discerniendo su corazón en la
materia arrebatadora de las palabras. Así es la esencia
de las palabras. Llegan silenciosas antes de que el poe-
ta mismo escogiera en el mar onduloso del lenguaje la
poesía que le dicta sus misterios: «tu entrega a lo que
249
haces/ tu estar allí como un tonto/ esperando nada/ es
quizás el comienzo/ porque/ ¿quién te enseña a escri-
bir tus poemas/ sino tus propios poemas?».
Por otro lado, la poesía de Luis Alberto Angulo no
escapa de la preocupación de lo que representa el poeta
en la sociedad y la época que le ha tocado vivir. Esto
lo lleva a cuestionar su entorno, la realidad de la vida,
las pasiones humanas y la misma escritura en ese con-
tinuo fluir de las cosas más elementales, las que senti-
mos dolorosamente cuando compartimos la angustia
de los otros: «Salidas y retornos/ solazan la mañana/
tres millones de cesantes/ se imaginan por momentos/
dueños de la historia/ los secos compases del cortejo/
alrededor del pistilo/ húmedo y adherente/ fecundan
la flor/ moviendo los estambres/ con sus patas» («Ce-
santes»). Lo real, lo que ocurre en este espacio tan vital
al poeta se cristaliza en imágenes que se superponen
para revelarnos la impresión de lo que permanece: «mi-
ras el solar valenciano/ y el retratista fija en tu rostro/
la dispersión del mundo…», dice en estos versos; o, por
ejemplo, «…hay gente que toca mi alma en medio/ de
la noche y veo sólo sombras/ y mi padre muerto en un
lejano/ pueblo de la tierra que recuerdo…» («La gente
me pregunta»); y estos otros versos que no descartan
una dolorosa realidad: «amas esta ciudad/ adoras tu
ciudad/ vives y mueres/ en un lugar/ que no sabe de
ti/ o te olvida/ en un instante» («La sombra de una ma-
no»). Son versos que rescatan lo más íntimo sin caer en
frívolos sentimentalismos; y no es que el poeta evoque
el pasado para compararlo con la presente realidad, es
simplemente que esas experiencias se han transformado
250
en imágenes que marcan, de una u otra forma, la inten-
sidad de este universo poético.
Hay que señalar, además, que en algunos temas
predomina cierto tono de filosofía budista. La dedi-
catoria misma («Al lama, al dharma y a la sangha»),
es de por sí una clave indicadora de la naturaleza que
envuelve algunos de estos textos. Esto lo podemos no-
tar en los poemas que llevan por títulos «Lama y dhar-
ma», «Tantra», «Océano de dicha», «Después de los
fractales» o, por ejemplo, «Sin color ni forma». He aquí
una estrofa de este último: «no turbado por la vigilia
ni por el sueño/ limpiar la niebla en la mirada/ con-
templar la irradiante/ y viva luz que cada cosa emite/
oír el sonido del cosmos/ la palabra más simple/ sin
centro ni contornos». Estos poemas nos acercan a una
mística que vincula al poeta con el pensamiento y la
filosofía budista. Otros, como «Li Po 2001», «un zapato
solo» (dedicado al poeta Teófilo Tortolero), son en sí
mismos una especie de homenaje a estos creadores de
mundos tan diversos y tan representativos de su tiem-
po; y otros («Ars 3», «Poeta y arroyo», «Laboratorio de
poesía» y «De qué se acusa al poeta») son un recono-
cimiento al poeta como un hacedor de mundos donde
las palabras más simples, o las situaciones más trivia-
les, se transforman adquiriendo de pronto un esplen-
dor que nos descubre la más profunda y sorprendente
realidad. Son versos que muestran los rasgos defini-
dores de esta poesía, exploran el sentido mismo de la
escritura y justifican el oficio del poeta: «…¿de qué se
acusa al poeta cuando el poeta acusa? ¿de ser él, o por
el contrario, de no serlo? ¿de aceptar un papel que le
251
es insoportable, o, simplemente, de no querer tener
papel alguno como títere de nadie?». Por eso, creo ne-
cesario señalar el sentido aleccionador que produce
la lectura de algunos versos:
no eres tan bueno como crees
ni tan malo como muchos aseguran
(«No eres tan bueno como crees»)
como un espejo contémplate en el otro
cuelga tu lástima y apego
(«Flor’s»)
toda escritura es la apuesta azarosa
entre el silencio salvador
y la afección retórica
(«Arte de borrar»)
quédate en ti como la flor
que no pregunta
y más allá y más acá del tiempo
es plena
(«Nada que conseguir»)
En suma, toda esta concepción de mundo, ima-
ginería y matices que conforman la temática y los mo-
tivos de esta escritura nos da una visión de la calidad, la
importancia y la significación de Imágenes del parque en
la poesía venezolana contemporánea. Y es bien que sea
252
así, porque estamos frente a un poeta revestido de su
propia luz, de esa que en el esencial paisaje de su obra
nos ilumina a todos.
David Cortés Cabán
253
La persistencia del decir
Nâo quero mais saber do lirismo
que nâo é libertaçâo.
Manuel Bandeira
Almas quiero y no literatura.
Rufino Blanco Fombona
Esta selección poética personal de Luis Alberto Angulo
nos revela dos cosas: la insistencia compulsiva en una
poética del decir, la cual implica a su vez la revisita de
voces precedentes pero contemporáneas en el conten-
tamiento y la contristación (los místicos españoles, la
copla popular llanera, Miguel Hernández, Enriqueta
Arvelo Larriva, Ernesto Cardenal y Juan Calzadilla, por
ejemplo); y, en especial, una propuesta escritural propia
que se detiene a reflexionar consigo y sobre sí misma,
sin el ceremonial fastuoso de ejercicios metapoéticos
mal habidos y peor escupidos en el papel. La transpa-
rencia de la línea poética es mucho más intensa y mi-
litante, pues no sólo involucra su obra en verso como
tal —desde la copla popular de Viento barinés (1978), pa-
sillaneando por el intervalo que comprende Antología
de la casa sola (1982) y Antípodas (1994), hasta el Tercer
Milenio encabezado con Poética del Decir—, sino tam-
bién la curiosa simbiosis del compilador y el ensayista
patente en sus colecciones (¿aproximaciones?) poéticas
de Miguel Hernández (2005 y 2010), Ernesto Cardenal
(2005) y San Juan de la Cruz (1992). ¿Qué se entiende
255
entonces por Poesía del Decir? El texto poético que abre
esta muestra, «Del decir», constituye un ars poética con-
tundente e inmediato que apuesta al diálogo en tanto
antípoda del oscurecimiento expresivo y formal: el
poema nos reconcilia con la humanidad, ello por vía
de imágenes elementales edificadas en la ausencia de
envilecedores artificios retóricos. Advierte también
que no es escuela ni tendencia a estar condenada —a
su exhibición y venta— en las tiendas de abarrotes
regentadas por el academicismo literario y/o el despro-
pósito político; por el contrario, es poesía viva que esta-
blece puentes y pasadizos comunicantes entre lo clásico
y lo moderno, lo culto y lo popular, la tradición y la
apostasía, como alternativa contracultural al status
quo. Por supuesto, la claridad conceptual respecto al
oficio poético es consecuencia de su peculiar imagine-
ría: encrucijada y fusión de hablas (la del llano y la del
piedemonte andino, para luego incorporar la urbana)
que lo retrotrae al lenguaje salvaje de la infancia. Bien
lo dice Lêdo Ivo en carne propia: «En el racionalismo
de los poetas, está siempre presente la nostalgia de la
locura». En resumidas cuentas, la Poesía del Decir no
puede ser abordada como un mausoleo a ser despe-
dazado por académicos y arqueólogos hundidos en la
más arrebatadora arrogancia.
Llama la atención la estructuración de la presente
Antología del Decir, tercera incursión personal en el gé-
nero que es la colección poética retrospectiva: los tres
casos (el que nos ocupa, La sombra de una mano, de 2005
y Fusión poética, de 2000) apuntan o allanan el camino
a la inversa, de lo más reciente a los orígenes. Luis Al-
berto Angulo, partiendo del ejercicio compilador res-
pecto a otras voces, toma conciencia de su propia poe-
sía de guisa responsable, laboriosa y autocrítica. La uni-
256
dad implícita del Decir no desdice la polifonía ni la con-
tradicción que descansan en la diversidad temática y la
diafanidad expresiva in crescendo de su misma voz. Ver
al Otro —en la relectura de los poetas que le conmue-
ven y la mirada atenta de la cotidianidad circundan-
te— le conduce a observarse a sí mismo, trascendiendo
el onanismo que tan sólo se contempla el ombligo (y
sus jorungadas pelusillas egóticas). Además del alma
del autor incrustada en el Decir, el lector apasionado se
encontrará con una interesantísima propuesta compi-
latoria de sesgo reticular: por una parte, su vinculación
con la comunidad poética que le cautiva y complace
(se trata de una relación amorosa, no traumática, con
Alberto Arvelo Torrealba, Andrés Eloy Blanco, Jorge
Manrique, Li Po, San Juan de la Cruz, Vallejo, Pablo
Neruda, la poesía norteamericana, Enrique Mujica,
doña Ana Enriqueta Terán, entre otros); por la otra, la
tertulia contingente, animada y entusiasta en la que se
sostienen sus libros a la fecha (del contrapunteo octo-
sílabo, mediando el verso libre y experimental/lúdico,
hasta la austeridad del poema comprometido a contra-
corriente de las consignas desparramadas en versos).
Nuestro poeta no pretende ahogar a cisnes papanatas,
ni mucho menos infligir una puñalada parricida y gratui-
ta a los poetas mayores: «El propósito de tal ordenamien-
to es el de ofrecer al lector un acercamiento inmediato
a la propuesta más radical del decir», como él mismo
lo conversa a lo largo de esta significativa muestra poéti-
ca, así nomás.
Este libro incluye dos poemarios inéditos, Poética
del Decir (2004-2011) e Imágenes del parque (2003-2005),
amén de rescatar Viento barinés, de 1966 (editado con
prisa y erratas en 1978 por la Universidad de Carabobo).
Es notable que la cabeza y la cola se muerdan, no sólo
en la configuración en movimiento del ciclo creativo
257
(1966-2011), sino en la escritura espiral o centrífuga
del poema que problematiza (y humaniza) al mundo;
no en balde la variedad y riqueza de los instrumentos
que dotan de autenticidad su multifocal percepción
del entorno y su personalísima aproximación a las cosas.
Valga, como paréntesis, la cita íntegra del texto titulado
«¿La poesía es la última religión?»:
¿la poesía es la última religión?
no, la poesía es la última revolución,
el primer fuego, la plena verdad,
su metáfora es la humanidad viviente;
sin ella todo es inútil y por ella
comienzo y fin, forma y contenido,
objeto y sujeto, son un solo poema…
Entre estos recursos que interiorizan el mundo
como en una fotografía, y simultáneamente asombran
en su asunción ligada a la espontaneidad que se casa
con un ojo vivaz e ingenioso, tenemos en primer lugar
la revisita afortunada del ars poética, afincada en una
tolerante mixtura religiosa y en la tradición poética
latinoamericana. La radicalidad de la propuesta que
evidencia el corpus de Poética del Decir tiene como re-
ferentes la poesía de los brasileños Lêdo Ivo, Manuel
Bandeira y Carlos Drummond de Andrade; del espa-
ñol Gabriel Celaya o de los venezolanos Enrique Mu-
jica y Juan Calzadilla. En este caso, la manifestación
denodada y abierta de la concepción del oficio poético
asume diversas formas: el poema breve, el aforismo y
la cita literaria o periodística comentada. Imágenes del
parque es un conjunto poético que considera el mundo
cotidiano desde la óptica religiosa del budismo, especí-
ficamente el difícil mas gozoso «Camino del Diamante».
258
Luego observamos que la depuración formal,
consistente en el despojamiento estético y estilísti-
co, es una virtud esencial y evolutiva de la poesía de
Angulo. El habla cotidiana va a la par con la claridad
formal e inmediatez conceptual del discurso poético
del Decir, acompañada de la multiplicidad de lectu-
ras. Agrega Rufino Blanco Fombona: «Querer ampliar
la poesía concreta con la sugerencia, es engrandecer la
poesía; pero quererla reducir a mera música sugerente
es empequeñecerla». Podemos confirmarlo aquí, rele-
yendo algunos textos en los que la oralidad responde
a la asombrosa vindicación poética de la cotidianidad:
de Antípodas tenemos la irónica requisitoria de «Un
poeta» en relación al mundillo de la crítica mezquina.
«Mi padre de ochenta» es un estupendo texto que nos
conmueve en el indescriptible marco de la intimidad y
la comunidad que sólo nos puede proveer el lenguaje
poético. «El púgil», por otra parte, devela que la poe-
sía es el objetivo exquisito de sí misma, en la pugna
que implica atrapar la vida y la muerte entre líneas.
Un tercer instrumento simula el dibujo del tex-
to que recrea atmósferas con un punch de alto impacto
emotivo e intelectual —Juan Calzadilla lo define de
manera muy gráfica: un realismo de la visualidad—.
Nos remite al discurso plástico de la fotografía y la
serigrafía: «El caballo blanco de la infancia» es un es-
tremecedor ejemplo en blanco y negro del bestiario
en la poesía latinoamericana, que acompaña al perro
de José Natalio Estrada, a los murciélagos de Ivo o las
cabras de Reynaldo Pérez Só. Otro aspecto a destacar
está referido a un tono conversacional que, sin embar-
go, no está reñido con un discurso transgenérico. Tal
instrumental, diverso y paradójico al punto, nos lleva
a la conclusión relativa a la complementación de los
259
contrarios, anatema y sinsentido para la cultura de
Occidente: el fácil acceso del lector a la Poesía del Decir,
muy a pesar de su compleja elaboración escritural. No
hace mucho tiempo habíamos escrito que «su inteli-
gibilidad, precisamente, proviene de la complejidad
semántica y sintáctica que se esconde detrás del texto
transparente y brillante». Si revisamos el poema «Otro
decir», el juego de palabras no transita a una pobre
declaración de principios, mal amparada en el mero
contraste de los opuestos; la antítesis nos permite sin-
tetizar el Decir en el teatro dialéctico de la existencia,
por supuesto, en las implicaciones discursivas, cultu-
rales y político-sociales del conflicto que todavía nos
embarga. Se desprende un tenor crítico devastador:
«No se apiada del abstruso No Decir (sean sus bases
simbolistas, surrealistas o herméticas), ni tampoco de
los panfletos dispuestos en verso o prosa poética que
se quedan atascados en la Historia de la Propaganda».
No deambula por la calle ancha que implica esterilizar
el texto poético en la equívoca asertividad de lo polí-
ticamente correcto, sino que desafía lo establecido sin
apelar al resentido grito desaforado.
¿La Poesía del Decir es políticamente correcta o
incorrecta? La profecía, esto es, la promoción de la jus-
ticia, es uno de sus más importantes núcleos temáticos.
Asimismo, no se divorcia de su tiempo histórico, pues
he allí su carácter profundamente humanístico y respon-
sable. Por ejemplo, una significativa parte de la poesía
de Miguel Hernández se erige en crónica poética, ósea y
sangrante de la Guerra Civil Española, sin que pierda vi-
gencia universal. Contristarse con el prójimo (el Otro) es
un acto amoroso fundamental que dignifica el decir de
los hombres: desde los profetas bíblicos hasta los versos
solidarios de Vallejo, Salomón de la Selva, Cardenal, Víc-
260
tor Valera Mora o los poetas saharauis. La poesía de Luis
Alberto Angulo no huye de la profecía ni de la solidari-
dad con el que sufre. Al igual que Rufino Blanco Fombo-
na —sólo que sin la pistola al cinto ni la ira erizando el
pellejo—, es un crítico implacable de su tiempo. En este
pasaje del duelista, poeta y diarista modernista, coincidi-
mos nuestro poeta y este polemista compulsivo:
Y ahora comprendo que ser hombre significa no
ser extraño a ningún hombre. La de hombre es una
profesión común a toda la humanidad. Esta profe-
sión común y penosa debe fraternizarnos a todos.
¿Cómo es que esto no se ha comprendido y practi-
cado siempre?
La Poesía del No Decir —al igual que la del Decir,
nos pone a repensar el rol de la Poesía los días hábi-
les y feriados— posee una carga ideologizante que
jamás se deslinda de lo políticamente correcto ni de la
producción en serie (recuérdese que entre sus dos úl-
timas cuñas tenemos la globalización de la persona-
lidad y el fin de la historia). La poesía auténtica ha sido
excluida no sólo de la república platónica, sino también
de la ilusión del progreso (fascista o «democrática») y de
la utopía trocada en dictadura burocrática (a tal respecto,
tenemos dos frutos apetitosos de la censura: Viridiana
y Las Hurdes respectivamente, ambas películas de Luis
Buñuel). La Poesía del Decir es, si lo sabrá Luis Alberto
Angulo, un diálogo libertario y comunitario a contraco-
rriente del Poder que promueve el envilecimiento.
José Carlos De Nóbrega
261
Índice
Poética del decir (2004-2011)
Del decir 5
Iluminada poesía 7
Otro decir 8
En estos días 9
¿La poesía es la última religión? 11
Leer 12
La poesía que a mí me gusta 13
La mosca 14
El caballo blanco de mi infancia 16
Irrevocable 17
El viejo lobo 18
Mirlos de ala roja 19
Nos asombra 21
Versos contra balas 22
Próceres mitómanos 24
No soporto la ciudad 25
En la Luna hay agua 27
El juego perfecto 28
Dos notas de taller 30
Sombra y Dillinger 31
Mi hija se ríe de mi afición al rap 32
Clarividencia poética 33
La mejor arma
35
El no decir 36
Perdona la franqueza 37
Esa manía de achicar a otros 38
Sin tiempo 39
Río enfermo 40
Picaresca 41
Enormes carreras 43
Imágenes del parque (2003-2005)
Ars 3 49
Blues a Billie Holiday 51
Elena Tirado mira el mar 52
Les debo todo a las mujeres 54
262
Asombroso 55
Sólo ve el poema 56
Débora 57
Somos nuestros pensamientos 58
Principio 59
Údana 60
Océano de dicha 61
Lama y dharma 62
Tantra 63
Instantáneas 66
Fractal (2000-2003)
Arte de borrar 71
Ars dos 72
Nada que conseguir 73
Flor’s 74
Arquero de la nada 76
Dedicación y señal 77
Li Po 2001 78
Un mismo canto 79
Ríos 80
Imagen y semejanza 81
Sin color ni forma 83
Uno el otro 84
¿De qué se acusa al poeta? 85
La sombra de quien escribe 87
Laboratorio de poesía 89
No eres tan bueno como crees 90
De norte a sur (1994-1999)
Volumen tras volumen 93
Un continente se desplaza 94
Joana’s interview 95
Bluegrass 96
Qué 97
Que otros construyan imperios 98
No soy 100
Se apaga 101
Donde te encuentras 102
Altamira 103
Mar y vino 104
Jardín celeste 105
Voces 106
Escribo 107
Chuang-Tzu 108
El tío Ton 109
Balance 110
Cigarra 111
A los celos 112
Del tamaño de la vida 113
Por la orilla del mundo 114
De norte a sur 115
Antípodas (1984-1994)
Údana 119
Si el país 120
Cuando triste 121
Misiva 122
XZ 123
Piedras pintadas 124
Ars 125
Li Po 126
Taller al aire libre 127
Un poeta 128
Arte final 129
El púgil 130
Correlato objetivo 131
Shift lock and power shift 133
La casa de los signos 134
Neronianas 136
La hiena 137
Salieris 138
Piamonteses 139
De cara rayada 140
Augusto 141
Mastiff 142
A quien pueda interesar 143
Sueño 144
Este pueblo 145
Playa sin arena 146
A paso de pantera 147
Del ánima herida 148
El ojo que ve y se contempla 150
Mi padre de ochenta 151
Una niebla que no borra (1980-1983)
Señal 155
Una niebla que no borra 156
¿A dónde va? 158
Estoraque 159
Po: La separación 161
Ta Yu 162
Arácnido 163
Otoño 164
En algún lugar 165
La canción de la guerra 166
Torturado 167
Azules de Barinitas 168
Ma’ María 169
Poeta sordo 170
Tse Wai Lin 171
Soy del país más hermoso de la tierra 172
Antología de la casa sola (1972-1979)
La casa sola 175
La caja negra 178
Diamante 181
Oasis 182
Distancia 183
Diálogo escondido 184
Canto solar 186
Viento barinés (1978)
Contrapunto barinés 191
Viento barinés 196
Arpista: Ay. ay, ay, ay, laralai, laralai 203
Apéndice crítico
La sombra de una mano
Douglas Bohórquez 241
Algo más que una experiencia de la vida
David Cortés Cabán 247
La persistencia del decir
José Carlos De Nóbrega 255
Este libro se terminó de imprimir
en mayo de 2013,
en los talleres de la Fundación
Imprenta de la cultura,
Caracas, Venezuela.
Son 1000 ejemplares.