Caso Clínico:
El Sr. Q. de 51 años de edad, director de un colegio de enseñanza secundaria, acude a consulta
por la insistencia de su mujer, a raíz de un enfrentamiento con el consejo escolar que ha puesto
en peligro su puesto de trabajo. La mujer dice que ahora su situación matrimonial es insostenible
y que si su marido no deja de pelearse con todo el mundo, se verá obligada a abandonarle.
En la primera entrevista el Sr. Q. admite que, aunque siempre ha sido una persona suspicaz,
últimamente esta característica se le ha ido de las manos. A pesar de este comienzo, continúa
diciendo que los miembros del consejo escolar están conspirando con el personal administrativo
y con un grupo de padres descontentos para expulsarle de su puesto. Piensa que los profesores y
el personal administrativo le "están ocultando algo" y no le dicen lo que va a ocurrir en el
colegio, de manera que lo tiene mal y acabará perdiendo su puesto de trabajo. Afirma que el
hecho de que su esposa insista tanto en que se le realice una valoración psiquiátrica, en realidad,
forma parte de la conspiración que el consejo escolar está tramando para quitarle su cargo,
porque su mujer es una buena amiga de uno de los miembros del consejo escolar, y el Sr. Q.
sospecha de que ella no es totalmente fiel. Asegura que el presidente del consejo le dijo
recientemente que, desde su ascenso a director, hace 2 años, se está comportando como un loco
con todo el mundo. El paciente insiste en que ha tratado de hacer su trabajo de la mejor manera
posible y que lo que le dijo el presidente del consejo es fruto de los celos y de la determinación
del consejo escolar de librase de él, "porque seguramente quieren poner a uno de sus
compañeros en el cargo". En cambio cuando se le pregunta con más detalle el Sr. Q. admite que
es posible que sus propias reacciones sean desmesuradas y que quizás algunos aspectos de su
comportamiento no son adecuados. Por otra parte, el paciente afirma que constantemente le
tratan de mala manera y que eso interfiere con su capacidad de llevar a cabo sus obligaciones en
el colegio.
Su esposa, en una entrevista aparte, asegura que su marido siempre ha mostrado cierta suspicacia
hacia los demás y una tendencia a guardar para sí sus pensamientos y sentimientos, aunque desde
que ascendió a director estos rasgos han empeorado mucho. Afirma que ha tenido frecuentes
discusiones con él cuando le dice que es él mismo quien se crea sus propios problemas. Según su
esposa, el Sr. Q. constantemente se muestra irritable y suele discutir con ella y con los profesores
y administrativos que tiene a su cargo. Está preocupada también por varios incidentes que han
ocurrido últimamente en el colegio. Por ejemplo, acuso al personal de cocina de malgastar
comida deliberadamente para hacer imposible ofrecer un buen servicio con el presupuesto
estipulado. Cuando el jefe de cocina le enseño los números, demostrando que el funcionamiento
de la cafetería de la escuela era tan bueno o mejor que cualquier otro del sistema, el Sr. Q. la
acuso de mostrarle cifras falsas. La encargada del personal de cocina se quejó entonces a la
oficina central, solicitando el traslado, que le fue concedido.
En otra ocasión el Sr. Q. llego a estar completamente convencido de que el profesor de sétimo
curso, en privado, pasaba informes negativos sobre él a un inspector escolar, que era amigo
personal de dicho profesor. En varias ocasiones, el paciente llamado a este profesor a su
despacho y le reprendió por haber "traicionado su confianza". El Sr. Q. no le creía por mucho
que el profesor le asegurara que su relación con el inspector era estrictamente social y que, en tal
situación, nunca se había planteado a comentar nada sobre el Sr. Q a sus espaldas. El conflicto
finalmente se volvió tan insostenible que este profesor solicito el traslado a otro colegio.
Después de este incidente, el presidente del consejo le dijo que si las cosas continuaban igual,
llegaría un momento en que sería imposible conseguir suficientes funcionarios para su centro.
La causa del último enfrentamiento con el consejo escolar fue resultado de la insistencia del Sr.
Q. en quejarse de que no se le había tenido en cuenta para un aumento de sueldo justo. Pese a
que el administrador encargado del presupuesto le aseguro que ningún otro director en una
posición comparable a la suya y con un nivel de experiencia similar había recibido un aumento
superior al suyo, el Sr. Q. insistió en presentar su caso en una sesión cerrada del consejo escolar.
El amigo que la Sra. Q. tenía en el consejo escolar le informó, en privado, acerca del
comportamiento y las acusaciones de su marido en esa reunión, que estuvieron tan fuera de tono
y tan lejos de lo que el consejo escolar esperaba de un director, que ella comenzó a preocuparse
seriamente por él y por la posibilidad de que perdiera su trabajo. Tras esta conversación, la Sra.
Q. insistió en que su marido fuera a ver un psiquiatra, con la condición de que si no lo hacía lo
abandonaría. Su esposa dice que el Sr. Q. no habla con sus suegros porque está convencido de
que ellos piensan que no es lo bastante bueno para su hija. Según él están tratando de
persuadirla para que le abandone, algo que la Sra. Q. niega. El paciente intenta, además, que su
esposa y sus hijos no tengan ningún tipo de contacto con los padres de la Sra. Q. porque según
dice, siempre que ella ve a sus padres muestra falta de lealtad y de apego hacia él.
Cuando el clínico entrevista a los 2 hijos del Sr. Q, una chica de 12 años de edad y un chico de
15 años de edad, la queja principal que alegan es que su padre dirige la casa como si fuera una
base militar, controlando todos sus gastos, sus amigos y sus fiestas. Siempre les exige un
itinerario completo de donde piensan estar a cada minuto. Su hija va a la escuela de la que es
director su padre, y este la somete a constantes interrogatorios para saber lo que dicen los demás
chicos sobre él. La familia del Sr. Q. admite que tiene razón cuando se queja de que le ocultan
cosas. A consecuencia de su vigilancia excesiva, su esposa y sus hijos han dejado de explicarle
casi todo; aun así, son frecuentes las explosiones de ira cuando le responden con evasivas o
medias verdades.
Cuando se le pide que se describa a sí mismo, el Sr. Q. dice estar orgulloso de ser un tipo de
persona capaz de detectar las farsas y falsedades de los demás. Comenta con todo lujo de detalles
que proviene de una familia muy pobre, que siempre ha tenido que trabajar contra la
desigualdad, que acabó la carrera con buenos resultados y que logró su cargo actual pese a las
circunstancias adversas y a los impedimentos de muchos profesores y jefes hostiles.
301.20 (F60.1) TRASTORNO PARANOIDE DE LA PERSONALIDAD
Caso Clínico 2
A los 20 años, Lester Childs era en muchas formas una copia al carbón de su hermano mayor.
Nacido en forma prematura, había pasado sus primeras semanas de vida en una incubadora. Sin
embargo había ganado peso con rapidez y en pocos meses estaba dentro de los valores normales
para la edad. Camino, habló y controlo esfínteres a las edades ordinarias. Era posible que
debido a que ambos habían trabajado muy duro en la granja y quizá porque no había otros niños
para que él y sus hermanos jugaran, que sus padres no habían notado nada extraño en Lester
hasta que entró al primer año. En pocas semanas, su maestra les había contactado para
solicitarles una entrevista.
Lester parecía ser brillante, les había dicho; su trabajo escolar no se cuestionaba. Sin embargo su
sociabilidad era casi nula. Durante el recreo, cuando otros niños jugaban con la pelota o rondas,
él se quedaba en el salón a dibujar. Era raro que participara en las discusiones del grupo y
siempre se sentaba algunos centímetros más atrás que los otros niños en el círculo de lectura.
Cuando tuvo que hacer una presentación de actuación y relato frente al grupo, se paró en silencio
al frente durante algunos momentos, sacó un hilo de papalote de su bolso y lo tiró al piso. Luego
se sentó.
La mayor parte de su conducta era similar a la de Lyonel, de forma que los padres no se habían
preocupado mucho. Aun así, lo llevaron con el médico familiar, quien estuvo de acuerdo en que
era probable que eso no fuera lo normal en su familia y que lo "superaría". Sin embargo, nunca
lo hizo; simplemente creció. Nunca realizaba actividades con su familia. En navidad abría su
regalo, lo llevaba a una esquina y jugaba ahí solo. Ni siquiera Lyonel hacía eso.
Cuando Lester entro a la habitación, fue evidente que no consideraba que la cita fuera algo
especial. Llevaba pantalones de mezclilla, rasgados en una rodilla, un tenis andrajoso y una
playera que alguna vez había tenido mangas.
Durante la mayor parte de la entrevista estuvo hojeando una revista dedicada a la astronomía y
las matemáticas. Después de esperar más de un minuto para que Lester dijera algo, el
entrevistador preguntó: "¿Cómo estás?"
"Estoy bien". Lester siguió leyendo.
"Tu mamá y tu papá te pidieron que vinieras hoy a verme. ¿Puedes decirme porque?"
"En realidad, no".
"¿No tienes alguna idea al respecto?".
"No".
La mayor parte de la entrevista transcurrió de esta manera. Lester aportaba información con
buena disposición, cuando se le solicitaba de forma directa, pero parecía no tener interés alguno
en hacerlo de forma voluntaria. Mientras estaba en silencio, mirando la revista, no demostró
otras conductas anormales o excéntricas. El flujo de su discurso (el poco que existió) era lógico y
secuencial. Estaba orientado por completo y tuvo una calificación perfecta de 30 en su Mini-
Examen del Estado Mental. Su ánimo estaba "ok", ni muy contento ni muy triste. Nunca había
consumido alcohol o drogas. Con calma negó en forma enfática haber escuchado voces, tener
visione so ideas de estar siendo observado, seguido, de que hablaran de él, o que de alguna
forma alguien estuviera causándole alguna interferencia. "No soy como mi hermano", fue la
respuesta espontánea, más larga que había tenido hasta ese momento.
Cuando se le preguntó cómo era, Lester dijo que como Greta Garbo, quien también quería que la
dejaran en paz. Dijo que no necesitaba amigos y que también podía estar bien sin su familia.
Tampoco necesitaba tener relaciones sexuales. Había visto revistas de sexo y libros de anatomía.
Mujeres u hombres, era algo aburrido. Su concepto sobre como pasar la vida bien era vivir sólo
en una isla, como Robinson Crusoe, "pero sin Viernes".
Se puso la revista bajo el brazo y salió del consultorio, para nunca regresar.
301.20 (F60.1) TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD ESQUIZOIDE
Caso Clínico 3
"Pero, ¡es mi bebé! ¡No me importa lo que él tuvo que ver con esto! "Embarazada y
sintiéndose miserable, Charlotte Grenville estaba sentada en el consultorio del entrevistador y
lloraba con frustración. Estaba ahí a solicitud del juez que presidía una demanda por derechos
de visita a su hijo aún en gestación.
La identidad del padre nunca se puso en duda. Dos meses y una semana después de la fecha de
su última regla, Charlotte fue al Ginecólogo y luego llamó a Timothy Oldham para darle la
noticia. Había considerado la opción de demandarle pensión alimenticia, pero eso no había
sido necesario. Él ganaba bastante dinero instalando alfombras y no tenía dependientes
económicos. Le ofreció S/.2000 soles al mes, para iniciar de forma inmediata. Sin embargo,
quería ayudarla a criar al bebe. Charlotte rechazó de inmediato la idea e impuso la demanda.
Con un expediente repleto, el caso había tomado casi todo el embarazo.
"¡Digo que él es realmente extraño!"
"¿Qué quiere decir con extraño? Deme algunos ejemplos".
"Bueno, lo conozco desde hace mucho tiempo varios años, de cualquier forma. Tenía una
hermana que murió; habla de ella como si estuviera viva todavía. Y hace cosas extrañas.
Como, cuando hicimos el amor. Justo a la mitad comenzó a balbucear eso sobre el "amor
sagrado" y dedicar su semilla. Eso me asustó mucho. Le dije que se detuviera y saliera, pero
era demasiado tarde. Quiero decir, ¿usted querría que su hijo creciera con eso por padre?
"Si es tan peculiar, ¿por qué se involucró con él?"
Ella se veía desesperada. "Bueno, solo lo hice una vez. Y es posible que haya estado tomada al
hacerlo"
En la comparación con Charlotte, Tim estaba tranquilo. Sentado en silencio durante la
entrevista, era rubio con aspecto de pandillero, con el pelo colgando sobre la frente y casi
tocando sus cejas. Refirió su versión en un tono monótono y seco que no revelaba la menor
emoción.
Timothy Oldham y su hermana gemela, Miranda, habían quedado huérfanos cuando tenían 4
años. No recordaba a sus padres, excepto por la impresión vaga de que era posible que
hubieran vivido de lo que les dejaba la venta de la marihuana producida en un rancho al norte
de California. Los dos niños habían sido llevados con su tía y tío, unos Bautistas del Sur que,
según decía, hacían que la pareja de granjeros en American Gothic de Grant Wood se viese
alegres en comparación. "Esa pintura... realmente son ellos. Tengo una copia en mi recamara.
En ocasiones casi puedo ver a mi tío moviendo su rastrillo hacia delante y atrás para
señalarme".
"¿Es real que su tío, o que el rastrillo se mueve?", pregunto el entrevistador.
"Bueno, es más bien un sentimiento que me da... en realidad no... un signo de mi ambiente
Cristiano..." dijo Timothy con voz que se perdía, pero seguía mirando justo al frente.
El "ambiente Cristiano", según explico, significaba que todos eran puestos en la tierra con
algún propósito especifico. Su tío solía decir eso. Él pensaba que su propósito podría ser
ayudar a criar al bebé que estaba creciendo en el vientre de Charlotte. Sabía que debía haber
algo más que solo instalar alfombras todo el día.
Timothy tenía solo unos cuantos amigos, ninguno de ellos cercano. Charlotte misma no había
pasado con él más que unas cuantas horas. En respuesta a alguna pregunta, comenzó a hablar
sobre su hermana. Miranda y él habían sido comprensiblemente cercanos; ella era la única
amiga que él había tenido. Murió por un tumor cerebral cuando tenían 16 años, y eso fue
devastador para Timothy. "Estábamos entretejidos cuando nacimos. Juré ante su tumba que eso
nunca se perdería".
Aún sin inflexiones de voz, Timothy explico que estar "entretejidos" era algo con lo que se
nacía. Él y Miranda aún lo estaban. Era un ambiente Cristiano y ella lo estaba dirigiendo desde
más allá de la tumba para que tuviera una niñita. Decía que eso era como tener de nuevo a
Miranda con él. Sabía que el bebé realmente nunca sería Miranda, pero sabía que sería una
niña. "Es simplemente uno de esos presentimientos. Pero sé que estoy en lo correcto".
Timothy respondió de forma negativa a las preguntas usuales sobre alucinaciones, ilusiones,
estados de ánimo anormales, consumo de sustancias y problemas médicos, tales como lesión
cefálica y trastornos compulsivos. Después se levantó de su asiento y salió sin decir palabra.
Esa tarde Charlotte Grenville dio a luz a un niño sano.
301.22 ( F21)TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD ESQUIZOTIPICO
Caso Clínico 4
Milo Tark era un joven de 23 años, bien inteligente. Cuando trabajaba como instalador de
calefacciones y aire acondicionado tenía un buen sueldo. Se había iniciado en ese negocio
cuando dejo la escuela, lo cual ocurrió en algún momento durante el primer año de
preparatoria. Desde entonces había tenido por lo menos 15 empleos; lo más que había
permanecido en uno eran 6 meses.
Milo fue referido para evaluación después de que se le sorprendió tratando de obtener dinero
bajo presión de algunos clientes ancianos en un cajero automático. La máquina era una de las
dos que daban servicio en la sucursal bancaria en que su madre trabajaba como asistente del
Gerente.
"¡El pequeño demonio!", dijo su padre durante su primera entrevista. "Siempre fue difícil de
educar, incluso cuando era niño. De alguna manera me hace recordarme, en ocasiones. Solo
que yo logré superarlo".
Milo se había involucrado en muchas riñas cuando era niño. Se había sangrado la nariz por
primera vez cuando tenía 5 años, y la paliza ejemplar que le había dado su padre no le había
enseñado nada sobre dejar de golpear a otros. Después había sido suspendido durante el primer
año de secundaria por extorsionar a una niña de 8 años con $3 USA y quedarse con su cambio.
Cuando por fin termino la expulsión, respondió yéndose de pinta durante 47 días seguidos. En
ese momento se dio una serie de encuentros con la policía, que comenzaron por robo oculto en
tiendas (condones) y que luego evolucionaron de forzar puertas y entrar en sitios ajenos (en
cuatro ocasiones) a robo de autos cuando tenía 15 años. Por robar un Toyota se le envió medio
año a un campo conducido por las autoridades juveniles estatales. "Fueron los únicos seis
meses en que su madre y yo supimos dónde estaba por la noche", acotó su padre.
Al parecer, aquel tiempo de detención le había hecho algún bien a Milo, por lo menos al inicio.
Aunque nunca regresó a la escuela, durante los siguientes seis meses evito ser arrestado y en
forma intermitente se aplicaba para aprender su negocio. Luego celebró su cumpleaños número
19 emborrachándose y uniéndose al ejército. En pocos meses estaba de nuevo en la calle, tras
haber sido expulsado por mala conducta por compartir cocaína en su celda y atacar a dos
cabos, su sargento primero y a un teniente segundo. Durante los siguientes años trabajo cada
vez que necesitaba dinero y no podía conseguirlo de otra forma. Poco después de esta
evaluación embarazó a una niña de 16 años.
"Era solamente una tonta fácil". Milo se recargó sobre la silla, con una pierna sobre el brazo de
la silla. Había logrado dejarse crecer una barba desordenada, y jugaba con un palillo que
sostenía en uno de los bordes de la boca. Las letras O-D-I-O y A-M-O-R estaban tatuadas en
una forma burda sobre sus nudillos. "Ella nunca se opuso cuando la eché a la cama".
En ese momento, el ánimo de Milo era bueno, y nunca había padecido nada que pareciera
manía. Nunca había tenido síntomas de psicosis, excepto cuando se estaba desintoxicando de
speed. En ese momento "me sentía un poco paranoico", pero la sensación no era duradera. Lo
hecho en los cajeros en la sucursal en que trabajaba su madre había sido un plan de uno de sus
amigos. El amigo había leído algo parecido en los periódicos y pensaba que aquella sería una
forma fácil de obtener dinero. Nunca habían pensado que serían descubiertos, Milo no había
considerado la repercusión que ese acto podría tener para su madre. Simplemente bostezó y
dijo: "Puede conseguirse otro empleo".
301.7( F60.2) TRASTRONO DE LA PERSONALIDAD ANTISOCIAL.
Caso Clínico 5
Elena tiene 25 años y es su novio quien la lleva a urgencias, porque los síntomas, demandas y
comportamiento caótico de ella le están inquietando, cada vez más. La principal queja que ella
plantea a los profesionales es: "no dejo de pensar en matarme". Elena es una secretaria
competente, tiene su propio apartamento y es autosuficiente. Asiste también a clases nocturnas
en la universidad, porque desea progresar en sus estudios y no "seguir siendo una secretaria
toda mi vida".
La actual crisis comenzó cuando su novio, Mario, no aceptó su petición de matrimonio tras una
relación de 2 años de duración. Elena comenzó a telefonearle a su trabajo exigiéndole cada vez
más tiempo para ella, y llego a amenazarle diciendo que se mataría si no pasaba cada noche
con ella. Mario refería que esas exigencias, las llamadas telefónicas, y las amenazas crecientes
llegaban a ser insoportables y que estaba deseando acabar, de una vez, con esa relación. La
noche en que Mario llevo a Elena a urgencias, le había dicho que tenía que marcharse de viaje
de negocios y que estaría fuera varios días. Elena insistió en que se marchaba con el único fin
de alejarse de ella. Comenzó a agitarse intensamente y a decir, con un tono violento, que iba a
matarse. En urgencias Elena menosprecia, airada, a su novio delante de los profesionales y le
acusa de estar utilizándola para rechazarla después. Tras separar físicamente a la pareja, los
profesionales pueden obtener la historia del desarrollo progresivo de los síntomas de Elena.
En respuesta al estrés de los últimos meses, la paciente ha presentado un estado de ánimo
depresivo con oscilaciones, tendencia a la hipersomnia (especialmente por las noches y los
fines de semana) y a darse atracones de comida que le han provocado un aumento de peso de 8
kg. Dice que se siente constantemente ansiosa y cada vez le cuesta más concentrarse en sus
estudios. Ha continuado trabajando durante este periodo de estrés, buscando el apoyo de sus
compañeros de oficina. La atención prestada por Mario o por sus compañeros de trabajo hace
que su estado de ánimo mejore, y este estado se mantiene siempre que ellos están a su lado.
Elena experimenta sus síntomas más intensos cuando está sola. Incluyen fantasías prolongadas
de matar a su novio y el deseo de hacerse daño a sí misma. Dice que en varias ocasiones ha
llegado a hacerse cortes con una cuchilla de afeitar y afirma que, cuando lo está haciendo, se
ve a sí misma como si a distancia, aturdida y muerta, sin sentir dolor.
201.83(F60.3) TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD LIMITE
Caso 6
El Sr. D es un licenciado de 32 años de edad, soltero, que acude a consulta porque piensa que
ha fracasado totalmente en su trabajo y en su vida sentimental. Después de varios años no ha
podido hasta ahora acabar su tesis. Aunque ha acumulado miles de fichas y cientos de
referencias, el Sr. D se ve incapaz de finalizar el proyecto. Trabaja de ayudante de cajero en
una librería. Cada vez está más convencido de que se quedará detrás de una caja registradora
por el resto de su vida, cosa que le resulta particularmente dolorosa, porque odia su trabajo, y
constantemente teme cometer un error y que un cliente o su jefe puedan regañarle.
El Sr. D es extremadamente tímido. Tiene grandes problemas para iniciar conversaciones con
desconocidos por miedo de decir algo estúpido. Cuando se le invita a fiestas suele dar excusas
para no asistir, pero cuando se atreve a ir, se siente avergonzado y desconcertado y está seguro
que esta ruborizado todo el tiempo. Generalmente se pone tan ansioso y esos sentimientos le
abruman tanto que se marcha antes de tener la oportunidad de hablar con alguien. Esto hace
que se sienta como un idiota e incluso se le quitan aún más las ganas de aceptar la siguiente
invitación.
Muy de vez en cuando el Sr. D ha mantenido una breve relación con una mujer, generalmente
presentada por un conocido de los dos, pero las relaciones siempre acaban mal. Las mujeres se
sorprenden por su falta de impulso sexual y son ellas quienes han de tomar la iniciativa. El Sr.
D se muestra entonces penosamente cohibido, teme no salir airoso y suele acabar con
eyaculación precoz.
El Sr. D es el mayor de 3 hermanos, de una familia de clase media baja. Aparentemente el Sr.
D fue un chico bastante agresivo, fogoso y alegre hasta los 5 años de edad, pero entonces su
padre lo pillo desnudando a la hija menor de su vecino y jugando con su vagina. El Sr. D
recibió una paliza, y un sacerdote del barrio le sometió a un proceso de mortificación. Después
de varios meses de rígida enseñanza religiosa y autodisciplina, perdió su coraje y agresividad,
se fue volviendo cada vez más tímido y se le declaro absuelto de sus pecados. Desde entonces
ha tendido a evitar conflictos, y ha sido un alumno cuyos rendimientos siempre han resultado
inferiores a los que se esperaba él.
El Sr. D es inteligente y psicológicamente sofisticado. Sin que se le pregunte refiere que su
timidez y temor a la crítica proviene de la vigilancia con la que sentía que sus padres
observaban su comportamiento. Cuando el entrevistador le pregunta cómo afecta esto a sus
relaciones sexuales, sonríe y dice: "Es como si siempre tuviera a mi padre mirando". Entonces
recuerda un sueño en el que él está haciendo el amor con una mujer en el asiento trasero de un
taxi, cuando el taxista les interrumpe y acaba por sustituirle a él. El paciente es obligado a
ponerse en el asiento delantero y mirar por el espejo retrovisor mientras la pareja mantiene
relaciones sexuales. Menciona, de paso que la mujer es muy vieja y no muy bonita en realidad.
En la segunda sesión, el Sr. D está callado y tímido con el terapeuta y niega conscientemente
cualquier recuerdo de tipo sexual. Cuando se le presiona para ver lo que le ocurre, el paciente,
sorprendido, se da cuenta de que ya esperaba que el terapeuta fuera exigente y crítico con él. El
Sr. D quiere entender y cambiar su comportamiento, pero no está seguro de que pueda supera
la vergüenza de tener que revelar todos sus pensamientos a alguien que seguramente juzgará
cuando le diga. Esta timidez es debida a que anteriormente no ha estado nunca en tratamiento y
no está seguro del tiempo que deberá permanecer en él. Le preocupa también el tiempo y la
energía que tendrá que dedicar al tratamiento, que le podrían distraer de su trabajo en la tesis,
así como la posibilidad de "abrir la caja de Pandora”. Su situación económica es muy delicada.
31.82 (F60.6) TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD EVITATIVA
Caso 7
La Sra. T es una mujer de 53 años de edad, con tres hijos veinteañeros que son quienes insisten
para que acuda a consulta. Hace un año, su marido, con quien estuvo casada 30 años, la dejo
por una mujer más joven. Desde entonces no se siente con fuerzas para nada. Constantemente
tiene miedo y es incapaz de tomar decisiones sobre lo que ha de hacer en cualquier aspecto de
su vida (p.ej., continuar viviendo en su casa, buscarse un trabajo, administrar su dinero e
incluso que ropa comprarse). Siempre pide consejo a sus hijos y el apoyo emocional que antes
le proporcionaba su marido. Sus hijos la quieren y entienden su difícil situación, pero cada vez
se sienten más molestos porque ella no puede valerse por si misma. Los amigos que
anteriormente habían sido cariñosos con la Sra. T también se han alejado de ella a causa de sus
constantes demandas de ayuda y han comenzado a evitarla.
Muchos de sus amigos y conocidos no pueden entender porque se ha quedado tan desolada tras
el abandono de su marido, quien siempre le había sido infiel, incapaz de complacerla y muy
estricto con los gastos. Sin embargo, había tomado, por ella todas las decisiones importantes:
como ganarían e invertirían su dinero, donde vivirían cuando y donde irían de vacaciones,
cuando y donde irían a comer, que películas verían, con quien saldrían, a que colegio irían los
niños e incluso que carreras deberían escoger los niños. El Sr. T siempre iba de compras con
ella e incluso le ayudaba a elegir su ropa. Después de dejarla, la Sra. T se derrumbó, se sentía
incapaz de hacer nada y cayó en un estado de indefensión.
La Sra. T era la única hija de una madre excesivamente cariñosa. Su padre murió en la
segundada guerra mundial, cuando ella tenía 3 años. Su madre fue una mujer dura y posesiva
que se ocupaba de vestirla y la trataba como a una muñeca frágil, tomando por ella todas las
decisiones. La madre de la paciente se dedicó toda su vida a darle lecciones, a prepararle todos
sus encuentros sociales y a elegirle sus amigos. La paciente siguió viviendo en su casa durante
los primeros 3 años de la universidad. Durante el tercer año universitario, su madre murió de
repente en un accidente de tráfico.
El Sr. T, abogado de la madre y notario del testamento, se hizo cargo de todos los papeleos de
la Sra. T después de la muerte de la madre de ésta y pronto se convirtió en su consejero y
confidente. La Sra. T se sintió aliviada cuando él le pidió que se casaran porque ella había
comenzado a depender de él para llenar el vacío dejado por la muerte de su madre.
301.6(F60.7) TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD DEPENDIENTE
Caso 8
"Lo admito soy más que ordenada". Robin Chatterjee acomodó uno de los pliegues en su sari
hindú tradicional. Robin era una estudiante graduada en biología, nacida en Bombay y educada
en Londres. Ahora pasaba parte de su tiempo libre como asistente de enseñanza en biología, y
el resto tratando de hacer su trabajo en una universidad importante en EUA. Miraba el
entrevistador sin parpadear.
De acuerdo con su asesor el Dr. MacLeish, un escocés un tanto severo que le había solicitado
acudir a la entrevista, el problema no era el orden. Era completar el trabajo. Cada uno de los
documentos que ella entregaba era hermoso, estaban referidos todos los hechos, cada
conclusión era correcta, incluso carecía de errores de ortografía. Él le había preguntado porque
no podía aprender a entregarlos un poco más rápido, "antes de que las ratas murieran de vejez".
Aquello le había parecido chistoso en el momento, pero la había hecho pensar.
Robin siempre había sido ordenada. Su madre la había obligado a hacer pequeñas listas de sus
tareas, y el hábito había echado raíz. Robin admitía que se sentía tan "perdida en las listas" que
en ocasiones apenas tenía tiempo para terminar el trabajo. Sus estudiantes parecían estar
contentos con ella, pero algunos de expresaban que deseaban que les delegara una
responsabilidad mayor. Uno de ellos le había dicho al Dr. MacLeish que Robin parecía temer
incluso dejarles hacer sus propias disecciones, sus métodos no eran tan compulsivamente
correctos como los de ella, de forma que Robin trataba de hacerlas.
Por último también admitió que casi todas las noches sus hábitos de trabajo la hacían
permanecer hasta tarde en el laboratorio. Habían pasado varias semanas desde su última cita de
hecho, cualquier ida social. Esta noción fue la que le hizo seguir el consejo del Dr. MacLeish e
ir en busca de una evaluación de salud mental.
301.4(F60.5) TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD OBSESIVA COMPULSIVA