Clase Nº6
Hidrógeno verde y energías renovables
Curso:
Herramientas para el Análisis de la Industria de las Energías
Renovables
Profesor
Enzo Sauma (Ph.D.)
Clase Nº6:
Hidrógeno verde y energías renovables
Contenido
Resultados de aprendizaje esperados 3
1. Introducción 3
2. El hidrógeno como vector de energía limpia 3
3. Producción de hidrógeno y su relación con las energías renovables 4
3.1 Producción on-grid y off-grid 5
3.2 Ubicación y su impacto en los costos de la producción de hidrógeno 6
4. Almacenamiento del hidrógeno verde 8
4.1 Almacenamiento de hidrógeno mediante compresión 8
4.2 Almacenamiento de hidrógeno licuado a temperatura criogénica 8
4.3 Almacenamiento de hidrógeno mediante criocompresión 8
4.4 Almacenamiento de hidrógeno a través de materiales mediante procesos físicos 8
4.5 Almacenamiento de hidrógeno a través de materiales mediante procesos químicos 8
5. Usos y aplicaciones del hidrógeno verde 9
6. Desafíos por resolver 10
7. Otros combustibles verdes 11
8. Conclusión 11
9. Bibliografía 12
© Enzo Sauma
Resultados de aprendizaje esperados
Los objetivos de esta clase son:
- Comprender cómo el hidrógeno puede ser usado como un vector energético libre de emisiones de
gases de efecto invernadero.
- Analizar las distintas tecnologías de producción de hidrógeno y su relación con las energías
renovables.
- Comparar las distintas formas que existen de almacenar el hidrógeno verde y sus complejidades.
- Analizar los distintos usos y aplicaciones del hidrógeno verde.
- Reflexionar sobre los distintos desafíos que aún existen por resolver para tener un hidrógeno verde
competitivo.
- Analizar los potenciales beneficios del uso de otros combustibles verdes como vectores
energéticos.
1. Introducción
Chile y muchos otros países han experimentado una importante transformación energética gracias a sus
recursos renovables (principalmente solares y eólicos). El hidrógeno combustible se presenta hoy en este
escenario como una promisoria alternativa que permitiría continuar con este desarrollo de tecnologías
sustentables. La producción de hidrógeno podría ayudar a absorber la generación de energía eléctrica de
paneles solares fotovoltaicos (a ciertas horas del día) o de aerogeneradores y así facilitar la penetración de
fuentes renovables variables.
El hidrógeno es un combustible, un mecanismo de almacenamiento de energía, un componente clave de
fertilizantes y una materia prima para muchos procesos. En resumen, el hidrógeno es potencialmente una
de las formas más flexibles de almacenar energía renovable.
El hidrógeno combustible no emite directamente gases de efecto invernadero. Por ello, todos los países del
planeta tienen sus ojos muy puestos en los avances que puedan realizarse en lograr una producción limpia y
competitiva del hidrógeno, la cual podría contribuir de manera muy significativa a combatir el cambio
climático.
2. El hidrógeno como vector de energía limpia
El hidrógeno es el elemento de menor tamaño en la tabla periódica. El interés actual se centra en que puede
utilizarse como un vector energético. Esto significa que, aunque no se encuentra presente naturalmente,
luego de recibir algún proceso para su producción, es capaz de almacenar la energía para utilizarla
posteriormente en diversas aplicaciones como son el sector de transporte e industria, sin emisiones directas
de gases de efecto de invernadero (GEI) en su punto de uso. Es decir, entre otras ventajas, el hidrógeno
combustible puede no emitir gases de efecto invernadero. Por otro lado, el hidrógeno posee un poder
calorífico en términos de masa (capacidad de entregar energía por unidad de masa) tres veces mayor que el
petróleo diésel (120 MJ/kg versus 40 MJ/kg). Esto implica que se necesita menos masa de combustible por
cantidad de energía necesaria para transportar.
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3. Producción de hidrógeno y su relación con las energías renovables
El hidrógeno es un componente químico clave de muchos de los procesos que se desarrollan en las distintas
industrias. Al 2019, el mundo utiliza alrededor de 70 millones de toneladas de hidrógeno por año, el cual
proviene casi en su totalidad de la reformación de gas natural (76%) y de la gasificación del carbón (23%), lo
que genera importantes emisiones de gases de efecto invernadero (Agencia Internacional de Energía, 2019).
La electrólisis es otra alternativa de producción de hidrógeno, aunque bastante menos común, con menos
del 2% del total de producción a nivel mundial hasta el 2019 (Agencia Internacional de Energía, 2019; Nazir
et al., 2020). Consiste en separar las moléculas de agua (H2O) en hidrógeno y oxígeno mediante el uso de
electricidad, en un equipo conocido como electrolizador.
Dependiendo de donde proviene la electricidad que se usa para separar el hidrógeno de las moléculas de
agua, hay todo un arcoíris de denominaciones del hidrógeno. Si la electricidad usada proviene de
combustibles fósiles, entonces el hidrógeno producido se conoce como “hidrógeno gris”. Si la electricidad
usada proviene de combustibles fósiles, pero se realiza una captura del carbono emitido, entonces el
hidrógeno producido se denomina “hidrógeno azul”. Si la electricidad usada proviene de centrales de energía
nuclear, entonces al hidrógeno producido se le llama “hidrógeno rosado”. Y si la electricidad usada en la
electrólisis proviene de fuentes renovables, entonces la producción del hidrógeno se considera como
“hidrógeno verde”, puesto que se realizará sin emisiones de GEI.
Por lo tanto, para un desarrollo de la industria del hidrógeno verde se debe disponer de abundante
electricidad proveniente de fuentes de energía renovable. En cambio, si las fuentes usadas son de altas
emisiones, el hidrógeno producido puede tener incluso mayores emisiones que las alternativas tradicionales
(reformación de gas natural o gasificación del carbón), que son más económicas.
Para llevar a cabo el proceso de la electrólisis, se utiliza un ánodo (carga positiva), un cátodo (carga negativa)
y una membrana que los separa (por donde pasa el agua). Dependiendo del tipo de membrana utilizada se
distinguen distintas variantes, entre las que se destacan: las celdas alcalinas, las membranas de intercambio
protónico (PEM), las membranas de intercambio aniónico (AEM) y las emergentes electrólisis de óxido-sólido.
La primera es la más utilizada y madura tecnológicamente, principalmente por el hecho de requerir un costo
de capital relativamente bajo, dado que evita el uso de metales nobles.
No obstante, las celdas alcalinas tienen 3 dificultades: (i) tienen una densidad de corriente eléctrica limitada,
(ii) tiene una tasa mínima de producción de hidrógeno (normalmente alrededor del 10 a 20% de su capacidad
máxima de producción) y (iii) operan a baja presión. En particular, el hecho de que tengan una tasa mínima
de producción de hidrógeno implica que el electrolizador no puede partir funcionando rápidamente, sino
que tiene una respuesta más lenta, hasta que logra el nivel mínimo de electricidad circulando. Esto tiene una
implicancia importante para las energías renovables variables, puesto que, en los momentos donde la
disponibilidad del recurso renovable (por ejemplo, radiación solar o viento) es limitada y no se logra una
generación de electricidad superior al 10-20% de la capacidad de producción del electrolizador, entonces el
electrolizador de celdas alcalinas lo operará. Es por ello que muchas veces se prefiere usar las celdas alcalinas
con fuentes no variables de generación eléctrica.
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Los electrolizadores que utilizan membranas de intercambio protónico (PEM) no tienen estas dificultades.
Sin embargo, los electrolizadores PEM son bastante más costosos que los que usan celdas alcalinas (3 a 4
veces más costosos en 2020). Se espera que al año 2050, los costos de capital requeridos en los
electrolizadores PEM sean similares a los que usan celdas alcalinas (Agencia Internacional de Energía, 2019).
La electrólisis requiere alrededor de 50 kWh de electricidad por cada kilogramo de hidrógeno que se produce,
valor que depende de la eficiencia del electrolizador y varía entre tecnologías. Este proceso también requiere
agua y su consumo es de 9 litros por kilogramo de hidrógeno que se produce.
La electrólisis se ha vuelto más competitiva por la introducción de las energías renovables variables, que
permiten la generación de combustible limpio (hidrógeno verde) y han logrado disminuir los precios de la
energía eléctrica, que es uno de los principales costos operacionales. De esta forma, es posible generar
hidrógeno sin emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) relacionadas, para lo cual la electricidad se
debe obtener de fuentes sin emisiones directas, como plantas solares fotovoltaicas o eólicas. Es por ello que,
dado el enorme potencial solar del norte de Chile, se vislumbra que Chile puede alcanzar los menores costos
de producción de hidrógeno a nivel mundial, llegando al 2050 a ser inferiores a los 1,8 USD/kg de H2.
Finalmente, cabe mencionar que existen otros métodos de producción de hidrógeno (además de la
reformación de gas natural, la gasificación del carbón y la electrólisis), tales como la producción de hidrógeno
mediante el uso de microalgas, pero que se encuentran en una etapa de desarrollo muy temprana aún.
3.1 Producción on-grid y off-grid
Tal como se mencionó en el acápite anterior, la electrólisis es un proceso bastante intensivo en el uso de
electricidad. Por ello, se ha vuelto más competitiva por la introducción de las energías renovables variables,
que permiten la generación de hidrógeno verde a bajo costo.
La producción de hidrógeno mediante electrólisis puede realizarse usando la energía eléctrica proveniente
de una planta de energía renovable que no está conectada a la red eléctrica (producción off-grid) o usando
(parcial o totalmente) la energía eléctrica proveniente de la red (producción on-grid).
En la producción off-grid, generalmente se usa una planta de energía solar fotovoltaica o un parque eólico
para generar la electricidad que se usa en el electrolizador. El hidrógeno resultante es hidrógeno verde,
puesto que toda la electricidad usada en el proceso de la electrólisis proviene de fuentes renovables. Sin
embargo, en este caso, la costosa infraestructura que se requiere para producir hidrógeno no es utilizada
todo el tiempo debido a la variabilidad de las fuentes renovables (por ejemplo, si se usa electricidad de una
planta de energía solar fotovoltaica, no se podrá producir hidrógeno durante la noche, a menos que se
disponga de un dispositivo de almacenamiento de energía, lo que subiría aún más los costos del proceso).
Comúnmente, debido a la disponibilidad de las fuentes renovables variables, la producción de hidrógeno off-
grid posee un factor de uso (factor de planta) menor al 50%, a pesar de que los electrolizadores podrían
alcanzar factores de uso por sobre el 95%. Esto impacta fuertemente el costo promedio de producción del
hidrógeno.
Otra alternativa es considerar la producción de hidrógeno mediante un electrolizador que usa electricidad
totalmente proveniente de la red eléctrica. En este caso, la planta de producción de hidrógeno conectada a
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la red podría operar prácticamente cada hora del día, alcanzando altos factores de uso, lo que permitiría
reducir los costos promedios de producción. Sin embargo, se debe tener en cuenta que el hidrógeno
producido no es hidrógeno verde, puesto que la electricidad no proviene totalmente de fuentes renovables
(a menos que se tenga una red eléctrica 100% renovable). Las emisiones asociadas a esta producción de
hidrógeno dependerán del mix tecnológico de generación de la red eléctrica: mientras más renovable sea la
matriz eléctrica de un sistema, más “verde” será el hidrógeno producido usando dicha electricidad.
Naturalmente, existe una tercera alternativa, la que consiste en producir hidrógeno con un modelo híbrido,
donde se utiliza electricidad proveniente de una planta de energía renovable en los momentos en que esta
está disponible y electricidad proveniente de la red eléctrica en los momentos donde la energía renovable
no está disponible. En este caso, el electrolizador está conectado a ambos: tanto a la planta de energía
renovable como a la red eléctrica. La electricidad de la red eléctrica es usada para complementar la
electricidad que necesita el electrolizador en caso de no disponer de energía desde la planta renovable en
alguna hora. En el caso de usar un electrolizador conectado tanto a una planta de energía solar fotovoltaica
como a la red eléctrica, por ejemplo, se podría producir hidrógeno verde durante el día (usando la electricidad
proveniente de la planta solar) e hidrógeno gris durante la noche (usando la electricidad de la red eléctrica).
Esto disminuiría tanto el costo promedio de la producción de hidrógeno (al aumentar el factor de uso de la
planta de hidrógeno) como las emisiones de GEI. Además, si se logra tener una matriz eléctrica cada vez más
limpia, las emisiones asociadas a la producción de hidrógeno usando electricidad de la red eléctrica serán
cada vez menores.
3.2 Ubicación y su impacto en los costos de la producción de hidrógeno
Como mencionamos antes, la introducción de las energías renovables variables permite la generación de
hidrógeno de manera más económica y más limpia. En caso de producir hidrógeno usando electricidad
proveniente tanto de plantas de energía renovable como de la red eléctrica, mientras más renovable sea la
matriz eléctrica del sistema eléctrico, menos emisiones tendrá asociado el hidrógeno producido usando dicha
electricidad. De este modo, los lugares con mayor disponibilidad de energía renovable son los lugares que
presentan una mejor perspectiva para ser productores masivos de hidrógeno verde (o “hidrógeno cuasi-
verde”, en caso de disponer de una matriz mayoritariamente renovable) a costos competitivos.
En ese sentido, Chile es uno de los países con un mayor potencial para producir hidrógeno verde de manera
competitiva, dado su alto potencial de energía solar y eólica. De hecho, la figura 1 muestra una estimación
del costo promedio de producción de hidrógeno verde mediante electrólisis en los distintos lugares del
planeta. El atractivo de Chile para producir hidrógeno verde es evidente de la figura 1.
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Figura 1: Costo nivelado de producción de hidrógeno verde, considerando energía solar fotovoltaica y
eólica, en el largo plazo. Fuente: (Agencia Internacional de Energía, 2019).
La producción de hidrógeno se evalúa económicamente, por lo general, mediante su costo nivelado
(conocido en inglés como Levelized Cost of Hydrogen o LCOH), el que consiste en el costo asociado a producir
un kilogramo de hidrógeno incluyendo todos los costos existentes en la vida útil del proyecto, entre los que
destacan la inversión y los costos operacionales y de mantenimiento (Pan et al., 2020). Este LCOH representa
el precio de venta del hidrógeno al cual se logra un Valor Actual Neto (VAN) igual a 0 para el propietario de
la planta de producción de hidrógeno, considerando la producción durante toda la vida útil de la planta. La
forma en que se obtiene el LCOH es mediante la división del valor presente de todos los costos futuros a
realizarse en la vida del proyecto por la cantidad total producida de hidrógeno en cada periodo.
Dentro de los componentes del LCOH destaca el costo de capital que se debe invertir para la generación de
estos proyectos, siendo el más relevante el del electrolizador. Aunque en el futuro se espera una reducción
de estos valores tanto por economías de escala como por innovaciones tecnológicas (Schmidt et al., 2017),
en el corto plazo es una variable significativa, más aún cuando se considera una operación acoplada a una
fuente variable de electricidad como la solar fotovoltaica, que tiene una cantidad limitada de horas
operativas, afectando a la cantidad de hidrógeno que puede producir la planta en su vida útil. Esto provoca
que, para llegar a los niveles de producción deseados, es frecuente tener que sobredimensionar los equipos,
instalando una planta que podría ser capaz de producir mayor cantidad de hidrógeno en caso de disponer de
la alimentación eléctrica.
Además, es importante destacar que el principal componente del costo operacional de la producción de
hidrógeno es el precio de la electricidad utilizada (Parra et al, 2019). Por lo tanto, para un productor de
hidrógeno verde es fundamental tener acceso a electricidad a bajo precio y por la mayor cantidad de horas
posibles.
Chile, en vista de esta oportunidad, ha desarrollado una Estrategia Nacional para el Desarrollo de la Industria
de Hidrógeno Verde en el país (Ministerio de Energía, 2020). En ese documento se expresan las intenciones
de posicionar al país como un líder en la producción de hidrógeno mediante electrólisis usando el potencial
de generación eléctrica mediante fuentes de energías renovables. Además, dicha estrategia nacional de
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hidrógeno verde propone la meta de alcanzar una capacidad instalada de electrolizadores para la producción
de hidrógeno de 5 GW al año 2025 y de 25 GW al 2030.
4. Almacenamiento del hidrógeno verde
A pesar de que el hidrógeno posee un poder calorífico en términos de masa (capacidad de entregar energía
por unidad de masa) tres veces mayor que el petróleo diésel, bajo poder calorífico en términos de volumen
(0,0108 MJ/L en condiciones atmosféricas, de 1 atm, 20°C), lo que es cerca de 3.000 veces inferior al diésel.
Esto se debe a la baja densidad del hidrógeno y, en términos simples, implica disponer de amplios volúmenes
para su almacenamiento, lo que no siempre es posible sobre todo en aplicaciones móviles (transporte
terrestre). Por ello, se han creado diversos métodos de almacenamiento, con diversas características que los
hacen más atractivos para distintas aplicaciones.
4.1 Almacenamiento de hidrógeno mediante compresión
El almacenamiento de hidrógeno mediante compresión es la forma más común de almacenar el hidrógeno.
Este se almacena en estado gaseoso a altas presiones (hasta 70 MPa) para aumentar su densidad. Para
almacenar el hidrógeno mediante gas comprimido se requieren estanques especiales, de gran peso y costo,
que cumplan con altas exigencias de seguridad. Este tipo de almacenamiento es frecuente en vehículos de
transporte terrestre (principalmente vehículos de carga).
4.2 Almacenamiento de hidrógeno licuado a temperatura criogénica
En este caso, el hidrógeno se almacena en estado líquido, a temperaturas inferiores a los 22°K. Este método
de almacenamiento implica costos aún más altos, al requerir energía para enfriar y recipientes especiales
que permitan mantener la temperatura. Además, este método de almacenamiento tiene la dificultad de que
el hidrógeno se debe usar a la brevedad al sacarlo del almacenamiento, por la posibilidad de que ocurra un
cambio de fase. Este tipo de almacenamiento de hidrógeno es frecuente en aplicaciones aeroespaciales.
4.3 Almacenamiento de hidrógeno mediante criocompresión
El hidrógeno criocomprimido consiste en hidrógeno almacenado a bajas temperaturas y a mayores
presiones, para alcanzar altas densidades volumétricas. Esta alternativa es un punto intermedio entre el
método mediante gas comprimido y el hidrógeno licuado a temperatura criogénica.
4.4 Almacenamiento de hidrógeno a través de materiales mediante procesos físicos
En este caso, el hidrógeno se almacena en materiales muy porosos, que son capaces de adsorber hidrógeno
en su superficie, aumentando su densidad. Entre estos materiales se encuentran el carbón activado, zeolitas
y armazones metal-orgánicos (MOFs). Este mecanismo de almacenamiento presenta un buen rendimiento a
bajas temperaturas (77°K) y altas presiones, con reducciones significativas en condiciones ambientales.
4.5 Almacenamiento de hidrógeno a través de materiales mediante procesos químicos
En este caso, el hidrógeno se almacena en un compuesto químico que contiene este elemento en cantidades
significativas. Estos compuestos químicos pueden ser los hidruros metálicos y los vectores orgánicos líquidos
de hidrógeno (LHOC), entre otros. Una dificultad de este método de almacenamiento es que se necesitan
procesos químicos para formar y para romper los enlaces químicos cuando sea necesario utilizar el
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hidrógeno. Esto implica que ocurre un aumento significativo en el peso del sistema y existe la necesidad de
suministrar energía para liberar el hidrógeno almacenado.
5. Usos y aplicaciones del hidrógeno verde
Como se mencionó anteriormente, el hidrógeno es potencialmente una de las formas más flexibles de
almacenar energía. Además, el hidrógeno verde puede no emitir gases de efecto invernadero. Esto lo hace
potencialmente atractivo en muchos usos y aplicaciones.
Una línea de uso es la combustión dual, donde el hidrógeno es inyectado a un motor y así sustituye parte del
petróleo diésel (u otro combustible fósil) que usa el motor, bajando las emisiones de CO2. Otra línea de
aplicación es el uso de celdas de combustible, donde el hidrógeno es usado sobre el equipo para producir
energía eléctrica reversando el proceso de separación (electrólisis) original. Esa energía eléctrica es luego
inyectada a motores eléctricos que entregan la potencia necesaria, por ejemplo, para desplazar un vehículo.
En Chile, y en muchos otros países, existen varios proyectos en distintas etapas de desarrollo para el uso de
hidrógeno en el transporte terrestre, en la minería, en el comercio y en otros rubros.
Con respecto al uso de hidrógeno en medios de transporte terrestre, el hidrógeno combustible presenta
ventajas en perfiles de transporte definidos por largas distancias y grandes volúmenes de carga. Es decir, aún
frente al rápido desarrollo que están experimentando las baterías para los vehículos eléctricos, el hidrógeno
tiene un nicho atractivo. En automóviles livianos, el hidrógeno se ha usado principalmente mediante celdas
de combustibles, destacando el Toyota Mirai, con una autonomía de más de 450 km (requiriendo 5
kilogramos de hidrógeno para dar dicha autonomía, los cuales se cargan en menos de 5 minutos). Esta
tecnología de celdas de combustible de hidrógeno también es utilizada en trenes, por lo que no es necesario
electrificarlos completamente, y pueden recorrer alrededor de 1.000 kilómetros con un solo tanque de
hidrógeno. También se han desarrollado proyectos pilotos para usar la tecnología de celdas de combustible
de hidrógeno en barcos y aviones no tripulados.
Por otra parte, si se dan las condiciones de generación de energía eléctrica apropiadas, el hidrógeno puede
ser un gran aporte en fuentes estacionarias. El hidrógeno puede usarse como complemento en la combustión
en calderas, en centrales eléctricas de respaldo (incluso bajas dosis de hidrógeno en la mezcla aumentan la
eficiencia general del proceso), en la industria siderúrgica o derechamente en centrales térmicas si se dan las
condiciones de costo. De esta forma, el hidrógeno puede ser usado en combustión dual, en motores diésel o
que usan gas natural, como reemplazo parcial del combustible. En Chile, se han desarrollado varios proyectos
pilotos para estudiar el uso de hidrógeno en la combustión dual de los camiones de extracción de la industria
minera, donde las altas potencias requeridas aumentan el costo de las baterías de los camiones eléctricos.
También es posible usar celdas de combustible de hidrógeno en algunas aplicaciones industriales. Por
ejemplo, se ha probado el uso de celdas de combustible de hidrógeno en las grúas horquillas usadas en el
sector minero.
Cabe destacar que los distintos proyectos de desarrollo en marcha para el uso de hidrógeno verde consideran
varias etapas de la cadena de uso del hidrógeno, incluyendo su producción, transporte y uso. Esto es
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importante puesto que permitirá desarrollar las competencias y conocimientos necesarios para ir avanzando
en la implementación de las distintas tecnologías que aprovechan el hidrógeno verde.
Por otra parte, es necesario mencionar que, junto con el desarrollo tecnológico para poder utilizar el
hidrógeno de manera más eficiente, es muy importante desarrollar un marco regulatorio adecuado para
garantizar que su uso sea competitivo, seguro y amigable con el medioambiente. En Chile, se está trabajando
en ello desde el 2019, buscando reducir las incertidumbres del mercado, facilitar la penetración de su uso y
mantener los altos estándares de seguridad requeridos para que exista la confianza necesaria en los usuarios
finales.
6. Desafíos por resolver
Existen diversos desafíos relacionados con la producción, almacenamiento y uso de hidrógeno que aún están
por resolver. El primero de ellos es el alto costo promedio (LCOH) del hidrógeno verde. Sin embargo, ya se
dan algunas condiciones de mercado y uso de hidrógeno verde que hacen proyectar posiciones competitivas
respecto a los combustibles tradicionales en el mediano plazo. Relacionado con los costos de producción,
otro desafío es la introducción de economías de escala para la reducción de estos costos.
En relación al almacenamiento del hidrógeno, hay varios desafíos importantes. Si este elemento tiene un alto
poder calorífico en términos de masa, su densidad energética por unidad de volumen es relativamente baja.
Esto quiere decir que se necesita mucho espacio para almacenarlo en forma gaseosa, tal como vimos en el
acápite de almacenamiento. Por lo tanto, por ejemplo, en el caso de un vehículo que consuma grandes
volúmenes de hidrógeno (para lograr una alta autonomía), el almacenamiento es un desafío importante.
Junto con esto, el transporte económico y seguro del hidrógeno es otro desafío importante que aún no está
resuelto.
En cuanto al uso de hidrógeno como almacenamiento y posterior uso en generación de electricidad, un gran
desafío es mejorar la eficiencia del ciclo completo, puesto que aún hay pérdidas importantes al convertir el
agua en hidrógeno mediante la electrólisis y al revertir el proceso convirtiendo el hidrógeno en electricidad
y agua. Además, otro desafío es determinar la mejor forma de reutilizar la infraestructura existente (por
ejemplo, de todas las centrales termoeléctricas a carbón que se están cerrando) de modo de aprovecharlas
en el fomento de la producción y uso de hidrógeno.
Finalmente, otro gran desafío del hidrógeno verde es definir como sociedad el rol que esta alternativa de
combustible y otras tecnologías sustentables tendrán en el futuro. Por sobre los desafíos tecnológicos y de
mercado, uno de los principales retos que tenemos delante —en especial considerando la mega sequía que
nos afecta— es cómo miramos el futuro de nuestro desarrollo, y qué acciones tomamos para cambiar la
manera en que nos relacionamos con el medioambiente, partiendo quizás con la forma en que nos
transportamos.
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7. Otros combustibles verdes
Como vimos en el acápite anterior, el hidrógeno verde presenta diversos desafíos. De los desafíos
mencionados, los que se ven más lejanos de poder solucionar de manera económica, segura y amigable con
el medioambiente en el corto o mediano plazo son los desafíos relacionados con el almacenamiento y el
transporte de hidrógeno, debido a las condiciones especiales que requiere.
A raíz de esto, otros combustibles verdes (principalmente el amoníaco verde) se han visualizado como una
forma de almacenar y transportar energía renovable de manera simple y segura y como una fuente renovable
de hidrógeno verde. La economía del amoniaco verde se basa en el alto potencial de amoniaco para
reemplazar a los combustibles fósiles en muchas aplicaciones, puesto que actúa como un vector energético,
igual que el hidrógeno. Y posee la ventaja de que su almacenamiento y transporte, que ha sido desarrollado
desde hace muchas décadas, ya es un tema relativamente resuelto de manera económica y segura.
El amoniaco puede no solo reemplazar a los combustibles fósiles en muchas aplicaciones, sino que también
puede usarse directamente en vehículos pesados, buques marinos, equipamiento pesado de minería, etc. a
través del uso de celdas de combustible de amoníaco (similares a las celdas de combustible de hidrógeno).
De esta forma, el amoniaco verde emerge como un sustituto conveniente y sustentable de los combustibles
fósiles en prácticamente cualquier aplicación y uso. Luego de la combustión del amoníaco en estos usos, los
únicos residuos son nitrógeno puro y agua que puede liberarse al ambiente de manera segura en el punto de
uso, completando las características circular y sustentable de la economía del amoniaco verde.
Por otra parte, a diferencia del hidrógeno, el amoniaco tiene un fuerte olor, lo que implica una ventaja
importante en términos de seguridad, ya que los usuarios pueden detectar fácilmente si existe una fuga de
amoniaco desde los estanques de almacenamiento o transporte.
A pesar de todas estas ventajas de los combustibles verdes, en el proceso de la descarbonización de nuestra
economía hay que tener cuidado con su desarrollo y los potenciales impactos. Es fundamental estar seguros
de que, al evitar la crisis de las emisiones de GEI, no vamos a provocar otra crisis relacionada con óxidos o
ácidos de nitrógeno. Por ello, resulta clave estudiar más en detalle los impactos económicos y ambientales
de una eventual masificación del uso del amoniaco verde en los distintos sectores de la economía.
8. Conclusión
En esta clase hemos aprendido por qué es importante el hidrógeno verde como vector de energía limpia y
las distintas formas de producirlo, almacenarlo y utilizarlo en el punto de uso. Además, hemos comprendido
las diferencias entre el hidrógeno gris, azul, rosado y verde. También, en esta clase hemos analizado la
relación entre la producción del hidrógeno verde y las energías renovables, mostrando que, para un rápido
desarrollo de la industria del hidrógeno verde, se debe disponer de abundante electricidad proveniente de
fuentes de energía renovable.
El hidrógeno verde se produce mediante un proceso llamado electrólisis, usando electricidad que proviene
de fuentes renovables. La electrólisis consiste en separar las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno
mediante la aplicación de electricidad, en un equipo conocido como electrolizador.
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Generalmente la producción de hidrógeno mediante electrólisis es considerada únicamente utilizando una
alimentación desde fuentes renovables variables como las plantas solares fotovoltaicas (producción off-grid).
Un inconveniente de esta estrategia es la variabilidad de la energía que pueden suministrar, incluso con
periodos en los que no hay generación alguna. Esto implica que la costosa infraestructura de los proyectos
de plantas de producción de hidrógeno verde es subutilizada. Este impacto es más significativo para la
tecnología de electrolizadores alcalinos, que son los que hoy en día tienen un nivel de avance que les permite
generar proyectos de mayor escala.
Por otro lado, usar electricidad únicamente desde la red eléctrica para aumentar la producción y así disminuir
el impacto de la inversión en el LCOH trae efectos adversos como aumentar el costo en electricidad y las
emisiones de GEI. Esto plantea claramente que existe un trade-off entre el costo de producción del hidrógeno
y cuán verde es el hidrógeno.
Existen diversos desafíos relacionados con la producción, almacenamiento y uso de hidrógeno que aún están
por resolver. El primero de ellos es el alto costo promedio (LCOH) del hidrógeno verde. Otros desafíos, y que
se ven más lejanos de poder solucionar de manera económica, segura y amigable con el medioambiente, son
los desafíos relacionados con el almacenamiento y el transporte de hidrógeno, debido a las condiciones
especiales que requiere. Por ello, otros combustibles verdes (principalmente el amoníaco verde) se han
visualizado como una forma de almacenar y transportar energía renovable de manera simple y segura y como
una fuente renovable de hidrógeno verde.
La economía del amoniaco verde se basa en el alto potencial de amoniaco para reemplazar a los combustibles
fósiles en muchas aplicaciones, puesto que actúa como un vector energético, igual que el hidrógeno. Además,
posee la ventaja de que el almacenamiento y el transporte de amoniaco ya es un tema relativamente resuelto
de manera económica y segura. Sin embargo, es importante estudiar más en detalle los impactos económicos
y ambientales de una eventual masificación del uso del amoniaco verde en los distintos sectores de la
economía para estar seguros que, al evitar la crisis de las emisiones de GEI, no vamos a provocar otra crisis
relacionada con óxidos o ácidos de nitrógeno.
9. Bibliografía
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