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Paul Samuelson

1) El documento describe la obra y contribuciones de Paul Samuelson como economista, enfocándose en su libro de texto introductorio a la teoría económica. 2) Samuelson buscaba hacer la teoría económica accesible para estudiantes de una manera pedagógica y didáctica en contraste con artículos originales más técnicos. 3) El documento también resalta las ideas keynesianas presentadas por Samuelson como la importancia de la política fiscal para estabilizar la economía.

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Paul Samuelson

1) El documento describe la obra y contribuciones de Paul Samuelson como economista, enfocándose en su libro de texto introductorio a la teoría económica. 2) Samuelson buscaba hacer la teoría económica accesible para estudiantes de una manera pedagógica y didáctica en contraste con artículos originales más técnicos. 3) El documento también resalta las ideas keynesianas presentadas por Samuelson como la importancia de la política fiscal para estabilizar la economía.

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Samuelson y su análisis de la eficiencia económica y

bienestar social lo más importante

Samuelson en el amplio marco de su trayectoria como pensador y vocero intelectual de


la más importante escuela de pensamiento económico en la actualidad, la conocida
como corriente principal de la teoría económica (mainstream economics). Dicha escuela
se caracteriza por un enorme dinamismo, tanto de su desarrollo interno, como por su
capacidad de expandirse a otras disciplinas, nutriéndolas de conceptos y herramientas
que les son útiles. Samuelson difunde los conocimientos de la ciencia económica, sin
pretender modificar los valores que el estudiante ha adquirido durante su formación
previa al estudio de teoría económica básica; por el contrario, se propone mostrarle una
manera rigurosa de analizar la lógica de las propuestas económicas y de evaluar las
consecuencias prácticas de la aplicación de las mismas en la economía real. Sin
embargo, no olvida que la Economía es una ciencia inexacta, a la que todavía le hace
falta un largo camino por recorrer, pero sin cuya ayuda analítica estaríamos caminando
en medio de un bosque oscuro.
El propio Samuelson optó por elaborar un libro de texto básico de economía, en
vez de realizar una compilación de los mejores artículos y ensayos originales de los
más destacados y sabios economistas. Dicha compilación de lecturas se realizó
como material auxiliar y complementario del libro de texto de Samuelson.
¿Cuáles son los ventajes y cuáles las limitaciones de utilizar materiales originales, o
bien un libro de texto en la docencia de la teoría económica básica?
Los artículos y ensayos originales incluyen énfasis y preocupaciones más diversas, pero
deja al estudiante frente a la tarea de descifrar explicaciones oscuras y párrafos con
frecuencia farragosos, y en donde es notable la ausencia de ejemplos didácticos. Lo
anterior propicia con facilidad que el estudiante haga a un lado su lectura y dedique
exclusivamente su esfuerzo a tomar notas de la interpretación del catedrático en turno.
De esta forma se convierte simplemente en un mito decir que los estudiantes utilizan en
el curso los artículos y ensayos originales.
En cambio, la utilización de un libro de texto constituye para el alumno una ayuda
extraordinaria, al hacer más accesibles las explicaciones y proponerle una serie de
ejemplos de índole numérica y gráfica, relativamente sencillos. Esta segunda opción,
incurre en un peligro que no debiera minimizarse por parte de los académicos que
dedican a la docencia una parte significativa de su trabajo profesional.

Samuelson, el economista matemático que ha contribuido a la matematización de la


teoría económica, es congruente con su objetivo pedagógico y no expone a los alumnos
primerizos a la frustración de enfrentar desarmados las ideas formalizadas en exceso y a
los modelos altamente sofisticados. Su instrumental incluye la explicación verbal y la
ayuda diagramática, dejando a pie de página, o en apéndices, y de manera propiamente
optativa, algunas consideraciones matemáticas sencillas.
El libro divide apropiadamente la temática de la teoría económica en sus dos grandes
campos: la macroeconomía, en primera instancia, y la microeconomía. Esta última era,
sin duda, el campo temático más desarrollado por los economistas hasta ese momento:
ya se habían estudiado con profundidad no sólo la competencia perfecta, sino el
monopolio, el oligopolio y se debatía la llamada competencia monopolista. El
reconocimiento de las economías de escala, en un número importante de actividades
económicas, había motivado el interés por abordar la competencia imperfecta y evaluar
sus repercusiones en el bienestar, así como indicar diversas vías de regulación
gubernamental. La teoría de la determinación de la renta, que más tarde se conocerá
ampliamente como macroeconomía, le permite a Samuelson enviar el mensaje de la
revolución keynesiana que, para finales de los años cuarenta, resultaba todavía
novedoso y polémico. Su mensaje sostenía que la economía capitalista era inestable, en
particular debido a la volatilidad del gasto de inversión y que estaba expuesta a sufrir
considerables altibajos en su nivel de producción de generación de renta y de empleo.
En este punto utiliza, para apoyar su argumento, su teoría del ciclo económico en la que
se engarzan el principio del acelerador y del multiplicador del gasto. Samuelson
introduce una herramienta analítica elaborada por él mismo y que tendría una excelente
recepción, nos referimos al diagrama de la “cruz keynesiana”, en la cual aparece una útil
recta con ángulo de 45 grados, que permite la determinación elemental del nivel de
renta de equilibrio para una economía capitalista. Este modelo básico es denominado
por Samuelson “modelo keynesiano T” y lo considera válido en el momento en que lo
creó, debido a dos razones básicas: las tasas de interés estaban congeladas por decisión
del presidente Truman, lo que hacía irrelevante querer recurrir a la teoría de Keynes de
la preferencia por la liquidez; además, el nivel de precios de posguerra no había
adquirido el ímpetu ni la libertad para elevarse, como lo haría posteriormente.
Analiza, en la edición original a la que nos referimos, el problema del déficit
gubernamental y del consecuente endeudamiento, pronunciándose por el gasto
deficitario como el instrumento idóneo para sacar a una economía del marasmo de la
recesión o bien, de la depresión económicas. Sin vacilar, Samuelson desecha en aquellos
años a la política monetaria en cuanto instrumento estabilizador: la política monetaria
palidecía ante la potencia de la política fiscal. Dedica un capítulo a la teoría del
comercio internacional y otro a refutar los argumentos más absurdos respecto a la
necesidad de la protección comercial.

En el primero establece el principio de la ventaja comparativa y muestra las ganancias


del intercambio comercial voluntario para los países que lo realicen. En el segundo se
pondera la validez relativa de los distintos argumentos a favor de la restricción
comercial y se determina cuáles son, en definitiva, insostenibles.
Por otra parte, Samuelson se muestra indiferente respecto del orden en que debiera
estudiarse la teoría económica, es decir, podría comenzarse con la macroeconomía y
después abordar la microeconomía; o bien, podría hacerse en sentido inverso. Su
opinión personal lo llevaba a comenzar por la macro, pero no veía en el orden de
estudio ninguna cuestión de principios y le dejaba al profesor de cursos básicos tomar
libremente su propia decisión. Durante trece ediciones su texto inició con los temas de
la macroeconomía; sin embargo, en la decimacuarta edición, que fue la segunda que
apareció con la coautoría de Nordhaus, se invierte el orden en la presentación de las dos
grandes temáticas fundamentales de la teoría económica. Sin embargo, Samuelson y
Nordhaus insisten en el carácter optativo del orden en que puede darse el curso de
economía básica.
En otro aspecto, Samuelson introduce un concepto que, con frecuencia, se ha prestado a
equívocos, por parte incluso de economistas, es el que se refiere a la llamada “síntesis
neoclásica”. Para Samuelson dicha síntesis constituye la reconciliación entre la
microeconomía neoclásica y la macroeconomía keynesiana. La primera data
fundamentalmente de teóricos como Walras, Pareto, Menger y Marshall, quienes en el
siglo XIX dieron paso a lo que se conoce como la Revolución Marginalista. La segunda
se funda en las ideas de Keynes de los años treinta y se desarrolla mediante diversas
aportaciones de economistas como James Tobin y el propio Paul.
Samuelson, entre muchos otros. El planteamiento que sugiere la “síntesis neoclásica” es
que la macroeconomía keynesiana, al proporcionarle a los economistas los instrumentos
de política económica (fiscales y monetarios) para lograr un nivel alto de empleo, podría
permitir que los problemas microeconómicos pasaran a primer plano. Como dice
William H. Branson: Una secuela importante de la evolución de la macroeconomía
moderna, consiste en que restablece la importancia de la microeconomía clásica, como
lo sugiere el término “síntesis neoclásica” de Samuelson. Si podemos sostener la
economía funcionando cerca del pleno empleo, la teoría de la asignación óptima de
recursos escasos es válida nuevamente y crucialmente importante.
Samuelson desarrolla en diferentes partes de su obra pedagógica la tesis de que, en su
totalidad, las generaciones de jóvenes estudiantes de Economía son más receptivos a la
adopción de un nuevo paradigma, respecto a las generaciones de economistas
consolidados en su trayectoria profesional, o bien, que constituyen el personal docente
universitario, y emplea una frase certera cuando afirma que la ciencia económica
progresa funeral tras funeral, es decir, nunca permanece estática. En efecto, la mayor
parte de los economistas que adoptaron el keynesianismo en los años de consolidación
del mismo eran jóvenes estudiantes de licenciatura o posgrado, menores de 35 años, con
la notable excepción de Alvin Hansen, quien ingresó al campo keynesiano cuando
rebasaba los cincuenta años de edad. Sin embargo, no fue sólo el atractivo de sentirse
abanderados de nuevas ideas y de participar en una aventura intelectual lo que llevó a
varias generaciones de economistas a considerarse miembros de una comunidad
keynesiana. Las consecuencias sociales y económicas de la Gran Depresión de los años
treinta, actuaron como el detonante decisivo de la conversión teórica y política de estos
economistas. A continuación, abordaremos brevemente un caso que consideramos
representativo de lo que hemos afirmado.
Paul Samuelson y el mensaje de la economía mixta
A lo largo de las 17 ediciones de su libro de texto introductorio a la teoría económica,
Paul Samuelson ha sido consistente en su defensa de lo que considera la forma
aceptable del capitalismo, es decir, la tercera vía o, como se le denomina comúnmente,
la economía mixta. Sin duda, la adopción de esa posición intermedia ha propiciado que
Samuelson sea atacado con vehemencia, desde los enfoques más disímbolos. De esta
manera, algunos escritores de izquierda han querido encontrar en él a un defensor a
ultranza de las peores formas de la explotación capitalista y, sin matices, han condenado
su esfuerzo por fundamentar teóricamente la posibilidad y deseabilidad de una tercera
vía entre el capitalismo y el socialismo, o el comunismo. Por su parte, los partidarios de
la derecha liberal han encontrado a un intervencionista que degrada enormemente la
significación de los mercados en su aporte al bienestar económico y que hace el juego a
quienes quieren sofocar la libertad económica y personal. Desde ambas posiciones se
niegan la viabilidad de un tercer camino, intermedio entre el estatismo y el liberalismo,
que pueda ser, simultáneamente, eficiente en lo económico, democrático en lo político y
moderado en los niveles de desigualdad de sus habitantes

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