Posgrado Coaching y Marketing para el desarrollo profesional
en el área Salud
Triangulo de Karpman
A continuación presento una herramienta conceptual que ayuda a
comprender y desarmar la dinámica de los conflictos
Fue diseñada por el psicólogo Steve Karpman, y aquí la presento
según mi experiencia.
¿Cómo es la dinámica dramática?
Todos los dramas humanos se generan por ser parte de juegos donde
los involucrados van asumiendo e intercambiando tres roles básicos:
provocador rescatador víctima.
Cuando hay disparidad (uno se cree mejor o peor que el otro),
emergen las luchas para obtener el poder sobre otro ser humano: el
sometido pasa a ser sometedor, el sometedor pasa a sufrir las
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consecuencias de sus acciones. Se basa en una concepción del poder
como recurso externo y escaso: es decir, donde “no hay poder para
todos” y por lo tanto tenemos que competir para conseguir satisfacer
las propias necesidades.
PROVOCADOR: “Malo/a”
Manipula con miedo. Se siente valioso cuando le temen y
reaccionan a sus provocaciones. Elabora reglas poco prácticas (o
poco atractivas para el otro) y exige que se cumplan por medio de
amenazas (explícitas o implícitas).
Presiona para que otros le den más que lo que él/ella ofrece o le
corresponde. Cuando los demás descubren esta tendencia: lo
evitan, no quieren hacer acuerdos con él/ella, le cierran las
puertas. Cuando sus puertas están cerradas y no logra prosperar,
a veces pasa al rol de la víctima.
Atormenta a personas débiles, o empuja a los demás a una
posición de debilidad donde ellos se sientan más fuertes. Oprime
para poder usar al otro para su propio beneficio. Si el otro no
responde con sometimiento, pierden el interés en esa persona y
van a buscar a otra que responda a la manipulación.
Matías va comentando, a medida que va leyendo: esto me hace
acordar a mi primer jefe. ¡Era tremendo! Nos controlaba con lupa,
y apenas hacíamos algo que no respondía exactamente a sus
expectativas, nos retaba! Sí, ya eramos mayores de edad y él nos
retaba como a niños! Mis compañeros que estaban con él desde
hace largo tiempo, trabajaban atormentados por sus críticas y
temerosos de todo lo que hacían. Para mí era alguien
tremendamente inseguro, y cuando aparecía el dueño de la
compañía él pasaba a una actitud de sumisión absoluta. Apenas
se iba el dueño volvía al rol de superioridad y a descargar con
nosotros su frustración. Cuando le hice frente, simplemente pasó
a ignorarme, y yo pasé un tiempo trabajando muy tranquilo hasta
que conseguí un trabajo mejor.
RESCATADOR: ”Héroe – Heroína”
Manipula con control, es quien centraliza la información o la
capacidad para resolver problemas. Se siente valioso cuando lo
felicitan y halagan, hace para que lo quieran y aprueben, como si
esto lo protegiera eternamente de la soledad, la culpa, la
frustración. Esta expectativa suele ser inconsciente, y se revela en
la desilusión y el dolor cuando los demás no le hacen los honores
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que espera, o también en un estado agudo de desánimo luego de
haber hecho esfuerzos heroicos.
Se siente valioso cuando los demás establecen vínculos de
dependencia con ellos. Actúa por el otro, con el mensaje oculto
“no puedes lograrlo sin mi ayuda”, por lo tanto sostiene y alimenta
el papel de víctima en el otro. Se cree capaz de resolver problemas
ajenos, evita que los demás se conecten con las consecuencias de
sus acciones, y por lo tanto, impide que los otros aprendan y
maduren. Se cree inmensamente bueno por proveer soluciones, y
no ve que a veces sus soluciones en lo inmediato son un problema
en el mediano y largo plazo.
A veces se comporta como “macho alfa” (también vale para
mujeres): cuida a su clan mientras estén en su territorio y sigan
sus reglas, pero cuando se aleja o cuestiona las reglas, de
protector pasa al rol de agresor. O si su clan se vuelve demasiado
exigente o numeroso, termina agotado como una víctima.
En la películas clásicas están polarizados “el bueno” y “el
malo”. A uno se lo admira y al otro se lo teme, el héroe consigue
“buena prensa” y el otro recibe todos los ataques. El que lucha
contra “el malo” es “el héroe” mientras hay uno o varios inocentes
de espectadores, en una actitud totalmente pasiva. El héroe
enamora con sus ideales y/o sus hazañas, busca seguidores que lo
admiren. La película termina con la gloria del “héroe” pero en la
realidad la película continúa… quien está en la posición de
superioridad en algún momento caerá agotado, o será
desprestigiado.
Matías: esto me suena conocido… mi hermana es una bella mujer
pero totalmente inútil con el dinero, y su marido era hábil como
proveedor, se sentía el dios del hogar resolviendo todos los
problemas. Ahora que se separaron, mi ex-cuñado me llama
desesperado de que no sabe cómo sacársela de encima, se queja
conmigo y dice cosas del estilo “yo que fui tan bueno con ella,
¡ahora me persigue con su abogada! Tanto que me agradecía,
tanto que decía que yo era el amor de su vida, ¡no entiendo como
ahora me ataca sin parar!”. Yo lo escucho porque le tengo afecto y
es el padre de mis sobrinos, pero no sé cómo no se dio cuenta
cómo era mi hermana antes de casarse con ella y cómo la
aguantó tantos años con esa actitud tan pasiva que tiene.
VÍCTIMA: “Pobrecito/a”
Manipula con culpa. Se siente valioso cuando lo persiguen o lo
salvan, o simplemente está cómodo en la inmovilidad y en pasar
desapercibido, pero hay muchos temas cotidianos que considera
que lo exceden y donde pone el poder afuera. Así, atrae “malos” y
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“héroes”, o tiene actitudes que activan estos roles en las personas
cercanas.
Provoca a otros para que lo humille, critique o hiera. Cuando
logra esas reacciones, justifica su rol de víctima señalando el error
del otro y resaltando que él /ella es “un/a pobre inocente que
recibe un trato injusto”. A veces siente miedo por el agresor, otras
veces lo usa para desligarse de la responsabilidad sobre su propio
destino: si le va mal, la culpa la tiene el otro.
A veces está tan apegado a su zona de comodidad que
interpreta como “agresiones” cualquier invitación a la reflexión y
la creatividad, o ven como enemigos a las personas que los
cuestionan o que toman elecciones diferentes.
Envía mensajes que lo hacen ver indefenso y desconcertado.
Quiere pescado pero que no le enseñen a pescar. Y cuando se le
acaba el pescado, vuelve a reclamarlo con energía. Si encuentra
un “héroe” que acepte sus demandas, establece con él un vínculo
de dependencia financiera y/o emocional. Del agradecimiento a
veces pasa a la envidia: ¿por qué el otro prospera y yo no? Y si
sigue sin aprender a pescar, pasa a atacarlo exigiéndole más, y a
acumular resentimiento cada vez que no respondan a sus
demandan. A veces ve al héroe como el salvador y otras veces lo
envidia porque cuenta con un poder que él no tiene, sabe resolver
las cuestiones y él no.
A veces forma -sin darse cuenta- “un club de víctimas”, entre
amigos o compañeros de trabajo, donde se juntan para criticar a
otros, para darse la razón entre sí. Cuando un extraño intenta
decirles algo distinto, lo rechazan “tú no entiendes” o justifican su
posición en una alianza grupal “no soy solo yo quien lo ve así,
todos nosotros lo vemos de esta forma y por lo tanto tenemos
razón”. Estos clubes producen un alivio momentáneo porque allí
descargan un poco la frustración, y les dan cierta ilusión de
importancia a través del grupo, pero si no cuentan con una guía
adecuada esto acentúa una trampa: gracias al club se vuelven
tolerantes al malestar, se convencen mutuamente que no hay
salida y evitan todo cambio de perspectiva.
Matías: ¡tal cual! los compañeros de mi primer trabajo se la
pasaban en el almuerzo criticando a este jefe, y luego, volvían a la
tarde en su actitud de sumisión. Cuando yo lo enfrenté a ese jefe
y quería alentarlos a hacer lo mismo, me decían: “tu situación es
distinta, tú puedes enfrentarlo porque sos joven y conseguís
trabajo fácil en otro lado, nosotros no podemos”. Y con mi
hermana tal cual, ella ahora ya no me llama más porque dice que
como soy varón me pongo del lado de mi ex-cuñado. Una vez le
dije que asuma que mientras siga con sus artesanías va a seguir
pobre, se ofendió como si la hubiese tratado de idiota. Sé que no
es idiota, pero no se hace cargo de sus elecciones. Se ha quedado
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solo con dos amigas que se dan la razón en todo, que también
tienen una actitud pasiva ante la vida y se quejan cuando los
demás no resuelven sus problemas.
Reflexión abierta
Si no se frena esta dinámica con consciencia, las historias dramáticas
pueden continuar eternamente.
Pueden llegar hasta agotar emocionalmente, producir problemas de
salud, o explotar en actos de violencia.
Además, un entramado social donde abunda esta dinámica no
evoluciona; al contrario, las personas tienden a estancarse y los
problemas se vuelven más graves.
Por eso, quiero alentar el proceso de salida, que es un largo camino
de aprendizajes y experimentación. Y al mismo tiempo quiero alentar
la actitud de respeto hacia quienes eligen continuar en el triángulo
dramático, escucharlos siendo escépticos, prestarles atención sin
creerse la historia tal como la cuentan pero respetando que esa
historia es lo que el otro eligió para su vida y es propiedad del otro.
Si a mí no me gusta la historia del otro no por eso tengo derecho a
cambiársela, intentar hacerlo sería un acto violento ya que en base a
esa historia formó su identidad, tomó decisiones en su vida, gracias a
esa historia es lo que es hoy.
Un primer paso de salida puede ser el autoconocimiento: verse a
uno mismo en estos roles y dejar de señalar con el dedo a los demás
(“tomar el espejo y soltar la lupa”).
El poder puede ser concebido como un recurso externo y escaso, o
también como algo interno y abundante. Es decir, cuando se cambia
la concepción del poder, ya no es necesario manipular a otros para
tomar su poder, sino que se concentra la atención en desarrollarlo en
un proceso creativo. Cuando uno desarrolla este poder es más sencillo
hacerse responsable de las propias elecciones y sus consecuencias.
Matías: ejem… vi los roles en los demás… me puse en la actitud
del controlador viendo desde arriba como un juez las actitudes de
los demás… ¿y yo?… Bueno, a veces me pongo en Héroe cuando
me sobre-exijo, paso muchas horas trabajando y descuido mi
salud, me gusta que me feliciten en mi trabajo pero después pago
la factura que me pasa el cuerpo. A veces me pongo en víctima
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con el país, espero que los gobernantes resuelvan los problemas
de la sociedad, sueño con salvadores, y como los gobernantes no
cumplen con mis altas expectativas los acuso de corruptos que
destruyen el país. A veces me pongo agresivo, me saco de quicio
cuando mi mujer no me entiende, y le grito y la asusto para que
se calle, luego me siento culpable y me autocastigo criticándome
duramente. Me quedo pensando y creo que puedo aprender a
reconocer mis actitudes y sus consecuencias, eso me ayudará a
tomar mejores elecciones.
Otro paso de salida puede ser dejar de etiquetar y hacer juicios de
evaluación. Es decir, si yo digo de alguien “es víctima” puede ser que
haya una connotación despectiva, descalificadora, que estoy
rechazando a la persona. En cambio si me refiero a la actitud, a la
forma de hacer algo y no a la forma de ser, ya la tensión empieza a
aflojar. Además puedo usar palabras sin connotación negativa, como
por ejemplo “está cómodo”; “está quieto, no encuentra la forma de
accionar de una forma diferente, se queda repitiendo un relato y le
cuesta salir de lo que conoce”.
Cuando dejo de etiquetar como “víctimas” estoy más abierta para ser
empática y respetuosa con el ser humano integral, dejo de enfocarme
sólo en una característica, una parte, para ver al otro como un todo.
Lo mismo con “es malo”, al dejar la etiqueta estoy más dispuesta a
buscar el hecho neutral que me llevó a esa conclusión, puede ser “le
pedí un favor y no me respondió”, y también me predispone para
explorar qué le está pasando al otro que lo llevó a tomar cierta
decisión.
Cuando elijo contar las cosas de una forma neutral me libero del
drama y por lo tanto las soluciones son más fáciles de crear. Cuesta
verlo con “es bueno”, pareciera que es un juicio amable, lleno de
reconocimiento y afecto, pero a veces es una forma de decir “como
hacés lo que yo espero, sos bueno”, y de alguna forma puede ser
comprendido como “mientras seas complaciente, voy a tratarme con
amabilidad”, lo cual puede implicar “cuando dejes de complacerme,
te acusaré de ser malo”. Entonces el arma del premio y castigo está
generando una tensión, que con el tiempo puede agotar o provocar
reacciones defensivas. Además alguien que es complaciente, puede
ser que se esté olvidando de sí mismo, y ese olvido luego puede
implicar un sufrimiento vivido en soledad.
Matías: no sé por dónde empezar… es mucha información… voy a
empezar por mi hermana que la critico seguido y en realidad la
quiero… visto así mi hermana es cómoda más que víctima…
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bueno, en realidad no fue cómoda siempre, se ha esforzado
mucho cuando estudiaba y con la crianza de sus hijos. Sólo es que
no desarrolló nunca su lado profesional, en ese sentido quedó
atascada en el tiempo, pero viéndola como un todo entiendo que
no se quedó de brazos cruzados, siempre se estuvo ocupando de
algo o de alguien. Y encontró un buen complemento en el padre
de sus hijos, se repartían las responsabilidades. Ellos tomaron una
decisión por años de ser complementarios, el punto es que cuando
se cansaron de ser pareja, ella quedó sin recursos internos para
encarar su situación profesional y financiera. Y le cuesta hacer un
cambio en este sentido, está atascada, quizás ante la idea de salir
de lo conocido sienta miedo o angustia. No sé bien qué le pasa,
pero obviamente que si la critico con brusquedad ella se pone a la
defensiva y se cierra aún más. Me están dando ganas de invitarla
a cenar y preguntarle más cómo se siente, me gustaría entender
más cómo ella vive su situación. Lo que más me va a costar es
escucharla sin querer cambiarla, aceptando lo que ella está
eligiendo.
Luego, hay gran cantidad de herramientas para aceptarse tal cual uno
está siendo y al mismo tiempo encontrar caminos para tomar
elecciones diferentes…
PODER PERSONAL- EMPATIA- RESPONSABILIDAD
TRIANGULO VIRTUOSO
Pues bien, una vez que hemos identificado en una relación concreta
qué papel jugamos nosotros y las personas que nos rodean, el
siguiente paso consiste en salirse del triángulo dramático, lo
que se consigue cuando asumimos la responsabilidad de
nuestra propia felicidad y bienestar. Ni criticamos al resto por ser
como son, ni nos dedicamos a salvar sus vidas ni esperamos que
nadie nos resuelva nuestros problemas. Por ello, veamos cómo
conseguirlo en cada uno de los papeles anteriores:
•· El perseguidor necesita asumir la responsabilidad de su
enfado, de no controlar todo cuanto le rodea. Ha de aceptar su
propia vulnerabilidad (cosa de la que huye como de la peste) y
no pretender tener siempre la razón. En el fondo es pasar del
personaje de perseguidor al de retador o a plantear
desafíos para que otras personas, con sus recursos y
habilidades, los asuman.
•· El salvador necesita hacerse cargo de su vida, aprender
a decir "no" y a poner sus propios límites. No ha de ayudar a
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todo el mundo cuando ni se lo han pedido (recordemos que la
actitud de salvador genera dependencia, algo que no es
saludable para ninguna de las dos personas). También ha de
saber expresar los propios deseos con sinceridad y permitir que
otros le puedan ayudar. El cambio consistiría en superar el
personaje de salvador por el de facilitador, que da apoyo
pero que permite que los otros sean los protagonistas.
•· La víctima necesita recuperar su propia capacidad a través
del aprendizaje de sus habilidades. Ha de ganar más
confianza en sí mismo, no esperar que otros le digan lo que
tiene que hacer ni que le resuelvan las dificultades. Ha de
desarrollar una actitud más proactiva. El cambio se consigue
cuando la víctima asume el personaje de creador, de
quien diseña sus propias decisiones.
En definitiva, todos vivimos relaciones en las que jugamos un rol
poco afortunado, el de perseguidor, salvador o víctima. En la medida
que nosotros caemos en el triángulo dramático, es posible que la otra
persona también viva alguno de los personajes anteriores. Nuestro
desafío es salirnos de dicho triángulo poco recomendable a través de
dos claves: reconocer nuestra actitud y asumir nuestra
responsabilidad para transformarla en otra más favorable, retador,
facilitador o creador. Solo así podremos cultivar relaciones saludables