Raíces históricas de la Península ibérica
1. Prehistoria, Protohistoria y Edad Antigua
La Prehistoria es una etapa que presenta rasgos peculiares (sin documentos escritos, sin datación
absoluta y abierta a nuevos hallazgos) y que se desarrolla en la era geológica cuaternaria (antropozoico),
que se subdivide en pleistoceno (era de las glaciaciones) y holoceno (era actual). Según la tecnología
empleada, incluye varias etapas:
a) Edad de Piedra - Paleolítico (1M-9000 a.C.): Asiste al proceso de hominización (con tre hitos:
posición erecta, liberación de las manos, desarrollo del cerebro) y al desarrollo del género
Homo [¿Australopitecus? (5M) Homo antecessor (0,8M) Homo neanderthalensis (0,1M)
y Homo sapiens (40000 a.C.)]. El modo de vida se basa en una economía depredadora (caza,
pesca, recolección) y en el nomadismo (asentamientos, cuevas), lo que genera clanes y tribus.
La tecnología es sencilla (talla) y surgen las primeras expresiones artísticas (pintura rupestre
franco-cantábrica, naturalista y “mágica”).
b) Edad de Piedra - Neolítico (5000–2500 a.C.): Tras un periodo de transición, el Mesolítico
(9000–5000 a.C.), con un cambio climático (aumento de temperaturas) y mayor presión
demográfica, se produce la “revolución neolítica”, con la que se pasa a una economía
productora (agricultura, domesticación) y al sedentarismo (poblados), con mayor complejidad
social, división del trabajo y tecnología compleja (pulimentado de piedra, cerámica, metal). En
arte se desarrolla la pintura en abrigos levantina (esquemática y con escenas) y la primera
arquitectura (megalitismo con dólmenes, cuevas de corredor...).
c) Edad de los Metales (2500–700 a.C.): Desarrollo progresivo de cobre (Calcolítico), bronce y
hierro, que se usan en armas, herramientas, joyas y dan lugar a culturas vinculadas a minas
(culturas almerienses de Los Millares y El Argar). También se desarrolla el megalitismo balear
(navetas, talayots...).
Ya en el I milenio a.C., con los primeros escritos aislados, se entra en la Protohistoria (con los
primeros documentos escritos, aún escasos), durante la que conviven en la Península culturas indígenas
como el Reino de Tartessos (750-400 a.C., al sur/sudeste, civilización rica y avanzada asociada a los
nuevos metales), pueblos invasores como las oleadas indoeuropeas (celtas desde 800 a.C., en centro/oeste
y con metales) y colonizadores mediterráneos en busca de minerales y comercio: fenicios (desde 800 a.C.,
Gadir), griegos (desde 600 a.C., Rhode) y cartagineses (desde 500 a.C., al sur/sudeste). Con el inicio de
la Historia escrita (Edad Antigua), la Península se divide en dos grandes áreas de pueblos prerromanos
(siglo III a.C.). En la ibérica (este/sudeste), más desarrollada y con pueblos como ilergetes o layetanos,
había ciudades-estado, estratos sociales, comercio y moneda. En la celta (norte/sudoeste), menos
desarrollada y con pueblos como astures o cántabros, la organización era preestatal, de linajes, agraria y
de pillaje. Entre medias había una amplia zona de contacto y mixtificación (celtíberos), aparte de otros
pueblos de difícil clasificación (como los vascones).
Sobre esta base se desarrolló la conquista romana. Sus antecedentes se hallan en las guerras
púnicas: en la primera (desde 264 a.C.), por el dominio del Mediterráneo, la victoria romana lleva a la
ocupación cartaginesa de la Península (Cartago Nova); la segunda (desde 218 a.C.), nace para satisfacer
las ambiciones romanas y abre paso a la conquista en sí (218-19 a.C.), que tiene varias etapas: II Guerra
Púnica y control romano de área ibérica (218-197 a.C.), consolidación de territorio y revueltas (197-154
a.C.), guerras celtíbero-lusitanas -Numancia, Viriato- por las minas (154-133 a.C.), estabilización por
problemas internos de Roma (133-29 a.C.) y guerras cántabro-astures con Augusto (29-19 a.C.). En
paralelo, se asistió a la romanización o discontinua asimilación por los conquistados de la cultura romana
(de sudeste a norte) mediante la fundación de urbes, el ejército (Legio), las colonias (Emérita Augusta) y
la ciudadanía (universal desde 212 d.C.), por no citar el legado lingüístico-cultural (Séneca) y el arte
práctico (obras públicas).
La Hispania romana presenta dos fases diferenciadas:
a) Alto Imperio (I a.C.-III d.C.): Administrativamente, y a patir de la división inicial en Hispania
Citerior y Ulterior, se produce la división de Augusto en provincias senatoriales (Bética) e
imperiales (Tarraconensis y Lusitania) y conventos o distritos jurídicos. La economía es
esclavista, urbana, comercial y colonial (trilogía, metales…) y en la sociedad se distinguen
hombres libres (ciudadanos -de órdenes o no- y no ciudadanos), libertos y esclavos.
b) Bajo Imperio (III-V d.C.): La crisis del siglo III (por el fin de la expansión y la amenaza
bárbara, que traen anarquía militar y caos -ni comercio, ni esclavos) lleva a un modelo cerrado
de autosuficiencia rural, terratenientes-colonos y relaciones personales o de patrocinio.
Administrativamente, con Constantino y Diocleciano (siglo IV), Hispania pasa a ser una
diócesis de la prefectura de la Galia) y en cultura, la religión romana y las indígenas se ven
relegadas por la expansión del redentor cristianismo, tolerado desde 313 (Edicto de Milán,
Constantino) y oficial desde final de siglo (Teodosio).
EXTREMADURA (hasta la Romanización)
• Prehistoria: Durante el Paleolítico, hordas de depredadores nómadas adaptados al frío (grutas y
abrigos) con restos en valles fluviales. Arte rupestre naturalista con manos, signos y animales
(Maltravieso). En el Neolítico, revolución agraria y poblados junto a ríos; pocos restos salvo
cerámica y piedra pulimentada. Asentamientos en cuevas en zonas ganaderas (La Charneca) o al
aire libre en agrarias (Los Barruecos), a veces fortificados (El Jardinero). En la Edad de los
Metales, asentamientos al aire libre con vasos campaniformes, núcleos de pastores y mineros con
necrópolis de cistas o cajas de piedra y luego dominio de la metalurgia, cerámica, escritura e
incineración, con influencia europea, oriental y tartésica (Cancho Roano y tesoro de Aliseda). En
arte, megalitismo (dólmenes de Valencia de Alcántara), estelas funerarias y pintura esquemática
de hombres y animales (Monfragüe).
• Edad Antigua: Tras pueblos prerromanos con estructura tribal y actividades agro-ganaderas,
poblados fortificados y dominio del torno, la metalurgia y en algún caso la escritura (lusitanos y
vettones, célticos y turdetanos), desde el siglo III a.C., conquista romana (por acuerdos –
turdetanos- o tras resistencia –lusitanos) y proceso de romanización:
– Fundación de colonias con guarniciones como Mettellinum (Medellín), integración del
territorio en la provincia Ulterior y nuevas colonias con tierras para soldados licenciados
como Emérita Augusta (Mérida, 25 a.C.); otros núcleos, Norba (Cáceres) en Lusitania y Seria
Fama Iulia (Jerez) en Bética. Ciudades (con murallas, foro y ejes perpendiculares) con obras
públicas y de ingeniería: embalses (Proserpina), acueductos (Los Milagros), puentes (Mérida
o Alcántara) y calzadas (Vía de la Plata, eje N/S) + casas con patios, templos (Diana), lugares
de ocio (teatro de Mérida) o arcos (Cáparra).
– Vida diaria (actividad económica): ganadería y agricultura mediterránea con latifundios en
torno a villas campestres; minería (sobre todo en sierras) y canteras (granito, mármol;
artesanía (cerámica, vidrio, fundición y orfebrería, pintura mural y mosaico) que impulsa
comercio y moneda. La cultura romana desarrolla un arte práctico: arquitectura abovedada
(arcos), escultura y relieves realistas o idealizados, pintura mural decorativa al fresco y
mosaicos (Casa del Mitreo). La religión funde ritos autóctonos y orientales con culto romano
a antepasados y emperador, hasta la expansión del cristianismo.
2. La Edad Media: coexistencia de culturas
Formalmente, la Edad Media se abre con la Monarquía visigoda (476-711), que en muchos
sentidos es una continuación de la etapa romana (epigonismo visigodo). La propia presencia visigoda se
basa en la debilidad de Roma ante las invasiones germánicas de suevos (NO), vándalos y alanos (S) desde
el 409, que provoca la intervención de los visigodos (por foedus o pacto) y lleva la capital a Toledo.
Políticamente se basa en una monarquía electiva, con autonomía de nobles, ducados y condados. Socio-
económicamente prosigue la etapa de ruralización, latifundios y personalismo iniciada en el siglo III. Tras
ejecutar una triple unificación religiosa (Recaredo, 589), socio-jurídica (Recesvinto, 654) y territorial (de
Leovigildo a Suintila, hasta 631), el poder creciente de la Iglesia y la nobleza y las rivalidades dinásticas
hundieron el reino en 711.
Ésa es la fecha que da inicio a la conquista y a la larga presencia musulmana en la Península (Al-
Ándalus, 711-1492). La conquista se verifica cuando ante la crisis de la monarquía visigoda y luchas
sucesorias (Agila frente a Roderico) se organiza la expedición de Tariq (con bereberes y árabes), el
desembarco de Musa y el avance desde el sur hacia el norte con tolerancia hacia las “gentes del Libro”
(cristianos y judíos) y ocupación de territorios tras rendición incondicional o por capitulación. En su
evolución política, Al-Ándalus siguió varias fases:
a) Esplendor (VIII-X): Incluye el Emirato dependiente (714-756) del califato omeya de Damasco,
con las primeras derrotas ante los cristianos (Covadonga); el Emirato independiente (756-929)
de Bagdad (nuevos califas abbasíes), con un emir Omeya (Abd-al-Rahmán I); y, finalmente, el
Califato de Córdoba (929-1031), fase de máximo esplendor andalusí desde Abd-al-Rahmán
III, y sobre todo con Al-Hakam II y la dictadura de Al-Mansur.
b) Disgregación (X-XIII): Caído el Califato, surgen los Reinos de Taifas (1031-1090)
fragmentados, débiles y obligados al pago de parias, hasta la unificación almorávide (1090-
1145), solicitada pero breve por su integrismo islámico y precursora de los segundos reinos
taifas. Una nueva unificación norteafricana (aún más rigorista), la almohade (1145-1232),
basada en la fuerza militar, acabaría con la derrota ante la alianza cristiana (Navas de Tolosa,
1212), dando paso a los terceros reinos taifas hasta 1248.
c) Repliegue (XIII-XV): Ante el avance cristiano, subsiste el Reino nazarí de Granada (1237-
1492) desde Muhammad I (tras rebelión contra los almohades) con luchas internas y presión
castellana (pago de parias y vasallaje ante Castilla) hasta la guerra (1482-92) y la caída de la
Granada de Boabdil.
La economía andalusí se basa en una revitalización urbana; la ciudad (medina) es centro de
consumo cosmopolita, impulsor de artesanía y comercio (zoco) y foco religioso (mezquita), en el marco
de una economía abierta y de base agraria con regadío y latifundismo de rentistas, artesanía de lujo (textil)
y comercio (dinar). La sociedad presenta una estructura “igualitaria” de base religiosa (dividida en
musulmanes o no) con diferencias étnicas y económicas (aristocracia, ciudadanos, colonos/campesinos
adscritos y esclavos): los musulmanes son la aristocracia terrateniente árabe (y siria), los bereberes
norteafricanos (pastores) y los muladíes (hispanos convertidos por igualdad, integración y exención); los
no musulmanes incluyen a las minorías toleradas a cambio de tributos, como judíos y mozárabes
(cristianos en zona musulmana, que se van convirtiendo o emigrando).
La cultura es de base religiosa. Islam significa “sumisión” del creyente a Alá y a la doctrina
revelada a Mahoma, recogida en el Corán, la sharia y la sunna y basada en los cinco grandes pilares, a los
que se añadió luego la difusión de la fe y la yihad, con un califa sucesor de Mahoma. Pese a ello, la cultura
islámica cumplió el papel de transmitir a Occidente la ciencia griega, persa e india (números) pese a
avanzar según las etapas de rigorismo (unificaciones) o de tolerancia religiosa (Califato y taifas); el arte
rehúye las imágenes de seres vivos (iconofobia), predominando la abstracción y la arquitectura (Mezquita
de Córdoba, Alhambra de Granada).
En paralelo a Al-Ándalus, evolucionan los Reinos Cristianos en tres grandes etapas:
a) Alta Edad Media (VIII-X): Surgen los primeros núcleos de resistencia como Reino astur-leonés
(avanza hacia Duero), Reino de Pamplona (esplendor con Sancho III), Condado de Aragón
(unido a Pamplona) y Condados catalanes (autónomos tras el dominio inicial carolingio). La
economía, cerrada, agraria-ruralizada y de subsistencia, está estancada.
b) Plena Edad Media (XI-XIII): Se produce la decadencia de Pamplona (Navarra), la unión de la
coronas de Aragón (junto a Cataluña con Ramón Berenguer IV) y de Castilla (junto a León con
Fernando III) y la independencia de Portugal. En economía, se vive una reactivación urbana-
comercial que se suma a la base agraria (Mesta) y a las ferias.
[En ambas etapas, la estructura política y socio-económica es la propia del feudalismo
(sobre todo en Cataluña), con base en el vasallaje (fidelidad por protección) y el feudo
(tierras cedidas), lo que da lugar a un régimen señorial (derechos territoriales y
jurisdiccionales del señor) en una sociedad estamental tripartita, cerrada y de
privilegios (pechos) con monarquía limitada y asistida (Cortes desde XIII).]
c) Baja Edad Media (XIV-XV): Se multiplican los conflictos políticos (reyes frente a nobleza) y
sociales (señores y oligarcas frente a campesinos y pueblo) en Castilla (que inicia su expansión
atlántica), Aragón (monarquía pactista y expansión mediterránea) y Navarra (con orientación
filo-francesa). Además, se produce una crisis global agraria (malas cosechas y crisis de
subsistencias), demográfica (peste negra, 1348) y social (presión señorial y rebeliones de
campesinos –como los payeses de remensa), choques urbanos y pogromos antisemitas.
Estos Reinos Cristianos van a desarrollar un proceso de reconquista (¿cruzada legitimista?) y
repoblación a lo largo de los siglos, basado en la ocupación militar de zonas musulmanas (VIII-XV)
sumada a la ocupación efectiva según los recursos demográficos. Sus etapas fueron:
a) Siglos VIII-X: Ocupación de la “tierra de nadie” despoblada en Duero y Pirineo; victoria en
Covadonga (722) y freno con el Califato repoblación por presura o aprisio: ocupación de
despoblado por campesinos, nobles o Iglesia [da lugar a propiedades medianas/pequeñas].
b) Siglos XI-XII: Expansión (con las Taifas) con toma castellana de Toledo y, tras los
almorávides, control del Tajo y el Ebro; al final, pese a los almohades, avances hasta Turia,
Júcar y Guadiana (con protagonismo de Órdenes Militares castellanas y tratados de reparto con
Aragón) repoblación concejil: división en concejos con representante real y Fuero o Carta
Puebla [genera propiedades medianas libres y bienes comunales].
c) Siglo XIII: Tras las derrotas ante los almohades, se produce la unión de los reinos cristianos y
las Órdenes (Navas de Tolosa) y un rápido avance (salvo Granada) hasta el Algarve (Portugal),
Baleares y Valencia (Aragón), Extremadura, Andalucía y Murcia (Castilla) repoblación de
Órdenes Militares (encomiendas de Alcántara, Santiago y Calatrava en Guadiana y sur de
Aragón) y por repartimientos (donadíos según rango en la zona del Guadalquivir y Levante)
[dan lugar a grandes propiedades de nobles, Órdenes e Iglesia].
Por último, culturalmente se asiste a un rico intercambio entre religiones (especialmente en
Toledo), a la evolución de escuelas religiosas a estudios generales regios (Universidad de Salamanca), al
papel difusor de cultura del Camino Santiago (ya seguro desde el siglo XI) y a la evolución del arte
cristiano (asturiano, románico y gótico) y de fusión (mozárabe y mudéjar).
EXTREMADURA (durante la Edad Media)
• Edad Media: La crisis del Imperio trae a Lusitania a pueblos germánicos como los visigodos,
vinculados por pacto con los romanos y, desde el siglo V d.C. (inicio de la Edad Media),
dominadores peninsulares, con Mérida como núcleo político y religioso; en arte, dejaron iglesias
rurales (Sta.Lucía de Alcuéscar) o basílicas (Sta.Eulalia de Mérida), escultura y rica orfebrería.
– Islam: La presencia musulmana se inicia con la capitulación de Mérida ante Musa (713) y
perdura más de cinco siglos (hasta 1248). Tras la inestabilidad inicial, lucha de los emires
locales por mantenerse independientes de Córdoba (fundación de Badajoz, 875) ; desde el
siglo XI surgen las taifas extremeñas, destacando la de Badajoz, gobernada por la familia
aftasí (Banu-I-Aftás) y presionada por los cristianos (al N) y la gran taifa sevillana (al S).
Luego, la debilidad de las taifas y el empuje cristiano provocan la llegada de almorávides
primero y almohades después, pero el avance reconquistador cristiano será ya imparable. La
huella musulmana se ve en muchos restos arqueológicos y culturales (así, en topónimos
como Alcántara = “el puente”), sobre todo de arquitectura militar (alcazaba de Mérida,
Badajoz y Trujillo o murallas de Galisteo y Cáceres), civil y religiosa (aljibes de Mérida o
Cáceres y restos de mezquita y rawda o cementerio real en Badajoz).
– Reinos cristianos: La Extremadura castellano-leonesa (término derivado de “extremis Dorii”
= extremos del Duero o de “frontera”) asiste a un proceso de Reconquista largo (XI-XIII) y
discontinuo que sólo se acelera desde el XII (Coria 1142 – Montemolín, 1248). En paralelo,
repoblación para ocupar zonas y favorecer su defensa; tras los primeros ganaderos
trashumantes, se inician repoblaciones sistemáticas con leoneses, castellanos, gallegos y
portugueses, mientras la población musulmana se concentra al S (Hornachos, Llerena). Al
final, las tierras tenían una organización administrativa dependiente del propietario (realengo
de la Corona, encomiendas de Órdenes Militares -Alcántara, Santiago y Temple- y señoríos
nobles -Alba o Feria) El arte se desarrolla tarde y presenta peculiarida des: pervivencia de lo
musulmán, guerra y lenta repoblación, alejamiento de las principales rutas culturales y
control de los promotores (órdenes, nobles e Iglesia).
3. La Edad Moderna hasta el siglo XVIII: los Reyes Católicos y los Austrias
El gobierno de los Reyes Católicos (1474-1504/16) se fundamenta en la combinación de las ideas
de patrimonialismo medieval y de autoritarismo moderno con la unión dinástica de Isabel I de Castilla
(unida y autoritaria) y Fernando II de Aragón (diverso y pactista) tras la guerra de sucesión castellana
(contra Juana la Beltraneja y Portugal). Líneas de gobierno:
a) Política interior: Se procede a la pacificación del conflicto remensa (fin de los “malos usos” o
uso abusivo de los derechos señoriales) y de los choques con la nobleza (con menos poder para
ésta a cambio de más prestigio y riqueza) y a controlar instrumentos de poder como la Santa
Hermandad (orden público), Órdenes (tierras y rentas), corregimientos municipales y Cortes
(voto de subsidios). Se implanta una administración autoritaria con ejército, consejos (real y
autónomos) y Audiencias (tribunales reales que chocan con viejos señoríos y fueros), y se
completa la unificación religiosa con la Inquisición (control de cristianos) y la expulsión de
judíos (1492) y de mudéjares granadinos (1501-02), que da pie a la cuestión de los conversos.
b) Política exterior: Se basa en alianzas matrimoniales (con Portugal, Inglaterra y el Imperio) para
aislar a Francia, en la unión peninsular tras la Guerra de Granada (1482-92) y la anexión de
Navarra a Castilla (1512-15), y en la expansión marítima por el Mediterráneo (guerras en Italia
con dominio de Nápoles y ocupación de plazas africanas como Melilla) y Atlántico (rutas a
Asia, conquista de Canarias desde 1475 y descubrimiento de América con Colón en 1492 tras
las Capitulaciones de Santa Fe y el viaje a las Antillas, seguido del reparto oeste/este del nuevo
mundo entre Castilla y Portugal –Tratado de Tordesillas, 1494).
El siglo XVI corresponde a la época de la hegemonía imperial española, durante la cual gobiernan
los principales reyes de la casa de Austria (Habsburgo), los Austrias Mayores, con una monarquía
descentralizada (autonomía de los reinos), gobierno central polisinodial (integrado por consejos de Estado,
territoriales y técnicos con secretarios), más virreinatos, audiencias territoriales de justicia y
corregimientos municipales.
a) Carlos I (1516-56) hereda de sus cuatro abuelos Austria/Imperio, Países Bajos/Franco
Condado, Aragón/Italia, Castilla/Navarra/América y es nombrado emperador en 1519. En su
gobierno ha de afrontar conflictos internos iniciales (protestas por su “europeísmo” y por los
tributos que desencadenan las Comunidades en Castilla y las Germanías en Valencia, 1519-
21) y externos constantes (por la defensa de la Cristiandad ante turcos y protestantes y por el
mantenimiento de la hegemonía ante Francia). En esta época se realizan la primera
circunnavegación del mundo (Magallanes-Elcano) y las conquistas de México (Cortés) y Perú
(Pizarro y Almagro).
b) Felipe II (1556-98) hereda todos los territorios paternos excepto el Imperio y añade Portugal.
En el interior, se desarrolla una “Monarquía hispánica” absoluta y centralizada (capitalidad de
Madrid, 1561), brazo de la Contrarreforma católica, pese a los conflictos (cuestiones del
príncipe Carlos y del secretario Antonio Pérez, y rebeliones morisca en las Alpujarras y foral
en Aragón). En el exterior, se mantienen las líneas de Carlos I (guerra con Francia, control del
Turco, exploración de Filipinas) y se abren otras nuevas (guerra en los Países Bajos tras su
sublevación y con Inglaterra).
En economía, los ingresos (obtenidos por arrendamiento de impuestos indirectos –alcabala- o
directos –servicios-, ayudas de clero y caudal de Indias) son inferiores a los gastos (de corte, burocracia y
guerra), provocando déficit y endeudamiento permanente; la política económica se basa en el
mercantilismo proteccionista (con base en los metales preciosos) y en la explotación monopolística de
América (a través de la Casa de Contratación), que provocan la revolución de los precios (inflación) y la
dependencia productiva del exterior. La sociedad vive un aumento de población, pero mantiene su base
estamental y asiste al avance de la élite noble (“grandes de España”), al desarrollo de los gremios, al
mantenimiento de una mentalidad antiburguesa y “casticista” (obsesión por la limpieza de sangre) y a la
aparición de una sociedad multiétnica en América (blancos y criollos sobre indios y negros).
Culturalmente, en el siglo XVI se desarrolla el Humanismo racionalista (de origen italiano y flamenco)
y la imprenta; además, se inicia el Siglo de Oro con base en el catolicismo (fundación de la Compañía de
Jesús y aplicación de los dogmas contrarreformistas del Concilio de Trento), transición del arte medieval
al renacentista y desarrollo de disciplinas como la Geografía o la Economía.
Por el contrario, el siglo XVII, el de los Austrias Menores, es el siglo del ocaso imperial y de la
crisis económica; en suma, el de la decadencia de la Monarquía Hispánica.
a) Felipe III (1598-1621): Se desarrolla la privanza o valimiento del Duque de Lerma y la
recuperación de poder de la nobleza, junto a la polémica expulsión de los moriscos (1609) por
rechazo cristiano y por temor a ataques berberiscos. En el exterior, domina una política de
“pacifismo” por la muerte de Isabel I de Inglaterra y por la ruina (tregua con Holanda).
b) Felipe IV (1621-65): Destaca el valimiento del Conde-Duque de Olivares con sus ideas de
reputación y reformación, que condujeron a varios ambiciosos proyectos fracasados ante las
urgentes necesidades (red nacional de erarios rechazada por los privilegiados y unificación
jurídico-institucional y Unión de Armas rechazadas por los reinos periféricos) y a una crisis
final con la caída de Olivares ante las rebeliones de 1640 (secesión temporal de Cataluña y
definitiva de Portugal). En el exterior, la Guerra de los Treinta Años (1618-48), junto al
Imperio y contra los protestantes, y la guerra con Francia sellan el inicio de la decadencia.
c) Carlos II (1665-1700): La regencia de Mariana de Austria y la inestabilidad por la incapacidad
del rey dan lugar a una sucesión de validos y ministros. En el exterior, se impone la hegemonía
francesa (Luis XIV) y se suceden las pérdidas territoriales (Flandes) hasta estallar el problema
sucesorio (sin heredero, hay dos candidatos externos, Carlos de Austria/Habsburgo y el elegido
Felipe de Anjou/Borbón).
Esta evolución política del XVII se une al agotamiento económico y social (crisis del siglo XVII)
debido al endeudamiento de la Hacienda Real por las guerras y la menor afluencia de metales americanos,
lo que lleva a seis bancarrotas o suspensiones de pago, a la dependencia de prestamistas extranjeros y a la
búsqueda de más ingresos (alteraciones monetarias, “donativos” de privilegiados y ventas de títulos), sin
poder evitar el déficit y la recesión en los tres sectores económicos (dando lugar a una constante
dependencia del exterior). En sociedad, la población se reduce por las epidemias (oleadas de peste), la
expulsión de los moriscos y las dificultades (que dan pie a la emigración) o la guerra; mientras nobleza y
clero aumentan por la venta de títulos (pero se endeudan o carecen de vocación), la burguesía es escasa y
carece de inactiva, la población urbana crece por la emigración (aumento de la mendicidad) y los
campesinos endeudados pierden sus tierras (aumentando el bandolerismo). Sólo desde 1680 se aprecian
indicios de recuperación con el aumento de población (más en costas que en interior) y la devaluación de
la moneda de vellón (estabilidad). Símbolo de esta época de decadencia son los arbitristas, personajes muy
diversos que elaboran informes para el rey con diferentes soluciones a los mismos problemas detectados
(despoblación y agotamiento de Castilla, enriquecimiento de extranjeros y aumento de clero), entre los
que destacó Sancho de Moncada. Finalmente, en cultura, el XVII es el siglo del Barroco, estilo dinámico
y exagerado, usado como medio de control y propaganda por el poder (Corona e Iglesia) sobre las masas,
mediante mensajes directos a través del arte (Velázquez) y del teatro (Lope de Vega), prolongando el Siglo
de Oro al menos hasta 1648.
EXTREMADURA (Siglos XVI-XVII, 1)
• La población estaba concentrada en pequeños núcleos y -como muestran recuentos
generales o censos, padrones o vecindarios municipales y registros parroquiales-
aumentó en el XVI, pero el XVII trajo un gran retroceso demográfico (acentuado
por la emigración). Destaca la aportación a la conquista de América, con nombres
como los de Ovando (encomienda), Núñez de Balboa (Pacífico), Cortés (México),
Pizarro (Perú), De Soto (Florida), Valdivia (Chile) u Orellana (Amazonas). Muchos
otros emigraron buscando honor o riqueza (aunque el flujo se ralentizó desde el
XVII), sobre todo hombres jóvenes y solteros de todos los estamentos, procedentes
de Cáceres, Trujillo y la Baja Extremadura; algunos consiguieron regresar con
fortunas que invirtieron en ricos palacios.
• La sociedad era estamental desigual y estática. Entre los privilegiados (exentos de
impuestos), la nobleza controla tierras y poder, mientras el clero secular
(sacerdotes) y regular (monjes) presenta diferencias internas, aunque la Iglesia
controla diezmos (1/10 de la cosecha) y tierras. Entre la mayoría no privilegiada (y
pechera) hay campesinos, artesanado urbano agremiado y pequeños profesionales
burgueses. Al margen viven minorías étnico-religiosas (judeoconversos o
moriscos), socio-económicas (pobres) y jurídicas (esclavos africanos).
• La economía era pobre. En agricultura domina el secano (cereal) y pequeñas
explotaciones de vid, olivo, frutales y huerta (con regadío) poco productivas
(barbecho); pese a la existencia de pósitos y tierras municipales, la tierra era
controlada por nobleza e Iglesia. En ganadería destacan las cabañas porcina
(dehesas) y ovina (trashumancia). La producción de manufacturas era escasa, casi
de subsistencia (solo en ciudades había talleres). El comercio se limita a zonas
concretas y productos agrarios (mercados y ferias locales).
EXTREMADURA (Siglos XVI-XVII, 2)
• En cuanto a su organización territorial, Extremadura seguía bajo la autoridad de
tres jurisdicciones: en los territorios de realengo el rey actuaba a través de
corregidores (principales ciudades), como Plasencia; los de señorío eran de la
nobleza (duque de Alba al N y duque de Feria al S) y la Iglesia (Guadalupe y
obispados de Plasencia, Coria-Cáceres y Badajoz); los de las órdenes militares
(Alcántara y Santiago) se dividían en encomiendas de tierras y vasallos. Por encima
estaba la monarquía castellano-aragonesa.
• En el marco de la política castellana, Extremadura es peculiar: frontera alejada de
los centros de decisión y con diferentes tipos de jurisdicción, su marginalidad
genera el proceso de emigración (interior y hacia América). En el XVI, los grandes
acontecimientos castellanos (Comunidades) tienen poca repercusión, aunque en
1556-58), Extremadura y La Vera se convirtieron en centro político por el retiro de
Carlos V en Yuste. Desde el XVI, Extremadura vive una decadencia municipal por
la intervención real (corregidores), al aumento de poder de las oligarquías y la venta
de cargos y villas; además, en el XVII las guerras por la independencia de Portugal
repercuten en la región (pérdida de habitantes, enfrentamientos, no comercio).
• En arte y cultura apenas hay focos de importancia (los artistas locales se formaban
fuera), en tanto que actúa una doble influencia externa, la andaluza (Sevilla) y la
castellana (Salamanca, Valladolid y Madrid). Los demandantes de obras de arte
fueron tanto la nobleza como la Iglesia, cuyos gustos oscilaron del Renacimiento
(Luis de Morales) al Barroco (Zurbarán), aunque no hay que olvidar a literatos
como El Brocense (humanista).