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Absolutismo en Europa del Siglo XVII

Este documento resume el concepto de absolutismo político en Europa en la segunda mitad del siglo XVII. Explica que los monarcas aumentaron gradualmente su poder sobre la nobleza, el clero y las ciudades, aunque su autoridad tenía límites. El absolutismo se basaba en la idea aristotélica de que la sociedad está organizada jerárquicamente, pero la revolución científica debilitó esta visión. Los monarcas absolutos mantuvieron el sistema estamental pero intentaron controlar a los grupos que se oponían a su autoridad. El absolutismo tenía

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Absolutismo en Europa del Siglo XVII

Este documento resume el concepto de absolutismo político en Europa en la segunda mitad del siglo XVII. Explica que los monarcas aumentaron gradualmente su poder sobre la nobleza, el clero y las ciudades, aunque su autoridad tenía límites. El absolutismo se basaba en la idea aristotélica de que la sociedad está organizada jerárquicamente, pero la revolución científica debilitó esta visión. Los monarcas absolutos mantuvieron el sistema estamental pero intentaron controlar a los grupos que se oponían a su autoridad. El absolutismo tenía

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TEMA 2: ABSOLUTISMO Y PLURALIDAD DE FORMAS POLÍTICAS EN LA

EUROPA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVII

1. El absolutismo y sus límites


1.1. El concepto de “absolutismo” y el origen del poder
Se ve el aumento paulatino de los reyes desde finales de la Edad Media. El
fortalecimiento se ve en el poder para legislar, el desarrollo de la administración
(burocracia, ejército), la tendencia a controlar los órganos intermedios (parlamentos,
cámaras…) y símbolos de la soberanía: hacer la ley, ser la cabeza del poder temporal.
Es un concepto propagandístico y va siendo matizado. Las monarquías
medievales se llamarían monarquías preeminenciales, en las que, de acuerdo con el
derecho medieval, había un pacto entre el señor y sus vasallos a los que tenía que
guardarles sus prerrogativas, la nobleza sus privilegios, la iglesia su inmunidad y las
ciudades sus libertades.
A raíz de las polémicas por las guerras de religión y la política anti-tolerante de
Luis XIV, se va a ir acuñando el término “monarquía absolutista” como aquella que tenía
un poder supremo. El absolutismo tiene una vertiente teórica que es la que defienden
los defensores del poder regio, y otra práctica que está limitada. La capacidad real de
ejercer el poder, de ser absoluto, descansará en tres elementos:
• La capacidad de coerción: la capacidad de dictar y ejecutar y la ley y la fuerza
militar, pero no es universal (no hay un policía por persona).
• La capacidad de vincular los intereses de los diferentes estamentos a una causa
o propósito común, que puede tener dimensiones materiales o ideológicas.
• Mantener equilibrados, a la vez que subordinados, los poderes efectivos de los
elementos políticos, es decir, el clero, la aristocracia y las corporaciones, porque
si no, el motín y revuelta es una expresión violenta de las tensiones políticas.

La monarquía juega un papel en el que todos no juegan el mismo papel. La


nobleza obtiene títulos, altos cargos, le garantiza sus privilegios económicos…; la
burguesía obtiene protección a cambio de dinero; las ciudades son las más perjudicadas
porque pierden importancia; el clero obtiene beneficios.

1.2. Principios y límites del absolutismo


Los presupuestos ideológicos que sirvieron de fundamento al estado absolutista
vienen a ser un conjunto de posturas derivadas de la política de Aristóteles, que ha
pasado por el tamiz de la escolástica y por la relectura que hizo Santo Tomás. Esta
combinación de Aristóteles y su adaptación al mundo cristiano es de donde surge el
concepto de autoridad. Nos encontramos con una sacralización de lo natural, de la
naturaleza como obra de Dios, perfecta e incuestionable. Las ideas derivadas de las de
Aristóteles son:
• El hombre es sociable por naturaleza.
• Los hombres son desiguales por naturaleza.
• La inevitabilidad de la existencia de jerarquías sociales y de dominación política.
La sacralización se aplica también a la política, respondiendo a una sociedad que
consagraba estos criterios como criterios de obligación; se trata de una sociedad
estamental, esto es lo que permite entender que la familia, la cuna y la sangre supongan
un destino que todo el mundo debe evitar. La sangre es transmisora de virtudes y
defectos. Si el tópico funciona para la familia, la pretensión es extenderlo a la nación.
La innovación y la revolución científica supusieron el fin del planteamiento
aristotélico, lo que se tradujo asimismo en un debilitamiento de los presupuestos
políticos que de éste se habían derivado. Son sociedades que no se encuentran
completamente cerradas, como las de castas, contienen algo de movilidad social, pero
se encuentra muy reducida. La posesión o no del privilegio es lo que distingue a los
distintos estamentos en el régimen absolutista. El privilegio se justifica por una visión
organicista de la sociedad, vista como un organismo en que los distintos órganos
desempeñan cada uno una función determinada: habría aquellos que se dedicarían a la
defensa de la ciudad, con la guerra, auxilium y el consilium; los que obedecerían a los
aspectos confesionales y sacralizados de la sociedad, rogarían por todos, harían de
intermediarios con Dios, y cuidarían de la salvación de todos. La estructura terminaría
con un tercer estado conformado por la mayoría de la población, se dedicaban al trabajo
de la tierra y serán el campesinado y carecerían de privilegios, estando sometidos al
pago de impuestos y sus nombres aparecerán en el censo.
El monarca gozaba de superioridad respecto de las normas y del derecho creado
por cualquier poder humano. Este rey de finales del XVI y XVII ya no es un primus inter
pares, sino que es el titular de un poder supremo que además dice que procede de Dios,
que tiene por tanto una naturaleza cualitativamente diferente a la de otro cualquier
terrenal.
Todos los aspectos positivos de legislación, administración y jurisdicción se
apoyaban en esta última instancia de poder. Ya desde la Edad Media, entre los juristas
se había distinguido una Potestas ordinaria, no obstante, también se produjo una
Potestas absoluta en buena medida destinada a utilizarse sólo cuando hubiera una
necesidad o una causa extraordinaria en la que el rey debiera utilizar esa potestad. Esta
vía extraordinaria, se fue convirtiendo en ordinaria, para justificar todo hecho. En este
ámbito, Francia, Inglaterra, España… habían dado claros pasos hacia la consolidación
territorial, incluso expansión, con salidas matrimoniales y una mayor centralización
administrativa. Todo ello redundó a que se fuera dando paso a una mayor integración
política.
Entre el siglo XVI y XVII, los reyes poseían un poder sensiblemente superar a los
que habían tenido en su inicio, aunque hay diferencias regionales. La situación entre
Castilla y Francia puede ser homologable desde el punto de vista de una de las
características más destacadas de esta forma de ejercer el gobierno de estos estados
absolutos, llegar a imponer tributos y legislar sin el consentimiento de los súbditos.
Respecto a Inglaterra, el monarca inglés no logró nunca la suficiente autoridad para
legislar o solicitar tributos a voluntad. Las ocasiones que procuró gobernar sin
parlamento le costaron muy caro. Las instituciones parlamentarias de Inglaterra, Gales
e Irlanda como colonia son fuertes y mantienen una gran pujanza. Al igual que en Francia
y en España, sin embargo, los monarcas ingleses no eran responsables ante los súbditos
de sus políticas y acciones. Además, el monarca inglés concentró un poder en sus manos
muy importante, era el cabeza de la iglesia anglicana.
En el absolutismo, el gobierno real no llegó a ser autocrático, ni siquiera en los
estados en donde menos limitado estaba el poder. Continuamos estando ante
frecuentes rivalidades y conflictos entre las distintas jurisdicciones, incluso en el propio
funcionamiento interno del aparato estatal. En ocasiones, los atributos teóricos que se
otorgaban a los monarcas absolutos solo eran teóricos. El absolutismo es más una
expresión de voluntad que una realidad. Es mejor hablar de estado absolutista que de
absoluto.
Entre estas matizaciones, también hay que tener en cuenta que los reyes
absolutos nunca lucharon contra los privilegios sociales, nunca lucharon contra las
sociedades estamentales, nunca quisieron deshacerlas. Sólo se luchó contra los
privilegios que establecían resistencia a su propia autoridad o que escapaban al control
del rey.
En segundo lugar, también cabe decir que la propia oposición del rey en la cima
de la cúspide social es el mejor reflejo de estos privilegios existentes entre la naturaleza
del sistema. El absolutismo se basará en la sociedad estamental. Los límites de los
estados absolutistas son:
• Derecho privado y de propiedad: era necesario mantener el respeto por lo
particular y lo privado, para definir la zona en la que el monarca podía reivindicar
su poder soberano. En principio, el monarca debía de contar con el acuerdo del
gobernado.
• Representaciones corporativas de asambleas, parlamentos y Cortes: los reinos
eran contemplados desde una sociedad de carácter orgánico. En muchas de
estas se criticaron los poderes absolutos y, por tanto, los monarcas intentaron
convocarlas las menos veces posibles, sólo para conseguir dinero.
• Concepto de leyes fundamentales: sólo en el marco de un edificio político con
éste, donde el rey es capaz de encontrarse por encima del derecho legislativo, se
plantea la necesidad de acudir a algún tipo de ley fundamental, un tipo de ley
que constituye la esencia de este orden, una ley que precisamente no podía
tocarse y a cuya finalidad se orientaban el resto de las leyes.

Estas fronteras no fueron un freno objetivo ni exigible para los reyes, pero al
menos conservaron la fuerza de esta especie de mito, con el afán de corregir esta
sociedad, aunque sólo fuera para evitar que estos estado absolutistas no se convirtieran
en tiranos, en los siglos XVI y XVII.

1.3. Diferencias con el Estado liberal


Dentro de un marco de absolutismo nace el concento de constitucionalismo; se
habla de una evolución nunca detenida, con algunas discontinuidades, pero nunca un
parón. Como realidad conceptual existió bastante pronto, pero como realidad práctica
se desarrolló de forma muy lenta. Se planificó mucho, se trabajó la teoría durante mucho
tiempo, pero no se llevó a la práctica hasta mucho tiempo después- se opone de esta
manera al absolutismo, que se desarrolla de forma teórica conforma se aplica en la
práctica. Hay una tendencia a la desaparición de la desigualdad jurídica, de los privilegios
que suponen una barrera entre las distintas clases.
Se mantiene una sociedad organizada en la que la cuna aún es determinante de
la condición o el rango, pero cada vez está más difuso este modelo como base para los
criterios de diferenciación. Hay un momento, el de las revoluciones liberales, en la que
el privilegio se abole de forma tajante. Si, por un lado, la nobleza y el clero no
desaparecen, siguen existiendo, aunque sin privilegios; por otro lado, el tercer estado
mostearía deferencias de acuerdo con un criterio censitario.
El poder es esférico, no hay división de poderes. La doctrina proto-liberal es
contractualista basada en el pacto de la sociedad a partir del estado de naturaleza: los
hombres organizados en tribus que van llegando a acuerdos. Libremente han aceptado
convertirse en miembros de la sociedad, por lo que el origen ya no es divino. Se habla
de la igualdad gracias a una ley escrita: una constitución: la soberanía reside en la razón,
derechos individuales, división de poderes y todos iguales ante la ley.
En los regímenes constitucionales, la soberanía reside en la nación, el titular de
la soberanía pasa de ser el rey a la nación. De aquí que se trata de desarrollar dicha
construcción a lo largo del siglo XVIII como un sujeto político, algo que se consigue
especialmente en el siglo XX. Pero la idea de nación moderna se constituye antes de la
Revolución.
Al separar la titularidad del individuo concreto y llevar a este sujeto teórico
indefinido, se deben habilitar unos Estados representativos. Se deben llevar a la realidad
los planteamientos teóricos, instrumentarlos para hacer efectiva la soberanía. Hay que
crear un sistema para conseguir la representación de esa soberanía nacional. Estado
representativos pensados, además, para evitar que el poder vuelva a recaer solamente
en una persona. En este sentido, se debe plantear una división de poderes clara:
herencia de la clásica de la primera mitad del siglo XVIII de Montesquieu (legislativo,
ejecutivo y judicial), para prevenir los abusos de poder. Pero no hay que pensar que la
división de poderes significa la fragmentación de la soberanía.
Es necesario la existencia de una betería de derechos individuales. En Estado, si
ya no es concebido desde la perspectiva estamental, hay que decidir qué sustituye al
estamento. En el caso del Estado constitucional, es el propio individuo. Surge la corriente
del individualismo, valorando el hombre o individuo como un ente secularizado
también. El individuo continúa siendo parte de una familia, pero ahora se lo toma desde
una perspectiva individualizada. La idea de libertad del individuo y, por tanto, también
secularizado, es una idea que encontramos en todos los niveles.
La relación entre el gobierno y los ciudadanos se debe producir por un carácter
formativo y oficial, de esto hay diversas tendencias, como la normativización generada
por los códigos napoleónicos. La ley es la reguladora de las relaciones entre los Estados
representativos y el mismo individuo. Reducción de las leyes a la mínima expresión. El
principio de legalidad o derecho de los poderes públicos definirá en gran medida los
derechos de libertad, seguridad, propiedad y libertad de expresión y reivindicación, ya
su gradación. Lógicamente, todo este edificio está coronado por la cúpula
constitucional.
Podríamos decir que el estado absoluto y constitucional sería el positivo y el
negativo. La soberanía regia frente a la de la nación. El ejercicio concentrado de poderes
frente a la separación, desvinculación de las leyes contra el Estado de derecho, o su
utilización como principio de legalidad.

1.4. Interpretaciones historiográficas


1.4.1. La Escuela española
Dentro de los teóricos religiosos nos vamos a encontrar con dos corrientes
fundamentales. Una es la que representa la escuela española en los siglos XVI y XVII. Ahí
nos podemos encontrar con autores como el Padre Vitoria, que es un dominico que se
ocupa de la teoría de los derechos naturales y es partidario de la soberanía va al pueblo
y el pueblo delega en un rey con determinadas condiciones. Esto se encuentra en la
compañía de Jesús con el Padre Mariana y el Padre Suárez. El rey tiene que garantizar el
respeto a la religión del reino, respetar la recepción de impuestos. Es una concepción
estamental, medieval. El rey tiene que contar con la aprobación de los estamentos en
cortes, por lo que es un teoría que sujeta y defiende los privilegios y libertades de los
distintos estamentos.
El Padre Mariana (1536-1624) desarrolló las ideas medievales del pactismo
político medieval. Sostenía la idea medieval de contrato: los asociados ceden soberanía
a cambio de determinada protección; pero, además, al ser un contrato se supone que
ambas partes deben cumplir una serie de obligaciones. El este estaría obligado a
respectar las leyes, pero también las relativas a los impuestos, en los que Mariana
defiende varias cuestiones: las inmunidades deben respetarse (exención del clero y la
nobleza), y tampoco pueden imponerse arbitrariamente impuestos a los demás, salvo
que sean aprobados por las Cortes. Deben respetarse las normas de sucesión. Una de
las primeras obligaciones de todo monarca absoluto es el respeto y la defensa de la
religión propia. Lo que hace el Padre Mariana es un inteligente defensa del
ordenamiento político y social del Antiguo Régimen. En su misma línea irán el Padre
Suárez y el Padre Vitoria, pero con una diferencia: desarrollarán las teorías más cercana
al derecho natural.
En el caso de la escuela jesuítica, también son partidario de la potestas indirecta
(la soberanía recae en el pueblo y éste la delega en el rey), por lo que tiene que cumplir
unas condiciones. Si no las cumple, el rey se puede convertir en un tirano y podría ser
depuesto; esto es en condiciones extremas.

1.4.2. La soberanía directa


En la teoría de la soberanía directamente al rey, se habla de John Toland, que era
una mayor defensa de la soberanía real. En esa misma corriente, se va a inscribir uno de
los campeones del absolutismo regio: Bossuet, que hará una cerrada defensa del
absolutismo monárquico. En el lado de las críticas al absolutismo, los autores están
vinculados a las guerras de religión en Francia. Destacan hombres vinculados a los
protestantes y hugonotes y se centran en la crítica al mal gobierno de los tiranos, por
ejemplo, de Luis XIV por perseguir a los hugonotes.
La monarquía de derecho absoluto inmediatamente divino es la defendida por
Luis XIV y Bossuet. Por su parte, Bossuet presenta una visión de la política derivada de
la gracia divina. Justifica que, si el origen del poder es divino, la única manera de
ejercerlo es mediante una autoridad absoluta. Habría dos vicarios en la Tierra elegidos
por Dios: el papa y el rey. el pueblo no tiene derecho a deponer al príncipe. Será este
modelo de absolutismo el más clásico y extendido en esta época. La justificación moral
de este absolutismo es claramente católica.

1.4.3. El absolutismo mecanicista


Aquí siempre hay un matiz en el que dios está en el vértice los teóricos del siglo
XVII y XVIII optan por otro esquema y van a desarrollar teorías de tipo contractualista,
la existencia de un contrato social. Aquí podemos poner a unos autores que defienden
el absolutismo real, siendo el principal Hobbes. Los hombres, en sociedad, delegan
soberanía a un rey a cambio de determinadas concesiones. Estas concesiones, las
fundamenta en mantener la paz, la seguridad, el orden social… con una idea diferente a
las interpretaciones teológicas del siglo XVI. En el pensamiento del este momento,
tenemos una teoría basada en el individuo. En este mismo clima, en Inglaterra, es donde
se podía encontrar a Locke, que va a ser un de los grandes defensores de la corriente
reversible, es decir, los hombres en sociedad pactan y otorgan poderes a un monarca,
pero con condiciones. Esto implica el consentimiento y aprobación de los súbditos por
medio de una institución: el parlamento. Se trata de autores racionalista que construyen
un pensamiento que no dependa de Dios, sino de la razón.
Locke es considerado como el padre del liberalismo clásico y uno de los
principales pensadores del empirismo inglés. Él se basa en un pacto primigenio por el
cual la soberanía continúa siendo del monarca, pero con ciertas condiciones. la
soberanía se cede a cambio de producción: libertad para los súbditos, seguridad y
derecho de propiedad. Aquí la aportación es que el poder debe tener un vigilante, un
contrapeso, puesto que el monarca tiene que cumplir las leyes, no está por encima. Para
ello, debe existir un Parlamento. De una forma implícita encontramos una limitación del
ejercicio del poder absoluto del monarca, que correría a cargo del Parlamento.

1.4.4. Spinoza
Spinoza se acerca a las teorías democráticas y consideraba que la mejor manera
para trabajar para el bien común y defender los derechos individuales, la mejor forma
de gobierno sería un gobierno democrático, por lo que es considerado uno del os
pensadores más radicales dentro de una corriente marginal que emergerá en el siglo
XVIII. Los planteamientos políticos realizan una explicación racional del orden social y
político, prescindiendo de la existencia de dios.
Spinoza construyó un racionalismo radical, una réplica del racionalismo contra
las conclusiones sobre el absolutismo de Hobbes. Su tratado teológico es posterior al de
Hobbes y coincidió con éste en aceptar el principio omnipotente de la soberanía, en la
constitución del Estado como entidad ideológica, racional y natural, y nunca teológica;
pero, al contrario que Hobbes, propone un modelo democrático. Reclama que el Estado
debe garantizar la paz y la seguridad, que es necesaria la libertad religiosa y política: el
gobierno democrático debe ser el más próximo al Estado Natural. También dice que es
necesario un interés colectivo que debe relacionarse con lo inaudito y minoritario. Es
una visión muy idealista y casi inusual en los pensadores de la época, y no encontramos
ejemplos de este modelo llevados a la práctica.

2- Los teóricos del absolutismo


2.1.- Las teorías indirectas (‘populistas’) sobre el origen del poder del rey
Dios hace entrega directamente el poder, por lo que se defiende la legitimidad
de este poder, así como su irresponsabilidad. Como el poder deriva de Dios, la autoridad
regia no puede tener límites, es un reflejo del poder divino en la Tierra.
La mayoría de los dirigentes del barroco se refugian en la educación del Príncipe,
hay una corriente muy característica del Barroco español, de la cual deviene una de las
corrientes más duraderas del absolutismo: la teoría Tacitista. Los tacitistas son católicos
que buscan oponerse a Maquiavelo, intentando fundamental de alguna manera la
creación de un nuevo estado. Intentan justificar su razón de estado, desde la perspectiva
católica, para que no quedara en duda que la única manera de que el príncipe actuaste
como tal era darle una buena educación acorde a su rango.
De esta forma, el poder soberano no admite ningún otro poder en su territorio.
En la Edad Media, el poder del soberano se encontraba fragmentado, cada señor feudal
ejercía un poder soberano sobre el territorio que poseía. Los príncipes modernos, con
un régimen político cada vez más autoritario, dará lugar al nacimiento de un poder
supremo, inquebrantable, indivisible y único: el rey como máximo legislador, la máxima
autoridad política y el máximo juez.

2.2. - El absolutismo de derecho inmediatamente divino


La teoría más tradicional es probablemente la que más aportará al derecho
político con posterioridad. El poder es de origen divino, pero no va directamente al rey,
va de Dios al pueblo y, después, mediante un pacto de unión, se cede la soberanía al
gobernante. Por esto, todos abogan por la monarquía limitada y condicionada por el
respecto de algunos límites, aunque más teóricos que prácticas, por lo que la
importancia radica en la capacidad del pueblo de romper el pacto si el monarca incumple
las limitaciones. Por lo tanto, le pueblo puede cometer hasta regicidio con derecho
según este pacto.
Esta manía de regicidio y tiranicidio se convirtió en una obsesión paranoide para
los Borbones en el siglo XVIII porque estas doctrinas, generalmente, fueron defendidas
por teólogos como Francisco Suarez y Juan de Mariana. Se convirtieron en verdaderas
obsesiones que determinaron en gran medida la forma de gobernar.
Los límites residen en que el rey se compromete con justicia, siendo consciente
de que ha recibido un poder que proviene de Dios. Más alá de ese comportamiento
justo, paternal, la figura que se suele invocar es la de autoridad paterna. Es evidente que
una de las funciones primordiales de este tipo de monarcas es proteger la religión. Estas
doctrinas pervivieron durante el siglo XVIII.

2. 3. El absolutismo laico y radical


2.3.1. Maquiavelo y los humanistas
Maquiavelo intenta fundamental la política como disciplina autónoma. La razón
de Estado como un razón también es autónoma, independiente de los dictados de la
teología moral. No obstante, los de Maquiavelo no son los únicos análisis que se
producen en este momento, los humanistas erasmistas también tienen su propias
nociones políticas. Maquiavelo propone una solución política favorable al absolutismo,
estaría dentro, por lo tanto, de los fundadores del absolutismo.

2.3.2. Francia: Jean Bodin y los politiques


Bodin escribe durante las Guerras de Religión y, sobre todo, en lo referente a la
Matanza de San Bartolomé. Es fundador de un grupo de políticos denominado
politiques, grupo que busca una solución a la inestabilidad y los conflictos internos del
momento. Es un grupo interconfesional y sus soluciones son claramente absolutistas. En
cuanto a la forma de gobierno, afirma que el príncipe soberano es sólo responsable ante
Dios. Se opondrá, por lo tanto, a otras corriente de Francia como los monarcómacos o
los partidarios de la teoría de la resistencia. Bodin defiende una solución absolutistas,
pero tolerante.
2.3.3. Inglaterra: el absolutismo mecanicista de Thomas Hobbes
Emerge de nuevo la idea del contrato. El poder no se encontrará en Dios, sino en
un pacto realizado en algún momento del a historia de la humanidad. Este pacto sería
cerrado porque el hombre es no es bueno y el estado de naturaleza ates del pacto era
un estado de guerra permanente. Por lo tanto, el hombre cedería todos sus derechos a
cambio de protección.
Hobbes presenta una visión del racionalismo radical. Explica el poder y la
organización social partiendo de la idea de que los hombres son malos por naturaleza y
su principal motor es el egoísmo, lo que significa la imposición del más fuerte sobre el
más débil. Por lo tanto, para construir una sociedad civil es necesario que el estado se
imponga, los hombres tienen que delegar la soberanía al soberano por medio de un
contrato. Pero como es un racionalista radica dice que, una vez que esta soberanía
primigenia se ha delegado, corresponde para siempre al soberano, que goza de un poder
absoluto. El pacto se resolvería siempre en sentido absolutista.

2.3.4. La reelaboración racionalista del derecho natural: los iusnaturalistas


En los siglos XVII y XVIII aparecen los iusnaturalistas en los Países Bajos como
defensores del derecho natural. Realizan una reelaboración de la doctrina de los
derechos naturales para fundamentar unos derechos universales propios de la
naturaleza humana, que serían anteriores e independientes a cualquier ordenamiento
jurídico de ningún Estado. Por esto, ningún estado puede tocarlos.
Estas doctrinas carecen de documentación teológica, en principio fueron
utilizadas en favor de los planteamientos absolutistas, pero como fueron del todo ajenas
a conceptos como el de soberanía popular o contrato político, en algún caso pasaron a
ser utilizadas para criticar el absolutismo. Estas doctrinas de derecho natural llegaron a
tener reconocimiento en los países católicos.

2.4. Resistencias y críticos del absolutismo


2.4.1. Resistencias
Comienzan a aparecer sentimientos anticortesanos. Las Cortes eran muy
variadas y, por lo tanto, suele ser un sentimiento muy vinculado a la defensa del honor,
a la imagen del honor como ejemplo o paradigma de lo incorrupto, mientras que la
Cortes tiene mala prensa casi desde el mismo momento de su aparición. En este
contexto, es un pensamiento antisistema. En el Renacimiento aparece vinculado a la
idea calderoniana y a los ideales del amor y el gusto por la exaltación natural.
Desde el punto de vista teórico, habría que mantener una referencia con los
humanistas, no tanto en el terreno del absolutismo, pero sí en el mantenimiento de unas
posiciones de principios que podían ser criticadas respecto al poder extendido desde el
punto de vista absolutista. La teorización de los humanistas como Erasmo o Tomás Moro
insisten en la justificación divina como último modo, aunque no es realmente una
posición abiertamente política.

2.4.2. Los críticos


Spinoza es el fundador de la ilustración radical. Lo más interesante de él es su
tratado teológico y político. Es un racionalista a ultranza y comparte la necesidad de una
fundación racional y natural. También comparte el concepto de soberanía, ese poder
omnipotente que no admite rival ni contrario, un poder supremo. Pero, al contrario que
Hobbes, es partidario de garantizar la libertad y libertades de los individuos mediante
un sistema de gobierno democrático. Es la primera utilización del concepto de
democracia, la cual la mantiene como el gobierno más próximo al estado natural.
Otro gran crítico es John Locke, que no compartirá la visión pesimista de Hobbes
con respecto a la naturaleza humana. Según él, el pacto tiene la finalidad de proteger el
sistema político y económico de las sociedades. Su visión del pacto recuerda al derecho
divino. Habla de un primer pacto, el de constitución de sociedad civil, pero con derechos
individuales y su objetivo sería ponerse de acuerdo en que deben ser protegidos los
derechos de la sociedad. No obstante, cría que sólo se tenía derecho a ser elegido si se
era propietario de algo. En un segundo pacto, la sociedad entregaría el poder a una serie
de gobernantes, pero al contrario que Hobbes, este pacto sería reversible en cualquier
momento si los gobernantes deseasen. Esto es el liberalismo clásico.

3.- Modelos políticos en Europa


3.1. Monarquías
Tenemos monarquías compuestas y monarquías simples. La monarquía francesa
es una monarquía simple porque no está compuesta por diferentes reinos, sólo hay un
reino porque han unificado el territorio más temprano. Ejemplos de monarquías
compuestas son la monarquía inglesa y la española. Son monarquías compuestas porque
los soberanos serán soberanos de un conglomerado de reinos.
El absolutismo monárquico llevado a la práctica no eliminó la capa de relaciones
señoriales existentes, pero procuró absorber esa pluralidad de jurisdicciones, privilegios
y derechos tributarios superponiéndose e imponiéndose. La nobleza aceptó este papel
del rey a cambio de que mantuviera y fortaleciera ciertos derechos señoriales. Otro
aspecto importante fue el hecho de que se produjeran revueltas y revoluciones en las
que todos los grupos sociales participaron.
Es importante tener en cuenta las líneas del complejo institucional que
tradicionalmente han definido la práctica política del absolutismo monárquico: la
existencia de un ejército y burocracia permanentes y crecientes, la puesta en práctica
de un sistema nacional de impuestos, la creación y perfeccionamiento de un derecho
codificado, y el desarrollo de una diplomacia nacional. A esto hay que añadirle el
desarrollo del valimiento.
La mayoría de los soberanos estuvieron a la cabeza de un gobierno que
diversificó y complicó sus funciones y medios, por ello, necesitaron depositar su
confianza en un ministerio particular que dirigiera, coordinaría y supervisara sus
acciones de gobierno. Así apareció la figura del “privado”, basada en un vínculo persona
del monarca con su primer confidente.

3.2. El Imperio y los estados


El imperio está compuesto por muchos estados, destacando el ducado de
Austria. El imperio no es una cuestión muy democrática porque el emperador es elegido
por 7 electores y tienen una serie de obligaciones. La tendencia de los Habsburgo era
convertir ese conglomerado tan diverso en un sistema más unificado a través del
aumento del poder del emperador, del absolutismo, algo que se estaba intentando
desde Carlos V, y que va a culminar en la paz de Westfalia, que significaba el fracaso de
los intentos de los Habsburgo por aumentar el poder dentro del imperio.
En el siglo XVIII se podría hablar de un período de progresiva recuperación
económica después de la paz de Westfalia, pero el Imperio como formación política
entró en un período de decadencia y de progresiva dispersión. Nunca más volvió a haber
un emperador que se plantease ejercer un poder real, y eso terminará redundando en
una mayor independencia de los principales que había dentro de los límites teóricos del
Imperio, una gran dispersión de ciudades y estructuras políticas muy diversas, de forma
que algunas de estas entidades llegan a actuar de forma autónoma, incluso haciendo
alianzas con otros Estados.
La historiografía sobre el imperio tener una tradición que considera al imperio
como una entidad anclada en el pasado; y una revisión historiográfica que presenta el
imperio como una asociación de ayuda mutua, donde, bajo el paraguas del imperio, unas
partes podían ayudar y colaborar con otras en caso de conflicto, principalmente frente
a los otomanos y Francia.

3.3. Repúblicas
Tienen una entidad soberana. En el plano de las relaciones internacionales, la
república es una soberanía colectiva.

3.3.1. Venecia
La más famosa y poderosa en el siglos XV y XVI es la Venecia, que es, además de
la ciudad de Venecia, una serie de establecimientos en la costa del imperio otomano. Es
un sistema oligárquico, linajes inscritos en un registro donde unas familias constituyen
la aristocracia veneciana y son los que tienen representación en el senado y que eligen
un dux, que no tiene los poderes de un rey, pero casi. Es muy importante en el siglo XV
porque son los intermediarios de la vías tradicionales de comercio con Oriente. La
decadencia de Venecia comienza cuando los europeos consigan llegar a los marcados
orientales por el mar.
Venecia contaba con una constitución que fijaba los derechos sus natrales y unas
instituciones prestigiosas. Aunque el dux era el jefe de Estado, quien ejercía realmente
el poder era el Gran Consejo, que se encargaba de legislar y del nombramiento de los
cargos. Elegía al Senado, que se ocupaba de la política exterior y recibía a sus
embajadores. Todos los cargos de poder estaban en manos de la nobleza, pero el grupo
tenía un carácter muy abierto. Esta condición ya corta duración de los cargos
contrarrestaban los posibles abusos de su monopolio.
Venecia disponía de un buen ejército y una flota de galeras compuesta por
voluntarios venecianos. La república dispuso de una potencia militar muy superior al
resto de los estados italianos. A pesar de los esfuerzos, no puso evitar la pérdida de sus
colonias a manos de los turcos, pero siguió manteniendo su presencia económica en la
zona a través de pactos con ellos.
La segunda en importancia es la república de Génova, mercantil, oligárquica,
vinculada al comercio en el mediterráneo, con una trayectoria desde la edad media. La
economía es dual porque es marítima comercial y, durante los siglos XV y XVI una
república financiera.
Hay dos tipos de repúblicas más, una que surge a finales del siglo XVI: la republica
de Holanda, las 7 provincias unidas, que se inscriben en la lucha contra Felipe II y las 7
provincias del norte pasan a formar una república.
3.3.4. Los Estados Pontificios
En este momento, lo estados pontificios son una serie de ducados y territorios
que parten Italia en dos. Son territorios que tienen un soberano temporal y otro
espiritual. Los estados pontificios son, políticamente, como un señorío y, durante el siglo
XIX con la unificación italiana, va a ser por la proyección política del papado, uno de los
grandes obstáculos de la unificación italiana.
De entre todos los soberanos italianos, el Papa era el más débil debido a la
influencia de las grades familias sobre el Colegio Cardenalicio. La Curia se ocupaba del
gobierno secular. Los negocios exteriores corrían a cargo de un cardenal secretario y la
hacienda, del camarlengo. Los cargos más importantes solían ser encomendados a
miembros de la familia del Papa, lo que llevó a calificar al régimen pontificio de
nepotista. Como cualquier otro soberano de la época, el Papado se esforzó por imponer
su autoridad sobre sus dominios. En esta empresa destacaron, aunque sin mucho éxito,
Alejando VI y Julio II, pero su política no tuvo continuidad salvo con Clemente VII y Paulo
III. Más importante fue su participación en los conflictos internacionales. La condición
de jefe de la cristiandad y de soberano temporal le dio un especial protagonismo en la
Europa del momento, convulsionada por la Reforma, las rivalidades entre la monarquía
francesa y la Monarquía Universal Católica y el asedio de los turcos. En esta situación, el
pontífice se decantó por uno de los contendientes y le apoyó con su prestigio y sus
recursos, pero también participó en coaliciones encaminadas a frenar el avance del
turco.

3.4. Monarquías Bálticas y Polonia


Destacan Dinamarca y Suecia que tienen, originariamente, una monarquía
electiva aristocrático-militar, que van evolucionando a monarquías hereditarias
absolutistas, proceso que se da en los siglos XVI y XVII. Son territorios poco poblados
con materias primas esenciales para el comercio y el desarrollo de Europa: madera para
la construcción naval, hierro, cobre y alquitrán/brea.

3.4.1. Dinamarca
Durante el siglo XVI, Dinamarca conoció un gran desarrollo. La nobleza y la
monarquía constituían las grandes fuerzas del país, especialmente tras la Reforma. El
triunfo del luteranismo permitió el reparto de las tierras de la Iglesia entre el rey y los
nobles. La nobleza conformaba una sociedad cerrada. Monopolizaba los cargos
administrativos y utilizaba su posición para someter al campesinado, que vio
gravemente deteriorada su condición jurídica y su situación económica con las nuevas
cargas.
El recurso económico más importante de la monarquía danesa era el peaje del
Sund, que proporcionaba grandes ingresos. Todo esto permitía a la monarquía disponer
de un gran potencial que utilizaría para crear una administración central, para organizar
la navegación creando un código marítimo y engrandeciendo las ciudades. Al comienzo
del reinado de Cristian IV a finales del siglo, Dinamarca era la primera potencia del norte.
El auge del comercio báltico permitió que el peaje del Sund proporcionara 2/3 de los
ingresos del Estado y dio al monarca un gran potencial.

3.4.2. Suecia
Suecia, por su parte, había protagonizado varias revueltas con el propósito de
romper la Unión de Kalmar, ya que nunca se habían sentido identificados con ella. En
1523, la Dieta de Sneugnäs reconoció a Gustavo Vasa como rey de Suecia, rompiendo
con la Unión, aunque no pudo desarrollar su plan de gobierno hasta años después por
la presión de Cristian II y las rebeliones de la aristocracia, el campesinado y el clero. Creó
una administración central para hacer sentir su presencia en las provincias a través de
representantes, la mayoría burgueses, enviados desde la corte. Impulsó la Reforma
protestante, lo que le permitió quedarse con el 20% de las tierras de la Iglesia y gozar de
unos recursos que le garantizaban un poder real fuerte. La importancia de la nobleza era
como la del resto de Europa, pero la burguesía desempeñaba su papel y los
campesinados se habían mostrado agresivos en la defensa de sus derechos.
Durante el siglo XVI conoció un gran crecimiento económico y tuvo cada vez más
presencia en el comercio exterior con la exportación de hielo, cobre y mantequilla. Sin
embargo, sus debilidades internas le impidieron desempeñar un papel importante hasta
el siglo XVII.
Posteriormente, Carlos XI, con el apoyo de la burguesía, consiguió reducir el
poder nobiliario y llevar a cabo una reorganización estatal basada en el absolutismo y
completada con reformas económicas como las de Colbert. Carlos XII vio mermada la
autoridad real ante una nobleza pujante, a la vez que su agresiva y desacertada política
exterior llevarían a la quiebra del predominio sueco en el Báltico. Hay que tener en
cuenta que hacia los años 1660 Suecia consiguió su máxima extensión territorial,
incluyendo la mayor parte de Finlandia, la franja de la costa oriental de Nueva y algunos
territorios en Alemania y Livonia.
Se desarrolló una política interior para el refuerzo de las estructuras de carácter
absolutista, a pesar de que se mantuvo la monarquía electiva y una política exterior
agresiva que terminó con una derrota en la Gran Guerra del Norte, que generó una gran
debilidad interna.

3.4.3. Polonia
Polonia Es muy extensa y tiene muy poca población. Es muy importante en los
siglos XV y XVI. Es un régimen de servidumbre, con una sistema esclavista fruto de la
guerra. es uno del os grandes graneros de Europa. Políticamente, es un territorio muy
grande y la parte más desarrollada era la occidental. Su política es muy inestable, la
monarquía electiva, los soberanos tenían que ser elegidos por unanimidad, lo cual era
muy complicado. Polonia se va a convertir en un territorio de apetencia para distintas
potencias y, de hecho, en el siglo XVIII habrá dos repartos consecutivos por el territorio
polaco, desaparecerá el territorio y se repartirá entre Rusia y Austria.
Durante los reinados de Segismundo III y Ladislao IV, Polonia vive sus últimos
decenios de su Siglo de Oro. Por su parte, Segismundo fracasa en su intento de instaurar
una monarquía absoluta y hereditaria, aumentando así la desconfianza de la nobleza
hacia la Corona. Los avances de la contrarreforma van acompañados de una tolerancia
real respecto a las confesiones no romanas, pero la dispersión de los socinianos de
Rakow supone una primera victoria de la intolerancia. Por otra parte, la sociedad tiende
a delimitarse en dos clases: la nobleza constituida en una casta cerrada que detenta la
riqueza territorial, y un campesinado muy pobre que cada vez está más reducido al
vasallaje; mientras que la burguesía, instruida y rica a causa del desarrollo de las
ciudades y del comercio exterior, es muy escasa.
A finales del siglo XVI, los polacos emprendieron una colonización sistemática de
Ucrania en perjuicio de los zaporogos, que acabaron sublevándose, expulsando así a los
polacos y poniéndose bajo la protección del zar Alexis. Aprovechando la situación, Carlos
X Gustavo de Suecia invade la Gran Polonia casi por completo, obligando al Juan
Casimiro V a ceder Livonia interior a Suecia y a Rusia parte de la Rusia Blanca y la Ucrania
al este de Dniéper.
La evolución social que sigue al período de invasiones lleva al hundimiento de la
burguesía como resultado de la decadencia de las ciudades y del comercio, a un
aumento del vasallaje, y al predominio económico y político de la nobleza. La existencia
de diferentes pueblos dentro el Estado es un obstáculo para el fortalecimiento de la
unidad nacional. Finalmente, las divisiones religiosas se agravan a casusa de la política
de la Contrarreforma hacia las confesiones no romanas. Este problema religioso se
agrava cuando estas gentes se ven obligadas a buscar protección fuera de las fronteras:
los protestantes den Brandeburgo-Rusia y los ortodoxos y unitarios en Rusia.

3.5. Rusia
La monarquía de Rusia, el monarca se llama zar y es una figura sacralizada por la
iglesia ortodoxa, donde el monarca está en la cabeza de la iglesia. Las relaciones
comerciales con Rusia son escasas hasta en XVIII porque hasta Pedro el grande no
comienza la expansión de Rusia buscando la salida al mar por territorio sueco y con una
expansión sobre los otomanos para llegar al mar Negro. Es una forma política de
autocracia en un estado muy extenso, muy poco poblado, con unas estructuras
eclesiásticas muy poderosas, pero controladas por el zar.
Miguel Romanov se dedica a la planificación interior y la defensa exterior del
país, ayudado por su padre, el patriarca de Moscú. Cuenta con el apoyo de la asamblea
representativa, por lo que pone en orden la hacienda pública, manda levantar un
catastro general, aumenta los efectivos de las tropas del zar, estimula la actividad
económica y fortalece la jerarquía de la Iglesia ortodoxa.
Su hijo Alexis es uno de los mayores soberanos rusos e intenta promover
importantes reformas. El código de 1649 refuerza los podres del soberano en perjuicio
de la asamblea, organiza una administración muy centralizada con ministerios dirigidos
por los boyardos, y define los derechos y los deberes de las clases sociales y consagra la
vinculación de los campesinos a la tierra. No obstante, los intentos de centralización, el
aumento de los impuestos y el creciente proceso de avasallamiento de los campesinos
provocan varios levantamientos populares.
Su sucesor es Pedro el Grande, que realizó una despótica reforma interior y un
esfuerzo de occidentalización del país sirviéndose del ejército y la Iglesia. Reforma las
estructuras militares y navales, administrativas y económicas, promoviendo el
desarrollo de la industria, el comercio y las finanzas. No obstante, acentúa los
desequilibrios sociales en beneficio de la nueva nobleza al servicio de la autocracia
imperial y de la burguesía surgida del desarrollo económico. Durante su gobierno se
reabren dos ejes: la salida al Báltico con la fundación de San Petersburgo como capital
del imperio y abandono de Moscú capital interior; y la salida al Mediterráneo y al mar
Negro, además de abrirse camino hacia las orillas del Caspio.

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