El concepto de derecho penal internacional, también conocido como "Völkerstrafrecht", abarca
tradicionalmente todas las normas del derecho internacional que establecen consecuencias
jurídico-penales. Este campo representa una fusión de principios del derecho penal y del derecho
internacional. La esencia fundamental de la responsabilidad individual y la reprochabilidad de
una conducta específica (macrocriminal) se derivan del derecho penal, mientras que las figuras
penales clásicas, como las establecidas en los Juicios de Núremberg, formalmente se clasifican
como normas internacionales. De este modo, se somete la conducta en cuestión a una punibilidad
autónoma del derecho internacional, siguiendo el principio de responsabilidad penal directa del
individuo según el derecho internacional.
Los desarrollos más recientes, que condujeron a la aprobación del Estatuto de Roma de la Corte
Penal Internacional (ECPI), no solo consolidan el derecho penal internacional como un sistema
penal para la comunidad internacional, sino que también amplían su alcance más allá de sus
fundamentos jurídico-materiales. Esto abarca áreas adicionales del derecho penal, como el
derecho sancionatorio, la ejecución penal, la cooperación internacional y la asistencia judicial,
así como el derecho procesal penal y cuestiones de organización judicial. (Spiropoulos, 1957, p.
235).
Como se destacó acertadamente en el memorándum del gobierno federal alemán, estos
desarrollos han logrado reunir y desarrollar en una obra de codificación unificada el derecho
penal internacional, teniendo en cuenta los diferentes sistemas de derecho penal y sus respectivas
tradiciones en los Estados miembros de las Naciones Unidas. Por lo tanto, nos enfrentamos no
solo a un nuevo y autónomo ordenamiento jurídico-penal internacional, sino también a uno
amplio, donde la parte general que aquí se estudia constituye solo un pequeño fragmento. No
obstante, desde un punto de vista dogmático, esta se considera probablemente la parte más
importante del conjunto.
Desde que el derecho penal internacional forma parte integral del derecho internacional público
formal, su origen se deriva esencialmente de la celebración de convenciones multilaterales por
los Estados interesados (ver artículo 38(1)(a) del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia,
ECIJ). Alternativamente, puede surgir a través de la formación de derecho consuetudinario o
principios generales del derecho (ver artículo 38(1)(b) y (c), ECIJ). Estos últimos, el derecho
consuetudinario y los principios generales del derecho, son difíciles de identificar ya que
representan formas de derecho internacional no escritas. A pesar de esta dificultad, en ausencia
de convenciones correspondientes, estas fuentes del derecho deben servir como punto de partida
constructivo para la creación de normas de derecho penal internacional. Incluso con la existencia
del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (ECPI), estas fuentes no han perdido
completamente su importancia, ya que el artículo 21(1)(b) del ECPI remite expresamente a los
"principios y normas de derecho internacional", incluyendo la costumbre internacional y los
principios generales de derecho según el artículo 38 del ECIJ. Este aspecto se explorará más
adelante.
En cuanto a las fuentes del derecho penal internacional, la fundamentación en el derecho
consuetudinario presenta desafíos particulares en dos aspectos. Desde la perspectiva del derecho
penal, el principio del "nullum crimen" parece excluir la existencia de tipos penales no escritos
basados en la costumbre internacional. Sin embargo, según disposiciones como los artículos
15(2) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), 11(2) de la Declaración
Universal de Derechos Humanos (DUDH) y 7(2) del Convenio Europeo de Derechos Humanos
(CEDH), una conducta puede ser sancionada si es punible "según los principios generales de
derecho reconocidos por la comunidad internacional". Aquí, el término "principios de derecho"
no se refiere al artículo 38(1)(c) del ECIJ, sino a las reglas de derecho consuetudinario
internacional desarrolladas sobre la base del derecho de Núremberg. Esto implica que la regla
aplicada debe tener "sin duda" el carácter de costumbre internacional. La "desformalización" que
esto implica o la carga normativa del principio "nullum crimen" se explorará más adelante,
aunque ha perdido importancia con la codificación de los crímenes nucleares de derecho penal
internacional y la aprobación de los "elementos de los crímenes" en virtud del ECPI.
Desde la perspectiva del derecho internacional, surge el problema de que la práctica de los
Estados (repetitio facti), necesaria junto con una convicción jurídica general (opinio iuris) para el
nacimiento del derecho consuetudinario internacional, difícilmente se puede fundamentar en
vista de la amplia impunidad de las graves violaciones a los derechos humanos. Este problema
puede abordarse mediante una mayor acentuación de los principios generales del derecho. En
primer lugar, los principios generales del derecho existentes pueden considerarse para verificar o
refutar las reglas de derecho consuetudinario internacional en formación y, en consecuencia, aún
no consolidadas. En caso de verificar la regla de derecho consuetudinario internacional
correspondiente, se fundamentaría, a través de una solución de combinación similar, una nueva
regla de derecho internacional.
De esta manera, se destaca el papel crucial que desempeña el derecho penal comparado al
colaborar en la fundamentación de principios generales del derecho en el sentido tradicional.
Este enfoque permite deducir un principio común a partir de las regulaciones concretas de los
derechos nacionales. Es fundamental reconocer que no se debe basar exclusivamente en el
sistema nacional propio del delito, evitando, por ejemplo, adoptar el punto de vista dogmático
propio como el único punto de partida y centro de las consideraciones en derecho comparado,
siguiendo el método normativo-descriptivo tradicional.
El riesgo inherente a este método es evidente: partir de una perspectiva basada en el derecho
nacional propio podría llevar a que los conocimientos obtenidos mediante la comparación
jurídica no difieran sustancialmente y se prejuzgue su valoración jurídico-política. Por lo tanto,
se favorece un enfoque moderno y funcional que, en una orientación empírica, se centre en los
problemas materiales presentes en un orden jurídico específico. Este método busca indagar, en la
solución de estos problemas, el papel y la función de los institutos jurídicos existentes,
facilitando así una comparación sin prejuicios conceptuales ni dogmáticos con los institutos
jurídicos funcionalmente correspondientes en ordenamientos jurídicos extranjeros.
Aunque es difícil evitar por completo la parcialidad del derecho penal nacional, este método al
menos ofrece la oportunidad de descubrir, "libre de los conceptos de sistema del ordenamiento
jurídico propio", una solución materialmente adecuada para un problema jurídico específico.
Para evitar una aproximación puramente funcional y desvinculada de las decisiones de valor de
los derechos fundamentales de los sistemas jurídicos más importantes, se propone aplicar el
conocido principio de la comparación jurídica valorativa proveniente del derecho comunitario
europeo. (Sola Reche, 1996, p. 29).
Si bien en el ámbito de los derechos fundamentales este principio busca maximizar la protección
de los derechos fundamentales, en el plano del derecho penal internacional se puede hablar de
una maximización de la protección de los derechos humanos. Esto implica considerar
cuidadosamente las decisiones de valor de los sistemas jurídicos relevantes para garantizar una
protección robusta y coherente de los derechos humanos en el ámbito internacional.
En este contexto, es justificable plantear una limitación al llamado "derecho occidental", ya que
la versión del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (ECPI) se basa esencialmente, si
no exclusivamente, en la influencia de los Estados pertenecientes al círculo cultural occidental.
Esto hace referencia, en primer lugar, al common law angloamericano, que, como se evidenciará
en el transcurso de esta investigación, ha tenido un impacto determinante, casi exclusivo, en la
evolución de la jurisprudencia y las codificaciones del derecho penal internacional. La creciente
importancia del inglés como lengua franca en el diálogo jurídico intercultural ha reforzado aún
más esta tendencia. Por lo tanto, la comprensión de las figuras y la terminología jurídico-penal
del common law es indispensable para el entendimiento del derecho penal internacional,
especialmente del ECPI.
No obstante, es necesario realizar una salvedad metodológica. En este trabajo, el common law se
explorará a través del estudio de la literatura angloamericana y, en la medida en que esté
disponible, de la literatura alemana. Dado que el common law es esencialmente un derecho
judicial, solo un análisis del caso jurisprudencial permitiría considerar adecuadamente este
sistema jurídico en todas sus facetas. A partir de un análisis jurisprudencial de este tipo, se podría
desarrollar un sistema de reglas específicas que atenuaría de manera considerable la crítica
frecuente, especialmente en el ámbito alemán, de la falta de sistematización o incluso de una
supuesta "enemistad con la teoría" del common law.
No obstante, cabe señalar que este trabajo no ha llevado a cabo un análisis exhaustivo de la
jurisprudencia del common law. Este aspecto debe tenerse en cuenta en las consideraciones
críticas que siguen.
Además, del ámbito del "civil law" continental europeo, se deben analizar, junto con la doctrina
alemana, también las correspondientes doctrinas francesa y española. Es esencial tener en cuenta
la relevancia de los sistemas jurídicos mencionados para el derecho penal internacional, así como
la creciente emancipación de la doctrina española con respecto a la alemana. A través de la
comparación directa de problemas específicos de la parte general del derecho penal, se
destacarán las ventajas de una u otra solución, permitiendo así una comprensión más completa y
contextualizada de las perspectivas europeas en el ámbito del derecho penal internacional. (Silva
Sánchez, 1992, p. 48).
El concepto de Estado de derecho, que a menudo se equipara con el concepto de Rule of Law, es
fundamental en la teoría y práctica del derecho y la gobernanza. Implica que el poder y la
autoridad del Estado deben ejercerse de acuerdo con un marco legal y normativo establecido,
evitando la discrecionalidad plena y la arbitrariedad en las decisiones de las autoridades.
En esencia, el Estado de derecho se basa en dos requisitos principales:
Claridad y precisión de las normas: Las leyes y regulaciones deben redactarse de manera clara y
precisa para que las personas puedan comprender sus derechos y obligaciones sin ambigüedad.
La vaguedad en las leyes puede llevar a interpretaciones arbitrarias y decisiones discrecionales
por parte de las autoridades.
Cumplimiento del contenido de las normas: Las autoridades encargadas de aplicar las leyes
deben hacerlo de acuerdo con su contenido. Esto significa que deben actuar de manera coherente
con lo que establecen las leyes, evitando interpretaciones excesivamente amplias o restrictivas
que puedan conducir a decisiones arbitrarias.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha abordado el concepto de Estado de derecho
en sus decisiones, especialmente en casos relacionados con la libertad personal. Estos casos se
refieren a la detención de personas y enfatizan la importancia de que las detenciones cumplan
con las condiciones establecidas por la ley. Además, subrayan la necesidad de un control judicial
efectivo para prevenir detenciones arbitrarias e ilegales.
El artículo 7.5 de la Convención Americana de Derechos Humanos destaca la importancia del
control judicial inmediato como un medio para evitar la arbitrariedad o ilegalidad en las
detenciones. En un Estado de derecho, se espera que los jueces protejan los derechos de los
detenidos, autoricen medidas cautelares o de coerción solo cuando sea estrictamente necesario y
garanticen un trato coherente con la presunción de inocencia. (Jimenez de Asua, 1990, p. 212).
En resumen, el Estado de derecho es un principio fundamental que requiere que las normas sean
claras, precisas y se apliquen de manera coherente con su contenido. Además, exige un control
judicial efectivo para evitar la arbitrariedad en la detención y garantizar la protección de los
derechos individuales.
El aspecto procesal del Estado de derecho se desarrolla antes que su aspecto sustantivo. Se
vincula la noción de Estado de derecho al debido proceso, incluso más allá del ámbito penal,
incluyendo aspectos como el principio de legalidad. La Corte Interamericana y la Corte Europea
de Derechos Humanos han enfatizado la relación entre el debido proceso y el Estado de derecho.
El texto aborda la importancia de establecer estándares mínimos en un sistema jurídico nacional
para considerarlo respetuoso del Estado de derecho, incluyendo el reconocimiento de derechos
sustantivos y la existencia de recursos judiciales efectivos para hacer cumplir esos derechos. Se
destaca que el debido proceso y el recurso efectivo son instrumentos fundamentales para
prevenir la arbitrariedad y que estos principios deben aplicarse en el ámbito del derecho
internacional, incluido el derecho penal internacional.
En resumen, el texto subraya la necesidad de establecer un Estado de derecho tanto a nivel
nacional como internacional, asegurando que los derechos humanos sean reconocidos y
respetados, y que existan mecanismos legales efectivos para garantizar su cumplimiento.
Dentro de este texto, el autor; destaca la justificación de aplicar los criterios de los tribunales
internacionales de derechos humanos al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (ECPI)
en virtud del artículo 21.3 del propio tratado. Este artículo establece que los operadores del
sistema jurídico penal de la CPI deben aplicar el ECPI de acuerdo con los estándares del Derecho
Internacional de Derechos Humanos (DIDH). Como resultado, los criterios de los tribunales
regionales de derechos humanos sirven como parámetro para interpretar y dar contenido al ECPI.
Se subraya la importancia de combatir la arbitrariedad en el Derecho Penal Internacional (DPI) y
asegurar que se respeten el debido proceso y las garantías establecidas en el contexto del DPI.
Además, se argumenta que, incluso en el ámbito internacional, se deben aplicar los estándares de
un Estado de derecho. Esto implica que se deben respetar los derechos humanos y garantizar su
cumplimiento en el DPI.
El texto plantea la necesidad de examinar la estructura interna de la CPI para determinar si se
cumplen los elementos mínimos señalados por los tribunales de derechos humanos. Se abordan
varios aspectos que podrían vulnerar el Estado de Derecho Internacional (EDI) en el contexto de
la CPI, como el debido proceso, la jurisprudencia, la independencia e imparcialidad de la CPI y
la intervención del Consejo de Seguridad. Estos elementos se analizan en función de su potencial
para generar arbitrariedad y socavar el cumplimiento de los derechos humanos en el DPI.
En resumen, el texto explora la necesidad de aplicar los estándares del DIDH al ECPI de la CPI y
examina varios aspectos de la estructura y funcionamiento de la CPI que podrían tener
implicaciones para el respeto del EDI y los derechos humanos en el DPI.
El autor, destaca la importancia de los derechos procesales en el contexto del Estado de Derecho
Internacional (EDI) y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (ECPI). Se afirma que
el ECPI reformula y amplía varios de los derechos procesales que ya estaban reconocidos en el
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Entre estos derechos, se destaca la
presunción de inocencia, que no solo se enuncia sino que se regula con detalles en el artículo 66
del ECPI, incluyendo aspectos como la carga de la prueba y el criterio de la duda razonable.
El ECPI también establece mecanismos para hacer valer estos derechos, siendo el principal
medio de control la apelación. La apelación se puede interponer por varios motivos, incluyendo
cualquier aspecto que afecte a la justicia o la regularidad del proceso o del fallo. A pesar de que
no existen mecanismos extraordinarios de impugnación, como el hábeas corpus o el amparo, se
considera que la apelación cumple una función esencial en el sistema jurídico-penal de la CPI, ya
que garantiza el derecho a la cosa juzgada y permite revisar violaciones al debido proceso
durante la fase del proceso.
Tambien existe la posibilidad de que la CPI aplique la doctrina del abuso de proceso en casos de
violaciones graves de los derechos procesales en la etapa de investigación, incluso si esta medida
no está reconocida de manera explícita en el ECPI. Sin embargo, se sugiere que la CPI solo
estaría dispuesta a emplearla en situaciones extremas, como el uso de tortura o la negativa de
entregar pruebas exculpatorias significativas.
Lo anterior, enfatiza la importancia de los derechos procesales en el contexto de la CPI y cómo el
ECPI regula y protege estos derechos, además de proporcionar mecanismos para su aplicación y
control. También se destaca la posibilidad de aplicar la doctrina del abuso de proceso en casos de
violaciones graves a estos derechos.
En conclusión, la noción de macrocriminalidad política representa una forma excepcional de
comportamiento delictivo a gran escala, vinculada a estructuras organizativas, aparatos de poder
u otros contextos de acción colectiva, con un impacto directo en el derecho internacional. Esta
categoría delictiva, que se distingue cualitativamente de otras formas de criminalidad, se
caracteriza por condiciones políticas de excepción y la participación activa del Estado en su
perpetración. En este contexto, la macrocriminalidad política se centra en crímenes "estatales
internos", dirigidos hacia los propios ciudadanos, incluyendo crímenes de Estado, terrorismo de
Estado y criminalidad gubernamental.
Es crucial destacar que la limitación de esta forma de criminalidad es evidente en comparación
con la "criminalidad de los poderosos", que se refiere a actos cometidos por individuos
poderosos para defender su posición, sin que necesariamente estén vinculados al Estado. La
intervención, tolerancia u omisión estatal en comportamientos macrocriminales, particularmente
en el ámbito político, es esencial para comprender la complejidad de esta categoría.
En este contexto, la Corte Penal Internacional (CPI) emerge como un actor clave en la
persecución y enjuiciamiento de la macrocriminalidad política a nivel internacional. La CPI,
establecida mediante el Estatuto de Roma, constituye un marco legal global para abordar
crímenes de lesa humanidad, genocidio, crímenes de guerra y agresión. La relevancia del
derecho penal internacional, especialmente el ECPI, radica en su capacidad para tratar estos
crímenes a gran escala, garantizando la rendición de cuentas y justicia en situaciones
excepcionales.
El ECPI refleja influencias principalmente occidentales, especialmente del common law
angloamericano, lo que destaca la importancia de comprender las figuras y la terminología
jurídico-penal de este sistema. Aunque se reconoce que la macrocriminalidad política puede
involucrar también a actores no estatales, el ECPI se posiciona como un instrumento para
responsabilizar a los Estados territorialmente competentes por crímenes internacionales, incluso
por omisión en la protección de sus ciudadanos.
En última instancia, la intersección entre la macrocriminalidad política y la Corte Penal
Internacional subraya la necesidad de un enfoque legal global para abordar crímenes de gran
envergadura, garantizando así la protección de los derechos humanos y la rendición de cuentas a
nivel internacional.
Bibliografía
BIBLIOGRAPHYJimenez de Asua, L. (1990). Principios de derecho penal. Buenos aires: La Ley.
Silva Sánchez, J. M. (1992). Aproximación al DPC. Barcelona: (s.e.).
Sola Reche, E. (1996). La llamada tentativa inidónea de delito. Granada : 1996.
Spiropoulos, J. (1957). Formulation of Nürnberg Principles. Nueva York: Yearbook of the
International Law Commission.