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Introducción al Saber Filosófico

Bertrand Russell señala que muchos de los problemas que más interesan a los pensadores especulativos no pueden ser resueltos por la ciencia. La filosofía se ocupa de este tipo de preguntas fundamentales mediante el uso de la argumentación lógica y el análisis conceptual. Aunque algunas áreas de la filosofía se han convertido en disciplinas científicas independientes, permanecen problemas filosóficos que no pueden abordarse científicamente, como la naturaleza del conocimiento, la moralidad y el arte. La
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Temas abordados

  • conocimiento teórico,
  • mito y logos,
  • crítica filosófica,
  • Anaxímenes,
  • cosmogonía,
  • Marx,
  • filosofía de la acción,
  • presocráticos,
  • valores morales,
  • epistemología
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Introducción al Saber Filosófico

Bertrand Russell señala que muchos de los problemas que más interesan a los pensadores especulativos no pueden ser resueltos por la ciencia. La filosofía se ocupa de este tipo de preguntas fundamentales mediante el uso de la argumentación lógica y el análisis conceptual. Aunque algunas áreas de la filosofía se han convertido en disciplinas científicas independientes, permanecen problemas filosóficos que no pueden abordarse científicamente, como la naturaleza del conocimiento, la moralidad y el arte. La
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  • conocimiento teórico,
  • mito y logos,
  • crítica filosófica,
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  • cosmogonía,
  • Marx,
  • filosofía de la acción,
  • presocráticos,
  • valores morales,
  • epistemología

“Casi todos los problemas que poseen un máximo interés para los espíritus

especulativos no pueden ser resueltos por la ciencia, y las certeras réplicas de los
teólogos ya no nos parecen tan convincentes como en los siglos pasados”

Bertrand Russell

EL SABER FILOSÓFICO

La Filosofía. Su sentido, su necesidad y su historia. El saber racional. La explicación pre-


racional: mito y magia. La explicación racional: la razón y los sentidos. El saber filosófico a
través de su historia. Características de la Filosofía. Las disciplinas teórico-prácticas del
saber filosófico. Funciones y vigencia de la Filosofía.

¿QUÉ ES FILOSOFÍA?

La filosofía es una actividad: un modo de reflexionar sobre cierto tipo de


cuestiones especialmente difíciles de responder y que escapan a un tratamiento
científico. Su aspecto más característico es el empleo de la argumentación
lógica.

Un argumento lógico o deducción, es un segmento lingüístico que consiste en un grupo de


enunciados (o proposiciones), llamados premisas, y de los cuales, mediante reflexión, se sigue otro
enunciado, llamado conclusión. Un ejemplo:

Si hay riesgo de lluvia, baja el barómetro; pero el barómetro no baja. Por tanto, no hay riesgo de
lluvia.

Otro ejemplo:

Todo hombre es mamífero y todo mamífero es vertebrado. Por tanto, todo hombre es vertebrado.

¿Para qué sirve un argumento? Su empleo permite pasar, por la sola reflexión, de la aceptación de
unos enunciados a la aceptación de otros. Y si las premisas de que partimos son verdaderas podemos
entonces estar también seguros de la verdad de la conclusión.

Bertrand Russell en el texto que hemos leído en clase nos proporciona

EL SABER FILOSÓFICO
Teodoro Gómez Otero

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algunos ejemplos de problemas filosóficos: “¿Está el mundo dividido en espíritu
y materia?” “¿Tiene el universo unidad o finalidad?” “¿Existe una manera noble
de vivir y otra vil, o son todos los modos de vida meramente fútiles?” “¿Existe la
sabiduría, o lo que parece tal es solamente un último refinamiento de la
locura?”. Para responder a estas preguntas, o a otras de naturaleza semejante,
los filósofos pueden utilizar argumentos propios, creados por ellos mismos,
criticar argumentos ajenos o en ambas cosas a la vez. Por otra parte, también
analizan y aclaran conceptos.

Hasta hace poco tiempo todas las disciplinas científicas eran consideradas
parte de la filosofía. La filosofía de la materia abarcaba lo que ahora se conoce
como física y química; la filosofía de la mente comprendía los temas de la
psicología y áreas adyacentes. En otros tiempos la configuración de la filosofía
fue tan amplia que cubría cualquier campo de investigación teórica. Ciencia y
filosofía eran entonces términos sinónimos.

Cualquier disciplina en la que se hubiera podido proponer alguna teoría para


explicar su contenido habría, en consecuencia, formado parte de la filosofía. Pero
una vez que el campo de estudio alcanzaba el punto en que predominara alguna
teoría a partir de la cual se desarrollaran métodos estándar de crítica y de
confirmación de hipótesis, entonces dicho campo se separaba del campo madre
de la filosofía y se volvía independiente.

En la Antigua Grecia distintos filósofos presentaron una variedad de teorías


para explicar la naturaleza de la materia. Tales de Mileto, por ejemplo, sugirió que
todo estaba hecho de agua; Leucipo, algo más cercano a las concepciones
actuales, propuso que la materia estaba compuesta de diminutos átomos
homogéneos e indivisibles. Pero una vez que ciertas teorías de la materia, al igual
que los métodos experimentales para probar esas teorías, llegaron a establecerse
sólidamente en la comunidad de estudiosos, la filosofía de la materia se convirtió
en las ciencias de la física y la química, que hoy conocemos como campos de
estudio independientes de la filosofía.

Así, es una peculiaridad de la filosofía el que una vez que los argumentos y

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discusiones nos conducen a alguna teoría acompañada de la metodología
adecuada para enfrentar con éxito algún tema de la filosofía, la teoría y la
metodología se separan de la filosofía y se consideran parte de otra disciplina.

VIGENCIA Y PERENNIDAD DE LA FILOSOFÍA

Pero no todos los problemas filosóficos son potencialmente convertibles de


manera exitosa en problemas científicos. Algunos problemas se resisten a tal
exportación en virtud de su carácter general o fundamental. Por ejemplo, en todos
los campos de investigación la gente busca el conocimiento. Pero es en la filosofía
donde uno se pregunta qué es el conocimiento y si en realidad existe tal cosa.
Semejantes preguntas pertenecen a una rama de la filosofía denominada
epistemología.

Los científicos llevan a cabo investigaciones científicas acerca en tales o


cuales campos, y los filósofos se preguntan qué es la ciencia y qué condiciones
debe cumplir una investigación para que efectivamente tenga el estatus de
investigación científica. De reflexionar a este respecto se encarga la filosofía de la
ciencia.

En algunos campos, por ejemplo en economía y en política, las personas


estudian las consecuencias de diversas acciones y políticas. En filosofía uno se
pregunta acera de qué rasgos generales hacen que las acciones y las políticas
sean correctas moralmente o incorrectas. Preguntas de este tipo pertenecen a la
ética.

Otro ejemplo: los compositores y los artistas realizan obras de arte, pero los
filósofos se preguntan acerca de qué hace que algo sea una obra de arte. Este es
uno de los problemas de los que trata la estética.

Otras preguntas sobre el carácter de la libertad, de la mente o de Dios


parecen ser objeto de estudio perenne de la filosofía porque todas son preguntas
fundamentales y muy generales.

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Por otra parte, el tratamiento exitoso de un problema dentro de un campo
puede generar muchos problemas nuevos. Por ejemplo, una explicación de los
fenómenos físicos en términos de leyes y teorías hace surgir la pregunta de si las
acciones de los seres humanos son producto de una voluntad libre o si son algo
puramente mecánico, y nos engañamos al creer que somos agentes libres y que
determinamos nuestro propio destino por deliberación y decisión. Otro ejemplo: la
inteligencia artificial y la robótica quizá finalmente puedan dar lugar a objetos
animados, aparentemente responsables de sus decisiones, y dado este caso, los
filósofos deberían preguntarse acerca de la naturaleza de estas entidades, y del
trato que debería dárseles en nuestra sociedad, pero también debería
replantearse en qué consiste la propia naturaleza humana. De manera similar, el
éxito de la neurofisiología para explicar nuestra conducta hace surgir la pregunta
de si los pensamientos y sentimientos son algo más que procesos físico-químicos.

No contamos con los medios para contestar a estas preguntas recurriendo


directamente a experimentos o a una teoría científica firmemente establecida. Por
el contrario, tenemos que apoyarnos en los métodos de la investigación filosófica
⎯el examen cuidadoso de los argumentos ofrecidos en defensa de posiciones
divergentes y el análisis de los términos importantes que están ahí contenidos.

En realidad, a los filósofos no les faltan problemas sobre los que trabajar. En
filosofía no puede tenerse miedo a la escasez… El objeto de estudio de la filosofía
está limitado únicamente por la capacidad de la mente humana para hacer nuevas
preguntas y para reformular de manera nueva viejas preguntas. Proceder de este
modo provee de contenidos nuevos al único campo que acoge a todos esos
huérfanos intelectuales que otras disciplinas no pueden asumir a causa de sus
formas difíciles y no reglamentarias. La filosofía es el hogar de esos problemas
intelectuales a los que otros saberes no pueden hacer frente.

CARACTERÍSTICAS DE LA FILOSOFÍA

La filosofía es una actividad racional de resolución de problemas


especulativos, que no pueden afrontarse siguiendo una metodología científica.

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La filosofía y la ciencia son, ambas, saberes racionales y, en consecuencia,
las conclusiones a las que se llega tanto en la una como en la otra son siempre,
por definición, revisables. Esa es una de las características definitorias de todo
saber racional. Pero las soluciones que los filósofos dan a los problemas que se
plantean tienen un mayor grado de provisionalidad que las soluciones que la
ciencia da a los suyos. La naturaleza de los problemas a los que los filósofos
tienen que hacer frente es tal que no pueden éstos afrontarse en términos
experimentales.

A veces se dice que la filosofía es una disciplina dialéctica. Esto significa que
la filosofía procede por medio de un mecanismo de argumentación y contra-
argumentación. Por supuesto, que todas las disciplinas dependen en alguna
medida de la argumentación, pero en la filosofía el razonamiento lógico
desempeña un papel especialmente predominante. La explicación de esto es que
la filosofía trata de responder a preguntas tan fundamentales que es difícil
encontrar algunos hechos empíricos que resuelvan los problemas. De ahí que,
cuando dos personas no están de acuerdo sobre algún tema filosófico, el único
camino de progreso abierto a ellas es considerar y evaluar los argumentos y
objeciones de ambas partes. Por tanto, la investigación filosófica debe ser crítica y
lógica si ha de resultar de algún provecho. Para facilitar tal investigación debemos
aprender a formular preguntas críticas sobre los argumentos con los que nos
topamos y a examinar las respuestas con perspicacia lógica.

UN SABER TEÓRICO-PRÁCTICO

Entendida al modo clásico, la filosofía es tanto una actividad teorética o


contemplativa, ya que nos proporciona una concepción racional y general del
mundo, como una actividad práctica, ya que tiene también como función
proporcionarnos una jerarquía de valores. En consecuencia, no sólo nos ayuda a
comprender el mundo del que formamos parte sino que, además, respecto de la
acción cumple una función orientadora y de guía. De esto último se encarga lo
que se ha llamado filosofía de la praxis. Teoría y práctica no son dimensiones
completamente distintas o contrapuestas sino que se relacionan entre sí.

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La filosofía vinculó ya desde antiguo la teoría y la práctica. En Grecia el
término filo-sofia significaba “amor a la sabiduría”. Pero la palabra sofia
(Sabiduría) era la sabiduría teórico-práctica, a diferencia del vocablo episteme
(Teoría). La sofia, por tanto, era considerada la actividad más completa del ser
humano: podía hacerle virtuoso enseñándole cómo ser bueno; podía hacerle
comunitario enseñándole como ser buen ciudadano (o, como los griegos decían,
buen político, habitante de la polis o ciudad); podía hacerle cosmopolita
enseñándole a sentirse unido al cosmos. Podía hacerle sabio enseñándole a
conocer el porqué de las cosas. El filosofar conllevaba, pues, una dimensión tanto
teórica como práctica. El mismo Aristóteles (siglo IV. a. de C.) dividía los saberes
o ciencias que conformaban la filosofía en teóricos, prácticos y poéticos
(productivos), y añadía que estos tres tipos de saberes tres debían estar unidos
por un instrumento común (órganon): la lógica.

EL SABER PRODUCTIVO EL SABER PRÁCTICO EL SABER TEÓRICO

El saber práctico no se
El saber productivo El saber teórico trata
relaciona con “las
tiene como finalidad la acerca de las cosas
necesidades de la vida”,
satisfacción de ciertas mismas. Al contrario que
sino con la posibilidad
necesidades materiales el saber productivo o
de una “vida buena”.
elementales para que el saber práctico, el
Este tipo de saber tiene
mantener la vida. Es un saber teórico no tiene
como finalidad orientar
saber necesario para la como finalidad otra cosa
la conducta del hombre
subsistencia. distinta que el
para hacer de éste un
conocimiento mismo. El
hombre virtuoso. Se
conocimiento teórico (o
trata de conseguir que el
contemplativo) es un fin
hombre, haciendo
en sí y no un medio para
ejercicio de su libertad,
otra cosa. Y es por eso
elija el camino que
que este tipo de saber
conduce a una vida
es mejor que el saber
buena o recta, a la
práctico o el saber
virtud. Es un saber
productivo, porque lo

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necesario para la vida que es un fin en sí
civil y moral. mismo es, por definición,
mejor que lo que es un
medio para conseguir
otra cosa.

Es, por ejemplo, el saber La política y la ética o Dentro de este tipo de


del médico o del la economía (gobierno saber distinguía
arquitecto. de la casa o de la Aristóteles las siguientes
familia) formaban para ciencias:
Aristóteles parte de este
tipo de saber.
Las matemáticas, que
tenían como objeto de
estudio a la cantidad.

La filosofía natural
(física) que es la ciencia
que estudia la
naturaleza (physis), que
Aristóteles va a
caracterizar como
“aquello que tiene en sí
un principio de
movimiento”.

La ontología, que trata


del ser en tanto ser.

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EL SABER FILOSÓFICO A TRAVÉS DE SU HISTORIA. FUNCIÓN O
FUNCIONES DE LA FILOSOFÍA.

“Aunque he argüido que no existe una filosofía perenne ⎯ni tampoco un inmutable núcleo de verdad
filosófica⎯, la filosofía es perenne. Su vida interna y su medio ambiente intelectual enfrentan al filósofo con una
constelación de problemas en continuo cambio, y nunca le absuelven de su deber de volver a pensar”

(Stephan Körner; ¿Qué es filosofía?)

La palabra griega filosofía empieza designando simplemente el “afán de


saber”, el “amor a la sabiduría”. Sólo más tarde recibe, por obra sobre todo de
Platón y de Aristóteles (siglo IV a. C), el sentido más definido y característico de
esfuerzo metódico del pensamiento que trata de construir una teoría racional de la
realidad.

El asunto a cuya investigación se dirige la filosofía no es otra cosa que el


Universo, entendiendo por Universo todo cuanto hay. Pero, como dice Ortega
(1883-1955), al filósofo no le interesan cada una de las cosas que hay en el
Universo “en su existencia aparte”; lo que le interesa al filósofo “es el sentido de la
totalidad de cuanto hay, de cada cosa lo que ella es frente y junto a las demás, su
puesto, papel y rango en el conjunto de todas las cosas, lo que cada cosa
representa y vale en el todo de la existencia universal” (Qué es filosofía)

Pero, aun dentro de esta caracterización, los cambios del concepto de


filosofía a lo largo de la historia, así como la variedad de los productos culturales
que a sí mismos se han designado con el nombre de filosofía, hacen imposible el
intento de construir un concepto definitivo y universal de filosofía.

LA FILOSOFÍA A TRAVÉS DE SU HISTORIA. Vamos a echar una ojeada a


las distintas “metamorfosis” de la filosofía a lo largo de la historia y luego daremos
cuenta de algunas de las funciones que se han atribuido a la filosofía:

Época Antigua: La filosofía surgió en Grecia en el siglo VI a. C. Fue entonces


cuando algunos pensadores intentaron reducir la multiplicidad (del mundo que

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observamos) a unidad (a ese fondo único que es siempre lo mismo) y que sería el
origen o principio (arkhé) de todo lo que existe. (Más adelante, cuando hablemos
del paso del mithos al logos volveremos a tratar de este asunto con cierto detalle)

Filosofar es buscar el fundamento de la realidad, y el fundamento de ésta


para esos primeros filósofos estaba en un primer principio de orden físico. Más
adelante, Platón (siglo IV a. C.) consideró que estos primeros filósofos habían
errado al buscar el fundamento de la realidad en causas físicas, y se propuso
buscar dicho fundamento no ya en la naturaleza física sino más allá de ésta, en
una realidad suprasensible accesible a la razón.

Aristóteles (siglo IV a. C.) definió explícitamente la filosofía como la ciencia


del ser en general, y de los ámbitos de lo que existe (la Naturaleza, el hombre, la
sociedad, etc.) en particular: la filosofía sería la ciencia universal.

El hecho de que la filosofía griega se desarrollara al mismo tiempo que se


iban desintegrando las primitivas creencias mítico-religiosas, así como las
costumbres morales que en ellas se fundaban, hizo que la filosofía incorporara a
su tarea el planteamiento racional ⎯frente al planteamiento mítico-religioso⎯ de
cuestiones como la del origen y destino del hombre y la de la educación para
conducir rectamente la vida. Así, a partir del Helenismo, la filosofía adquiere, junto
a su sentido teórico, una dimensión práctica: la filosofía es también un arte de
vivir.

Edad Media: Durante la Edad Media1 la religión proporcionó a la sociedad


una idea general y teórica de la existencia del mundo y del hombre, elaborada a
partir de la revelación y del dogma.

El cristianismo fue la religión dominante en la Edad Media en Occidente.


Pero el origen del cristianismo es obviamente muy anterior. En la Época Antigua,
los primeros pensadores cristianos se vieron obligados a enfrentarse con las
doctrinas defendidas por los filósofos paganos. A resultas de este enfrentamiento
algunos pensadores cristianos, como, por ejemplo, Tertuliano (s. II-III d. C.),
rechazaron de plano la filosofía: “Creo porque es absurdo”, dijo Tertuliano. Otros

1
La Edad Media es período histórico de la civilización occidental comprendido aproximadamente
entre el siglo V y el siglo XV.

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pensadores cristianos, como por ejemplo Justino (s. II d. C.), buscaron
reinterpretarla en clave cristiana.

El cristianismo no fue originalmente una corriente religiosa de contornos


perfectamente definidos. Entre los que se consideraban cristianos circularon, en
un primer momento, distintas interpretaciones acerca de cuál era la interpretación
correcta del credo cristiano. Los cristianos tuvieron que recurrir al arte de la
argumentación, un recurso propio de los filósofos, para dirimir entre ellos acerca
de cuál era la interpretación correcta de su propio credo. Algunos cristianos se
sintieron entonces menos reacios a asumir algunos conceptos y argumentos de
los filósofos paganos, siempre y cuando éstos les fuesen útiles o bien para tratar
esas cuestiones o bien para defender su fe. Pero con ese propósito no sólo se
mostraron dispuestos a servirse de argumentos lógicamente aceptables sino que
también se sirvieron de los llamados “argumentos de autoridad”, que no lo eran.

Los argumentos de autoridad no son lógicamente válidos. Un argumento de


autoridad consiste en sostener una afirmación escudándose en una opinión que
se considera solvente, y a la que se hace responsable de nuestras afirmaciones.
Era habitual en aquel entonces sostener algunas afirmaciones basándose en la
autoridad de la Biblia o de alguna persona relevante dentro de la fe cristiana.

Durante la Edad Media la filosofía tuvo un papel subalterno: fundar, elaborar,


y defender racionalmente el dogma. La filosofía pasó entonces a ser <<ancilla
Theologiae>>, criada o sierva de la teología.

Uno de los intelectuales cristianos más relevantes de este período fue


Agustín de Hipona. Nació en el año 354 y murió en el año 430 en Hipona, ciudad
en la que llegó a ser obispo. Vive pues entre el siglo IV y el V. La obra de Agustín
es un puente entre un mundo agonizante (el mundo antiguo grecolatino) y el
mundo medieval, cuyas bases intelectuales creó él mismo. En Agustín no aparece
todavía una demarcación clara entre fe y razón. No distingue Agustín con nitidez
cuál es el campo de trabajo o el método de una y de otra. Cuando se refiere al
papel de la fe y al de la razón lo hace teniendo en cuenta su experiencia personal.
Considera que en un primer momento la razón ayuda al hombre a encontrar la fe.
Una vez en posesión de la verdad que la fe le proporciona, la razón tendrá la
finalidad de ayudar al hombre a entender esa verdad. La razón es puesta al
servicio de la fe; es aceptada en la medida en que sirve al propósito de defender

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la fe. La filosofía queda así sometida a la teología.

Época Moderna2: La inevitable consecuencia de la relación que en la Edad


Media se estableció entre la teología y la filosofía fue una metódica enemistad
cada vez más abierta entre una y otra. A partir del Renacimiento3 la filosofía
tratará de construir su discurso con total independencia de intereses religiosos.
Partiendo tan sólo de la razón y de la experiencia humana, la filosofía moderna se
presenta, frente al dogma, con las pretensiones de una sabiduría mundana,
dirigiendo ahora de nuevo sus esfuerzos el estudio del problema que la
Antigüedad le había asignado: fundar racionalmente una teoría del mundo y del
valor de la vida, llevar a cabo una reflexión sobre la totalidad de lo real.

Esta pretensión recibió un duro golpe por obra de Kant (siglo XVIII), quien
mostró de manera convincente que sólo era posible un conocimiento científico de
aquello que era experimentable y categorizable, y que, puesto que del mundo
como totalidad, en cuanto tal, no podíamos tener experiencia, no podía darse un
conocimiento científico del mismo.

Kant concluyó que las ciencias particulares, con su método experimental,


podían proporcionarnos explicaciones fiables acerca de los fenómenos que caían
dentro de su concreto campo de estudio, pero que la metafísica ⎯entendida como
ciencia del mundo como totalidad⎯ no era posible como ciencia. Sostuvo que
respecto del mundo en su totalidad podía llegar a “probarse” tanto una tesis como
su opuesta, lo que ponía de manifiesto que cuando pretendemos fundamentar
racionalmente afirmaciones concluyentes acerca del mundo como totalidad
nuestras conclusiones no son fiables. El conocimiento racional tenía límites y no
podíamos llegar a comprender satisfactoriamente el mundo como totalidad.

La filosofía pasó entonces, debido a la influencia de Kant, a ser


fundamentalmente una reflexión crítica acerca del conocimiento, de sus
posibilidades, condiciones y límites. De esta tarea se ocupó Kant en su obra
Crítica de la razón pura (1781).

Kant, en cualquier caso, no prestó únicamente atención la uso teórico (o

2 Entre los siglos XV y XVIII aproximadamente, si es que se incluye dentro de este período el
Renacimiento.
3 Período de transición entre la Edad Media y el Renacimiento, durante los siglos XV y XVI.

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especulativo) de la razón sino reflexionó acerca del uso práctico. El uso práctico
de la razón es el uso que hacemos de ésta cuando intentamos responder a la
pregunta “¿qué debo hacer?”. Y sirve para orientar nuestro comportamiento. Su
Crítica de la razón práctica (1788) trata acerca de su filosofía de la moral.

Época Contemporánea4: Puede considerarse que la reflexión filosófica de


nuestra época busca, de alguna manera, dar respuesta a la pregunta de Kant:
¿Puede o no la filosofía llevar a cabo ese propósito de pensar la realidad toda
como una unidad? Hay disparidad de opiniones. En líneas generales podemos
distinguir a este respecto dos caminos distintos. Por uno de ellos avanzan quienes
creen que aún sigue teniendo sentido aspirar a una concepción unitaria de lo real.
Por el otro discurren quienes niegan todo sentido a esta tarea. Esta es la postura
de corrientes contemporáneas muy distintas, tales como la representada por el
Círculo de Viena, la filosofía del atomismo lógico de Bertrand Russell y Ludwig
Wittgenstein y, en general, toda la corriente neo-positivista anglosajona, o los
pensadores estructuralistas o los posmodernos. Frente estas corrientes tenemos,
como ejemplos de cómo es posible un análisis de lo real como unidad, el sistema
idealista de Hegel, la filosofía marxista ⎯con su exigencia de un deber ser social y
económico, que implica la búsqueda de una unidad de sentido universal⎯, el
raciovitalismo de Ortega o la ontología fundamental de Heidegger.

FUNCIÓN O FUNCIONES DE LA FILOSOFÍA. Son muchas y muy distintas,


aunque quizá compatibles entre sí en alguna medida, las funciones que se han
atribuido a la filosofía. Dar cuenta de todas es tarea prácticamente imposible.
Vamos a dar cuenta de algunas de ellas: (a) hay quien entiende que la filosofía
debe dedicarse a hacer una crítica genealógica de los valores comúnmente
aceptados en nuestra cultura (Nietzsche); (b) otros mantienen que la filosofía debe
servir para transformar la sociedad (Marx); (c) otros, a su vez, que debe ocuparse
esencialmente de valorar cuáles son los límites y posibilidades del entendimiento
humano (Kant y Husserl); (d) o que debe ser una “ciencia de las ciencias” (Fichte)
y servir a la tarea de coordinar o unificar los resultados de las ciencias
particulares; (e) y otros mantienen que debe reducirse a análisis del lenguaje,
determinar cuando estamos ante una auténtica proposición (una afirmación con
sentido) y cuando no, así como aclarar con precisión las ideas contenidas en
4 Período comprendido entre la Revolución francesa (1989) y la actualidad.
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aquellas proposiciones que de otro modo serían irremediablemente confusas
(Wittgenstein).

Hasta aquí este breve repaso a las etapas de la historia de la filosofía y de


algunas de las funciones que se le han atribuido. Ha habido disparidad de
posturas acerca cuál debe ser la tarea de la que la filosofía debe ocuparse. Pero
no es que la filosofía haya sido muchas cosas distintas entre sí. Lo que sucede
más bien es que, como dice Ortega, cada persona o “cada época es un régimen
atencional determinado, un sistema de preferencias y posposiciones, de
clarividencias y cegueras” (El espectador). Y sólo divisando la amplitud del
panorama todo es captable la unidad de la experiencia filosófica.

PASO DEL MITHOS AL LOGOS. EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA

El nacimiento de la filosofía tuvo lugar con el paso del mithos al logos en la


Época Antigua. Debido a su importancia, vamos a tratar de este asunto en este
apartado específico.

En el sentido en que venimos caracterizándola, la filosofía tiene su comienzo


en Grecia allá por el siglo VI a. de C. Por supuesto que las demás culturas
antiguas o primitivas no carecían de un conjunto de conocimientos particulares ni
de intuiciones generales acerca del Universo, pero en ningún caso llegaron a
constituir una filosofía propiamente dicha5. Y ello por dos razones principalmente:
porque sus conocimientos particulares, originados a instancias de las necesidades
prácticas, permanecieron subordinados a ellas en todo momento; segundo,
porque sus intuiciones del Universo normalmente eran producto de poetizaciones
de carácter religioso que no superaron el nivel mítico. Sólo en Grecia el
pensamiento ⎯aun apoyándose en las intuiciones de las poesías religiosas y en
la tradición mítica⎯ fue capaz de ganar esa autonomía racional frente a lo
religioso y esa libertad frente a fines utilitarios que son condiciones esenciales
para la filosofía.

5 Empleamos el término filosofía en su sentido más clásico, como explicación racional del conjunto de
la realidad.

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Hasta el siglo VII a. C. los griegos se explicaban el mundo y su posición en el
mismo recurriendo a un tipo de pensamiento que acostumbramos a llamar mítico-
poético. Este tipo de pensamiento, al igual que la magia (supuesta técnica para
hacer intervenir fuerzas sobrenaturales en beneficio nuestro) o el arte de la
adivinación, constituye una concepción pre-racional de la realidad. El pensamiento
mítico-poético (el mithos) es una explicación no racional acerca del mundo en su
conjunto, o de aspectos concretos del mundo. Esta explicación se sirve de relatos
acerca de divinidades o fuerzas sobrenaturales o mágicas.

El pensamiento mítico de los antiguos griegos se caracteriza por considerar


que todo está regido por el destino (moira). Sometidos al destino estarían también
los dioses inmortales, personificación de fuerzas de la naturaleza, que conocen el
destino, y los hombres, sometidos además a los designios caprichosos de los
dioses.

Entre los siglos VII y VI a. C., gracias a una serie de circunstancias de tipo
económico, político, religioso, etc., se pone en marcha una forma de pensamiento
que llamamos filosófico o racional, y que va a establecer en gran medida las
señas de identidad de la cultura occidental.

Pero la aparición del pensamiento filosófico no representó la desaparición del


pensamiento mítico. El pensamiento mítico-mágico y el pensamiento racional-
filosófico coexistieron dentro del suelo griego y es prácticamente imposible señalar
el momento exacto en que surge el pensamiento racional-filosófico. Es por eso
que puede considerarse el conjunto de la historia de la filosofía griega como un
proceso de progresiva racionalización de la concepción religiosa del mundo
implícita en los mitos.

La primera escuela filosófica, la Escuela de Mileto. El primer grupo de


pensadores que se mueven dentro de esta nueva concepción racional o filosófica
del mundo son designados actualmente con el nombre genérico de presocráticos.

Tales, Anaximandro y Anaxímenes fueron, que nosotros sepamos, los


primeros filósofos y forman parte de la escuela de Mileto.

El mérito de haber dado origen a la primera tradición filosófica (la escuela de


Mileto) recae en algunas colonias griegas (Mileto, Samos, Colofón) de la Jonia (la
costa de la actual Turquía). Desde los ss. VII-V a. C. y hasta que todos los
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asentamientos griegos en el Próximo Oriente fueron eliminados por las invasiones
persas, en estas zonas se desarrolló una cultura autónoma, con ciertas
particularidades. De hecho, estas ciudades era las “puertas de Oriente”, donde las
mercancías que llegaban por vía terrestre desde Mesopotamia y Persia eran
embarcadas y distribuidas por toda Grecia. Estos intercambios comerciales fueron
un vehículo de influencias culturales.

La primera idea filosófica, formulada por la escuela de Mileto (Tales,


Anaximandro, Anaxímenes) fue la noción de arkhé, que supone la existencia de
un principio originario, algo que no procede de nada, pero de lo que deriva
necesariamente todo (el mundo en su conjunto).

Tales mantuvo que ese primer principio era el agua. Tal vez hoy pueda
parecer decepcionante la teoría de Tales según la cual el fundamento originario
del todo era un simple elemento físico (el agua); sin embargo, la importancia de su
pensamiento no se encuentra tanto en la respuesta como en la pregunta, pues
implica la posibilidad de llegar a una explicación unitaria, y sin recurrir a una
explicación mítica, de la variada gama de fenómenos naturales.

El discípulo de Tales, Anaximandro, propuso como arkhé el ápeiron,


literalmente “lo que no posee forma”, lo indeterminado: una sustancia única e
infinita de la que derivan todas las cosas mediante un proceso de separación
progresiva producido por la acción de las parejas caliente-frío y seco-húmedo.
Anaximandro especificó que el ápeiron no es una simple mezcla de todo lo que
existe, sino un remoto estado anterior a partir del que se ha generado el mundo
conocido.

Anaxímenes, el tercer exponente de la escuela de Mileto, volvió a identificar


el arkhé con un elemento material determinado, el aire. Según sus afirmaciones,
el mundo “es como un gigantesco animal que respira y la respiración es su vida y
su alma”.

Estos filósofos de la escuela de Mileto identificaron el arkhé como un único


elemento, origen de toda realidad. Son filósofos monistas. Más adelante los
filósofos pluralistas griegos, como Empédocles o los atomistas Leucipo y
Demócrito, sostendrían que el arkhé no era un único elemento sino un conjunto de
elementos distintos.

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Pasó del mito al logos. Tanto Tales como Anaximandro y Anaxímenes
identificaron el principio primordial (arkhé) con un elemento material. El saber de
estos primeros filósofos fue un saber naturalista: se explicaba la naturaleza
(physis) a partir de la propia naturaleza (physis), renunciando implícitamente al
mito. Se inició entonces lo que se conoce como paso del mito al logos, el paso de
una explicación mítica de la realidad a una explicación filosófica.

La noción de logos es, sin duda, la más importante aportación de la filosofía


griega. Su sentido griego arcaico es el de “palabra”, “expresión”, “habla”; también
se usaba para significar “ley”, “norma”, “orden”, etc. Esta expresión acabó
traduciéndose al latín por verbum y otras veces por ratio, de donde viene el
término “razón”. Se suele decir que la filosofía surge cuando el mito es sustituido
por la razón. Es decir, el mithos por el logos. Esto quiere decir que las narraciones
que describen el mundo como producto de la arbitrariedad de los dioses y el
destino son sustituidas por explicaciones en las que se trata de mostrar el
orden que hay detrás de las cosas. Con el término logos llegó a hacerse
referencia a toda concepción filosófica de la realidad.

Esta manera de entender la razón se irá transformando, de modo que en el


mundo moderno se acabará equiparando razón a razón lógico-matemática (lo que
llevará a Galileo a sostener que el mundo está escrito en caracteres matemáticos,
dando un paso más en la construcción de la ciencia moderna, experimental y con
soporte matemático)

Cosmogonía y cosmología. El paso del mito al logos implicó también el paso


de la cosmogonía a la cosmología. Las cosmogonías son explicaciones del
Universo que utilizan como principios de explicación fuerzas personificadas de
dioses y/o espíritus. Corresponden normalmente a la etapa mitológica de las
civilizaciones. Cosmología es, en cambio, una explicación racional del cosmos,
esto es, hecha sobre la base de principios físicos o lógicos. Los presocráticos
convirtieron en centro de su especulación y destacaron el que es un genuino
problema filosófico: el problema cosmológico. En lugar de preguntarse: “¿Quién (o
quiénes) ha(n) hecho el mundo?” ⎯interrogante típico del pensamiento
cosmogónico⎯, la pregunta central de los presocráticos es: “¿De qué está hecho
el mundo?” Pregunta que está en el origen de las teorías cosmológicas, desde la
antigüedad a nuestros días. La física atómica actual, ciencia independiente y

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ajena en apariencia al saber filosófico, sigue siendo una respuesta a la pregunta
de Tales. El problema es el mismo; conjeturales y transitorias las teorías.

¿POR QUÉ ESTUDIAR FILOSOFÍA?

“Enseñar a vivir sin esta seguridad y, con todo, no sentirse paralizado por la duda,
tal vez sea el mayor beneficio que la filosofía puede aún proporcionar en nuestra
época al que la estudia.” (Bertrand Russell)

En el texto de Russell leído al principio de estas sesiones da cuenta éste con


claridad de uno de los principales beneficios que puede la filosofía proporcionar al
que la estudia: el filósofo hace de la duda en el principal motor para su reflexión.
Si nada nos asombrase o nos inquietase, si no tuviésemos nada acerca de lo que
dudar, no iniciaríamos reflexión alguna acerca de nada. La duda, en la medida en
que nos lleva a pensar por nosotros mismos, a buscar nuevas respuestas para
antiguas preguntas o a formular nuevas preguntas o a replantearnos nuestras
propias respuestas a esas preguntas, es algo positivo para el filósofo. Quien
estudia filosofía aprende a no amedrentarse ante ella.

La filosofía poco o nada tiene que ver con la instalación dogmática, pariente
muy próxima del espíritu inquisitorial y la pobreza intelectual, y mucho con el
diálogo, con el situarse en el punto de vista del interlocutor, al menos para intentar
comprenderle honradamente antes de, llegado el caso, pasar a rebatirle. La
filosofía puede, en consecuencia, enseñarnos a ser más tolerantes con las
opiniones de los demás, asumiendo como valor el respeto previo por las opiniones
de nuestro interlocutor, aunque podamos cuestionar las mismas.

Una de las razones de mayor peso para dedicarse al estudio de la filosofía es


su capacidad para ocuparse de cuestiones fundamentales que afectan al sentido
de la existencia. La mayor parte de los estudiosos de la filosofía están
convencidos de que el examen de estos problemas nos concierne a todos, y
algunos llegan incluso a decir que una vida que no se examina no merece la pena.
Llevar una existencia rutinaria, en la que ni siquiera se analizan los principios que
la sostienen, sería algo así como conducir un coche viejo que nunca ha estado en
el taller. Justificamos nuestra confianza en los frenos, el motor y la dirección en el
hecho de que hasta ahora han funcionado bien, y, sin embargo, podemos estar
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completamente equivocados, porque los frenos podrían fallarnos en el momento
que más los necesitamos. De igual modo, esos principios que sustentan nuestra
vida, y que parecen seguros, pueden no serlo tanto examinados de cerca. Pero
aun en el caso de que no albergáramos la menor duda sobre los conceptos que
sostienen nuestra vida, acabaríamos empobreciéndola a fuerza de no hacer uso
de la capacidad de pensar. Muchos hallarán demasiado dura o demasiado
perturbador formularse esas preguntas fundamentales, y se encontrarán felices y
a gusto con sus prejuicios, pero otros sentirán un fuerte impulso que los obligará a
plantearse varias preguntas inquietantes de carácter filosófico.

Otra de las razones que justifican el estudio de la filosofía es que nos enseña
a pensar con mayor claridad y sistematicidad. Los métodos del pensamiento
filosóficos resultan útiles en muchas situaciones, porque el análisis de los
argumentos en pro o en contra de una determinada posición se puede aplicar a
cualquier orden de vida. Además, si nuestro estudio de la filosofía no es superficial
nos ayudará a construir una personalidad que nos haga capaces de resistir, en
mayor medida que otros, la influencia del grupo sobre nuestras acciones u
opiniones. Resultará más difícil que nos dejemos llevar por los demás si gracias al
estudio de la filosofía hemos adquirido el hábito de la reflexión sistemática y
crítica.

Sin embargo, nadie aprende a filosofar de golpe. Son precisas algunas


lecciones de natación antes de lanzarse del trampolín. Participar en el juego exige
conocer al menos sus reglas. Esta es la razón fundamental por la cual debemos
conocer los diversos estilos del razonamiento filosófico del pasado y del presente.
No se trata de inhibir perezosamente nuestra opinión asumiendo acríticamente lo
que otros han pensado o piensan, sino de enmarcarla en su tiempo y valorarla
adecuadamente en diálogo abierto con otras opiniones.

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TEXTO:

La filosofía, conforme a mi interpretación de la palabra, es algo que se encuentra entre la


teología y la ciencia. Como la teología, consiste en especulaciones sobre temas a los que
los conocimientos científicos exactos no han podido llegar, pero, como la ciencia, apela
más a la razón humana que a una autoridad, sea ésta de tradición o de revelación. Todo
conocimiento definido pertenece a la ciencia – así lo afirmaría yo -, y todo dogma, en
cuanto sobrepasa el conocimiento determinado, pertenece a la teología. Pero entre la
teología y la ciencia hay una Tierra de Nadie, expuesta a los ataques de ambos campos:
esa Tierra de Nadie es la filosofía. Casi todos los problemas que poseen un máximo
interés para los espíritus especulativos no pueden ser resueltos por la ciencia, y las
contestaciones de los teólogos ya no nos parecen tan convincentes como en los siglos
pasados. ¿Está dividido el mundo en espíritu y materia? Y suponiendo que así sea, ¿qué
es espíritu y qué es materia? ¿Está el espíritu sometido a la materia o se encuentra
poseído por fuerzas independientes? ¿Tiene el universo unidad o finalidad? ¿Está
evolucionando hacia una meta? ¿Existen realmente leyes de la naturaleza, o creemos
solamente en ellas por nuestra innata tendencia al orden? ¿Es el hombre lo que le
parece al astrónomo, a saber: un minúsculo conjunto de carbono y agua, moviéndose
impotentemente en un planeta pequeño y de poca importancia? ¿O es lo que le parece a
Hamlet? ¿Acaso ambas cosas a la vez? ¿Existe una manera noble de vivir y otra baja, o
son todos los modos de vida meramente fútiles? Si hay un modo de vida noble, ¿en qué
consiste, y cómo lo realizaremos? ¿Debe ser eterno lo bueno para merecer una
valoración, o vale la pena buscarlo, incluso en el caso de que el universo se moviera
inexorablemente hacia la muerte? ¿Existe la sabiduría, o lo que parece tal es solamente
el último refinamiento de la locura? Cuestiones como éstas no encuentra constelación en
ningún laboratorio. Las teologías alardean de dar respuestas, todas demasiado
determinadas, pero precisamente su seguridad hace que el espíritu moderno las mire
con recelo. El estudio de estos problemas, aunque no alcance sus soluciones, es la
misión de la filosofía.
Pero, ¿Por qué – se podría preguntar – perder el tiempo en problemas tan
insolubles? A esto puede responderse como historiador o como individuo que se enfrenta
con el terror de la soledad cósmica.
La contestación del historiador, en la medida en que yo la puedo dar, aparecerá
en el transcurso de esta obra. Desde que el hombre ha sido capaz de la especulación
libre, sus actos – en muchos aspectos importantes – dependen de sus teorías en cuanto
al mundo y a la vida humana, en cuanto al bien y al mal. Esto es tan cierto hoy como en
cualquier tiempo anterior. Para comprender una época o una nación, debemos
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comprender su filosofía, y para eso tenemos que ser filósofos nosotros mismos hasta
cierto punto. Hay una conexión causal recíproca. Las circunstancias de las vidas
humanas influyen mucho en su filosofía, pero, viceversa, la filosofía determina las
circunstancias. Esta acción mutua en el curso de los siglos será el tema de las páginas
siguientes.
Sin embargo, hay una contestación más personal. La ciencia nos refiere lo que
podemos saber, pero lo que podemos saber es poco, y si olvidamos cuanto nos es
imposible saber, nos hacemos insensibles a muchas cosas de la máxima importancia. La
teología, por otro lado, trae una creencia dogmática, según la cual poseemos
conocimientos donde, en realidad, somos ignorantes, y por eso crea una especie de
insolencia atrevida respecto al universo. La inseguridad, llena de grandes esperanzas y
temores, es dolorosa, pero hay que soportarla si deseamos vivir sin tener que apoyarnos
en cuentos de hadas consoladores. Ni se deben olvidar las cuestiones que plantea la
filosofía, ni persuadirnos de que hemos encontrado respuestas definitivas a ellas.
Enseñar a vivir sin esa seguridad, y, sin estar, sin embargo, paralizado por la duda, es
acaso el principal bien que la filosofía en nuestra época puede aún proporcionar al que la
estudia.

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