Introducción al Saber Filosófico
Temas abordados
Introducción al Saber Filosófico
Temas abordados
especulativos no pueden ser resueltos por la ciencia, y las certeras réplicas de los
teólogos ya no nos parecen tan convincentes como en los siglos pasados”
Bertrand Russell
EL SABER FILOSÓFICO
¿QUÉ ES FILOSOFÍA?
Si hay riesgo de lluvia, baja el barómetro; pero el barómetro no baja. Por tanto, no hay riesgo de
lluvia.
Otro ejemplo:
Todo hombre es mamífero y todo mamífero es vertebrado. Por tanto, todo hombre es vertebrado.
¿Para qué sirve un argumento? Su empleo permite pasar, por la sola reflexión, de la aceptación de
unos enunciados a la aceptación de otros. Y si las premisas de que partimos son verdaderas podemos
entonces estar también seguros de la verdad de la conclusión.
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Teodoro Gómez Otero
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algunos ejemplos de problemas filosóficos: “¿Está el mundo dividido en espíritu
y materia?” “¿Tiene el universo unidad o finalidad?” “¿Existe una manera noble
de vivir y otra vil, o son todos los modos de vida meramente fútiles?” “¿Existe la
sabiduría, o lo que parece tal es solamente un último refinamiento de la
locura?”. Para responder a estas preguntas, o a otras de naturaleza semejante,
los filósofos pueden utilizar argumentos propios, creados por ellos mismos,
criticar argumentos ajenos o en ambas cosas a la vez. Por otra parte, también
analizan y aclaran conceptos.
Hasta hace poco tiempo todas las disciplinas científicas eran consideradas
parte de la filosofía. La filosofía de la materia abarcaba lo que ahora se conoce
como física y química; la filosofía de la mente comprendía los temas de la
psicología y áreas adyacentes. En otros tiempos la configuración de la filosofía
fue tan amplia que cubría cualquier campo de investigación teórica. Ciencia y
filosofía eran entonces términos sinónimos.
Así, es una peculiaridad de la filosofía el que una vez que los argumentos y
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discusiones nos conducen a alguna teoría acompañada de la metodología
adecuada para enfrentar con éxito algún tema de la filosofía, la teoría y la
metodología se separan de la filosofía y se consideran parte de otra disciplina.
Otro ejemplo: los compositores y los artistas realizan obras de arte, pero los
filósofos se preguntan acerca de qué hace que algo sea una obra de arte. Este es
uno de los problemas de los que trata la estética.
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Por otra parte, el tratamiento exitoso de un problema dentro de un campo
puede generar muchos problemas nuevos. Por ejemplo, una explicación de los
fenómenos físicos en términos de leyes y teorías hace surgir la pregunta de si las
acciones de los seres humanos son producto de una voluntad libre o si son algo
puramente mecánico, y nos engañamos al creer que somos agentes libres y que
determinamos nuestro propio destino por deliberación y decisión. Otro ejemplo: la
inteligencia artificial y la robótica quizá finalmente puedan dar lugar a objetos
animados, aparentemente responsables de sus decisiones, y dado este caso, los
filósofos deberían preguntarse acerca de la naturaleza de estas entidades, y del
trato que debería dárseles en nuestra sociedad, pero también debería
replantearse en qué consiste la propia naturaleza humana. De manera similar, el
éxito de la neurofisiología para explicar nuestra conducta hace surgir la pregunta
de si los pensamientos y sentimientos son algo más que procesos físico-químicos.
En realidad, a los filósofos no les faltan problemas sobre los que trabajar. En
filosofía no puede tenerse miedo a la escasez… El objeto de estudio de la filosofía
está limitado únicamente por la capacidad de la mente humana para hacer nuevas
preguntas y para reformular de manera nueva viejas preguntas. Proceder de este
modo provee de contenidos nuevos al único campo que acoge a todos esos
huérfanos intelectuales que otras disciplinas no pueden asumir a causa de sus
formas difíciles y no reglamentarias. La filosofía es el hogar de esos problemas
intelectuales a los que otros saberes no pueden hacer frente.
CARACTERÍSTICAS DE LA FILOSOFÍA
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La filosofía y la ciencia son, ambas, saberes racionales y, en consecuencia,
las conclusiones a las que se llega tanto en la una como en la otra son siempre,
por definición, revisables. Esa es una de las características definitorias de todo
saber racional. Pero las soluciones que los filósofos dan a los problemas que se
plantean tienen un mayor grado de provisionalidad que las soluciones que la
ciencia da a los suyos. La naturaleza de los problemas a los que los filósofos
tienen que hacer frente es tal que no pueden éstos afrontarse en términos
experimentales.
A veces se dice que la filosofía es una disciplina dialéctica. Esto significa que
la filosofía procede por medio de un mecanismo de argumentación y contra-
argumentación. Por supuesto, que todas las disciplinas dependen en alguna
medida de la argumentación, pero en la filosofía el razonamiento lógico
desempeña un papel especialmente predominante. La explicación de esto es que
la filosofía trata de responder a preguntas tan fundamentales que es difícil
encontrar algunos hechos empíricos que resuelvan los problemas. De ahí que,
cuando dos personas no están de acuerdo sobre algún tema filosófico, el único
camino de progreso abierto a ellas es considerar y evaluar los argumentos y
objeciones de ambas partes. Por tanto, la investigación filosófica debe ser crítica y
lógica si ha de resultar de algún provecho. Para facilitar tal investigación debemos
aprender a formular preguntas críticas sobre los argumentos con los que nos
topamos y a examinar las respuestas con perspicacia lógica.
UN SABER TEÓRICO-PRÁCTICO
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La filosofía vinculó ya desde antiguo la teoría y la práctica. En Grecia el
término filo-sofia significaba “amor a la sabiduría”. Pero la palabra sofia
(Sabiduría) era la sabiduría teórico-práctica, a diferencia del vocablo episteme
(Teoría). La sofia, por tanto, era considerada la actividad más completa del ser
humano: podía hacerle virtuoso enseñándole cómo ser bueno; podía hacerle
comunitario enseñándole como ser buen ciudadano (o, como los griegos decían,
buen político, habitante de la polis o ciudad); podía hacerle cosmopolita
enseñándole a sentirse unido al cosmos. Podía hacerle sabio enseñándole a
conocer el porqué de las cosas. El filosofar conllevaba, pues, una dimensión tanto
teórica como práctica. El mismo Aristóteles (siglo IV. a. de C.) dividía los saberes
o ciencias que conformaban la filosofía en teóricos, prácticos y poéticos
(productivos), y añadía que estos tres tipos de saberes tres debían estar unidos
por un instrumento común (órganon): la lógica.
El saber práctico no se
El saber productivo El saber teórico trata
relaciona con “las
tiene como finalidad la acerca de las cosas
necesidades de la vida”,
satisfacción de ciertas mismas. Al contrario que
sino con la posibilidad
necesidades materiales el saber productivo o
de una “vida buena”.
elementales para que el saber práctico, el
Este tipo de saber tiene
mantener la vida. Es un saber teórico no tiene
como finalidad orientar
saber necesario para la como finalidad otra cosa
la conducta del hombre
subsistencia. distinta que el
para hacer de éste un
conocimiento mismo. El
hombre virtuoso. Se
conocimiento teórico (o
trata de conseguir que el
contemplativo) es un fin
hombre, haciendo
en sí y no un medio para
ejercicio de su libertad,
otra cosa. Y es por eso
elija el camino que
que este tipo de saber
conduce a una vida
es mejor que el saber
buena o recta, a la
práctico o el saber
virtud. Es un saber
productivo, porque lo
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necesario para la vida que es un fin en sí
civil y moral. mismo es, por definición,
mejor que lo que es un
medio para conseguir
otra cosa.
La filosofía natural
(física) que es la ciencia
que estudia la
naturaleza (physis), que
Aristóteles va a
caracterizar como
“aquello que tiene en sí
un principio de
movimiento”.
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EL SABER FILOSÓFICO A TRAVÉS DE SU HISTORIA. FUNCIÓN O
FUNCIONES DE LA FILOSOFÍA.
“Aunque he argüido que no existe una filosofía perenne ⎯ni tampoco un inmutable núcleo de verdad
filosófica⎯, la filosofía es perenne. Su vida interna y su medio ambiente intelectual enfrentan al filósofo con una
constelación de problemas en continuo cambio, y nunca le absuelven de su deber de volver a pensar”
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observamos) a unidad (a ese fondo único que es siempre lo mismo) y que sería el
origen o principio (arkhé) de todo lo que existe. (Más adelante, cuando hablemos
del paso del mithos al logos volveremos a tratar de este asunto con cierto detalle)
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La Edad Media es período histórico de la civilización occidental comprendido aproximadamente
entre el siglo V y el siglo XV.
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pensadores cristianos, como por ejemplo Justino (s. II d. C.), buscaron
reinterpretarla en clave cristiana.
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la fe. La filosofía queda así sometida a la teología.
Esta pretensión recibió un duro golpe por obra de Kant (siglo XVIII), quien
mostró de manera convincente que sólo era posible un conocimiento científico de
aquello que era experimentable y categorizable, y que, puesto que del mundo
como totalidad, en cuanto tal, no podíamos tener experiencia, no podía darse un
conocimiento científico del mismo.
2 Entre los siglos XV y XVIII aproximadamente, si es que se incluye dentro de este período el
Renacimiento.
3 Período de transición entre la Edad Media y el Renacimiento, durante los siglos XV y XVI.
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especulativo) de la razón sino reflexionó acerca del uso práctico. El uso práctico
de la razón es el uso que hacemos de ésta cuando intentamos responder a la
pregunta “¿qué debo hacer?”. Y sirve para orientar nuestro comportamiento. Su
Crítica de la razón práctica (1788) trata acerca de su filosofía de la moral.
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aquellas proposiciones que de otro modo serían irremediablemente confusas
(Wittgenstein).
5 Empleamos el término filosofía en su sentido más clásico, como explicación racional del conjunto de
la realidad.
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Hasta el siglo VII a. C. los griegos se explicaban el mundo y su posición en el
mismo recurriendo a un tipo de pensamiento que acostumbramos a llamar mítico-
poético. Este tipo de pensamiento, al igual que la magia (supuesta técnica para
hacer intervenir fuerzas sobrenaturales en beneficio nuestro) o el arte de la
adivinación, constituye una concepción pre-racional de la realidad. El pensamiento
mítico-poético (el mithos) es una explicación no racional acerca del mundo en su
conjunto, o de aspectos concretos del mundo. Esta explicación se sirve de relatos
acerca de divinidades o fuerzas sobrenaturales o mágicas.
Entre los siglos VII y VI a. C., gracias a una serie de circunstancias de tipo
económico, político, religioso, etc., se pone en marcha una forma de pensamiento
que llamamos filosófico o racional, y que va a establecer en gran medida las
señas de identidad de la cultura occidental.
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asentamientos griegos en el Próximo Oriente fueron eliminados por las invasiones
persas, en estas zonas se desarrolló una cultura autónoma, con ciertas
particularidades. De hecho, estas ciudades era las “puertas de Oriente”, donde las
mercancías que llegaban por vía terrestre desde Mesopotamia y Persia eran
embarcadas y distribuidas por toda Grecia. Estos intercambios comerciales fueron
un vehículo de influencias culturales.
Tales mantuvo que ese primer principio era el agua. Tal vez hoy pueda
parecer decepcionante la teoría de Tales según la cual el fundamento originario
del todo era un simple elemento físico (el agua); sin embargo, la importancia de su
pensamiento no se encuentra tanto en la respuesta como en la pregunta, pues
implica la posibilidad de llegar a una explicación unitaria, y sin recurrir a una
explicación mítica, de la variada gama de fenómenos naturales.
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Pasó del mito al logos. Tanto Tales como Anaximandro y Anaxímenes
identificaron el principio primordial (arkhé) con un elemento material. El saber de
estos primeros filósofos fue un saber naturalista: se explicaba la naturaleza
(physis) a partir de la propia naturaleza (physis), renunciando implícitamente al
mito. Se inició entonces lo que se conoce como paso del mito al logos, el paso de
una explicación mítica de la realidad a una explicación filosófica.
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ajena en apariencia al saber filosófico, sigue siendo una respuesta a la pregunta
de Tales. El problema es el mismo; conjeturales y transitorias las teorías.
“Enseñar a vivir sin esta seguridad y, con todo, no sentirse paralizado por la duda,
tal vez sea el mayor beneficio que la filosofía puede aún proporcionar en nuestra
época al que la estudia.” (Bertrand Russell)
La filosofía poco o nada tiene que ver con la instalación dogmática, pariente
muy próxima del espíritu inquisitorial y la pobreza intelectual, y mucho con el
diálogo, con el situarse en el punto de vista del interlocutor, al menos para intentar
comprenderle honradamente antes de, llegado el caso, pasar a rebatirle. La
filosofía puede, en consecuencia, enseñarnos a ser más tolerantes con las
opiniones de los demás, asumiendo como valor el respeto previo por las opiniones
de nuestro interlocutor, aunque podamos cuestionar las mismas.
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completamente equivocados, porque los frenos podrían fallarnos en el momento
que más los necesitamos. De igual modo, esos principios que sustentan nuestra
vida, y que parecen seguros, pueden no serlo tanto examinados de cerca. Pero
aun en el caso de que no albergáramos la menor duda sobre los conceptos que
sostienen nuestra vida, acabaríamos empobreciéndola a fuerza de no hacer uso
de la capacidad de pensar. Muchos hallarán demasiado dura o demasiado
perturbador formularse esas preguntas fundamentales, y se encontrarán felices y
a gusto con sus prejuicios, pero otros sentirán un fuerte impulso que los obligará a
plantearse varias preguntas inquietantes de carácter filosófico.
Otra de las razones que justifican el estudio de la filosofía es que nos enseña
a pensar con mayor claridad y sistematicidad. Los métodos del pensamiento
filosóficos resultan útiles en muchas situaciones, porque el análisis de los
argumentos en pro o en contra de una determinada posición se puede aplicar a
cualquier orden de vida. Además, si nuestro estudio de la filosofía no es superficial
nos ayudará a construir una personalidad que nos haga capaces de resistir, en
mayor medida que otros, la influencia del grupo sobre nuestras acciones u
opiniones. Resultará más difícil que nos dejemos llevar por los demás si gracias al
estudio de la filosofía hemos adquirido el hábito de la reflexión sistemática y
crítica.
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TEXTO:
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comprender su filosofía, y para eso tenemos que ser filósofos nosotros mismos hasta
cierto punto. Hay una conexión causal recíproca. Las circunstancias de las vidas
humanas influyen mucho en su filosofía, pero, viceversa, la filosofía determina las
circunstancias. Esta acción mutua en el curso de los siglos será el tema de las páginas
siguientes.
Sin embargo, hay una contestación más personal. La ciencia nos refiere lo que
podemos saber, pero lo que podemos saber es poco, y si olvidamos cuanto nos es
imposible saber, nos hacemos insensibles a muchas cosas de la máxima importancia. La
teología, por otro lado, trae una creencia dogmática, según la cual poseemos
conocimientos donde, en realidad, somos ignorantes, y por eso crea una especie de
insolencia atrevida respecto al universo. La inseguridad, llena de grandes esperanzas y
temores, es dolorosa, pero hay que soportarla si deseamos vivir sin tener que apoyarnos
en cuentos de hadas consoladores. Ni se deben olvidar las cuestiones que plantea la
filosofía, ni persuadirnos de que hemos encontrado respuestas definitivas a ellas.
Enseñar a vivir sin esa seguridad, y, sin estar, sin embargo, paralizado por la duda, es
acaso el principal bien que la filosofía en nuestra época puede aún proporcionar al que la
estudia.
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