Edad Moderna
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Adán y Eva de Alberto Durero.
El antropocentrismo humanista simboliza la modernidad en la Filosofía, la Ciencia y
el Arte. No obstante, la paulatina imposición de nuevos criterios secularizados y
pragmáticos en política y relaciones sociales no impidieron –sin duda utilizaron– los
conflictos religiosos. De un mundo cultural muy distinto al
de Durero, uno de los Bronces de Benín del Museo del Louvre. Puede fecharse entre
1450 y 1550. No conocemos el nombre de su autor, al contrario que el de
otros broncistas contemporáneos suyos, como Ghiberti o Benvenuto Cellini, porque la
función social del artista era muy diferente en el África subsahariana y la Italia del
Renacimiento.
La Edad Moderna es el tercero de los periodos históricos en los que se divide
convencionalmente la historia universal, comprendido entre el siglo XV y el XVIII.
Cronológicamente, alberga un periodo cuyo inicio puede fijarse en el descubrimiento de
América (1492) o la caída del Imperio Romano de Oriente; y cuyo final puede situarse
en la Revolución francesa (1789)nota 1 o la Revolución estadounidense (1776). Con esto
dicho, si se contabiliza desde el descubrimiento de América hasta el comienzo de la
Revolución Francesa, la Edad Moderna abarcó 296 años. En esta convención, la Edad
Moderna se corresponde al período en que se destacan los valores de
la modernidad (el progreso, la comunicación, la razón) frente al período anterior,
la Edad Media, que es generalmente identificada como una
edad aislada e intelectualmente oscura. El espíritu de la Edad Moderna buscaría su
referente en un pasado anterior, la Edad Antigua identificada como Época Clásica.
En el siglo XIX se añadió una cuarta edad a la historia de la humanidad, la denominada
como Edad Contemporánea, en la cual no solo no se aparta, sino que también se
intensifica extraordinariamente la tendencia a la modernización, ya que sus
características sensiblemente diferentes, fundamentalmente porque significa el
momento de éxito y desarrollo espectacular de las fuerzas económicas y sociales que
durante la Edad Moderna se iban gestando lentamente: el capitalismo y la burguesía; y
las entidades políticas que lo hacen de forma paralela: la nación y el Estado.
En la Edad Moderna se vincularon los dos "mundos" que habían permanecido casi
absolutamente desvinculados desde la Prehistoria: el Nuevo Mundo (América) y
el Viejo Mundo (Eurasia y África). Cuando se consolidó la exploración europea de
Australia se habló de Novísimo Mundo.
La disciplina historiográfica que la estudia se denomina Historia Moderna, y sus
historiadores, "modernistas".nota 2
Localización en el espacio[editar]
Para su tiempo se consideró que la Edad Moderna era una división del tiempo
histórico de alcance mundial, pero actualmente suele acusarse a esa perspectiva
de eurocéntrica (ver Historia e Historiografía), con lo que su alcance se restringiría a la
historia de la Civilización Occidental, o incluso únicamente de Europa. No obstante, hay
que tener en cuenta que coincide con la Era de los descubrimientos y el surgimiento de
la primera economía-mundo.nota 3 Desde un punto de vista todavía más restrictivo,
únicamente en algunas monarquías de Europa Occidental se identificaría con el
período y la formación social histórica que se denomina Antiguo Régimen.
Localización en el tiempo[editar]
La fecha de inicio más aceptada por los historiadores para fijar la Edad Moderna es en
la cual ocurrió la toma de Constantinopla y caída definitiva de todo vestigio de la
antigüedad, esta ciudad fue destruida y tomada por los otomanos en el año 1453 –
coincidente en el tiempo con el comienzo del uso masivo de la imprenta de tipos
móviles y el desarrollo del Humanismo y el Renacimiento, procesos que se dieron en
parte gracias a la llegada a Italia de exiliados bizantinos y textos clásicos griegos–.
Tradicionalmente también se toma el Descubrimiento de América (1492) porque está
considerado como uno de los hitos más significativos de la historia de la humanidad, el
inicio de la globalización y en su época una completa revolución.nota 4
En cuanto a su final, algunos historiadores anglosajones[¿quién?] defienden que no se ha
producido y que todavía estamos en la Edad Moderna (identificando al período
comprendido entre los siglos XV al XVIII como Early Modern Times –temprana Edad
Moderna– y considerando los siglos XIX, XX y XXI como el objeto central de estudio de
la Modern History),[cita requerida] mientras que las historiografías más influidas por la
francesa denominan el periodo posterior a la Revolución francesa (1789) como Edad
Contemporánea. Como hito de separación también se han propuesto otros hechos:
la independencia de los Estados Unidos (1776), la Guerra de Independencia
Española (1808) o las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1824).
Como suele suceder, estas fechas o hitos son meramente indicativos, ya que no hubo
un paso brusco de las características de un período histórico a otro, sino una transición
gradual y por etapas, aunque la coincidencia de cambios bruscos, violentos y decisivos
en las décadas finales del siglo XVIII y primeras del XIX también permite hablar de
la Era de la Revolución.nota 5 Por eso, deben tomarse todas estas fechas con un criterio
más bien pedagógico. La Edad Moderna transcurre más o menos desde mediados del
siglo XV a finales del siglo XVIII.
Secuenciación[editar]
El Taj Mahal, prueba tanto de la pervivencia de
civilizaciones distintas a la europea como de la gran comunicación que se había
producido a nivel mundial: su bellísima estética integra elementos de orígenes asiáticos
islámicos, hindúes, árabes, persas, turcos e incluso europeos (aunque la intervención
de arquitectos italianos parece que se ha demostrado falsa)
La Edad Moderna suele secuenciarse por sus siglos, pero en general los historiadores
la han definido como una sucesión cíclica, que algunos han intentado identificar
con ciclos económicos similares a los descritos por Clement Juglar y Nikolái
Kondrátiev, pero más amplios, con fases A de expansión y B de recesión secular.
Los señores Andrews (1748) posan displicentemente
para Thomas Gainsborough ante su campo de trigo. La revolución agrícola ya se
estaba produciendo, y la industrial la sigue. En Inglaterra, los comerciantes y
financieros de la city londinense, la gentry rural y los primeros industriales fabriles no
tenían idénticos intereses de clase, pero son claramente aspectos de una misma clase
dominante, que pueden denominarse como burguesía (categorizado por Carlos
Marx como la propietaria de los medios de producción), y que puede identificarse con
más claridad si se observa a quién representa el Parlamento a través de las sucesivas
reformas electorales que perfeccionan el sistema político de la Monarquía
Parlamentaria; a excepción de la parte que no integrará: las Trece
Colonias norteamericanas. Los campesinos desposeídos y desarraigados del campo
por la política de cercamientos (enclosures) y las Leyes de pobres están alimentando
el proletariado de las ciudades industriales. Enseguida se convirtió en el taller del
mundo, cuyos océanos estaban en posesión de la (Rule, Britannia). El continente
europeo seguirá sus pasos en cuanto se cayeran las estructuras del Antiguo Régimen.
En el siglo XVI, tras la recuperación de la Crisis de la Baja Edad Media, en economía se
produjo lo que se denomina Revolución de los Precios, coincidente con la Era de los
Descubrimientos que permitió una expansión europea posibilitada en parte por los
adelantos tecnológicos y de organización social que surgieron.1 Pocos hechos
cambiaron tanto la historia del mundo como la llegada de los españoles a América y la
posterior Conquista y la "apertura" de las rutas oceánicas que castellanos y
portugueses lograron en los años en torno a 1500. El choque cultural supuso el colapso
de las civilizaciones precolombinas. Paulatinamente, el océano Atlántico gana
protagonismo frente al Mediterráneo,2 cuya cuenca presencia un reajuste de
civilizaciones: si en la Edad Media se dividió entre un norte cristiano y un
sur islámico (con una frontera que cruzaba al-Ándalus, Sicilia y Tierra Santa), desde
finales del siglo XV el eje se invierte, quedando el Mediterráneo Occidental, (incluyendo
las ciudades costeras clave de África del Norte) hegemonizado por la Monarquía
Hispánica (que desde 1580 incluía a Portugal), mientras que en Europa
oriental el Imperio otomano alcanza su máxima expansión. Las civilizaciones orientales
de carácter milenario (India, China y Japón), reciben en algunas ciudades costeras una
presencia puntual portuguesa, (Goa, Ceilán, Malaca, Macao, Nagasaki misiones de san
Francisco Javier), pero tras los primeros contactos se mantuvieron poco conectados o
incluso ignoraron totalmente los cambios de Occidente; por el momento se lo podían
permitir. Las islas de las especias Indonesia y Filipinas serán objeto de una dominación
colonial europea más intensiva. Frente a la continuidad oriental, los cambios sociales
se concentran en los vértices del llamado comercio triangular: notables en Europa
(donde comienzan a divergir un noroeste burgués y un este y sur en proceso
de refeudalización), y cataclísmicos en América (colonización) y África (esclavismo). El
crecimiento de población en Europa probablemente no compensó el descenso en esos
continentes, sobre todo en América, en que alcanzó proporciones catastróficas y ha
sido considerado como el mayor desastre demográfico de la Historia Universal3 (varios
investigadores4 han estimado que más del 90 % de la población americana murió en el
primer siglo posterior a la llegada de los europeos, representando entre 40 y 112
millones de personas).5 Las convulsiones políticas y militares son asimismo
espectaculares. En la mítica Tombuctú, el Askia Mohamed I (1493-1528) produce el
apogeo del Imperio songhay, que entra en la órbita del islam y decaerá en el período
siguiente. Simultáneamente, el Renacimiento da paso a los enfrentamientos de
la Reforma y las guerras de religión. La expansión ideológica de Europa se manifiesta
en el avance del cristianismo por todo el mundo, excepto en los Balcanes, donde
retrocede frente al islam, con el que también entra en contacto en Extremo Oriente, tras
dar la vuelta al globo.
El real español de plata, o peso duro (este acuñado en
las míticas minas de Potosí en 1768) fue la primera moneda del comercio internacional
y antepasado del dólar estadounidense (su símbolo deriva del escudo español "Plus
Ultra", a su vez un lema muy apropiado, por el alcance mundial).
Escultura azteca que representa a un hombre portando
el fruto del cacao. Alimento de los dioses (se tradujo Teobroma como nombre
científico), fue usado como moneda en época precolombina. Su consumo fue
rápidamente adoptado en Europa, como el del tabaco; más lenta fue la incorporación
de cultivos, como el del maíz, el tomate o la patata. Museo Nacional de Antropología e
Historia de México. Don Quijote carga contra el rebaño
de ovejas. El equilibrio de la ganadería ovina con la agricultura cerealista y con
la industria textil no fue solo un asunto de vital importancia para Castilla, que se
encontraba dominada por la Mesta, y para sus clientes en Flandes, verdadera
metrópolis comercial de sus materias primas (lana y metales preciosos), sino también
para América, donde sin puede afirmarse que «las ovejas se comieron a los hombres».
Esta expresión se aplicó también en Inglaterra, que desde un paisaje similar al de
castilla en la Baja Edad Media optó por el desarrollo agrícola e industrial.
En el siglo XVII la humanidad presenció posiblemente una crisis general (quizá
provocada por la Pequeña Edad del Hielo) que se conoce como crisis del siglo XVII, que
además del descenso de población (ciclos de hambres, guerras, epidemias) y del
descenso de la serie de precios o de la llegada de metales de América, fue muy
desigual en la forma de afectar a los distintos países, incluso en Europa: catastrófica
para la Monarquía Hispánica (crisis de 1640) y Alemania (Guerra de los Treinta Años),
pero impulsora para Francia e Inglaterra una vez resueltos sus problemas internos
(Fronda y Guerra Civil Inglesa). Durante este período, se produjeron en Europa del
Este numerosas guerras entre Polonia, Rusia y Turquía, después también Suecia.
Durante el período comprendido entre 1612-1613 el ejército polaco ocupó Moscú, y
hasta mediados del siglo XVII, Polonia continuó dominando dicha parte de Europa.
La época dorada del imperio polaco finalizó después de dos hechos acaecidos, el
primer hecho, la Rebelión de Jmelnytsky y el segundo, el Diluvio. El Imperio
otomano perdió en la batalla de Viena su última oportunidad de expandirse frente a
Europa, y comenzó un lento declive, en parte para el beneficio de una Polonia que
enseguida pasará el relevo al gigantesco Imperio ruso. En su frente oriental, resurge
el Imperio persa con la dinastía safávida que lleva a un breve apogeo el Sah Abbás I el
Grande, que convirtió a Isfahán en una de las ciudades más bellas del mundo. Al
mismo tiempo, en la India, que mantuvo la presencia colonial europea en la costa, se
levanta un gran imperio continental y comenzó a desmembrarse con Aurangzeb. Todos
estos movimientos tienen que ver con el vacío geoestratégico formado en el Asia
Central, que los kanatos herederos de Horda de Oro son incapaces de ocupar. En
China los intemporales ciclos dinásticos se renuevan con el acceso de la
dinastía manchú: los Qing. Japón expulsó a los portugueses (no así a los holandeses) y
se cerró en el relativo aislamiento del período Tokugawa, que incluyó el exterminio de
los cristianos, pero que posiblemente haya sido un factor que evitara que la sociedad
japonesa fuese colonizada y permitió un desarrollo endógeno que en el siglo XIX la hará
irrumpir abruptamente en la modernización. En este período, las embarcaciones
pertenecientes al Imperio español transitan en menor medida por los océanos (que
había llegado a su cúspide, temporalmente unido al portugués) en beneficio
del neerlandés y el británico. En el período existía un alta práctica de la piratería, que
provocaba el efímero auge de un modo de vida violento y excesivo, pero
románticamente percibido como una utopía libre en el Caribe (isla de la Tortuga).
La pimienta, objeto de lujo en la Edad Media, provocó la
codicia comercial que empujó a la búsqueda de las rutas hacia las Islas de las
Especias. Carlo Cipolla, en Allegro ma non tropo, desarrolló en clave irónica una
interpretación de la Historia moderna basada en ello.
El siglo XVIII comenzó con lo que Paul Hazard definió como crisis de la conciencia
europea (1680-1715), que posibilitó la Revolución científica newtoniana, la Ilustración,
la Crisis del Antiguo Régimen y la que propiamente puede llamarse Era de las
Revoluciones, cuyo triple aspecto se categoriza como la Revolución industrial (en el
desarrollo de las fuerzas productivas, lo tecnológico y lo económico incluyendo el
triunfo del capitalismo), la Revolución burguesa (en lo social, con la conversión de la
burguesía en nueva clase dominante y la aparición de su nuevo antagonista:
el proletariado) y la Revolución liberal (en lo político-ideológico, de la que forman parte
la Revolución francesa y las revoluciones de independencia americanas). El desarrollo
de esos procesos, que pueden considerarse como consecuencias lógicas de los
cambios desarrollados desde el fin de la Edad Media, pondrán fin a la Edad Moderna.
En Europa se encuentra de nuevo en ascenso demográfico, que se convierte esta vez
en el comienzo de la transición demográfica, superadas las mortalidades catastróficas:
la última peste negra en Europa Occidental (Marsella, 1720) se extinguió gracias a la
presencia de la rata parda, que sustituyó biológicamente a la pestífera rata negra;6 y
con la vacuna de Jenner se obtiene el primer recurso para el tratamiento de epidemias.
En cuanto al hambre, no desaparece, de hecho en el siglo ocurren numerosos motines
de subsistencia (que en Inglaterra anteceden al nuevo tipo de protesta, ligado al
naciente proletariado industrial),nota 6 pero que en las zonas que desarrollan
precozmente una agricultura capitalista y un sistema de transportes modernizado
pueden salvarse (en Inglaterra, Francia y Holanda el sistema de canales fluviales
antecede en un siglo al trazado del ferrocarril). En otras continuó habiendo hasta bien
entrado el XIX, como España (hambruna de 1812, cuando se recurrió al consumo
masivo de la tóxica almorta, que por las mismas fechas también fue detectado por los
ingleses en la India)7 o Irlanda (monocultivo de la patata que llevará al hambruna
irlandesa de 1845 y a la emigración masiva). El equilibrio europeo iniciado en
el Tratado de Westfalia (1648) se recompone en el de Utrecht (1714) y se mantiene no
sin conflictos (varios de ellos llamados Guerra de Sucesión), con hegemonía
continental para Francia (vinculada a España por los Pactos de Familia de la dinastía
Borbón) y hegemonía marítima para Inglaterra, certificada más tarde
en Trafalgar (1805). Las exploraciones de James Cook y la ocupación de Oceanía
concluyen la era los descubrimientos geográficosnota 7 La integración mundial avanza y
surgen las primeras guerras mundiales ya que los imperios coloniales europeos se
reparten territorios distantes (India, Canadá) al tiempo que se dirimen otros repartos en
Europa (como el de Polonia). Las posesiones europeas llegaron a su máxima
expansión en América previo a la Independencia de Estados Unidos (1776) y de
la Emancipación Hispanoamericana (1808-1824), anticipada por la Revolución de los
Comuneros en 1737 y la Rebelión de Túpac Amaru II en 1780. Para recoger el testigo
de la sumisión colonial, África y Extremo Oriente habrán de esperar al siglo XIX, pero en
el Asia Central se asiste a una carrera por la ocupación de un espacio
geoestratégicamente vacío entre Rusia y China. Simultáneamente, en
el Pacífico norteamericano la emprenden Rusia, Inglat