INSTITUTO DE ESTUDIOS ALTOARAGONESES
(C.S.I.C.)
(DE LA EXCMA. DIPUTACIÓN PROVINCIAL)
HUESCA
«Colección de Estudios Altoaragoneses», 20
Director: Antoniu Duran Gudiul
Redacción y Administración:
Instituto de Estudios Altoaragoneses
C/« Duquesa de Villahcrmosa, 4
22001 HUESCA
E L CACIQUISMO ALTOARAGONES
DURANTE
LA RESTAURACIóN.
ELECCIONES Y COMPORTAMIENTO
POLíTICO EN LA PROVINCIADE
HUESCA (1875-1914).
Carmen FRíAS CORREDOR
Miriam TRISAN CASALS
E L CACIQUISMO ALTOARAGONES
DURANTE
LA RESTAURACIóN.
ELECCIONES Y COMPORTAMIENTO
POLíTICO EN LA PROVINCIADE
HUESCA (1875-1914).
Excma. Diputación Provincial
HUESCA
Composición: AntonioUBIETO AUSERE
Jesús UBIETO AUSERE
Correctora de Estilo: M*. Teresa SAS BERNAü
I.S.B.N.: 84^104-0255^
Depósito Legal: Z. 1825-87
Cómela. S.A. - Carretera de Castellón, Km. 3'4(M) - Zaragoza
ÍNDICE
Página
DELANTAL 7
1. INTRODUCCIóN 17
1.1. Fuentes 19
1.2. Tratamiento de las fuentes 22
2. ESTRUCTURA SOCIOECONóMICA 27
2.1. Apuntes demográficos 27
2.2. Huesca ante la crisis finisecular. 34
2.3. Las respuestas a la crisis: expectativas de renovación 44
3. ANVERSO Y REVERSO DEL SISTEMA POLíTICO DE LA ESPAñA DE
LA RESTAURACIóN 51
3.1. El funcionamiento del turno 51
3.2. Las leyes electorales 54
3.3. De la teoría a la práctica: corrupción y falseamiento de
la opinión del cuerpo electoral 61
4. LAS ELECCIONES EN HUESCA 67
4.1. División de la provincia en distritos electorales 67
4.2. Las elecciones al Congreso de los Diputados 72
a) 1875-1898, de la docilidad al predominio republi-
cano posibilista y liberal 72
b) 1898-1914, extensión y consolidación de los caci-
catos estables liberales 100
4.3. Elecciones de senadores, 1875-1914 155
5. COMPORTAMIENTO POLíTICO Y EVOLUCIóN DE LOS DISTRITOS
ALTO ARAGONESES 161
6. E L CACIQUISMO POLíTICO PROVINCIAL. PRESIONES
CORRUP-
Y
CIONES MAS GENERALIZADAS ENEL ALTOARAGON 203
7. REPUBLICANOS Y LIHKKALES OSCENSES ANTE LA POLíTICA DE LA
ESPAñA DE LA RESTAURACIóN 215
8. CONCLUSIONES 237
9. APéNDICE DOCUMENTAL 245
9.1. Carta de Domingo Pérez a Pedro Lacasa; irregularida-
des de la elección de Jaca y petición de concesión del
estanco por trabajos electorales 245
9.2. Aragón ante Cánovas, artículo de Camo en "El Diario
de Huesca"' (1-V1-1880) sobre la construcción del fe-
rrocarril de Canfranc y la actitud de los aragoneses
ante el Gobierno conservador 247
9.3. Carta de Manuel Camo a Costa en las elecciones de
1881; preocupación por la presentación de N. Salme-
rón en Huesca 249
9.4. Carta de un vecino de La Puebla de Castro a Joaquín
Costa. Elecciones de Barbasrro, 1896; la maraña elec-
toral en un pueblo altoaragonés 251
9.5. Editorial del periódico "El Imparcial", de Madrid, re-
producida por "El Diario de Huesca" el 4 de junio de
1898, sobre la actitud de Emilio Castelar, contraria a
Sagasta, en la sublevación y guerra de Cuba 255
9.6. LA REVOLUCIóN DESDE ARRIBA. El Gobernador de
Huesca, artículo de "El Globo", de Madrid, en "El
Diario de Huesca" (24-1-1903) 258
9.7. Carta de un republicano de Graus a Joaquín Costa
(30-V1II-1904); guerra y criticas a Camo 260
9.8. Carta de Miguel Moya a los electores de la provincia
con motivo de los comicios de 1914 262
ío. BIBLIOGRAFíA 265
6
DELANTAL
Yo soy el jefe. Esto ex champán. Feliz Navidad.
(Del filme Y Johny cogió su fusil).
El largo período de la Restauración (1874-1923) es un sistema de do-
minación de las clases propietarias, tal como quedaron configuradas tras el
proceso de transformaciones liberales y burguesas, desarrollado en España
sobre el contrapunto de un no menos largo ciclo de guerras civiles(1808-
1874). El sistema político de la Restauración se asienta sobre un marco
constitucional estable, con elecciones periódicas y partidos políticos;pero,
para mantenerse como sistema de dominación de la gran propiedad y de la
burguesía conservadora, hubo de recurrir al falseamiento del sufragio (uni-
versal masculino desde 1890) y a las manipulaciones electorales.
Las críticas a la instrumentalización y a la deformación de los princi-
pios del liberalismo político no deben hacer olvidar que los reinados de
Alfonso XII y de Alfonso XIII presidieron una estabilización política que,
aunque bien controlada por la oligarquía, resultaba una novedad para la
formación social española, al eliminar los enfrentamientos civiles, los
pronunciamientos militares, los exilios masivos. Recientemente, escribía
Emiliano FERNANDEZ de PINEDO que " no se suele insistir en que bajo
Fernando VII no había ni Parlamento ni elecciones y que José María de
Torrijos, y sus compañeros, como tantos otros, fueron fusilados sin juicio
previo por orden del Rey absoluto".
Pero el estado español de la Restauración, a la vez que parecía ase-
gurar un marco relativo de convivencia civil, mediante el mantenimiento de
una cerrada dominación de clase configurada a través de un monolítico mo-
nopolio clasista del poder y del propio estado, progresivamente resistentea
la integración en la sociedad política española de las fuerzas que representa-
ban intereses sociales diferentes de los del bloque dominante -movimiento
obrero (PSOE-UGT), pequeña burguesía y clases medias (regeneracionis-
mo), burguesías periféricas (nacionalismos)-, iba creando y acumulando
las condiciones estructurales para el estallido del conflicto civil más intenso
de la reciente historia española, la guerra civil de 1936-39. En efecto, ésta
no fue sino la reconquista del estado y del poder por parte del viejo bloque
dominante, que ahora recurre a una peculiar mixtura hispánica de fascismo,
tradicionalismo y militarismo para recuperar una hegemonía puesta radical-
mente en peligro por el real proceso de democratización de la sociedad y del
estado españoles desarrollado durante los años de la II República.
Es precisamente un oséense, Joaquín COSTA, quien asocia el fracaso
de sus empresas políticas (básicamente, la imposibilidad de integrar en el
sistema político los intereses de capas medias urbanas y campesinas) con
un pronóstico pesimista sobre el futuro de la sociedad española, en cuyo
horizonte adivina la reproducción del viejo ciclo de guerras civiles; y valga
de momento, para sostener esta interpretación, una cita de su más destacado
glosador, Alfonso ORTI:
«... Más allá de su histriónico patriotismo, vio -sin embargo- con claridad
racional que ser español se estaba conviniendo "en un malnegocio", que sin
una reforma social rápida y radical, la lucha de clases desembocaría en una
nueva guerra civil; que para él, campesino del XIX, incapaz de entender e! so-
cialismo urbano y centralizador, sería una absurda contienda, férrea restaura-
dora de la dominación oligárquica».
Cuando la historiografía española se ha planteado hacer historia polí-
tica utilizando el bastidor de las elecciones ha tenido que centrarse necesa-
riamente en los tres procesos electorales celebrados durante la II República,
con garantías suficientes para ser abordados como objeto de análisis de so-
ciología política, y en las más numerosas elecciones que sustentan el fun-
cionamiento político del estado de la Restauración, desde 1876hasta 1923.
En este caso, la conciencia trasmitida por los propios contemporáneos, e
ilustrada documentalmente por los historiadores, de las manipulaciones
electorales, falseamientos de actas, encasillados y acuerdos previos a las
elecciones, ..., abre la discusión sobre si su estudio permite solamente re-
velar la composición y funcionamiento de la clase política (oligarquía) y sus
formas de control social, o posibilita además aproximarse al comportamien-
to real del electorado.
En cualquier caso, dejando a un lado de momento este debate, la
historiografía política y electoral es preferentemente una historiografía pro-
vincial (o regional, por la agregación de los resultados provinciales); a ello
conduce, como a otros temas históricos, la solidez de la ordenación terri-
torial en provincias mantenida como única y fundamental retícula adminis-
trativa y política, desde 1833 hasta los días de vigencia de la actual Consti-
tución, y a ello invita también el propio funcionamiento del sistema político
de la Restauración, que hace del gobernados civil de la provincial el engra-
naje básico entre las cúpulas de los partidos políticos y los notables locales
y provinciales (caciques).
Por estas razones se han publicado, sobre todo durante los últimos
diez años, numerosas investigaciones referentes a un ámbito provincial o
regional sobre elecciones, partidos políticos, comportamientopolítico, éli-
tes de poder, funcionamiento caciquil,... Son títulos bastante intercambia-
bles, con una metodología relativamente homogeneizada, y cubren lacasi
totalidad del territorio español, hasta el punto de ir haciendo necesaria una
síntesis general de todos ellos: Galicia (DURAN, 1972), Castilla la Vieja
(VáRELA, 1977), Andalucía (TUSELL, 1978), Murcia (PéREZ PICAZO, 1979),
Alicante (PEñA GALLEGO, 1979), Cáceres (MERINERO, 1980), Soria (ROME-
RO, 1981), Valencia (YANINI, 1984), Lérida (MiR. 1985), Tarragona (Mo-
LINS, 1985), Navarra (MINA, 1985), Guipúzcoa (CASTELLS, 1986), Castilla-
La Mancha (BARREDA, 1986),...
Pues bien, la importancia de este libro que publica el renovado
Instituto de Estudios Alioaragoneses, síntesis de las investigaciones que
Carmen FRíAS CORREDOR y Miriam TRISAN CASALS han desarrollado a lo
largo de un año, consisten sencillamente en ser el primero que incorpora un
análisis político y electoral a largo plazo de una provincia aragonesa a la ya
nutrida historiografía sobre la época de la Restauración, mientras que la
obra de Luis GERMáN (1984) dejaba ya suficientemente cubierto el estudio
de los tres procesos electorales republicanos de la década de losaños treinta
para el conjunto aragonés.
La investigación histórica, aunque a veces nos cueste ciertos esfuer-
zos demostrarlo, también es -debe ser- una investigación programada. Y
aunque en el Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la
Universidad de Zaragoza estén en marcha investigaciones similares para las
provincias de Zaragoza (Víctor ORCASTEGUI) y Teruel (Montserrat SERRA-
NO), hay una explicación, y existe un sentido, en el hecho dehaber comen-
zado por la provincia de Huesca el estudio deeste largo plazo que es el pe-
ríodo de la Restauración, casi cincuenta años.
En primer lugar, Huesca es la patria chica del másvehemente crítico
del sistema político de la Restauración y de sus mecanismos corruptores,
antes, durante y después de las elecciones, de quien acuñara la tópica
expresión de oligarquía y caciquismo; Joaquín COSTAinicia sus proyectos
políticos desde la provincia y desde la región, ydesde ellas sufre lasconse-
cuencias del tinglado caciquil, al que dedicará lacrítica ideológica más reso-
nante en los albores del siglo XX.
El paradigma del caciquismo en el plano provincial oséense havenido
rodando desde finales del siglo pasado y se ha convenido en un elemento
definitorio, aplicable a la vida pública oséense ayer mismo y hoymismo.
Los caciques políticos oscenses, indígenas (Manuel Camo) o cuneros
(Miguel Moya), fueron en su tiempo ejemplos perfilados de caciques a
nivel nacional, al igual que se hicieron famosos en toda España algunos
gobernadores civiles de Huesca, como señalan las autoras de este libro.
Felipe Alaiz recordaba así su infancia en Huesca hacia 1910:
«Aragón icnía una vieja ciudad de muralla interior: Huesca. Capiíal de
provincia propiamente dicha. Nido de burócratas, clérigos y militares. Ofici-
na de caciques y arbitristas. Instituto de Segunda Enseñanza. Allí estudiamos
Ramón Acín y yo en años distraídos)».
Además, la provincia de Huesca mantiene uncomportamiento político
diferenciado de las otras dos provincias aragonesas y de lascircunscripcio-
nes de la España interior en general; en efecto, Zaragoza yTeruel muestran
un alto grado de docilidad en sus distritos electorales, reproduciendo la
alternativa nacional entre conservadores y liberales encada momento electo-
ral, con la excepción del republicano Gil Berges o delconservador Tomás
Castellano, ambos diputados electos de forma estable pordistritos zarago-
zanos al margen de los cambios de gobierno. Huesca, por elcontrario, es la
provincia cuyos distritos resisten más a las alternativas del Gobierno de la
nación, configurándose cacicatos estables liberales, llegándose aelegir una
10
mayoría de diputados provinciales liberales cuando los gobiernos y las ma-
yorías parlamentarias son conservadores en la nación; a la práctica desapa-
rición de los conservadores desde 1890, y a que sean candidatos liberales o
republicanos quienes se repartan la representación del conjunto de las cir-
cunscripciones de la provincia.
Esto nos retorna a la cuestión señalada anteriormente: no tendrá mu-
cho sentido intentar hacer sociología electoral o aproximarse al comporta-
miento político del electorado si se presume que el falseamiento del proceso
electoral es total; pero, si se entiende que para orientar unos resultados elec-
torales no es necesario falsificar todas las actas y que es difícil alterar pro-
fundamente el sentido del voto que pueda darse en una zona determinada,
serán posibles otras interpretaciones que nos acerquen realmente al compor-
tamiento electoral y no sólo a la conformación de las élites políticas. Esto
último parece ser más cieno, y la práctica caciquil se desarrollaba sobre
unas realidades concretas, adaptándose a ellas, realidades que van mostran-
do más elementos de continuidad entre las estnicturas de antes y de después
de la Restauración.
Un miembro del tribunal que calificó con la máxima nota las tesis de
licenciatura de Carmen FRíAS y Miriam TRISAN planteaba el problema en
términos muy claros: "¿era Huesca liberal porque Camo era liberal, o era
Camo liberal porque Huesca votaba liberal?". Parece presumible que la pro-
vincia de Huesca presentaba unas estructuras políticas e ideológicas que
facilitaban la consolidación de cacicatos liberales y el mantenimientode di-
putados republicanos en medios escasamente urbanos. Las comparaciones
a largo plazo pueden parecer audaces, pero también pueden resultar indica-
tivas; a mediados del siglo XIX, Huesca era una de las zonas menos carlis-
tas de toda España, como ha reconocido la investigación [Link] constata-
ban los contemporáneos al denominarla el vedado de ¡aReina. En el otro
extremo de la comparación, en las elecciones de 1936, nos encontramos
con que las candidaturas del Frente Popular triunfan en la ciudad de Zara-
goza y en toda la provincia de Huesca, mientras la CEDA obtiene la victo-
ria en Zaragoza provincia y en la provincia de Teruel (Huesca proporciona
un único diputado cedista de los nueve que resultan electos en Aragón). En
estas condiciones, es razonable pensar que el comportamiento liberal, repu-
blicano posibilista (Castelar obtiene continuadamente su escaño por la ciu-
dad de Huesca hasta que se retira de la política y le cede el paso a Camo),
no procede sólo de un encasillado decidido en Madrid, sino que responde a
II
motivaciones más profundas, que habrán de ser desveladas por la investi-
gación histórica.
No es fácil recoger, ordenar e interpretar las informaciones sobre re-
sultados eletorales, campañas, presiones, corrupción, ... que en este libro
se presentan; reconstruir la evolución política de la provincia de Huesca du-
rante cuarenta años presupone un notable esfuerzo metodológico y de bús-
queda de fuentes, piezas dispersas que se encuentran -si se encuentran-,
tras una tarea de paciente y tenaz búsqueda. Además, ya se sabe que la
habilidad de un cacique consiste precisamente en borrar las huellas de sus
maniobras. Hay que entrar en los archivos locales y provinciales y, a ve-
ces, como en este caso, emprender operaciones de rescate y salvamento de
unas fuentes históricas claves para el conocimiento del pasado. En efecto,
las autoras del libro localizaron los censos electorales en el Centro de Inse-
minación Artificial dependiente de la Diputación Provincial de Huesca, y
los volúmenes de una serie tan importante como es el Boletín Oficial de la
Provincia, también apilados, en la Residencia de Niños, contundente prue-
ba de que el territorio histórico que comenzaban a explorar se hallaba per-
fectamente virgen hasta que comenzaron sus investigaciones. Y después de
entrar en los archivos locales, hay que salir de los mismos y acudir a los
archivos centrales, que suelen conservar las informaciones más generales y
cualificadas, de la misma nanera que hay que salir de la mentalidad localista
y de los horizontes provincianos.
Este libro es un resumen y una adecuación de dos tesis de licenciatura
defendidas en 19K61, y tiene el propósito de dar a conocer la historia políti-
ca de la provincia de Huesca en sus aspectos más generales, reconstruyen-
do la superficie y las partes más visibles de los hechos políticos y de su
evolución. En este sentido, la presente investigación no cierra el tema, sino
que lo abre, lo deja abierto al análisis del funcionamiento de las institucio-
nes, de los ayuntamientos, de la Diputación, de los repartos de esferas de
influencia y de poder, de la práctica política concreta antes y después de los
procesos electorales. Se plantea para su posterior resolución el problema de
la articulación del comportamiento político con la estructura y las motivacio-
nes sociales; apunta relaciones con lo que puede ser la cuestión nuclear, la
estructura agraria y la condición del campesinado, en una época en que una
Carmen FRÍAS CORRÍ: DOR: El Caciquismo alloaragones: elecciones y comportamiento polí-
tico (ift?5-IH96y, Miriam
TRISAN
CASAI.S: La consolidación de ¡os cacicatos estables en ¡a
provincia de Huesca: elecciones y comportamiento político (¡898-1914).
12
y otro se ven forzados a emprender una brutal reconversión del sector agra-
rio como consecuencia de la crisis agraria finisecular y de las respuestas
que frente a ella se organizan,...
Las causas profundas de la relación de subordinación y dependencia
entre unos pequeños campesinos, cuyo problema primordial es la subsis-
tencia, y unos propietarios agrarios, cuyo objetivo fundamental es el ne-
gocio y la rentabilidad de las explotaciones, entre medieros o aparceros y
grandes propietarios, son las que han de explicar en último término las rela-
ciones de clientelismo político y de patronazgo, así como sus característi-
cas. Y también queda pendiente un estudio más focalizado y concentrado
que resalle las posibles diferencias de estructura social y comportamiento
político entre comarcas oscenses bien diferenciadas económicamente: los
valles altos, las depresiones intermedias, las Hoyas y Somontanos, Mone-
gros y el Cinca, ...
Por estas razones, el libro tiene la dimensión de anuncio, de trailer
avisador de dos futuras y próximas películas, una de ellas dirigida por
Carmen FRíAS, quien avanza su tesis doctoral sobre Liberalismo yrepubli-
canismo en el Altoaragón (¡86S-189S): de la revolución a la integración en
el sistema caciquil de la Restauración, en la que profundizará en el periodo
estudiado -aquí sucintamente presentado- y lo ampliará hasta sus antece-
dentes en el Sexenio Revolucionario, desde la hipótesis de que es aquí
donde hay que buscar las causas de la hegemonía liberal en la provincia.
Reflejará presumiblemente una serie de continuidades, a veces difuminadas
por el mantenimiento de categorías historiografías excesivamente rígidas
(Sexenio, Restauración). La otra corre a cargo de Miriam TRISAN (Eleccio-
nes, partidos políticos e ideologías agranstas en la provincia de Huesca
durante la Restauración (¡S9S-I923): de ¡os cacicatos estables a la crisis del
sistema), en la que profundizará en la investigación y la llevará hasta la Dic-
tadura de Primo de Rivera. Con la realidad de este libro y con la realidad de
estos proyectos, se puede confiar en que se están edificando las bases de un
conocimiento histórico de la época contemporánea en la provincia de Hues-
ca más riguroso del que hasta ahora disponíamos.
Por último, las autoras; no sobra recordar su condición de oscenses,
de alumnas del Colegio Universitario, que hicieron los cursos de especiali-
dad en la Facultad de Letras de Zaragoza, que residen en Huesca, que se
beneficiaron conjuntamente de una beca del Instituto de EstudiosAltoarago-
13
neses durante el curso 1985-86, que se han iniciado en la investigación tan
coordinada como amistosamente. En historia, al contrario que en una antro-
pología, que exige en las investigaciones localizadas un alejamiento afectivo
y de origen que no perturbe el análisis, es la realidad cercana la que se está
en mejores condiciones de comprender y de explicar.
Carlos FORCADELL ALVAREZ
Universidad de Zaragoza
14
ABREVIATURAS
A.C. Archivo del Congreso
A.S. Archivo del Senado
A.H.P. Archivo Histórico Provincial
A.H.N. Archivo Histórico Nacional
A.D.P. Archivo de la Diputación Provincial
A.D.E. Archivo de la Delegación de Estadística
A.M.A. Archivo del Ministerio de Agricultura
B.N. Biblioteca Nacional
B.P. Biblioteca Pública de Huesca
D.S.C. Diario de Sesiones del Congreso
D.S.S. Diario de Sesiones del Senado
H.M.M. Hemeroteca Municipal de Madrid
H.M.Z. Hemeroteca Municipal de Zaragoza
15
1. INTRODUCCIóN
El trabajo que sigue a continuación forma parte de un proyecto de
investigación sobre eldesarrollo y comportamiento político de la provincia
de Huesca durante la época de la Restauración, y se divide en dosperíodos:
1875-1898, estudiado por Carmen FRíAS CORREDOR,y1898-1914,analiza-
do por Miriam TRISAN [Link] última instancia, se pretendía realizar un
análisis de la élite política altoaragonesa y del comportamiento electoral de
la provincia, desde un punto de vista cuantitativo y cualitativo. Forzosa-
mente, cualquier estudio sobre las elecciones durante la Restauración re-
quiere observar con especial atención los mecanismos de manipulación
electoral, llevados a cabo con la ayuda de la Administración, con la ocul-
tación judicial y con la complicidad de políticos yfuncionarios1.
Hablar de Restauración lleva a reflexionar sobre un sistema político
en el que la gran mayoría de las elecciones fueron ficticias, manipuladas y
carentes de significación en loque a expresión popular se refiere; hablar de
Restauración es referirse siempre al fenómeno social del caciquismo como
una realidad de la España del siglo XIX y principios del XX. Así, uno tien-
de a preguntarse qué sentido tiene analizar unas elecciones pactadas y esta-
blecidas de antemano, ya que es cierto y de todos conocido que no respon-
dieron, bajo ningún concepto, a la voluntad del electorado, limitándose a
1
YANIM, Alicia, El caciquisme. Inslilució Alfons el Magnanim, DipuiacióProvincial de
Valencia, Valencia. 1984.
17
ser una fórmula mediante la cual los partidos del turno conseguían una ma-
yoría adicta en el Parlamento.
¿Es posible hablar de comportamiento político del cuerpo electoral
cuando la característica fundamental del sistema de representación era la
adulteración, cuando la opinión electoral se veía, no sólo condicionada, si-
no determinada muchas veces por las presiones del cacique, y cuando el
contexto general de la España Finisecular pasaba por una despolitización ca-
si extrema de la población? Ciertamente, las elecciones no pueden servimos
en estas condiciones para desenterrar y explicar la verdadera opinión del
cuerpo electoral, pero sí tienen sentido en la medida en que son reflejo de la
estructura de poder y del fenómeno caciquil, que no puede ser observado
única y exclusivamente bajo un prisma puramente político, sino que debe
ser relacionado con la estructura económica y social.
La práctica del caciquismo estructuró y cohesionó buena parte de la
historia de la España contemporánea; pero, a cambio, impidió que se evolu-
cionara políticamente dentro de un verdadero sistema parlamentario demo-
crático, fomentando una pasividad política que no se rompió hasta el adve-
nimiento de la II República. El Altoaragón no fue una excepción en el
contexto electoral nacional; de ahí nuestro intento por desentrañar los verda-
deros mecanismos del caciquismo político y los fenómenos de manipula-
ción, corrupción y falsificación que éste conllevó.
Estas razones, unidas a la carencia de una historiografía contemporá-
nea para la provincia de Huesca, y el hecho de que la Resiauración fue un
periodo determinante para la caracterización social y política del Altoaragón,
nos llevaron a abordar un tiempo y un espacio históricos que, hasta el mo-
mento, habían permanecido prácticamente vírgenes, ya que la historiografía
aragonesa se había quedado reducida, en muchos casos, a los límites de la
provincia de Zaragoza.
La falta de estudios provinciales o comarcales, ya políticos, sociales o
económicos, que sirvieran de apoyatura, marco o punto de referencia ha si-
do una de las mayores dificultades a la hora de realizar este trabajo. Poco se
conoce de los siglos XIX y XX en Huesca; prácticamente ningún estudio
histórico se ha ocupado del Altoaragón de forma monográfica, a excepción,
18
casi exclusivamente, del análisis de Alberto GIL NOVALES sobre la Revolu-
ción septembrina en estas tierras2.
Frente a este vacío historiográfico, las futuras líneas de investigación
se dibujan claramente prometedoras, al salir a la luz aspectos en los que se
debe profundizar para tener un mayor conocimiento del periodo: los oríge-
nes y evolución del republicanismo altoaragonés, la profundización en los
aspectos locales y provinciales de instituciones, ayuntamientos y corpora-
ciones, que revelarían el verdadero pulso de la vida política oscense, la
actuación de las fuerzas liberales predominantes a partir de finales de siglo,
... A esto hay que añadir la necesidad de estudios socioeconómicos: desa-
mortización, estructura de la propiedad, atraso económico, condiciones del
campo, proletarización agrícola,..., imprescindibles para entender nuestro
pasado y la configuración de la realidad actual de esta provincia.
Finalmente, quisiéramos manifestar nuestra gratitud a cuantas perso-
nas e instituciones nos ayudaron y apoyaron en esta investigación: al Insti-
tuto de Estiutios Altoaragoncses , cuya beca nos permitió la elaboración de
este estudio; a Miguel y Marisa MARTíNEZ, que abrieron las puertas de su
casa para que pudiéramos consultar "El Diario de Huesca"; a Guillermo
PéREZ SARRION, por su enorme interés y por las sugerencias que en su día
nos hizo; y muy especialmente, a Carlos FORCADELL, director de nuestras
tesis de licenciatura.
1.1. Fuentes.
La delimitación de las dos directrices básicas de nuestra investigación
(el estudio de la élite política altoaragonesa y del comportamiento político de
la provincia) marcó y condicionó la búsqueda y tratamiento de una serie de
T
* [Link], Alberto, La revolución de 1868 en el Alto Aragón, Guara, Zaragoza, 1980.
El libro de GlL
[Link] está fundamentalmente elaborado con fondos del archivo privado de
los Torres-Solanot. parte del cual es propiedad del autor. La documentación sobre la revolu-
ción del 68 es impórtame; de un lado, se conserva parte del archivo de la Juma Revolucio-
naria de Huesca; de otro, pane del archivo del periódico "El Alto Aragón". La construcción
del libro a través de los papeles de la Junta Revolucionaria condiciona el contenido de
aquél; lo reducido y concreto de las fuentes obliga a circunscribir el análisis histórico a los
años 1K6H-1S69; de ahí que. a pesar de la importancia del libro [Link] yde los
fondos documentales de los Torrcs-Solanot, sea todavía imprcscinciblc abordar el período
del Sexenio en el Altoaragón y desentrañar, en estas fechas, la tradición republicana y libe-
ral de la que Huesca hi/.o gala.
19
fondos documentales y bibliográficos, de consulta obligatoria en este tipo
de trabajos, gran parte de los cuales se halla en archivos centrales como el
del Congreso de los Diputados, del Senado, Histórico Nacional, Biblioteca
Nacional, ...
Estas fuentes han sido clasificadas según tres criterios:
1. Análisis de los resultados electorales y la élite política.
Actas electorales (A.C)
Credenciales de diputados (A.C)
Diarios de Sesiones del Congreso (B.C)
Diarios de Sesiones del Senado (B.S)
Boletines Oficiales de la Provincia (A.D.P)
Biografías colectivas:
-SáNCHEZ de los SANTOS, Modesto, Las Cortes españolas:
1907-1910-1914, Establecimiento tipográfico de A. Marzo,
Madrid, 1908, 1910 y 1914.
-SANCHE/ ORTIZ, Modesto, Las primeras Cámaras de la Re-
gencia. Datos electorales, estadísticos y biográficos , Enrique
Rubinos, Madrid, 1886.
-TEBAR, Pedro E. y OLMEDO, José de, Las segundas Cortes
de la Restauración. Semblanzas parlamentarias, Imprenta de
M. G. Hernández, Madrid, 1879.
-ALVAREZ BOILLA, José, Crónica Contemporánea. Los dos
primeros años de la Regencia, Tipografía El Correo, Madrid,
1889.
-PRUGENT, Artemio, Los hombres de la Restauración,
Madrid, 1880.
-Estadística del personal y vicisitudes de las Cortes y de ios
ministerios de España . Apéndice29, Imp. de los hijos de J.
A. García, 1907.
20
Guía oficial de la Grandeza de España y Títulos del Reino.
(A.H.N.)
Revista "Hidalguía" (A.H.P.)
. Análisis del comportamiento político y del cuerpo electoral.
Censos electorales (A.D.P.)
Boletines Oficiales de la Provincia (A.D.P.)
Censos de población (A.D.E.)
Sección de Gobernación (A.H.N.)
Prensa: "El Diario de Huesca" (B.P. e Imprenta Martínez)
"La Crónica" (B.P.)
"La Derecha" (H.M.Z.)
"La Iberia" (H.M.M.)
"El Liberal" (H.M.M.)
"El Imparcial" (H.M.M.)
"La Época" (H.M.M.)
"El Globo" (H.M.M.)
"El Día" (H.M.M.)
"La Broma" (H.M.M.)
"La Revista de Huesca" (B.P.)
"El Ribagorzano" (A.D.P.Z.)
"El Heraldo de Aragón" (H.M.Z.)
"La Alianza Aragoncsa"(H.M.Z.)
"El Heraldo de Madrid" (H.M.M.)
"El Correo" (H.M.M.)
"El Correo de Zaragoza" (H.M.Z.)
. Estructura económica.
-Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio, Avance
Estadístico sobre el cultivo cereal y de leguminosas asociados en
España, Formado por la Junta Consultiva Agronómica 1890,
Quinquenio 1886-1890, ambos inclusive, tomo II.
-Ministerio de Fomento. Dirección General de Agricultura, Indus-
tria y Comercio, La ganadería en España. Avance sobre la riqueza
pecuaria en 1891, formado por la Junta Consultiva Agronómica
conforme a las memorias reglamentarias que en el citado año han
21
redactado los ingenieros del Servicio Agronómico, Madrid,1892,
5 vol.
-La crisis agrícola y pecuaria, Madrid, 1888,7 vol.
-Peticiones de arbitrios extraordinarios y perdones de contribucio-
nes para la provincia de Huesca (A.H.N.).
-Dictámenes y discursos de Joaquín Costa en los Congresos de
Agricultores y Ganaderos de 1880 1881,
y en Orígenes de la polí-
tica hidráulica: la polémica del cereal español en la crisisagraria de
los años 80, "Agricultura y Sociedad", ne 1(Madrid, 1976).
1.2. Tratamiento de las fuentes.
Para el estudio de los resultados electorales ha sido necesario recurrir
a diversas fuentes, que han sido detalladas en las páginas anteriores. La re-
construcción de los resultados de las elecciones de diputados se ha realiza-
do a través de las actas de escrutinio y de las credenciales de diputados con-
servadas en el archivo del Congreso, que aportan una información bastante
completa y homogénea hasta finales de siglo aproximadamente. Hacen
constar el número de electores por distrito, el número de votantes y los vo-
tos obtenidos por los diferentes candidatos, aunque bien es verdad que, a
partir de la década de los años noventa, la información es cada vez más de-
sigual; se limita en muchos casos a consignar exclusivamente el número de
votos obtenidos por el candidato electo. Para salvar estas deficiencias, se
rastrearon los Boletines Oficiales de la Provincia, presumiendo que éstos
recogerían en sus páginas los resultados electorales3, aunque la búsqueda
no resultó fructífera.
Los Diarios de Sesiones del Congreso, por su parte, poseen la venta-
ja de la fiabilidad oficial y de una completa información, ya que de 1891a
1931 detallan el número de electores, votantes, diputado elegido, número
de votos obtenidos por éste; pero los Diarios no recogen la existencia de
•* En estudios para oirás provincias, habían servido para completar o conirasiar los datos
electorales. Peto, en nuestro caso, la búsqueda no resultó fructífera en la medida en que se
esperaba. Los resultados electorales aparecían de forma dispersa y. en muchas ocasiones,
incompletos (fallaban por contabilizar secciones enteras de los distritos).
22
otros candidatos, ni los votos que éstos consiguieron; era imprescindible
determinar este aspecto, porque sólo de esta forma podríamosvalorar en su
justa medida el triunfo del diputado electo. Tratando de subsanar este vacío,
se recurrió a la prensa nacional y provincial y a los telegramas enviados por
el gobernador civil ai Ministro de la Gobernación4.
Para las elecciones de senadores, no hemos podido contabilizar los
votos por los que resultaron elegidos, ya que este tipo de documentación, a
diferencia de lo que ocurre para otras zonas del país, no se ha conservado
en el archivo del Congreso. A través de los Diarios de Sesiones del Sena-
do, de la prensa provincial y de los listados elaborados en el Ministerio de
la Gobernación pudo reconstruirse el cuadro de senadores altoaragoneses
para cada legislatura5.
El estudio de las campañas electorales planteó varios problemas, ya
que la prensa provincial ha quedado prácticamente reducida a tres periódi-
cos: "El Diario de Huesca" -órgano del posibilismo oséense hasta 1898 y a
partir de esa fecha liberal-, "La Crónica" -diario conservador de la capital-
y "El Ribagorzano" -órgano de la Liga de contribuyentes de la Ribagor-
za-b.
De enorme importancia es "El Diario de Huesca"7 , propiedad de uno
de los caciques más caracterizados de la provincia, imprescindible para co-
nocer la vida social y política del Altoaragón, y publicado desde el 16de
noviembre de 1875 hasta 1936. Principalmente, "El Diario de Huesca" nos
ha servido como reflejo de la evolución política e ideológica de dos de los
más importantes partidos de la provincia hasta bien entrado el siglo XX.
La falta de prensa provincial obligó a una consulta hemerográfica más
amplia, en el intento de obtener una visión más clara, partiendo de la con-
A.H.N., Gobernación. Serie A.
" En el archivo del Senado se hallan también los expedientes de los senadores y un tipo de
documentación acreditativa del nivel económico exigido para la capacitación a esc puesto.
Para conocer la relación de periódicos provinciales, pueden
ARCO,
consultarse
Ricardo
del, La prensa periódica en la provincia de Huesca, "Revista Argensola", 11 (Huesca,
1952), pp. 197-236; Fl-RNANOt-:/. CLEMENTE,
FORCADFU..
Eloy y Carlos, Hisioria de ia pren-
sa aragonesa. Guara, Zarago/a, 1979,
' De él se conserva la colección prácticamente completa, gracias al cuidado y esmero de la
familia Martínez, en la imprenta de la misma.
23
frontación de diferentes periódicos que han sido detallados cuando nos
hemos ocupado de las fuentes.
La información que proporcionaron los censos electorales, de con-
sulta obligatoria para el análisis del cuerpo electoral, ha sido muyútil,en la
medida en que aportaron una serie de datos que caracterizaban al electorado:
nivel de instrucción, nivel socioprofesional,.. A
Los datos de población se elaboraron a través de los censos de pobla-
ción9 y de los Boletines Oficiales de la Provincia; también se ha recurrido a
la obra de LU/.URIAGA10 y a los censos electorales para contabilizar el analfa-
betismo.
De enorme importancia ha sido la consulta de la sección de Goberna-
ción del Archivo Histórico Nacional, imprescindible para conocer el con-
texto de las elecciones y, concretamente, la correspondencia telegráfica en-
tre el Ministro de la Gobernación y los gobernadores civiles, en la que se
reflejan las instrucciones dadas a éstos y las quejas de algunos candidatos
ante abusos y manipulaciones de las autoridades locales.
En líneas generales, los mayores problemas han surgido por la falta
de ordenación y centralización de algunos archivos, por el reducido volu-
men de la prensa local y provincial llegada hasta nosotros, y por la difi-
cultad que plantea el análisis cualitativo de la élite política, debida a la dis-
persión y falta de homogeneidad de las fuentes. A pesar de todo esto, se
han podido reconstruir, prácticamente en su totalidad, los resultados elec-
torales y toda la maraña de amiguismos, favores, corrupciones, ... a través
de una documentación de inestimable valor, entre la que se hallan cartas y
telegramas de una riqueza increíble y una colección de protestas elevadas al
Congreso, que dibujan con mayor o menor precisión la otra cara, la cara no
oficial, de unas elecciones en las que poco importaba la opinión del cuerpo
« ' ' : '.—
0
La importancia de la información recogida en tos censos electorales llevó a plantearnos
la posibilidad de realizar una caracterización socio-profesional de la capital. El estudio
pro-
fesional podía darnos una serie de pautas para explicar la dirección delvoló.Lamentable-
mente, esle csiudio no pudo realizarse, ya que los Boletines Oficiales de la Provincia , a di-
ferencia de lo que ocurría para otras zonas del país, no detallaban los resultados electorales
de la capital por secciones, lo que impedía relacionar el voto mayoritario de un determinado
barrio con la ocupación más generalizada del mismo.
" Estos censos se hallan en la Delegación de Estadística de Huesca.
10
LUZURIAGA, L., El analfabetismo en España, I. Cosano, Madrid, 1919.
24
electoral. Y es precisamente en este sentido en el que esta investigación ha
resultado fructífera, a) no quedar reducida a la reconstrucción de unos re-
sultados electorales fabricados desde Gobernación, sino a desentrañar los
mecanismos de presión caciquil que las elecciones ponían en marcha. Por
otra parte, este estudio no se planteó sin salir de los límites del mismo, sino
que partía de una apoyatura historiográfica, de análisis similares realizados
para Castilla, Andalucía, Valencia, Galicia, Lérida, Cáceres, . . . u
Fundamentales para abordar el lema del caciquismo son los siguientes esludios: VÁRELA
ÜRTliGA, José, Los amigos políticos. Partidos, elecciones y caciquismo en la Restauración ,
Alianza. Madrid, 1977; TUSEI.I., Javier, Oligarquía y caciquismo en Andalucía, 1890-1923,
Planeta, Barcelona, 1976;
DURAN, José Antonio, Historia de caciques, bandos e ideologías
en la Galicia no urbana (Rianxo, 1910-1914), Siglo XXI. Madrid, 1972. Entre los análisis
de historia electoral de la Restauración que han cubierto otros espacios se hallan los si-
guientes: MERINERO, María Jesús, Comportamiento político de Cáceres, 1891-193} {Des-
movilización y dependencia). Institución Cultural "EL BRÓCENSE", YAN1.N1.
Cáceres,1980;
Alicia, El caciquisme, Inslitució Alfons el Magnanim, Valencia, 1984; [Link]-
nando, Elecciones legislativas en la provincia de Alicante durante la época de la Restaura-
ción (1875-1902), Instituí d'Estudis Alacamins, Alacaní, 1979; MiR, Conxila. Lleida
(1890-1936): Caciquisme polític i lluita electoral, Publicacions de L'Abadia de Montserrat,
Barcelona, 1985; AGUILO LUCIA, Luis, Sociología electoral valenciana 19031923: Las
elecciones de Valencia durante el reinado de Alfonso Xlíl, Cátedra de FadriqueFurió. Facul-
tad de Derecho, Valencia, GERMáN
1976;
ZUHERO, Luis, Elecciones y partidos políticos en
Aragón durante la 11 República. Estructura económica y comportamiento político. Institu-
ción Femando el Católico, Zaragoza, 1984; [Link], Joaquín, Elecciones y partidos políti-
cos en la provincia de Tarragona (18901936), 2vol., Publicacions de la Dipulació de Ta-
rragona, Tarragona, 1985; ROMERO, Carmelo, Soria, 1860-1936 (Aspectos demográficos,
socioeconómicos, culturales y políticos), 2 vol.. Diputación de Soria, Soria,
1981.
25
2. ESTRUCTURA SOCIO-ECONOMICA
«(...) Y en nuestro país ¿Qué se hace? ¿dónde están los
Bancos Agrícolas, las Asociaciones cooperativas, tas
Cajas Regionales, el crédito, y la ayuda ejicaz para el
agricultor?» ("El Diario de Huesca", 15-1V-1903),
2.1. Apuntes demográficos.
«La miseria cunde, la zozobra surge y una terrible carestía amenaza quin-
tar la población estante.
La emigración aumenta, y de las zonas bajas de la provincia se observa
que desde hace ocho días ha tomado grandes proporciones.
El precio del trigo se va poniendo imposible. No podrá ser consumido
más que por los ricos; es decir, por aquellos menos pobres. De pronto ha su-
bido una cuarta parte de su valor durante el invierno.
Dios nos proteja» 12 .
El panorama no puede dibujarse de forma más dramática. Esta era la
situación vista por los contemporáneos, grave y agudizada hasta tal extremo
que en la mente de muchos ya sólo cabía una encomendacion espiritual para
la solución de sus problemas. Ciertamente, la crisis finisecular sacudió de
forma brusca al sector primario, el de mayor y casi exclusivo peso dentro
de la economía altoaragonesa; pero la crisis tiene para nosotros un mayor
12
Situación de la provincia de Huesca por el periódico republicano zaragozano "La Dere-
cha" (2-V-1896).
27
interés desde el momento en que sirve para explicar y comprender las con-
diciones de atraso económico de la provincia. La crisis tuvo también su re-
flejo en una pérdida de población, que se fue acentuando hasta los albores
del siglo XX.
No hace falta observar con especial atención los cuadros demográfi-
cos de la provincia para confirmar el saldo negativo en las fechas que nos
ocupan. En solamente un año, de 1876 a 1877, la población altoaragonesa
desciende en cifras absolutas de forma considerable (de 263.230 habitantes
se pasa a 252.239); en el período intercensal, 1877-1887, se produce una
ligerísima recuperación, que, de otra parte, resulta prácticamente insignifi-
cante; no obstante, el descenso más brutal se produce entre 1887 y 1897,
en el que la provincia pierde 16.056 habitantes, aunque en este intercenso la
disminución demográfica más acusada se produzca desde el año1890.
Al entrar en el nuevo siglo, el contingente demográfico altoaragonés,
no sólo no había logrado mantenerse, sino que en téminos absolutos había
descendido: en 1900, la población de la provincia estaba muy por debajo de
los niveles en que se situaba a principios de la Restauración. Aunque entre
1900 y 1920 hubo una cierta recuperación, lo cierto es que el saldo respecto
a 1876 seguía siendo negativo.
Evolución de la población provincial.
1876 263.230
1877 252.239
1887 255.137
1890 260.306
1897 239.081
1900 244.867
1910 248.257
1920 250.508
1933 242.958
28
Entre 1887 y 1897, Huesca es la provincia aragonesa que más pobla-
ción pierde (más de 16.0ÍX) habitantes) frente a saldos negativos menores
de Zaragoza y Teruel (1.811 y 7.817, respectivamente)13. Dentro del con-
junto altoaragonés, las zonas más afectadas por el descenso de población,
en el período que va de 1876 a 1910, fueron Barbastro, Benabarre y Bolta-
ña, que decrecieron un 8'05%, un 18'10% y un 13'27% respectivamente.
El resto de los partidos judiciales tuvo un crecimiento positivo, aunque no
muy importante. Entre 1876 y 1910, la provincia perdió 14.973 habitantes,
lo que suponía un descenso real de un 5'68%; no obstante, el saldo más ne-
gativo del período se produjo entre 1887 y 1897, con una pérdida de más
de 16.000 habitantes, como ya apuntamos anteriormente. Este decrecimien-
to se acentuó, con ligeras oscilaciones, a medida que avanzaba el siglo XX,
constituyendo una de las características de la evolución demográfica del
Altoaragón hasta nuestros días.
Población de la provincia por partidos jiuliciales.
1877 1887 1900 1910 Cree real
Barbastro 33.590 34.728 31.583 30.885 -8'05
Benabarre 29.078 27.566 24.176 23.812 -18"10
Roltaña 31.337 30.389 27.872 27.176 -13'27
Fraga 26.256 26.691 27.187 28.812 8'87
Huesca 47.735 51.501 50.590 49.917 4'37
Jaca 36.213 36.834 36.359 37.170 2'57
Sariñena 24.400 24.701 24.386 25.338 3'70
Tamarite 23.630 22.718 22.714 25.147 6'03
-Fucnie: censos de población (Delegación de Esladíslica).
Una alta tasa de mortalidad, superior a la media nacional entre 1878y
1900, y un saldo migratorio negativo condicionaron directamente el descen-
so de población.
" FORCADlil.L, Carlos, La crisis agrícola y pecuaria de finales del siglo XIX. La provincia
de Huesca en la Información escrita de IR87, "Revisia Argcnsola", 92 (Huesca, 1986), pp.
279-301.
29
Sin duda, el gran problema de la provincia altoaragonesa era la emi-
gración; una emigración condicionada, en última instancia, por una fuerte
crisis agraria a la que no se pudo responder con una verdadera transforma-
ción de las estructuras económicas; ello conllevó un proceso de proletariza-
ción y una importante pérdida de población, que puede hacerse extensiva al
territorio aragonés para los años finales del XLX y primeros del XX 14 . Para
Ramón Lacadena Laguna, diputado por Boltaña, la razón de la miseria que
"conduce á familias enteras á Francia y á otros puntos de la Península" se
hallaba en la "crisis gravísima" que atravesaba la provincia15; otro diputa-
do, Félix Coll Moncasi, exponía en el Congreso "los caracteres alarmantes"
de una emigración que afectaba, no sólo a los braceros, como antaño, sino
a las familias de éstos16.
Son corrientes en la prensa las alusiones a la critica y aflictiva situa-
ción que Huesca atravesó desde fecha temprana, y que originó una fuerte
emigración. Desde "El Diario de Huesca" se elevaron continuas protestas
por el "constante olvido" al que se veía sometida la provincia, en particular,
y la región aragonesa, en general, siendo frecuentes las descripciones de la
miseria y desolación sufridas, que curiosamente ya en 1876 se achacaban a
la falta de protección para los productos agrarios 17 . Entre las causas más
directas de la crisis, se apuntaban la competencia de los trigos extranjeros,
que inundaron los mercados con sus bajos precios; los altos costes de pro-
ducción mantenidos por la agricultura altoaragonesa; la falta de moderniza-
ción y mecanización en el campo, ... 18 . La crítica situación y el proceso de
proletarización originaron un importante flujo de población que se decidía a
abandonar su tierra encaminándose a Francia y a Argelia,aunque a partir de
la década de los años ochenta también lo hizo a América. En 1883,el perió-
dico de Camo comentaba:
14
Según las elaboraciones de Luis GERMÁN, cnire 1878 y 1900 Huesca luvo un saldo mi-
gratorio negativo que alcanzó el 5'6%, frenic a saldos también negativos, aunque menores,
de Teruel (-3"7%) y Zaragoza (-2'5%). Huesca fue, en este período, la única provincia arago-
nesa con un incremento real negativo, aunque bien es verdad que el crecimiento en las otras
dos provincias fue prácticamente insignificante,
15
D . S . C . legislatura 1879-1880, pp. 1165-1166.
16
D.S.C. legislatura 1881-1882. pp. 3475-3476.
17
"El Diario de Huesca". 4-V1I-1876.
18
"El Diario de Huesca". 3-VTII-1876.
30
«(...) la emigración antes era aterradora pero ahora aún es peor porque si an-
tes los españoles emigraban a Francia siempre regresaban. Pero ahora no es
así por la emigración a América»19.
El mismo Costa, tan preocupado por la regeneración y por los pro-
blemas de la crisis finisecular y sus consecuencias, exponía en
1893:
«No hace aún nóvenla años sostuvo Aragón un duelo a muerte para no
ser gobernada por fraceses y ahora tiene que enviar a sus hijos a Francia y
Argelia, porque allí (...) hay trabajo, y hay trabajo porque ha tenido gober-
nantes: 300.000 españoles hay en Argelia al amparo de la bandera francesa;
800.000 españoles hay al otro lado del Pirineo y el Alto Aragón contribuye
como ninguna otra provincia»20.
Estos son unos de los muchos testimonios de unas circunstancias y
una realidad críticas de una provincia de estructura fundamentalmente agra-
ria en el contexto de la crisis finisecular, y de una población que, en mu-
chas ocasiones, no tiene más remedio que inclinarse por la emigración en
busca de su propia subsistencia.
La estructura económica condicionaba también, de otro lado, el grado
de alfabetización de la población provincial. En 1887, de una población to-
tal de 252.239, no sabían leer ni escribir 192.632 personas, lo que supone
un índice de analfabetismo de un 76'36%, cifra que se sitúa por encima de
la media nacional, que, en ese momento, se hallaba en torno al 72%.
Evolución del analfabetismo en Huesca™
1877 76'36%
1887 67'91%
1900 57'94%
1910 57"14%
ly
"El Diario de Huesca". 29X1-1883.
20
A.H.P., Costa, leg. 106. n° 10.
21
LUZURIAGA, L . El analfabetismo en España, J. Cosano,
2*ed.. Madrid. 1926.
31
Como puede observarse, la disminución del analfabetismo es progre-
siva en los años finales del siglo XIX, aunque sufre un estancamiento en la
primera década del siglo XX. Pero estas cifras no son significativas si no
se comparan con la alfabetización nacional y aragonesa. Por loque a las
provincias aragonesas se refiere, Huesca se situaba en un nivel intermedio
entre Zaragoza, la más alfabetizada, y Teruel, la menos alfabetizada. Ade-
más, mientras los porcentajes de analfabetismo se iban reduciendo en Zara-
goza y Huesca en los últimos años del XIX y primeros del XX, en Teruel
se mantenían prácticamente estancados. De otro lado, la provincia de Hues-
ca, por encima de la media nacional en 1877,como ya hemos apuntado, de
1887 a 1910 se sitúa por debajo de la misma, hecho que no se da en ningu-
na de las otras dos provincias, a excepción de Zaragoza en1887.
Si consideramos el marco aragonés en su conjunto, el analfabetismo
se sitúa en niveles similares a la media nacional, en1887,y en superiores a
la misma, a principios del XX (61'60% frente al59*35% nacional, en
1910). Por esas fechas, las regiones situadas por encima de la media eran,
en orden creciente, las siguientes: Aragón, Galicia, Extremadura, Baleares,
Valencia, Andalucía, Canarias y Murcia22.
Evolución del analfabetismo en las provincia'! aragonesas.
Huesca Teruel Zaragoza España Aragón
1877 76*36 -- - 72'01
1887 67'91 69*83 64'64 68'01 67'46
1900 57'94 69*26 65'62 63*78 64*27
1910 57*14 6725 60*44 59*35 61'60
22
LUZURIAOA. L., op. cit.. p. 44: Aragón. 61"60%; Galicia. 65'54%: Extremadura,
6771%; Baleares. 67'64%; Valencia.7011%; Andalucía,7l'95%; Canarias.74'30%; Mur-
cia. 74'83%.
32
í^23
Evolución del analfabetismo en España
Años Habitantes Analfabetos Porcentaje
1860 15.673.481 11.837.397 75'52
1877 16.634.345 11.978.168 72'0i
1887 17.565.632 11.945.871 68'01
1900 18.618.086 11.874.890 6378
1910 19.995.686 11.867.455 59'35
índice de analfabetismo de la provincia de Huesca. 1900.
Hombres Mujeres Total
Prov. Capital Prov, Capital Prov. Capital
Sólo leer 3*3 3'2 4 6 3'6 4'7
Leer y escribir 45'8 63 31'2 44'9 34'5 53'3
No saben 50'9 33'8 64'8 49'1 61'9 42
-Elaboración propia.
índice de analfabetismo de la provincia de Huesca. 1910.
Hombres Mujeres Total
Prov. Capital Prov. Capital Prov. Capital
Sólo leer 3'2 4'1 3'9 6'9 35 5'6
Leer y escribir 49'1 667 29'5 50*6 39'5 58'0
No saben 477 29'2 66'6 42'5 57 36'4
-Elaboración propia.
Considerados globalmente, los datos demuestran que se produce un
descenso del analfabetismo, tanto en la provincia como en lacapital, pero,
IX Ibídcm. pp. 44-45.
33
aun así, según PéREZ GALáN 2 4 , Huesca se hallaba siete puntos por encima
de la media española en 1910, al igual que regiones como Galicia, Extrema-
dura, Andalucía,.... en las que los índices de instrucción eran todavía más
bajos, por lo que no es difícil comprender la importancia que pudo adquirir
el caciquismo político en unas zonas económica, demográfica y cultural-
mente atrasadas.
2.2. Huesca ante la crisis finisecular.
El análisis histórico de la provincia de Huesca en el último cuarto del
siglo XIX es fundamental para entender y explicar nuestro propio presente,
ya que, en ese momento, se acentúan las condiciones de atraso económico
con las que se entra en el siglo XX y el desequilibrio en el marco regional,
con el creciente peso de la economía zaragozana respecto a la de las otras
dos provincias aragonesas. Hablar de los anos finales del pasado siglo su-
pone inevitablemente analizar los efectos y causas de la crisis agraria, que,
de otro lado, es necesario situar en un marco más amplio que el propiamen-
te nacional o regional25.
Los países europeos conocieron en la década de los años 70-80 una
progresiva interrupción de la fase expansiva de los años 1830-1840,la cual
había traído consigo un aumento de producción, un incremento de los ren-
dimientos y el desarrollo del capitalismo en el campo. Esta coyuntura, que
suponía precios agrícolas altos, parece romperse a la altura de la década de
los 70, al producirse una tendencia descendente en los precios agrarios, en
los beneficios empresariales y rentas, una desvalorización de la tierra,...
Pero, ¿cuál o cuáles eran las causas que originaron y determinaron el
paso de una fase expansiva a otra depresiva? Para GARRABOU, la crisis sólo
puede ser entendida y comprendida en su verdadera dimensión en el marco
del desarrollo del capitalismo y de la cristalización de un mercado mundial
de productos agrarios26. Los cereales y productos ganaderos procedentes
de espacios de ultramar invadieron progresivamente a precios bajos los
24
De Pérez Galán, citado
[Link],
en M* I . op. cit., p. 56.
25
GARRABOU, Ramón. Historia agraria de la España contemporánea. Expansión y crisis
(1850-1900). Ed. Ramón Garrabou y Jesús Sanz. Crítica. Barcelona, 1985.
26
GARRABOU, Ramón. La crisi agraria espanyola defináis del segle XIX: una etapa del
desenvolupamenl del capitalisme, "Recerques". 5 (Barcelona, 1975).
34
mercados de los países europeos. A pesar de lo que opinaron algunos con-
temporáneos, la superioridad agrícola y ganadera de estas zonas no podía
ser explicada por la fertilidad del suelo, sino porque éste era un bien prác-
ticamente ilimitado, y porque el agricultor, cultivador de la tierra, no estaba
sometido a la presión de las rentas, lo que originó unos costes de pro-
ducción inferiores a los europeos; aunque bien es verdad que había dos paí-
ses que escapaban a este esquema: India y Rusia (en ellos, el bajo coste se
consiguió sobre todo a base de una sobreexplotación del campesinado).
Junto a todo esto se hallaban, además, las ventajas derivadas de la re-
volución de los transpones, con la aplicación del vapor y la reducción del
precio de los fletes. El crecimiento de la oferta y los bajos costes conlleva-
ron una crisis de sobreproducción que provocó la caída de los precios agra-
rios de los países metropolitanos. Pero la crisis no se reflejó sólo en el des-
censo de los precios; también tuvo importantes consecuencias sociales, al
desencadenar un proceso de prole tarización, con el endeudamiento y la pér-
dida de la propiedad por parte del campesinado, lo que intensificó el éxodo
rural.
La salida de la crisis requería la apuesta por una serie de transforma-
ciones profundas, pero las respuestas a la misma no fueron iguales en
todos los países. Unos se inclinaron por el desarrollo de una agricultura
competitiva, manteniendo la libertad de comercio (casos de Gran Bretaña,
Países Bajos y Dinamarca), y otros lo hicieron por el arancel, aquéllos en
que los propietarios, al controlar el aparato del Estado, acabaron imponien-
do y elevando barreras arancelarias (casos de España y Alemania). Sobra
decir que el proteccionismo condujo a un encarecimiento de los precios de
los productos en el interior, además de hacer persistir los obstáculos al de-
sarrollo del capitalismo. En España, los altos aranceles consiguieron mante-
ner el nivel de las rentas y de los beneficios, pero no constituyeron un me-
canismo útil de modernización del sector agrario.
En la España finisecular, la fase depresiva vino a poner de relieve h
debilidad estructural de una agricultura que, tras la reforma agraria liberal,
había conseguido mantener sus niveles gracias a la conjunción de salarios
bajos y precios altos27, e incidió sobre todo en el sector primario, actuando
** FONTANA, Joscp. Cambio económico y actitudes políticas en la España del siglo XIX ,
Ariel, Barcelona. 1975, p. 185.
35
de forma casi exclusiva en espacios de la España interior, como Castilla y
Aragón, que prácticamente habían quedado al margen del tímido proceso de
industrialización.
En Aragón, la estructrura agraria del siglo XIX tenía las siguientes
características28: una base cerealista con una superficie de cultivo que supo-
nía el 80% del total aragonés; una agricultura de tipo tradicional, de bajos
rendimientos y bruscas oscilaciones productivas, en la que el peso del rega-
dío era escaso y centrado, además, en el cereal, con muy poca utilización de
abonos naturales y ausencia casi total de abonos químicos; el sistema de
cultivo predominante era el de año y vez, y dependía así de modo sustancial
de las condiciones meteorológicas, con la consiguiente disparidad en el ren-
dimiento de las cosechas; por último, una producción dirigida fundamental-
mente al mercado catalán.
A lo largo del siglo XIX, se produjo en Aragón un desajuste entre la
producción de trigo y la población, a favor de la primera, de manera que se
acumuló un excedente de cereal, canalizado preferentemente hacia Cataluña;
pero, hacia el último tercio del siglo, la producción aragonesa entró en com-
petencia con los trigos castellanos, más favorecidos oficialmente, dejando a
Aragón en general, y a Huesca en particular, peligrosamente relegados. Es-
te revés se acentuó aún más con la masiva entrada de trigos extranjeros, que
acabó de estrangular las salidas de los cereales aragoneses.
A estas características hay que añadir dos más: una estructura de la
propiedad agraria con predominio claro de la pequeña e ínfima propiedad, y
la explotación y especialización ganadera lanar, que suponía entonces el
11% del total español.
Para el análisis del impacto que la crisis produjo en Huesca contamos
con abundantes testimonios de la época, entre los que cabe resaltar La Ca-
sis agrícola y pecuaria2**, que consta de siete tomos correspondientes a una
encuesta planteada por la Administración con el objeto de estudiar la situa-
ción del sector primario. La encuesta comprendía 130 preguntas relativas a
28
GERMÁN [Link], Luis, La crisis finisecular en la agricultura interior: el caso de Aragón
(artículo pendiente de publicación).
La crisis agrícola y pecuaria, 7 lomos, Madrid, 1888.
36
las causas generales que influían en el estado de la agricultura y de las in-
dustrias relacionadas con ella:
a) cereales y legumbres;
b) vinos y alcoholes;
c) aceites y otros productos agrícolas,
y d) ganadería.
Los siete tomos recogen las contestaciones de particulares o entidades
tales como Ayuntamientos, Cámaras de Comercio, Diputaciones y son
de inestimable valor porque nos informan de cómo veían y analizaban los
contemporáneos la propia crisis. Curiosamente, dentro del territorio arago-
nés, la provincia que más informaciones y respuestas envió fue lade Hues-
ca, hecho indicador de la incidencia de la crisis en la misma, especialmente
en su zona central y meridional30.
La depresión, a la altura de 1887, era descrita por la Comisión Pro-
vincial de Agricultura, Industria y Comercio de Huesca en los siguientes
términos:
«La miseria más espantosa se cierne sobre una gran parte de la provincia
y si pronto no llega un remedio eficaz, lo mis feraz de la misma será lo más
inculto, y no se encuentra muy lejano el día en que lo que en tiempos fuera
abundante granero quede convertido en páramo desierto, del que hayan huido
los moradores que constituyeron su población activa y numerosa» 31 .
La incidencia de la crisis se manifestó de forma más aguda en la pro-
vincia de Huesca que en Zaragoza y Teruel, debido a la importancia delce-
real respecto a otros cultivos, y por su dependencia de los mercados levan-
tinos y catalanes32, a los que tradicionalmente se enviaban los frutos de
30
FORCADELL,Carlos. La crisis agrícola y pecuaria ...
Jl
La crisis agrícola y pecuaria, tomo I. Contestación de la Comisión Provincial de Agri-
cultura, Industria y Comercio de Huesca.
i ¿
FORCADELL, Carlos, La crisis agrícola y pecuaria. La provincia de Teruel en la Informa-
ción escrita de ¡887, en Encuentros sobre Historia contemporánea de las tierras lurolenses.
Actas. Instituto de Estudios Turolcnses, Teruel, 1986.
37
dicho producto. La competencia del cereal extraeuropeo, que acabó acapa-
rando, por sus bajos precios, los mercados periféricos, originó un descen-
so constante de los precios, al tiempo que se mantenían altos costes de pro-
ducción, cuya consecuencia inmediata fue la reducción de los beneficios
agrícolas y de la propia rentabilidad de la tierra. En 1884, el corresponsal
de "El Diario de Huesca" en Sariñena aludía a una "paralización completa
(...) en nuestros mercados de trigos, pocos años há tan concurridos por los
comerciantes de granos de Cataluña y por aquellos industriales tan solici-
tados".
La mayor parte de los informantes de Huesca de La Crisis agrícola y
pecuaria coincidían en las causas: de un lado, las pérdidas y disminuciones
de cosechas por la acción de elementos físicos, entre los que jugó un papel
primordial la sequía, que impidió satisfacer las necesidades agrícolas; de
otro, la competencia de trigos y granos extranjeros, que privaron a la pro-
vincia de su mercado tradicional, el catalán; de ahí que los orígenes de un
cierto anticatalanismo se hallen en relación con esta situación, muy con-
creta, producida a finales del siglo XIX. Ciertamente, Barcelona se convir-
tió en el primer puerto exportador de cereal y harina; el trigo extranjero lle-
gaba más fácilmente por mar y más barato, y eso produjo una inversión de
los flujos comerciales tradicionales, ya que los catalanes empezaron a ven-
der trigo y harina a aquellas zonas que antes lo producían en el interior.
Junto a estos dos factores, los informantes veían también como principal
causa de la crisis el sistema de tributación, que hacía caer a la agricultura en
manos de la usura. El Ayuntamiento de Granen ilustraba así la situación:
«El 95 por 100 de los propicíanos y cultivadores de esla región licnen
que acudir al préstamo casi lodos los años, pagando intereses desde el 8 al
25 por 100 de pequeñas sumas con pagarés vencederos en el mes de agosto,
y de sumas considerables con escrituras de préstamo con hipoteca, y gene-
ralmente, con ventas con pacto de retro, de mucho más valor, por término de
dos á cuatro años» 33 .
También Mariano Corullas, vecino de Fraga, pensaba en el fisco co-
mo uno de los factores que tornaban más grave y precaria la situación del
agricultor, ya que "absorbe en algunas comarcas, como ésta, no al 25 sino
33
La crisis aerícola y pecuaria, tomo I, pp. 131-135.
38
al 75 por 100 el líquido imponible con que figuran amillaradas las fincas en
el catastro (..,)" 34 .
La miseria de la población agrícola y el endeudamiento progresivo de
la misma originaron una importante emigración, que ya comentamos en su
momento; la presión fiscal y el carácter generalizado de la crisis obligaron a
la solicitud de moratorias en el pago de contribuciones, que precisamente en
1887 adquirió dimensiones desconocidas35. Veamos una de estas peticio-
nes, la del pueblo de Pueyo de Santa Cruz, de caracteres verdaderamente
dramáticos, dirigida al Ministro de Gobernación:
«Excmo. Sr.:
El Ayuntamiento de Pueyo de Santa Cruz de la provincia de Huesca recu-
rre respetuosamente a V.E. exponiendo que hace tres años por efecto de las
suecsibas pérdidas de cosechas y la absoluta y dolorosísima falla de todo ele-
mento de producción y de toda clase de medios de trabajo, el vecindario que
representa se halla como muchos otros de la parte baja de la provincia atra-
vesando la más terrible de las crisis, pues no bastan los sentimientos de la
más acrisolada y cristiana resignación ni sus hábitos de sobriedad y tem-
planza para conllevar la orrible pesadumbre de sus inmensas desdichas, inso-
portables cuando se carece hasta de los recursos más indispensables para
atender á las necesidades de la vida y á la subsistencia diaria del individuo.
Aquí Excmo. Sr. lodo es desolación, llanto y ruina, y cuando empezába-
mos un relativo (no se lee) á nuestras aflicciones económicas con el proyec-
to de Ley de Perdón de contribuciones, presentado en el Congreso de los
Diputados por los representantes de la provincia, vimos con dolorosa sor-
presa que en la relación de pueblos á fabor de los que se proponía la conce-
sión de aquella gracia, no aparece este de Pueyo de Santa Cruz, que es indu-
dablemente por su misérrimo estado uno de los más merecedores de la pro-
tección y auxilio tutelares del Parlamento y del Gobierno.
Fundado el Ayuntamiento que suscribe en las precedentes consideracio-
nes, apela á la rectitud y á la hidalguía de V.E. en súplica:
Primero: que se digne concederle del fondo de calamidades públicas, re-
cursos metálicos conque subvenir al socorro y alimentación de las clases
pobres.
Y segundo que se digne V.E. significar á la Comisión del Congreso de
los Diputados que ha de dictaminar sobre el proyecto de Ley de perdón de un
semestre de contribuciones á los pueblos de la provincia de Huesca máscas-
ligados por la sequía y las inclemencias atmosféricas, la procedencia de que
alcance dicho beneficio al de Pueyo de Santa Cruz. Cuyas peticiones por la
justicia en que se informan, confía el Ayuntamiento reclamante que hallaran
venévola acogida en el íntegro y bondadoso corazón de V.E.
Pueyo de Santa Cruz. 22 de julio de 1887» 36 .
34
Ibídem, pp. 147-149.
• " En el A.H.N. se conserva importante documentación de gran parle de la provincia, en la
que se piden arbitrios extraordinarios, acentuándose c incrementándose el número de peti-
ciones a partir de los años finales de la década de los 80 y principios de la de los 90.
36
A.H.N.. Gobernación, leg. 1367 (2).
39
La crisis, aunque acentuada en el sector del cereal, afectó tarde o tem-
prano al resto de los productos agrarios, a lasjudías, al aceite, al vino (cu-
yo cultivo había intentado compensar la reducción del cultivo cereal). Este
último entró en crisis hacia finales del siglo, primero por la recuperación de
la producción vitivinícola francesa, con lo que el mercado francés comenzó
a limitarse para los caldos altoaragoneses, y segundo, por la llegada de la
filoxera a Aragón.
Noticias de finales de 1898 aludían ya a la intransigencia de los pro-
teccionistas franceses, que amenazaban el comercio de vinos de la provincia
con nuevos aranceles, que, unidos a la depreciación de la moneda, bajarían
el volumen de comercio en aquel país. Como solución, se aportaba la bús-
queda de nuevos mercados:
«... Cataluña es un buen mercado y convendría enlabiar con dicha región re-
laciones comerciales, ya que sus puertos son de gran tráfico, sobre todo el de
Barcelona...» 37 .
La crisis vinícola fue contemplada por los contemporáneos como pro-
ducto de dos causas fundamentales: una, la recuperación de los vinos fran-
ceses, que dio pie a que el Gobierno galo marcara unos aranceles prohibi-
tivos para los caldos españoles38, y otra, el retraso tradicional del agro es-
pañol en cuanto a progreso técnico (procesos de elaboración anticuados,
adulteración de los caldos), y, en última instancia, una gran falta de com-
petitividad ante vinos de peor calidad procedentes de Argelia, Italia y Por-
tugal.
Las respuestas a esta crisis vinícola apuntaron fundamentalmente en
dos direcciones: una mejora en las transformaciones técnicas, que elevara la
calidad en la elaboración y selección de los vinos; y un cambio radical de
mercado, desarrollando el nacional, que en aquellos momentos se hallaba
sin explotar, entre otras razones, por una inadecuada política de comercia-
lización, causa de la mala colocación de los vinos. Los contemporáneos
creían que había tres formas de enderezar esta situación: reformar la tarifa
de transportes, pues, debido a su alto coste, perjudicaba la circulación de
los vinos; hacer desaparecer a los intermediarios, puesto que imponían sus
37
"El Diario de Huesca", 15-IX-1898.
38
GERMÁN ZUBERO, Luis. La crisis finisecular ... (pendiente de publicación).
40
tarifas a productores y consumidores; y una nueva reglamentación de tarifas
de vinos, con el fin de evitar la depreciación de los caldos.
En general, se tenía conciencia de que a principios de siglo el negocio
del vino estaba en franco retroceso. La época floreciente, desde mediados
de la década de los 80 hasta 1895, trajo consigo un incremento de la exten-
sión del viñedo, realizado de forma desordenada y arbitraria, descuidando
aspectos esenciales, como la búsqueda de nuevos mercados internaciona-
les, una buena red de distribución y comercialización y la inversión de capi-
tal en nuevas técnicas agrícolas:
«... el milagro de nuestra exportación á Francia cuando esa nación perdió sus
viñedos por causa de la filoxera no se repetirá. Entonces no supimos emplear
las iniciativas sino para aumentar la producción, haciendo plantaciones in-
consideradas, porque el aumento satisfacía todas las momentáneas aspiracio-
nes de nuestra ambición limitadísima, y para nada tuvimos en cuenta que esc
aumento debía venir acompañado de una prudente y necesaria transformación
de las elaboraciones» 1 '.
Si, en líneas generales, existe un fondo común en las causas que, con
mayor o menor lucidez, apuntan los informantes, también establecen simi-
lares remedios, entre los que destacan el reparto equitativo de la tributación,
el fomento del crédito agrícola, la imposición de trabas a los alcoholes in-
dustriales, la construcción de canales y pantanos, así como de la línea férrea
de Canfranc, y, de forma más o menos generalizada y coincidente, la eleva-
ción de los derechos arancelarios.
No obstante, aunque algunos (como Federico Peyro, Ingeniero Jefe
de Obras Públicas de la provincia, o como la Comisión Provincial de Agri-
cultura, Industria y Comercio) pongan especial énfasis en la petición y exi-
gencia de una acertada política de riegos, gran parte de los informantes
hacen caso omiso del tema de los regadíos. Lo mismo ocurre con el pro-
blema de las transformaciones técnicas, ignoradas en gran medida por los
informantes oscenses. El remedio, el gran remedio, para la mayoría de los
contemporáneos pasaba por el establecimiento de una protección aduanera
que impidiera o frenara la entrada masiva de productos agrarios en un país
en el que la mayor parte de la población vivía de una u otra manera de la
tierra.
39
"El Diario de Huesca". 22-VIII-1901.
41
Sólo los analistas más lúcidos se percataban de que el único camino
estaba en la vía de creación de una agricultura competitiva, en un verdadero
cambio y en una seria transformación de la estructura de la propiedad de la
tierra, aunque la respuesta más generalizada sea la del proteccionismo. Esta
es la vía que precisamente adopta la España de la Restauración, que se re-
fuerza en el primer tercio del siglo XX 40 , y que se caracteriza, en nuestro
país, por su enorme grado de intensidad y porque no responde tanto a una
idea económica central como a una serie de intereses que en un momento
determinado tienen fuerza suficiente para forzar un proteccionismo exacer-
bado.
Uno de los analistas más lúcidos fue precisamente Joaquín Costa,
que ya en 1880 achacaba el lamentable estado de la agricultura al "artificial
y violento" cultivo del trigo, lo que le llevó a afirmar que "cada grano de
trigo le cuesta (al labrador) una gota de sudor, cada bocado de pan, una go-
ta de sangre"41. Costa abogaba por la sustitución de éste por otros culti-
vos, consciente además de la magnitud e importancia de la competencia del
trigo americano y ruso, con costes de producción favorecidos por la fertili-
dad del suelo, la baratura de la tierra y de los transportes, la modicidad de
los impuestos, el fácil crédito agrícola, la introducción de maquinaria en los
trabajos del campo en América, o la sobreexplotación del campesinado en
Rusia. Para Costa, que procedía del campo y de una provincia principal-
mente cerealícola, el coste social que conllevaba la crisis y el "ruinosísimo"
cultivo del cereal era verdaderamente dramático. La pobreza y la miseria,
cuyo origen se hallaba en las "espigas malditas", habían conseguido alcan-
zar a la mayor parte del campesinado, que sufría de forma directa la crisis
agraria:
«¿Qué mejor estadística quiere S.S. que esos cuerpos demacrados, maci-
lentos, cubiertos de harapos y de inmundicia, procesiones de espectros que
desfilan tristemente por los encendidos campos de la Península, manadas de
siervos del fisco y del terruño, que arrastran una vida peor que la de las bes-
tias, amargo contraste de la que pintaban en sus falsos y artificiosos versos
los ¿mulos de Virgilio y Garcilaso?. En aquellos rostios de indefinida color.
40
GARCíADELGADO. J.L., La economía española entre ¡900 y 1923 LARA.
, en TuSON de
M. (dir). Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo ¡834-1923, tomo VIII de la
Historia ae España, Labor, Barcelona,
GARCíA
[Link], J.L., De la protección aran-
celaria al corporativismo,
GARCíA
en DELGADO, J.L.(ed.), España ¡898-¡936. Estructuras y
cambio. Universidad Complutense, Madrid, 19&4.
41
V. Dictámenes y discursos de Joaquín Costa en ios Congresos de Agricultores y Gana-
deros de ¡880 y ¡881, en Orígenes de la política hidráulica: la polémica del cereal español
en la crisis agraria de los años 80, "Agricultura y sociedad", 1 (Madrid, 1976), p. 297 y ss.
42
surcados por el hambre, en esa lamentable agonía de treinta años (porque no
es vida la que viven nuestros labradores) ¿no lee clarísimamente S.S, los
tristes, los funestos, los desastrosísimos efectos del cultivo del trigo?» 42 .
Los productos altoaragoneses, al contrario, acabaron pidiendo el
arancel desde distintos puntos de la provincia, argumentando que se trataba
de "un asunto de vida o de muerte para comarcas extensísimas y feraces,
productoras exclusivamente de trigo como Monegros y Litera"43. En defen-
sa de la agricultura, los Ayuntamientos y hacendados de la comarca y de la
capital reclamaron medidas del Gobierno que evitaran la depreciación de los
trigos nacionales.
Huesca, en particular, y Aragón, en general, al no introducir transfor-
maciones en sus sistemas productivos, vieron disminuir su producto agra-
rio y su peso en relación con la media española, aunque dentro del marco
regional no es posible establecer una generalización, ya que Zaragoza se
mantuvo o alcanzó un crecimiento similar al medio español, mientras Hues-
ca y Teruel estancaron su producción agraria, situación que se hizo extensi-
ble al primer tercio del siglo XX44. Recordemos que los sistemas de cultivo
más generalizados a fines de siglo en el Altoaragón eran los extensivos, ya
fuera en secano o en regadío; por su parte, los sistemas intensivos se daban
en pocos casos y sólo en regadío, no en secano. La zona cerealística por
excelencia era la zona meridional, mientras en la central se asociaban cereal,
vid y olivo. Es más, en Huesca, durante los primeros treinta años del siglo
XX, se produjo un escaso aumento del suelo agrícola cultivado, aunque lo
más significativo se relaciona con los cambios surgidos en el uso del suelo,
al aumentar notablemente la superficie dedicada al cultivo del trigo y redu-
cirse la de cultivos intensivos. Nada más lejos de la transformación que
Costa esperaba para el campo. A la contra, Zaragoza pudo desarrollar el
cultivo del cereal en terrenos marginales de secano, y reducirlo, o incluso
sustituirlo, por otros cultivos más productivos en regadío.
El atraso económico de la provincia en el siglo XX y su pérdida de
peso tienen su más inmediato antecedente y punto de arranque en los años
42
Orígenes de la política hidráulica .... p. 298.
43
"El Diario de Huesca", 3 IV-1899.
44
GERMÁN ZUBERO. Luis. Uso del suelo y producción agraria en Aragón durante el primer
tercio del siglo XX, III Congreso de Historia Económica. Segovia, 1985. Pendiente de pu-
blicación en la "Revista de Historia Económica".
43
finales del XIX, De ahí la enorme importancia que conllevan para nuestro
propio presente el estudio, análisis e interpretación de la Huesca finise-
cular 45.
2.3. Las respuestas a la crisis: expectativas de renovación.
Las expectativas de renovación surgieron en el Altoaragón, aunque
aisladamente, desde fecha muy temprana. Joaquín Costa, ya en la década
de los ochenta, escribió un artículo, no publicado hasta después de su
muerte, titulado El Porvenir del Alto Aragón46, en el que exponía lo que
consideraba necesario para el fomento y bienestar de la provincia; el porve-
nir de Huesca se hallaba en el desarrollo de los intereses agrícolas, en la in-
dustria "(••-) que en esta provincia, (...) podrá establecerse bajo múltiples
aspectos, (...) merced a la abundancia de ciertas materias primas y la bara-
tura de los motores"47. El Canal de Tamarite jugaría un importante papel en
este proyecto, porque, gracias a la fuerza hidráulica que proporcionaría, las
harineras tendrían un puesto destacado en la economía provincial, así como
las fábricas de tejidos de lanas, cáñamos y sedas. La producción de carnes,
aceites y vinos también se contemplaba:
«(...) Yo aconsejaría a los agricultores de la parte alta de la provincia que
ensayaran el cultivo de la colza, y a los del mediodía el cacahuct. Estas semi-
llas serán requeridas porque dan un aceite comestible cuando es reciente, y
que tiene igual vator que el de oliva para los usos industriales a que se desti-
na (...)» 48 .
Desde "El Diario de Huesca" se hablaba del crédito agrícola como re-
curso para no caer en manos de usureros y no pagar intereses exorbitantes,
al tiempo que podría servirle al agricultor de "Caja de Ahorros para econo-
mías a costa de privaciones realizadas (...)" 49 . También se hacía referencia
a otra serie de iniciativas para que el Altoaragón no quedase rezagado, pro-
Para el caso español, v. TlíRRON, Eloy. Influencia de la agricultura sobre el desarrollo de
la sociedad española. ¡876-1936, "Agricultura y Sociedad", 19 (Madrid, 1981), pp. 9-57.
4
" ARCO, Ricardo del. Un artículo de Joaquín Cosía: "El Porvenir del Alto Aragón", "Ar-
gcnsola", 22 (Huesca, 1955), pp. 197-237,
47
lbtdcm
48 lbídcm.
49
"El Diario de Huesca", 13X11-1897.
44
curando que sus productos cotizaran en centros mercantiles y de consumo.
Estos centros comerciales eran los catalanes, especialmente los de Lérida y
Barcelona:
«La Litera, La Ribera, Moncgros y Sariñcna, Berbegal y Sclgua, pueden
dar un contingente de productos en cantidad grande, y en cantidad inmejo-
rable, entre las mejores clases. Ahí deben ir los trigos de Ballobar, Belbcr,
La Encomienda, KaTales, Cas anovas, Binaccd, Tamaritc y Fraga. Allí deben ir
los finos trigos rojos de Moncgros, (...), ¿a qué debenir?. Sencillamente a
afianzar en Barcelona la justa fama de que gozan desde tiempos remo-
los...» 5 0 .
El desconocimiento de la propia riqueza del suelo, la poca prepara-
ción del agricultor, la falta de canales de comercialización y de vías de co-
municación, el atraso de los sistemas de explotación del suelo, ... fueron
acusaciones muy repetidas durante todos estos años hasta llegar a un pro-
yecto concreto: la política de riegos, que en Huesca va a tener un eco im-
portante por la especial riqueza hidráulica de la provincia. Tampoco dejaron
de ser criticadas la desconfianza y cerrazón con que se contemplaban los
nuevos inventos tecnológicos aplicados a la agricultura y a las técnicas em-
presariales de organización, que eran vistos con "pavoroso temor, como
novedades peligrosas y alguna vez acogidas con desconfianza después de
grandes vacilaciones"51.
Durante la Restauración, va a tener lugar la agilización y construcción
de canales y pantanos en puntos del valle del Ebro; la continuación por par-
te del Estado de las obras del Canal de Aragón y Cataluña, en1887,y hacia
finales de siglo, la toma de conciencia, con claros tintes regeneracionistas,
de la necesidad del aprovechamiento hídrico para el desarrollo de una mo-
derna agricultura.
El primer intento, ya en el siglo XX, se dio con el / Plan Nacional de
Obras Hidráulicas, de 1902, proyectado por Rafael Gasset -entonces Mi-
nistro de Fomento-, y que encontró una gran precariedad en materia de
pantanos y extensión del regadío en la península. Este plan conllevaba una
reforma en profundidad; aunque dejaba lagunas en lo referente a produc-
tividad y zonas regables, resultó útil en cuanto a la catalogación de canales
50
"El Diario de Huesca", 29-1-1898.
51
"El Diario de Huesca", 29-VIU-1898.
45
y pantanos, constituyendo el primer eslabón en una cadena que continuaría
hasta 1933. De otro lado, sólo a partir del siglo XX se planteó la política
hidráulica como cauce de desarrollo regional; en Aragón, hasta entonces
había primado la obra individual sobre las de interés general ligadas a cuen-
cas y subcuencas y de aprovechamiento integral de una zona52.
El gran precursor de esta nueva política había sido Joaquín Costa,
quien ya en 1880 y1881, en el Congreso de Agricultores y Ganaderos de
Madrid, expuso sus ideas sobre la política hidráulica para un completo de-
sarrollo de la España agrícola:
«La condición fundamental del progreso agrícola y social en España, en
su estado présenle, estriba en los alumbramientos y depósitos de aguas co-
rrientes y fluviátiles. Esos alumbramientos deben ser obra de la Nación, y el
Congreso Agrícola debe dirigirse a las Corles y al Gobierno reclamándolos
con urgencia como supremo desiderátum de la agricultura española» 53 .
Costa definió en estos dictámenes por primera vez su programa de
regeneración agraria para la reconversión de cultivos mediante la política
hidráulica54. Sin embargo, hacia 1898 y con el desastre de Cuba y las con-
secuencias de la crisis finisecular todavía latentes, enfoca esta política de
riegos hacia dos venientes: la primera, limitada al Altoaragón, y la segunda,
de escala nacional.
Por lo que se refiere a nuestra región, entre 1891 y 1896 fundó la
Cámara Agrícola del Alto Aragón y utilizó sus ideas para desarrollo de ca-
nales, pantanos y zonas de riego mediante financiación estatal, confiando
en que todos los estratos sociales participarían en dicho empeño. Tras la
pérdida de Cuba, el programa hidráulico de Costa pasará a formar pane de
un proyecto más amplio de regeneración política, económica y social, a tra-
3i
NADALRRIMAT, Eugenio, El regadío durante la Restauración. La política hidráulica
(1875-1902). "Agricultura y Sociedad", 19 (Madrid. 1981), pp. 129-163. ORTl, Alfonso,
Orígenes de la política hidráulica ... OKTI. Alfonso, Dictámenes y discursos de Joaquín
Costa ...
M
COSTA, J., Importancia social de los alumbramientos de aguas,
ORTI, Alfonso,
citado en
Dictámenes y discursos de Joaquín Costa ...
-54 ORTI, Alfonso, Política hidráulica y cuestión social: orígenes, etapas y significados del
regeneracionismo hidráulico de Joaquín Costa, "Agricultura y Sociedad", 32 (Madrid, 1984),
pp. 11-107.
46
vés de la formación de un partido "neutro" de las clases productoras y des-
vinculado de los tradicionales partidos dinásticos de la Restauración.
Pero Costa fracasó en su tierra. No pudo exponer sus proyectos en
las Cortes como diputado por el Altoaragón -no logró ser elegido en 1896
por el distrito de Barbastro-, y en la provincia, las clases políticas hicieron
oídos sordos a sus ideas, hasta que fueron tomadas como única solución al
atraso y la miseria del campesinado altoaragonés; en realidad, hasta que
fueron asimiladas como programa del partido liberal oséense, bien entrado
el siglo XX, cuando Costa, aislado en Graus, estaba a punto de morir -de
hecho, no vio realizada su ilusión, ya que dicho proyecto se aprobó a fina-
les de 1914-.
En "El Diario de Huesca" comienza a notarse interés por los riegos
hacia 1909. Antes de esa fecha, no era muy frecuente encontrar alusiones
directas al tema, aunque sí se contemplaba el agua como posible solución y
se publicaban larguísimos estudios y proyectos; pero nada comparado a la
ofensiva posterior.
El proyecto de riegos contemplaba la construcción de los pantanos de
Mediano, Sotonera, Cinca, Canal del Gallego y Canal de Monegms. La
primera parte consistía en asegurar los riegos de todos los pueblos ribere-
ños del Cinca y la construcción de un canal que se adentrara en la zona de
Monegros:
«(...) La mayor parle de la zona comprendida cnlrc la carretera de Huesca a
Barbasiro y el Ebro, que hoy lucha con las constantes sequías, tendrá asegu-
rada la producción cereal, y las aguas que sobraren del Cinca, después de
regar las huertas de su ribera, vendrán a fecundar las tierras más feraces de
Huesca y Zaragoza (...)» s s .
A partir de este momento, y siempre bajo la promoción de los li-
berales, comenzó una campaña que culminó en 1914 con la aprobación
definitiva del proyecto en las Cortes. Camo se tomó un interés especial
en que esta obra se llevase a cabo, ya que "(...) vendría a salvar a nues-
tra agricultura y cerrará la honda y dolorosa sangría que viene haciendo
en nuestra provincia la emigración"56.
55
"El Diario de Huesca", 3-XIM909.
S6
"El Diario de Huesca", 22-X-1910
47
La urgencia del proyecto y la necesidad de agua de las zonas hizo
que Huesca, Zaragoza y Lérida se unieran por medio de sus represen-
tantes para conseguir la máxima agilización del proceso, pero durante
un par de años estuvieron debatiéndose cuestiones técnicas y borrado-
res, que retrasaron la aprobación de aquél. Con la entrada del Ministerio
Dato, en octubre de 1913, la campaña se radicalizó, ante el peligro de
una revisión por parte de los conservadores, que podría originar un
nuevo atraso. Fue una verdadera avalancha de peticiones pro riegos en
casi todos los Ayuntamientos de la provincia, especialmente en los de la
Hoya y Moncgros. Estas juntas de defensa aún se soliviantaron más
ante las intenciones del Gobierno conservador, que, previamente a la
aprobación del proyecto, quería realizar un nuevo estudio de posibilida-
des, argumentando que la Nación corría con los gastos de financiación
y, por lo tanto, había que dar ciertas satisfacciones a los contribuyentes,
y además, pretendía obligar a los propietarios a entregar los terrenos sin
subvención, así como a pagar el 10% de los costes de los trabajos en el
acto y el 40% en un período de 20 años57.
La reacción, tanto de los representantes políticos como de agricul-
tores y Ayuntamientos, fue fulminante, y si hasta entonces las peticio-
nes se habían canalizado a través de los cauces parlamentarios habitua-
les, ahora se elevaron las protestas directamente a las autoridades de
Madrid. Un mensaje al rey presentado por el diputado Aura Boronat es
muestra elocuente del estado de ánimo y expectación en torno al tema de
los riegos:
«Señor:
Representantes de la Iglesia, de] Senado, del Congreso de los Diputados, de
las Diputaciones provinciales, de los Ayuntamientos, de las Cámaras de Co-
mercio, de las Cámaras Agrícolas, de las Federaciones agrarias, de las Socie-
dades Económicas de Amigos del País, del Sindicato de Riegos, de los con-
tribuyentes y del proletariado del campo, y en suma, de lodo cuanto significa
cultura y trabajo en Aragón, acuden respetuosamente a las gradas del Trono
para expresar a V.M. su rendida gratitud por la cooperación que vuestra Real
Persona, dentro de los límites constitucionales, ha prestado a una obra de
irrigación en proyecto, en la cual cifran los aragoneses sus esperanzas de
redención. (...)
(...) El Alto Aragón, Señor, se mucre. La sed, el hambre y la miseria lo des-
pueblan. Ya apenas quedan brazos para servir a sus familias y a su Patria. No
es hipérbole. Señor, esta lamentación. Las estadísticas referentes a la emi-
57 El Diario de Huesca". 8-V-1914.
48
gractón espantan. Unos años más en tal situación, y aquel país será inhabi-
table (,-.)» 58 .
En octubre del mismo año, se convocó la Asamblea de los grandes
Riegos en Zaragoza para hacer presión antes del debate del proyecto en las
Cámaras. Todos los Ayuntamientos y futuros regantes se movilizaron a fa-
vor de la Asamblea, por encima de diferencias que siempre habían separado
los intereses de unos y otros. El llamamiento se hizo como si de una batalla
se tratase:
«(...) compañeros (futuros) regantes: llegó la hora de hacer el último esfuer-
zo; el día 25 se aproxima, fecha fijada para celebrar la Asamblea de Zarago-
za, (...), pensemos todos antes que en política, en la triste situación que
atravesamos y en la temblé perspectiva que se nos viene encima (...), y no
es para nadie un secreto, que de esta desgraciada comarca (Monegros) tene-
mos que desaparecer sus moradores si los Poderes Públicos no velan por no-
sotros (...)» 5 '.
Unos debates tensos y cargados de enmiendas de última hora al pro-
yecto-una de ellas promovida por Alejandro Lerroux- se celebraron en la
primera quincena de diciembre, y todo ello a pesar de que el Gobierno con-
servador había ofrecido una aprobación directa. Finalmente, se aprobó el
17 de diciembre de 1914 con la promesa solemne de que las obras comen-
zarían el 1- de enero de 1915. La alegría del Altoaragón fue grande, y la
esperanza de regeneración y progreso aún mayor:
«(...) La noticia nos llena de alegría, de júbilo inmenso. Pensamos en la
gran impresión que este fausto acontecimiento causará a nuestro pueblo, en
las esperanzas que abrigan, en los grandes males que dentro de muy corto
pla/o de tiempo vendrá a remediar, pensamos también en las nuevas corrien-
tes de vida, en el pronto resurgimiento de la provincia (...)» 6 0 .
Hemos apuntado estos rasgos de la economía altoaragonesa porque,
en última instancia, el caciquismo no puede ser abordado desde un punto de
vista puramente electoral o político, sino que ha de explicarse y entenderse
en el marco de una estructura económico-social caracterizada por el enorme
58
"El Diario de Huesca", 14-VI-1914.
59
"El Diario de Huesca", 2 IX-1914.
60
"El Diario de Huesca", 18-XI1-1914.
49
peso del mundo rural y por un reparto de la propiedad que condicionaba
unas relaciones de patronazgo muy precisas. En el mismo sentido, la crisis
finisecular sirve para explicar ciertos caracteres del comportamiento político
altoaragonés, en la medida en que las clases más desfavorecidas, y por tan-
to más afectadas por la depresión, se hallan más inclinadas a obedecer las
instrucciones políticas, que se canalizan a través del cacique local. Y espre-
cisamente esta docilidad la nota característica de los distritos altoaragone-
ses, que reproducen, con alguna excepción, el juego tumista de conserva-
dores y liberales en las elecciones de 1876 a 1886. Pero, aun a pesar de
esta docilidad, se dibuja desde fecha temprana una tendencia republicana y
liberal que la década de los años 90 se encarga de transformar en un verda-
dero predominio.
La inclinación republicana de la provincia, que tiene su más inmediato
antecedente en la Revolución de 1868; el abandono al que se vio sometida
durante los Gobiernos conservadores, y la crítica situación que conllevó la
crisis agraria crearon un terreno favorable para el afianzamiento de las ten-
dencias de posibilistas y liberales, en la medida en que se oponían, en ma-
yor o menor grado, al estado conservador y creaban, de esta forma, ciertas
expectativas de cambio. La conciencia de algunos grupos, con importante
peso en la vida política provincial, acerca de la nefasta actuación de los Go-
biernos para con la región aragonesa, y especialmente para la provincia de.
Huesca, que sufría de forma virulenta las consecuencias de la crisis agraria,
condicionó la inclinación hacia una línea política, primero republicana, más
tarde liberal, que acabó imponiéndose al juego turnista. Esta conciencia se
dibuja con sus caracteres más precisos en el indignado grito de Manuel
Camo desde "El Diario de Huesca", ya en 1880: "¡O ARAGÓN O
CÁNOVAS!".
50
3. ANVERSO Y REVERSO DEL SISTEMA POLÍTICO DE LA
ESPAÑA DE LA RESTAURACIÓN
«En urna cerrada no entran moscas».
3.1. El funcionamiento del turno.
Desde el año 1810 al estallido de la Guerra Civil, en 1936,España
conoció doce leyes electorales, que regularon 55 elecciones aCortes. Se-
gún VáRELA DíAZ 6 1 , un análisis de la historia electoral española debería pa-
sar por estudiar la evolución de un Estado liberal oligárquico aotro demo-
crático, lo cual requeriría fijar la atención en la amplitud de la representación
política y en el ajuste o desajuste de las elecciones respecto de laverdadera
voluntad del electorado.
Ambos problemas son los que, para la época queestudiamos, tratare-
mos a continuación; pero antes es necesario realizar algunas precisiones
respecto al caso español.
Existe la opinión y el juicio generalizados de que,durante laépoca de
la Restauración, las elecciones no se correspondieron con lavoluntad del
electorado, sino que vinieron a constituir una adulteración pormedio de la
cual el partido en el poder fabricaba, a su gusto, unamayoría parlamentaria
adicta. De sobra es conocido el mecanismo de este sistema, que seasentó y
VARüLADíAZ, Santiago, La perspectiva histórica, en ESTEBAN,Jorge de oíros.
y pro-
El
ceso electoral. Labor, Barcelona, 1977, pp.281-283.
51
requirió para su perfecto funcionamiento el pacto entre los dirigentes de los
partidos monárquicos, o lo que es lo mismo, un acuerdo entre las fuerzas
políticas dinásticas.
La vuelta del poder real estuvo acompañada de la formulación, por
parte de Cánovas, de un nuevo sistema político, bipartidista, a imitación del
modelo inglés. La Corona jugaba en el nuevo sistema un papel clave, ya
que los redactores de la Constitución de 1876 consideraron que la monar-
quía no era una mera forma de gobierno, sino la médula misma del Estado
español; de ahí que al rey se le otorgaran amplísimas facultades: él era el
encargado de designar a los jefes de Gobierno, a los que entregaba el decre-
to de disolución de Cortes. Es decir, el monarca no encargaba el Gobierno
al jefe del partido triunfante en unas elecciones democráticas, sino que el
funcionamiento resultaba a la inversa, al celebrarse éstas después de nom-
brado el nuevo jefe de Gobierno y disueltas las Cámaras. Los resultados,
pactados de antemano, hacían de las elecciones una auténtica farsa y un pu-
ro trámite, y no una respuesta fiel de la voluntad de opinión del cuerpo elec-
toral. Sobra referirse a la pasividad de los electores, ya que la simulación de
las elecciones, mediante acuerdo entre el Gobierno, la oposición y el poder
local -los caciques-, fue la base de todo el entramado político entre 1876y
1923.
El tumo pacífico de los partidos funcionó con gran precisión hasta la
desaparición de las dos grandes figuras que guiaron la vida política españo-
la: Cánovas y Sagasta. A partir de 1898, y sobre todo desde 1902, la crisis
del tumo se fue agudizando hasta dar entrada a nuevas fuerzas políticas en
el Parlamento, en 1918. Según Miguel ARTOLA, las condiciones fundamen-
tales para que funcionara el turno debían pasar por la concentración de una
mayoría en dos grandes partidos políticos, que compartiesen valores comu-
nes, y por el falseamiento del sufragio, ya que resultaba imposible que el
electorado se decantara alternativamente por cada uno de los partidos en el
Gobierno62.
La desmovilización del electorado y el falseamiento del sufragio re-
querían del acuerdo entre caciques, facciones y partidos dinásticos, para
evitar la violencia y oposiciones al sistema:
62
GARCÍA DELGADO, José Luis ([Link]), La España de la Restauración. Política, economía,
legislación y cultura. I Coloquio de Segovia sobre Historia Contemporánea de España, diri-
gido por M. TufüONLARA,
de Siglo XXI, Madrid,1985.
52
«Los restauradores toleraron y hasta procuraron, organizar alternativa-
mente el caciquismo existente para que nadie se viera excluido y, por tanto,
necesitado de recurrir a la violencia para asegurar a sus clientelas el usopar
lidista de los resortes y recursos administrativos» 63 .
La tolerancia hacia caciques y facciones departido sedebía atres
zones fundamentalmente: en primer lugar, con el fin de noamenazar ni a la
organización interna del partido ni a la jefatura del Gobierno, pues deellos
dependía la unidad de la agrupación; en segundo lugar, debían sertolerados
para evitar enfrentamientos violentos entre facciones, que podían conducir a
nuevos pronunciamientos, y, por último, eranecesario atraer hacia el juego
parlamentario a otros grupos, de cara aevitar yencauzar las oposiciones
sistema -como fue el caso de los republicanos posibilistas—.
Todas estas razones hacen considerar a Miguel ARTOLA que, apartir
de 1876, el régimen español siga un desarrollo divergente enrelación con
los modelos europeos, y que acabara confundiendo
«el bipartidismo británico con una alternancia de partidos, que en Inglaterra
era una polibilidad que no era en modo alguno regular, en tanto en España se
practicaba con un rigor cíclico que no tiene parecido con ningún país del
continente, según lo prueba la comparación de sus respectivas graneas elec-
torales» 64 .
Sin embargo, para el profesor José María JOVER ZAMORA, ladisime-
tría entre el modelo ideal de comportamiento, recogido en la Constitución
de 1876, y la práctica efectiva o funcionamiento real delsistema, sehalla
enmarcada en un "submodelo meridional" de los regímenes parlamentarios
de la época de los imperialismos65. Ciertamente, elcaso español en suhis-
toria electoral no es un caso original oexcepcional, eincluso elcaciquismo,
aparentemente peculiar en nuestro país, fue conocido enotros Estados e
uno u otro momento de su desarrollo electoral66.
6 3
VáRELA ORTEGA, José. op. cit„ p. 441.
°^ ARTOLA, Miguel, Partidos y programas políticos, 1808-1936, Aguilar, Madrid,1977,
pp. 323-324.
°-* JOVER ZAMORA, José María, La época de la Restauración: panorama político-social,
1875-1902, en TtlSoNLARA,
de M.(dir). Revolución burguesa, oligarquía y constituciona-
lismo (1834-1923). tomo VIII de la Historia de España, Labor. Madrid,
1981.
6 6
VáRELA DíAZ. Santiago, op. cit., p. 283.
53
3.2. Las leyes electorales.
Tres leyes electorales afectan al período tratado: la ley del 28 de di-
ciembre de 1878, la de junio de 1890 y la del 8 de agosto de 1907, con la
salvedad de las primeras elecciones, las del año 1876, que se celebraron
según la ley electoral de 1870.
La Restauración venía a imponer los planteamientos del liberalismo
doctrinario, al romper la trayectoria iniciada con la Revolución de1868,
que supuso en materia electoral el paso del sufragio censuario, regulado
desde el Estatuto Real de 1834, al sufragio universal. Para Cánovas, un
régimen de libertad era imcompatible con el sufragio universal, porque si
éste se practicaba de forma pura conduciría al dominio de las masas despo-
seídas o analfabetas, lo cual originaría la destrucción de la propiedad y el
comunismo, y si se falseaba, su carácter universal sería una ficción:
«El sufragio universal será siempre una farsa, un engaño a las muche-
dumbres, llevado a cabo por la malicia o la violencia de los menos, de los
privilegiados de la herencia y el capital, con el nombre de clases directoras;
o será, en estado libre, y obrando con plena independencia y conciencia, co-
munismo fatal c irresistible. Escójase, pues, entre la falsificación permanen-
te del sufragio universal o su supresión, si no se quiere tener que elegir entre
su existencia y la desaparición de la propiedad» .
Y Cánovas eligió. En el dilema entre "comunismo" y caciquismo,
optó por la falsificación y el engaño como un medio para preservar y con-
servar la propiedad a través del sufragio censuario. En suma, el aparato
canovista vino a despojar a las clases populares de sus derechos a participar
en la vida nacional, pues dejaba el control de la actividad política en manos
de las clases propietarias68. De todas formas, con el restablecimiento del
sufragio universal en 1890, poco cambió la situación, ya que éste vino a
coincidir con una mayor presión caciquil, al ampliarse los mecanismos de
falseamiento y corrupción electorales.
El artículo quince de la ley de diciembre de 1868 marcaba el carácter
censitario de los electores:
6T CÁNOVAS DEL CASTILLO, Antonio, Problemas contemporáneos, tomo l, pp. 96-97.
6S
V&USC0 MURVIEDRO, Carlos, Cánovas del Castillo y la articulación del Estado nacio-
nal. "Cuadernos Económicos del I.C.E.", 6 (Madrid, 1978), p. 62.
54
«Tendrá derecho a ser inscrito como elector en las listas del censo elec-
toral de la sección de su respectivo domicilio todo español de edad de 25
años cumplidos que sea contribuyente dentro o fuera del mismo distrito por
la cuota mínima para el Tesoro de 25 pesetas anuales por contribución terri-
torial, ó de 50 por subsidio industrial. Para adquirir el derecho electoral ha de
pagarse la contribución territorial con un año de antelación y el subsidio
industrial con dos años»*'.
Al aplicar este artículo, el censo electoral se vio reducido conside-
rablemente; de un censo de casi cuatro millones de electores se pasó a otro
de 900.000, y en nuestra provincia, los 60.519 de 1876 se redujeron a
17.331. Así, el sufragio censuario vino a condicionar, entre otros factores
-prerrogativas a la Corona, al Senado, caciquismo, ...-, la formación de
una élite de poder con inclinación a la dominación oligárquica70. Además,
la nueva ley creaba un desajuste entre el peso de propietarios y terratenien-
tes, de un lado, y el de industriales y comerciantes, de otro, a la vez que
favorecía a las zonas agrarias del país, sobre todo a las de pequeña pro-
piedad, que gozaban de una superrepresentación frente a zonas de mayor
densidad de población, como ahora veremos.
En la nueva ley se optó por una división del territorio nacional en dis-
tritos uninominales, aunque los mayores núcleos urbanos se constituyeran
en circunscripciones plurinominales71. Esto planteaba la necesidad de una
nueva división del territorio, distinta de las divisiones administrativas; y es
aquí donde precisamente el poder contaba con la primera posibilidad de ma-
nipulación: el gerrymandering12. Como cabe suponer, el mantenimiento de
los límites de los distritos durante mucho tiempo condujo a un desajuste en-
tre las divisiones y el peso de la población, ya que las ciudades se vieron
sometidas a procesos de crecimiento, mientras en el campo se producía una
progresiva disminución del conjunto demográfico, a la vez que el número
69
B.O.P., 3-1-1879,
70
TUTíON de
LARA, M., La burguesía y la formación del bloque de poder oligárquico (¡875-
1914). en Estudios sobre el siglo XIX español. Siglo XX], Madrid. 1984.
' • La polémica entre los partidarios de los distritos locales y los de las circunscripciones
urbanas luc algo contante en nuestra historia electoral. En tiempos de Isabel II, enfrentó a
moderados y progresistas; en general, las fuerzas conservadoras se han inclinado por los
distritos, mientras que las formaciones de izquierda lo han hecho por las circunscripciones.
¿
Con el nombre de gerrymandering se conocen los reajustes de los límites electorales
realizados para obtener algún fin ajeno a la igualdad de representación. Como cabe suponer,
trata de favorecer al partido en el poder.
SATRUSTECUI,
V. Miguel, El marco territorial de la
elección, en ESTEBAN. Jorge de y oíros,op. cit„ pp. 90-99.
55
de diputados para representar a cada distrito permanecía invariable. La con-
clusión es evidente: el importante y creciente peso del voto rural frente al
voto urbano.
El sufragio universal, que se estableció en España por primera vez
con la Instrucción de 1810 y la Constitución de 1812, quedó regulado y
reconocido en la Restauración en la ley del 26 de junio de1890,que elimi-
nó el carácter tributario de los electores:
«Son electores para diputados á Corles lodos los españoles varones, ma-
yores de veinticinco años, que se hallen en el pleno goce de sus derechos ci-
viles y sean vecinos de un Municipio en el que cuenten dos años al menos de
residencia» 73 .
La aplicación del artículo l 9 supuso un considerable aumento del
cuerpo electoral, que alcanzó una cifra de 4'8 millones de electores, similar
a la de la Primera República, y mantenida, sin grandes oscilaciones, hasta
la Dictadura. En la provincia de Huesca se pasó de 16.822 a 64.551 elec-
tores 74 .
La ley respondía, en líneas generales, a la necesidad de ajuste entre el
número de habitantes y el de electores, que —como vimos- constituía un
porcentaje minúsculo respecto del volumen de población.
«No podía continuar un sistema por el que, existiendo en España
17.550.246 habitantes, y de ellos 4 millones de varones de 25 a 75 años,
sólo figuraban en las lisias 807.175 electores, o sea. un 4'85 por cíenlo de
la población total» 75 .
En la provincia de Huesca, de 255.000 habitantes, aproximadamente,
en 1886, sólo tenían derecho a voto 16.822, es decir, algo más de un 6%
de la población.
73
D.S.C., 1890. p. 6947.
** Fuente: SÁNCHEZ ORTIZ, Modesto, Las primeras Cámaras de la Regencia. Datos electora-
les, estadísticos y biográficos, Enrique Rubinos, Madrid, 1886.
Censo electoral de 1890.
75
ZANCADA, P., Las elecciones legislativas en España, Imprenta González y Jiménez, Ma-
drid. 1914. p. 48.
56
La ampliación del cuerpo electoral y el sufragio universal76 marcaron
más, como ya hemos apuntado, las diferencias entre el voto urbano y el vo-
to rural. Los partidos dinásticos no hallaron grandes problemas para con-
trolar las elecciones en los pequeños distritos agrarios, pero cada vez resul-
taba más difícil falsear la opinión de los votantes de las grandes ciudades.
De ahí que las fuerzas políticas exteriores al sistema se alimentaran princi-
palmente del voto urbano, mientras liberales y conservadores resultaban
cada vez más dependientes del campo, lo que redundó en la indistinción
ideológica de ambos, que la década de los años noventa se encargó de acen-
tuar todavía más.
La tercera ley electoral que afectó a este período fue la del 8 de agosto
de 1907, promulgada durante el "gobierno largo" de Maura. Esta,junto a la
reforma del régimen local, formaba parte importante de un programa de tin-
tes regeneracionistas, que pretendía una mayor limpieza y corrección de las
prácticas electorales. Los tres puntos fundamentales del sistema electoral
siguieron manteniéndose: el sufragio universal masculino, la coexistencia
entre circunscripciones y distritos -primando los segundos sobre las prime-
ras-, y el mantenimiento del voto limitado77.
En lo referente al sufragio universal, se incorpora el voto obligatorio
-artículo 2-, con riesgo de sanción, sobre todo en el caso de los funciona-
rios, acentuándose la polémica sobre la concepción del voto como derecho
o deber. En definitiva, se pretendía una mayor participación electoral, que
no se consiguió. En cuanto a la coexistencia de circunscripciones y distri-
tos, no hubo ninguna modificación importante respecto a la ley de 1890, lo
que siguió favoreciendo el mayor peso del voto rural frente al urbano.
El último punto fue objeto de discusión por parte de las oposiciones
no dinásticas, que solicitaron la posibilidad de acumulación de votos, como
en la ley de 1878, con el fin de aglutinar los votos diseminados por todos
77
' D Recordemos que por sufragio universal se entiende el sufragio universal masculino, por-
que el reconocimiento legislativo de los derechos de la mujer no llegó hasta los tiempos de
la II República, con la Constitución de 1931, que estableció la igualdad electoral para hom-
bres y mujeres.
77
Art. 22 de la ley electoral de 1890 y arl. 21 de la ley electoral de 1907.
57
los distritos, ya que este sistema les favorecía especialmente. No obstante,
el intento resultó vano78.
La modificación más importante de esta ley fue el llamado "artículo
29", que aseguraba la proclamación inmediata de los candidatos presenta-
dos cuando el número de éstos era igual que el de puestos a cubrir:
«En todos los distritos donde no resultare proclamados candidatos en
mayor número de los llamados a ser elegidos, la proclamación de candidatos
equivale a su elección y les releva de someterse aella» 7 * .
Como resulta evidente, la aplicación de este artículo supuso la priva-
ción de voto para un número muy importante de electores, locual conlleva-
ba la sanción de la desmovilización electoral, fomentando aún más la falta
de competitividad y la ausencia de lucha en muchos distritos. Las mayores
críticas a esta disposición partieron de los republicanos, aunque es cierto
que no todos ellos mantenían la misma opinión sobre ella. Así, por ejem-
plo, quien pidió la introducción de este artículo en el proyecto de ley fue el
republicano Azcárate; por el contrario, el demócrata Calbetón afirmaba que
se engañaba a los votantes, que en unos distritos podían votar y en otros se
les privaba de este derecho80.
Otras modificaciones se centraban en el censo electoral, cuya elabora-
ción pasó a manos de un organismo gubernamental, el InstitutoGeográfico
y Estadístico, y cuya inspección se reservó a las Juntas del Censo; pero lo
cierto es que la manipulación de las listas siguió constituyendo una práctica
habitual. Además, en caso de apelación por parte de algún elector, se podía
recurrir a la Junta Provincial del Censo, y en último término, a la Audiencia
Territorial, pero con la salvedad de que, si dichos tribunales consideraban
imprudente la apelación, podían condenar al apelante a multas y costes del
Tribunal81.
7x ^~^^~^^^^~^~^^^~^~~
° TLíSF.I.L, Javier, Para la sociología política de la España contemporánea: el impacto de
la Ley de 1907 sobre el comportamiento electoral, "Hispania", XXX (Madrid. 1970). p.
577.
79
Art. 29 de la ley electoral del 8-V1II-1907.
80
TUSEI.1., J„ El impacto de la Ley .... pp. 573-579.
81
Art. 11 (disposición transitoria 4») de la ley de 8-VI1I-1907.
58
Las Juntas electorales desempeñaban una serie de tareas relacionadas
con la formación de las mesas, la proclamación de los candidatos y el es-
crutinio final. Su composición difena en relación con la ley de1890,ya que
ahora las formaban funcionarios y miembros de carrera judicial, lo que su-
ponía un mayor control del Gobierno central frente a las influecias locales,
que hasta este momento habían primado en la composición de las Juntas.
En cuanto a los candidatos, su Figura viene definida por las leyes
electorales de 1890 y 1907:
«Son elegibles para el cargo de Diputado á Cortes y Concejal lodos los
españoles, varones de estado seglar, mayores de veinlicinco años, que gocen
iodos los derechos civiles» 82 .
La definición se amplía en la ley de 1907, especificando mejor quié-
nes podían ser candidatos y qué condiciones debían reunir:
«En elecciones de Diputados á Corles, ser propuesto como tal candidato
por dos Senadores ó ex-Senadores, por dos Diputados 6 ex-Diputados á Cor-
les por la misma provincia, ó por tres Diputados ó cx-Diputados provincia-
les, siempre que todo aparte del territorio en que hayan sido elegidos esté
comprendido en el distrito electoral» 83 .
Esta definición de candidato dio clara preeminencia a la oligarquía po-
lítica, que fue la que promovió a sus miembros a los escaños parlamenta-
rios. Según Miguel ARTOLA84, las caraterísticas exigidas alteraron decisiva-
mente el régimen electoral en dos vertientes. Una era la progresiva interven-
ción de los partidos políticos tradicionales, los únicos suficientemente po-
derosos para dar apoyo a las candidaturas; la otra, el reforzamiento de las
tendencias conservadoras en las Cámaras. Así, gran parte del Congreso
quedó designado por los propios representantes, beneficiándose sobre todo
de ello los distritos rurales y los dos grandes partidos dinásticos.
El último apartado importante de la ley de 1907 regulaba la mediación
del Tribunal Supremo en los pleitos electorales. Durante la época de la Res-
82
Ley electoral de 1890 y de 1907, art.4".
83
Art. 24, ley electoral de 1907.
84
ARTOLA. Miguel, op. cit., p. 55.5.
59
tauración, hubo mecanismos de control sobre los comicios, aunque resulta-
ron poco efectivos ante un sistema tan bien estructurado como el caciquil;
las garantías electorales se aplicaron fundamentalmente a dos aspectos: al
control de los resultados y a la violación de la norma electoral85. Hasta que
la ley de 1907 determinó la modificación en el control de los resultados,
estuvo vigente el reglamento de 1847, por el que se formaron las dos
Comisiones de Actas, con la misión de clasificarlas en tres categorías
diferentes: sin protesta, con alguna dificultad y con dificultad grave. Las
dos primeras eran examinadas por la Comisión Auxiliar, y las actas graves,
por la Comisión Permanente, decidiendo el veredicto final al respecto el
Congreso de los Diputados. Después de 1876, y tras ligeros cambios, se
unificaron estas comisiones en una sola, vigente hasta1887,en que se creó
la Comisión de Incompatibilidades.
A partir de 1907, con la nueva ley electoral, se introdujo la considera-
ción de acta grave, determinándose también que las actas protestadas fueran
estudiadas por el Tribunal Supremo, y no por las antiguas Comisiones de
Actas. La clasificación distinguía cuatro categorías diferentes: validez de la
elección verificada y aptitud y capacidad del candidato; nulidad de la
elección y necesidad de una nueva convocatoria en el distrito o circunscrip-
ción; nulidad de la proclamación a favor del candidato electo y proclama-
ción del candidato derrotado; nulidad de la elección y suspensión temporal
del derecho de representación parlamentaria en el distrito o circunscripción,
cuando del expediente se difieran hechos que revelen venta de votos en
forma y número de cierta importancia86.
La designación del Tribunal Supremo como última instancia en la re-
visión de las actas protestadas fue hecha por los liberales; convirtieron esto
en un punto principal de la nueva ley electoral, mientras que los conserva-
dores lo aceptaron aún a regañadientes. Tampoco los republicanos se mos-
traron entusiasmados ante la intervención de un Tribunal que podía venir a
socavar la soberanía parlamentaria87 .
Concluyendo, la ley electoral de 1907, lejos de suponer un verdadero
avance respecto a las leyes anteriores, no hizo sino prolongar la configura-
85
Ibídcm. p. 77.
86
Arl. 53. ley electoral de 1907.
87
TUSELL. J.. El impacto de la Ley .... p. 580.
60
ción oligárquica del sistema canovista de la Restauración, al mantener el
distrito uninominal como célula del ejercicio electoral, al no contar con un
sistema proporcional que favoreciera el voto real,...; al no cumplir, en su-
ma, el deseo regenerador de quienes la elaboraron.
Será necesario esperar la llegada de la II República para que el sufra-
gio universal se convierta en tal, es decir, se haga extensivo a las mujeres,
hasta entonces privadas de sus derechos políticos, y para que las elecciones
supongan el fiel reflejo de la opinión del electorado. Lejos aún de la procla-
mación de la II República, la ley de 1907 no venía sino a sancionar la domi-
nación oligárquica; es posible que la nueva normativa electoral pretendiera
el descuaje de las actuaciones de un caciquismo local o comarcal de enorme
peso e importancia, pero en este intento dio paso a un caciquismo oligárqui-
co, que reproducía muchos de los vicios de aque.
3.3. De la teoría a la práctica: corrupción y falseamiento de la opinión del
cuerpo electoral.
Las leyes que acabamos de analizar-1878, 1890 y 1907- recogieron
en sus respectivos textos una serie de artículos relativos a las sanciones pe-
nales por falsedades, coacción o infracción de la ley electoral. Pero, en mu-
chos casos, vinieron a ser sólo letra muerta, ya que las elecciones no se ga-
naban ni se perdían, sino que se fabricaban, se apañaban, se pactaban, y en
definitiva, se hacían desde el Gobierno.
«El Gobierno hace las elecciones, según una frase que, pena da decirlo,
ha sido ya consagrada por el uso. El Gobierno, protestando hipócritamente,
que no licnc para qué intervenir en las cuestiones de acias, interviene; y
¿cómo no. si es el responsable en primer término de los vicios mas graves
que adolecen aquellas?. El Gobierno designa las personas que han de desem-
peñar la Presidencia y los demás cargos de la Mesa, aunque observando el
trance, también hipócrita, de convocar a la mayoría, para que parezca que ella
hace lo que realmente tiene hecho el poder ejecutivo. El Gobierno elige los
candidatos que precisamente habrán de votar a sus amigos en las secciones,
formadas, dicho sea de paso, por virtud de un sorteo, en que no siempre es la
suerte la que decide el resultado, para formar las comisiones que han de dar
dictamen sobre los proyectos de ley (...). El Gobierno, en fin, concede 6
niega gracias y destinos, y despacha de uno ú otro modo los expedientes, se-
gún que le conviene hacer una cosa ú olía para atraer á este á la mayoría o
retener á aquel en ella, para ganarse al débil que vacila ó aplacar al díscolo
que amena/.a; y así (...) los Ministros, sintiéndose fallos de autoridad para
61
granjearse la voluntad general del Parlamento, se ganan la individual otor-
gando mercedes y favores»*8.
Las palabras de Gumersindo AZCARATE resumen y reflejan el papel de
la acción gubernamental en el juego electoral; ciertamente, el Gobierno era
el responsable, en última instancia, de las corrupciones practicadas por las
autoridades en su esfuerzo por hacer triunfar las candidaturas encasilladas.
Ya conocemos el importante papel de los gobernadores civiles, pero los
medios y formas de falsificación y corrupción son variadísimos, y a los que
están en manos del Gobierno se suman los que practican los propios can-
didatos89.
Entre los diferentes medios de los que se hacía uso se hallaba el con-
trol de la justicia local y comarcal y el de los Ayuntamientos y Diputacio-
nes, ya que la legislación española permitía, por la intervención de los orga-
nismos políticos nacionales en la vida provincial, el nombramiento de dele-
gados gubernativos para favorecer la victoria de los candidatos del Gobier-
no. En Huesca, las intervenciones gubernamentales fueron frecuentísimas
y, en algunos casos, llegaron a extremos tales que se conocieron incluso a
nivel nacional -como sucedió en las elecciones del año1884, al llevarse a
cabo en el espacio de dos meses 183 cesantías publicadas por el periódico
madrileño "El Día"90, o en las elecciones de1903, en las que los alcaldes y
secretarios de 252 pueblos fueron objeto de una multa de 250 pesetas 91 -.
No obstante, estos casos no constituyeron una excepción, sino la regla
habitual, y de ella conocemos multitud de ejemplos para la provincia.
A estas acciones se suma también la manipulación del censo electoral,
que durante el período censitario se realiza mediante el falseamiento de la
cuota contributiva; de ahí la necesidad del control de la justicia local. En
principio y en teoría, los censos electorales debían constituir las primeras
garantías constitucionales, pero la realidad es que las Juntas del censo se
hallaban en manos de las oligarquías y mesocracias,que no dudaban en uti-
vi
OQ
AZCARATE, Gumersindo, El régimen parlamentario en la práctica , Imprenta de Fortanct.
Madrid. 1885, p. 73 yss.
89
TUSEI.L, Javier. Oligarquía y caciquismo .... pp. 192-195.
90
"El Diario de Huesca". 18-IV-18S4.
91
"El Diario de Huesca", 21-11-1903. Carta de Huesca al director de "El Correo de Madrid"
protestando por los abusos del gobernador civil de la provincia.
62
lizar las posibilidades de fraude siempre que fuera preciso92. En el censo fi-
guraban aquellos que iban a apoyar las candidaturas oficiales, y en muchas
ocasiones, se repitieron nombres y se hizo votar incluso a cementerios
enteros93.
Una vez manipulado el censo, el siguiente paso consistía en el control
de las mesas electorales mediante la falsificación de la elección de interven-
tores o del censo de las firmas que los elegían. Si estos mecanismos falla-
ban en alguno de sus niveles, cabía la última posibilidad: la falsificación di-
recta de los certificados de elecciones o actas electorales. Pío BAROJA, en su
libro Las horas solitarias, describía el comúnmente conocido "pucherazo"
para un pueblo del Altoaragón, cuando el autor recorrió parte de la provin-
cia buscando apoyos para presentarse a las elecciones [Link] puebleci-
to era Candasnos. Allí preguntó a un hombre del campo qué ocurriría en las
elecciones, y el diálogo fue como sigue:
«-Aquí hacemos puchero- dice el hombre.
-¿Y eso en qué consiste?
-Pues, nada; se reúnen el secretario y el alcalde y meten en el puchero tantas
papeletas como vecinos hay.
-¿Así que no vola nadie?
-Nadie, no señor.
-¿Y todos los votos son para el candidato monárquico?
-Según. Si éste viene aquí y va primero de visita a casa de un rico del pue-
blo que se llama Forlón, tendrá lodo el censo; pero si no va no tendrá todo
el censo»' 4 .
La práctica electoral durante la Restauración no puede entenderse sin
atender al fenómeno del caciquismo, bisagra fundamental en las relaciones
entre la clase política y el electorado. Los elementos que componen el fenó-
meno del caciquismo electoral no nacieron ni fueron propios exclusivamen-
te de estas fechas, sino que se consolidaron de forma progresiva desde el
reinado de Isabel II por medio de la política centralizadora de la Administra-
ción local y provincial, y por la dependencia de alcaldes y gobernadores
respecto del Gobierno central95. Pero también es cierto que con la restaura-
92
CARRERAS. [Link].
y J.M.. Las elecciones. Blume, Barcelona,1977. pp. 225-230.
9
3 BRKNAN, Gerald, El laberinto español. RuedoIbérico. París. 1962, p. 6.
94
BAROJA, Pío, Las horas solitarias, Editorial CaroRaggío. Madrid, 1982, p.
119.
9
^ VARIíIJV DíAZ, Santiago, op. cit.. p. 290.
63
ción de la monarquía, el aparato caciquil se regularizó, desde el momento
en que conservadores y liberales pactaran el tumo en el Gobierno.
Los caciques eran los encargados de procurar el triunfo de las candi-
daturas encasilladas, que nacían de la negociación del poder central y las
influencias locales. Pero su papel no puede ser entendido sino en un marco
más amplio, caracterizado por unas estructuras sociales y económicas arcai-
cas, por el enorme peso del mundo rural en la España de fines del siglo
XIX, por el alto índice de analfabetismo y por una general despolitización
(se obligaba a elegir entre dos opciones políticas, la conservadora y la libe-
ral, que ideológicamente no poseían una diferenciación objetiva).
Ante esta indistinción ideológica, el antagonismo de los partidos se
proyecta en conflictos locales de intereses o familias. Era fenómeno fre-
cuente que una de las familias mejor situadas del pueblo apoyase la candi-
datura conservadora y que otra, tradicionalmente enfrentada a aquélla, apo-
yase la liberal. En una novela de Luis LóPEZ ALLUE, testimonio del ambiente
y manejos del proceso electoral, el fenómeno se halla perfectamente descri-
to para un pueblo de Huesca:
«Tonalbas y Relores se apercibieron a la lucha desde aquel momento,
con las armas y pertrechos propios de la electoral contienda.
Ruegos, promesas, dádivas, amenazas, denuncias, citaciones, y, en fin,
cuantos medios le sugería el odio que se profesaban, llovían sobre los infeli-
ces electores, para atraerlos o conquistarlos, con tal de inscribir un nombre
más en la lista de los seguros.
Los vecinos de Escuarvc, que hasta la fecha habían presenciado impasi-
bles la guerra entre los dos primeros contribuyentes, se vieron, por obra de
las malhadadas elecciones, envueltos en sus enconos, contagiados de sus
envidias y divididos, al fin, en bandos y parcialidades, no menos famosos y
dignos de mención que los Narros y Cadells, de Barcelona; Sforcias y Vis-
contis de Milán; Pafos y Mddicis, de Florencia; Bcamontcscs y Agramonte-
5cs, de Navarra; Gamboinos y Oñasinos de Vizcaya, y CAPULETOS Y
MONTESCOS. de Vcrona.
Algunos electores estaban igualmente obligados a las dos familias riva-
les. Con ambas tenían deudas que solventar o favores que agradecer. El dile-
ma para éstos se presentaba con negros caracteres. Había que decidirse franca
y abiertamente por el señor José o por doña Rufina, bajo la nota en cualquie-
ra de los dos casos de traidores o desagradecidos. Y así, fluctuando entre
64
opuestos corrientes, ni comían con tranquilidad, ni trabajaban con fruto, ni
dormían con reposo» 96 .
LÓPEZ ALUJE, Luis, Capuletos y Mónteseos, Ediciones del Ayuntamiento de Huesca,
1972. pp. 160-161.
65
4. LAS ELECCIONES EN HUESCA
«(...) sus acordareis que votemos decisieleal mar-
ques u lo que fuera, alleguemos al escrutinio y le
salieron ... dos papeletas ... Pero como eso de
votar es un embrollo de los ricos, ellos lo apaña-
rían, que nusotros tan pobres seremos ahora como
antes de la votación»
(LOPIC. [Link],Luis. Copúle-
los y Mónteseos , Publicaciones del Ayuntamiento
de Huesca. 1972, p. 51).
4.1. División de la provincia en distritos electorales.
Para las elecciones de enero de 1876se procedió a principios de año a
determinar la división territorial de España en distritos electorales. La rela-
ción de pueblos altoaragoneses que componían cada distrito apareció en el
Boletín Oficial de la Provincia del día 10 de enero del mismo año 97 . Cator-
ce años más tarde, se llevó a cabo una nueva estructuración de esta divi-
sión, pero la provincia de Huesca no se vio afectada por ella98.
A través de la relación de pueblos que nos han aportado las fuentes
consultadas, hemos podido precisar los límites de los distritos electorales,
ya que éstos no coinciden exactamente con los partidos judiciales. La divi-
sión de las provincias en partidos judiciales se ordenó por real decreto del
21 de abril de 183499. La provincia de Huesca se dividió en los siguientes
97
B.O.P.. 10-1 1876 (A.D.P.).
98
"Gaceta de Madrid", 16-111-1890.
A.H.N., Gobernación Serie A, leg. 19 A, cxp. 6.
99
"Gaceta de Madrid". 23-IV-1834.
67
partidos: Barbastro, Benabarre, Boltaña, Fraga, Huesca, Jaca y Sariñena.
No obstante, contra esta división se produjeron numerosas reclamaciones.
Tamarite de Litera debió promover un expediente para convertirse en cabeza
de partido judicial, "posiblemente tomando como base de la argumentación
que Tamarite tenía la categoría de ciudad desde hacía más de un siglo" 100 .
La creación del nuevo partido supuso una rectificación de la distribución de
1834, pero Tamarite no figura en la división por distritos electorales y sus
pueblos se los reparten los distritos de Benabarre, Fraga y Barbastro.
A continuación, se hace figurar la relación de pueblos que forman los
distritos de la provincia de Huesca, con fecha de 7 de enero de1876;rela-
ción que sirvió para las eleciones de ese mismo año y para todas las de
nuestro período.
-Distrito de Barbastro
Abiego, Adahuesca, Alberuela de la Liena, Alquézar, Azara, Azlor,
Barbastro, Barbuñales, Buera, Castejón del Puente, Castillazuelo,
Coscojuela de Fantova, Costean, Cregenzán, El Grado, Hoz, Huerta
de Vero, llene, Mipanas, Monzón, Peraltilla, Ponzano, Pozan de
Vero, Radiquero, Salas Altas, Salas Bajas, Selgua (todos del partido
judicial de Barbastro).
La Puebla de Castro (partido judicial de Benabarre).
Estada, Estadilla, Fonz, Azanuy, San Esteban de Litera, Almunia de
San Juan (partido judicial de Tamarite).
-Distrito de Benabarre
Aguinaliu, Aler, Aren, Barasona, Benavente, Bono, Benabarre,
Beranuy, Betesa y aldeas, Bonansa, Caladrones, Calvera, Capella y
aldeas, Caserras, Castanesa, Castigaleu, Cornudella, Erdao, Espés,
Fantova, Fet, Gabasa, Graus, Güel, Juseu, Laguarres, La Puebla de
Roda, Lascuarre, Laspaúles, Luzás, Merli, Monesma, Montañana,
l™ UnihTTOARTKTA. Amonio, Historia de Aragón. Divisiones administrativas, Anubar Edi-
ciones, Zaragoza, 1983.
68
Neril y Ardanués, Olvena, Pilzán, Purroy, Roda, San Esteban del
Malí, Santorens, Serraduy, Sopeira, Tolva, Torres del Obispo,
Torrelarrivera, Viacamp y Litera (partido judicial de Benabarre).
Albelda, Alcampell, Alins, Baells, Baldellou, Calasanz, Camporrells,
Castillonroy, Estopiñán, Peralta de la Sal (partido judicial de
Tamarite).
-Distrito de Boltaña
Abella y Planillo, Abizanda, Aínsa. Arcusa, Bara y Miz, Bárcabo,
Basarán, Benasque, Bergua, Bielsa, Boltaña, Bisaurri, Broto.
Burgasé, Campo, Castejón de Sobrarbe, Castejón de Sos, Clamosa,
Cortillas, Coscojuela de Sobrarbe, Chía, El Pueyo de Araguás, Egea,
Fanlo, Fiscal, Foradada, Gerbe y Griebal, Gistaín, Guaso y casas de
El Grado, Jánovas, Labuerda, Laspuña, Linas de Broto, Mediano,
Morillo de Monclús, Muro de Roda, Olsón y aldeas, Oto, Palo, Plan,
Puénolas, Rodellar, San Juan, Santa María de Buil, Sarvisé, Seira,
Sieste, Sarsa de Surta, Sahún, Secorún, Serveto, Sin y Salinas, Sos
y Seusé, Telia, Toledo, Torla, Valle de Bardají, Villanova (partido
judicial de Boltaña).
Montanuy, Perarrúa, San Quílez y Santa Liestra, Panillo, Secastilla
(partido judicial de Benabarre).
Naval, Colungo, Bierge, Salinas de Hoz (partido judicial de
Barbastro).
-Distrito de Fraga
Albalate de Cinca, Alcolea de Cinca, Ballobar, Belver, Binaced y
Valcarca, Candasnos, Chalamera, Esplús, Fraga, Ontiñena, Osso,
Peñalba, Pueyo de Santa Cruz, Torrente, Valfarta, Velilla de Cinca,
Zaidín (partido judicial de Fraga).
Castejón de Monegros (partido judicial de Sariñena).
69
Tamarite, Binéfar (partido judicial de Tamarite).
-Distrito de Huesca
Aguas, Alcalá de Gurrea, Alerre, Aniés, Apiés, Arascués, Arbaniés,
Argüís, Ayerbe, Banariés, Banastas, Bandaliés, Barbués, Barluenga,
Bentué de Rasal, Biscarrués, Bolea, Castilsabás, Coscullano, Cuarte,
Chimillas, Esquedas, Fañanás, Gurrea de Gallego, Huesca, Ibieca,
Igriés, Junzano, Labata, Lascasas, Lierta, Liesa, Loporzano, Loarre,
Lupiñén, Morrano, Nocito, Nueno, Ortilla, Panzano, Piedramorrera,
Plasencia, Quincena, Sabayés, Santa Eulalia la Mayor, Sarsamar-
cuello, Sasa del Abadiado, Tardienta, Torralba, Vicien (partido judi-
cial de Huesca).
-Distrito de Jaca
Abay, Acumuer, Agüero, Acín, Aísa, Arbués, Ansó, Anzánigo,
Aquilué, Ara, Aso de Sobremonte, Aragüés del Puerto, Araguás del
Solano, Atares, Bailo, Baraguás, Berdún, Bergusa, Bemués, Béseos
de Garcipollera, Biescas, Biniés, Binué, Borau, Botaya, Canfranc,
Canias, Cartirana, Castiello de Jaca, Echo, El Pueyo, Embún, Ena,
Escuer, Esposa, Espuéndolas, Fago, Gavín, Gesera, Guaso, Hoz de
Jaca, Jabarrella, Javierregay, Javierrelatre, Jaca, Jasa, Lanuza,
Larués, Larrés, Latre, Majones, Martes, Navasa, Olivan, Orna, Osia,
Panticosa, Piedrafita, Rasal, Riglos, Salinas de Jaca, Sallent,
Sandiniés, Santa Cilia de Jaca, Santa Cruz, Santa Engracia, Santa
María de la Peña, Sardas, Sabiñánigo, Senegüé y Sorripas, Serué,
Sinués, Tramacastilla, Villanúa, Villarreal, Urdués, Yebra, Yesero
(partido judicial de Jaca).
-Distrito de Sariñena
Albalatillo, Alberuela de Tubo, Alcubierre, Almuniente, Antillón,
Capdesaso, Castelflorite, El Tormillo, Estiche, Granen, Huerto,
Lagunarrota, Lalueza, Lanaja, Lastanosa, Mareen, Pallaruelo de
Monegros, Peralta de Alcofea, Pertusa, Poleñino, Pomar, Robres,
70
Mapa 1
DISTRITOS ELECTORALES
DE LA PROVINCIA DE HUESCA
71
Salillas, Sariñena, Sena, Senes, Sesa, Santa Lecina, Torres de
Alcanadre, Usón, Villanueva de Sigena (partido judicial de Sariñena).
Alcalá del Obispo, Albero Bajo, Albero Alto, Argavieso, Blecua,
Callen, El Pueyo de Fañanás, Monflorite, Novales, Piracés,
Sangarrén, Sipán, Tierz, Torres de Montes, Angüés, Almudévar,
Tabernas, Sieso, Casbas, Siétamo, Quinzano, Velillas, Bespén
(partido judicial de Huesca).
Berbegal, Laluenga, Laperdiguera, Lascellas (partido judicial de
Barbastro).
4.2. Las elecciones al Congreso de los Diputados.
a) 1875-1898, de la docilidad al predominio republicano posibilista y
liberal.
El comportamiento político de la provincia de Huesca durante la Res-
tauración posee una evolución diferente al de las otras dos provincias ara-
gonesas. La observación de los resultados electorales de estas fechas infor-
ma del "peculiar" carácter del tumo en los distritos oscenses.
Hablamos de "peculiar" carácter porque, aunque el turno funcionó ca-
si perfectamente hasta1891, ajustándose la mayoría de los distritos altoara-
goneses a la política de alternancia de partidos (y caracterizándose, por tan-
to, por su docilidad), desde fecha muy temprana, tres de ellos -Boltaña,
Jaca y Huesca- hacen gala de un comportamiento diferente, al oponerse al
encasillado oficial y al resistirse al juego turnista característico del régimen
canovista. Ciertamente, hasta la década de los años 90 podemos hablar de
una "tendencia liberal" para el conjunto provincial; pero, a partir de las
elecciones de 1891, la mayoría de los distritos empieza a dejar de ajustarse
sumisamente a los deseos del poder, y comienza a registrarse un fenómeno
que se consolidará en el reinado de Alfonso XIII: el cacicato estable101.
101
GERMÁN ZUBERO, Luis, Elecciones y partidos políticos en Aragón ...,
pp. 56-66.
72
Este viraje coincide en el ámbito nacional con elinicio de unanueva
102
etapa de la Restauración y con la implantación delsufragio universal,
desde el 26 de junio de 1890. En esta nueva época van ahacer su aparición
los primeros síntomas de crisis del sistema y la cristalización de lasoposi-
ciones al mismo, con la emergencia de fuerzas políticas nuevas (socialismo,
...) 1 0 3 , fenómenos
nacionalismos vasco y catalán, regeneracionismo, que
se refuerzan tras la crisis del 98, que supone, ante todo, unaruptura en el
plano ideológico e intelectual, y una toma de conciencia dediversos grupos
sociales. Mientras en el ámbito nacional emergen estas oposiciones alsiste-
ma, el Altoaragón conoce el desarrollo y laextensión decacicatos estables,
con fuerza suficiente para imponer y hacer prevalecer asus candidatos fren-
te a los hombres propuestos desde el poder central. Recuérdese que laexis-
tencia de cacicatos estables es inversamente proporcional al grado de su
docilidad104 y conlleva una importante carencia de competitividad105.
Así pues, la carencia de competitividad sevio acentuada afinales del
XIX y principios de XX, pero -como ya hemos apuntado- a lolargo de los
primeros veinte años de la Restauración algunos distritos altoaragoneses no
se ajustaron a los deseos de Gobernación, haciendo gala de unaactitud más
o menos competitiva, si se quiere, pero competitiva, ensuma.
El repaso de las elecciones desde 1875 a 1898 va aservirnos para po-
ner de manifiesto varios fenómenos:
a) el establecimiento de cacicatos estables, al queacabamos derefe-
rirnos en líneas anteriores.
b) el progresivo control de los distritos y la creciente influencia de
los posibilistas en la provincia.
102
JOVERZAMORA, J.M.. La época de la Restauración .... en TUÑONLARA, de M.,
ción Burguesa, Oligarquía ..., pp. 271-274.
103
COSTA, Joaquín, Oligarquía y Caciquismo como laforma degobierno actual en España.
Urgencia y modo de cambiarla, tomo I, Guara, Zaragoza, 1982.
104
GERMÁNZAHIERO. Luis, Elecciones y partidos políticos en Aragón .... p. 59.
' ^ El fenómeno de consolidación de los cacicatos estables, rastrearle para el caso oséen-
se desde 1891, se hace extensible a las otras dos provincias aragonesas durante el reinado
de Alfonso XIII.
73
c) las dificultades del Partido Conservador en el Altoaragón y la
disolución del mismo en la parte baja de la provincia a raíz de las
elecciones de 1891.
Las elecciones menos competidas fueron las de 1876, y ciertamente
son las que menos interés ofrecen, por la limitación de las libertades públi-
cas que conllevó la Restauración borbónica. Recuérdese que, ya el 31 de
diciembre de 1874, la prensa, considerada como uno de los más peligrosos
enemigos del sistema, había quedado sometida a un régimen de censura
preventivo, y que el 29 de enero de 1875 fueron suprimidos todos los pe-
riódicos republicanos. La limitación de la libertad de expresión fue uno de
los primeros pasos para abortar cualquier tentativa de oposición y críticaal
régimen nacido del pronunciamiento de Sagunto. Bien es verdad que, poco
más tarde, los derechos y libertades esenciales quedarán recogidos y articu-
lados legalmente en la Constitución de 1876, pero, de hecho, eran propie-
dad casi exclusiva de los grupos monárquicos. Será necesario esperar la lle-
gada de los fusionistas al poder, en1881, para que las libertades políticas
formales sean reconocidas.
En este contexto, ninguna opción cabía a los grupos y fuerzas políti-
cas situados fuera del sistema, más aún en unas elecciones en las que, a pe-
sar del tinte democrático con que se pretendieron celebrar, los resultados sé
habían establecido desde el despacho de Gobernación, una vez que la farsa
electoral fuera confiada a Romero Robledo.
A pesar de las escasas noticias sobre las elecciones de1876 106 , veri-
ficadas según la ley de 1870, mediante sufragio universal, podemos apun-
tar que para la provincia de Huesca el encasillado se cumplió de forma per-
fecta (seis de los siete distritos consiguen representación conservadora), y
que la campaña electoral se caracterizó por la proliferación de las quejas del
partido constitucional, que exigía garantías políticas de imparcialidad y
libertad107. En la mayoría de los distritos, la campaña y la elección carecie-
ron de una verdadera lucha efectiva, produciéndose en gran parte de ellos
extrañas coincidencias entre el número de votantes y los votos obtenidos
por los candidatos electos. Sólo en Barbastro, Sariñena, y quizá en Hues-
1
De esta fecha no se ha conservado prensa tncal. "El Diario de Huesca" se publicaba
desde el 16 de noviembre de 1875, pero falta el primer trimestre de1876.
107
PEñAGALLEGO. Fernando, op, cit„pp, 27-30.
74
ca, pueda defenderse, al menos, cierta lucha, ya fuera vía otros candidatos
o vía abstención.
En la capital, la victoria la obtuvo Antonio Naya Azara, candidato
apoyado por el Gobierno, que consiguió los votos de algo más de la mitad
del censo electoral108, lo que hace suponer que en este distrito se entabló
lucha por alguna de las dos vías arriba apuntadas. Antonio Naya era sexto
barón de Alcalá desde 1849109 y pertenecía a una noble familia aragonesa.
Dirigente del Partido Moderado, combatió a Espartero en 1843y se "signi-
ficó con todas las situaciones contrarrevolucionarias hasta los días de la res-
tauración"110. Fue promotor del Banco de Crédito y Fomento del Alto Ara-
gón, creado el día 5 de marzo de 1862 con un capital de 12 millones de rea-
les distribuidos en 6.0(X) acciones de 2.000 reales cada una. Antonio Naya
era uno de los mayores accionistas, junto a Faustino Pérez -150 acciones
cada uno-, y el decimocuarto contribuyente de la provincia en1875 111 .
Así pues, en líneas generales, la provincia se ajustó al encasillado
previsto, registrándose una ausencia de lucha efectiva en más de la mitad de
los distritos; y aun en los que ésta se entabló, la victoria de los candidatos
adictos a la política del Gobierno no encontró serias dificultades. Es posible
que en los cuatro distritos de comportamiento más dócil -Boltaña, Benaba-
rre, Fraga y Jaca-, los candidatos de oposición retiraran sus respectivas
candidaturas ante la imposibilidad de hacer frente a unos resultados esta-
blecidos de antemano, en un contexto de total parcialidad y falseamiento de
la opinión del cuerpo electoral.
Diferente tono y color tuvieron las siguientes elecciones, las de
112
1879 , ya que cinco de los siete distritos mostraron un carácter competiti-
vo. Durante la campaña electoral destacó un verdadero rosario de quejas
desde las páginas de "El Diario de Huesca", por las "coacciones, amenazas,
promesas y halagos (...) que han llegado en el distrito de Huesca á un tér-
108
Porcentaje de un 5171%.
109
AHN, leg. 8.983. n«. 54.
110
[Link], Alberto, op. cit., pp.19-21.
En esta fecha satisfacía una contribución üc 2.570'93pts. por las propiedades que
poseía en Bespén (58154 pts.), Azlor (29476 pts.). Huesca (1.230 pts.), Monzón (12831
pts.). Adahucsca (289' 10 pts.) y Fiscal (4772 pts.).
1,2
Estas elecciones se celebraron por sufragio censuario. En Huesca, el censo electora!
de 1876, con 60.519 electores, se redujo a17.331, que suponían un 6'8% de la población
provincial.
75
mino increíble (...)" 113 - Era la primera vez que se criticaban las interven-
ciones y actuaciones del gobernador civil y de los delegados gubernativos:
«El Gobernador civil ha dirigido fuertes, amenazantes y terroríficos ofi-
cios á varios alcaldes del distrito de quienes le han dicho que se ocupan de
asuntos electorales. Por supuesto que los alcaldes que han recibido comunica-'
ciónos tan insinuantes, como lo habrán comprendido nuestros lectores, son
aquellos que no se han mostrado sumisa 6 incondicionabnente propicios á
trabajar, á echar el quilo, como vulgarmente se dice, en favor de la candidatu-
ra ministerial»114.
No sería el único caso; tampoco el último. La intervención del gober-
nador, M. Molina, llegó incluso a la detención de algunos diputados pro-
vinciales, como el caso de Froilán Pequera, quien se había ausentado de la
capital de la provincia. El gobernador, sospechando que la ausencia estaba
motivada por el propósito de trabajar en pro de la candidatura de oposición
liberal por aquel distrito, mandó detenerlo bajo la acusación de haber aban-
donado su puesto de vocal en la Comisión provincial115.
De los cinco distritos que cabría suponer obtuvieran los conservado-
res, sólo consiguieron cuatro; el resto quedó para los constitucionales, y
uno para un candidato independiente de tendencia liberal. La lucha más
dura se entabló en el distrito de la capital, donde el jefe del posibilismo,
Emilio Castelar, se enfrentaba al candidato encasillado, el barón de Alcalá,
el que ya vimos resultar victorioso en las elecciones de1876. Como puede
observarse en el cuadro de resultados, la victoria fue apretadísima, con una
mínima diferencia de seis votos116.
De forma competitiva se comportaron también los distritos de Barbas-
tro, Jaca, Fraga y Sariñena, en los cuales, a excepción del último, se impu-
sieron importantes propietarios de cada una de las zonas: Pedro Escudero,
113
"El Diario de Huesca", 20-IV-1879.
114
"El Diario de Huesca", 20-IV-1879.
115
"El Diario de Huesca", 18-IV-1879.
116
Emilio Castelar y Antonio Naya habían combatido también por Huesca en 1869. El
segundo venció al posibilista por sólo dos votos. Según "El Diario de Huesca", hubo gran-
des discusiones en la Comisión de Acias sobre si estos votos "eran de muertos o de vivos"
("El Diario de Huesca". 19-VI11-1881).
76
Manuel Gavín Estaún y Joaquín Nogueras Loscertales, repectivamente 117 .
En Sariñena, Salvador Bayona Santamaría, liberal oséensecuya familia po-
seía importantes propiedades en Esplús, fue derrotado por Leopoldo Alba
Salcedo por una mínima diferencia.
El saldo electoral fue favorable a los conservadores -cuatro distritos
frente a tres liberales- 118 , pero a partir de estas fechas se acentuará la ten-
dencia liberal de la provincia. Desde ahora, el saldo electoral de distritos li-
berales y posibilistas, y conservadores, salvo en 1884, será favorable a los
primeros, independientemente de que los comicios sean convocados bajo
uno u otro Gobierno.
Los medios para atraerse al cuerpo electoral fueron variadísimos: pro-
mesas de creación de estaciones, apeaderos, condonaciones, ventas, arrien-
dos, legitimaciones, solución de expedientes, promesas de anulación de
ventas de montes públicos desamortizados, aprovechamientos comunales
en condiciones seductoras, aprobación de cuentas municipales nadaclaras,
amenazas de todo tipo, e incluso el regreso al hogar de los soldados del úl-
timo reemplazo 119 . Para Jaca conocemos las primeras noticias sobre
coacciones económicas 120 , llegando a cotizarse a 100 reales el voto en
algunos pueblos.
En las elecciones de 1881, mostraron un carácter competitivo los dis-
tritos de Huesca, Fraga y Barbastro. En Benabarre, Boltaña,Jaca y Sariñe-
na, la lucha electoral se vio mermada debido a que figuraban candidaturas
liberales únicas, ya que el resto de los candidatos se presentó por acumula-
ción.
1
' ' Pedro Escudero, provinicntc del Partido Moderado, fue defensor de la Restauración de
Alfonso XII. Perteneciente a una antigua y noble familia altoaragonesa, era en 1875 uno de
los cincuenta mayores contribuyentes de la provincia por sus propiedades en Azara yAlbc-
rucia de Lalicna, pertenecientes al distrito de Barbastro. Manuel Gavín Estaún, importante
propietario jacclano, resultó elegido de forma constante desde 1879 1893.
a Antes de esas
fechas, fue también diputado de las Corles de la Unión Liberal. Joaquín Nogueras Loscerta-
les poseía propiedades en Alcolca y fue elegido diputado en 1879; en 1873 fue diputado
provincial, disputando a Manuel Camo y a José Lasicrra la presidencia de la Diputación.
1
' Conservadores: Huesca, Barbastro. Benabarre y Fraga. Liberales: Sariñena, Jaca y Bol-
taña.
119
"El Diario de Huesca". 8.9.10-IV-1879.
120 y e r TtJSEU., Javier, Oligarquía y Caciquismo .... p. 102 y ss.
77
La campaña más interesante se libró en el distrito de la capital, donde
Emilio Castelar se enfrentó a la candidatura fusionista de Fernando de la
Cerda, conde de Parcent121. Las discusiones más acaloradas giraron en tor-
no al "posible apoyo gubernamental" a la candidatura del posibilista. "El
Movimiento", diario demócrata-progresista de la capital 122 , apuntaba al
respecto:
«Por lo que al distrito de Huesca se refiere, se verán casos y cosas muy
originales, más originales todavía tratándose de manejos posibilistas sagas-
tinos.
Porque se ha de saber que Castelar es el candidato sagastino; candidato
que quieren algunos ministros. Muy cerca anda el señor Castelar de la monar-
quía, cuando busca el apoyo de ella» 123 .
La respuesta de "El Diario de Huesca" no se hizo esperar:
«No anda el señor Castelar tan cerca de la monarquía como anduvieron
los prohombres del progresismo allá por el año 70. Entonces trajeron a
España un rey. contra viento y marca; el 3 de enero de 1874 ayudaron a la
caída de la República; en el mismo año acariciaron la idea de una (no se lee ),
y ahora pretenden mostrarse más demócratas que todos los demócratas
juntos» 1 2 4 .
A raíz de ello, comienza un enfrentamiento declarado entre "El Movi-
miento" y "El Diario de Huesca", que se recrudecerá de ahora en adelante.
De todas formas, no solamente el órgano zorrillista de la capital criticó el
apoyo gubernamental a Castelar. Desde Madrid, "El Liberal" aludía a que
era "candidato apoyado con todos los resortes del Gobierno é impuesto por
éste á los electores que se resisten á votarle"125. "El Movimiento" llegaba
incluso más lejos, al declarar que Castelar había sido recomendado por el
jefe de Gobierno, el cual había rogado a los constitucionales que retirasen la
candidatura del conde de Parcent, porque interesaba mucho que el jefe re-
771
" ' A l título de conde de Parcent desde el 5-IV-1880, sumaba el de conde de Contamina y
de Vilar (24-X1-185I), marques de Barbóles y [Link] de Mendinueta. AHN, títulos del rei-
no, leg. 8.984, n" 53 bis; lcg. 8.989, n» 30; lcg. 8.984. n" 53.
12 1
' - Ogaño del partido adepto a Ruiz Zorrilla, comenzó a publicarse en 1880 y tuvo entre
sus directores a Antonio Torres-Solanot y León Arizón.
123
"El Diario de Huesca". 16-VII-1881.
124
"El Diario de Huesca". 16-VI1-1881.
125
"El Diario de Huesca", 19-VI1-1881.
78
publicano llegara al Congreso126. Parecidas acusaciones encontramos en
"El Diario Democrático de Tarragona".
"El Diario de Huesca", por contra y en su defensa, argumentaba que
su jefe "no ha solicitado la protección del gobierno que, además, ni necesi-
ta, ni quiere"127. Según este periódico, las anteriores acusaciones carecían
de todo fundamento, ya que los fusionistas estaban llevando a cabo una im-
portante labor para ganarse al electorado:
«Los ministeriales no omiten medio ni perdonan recurso para que su can-
didatura, sostenida con un empeño digno de mejor causa, obtenga los favores
del cuerpo electoral del distrito de Huesca. Halagos, promesas y aún amena-
zas, todo se ha ensayado ya, aunque sin éxito, en algunas secciones que des-
de un principio mostráronse reacias á votar la candidatura de coalición mo-
nárquica; porque la opinión y las simpatías de los electores inclinábanles á
apoyar decididamente al señor Castclar» 128 .
Los posibilistas oscenses se hallaban además seriamente preocupados
por la presentación de la candidatura de Nicolás Salmerón, ya que ésta po-
día restarles votos. Así se refleja en una carta de Manuel Camo a Joaquín
Costa, con fecha de 23 de julio de1881, en la que aquél refiere "la lucha
ruda" entre Castelar y Femando de la Cerda, señalando que si la presenta-.
ción de Nicolás Salmerón llegara a verificarse sólo tendría como únicofin
absorber votos potencialmente posibilistas129.
Barbastro y Fraga fueron los distritos elegidos por conservadores y
republicanos progresistas para la lucha electoral, y ambos mostraron, como
ya apuntábamos arriba, un carácter competitivo. En el resto de los distritos,
los conservadores no presentaron ningún candidato. Tenemos noticias de
que en el distrito de Sariñena, donde sin dificultad venció el fusionista
Salvador Bayona, retiró su candidatura Antonio Naya, basándose en el
"falseamieto de la verdad electoral" y la parcialidad del Gobierno, que
impedían una verdadera lucha electoral130.
126
"El Diario de Huesca", 20-VII-1881.
127
"El Diario de Huesca", 14-VII-1881.
128
"El Diario de Huesca". 22-VII-1881.
129
AHP, carta de Camo a COSTA (23 de julio de 1881).
130
"El Diario de Huesca". 19-V1IM881.
79
Ciertamente, la llegada de los fusionistas al poder había supuesto una
ruptura con las medidas represivas de los derechos y libertades públicas,
pero el falseamiento, la corrupción y la manipulación no fueron patrimonio
exclusivo del Partido Conservador. En Huesca, los apaños electorales y las
presiones de todo tipo no fueron utilizados única y exclusivamente por los
hombres de Cánovas. En el periódico "La Derecha", órgano del posibilis-
mo zaragozano, pueden rastrearse abundantes críticas referentes a la pro-
vincia altoaragonesa, en las que se pone de manifiesto que, aunque se espe-
raba que la parafemalia electoral no fuera utilizada por los liberales, de he-
cho, éstos habían recurrido a procedimientos antes propios de los conser-
vadores, y criticados por aquéllos en los años precedentes. En Fraga, por
ejemplo, una comisión de apremio, escoltada por 25 soldados de caballería,
procedió al embargo y venta de los bienes de los concejales para cobrar cré-
ditos que el municipio adeudaba a Hacienda. "La Derecha" criticó que este
hecho tuviera lugar en periodo electoral, que los procedimientos utilizados
fueran "duros, extraordinarios é injustos" y que las víctimas fueran conser-
vadores 131 .
El balance electoral resultó prácticamente monocolor. De los siete dis-
tritos de la provincia, seis obtuvieron representación fusionista -Barbastro,
Benabarre, Boltaña, Fraga, Jaca y Sariñena- y uno, republicana posibilista
-Huesca-,
La pérdida de peso de los conservadores se puso de manifiesto en las
elecciones de 1884. A pesar de que los comicios fueran convocados bajo su
Gobierno, los conservadores presentaron candidaturas en Huesca, Jaca,
Barbastro, Benabarre, Fraga y Sariñena, y ganaron las elecciones sólo en
cuatro de ellos. En el primero, las perdieron frente a los republicanos posi-
bilistas, y en Jaca, frente al liberal Manuel Gavín Estaún, importante y rico
propietario del distrito, por el que había conseguido ya la representación en
1879 y 1881.
La presión oficial se sintió de forma muy especial, y no sólo la prensa
local, sino la madrileña, criticaron la "escandalosa y nunca vista presión
oficial" y las amenazas, promesas y coacciones de todo tipo puestas en jue-
go, especialmente en los distritos de Huesca y Jaca. Podemos afirmar que
131
"La Derecha". 8-VIl 1881.
las elecciones de 1884, si se exceptúan las de
1891, fueron las más corrup-
tas de las celebradas en la Restauración del siglo XIX.
Como ya sabemos, y como veremos más adelante, una de las formas
de corrupción habitual fue aquella que practicaron las autoridades, al apoyar
las candidaturas encasilladas. La presión oficial podía ejercerse a través de
la sustitución de los cargos municipales en los días que antecedían a la
elección. Fue precisamente en las elecciones de este ano cuando este tipo de
presión gubernamental se dejó sentir con especial firmeza -entre otros mu-
chos casos, el Gobierno llevó a cabo en la provincia 183 cesantías en el es-
pacio de dos meses, hecho que trascendió de los límites provinciales y fue
incluso criticado por los periódicos madrileños de oposición-. No fue tam-
poco una excepción la llamada de los alcaldes por parte del gobernador para
obligarles a rendir cuentas atrasadas y a ingresar cantidades que adeudaban
los Ayuntamientos por los conceptos que fueran132. Son todos ellos indica-
dores de la presión oficial para "obligar á los ayuntamientos y á los alcaldes
á ser ciegos y sumisos agentes del gobierno en asuntos electorales".
A pesar de la fortísima presión y de los manejos oficiales, sólo dos
actas incluyen protestas o reclamaciones, las de Huesca y Jaca. El resto no
contiene ni una sola, lo cual viene a indicar la apatía en la que se sumía la
oposición ante las corrientes arbitrariedades cometidas en el periodo elec-
toral.
En líneas generales, la campaña electoral no ofreció gran interés, si
exceptuamos los manejos, corrupciones, coacciones, ..., porque en la ma-
yoría de los distritos el candidato electo no tenía frente a sí más que candi-
daturas por acumulación. Sólo en Huesca y Jaca, con la lucha entre posibi-
listas y conservadores, y fusionistas y conservadores, respectivamente, la
campaña mostró cierta competitividad. En el primero, Emilio Castelar, que
en 1881 había vencido al fusionista conde de Parcent, vuelve a conseguir
su acta de diputado, aunque por muy poca diferencia de votos -15 sola-
mente-, frente al mismo candidato, militante ahora en el Partido Conserva-
132
"El Diario de Huesca", 4-IM8R4.
dor, en Jaca, el peso de Manuel Gavín Estaún impidió al cunero Alvarez
Capra conseguir su escaño 133 .
El encasillado fabricado para la provincia desde el despacho del Mi-
nistro de Gobernación se vio alterado en uno de los distritos. Joaquín No-
gueras Loscertales había disputado en 1879 por Fraga, lugar donde tenía su
residencia y propiedades; en 1884, Romero Robledo le encasilló por el dis-
trito de Sariñena, a la vez que adjudicaba el de Fraga a un candidato cunero,
Sánchez Toca. Ante el descontento y las presiones de J. Nogueras, que via-
jó a Madrid acompañado de los también conservadores barón de Alcalá y
Pedro Escudero, el ministro varió el encasillado, haciendo presentar a Sán-
chez Toca en Sariñena y al altoaragonés en Fraga, distrito en el que su in-
fluencia era sin duda mayor por su condición de propietario de la zona134.
Observando los resultados y los candidatos de los distritos, cabe su-
poner que en el encasillado, los conservadores se reservaban seis de los
siete distritos; sólo en Boltaña, bajo dominio del marqués de Lacadena, no
presentaron candidatura, reservándola a los liberales. Pero los cálculos de
Gobernación no se reflejaron en la realidad, porque el Gobierno perdió los
distritos de Huesca y Jaca, dominados por un republicano y un liberal, res-
pectivamente, aun a pesar de los especialísimos esfuerzos de Romero
Robledo por hacer triunfar las candidaturas conservadoras. De ahí que sea
precisamente en Huesca y Jaca donde la lucha electoral ofrezca un mayor
interés, dado el carácter poco dócil y competitivo de ambosdistritos13-15.
La campaña de las elecciones de 1886 nene un especial interés, al me-
nos por lo que al distrito de la capital se refiere, ya que en esa fecha el en-
frentamiento entre progresistas y posibilistas, que tuvo ya ocasión de po-
nerse de manifiesto en las elecciones de 1881, va a conocer ahora un nuevo
recrudecimiento. Este distrito reflejó de forma Fiel la división y enfrenta-
miento existentes en el ámbito nacional entre ambas fracciones. Como es
sabido, los hombres que acaudillaban Ruiz Zorrilla, Salmerón y Pi y Mar-
' " Lorenzo Alvarez Capra era propietario y arquitecto. Cuando en 1884 se presentó por
el distrito de Jaca, era teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid y candidato cunero.
En 1886, se presentó por Barbaslro, distrito por el que obtuvo la representación, militando
en las Tilas del partido de Sagasta.
134
"La Derecha", 13-111-1884.
13
^ Ver mapa de docilidad y competitividad. Huesca. Jaca y Sariñena son los distritos me-
nos dóciles de la provincia entre los años 1875-1896.
82
gall formaron un frente unido al que no se sumaron los posibilistas, acu-
diendo a las elecciones por separado. En Huesca, las cadidaturas de ambos
grupos fueron la de José Fernando González y la de Emilio Castelar136.
En el seno del comité zorrillista, se manifestaron en estas fechas dos
tendencias: una, sostenida por una minoría, se inclinaba a favor de la candi-
datura de José Fernando González; otra, mayoritaria, prefería votar a un
candidato por acumulación137. Finalmente, quizá por el apoyo prometido
por los conservadores, acabó imponiéndose la primera.
Efectivamente, la candidatura del zorrillista fue apoyada por los con-
servadores oscenses, lo cual no es sino un signo de la desideologización
reinante en la España de la Restauración. Precisamente el pacto de los parti-
dos del tumo hay que entenderlo y situarlo en el contexto de una España
dcsideologizada, condicionada por el peso del mundo rural y por los altos
índices de analfabetismo. Así, durante la Restauración, los electores no se
consideran, por regla general, afiliados a uno u otro partido, sino que se
distinguen, sobre todo, por su obediencia y sumisión a las indicaciones o
mandatos de un prohombre o cacique local.
Uno de los más caracterizados conservadores de la capital, Anselmo
Sopeña, visitó en Madrid a José Fernando González, ex-ministro y ex-
diputado de la Primera República. Tras la conversación que mantuvieron,
se convirtió en un hecho la presentación de la candidatura del demócrata-
progresista138; a partir de entonces, comenzó una activa campaña de con-
servadores, e incluso carlistas, en pro de la candidatura de éste. El jefe del
Partido Conservador de la provincia, Nicolás deOtto, visitó varios pueblos
del distrito en compañía del notario Pascual Lasala, levantando actas para
las propuestas de interventores adictos al candidato González 139 ; Anselmo
Sopeña intentó lo mismo en la sección de Gurrea140.
136
A.C, elecciones, Icg. 101, exp. 26.
137
"El Diario de Huesca". 25-11-1886.
138
"La Derecha". 27-111-1886 y 3-II1-1886.
139
"La Derecha". 4-IH-18K6.
El grado de desideologización llega a ser tan extremado que un personaje conservador
como Anselmo Sopeña apoya tres candidaturas de diferente filiación política: en Sariñena,
la del conservador Sánchez Toca; en Barbasiro. la del liberal y accionista del Banco de Es-
paña Alvarcz Capra. y en Huesca, la del demócrata progresista Femando González.
83
"El Diario de Huesca", defensor, como ya sabemos, de Castelar,
arremetió desde sus páginas contra la candidatura del zorrillista. Los segui-
dores de este habían venido defendiendo que González era un candidato
natural y propio del distrito de Huesca. Según aquel periódico, el
«señor González no es ni puede ser candidato natural y propio de este distri-
to, dada la significación que suele atribuirse á estas palabras, por más que
pueda serlo de los elementos, monárquicos en su mayoría, que aspiran cons-
tantemente á arrebatar el triunfo á la democracia posibilista» 141 .
Una vez efectuada la elección, y verificada la victoria de Castelar, la
crítica de los diarios conservadores no se hizo esperar. "La Crónica", perió-
dico dirigido por Mariano Castañera, opinaba al respecto:
«Huesca es la víctima propiciatoria en el contubernio de posibilistas y
constitucionales. Castelar vende a] gobierno su benevolencia en cambio de
tres actas. La de Emilio Castelar, la de su secretario Alvarado, y la de su fa-
vorito el Señor Abarzuza.
(...)
No hay medio conocido del que no hayan hecho uso los posibilistas:
coacciones, amenazas, amalgamas con los monárquicos, dinero a los electo-
res, en fin en esc mercado electoral ha habido de todo.
Antes de la lucha, en la lucha y ahora que somos los vencidos, hemos
dicho y diremos que D. Emilio Castelar es la ruina de Huesca y su provincia
y por eso combatimos su candidatura» .
Según "La Crónica", el triunfo de José Fernando González era la úni-
ca forma de asestar un verdadero golpe "al repugnante caciquismo que aho-
ga la vida del país" y "al favoritismo que como un pulpo inmenso extiénde-
se por todas las corporaciones de la provincia", y el único camino para ha-
cer "que la provincia de Huesca no sea un feudo de algunos caballeros", en
una clara alusión a Manuel Camo.
Por contra, "La Derecha" y "El Globo" felicitaron a Camo por su
campana en Huesca, por medio de la cual consiguió hacer triunfar dos can-
didaturas posibilistas para el Congreso y una para el Senado.
141
"La Derecha", 2-1V-1886.
142
"La Crónica", 5-1V-1886.
84
«Claro está que no ha conseguido iodo ello sino á fuerza de talento.
constancia, de rectitud, de esfuerzos vigorosos y fecundos en pro de los inte-
reses municipales y provinciales de aquél país» 143 .
Si en Huesca disputaron dos candidaturas posibilistas, en Barbastro
lo hicieron dos liberales, después de la retirada del conservador Pedro
Escudero. Este había abandonado la lucha electoral con un manifiesto a los
electores en el que pedía apoyo para el constitucional Estanislao de
Antonio, ya que así
«quedará blindado el distrito á cualquier candidatura que surgir pudiera de la
envidia, de la traición, de la venalidad o de la ingratitud, vicios por desgracia
muy arraigados en los días que corremos»' 44 .
Las candidaturas liberales a las que aludimos eran la de Estanislao de
Antonio, apoyado por los conservadores, y la de Lorenzo Alvarez Capra,
candidato cunero145. Las presiones oficiales se dejaron sentir con especial
firmeza, dando como resultado la retirada del primero de ellos; retirada que
dejará expedito el camino a Alvarez Capra, al que nadie disputará su candi-
datura146.
Tras el escrutinio, cinco de los distritos resultaron liberales, y dos,
Huesca y Sariñena, republicanos posibilistas. A la vista de los resultados,
pocas variaciones ofrecen los distritos de Boltaña, Jaca y Huesca, domina-
dos respectivamente por Ramón Lacadena Laguna, Manuel Gavín Estaúny
Manuel Camo -que consigue el acta del distrito para Castelar-. El poder de
estos hombres era tan fuerte que los resultados electorales pasaban necesa-
riamente por sus despachos. El poder político de Manuel Camo empezó en
estas elecciones a extenderse fuera de los límites del distrito de la capital, al
143
"La Derecha", 10-IV-1886.
144
"La Derecha", J8-J1I-I886.
145
"El Diario de Huesca". I6-III-I886.
Alvarez Capra se había presentado por el distrito de Jaca siendo candidato cunero por
el Partido Conservador, al igual que en las elecciones de 1886, pero esta vez al lado de los
liberales.
85
hacer triunfar la candidatura de Juan Alvarado147, ligado especialmente a
Castelar, en Sariñena.
La lucha en este distrito es, sobre el papel, la más interesante y com-
petida, y enfrentó al mencionado posibilista y al conservador Joaquín
Sánchez Toca148. Desde 1886, el distrito de Sariñena se convierte en un ca-
cicato estable: Juan Alvarado, secretario del jefe del posibilismo nacional,
resultará electo en todas las elecciones hasta1923149.
Así pues, salvo en Huesca y Sariñena, en el resto de los distritos la
campaña electoral no ofreció apenas interés por lo que a compeiiiividad se
refiere, ya que los candidatos electos, todos ellos liberales, acapararon la
práctica totalidad de los votos emitidos. A ello hay que añadir la inexisten-
cia de candidaturas conservadoras, hecho que nos informa de la facilidad de
conservadores y liberales para realizar un reparto previo de actas electora-
les. Si observamos los resultados electorales por años, comprobaremos que
en los distritos que ahora nos ocupan -Barbastro, Benabarre y Fraga; no
incluimos Boltaña por su carácter de cacicato-, en 1884, a Gobierno con-
servador corresponden diputados conservadores, y en1886, con Gobierno
liberal, los diputados resultan liberales, lo cual no es sino una prueba de la
docilidad de estos distritos. Ello nos inclina a pensar que el reparto previo
de actas funcionó con gran facilidad, condicionando la no presentación de
conservadores en unos distritos que se mostraban sumisos y dóciles a los
deseos del partido en el poder.
Hasta aquí hemos ido analizando la evolución de la competitividad y
de la lucha electoral en cada una de las elecciones, señalando en qué distri-
tos se registró y en qué forma se concretó en las campañas y resultados
electorales. En líneas generales, la lucha, a excepción del distrito de Hues-
ca, en el que se dio en casi todos los comicios, varió de una elección a otra,
aunque es de señalar que ya en 1879 cinco de los siete distritos se resistie-
' ' Juan Alvarado nació en Las Palmas en octubre de 1856. Fue secretario y amigo intimo
de Emilio Caslelar. Decidido librecambista, fue vicepresidente del Congreso en 1901 y
1905, Ministro de Marina en 1906 y de Hacienda en 1909. En 1914, se convirtió en uno
de los dirigentes del partido que presidió García Prieto.
* El resto de las candidaturas eran de acumulación: Pi y Margal!, Gutierre/. Giménez y
Sastrón Pinol.
1*" GERMáN ZUBKRO, Luis, Elecciones y Parados políticos en Aragón ... , p. 84. Una vez
retirado Castclar de la vida política, Alvarado pasa a las filas del Pirtido Liberal, al igual
que Manuel Camo, quien le prepara las elecciones hasta 1911.
86
ran al encasillado oficial, Pero fue precisamente en 1891 cuando se conoció
una competidvidad importante y un enorme grado de corrupción -el más
significativo del período-.
Sin duda, la ampliación del cuerpo electoral, y por tanto, de la base
social con derecho a voto, hacía augurar importantes y serias esperanzas.
La ley electoral del 26 de junio de 1890 reconoció y reguló el sufragio uni-
versa] por primera vez desde la restauración de la monarquía. Recordemos
que, en 1876, las elecciones se celebraron de acuerdo con la ley de 1870, lo
que suponía respetar el sufragio universal; pero este hecho tuvo, como sa-
bemos, un carácter excepcional. La nueva ley eliminó el carácter tributario
de los electores, con lo que la capacidad electoral creció hasta alcanzar ci-
fras similares a las de la Primera República.
Pero si la ampliación del censo hizo albergar esperanzas de cambio,
también es verdad que existían otros aspectos en la ley, más sutiles quizá,
que obligan a prestarles cierta atención. El aumento de la capacidad electoral
creó algún que otro desajuste, ya que en algunas zonas el número de electo-
res creció considerablemente, mientras no se aumentaba el número de actas
que les correspondían. Ello era debido al mantenimiento de la división terri-
torial anterior y del número de escaños correspondientes a cada distrito o
circunscripción.
Indudablemente, la ley respondía, en líneas generales, a la necesidad
de ajuste de la población y del cuerpo electoral, pero, al mantener la anterior
división territorial sin alterar el número de diputados, se produjo asimismo
un nuevo desajuste: los grandes núcleos urbanos, cada vez más poblados,
se hallaban infrarrepresentados en comparación con otras zonas del país de
menor densidad de población. La relación entre el número de habitantes y el
número de escaños se alteró en detrimento, claro está, de aquellas zonas de
inmigración que, sin duda, se hallaban más abiertas ideológicamente a las
fuerzas exteriores al sistema. De ahí que la diferencia entre voto urbano y
voto rural resultara cada vez más marcada, y que los partidos dinásticos
acabaran dependiendo del último, mientras el resto de los grupos políticos
conseguía los votos del electorado de la ciudad.
Pero pasemos a ver cuáles fueron las fuerzas políticas que se disputa-
ron los distritos altoaragoneses.
87
Como en anteriores ocasiones, el distrito más disputado y controver-
tido fue el de la capital, donde posibilistas y carlistas defendían las candida-
turas de Emilio Castelar y Juan de Lianza y Pignatelli, duque de Solferino,
respectivamente. En todos los distritos presentaron los conservadores sus
candidaturas; en Barbastro, Pedro Escudero, que luchó frente al liberal
Lorenzo Alvarez Capra; en Benabarre, Manuel Lasierra, que disputó el
distrito a Antonio Torres-Solanot; en Boltaña, Antonio Albar Anglada; en
Fraga, Joaquín Abella, que por primera vez se enfrentaba a un hombre de
enorme peso e influencia en la provincia, Manuel Camo; en Jaca, Luis
Jorro competía con Manuel Gavín Estaún, cuya influencia no parecía poder
ser discutida, al menos de momento; y finalmente, en Sariñena, Sánchez
Toca, cuya candidatura fue presentada también en el distrito de Tarancón,
tendría que contender por un distrito en el que los camistas parecían hacer y
deshacer a su antojo. Los resultados de la elección vendrían a poner de ma-
nifiesto los serios problemas con que contaban los conservadores para
hacer triunfar sus candidaturas en el Altoaragón.
Fue precisamente el distrito de Sariñena el campo de batalla elegido
por carlistas, consen/adores y liberales para derrotar a los posibilistas. Pero
de la contienda no resultó sino lo contrario: el reforzamiento de éstos en
Huesca, Fraga y Sariñena, y la disolución del Partido Conservador en la
parte baja de la provincia.
La crisis en el Partido Conservador se produjo porque, faltos de fuer-
za los conservadores, sólo contaron con un gobernador que no dudaba en
recurrir a la arbitrariedad y la violencia; falsificada una de las actas parcia-
les, resultaba elegido el subsecretario de Gobernación, Sánchez Toca, por
10 votos. Pero el candidato conservador rechazó el acta que se le ofrecía en
tales condiciones, lo que condujo a la disolución de los conservadores; di-
solución que llegó hasta el punto de que en la elección de diputados provin-
ciales, verificada en setiembre de 1892, no pudieron aspirar siquiera al
puesto de la minoría150.
Lo característico del período electoral fue la presión oficial y el con-
junto de abusos, que ponían de manifiesto las dificultades de los conserva-
dores en la provincia. Se empezó con la destitución del alcalde de Huesca,
130
"El Liberal". 23-11-1893.
88
Luis Fuertes Mallafré, y su sustitución por el carlista Gregorio Monreal 151 ;
pronto, varios ayuntamientos fueron objeto de una serie de multas que se
elevaron a "20.000 duros"152:
«(...) el gobernador de Huesca, pretende reducir por hambre, imponiendo
mulla sobre multa á los que no están en ganas de hacer su juego. Esto tiene
todas las apariencias de un sistema en el que el único factor es el peso
duro» 153 .
El gobernador, Alvarez Pérez, hizo también llegar a la capital a varios
alcaldes, especialmente de los distritos de Huesca y Sariñena, requeridos
por la Guardia Civil, "para amenazarles si no votaban al candidato carlista
del gobierno"154.
"El Norte de Aragón", diario conservador de la capital, subvenciona-
do por Sánchez Toca, y "El Diario de Huesca" libraron desde sus columnas
la batalla electoral. Uno y otro criticaban los abusos, favores, manejos, co-
rrupciones, ... de castelarinos, y conservadores y carlistas, respectiva-
mente.
Los ministeriales acusaron a los posibilistas de ofrecer "el oro y el
moro" a quien votara a Castelar155, y "La Época", desde Madrid, afirmaba
que los abusos del señor Camo "eran los que habían quebrantado la in-
fluencia de Castelar en el distrito de Huesca"156. Ante tales acusaciones,
los posibilistas recogieron en las páginas de su diario tal serie de abusos y
manejos que quizá formen la lista más extensa del periodo que estudiamos.
A las multas de alcaldes y ayuntamientos, a la destitución de cargos munici-
pales, a las amenazas al personal de la administración, a la compra de vo-
tos, ... se sumaba ahora la utilización del pulpito como medio de coacción,
al intimidar a los fieles con el desahucio espiritual.
151
"El Diario de Huesca". 2-1-1891.
152
Reproducción de un artículo de "El Globo" en "El Diario de Huesca" (9-1-1891).
153
"El Diario de Huesca". 9-1-1891.
154 "El Diario de Huesca", 29-1-1891.
155
"El Diario de Huesca". 24-1-1891.
156
"La Época", 23-1-1891.
89
El apoyo del clero a la candidatura carlista del duque de Solferino fue
uno de los aspectos más curiosos y atrayentes de la campaña. En algunos
pueblos, los carlistas depositaron en las casas de los curas párrocos ciertas
cantidades que éstos debían repartir a cambio de votos 157 , convirtiéndose
así en activos agentes electorales de la candidatura carlista. Como hemos
señalado más arriba, incluso llegaron a predicar y amenazar con penas espi-
rituales y temporales a los que votasen o trabajasen por Emilio Castelar: el
cura de Loporzano ofreció "cincuenta duros" a un partidario posibilista a
cambio de que no se inclinara por dicha candidatura; el de Montmesa, se-
gún "El Diario de Huesca", afirmó desde el altar "que no dará sepultura
eclesiástica ni confesará al que no vote al duque de Solferino", y el de
Cuarte despidió a su monaguillo porque su padre no accedía a darle el
voto 158 .
"La Justicia", órgano del partido salmeroniano, se escandalizaba tam-
bién de la actitud y conducta del clero oséense:
«Según un periódico de la mañana, el Sr. Silvela ha escrito una carta al
gobernador de Huesca previniéndole que cese la persecución contra la candi-
datura del señor Castelar. Se ha cumplido, por tanto, el programa. Primero
lucha enconada contra el eminente repúblico; después, patrocinio de la candi-
datura carlista y por último protección decidida, para darse el carácter de gran
protector.
(...) lo que no tiene disculpa ni puede tolerarse es la conducta que está si-
guiendo el clero de Huesca.
(...) multitud de párrocos predicaron el domingo diciendo que negarán tierra
sagrada á los votantes del Sr. Castelar, y el de un pueblo de la provincia lle-
gó en su paroxismo hasta llamarle anima] desde el pulpito con grande escán-
dalo de los oyentes» .
A pesar de los enormes esfuerzos, y aun contando, por supuesto, con
el apoyo gubernamental, el saldo electoral resultó favorable a liberales po-
y
sibilistas. Los candidatos conservadores acudieron a todos los distritos, uti-
lizando todo lo utilizable para su triunfo, pero sólo consiguieron tres de los
siete distritos. Ciertamente, el peso e influencia de Manuel Camo 160 en
157
"El Diario de Huesca", 24-1-1891.
158
'El Diario de Huesca", 25-1-1891.
159
"El Diario de Huesca". 29-1-1891.
,bu
Manuel Camo, que hasta el momento no se había presentado a las elecciones al Con-
greso, hace su aparición en el distrito de Fraga, siendo derrotado por una escasa diferencia
de votos por el conservador Joaquín Abclla.
90
Huesca y Sariñena, el carácter estable del distrito de Jaca, monopolio de
Manuel Gavín, y del de Barbastro, dominado desde 1886por Alvarez Ca-
pra, hicieron que, a pesar de los esfuerzos y trabajos desde Gobernación,
los conservadores obtuvieran representación solamente en Benabarrc, Bol-
taña y Fraga. Es decir, en unos comicios convocados bajo Gobierno con-
servador, el reparto de los distritos entre los partidos dinásticos no sólo no
se ajusta a las previsiones hechas de antemano, sino que arroja un saldo ne-
gativo para el partido en el poder. Desconocemos las razones por las que el
diputado liberal por Boltaña, R. Lacadena Laguna, no se presentó a las
elecciones y por qué vuelve a hacer su aparición en1893, año en que consi-
gue de nuevo la representación del distrito.
En resumen, las notas características de 1891 fueron el alto grado de
corrupción, ya apuntado, y la importante competitividad, consignada en la
práctica totalidad de los distritos. Ninguna elección había sido, hasta el mo-
mento, tan disputada. Si exceptuamos el caso de Boltaña, donde el conser-
vador A. Albar Anglada acaparó casi todos los votos emitidos, en el resto
de los distritos se conoció la lucha más importante del período. En Huesca,
por ejemplo, de una lucha máxima calculada en un 1'59, se produjo una
competitividad real de 1'4; en Jaca, de un 1'56, se dio un 1'51, ... 1 6 1 .
Tampoco en ninguna elección se documentan índices tan altos de presión
sobre el electorado, que, con la ampliación que suponía el sufragio univer-
sal, pasó de 16.822 electores a64.551 162 .
El balance electoral acabó siendo resumido críticamente por "El Diario
de Huesca":
«Hemos juzgado las úliimas elecciones en detalle, resultando ser una es-
candalosa y cínica falsificación de la voluntad nacional.
El hombre del sentido jurídico ha dejado tamañito al Sr. Romero Roble
do. En tiempos de este se hacía de lodo; no se retrocedía ante ningún medio,
por violento que fuera, pero la coacción, la arbitrariedad, el escándalo se
consumaban generalmente antes ó durante la elección. Después de esta, el
' " ' E n Barbastro. de una lucha máxima de índice ]'59 se dio una competitividad de'42;
1
en Benabarrc, de 1'59 se alcanzó un l'24; de 1'59, en Fraga, 1*45; de 1'59 en Sariñena, se
dio 1'27. Sólo Boltaña luvo una "lucha real" muy pequeña: ü'9 de una lucha máxima de
2'59.
' " 2 SÁNCHEZ
ORTIZ, Modesto, Las primeras Cámaras de ¡a Regencia. Dalos electorales, es-
tadísticos y biográficas, Enrique Rubinos, Madrid. 1886.
A.D.P. Censo Electoral de 1890.
91
resultado se aceptaba y respetaba, salvo en el caso en que había un interés
supremo en sacar á flote una determinada candidatura.
La resurrección de los muertos era un milagro posible, pero los Lázaros
eran la excepción.
Con Silvcla ha sido la regla general y los delitos oficinescos y las falsi-
ficaciones de actas han estado á la orden del día.
Aunque parezca imposible, aunque sea un colmo, explicable solo en
nuestros país, el Sr. Silvcla ha hecho bueno al Sr. Romero Robledo y éste
va a resultar en el próximo Congreso con autoridad bastante para decir á su
odiado rival "mas hiciste lú; al lado de tu impudor soy la personificación de
la pureza electoral"» 163 .
Las elecciones de 1893 poseen un gran interés en la medida en que
clarifican algunos fenómenos que la década de los años 90 se encargará de
consolidar o acentuar: la ampliación del marco de acción de los posibilistas
oscenses y su acercamiento ideológico a los liberales, divorciándose del
resto de fracciones republicanas, con las que ya se habían visto enfrentados
en anteriores elecciones. De ambos aspectos trataremos a continuación.
En el ámbito nacional, los republicanos renovaron la coalición de
1891 bajo el nombre de Unión Republicana, agrupando asi a las tres ten-
dencias del republicanismo164. En la provincia, esta unión no prosperó por
la negativa de la fracción posibilista a formar parte de la misma.
El espectro de fuerzas políticas era, así, algo más amplio que en ante-
riores elecciones: liberales, conservadores, posibilistas y unionistas repu-
blicanos. Estos últimos se presentaron en Barbastro y Benabarre, distritos
en los que la lucha resultó muy dura165: el periodista Luis Montestruc y M.
Reniña fueron los candidatos republicanos. Al principio, pensaron presen-
tar candidato de Unión Republicana en la capital, pero se desistió del empe-
ño con el fin de concentrar fuerzas en Barbastro y Benabarre; no era ajeno a
esta determinación el enorme peso de los camistas en Huesca.
Luis Montestruc se enfrentó a Alvarez Capra, que desde el año 1886
venía representando al distrito en el Congreso. Periódicos como "El Libe-
163
"El Diario de Huesca". 12-11-1891.
164
AKTOI.A, Miguel, op. cii., tomo I, pp. 383-394.
165
"La Derecha". 18-11-1893.
92
ral" y "La Derecha" coincidieron en que fue el escaño más reñido y disputa-
do de la provincia166. El liberal contó con el apoyo del Gobierno y de su
partido, con el de varias familias poderosas de la zona (como los Jusen,
Sichar, Plana, ...) y con el de los posibilistas. El periodista republicano
gozaba de las simpatías de la coalición republicana, de Pedro Escudero
-antiguo diputado y persona de arraigo e influencia en Barbastro-, y de
algunos conservadores enemigos de Alvarez Capra.
Los posibilistas, por su parte, parecían extender su marco de influen-
cia en Huesca. Recordemos que los trabajos electorales de Camo habían
convertido los distritos de Sariñena y de la capital en coto privado de los
castelarinos; ahora intentan un nuevo distrito, el de Fraga, en el que el mis-
mo Camo no encuentra oposición. Por primera vez en la Restauración iba a
conseguir tres actas para su partido. También en Jaca se presentaron dos
candidaturas posibilistas: Fuentes, abogado y alcalde de Huesca, y Sánchez
Gastón, abogado de Zaragoza e hijo del distrito; vanamente intentaban res-
quebrajar la influencia del liberal M. Gavín Estaún, que prácticamente des-
de el año 62 había venido representando a Jaca casi sin interrupción. Los
posibilistas más caracterizados rogaron a sus compañeros retiraran sus can-
didaturas, ya que, si no lo hacían, votarían a Gavín Estaún, aun en contra
de sus propios correligionarios. El primero de los candidatos abandonó la
lucha electoral ante esta petición; no así el segundo; pero la contienda care-
ció de interés por su escasa eompetitividad, esperada, de otro lado, dado el
carácter estable del cacicato jaectano.
En resumen, en elecciones convocadas bajo la presidencia de Sagas-
la, los liberales presentaron a sus candidatos en todos los distritos, a excep-
ción de Huesca, Fraga y Sariñena, donde el triunfo se reservaba a los posi-
bilistas. respetando así el peso de Camo y pactando con él los distritos de
su propiedad. La Unión Republicana presentó dos candidaturas, y los con-
servadores, que se hallaban divididos y disueltos por los sucesos de las
elecciones de 1891, acudieron sólo a Boltaña, donde el silvelista Delfín
Fuentes no pudo oponerse al liberal Ramón Lacadena Laguna, antiguo di-
putado y hombre de enorme influencia en el distrito. Este es, en líneas ge-
nerales, el juego de fuerzas políticas durante el período electoral de 1893 en
el Altoaragón.
166
"El Liberal", 23 II 1 893.
93
Es muy significativa ya por estas fechas la política de acercamiento,
apoyo y defensa de los posibilistas respecto de la actuación del Gobierno
liberal, especial y concretamente en materia electoral. "La conducta del mi-
nisterio que preside el Sr. Sagasta ante el cuerpo electoral, no puede ser
más correcta ni más digna.)" (..1 6 7 . Si se hiciera caso omiso de otras fuen-
tes, cabría pensar que con los liberales en el poder se propició una limpieza
electoral desconocida desde 1875. Lo cierto es que la benevolencia del dia-
rio cantista hacia los sagastinos debe enmarcarse dentro de un proceso que
arrojó al republicanismo posibilista oséense en brazos del Partido Liberal.
Bien es verdad que ésta fue la evolución del posibilismo nacional, que, su-
mergido en una continua y progresiva conservadurización, desembocó en el
enfrentamiento con el resto de las fracciones democráticas168 y en el acerca-
miento a las posiciones sagastinas. Ambos procesos corrieron paralelos, y
condujeron a una progresiva absorción del posibilismo por el partido de
Sagasta; fenómeno que, para el caso altoaragonés, se remonta a principios
de la década de los años 90, y que tiene uno de sus mejores exponentes en
la benevolencia comentada más arriba.
Es curioso, por ejemplo, el hecho de que ni una sola crítica ni una
sola queja se consigen en el periódico de Camo respecto a la actuación del
gobernador civil, Manuel de la Paliza. Todo lo contrario:
«Pocas provincias habrá en España, tal vez ninguna, en las que por el
Delegado del gobierno se respete más escrupulosamente que en la de Huesca
el artículo 91 ele la vigente ley electoral» 169 .
El sosiego oficial aparece súbita, aunque también imaginariamente,
como la característica más sobresaliente del período electoral, según "El
Diario de Huesca".
Así pues, la década de los años 90 había traído a la provincia el esta-
blecimiento de cacicatos estables y la ampliación del campo de acción de los
camistas, pronto militantes del liberalismo sagastino. Un repaso de los ma-
167
'El Diario de Huesca". 16-1-1893.
1 ASÍ
lon
Especialmente con la facción de Rui/ Zorrilla, Anteriormente ya tuvimos ocasión de
comprobar las disputas entre "El Movimiento", diario demócrata progresista local, y "El
Diario de Huesca", órgano del posibilismo osecnsc.
}
El artículo 91 de la ley electoral de 26 de junio de 1890 se refería a los delitos por
coacción electoral.
94
pas electorales pone de manifiesto esta doble tendencia. A excepción de
Boltaña y Benabarre, todos los distritos se convienen en cacicatos. La ten-
dencia liberal da paso ahora a un auténtico predominio liberal y posibi-
lista170 que acaba extendiéndose a cinco de los siete distritos electorales; és-
tos, a partir de ahora, serán ajenos al juego tumista de la Restauración, en
una época que, en el ámbito nacional, da paso a las oposiciones más o me-
nos profundas y generalizadas al sistema.
En las elecciones de 1896-convocadas bajo Gobierno Cánovas-, los
conservadores se hallaban debilitados por defecciones personales y por la
reciente expulsión de los romeristas. De ahí que su capacidad para procurar
la mayoría parlamentaria adicta tuviera que pasar, necesariamente, por el
control coactivo del aparato administrativo. Los liberales, al contrario, vie-
ron aumentar sus filas por la aproximación de parte de la disuelta Unión
Republicana, y por el grueso de los posibilistas. El resto del republicanis-
mo practicó una política abstencionista, con alguna que otra excepción, más
frecuente en Cataluña que en el resto del país171.
En la provincia, se reproduce de forma más o menos clara la situación
nacional y el juego de fuerzas políticas. Los conservadores suman a su difí-
cil situación el escaso peso e influencia de que gozan en el Altoaragón. Ello
condiciona de forma directa la presentación de sus candidaturas, circunscri-
tas a los distritos de Benabarre, Boltaña, Jaca y Sariñena-Evaristo Rome-
ro, Antonio Albar Anglada, Miguel Gastón y Mínguez, respectivamente-.
Es lógico que intenten hacerse con la representación de los dos primeros,
dada la docilidad de que ambos distritos hacen gala. Lo que extraña más, a
primera vista, es la presentación del candidato conservador en un distrito
dominado por los liberales desde los primeros años de la Restauración, y
en otro propiedad de los posibilistas. Realmente, pocas opciones cabían a
los conservadores altoaragoneses: o se presentaban en el distrito de Jaca
-donde el jefe del Partido Liberal pidió a M. Gavín que cediera el paso al
ex-ministro fusionista, el conde de Xiquena-, o en Barbastro -feudo de los
liberales desde 1886-, o en Huesca, Fraga y Sariñena -monopolio de los
camistas-. Ante la imposibilidad de competir en estos últimos distritos, la
elección para presentar sus candidaturas no se prestaba a discusión: Boltaña
''"Liberales: Jaca, Benabarre, Bollaría y Barbasiro. Posibilistas: Huesca, Fraga y Sariñe-
na.
171
MlR. Conxita, op. di., pp.70-71.
95
y Benabarre, por su docilidad, y Jaca, donde el cambio de candidato liberal
podía proporcionarles la oportunidad de hacerse con el acta. No obstante,
también intentaron la representación de Sariñena, quizá con grandes espe-
ranzas en la corrupción del cuerpo electoral y en la presión oficial desde el
poder.
Los liberales y posibilistas oscenses acudieron y coparon el resto de
los distritos. Fuera de este espectro político, sólo se contó con la presencia
de Joaquín Costa como independiente en Barbastro, y del republicano
Reniña en Fraga.
Lo más interesante de la campaña electoral era, sin duda, la presen-
tación de Costa para las elecciones a diputados. Según Alfonso O R T I 1 7 2 , la
acción política regeneracionista y la propaganda hidráulica del altoaragonés
pasaron por dos fases: una, limitada al Altoaragón, en la que se circunscri-
be su campaña en Barbastro; y otra, nacional, en la que incluye su progra-
ma hidráulico como parte sustantiva de un programa nacional de regenera-
ción política y de desarrollo económico-social. En la primera fase -la que a
nosotros ahora nos interesa-, Costa funda la Liga de Contribuyentes de
Ribagorza, y en 1892, la Cámara Agrícola del Alto Aragón. No obstante,
ya anteriormente lo habíamos visto participar en los Congresos de Agricul-
tores y Ganaderos de los años 1880 1881,
y y en el Congreso Vinícola de
1886, representando a las Diputaciones de Huesca y Zaragoza. Pero es so-
bre todo a partir de 1890 cuando, retirado en Graus, inicia sus primeras
campañas políticas propiamente dichas.
En la de 1896, Costa pone énfasis en objetivos hidráulicos concre-
tos, persiguiendo un aprovechamiento de las posibilidades del Altoaragón
mediante la creación de un sistema de canales y pantanos a cargo de la ini-
ciativa estatal -el Canal de Tamarite se halla en su mente y en el epicentro
de su campaña-. Pero su política hidráulica se mueve todavía en un con-
texto de antipoliticismo e interclasismo:
«A lodos vosotros me dirijo, a los ricos, a los pobres, y a los media-
nos: el día que todas las aguas del Pirineo se queden prisioneras en el llano,
nuestra provincia producirá por sí sola tanto como ahora producen diez pro-
vincias, y habrá para todos, rentas y lujo para el rico, independencia y mesa
provista para el pobre, jornales altos y continuos para el trabajador,limos-
172
ORTI. Alfonso, Política Hidráulica y cuestión social .... p. 79 y ss.
96
ñas cuantiosas para el desvalido, tributos abundantes para el Erario, descanso
y holgura para todos (,..)»' 7 3 .
La política hidráulica se convierte, así, en un "regeneracionismo
hidráulico nacional", que se dibuja como la panacea para ladefinitiva solu-
ción de los males de España y para la decisiva consolidación del Estado li-
beral, mientras conservaba la división de clases, presentándose -como se-
ñala ORTI- como una "alternativa a la lucirá de clases: sin cambiar el orden
social existente, las aguas proporcionarán, casi milagrosamente, a cada cla-
se social «una porción absoluta de la tarta» lo suficientemente grande para
eliminar los conflictos, y hacer innecesario el cambio de la estructura de la
propiedad"174.
En marzo de 1896, Costa exponía un resumen de las medidas legis-
lativas y de gobierno que él reclamaba:
a) Formación de un plan general de canales de riego.
b) Construcción por el Estado de una red de caminos baratos.
c) Apertura de mercados para la producción agrícola española.
d) Reforma del régimen hipotecario.
e) Suspensión absoluta e inmediata de la venta de bienes propios de
los pueblos, poniendo fin a la obra de la desamortización civil.
0 Autonomía administrativa de los municipios.
g) Adaptación de los servicios públicos y, consiguientemente, del
presupuesto nacional de gastos, a la pobreza del país.
h) Codificación del derecho civil aragonés.
•* COSTA. Joaquín, Política Hidráulica (Misión Social de tos Riegos en España) , Colegio
de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Madrid, 1975. p. 72.
174
OKTt, Alfonso, Política Hidráulica y cuestión social ..., p. 85.
97
i) Establecimiento urgente del seguro sobre la vida, socorros mutuos
y cajas de retiro, por iniciativa del Estado y bajo su dirección y pa-
tronato.
j) Mejora de la instrucción primaria, elevando la condición social de
los maestros, introduciendo el trabajo manual en los programas de
las escuelas, y atendiendo con gran preferencia al desarrollo físico
de la niñez.
k) Justicia a Puerto Rico y Cuba, poniendo término a la guerra.
1) Atención intensa y sostenida a los intereses mercantiles de
España 175 .
Costa parece, pues, confiar aún en el sistema político de la Restaura-
ción, aunque, sin duda, su acción política se hallaba condicionada por la
propia estructura de poder local, lo que le obliga a una tácita alianza con al-
gunos grandes y medianos propietarios de la zona. En este sentido y bajo
este punto de vista se entiende mejor su intencionalidad interclasista. Pero
Costa, a la altura de 1896, aun confiando en el sistema político y aun diri-
giéndose a todos los agricultores, descubre que el interés de los grandes
propietarios no coincide con el interés general. Por eso, en un primer mitin,
en Monzón, haciendo alusión al Canal de Tomante , explica por qué éste es
más conveniente para los pobres que para los ricos: "porqueéstos pueden ir
tirando, no obstante la sequía, y con el canal han de perder gran pane del
influjo señorial que ejercen sobre aquéllos" l76 . Ya se perfila aquí el Costa
crítico de una estructura política caracterizada por el dominio de la oligar-
quía y el caciquismo 177 . Es precisamente con motivo de las elecciones
cuando Costa se enfrenta, por primera vez y directamente, con el problema
del caciquismo, descubriendo "Un aspecto de la verdadera naturaleza del
poder político en España"178.
' 7 5 COSTA, Joaquín. Política Hidráulica .... pp. 241-244.
176
COSTA, Joaquín. Política Hidráulica .... p. 246.
177
MAURICE, J. y SERRANO. C, Joaquín Costa: Crisis de la Restauración y Populismo, Si-
glo XXI, Madrid. 1977.
178
Ibídem. p. 75.
98
Pero Costa fracasa en su intento político; y fracasa en su propiatie-
rra. Su frustración, sin embargo, condiciona la posterior reorientación de
su reflexión, iniciándose una nueva fase en la historia de su pensamiento,
que durará hasta 1901-1902, pasando a primer plano la reflexión global so-
bre el sistema agrario, económico y político179.
Volvamos finalmente al saldo electoral de estas elecciones conserva-
doras: dos distritos conservadores -Boltaña y Benabarre-, dos liberales
-Jaca y Barbastro- y tres posibilistas -Huesca, Fraga y Sariñena-. El ba-
lance electoral es el mejor ejemplo de las dificultades de los conservadores:
sólo dos distritos de los siete pudieron ser ganados para la opción guberna-
mental, ál tiempo que se afirmaba el predominio liberal y la creciente e in-
discutible influencia de los camistas. Según "La Derecha", las campañas
más disputadas se conocieron en Fraga, Jaca y Barbastro, donde se produ-
jeron también los mayores intentos de coacción. Para el caso de Barbastro,
es muy interesante una carta de Antonio Trell, vecino de La Puebla de Cas-
tro, a J. Costa, intentando aclarar cienos sucesos electorales y negando que
había recibido 6.000 pesetas del otro candidato, Alvarez Capra, con el fin
de obtener votos en favor de éste. La cana de Trell pone de manifiesto el
juego de amiguismos y coaliciones que las elecciones ponían en marcha, e
incluso en la misma se encuentra una alusión explícita al pucherazo:"(...) si
los de Barbastro cumplen no aciendonos competencia en la Puebla baciare-
mos el censo y le daremos al Sr. Costa muchos más botos que en lucha
sacaría"180.
179
Ibídcm, p. 47.
180
V. apéndice n" 4.
99
b) 1898-1914, extensión y consolidación de los cacicatos estables libe-
rales.
El fenómeno que más caracterizó las elecciones en la provincia de
Muesca durante el periodo de 1898 a 1914 fue la falta de competitividad
real, la ausencia de lucha en la mayoría de los distritos y, en definitiva, la
desmovilización del electorado -que no una despolitización total, puesto
que no sabemos a ciencia cierta si no se votaba por no tener ideas políticas,
si era una medida de oposición al sistema o simplemente, en según qué
distritos y elecciones, cieña parte importante del electorado no tenía a quién
votar-.
El caso es que el Altoaragón de finales de siglo y primer tercio del si-
glo XX mantuvo un comportamiento político poco conflictivo en cuanto a
lucha política interna se refiere, pero tampoco fue una provincia dócil con
los designios del poder central ni ortodoxa en el funcionamiento del turno.
Huesca, desde los inicios de la década de los años noventa, se caracteriza
por una marcada inclinación hacia la estabilización política, primero en ma-
nos de los republicanos posibilistas de Castelar y, posteriormente, de los
liberales, siempre a las órdenes de Manuel Camo, que le confirió un acusa-
do carácter estacionario, ayudado por la precariedad de fuerzas de oposi-
ción en la provincia. Tanto los republicanos como los conservadores, ya en
pleno dominio del cacicato liberal, sufrieron una situación de desgaste y
desmembración muy acusada, lo que no hizo sino fomentar el poder liberal
en la provincia.
La traducción de esta situación al comportamiento electoral fue el de-
sarrollo de campañas y elecciones que tuvieron como rasgo fundamental la
poca competitividad en casi todos los distritos, pero no en todas las eleccio-
nes. A pesar de que todo el período reviste una monotonía o uniformidad
en las actitudes políticas de la provincia, hay que señalar dos etapas distin-
tas: una inicial, que viene desde el período anterior, con elecciones menos
competidas desde 1896, y que siguen, aún, un proceso descendente en
cuanto a competitividad a partir de finales de siglo, y una segunda etapa,
desde 1905 en adelante, en la que comenzará a existir una mayor lucha por
ciertos distritos que, curiosamente, hasta entonces no habían contado con
este rasgo (casos de Fraga y Jaca, por ejemplo); se produce, además, la
estabilización de los dos distritos hasta entonces más competidos de la pro-
vincia, Benabarre y Boltaña, hacia un marcado predominio liberal.
100
La abstención se vio aumentada, probablemente debido no sólo a los
mecanismos de manipulación caciquiles, que impedían constantemente la
participación, sino también al poco interés que debían revestir las elecciones
para una parte del cuerpo electoral, conservadores y republicanos, ante lo
que puede denominarse el monopolio del Partido Liberal en algunos distri-
tos; sin ir más lejos, los ejemplos de Barbastro, en manos de los liberales
Alvarez Capra (1886-1899) y Aura Boronat (1901-1920); de Sariñena, con
un solo representante, Juan Alvarado, desde 1891 a 1923, o de Jaca, coto
de la familia Alvarez de Toledo desde 1896 a 1907 y con antecedentes muy
fuertes de cacicato estable liberal en la persona de Manuel Gavín, diputado
a Cortes por este distrito desde 1879 a1893. Esta impronta liberal tan acu-
sada debió de repercutir en una desmovilización política de la población
electoral de estas zonas, cuya traducción más lógica fue un descenso de la
participación real, que, unida a los propios métodos caciquiles de coacción
a los votantes, aumentó el índice de abstención con respecto al período
anterior181.
A pesar de que a partir de 1905 se puede constatar una mayor lucha y
conflictividad en casi todos los distritos, tanto en esta elección como en la
siguiente, en 1907, el porcentaje general de abstención siguió siendo eleva-
do; desde 1910, se produce un considerable descenso de este índice, un
aumento de la lucha y una mayor participación de los votantes. Con los co-
mienzos de la cristalización de la crisis del sistema restaurador del turno y
del Partido Liberal de la provincia en estas fechas, se puede decir que el
predominio liberal, aunque siguió dominando, halló una mayor contesta-
ción por parte de conservadores y republicanos después de la muerte de
Camo 182 .
La provincia de Huesca tuvo, en materia electoral, una fuerte impron-
ta basada en la personalidad de este hombre, cacique político de la época,
que logró que primase la influencia personal y la organización local, en la
TTi
En ct período de 1876 a 1898, se registra una abstención aproximada en torno al
22%; en cambio, en el período de 1898 a 1914, dsta se sitúa en torno al 30%.
£
A partir de 1913, en Huesca, el jefe del Partido Conservador fue Ángel Ossorio y Ga-
llardo, también jefe de los conservadores de Zaragoza, que le dará un nuevo impulso a esta
formación en la provincia. En enero de 1914. iras la escisión del Partido Conservador entre
mauristas y dalistas, Ossorio Gallardo, firme partidario del primero, organi/.ó un partido
maurisia, del que los conservadores altoaragoncses formarían parle. V. "El Diario de Hucs
ca", 5-IV-19I3, y TUSELL, Javier, La derecha española comtemporánea. Sus orígenes: el
Maurismo. Espasa. Madrid, 1986, pp. 51-52.
101
mayoría de los casos, frente a las directrices del poder central. En el perío-
do de elecciones que va desde 1898 a 1914, por lo menos cinco de los siete
distritos que configuraban el mapa electoral de la provincia se hallaron fijos
en manos de los liberales, es decir, lo que se denomina como distritos pro-
pios y con diputados "naturales, con arraigo o por derechopropio" 183 . Es-
to se tradujo en que, fuera el Gobierno que fuera, liberal o conservador, los
candidatos liberales de Huesca obtuvieron siempre mayoría triunfante. Sólo
en siete ocasiones hubo actas conservadoras, y de éstas, únicamente una
bajo el Gobierno de Sagasta, en 1898, por el distrito de Benabarre; las seis
restantes se consiguieron bajo el turno conservador y siempre en minoría,
lo que hace pensar que entrar en el encasillado fue muy difícil para los
conservadores, inclinándose casi siempre la balanza del lado del grupo de
Camo, con quien indudablemente había que pactar en casi todo lo referente
a la vida provincial.
Así, el tumo político en Huesca se cumplió muy poco durante este
período y su mantenimiento resultó harto difícil. Los conservadores, que
aparentemente sólo contaban con alguna fuerza para enfrentarse a los libe-
rales en los distritos de Benabarre y Boltaña, vieron cómo a partir de las
elecciones de 1905 también éstos confirmaban una tendencia liberal acusa-
da, que trajo como resultado la consecución del cacicato estable en Benaba-
rre en manos del liberal Navarro Reverter y en Boltaña con la representa-
ción del también liberal Luis Fatás Montes 184 . En cuanto al caso del repu-
blicano independiente Moya, contó con el apoyo y la indicación del propio
Manuel Camo para sus aspiraciones, hasta el punto de que heredó los dos
distritos que había ostentado el cacique, Huesca y Fraga, antes de su desig-
nación como senador vitalicio.
El balance final de las elecciones no pudo ser más favorable al Partido
Liberal de la provincia. Los conservadores, fuerza política débil y poco arti-
culada pero con posibilidades en el tumo de Gobierno, fueron incapaces de
contener el creciente poder y la influencia de Camo y sus amigos políticos,
TTT
'"•* VáRELA O R T E G A . José. op. cii., p. 357.
Navarro Reverter estuvo en el distrito hasta las elecciones de 1914, pero éste siguió
teniendo representación liberal hasta las elecciones de 1919, inclusive. Luis Fatás Montes
mantuvo la representación de Boltaña hasta 1920, año en que lo sustituyó otro liberal. V.
GERMÁN ZtJBERO, Luis, Elecciones y partidos políticos en Aragón .... cuadro de diputados
por distritos.
102
presenciando cómo la provincia se convertía en un verdadero feudo del li-
beralismo.
Entramos así de lleno en la descripción de este período electoral, en la
que se incluyen las campañas electorales y los resultados obtenidos por los
diferentes candidatos en cada distrito.
No todas las elecciones del período revisten la misma importancia e
interés; sin embargo, en cada una de ellas se producen hechos reseñables
para el conocimiento del comportamiento político provincial y de la relación
de fuerzas de las distintas opciones políticas. Se ha efectuado una división
que contempla las elecciones menos competidas, entre 1898 y 1903, y las
de mayor índice de lucha entre 1905 y 1914. En este segundo período se
dio una mayor competitividad y participación, hechos que no se daban
prácticamente desde la década de los noventa; prueba de ello fueron las
elecciones de 1898, en las que en casi todos los distritos sólo se tiene cons-
tancia de la presentación de un candidato (casos de Barbastro, Benabarre y
Sariñena). En los distritos en que se presentaba más de un candidato, la ci-
fra de votos que éstos obtuvieron fue prácticamente ridicula, actuando más
bien como comparsas en la elección.
En estas elecciones, es de resaltar el clima político de la campana, ya
que, con el problema de la guerra de Cuba como telón de fondo, los hom-
bres de Camo, aún denominados republicanos posibilistas oficialmente, tu-
vieron que enfrentarse, no sólo a los conservadores, sino también a Emilio
Castelar.
Ya en enero comenzaron los ataques desde el periódico que dirigía el
cacique oscense, "El Diario de Huesca", por la gestión política de los con-
servadores con respecto al tema cubano; esta división de opiniones se am-
plió, llegándose a entablar una polémica con el mismísimo Castelar, retira-
do desde 1888 de la actividad pública, y mentor, hasta entonces, del posibi-
lismo oscense. Castelar, ante el desastre que se avecinaba en el tema colo-
nial, decidió volver a la arena política atacando duramente las medidas libe-
rales, lo que no agradó de ningún modo a los oscenses, mucho más cerca-
nos ya al jefe liberal que al viejo republicano. Desde las páginas de "El Dia-
rio de Huesca", una editorial muy dura achacaba a Castelar el olvido de sus
viejos principios; éste fue el preludio de la ruptura que se consumaría un
año después:
103
«El Sr. Castclar ha censurado en un periódico extranjero la concesión de
la autonomía a Cuba, calificándola de impaciencia gubernamental y propia de
un período revolucionario. No cree, sin embargo, efectivo para las Colonias
lo que ha sido dogma de la política democrática que ha difundido en casi toda
su vida»' .
A esto había que sumar la preocupación por otros temas de la política
oscense: el caciquismo y la mala orientación del electorado a la hora del vo-
to; el encasillado, que imponía candidatos ajenos a la provincia o a los inte-
reses de ésta, e incluso las acusaciones de corrupción y manejos en los co-
micios. Celebradas el 25 de marzo de1898, salieron electos tres republica-
nos posibilistas -último año en que se denominarían así-, en Huesca, Fra-
ga y Sariñena; tres liberales, en Barbastro, Boltaña y Jaca, y un conserva-
dor, en Benabarre.
Transcurridas ya las elecciones, los oscenses siguieron protestando
por la indiferencia de la opinión pública, mucho más agudizada después de
la pérdida de Cuba, que no expresaba claramente sus deseos a los gober-
nantes y participaba más activamente en la vida política. La pérdida de fe,
de confianza, trajo consigo una crisis de conciencia nacional y una ruptura
ideológica grave que afectó a la sociedad española, sobre todo a la pequeña
burguesía y al proletariado186. Esta apatía se tradujo en que en el Altoara-
gón, durante estos años, no existió competitividad real en las elecciones,
pues, por una parte, en los distritos no controlados directamente por Camo
y sus amigos, las candidaturas de oposición lograron unas votaciones total-
mente testimoniales, y por otra, en los distritos en que dominaba el os-
éense, ni siquiera se presentaron candidatos oponentes. Son los casos de
las elecciones de 1898, 1899 y 1901, en las que sólo Boltaña y Benabarre,
distritos en los que funcionaba el tumo, pudieron dar índice de lucha, aun-
que tampoco fue la norma.
Las campañas, sin embargo, revisten cierta importancia, sobre todo la
de 1899, en la que se consumó el paso de los posibilistas oscenses al Para-
do Liberal y su cambio de denominación. Durante estas elecciones, que no
difieren casi en nada de las anteriores, Camo impidió que Castelar se pre-
sentase como candidato por el distrito de Huesca, lo que había venido
185
"El Diario de Huesca", 12-1-1898.
186
JOVERZAMORA, José María, La época de la Restauración .... .ARA,
en TtlftOÑ
Manuel
de I
(dir). Revolución burguesa, oligarquía .... pp. 387-388.
104
haciendo desde 1879, y ocupó su lugar, dejando en manos de Miguel Moya
la candidatura de Fraga. Los ecos de esta ruptura llegaron incluso hasta
Madrid; "El Imparcial" publicó un artículo dando la noticia:
«El Sr. Castclar no presentará esla vez su candidatura por Huesca porque
los electores más influyentes de la capital aragonesa, amigos que fueron del
ilustre tribuno, han decidido votar al Sr. Camo, y éste, según se nosdice, ha
aceptado la designación hecha por los antiguos posibilitas osecnses. y no
cederá el puesto ni al Sr. Castclar ni a nadie» 1 * 7 .
Lo mismo afirmaban "La Correspondencia de España" 188 y "La De-
recha" de Zaragoza, atacando la deserción de los camistas y acusándolos de
"simuladores del sufragio", para apoyar decididamente a Castelar 189 . De
este periódico extractamos los motivos que aduce el republicano para su
vuelta a la política activa:
«Después de once años de abstención electoral y parlamentaria, durante
los cuales, aunque siempre me elegían diputado, no fui á las Cortes, he pre-
sentado mi candidatura por Murcia, que no es mi antigua circunscripción, y
he sido elegido. E! fundamento de mi resolución es fácil de determinar. En
estos trabajos he hablado de ello muchas veces.
Aunque victorioso en el escrutinio, me retire del Congreso cuando esta-
blecidas las libertades fundamentales, aquellas que Thicrs llamaba libertades
necesarias, vi reali/.ado en parte el ideal de toda mi vida.
Pero desde que surgió esta reacción, hoy dominante, desde que surgieron
el vaticanismo. que amenaza la libertad religiosa; el regionalismo que amena-
za la unidad nacional; y el doctrinarismo, que amenaza los derechos indivi
duales, renuncié a mi retiro y vuelvo al palenque con todas mis energías, se-
gún les explique en el manifiesto dirigido a mis electores...»" 0 .
Aun así, Camo y sus amigos no cedieron a las presiones y la ruptura
se consumó, declarando su liberalismo sin ambages. Desde las páginas de
"El Diario de Huesca" contestaron expeditivamente a todos aquellos que los
criticaron por su decisión:
187
"El Imparcial". Ü 111 1899.
188 - L J Correspondencia de España". 17 III-1899.
' " P e r i ó d i c o republicano posibilisla de Zaragoza.
ly
"La Derecha", 6-V-1899. Castclar murió el 26 de mayo de este mismoaño.
105
«Los electores liberales y demócratas del distrito de Huesca no se com-
prometen más que a lo que quieren. No tienen compromiso alguno para volar
al Sr. Camo, pero sí voluntad decidida, y ya antigua, de hacerlo.
Y parece que lo realizarán ahora con mucho gusto» 1 9 '.
Otro periódico zaragozano, "El Heraldo de Aragón", publicó por es-
tas mismas fechas el rumor de que Segismundo Moret se presentaría por el
distrito de Huesca y no por el de Zaragoza, como siempre, quedándose Ca-
mo en el de Fraga y Miguel Moya en las listas de senadores' 92 . La respues-
ta tampoco se hizo esperar, enviando Camo un telegrama que desmentía
rotundamente la noticia193.
Fue, en definitiva, un año electoral muy centrado en torno a los inte-
reses del distrito de la capital, que, como era de esperar, ganó holgadamen-
te el jefe del liberalismo oséense. A partir de este momento, la tendencia li-
beral de la provincia aumentó, pues Camo añadió a los tres distritos que ya
controlaba férreamente en la parte meridional de la [Link], Hues-
ca y Sariñena, los distritos liberales por excelencia: Jaca y Barbastro, influ-
yendo en ellos decisivamente como jefe del liberalismo oséense; las fuerzas
políticas de oposición que quedaban, republicanos y conservadores, se
hallaron ante un creciente monopolio de los camistas en el Altoaragón.
En este marco, las elecciones de 1903, organizadas por los silvelistas
y con Antonio Maura como Ministro de la Gobernación, fueron las más
disputadas de este tramo de elecciones no competitivas. Toda la campaña
electoral se centró en denunciar los atropellos cometidos por el gobernador
civil de la provincia, el conservador Antonio Villarino, protestas que ocupa-
ron casi todo el mes de abril, con repercusiones hasta en Madrid.
Los conservadores eran atacados por los elementos liberales de la
provincia debido a su corrupción y bandidaje a la hora de conseguir votos,
sobre todo en los distritos de Benabarre y Boltaña, sin duda los más dóciles
de la provincia. En ellos, y a pesar de ser elecciones conservadoras, se
entabló una lucha muy ardua entre los dos partidos dinásticos, que dio co-
191
"El Diario de Huesca". 21-III-1899.
192
"Heraldo de Aragón". 13-IV-1899.
' "Totalmente inexacto hayase hecho indicación alguna para la presentación del ilustre
Sr. Moret por el distrito de Huesca" ("Heraldo de Aragón", 13-IV-1899, edición de la larde).
106
mo resultado la obtención del distrito de Benabarrc por el conservador Pío
Vicente Piniés y del de Boltaña por el liberal Domingo Gascón, perdiendo
el turno de este distrito los silvelistas.
El gobernador civil conservador fomentó para esta elección todo tipo
de artimañas, como multas, llamamientos de alcaldes antes de las votacio-
nes, amenazas, ..., e incluso se orquestó una campaña, ayudados por el
clero, tachando a los liberales de anticatólicos y herejes. He aquí la queja
del liberal Luis Bermejillo, expresada en un telegrama al Ministro de la Go-
bernación, Antonio Maura:
«(...) En el Boletín eclesiástico de Barbasiro, recomienda el Obispo candida-
tura adicta calificándola de Católica. Siendo yo también católico como le
consta al Obispo y por lo desacostumbrado del caso considero censurable,
injurioso e injusto esc procedimiento. Lo pongo en conocimiento de V. E.
para los efectos oportunos y como antecedente para cuando este asunto se
iraic en el Parlamento» 19 ''.
El resto de los distritos no tuvo mayores problemas. En Barbastro,
Aura Boronat mantuvo su supremacía, al igual que el duque de Bivonaen
Jaca, Camo en Huesca y Juan Alvarado en Sariñena. El caso del distrito de
Fraga fue curioso, pues de una elección a otra hubo una reducción de prác-
ticamente 3.000 votantes en la candidatura de Miguel Moya, candidatura
única, por otra parte. Este será el último año en que Fraga permaneció ce-
rrado a otros aspirantes, ya que a partir de la siguiente elección el distrito
seria mucho más competido. El triunfo liberal en 1903fue arrollador,pues,
de siete distritos electorales, seis fueron de los hombres de Camo y tan sólo
un candidato adicto al Gobierno de Silvela pudo conseguir el acta.
El mismo resultado se registró en los comicios de 1905, organizados
por los liberales, sólo que a partir de este año habrá mucha más competitivi-
dad en el distrito, entrando así en el periodo de mayor lucha de la etapa de
1898-1914.
Estas elecciones estuvieron muy influidas por la división del Partiih
Liberal, en 1904, entre los seguidores de Segismundo Moret y los de Mon-
tero Ríos ig5 . Esta escisión suponía un importante obstáculo en el camino
m
A . H . N . . Gobernación, telegrama 21-IV-I903.
- S&gaSta había muerto a finales de1903.
107
hacia la formación de un Gobierno fuerte, y los jefes de ambas facciones,
para evitar un alejamiento casi permanente del poder, favorecieron una
alianza que buscó la unión operativa del partido sin necesidad de resolver el
conflicto que suponía la falta de jefatura única196. Los liberales oscenses,
favorables a Moret197, se mostraron, sin embargo, conciliadores, sabiendo
lo peligroso que podía resultar un Gobierno y un partido escindido en nu-
merosas clientelas, y apoyaron decididamente al candidato que propuso el
rey y que resultó ser Montero Ríos:
«... Dividido en dos grandes grupos el partido liberal, siempre declaró Moret
su clara y franca disposición á hacer cuanto dable y úlil fuera para restablecer
la concordia, y á toda hora proclamó que su persona no sería jamás obstáculo
para que los liberales ofreciesen al país como instrumento de gobierno, no
banderías y facciones ávidas de lucha intestina, sino un gran partido... ( ).
El partido liberal es. pues, ya uno. No hay en él grupos, clientelas ni cama-
rillas y si las hubiera serían ilegitimas y desautorizadas. Y estando en el Po-
der, ese partido tiene una representación legítima: el Gobierno; y un jefe na-
tural: el presidente del Consejo de ministros, sea quien fuere la persona que
ejerza este cargo. El jefe del Gobierno es el jefe del partido: á aquel, mientras
lo sea, se debo iodo apoyo y acatamiento» 198 .
Cuando Montero Ríos formó gabinete, los oscenses declararían su
obediencia y colaboración, procurando "... ser ministerialesde este gobier-
no liberal como de todo aquel que le suceda.. ." I99 .
Pero, aun a pesar de esta actitud y de la cohesión demostrada por los
liberales de la provincia, el movimiento de oposición en todos los distritos
por parte de republicanos y conservadores fue general, posiblemente tratan-
do de socabar el monopolio liberal, que hacía difícil incluso la consecución
de actas a los conservadores en sus propias elecciones. No obstante, los
comicios de 1905 transcurrieron sin mayores problemas y la única novedad
fue la petición desde Madrid de ayuda y colaboración a Camo para incluir
en el encasillado al marqués de Mondéjar, a lo que el oséensecontestó afir-
maúvamente:
196
ARTOLA, Miguel, [Link].. p. 353.
197
"El Diario de Huesca", 28-VM905.
198
"El Diario de Huesca". 28-VM905.
199
"El Diario de Huesca", 27-VI-1905.
IOS
«secundaremos complacidísimos con cuantas solicitudes y empeños precisen
sus deseos respeelo al marqués de Mondéjar. Amigos satisfechísimos y a sus
completas órdenes. Salúdale afectuosamente
M. Camo» 200 .
Esta respuesta demuestra la buena disposición de ánimo y las buenas
relaciones que el jefe del liberalismo osecnse mantenía con la facción mon-
terista, que, en ese momento, ocupaba el poder; el resultado de los comi-
cios fue muy brillante para Camo y sus amigos, que consiguieron que no
saliera ni un solo conservador en ninguno de los distritos201.
Sin embargo, ésta sería la última elección en que reinaría la unidad de
los liberales en las elecciones, ya que la división del Partido Liberal afectó a
uno de los distritos de mayor arraigo liberal en el Altoaragón, Jaca. El du-
que de Bivona, partidario de Montero Ríos, desacatando la disciplina im-
puesta por Camo, puso en tela de juicio sus directrices, con lo que provocó
la única escisión de todo el período. A partir de 1907 y después de una pre-
sencia ininterrumpida en el distrito desde 1896, la familia Alvarez de Tole-
do no volvería a conseguir un acta al Congreso de los diputados por el dis-
trito de Jaca.
Ya en esta elección no consiguió la candidatura principal, siendo sus-
tituido por Tiburcio Pérez Castañeda, liberal moretista e indicado por Ca-
mo. La lucha por el acta fue quizá una de las más disputadas del período,
pero finalmente el duque de Bivona fue derrotado por poco más de 800 vo-
tos. Se había llegado a lo nunca conocido en el distrito, la lucha entre dos
liberales. También los distritos de Fraga y Huesca sufrieron cambios du-
rante estas elecciones, ya que Manuel Camo, en setiembre de 1906, fue
nombrado senador vitalicio y dejó el distrito de Huesca a Miguel Moya. De
esta forma, el político madrileño heredó por segunda vez el distrito del caci-
que y por su estricta recomendación202. El antiguo distrito de Moya, Fraga,
pasó a manos de los conservadores durante estas elecciones, quizá debido
al desajuste, originado entre los liberales, por tantos cambios en tres distri-
tos tan importantes como Huesca, Fraga y Jaca.
2m)
A.H.N., Gobernación, lelcg. 15-VIII-1905.
2
' V. mapa de elecciones de 1905.
2
La carta que dirigió Camo a sus electores tenía fecha del 10 de abril de 1907, pero al
no conservarse "El Diario de Huesca" para estas fechas, la hemos extraído de la campaña
electoral de 1914, en que aparece reproducida textualmente.
109
Finalmente, las elecciones de 1907 fueron las últimas regidas bajo la
ley electoral de 1890, ya que a finales de ese año se aprobaría la ley electo-
ral que auspició Antonio Maura, la última elaborada durante la Restau-
ración.
Bajo esta norma se desarrollarían los comicios de 1910, muy dispu-
tados en Barbastro, Benabarre, Boltaña y Fraga. La situación del Partido
Liberal se había agravado con una mayor división, por no decir atomiza-
ción, cada vez más difícil de resolver. Para este cambio de Gobierno, Moret
no consiguió el decreto de disolución de Cortes de la Corona203, por lo que
Montero Ríos y Romanones, tras previas negociaciones, acabaron ofrecién-
dole la jefatura del partido a Canalejas, que formó gabinete con tan sólo un
grupo de nueve parlamentarios en la Cámara204.
En Huesca, el clima político de la campaña fue de profunda preocupa-
ción, tanto para los liberales como para los conservadores. Para los prime-
ros, la situación interna del partido era penosa, pues su jefe de filas, Moret,
quedaba definitivamente descartado, y la unión del Partido Liberal, tan de-
seada desde la muerte de Sagasta, resultaba poco menos que imposible. Pa-
ra los conservadores, la contestación a la gestión de Maura por pane de to-
das las fuerzas políticas, así como la actitud del rey, los dejaban práctica-
mente divididos, sin jefe ni orientación. Todo esto, unido a la precaria si-
tuación del Partido Conservador en Huesca, convirtió a estas elecciones en
unas de las más penosas de todo el período.
Manuel Camo anunció el 10 de febrero a sus seguidores y amigos po-
líticos el fin del Gabinete Moret y la entrada de Canalejas como jefe de Go-
bierno, concediéndole un saludo de bienvenida y su confianza. A partir de
este momento, todo fueron editoriales en "El Diario de Huesca" llamando a
la unidad y a la calma en la provincia en torno al político demócrata:
«... agrupémonos en lomo á quien por designación del rey lleva al poder la
representación de todos nuestros anhelos y todas nuestras aspiraciones
patrióticas...» 205 .
203
ARTOI.A, Miguel, op. cil.. p. 353.
204 » ED |i a j ¡ 0 úc Huesca", 9-11-1910.
205
"El Diario de Huesca". 19-11-1910.
110
A esta preocupación se sumaba la aplicación de la ley electoral de
1907; protestaron los liberales ante lo que consideraban un recorte en la es-
fera de influencia del Gobierno para favorecer "legitimamentea sus amigos
políticos". La difícil confección del encasillado, la composición de la mayo-
ría; todo eran dudas en esos momentos:
«¿Será grandemente canalejista?
¿Entrarán en ella más amigos de Romanónos que de García Prieto, que de
Cobián? ¿Será muy numeroso el grupo moralista?» .
En todo caso, estas dudas se solventaron cerrando filas alrededor de
Canalejas. Las críticas a los conservadores y a la gestión de Maura fueron
muy duras; "represores desaprensivos, carcas y mestizos en busca de la vo-
luntad popular"207 fueron unos de los muchos epítetos que les atribuyeron
en aquella elección, también teñida de cieno fanatismo religioso y en la que
se convirtieron los pulpitos de Huesca en foros políticos:
«Vienen con capa de católicos los que se distinguen por explotadores del
prójimo, bandidos del pagaré, que hacen presa de un desgraciado y le arran-
can sin contemplación hacienda y hogar...» 208 .
Pero la "hidra reaccionaria" en el Altoaragón no tuvo nada que hacer.
Los liberales lo tenían todo en sus manos, hasta el extremo de afirmar un
día después de las elecciones que no se molestaron "... ni en salir de casa a
solicitar apoyo de nuestros amigos.. ." 209 . Sobre todo se habló del triunfo
de Moya frente a un candidato católico y de bendición episcopal, siendo és-
te el año en que aceptaría la denominación de liberal y también el mismo
año en que los republicanos lo llamaron traidor y votaron en blanco. Los
resultados no pudieron ser mejores; de siete distritos, siete diputados libe-
rales, tres senadores electos por el mismo partido y un senador vitalicio,
Manuel Camo.
Pero lo cieno es que la alegría de los liberales oscenses no iba a durar
mucho tiempo, pues su jefe, Camo, murió a Finales de 1911, y Canalejas,
206 "El Diario de Huesea". 14-111-1910.
207
"El Diario de Huesca". 6-V-|UH).
208
"El Diario de Huesca". 6 V 1910.
209
"El Diario de Huesca". 11-V-1910,
II
la única figura que había podido aglutinarlos, un año más tarde. El asesina-
to del político demócrata trajo dos consecuencias importantes, que induda-
blemente afectarían a todos los liberales de la provincia: el fin de la unión
tan trabajosamente conseguida y la escisión del Partido Conservador™. El
tumo de poder resultó prácticamente imposible, debido a la disgregación de
los viejos partidos dinásticos y a la falta de figuras que cohesionaran a las
distintas facciones, que, representadas en el Congreso por pequeños gru-
pos, difícilmente podían obtener la mayoría necesaria para gobernar.
Maura, retirado temporalmente de la política como protesta por lo que
él consideraba una relegación injusta de su figura como jefe del Partido
Conservador por parte de la Corona, se escindió definitivamente de esta
formación a finales de 1912. constituyéndose en enero de 1913una agrupa-
ción maurista, independiente del Partido Conservador. Esta tuvo repercu-
siones importantes en el Alioaragón, pues el jefe de los elementos conser-
vadores de Zaragoza y Huesca era Ángel Ossorio y Gallardo, uno de los
principales fundadores del maurismo como partido político211.
En abril de 1913, en "El Diario de Huesca", ya se aludía al político
conservador, que agitó considerablemente la dormida conciencia de los
conservadores oseenses:
«( ) el señor Ossorio y Gallardo, nuevo jefe uaídu expresamente de Zaragoza
para acaudillar y reanimar las casi agonizantes huestes de la conservaduría de
esta provincia..,» 212 .
Las elecciones de 1914, convocadas para el 8 de marzo, coincidieron,
no sólo con la aparición de Ossorio y Gallardo, sino también con el mo-
mento álgido en la aprobación del Proyecto de Riegos del Alto Aragón y
con la ausencia, por primera vez en casi cuarenta años, de Manuel Camoen
unos comicios electorales213. Esta vez, los liberales, muerto Canalejas, se
adhirieron al conde de Romanones.
Tm
¿ l u
ARTOI.A, Miguel, op. cil., p. 357.
11
- El partido de Maura se fundó el 20 y 21 de enero de 1914.
212
"El Diario de Huesca". 5-1V-1913.
* " Camo murió en diciembre de1911; desde entonces, el Partido Liberal se rigió por un
Directorio compuesto por Domingo del Cacho. Gaspar Mairal. Julio Sopeña y Manuel
Batalla.
112
Los puntos claves de la campaña fueron dos: la utilización política del
Proyecto de Riegos por parte de los dos partidos dinásticos y la deserción
del duque de Bivona, ahora partidario de García Prieto, que apoyó la candi-
datura conservadora de Pío Vicente Piniés en Jaca.
El Proyecto de Riegos fue utilizado por los conservadores para ali-
near a la población en contra de los liberales, verdaderos impulsores del
mismo. Aprovechando la lentitud de la aprobación del expediente en el
Congreso, acusaron a los liberales de mala gestión y organizaron las
elecciones definiéndose como un partido "canalista". En efecto, con el
pretexto del proyecto, utilizándolo de plataforma electoral, intentaron con-
seguir una mayor presencia de diputados conservadores en la Cámara baja.
Las rencillas entre liberales y conservadores por este tema venían desde un
año antes. "El Diario de Huesca'" acusaba el 5 de abril de 1913a Ossorio y
Gallardo de alentar estos planes en la conservaduría altoaragonesa:
«... á un Mamado partido canaliza, dedicar ¡mencionadas frases de marcado
afecto á los bivonislas, no ocupándose del partido liberal de la provincia si-
no para anunciar su liquidación y considerar al Directorio como la Comisión
encargada de llevarla á efecto» 2 ' 4 .
La deserción del duque de Bivona ya fue más grave, puesto que los
liberales, dueños desde siempre del distrito de Jaca, perdieron las eleccio-
nes este año. Ya el primero de febrero, "La Unión" 215 , periódico indepen-
diente de Jaca, publicaba en su sección "Gacetillas" la noticia. Casi al mis-
mo tiempo, el Directorio del Partido Liberal proponía a Carlos Muñoz Ro-
catallada, hijo de los condes de la Vinaza, para luchar por el distrito, "... te-
niendo presente siempre que es liberal y de los incondicionales del ilustre
jefe Sr. Conde de Romanones"216. Los liberales de Jaca se indignaron ante
la deserción de Alvarez de Toledo, llegando incluso a declarar que hubieran
preferido la presentación de un liberal partidario de García Prieto, pero que
entregarle el distrito a los conservadores eran ofensas mayores, ya que lo
que se perseguía era la anulación del elemento liberal en la zona217.
2 N
"El Diario de Muesca". 5-1V-1913.
¿l3
Semanario fundado en 1907 y de clara tendencia bivonista; tiene sus antecedentes en
"La Montaña", órgano del partido político del duque de Bivona. "La Unión" comenzó a pu-
blicarse en mayo de 1907 y cesó el 25 de abril de
1941,
216
"El Diario de Huesca". MI-1914.
217
"El Diario de Huesca", 5-H-1914.
113
Los comentarios y justificaciones formaron parte de toda la campaña,
no sólo ante los propios oscenses, sino que también llegaron las explicacio-
nes a Madrid en forma de editoriales, cartas y memoranda. En una carta
abierta al conde de Romanones y firmada por los canalizos de Jaca, se
afirmaba:
«Podéis seguir creyendo, querida Conde, que el partido de Jaca sigue
siendo liberal, tal y como suponíais cuando la representación del partido se
adhirió personalmente a vuestra indiscutible jefatura (...) que la masa princi-
pal de los electores no estamos conformes con que sea representante en el
Congreso un conservador, por estar en pugna con nuestra historia política,
en la cual esculpieron páginas gloriosas los Arans, Gavín, Xiqucna, Camo,
Femando Conzálcz y Gil Bcrgcs...» 218 .
Contra el candidato conservador hubo todo tipo de comentarios. Pío
Vicente Piniés había pasado hasta entonces por Benabarre y Boltaña, tratan-
do de presentarse también por Fraga y por Barbastro:
«El señor Piniés, aspiraba a la representación por Fraga, pero los con-
servadores de esc distrito le han dado con las puertas en las narices, y como
es un desahuciado en cinco distritos de la provincia, no quedaba otro que el
de Jaca, que es el que le corresponde por riguroso tumo» 219 .
El final de la lucha consistió en la pérdida del distrito por los romano-
nistas. Sin Camo, el dominio ya no era tan férreo y la sensación de derrota
invadió por primera vez a los liberales oscenses, que vieron impotentes có-
mo la maquinaria electoral de Bivona proporcionaba los triunfos a sus más
constantes opositores.
En el distrito de Fraga se presentó Valero Hervás, siendo proclamado
por el art. 29; se rumoreó la presentación de José Almuzara, pero no llegó a
materializarse, con la intención de no crear obstáculos ni divisiones en el
Partido Liberal de la provincia; en realidad, pues, fue el criterio del encasi-
llado de Madrid el que triunfó frente al del Directorio oséense. En Boltaña
hubo cinco candidatos encasillados por el Partido Conservador y ninguno
de ellos consiguió arrebatarle la representación a Luis Fatás; en Barbastro,
volvió a resultar elegido Aura Boronat, aunque el periódico conservador
21 H
"El Diario de Huesca", 6-II-1914.
2,9
'El Diario de Huesca", 30-11914.
14
"La Democracia" orquestó una campaña en su contra, desvirtuandosu acti-
tud con respecto al Plan de Riegos del Alto Aragón. En Huesca, las campa-
ñas no revistieron problemas. El Directorio mandó una carta recomendando
a Moya y enumerando sobriamente los esfuerzos llevados a cabo por la
provincia. Se registró una lucha muy reñida entre liberales y una coalición
de conservadores, republicanos y canalistas:
«... salvo algunos republicanos de buena cepa que no se asocian al contuber-
nio de ambiciones personales y los integristas completamente íntegros en
sus manifestaciones políticas, que no se avienen a secundar la comedia cana-
lista, lodos los otros elementos rivales se han unido para darnos la batalla
en una última convulsión de agonía...» 220 .
La oposición al Partido Liberal se agudizó desde la muerte deCamo;
la esperanza de mermar el monopolio liberal hizo que sus adversarios se
coaligaran, sin tener en cuenta su disparidad, bajo la bandera del Proyecto
de Riegos y tratando de cambiar el signo político de la provincia. Con este
pretexto se agruparon conservadores, integristas, carlistas y algunos repu-
blicanos, bajo el nombre de agrarios, presentándose en Huesca, Barbastro
y Sariñena y con candidatos que, en opinión de los liberales, "... ni poseen
una pulgada de tierra ni tienen la más ligera noción referente al cultivo". In-
cluso algunos republicanos radicales votaron al candidato conservador.
En general, tanto en estas últimas elecciones como en todas las que
componen el periodo de 1898 a 1914, puede concluirse que el Partido Li-
beral dominó profundamente los mecanismos del comportamiento político
de la provincia, saliendo triunfante de cuantos intentos hicieron sus enemi-
gos políticos de deshancarlos de su privilegiada posición. Quizá la mejor
prueba de los hombres de Camo es un artículo del "Diario Universal de Ma-
drid", con las previsiones de las elecciones provincia por provincia y que
puede aplicarse a toda la etapa de la que aquí tratamos:
«Es esta una de las provincias donde el partido liberal está mejor organi-
zado, gracias al criterio que le dio el señor Camo. El Directorio, que recogió
la herencia del Sr. Camo la defiende con gran solicitud y esmero, hasta el
punto de que en sus manos el caudal hereditario no ha disminuido, y en pocas
provincias, no siendo la de Guadalajara, el partido conservador se encontrará
en peores condiciones...» 221 .
220
"El Diario de Huesca", 4-111-1914.
221
"El Diario de Huesca", 17-11-1914.
115
Diputados. Provincia de Huesca, 1875-1896.
1876 1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896
P. Escudero P. Escudero E. de Antonio P. Escudero L. Alvarez L. Alvarez L. Alvarez L. Alvarez
Barbastro Capra Capra Capra Capra
C C L C L L i L
J. Jovellar J. Cavero Manuel León M. La sierra J. Moncasi M. Lasierra J. Moncasi E. Romero
Llera Moncasi Arnés Cudós Arnés
Benabarre F. Cerveró Cudós J. Romero
Valdés F. Moncasi
C C L C C t C
J. Cavero [Link] R, Lacadena R. Lacadena [Link] A. Albar [Link] A. Albar
Llera Laguna Laguna Laguna Laguna Anglada Laguna Anglada
Boltaña
C L L t L C L C
L. Ruata J, Nogueras Félix Coll J. Nogueras Félix Coll J. Abella M. Camo M. Camo
Sichar Loscertales Moncasi Loscertales Moncasi Fuertes Nogués Nogués
Fraga E. Barrón
C C L C L C RPos. [Link].
A. Naya A. Naya E. Castelar E. Castelar E. Castelar E. Castelar E. Castelar E. Castelar
Huesca Azara Azara
C C [Link]. [Link]. RPos. [Link]. [Link]. RPos.
J. Manon M. Gavín M. Gavín M. Gavín M. Gavín M. Gavín M. Gavín J. Alvarez de
Gavín Estaún Estaún Estaún Estaún Estaún Estaún Toledo y
Jaca P. Lacasa Acuña
C L L L L í. L L
L. Alba L. Alba S. Bayona J. Sánchez J. Al varado J. AI varado J. Alvarado J. Alvarado
Sariñena Salcedo Salcedo Santamaría Toca
11. l.L L C RPos. [Link]. RPos. RPos.
Diputados. Provincia de Huesca, 1897-1914.
1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
Alvarez Alvarez Aura Borona! Aura Boronat Aura Borona! Aura Borona! Aura Boronat Aura Borona
Barbastro Capra Capra
L L L L L L L l
Lorenzo V. Piniés J. Moncasi V. Piniés Luis Navarro Navarro Navarro
Benabarre More! Bermejillo Reverter Reverter Reverter
C C L C L L L L
Duque de Albar Domingo Domingo Marqués V. Piniés Luis Falás Luis Fa!ás
Boltana Bivona Anglada Gascón Gascón Mondéjar
L C L í. L C L L
Manuel Camo Manuel Camo Miguel Moya Miguel Moya Miguel Moya D. de las Miguel Valero
Fraga Barcenas Forrero Hervás
[Link]. [Link]. R ñ R C L L
E. Castelar Manuel Camo Manuel Camo Manuel Camo Manuel Camo Miguel Moya Miguel Moya Miguel Moya
Huesca
[Link]. L L L L ñ i i
Conde de Duque de Duque de Duque de Duque de Pérez Valentín V. Piniés
Jaca Xiquena Bivona Bivona Bivona Bivona Castañeda Gayarre
L L i L í. L L C
J. Alvarado J. Alvarado J. Alvarado J. Alvarado J. Alvarado J. Alvarado J. Alvarado J. Alvarado
Sariñena
[Link]. i L L L L L L
RESULTADOS ELECTORALES
Abreviaturas:
C = conservador P = posibilista
CA = carlistas R¡ = republicano independiente
/¿^independiente libera] Ry= republicano zorrillista
LMR = liberal de Montero Ríos R = republicano
L = liberal S = socialista
Cla = canalista
Elecciones de 1876
Barbastro C Pedro Escudero 4.791
l. Constancio Gambel 2.983
Manuel Ibar 2
Constantino Gambel 1
Francisco Nacenta 2
Papeletas en blanco 3
Benabarre c Joaquín Jovellar 6.346
Boltaña Juan Cavero Llera 9.261
Fraga C Lorenzo Ruaia Sichar 7.749
Huesca C Antonio Naya 4.491
118
Jaca J. Martón Gavín 7.713
Nicolás Salmerón 1
Felipe Pedorro 1
Miguel Gavín 1
Sariñena h L. Alba Salcedo 4.414
S. Bayona Santamaría 2.767
L
Elecciones de 1879
Barbastro C Pedro Escudero 1.056
L Constancio Gambel 935
Perdidos 4
Benabarre C J. Cavero Llera 1.889
Romero Robledo 151
I. Fdez. Sánchez 16
E. Castelar 2
Boltaña L R. Lacadena Laguna 1.792
I. Fdez. Sánchez 39
E. Castelar 1
Fraga C J. Nogueras Loscertales 1.015
L Luis Jorro Galicia 676
E. Castelar 5
1. Fdez. Sánchez 3
Votos anulados 228
Huesca C Barón de Alcalá 977
P E. Castelar 971
c Antonio Naya 4
Camilo Labrador 1
Barón de Alcalá 1
I. Fdez. Sánchez 1
En blanco 5
II1)
Jaca L Manuel Gavín Estaún 1.203
C Pedro Lacasa 1.048
I. Fdez. Sánchez 2
Sariñena & L. Alba Salcedo 1.279
L S. Bayona 1.058
L S. Bayona Santamaría 2
I. Fdez. Sánchez 1
Elecciones de 1881
Barbastro L Estanislao de Antonio 1.046
C Pedro Escudero 738
Nicolás Salmerón 12
Ildefonso Fdez. Sánchez 3
Juan Téllez 1
Rafael Espejo 1
Benabarre L Manuel León Moncasi 1.159
E. Montero Ríos 437
I. Fdez. Sánchez 51
A. Cánovas 66
José Retomllo 3
R. Eugenio del Moral 2
N. Salmerón 30
Boltaña t R. Lacadena Laguna 2.099
E. Montero Ríos 22
I. Fdez. Sánchez 19
N. Salmerón 7
Fraga L Félix Coll Moncasi 996
Hz J. Fernando González 449
R. Espejo del Rosal 22
I. Fdez. Sánchez 6
E. Castelar 1
120
Huesca P E. Castelar 995
L Fernando de la Cerda,
conde de Parcent 851
N. Salmerón 31
J. Téllez Vicent 1
Papeletas inútiles 4
Jaca L Manuel Gavín Estaún 1.078
E. Montero Ríos 204
I. Fdez. Sánchez 24
N. Salmerón 10
R. Espejo del Rosal 1
Sariñena L S. Bayona Santamaría 1.520
N. Salmerón 120
J. Téllez Vicent 37
I. Fdez. Sánchez 16
R. Espejo del Rosal 16
Luis Moreno y Gil de
Borjal 1
J. Retortillo, marqués
de Retortillo 1
Elecciones de 1884
Barbas! ro Pedro Escudero 1.487
P. Mateo Sagasta 343
E. Montero Ríos 236
J. Mé. Esquerdo Zaragoza 47
R. Gutiérrez Giménez 20
Bcnabarre M. Las i erra Arnés 1.800
P. Mateo Sagasta 339
E. Montero Ríos 314
J. Ms. Esquerdo Zaragoza 34
R. Gutiérrez Giménez 8
J. Eugenio Ruiz Gómez 3
121
Boltaña R. Lacadena Laguna 1.581
P. Mateo Sagasta 576
E. Montero Ríos 120
J. Ma. Esquerdo Zaragoza 97
J. Eugenio Ruiz Gómez 25
Fraj?» J. Nogueras Loscertales 1.298
P. Mateo Sagasta 266
E. Montero Ríos 195
J. Ms. Esquerdo Zaragoza 38
R. Gutiérrez Giménez 24
J. Eugenio Ruiz Gómez 1
Huesca P Emilio Castelar 853
C Femando de la Cerda,
conde de Parcent 838
J. M-. Esquerdo Zaragoza 1
Papeletas inútiles 2
Jaca L Manuel Gavín Estaún 1.012
C L. Alvarez Capra 869
P. Mateo Sagasta 1
J. M*. Esquerdo Zaragoza 1
Papeletas en blanco 1
Sariñena J. Sánchez Toca 1.396
P. Mateo Sagasta 296
E. Montero Ríos 128
R. Gutiérrez Giménez 55
8
J. M . Esquerdo Zaragoza 50
Eugenio Ruiz Gómez 5
Elecciones de 1886
Iiarbastro L Lorenzo Alvarez Capra 1.573
F. Pi y Margall 162
R. Gutiérrez Giménez 57
M. Sastrón Pinol 22
122
Benabarre José Moncasi Cudós 1.951
F. Pi y Margall 106
M. Sastrón Pinol 100
R. Gutiérrez Giménez 44
I. Fdez. Sánchez 8
Venancio González 4
Roltaña R. Lacadena Laguna 2.054
M. Sastrón Pinol 96
R. Gutiérrez Giménez 47
F. Pi y Margall 10
Fraga Félix Coll Moncasi 1.118
F. Pi y Margall 286
R. Gutiérrez Giménez 85
M. Sastrón Pinol 45
Marqués de Retonillo 32
M. Camo Nogués 20
I. Fdez. Sánchez 10
J. Pera Gayosa 6
Venancio González 6
Huesca P Emilio Castelar 974
¡i- J. Fernando González 569
I. Fdez. Sánchez 2
R. Gutiérrez Giménez 1
Papeletas en blanco 1
Jaca Manuel Gavín Estaún 1.230
M. Sastrón Pinol 36
F. Pi y Margall 34
R. Gutiérrez Giménez 27
Blas Cobeno Barragán 20
Blas Cobeno 4
I. Fdez. Sánchez 2
123
Sari nena Juan Alvarado 935
J. Sánchez Toca 779
F. Pi y Margall 5
R. Gutiérrez Giménez 4
M. Sastrón Pinol 2
Elecciones de 1891
Barbastro L Lorenzo Alvarez Capra 4.309
C Pedro Escudero 3.564
Benabarre C Manuel Lasierra 5.545
R A. Torres-Solanot 970
Boltaíia C A. Albar Anglada 6.747
F. Pi y Margall 12
J. Gil Berges 6
E. Castelar 1
L. Alvarez Capra 1
Fraga C Joaquín A bella 3.725
P Manuel Camo Nogués 3.505
Huesca P Emilio Castelar 4.358
J. de Lianza Pignatelli 3.587
Jaca L Manuel Gavín Estaún 3.984
C Luis Jorro Galicia 3.167
Sari nena P Juan Alvarado 4.546
C J. Sánchez Toca 4.205
124
Elecciones de 1893
Barbastro L Lorenzo Alvarez Capra 4.164
R Luis Montestruc 1.545(,J
Bena barre L José Moncasi Cudós 4.324
R E. Reniña Castañera 2.913
Boltaña L R. Lacadena Laguna 6.170
C Delfín Fuentes Espluga 477
Fraga P Manuel Camo Nogués 5.871
Muesca r Emilio Castelar 4.187
Jaca L Manuel Gavín Estaún 4.219
P Mariano Sánchez Gastón 339<!)
Sari nena Juan Alvarado 5.946
Elecciones de 1896
Barbastro L Lorenzo Alvarez Capra 4.383
/ Joaquín Costa
Benabarre C Evaristo Romero 6.897
Boltaña c A. Albar Anglada 5.504
l. Antonio Pérez Solana 2.687
Fraga r Manuel Camo Nogués 4.002
A' E. Reniña 3.200
Huesca p Emilio Castelar 3.989
<l> "El Imparcial" (6-III-1893).
125
Jaca José Alvarez de Toledo
y Acuña, conde de
Xiquena 3.599
c Miguel Gastón —
Saríñcna P Juan Alvarado 4.478
Elecciones de 1898
Barbastro L Lorenzo Alvarez Capra 7.007
Benabarre C Lorenzo Moret y Beruete 6.872
Boltaña Duque de Bivona 7.536
c Antonio Albar Anglada 34
Marcial Chirrió 2
Fraga P Manuel Camo Nogués 5.282
c Francisco Jaime 1
Huesca p Emilio Castelar 3.761
R J. Fernando González 3
Jaca L Conde de Xiquena 6.798
Julián Malón 4
Saríñcna P Juan Alvarado 6.516
Elecciones de 1899
Barbastro L Lorenzo Alvarez Capra 5.813
R F. Pi y Margall 5
Juan Juseu 1
J. Costa 131
Benito Goya Jovellanos 1
Dr. Esquerdo 1
Carlos VII de Borbón 2
126
Blas Cotens Síes 1
Juan Antonio Laporta 1
N. Salmerón 1
Pablo Iglesias 1
V. Blasco Ibáñez 1
Bcnabarrc C Pío Vicente Piniés 6.865
L Francisco Moncasi 165
Boltaña C Antonio Albar Anglada 8.550
R N. Salmerón 2
Fraga R¡ Miguel Moya 4.991
Huesca L Manuel Camo 5.306
Jaca L Duque de Bivona 6.465
R José Femando González 13
R F. Pi y Margall 4
Sariñciia Juan Alvarado 6.133
Elecciones de 1901
Barbastro L Antonio Aura Boronat 5.622
R F. Pi y Margall 1
C Toribio Rey
R N. Salmerón
Benabarre L José Moncasi Cudós 4.166
C Pío Vicente Piniés 2.951
Boltaña L Domingo Gascón 4.472
Pablo Alzóla 3.289
c
Fraga R¡ Miguel Moya 6.372
127
Huesca Manuel Camo 5.716
Gregorio Castejón 1
Jaca Duque de Bivona 6.609
Sariñcna Juan Al varado 7.117
Elecciones de 1903
Barbastro L Antonio Aura Boronat 5.735
Benabame c Pío Vicente Piniés 3.867
l Luis Bermejillo —
n Santiago Valentí Camps 1.365
Boltaña i Domingo Gascón 3.834
c José Ferraz 2.567
Fraga *t Miguel Moya 3.465
Huesca L Manuel Camo 5.311
Jaca L Duque de Bivona 6.681
Saríñena L Juan Alvarado 6.191
Elecciones de 1905
Barbastro L Antonio Aura Boronat 3.592
R Eusebio Romeo Jimeno 2.403
C Estanislao de Antonio 1
Bcnabarrv L Luis Bermejillo 4.683
R Santiago Valenü'Camps 1.365
128
Boltaña Lorenzo Rodríguez
de Gálvez 6.263
Luis Zurdo Olivares 761
Fraga */ Miguel Moya 2.904
Pío Vicente Piniés 1.997
cR Joaquín Montestruc 1.211
Huesca L Manuel Camo 4.678
Joaquín Montestruc 1.421
Miguel Moya 1
Anselmo Sopeña 1
Mariano Moreno 1
Jaca L Duque de Bivona 4.791
R Nicolás Salmerón 493
Mariano Gallego 1
Mariano Beltrán 5
Sariñena L Juan Alvarado 5.221
R Alejandro Lerroux 1.040
Joaquín Costa 25
h Bernardo Bernardos 14
R Joaquín Montestruc 2
L A. Aura Boronat 2
C Eduardo Dato 1
C Manuel Silvela 1
L Manuel Camo 1
Elecciones de 1907
Barbastro L Antonio Aura Boronat 3.279
C José Mir y Miró 2.503
R Joaquín Costa 1
129
Benabarre L V. Navarro Reverter 5.585
R Santiago Valentí Camps 78
R Alejandro Lerroux 49
Boltaña C Pío Vicente Piniés 7.202
Luis Zurdo Olivares 3
Fraga C Domingo de las Barcenas 4.303
R Joaquín Montestruc 411
Joaquín Dicenta 785
R Alejandro Lerroux 12
R¡ Miguel Moya 2
R Joaquín Costa 1
L J. Canalejas 1
Huesca R¡ Miguel Moya 4.258
R Ricardo Monreal 835
Juan Vázquez Mella 4
Jaca L Tiburcio Pérez Castañeda 4.022
LMR Duque de Bivona 3.229
Saríncna L Juan Alvarado 5.613
R Alejandro Lerroux 17
Juan Vázquez Mella 11
C Joaquín Bara 1
Elecciones de 1910
Barbastro L Antonio Aura Boronat 4.774
C Pío Vicente Piniés 2.394
Benabarre L V. Navarro Reverter 4.056
C Miguel Rosillo 2.317
R Santiago Valentí Camps 116
R Benito Pérez Galdós 32
R José Náckens 1
S Pablo Iglesias 1
130
Boltana L Luis Fatás Montes 5.946
C José Romero Radigales 2.778
Fni«a L Miguel Fcrrero 4.061
C Domingo de las Barcenas 3.662
Huesca L Miguel Moya 4.804
C Manuel Millaruelo 540
Jaca t Tiburcio Pérez Castañeda art.
Saríñetia l. Juan Alvarado 6.368
c Pío Vicente Piniés 555
Elecciones de 1914
Barbastro L Antonio Aura Boronat 4.849
A Mariano de Zaro 1.883
C Antonio Maura 3
s Pablo Iglesias 1
R Alejandro Lerroux 1
Benabarre L V. Navarro Reverter 4.488
C J. Rodríguez Calvo 2.639
R Alejandro Lerroux 15
R Manuel Béseos 6
R José Náckens 1
Boltaña L Luis Fatás Montes 3.681
c Vicente Carderera 3.308
R Celso Joaquinet 397
Fraga José Valero Hervás art. 29
131
Huesca Miguel Moya 3.961
'ta
Lorenzo Vidal 2.563
Amonio Maura 2
Alvaro de Figueroa 1
L Gaspar Mairal 1
L Manuel Béseos 1
Jaca P. Vicente Piniés 3.883
Carlos Muñoz Rocatalla 3.437
Sariñena L Juan Alvarado 4.619
R Manuel Béseos 3.148
132
CAPACIDAD ELECTORAL
Año Provincial Barbastro Bcnabarre BoUaña Fraga Huesca Jaca Sariñen
1876 60.519 — — — 7.749 8.684 7.716 —
1879 17.331 — 2.652 2.931 — 2.553 2.755 —
1881 17.331 — — — — 2.310 — —
1884 17.009 — — — ... 2.512 — —
1886 16.822 2.300 2.580 2.778 1.690 2.263 2.602 2.609
1891 64.551 9.428 8.972 9.812 8.653 9.179 9.039 9.468
1893 64.616 9.301 9.028 9.924 8.724 9.259 8.939 9.441
1896 64.079 9.129 9.215 10.140 8.710 8.742 8.855 9.288
1898 63.429 9.401 9.173 9.505 8.709 8.348 8.797 9.496
1899 64.160 9,415 9.919 9.500 8.721 8.488 8.782 9.335
1901 63.532 9.287 8.900 9.612 8.748 8.805 8.628 9.462
1903 62.796 8.766 9.010 9.941 8.746 8.575 8.609 9.149
1905 64.745 8.992 9.182 10.244 9.119 8.716 9.025 9.467
1907 64.512 8.961 9.135 10.149 9.191 8.778 8.773 9.525
1910 57.558 9.336 9.372 10.432 9.231 9.371 ... 9.816
1914 55.902 8.907 9.103 9.872 ... 9.249 9.089 9.682
DATOS SOBRE ABSTENCIONISMO EN HUESCA
1876 1879
Población: 252.165 Población: 252.165
Censo electoral: 60.519 Censo electoral: 17.331
Volantes: 50.526 Votantes: 14.365
Abstención: > 1652% Abstención: 17'12%
1881 1884
Población: 252.165 Población: 260.917
Censo electoral: 17.331 Censo electoral: 17.009
Votantes: 13.110 Votantes: 14.360
Abstención: 24'36% Abstención: 15*57%
1886 1891
Población: 256.376 Población: 260.306 (1890)
Censo electoral: 16.822 Censo electoral: 64.551
Votantes: 12.447 Votantes: 52.226
Abstención: 26'0l% Abstención: 19'1%
1893 1896
Población: 260.306 (1890) Población: 239.081 (1897)
Censo electoral: 64.616 Censo electoral: 64.079
Votantes: 40.155 Votantes: —
Abstención: 37'85% Abstención: —
1898 1899
Población: 239.081 Población: 239.081
Censo electoral: 63.429 Censo electoral: 64.160
Volantes: 43.819 Votantes: 43.819
Abstención:30'91% Abstención: 3095%
1901 1903
Población: 244.867 Población: 244.867
Censo electoral: 63.532 Censo electoral: 62.796
Votantes: 46.319 Volantes: 41.566
Abstención: 27'09% Abstención: 33'80%
134
1905 1907
Población: 244.287 Población: 244.287
Censo electoral: 64.745 Censo electoral: 64.512
Votantes: 42.893 Votantes: 42.397
Abstención: 3375% Abstención: 34'30%
1910 1914
Población: 248.257 Población: 248.257
Censo electoral: 57.558 Censo electoral: 55.902
Votantes: 45.544 Votantes: 43.279
Abstención: 20'87% Abstención: 22'58%
135
ABSTE NCION EN L OS DISTR1TOS ELECTORALES OSCENSES
'~*J
ir-
BARBASTRO BENABARRE BOLTAÑA
Año Electores Votantes Abstcnción% Electores Votante^ Abstención^ Electores Votantes Abstención^
1876 -- 7.782 _ _ — — ... ._ ...
1879 — 1.995 — 2.652 (2») 2.206 1681 2.931 1.832 37'49
1881 -- 1.801 — — 2.148 — — 2.147 „.
1884 — 2.133 — — 2.498 — — 2.399 «r
1886 2.300 1.814 21'13 2.580 2.213 14'22 2.778 2.207 2055
1891 9.428 7.873 1649 8.972 6.515 2738 9.812 6.767 32'25
1893 9.301 5.709 3861 9.028 7.237 19'83 9.924 6.647 33'02
„ _ 6.897
1896 9.129 9.215 25'15 10.140 8.191 19'22
1898 9.041 7.007 2546 9.173 6.873 25*07 9.505 7.572 2071
1899 9.415 6.036 35'88 9.919 7.030 29'12 9.500 8.552 ÍO'OO
1901 9.287 5.626 39'42 8.990 7.117 20'12 9.612 7.701 19'25
1903 8.766 5.814 33'67 9.010 7.420 17-64 9.941 6.401 35'61
1905 8.992 5.996 33'32 9.182 6.054 34'06 10.244 7.024 31'33
1907 8.961 5.783 35'47 9.135 5.718 37'51 10.149 7.243 29'00
1910 9.336 7.168 23'22 9.372 7.670 18-16 10.432 8.775 1588
1914 8.907 6.827 23'35 9.103 7.164 21'30 9.872 7.386 24'49
ABSTE NCION EN LOS DISTR
ITOS E L E C T O R A L E S OSCENSES
FRAGA HUESCA JACA
MQ Electores Votantes Ahsiención9í Electores Votantes Abstcnc¡ón% Electores Voton^ Attslcnción'ft
1876 7.749 7.749 0 8.684 — — 7.716 7.716 o
1879 -- 1.927 _ 2.553 1.960 2372 2.755 2.253 1822
1881 — 1.474 — 2.310 1.882 18'52 — 1.947 —
1884 — 1.822 — 2.512 1.694 32'56 — 1.884 —
1886 1.690 1.608 4'85 2.144 1.547 27'84 2.602 1.333 4877
1891 8.653 7.230 1644 9.179 7.945 13'44 9.039 7.151 20*88
1893 8.724 5.871 3270 9.259 4.187 5477 8.939 6.332 29*16
1896 8.710 7.202 1731 8.742 3.989 54'36 8.855 — —
1898 8.709 5.285 39*31 8.348 3.764 54'91 8.797 6.802 2272
1899 8.721 4.991 4277 8.488 5.306 37'48 8.782 6.482 2618
1901 8.748 6.372 2715 8.805 5.717 35*07 8.628 6.609 23'18
1903 8.746 3.708 5760 8.575 5.332 35*81 8.609 6.689 22'30
1905 9.119 6.112 32'97 8.716 6.103 29'99 9.025 5.294 41*40
1907 9.191 5.432 4089 8.778 5.101 41*88 8.773 7.260 1724
_ 1910 9.231 7.923 14'16 9.371 6.618 29'37 art.29 — —
** 1914 art.29 _ — 9.249 6.648 28*12 9.089 7.394 18'64
ABSTENCIÓN EN LOS DISTRITOS ELECTORALES OSCENSES
SARINENA
Año Electores Votantes [Link]ón%
1876 — 7.181 —
1879 ~ 2.340 —
1881 — 1.711 —
1884 — 1.930 ...
1886 2.609 1.725 33'88
1891 9.468 8.751 7*57
1893 9.441 5.946 3701
1896 9.288 4.478 5178
1898 9.496 6.516 31'38
1899 9.335 6.133 3430
1901 9.462 7.117 24'78
1903 9.149 6.202 3271
1905 9.467 6.311 3333
1907 9.525 5.842 40'76
1910 9.816 7.390 24'71
1914 9.682 7.860 18'81
138
Mapa 2
ELECCIONES DE 1876
CONSERVADORES
LIBERALES
INDEPENDIENTES
139
Mapa 3
ELECCIONES DE 1879
CONSERVADORES
LIBERALES
.••.-•.-•. LIBERALES
INDEPENDIENTES
140
Mapa 4
ELECCIONES DE 1881
LIBERALES
REPUBLICANOS
POSIBILISTAS
14
Mapa 5
ELECCIONES DE 1884
CONSERVADORES
LIBERALES
REPUBLICANOS
POSIBILISTAS
142
Mapa 6
ELECCIONES DE 1886
LIBERALES
REPUBLICANOS
POSIBILISTAS
143
Mapa 7
ELECCIONES DE 1891
CONSERVADORES
LIBERALES
REPUBLICANOS
POSIBILISTAS
Mapa 8
ELECCIONES DE 1893
LIBERALES
REPUBLICANOS
POSIBILISTAS
145
Mapa 9
ELECCIONES DE 1896
CONSERVADORES
LIBERALES
REPUBLICANOS
POSIBILISTAS
146
Mapa 10
ELECCIONES DE 1898
CONSERVADORES
LIBERALES
REPUBLICANOS
POSIBILISTAS
147
Mapa 11
ELECCIONES DE 1899
CONSERVADORES
LIBERALES
REPUBLICANO
INDEPENDIENTE
ttWS
148
Mapa 12
ELECCIONES DE 1901
LIBERALES
i REPUBLICANO
INDEPENDIENTE
149
Mapa 13
ELECCIONES DE 1903
CONSERVADORES
LIBERALES
REPUBLICANO
INDEPENDENTE
150
Mapa 14
ELECCIONES DE 1905
LIBERALES
REPUBLICANO
INDEPENDIENTE
151
Mapa 15
ELECCIONES DE 1907
CONSERVADORES
LIBERALES
152
Mapa 16
ELECCIONES DE 1910
LIBERALES
153
Mapa 17
ELECCIONES DE 1914
CONSERVADORES
LIBERALES
154
4.3. Elecciones de senadores, 1875-1914.
Los propios caracteres de composición del Senado hacen que las
elecciones de senadores no ofrezcan el mismo interés que las del Congreso.
Como sabemos, el Estatuto Real de 1834 introdujo el bicameralismoen la
historia constitucional española, constituyendo ésta su novedad más impor-
tante y sobresaliente. Desde entonces, la división de las Cortes en dos Cá-
maras o Estamentos quedó Fijada en el constitucionalismo del siglo XIX. A
la altura de 1876, los autores del proyecto constitucional no deseaban un
Senado de designación regia, de condición vitalicia y composición ilimita-
da, como lo había sido el de 1845; pero tampoco se hallaron especialmente
inclinados por un Senado enteramente electivo, como el que se estableció
en 1869. Ciertamente, la Cámara Alta no se constituyó como una asamblea
nobiliaria propiamente dicha, aunque sí pretendía reunir a las aristocracias
sociales del país.
El Senado durante la Restauración estuvo compuesto por senadores
vitalicios nombrados por derecho propio, senadores vitalicios de nombra-
miento regio y senadores elegidos por las Corporaciones del Estado y ma-
yores contribuyentes, por medio de un sufragio restringido e indirecto. Fue
precisamente en la composición de la Cámara donde se volvía a aplicar el
patrón moderado, aunque con algunas diferencias. El Senado se convertía,
pues, en fiel reflejo de los sectores integrantes del bloque de poder, y venía
a constituirse en un cuerpo cerrado, ya que eran necesarias condiciones
muy determinadas para poder acceder a él. De ahí que, en el presente traba-
jo, las elecciones de senadores ofrezcan menos interés que las de diputa-
dos, si bien resultan especialmente significativas para estudios sobre élites
políticas, aunque no para describir el comportamiento del electorado.
Para el caso [Link], las referencias a las elecciones de senadores son
escasísimas. En líneas generales, la prensa local se limitaba a proporcionar
noticias casi telegráficas sobre la convocatoria -siempre algunos días más
tarde que la de diputados-, los candidatos, las normas para la elección de
compromisarios o los resultados finales.
No obstante, la escasa documentación informa del juego de pactos y
amiguismos que, al igual que las elecciones al Congreso, ponían en mar-
cha. El caso más curioso es posiblemente el de 1910, año en que chocaron
los intereses del Ministro de la Gobernación y ManuelCamo; el primero se
155
hallaba especialmente interesado en incluir en el encasillado a A. Retortillo,
de lo que informó al gobernador civil:
«El Gobierno tiene interés en que sea elegido Senador por esa provincia
don Agustín Retortillo. Ruego a V. I. que hable en nombre del Gobierno con
nuestro amigo Sr. Camo y en nombre mío, rogándole que preste su valioso
apoyo al Sr. Retortillo incluyéndolo cu la candidatura de esta provincia y
asegurando su triunfo (,..)» 222 .
La contestación a la propuesta del ministro tuvo lugar dos días des-
pués, en forma cortés pero negativa, siendo transmitida por el gobernador
civil:
«Me dice el Sr. Camo que tiene deber hace mucho tiempo y compromiso
y que los cumplirá escrupulosamente, de apoyar las candidaturas para Senado-
res para esta provincia de dos grandes hacendados de la misma, liberales y
admiradores del Ilustre jefe del Gobierno Sr. Canalejas, Don Julio Sopeña,
cx-senador, que fueron de los de fidelidad al inolvidable Sr. Sagasta. El otro
puesto, convinieron en febrero, el Sr. Canalejas y el Sr. Camo, que procedía
reservarlo al. Sr. Castañeda, en desagravio de inicuos atropellos de los con-
servadores y en justa medida de satisfacción a la opinión liberal y democráti-
ca de este país; eso declara el Sr. Camo, es lo que apoyará con los suyos, a
fin de llevar al Senado tres respetabilísimos adictos al Presidente del Partido
Liberal Democrático y del Gobierno del Sr. Canalejas» 223 .
El ministro respondió, esta vez en tono exigente, ordenando al gober-
nador civil medidas concretas. El enfrentamiento entre el poder central y el
local era manifiesto, y lo demuestra el hecho de que se cursaran cuatro tele-
gramas el mismo día, incluyendo uno del propio Canalejas. Las órdenes del
Ministro de Gobernación fueron tajantes:
«Compromisos ineludibles de Gobierno hacen necesario disponer de un
lugar en la candidatura senatorial de esa provincia para el Sr. Retortillo, Pón-
gase V.I. de acuerdo para su elección con el Sr. Camo y amigos y adopte me-
didas necesarias para asegurar su triunfo en unión de los otros dos liberales
de que me habla en su telegrama, pero mirando mucho de hacer triunfar al Sr.
Retortillo, en cuyo favor recibirá V.I. el apoyo resuelto que espero no han de
negar al Gobierno los amigos de esta provincia (...)».
222
A . H . N . , Gobernación, leleg. 12-V-1910.
223
A.H.N., Gobernación, teleg. 14-V-19I0.
156
Camo respondió con una rotunda negativa, volviendo a insistir en las
ideas de su telegrama anterior, lo que llevó al gobernador a advertir al mi-
nistro:
«El Sr. Camo dispone hoy de la casi totalidad de la Diputación y de la
inmensa mayoría de los compromisarios, los que volarán únicamente a los
candidatos que tes indique dicho señor (...)».
El mismo Canalejas llegó a tomar cartas en el asunto:
«Rutígole diga al Sr. Camo de mi parle que como Favor muy especial y
un servicio al Gobierno espero me reserve un lugar en la candidatura de Sena-
dores para persona de arraigo que constituye un compromiso del Gobierno.
Espero esta prueba de árcelo y consideración del amigo c ilustre correligiona-
rio (...) José Canalejas».
Las peticiones gubernamentales no fueron, finalmente, escuchadas y
el ministro tuvo que abandonar su deseo, no sin cierto despecho, ante el
poder de un viejo farmacéutico de provincias:
«Puede V.S. manifestar al Sr. Camo que creí merecer personal y como
Ministro alguna mayor consideración de su parte, en justa correspondencia a
la que siempre desde hace muchos años he procurado demostrarle y a la gran
estimación que me merecía como amigo y correligionario» 224 .
224
A.H. N., Gobernación, tclcg. 15-V-1910.
157
Listado de senadores elegidos por la provincia de Huesca, 1875-1914
Elecciones de senadores, 1876. Elecciones de senadores, 1879.
Nicolás de Otto Crespo Eugenio Barrón Avignon
Manuel Esponera Manuel León Moncasi
Manuel Camo Lorenzo Ruata Sichar
Joaquín Jovellar Soler
Elecciones de senadores,1881. Elecciones de senadores, 1884.
Juan Gastón Gastón Antonio Naya Azara, barón de
Jorge Laguna Gil Alcalá
Francisco Moncasi Castel Lorenzo Ruata Sichar
Evaristo Romero
Elecciones de senadores, 1886. Elecciones de senadores, 1891.
Buenaventura Abarzuza Marqués de Lacadena
Marqués de Arlanza Evaristo Romero
Antonio Rerrero José Fernández Lascoiti
Sancha, conde de Lascoiti
Elecciones de senadores, 1893. Elecciones de senadores, 1896.
Buenaventura Abarzuza Buenaventura Abarzuza
Fernando O'Lawlor Caballero Femando O'Lawlor Caballero
Marqués de Arlanza Miguel Moya
Elecciones de senadores, 1898. Elecciones de senadores, 1899.
Buenaventura Abarzuza Buenaventura Abarzuza
Fernando O'Lawlor Caballero Femando O'Lawlor Caballero
Francisco Martínez de Rodas Cipriano Muñoz Manzano
Conde de la Vinaza
Elecciones de senadores, 1901. Elecciones de senadores, 1903.
Buenaventura Abarzuza Conde de la Vinaza
Femando O'Lawlor Caballero Femando O'Lawlor Caballero
Conde de la Vinaza Gerónimo del Moral
158
Elecciones de senadores,1905. Elecciones de senadores, 1907.
Gerónimo del Moral Agustín de la Serna
Agustín Retortillo León Julio Sopeña
Ignacio Sabater Fernández Antonio Albar
Elecciones de senadores, 1910. Elecciones de senadores, 1914.
Mariano Bastarás Celestino Armiñán Coalla
Julio Sopeña Máximo Escuer Velasco
Tiburcio Pérez Castañeda José Almuzara Cereza
-Fuente: Diario de Sesiones del Senado, 1875-1914.
159
5. COMPORTAMIENTO POLÍTICO Y EVOLUCIÓN DELOS
DISTRITOS ALTOARAGONESES
«Cruzó el Ebro por el puente de piedra de Zaragoza
y no paró hasta lo más agreste del somontano alioara-
gonés, comarca que siempre ha gozado de universal re-
nombre y fama por su odio a los partidarios y defen-
sores del absolutismo» (LÓPEZ ALLUlf, Luis, Copúlelos
y Mónteseos, p. 30).
A continuación, trataremos el tema del comportamiento políticode la
provincia de Huesca, analizando las características de los distritos oscenses
y su evolución electoral.
La necesidad de caracterizar y clasificar los distritos electorales nos
llevó a utilizar el modelo propuesto por Javier TUSELL en su estudio sobre
Andalucía, que permitía resumir en cinco variables los cinco caracteres más
sobresalientes de aquéllos. Esta clasificación ha sido también utilizada en
otros estudios, entre los que se halla el de María Jesús MERINEROpara Cá-
ceres, de cuyo análisis hemos tomado también una tipología gráfica que
permite mostrar con gran claridad las evoluciones y posibles oscilaciones
de los distritos, informando de la alternancia, continuidad o falta de perma-
nencia de los diputados (perfil de continuidad), y de la discontinuidad,
continuidad o desplazamiento de las tendencias políticas (perfil de com-
portamiento).
La clasificación tomada de TUSELL y la tipología gráfica de MERINERO
permiten resumir y visualizar de forma rápida las características y tenden-
cias de los distritos en particular, y de la provincia en general, siendo espe-
cialmente útiles en la medida en que permiten confrontar y comparar el
comportamiento de los distritos.
161
Hemos de advertir que hemos mantenido la división en dos períodos
(1875-1898 y 1898-1914), ya que en ambos el comportamiento político
presenta caracteres diferentes.
1875-1898 1898-1914
dócil Barbastro poco dócil
competitivo poco competitivo
estable muy estable
liberal desde 1886 liberal
muy dócil Benabarre muy dócil
poco competitivo competitivo
inestable inestable
alternancia alternancia
dócil Bol taña muy dócil
poco competitivo competitivo
estable inestable
alternancia (desde 1886, antes liberal) alternancia
dócil Fraga menos dócil
competitivo poco competitivo
inestable semi-estable
alternancia (posibilista desde 1893) liberal
menos dócil Huesca poco dócil
competitivo poco competitivo
muy estable estable
republicano-posibilista liberal
menos dócil Jaca menos dócil
competitivo poco competitivo
estable estable
liberal liberal
menos dócil Sariñena menos dócil
competitivo poco competitivo
estable estable
republicano-posibilista liberal
162
Mapa 18
DOCILIDAD (1875-1898)
MUY DÓCIL
DÓCIL
MENOS DÓCIL
163
Mapa 19
DOCILIDAD (1898-1914)
MUY DÓCIL
•V.V.V.'.V MENOS DÓCIL
.V.V.V.'.V
164
Mapa 20
COMPETITIVIDAD (1875-1898)
POCO COMPETITIVOS
COMPETITIVOS
165
Mapa 21
COMPETITIVIDAD (1898-1914)
POCO COMPETITIVO
COMPETITIVO
166
Mapa 22
ESTABILIDAD (1875-1898)
MUY INESTABLES
ESTABLES
MUY ESTABLES
167
Mapa 23
ESTABILIDAD (1898-1914)
INESTABLE
ESTABLE
168
Mapa 24
SIGNIFICACIÓN POLÍTICA (1875-1898)
PREDOMINIO LIBERAL
POSIBIL1STA
TENDENCIA CONSERVADORA
LIBERAL
POSIBILISTA
SIN TENDENCIA NI PREDOMINIO
169
Milpa 25
SIGNIFICACIÓN POLÍTICA (1898-1914)
LIBERAL
TENDENCIA LIBERAL
wfci" •:• •: :• RINDEPENDENTEX DESDE 1905
HASTA 1905 \PREDOMINIO LIBERAL
:*ñW:W:v;
170
Distrito de Barbastro.
En líneas generales, podemos afirmar que el distrito de Barbastro re-
produce dócilmente hasta 1886 la alternancia de conservadores y liberales
en el poder: en las elecciones de 1876 y 1879, ambas con gobiernos con-
servadores, resultó elegido el conservador Pedro Escudero; en 1881, con
gabinete liberal, Estanislao de Antonio; en 1884,de nuevo Pedro Escudero.
Pero, a partir de los comienzos de 1886, el distrito presenta las carac-
terísticas de un cacicato estable, con fuerza suficiente para imponerse al en-
casillado oficial. Este cacicato liberal estable está dominado por Alvarez Ca-
pra, que se mantiene como diputado del mismo en cinco elecciones conse-
cutivas (1886, 1891, 1893, 1896 y 1898) y por el también liberal Aura Bo-
ronat, elegido en nueve elecciones sucesivas-de 1898 a 1920- 225 , ambos
candidatos cuneros.
A pesar de la docilidad de que hace gala hasta 1886, no se ajusta tan
sumisamente como otros a los deseos del Gobierno. Los candidatos de
igual filiación que el partido en el poder consiguen sin problemas sus actas
de diputado, pero nunca obtienen la casi totalidad de los votos emitidos.
Los perfiles de continuidad y comportamiento informan del escaso
movimiento político, especialmente desde 1886; sólo dos representantes
-Alvarez Capra y Aura Boronat-, una sola filiación política -liberal-, a lo
que se une una competitividad variable, que alcanza sus índices más bajos
de 1898 a 1905. A partir de esta última fecha, se observa un ligero incre-
mento en los valores de lucha, ampliándose el número de fuerzas políticas
que se disputan el distrito.
Las batallas electorales más competidas tuvieron lugar en 1891 y
1914. En la primera, liberales y conservadores compitieron por el distrito,
llegándose a producir una lucha de un 1'42, de una competitividad máxima
de VSS\ en 1914, el centro de la campaña electoral giró en torno al Proyec-
to de Riegos del Alto Aragón , que enfrentaría a Aura Boronat y al conser-
vador "catialista"226 Mariano de Zaro.
22
-" GERMÁNZUUKKO. Luis, Elecciones y partidos políticos en Aragón ...; v. gráficos de
comportamiento y continuidad.
*** Los canalislas eran los conservadores de la provincia, que para las elecciones de 1914
lomaron esta denominación no oficial, en defensa del Plan de Riegos del Alto Aragón.
171
Suponemos, ante la carencia de testimonios en la prensa, que no fue
una excepción en cuanto a las presiones y corrupciones que los candidatos
y el Gobierno ejercieran y practicaran sobre el cuerpo electoral. En 1884,
por ejemplo, tenemos noticia de que los conservadores se mostraron espe-
cialmente ensañados con empleados que no contaban con sus simpatías; de
ahí que en los primeros días de marzo fueran relevados cuatro peatones que
se ocupaban de la correspondencia en Salas, Radiquero y Hoz 227 . Pero, en
líneas generales, Barbastro no fue de los distritos con mayor presencia en
lo relativo a noticias electorales.
Distrito de Benabarre.
Si algo caracteriza y define al distrito de Benabarre es, sin duda algu-
na, su extrema docilidad, ya que, a lo largo de las dieciséis elecciones que
estudiamos, se registra una clara identidad entre la filiación de los candida-
tos electos y el partido que en cada momento ocupa el poder en trece de
ellas. El Partido Conservador y el Partido Liberal se repartieron las legisla-
turas entre 1876 y 1905 inclusives, con la exclusión de cualquier otra ten-
dencia política.
A partir de las elecciones de 1905, la tendencia liberal se acentuó, pa-
sando a ser un cacicato estable, en manos de Vicente Navarro Reverter,
hasta 1914. En las elecciones siguientes -1916, 1918, 1919-, hubo tres
candidatos liberales distintos, entre ellos, el hijo de Navarro Reverter, para
pasar posteriormente a los conservadores, en las elecciones de 1920 y
1923.
Los perfiles de continuidad y comportamiento reflejan esta evolución.
El primero muestra la escasa permanencia de los diputados (seis, de 1875a
1896, y cinco, de 1898 a 1914), ya'que sólo cuatro de ellos consiguen
mantenerse como máximo en dos legislaturas, a excepción de Navarro
Reverter228. El perfil de comportamiento se divide en una primera parte en
forma de sierra, de 1876 a 1905, que refleja la alternancia y el funciona-
miento del turno. A partir de1905, el distrito se estabilizó en lo que arepre-
227
"El Diario de Huesca", 10 III 1884.
228
Manuel LasicrTa Arnés. 1884 y 1891; José Moncasi Cudós, 1886 y 1893; Vicenie Pi
niés, 1899 y 1903. y Viccmc Navano Reverter, 1907, 1910 y 1914.
172
DISTRITO DE BARBASTRO. PERFIL DE COMPORTAMIENTO.
Conservadores -
Liberales
1 1 —— 1 — — 1 — 1 —•—
1876 1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 190519C7 1910 1914
DISTRITO DE BARBASTRO. PERFIL DE CONTINUIDAD.
Aura Boronat
Alvarez Capra
E. de Antonio
Pedro Escudero
-+- -+•
1876 Í879 1881 1884 1886 1891 1983 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
sentación se refiere, con Navarro Reverter, manifestándose en el gráfico en
una línea plana de continuidad que llega hasta 1920229.
La competitividad de Benabarre puede desglosarse también en dos
períodos distintos. De 1875 a 1899, se advierte una falta de competitividad,
que se refleja en la ausencia de una lucha real. Los diputados del distrito
consiguen su representación con una gran diferencia de votos respecto al
resto de candidatos. La prueba también se halla en la abundancia de candi-
datos presentados en Benabarre para conseguir su escaño por acumulación
(Romero Robledo, Ildefonso Fernández Sánchez, Montero Ríos, Cánovas,
Salmerón, Sagasta, Pi y Margall, ...). A partir de 1905, Benabarre se con-
vierte en un distrito competitivo. Entre 1899 y 1914 sólo hubo dos eleccio-
nes sin lucha efectiva: la de 1899 y la de 1907 (hubo una elección parcial en
la que también se conoció lucha electoral); en el resto, se presentaron gran-
des conflictos entre conservadores y liberales. Los republicanos contaron
con poca presencia en el distrito, aunque en 1899 la Liga de Agricultores de
Ribagorza proclamó candidato a Joaquín Costa, que pidió ser retirado de la
campaña. Curiosamente, Costa no logró ser diputado por el Altoaragón, lo
que contribuiría a su enemistad con Manuel Camo desde los primeros años
del siglo XX 230 . Sin embargo, ese año apareció en "El Diario de Huesca"
la siguiente noticia:
«... donde quiera que se presenta la candidatura det Sr. Costa, tendrá las sim-
patías y voluntades en el cuerpo electoral porque reconociéndose la conve-
niencia de que el organizador y presidente de la Asamblea Nacional de Pro-
ductores pertenezca al futuro Congreso, se cree natural que esto suceda con la
representación del país de su nacimiento...» 23 '.
Costa sólo volvería a presentarse por el distrito de Benabarre en
1907, pero no gozó de suerte ni poder suficiente para hacerse con un acta
electoral en la provincia.
¿¿v
GlíRMAN ZllBTiRO. Luis, Elecciones y partidos políticos en Aragón ... ; v. tablas de dis-
tritos y candidatos.
2
CHBYNSI C.J.G., Confidencias políticas y personales. Epistolario Joaquín Cosía-
Manuel Béseos (1899-1910), Institución Fernando el Católico, Zaragoza,1979.
231
"El Diario de Huesca". 25-111-1899.
175
En el campo de los conservadores, un candidato constante hasta 1905
fue Pío Vicente Piniés232, que disputó en 1899, 1901 y 1903 la representa-
ción de este distrito. En la última elección, entabló una dura batalla con el li-
beral Luis Bermejillo, acusándose ambos de venta de votos y de irregulari-
dades de varios alcaldes en la manipulación de los censos. El enfrentamien-
to llegó al extremo de proclamarse vencedores ambos candidatos, siendo en
realidad el triunfador el conservador Piniés, ayudado por el tristemente cé-
lebre gobernador Civil Villarino233. "El Heraldo de Aragón" se hizo eco de
esta contienda y recogió la noticia, atacando la información que publicó "La
Voz de la Provincia"234, periódico oséense, conservador y anticamista, fa-
vorable al triunfo de Piniés. En "El Heraldo" aparecía lo siguiente:
«... noticias fidedignas aseguran que la elección de Bermejillo era por mis de
500 votos a pesar de haberse cometido pucherazos, robos de actas, coaccio-
nes y otros excesos electorales... » 2 3 5 .
En 1905, se presentaron un ministerial liberal, Luis Bermejillo, y un
republicano, Valentí Camps, ganando el primero por más de 3.000votos.
Piniés fue candidato por última vez, consiguiendo tan sólo dos votos. A
partir de 1907 se estabilizó la representación del distrito en manos de Vicen-
te Navarro Reverter.
Así pues, docilidad absoluta, escasa competitividad, gran inestabili-
dad (la más alta de la provincia) e inexistencia de tendencia política alguna
fueron las características más acusadas de Benabarre durante el período de
1875 a 1896, para pasar a ser un distrito competitivo y con una marcada
tendencia hacia la representación liberal, que cristalizaría desde 1907 en
adelante, conservando, eso sí, la inestabilidad en la representación.
232
Nació en Huesca en 1875 y murió en Madrid en 1943. Abogado de profesión, diputado
a Cortes por los distritos de Jaca. Fraga, Benaban-e y Boltaña; vicepresidente primero del
Congreso de los Diputados; senador del Reino: director general de Administración Local:
Ministro de Gracia y Justicia en 1921. con el Gobierno de Allende Salazar, y, posterior-
mente, Ministro de la Gobernación, con Sánchez Guerra, y presidente de la Academia Na-
cional de Jurisprudencia y Legislación.
Este gobernador civil amenazó en 1903 con imponer multas a varios Ayuntamientos
"no adictos" a la candidatura conservadora, por un valor total de 25U.0OOpesetas.
234
FERNANDEZ ClEMENTS, Eloy FOBCADKLL.
y Carlos. Historia de la prensa aragonesa.
Guara, Zaragoza, 1979.
235
"Heraldo de Aragón". 28-1V-1903.
176
DISTRITO DE BENABARRE. PERFIL DE COMPORTAMIENTO.
Liberales
Conservadores
1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
DISTRITO DE BENABARRE. PERFIL DE CONTINUIDAD.
Navarro Reverter
Luis Bermejillo
Pío Vicente Piniés
[Link] y Beruete
Evaristo Romero
J. Moneas I Cudós
Manuel [.asierra
[Link]ón Moneasi
J. Cavero Llera
F. Cerveró Valles
J. Jovellar Soler
-i t-
1876 1879 1881 1884 1686 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
Distrito de Boltaña.
Las dieciséis elecciones estudiadas para este distrito pueden clasificar-
se en tres momentos distintos: de 1879 a 1886, en que consiguió el acta de
diputado el liberal Ramón Lacadena Laguna, marqués de Lacadena, entre
ellas cuatro consecutivas repartidas entre 1879 y 1886, lo que proporcionó
cierta estabilidad a la representación; de 1891 a 1910,con un ligero parénte-
sis en 1903 en que se rompió la alternancia a favor del liberal Domingo
Gascón, el turno de partidos se cumplió escrupulosamente; y de 1910 a
1923, en que Boltaña se convirtió en un distrito liberal con la representa-
ción de Luis Fatás Montes236.
Del primer período, podemos asegurar que en ninguna de las eleccio-
nes a las que presentó su candidatura el marqués de Lacadena 237 encontró
la más mínima dificultad para hacerla triunfar. La diferencia entre el número
de votos que consiguió y el del resto de los candidatos fue abrumadora.
Durante estos años, se trata de un distrito poco competitivo, en el que se re-
gistra una importante ausencia de lucha real.
Como hemos señalado antes, el resto de los comicios entre 1891y
1910 se ajustó al juego electoral turnista y al encasillado oficial, no ofre-
ciendo dificultades para la victoria del candidato del partido en el poder en
ese momento. En las elecciones de 1876, consiguió su acta de diputado
Juan Cavero Llera, con un total de 9.261 votos. No conocemos si otros
candidatos disputaron con él el distrito, pero, sea como fuere, cabe suponer
que la práctica totalidad de los electores otorgaron su voto al candidato
conservador, ya que el censo electoral no podía sumar más de esos 9.261
votantes.
Antonio Albar Anglada238, también conservador, representó a Bolta-
ña en 1891 y 1896. En la primera fecha, obtuvo 6.747 votos, frente a can-
didatos por acumulación como Pi y Margall, Gil Berges, Castelar y Alvarez
¿Jo y cuadros de diputadas por años y distritos.
" ^ Natural de Berdún. cursó la carrera de Jurisprudencia en Zaragoza, Ingresó después enel
Ministerio Fiscal como Promotor de Tamarite; fue juez de Salsona c Híjar. gobernador civil
de Zaragoza y sub-sccrctario de Gracia y Justicia. Se afilió al Partido Liberal en1877.
23o Nació en Benasquc en 1852. fue abogado y rico propietario de la provincia. Diputado
a Cortes por el Partido Conservador en1891, 1896 y 1899; antes había sido diputado pro-
vincial y gobernador en Huesca.
179
Capra, representando la abstención un31'03%. Cinco años más tarde vuel-
ve a obtener la victoria frente a Antonio Pérez Solana, en unas elecciones en
las que el índice de abstencionismo fue muy bajo(4'01%).
En las elecciones de 1898, 1899 y1901, el tumo siguió funcionando
de una manera rigurosa, pero con la diferencia de que si en las elecciones
anteriores, las de 1896, en Boltaña hubo un buen porcentaje de votos para
el candidato perdedor, en los años siguientes no existió prácticamente opo-
sición: el duque de Bivona, en 1898, obtuvo 7.536 votos contra los 34 de
Antonio Albar Anglada, y en 1899 sucedió lo mismo, sólo que le tocó el
turno a Albar Anglada, frente a dos votos por acumulación de Nicolás Sal-
merón. A partir de1901, la situación comenzó a variar; se registró un ma-
yor índice de lucha; Domingo Gascón consiguió el acta electoral frente al
conservador Pablo Alzóla Minondo por escasos 1.000 votos.
En 1903, se rompió el turno a favor del diputado Gascón, en lucha
contra el ministerial silvelista José Ferraz. Fue una elección muy reñida, en
la que no faltó de nada (plagios, venta de votos; violencias en suma). Las
protestas de los conservadores, en teoría dueños del distrito durante esa
elección, se consignaron en los telegramas de Gobernación de aquel año:
«Protestamos enérgicamente por coacciones inauditas empleadas en fa-
vor del candidato liberal en el distrito de Boltaña por caciquismo provincial
valiéndose de mayoría de elementos oficiales, contratistas,ele, convertidos
en agentes contra Ferraz. Firman Sopeña. Mur y Lacambra» 23 *.
En las elecciones de 1905 y 1907, siguió respetándose el tumo. En
1905, bajo Gobierno liberal, el distrito pasó a manos de un candidato nue-
vo, Lorenzo Rodríguez de Gálvez, marqués de Mondéjar. Esta candidatura
fue convenida entre el Ministro de la Gobernación y Manuel Camo; así lo
confirma el telegrama del propio candidato al gobernador civil de Huesca:
«Sírvase transmitir al Sr. Camo lo siguiente: después de conferenciar
con el Ministro que me manifiesta acuerdo con usted, soy el candidato por
Boltaña. Tengo el gusto de ponerme a su disposición muy agradecido. Ruego
me diga si debo salir para esa o espero aquí sus instrucciones...» 240 .
239
A . H . N . , Gobernación. leleg. 29-ÍV.1903.
240
A . H . N . , Gobernación, teleg. 13-V11I-1905.
180
Esta vez la candidatura liberal no contó ni siquiera con oponente con-
servador, sino con un candidato llamado Luis Zurdo Olivares, del que des-
conocemos su filiación política y que obtuvo 761 votos. En 1907, volvió a
ser elegido un conservador. Pío Vicente Piniés, bajo las órdenes del Go-
bierno de Antonio Maura, pero sería la última, porque a partir de1910,
Boltaña se convirtió en distrito liberal, estabilizándose con la representación
de Luis Fatás Montes, aunque con gran lucha por parte del Partido Conser-
vador. Su representación durará hasta 1920, siendo sustituido en 1923por
un candidato también liberal, Celso Joaquinet.
Los perfiles de comportamiento y continuidad nos señalan la alternan-
cia y la continuidad características del distrito hasta 1910. Sólo dos fuerzas
políticas, conservadores y liberales, obtuvieron actas en esta zona, obvian-
do a la republicana posibilista, de tan importante peso en la provincia. En
cuanto a la representación, Boltaña fue más estable en este terreno durante
los primeros veinte años de la Restauración -con tan sólo tres representan-
tes en las Cortes- que posteriormente. A partir de1898, y hasta 1923, por
el distrito pasaron siete candidatos distintos, si bien es verdad que Luis Fa-
tás obtuvo la representación desde 1910 en seis elecciones consecutivas.
Concluyendo, podemos afirmar que durante el período 1876-1896
nos hallamos ante un cacicato estable liberal, de caracteres semejantes al de
Barbastro, aunque sin grados de estabilidad tan marcados como los distri-
tos de Huesca, dominado por Camo, y de Jaca, por Manuel Gavín Estaún.
Se trataba de un distrito dócil, ya que en seis de las ocho elecciones coin-
cidió la filiación del candidato electo con el panido en el poder. A esto se
sumaba la carencia de competitividad241 y el predominio de candidatos por
acumulación, con unos índices de abstención sumamente variables, que se
repartieron entre un 37'49% para 1879, el más alto, y4'01%
un en1896,
el más bajo. A partir de 1898, Boltaña se vuelve más inestable en la repre-
sentación: hasta 1914, de ocho elecciones hubo cinco candidatos diferentes;
pierde la alternancia que la caracterizaba desde 1891 para pasar plenamente
a la tendencia liberal hasta el fin de la Restauración, y adquiere caracteres
más competitivos que en el período anterior, ya que, de ocho elecciones,
cuatro fueron muy competidas(1901, 1903, 1910 y 1914), siempre entre
conservadores y liberales.
TTi ,
De ocho elecciones, en cinco de ellas no se produce lucha; de ahí su carácter poco
competitivo.
181
En esta época, fue notorio el dominio de los liberales, que, paulatina-
mente, se adueñaron del distrito. Este, junto con Benabarre, fueron los dos
únicos que presentaron cierto índice de conflictividad, de lucha, y en los
que se cumplió el turno con alguna regularidad.
Distrito de Huesca.
El distrito de Huesca fue unfeudo del republicanismo posibilista, pri-
mero, y posteriormente, del liberalismo, en manos de Manuel Camo, que
hizo de él un verdadero cacicato estable. Bajo las directrices del famacéurico
oséense, se prepararon las elecciones en el distrito de la capital durante lar-
go tiempo -desde 1881 hasta1911-, repartiéndose durante este tiempo la
representación Emilio Castelar (1881-1898), el propio Manuel Camo
(1899-1905) y Miguel Moya (1907-1919); en los dos últimos períodos
electorales, 1920 y 1923, salió elegido Miguel Moya Gastón, hijo del
anterior.
Huesca tuvo un comportamiento totalmente opuesto al distrito de Be-
nabarre, por poner un ejemplo de docilidad dentro del marco provincial.
Como es sabido, la existencia de un cacicato estable es inversamente pro-
porcional al grado de su docilidad242, y Huesca, como hemos visto, tuvo
un auténtico propietario, de filiación republicana hasta 1898y liberal hasta
1923243 Hasta las elecciones de1893, fue uno de los distritos más compe-
tidos de la provincia; el Gobierno no tuvo fuerza suficiente para imponer
sus encasillados. Basta ojear los cuadros de candidatos por el mismo y el
número de votos que consigue cada uno para percatarse de la falta de docili-
dad de Huesca; en todas las elecciones entre 1881 a 1886 ganó Emilio Cas-
telar por un pequeño margen, desde los 15 a 405 votos; a partir1891,
de la
diferencia de votos a su favor se fue ampliando y la compeütividad evolu-
cionando hacia el extremo contrario.
Si Huesca, hasta mediada la década de los noventa, fue un distrito
competitivo, a partir de finales de siglo, cuando Camo se hace cargo de él,
242
Ti'SELL, Javier, op. cítH p. 234.
**•' Salvo en las dos primeras elecciones de la Restauración, en Huesca no funcionó el tur-
no ni hubo alternancia. Sólo en las elecciones de 1876 y 1879 tuvo un representante con-
servador, Antonio Naya A/ara, barón de Alcalá.
182
DISTRITO DE BOLTAÑA. PERFIL DE COMPORTAMIENTO.
Liberales
Conse rvadores-
1876 1879 1881 1884 1866 1891 189 i 1895 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
90
?c DISTRITO DE BOLTAÑA. PERFIL DE CONTINUIDAD.
Luis Fatás ..
P.V. Piniés
Marqués de
Morí dé jar
D. Gascón
Duque de
Bivona
Albar Anglada
F. tacadena .,
Juan Cavero
-t- -t- +• t- i i~ •+• -+- •+•
-t- -t-
1876 1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
pierde esta característica, estabilizándose en un cacicato de tendencia políti-
ca liberal, filiación que no perdería nunca, llegando hasta 1923.
En el distrito de la capital, nadie logró disputar con alguna fuerza la
dominación de Camo y Moya. Puede asegurarse que en seis de las ocho
elecciones disputadas desde 1898 a 1914 no hubo lucha efectiva; sólo en
las de 1905 y 1914 se compitió más, pero nunca con serio peligro para los
liberales, ya que ni el Partido Conservador tenía fuerza ni los republicanos
se hallaban lo suficientemente organizados como para presentar batalla 244 .
En 1905, quien más se aproximó a Camo fue el republicano Joaquín Mon-
testruc, que obtuvo 1.421 votos frente a los 4.678 del liberal. En 1914, la
lucha resultó más dura, pues Miguel Moya nunca fue bien visto por los
conservadores, ya que era cunero, ni por los republicanos, por haber acep-
tado la candidatura liberal. Con estos motivos presentaron una candidatura
bajo la denominación de canalista, formada por elementos conservadores,
agrarios, canalistas y algunos republicanos, que lanzó una furibunda cam-
paña contra el periodista madrileño, de tintes difamatorios, muy protestada
desde las páginas de "El Diario de Huesca". El punto de mayor fricción se
produjo cuando se supo que algunos elementos republicanos de Ayunta-
mientos anexos a la capital votaron a la representación conservadora de Lo-
renzo Vidal, que logró 2.563 votos, cantidad insuficiente ante los 3.961
votos del liberal245.
Los perfiles de continuidad y comportamiento presentan tendencia
plana acusada. El primero reproduce la permanencia en la representación,
puesto que sólo cuatro candidatos ocuparon el distrito a lo largo de cuarenta
y cuatro años, hecho muy importante a la hora de contemplar su estabili-
dad. El segundo, atendiendo al espectro político, refleja la tendencia predo-
minante en Huesca, repartida entre la republicano posibilista y la liberal.
Este perfil, el de comportamiento, puede interpretarse como plano
(nos habla de continuidad) a partir de finales de siglo, puesto que se pasó
del posibilismo al liberalismo, pero no varió el representante, en ambas
"* La debilidad del Partido Republicano en Aragón era patente. Los núcleos más activos
se encontraban en Zarago/.a y sus alrededores; en Huesca hubo un núcleo lerrouxista (1910),
y, al margen de este movimiento, otro tipo de republicanismo, como el de Manuel Bcscós.
que deseaba la constitución de un partido republicano autónomo en el Altoaragón, supedita-
do al programa político de Joaquín Costa. V. GERMÁN ZuilíERO. Luis. op. cil., pp. 92-93.
2 4 5
'El Diario de Huesca". 10-UI-1914.
185
Manuel Camo. En cuanto a la representación de Moya, denominado siem-
pre en los documentos oficiales como republicano independiente (al menos
hasta 1908), fue indicado para este distrito por Manuel Camo, al ser nom-
brado éste senador vitalicio en 1906; así pues, el apoyo y protección que
los liberales le brindaron dieron un marcado carácter de colaboración a su
gestión política, que no debe tomarse como una tendencia nueva, sino co-
mo parte de la trayectoria imprimida en él por el cacique oscense y de la que
Moya fue continuador.
Distrito de Fraga.
En líneas generales, el distrito de Fraga se comporta con gran docili-
dad hasta 1891 inclusive, reproduciendo de forma casi exacta la alternancia
de los dos grandes partidos del turno. De las seis elecciones que se verifi-
can hasta ese año, únicamente en la de 1879el candidato electo no coincide
en su filiación con la del partido en el poder. A partir de
1893,estos carac-
teres varían profundamente y Fraga se convierte en un cacicato estable con
Manuel Camo, republicano posibilista, elegido en las elecciones de 1893
hasta 1898. Este cacicato fue heredado a partir de 1899 por Miguel Moya,
republicano independiente y periodista madrileño, bien visto para este pues-
to por el político oscense.
Hasta 1896, Fraga fue un distrito muy inestable, atendiendo a la esca-
sa permanencia en la representación por una misma persona. Durante las
primeras ocho elecciones, cinco personas consiguieron el acta de diputado
en dos ocasiones: Joaquín Nogueras Loscertales, en 1879 y 1884; Félix
Coll Moncasi, en 1881 y 1886, y Manuel Camo Nogués, en 1893y1896.
A partir de la consecución del distrito por el cacique oscense, Fraga tuvo un
periodo de mayor estabilidad, que duró hasta 1905con Miguel Moya.
El establecimiento del cacicato republicano posibilista conllevó tam-
bién la disminución de la lucha en el distrito; prácticamente no se conocen
candidatos opositores en Fraga, ni por pane conservadora ni por parte re-
publicana, hasta las elecciones de 1905, en que Pío Vicente Piniés consi-
guió casi 2.000 votos, lo cual no sucedía desde los comicios de1896246.
^ 4 ° El republicano Reniña (Unión Republicana) consiguió en 1896 3.200 volos. no vol-
viendo a haber oposición en el distrito hasta 1905.
186
DISTRITO DE HUESCA. PERFIL DE COMPORTAMIENTO.
Liberales
R. Pos i bilis
tas.
Conservadores.
-t- -r f -+- -t- -»- -+- -+-
•> 1 1 > >
1876 1879 1881 18841886 1891 1893 1896 1898 1899 1903
1901 1905 1907 1910 1914
DISTRITO DE HUESCA. PERFIL DE CONTINUIDAD.
Miguel Moya
Manuel Camo
E. Castelar
[Link] Azara
-i-
1876 1679 1881 1884 1886 1891 1893 1896 1808 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
Desde las elecciones de 1907, Fraga entró en una nueva dinámica, ya
que, al abandonar Moya la representación del distrito por el de Huesca, se
produjo tal vez un pequeño vacío político, que pudo servir para que un con-
servador ganara el distrito después de diecisiete años 247 . Salió elegido Do-
mingo de las Barcenas por 4.303 votos, indudablemente favorecido por el
hecho de que fueran unas elecciones organizadas por un Gobierno conser-
vador, el denominado Gobierno largo de Maura. Desde los comicios de
1907 y hasta 1923, el distrito volvió a manifestar rasgos de inestabilidad,
puesto que obtuvieron el acta al menos siete diputados distintos, seis de
ellos liberales y un conservador, en 1920, José Romero Radigales.
En cuanto a la competitividad. Fraga, en el período de 1876 a1896,
fue un distrito competitivo, ya que en cinco elecciones, y presumiblemente
en dos más, se presentaron al menos dos candidatos por puesto a cubrir, y
más de uno de ellos alcanzó por lo menos el 5% de los votos de los electo-
res248. Con los datos que nos han permitido reconstruir la competitividad o
la lucha efectiva, observamos que ésta se produce en1879, 1881, 1884,
1886 y 1891. Es posible que las elecciones de 1893 y 1896 se ajusten tam-
bién a un alto índice de competitividad, aunque ha sido imposible determi-
narlo con exactitud, al no conocer los votos emitidos en favor de otros can-
didatos diferentes a los electos; no obstante, a la luz de las cifras del volu-
men del censo electoral y de los votos obtenidos por el diputado elegido, no
es absurdo pensar que en dichos años también se registrara la lucha elec-
toral.
Entrando en el período de 1898 a 1914, conocemos el nombre del
candidato conservador, Francisco Jaime, que logró un voto simbólico fren-
te a los 5.282 de Camo en 1898; en el resto de las elecciones hasta 1903,
no disponemos de las cifras de votaciones para los aspirantes derrotados, si
es que los hubo, estancándose los índices de competitividad desde final de
siglo.
Fraga perdió su docilidad, abandonando el turno y sus rasgos de
competitividad a partir de1893. De las ocho elecciones que recoge el perío-
*** En 1891, salió elegido el último diputado conservador por Fraga. Joaquín Abolla, por
3.725 votos.
24
" TUSHI.I., Javier, op. cil.. p. 219 y ss.
189
do de 1898 a 1914, en seis no hay indicios de lucha, y sólo en las de 1905
y 1910 se registró competítividad.
En las de 1905, Moya ganó el distrito por escasos 907 votos, frente
al conservador Piniés, que logró casi 2.000, y al republicano Montestruc,
que consiguió 1.211 votos. Fue un reparto del censo electoral muy ajusta-
do, teniendo en cuenta la holgura con que ganó Moya en los años anterio-
res. Lo mismo sucedió en 1910, pero la cercanía de los votos todavía fue
mayor, el liberal Ferrero le arrebató el distrito al conservador Domingo de
Las Barcenas por tan sólo 399 votos. Es posible que los conservadores, en
vista del triunfo de 1907, intentaran consolidar su presencia en el distrito,
loque fue tajantemente impedido por los liberales, que consiguieron, no
sólo ganar las elecciones, sino también acentuar la tendencia de su partido
en el distrito hasta 1923.
De 1876 a 1896, no puede hablarse en Fraga de predominio de ten-
dencia alguna, ya que los conservadores ganaron tres elecciones, los libera-
les otras tantas y los posibilistas las dos finales. El reparto no podía ser más
equitativo. A partir de 1893, con la elección de Camo, la tendencia republi-
cana se asienta en el distrito, tendencia que continuará con Moya hasta
1905. De 1910 a 1923, los liberales dominarían el distrito de Fraga sin ma-
yores dificultades.
En resumen. Fraga, durante los primeros veinte años de la Restaura-
ción, se caracterizó por su docilidad, competitividad e inestabilidad en sus
representantes, para pasar desde finales de siglo hasta el final de la Restau-
ración a convertirse en un distrito poco competitivo, poco dócil y de ten-
dencia liberal.
Distrito de Jaca.
Jaca, a diferencia de los distritos anteriores, no reprodujo la alternan-
cia conservadora-liberal propia del turnismo pactado de la Restauración.
Así como Huesca está dominada desde las elecciones de 1881 por Camo, y
representada en el Congreso por Castelar, Jaca lo estaba desde 1879por el
liberal Manuel Gavín Estaún, que consiguió el distrito en seis elecciones
consecutivas (1879, 1881, 1884, 1886, 1891 y 1893). El cacicato liberal
190
DISTRITO DE FRAGA. PERFIL DE COMPORTAMIENTO.
R. Indepen-
diente
R. Posibilig
ta
Liberales
Conservadores.
1B76 1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
Valero Hervás, DISTRITO DE
(O
M. Terrero
0. de las
Barcenas
Miguel Moya
Manuel Camo
J. Abella
F. Coll
Moneas 1
J. Nogueras
E. B.-írrón
L. Ruata
1876 1879 1881 188d 1866 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 luía
jacetano lo heredaron José Alvarez de Toledo y Acuña, conde de Xiquena,
y su hijo Tristán, quienes estuvieron al frente del distrito hasta1914249.
Los conservadores sólo consiguieron el distrito en las elecciones de
1876, primeras de la Restauración y en las que lo que más resaltó fue la
ausencia de lucha, puesto que, de 7.716 electores, 7.713 depositaron su
confianza en Joaquín Martón Gavín 250 . El resto de las elecciones hasta
1914 dieron en Jaca candidatos liberales, por lo que fue uno de los distritos
más estables de la provincia. Hasta 1907, los Alvarez de Toledo dominaron
la escena política del distrito, después de haber sustituido en 1896 al cacica-
to de Manuel Gavín Estaún. del que recogieron una bien estructurada ma-
quinaria electoral.
Durante su dominación, los Alvarez de Toledo hicieron de Jaca uno
de los distritos liberales de más arraigo en Huesca, junto con Barbastro.
Pero en las primeras elecciones después de la muerte de Sagasta, las de
1905, el Partido Liberal se hallaba dividido entre los seguidores de Moret,
como era en Huesca el caso de Camo, y los partidarios de Montero Ríos,
caso del duque de Bivona por el distrito de Jaca 251 , y aunque durante estas
elecciones no cambió la dinámica del distrito, siendo elegido Alvarez deTo-
252
ledo , lo cierto es que comenzaron a notarse síntomas de roces, que cris-
talizarían en los comicios siguientes, los de 1907. En éstos, ya el duque de
Bivona no fue incluido en el encasillado liberal del grupo de Camo, tenien-
do que enfrentarse ante otro liberal, moretista, Tiburcio Pérez Castañeda,
frente al que perdió por tan sólo 799 votos. Las malas relaciones entre Bi-
vona y Manuel Camo eran evidentes; en 1908, con ocasión de las eleccio-
nes de senadores, "El Diario de Huesca" decía así:
«Pobres bivonistas y pobre del señor ( ) gobernador, olvidando urgen-
te rendición de cuernas, laboraba sin descanso por agradar, más que á su Go-
bierno, al bivonismo en compaña.
Los liberales no se esforzaron en Jaca ni en parle alguna de la provincia
respecto á las designaciones de compromisarios. En Jaca los bivonistas, con
2 4 9
GERMáN ZUBERO, Luis, op. ci¡., p. 58.
*^** En 1878, se celebró una elección parcial en la que el conservador Pedro Lacas a Nava-
no obtuvo 7.812 votos, prácticamente la mayoría del censo.
251
A partir de 1904, en "El Diario de Huesca" es frecuente hallar editoriales de alabanza y
apoyo a Moret. Su declaración de moretista se produjo el 27-VI-1905.
Montero Ríos formó Gobierno y convocó elecciones para setiembre de1905. El duque
de Bivona, partidario de esta facción, entró en el encasillado sin ninguna dificultad.
193
el concurso de loda clase de elementos, recurrieron á los resortes de gaudea-
mus y meriendas para afirmar triunfos que nadie apenas disputaba. Un engaño
más y otra ficción la de simular por esc medio que mantienen pujanzas y pre-
dominios en la opinión del país de que carecen en absoluto; para alardear en
Madrid de lo que no tienen ni volverán nunca más á tener, el favor y la con-
fianza de la mayoría del cuerpo electora] de aquel independiente [Link]-
los, hubieran podido reunir una docena de compromisarios; para hacer mon-
tón aparatoso y de engaño se apropian lo perteneciente á la influencia de los
conservadores y de los agentes gubernamentales y al concurso de algún alto
funcionario ( IA>S
). auténticos liberales de la montana están más fuertes y
apiñados que nunca y emplazan a sus adversarios para la primera elección po-
lítica en el distrito, en la que de fijo sufrirán mayor y más desastroso ven-
cimiento que en la ocasión memorable de sus amargores; eso, si se atreven a
luchar» .
La amenaza de los liberales de Camo contra Alvarez de Toledo se
cumplió y en 1910 ni siquiera disputó en el encasillado, pues fue elegido el
mismo diputado que en 1907, Tiburcio Pérez Castañeda, medianteel artícu-
lo 29 de la ley electoral de 1907. Sin embargo, no hay duda de que el du-
que de Bivona contaba con fuertes influencias en el distrito, y no dudó, co-
mo le acusaban los liberales en 1908, en aliarse con los elementos conser-
vadores de Jaca para imprimir a los seguidores de Camo una derrota de re-
sonancias en toda la provincia; así, Jaca, en las elecciones de 1914, envió
un diputado conservador al Congreso, hecho que no se registraba desde las
elecciones de 1876. Pío Vicente Piniés ganó en reñida competencia con
Muñoz Rocatalla la representación del distrito, separándoles tan sólo 446
votos.
La competitividad del distrito durante los primeros veinte años de la
Restauración es fluctuante; prácticamente no existe en 1876, y de forma
menos exagerada, en 1881 y 1886. El año 1879 fue testigo de la lucha más
importante, entablada entre Manuel Gavín y el conservador Pedro Lacasa;
también, en cierto modo, competidas fueron las elecciones de 1884y 1891.
La competitividad en las elecciones de 1893 y 1896 no ha podido ser
determinada, al no conocer los votos de los candidatos no electos. Sólo po-
demos anotar dos cifras: en1893, Manuel Gavín logró un47'19% del cen-
so electoral, y un 66'62% de los votos emitidos, y en 1896, consiguió un
40'64% del censo (no podemos fijar el porcentaje obtenido respecto al nú-
mero de votantes ya que no disponemos de esta última cifra).
253
"El Diario de Huesca", 30-V-1908.
194
Desde finales de siglo hasta 1914, la competitividad en Jaca fue muy
tenue, pudicndo afirmar que. de ocho elecciones, seis estuvieron marcadas
por una casi total ausencia de lucha, que no es difícil de entender, dadas las
características de cacicato liberal estable en manos de la familia Alvarezde
Toledo y de su colaboración con Camo hasta 1905. A partir de esta fecha,
la competitividad se agudiza, y en 1907, vencen a Bivona por muy escaso
margen, al igual que en 1914, pero ganando el distrito el conservador
Piniés. Todo esto se traduce en unos perfiles de continuidad y comporta-
miento que tienden a la estabilidad y al predominio de líneas planas.
En general, podemos concluir que nos hallamos ante un distrito nada
dócil, con caracteres perfectamente delimitados de cacicato estable de plena
tendencia liberal. Su competitividad puede dividirse en tres períodos distin-
tos: hasta 1896 fue competitivo, con un porcentaje bajo de abstención; a
partir de 1898, la lucha se estanca y la abstención electoral aumenta, llegan-
do a alcanzar el 41'40% en 1905. Por último, a partir de 1914, se vuelve a
una mayor competitividad, pues Jaca osciló desde entonces entre conserva-
dores y liberales; en 1916 vuelve a salir elegido Piniés; en 1918 y1919, el
liberal Máximo Escuer, y en 1920 y 1923, dos conservadores, Piniés y
Sánchez Guerra, respectivamente.
Distrito de Sariñena.
El distrito de Sariñena tiene un comportamiento político semejante al
de Barbastro. Al igual que éste, hasta 1886 reproduce la alternancia de con-
servadores y liberales. De esta fecha en adelante, es representado en el
Congreso por una misma persona: Juan Alvarado, que saldrá elegido por
Sariñena desde las elecciones de 1886 al año 1923. Desde este punto de
vista, cabe hablar de dos tendencias entre 1875 y1896:en los primeros seis
años, la docilidad es el carácter predominante, pero, a partir de1886, el
distrito se convierte en un cacicato estable posibilista hasta1898. A partir
de esta fecha, puede señalarse la tercera tendencia dominante en el distrito,
la liberal, hasta 1923, siempre representada por un mismo diputado. No
obstante, si hemos de valorar el comportamiento de Sariñena en conjunto,
tenemos que inclinarnos por definirlo como un distrito poco dócil, ya que,
de un total de 16 legislaturas, en cuatro reproduce la alternancia, otras cua-
tro son de filiación posibilista, y el resto, todas liberales.
195
o*
DISTRITO DE JACA. PERFIL DE COMPORTAMIENTO.
Liberales
Conservador*
-t- -+-
1876 1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 19U
DISTRITO DE JACA. PERFIL DE CONTINUIDAD.
P.V. Piniés
V. Gayarre
Pérez [Link]-.T,
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SO 1876 1679 1881 1884 !886 1891 1893 3896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
--I
Por lo que a cornpetitividad se refiere, de 1876 a1898, al menos en
seis de las ocho elecciones se produjo lucha efectiva, entendiendo por tal,
como ya hemos definido, que hubo más de un candidato por puesto a cu-
brir, y más de uno obtuvo al menos un 5% de los votos emitidos. En las
elecciones de 1893 y 1896, no hemos podido determinar si esta lucha exis-
tió, ya que desconocemos el número de votos logrados por los candidatos
que disputaron la representación a Juan Alvarado.
En el período que fue de 1898 a 1914, sólo hubo dos elecciones en
las que se constata lucha efectiva: las de 1905, en que Alejandro Lerroux
obtuvo 1.040 votos (16'4% del censo), frente a los 5.221 de Alvarado
(82%), y en 1914, en que a otro republicano, Manuel Béseos, le co-
rrespondieron 3.148 votos (40% del censo) contra los 4.619 del liberal
(58'96% del censo).
El resto de los comicios fueron en Sariñena prácticamente una candi-
datura única. Cuatro fueron los diputados por el distrito, que por orden
cronológico son los siguientes: Leopoldo Alba Salcedo (1876 y1879), Sal-
vador Bayona Santamaría (1881), Joaquín Sánchez Toca (1884) y Juan
Alvarado (l 886-1923)254.
La tendencia o vinculación política fue predominantemente posibilista
hasta 1898, y posteriormente liberal, con continuidad durante todo elperío-
do hasta 1923. Es preciso tener presente, sobre todo, que una misma per-
sona, Juan Alvarado, monopolizó la representación durante cuarenta y dos
años, imprimiéndole un carácter de cacicato estable, quizá el de más estabi-
" Leopoldo Alba Salcedo resultó elegido en las elecciones de 1S76 y 1879. Al princi-
pio, su tendencia política era afín a Alonso Martínez, pero más tarde evolucionó hacia la
filiación conservadora. Fue director de "La Patria" y fundador y director de "La Prensa". A
su actividad periodística unió durante algún tiempo la de oficial en la Secretaría del Minis-
terio de Hacienda.
Salvador Bayona Santamaría, diputado por el distrito de Sariñena, resultó elegido en
1881. Decidido liberal, fundó el periódico "El Alto Aragón" junto a otros osecnses, y par-
ticipó en la Revolución de 1S68. Miembro de una iniporlantc familia de Esplús, poseía
propiedades en la parte baja de la provincia.
Joaquín Sánchez. Toca, diputado por el distrito de Sariñena, resultó elegido en 18K4.
Nació en Madrid en 1852 y murió en Pozuelo de Alarcón en 1942. Perteneció al Partido
Conservador; fue subsecretario de Gobernación en 1890 y presidente del Consejo de Mi-
nistros en 1919. También fue Minisiro de Agricultura, Industria y Comercio, Marina, y
Gracia y Justicia. Rigió además la alcaldía de Madrid y la presidencia del Consejo de
Estado. En Huesca, subvencionó el periódico "El Norte de Aragón", defensor de ideas
conservadoras.
I9S
lidad de la provincia. Estos rasgos se muestran a la perfección en los perfi-
les de comportamiento y continuidad: Sariñena presenta un perfil de conti-
nuidad a partir de 1881 completamente plano, mientras que el de comporta-
miento tiende más hacia las líneas planas que las de alternancia.
Sariñena fue el distrito más estable de todos los que compusieron el
mapa político electoral de la provincia de Huesca, siendo poco competitivo,
nada dócil, poco corrupto y de marcada tendencia, primero republicana po-
sibilista, y posteriormente, liberal. Si durante los primeros cuatro años
hubo competitividad y cierta correlación de fuerzas, a partir de 1886, con
Juan Alvarado, las fricciones se fueron estancando y Sariñena entró y
transcurrió por el siglo XX casi en completa quietud. No puede hablarse de
movimiento político verdadero hasta que en 1914, con el Plan de Riegos
del Alto Aragón de fondo, los conservadores se enfrentaron a Alvarado,
aglutinando elementos tan dispares como conservadores, agrarios, carlistas
e, incluso, algún republicano en un partido canalista que. con el pretexto de
los riegos, quiso romper el monopolio liberal que ya duraba casi treinta
años en el distrito255. Esto fue imposible y Alvarado siguió siendo el dipu-
tado por Sariñena hasta el fin de la Restauración, en 1923; dejó una im-
pronta indeleble, tal que en estas mismas elecciones llegó a escribirse:
«... Sariñena es de don Juan Alvarado, porque no podrá ser por ningún moti-
vo de olro candidato que se présenle»256.
El tiempo se encargó de demostrar que este comentario se hallaba
bastante ajustado a la realidad.
255
"El Diario de Huesca", 25-11-1914.
256
"El Diario de Huesca", 15-1-1914.
199
o
o
DISTRITO DE SARINENA. PERFIL DE COMPORTAMIENTO.
R. Posibilis í
tas
Liberales
Conservadores"
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1875 1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
DISTRITO DE SARIÑENA. PERFIL DE CONTINUIDAD.
J. Alvarado
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1876 1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907 1910 1914
O
6. EL CACIQUISMO POLÍTICO PROVINCIAL. PRESIONES Y
CORRUPCIONES MAS GENERALIZADAS EN EL ALTOARAGON
«Hasta la fecha él sólo también había dirigido las
elecciones del distrito y por cierto, con tal habilidad,
que nunca sintieron en Escuarve las fatales consecuen-
cias de las modernas y constitucionales behetrías. El
procedimiento para esto era tan sencillo como ingenio-
so y mañanero. Vaciaba el censo en favor del candidato
ministerial, fuese quien fuese, y así, el Gobierno que-
daba satisfecho, el candidato agradecido, el pueblo
sosegado y orgulloso el maestro»
(LOPKZ [Link]í, L.,
Capilletas y Mónteseos, p. 32).
Ya hemos señalado en otro momento la diferencia existente entre el
comportamiento urbano y el comportamiento rural, especialmente condicio-
nado éste último por las presiones y manipulaciones del cacique local o co-
marcal. La ciudad, más abierta a las oposiciones al sistema y menos condi-
cionada por el peso de unas relaciones de patronazgo, generalizadas, por
contra, en el campo, se prestaba menos a ciertos mecanismos de manipula-
ción, coacción y falsificación, y en esa medida, los resultados electorales
podían acercarse más a la verdadera opinión del cuerpo electoral.
En la provincia de Huesca, estos aspectos gozan de características es-
peciales, debido, no sólo al enorme peso del sector agrario en estas tierras,
sino también al escaso volumen de población de los núcleos más importan-
tes. Ambos factores hacían de la práctica caciquil un fenómeno generaliza-
do. La misma capital, el mayor núcleo de población de la provincia, estaba
sometida a los apaños y presiones de Manuel Camo. Si esto ocurría en la
capital, no es difícil imaginar lo que sucedería en los núcleos rurales.
203
Evolución de los principales centros de población
1877 1887 1900
Ayerbe 2.402 2.598 2.546
Barbastro 8.164 8.280 7.033
Berta barre 2.031 1.979 1.652
Boltaña 1.544 1.551 1.379
Fraga 6.761 7.158 6.899
Huesca 11.416 13.041 12.626
Jaca 4.155 4.649 4.934
Monzón 3.861 3.854 3.829
Sarinena 3.471 3.350 3.322
Tamarite 4.520 3.884 3.867
Tardienta 1.507 1.439 1.551
-Fucnie: Censos de población de la Delegación de Estadística.
Así, las formas de corrupción y de falseamiento de la opinión del
electorado más comunes en la provincia no fueron características ni privati-
vas de la misma, pero sí tuvieron un carácter generalizado, debido a las
consecuencias sociales de la estructura agraria y al escaso, casi nulo, peso
de los núcleos urbanos. No se encuentra una razón lógica para explicar am-
plias variaciones de participación de una elección a otra, que a veces alcan-
zan una diferencia de un 30 o un 40%. Estas sinuosidades en la curva de
participación sólo pueden ser entendidas atendiendo a la generalización del
caciquismo y a la desmovilización del electorado, sometido, en mayor o
menor medida, a los intereses del cacique de la zona.
Las formas de corrupción -ligeramente apuntadas en otros capítulos-
fueron variadísimas, y en algunos casos alcanzaron límites insospechados.
Los primeros trabajos electorales en la provincia correspondían al goberna-
dor civil, y ciertamente, en el Altoaragón sus presiones fueron fuertes y fre-
cuentes, especialmente en comicios convocados por Gobierno conserva-
204
dor 257 , si bien las manipulaciones del electorado no fueron patrimonio
exclusivo de éstos últimos. El proceso del encasillado y el papel de los go-
bernadores fue perfectamente descrito por el diario posibilista de la capital:
«Cuando el jefe del partido que manda terminó el encasillado celebérri-
mo, y metió en él a sus amigos, parientes, contertulios, aduladores y laca-
yos, le dijo al de Gobernación: "Aquí tienes mi obra magna -todos estos fu-
lanilns constituyen la mesnada para la etapa parlamentaria próxima" (...) El
de Gobernación bajó la cabeza (...) se tragó la pildora, ó lo que es lo mismo,
el encasillado, y soltó á los gobernadores de provincias telegramas repelidos
... diciendo, "esos señores de las casillas adjuntas han de ser diputados por
encima de la Campana de Huesca; póngase V.E. de acuerdo con los chicuclos
que allí está amaestrando, y no repare en medios, que ellos -poco aprensi-
vos- darán cuenta de sus fechorías (...)"» 2 5 s .
Los trabajos del gobernador, en su afán por hacer cumplir el encasi-
llado, fueron especialmente firmes en 1879, 1884, 1891 y 1914. Las pre-
siones gubernamentales, encauzadas a través del gobernador o de los dele-
gados gubernativos, se realizaron de variadas formas: por medio de la sus-
titución de cargos municipales en los días que anteceden a la elección; im-
poniendo multas a Ayuntamientos, alcaldes, concejales, ... -de las que se
tienen testimonios para la casi totalidad del período-; atrayendo al electora-
do con promesas de todo tipo (subvenciones, resolución de litigios pen-
dientes, aprobación de expedientes en tramitación, condonación de descu-
biertos del Pósito, dispensa de matrículas, exención de impuestos),...
Recuérdese que, según la ley municipal del 2 de octubre de1877, los
Ayuntamientos no podían ser destituidos sino en virtud de una sentencia
ejecutoria del juez o del tribunal competente259. Pero, como comentaba "El
Diario de Huesca", las prescripciones legales fueron sustituidas por
«el capricho de los gobernadores (...). Los cargos oficiales se dimiten, y los
ayuntamientos en masa son renovados como si las disposiciones de la ley
fuesen letra muerta. Y lo más admirable del caso está en que los ayuntamien-
tos dimiten después de conferenciar detenidamente con los gobernadores; es
decir, que cuando debían de tener más ánimos para acatar la ley y cumplir sus
25
"7 Recuérdense las dificultades de los conservadores para imponer sus candidaturas a
partir de la década de los años 90, cuando la disolución del partido en la provincia era un
hecho.
258
"El Diario de Huesca", 18-IV-1896.
259
Ley Municipal de 2 de octubre de 1877, art.192.
205
deberes gracias a las sabias indicaciones de los representantes del gobierno,
es cuando la desacatan y olvidan renunciando lo que es irrcnunciable (...)» 26 °.
En 1884, por ejemplo, la presión gubernamental se dejó sentir con
especial dureza, siendo criticada por periódicos locales y madrileños ("El
Diario de Huesca", "El Globo", "El Imparcial",...), pues en el breve espa-
cio de dos meses el Gobierno llevó a cabo 183 cesantías en la provincia.
Entre los cesados había estanqueros, peatones, carteros rurales, ordenan-
zas, ... 261 . Estos hechos no hacen sino corroborar que los empleos de la
Administración eran patrimonio del favor o recompensa de servicios cuan-
do se ponía en marcha la farsa electoral. El rosario de corrupciones y
coacciones en ese año fue extensísimo: al pueblo de Santa Eulalia la Mayor
se le impuso una multa de 7.000 pesetas por un expediente desenterrado de
las oficinas del Gobierno Civil, pero se dejó entender a los vecinos que el
pago les seria perdonado si emitían su voto en favor del candidato conser-
vador 262 ; análogos procedimientos sufrieron los vecinos de Mocito; en
Gurrea se concedió una subvención para construir una carretera y la anula-
ción de la división de un monte común con Almudévar; a los electores de
Liesa se les prometió resolver a su favor un litigio entre el Ayuntamiento y
un vecino; iguales promesas se hicieron en Lierta y Puibolea, que disputa-
ban a un tal Dartigalongue ciertos derechos en un monte; en Fañanás, se
aprobaron varios expedientes en tramitación y la condonación de descubier-
tos del Pósito por 18 años.
Los atropellos del entonces gobernador, Nicolás de Castro, llegaron a
tales extremos que fueron recogidos incluso por los periódicos fusionistas
y republicanos de Madrid. "La Iberia" le dedicó un artículo bajo el epígrafe
de "El Corregidor de Huesca", y "El Liberal" comentaba al respecto:
«El gobernador de Valencia se llama Botella. El de Huesca, siguiendo es-
te orden de ideas vidriadas, debería llamarse Porrón.
-Un periódico oséense nos participa también que en aquella ciudad han
aparecido pasquines en las esquinas. ¡Como en Varsovia en tiempos de
Murawicff!
260
"El Diario de Huesca". 911-1884.
261
El Día". 15-1V-1884. "El Imparcial". 16-1V-1884. "El Diario de Huesca", 18-IV-
1884.
262
"El Diario de Huesca". 18-IV-1884.
206
El gobernador de Huesca, hiciendo de déspota -como la aragonesa del
cuento- ya no firmará desde hoy "Nicolás de Castro" sino Nicolás de
Las multas a Ayuntamientos, alcaldes o concejales estaban también a
la orden del día, constituyendo una medida de presión generalizada en todas
las elecciones: en1891, y tras la destitución del alcalde y su sustitución por
un carlista, se impusieron una serie de multas, que se elevaron a "20.000
duros", y se dirigieron circulares a 265 Ayuntamientos de la provincia,
amenazando a los concejales con multas de 500 pesetas si no realizaban
cienos servicios, entre los que se hallaba remitir al Gobierno Civil una rela-
ción de todos aquellos que habían sido concejales desde el año1860. Estos
casos constituían, como decimos, la regla habitual.
Luis LóPEZ ALLUE, en Capuletos y Mónteseos, describe de forma ma-
gistral los mecanismos de presión por parte de los gobernadores y delega-
dos gubernativos, que pueden llegar a los rincones más recónditos del país,
como llegan al imaginario pueblo altoaragonés de Escuarve los trabajos
electorales de éstos:
«Por aquellos días le acometieron al Gobernador civil líricos y conmo-
vedores entusiasmos por el fomento de la Instrucción pública. Dirigió a va-
rios ayuntamientos plañideros oficios por su morosidad en el pago de las
obligaciones de primera enseñanza. Empezaban todos encareciendo la educa-
ción intelectual de los pueblos como base de la prosperidad y de la cultura y
terminaban conminando al municipio con la consabida c incobrable mulla de
quinientas pesetas, si en plazo breve y perentorio no satisfacían los haberes
devengados a los maestros o maestras.
A los pocos días, el Delegado de Hacienda se condolía amargamente en
otro oficio por los descubiertos en el impuesto de consumo ... y otrasqui 1
nicntas pesetas de mulla.
A renglón seguido exigía la diputación los atrasos del contingente pro-
vincial, locando al mismo tiempo con sentidas, conmovedoras frases, la de-
licada fibra de la Bencficicncia y ... otras quinientas pesetas.
Tras las multas llegaron los apremios, tras los apremios los comisiona-
dos, tras los comisionados los embargos y, en fin, que las plagas con que el
dios de Israel apestó el corazón del rey egipcio, fueron tortas y pan pintado
si se comparan con las que llovían desde las altas esferas provinciales sobre
los Ayuntamientos o Alcaldes que patrocinaban la candidatura liberal» 264 .
263
"El Diario de Huesca". 16-11-1884.
264
LOPHZ AU.Uü, Luis,op. cit., pp. 179-180.
207
Claro está que, aparte de este tipo de presiones, existían otras formas
de ganar el voto del cuerpo electoral. La documentación informa de tres
vías generalizadas por medio de las cuales los caciques intentaban conse-
guir apoyo para una determinada candidatura:
a) la vía del "vino" o del "anís";
b) la compra de votos;
c) el pago del favor al cacique.
En las elecciones de 1879, en algunos pueblos del distrito de Jaca los
electores fueron conducidos a los cafés, y una vez allí-bajo los efluvios del
alcohol- se intentó sugestionarlos para que votaran la candidatura liberal.
Otras veces la persuasión por estos medios tenía lugar en casa de algunos
vecinos, como en el caso del pueblo de Borau, en el que, según un conser-
vador, se intentó persuadir al electorado por "el anís en casa del Estanquero
D. Miguel Callizo"265.
No poseemos datos suficientes para afirmar que la compra de votos
constituyera un fenómeno generalizado en los períodos electorales, pero si
no generalizado, sí al menos frecuentísimo en el Altoaragón. Además, este
tipo de coacción económica se practicó desde fecha muy temprana, no sólo
en los mayores núcleos de población, sino en pequeños pueblos. En Em-
bún y Borau, por ejemplo, en las segundas elecciones de la Restauración se
llegó a cotizar el voto a 100 reales a la puerta de los colegios electorales.
Así, aunque, como señala TUSELL 266 , este tipo de coacción sea generalmen-
te tardío, al menos por lo que al campo se refiere, en Huesca aparece tem-
pranamente.
En 1903, el subsecretario de Gobernación telegrafió al gobernador
Villarino pidiéndole le comunicara "el presupuesto electoral" necesario para
uno de los distritos oscenses:
«Le ruego diga que cantidad considera necesario gastar en Barbastro para
triunfar, y H con ese gasto se considera probable e! 6x\lo del candidato mi-
nisterial. Le ruego contestación urgente (.,.)» 2 6 7 .
265
A.C., leg. 84. n". 6.
£OD
TUSELL, Javier, Oligarquía y caciquismo .... p. 102 y ss.
267
A . H . N . . Gobernación, teleg. 15-IV-1903.
208
Si en Barbastro compraban los conservadores, en Benabarre lo
hacían, por las mismas fechas, los liberales:
«Proclamado por 314 volos, mayoría protestas por ambas partes. Votos
de Bermejillo (candidato liberal) a 20 y 100 pesetas c intentos de comprar
interventores míos. A mil pesetas pagados los partidos de Fraga y Barbastro,
asaltando casas y expresos amigos (...)» 2 6 S .
También en 1914 está consignada la compra de votos por los agentes
de Colomer, que consiguieron 600 votos del distrito de Boltaña por la can-
tidad de 32.000 pesetas, repartidas de la siguiente forma:
«A Colungo, por 180 votos, 10.000 pesetas.
A Sarsa de Surta, por 80 votos, 4.000 pesetas.
A Arcusa, por 70 votos, 4.000 pesetas.
A Santa María de Buil. por 70 votos. 4.000 pesetas.
total: 32.000 pesetas (...)» 2 6 9 .
De otro lado, es muy corriente encontrar casos en los que el voto se
gestiona como pago a un favor del cacique, con el que el elector podía estar
comprometido, o como mero intercambio de favores. Un ejemplo de la uti-
lización de los trabajos electorales para el pago de estos favores lo hallamos
en una carta de Domingo Pérez, vecino de Borau, a Pedro Lacasa, candida-
to conservador derrotado en las elecciones de 1879. En dicha carta se le re-
cuerdan a éste los esfuerzos llevados a cabo para el triunfo de su candidatu-
ra, infructuosos, según Domingo Pérez, por la compra de votos por parte
de los liberales y por "el anís en casa del Estanquero", el cual, habiendo
prometido apoyo a los conservadores, acabó trabajando para los liberales.
La presunta traición del estanquero fue aprovechada por el vecino de Borau
para pedir a Pedro Lacasa que, valiéndose de su influencia, hiciera pasar el
estanco a sus manos. En la misma cana solicita que dos maestros, Victoria-
no Sánchez y Antonia Nicolás -esposa ésta del estanquero-, fueran trasla-
dados a otro pueblo o destituidos. Todo ello a cambio del apoyo al candida-
to conservador:
«Con mucho interés me encargan los amigos, recomiende a V. cuanto
queda dicho respecto al estanco y cuestión de maestros, los que fueran sus ri-
268
A.H.N,. Gobernación, tcleg. l-IV-1903.
269
"El Diario de Huesca". 22-11-1911
209
bales, y esperan conseguir con su influencia sus deseos, y con ello quedarán
de un todo agradecidos los que licne á sus órdenes.
Se dice que la elección de Diputado de D. Manuel Gavín quedará nula, si
así es, puede V. contar con los amigos y se esperarán sus órdenes para traba-
jar el campo en lo que sea posible sacar el triunfo si á ello aspira» 270 .
No obstante, este juego no funcionaba única y exclusivamente entre
el cacique y el elector, sino que, en muchas ocasiones, ligaba al cacique del
pueblo con un cacique provincial o con un oligarca. En Escuarve, el señor
José comentaba al secretario del Ayuntamiento, con motivo de las eleccio-
nes:
«Dígale usted (al candidato liberal) (...) que si desde ahora hasta el día de
las votaciones, la audiencia de Madrid u el menistro y quien sea, me da el
monte de las Ripas libre y franco, y sin puerta abierta pa mis pleitos y cues-
tiones, le guardaré lodos los votos que pueda atrapar en el distrito» 271 .
Si las presiones del gobernador, de los delegados gubernativos, de
los caciques no surtían el efecto esperado, quedaba el recurso de falsificar
el acta de la elección; era el "pucherazo". Por medio de la consulta hemero-
gráfica y de las relaciones de protestas de las actas, hemos podido valorar el
último eslabón de unas elecciones que contaron con todo menos con la opi-
nión del electorado.
Son frecuentísimas las protestas por la emisión de votos de personas
que habían fallecido antes de la elección, así como también es corriente el
hecho de que aparezcan más votos que votantes. En muchas ocasiones, se
venía a hacer caso omiso de la copia certificada del censo electoral, por lo
que no es de extrañar que votaran personas que no aparecían en las listas y
no se permitiera ejercer ese derecho a otras que sí se hallaban incluidas en
ellas. No es infrecuente que presidente e interventores falsificaran el acta,
permaneciendo solos y encerrados en el colegio electoral, como ocurrió en
Gurrea de Gallego en 1884, con el fin de alterar el resultado de la votación.
A todo ello se suma la no consignación de protestas en las actas por parte
de la mesa, con la excusa de no saber redactarlas. En 1903, por ejemplo, en
Boltaña, tras el cómputo de los votos del distrito, se consignó la falta de 17
270
V. apéndice n». 1.
271
LÓPEZ [Link]-. Luis, op. cil,, p. 26.
210
pliegos, lo que obligó al gobernador a abrir una investigación para explicar
tal desaparición. Después de un rastreo no poco complicado se descubrió
que estaban en poder del cartero de Aínsa, el cual no sabía qué hacer con
ellos, ya que ni el alcalde del pueblo ni el presidente de la junta de escru-
tinio querían admitirlos. Había pasado un mes desde el recuento de las
elecciones272.
De otro lado, la violencia fue escasa. Según TUSELL, este hecho se
explica porque "para que exista violencia es necesaria la competitivi-
dad"273, y ciertamente ésta era, en general, muy pequeña en los distritos
rurales. No hemos encontrado testimonios, por ejemplo, de cuadrillas que
se dirigieran a los centros electorales y allí entraran en choque con las fuer-
zas de orden público, ni asaltos a colegios,... Sólo sabemos del caso de un
elector que fue obligado a votar, siendo introducido en el colegio a hom-
bros de dos hombres; o de aquel otro de Lierta, en las elecciones de1879,
en el que varios electores irrumpieron llevando palos; o la invasión de un
colegio en 1884 por la Guardia Civil. Pero, en realidad, estos casos pare-
cen ser los menos.
Estos fueron los medios de presión y corrupción más frecuentes,
prácticamente generalizados para la mayoría de las elecciones entre 1875y
1896. No son los únicos, claro está, pero sí los que con más profusión se
llevaron a cabo. Existen oíros, como el desahucio espiritual, que, aunque
no generalizado, llegó a alcanzar gran importancia en las elecciones de
1896, ejerciéndose para ganar votos en pro de la candidatura carlista del
duque de Solferino, que encontró en el clero oscense uno de sus mejores
agentes electorales.
La corrupción, pues, estaba encaminada a impedir o silenciar la libre
expresión del voto por parte del electorado, siendo especialmente marcada
en aquellas zonas, fundamentalmente agrarias, en que las relaciones de pa-
tronazgo y dependencia colocan al elector, pobre y analfabeto generalmen-
te, en manos de un cacique interesado en el triunfo de una determinada can-
didatura. Las coacciones y fraudes se dieron por parte de todas las fuerzas
políticas que acudieron a las elecciones, pero, ciertamente, los mayores
abusos se registraron siempre bajo Gobiernos conservadores.
272
A.H.N., Gobernación, icleg. 2-IV-1903.
*** TUSELL, Javier. Oligarquía y caciquismo .... p. 201.
21
Como hemos señalado, el juego de favores afectaba a la relación elec-
tor-cacique local, pero también a la de éste con un oligarca. En última ins-
tancia, el objetivo era el control y reparto de los recursos de la Administra-
ción, utilizándose la corrupción, no para la realización de una política, sino
para disfrutar de aquellos recursos. En este sentido, sería necesario distin-
guir dos figuras caciquiles diferentes: el cacique notable y el cacique admi-
nistrador-protagonista éste del juego de amiguismos y favores electorales,
al que nos referimos-. Así, la diferencia entre los oligarcas y los que se
convierten en verdaderos caciques estriba en la utilización del control del
aparato administrativo.
No obstante, la complejidad y diversidad del fenómeno caciquil es
demasiado grande para abordarla en este primer estudio. Para ello, además,
es preciso analizar la historia de Ayuntamientos y Diputaciones, que permi-
tirá conocer la actuación y circulación de las élites y su movilidad en las ins-
tituciones políticas. De ahí que sea necesario reconstruir en profundidad la
dinámica social de los grupos oligárquicos provinciales.
ACTAS PROTESTADAS
1876 1879 1881 1884 1886 1891 1893 1896
Barbastro * *
Bena barre * *
Bol taña •
Fraga * * *
Huesca * * * * *
Jaca * * * * *
Sariñena * * * *
212
1898 1899 1901 1903 190S 1907 1910 1914
Barbastrc _*__
Iknaborre * * *
Bol (aña *
Fraga *
Huesca *
Jaca _ *_
Sariñcna
Ningún acia fue considerada grave.
13
7. REPUBLICANOS Y LIBERALES OSCENSES ANTE LA POLÍTICA
DE LA ESPAÑA DE LA RESTAURACIÓN
«EL DIARIO DE HUESCA com¡nuaiá (...) comba-
tiendo con el mismo tesón que hasta el día la situación
conservadora, y defenderá de igual manera los princi-
pios democráticos en todo su integridad y pureza (...)»
("El Diario de Huesca". 1880).
«El Diario de Huesca (...) sustentará y defenderá en
adelante las ideas y procedimientos de Partido Liberal
(...). Varía sus características en lo estrictamente polí-
tico en cuanto a los deberes cerrados de partido, pero
no en lo que afecta exclusivamente a los intereses y
conveniencias morales y materiales del Alto Aragón
(...)» ("El Diario de Huesca". 1895).
Manuel Canio fue, sin duda, uno de los caciques más caracterizados
del Ahoaragón. Militante en las filas del republicanismo posibilista hasta
1898 y en las del Partido Liberal a partir de esa fecha, fue un personaje cla-
ve en ia historia de ambas agrupaciones políticas en la provincia. Por esta
razón, antes de abordar la evolución de republicanos y liberales en el
Altoaragón, nos ocuparemos de la figura de Manuel Camo, ya que es impo-
sible entender la Restauración en estas tierras sin un previo acercamiento a
su personalidad social y política.
Camo nació en 1841 y fue bautizado el 20 de mayo del mismo año en
San Pedro el Viejo274. Estudió Farmacia en Barcelona y Madrid, al igual
que su padre, José Camo, y regresó a su ciudad natal en1866. Desde en-
2 4
' A.S., expediente del senador vitalicio Manuel Camo. Acta de la Diputación de Huesca,
24-DÍ-1873.
215
lonces, le vemos participar en el periódico "El Alto Aragón"; en un contrato
con fecha de 30 de diciembre de 1867 aparece como propietario de este pe-
riódico, junto a Joaquín Nogueras, Antonio y Gaspar Torres-Solanot,
Agustín Loscertales, José Lasierra, Anselmo Sopeña, Cándido Galicia,
Salvador Bayona y Femando Baselga275. "El Alto Aragón" se convirtió en
el periódico revolucionario de Huesca y fue, ante todo, el periódico de
Costa, Torres-Solanot y M. Camo.
Como es sabido, Camo participó en los preparativos de la revolución
de setiembre. Cuando se disolvió la Junta Revolucionaria se le nombró ter-
cer alcalde y vocaJ de las Juntas de Instrucción y Sanidad. A los 28 años,
en 1869, es elegido concejal, y poco después alcalde de Huesca, puesto en
el que se mantuvo hasta 1873, fecha en la que fue elegido diputado provin-
cial por Ayerbe. Por entonces, era vocal en la Comisión Permanente de la
Diputación, de la que resultó elegido vicepresidente.
Su carrera política fue, como vemos, ascendente: conceja] y alcalde
de Muesca, diputado provincial y presidente del Comité Provincial del Par-
tido Republicano. Es más, al verificarse la elección de Presidente de la Di-
putación, resultó elegido con 23 votos, frente a Joaquín Nogueras y José
Lasierra, que obtuvieron dos cada uno 276 .
Su carrera periodística estuvo ligada a "El Alto Aragón", como ya se
ha indicado, y a la "Montaña Aragonesa"277 hasta1873, pero sobretodo,a
"El Diario de Huesca", cuyo primer número salió a la luz el 16de noviem-
bre de 1875. "El Diario" se constituyó en órgano del posibilismo en lapro-
vincia hasta 1898, fecha en que se convierte en portavoz del PartidoLiberal
en el Altoaragón. Su filiación política hizo que en los seis primeros años de
la Restauración, hasta la llegada al poder de los fusionistas, 1881,
en su-
friera catorce denuncias y alguna que otra suspensión y multa. Por un artí-
culo titulado Aragón ante Cánovas, de la pluma del mismo Camo, éste fue
condenado a seis meses de prisión correccional, al pago de una multa y a la
suspensión de todo cargo público278.
™ [Link], Alberto, op. c¡t.. p. 33.
276
Acta de la Diputación de Huesca, 24-1X1873.
777
ARCO, Ricardo del. La Prensa periódica en la provincia de Huesca , "Revista Argcnso-
la". 11 (Huesca, 1952), pp. 197-236.
278
' E l Diario de Huesca". I-VIII-1880.
216
A Camo se le conoce, ante todo, por ser el monopolizador de lavida
política oséense durante la Restauración. En las filas del posibilismo hasta
1898, la ruptura con Castelar le arrojó en los brazos del Partido Liberal de
Sagasta, si bien la evolución hacia el liberalismo fue progresiva y puede
rastrearse de forma clara en las páginas de "El Diario deHuesca", del que
Camo no sólo fue propietario sino director durante algún tiempo. Militante
ya del posibilismo, ya del liberalismo sagastino, arregla, monopoliza, apa-
ña las elecciones en tres de lo siete distritos de la provincia: Huesca, Fraga
y Sariñena.
Su primer escaño lo consiguió en 1893 porel distrito de Fraga, al que
representa también en 1896 y 1898 279 . Fue diputado por Huesca desde
1899 a 1905; de 1906 hasta su muerte, en 1911, ocupó el cargo de senador
vitalicio. Su influencia hizo de Huesca uno de loscacicatos másestables de
estas fechas, hasta el extremo de que Severino Bello, en la encuesta del
Ateneo de Madrid, llegó a afirmar que era "uno de loscacicatos másperfec-
tamente caracterizados en el género, diría másclásicos entre cuantos com-
parten la dominación del suelo de la península"280.
Camo venía a ser la antítesis, el contrapunto de otro político altoara-
gonés: Joaquín COSTA. Miguel de UNAMUNO, en 1918, compara a ambos
desde las páginas de "El Liberal", tomando como pretexto "laestatua eleva-
da al dechado de los caciques provinciales, a don Manuel Camo". Para
UNAMUNO, "(...) es indudable que así como a Sarmiento el tirano Rosas,
así a Costa fue el cacique Camo quien ledespenó lainspiración civil untan-
to apocalíptica"281. La influencia y el control del farmacéutico, especial-
mente en materia electoral, llegó a alcanzar tal grado quecada vez queestor-
nudaba el alcalde de un pueblo de la provincia, Camo lecontestaba portelé-
fono: "¡Jesús!"282.
"El Diario de Huesca" es, como se ha apuntado anteriormente, el pe-
riódico de Camo y del republicanismo posibilista hasta1898, imprescindi-
ble para rastrear y reconstruir los entresijos de la vida política ysocial de la
provincia, y especialmente, de la capital.
279 A.C., elecciones, lcg. 107, exp. 25, y Icg.109,exp. 25.
"-'"' COSTA, Joaquín. Oligarquía y Caciquismo ..., 113.
p.
281
A.H.P., J. Cosía, lcg. 103,caip. 2.
2 8 2
"El Liberal". 7-IX-1918.
217
Salió por primera vez el 16 de noviembre de 1875, sin poder hacer
gala de su filiación republicana, ya que, tras el golpe militar que condujo a
la restauración de la monarquía, se procedió a una revisión general de la le-
gislación de imprenta, a partir de la cual las libertades y el derecho de
expresión quedaron significativamente mermados. La llegada de Sagasta al
poder en 1881 supuso, en líneas generales, un avance en el campo de las li-
bertades y el abandono de "la doctrina de partidos ilegales", con lo que "los
republicanos pueden recuperar su identidad"283. Este cambio es observable
en diferentes declaraciones de objetivos de "El Diario", que perfila su signi-
ficación política a medida que se amplía el marco de las libertades. Veamos
cómo expresa el propio diario este cambio.
En su primer número, y en el contexto de censura apuntado, "El Dia-
rio" se preocupa por declarar su silencio respecto a cuestiones políticas:
«Hace mucho tiempo, al comtemplar á nuestra querida y postergada pro-
vincia huérfana de una publicación que diaria, constante y desinteresadamen-
te, defendiera sus intereses generales, procurando para ellos el apoyo y apre
ció de que casi siempre, han carecido, proyectamos la fundación de un DIA-
RIO que, llevando el nombre de la capital, viniera a llenar aquel vacío (...)
(...) Ocuparse principalmente de cuanto en el orden moral y material
afecte al progreso y desarrollo de los intereses de la provincia de Huesca, y
en segundo termino, publicar, sin comentarios, las noticias más importantes
que nos facilite la prensa o que nos remitan nuestros corresponsales.
Nuestro silencio será absoluto para entender o debatir, por cuenta pro-
pia, las cuestiones políticas, pues aunque el círculo en que nos es lícito girar
así nos lo prescribe, aceptamos gustosos el paréntesis de silencio, mas que
nunca aconsejado por la inspiración de toda conciencia recta y la voz de todo
sentimiento patriótico» 2 * 4 .
No obstante, este tono va cambiando de forma continua y progresiva,
dibujando y perfilando la filiación política de "El Diario". De ahí que, des-
pués de cinco años de publicación, su postura resulte más nítida. Para vis-
lumbrar este proceso con verdadera claridad, pueden compararse el texto
transcrito arriba y el que sigue a continuación:
«(...) A raíz, digámoslo así, de la restauración, cuando los llamados con-
servadores liberales ejercían ya su funesta dominación desde las alturas del
2
° 3 ARTOLA, Miguel, op. cit., p. 375.
284
"El Diario de Huesca", 16-XI-1H75.
218
poder, nuestra provincia se hallaba completamente huérfana de representa-
ción en la prensa, originándose de aquí perjuicios considerables para sus in-
tereses morales y materiales. Echábase de menos en nuestra capital una pu-
blicación periódica que ;¡ la ve/, que llenara esc vacío, fuera geTtuina represen-
tación del espíritu público, tan contrario siempre en nuestro país á los go-
biernos reaccionarios y á los procedimientos conservadores. (...) nuestro
periódico solicito y obtuvo, tan pronto como las circunstancias lo consin-
tieron, autorización para tratar asuntos políticos, cmprcruiierulo desde luego
una ruda campaña inspirada en ct doble propósito de combatir sin tregua ni
descanso á la situación dominante y defender en toda su integridad tos ideales
democráticos. Si hemos cumplido ó no esc propósito, á nuesttros lectores
corresponde decirlo, bastando para satisfacción de nuestra conciencia, y aún
para lisongear hasta cierto punto nuestro amor propio, la especial predi-
lección con que desde ciertas esferas se nos mira, la inquina que nos profesan
conservadores y ultramontanos y el hecho de haber sufrido diez, denuncias y
hallamos en la actualidad encartados en cuatro procesos criminales, aparte de
otros disgustos y atropellos de que frecuentemente hemos sido víctimas.
(...)
EL DIARIO DE HUESCA continuará, por consiguiente, combatiendo con
el mismo tesón que hasta el dia la situación conservadora, y defenderá de
igual manera los principios democráticos en toda su integridad y pureza, sin
suscitar divisiones ni antagonismos dentro de su propio campo, en el que de
antiguo es conocido por su lealtad y consecuencia» 2 " .
Lá evolución ideológica de "El Diario de Muesca" sigue el camino re-
corrido por el posibilismo nacional, que acabó siendo absorbido por el Par-
tido Liberal. En nuestro periódico son rastrcables dos procesos, que corren
paralelos y que, a la altura de 1898, han llegado a su fin. Conforme avanza
el tiempo, el posibilismo oséense, al igual que el nacional, se sumerge en
un proceso de conservadurización, que le lleva, en primer lugar, a la lucha
y al enfrentamiento con el resto de las fracciones democráticas, especial-
mente con la de Ruiz Zorrilla; y en segundo lugar, a un acercamiento a las
posiciones sagastinas. Ambos procesos finalizaron una vez que Castelar se
retiró de la escena política, con el desplazamiento a la derecha de la rama
más conservadora del republicanismo finisecular; y este desplazamiento,
vistas las tendencias de que había hecho gala el republicanismo castelarino
durante los veinte primeros años de la Restauración, no podía conducirle
sino a los brazos del Partido Liberal.
A pesar de los buenos propósitos de no suscitar divisiones ni antago-
nismos en el campo demócrata, la realidad no se antojaba tan sencilla. El
285
"El Diario de Huesca', 1 6 X 1 8 8 0 .
219
espectro republicano se mostraba, al contrario, profundamente complicado,
por la variedad de opciones irreconciliables unas con otras. De un lado, se
hallaba el posibilismo de Castelar, rama derecha del republicanismo espa-
ñol, que predicaba la necesidad de utilizar los cauces legales existentes para
lograr el triunfo de sus ideas; de otro, frente a esta vía legal de Castelar, los
republicanos de otras tendencias se inclinaban por el camino revoluciona-
rio. Nada más opuesto al posibilismo que la fracción demócrata-progresista
de Ruiz Zorrilla, defensora de la conspiración militar como único medio pa-
ra producir un verdadero cambio en el país.
Las discusiones y enfrentamientos del posibilismo con el resto de
fracciones democráticas se pusieron de manifiesto en las páginas de "El
Diario de Huesca", el cual se vio envuelto en una batalla dialéctica con "El
Movimiento", diario demócrata-progresista de la capital, publicado a partir
de 1880, y que contó entre sus directores con Antonio Torres-Solanot y
León Arizón286. Según "El Diario", la democracia "avanzada" (y puede en-
tenderse como tal toda aquella que no defendiera y apoyara el camino de la
legalidad) debía arrepentirse de las "antiguas faltas" y declarar "terminante-
mente que dejan sus utopías". Este era, según su modo de ver, el único ca-
mino que podía conducir a la unidad de la democracia bajo las mismas ideas
y la misma conducta, partiendo de un mismo ideal y unos mismos obje-
tivos, y sin duda, practicando iguales procedimientos (ideas, conducta,
ideal, procedimientos que no son otros que los castelarinos)2i!7.
Así, empieza a entablarse una lucha con la izquierda para convencerla
de abandonar el camino revolucionario y emprender la vía de la legalidad,
como ellos lo hicieron cuando Castelar acabó defendiendo la democracia
gubernamental y la "República conservadora y prudente", en la creencia de
que una legislación de tipo liberal y progresista podría llegar a transformar
la monarquía española en demócrata.
Esta actitud alejó progresivamente a los posibilistas del resto de la de-
mocracia, agudizándose de forma especial el enfrentamiento con el periódi-
co zorrillista de la capital y con el partido demócrata-progresista en general,
al que consideran "demasiado republicano para la monarquía, y para la Re-
286
ARCO. Ricardo del. La prensa periódica .... p. 207.
22 8877 .
"El Diario de Huesca". 24-1-1881.
220
pública, demasiado monárquico"288. Desgraciadamente, no contamos con
toda la colección de este periódico, imprescincible para desenterrar las bata-
llas locales de ambos partidos republicanos, como tampoco contamos con
"La Concordia", órgano de la concentración republicana altoaragonesa del
92, que publicó trabajos inéditos de Costa, Antonio Torres-Solanot, Luis
Montestruc, José Fernando González,...
Las primeras fricciones entre "El Movimiento" y "El Diario de Hues-
ca" se plantean al afirmar el primero que Emilio Castelar había sido funesto
para la democracia y que había "retrogradado los principios esenciales de la
misma". El enfrentamiento ideológico se avivó con la llegada a Huesca de
Castelar, en agosto de1881, con motivo del discurso que pronunció para
las elecciones que iban a celebrarse ese mismo mes. "El Movimiento" criti-
có su proceso de conservadurización en los siguientes términos:
«el discurso del señor Castelar es sobradamente reaccionario; el señor Casic-
lar es un apóstata que debiera llamarse monárquico; sus últimas declaraciones
no han satisfecho á nadie, ni á los conservadores, ni a los ministeriales, ni
a los demócratas; sólo han satisfecho ¡ay! a los posibilislas, á esos idólatras
adoradores del eminente tribuno» 28 ' .
La elección entre el camino revolucionario y la vía de la legalidad, y
entre la República nacional y la República federal dePí, iba a conducir, no
sólo a un enfrentamiento en el plano dialéctico y teórico, sino que conlleva-
ba y suponía una toma de posición ante la concreción de la vida política na-
cional. Así, cuando los fusionistas subieron al poder, todas las fracciones
democráticas, a excepción del posibilismo, mantuvieron una clara oposi-
ción al sistema. Mientras tanto, "El Diario de Huesca" afirmaba que
«si bien nos hallamos separados por un abismo infranqueable en la actual or-
ganización de los poderes públicos, esperamos, sin embargo, que trabajarán
(los fusionistas) por desarraigar los grandes males de que fue fecundo semille-
ro la situación canovista, y nos concederán la libertad á que tenemos dere-
cho, siempre que los actos de gobierno se informen, cual han prometido sus
hombres, en el espíritu del gran código fundamental de 18fi9»290.
2liS
"El Diario de Huesca", 15-111-1881.
289
"El Diario de Huesca". 16-VIII-188I.
290
"El Diario de Huesca". 1G-IM881.
MI
La actitud, en resumen, era de benevolencia y expectación; esperarían
ver la actuación y gestión de los fusionistas para juzgarles y serían siempre
bienvenidos mientras se esforzaran en satisfacer las grandes necesidades
del país, entre las que situaban la libertad, la moralidad administrativa. ...
El acercamiento y la benevolencia hacia el partido sagastino llevaron,
incluso, al jefe del posibilismo, en una fecha relativamente temprana
(18X1), a comparar las libertades españolas con las europeas, concluyendo
que las primeras se hallaban en mejor estado y sometidas a menospresio-
nes que las segundas:
«Nuestra libertad no encuentra los obstáculos que la libertad belga en las
pasiones religiosas; ni los obstáculos que la libertad inglesa en los proble-
mas sociales y en las resistencias de Irlanda; ni los obstáculos que la libertad
francesa en al eterno estado de defensa nacional; ni los obstáculos que la li-
bertad germánica en el eterno estado de invasión guerrera; ni los obstáculos
que la liljertad italiana en la complicada cuestión pontificia; nosotros, sí sa-
bemos mantener la paz pública y el orden regular en las calles y en los cam-
pos, nada, pero absolutamente nada, podemos temer ya por nuestras liberta-
des. Bien es verdad que para lodo esto era necesario cambiar la complexión
revolucionaria de la democracia española en complexión pacífica y legal. A
esta obra me he consagrado desde 1870 y en esta obra he prevalecido, gra-
cias, no a mi talento, a mi tenacidad»251'.
No obstante, es a principios de la década de los años 90 cuando la
aproximación entre liberales y posíbilistas se hace más patente y se perfila
con mayor nitidez. Ya con ocasión de la subida de los liberales al poder, en
1892, "El Diario de Huesca" declara en un artículo de opinión su apoyo in-
condicional a Sagasta:
«(...) tendrá el señor Sagasta al partido posibilista i su lado, y le ayudará
desinteresadamente con todas sus fuerzas en esta obra patriótica. En tal sen-
tido seremos ministeriales del Sr. Sagasta sin que nos importen un comino
las malevolencias de los de atrás, ni la vocinglería de los de adelante» 2 ' 2 .
*-•" Carta de Castclar a Girardin. En la misma se señala que Sagasta representa un nuevo
período político, después de que el Ministerio Cánovas, a pesar de prestar "importantes ser-
vicios'", como el fin de la guen-a civil en España y Cuba, "no supiera coronar sus días con
el establecimiento de una mayor libertad" ( "Ei Diario de Huesca", 5-1V-1881).
292
"El Diario de Huesca", 12-11-1892.
•>•>•)
En su "Presupuesto de la Paz", el mismo Castelar exponía los cuatro
puntos fundamentales de su programa de actuación política:
1) Disciplina férrea de los posibilistas en torno a las directrices de Cas-
telar.
2) Necesidad imperiosa de que España, después de numerosas luchas y
guerras civiles, gozara de un descanso; éste tenía que venir de la ma-
no de la fidelidad a la democracia y de un presupuesto económico
ajustado a sus posibilidades.
3) ¿Quién implantaría este presupuesto? Para los posibilistas, no tenía
tanta importancia esto como que el proyecto se llevara a cabo; su apo-
yo sería incondicional a quien acometiera dicha tarea.
4) Serían ministeriales de Sagasta por su esfuerzo en beneficio del pro-
greso de la Nación y se ofrecían "a un gobierno monárquico para sal-
var a la Patria de la ruina que le amenaza y para establecer un inteli-
gente esfuerzo económico ,.." 293 .
Cuatro años después, Camo viajaba a Madrid para discutir con Sa-
gasta c! paso al Parikio Liberal:
••regresó anoche de Madrid el diputado Sr. Camo, propietario de este periódi-
co de cuya dirección vuelve a encargarse (...) El Diario de Huesca, al igual
que su propietario director, sustentará y defenderá en adelante las ideas y los
procedimientos del Partido Liberal que acaudilla el entínenle hombre público
Don Práxides Mateo Sagasta, con la rectitud de pensamiento y con la inde-
pendiertcia de conduela a que ha ajustado siempre sus iniciativas y sus ta-
reas... Varía su característica (de la agrupación posibilista) en lo estrictamen-
te político en cuanto a los deberes cerrados de partido, pero no en lo que
afecta exclusivamente a los intereses y conveniencias morales y materiales
del Alto Aragón...» 2 * 4 .
Mucho más explícito fue otro editorial de "El Diario de Huesca" en
octubre de 1897, en el que sólo el título, "Nuestro apoyo incondicional", da
muestras de la total estabilización de la nueva situación. Afirmaban que, no
sólo ratificaban su apoyo a los liberales, sino que además sus principios sa-
293
"El Diario de Huesca", 12X11-1892.
294
"El Diario de Huesca". 14-VI1-1895.
223
tisfacían "las aspiraciones de toda nuestra vida..." 295 . Un cambio notable
cuando sólo cinco años antes declaraban su republicanismo gubernamental.
A partir de este momento puede considerarse que hablan como libera-
les de pleno derecho, aunque la figura de Castelar todavía tenga cierta im-
portancia en la provincia296. Esta influencia, sin embargo, iba a durar muy
poco, ni siquiera un año, debido al enfrentamiento entre éste y el cacique de
Huesca, que quería conservar la buena posición adquirida tras su pacto con
Sagasta.
Desde 1898, tras la ruptura de Manuel Camo con Castelar, "El Diario
de Huesca" se convinió en portavoz del Partido Liberal. Era el desenlace al
tjue condujo de una forma inevitable el proceso de dcrechización del posibi-
lismo, perfilado, como hemos indicado, nítidamente desde principios de la
década de los años 90.
Esta ruptura trajo como consecuencia la pérdida para Castelar del dis-
trito de la capital, y tuvo como causa principal la diferencia de enfoque so-
bre la política cubana de Sagasta y el desastre del año1898. Castelar volvió
a su antiguo republicanismo militante después de tantos años de abstención
y decidió bajar de nuevo a la arena política en las elecciones de1899,apo-
yado por un antiguo grupo de correligionarios, entre ellos Sol y Ortega,
Martín de Olías, Miguel Moya 297 ,...; sólo que esta vez sus antiguos ami-
gos de Huesca no iban a estar a su lado en los ataques a las ideas liberales,
por lo que se vio obligado a cambiar de distrito, obteniendo un acta por la
provincia de Murcia.
Puede afirmarse que hasta este año, finales de 1898, perdura la pri-
mera etapa del período de formación del Partido Liberal en Huesca, una eta-
pa en la que se pasó del republicanismo atenuado o conservador al liberalis-
mo y a la aceptación de la monarquía de la Restauración. La defensa y justi-
ficación en "El Diario de Huesca" de los principios liberales ante la crisis
que planteó el problema cubano nos da la medida del cambio o de la evolu-
295
"El Diario de Huesca". 5 X 1 8 9 7 .
¿yo
Castelar seguía considerándose en estos momentos como un jefe de Tilas honorario.
Este es el motivo por el que. en las elecciones de 1898, se hayan considerado todavía
como posibilistas.
297
FERNANDA ALMAGRO. M.. Historia Política de la España Contemporánea (18971902) ,
Alianza Ed., Madrid. 1978.
224
ción sufrida por los políticos que dominaban el panorama oséense; donde
antes se habló de pura convicción republicana (en enero de 1890)ahora se
recalcaba la "solidez de ideas e ideales liberales democráticos". Donde antes
se defendía la forma de gobierno republicana, ahora se acogía la monarquía
y se creía en "el valor filosófico y la virtualidad práctica del libera-
lismo..." 298 .
La realidad era que, con la integración en el turno, las ventajas y el
dominio de Camo y sus seguidores se extendieron, y se estabilizaron las
condiciones políticas de la provincia, comenzando la etapa de mayor calma
e inmovilismo de todo el período de la Restauración.
1. Etapa de estabilidad (1898-1908).
Durante esta época, el Partido Liberal oséense ejerció su notable in-
fluencia con tranquilidad, ya que no había fuerza política auténtica que pu-
diera amenazar su poder. Los conservadores se hallaban mal organizados y
perdían terreno en cada elección, haciéndoseles difícil incluso la aplicación
del tumo y el triunfo de sus encasillados en elecciones convocadas bajo su
Gobierno. Los republicanos, muy divididos, ponían su máxima esperanza
en Costa, pero éste, a pesar de su importancia dentro del regeneracionismo,
no logró nunca un acta de su provincia, siendo sus esfuerzos inútiles en su
propia tierra.
Antes de seguir con las evoluciones de la política liberal en Huesca,
es preciso un paréntesis para contemplar, aunque no sea objeto de estudio
preferente, el regeneracionismo de Costa y la acogida que recibió en el
Altoaragón y en las clases directoras de la vida local. Ya sólo el término
empleado trae serios problemas a la hora de enmarcar el fenómeno socio-
político y cultural que tuvo lugar hacia el fin de siglo, porque contiene una
carga utópica que dificulta su comprensión. Ideas de corte regeneracionista
lanzó el general Polavieja en su manifiesto de finales de1898 299 ; también
se sirvió de ellas Manuel Silvela a la hora de elaborar un proyecto de go-
bierno que sustituyera la triste experiencia liberal.
298
"El Diario de Huesca". 27-X-1898.
2
" Polavieja veía en la degeneración del sistema político, la centralización, el atraso in-
dustrial y la mala gestión de los gobernantes los grandes males que provocaron el desastre
finisecular.
225
El regeneracionismo, según TUñON de LARA, se hallaba "vinculado a
la crítica y revisión del sistema político de la Restauración, de sus prácticas
." 30 °; partía de
caciquiles, de la estructura socio-económica que la sustenta..
una media y pequeña burguesía inconforme no sólo con el sistema, sino
también con el modo en que éste afectaba a sus intereses económicos.
Fue un movimiento de las pequeñas y medianas clases producto-
ras 301 frente a la oligarquía inmovilista, que mantenía un sistema político
artificial y que comenzaba a establecer lazos de unión con la alta burguesía.
Después del Manifiesto de Polavieja , en setiembre de 1898, y de los
artículos periodísticos de Silvela302 sobre la necesidad de regenerar a la pa-
tria, Costa presidió en noviembre de 1898 la junta central de la Cámara
Agrícola del Alto Aragón, lanzando una propuesta desde Barbastro a todas
las Cámaras Agrícolas y de Comercio, Ligas de productores, sindicatos,
gremios, centros y círculos de labradores, industriales, comerciantes y de-
más asociaciones análogas para la constitución de un partido regenerador,
cuya política se basaba en los siguientes puntos:
a) Política reductora o simplificadora, con la concentración de funciones
en unos mismos organismos.
b) Política sumarísima, sacrificando la perfección a la prontitud en las
medidas.
c) Política modesta, callada, de recogimiento, necesaria para reponer
fuerzas y encontrar el camino adecuado para el desarrollo nacional.
d) Política reparadora, sobre todo para los labradores y la mayoría de
trabajadores del país.
300
TuRON de LARA. M., Costa y Unamuno en la crisis defin de sigla , Cuadernos para el
Diálogo, Madrid, 1974.
3 0 1
ARTOI.A, M„ op. cil., p. 342.
™2 Sil vela escribió el 16 de agosta de 1898 un artículo en "El Tiempo" de Madrid titulado
Sin pulso, en que pedía un cambio de rumbo nacional y el reemplazo de los liberales como
único medio de salvar al país de la catástrofe. En este artículo se advierten rasgos pseudo-
rcgcncracionistas, al igual que en el llamamiento de Polavieja.
226
e) Política tradicionalisla, imprimiendo un carácter evolutivo y conserva-
dor al movimiento social y haciendo leyes que se acomodaran a los
deseos y necesidades de los más y no de los menos.
En resumen,
«... una revolución más honda que cualquiera de las que con tamo aparato se
han hecho hasta ahora en España... ( ), sirviendo de base este programa, la
Cámara Agrícola del Alto Aragón aspira a constituir un partido que llegase
algún día a realizar el bello ideal del país gobernándose a sí mismo...» .
En lo político, pues, mayor poder al Gobierno, sin trabas parlamenta-
rias; neutralidad electoral del Gobierno, y mayor autonomía de Ayunta-
mientos y Diputaciones. En lo económico, política hidráulica, que favorece-
ría el regadío y asentamiento de colonos, y política de comunicaciones para
rebajar los costes de transporte.
Costa sostenía la idea de que el interés de unos pocos debía supeditar-
se al de unos muchos; que el Estado, actuando en beneficio de sus ciudada-
nos, debía imponer a los oligarcas y terratenientes el interés general, utili-
zando a la vez la tradición y el progreso técnico304.
Su obra Colectivismo Agrario, publicada en 1898 305 , contiene un
compendio de estudios sobre las prácticas de explotación comunal de las
tierras y su desarrollo; el asentamiento y reforma de las bases sociales y
económicas del país, y por último, la reforma política indispensable para
completar el ciclo renovador. Es el momento álgido de Costa, que durará
hasta 1903, cuando ya había fracasado la Unión Nacional y comenzaba su
retraimiento de la vida pública.
Pero, ¿cuál fue la reacción de los liberales oscenses, los paisanos de
Costa, ante sus postulados políticos e ideológicos? Disconformidad con el
regenefacionista. Por un lado, el estandarte de la regeneración, con Costa,
Paraíso y Alba, y unas cercanas elecciones conservadoras organizadas por
Silvela, por el otro, además del descrédito de los liberales en aquellosmo-
303 El Diario de Huesca", 16-XI-1898.
304
"El Diario de Huesca", 16 XI-1898.
30
^ MAURICE, [Link],
y C , Joaquín Costa; Crisis de la Restauración y populismo. Si-
glo XXI, Madrid. 1977.
227
mentos, favorecieron un clima de críticas y recelos por parte de los hom-
bres de Camo, que seguían fielmente las directrices del partido para el mar-
co nacional. Temían por el menoscabo del poder central por parte de estos
organismos recién reunidos, a los que se llegó a denominar "guerrillas con
bandera propia" y útiles "si no traspasaban los justos límites para convertir-
se en pequeñas convenciones donde se legisle con menoscabo del poder
central..." 306 .
La disgregación del Estado y el interés por la unidad nacional fueron
los argumentos más utilizados por los liberales ante las tesis de Costa:
«... somos amantes de nuestra región como los que más, respetamos elinlc-
Ti-s que cada comarca espartóla demuestra por lo que afecta a sus peculiares as-
piraciones, pcTO también deseamos que prcvale«;a la unidad nacional que por
ningún concepto debe romperse... (...) Deseamos que esas Asambleas sean
cuerpos consultivos que propongan, no Licurgos que legislen entre sí y por
sí, porque esto podría engendrar un estado de agitación que imposibilitase la
acción regeneradora..,» 307 .
No puede declararse que tuvieran éxito las ideas costistasen las élites
políticas del Altoaragón. Frente a lo que proponían, los liberales realizaron
una declaración programática de lo que debía ser considerado como regene-
ración: ante todo, una critica tanto a los regeneracionistas auténticos como a
los conservadores (que habían utilizado ciertos conceptos en su provecho),
y una exposición de puntos claves en beneficio de la Nación308:
a) Conservar el orden interior.
b) Acentuación del amor al trabajo.
c) Previsiones verdaderas sobre las fuerzas y medios con los que se con-
taba y no una avalancha de leyes nuevas que retrasarían el proceso.
d) Asociar el "espíritu de la Nación a las fuerzas directoras del Gobier-
no" (llamando a la Administración a todos los elementos "sanos" del
país).
306
"El Diario de Huesca", 22-XI-189H.
307
lbídcm.
308
"El Diario de Huesca". 3-1-1899.
228
e) Unión de todos ante la crisis y no la desconfianza y apartamiento que
se creó por el Desastre del 98.
Como puede apreciarse, no es la misma visión que la de los regenera-
cionistas; la autoridad gubernamental y la negativa a un cambio brusco de
política, que desestabilizaría al país, eran las principales preocupaciones de
los dinásticos liberales, quienes, en todo caso, pensaron en una adaptación
de las tesis regeneracionistas al sistema de la Restauración, y no en un cam-
bio profundo que transformase al país.
En enero de 1899, Costa reunió en Zaragoza la Asamblea Nacional de
Productores, con el objeto de "... adoptar un plan de medidas legislativas y
de Gobierno para la reconstitución de la Nación española y organizar sus
clases económicas e intelectuales..."309. La noticia fue dada por "El Diario
de Huesca", de una manera muy fría y sin comentario alguno, pero el 18de
febrero se calificaba a Costa de "neurótico no propio para ejercer ideas de
Gobierno"310 y se aludía a su violencia contra los partidos dinásticos.
Fue a partir de esta fecha cuando las relaciones entre Costa y Camose
enrarecieron, desapareciendo casi totalmente las alusiones al insigne altoa-
ragonés en el periódico liberal de Camo. En 1900, ante la formación de la
Unión Nacional 3 U , que tuvo muy escasa incidencia en la vida política y
cuyo fracaso fue muy temprano, las críticas a Costa se agravaron: taita de
sentido de la realidad, ideas republicanas (hay que recordar que sólo unos
pocos años antes se declaraban republicanos) e irresponsabilidad ante su
llamamiento a la huelga de contribuyentes312. Costa seguía atacando a los
partidos dinásticos y negando la existencia de una alternativa de recambio
para el ejercicio del poder por parte de éstos, ignorando expresamente a los
liberales como futuros gobernantes. La respuesta por parte de éstos no se
hizo esperar:
3ÍW
Ihídcm.
310
"El Correo de Zaragoza", 18-11-1899.
' Las Cámaras de Comercio y la Liga Nacional de Productores se fundieron en la Unión
Nacional, con el programa de las ton chisiones voladas en las Asambleas de Zaragoza y Va-
lladolid. Se nombró presídeme a Basilio Paraíso, y secretario, a Santiago Alba.
312
"El Diario de Huesea". 3-IV1900.
229
«... este señor continúa siempre con su política de negaciones, y como so-
bre negaciones nada puede consumirse, creemos que no son sus doctrinas las
que han de regenerarnos, para ello se necesita algo más práctico, hay que
sentar afirmaciones pero de esas que puedan tener realidad en su aplicación al
Gobierno de la Nación; no han sido nunca los metafísicos buenos gober-
nantes...» 313
A partir de 1903, se planteó el problema, no sólo de elaborar un pro-
grama nuevo, una vez conseguidos objetivos fundamentales, sino también
de designar a un nuevo jefe que aglutinara como lo había hecho Sagasta a
todas las facciones del liberalismo. Ninguna de las dos empresas era fácil,
puesto que, aunque Montero Ríos contaba con el beneplácito de Sagasta,
los restantes jefes del partido no ratificaron esta designación tácita314.
Se elaboró un nuevo Manifiesto-Programa en enero de 1903 publica-
do en "El Diario de Huesca" el 14 de febrero, el cual refleja la visión, mu-
cho más progresista, de Montero Ríos, que fue el encargado de redactarlo:
a) Promulgación de la Ley del Derecho de Asociación (como un aporte
más a las libertades de la Nación) sin distinción, civil o religiosa, am-
bas sometidas a la legislación común.
b) Como dogma de libertad, la Ley de Sufragio Universal, asícomo una
ofensiva de voto, saneando el sistema político, ampliando el número
de colegios electorales y evitando la intervención en el acto electoral.
c) Independencia y separación de los poderes legislativo, ejecutivo y ju-
dicial.
d) Reconstitución nacional e internacional.
e) Favorecer el comercio y la seguridad social de los obreros, escuelas,
montepíos, sindicatos mixtos, enseñanza agrícola. Cámaras y cajas
de ahorros, ...; cooperativismo como sistema más acomodado a la
condición económica del proletariado.
3,3
"El Diario de Huesca". 14-V-1900.
En diciembre de 1902, Sagasta encargó un nuevo programa para el Partido Liberal i
Montero Ríos; era casi como designarle su sucesor.
230
f) Sostenimiento del orden público (negativa a las huelgas).
g) Descentralización en beneficio de municipios y Ayuntamientos, aun-
que sin atentar contra la unidad de la Patria.
h) Estudio de las necesidades económicas del país, reducción de obliga-
ciones en el extranjero, nuevos tratados de comercio y aranceles.
i) Equitativa distribución de impuestos.
j) Libertad de enseñanza e instrucción pública y favorecimiento de la in-
vestigación científica315.
El problema de la jefatura se resolvió de momento nombrando a un
comité electoral formado por Montero Ríos, Moret, Salvador y Romano-
nes. "El Diario de Huesca", ante esta falta de líder, tomó una postura neu-
tra: argumentaron que, aun sin jefe indiscutido, el Partido Liberal había
tenido un triunfo importante en las elecciones de abril de 1903, sincasi"...
necesidad de hacer un nuevo programa, aspirando a cumplir los viejos prin-
cipios..." 316 .
Aun así, no estaban conformes con esta situación y reconocían que
urgía la reorganización del partido, llegando a afirmar que, ante la gravedad
de la crisis, tendría que ser la Corona la que solventara el conflicto.
A principios de noviembre de 1903, se reunió una Asamblea de libe-
rales para solucionar este problema, pero no dio resultado; no se llegó a un
acuerdo en las votaciones317. El propio Moret reconoció en un discurso,
pronunciado en el Círculo Liberal de Madrid, que no había obtenido la ma-
yoría frente a Montero Ríos,
315
"El Diario de Huesca". 14-11-1903.
316
"El Diario de Huesca", 14X1-1903.
31
' Hubo ires [cndcncia5 a la hora de elegir jefatura en el partido: la primera, la elección
debía ser efectuada entre los diputados y senadores; la segunda opción, que la elección debía
realizarse entre los representantes de las provincias, y la tercera, la elección entre la direc-
tiva del partido.
231
«... persona que ha reunido más votos, que tiene a su favor grandes servi-
cios, pero que no tiene las condiciones fijadas para marchar al frcnlc del par-
tido...» 3 1 8 .
Montero Ríos proclamó la mayoría, incorporando a Canalejas y a Ló-
pez Domínguez a su sector, mientras los demás reconocían a Salvador y
Vega Armijo como jefes del Congreso y Senado. La escisión se consumó
con la formación del Partido Liberal-Democrático a finales de noviembre de
1903.
Los liberales oscenses eran partidarios de Moret, pero estuvieron de
acuerdo con la propuesta de éste de establecer una alianza con Montero
Ríos de cara a la lucha electoral; el 28 de octubre de 1904, formularon una
tregua de apoyo a quien Alfonso XIII designara para formar Gobierno. El
13 de febrero de 1905, una circular de Moret y Montero Ríos daba ins-
trucciones a los electores sobre la política a seguir de cara a los comicios:
«... diferencias y antagonismos de carácter personal no deben influir en su
actitud; no olvidando estos consejos deben adoptar los que se sientan demó-
crata:» liberales; aténganse entre sí sobre todo a la identidad de criterio polí-
tico y de programa de gobierno, dejando a un lado diferencias de carácter pu-
ramente transitorias en estas circunstancias, por su nalurale/a, duraderas» .
Cuando el 17 de junio de 1905 Alfonso XIII llamó a Montero Ríos a
formar Gobierno, la alianza liberal se cumplió y los oscenses establecieron
la norma de conducta a seguir durante el resto del período:
"¡Qué debemos hacer nosotros? Desde nuestra humilde esfera, cooperar a
la obra salvadora ( ) diciendo:
Como liberales, reconocida por el señor Moret. jefe ilustre que fue de
una de las dos ramas del partido liberal, la jefatura del Si. MonteroRíos, for-
mada ya la gran familia libera] y vueltas a unir aquellas dos compañías que
un día se separaron temporalmente (.,.), ayudaremos en nuestra modestísima,
humilde esfera de acción, a este Gobierno...» 320 .
318
"El Diario de Huesea". 2-XI-1903.
319
"El Diario de Huesca". 15-11-1905.
320 El Diario de Huesca". 27-VI-1905.
232
Todas estas proposiciones de unión y alianzas no duraron mucho.
Los oscenses se apresuraron a felicitar y saludar a los sucesivos jefes libe-
rales, dando pruebas de una gran moldeabilidad, ya que, considerando im-
posible la conciliación de las facciones en una sola jefatura, no vacilaron en
apoyar a quien se designase como Presidente del Consejo de Ministros.
Así, se mantuvieron siempre a favor del jefe del partido y en buenas rela-
ciones con los hombres de Madrid.
En la provincia, puede asegurarse que hasta 1908 el Partido Liberal
de Camo no contó con ningún problema grave de escisión, ni se formó una
corriente contraria a la que impusiera el farmacéutico oséense. Fueron años
de dudas en el ámbito nacional, no provincial, años en los que además se
afianzó el segundo hombre del Partido Liberal de Huesca; curiosamente, un
cunero: Miguel Moya.
2. Etapa de crisis (1908-1914).
Manuel Camo manejó durante muchos años todos los resortes políti-
cos de la provincia; no hubo nada que él no aprobara o negara, y, posible-
mente, la delegación de su poder tampoco escapó a su pensamiento.
Resulta difícil imaginar, en un cacicato tan cerrado y estable como el
de Huesca, que el control del Partido Liberal quedara en manos de un per-
sonaje foráneo, aunque muy vinculado al Altoaragón desde fechas tan tem-
pranas como 1896 (en que sale elegido senador); pero puede entenderse
cuando se descubre que Moya fue toda una personalidad en el mundo pe-
riodístico y político de la época.
Vinculado a Castelar, como Camo en un principio, Moya conservó
hasta bien entrado el siglo XX (1907) la filiación política de republicano in-
dependiente, a pesar de formar parte de las listas del Partido Liberal oséen-
se. En 1898, y ante la vuelta de Castelar al terreno político, Moya, director
de "El Liberal", leyó un discurso de apoyo en su nombre y en el de los po-
sibilistas no integrados en el Partido Liberal de Sagasta321.
321
FERNANDEZ ALMAGRO. M., op. c¡¡.. p. 337.
233
Es de suponer que a Camo, por su amistad y sus buenas relaciones
en la Corte, le convenía mantenerlo en su distrito; por eso, cuando éste ocu-
pe en 1899 el distrito de la capital, Moya heredará el de Fraga, antiguofeu-
do de Camo, sin oposición hasta 1905 inclusive. Al año siguiente, Camo
fue nombrado senador vitalicio, y de nuevo Moya sustituirá al cacique os-
éense en la representación política por el distrito de Huesca.
Toda la documentación oficial menciona a Moya como republicano
hasta 1907, año en que creemos se presenta ya como liberal, siendo acusa-
do de traición por los republicanos. En1908, durante el Gobierno largo de
Maura, se presentó un proyecto de ley contra el terrorismo que movilizó a
las fuerzas progresistas del país, creándose el llamado Bloque de Izquier-
das, del cual Miguel Moya fue el principal animador, según palabras de
Romanones 322 .
Esta acción motivó un especial en "El Diario de Huesca" del 10 de
agosto de 1908, ensalzando la figura de Moya. En este número especial
aparecieron firmas como las de Moret, Alvarado, Aura Boronat, Navarro
Reverter, Basilio Paraíso, Manuel Batalla y Gaspar Mairal.
El poder de Moya se acrecentó con el paso del tiempo, y cuando Ca-
mo desapareció, a pesar de no ser nombrado jefe nominal del partido en el
Altoaragón, su influencia era incuestionable. Pío BAROJA cuenta cómo Mo-
ya rechazó su intención de presentarse como diputado por el distrito de
Fraga:
«... Moya es un señor de los más adaptados a esle ambiento político de com-
ponendas. No le puede hacer gracia un lipo como yo, que tengo fama de es-
tridente y de agresivo. El es un hombre de justomedio, que se cree que tiene
mucha fuerza, y la tiene de verdad...» 323 .
La muerte de Camo planteó la incógnita de quién iba a manejar los hi-
los de la política provincial, de quién iba a obtener el poder de tantos años.
El 29 de diciembre de 1911, un editorial de "El Diario de Huesca" acaba
con el misterio. La jefatura del partido sería compartida por cuatro persona-
lidades oscenses: Julio Sopeña (senador), Domingo del Cacho, Manuel Ba-
3 2 2
A K T O L A . M., op. cit., p. 355.
323
BAROJA,PíO, op. cit., pp. 91-92.
234
talla y Gaspar Mairal (diputados provinciales), designadas por los tres
senadores de la provincia, los siete diputados provinciales y los siete a
Cortes324. Su primera acción consistió en escribir a Canalejas dando cuenta
de la decisión de formar un Directorio, así como de sus firmes propósitos:
«... acordamos por unanimidad continuar la obra política del Sr. Camo, y
hasta que el partido resuelva designar persona que le sustituya en la jefatura
Provincial, nombrar un Directorio ( ), rogándole se digne otorgamos el
alto honor de sancionar dicho acuerdo, como jefe indiscutible del partido
liberal-demócrata de España...» 325 .
El Directorio de Huesca, bajo la tutela de Moya, siguió las directrices
políticas que Camo había establecido, de forma que no se percibió variación
en el comportamiento, tanto del partido como del cuerpo electoral de la pro-
vincia, llegando hasta la dictadura de Primo de Rivera tal y como se rigió en
vida del cacique oséense.
324
N« sabemos la fecha exacta, ya que falta el mes de diciembre, correspondiente a "El
Diario de Huesca". Este fragmento se publicó el 1* de enero de 1912.
325
"El Diario de Huesca", 2-11-1912.
235
8. CONCLUSIONES
Las elecciones de la Restauración no pueden ser abordadas, de una
manera ortodoxa, bajo los prismas de los análisis de la sociología electoral,
porque no existió una verdadera democratización de la vida política; el elec-
torado no jugó el protagonismo que por derecho le correspondía. De todos
es sabido que, frente a la democratización, primó la suplantación de la ver-
dadera voluntad de los votantes. Abordar la práctica electoral en la Restau-
ración supone hacer referencia a un fenómeno caciquil complejo y diverso
que actuó manipulando y coercionando sistemáticamente la verdadera ex-
presión de la voluntad popular.
La complejidad y diversidad del caciquismo obligan a realizar análisis
geográficos delimitados, ya que no puede hablarse de una España, sino de
varias Españas; e incluso dentro de los ámbitos provinciales y comarcales
deben atenderse una serie de microestructuras cuyo estudio permitirá cono-
cer en profundidad las características de este fenómeno. Por esta razón, no
es admisible concebir el sistema político como una imposición única de la
oligarquía, ya que ésta respondía a las condiciones de una estructura
económico-social muy determinada.
La evolución del comportamiento político en la provincia de Huesca
puede ser resumido, grosso modo, en dos grandes etapas a lo largo de la
Restauración, y concretamente en el período que va de 1875a1914.
237
La primera se extendería de 1875 1891,
a fase caracterizada por la do-
cilidad de los distritos a la política de alternancia de los partidos dinásticos;
la segunda abarcaría los años 1891 a 1914, pudiendo hacerse extensible
hasta la dictadura de Primo de Rivera, período en el que la mayoría de los
distritos, dejando de ajustarse sumisamente a las directrices marcadas desde
Gobernación, se convierten en cacicatos estables.
Esta división puede resultar, no obstante, engañosa, ya que hasta la
implantación del sufragio universal tres distritos mostraron un comporta-
miento político nada dócil; en efecto, importantes propietarios de estas zo-
nas o personas de relevante peso político en la provincia consiguieron im-
ponerse a los deseos oficiales, haciendo triunfar sus candidaturas. Nos es-
tamos refiriendo a los distritos de Boltaña, Jaca y Huesca, donde Ramón
Lacadena Laguna, Manuel Gavín Estaún y Manuel Camo Nogués adquie-
ren fuerza suficiente para oponerse al encasillado oficial. A partir de 1891
se generalizó el fenómeno del cacicato estable, que tendrá su máxima expre-
sión en la primera década del siglo; pero tampoco esto puede hacerse exten-
sible a todos los distritos, ya que algunos de ellos -Benabarre y Boltaña-
acataron por estas fechas las directrices delturno, no convirtiéndose en ca-
cicatos hasta muy avanzada la Restauración.
Así, mientras en el resto del país surgen las oposiciones al sistema
-nacionalismos, socialismo, regeneracionismo,...-, en Huesca prima y se
impone la cristalización de unos cacicatos, representados en algunos casos
por hombres de la provincia y en otros por diputados foráneos que cuentan
con el apoyo de los caciques locales.
En lincas generales, la competitividad fue mayor en el período que se
extiende desde 1875 a 1896, ya que el establecimiento de los cacicatos trajo
consigo una carencia de la misma; especialmente marcada en la provincia de
Huesca, la ausencia de competitividad se generalizó en el resto de la geo-
grafía aragonesa, particularmente a partir del reinado de Alfonso XIII.
Cuando aludimos a competitividad no nos estamos refiriendo a la lu-
cha que entabla un electorado ideologizado, ya que hablar de elecciones
competidas durante la Restauración supone referirse, en última instancia, al
no establecimiento de un pacto político para los distritos, que tiene como
consecuencia la utilización, por pane de la oligarquía provincial, de toda
una serie de mecanismos de manipulación, tendentes a neutralizar lacompe-
238
tencia de otras fuerzas políticas. La consecuencia inmediata es la ocultación
de la verdadera voluntad de un electorado que, asistido de sus derechos po-
líticos en la Constitución de 1876 y en las distintas leyes electorales, advier-
te cómo éstos son anulados, convirtiéndose así en sujeto pasivo de un pro-
ceso en el que debería ser el protagonista principal.
Como ya hemos señalado, conforme avanza la Restauración la com-
petitividad disminuye. Se observan a este respecto dos fenómenos distin-
tos: en unos casos, las elecciones no son competidas porque se hallan pac-
tadas de antemano y el candidato está encasillado; en otros, la carencia de
compctitividad viene determinada, cuando no se produce el pacto político,
por el importantísimo peso del cacique o prohombre del distrito, que, ha-
ciendo uso de su influencia, convierte cualquier otra candidatura en una
concurrencia puramente testimonial. Sea como fuere, el electorado tiene
poco que ver con el resultado final de los comicios.
Los índices de participación electoral fueron muy variables de una
elección a otra. Es cierto que la abstención, hasta la década de los años 90,
se mantuvo en unos índices relativamente bajos, inferiores al 20%; pero a
partir de esta década, coincidiendo con el sufragio universal y con la crista-
lización de los cacicatos, el índice de abstención se elevó considerablemen-
te. No puede encontrarse una razón lógica para explicar las grandes sinuo-
sidades en las curvas de participación -que a veces alcanzan una diferencia
de un 30 o un 40%-, salvo que se atienda a la generalización del caciquis-
mo y a la desmovilización del electorado, prestado, en mayor o menor me-
dida, a los intereses del cacique de la zona.
Como decimos, desde 1890 hasta 1907 la abstención creció conside-
rablemente. A partir de 1910, los índices de participación aumentaron debi-
do a las expectativas que creó la ley electoral de1907,con sus promesas de
regeneración de la praxis electoral y de desaparición del fenómeno caciquil.
Además, la introducción de la obligatoriedad del voto en el cuerpo de fun-
cionarios conllevó una mayor afluencia a las urnas. Estas medidas esperan-
zadoras -sufragio universal, ley electoral de 1907, tribunal de actas, . . . - n o
se tradujeron en un cambio positivo y democrático del comportamiento po-
lítico, ya que siguieron primando los mecanismos de manipulación y co-
rrupción del cuerpo electoral. El fenómeno caciquil, en suma, resultaba mu-
cho más complejo, y su descuaje no podía realizarse simple y sencillamente
a través de una ley electoral.
239
Hemos de señalar que, cuando hablamos de abstención, no nos esta-
mos refiriendo a una abstención ideologizada, ya que la generalización y
cristalización de los cacicatos estables, acentuadas por el paso de los repu-
blicanos posibilistas al liberalismo, produjo un fenómeno de carencia de
competitividad y de desmovilización electoral. De todas formas, no es posi-
ble valorar la abstención real o la verdadera participación política porque, en
muchísimos casos, la voluntad del electorado fue suplantada. La documen-
tación que hemos manejado permite aludir a la desideologización de los
votantes en cienos distritos. Quizá los ejemplos más significativos sean los
de Boltaña y Benabarre, los distritos más dóciles de la provincia. En las
elecciones de 1893, casi el 90% de los votos se repartió entre liberales y
republicanos, mientras en la elección siguiente casi la totalidad del censo
fue para los conservadores. Idénticas variaciones se registran en las eleccio-
nes de 1898 y 1899. Estos movimientos pendulares informan de un electo-
rado dcspol i tizado, fácilmente conducido y manejado por las élites políticas
y por los caciques locales.
Todavía queda, no obstante, por precisar claramente cuál es el sentido
de los términos movilización y desmovilización, ya que no es lo mismo en-
tender el primero como una toma de conciencia política que concebirlo co-
mo la concurrencia a las urnas; esta última no indica siempre una ideologi-
zación o politización del electorado, sino que puede responder a presiones,
coacciones o promesas de cualquier tipo. Así, la competitividad de algunas
elecciones no implica necesariamente una verdadera movilización del cuer-
po electoral, entendiendo por tal una toma de postura y conciencia políticas;
además, una desmovilización generalizada puede ser perfectamente compa-
tible con una movilización coyuntural o episódica.
En Huesca, los caracteres de desmovilización se acentuaron, como
hemos señalado anteriormente, a partir de1898, originándose con el esta-
blecimiento de los cacicatos una importantísima carencia de competitividad.
Sin embargo, en 1905, casi todos los distritos conocieron un aumento de
candidaturas y un incremento de afluencia a las urnas. El crecimiento de la
movilización se debió probablemente a las propias luchas internas del Parti-
do Liberal, escindido en varias facciones, y a las expectativas que estas
condiciones crearon para el resto de las fuerzas políticas oscenses, que has-
ta ese momento no habían podido minar la implantación liberal en los caci-
catos estables.
240
El espectro político de la provincia se circunscribió principalmente a
dos agrupaciones políticas: el Partido Republicano Posibüista y el Partido
Liberal, que ejercieron un progresivo control y una creciente influencia en
la mayoría de los distritos altoaragoneses durante toda la Restauración.
Los posibilistas hicieron su aparición en la escena política restaurado-
ra en una fecha muy temprana, entroncando con una tradición que tuvo oca-
sión de manifestarse de forma muy activa en la Revolución [Link] en
1879. los castelarinos acudieron a las elecciones por el distrito de la capital,
en el que un conservador, Antonio Naya, consiguió el acta electoral por una
diferencia mínima de seis votos. Desde las eleccionessiguientes-1881- se
hicieron con el distrito, sin permitir que otras fuerzas políticas hicieran pe-
ligrar una influencia que el tiempo se encargó de acentuar progresivamente
y de hacer extensiva a los distritos de la zona meridional del Altoaragón
-Fraga y Sariñena-, convertidos también en feudo de los camistas.
Ahora bien, si es cierto que estas fuerzas republicanas, recogiendo la
tradición del 68, actuaron en los primeros años de la Restauración ejercien-
do cierta movilización en el electorado, también es verdad que, reconocido
su peso e implantación local por las fuerzas dinásticas, sufrieron un proce-
so de conservadurización que les condujo a la integración en el sistema.
Ello supuso, no sólo el pacto político, sino también la utilización de unos
mecanismos electorales que venían a sustituir la vieja práctica democrática
de la que habían hecho gala. El viraje posibüista vino a redundar, así, en la
generalización del fenómeno caciquil, y curiosamente coincidió con la im-
plantación del sufragio universal, que, lejos de producir importantes cam-
bios en el sistema político, y concretamente en la praxis electoral, no hizo
sino generalizar los mecanismos de presión sobre el electorado y afianzar la
política tumista de partidos.
Pronto se desbarataron las esperanzas de aquellos partidos de oposi-
ción situados fuera del sistema, que sólo consiguieron hacerse con pane del
voto urbano, ya que en el campo, generalizadas las relaciones de patronaz-
go y dependencia, era imposible luchar contra el poder local. Este proceso
de derechización del posibilismo, lejos de ser privativo de la provincia, se
inscribe en la dinámica del posibilismo nacional, que acabó siendo absorbi-
do por el Partido Liberal, una vez que Castelar se retirara de la vida política.
241
En ambas agrupaciones, la figura de Manuel Camo fue pieza clave,
puesto que tras liderar el partido republicano posibilista en Huesca, pasó a
dirigir las filas liberales a partir de finales de siglo. La extensión de su in-
fluencia política tiene sus orígenes ya en la revolución de1868, en la que
formó parte de la Junta Revolucionaria, para pasar posteriormente a la alcal-
día de Huesca y a la Diputación, de la que fue elegido presidente en setiem-
bre de 1873. Los movimientos y permanencias en las distintas instituciones
locales y provinciales permitieron a Camo hacerse con una serie de resortes
que luego utilizaría durante la Restauración. En este sentido, Manuel Camo
puede considerarse como un cacique administrador de favores y prebendas.
El Partido Conservador sólo contó en la provincia con cierta influen-
cia en las cinco primeras elecciones de la Restauración; es decir, en un pe-
ríodo en que liberales y posibilistas se hallaban organizando sus respectivas
esferas de influencia. Sin embargo, durante estos años encontraron serias
dificultades para hacer triunfar sus cadidaturas, corriendo el riesgo de per-
der el saldo electoral provincial en elecciones convocadas por ellos mismos.
De ahí precisamente que las presiones oficiales y las corrupciones más fuer-
tes se produjeran bajo sus Gobiernos, debido a la propia debilidad de su
implantación en la provincia, aunque estos mecanismos no fueron patrimo-
nio exclusivo de los conservadores.
A la tradicional falta de fuerza del partido en Huesca, se sumó además
una sensación de abandono sentida por los altoaragoneses frente a la actua-
ción de los Gobiernos conservadores, y señalada y puesta de manifiesto en
un artículo del propio Camo, ya en agosto de 1880, con motivo de la cons-
trucción del ferrocarril de Canfranc, en el que llega a hablar del desdén "ya
que no de la oposición con que el representante más genuino del Gabinete
mira á nuestros pueblos", haciendo incluso alusión al ostracismo y acaban-
do con una disyuntiva: "O ARAGÓN O CÁNOVAS".
Esta sensación, agudizada en los años finales del siglo por la inciden-
cia y consecuencias de la crisis agraria, que sacudió con especial fuerza la
economía altoaragonesa por el enorme peso que en ella tenía el cultivo del
cereal, hizo albergar esperanzas en liberales y posibilistas, en la medida en
que éstos creaban expectativas de cambio, aunque luego resultaran falsas.
Así, la tradición liberal, el escaso peso de los conservadores y la sensación
de abandono sentida en la provincia crearon un clima propicio para la in-
fluencia de los otros dos partidos políticos.
:4:
Paralela a la delimitación de los campos de influencia del PartidoPo-
sibilista y del Partido Liberal, se produjo la disolución del Partido Conser-
vador, especialmente en la pane baja de la provincia, donde los camistas
gozaban de importante influencia. La década de los años 90 se encargó de
anular el escaso peso que tradicionalmente tuvieron, imposibilitados ya para
competir con las otras dos fuerzas políticas predominantes. Entrado ya el
siglo XX, el Partido Conservador sólo consiguió cierta incidencia en el dis-
trito de Jaca; en el resto, el dominio de los liberales motivó y condicionó la
ausencia de candidaturas conservadoras, ante la dificultad de enfrentarse a
unos cacicatos estables. Recordemos que, aun en comicios conservadores,
el partido de Cánovas encontró serios apuros para imponer su encasillado,
y que, a partir de 1891, el saldo electoral fue negativo para él. Estas condi-
ciones continuaron prácticamente hasta el final de la Restauración. Con ra-
zón comentaba "El Diario Universal" de Madrid, en 1914, la inexistencia de
otra provincia en el país en la que la situación de los conservadores fuera
tan precaria, a excepción de la de Guadalajara.
243
9. APÉNDICE DOCUMENTAL
9.1. Carta de Domingo Pérez a Pedro Lacasa; irregularidades en la elección
de Jaca y petición de concesión del estanco por trabajos electorales.
«Señor D. Pedro de la Casa
Madrid.
Borau 14 de Mayo de 1879.
Muy Señor mío y respetable amigo. Recibí la apreciable carta del I a
del actual por la que me participa su llegada á esa Corte sin la menor
nobedad de lo que me alegré infinito, dándome las gracias así como á
los demás electores de este pueblo que le habían honrado con sus vo-
tos, así se les hice presente y todos manifestaron tener sentimiento el
que no saliera triunfante con su intento, contábamos con cuasi todos
los electores del pueblo á su favor, pero como V. estará enterado de
que por la parte de D. Manuel Gavín se les daba 100 reales y el anís
en casa del Estanquero D. Miguel Callizo aquel que tanto se le ofreció
a V. al despedirse de este pueblo y que por suerte y acierto le juzgó
por lo que era y es que no se equivoco en nada, se vencieron a la otra
pane, desgracia el poco carácter de tales personas. Para que (...)
quien cada uno és y quien puede hacer y (...) no estaria de menos,
supuesto que tiene V. influencia con las autoridades, de que se le qui-
245
tara el Estanco como así se me hizo a mí cuando entró diputado el Se-
ñor (no se lee), que aunque mas acreedor que el Estanquero actual
por tener mi licencia de Sargento 2- con el grado de l 9 y honrosísima
como puede verse, y (no se lee) de Soldado con la nota de desertor,
no se tubo en consideración, razón por la que lo aceptaría de nuevo
dicho empleo. En esta parte V. verá lo que puede hacer sobre ello.
Por lo concerniente á los maestros C. Victoriano Sánchez yD*Anto-
nia Nicolás, esposa del Estanquero, y que tanto recomendó á V. el
Ayuntamiento para que se les trasladara, son tres ó cuatro veces que
por su comportamiento se han dado quejas á la superioridad, esta me
consta haberlas apercibido severamente que de dar lugar á nuebas
quejas serian destituidos del magisterio. El 15 de Noviembre último
se pidió por 32 padres de familia en reunión del Ayuntamiento y junta
local, la destitución de los mismos de las escuelas de este pueblo, en
espediente razonado y vien fundado y apesar de haber transcurrido
seis meses, nada se arresuelto por la junta superior de Instrucción pri-
maria de la Provincia, por cuyo motivo y por el vien de la enseñanza,
tan habandonada, tranquilidad y deseos del vecindario engeneral,
a grade ce riamos de que los dichos maestros fueran trasladados por
otros mas caracterizados y de mejores cualidades, y que por su parte
como así lo ofreció se pusieran los remedios para conseguirlo. Según
mis escasas luces, entiendo que no habría mas que pedirle al Señor
Gobernador Civil mandara al Rectorado los Espedientes, no solo el
ultimo sino los anteriores también (no se lee)
Con mucho interés me encargan los amigos recomiende a V. cuanto
queda dicho respecto al Estanco y cuestión de maestros, lo que fue-
ron sus ribales, y esperan conseguir con su influencia sus deseos y
con ello quedaran de un todo agradecidos los que tiene á sus ordenes.
Se dice que la elección de diputado de D. Manuel Gavín, quedará nu-
la, si asi es, puede V. contar con los amigos y se esperarán sus órde-
nes para trabajar el campo en lo que sea posible para sacar el triunfo
si á ello aspira.
Sin otra cosa se despide de V. su siempre inalterable amigo y seguro
servidor
Domingo Pérez».
24h
9.2. Aragón ante Cánovas, artículo de Camo en "El Diario de Huesea" (1-
VIII-1880) sobre la construcción del ferrocarril de Canfranc y la ac-
titud de los aragoneses ante el Gobierno conservador.
«Hace pocos días insertábamos en estas páginas un artículo sobre el
ferrocarril internacional por Canfranc, "Cánovas ante Aragón", en el cual
hacíamos ver la justicia que a nuestro país asistía para reclamar mejora tan
importante. Expusimos entonces que el actual Presidente del Consejo de
Ministros debía meditar mucho antes que inclinara su influencia poderosa
en contra de las aspiraciones de las tres provincias de nuestro antiguo olvi-
dado Reino, porque se presentaba la ocasión propicia de ocurrir al desagra-
vio de las mismas, víctimas propiciatorias para todo género de pecuniarias
exacciones y huérfanas al par de mejora alguna que viniera en los actuales
tiempos a despertar de su aletargado sueño, las fuerzas vivas que aún les
restan para manifestarse dignas de su gran pasado.
Hoy escribimos estas líneas con el título de "Aragón ante Cánovas",
con objeto de expresar cómo el país debe responder y responde al desdén,
ya que no a la oposición con que el representante más genuino del Gabinete
mira a nuestros pueblos, como consecuencia natural y lógica del agravio
por aquél inferido, cuando éstos representados por gran parte de la inde-
pendiente prensa española, le han expuesto con el lenguaje de la verdad sus
aspiraciones, y la necesidad de que termine, con motivo tan oportuno, el
ostracismo en que se les tiene, muy especialmente en el quinquenio que lle-
vamos del Gobierno de la Restauración.
No ha sido suficiente hasta ahora que la tierra aragonesa haya hecho
público su deseo y la justa razón con que se ha expuesto el interés en que
en breve se abra el nuevo camino; no basta que cuantas personas de distin-
ción, ya en política, ya en las armas, que han pisado nuestro suelo reciente-
mente, hayan asentido a la justicia con que este país reclama la realización
de la lan trascendental empresa. El señor Cánovas ha hablado, porque así lo
han hecho dos importantes órganos de tal hombre público en la prensa pe-
riódica, manifestando la intención de dar largas al asunto con el pretexto fú-
til de estudiarle, como si en vano hubieran pasado los años que hace se vie-
ne tratando del mismo.
Ante tal proceder, parece encontrarnos en los tiempos de Juan II, y
levantarse ante el favorito don Alvaro de Luna a los condestables y a los
247
maestres, a los príncipes y a los reyes, a los marqueses de Villena y a los
Girones; en los de Felipe II, en que si la tiranía y el absolutismo imperan, si
Trípoli, Túnez y Bujía se pierden, si la sangre española se derrama en em-
presas que no nos imponan, si las mismas costas de España se hallan ame-
nazadas por las invasiones inglesas y las predaciones de los piratas berbe-
riscos, en cambio el rey dispensa sus favores al secretario de Estado, Anto-
nio Pérez, encomendando a las veleidades de este privado la suerte de los
pueblos y la gobernación de sus dominios; en los de Felipe III, que si la
monarquia se sostiene por la reina dos anteriores, el duque de Lerma y el
marqués de Siete Iglesias, con su gran privanza, enervan y debilitan al país
con sus caprichos y sus ambiciones; en los de Felipe IV, en que los nego-
cios de Estado están en manos del presumido y ambicioso conde duque de
Olivares; en los de Carlos III, en los cuales la influencia de Godoy, el tris-
temente célebre Príncipe de la Paz, no tiene límites.
Porque don Antonio Cánovas del Castillo debe comprender lo ex-
puesto que es en los tiempos que alcanzamos oponerse a las aspiraciones
honradas y patrióticas de toda una extensa región, que ve cifrado su porve-
nir y su ventura en el término feliz de una mejora necesaria, y la razón que
le asiste para manifestar su desagrado cuando sin aducir razones en contra-
rio, se la encuentra profundamente menoscabada en sus intereses.
Esto obliga a que el Alto Aragón guarde una actitud expectante entre
tanto se resuelve todo lo que referirse puede al ferrocarril por Canfranc; pe-
ro dentro de esta actitud, las manifestaciones de agravio ante el gobierno
serán elocuentes y significativas, porque ya no son ni pueden ser admisi-
bles las dilaciones sobre este asunto, debiendo ser el lema de los arago-
neses:
"O ARAGÓN, O CÁNOVAS"».
248
9.3. Carta de Manuel (ramo a Costa en las elecciones de
1881; preocupa-
ción por la presentación de N. Salmerón en Huesca.
«Huesca 23 de Julio 1881
Sr. D. Joaquín Costa.
Querido amigo: He recibido su grata última y una vez mas le repito
que en todos conceptos puede V. disponer en absoluto de mis servicios.
Entregué en la Comisión provincial la nota relativa al expediente del
mozo de la quinta AlbertoGrau Moré (...)
Si V. no me conociera tanto como me conoce, no me decidiría á ha-
blar á V. de un incidente electoral de este distrito, temerosode aparecer par-
cial o apasionado.
Aludo á la presentación por los progresistas democráticos de la candi-
datura de D. Nicolás Salmerón, á pretexto de conquistarle sufragios para
acumulados á los contingentes de otras provincias. Hay aquí emplazada lu-
cha ruda entre el candidato D. Emilio Castelar, apoyado exclusivamente por
sus correligionarios sin intervención directa ni indirecta-dígase lo que se
quiera de los agentes ó representantes del Gobierno, y el ministerial señor
conde de Parcent, protegido empeñadamente por todos los elementos mo-
nárquicos, incluso los carlistas. Tal situación parecía alejar la probabilidad
de que terciara en la contienda ninguna otra candidatura democrática, y, sin
embargo, con general sorpresa, han presentado por acumulación la de aquel
eminente filósofo y estadista, sospechándose que no se votará en tal con-
cepto en ningún otro punto de España.
Si tal sospecha resultara cierta vendría á confirmarse el rumor de que
dicha iniciativa vendrá solo á restar votos de la candidatura de Castelar, aun
cuando la del respetable señor Salmerón obtuviera un reducidísimo número
de sufragios que la colocarían en situación desairada, impropia de la impor-
tancia de un hombre público tan caracterizado y distinguido.
Dirigiéndome á V., sobra toda otra indicación y solo me permito
apuntar la de que tal vez fuera conveniente que el señor Salmerón conociera
los detalles de la elección de Huesca en la que se hace figurar su nombre.
249
Me dirijo a un amigo discretísimo y por ello creo inútil encarecerle la
reserva absoluta de las precedentes manifestaciones, formuladas en el seno
de la mas leal confianza.
Soy de V. siempre atento y afmo. servidor y amigo (...)
Manuel Camo».
250
9.4. Carta de un vecino de la Puebla de Castro a Joaquín Costa. Elecciones
de Barbastro,18%; la maraña electoral en un pueblo al toaragonús.
«La Puebla de Castro 26 de Agosto de 1896
Sr. D. Joaquín Costa
Madrid
Muy Sr. mío y de mi consideración; al dirijirle la presente tengo la ca-
beza tan llena de ideas y la sangre tan cscitada que junto estoa la poca ilus-
tración que uno tiene tal bez no sepa yo desarrollar lo que boy á decirle, pe-
ro confiando en la buena interpelación de V. me determino á tomar la plu-
ma; Como la presente carta tiene por objeto aclarar lo sucedido en esta Villa
en las ultimas elecciones, principiare esponiendo por si acaso á V. le ubie-
ran enterado de otro modo, adbirtiendo que lo que digo es lo berdadero y
asi lo sostendré en todos los terrenos.
El que yo escribí á V para que no se presentara candidato y que V me
contesto muy atento y muy caballerosamente, creo no hay que detallarlo,
únicamente tengo que darle las gracias por la caballerosidad de su cana y
por haber dicho á la Comisión de Barbastro que nada dijeran á nosotros so-
bre elecciones por que sabia V hacia tiempo que estábamos comprometidos.
Pocos dias antes de las elecciones estube yo en Barbastro y ablando
como sucede en estos casos, ubo algunos que me preguntaron si nos abian
escrito los Sres. Hijos de Pala, á lo que yo conteste que no lo sabia, subi
entonces á casa Pala y con la libertad que yo he tratado á estos Sres. les di-
je, en que consiste que han preguntado muchos si nos habían Vs. escrito
sobre las elecciones, y ellos me dijeron de que parte te lo han preguntado,
de las dos partes conteste, por que asi era y que has contestado, que seocu-
paba mi padre de eso y por lo tanto que no lo sabia, bien echo dijeron pero
no te extrañe que lo pregunten por que nos dieron ese encargo, pero no lo
emos querido hacer lo 1Q por que creemos que tenéis compromiso adquiri-
do y 2- por que hay metidas en esta coalición que defiende la candidatura
del Sor. Costa, personas que nos han echo una guerra muy grande con las
elecciones municipales y con la cuestión de la luz que nos priban el tomar
parte en estas elecciones, por otra parte esta con el Sor. Capra nuestro ami-
go Cáncer y como el nos ha ayudado mucho á nosotros tampoco nos parece
regular ir en contra de su amigo, Fuimos a recibir al Sor. Costa pero no he-
251
mos ido á ningún centro ni pensamos ir, en resumen nosotros nos alegrare-
mos que salga Diputado el Sor. Costa pero por las razones dichas nosotros
no emos de ocuparnos en estas elecciones ni pedir un boto á nadie, enton-
ces yo en bista de la franqueza con que me ablaban los Sres. Palas les dije
enseñándoles la carta que V me había escrito, el Sr. Costa me escribe y el
desprendimiento y caballerosidad de su carta merecen que nosotros se lo
agradezcamos al Sr. Costa y si los de Barbastro cumplen no aciendonos
conpetencia en la Puebla baciaremos el censo y le daremos al Sr. Costa mu-
chos mas botos que en la lucha sacaría.
Otro día estubc en Graus y able con Feliciano Carrera le enseñe su
carta de V y le dije lo mismo que había dicho en Barbastro á los Sres. Pa-
las; asi las cosas los de Barbastro escribieron algunas cartas á esta manda-
ron propios con ojas de propaganda igual que á todos los demás sitios re-
mitieron muchos ( ) de la Cámara pero á mi como presidenteque soy en
esta Villa, ni me mandaron ninguna oja ni mucho menos ninguna Cámara;
entre los que mas trabajaron aqui por su candidatura cito á D. Marcelino
Nabal que me escribió á mi mismo obligándome á que me pusiera á sus
ordenes por que le era deudor de una pequeña cantidad cuya cantidad me
pidió acontinuacion bino ademas personalmente y por encargo del mismo
Sr. Nabal, D Julián ( ) á trabajar la elección pero ni cartas ni la venida del
Sr. ( ) mobio el cuerpo electoral de esta Villa ni nadie ablaba una palabra
de elecciones.
En esta actitud estaba esta Villa el dia que fuimos bisitados por el Sr.
Capra y al acompañarlo en el camino juntos en un coche le dije estas mis-
mas palabras (para esto olbide que los de Barbastro no cumplían lo que V.
les habia encargado sobre la Puebla y sobre nosostros mismos) D. Joaquín
Costa es amigo mió es pariente de mi hermano de Graus ademas su nombre
es muy conocido en La Puebla y toda bez que se que por su parte y por res-
petar nuestros compromisos á dicho á los de Barbastro que nada nos digan
á nosotros, yo á mi bez desearía corresponder á esta del Sr. Costa dándole
algunos botos pues creo que conseguiré no tener oposición y podremos ba-
ciar el censo, cuantos electores tiene La Puebla me dijo el Sr. Capra, sobre
260 conteste pues dele V 100 botos al Sr. Costa si le parece bien y también
me pareció que di las gracias al Sr. Capra y quedamos que si no abia inter-
vención asi se haría.
2$2
Cuando bolbia de aconpañar al Sr. Capra supe en el Grado que V lle-
gaba allí al día siguiente y me aguarde, bine a bisitar á V y delante de los
que estaban en la mesa le dije D. Joaquin si sube V á la Puebla sentina no
biniera V á mi casa y si quiere V pronunciar algún discurso le ofrezco los
balcones de nuestra casa y permiso en nonbre del alcalde, si subo á la Pue-
bla bendre a bisitar á tu familia me dijo V pero á parar á tu casa no lo espe-
res, de elecciones nada ablemos que yo recuerde, cuando V saliadel Grado
able con D. Mariano Molina en el mesón y me dijo como arreglareis las
elecciones en La Puebla le conteste que si no teníamos oposición y nos de-
jaban por su parte arreglar la cosa como deseábamos que dañamos a V. do-
bles botos de los que en lucha sacaría.
Tres dias antes de las elecciones biene á casa ( ) con la documenta-
ción para la botacion de V y me dijo me handado estos papeles en Barbastro
y los i llebado donde me han dicho i estado en tres casas y no los quieren
ya te los puedes quedar tu, los recibi y guarde hasta bispera de la elección
en que bino á esta un señor de Barbastro y reuniendo en casa de ( ) á los 6
ó 7 que teníamos en contra o mejor dicho que eran partidarios de V nos lla-
maron á nosostros. Fue mi padre (por que yo no me encontraba en casa) y
le dijo el Sr. de Barbastro que subia á buscar el acta en blanco ó sea el cen-
so de la Puebla para V que asi se lo habían dicho los Sres. Palas y otros de
Barbastro, mi padre tubo un disgusto con esta proposición y salióde esta
reunión echo hascuas. Fui yo después á ablar con el representante del cen-
tro de Barbastro y le llebe la documentación de V y le dije que como se atre-
bia á sentar unas proposiciones como las dichas, dijo el que benia en nom-
bre de los Sres. Palas á ablar conmigo y que si pedia el acta en blanco era
por habían dicho ellos que yo se las habia ofrecido, yo le ( ) la vida y V se
jugara el titulo á que los Palas no han dicho eso y aqui mienten ellos ó V di-
je, esplique á continuación lo que yo habia ablado con los Sres. Palas como
aqui lo hago en otro parafo dijendo que nada habíamos nosotros ofrecido
en casa Pala ni nada nos habían pedido que únicamente abiamos tenido una
conbersacion amistosa en la yo les habia espuesto mi pensamiento sobre las
elecciones y que sentía no poder realizar aquel pensamiento por que con su
heñida y con la reunión que alli habia echo me pribaba de hacerlo, pero que
en bísperas de la elección estábamos y no estando el cuerpo electoral traba-
jado podrían alli reunidos sumarle algunos botos y por lo tanto que le entre-
gaba las candidaturas y demás documentación y que quedaba desligado de
todo compromiso si ellos creían que lo tenia con lo ablado; biendo el de
Barbastro que su biajc á esta habia enrredado el asunto me dijo que no tu-
25.1
biera su bisita en cuenta y que arreglase el asunto como intención tenia y le
conteste que si los alli reunidos no botaban y no se oponian á baciarel cen-
so que asi se haría, pero que al pie del acta que se mandara á V pondría una
nota diciendo, estos botos los da La Puebla á D Joaquín Costa no los da á
los de Barbastro; después todo lo esplicado llegamos á la elección y tan
pronto se prencipio 4 de los 6 que reunió el de Barbastro que eran interben-
tores ya dijeron con frases mal sonantes que cuando menos si no llebaban
botos sabrían pribar el baciar el censo, es decir que los amigos de los de
Barbastro supieron pribar que V tubiera botos en La Puebla, Fue imposible
pues el que yo llebara á cabo lo que me habia propuesto y lo senti mucho
después de haber selo dicho al Sr. Capra y por que tenia bibos deseos de
corresponder á la caballerosidad de V. lo dicho en este papel repito que es
la berdad con todos sus detalles y lo sostendré en todos los terrenos.
Pasemos ahora á lo que sucede sin que me haya enterado hasta hace
pocos dias, en Babastro y Graus me dicen que se a dicho mil mentiras de
mi, y esta Villa es publico que V habia dicho que yo me habia hendido y
que el Sr. Capra me habia dado 6000 Pesetas para conprar botos cuyo dine-
ro me habia yo quedado, suma esta que hay quien la hace subir hasta 4 mil
duros, pues bien D. Joaquin este es el fundamento de esta carta tengo las
papeletas presentadas al Sr. Juez citando á D Anselmo Puco por calunia por
que este Sr. es quien dicen á propalado la noticia, pero hantes de llebar á
cabo esto en e) tribunal me á parecido regular escribir á V esplicando el
asunto y á la bez pidiendo explicación; yo D. Joaquin no puedo consentir
que esa calunia no se desmienta quiero que se diga la berdad, yo ablando
con el corazón no creo que V haya dicho semejantes mentiras y por eso y
por si acaso á V le ubieran dicho alguna persona cobarde otra cosa de mi
que las que llebo espuestas, le dirijo la presente deseando sea V tan claro
como yo soy y espero que francamente me diga el fundamento de todo esto;
con letras, con palabras, con el tribunal, ó con las manos, necesito yo dar
una satisfación á los electores de esta Villa, pero hantes de llegar á ningún
estremo me gusta aclarar la cuestión directamente con V pues siempre he te-
nido á V por amigo y con los amigos cabe la franqueza.
Rogándole pues me conteste cuanto hantes y encargando mis recuer-
dos para su hermano ( )
Antonio Trell».
-A.H.P. En la antigua catalogación (A.H.N.): leg. 102, 2-13.
254
9.5. Editorial del periódico "El Imparcial", de Madrid, reproducido por "El
Diario de Huesca" el 4 de junio de 1898, sobre la actitud de Emilio
Castelar, contraria a Sagasta, en la sublevación y guerra de Cuba.
(...)
«... Desde los comienzos de la restauración acá, de nadie han dicho
tantos horrores, como del Sr. Castelar, los mismos que no aciertan hoy con
la manera mas elocuente de expresar su entusiasmo. Si el asunto continúa
atrayendo la atención pública citaremos a una serie de textos de los mismos
periódicos, que al presente manifiestan un dolor hipócrita porque se vulne-
ren tales prestigios.
En ese periodo el Sr. Castelar, con un valor cívico admirable, llevó a
cabo una obra que le enaltece y que es precisamente la misma que el propio
señor empezó a deshacer en 1888 y en cuya total destrucción pone ahora su
empeño. Fundó un partido democrático, republicano, gubernamental, que
ponía por encima de todo interés de bandería o de secta el interés supremo
de la patria; partido que no aspiraba al poder sino por una evolución pro-
funda y segura, y en torno del cual cristalizaban, según hemos recordado
otras veces, los elementos más independientes y más sanos de nuestras cla-
ses directoras, disgustados, no de la política, sino de la manera de enten-
derla y practicarla los partidos en uso.
Este partido era como un modelo en medio de todos lo demás. Unido
y compacto, cual si fuese una sola familia, disciplinado como ninguno,
confiado en su jefe con una confianza absoluta, paciente hasta el punto de
soportar impávido las arbitrariedades de los conservadores, las ingratitudes
de los liberales, las injurias de los republicanos revolucionarios, desintere-
sados hasta el extremo de no preocuparse jamás con el tiempo de peregrina-
ción por el desierto, patriota hasta el límite de ofrecer con abnegada volun-
tad todos esos esfuerzos en aras de la tranquilidad y del progreso de Espa-
ña, el posibilismo consideraba que mejor que llegar al Gobierno, en plazo
más o menos remoto, era si se llegaba, ejercerlo con incontrastable autori-
dad moral.
(...)
255
El Sr. Castelar, que había sido centro de ese gran movimiento de re-
novación en el modo de componerse y constituirse los partidos, no apreció
jamás todo el valor de su obra. Vio en el posibilismo, no los cuadros de un
gran ejército, sino una escolta de honor. Centralizó en sí toda la influencia y
distribuyó luego a su antojo, no entre sus correligionarios de superior auto-
ridad y valía, sino entre sus familiares y sus cortesanos. Y cuando le pare-
ció estrecho el marco para su figura, lo rompió sin escrúpulos ni considera-
ción a los que nada le pedían, sino la satisfacción de seguir trabajando den-
tro de la legalidad por sus ideales.
En Febrero de 1888 pronunció el insigne orador su famoso discurso,
en el cual anunciaba su propósito de retirarse de la vida pública para escribir
en su tranquilo hogar la historia de España. Aquello era sencillamente el li-
cénciamiento de su partido.
De los posibilistas que se enteraron pronto, retiráronse a la vida pri-
vada los que disfrutaban de posición independiente o tenían escasos com-
promisos en la vida pública. Los demás, o se desprendieron de todo espí-
ritu de partido para trabajar en la medida de sus fuerzas por el bien de su
país, o quedaron esperando algún norte o algún nimbo que por los mares
de la política les guiase.
Y es lo particular que mientras el Sr. Castelar guardaba todos sus
afectos para aquellos de sus antiguos correligionarios que creían no serles
dable ya la política militante sino en el campo de la monarquía, reservaba
todos sus desdenes, las frases mas satíricas, los más sangrientos epigramas
para aquellos que se resistían a dejar el campo de la república y se inclina-
ban a los republicanos mas afines, a los que dirigía el Sr. Salmerón.
La posición del insigne tribuno estaba bien tomada para su gloria per-
sonal. La monarquía había venido a la democracia. ¿Se afirmaba? el Sr.
Castelar pasaría a la posteridad como el grande hombre que sacrificó sus
particulares ideales al bien de su patria. ¿Se Asfixiaba la Monarquía en la
democracia? El Sr. Castelar aparecería como el Maquiavelo profundo e
inconmensurable, que había conseguido por la evolución lo que los revolu-
cionarios habían logrado con sus clamores, sus amenazas, sus agitaciones
y sus conjuras cuarteleras.
256
¡A tamaña gloria había sacrificado el jefe posibilista su partido y a sus
amigos con la inexorable tranquilidad de los dioses!
Pero las cosas no vinieron por esos cauces, y el Sr. Castelar, que se
había imaginado, sin duda, quedar como el oráculo de la monarquía y de la
democracia, a la vez, con más facultades que nunca para distribuirdones y
mercedes, con influencia decisiva en toda situación, hallóse con menos
fuerzas y medios que antes, y poco a poco, vióse casi olvidado y tuvo que
volver á la antigua personal amistad del Sr. Cánovas, de quien era el pri-
mero de los cortesanos en sus últimos tiempos.
La terrible sanción de la realidad con la lógica incontrastable de los
hechos lleva hoy al Sr. Castelar a producir un escándalo para que la aten-
ción pública se fije en él: a esperar fuerza de aquellos a quienes más despre-
ció y que más le maldijeron; á remover todos los apetitos que tanto se esfor-
zó por sofocar; a producir la más insana de las agitaciones; á destruir toda
su obra ¡Y esto cuando la España, a quien tanto invocó y de quien aparentó
ser el sumo sacerdote, necesita concentrar todas sus energías para sostener
la enorme balumba de males que sobre ella pesan! ...»
257
9.6. La revolución desde arriba El Gobernador de Huesca , artículo de "El
Globo", de Madrid, en "El Diario de Huesca" (24-1-1903).
«El encuentro del árabe con la autoridad ha dicho Pedro Antonio de
Alarcón, es una eventualidad desgraciada". El árabe sale a vecesvivo,pero
nunca sale sin mordiscos.
Y si aun viviera el autor de El niño de la Bola añadiría que el encuen-
tro de un alcalde con el gobernador de Huesca es la muerte instantánea y
con testamento a favor de la primera autoridad civil de la provincia.
Cada gobernador de los que en vísperas de elecciones se dedican a
cazar municipios independientes, tiene su procedimiento favorito; éste la
suspensión, aquel el procesamiento, tal otro las cesantías de los allegados al
alcalde. El gobernador de Huesca da preferencia a la multa. Nada menos
que 252 Ayuntamientos están multados por este Poncioeconómico conven-
cido, como los ingleses, de que las penas pecuniarias son las más aflictivas
de todas.
Eso de sacar el dinero del bolsillo ajeno sin trabajo por su parte y sin
resistencia por parte del ejecutado, sin molestarse en salir a un camino y sin
exponerse a que la víctima le suelte un tiro, es cosa que le encanta.
Alguna vez, el mísero alcalde, multado por no querer votar al candi-
dato de Maura, paga la multa y se vuelve a mirar al comandante de la Guar-
dia Civil.
El alcalde, a quien acaban de quitar, no un peso de encima, sino mu-
chos (no se lee)... y el comandante de civiles se vuelve hacia el sacamultas
y le dice:
-¿Quiere usía algo mas?
Cosa rara: esta pregunta, que tranquilizaría a Jaime el Barbudo,
escuece un poco al hombre del fajín. Parécele que está dicha con soma y le
suena como si el de la benemérita le preguntara:
-¿No le cortamos también una oreja?
258
La fórmula de invitación no puede ser más amable. Tenemos a la vis-
ta copia de un telegrama oficial, redactado en estos términos: "19 de ene-
ro.-Gobernador a alcalde de Sírvase usted presentarse inmediatamen-
te en este gobierno de provincia, a dar explicaciones sobre varias denuncias
que, por motivos de su gestión, se han presentado."
Al alcalde le da luego un soponcio; coge después todo el dinero que
tiene; convence a su familia de que entre la bolsa y la vida le conviene optar
por la última; llega al gobierno de provincia; el gobernador extiende unos
papeles que son las denuncias que "se han presentado"; el alcalde da expli-
caciones "sobre las denuncias", y , lo que es aún más incomprensible, por
motivos de su gestión...
Por último, todo se pone en claro: EL ALCALDE PAGA.
Y el buen Panza, escribe en seguida al don Quijote de Gobernación,
que una vez "cometidas" las elecciones pondrá a su disposición 126.000
pesetas de multa y un diputado ministerial.
A lo que contestará don Quijote: "Sancho amigo: eres un gobernador
encmeijado».
259
9.7. Carta de un republicano de Graus a Joaquín Costa (30-VI1I-1904);
guerra y críticas a Camo.
«Sr. Don Joaquín Costa.
Muy Sr. mío y distinguido correligionario: Recibimos su telegrama
contestado inmediatamente.
No dimos importancia calumnias gentes reaccionarias, queriendo por
otra parte, tener datos precisos para controlar debida forma. Si Ud. juzga
oportuno hacerlo, puede desde luego disponer incondicionalmente colum-
nas del "Iconoclasta".
Agradecemos juicio formado sobre nuestro semanario, animándonos
dura empresa de levantar espíritu provincia envilecida por veinticinco años
de dominio del efebo de Gomorra. La redacción se compone tan solo de los
hermanos apoyados económicamente por Lorenzo Béseos, más nos basta-
mos y sobramos.
Nuestro lema es "Delenda Camo". Ni nos engríen los aplausos, ni
han de detenemos en nuestro camino las amenazas del panúrgico rebaño de
impotentes que a ese hombre siguen.
Hemos dicho y diremos quien es ese cacique, demostraremos su co-
rruptiva labor en la provincia, y firme en nuestro propósito de iconoclastas,
iremos destruyendo una por una las bases en que se apoya.
De ayudamos los alto-aragoneses en nuestra empresa, demostrarán
ser dignos de redención. En caso contrario habrá llegado la hora de decirles
que provincia compuesta de mujeres, merece ser dirigida por un Camo.
Montestruc está con nosotros, y eso nos basta; con él llegaremos al
íín.
Tenemos vivísimos deseos de conocer a Ud y cambiar impresiones.
¿Cuando vendrá a Graus?.
Mi hermano Antonio ha salido con Montestruc con propaganda al dis-
trito de Fraga, yo iré la semana próxima al de Barbastro con idéntico fin.
260
Le saluda y hace votos por un pronto restablecimiento de salud, tan
necesaria para la higicnización de esta desgraciada tierra, su amigo de veras
Ángel Aguirre Metaca».
9.8. Carta de Miguel Moya a los electores de la provincia con motivo de
los comicios de 1914.
«Sr. D ...
Muy señor mío y amigo: Por tercera vez aspiro á la honrosa represen-
tación del distrito de Huesca. Ni necesito decir á usted lo soy, porque me
conoce bien de largo tiempo, ni he de molestar á usted con solicitudes de
una adulación sospechosa que rechaza su bien probada lealtad. Pido el voto
de usted: pídame usted lo que yo pueda darle: lo suyo.
Si en servir á mis electores no llegue á más, culpa será de la modestia
de mis medios, nunca de tibiezas en el ánimo para corresponder con mi gra-
titud á tantas y tantas pruebas de amistad y de confianza recibidas. Hice el
bien que pude y no sé de nadie que en conciencia pueda decir que á sabien-
das le causé mal alguno. Y ahora no sólo aspiro á ser el diputado de los que
me quieran votar, sino el servidor constante de todos los amigos y adversa-
rios. Ya sé que esto no es un programa. ¿Pero es que yo puedo ni necesito
hacer otro?
Y ahor dos recuerdos. Uno va unido á la gloriosa memoria deCamo:
otros afirma y robustece una tradición mía que nadie puede negar y discutir.
En cana de 10 de Abril de 1907, decía el venerable Patriarca de la tie-
rra oséense:
"Por altísimas conveniencias políticas y sociales, por las más intere-
santes y propicias moral y materialmente para elpaís, apoyo y recomiendo
para sucederme en la Diputación por Huesca á mi eximio y queridísimo
amigo don Miguel Moya, de cuya respetabilidad, superior valer y alto pres-
tigio tendrá usted de seguro el mismo convencimiento que tengo yo.
La elección del señor Moya significará para mí una solemne y lisonje-
ra ratificación de la confianza del Cuerpo electoral de este distrito y nuevo
elocuente testimonio de la simpatía y estimación de los electores y habitan-
tes del mismo, quienes tienen y tendrán siempre mis cariños intensos y mis
gratitudes preferentes."
262
Así, con palabras fervientes dictadas por el afecto, que no por la justi-
cia, hablaba en momentos parecidos á los presentes el ilustre Camo. Si yo
he sabido ser fiel á su memoria, ¿puedo dudar de usted que tanto le quería?
263
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