EVANGELIO
En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se
hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al
que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo,
Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que
fue el traidor
El Evangelio de hoy nos trae la vocación de los apóstoles. Jesús, les llama por su propio
nombre; les invita a una mayor intimidad con El.
Igual que a los apóstoles, a todos nos llama a tener esa mayor intimidad – en esa oración en la
que nos sentimos tan cerca de El, en ese curso de retiro en el que sentimos esa mirada única
que Dios hace a cada uno.
Que nos ayude este evangelio a darnos cuenta de que para el Señor no busca grupos
numerosos de gente que le siga, sino que a cada uno nos llama de manera personal, como un
Padre, porque su amor por cada una es único.
Para poder escuchar nuestro nombre, es decir, lo que el Señor quiere de mi en cada
circunstancia o en mi vida, primero tenemos que querer escucharle – a veces nos da miedo-, y
lo segundo, poner esas disposiciones exteriores necesarias , porque Dios habla bajito.
OCTUBRE MES DEL ROSARIO / DEVOCIÓN A LA VIRGEN
El mes de Octubre es el mes del Rosario que se celebra en toda la Iglesia. Este año, el Papa
Francisco nos invita a rezar cada día el Rosario y unirnos así en comunión y penitencia para
pedir a la Madre de Dios y al Arcángel San Miguel que protejan a la Iglesia del diablo.
Aquí nos damos cuenta del arma tan poderosa que es el Rosario, del cual en la encíclica
Rosarium Virginis Mariae, Juan Pablo II nos dice que “Con el Rosario, el pueblo cristiano
aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad
de su amor.
También nos dice el Papa: “con el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del alma los
episodios principales de la vida de Jesucristo. El Rosario (…) nos ponen en comunión vital con
Jesús a través –podríamos decir– del Corazón de su Madre. Al mismo tiempo nuestro corazón
puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del
individuo, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del prójimo,
sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón. De este modo la
sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana.
¿Qué es el Rosario? El Rosario es una oración tradicional que busca honrar a la Virgen –
Piropearla. Suelen decirnos que cada Ave María es una rosa que regalamos a nuestra Madre –
pero también es un abrazo que la Virgen nos da.
En el Rosario, nos adentramos en la profundidad del mensaje evangélico,; con cada misterio,
podemos adentrarnos en la contemplación de los misterios, viviendo así con la Virgen el
camino que vivió ella con Jesús.
¿Cómo y cuándo nació esta devoción?
El origen del Rosario se remonta al nacimiento del Avemaría en el siglo IX, como oración para
honrar a María, la Madre de Dios. Parece que el Rosario tuvo su origen en la orden de san
Benito y se expandió por acción de los dominicos.
En el Ave María, se alternan dos movimientos: en uno se engrandece al Señor por las
maravillas que ha hecho en nuestra Madre, y por ella, en nosotros; y en el otro, confiamos a la
Virgen nuestras súplicas y alabanzas.
¿Cómo nos ayuda en Rosario?
1. Configurarse a Cristo con María.
El camino cristiano tiene como Característica el deber de cada uno de parecernos más a Cristo,
de configurarnos plenamente con El, que es nuestro Maestro.
Aquí es donde el Rosario nos “echa una mano”, como decía el Beato Longo “«Como dos
amigos, frecuentándose, suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros,
conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los Misterios del Rosario, y
formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra
pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre,
escondido, paciente y perfecto»
2. Contemplar a Cristo con María
El Rosario es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se
desnaturalizaría, como subrayó Pablo VI: «Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma
y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la
advertencia de Jesús: "Cuando oréis, no seáis charlatanes como los paganos, que creen ser
escuchados en virtud de su locuacidad" (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un
ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los
misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del
Señor, y que desvelen su insondable riqueza»
Con el Rosario aprendemos mucho de la vida de Jesús a través de la mirada de la Virgen –
Mirada interrogadora: cuando Jesús se pierde en el tiempo
Mirada penetrante: cuando en Caná le dice a su Hijo que no queda vino
Mirada dolorida: Cuando está a los pies de la Cruz
Mirada radiante: por la alegría de la Resurrección.
3. Rogar a Cristo con María
El Rosario es a la vez meditación y súplica. La plegaria insistente a la Madre de Dios se
apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del
Hijo. Ella es «omnipotente por gracia»,
San Bernardo, cuando canta: «Mujer, eres tan grande y tanto vales, que quien desea una
gracia y no recurre a ti, quiere que su deseo vuele sin alas».[26]En el Rosario, mientras
suplicamos a María, (…) Ella intercede por nosotros ante el Padre que la ha llenado de
gracia y ante el Hijo nacido de su seno, rogando con nosotros y por nosotros.