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Derechos y habilidades de la asertividad

El documento habla sobre la motivación para el cambio y la importancia de la paciencia y la práctica constante. También describe la asertividad como una habilidad social que permite defender los derechos propios sin agredir a otros. Luego enumera varios derechos asertivos como el derecho a decir no sin culpa, a cambiar de opinión, a cometer errores y a pedir información. Finalmente, da pasos para entrenar la comunicación asertiva como identificar lo que se quiere comunicar y establecer consecuencias.

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Diana Pacheco
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Derechos y habilidades de la asertividad

El documento habla sobre la motivación para el cambio y la importancia de la paciencia y la práctica constante. También describe la asertividad como una habilidad social que permite defender los derechos propios sin agredir a otros. Luego enumera varios derechos asertivos como el derecho a decir no sin culpa, a cambiar de opinión, a cometer errores y a pedir información. Finalmente, da pasos para entrenar la comunicación asertiva como identificar lo que se quiere comunicar y establecer consecuencias.

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Motivación al cambio

Los cambios que deseas hacer tomarán tiempo y esfuerzo. Sé paciente contigo. Estás
comenzando a replantearte (y a elegir) cómo actuar, sentir y pensar, y esto requiere una
práctica constante para debilitar años de aprendizajes arraigados que ya no funcionan para
ti.

Asertividad

La asertividad es una habilidad social que reúne las conductas y pensamientos que nos
permiten defender los derechos de cada uno sin agredir ni ser agredido.

¿Cuáles son nuestros derechos asertivos?

El derecho a mantener tu dignidad y respeto, comportándote de forma habilidosa o asertiva,


aun cuando la otra persona se sienta herida o molesta, siempre que no violes los derechos
humanos básicos de los demás.

El derecho a ser tratado con respeto y dignidad. Cuando te lleguen mensajes que atentan a
tu dignidad o te descalifican, tienes derecho a ignorarlos y/o no identificarte con ellos.

El derecho a rechazar peticiones sin tener que sentirte culpable o egoísta. Por supuesto que
el otro puede pedir, pero en ti reside la opción de valorar lo que puedes o quieres dar y las
implicaciones que para ti puede tener lo que te piden.

El derecho a manifestar y expresar tus propios sentimientos. El hacer uso de este derecho
es uno de los recursos más útiles para evitar la frustración y el enfado. Si buscas las formas
adecuadas y constructivas, prácticamente todo puede ser expresado.

El derecho a establecer tus prioridades y tomar tus propias decisiones. Es esencial recordar
que los criterios para valorar el mundo no son universales y absolutos, por lo que tu
jerarquía de valores es tan válida como la de cualquier otra en principio, siempre y cuando
no atente contra los derechos de los demás.

El derecho a decir NO sin culpa. Puedes negarte a hacer un favor, puedes discrepar,
puedes estar en desacuerdo, puedes declinar una invitación y una propuesta.

El derecho a tu descanso y aislamiento, siendo asertivo. No hace falta esperar a que los
demás se den cuenta de que estás exhausto o estresado, tienes el derecho a cuidar de ti
mismo y buscar las condiciones adecuadas para recuperar tu energía y salud.

El derecho a superarte, aun superando a los demás. Es lícito marcarte tus propios objetivos
de desarrollo, y no inhibirte en tu crecimiento por una humildad malentendida. Tienes
derecho a marcarte metas de superación, a sobresalir en algunas habilidades o
competencias y a no pedir perdón por ello.
El derecho a detenerte y pensar antes de actuar. Aunque los demás te exijan una respuesta
inmediata, tienes el derecho a reflexionar, a postergar tu decisión hasta que te sientas
seguro, y no sentirte presionado por la urgencia de otro.

El derecho a cambiar de opinión. La flexibilidad en el pensamiento y la capacidad de


cambiar de opinión es un síntoma de inteligencia y un derecho ineludible.

El derecho a pedir lo que quieras. No has de sentirme mal por pedir, siempre y cuando
tengas en mente que el otro tampoco ha de hacerlo si quiere dar un “no” por respuesta.

El derecho a hacer menos de lo que humanamente eres capaz de hacer. No siempre tienes
que dar lo mejor de ti mismo ni rendir al 100%, ni estar incondicionalmente. Tienes derecho
a no ser perfecto ni ejemplar.

El derecho a ser independiente y buscar tus propios espacios.

El derecho a decidir qué hacer con tu propio cuerpo, tiempo y propiedad. Cada uno
distribuye, organiza y dispone de lo suyo como mejor entiende, sabe y puede.

El derecho a pedir información. ¿Por qué tendrías que saber todo de todo?

El derecho a cometer errores, y ser responsable de ellos. La imperfección es una realidad


incuestionable.

El derecho a sentirte a gusto contigo mismo.

El derecho a tener tus propias necesidades y que esas necesidades sean tan importantes
como las de los demás. Además tienes el derecho de pedir (no exigir) a los demás que
respondan a tus necesidades y de decidir si satisfaces las necesidades de los demás.
Libertad de acción que otorgas y asumes.

El derecho a tener opiniones y expresarlas.

El derecho a decidir si satisfaces las expectativas de otras personas o si te comportas


siguiendo tus intereses, siempre que no violes los derechos de los demás.

El derecho a hablar sobre el problema con la persona involucrada y aclararlo, en casos


límite en que los derechos no están del todo claros.

El derecho a obtener aquello por lo que pagas.

El derecho a escoger no comportarte de manera asertiva o socialmente habilidosa (siempre


que tu elección no se deba al miedo o a no saber qué hacer o decir).

El derecho a tener derechos y defenderlos.

El derecho a ser escuchado y a ser tomado en serio.


El derecho a hacer cualquier cosa mientras no violes los derechos de l@s demás.

¿Cómo entreno la asertividad?

Esta serie de pasos pueden ser útiles para comenzar a entrenar un discurso asertivo. Los
puedes entrenar escribiendo cómo actuarías en algunas situaciones que te han ocurrido o
para prepararte para alguna ocasión que tengas que enfrentar.

Recuerda que antes de comunicarnos habrá que evaluar si es el momento y el lugar


adecuado para hacerlo (¿me encuentro tranquil@? ¿también la persona con quien quiero
comunicarme? ¿estamos en un lugar privado?).

Paso 1. ¿Qué quiero comunicar?

Reconocer ante ti mism@ qué es lo que quieres decir, aquí puedes utilizar cualquier
lenguaje, pues esto es un ejercicio de identificación.

Paso 2. Describir la situación de manera objetiva

En este paso ya se comienza la comunicación hacia la otra persona. Comienza


describiendo lo que ocurrió procurando no dar tu punto de vista. Ejemplo: “Habías dicho que
lavarías los trastes antes del anochecer y no lo has hecho, de manera que no puedo utilizar
las ollas”.

Paso 3. Comunicar cómo me hace sentir/pensar la situación

Es importante reconocer que nosotr@s somos responsables de cómo nos sentimos ante lo
que sucede en el exterior. Ejemplo: “Esto me hace sentir molest@ porque no es la primera
vez que esta situación ocurre y no puedo cocinar”.

Paso 4. Comunicar qué quiero que suceda.

Esto sirve para establecer límites. Ejemplo: “Me gustaría que lavaras los trastes en el
tiempo en el que estableciste que lo harías”.

Paso 5. Comunicar consecuencias.

Las consecuencias también sirven para establecer límites antes las situaciones que nos
hacen sentir incómod@s. Ejemplo: “Si esto vuelve a ocurrir y no lavas los trastes antes de lo
acordado, tú cocinarás la cena / Si me ayudas con esto yo me sentiré mucho más tranquil@
y cocinaré con más entusiasmo.”

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