TEMAS Y SUBTEMAS
Unidad I. Concepto del hombre a través de la historia
CONCEPTO MARXISTA
Aquí se propone examinar la antifilosofía de Marx, la obra de Marx conjuró el
comunismo y los movimientos obreros, bajo el estandarte de la “Crítica”, nombra la
singularidad y novedad de su pensamiento, se aleja de la economía política y de la
filosofía, pero absorbe sus métodos y contenidos. La palabra crítica en la obra de
Marx no significa lo que se entiende comúnmente, pues señala una ruptura e
invención intelectual. Ruptura con las disciplinas del pensamiento: filosofía y
economía política, e invención, pues funda un pensamiento que va al meollo del
Capital. No es gratuito que Althusser considere que Marx descubrió la Ciencia
Historia.
Marx realizó un ejercicio antifilosófico con las características principales de la
antifilosofía descrita por Badiou en su obra; es Hegel mistifica al Estado en la
Filosofía del Derecho, mistifica a la realidad en la Idea Absoluta de la
Fenomenología del Espíritu, y mistifica el método filosófico: la dialéctica estaría
invertida; y el espíritu pese a su universalidad no puede explicar la materialidad del
Estado, ni de lo qué es el hombre.
La verdad del Espíritu absoluto es sumamente ideal y no tienen ninguna
materialidad, de igual forma sobre la verdad del Estado y del ser humano, por ello,
Marx proclama la superioridad de las condiciones materiales del hombre y su
sociedad. Marx opone el acto de emancipación al de la reflexión filosófica, de ahí
la importancia de la praxis. Además, las operaciones de traspaso y de
distanciamiento. Se aleja de la filosofía porque niega los postulados de la filosofía
y se proclama como un pensamiento completamente diferente.
La traspasa en búsqueda de la racionalidad que intenta refutar justamente la
filosofía, pero en esa búsqueda de racionalidad incorpora los métodos, los
lenguajes y los contenidos de la filosofía. La destitución de las pretensiones
teóricas de la filosofía la realiza Nietzsche en su crítica al régimen argumentativo
del filosofar tradicional y opone el del martillo.
Por ello, la validez argumentativa no tiene lugar sino la valoración, por ello, la
filosofía no puede ser dialógica y se sutura la filosofía al decir poético. Para
Wittgenstein su negación teórica tiene tres flancos: el ámbito lingüístico, lógico,
genealógico, ellos demuestran que son impertinentes las pretensiones teóricas a
proponer una verdad total sobre el mundo, es una meta fuera de lugar porque no
se puede hablar de una verdad total porque ésta no tiene sentido.
Para Jacques Lacan no hay relación entre el significado y el significante, lo que
viene dado por la no relación, pues hay un resto que se sustrae de la enunciación
del sujeto, es decir, el lenguaje no puede anudar la cosa misma. Para San Pablo
la demostración epistemológica de los humanos es rebasada por la potencia de
Dios (Dunamis), no se enuncia desde un sistema, sino desde la potencia de la
lengua, desde su ruptura, la filosofía conoce las verdades, pero el profeta conoce
el sentido unívoco del advenir, abolición de los discursos anteriores, subversiones
ontológicas, la antifilosofía de San Pablo convoca al declarante o militante, no al
filósofo que solo interpreta el mundo.
La Crítica a la Filosofía del derecho de Hegel fue considerada por Marx y por
Engels como una obra secundaria, pues Marx señaló que fue realizada para
aclarar dudas, quizá, podrían ser las que surgieron en la polémica de los
problemas económicos y sociales, los planteos del comunismo, el socialismo, y las
fuerzas radicales democráticas. Marx profundiza en la fuente de las relaciones
jurídicas de la sociedad y del Estado en sus diferentes modalidades, estudia las
condiciones materiales del Estado, fundando un acto de alejamiento frente a la
génesis del espíritu como lo había propuesto Hegel, y que a su vez había
abstraído bajo la noción de Sociedad Civil.
Para Marx, la clave de las condiciones del Estado estaba del lado de la economía
política, y no de las ideas abstractas de Hegel, lo que trazaría un alejamiento
teórico de Marx a Hegel: la filosofía del espíritu aplicada en el estudio del Estado y
las relaciones jurídicas erraban el blanco porque lo real, lo material, estaba de lado
de condiciones que estudiaba la creciente economía política. Marx discute con la
dialéctica y los contenidos de la filosofía de Hegel. Se tiene el método hegeliano,
la dialéctica, ésta en su marcha mistifica lo que ella toca y lo eleva a un ámbito
abstracto e irreal.
En este caso Marx trataría de curar la mistificación que realiza la filosofía
hegeliana, por lo que su crítica va más allá de lo filosófico. Marx trata de mostrar
que la dialéctica hegeliana en sinergia con la Idea que mistifica los principales
aspectos de la filosofía. En esta época, Marx apostó por la filosofía, pero desde las
contrapuestas del mundo de la Idea, el mundo de lo sensible y lo material. Tesis
que abreva de Feuerbach cuando señala que Hegel mediante la lógica abstrae a
el hombre de sí mismo lo que lo extraña de sí mismo.
Marx intenta curar las pretensiones teóricas de Hegel: pues la Idea bajo la marcha
dialéctica funge como sujeto y la realidad es un predicado, lo cual no quiere decir
que Marx no traspase a la profundidad de Hegel, pues Marx asume que Hegel
considera la realidad como datos de los hechos mismos, bajo el mando de la Idea.
Pero, para Marx, la realidad es el dios del pensamiento, lo que es sujeto para
Hegel, para Marx es predicado, pues los hechos que retoma Hegel como datos no
atienden su propia lógica, sino que son una manifestación de la Idea diferente de
los hechos.
Marx denuncia la falsificación de la realidad que produce la filosofía de Hegel,
pues la manifestación de la realidad se desprende de la Idea, la cual la dota de
racionalidad, pero no la de los hechos mismos, pues la sociedad civil es la realidad
primera y última del Estado. Mientras que para Hegel ellas son la vida de la Idea,
ella en su infinitud deviene en la finitud, para que mediante su goce supere su
propia finitud. Para Marx la Idea sólo existe como logicidad en el discurso
hegeliano, ya que se basa en desarrollo no localizable más que en su propio
despliegue de determinaciones abstractas y universales.
Pero, “La necesidad en la idealidad es el desarrollo de la idea dentro de sí misma;
como sustancialidad subjetiva es la disposición política, como sustancialidad
objetiva —a diferencia de aquélla— el organismo del Estado, el Estado
propiamente político y su Constitución”. Pero, Marx señala que el desarrollo de la
Idea obedece a la libertad y a la necesidad, marcha fúnebre en la dimensión
abstracta del espíritu que no tiene relación con una realidad, sólo tiene lugar en el
despliegue del Concepto.
Marx traza el empate entre la monarquía y la irrealidad filosófica que lo sustenta.
Ésta habría sido uno de sus máximos exponentes Hegel, pues la Idea abstracta es
el sujeto del predicado de la realidad, mientras que para Marx la realidad es el
sujeto y el pensamiento es el predicado, la monarquía queda como un
predicado de la irrealidad de la Idea.
Pero en la inversión que realiza Marx de la estructura sujeto predicado de Hegel
lo empata con el “materialismo aristotélico bajo el término del ύποχείμενον
(sustancia), es decir, opone la realidad como sustancia a la realidad como Idea.
“Es el dualismo que consiste en que Hegel no considera lo general como la
esencia real de lo real-finito, es decir, existente, determinado, o no ve en lo Uno
real el verdadero sujeto de lo infinito.
Lo cual también sería una clara referencia la pretensión de Marx de curar del
Idealismo a Hegel, y por ello un rasgo distintivo de la antifilosofía en su versión de
acto. La filosofía de Hegel tiene pretensiones teóricas fuera de lugar porque
mistifica sus contenidos al aplicar un método fuera de lugar, la dialéctica. Pero la
verdad, por la que va a diferenciarse Marx y centrar su acto es en la base de su
materialismo.
Por otra parte, Marx consuma su acto antifilosófico cuando escribe El capital,
mediante este concepto le permite rechazar la economía política y a la filosofía.
Ella se basa en una crítica a las nociones previas sobre dicho concepto, pero
sobre todo pretende mostrar que el capital se basa en la apropiación del trabajo
ajeno en sinergia con la postulación de la propiedad privada. La cual permite
apropiarse de las ganancias extraídas de los salarios y de las materias primas
adelantadas. En este punto Marx introduce la noción de enajenación del trabajo,
pese a que el obrero genera un valor que le pertenece es el capitalista el que
absorbe dicho valor al no retribuir el valor de su trabajo sino con un salario
desproporcionado.
Los beneficios que obtiene el capitalista como las ganancias colocan en una
desventaja enorme entre el proletariado y el capital, creando contradicciones
disimétricas. Al interior de las dos clases sociales: el proletariado y los capitalistas,
existen contradicciones internas. Dentro del capitalismo, pues sus contradicciones
favorecen la acumulación del capital, ya que mientras un capital se haga más
grande absorberá a los otros capitalistas más pequeños, pudiendo quizá sólo
competir con capitales igualmente grandes, los pequeños tenderán a ser
absorbidos por los grandes, lo que denota un rasgo de la dialéctica hegeliana.
La lógica del capital se entiende a partir de los métodos filosóficos. Así, Marx
critica a los fisiócratas que postulaban que el origen de la riqueza era la agricultura
y la renta de la tierra. Para él las primeras formas de posesión de la tierra se
legitimaban mediante el robo o la posesión infundada, que posteriormente se
legitima con el concepto de propiedad privada, lo que permite al terrateniente
cobrar una renta en función del uso del terreno. La tierra se vuelve una mercancía
con la cual se comercia y sus ganancias se someten al mercado, por lo cual se
convierte en un asunto paralelo al capital.
Marx plantea que el hombre es un ser universal porque es un ser natural, antes
que espiritual, su naturaleza consiste en apropiarse de lo inorgánico de la
naturaleza. El hombre mediante el trabajo convierte la naturaleza en su cuerpo
inorgánico. Así, la incorporación de lo inorgánico es referencia de sí mismo como
género humano. Pero el trabajo en el mundo capitalista, el trabajo enajenado,
invierte la relación universal del hombre con la naturaleza. Se enajena porque si él
es un ser consciente y convierte su esencia en un mero medio para la
supervivencia, ignora que el trabajo que le apropia la naturaleza y lo hace un ser
universal forma parte de él.
En la enajenación se ignora que el hombre crea un mundo de objetos los cuales
ayudan a su subsistencia. La vida productiva genera vida, en este caso el hombre
se produce a sí mismo al producir los objetos necesarios para su subsistencia,
pero el trabajo vendido le arrebata el objeto de su producción.
La propiedad privada en relación con el obrero. Pues Marx sostiene que en el
capital el obrero se encuentra enajenado (sustraído) de sí mismo. Se tiene los tres
momentos: hombre, trabajo y capital, en el que el hombre no existe para el capital,
sólo como trabajador, el trabajo es la única mediación posible entre el obrero y el
capitalismo. Se teje una relación contradictoria desigual, aunque el capital es
generado por el obrero, él depende del capitalismo, éste decide sobre la existencia
del obrero.
El capital y sus atributos, como el capitalista están en la cúspide y los obreros en
la base. Entonces, el capital es la existencia para sí, pues sólo se beneficia él, la
economía política arguye que el capital se genera por sí mismo, en este sentido no
dependería del trabajo obrero, aunque la realidad es que el capital tiene como
base de producción al obrero mismo. El ejemplo que ilustra la crítica de Marx, es
que la idea de matrimonio era tratar a las mujeres como propiedad privada del
esposo, mientras que, en estos comunismos primitivos, la mujer era esposa de
todos, se pasaba a la propiedad privada general. Podría decirse que la obra de
Marx traspasa a la filosofía y a la economía política.
Efectivamente Marx es un pensador que contempla la libertad y su realización
desde la propia historia, desde la cara del oprimido y también la del opresor,
desde la clase proletaria y desde el Estado, es de este modo que el proyecto de la
crítica que Marx realiza a la filosofía del derecho de Hegel es a su vez el comienzo
de una crítica sistemática que sedimenta las bases para la concepción del
materialismo histórico en general.
Ese materialismo que ya no vería en el Estado únicamente una realización
conceptual de la razón, sino que, en cambio, se correspondería también con una
estructura que compromete las condiciones concretas y generales de existencia
del proletariado. Por otro lado, contrario a la visión común de diferencias
abismales entre ambos autores, se intentarán rastrear los planteamientos
hegelianos dentro del propio Marx y se verá cómo dicha crítica hegeliana resulta
conduciendo a Marx metodológicamente al problema de la emancipación política y
social, así como también a la necesidad crítica de ambos autores.
Para entender a Hegel, debe comprenderse su postura filosófica, en esencia,
podría decir que el en sí, por sí y para sí son categorías hegelianas que se
encuentran en la Ciencia de la lógica y que describen la dialéctica de la
autoconciencia (G. W. F. Hegel, Fenomenología del espíritu,), sirven para
denunciar los errores de la economía política de Adam Smith y los fisiócratas, en
este sentido Marx la retoma para criticar que el capital no tiene esa lógica.
En ese sentido, Marx se aleja de Hegel, pero esa operación solo es posible a partir
de que conoce el planteamiento hegeliano (traspaso) Y por ello puede torcer estas
categorías para denunciar un postulado de la economía política. Por ello, Marx se
ubica oblicuamente frente al planteamiento filosófico, pues pese a su alejamiento
reinventa sus categorías.
Por otra parte, en 1844 se publica en la única edición existente de los anales
franco alemanes el artículo titulado introducción a la crítica de la filosofía del
derecho de Hegel y Sobre la cuestión judía en el cual Marx inicia una respuesta
contra Hegel que nunca sería terminada, ello en parte al traslado de su horizonte
de estudio de la filosofía política, historia y derecho a la economía política
moderna.
El análisis de un concepto tan fundamental como el de Estado, de la misma
manera en que Hegel lo hizo, lo que a Marx preocupa, es fundamentalmente la
situación general de Alemania y del proletariado como clase emergente. El trabajo
de Marx se vuelca hacia las calles y sus críticas políticas son agudas moviendo
todo a su paso, sitúan al proletariado y sus condiciones como sujeto histórico.
Por otro lado, para entender el concepto de Estado, Marx desde el manuscrito de
Kreuznach, escrito en el verano de 1843 titulado Crítica de la filosofía del Estado
de Hegel, en la que Marx comentó, encontramos el comienzo de algunas ideas
desarrolladas posteriormente en sus manuscritos y que se aproximan a conceptos
fundamentales que luego serán desarrollados tales como praxis y proletariado.
Para Hegel quien la unificación de Alemania se convertía en tema fundamental de
su filosofía política. El proletariado se encuentra aquí tímidamente como la masa
que encuentra consuelo en la religión: La miseria religiosa es a un tiempo
expresión de la miseria real y protesta contra la miseria real. La religión es la queja
de la criatura en pena, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un
estado de cosas embrutecidas. Es el opio del pueblo.
Marx considera la crítica de la religión como un logro alcanzado por la revolución
francesa, la religión es aquí para el hombre la realización fantástica de un mundo
que carece de realidad verdadera, por tanto, nos dice Marx; la lucha contra la
religión es indirectamente una lucha contra ese mundo al que le da su aroma
espiritual. La superación de esta dependencia se hace imperativa para que el
proletariado vuelva sobre sí mismo y realice su crítica del mundo liberado del
engaño ilusorio de la religión, bajo este registro es posible situar al Estado ya no
como consecuencia lógica del espíritu humano, sino como manifestación histórica
y política del hombre en sí mismo.
El fundamento de la crítica religiosa es: el hombre hace la religión, la religión no
hace al hombre. Y ciertamente, la religión es la conciencia de sí y de la propia
dignidad, como puede tenerlas el hombre que todavía no se ha ganado a sí
mismo, o bien ya se ha vuelto a perder. Pero el hombre no es un ser abstracto,
agazapado fuera del mundo. El hombre es su propio mundo, Estado y sociedad
que producen la religión, [como] conciencia tergiversada del mundo, porque ellos
son un mundo al revés.
Para Marx, el Estado aquí pasa a ser simplemente un comité que se ocupa de los
problemas de la clase burguesa, aparece aquí el lugar del Estado como
instrumento para la enajenación del proletariado; el Estado y la sociedad
componen a la religión y en ese mismo sentido a la falsa ilusión de un mundo que
solo tiene consuelo para el hombre como aspecto positivo, de lo que aquí se trata
es de entender que el hombre es su propio mundo, su propio Estado, no la
consecuencia del recorrido de la lógica, sino más bien una consecuencia histórica,
un entramado de relaciones sociales que lo determinan.
La crítica de la “filosofía del derecho”. La crítica de la filosofía alemana del
Estado y del Derecho, filosofía que ha alcanzado en Hegel su versión más
consecuente, compleja y definitiva, es ambas cosas: por una parte, es análisis
crítico del Estado moderno junto con la realidad que éste comporta; por otra, es
además la negación de todo tipo anterior de conciencia política y jurídica en
Alemania, cuya expresión más distinguida y universal, elevada a Ciencia, es
precisamente la filosofía especulativa del derecho.
Sólo en Alemania ha sido posible la filosofía especulativa del derecho, este
pensamiento abstracto exaltado acerca del Estado moderno, cuya realidad se
queda en un más allá, aun si este más allá solo es un más allá del Rin. Pero
también a la inversa: la concepción alemana del Estado moderno,
abstrayéndose del hombre real, solo ha sido posible porque y en cuanto el mismo
Estado moderno hace abstracción del hombre real o no satisface al hombre entero
más que imaginariamente.
Para Marx de la crítica a la filosofía del derecho, Hegel tiene el mérito de
consolidar una estructura para la realización concreta de la libertad a través del
Estado, logra allí advertir la escisión/confrontación que guarda la sociedad
moderna en la que el hombre abstracto de la constitución se encuentra por un lado
y la realidad del hombre concreto lanzado al enfrentamiento de unos contra otros
de la sociedad civil por otro.
Hasta allí Marx estará de acuerdo, lo que no reconocerá serán las conclusiones a
las que Hegel llegaría al denominar a la monarquía como culminación del Estado
moderno. La tarea crítica sobre la objetivación que emprendería Hegel conducirá a
Marx a una expresión fundamental para su obra; la de una crítica emancipadora
que se vuelca sobre lo político como campo de acción, nuevamente; de praxis.
Para Marx, el hombre debe ser liberado del misterio religioso y del concepto puro
del Estado, lógico que se presenta como místico, el hombre real ha despertado
aquí para superar el ejercicio únicamente lógico de la política; este texto en sus
breves páginas es ante todo un llamado de un Marx político que pone al
proletariado como sujeto de la política y no como un resultado lógico en estricto
sentido.
Para Marx, la abstracción del hombre que hace Hegel no logra satisfacer una real
descripción de la espiritualidad humana; añadir ese contenido histórico social del
materialismo evitaría así el que el proletariado fuera “esterilizado” políticamente,
en su acción encuentra su realización de la política, el Estado se deriva del demos
y no al contrario, de lo que se trata aquí es de una activación del núcleo político y
de una crítica simultánea de su propia época, Marx reprocha así a Hegel el que la
abstracción del hombre deje al hombre mismo fuera.
Cuando en Marx el [demos] facilitemos es puesto como sujeto de la política y no el
Estado, la realidad de la política se escapa al concepto y a su despliegue en sí
mismo, el Estado moderno según Marx, ignora este hecho y desactiva la
potencia del proletariado como sujeto de configuración mediante su praxis en el
propio mundo.
Ahora en Marx es el hombre real el sujeto de la política, el que se realiza en la
familia y la sociedad civil como hombre en concreto, ya no es el Estado el sujeto
de la oración y el hombre su predicado, sino que, a la inversa, el Estado es un
momento que se deriva de la estructura espiritual del hombre, el Estado comporta
así un momento al que se ha llegado también materialmente, encontramos una
preocupación fundamental por la libertad y su realización en el derecho y en el
mundo.
Sí bien el proletariado es el sujeto activo de la política, dicha praxis no puede
quedarse como momento abstracto sin realización, el Estado es la materialización
y realidad de esta práctica política. Marx reconoce el objetivo de la filosofía del
derecho como ciencia de la lógica, allí se ocuparía más de la realidad abstracta
del concepto, en esta medida reconocerá en Hegel un punto de partida necesario
y esencial en sus propias determinaciones.
FORO
Argumente, a quien le concedes la razón en sus posturas filosóficas, si a Marx o a
Hegel, primero, Marx asume que Hegel considera la realidad como datos de los
hechos mismos, bajo el mando de la Idea. [para Marx la realidad es el dios del
pensamiento, lo que es sujeto para Hegel]. Para Marx es predicado, pues los
hechos que retoma Hegel como datos no atienden su propia lógica, sino que son
una manifestación de la Idea diferente de los hechos.
TAREA
Ensayo, relativo a la no concordancia filosófica entre Marx con la dialéctica y los
contenidos de la filosofía de Hegel.