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Presagio - Gleen Black

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SINOPSIS

Ellos hicieron un juramento…


Una noche desbordada de pasión, unas horas donde actuarían como dos amantes desconocidos
con un único objetivo: Saciarse las ganas que los quemaba a ambos.
Era una noche y nada más…
Y la promesa iba bien, lo fue durante años. Fingieron en cada oportunidad donde se volvían a
reencontrar que esa llama había muerto. La Mafia seguía tirando sus hilos, el pasado gobernaba su
futuro, la sangre los convertía en un pecado, ¡Eran inmorales!
Ellos eran el secreto más peligroso. Su deseos impuros los convertían en enemigos, mientras la
pasión ardía a fuego lento.
La paz en la Mafia Italiana y La Bratva empezaba a tambalearse por el arrebato de dos cuerpos.
Ellos eran tentación sin cordura, dos amantes bailando la danza de la lujuria.
El verdadero amor sufre, y sufre en silencio.
Oscar Wilde
¿Cómo algo impuro puede sentirse tan bien…?
Somos el presagio de la guerra.

Nicklaus Romano
PROLOGO
“The Devil is a Gentleman”

S
u imagen estaba torturándome más de lo que creí. Mientras preparaba mi taza de café, no
paraba de imaginar su cuerpo desnudo en la maldita ducha. Escuchaba el agua caer y
sabía exactamente el tiempo que a ella le tomaría salir.
Odiaba aprenderme toda su rutina y a la par, no sabía hacer otra cosa que no fuera memorizar.
¿Por qué Don la había enviado conmigo? ¿No tenía a alguien más a quien torturar? Escuche el
agua detenerse, conté los tres minutos que duraba antes de salir y gemí cuando la puerta se cerró,
espere paciente escuchar los pasos con dirección a su habitación.
Debería ir allí… La línea de control se estaba agotando. Bebí de mi café amargo esperando que
fuera un trago de Whisky, pero eran las siete de la mañana demasiado temprano para perderme en
el alcohol y olvidar la tentación que tenía bajo mi techo. El aroma fresco de su acondicionador fue
lo primero que note, luego la presencia que se deslizaba en la butaca detrás del desayunador.
No debía mirarla, ¡no debía!
—Buenos días escorpión —dijo con esa voz melodiosa suya.
Cerré mis dedos con más fuerza alrededor de la taza. Ella me creía venenoso, sin comprender
que ella era quien ya me había infectado.
—El desayuno está listo, Don espera que hoy entrenes tu defensa y lo superes.
—Eres un aburrido —canturreó con burla.
Trataba en la medida de lo posible de mantener mi distancia y no delatar mis pensamientos
cochinos. Me gire, era una batalla perdida. Quería mirarla, siempre lo deseaba. Para ella yo estaba
de pie, siendo un come culo malhumorado. Era un jodido made man, mostrar la tormenta que traía
en el interior no era opción.
Mi polla se exaltó alegre mientras mis ojos curiosos analizaron con un rápido vistazo la criatura
en mi cocina. Gotas de agua en sus hombros y pecho, la toalla tapaba las partes que moría por
descubrir y meterme en la boca para saborear por la eternidad.
Su pelo marrón chocolate húmedo igual peinado hacia atrás me dejaba apreciar ese rostro joven
y malvado. Alaska Kozlova era una belleza, pequeña, menuda, ojos enormes e intensos azules
distintivos de los Cavalli. Es la pequeña hermana extraviada de mi jefe, del jodido Capo con la
cual fantaseo en poseer cada noche. A Satanás que me joda. Se paso la lengua por los labios y
aparte rápido la vista.
—¿Te incomodo? —pregunto con sus ojos oscureciéndose. Este juego morboso le encantaba—
. Si sigues evitándome creeré que soy horriblemente fea.
—Dudo que mi rechazo llegue a hacerte sentir de tal manera —revire rápido.
Eso la hizo sonreír. Se paro de la butaca, por mi parte me bebí el líquido caliente de golpe sin
apenas sentirlo. Ella se aproximó, dejándome ver esas piernas bajo la corta toalla. Se detuvo a mi
lado, mirando su plato servido y luego alzando el rostro, cerca del mío, tentador, caprichoso. Ella
era mi veneno. Abrí la boca soltando el poco aire que tenían mis pulmones, me incline lo hacía
idiotizado sin ser capaz de retroceder.
—Estaré lista en media hora —dijo, sus palabras apenas se registraron.
Busco mis labios con sus ojos pasándose la lengua por los suyos antes de girarse con rapidez.
Me quede rígido, sin moverme no tenia el suficiente control de no correr tras ella si pensaba en su
boca o cuerpo. La porcelana finalmente se rompió en mi mano, eso llamó su atención
engrandeciendo su sonrisa.
Le fascinaba tentarme, saber que la deseaba pero mi deber era mayor con la Famiglia. Ninguno
fingía aquí. Yo quería su cuerpo, lo anhelaba como un pescador perdido en el mar suplicando por
lluvia. Sostuvo su toalla deshaciendo el nudo sobre su pecho retándome con la mirada. Permanecí
impasible incluso cuando empezó a deslizarla, no moví mis ojos de los suyos los cuales
curiosamente eran idénticos.
—Mientras más intensa la mordida, más puro el veneno.
La toalla toco el piso de mi cocina mientras ella empezó a caminar fuera completamente
desnuda, dándome un vistazo de su espalda y ese culo en forma de corazón. La casa de campaña
en mi jodido pantalón iba a explotar. Las ganas me vencieron y camine hasta tener el trozo
esponjoso y húmedo de tela en mis manos. Como el adicto que era lo llevé bajo mi nariz aspirando
su aroma.
Iba a perder todo, solo por una pequeña mordida venenosa.
CAPITULO 01
“Deal with the Devil”
En el presente…

S
olo una persona en el universo me llamaría a las ocho de la mañana, de forma continua
hasta que responda. Y lo que es aun mejor, es al único a quien le permito tal acto. No solo
por ser mi capo, sino por cuidar de los míos y hacerme parte de los suyos, incluso si
vengo de la sangre traidora de Michael Romano. Empujo la pierna bronceada fuera de mi cuerpo,
sentándome en la cama restriego mi rostro, buscando mi móvil en la mesita de noche.
Tengo cinco llamadas perdidas… Joder.
Levanto los tres condones usados del piso, ¿a que hora me dormir? Mi mente es un desastres y
mi cuerpo no tiene el suficiente descanso. La mujer en mi cama gimotea, su pelo rojo cubriendo
mis sabanas blancas. Gruñendo de frustración me pongo de pie y voy al baño, tiro los condones al
escusado y marco la llamada rápida.
—Tienes quince minutos —sisea malhumorado.
—Trae café —respondo.
—Hijo de puta.
—Gracias —Corto la llamada. Desde que dejo rusia y se traslado a New York, su humor ha
sido una mierda. Deduzco que se debe a su lejanía de Roth Nikov, ya que El Capo y el ruso siempre
fueron inseparables. Me baño con agua fría, necesito despertar. No he dormido más de dos y cuatro
horas en los últimos meses gracias al tener a un inquieto Dominic Cavalli me lleva a trabajar doble.
Odio este departamento, no tengo suficiente ropa debido a que lo uso técnicamente para follar
y la que me quite anoche tiene la camisa manchada de sangre. Entro al closet y me pongo un
pantalón de vestir gris con una camisa azul, me arreglo el pelo observando el pequeño rasguño en
mi pómulo por la pelea de anoche. La satisfacción de saber que ese maldito esta muerto lo vale.
Mendoza, un narco del cartel mexicano quiso pasarse de listo interceptando cinco camiones que
pasaban Sinaloa a Estados unidos cargados de droga, creyó que podría jugar con nosotros y termino
muerto anoche. Cuando salgo a la habitación, Savannah William se encuentra sentada en la cama,
encendiendo uno de sus cigarrillos. Tenemos una transacción juntas, maneja uno de mis negocios
legales en Italia, follamos cuando quiero, sin compromisos y recibe el dinero que tanto ama.
—Mi vuelo sale en la madrugada, no creo que te vea hasta mi próximo viaje.
Cree que debe darme explicaciones de lo que hace, y tristemente para ella su vida personal no
me importa. Relleno el cheque tirando el papel a la cama, mira la cifra complacida.
—Don llegara en cualquier momento —digo, ya que no tienen la mejor de las relaciones entre
ellos. Cavalli la soporta por Emilie y Emma, y Savannah se lo traga para poder ver la niña.
—Una lástima, pensaba hacerte una mamada en compensación por tu generosa propina.
—No será necesario —digo guardando mi cartera y tomando mi arma. Ella se arrastra por la
cama, hasta pegárseme al cuerpo, sus manos rodean mi cuello y su lengua me lame la piel del
mentón. Nada, no siento absolutamente nada. Algo jodido tiene que sucederle a mi mente para
estar desprovisto de emociones, cuando una mujer hermosa me esta tocando y mi mente no percibe
nada… Fastidio, quizás porque está llenándome de baba. Empujo sus hombros despacio, hacia
atrás. Es hermosa, su pelo rojo, el bronceado natural permanente que luce, y su cuerpo curvilíneo.
En mi mente sigue siendo nada. Ella no espera besos o promesas de amor, no dudo que alguna vez
fue una chica que soñaba con romance, pero la mujer que yo conocí es fría, calculadora. Y solo
ofrece su cuerpo, para seguir teniendo los lujos que, gracias a eso posee.
La dejo detrás, caminando a la sala enciendo el mecanismo de abrir las ventanas justo cuando
Dominic irrumpe sin pedir permiso, obviamente. Uno de los soldados vienes detrás, con dos cafés
en sus manos.
—¿Dónde esta tu seguridad? —gruño la pregunta, porque estoy seguro de que antes de irme a
la cama verifique un escuadrón, donde tenía diez hombres competente y no un chiquillo de
dieciocho siguiéndolo.
—Soy capaz de defenderme.
—Eres el jodido capo de capos, ¡no puedes andar sin seguridad!
—Cuida tu tono conmigo —amenaza—. Hoy amanecí con ganas de asesinar, no quieres ser el
primero de la lista.
—Cuidare mi tono, cuando interpongas tu seguridad.
—Largate —sisea al chiquillo. Agarro uno de los cafés dando un trago. Es una basura, el café
americano apesta, pero es lo que hay—. Emilie salió de casa, envié la seguridad con ella.
—Según mi horario, ella no tenía ningún compromiso hoy…
—No me digas, genio.
Su humor es horrible, puede que sea porque su esposa se retiro el GPS de rastreo y ahora camina
en ciego con relación a su seguridad.
—Buscare un equipo para ella, los mejore por supuesto.
Se afloja el nudo de la corbata, si lo inspecciono vere las bolsas bajo sus ojos. No está durmiendo
bien. Desde el ataque en la mansión de Rusia, donde Damon Jr. resulto herido, la relación con su
familia se ha deteriorado.
—Eso me ayudaría, sin embargo estoy aquí por otros problemas.
—Neutralice a Mendoza, la carga ya está en Texas y tengo una reunión con la banda de
corredores…
—Tienes que cuidar a mi hermana —dice dejándome atónito.
—¿Qué? —cuestiono, según mis conocimientos, no tiene ninguna hermana. Entonces recuerdo
a la chica rusa, ¿Kozlova? Le ha dado trabajo en el casino, también entrenan juntos—. Pensé que
follaban, no que eran hermanos.
—¿De qué hablar?
—Esa chica Kozlova.
—¡Joder! ¿Por qué deduces que la follo? —sisea alzando las manos al aire.
—La entrenas, Don. Es tu sombra, le diste acceso a las cuentas de los casinos.
—No follamos, y no metas tu narices en mis mierdas. Mantente al margen —Camina a las
ventanas, a observar New York—. Tengo una hermana, ella no sabe que lo es y así debe
mantenerse. Necesito un hombre centrado cuidándola, ha estado dos semanas en una casa de
seguridad.
—¿Qué edad tiene? Podemos buscarle un campamento.
—No fue a la escuela convencional, pero es una genio. Sabe cuatro idiomas, y no puedo
encerrarla —su voz baja mientras lo dice. Es extraño verlo así—. Ella es como yo.
Y esa sentencia me atemoriza, controlar un Cavalli es suficiente.
—¿Edad?
—Dieciséis o diecisiete, no lo se.
—Bien, podemos manejar eso, es menor aún se tiene algún tipo de control…
—Ninguno —Me corta de raíz—. Tienes que verla para entenderme, es complicado
explicártelo, pero no confió en nadie más. No puedo llevarla a casa y tampoco dejarla sola.
—Es una chiquilla, Don. Puedo tenerla en mi departamento, ¿Cuánto tiempo necesitas?
—Tres o seis meses.
El teléfono interno del departamento suena, extrañado bebo un sorbo largo de café y descuelgo
la línea, es de seguridad avisando que cierta rubia esta subiendo al departamento. Autorizo su
entrada y debería decirle a don para advertirle, pero antes de abrir mi boca su esposa esta
ingresando, ella si viene con tres de los chicos que están asignados para Cavalli.
—¿Em? —cuestiona—. ¿Qué haces aquí?
La rubia gira sus ojos, le entrega a uno de los grandotes su bolso.
—Vino por mi —responde Savannah, saliendo de la recamara arreglada. Los ojos de Don se
trasladan a mi persona acusándome con solo una mirada, disimuladamente encojo mis hombros.
—Hola, Nicklaus —saluda la Joya Cavalli, ignorando a propósito a su marido.
—Reina —murmuro inclinando mi cabeza.
—¿Podemos hablar? —pregunta Don hacia su esposa, quien le sonríe fingida.
—Cariño, se me hace tarde estoy segura de que nuestra conversación puede esperar, ¿No?
Al Capo no le gusta discutir, tampoco que le lleven la contraria, pero con Emilie Cavalli tiene
un montón de concesiones. Y esta no es la excepción. Ellos están teniendo un problema enorme a
puertas cerradas de su matrimonio, para mi que los he visto enamorados y siendo la luz del otro,
se que algo entre ellos va terriblemente mal.
—Vamos, Nicklaus.
—Señor.
Él no desaprovecha la oportunidad de recalcarle a la Joya a quien pertenece, pues la agarra con
rabia y un segundo luego la besa. Le hago seña a la seguridad de girarse. Esta claro que, sea lo que
sea que atraviesan, Dominic no le dará una pelea justa y usara todo lo que tenga para mantener su
mujer a su lado.
Salimos en mi deportivo, con la seguridad detrás, va incomodo observando el retrovisor.
—Te diré algo, pero te pido calma —murmuro—. Emilie me pidió mantener otro GPS activo,
no debes preocuparte tengo dos dispositivos de seguridad siempre pendiente de ella.
—Gracias, por apoyarla. Es bueno que tenga a quien recurrir.
—No la dejaremos sola, jamás.
Manejo hasta la casa de seguridad que me indica a las afueras de New York, es raro que trajera
la chica a este lugar. Es una mansión vacía, demasiado grande y por lo que veo desolada. Hay
soldados de la Famiglia desplegados, pero también militares a los cuales no reconozco. Esta niña
es extremadamente importante para él o un peligro para los demás.
Bajamos de mi vehículo, cuando una señora nos indica donde esta la joven “Kozlova” porque
nadie parece llamarla Cavalli y recuerdo que menciono anteriormente, que ella no sabe que lleva
su sangre. No es difícil encontrarla, puesto que en el jardín tiene montando un tiro al blanco.
—Ella no duerme, es difícil de controlar. Le he comprado cada juego de lego disponible, armar
esas cosas la calma. Sabe, english, alemán, italiano y ruso. Nunca ha ido a una escuela, pues la
entrenaron para otra misión.
Me quedo paralizado, observando la figura pequeña. Es una chica, tiene votas militares verdes,
un pantalón de camuflaje y una playera negra, su pelo chocolate, muy parecido al de Dominic
amarrado en una coleta alta, con unos neutralizadores de sonido en las orejas de color rosa, por
ello no le molesta cuando dispara el rifle de alto calibre que descansa en su hombro. No se inmuta
por la fuerza de la descarga y hace cuatro descargar al tiro al blanco, destruyendo la madera.
—Necesita entrenar dos veces al día mínimo —continua Cavalli—, hace gimnasia y ejercicio
constante. No sabe usar un cuchillo, pero es buena con las armas y la tecnología.
—No —digo cortando su palabrería. Reconozco cuando hay algo que escapa de min control, y
esa chiquilla ya rebaso el nivel de Don, lo cual quiere decir que, ella es toda una joyita.
—Estuvo recluida en un Psiquiátrico, vivió en un burdel prácticamente su vida. No se inmuta
bajo la muerte o la sangre. Si la dejo a la derriba, en menos de una semana recolectare o su cerebro
o el de miles en New York.
La chica deja el rifle en la mesa delante de ella y luego sus neutralizadores, que lucen mas como
un par de audífonos de esos tontos que usan los chicos en internet hoy en día, pero esta chica no
es como ellos, ni por asomo.
—Señorita, Kozlova —Llama Dominic. Entonces el problema alza la mirada hacia nosotros,
por encima de su hombro. Su pelo se mueve del otro lado y ella se queda analizándonos a la
distancia, antes de que una sonrisa que haría temblar a un hombre normal aparezca en su rostro.
Ella sabe que es mala y lo disfruta.
—Espero que, vengas a decirme que mi hermana está de regreso, señor Cavalli.
—Quiero presentarte a alguien.
Empezamos a caminar hacia ella y me guardo las manos en mis bolsillos sin parpadear
observándola. Es como un depredador herido, que te advierte con la mirada y su lenguaje corporal
que, solo una provocación es suficiente para acabarte.
—Nicklaus Romano, Italiano quien es tu mano derecha o debería llamarlo reemplazo.
Aprieto los dientes, para que no vea en mis facciones el odio por su provocación.
—La dama conoce demasiado de mi persona, perdone que yo desconozca de la suya —murmuro
sin medirme—, al parecer no es usted muy relevante.
Sus ojos están oscuros, en un punto donde he vistos los de Dominic dos veces así, cuando
asesino a Michael Romano y cuando atacaron su familia. Ella tiene esa misma aura. Su cabeza se
inclina hacia un lado, tiene pequeñas pecas en su nariz y mejillas, el rojo en ellas no es de sonrojo,
parece de esfuerzo, ¿desde que hora esta en el jardín?
—Umm me parece que lo contrario, si el mismísimo capo dejas sus compromisos para venir a
vigilarme —apostilla con burla. Touche—. Supongo que te contaron las buenas nuevas.
—No puedes…
—¿Cortarle la lengua y ambas manos a unos de tus estúpidos por tocarme?
Joder. Don cierra la boca y traga saliva.
—Me disculpo, nuevamente es algo que no sucederá.
—Me entretuvo —Ella responde suspirando—, lastima que no duro mucho. Se desangro muy
rápido.
Entrecierro mis ojos.
—¿Por qué? —Me escucho preguntar, encandilado con la pequeña sanguijuela.
—Bueno, las tijeras de jardinería no fueron muy buena idea y no cortaban el hueso. Debí usar
una cierra —musita pensativa—. Y luego quería su lengua, pero no tenia un cuchillo.
—¿Y que usaste?
—Mi rifle —responde fría, sin una pisca de sentimiento en su voz. Ella no tiene salvación.
Le haría un favor si le disparo a la cabeza en este instante. No hay nada humano en ella.
—Esta psicótica —indico viendo a Dominic.
—Eso no es muy educado, señor Romano —dice dando tres pasos en mi dirección. Al pararse
frente a mí, su estatura queda bajo mi pecho, mientras su seguridad y actitud anda por el cielo—.
¿Crees que fui muy cruel? ¿Por qué le quite las manos a un asqueroso?
—Tus manos están temblando —susurro inclinándome hacia ella, sin perder detalles de sus
ojos—. Tienes sudor en la frente, pareces estar en abstinencia ¿cierto? Y tus labios están resecos,
sin mencionar que tus pecho se mueve con irregularidad.
—¿Estabas mirándome las tetas y los labios? Mmm eres un chico muy sucio —reta logrando
ponerme nervioso, no le miraba los labios de esa manera—. Te explicare, asesine un hombre, pelee
con siete y mira a tu alrededor, ¿ves esos militares? No están aquí para protegerme, sino para
contenerme. Y tu capo —Escupe con desprecio—, sabe cuanto odio sentirme encerrada.
Un movimiento, ella tiene los cojones de alzar su mano, es simple y rápido hacia Dominic. Mis
instintos toman dominio y control tanto de mi cuerpo como de mi mente. Don grita mi nombre,
cuando agarro la chiquilla, girando su cuerpo, el objeto de su muñeca cae al piso y ella se ríe, hace
intento de buscar algo a su espalda, creyendo que es un arma atrapo sus manos y neutralizo ambas
frente a ella, con una de las mías, mientras la otra le rodea el cuello.
—No quieres jugar ese juego —advierto apretando mi agarre.
—Respuesta defensiva en menos de dos segundos —murmura intentando mirar a Don—. Tu
juguetito es bueno.
—Suéltala, esta jugando contigo —anuncia—. Una de sus mejores tácticas es la manipulación
Psicológica.
—Joder —exclamo soltándola, doy un paso atrás de inmediato. El pequeño demonio muestra
sus dientes, sonriendo abiertamente.
—Me llamo psicótica —dice parpadeando, al hacerlo parece una niña inocente.
—Era una pluma —explica Dominic pegándome en el pecho con dicho objeto. Una pluma
plateada, que parecía dirigirse a su cuello.
—Entonces chico sucio será mi nueva niñera…
—No —respondo yo.
—Si —contradice Don—, con él no tienes que temer. Te doy mi palabra de que, no te tocara
jamás de forma inapropiada. Nicklaus Romano tiene mi total confianza.
—Don, la chica necesita un Psiquiátrico, lo siento pero si no te das cuenta alguien debe
decírtelo. Asesinar un hombre no será suficiente.
—Tienes una boca muy venenosa —reta la chiquilla.
—No ira a un Psiquiátrico —gruñe mi Capo—, vas a cuidarla y protegerla hasta que te lo
indique. Y se la entregaremos a Kozlova cuando regrese. Ella se hará cargo.
—Sigo aquí, no hablen sobre mi actuando como que soy incompetente o cabeza hueca —
demanda el problema monumental que tengo delante.
—Ve por tu bolso, te vienes con Nicklaus en este momento.
—Respira, escorpión. Seré una niña buena…
Esto es una locura y que Don no lo vea es aun peor. Ambos nos apartamos para que pase entre
nosotros, se dirige hacia la mansión silbando, tranquilamente. Esta desquiciada, es una bomba en
potencia. Si pensaba que Cavalli seria un arma letal es porque no conocía a esta chiquilla.
—No tiene emociones, alguna conexión, humanidad… Dime que estas viendo lo que yo, ¡joder,
Don!
—Tiene una conexión con Avery Kozlova, pero si, tienes razón. No hay una onza de
sentimientos o emociones en ella. Manipula por diversión, cuando se aburre causa desastres por
doquier.
—Si la llevo conmigo, voy a asesinarla —advierto.
—Estoy mas preocupado de que ella sea quien te asesine —Y en el tono de su voz, la
preocupación es tangible—. No tengo a nadie quien la pueda cuidar, y sé que tu jamás la tocarías
o lastimarías.
—¿La abusaron? —pregunto, ese seria un detonante.
—Como te dije, su vida se forjo en un burdel… de la mafia rusa. Lamentablemente, no hay
nada inocente o bueno en ella.
—Mierda.
—Es tu responsabilidad, confió en ti.
Está dándome un problema, una carga que incluso para su persona sobrepasa sus límites. La
chica regresa treinta minutos mas tardes, con una bolsa de guerra en su hombro y cinco hombres
a su espalda cargando su equipaje. No tengo idea del infierno al cual me enfrento, pero si la mirada
en sus demoniacos ojos dice algo es, que será ella quien se piensa divertir conmigo.
Esto será un desastre de proporciones épicas… no sé cómo mantendré la cordura, si le tomo un
segundo sacarme fuera de control.
Y yo siempre he tenido control sobre mí, la chiquilla lo fracturo, y lo que es peor.
Ella lo sabe…

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