“Estas miserias individuales y sociales (...) desaparecerán (...
) ante la proximidad del
león, cuando el proletariado diga “Yo quiero que terminen”. El proletariado debe aplastar
con sus pies los prejuicios de la moral cristiana, económica y librepensadora; debe retornar
a sus instintos naturales, proclamar los Derechos de la pereza, mil veces más nobles y más
sagrados que los tísicos Derechos del hombre, proclamados por los abogados metafísicos de
la revolución burguesa; que se limite a trabajar no más de tres horas por día, a holgazanear
y comer el resto del día y de la noche”.
Con estas palabras, Paul Lafargue defendía en su libro “El Derecho a la pereza” el
“sueño de la abundancia y el goce, de la liberación de la esclavitud del trabajo” siendo una
respuesta a la imposición capitalista del trabajo, pretendiendo pelear un relato, una
construcción ideológica. Proponiendo la revolución social por parte de los obreros para
culminar los derechos al bienestar y satisfacer nuestras necesidades espirituales humanas.
En esta sociedad capitalista donde el trabajo es la causa de toda degeneración
intelectual, consigue que el individuo obrero llegue a su agotamiento vital, dando como
resultado la creación de hombres, mujeres y niños miserias sociales. En el primer capítulo
habla sobre “un dogma desastroso”, donde intenta explicar que el amor al trabajo se ha
apoderado de las clases obreras. Parte de la base del querer trabajar cuanto más mejor y que
la vida sólo tiene sentido si te realizas por el trabajo, ya que una vida sin trabajo no tiene
sentido porque no tienes sustento, siendo esta una idea equivocada ya que produce todos los
efectos negativos de la sociedad "traicionando sus instintos y olvidando su misión histórica,
todas las miserias individuales y sociales nacieron de su pasión por el trabajo".
En el siguiente capítulo Bendiciones del trabajo, analiza las consecuencias de la crisis
de superproducción que consideraba inevitable en el sistema económico burgués, y que se
manifestarían por la ruina de los capitalistas, el paro y la miseria de los trabajadores.
“Como hay abundancia de mercancías y escasez de compradores, se cierra la fábrica y el
hambre azota las poblaciones obreras con su látigo de mil correas”.
Hablando claro y pronto, Lafargue explica el término de desindustrialización de un
país. Como la gente no tiene trabajo porque cierran las industrias, no tienen dinero para
consumir los productos de estas y por ende, cerrarán más. Si el obrero no tiene dinero no
puede gastar, y si no puede gastar no se incentiva la producción, y si no se incentiva despides
a más obreros.
También nos explica cómo es el capitalismo “mientras que el fabricante tiene crédito,
alienta sin cesar la pasión del trabajo”, fabricando tantas mercancías que llega un momento
donde el mercado se satura y ya no da beneficios, recurre al banquero, el “judío”, para
conseguir un préstamo. Siendo este también una explicación a los fondos buitres, es decir,
cuando una empresa colapsa y el fondo buitre se lo queda por una décima parte del valor real
de la empresa en quiebra, luego este lo vende por una cantidad mucho más mayor y así ser
rentable.
También se adentra a criticar al maquinismo en Las consecuencias de la
sobreproducción. El autor hace un ejemplo claro de la pasión ciega del trabajo en los obreros,
convirtiéndose en servidumbre de aquellos hombres libres.
“Una buena obrera hace con el huso sólo cinco mallas por minuto; algunos telares
circulares hacen treinta mil en el mismo tiempo. Cada minuto a máquina equivale entonces a
cien horas de trabajo de la obrera; o bien cada minuto de trabajo de la máquina da a la
obrera diez días de descanso”. Los obreros torpemente compiten con las máquinas llegando
a trabajar festivos y fines de semana.
Por otro lado, la clase capitalista o los burgueses, está condenada a la pereza y a
disfrutar forzosamente, debe ser improductivo; condenados a la abstinencia cumpliendo su
doble función social como no productor y de sobreconsumidor. Pagando de esta forma la
transformación que se inició en el siglo XVi en adelante con múltiples cambios como la
imposición de la modernidad y por ende, el sistema capitalista, el industrialismo… Estas
transformaciones desarraigaron a los campesinos y los convirtieron en trabajadores
industriales, mientras que los burgueses se adaptaron a su nuevo estilo de vida y desde ese
instante hasta hoy en día, repelen la obligación del trabajo y la limitación del goce.
Un poeta griego de la época de Cicerón —Antíparos— cantaba en los siguientes
términos la invención del molino de agua (para la molienda del trigo), iba a emancipar a las
mujeres esclavas y a traer la edad de oro:
«¡Ahorrad el brazo que hace girar la piedra, oh molineras, y dormid tranquilamente!
¡Que en vano os advierta el gallo que es de día! Dánae ha impuesto a las ninfas el trabajo de
las esclavas, y ahí están brincando alegremente sobre la rueda, y ahí está el eje sacudido que
con sus rayos hace girar la pesada piedra. Vivamos de la vida de nuestros padres y
gocemos ociosos de los dones que la diosa concede.»
“Lamentablemente el ocio que el poeta pagano anunciaba no llegó; la pasión ciega,
perversa y homicida del trabajo transforma la máquina liberadora en un instrumento de
servidumbre de los hombres libres: su productividad los empobrece”
“Una buena obrera no hace con su huso más de cinco mallas por minuto; ciertas
máquinas hacen treinta mil en el mismo tiempo. Cada minuto de la máquina equivale,
por consiguiente, a cien horas de trabajo de la obrera, o, lo que es igual: cada minuto de
trabajo de la máquina concede a la obrera diez días de reposo. Lo que es cierto para la
industria de los tejidos lo es, más o menos, para todas las industrias renovadas por la
máquina moderna. Pero ¿qué vemos? A medida que la máquina se perfecciona y sustituye
con una rapidez y precisión cada vez mayor al trabajo humano, el obrero, en vez de
aumentar su reposo en la misma cantidad, redobla aún más su esfuerzo, como si quisiera
rivalizar con la máquina. ¡Oh competencia absurda y asesina!”
Si de alguna manera, producir el cambio en la industria con trabajo manual es
superado por la máquina y hace falta menos esfuerzo, lo que recalca Lafargue es que, es de
sentido común que se le dedique más tiempo al ocio, más tiempo a completarse
humanamente, a lo que quiera. Pero si hay máquinas haciendo tu trabajo significa que ya no
deberías de hacerlo tú y sin embargo, estas aumentan la productividad pero se trabaja más
horas, siendo totalmente ridículo.
"El fin de la revolución no es un triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad y
demás embustes con que se engaña a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos
posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución
habrá que pensar en divertirse.”
“Ante esta doble locura de los obreros de matarse trabajando con exceso y de vegetar
en la abstinencia, el gran problema de la producción capitalista no es ya el de encontrar
productores y de duplicar su fuerza, sino de descubrir consumidores, gente que consuma.
Excitar sus apetitos y crearles necesidades ficticias”Esto es la publicidad. Nos crea
necesidades ficticias y sólo nos causa satisfacción comprar algo. También la obsolescencia
programada, teniendo cero sentido crear una navaja de afeitar que pueda durar 30 años a una
que sea desechable, porque así necesitas ir comprando y entonces la industria va generando
producto continuamente:
“La productividad de los obreros europeos desafía todo con su derroche. Ciertos
industriales compran jirones de lana sucia a medio pudrir y fabrican con ella un paño
llamado renaissance que dura tanto como las promesas electorales (...) Todos nuestros
productos son alterados a fin de facilitar su salida y abreviar su existencia”
Otro aspecto de su ensayo es la crítica que hace al progreso, representando una
versión de la creencia cristiana en la providencia. Su origen viene dado por la concepción de
los clásicos griegos (Idea de la semilla) y de la tradición religiosa judía (idea de la futura
época dorada). Pero no existe un consenso en torno a las fuerzas motrices de este,
encontramos en un primer estadio fuerzas sobrenaturales como deidades o destino, y en un
segundo estadio el dominio natural secularizado en tendencias inherentes a la sociedad
responsables de los procesos sociales.
Siendo Paul Lafargue un pionero del hedonismo y la libertad sexual:
“Los socialistas revolucionarios deben, por consiguiente, volver a empezar la lucha
sostenida en su tiempo por los filósofos y los panfletistas de la burguesía; deben asaltar la
moral y las teorías sociales del capitalismo; y extirpar, de la mente de la clase llamada a la
acción, los prejuicios sembrados por la clase dominante; deben proclamar, a la faz de todos
los hipócritas de la moral, que la tierra dejará de ser el valle de lágrimas de los
trabajadores; que en la sociedad comunista que nosotros fundaremos —pacíficamente, si es
posible; si no, violentamente— las pasiones humanas tendrán rienda suelta, ya que «todas
son buenas por naturaleza; sólo debemos evitar su mal uso y su exceso» , y esto último sólo
se evitará con el contrabalanceo mutuo de las pasiones y con el desarrollo armónico del
organismo humano, puesto que —dice el Dr. Beddoe—, «sólo cuando una raza alcanza el
máximo de su desarrollo físico llega también al más alto grado de su vigor moral». Tal era
también la opinión del gran naturalista Charles Darwin”
Por último, Lafargue propone una reducción de las jornadas laborales a 3 horas como
máximo para poder mejorar el nivel adquisitivo de la clase trabajadora. Esto es la solución
ante la crisis de superproducciones periódicas y se interpone ante el beneficio económico. Se
trata de lo utópico pero no ilógico del todo el planteamiento; el reducir las jornadas
manteniendo el salario equivaldría a eliminar la plusvalía y así eliminar las ganancias de los
dueños de los medios de producción.
¿Es el trabajo la vía para lograr la realización personal? ¿Por qué la clase trabajadora
vive mal aunque crea el capital? ¿El trabajo garantiza el bienestar y el desarrollo colectivo?
El Derecho a la pereza no sólo logra comprender cómo se desarrollaba el movimiento
revolucionario para la época, sino también analizar y confrontar contextos para comprender
las relaciones de producción que se manifiestan en la sociedad. De esta forma, cabe ponderar
lo significativo que resulta en pleno siglo xxi, consiguiendo que pensemos y critiquemos los
dogmas del esfuerzo y la superación individual que va ligada con el amor y el culto al trabajo
industrial por parte de la clase obrera.
Paul Lafargue no se esperó a la revolución marxista y se puso ante las crisis
recurrentes del capitalismo que tanto hacía temblar al pueblo por excesos de producción que
no se vendían; la revolución obrera no sería tanto la solución, sino modificar la importancia
que tiene el trabajo en la sociedad y el tiempo que dedicamos a él. Si existe un exceso de
producción es porque durante un determinado tiempo se ha trabajado en exceso, mientras que
los burgueses aumentaban sus beneficios. Pero el autor se pregunta ¿Por qué no se debe
disminuir el trabajo si se ha trabajado en exceso? Si todos los obreros trabajaran 3 horas al
día, nunca habría saturación de mercado.
Este sistema económico que nos empobrece y nos reduce a objetos de producción por
dentro y por fuera, que sólo los pobres fabrican cosas para que se agoten antes y así volver a
producir consumo; que ha desestructurado culturas y ha generado guerras (la del
Opio)...Contra el capitalismo Lafargue dice basta, desde un punto de vista romántico pero
conciso, usando ideas y hechos.