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La Prueba de Hidalguia en El Derecho Indiano

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LA PRUEBA DE LA HIDALGUIA EN EL DERECHO INDIANO ; por Luis Lira Montt El estudio del Derecho Nobiliario castellano proyectado hacia la América Espafiola, como el de tantas otras instituciones juridicas trasplantadas por la Corona al Nuevo Mundo durante el perfodo indiano, comprende un sinnumero de t6picos de suyo complejos y dificiles de abordar en forma breve y esquematica. Pieza clave de este complicado engranaje es, entre otras, la relativa a la prueba de la hidalguia, no sdlo porque tal materia es fundamental dentro de la ciencia nobiliaria en general, sino porque particularmente a través de su detenido anilisis es posible aquilatar las peculiares carac- teristicas que tuvo la nobleza en Indias. El tratamiento metédico del tema obliga, a nuestro juicio, a conside- rar cuatro aspectos basicos en él, a saber: 1) el concepto juridico de la hidalguia espafiola; 2) su manifestacion y efectos en el Derecho Indiano; 3) los actos positivos de hidalgufa validos en Indias; y 4) el régimen legal probatorio. Tnnecesario parece advertir que, por la indole del presente trabajo, sdlo nos sera permitido bosquejar aqui las Iineas generales de tan vasta materia. De paso también diremos que la variada y abundante casuistica que mencionamos oportunamente procede, en su mayor parte, de notas que hemos ecogido de fuentes originales que se conservan en nuestro Archivo Nacional. 1. Ex Concerto Jurfpico DE La HipaLcufa En la doctrina nobiliaria hispanica se acostumbra distinguir tres cla- ses de nobleza: a) la nobleza de sangre; b) la nobleza de privilegio; y c) la nobleza de cargo. A la primera de ellas se la conoce propiamente con el nombre de shidalguia”, vocablo definido en la Ley 3#, Titulo XXI, Partida 2¢ del Rey Alfonso X el Sabio, en los siguientes términos: “Fidalgufa es nobleza que viene a los omes por linaje”. Se entiende, entonces, por “hidalgufa” la “nobleza de sangre”, esto es, la que se adquiere por él hecho de nacer hijo de padre noble con vapa- cidad legal de transmitirla ', Esta clase de nobleza es por su esencia here- ditaria o trasmisible. Y de ello resulta ser que el noble de sangre, deno- minado también “hidalgo” 0 “hijodalgo”, es el individuo que ha here- dado la nobleza de sus ascendientes y que, a su vez, es habil para trasmi- tirla a sus descendientes. 1 MARQUES DE SIETE IGLESIAS, y Herdldica, Ediciones Hidalgufa, Ma- Nominacién de la Nobleza, Apuntes drid, 1960, pag. 105 y sgtes. Genealog de Nobiliaria y Nociones de 131 132 Luis Lira Monit Ahora bien, aparte de la descrita —que es la hidalguia por excelencia, conocida como hidalguia “de sangre” o “natural” en el plano doctrinario— existe también la hidalguia “de privilegio” o “accidental”*, A ella se re- fiere la Ley 6%, Titulo XXVII, Partida 2, cuando dispone: “Puédeles (el soberano) dar onrra de fijosdalgo a los que no lo fueren por linaje”. Tal clase de hidalguia, que por su naturaleza emana de la libérrima voluntad del monarca, puede ser, o bien sélo personal, o bien hereditaria, segin los términos de la concesién®. Un clasico ejemplo de lo segundo se halla en el otorgamiento de los Titulos de Castilla, los cuales por su origen proceden de particulares privilegios de hidalguia conferidos por el rey con caracter hereditario. Pertenece también a la categoria de nobleza o hidalguia de privilegio, Ja que en doctrina suele Ilamarse “nobleza de cargo”, es decir, la inheren- te a determinados empleos o cargos que tienen la facultad ‘de comuni- carla a quienes los desempefian ‘. La nobleza de cargo més caracteristica corresponde al ejercicio de las armas, la justicia y la administracién publica’. Esta nobleza es gene- ralmente “personal”, 0 sea, circunscrita al titular del cargo. Mas, en casos de excepcién puede’ ser legalmente “hereditaria”, vale decir, trasmisible a sus descendientes, cual sucede en el especifico caso de los capitanes y oficiales de mayor graduacién, al que habremos de referirnos mas ade- ante. De lo dicho viene a resultar que, si bien la nobleza de sangre (0 “hidal- guia” propiamente tal) es la unica por su esencia “hereditaria”, las lla- madas “de privilegio” y “de cargo” también pueden excepcionalmente llegar a serlo, ora por los términos de su concesién, ora por el ministerio de la ley. Empero, es menester advertir todavia otro aspecto esencial en torno de esta materia: Tanto la “nobleza de privilegio” como la “nobleza de cargo”, aunque nazcan con caracter personal no hereditario, son suscep- tibles de convertirse en “nobleza de sangre” con el transcurso del tiempo. Ello viene a ocurrir en la tercera generacién, como resultado de un com- plejo proceso juridiconobiliario, que no es posible explicar en breves palabras y que se asemeja a lo que acontece con la adquisicién del domi- nio “por prescripcién” o “usucapién” en el Derecho Civil. Asi, si durante tres generaciones, abuelo, padre ¢ hijo, han desem- pefiado cargos que llevan consigo “nobleza personal”, ésta’se convierte en “nobleza de sangre” en el tercero de aquéllos por’el sdlo ministerio de Ia ley. Se ha producido en tal evento lo que los tratadistas denominan “nobleza de sangre legal”, esto es, ‘la que se adquiere de derecho después de haber estado tres generaciones en su posesién” *, en conformidad a lo dispuesto en la Real Pragmatica de 1623, de Felipe IV’. 2 MARQUES DEL SALTILLO, Histo. _ * MARQUES DE SIETE IGLESIAS, ria Nobiliaria Espafola, Madrid, 1951, Op. cit., pag. 105. Tomo I, pag. 40 y sgtes. 7 Novisima Recopitacion de Leyes de 3 Fundamentos Nobiliarios, publica- Espatia, Libro XI, Tit. XXVIL, Ley XXII, ciones de la Asociacién de Hidalgos a Actos positivos para ta calificacién y Fuero de Espafia, Madrid, 1962, pag. 2 prueba de limpieza y nobleza con las y sptes. prevenciones de esta’ ley (D. Felipe 1V “MARQUES DE SIETE IGLESIAS, en los capftulos de reformacién de la Op, cit pag. 110 Pragmética de 10 de febrero de 1623, S MARQUES DEL SALTILLO, Op. Cap. 20). cit, Tomo I, pag. 16. Ta prueba de la hidalguia en el derecho indiano 133, Sobre este punto, que reviste una importancia capital para la materia en estudio, volveremos después cuando tratemos los actos positivos de hidalguia y su eficacia probatoria. 2. MANIFESTACION Y EFECTOS DE LA Hipatcufa EN INDIAS Los Reyes de Castilla, sin dar de espaldas a una institucién tan anti- gua y espafiola como era la hidalguia, dispusieron trasplantarla al Nuevo Mundo a través de la sabia legislacién indiana, para que influyera en el modo de ser y de vivir del nucleo social hegeménico*. El hidalgo era la creacién humana original y exclusiva de Espafia, y parecfa conveniente su supervivencia en ultramar. El estado noble en jas Indias se nutrirfa y estaria compuesto por segundones peninsulares, militares, letrados, sujetos de “capa y espada”, eclesidsticos, beneméritos y encomenderos (abundando entre ellos los Titulos de Castilla y los habi- tos de las Ordenes Nobiliarias), que alrededor de los virreyes y autori- dades significara un traslado del plano social jer4rquico de la metrépoli, y que a la vez proporcionase los elementos idéneos para la administracién publica indiana. Para tales fines la Corona auspicié una abierta polftica que podria- mos lamar de “promocién nobiliaria”, la cual se tradujo en una amplia gama de disposiciones legales y administrativas, que ya hemos analizado en otra ocasién ®. Y dentro de ellas es dable distinguir unas que recaen de Meno en lo nobiliario y otras que, sin serlo directamente, conducen en forma indirecta a la adquisicién de la hidalgufa. Entre las primeras, cabe mencionar los privilegios de nobleza parti- culares y generales concedidos a los conguistadores y primeros pobla- dores, los Titulos de Castilla otorgados a los indianos, las mercedes de habitos de Ordenes Militares, la creacién de cuerpos castrenses y cole- gios para la nobleza hispanoamericana, como lo fueron Ia Compafifa de Caballeros Americanos de Reales Guardias de Corps y el Real Colegio de Nobles Americanos de Granada, etc. Y entre las segundas, podemos advertir una profusion de normas legales que, sin ser propiamente carécter nobiliario, regulan de manera indirecta el acceso a la “nobleza de cargo”, base previa para alcanzar la hidalguia de sangre legal en mil- tiples casos. La aplicacién prdctica de este conjunto de normas, de la que existen abundantes testimonios en el Archivo Nacional de Chile y en muchos otros repositorios americanos y espafioles, pone de relieve la forma en que se manifestaba la hidalgufa en Indias. Manifestaci6n clara e inequi- voca, reiterada en los hechos y en el derecho, en tal grado de evidencia que, a nuestro juicio, no admite dudas acerca de su existencia en el Ambito juridico-social indiano ‘Con todo, creemos necesario recalcar lo expuesto porque hay autores a quienes les es confusa esta realidad, debido a que en América no existié la distincién entre hidalgos y pecheros a la usanza castellana, por cuanto ® JESUS LARIOS MARTIN, Hidal- villa, julio 1951, pags. 329-357. putas e Hidalgos de Indias, publicacio. * LUIS LIRA MONTT, Bases para nes de la Asociacién de Hi ‘aFue- un estudio del Fuero Nobiliario en In- ro de Espafia, Madrid, 1958, pag. 3 y dias, Boletin de la Academia Chilena de sgtes.; Richard Konetzke, La Formacién la Historia, N* 89, Santiago, 1975 (en de 1a Nobleza en Indias, Revi ). tudios Americanos, Vol. IIT, Nt 10, Se- 134 Luis Lira Montt en Indias todos los espafioles, asi nobles como plebeyos, se encontraban exentos del pago de “pechos” por voluntad de los Reyes Catélicos, quie- nes por Real Cédula de 1499 declararon por “libres y francos” a los que pasaban a radicarse en sus territorios; y tampoco habia “mitad de ofi- cios” en los ayuntamientos, esto es, composicién mixta por mitades de los representantes del Estado Noble y del Estado Llano. Ya nos hemos hecho cargo de tales objeciones en anteriores mono- graffas", y no juzgamos oportuno explayarnos aqui sobre el particular. Sin embargo, por la trascendencia que reviste este punto dentro de la materia que ahora abordamos, podemos resumir sus alcances en los si- guientes términos. Es cierto que en Castilla y otras regiones de la peninsula la diferen- cia entre hidalgos y hombres Ilanos se manifestaba principalmente (aun- que no tinicamente) por Ja exencién de la carga tributaria concedida a los miembros de la nobleza y por la forma mixta de componer los ayun- tamientos. Pero es igualmente cierto que en otras regiones de Espafia —como en las poblaciones de behetria, Andalucia y las islas Canarias— estas reglas no tuvieron vigencia "'. Por tal causa, en los lugares aludidos —cual lo expresa un tratadista espafiol— “el mecanismo de la prueba nobiliaria resulta mucho més complicado que en Castilla: queda confiada a la reputacién publica, a la prueba testifical y a la de haber ejercido los cargos honorificos” #. Situacién que, si se compara, es en todo similar a la producida en América, donde la Corona implanté también un régimen de excepcién frente al sistema castellano y donde, por lo tanto, la hidal- guia se habria de manifestar de un modo diferente. Asi también lo ha entendido Lohmann Villena, cuando afirma: “Como consecuencia de esa situacién juridica, prevalecia (en Indias) solamente un conjunto de normas admitidas por comin consenso, con vardcter de consuetudinarias, en virtud de las cuales la separacion entre hijosdalgo plebeyos tenia su base en la capacidad para desempenar ciertos cargos onorificos, autorizacién para ocupar asiento en los estrados de Audiencias, resultar clegido Alcalde “de fuera” de los Ayuntamientos, per- tenecer a ciertas cofradias, como la del Santisimo Sacramento, en Méxi- co, o la Veracruz, en Lima, que sdlo admitian a hijosdalgo, intervenir en las fiestas reales y torneos publicos, tener parte en los certamenes de juegos de cafias y, en fin, no ser aprisionados por deudas civiles, ni some- tidos a tormento” ?. Por otra parte, insistimos, constituiria un magno error pensar que la hidalguia en Castilla se manifestaba exclusivamente por la exencion de pechos y que los hidalgos castellanos sdlo tuvieran en vista la liberacién de dicho gravamen tributario cuando alegaban su nobleza. En las Reales Chancillerfas y Audiencias de la peninsula la prueba de la exencién de pechos era una de tantas de las invocadas en los pleitos de hidalgufa, pero no la unica. 19 LUIS LIRA MONTT, La Distincién tado de’ Hidalgos, N: 140, Madrid, Agos- de Estados en Indias, Gacetilla del Es- tado de Hidalgos, Nr’ 17, Madrid, Octu- bre 1961, pags. 121-127; idem., Otras no- ticias sobre 1a Distincién de Estados en Indias, Gacetilla N* 28, Madrid, Noviem- bre 1962, pags. 193-200. Vid. también no- ta 9, 3 CONDE DE GAVIRIA, La Distin- cidn de Estados en una ciudad andaluca durante el siglo XVIII, Gacetilla del Es- to 1973, pag. 62 y'sgtes. PiGikae Df CADENAS, Princi- pales pruebas de nobleza de cardcter re- gional, en Apuntes de Nobiliaria.... pig. sgtes. 3 QUitLermo LOHMANN. VILLE. NA, Los Americanos en las Ordenes No- bitiarias (1529-1900), Madrid, 1947, Tomo 1, pag. XV. Ta prueba de la hidalguia en el derecho indiano 135, Asimismo, importarfa tener un menguado concepto de lo que signi- ficaba la hidalgufa espafiola, suponer que el tinico mévil que guiaba a Jos litigantes en los referidos pleitos fuese el interés pecuniario. No debe olvidarse que los mandos del Imperio espafiol estaban destinados a ser ejercidos por la nobleza, y que quien fuera hidalgo, a mds del honor que implicaba el serlo, quedaba habilitado para ser preferido en las provisio- nes de los empleos politicos, militares, judiciales y eclesidsticos. Y esto era tan valido en Espafia como en América. Llegamos aqui a lo que podriamos Hamar los “efectos de Ja hidal- guia”; 0, visto desde otro dngulo, a la necesidad de entrar a determinar cuales eran los objetivos que perseguia la prueba nobiliaria en las Indias. En primer lugar, y por las razones ya apuntadas, debemos descartar los motivos de orden tributario. Si en América todos los espajioles, tanto peninsulares como criollos, estaban exentos del pago de pechos, resul- taba innecesaria la prueba de nobleza destinada a tales fines. De otro lado, la calidad de hidalgo no exoneraba del pago de ciertas gabelas, como los impuestos de alcabala y almojarifazgo "; situacién semejante a la que imperaba en ciertos territorios peninsulares, verbigracia en Andalucta, donde nobles y plebeyos debfan pagar por igual el impuesto al consumo de la carne, En segundo lugar, cabe insistir en la causal de orden general, ya mencionada. El hidalgo que aspiraba a un cargo publico o a una merced de encomiendas afianzaba su peticién con la prueba de hidalgufa, porque Ia Corona daba preferencia a los nobles para su otorgamiento 0 provi- sion Y en tercer lugar, podemos citar ciertas causales de indole particular, las cuales implicaban el reconocimiento del fuero nobiliario personal de quien las aducia con algin fin determinado, previsto en la legislacién vi- gente en Indias. En el curso de nuestras investigaciones hemos anotado un conjunto heterogéneo de ellas (algunas ya sefialadas por el tratadista Lohmann Villena) y que enumeramos a continuacién por via de ejemplo, sin pre- tender, por cierto, que tengan el cardcter de taxativas: a) Para no ser sometido a prisién por deudas tiviles, ni ser ejecutado en sus bienes"”. b) Para que no se le aplique tormento en causas criminales ". c) Para que se le dé asiento en los estrados de las Reales Audien- cias y en las salas de los Ayuntamientos ”. 4 Recopilacién de Leyes de Indias, VI, Tit, Il, Leyes 4y 5. Libro 8, Tit. XIII, Ley 1; Libro 1, Tit. ++; Novisima Recopilacion, Libro, Vi, XVI, Ley 17; Ti, XIX, Ley 15; Libre tt, aye; Wh Leyes 1, 1X, XI, XU y XIV. Tit. XXII, Ley i7. Vid. Lohmann Ville- Vid. también Vicente ‘de Cadenas, Las na, og, cit, Tomo 1, peg, 30d Fran y Privilegios de los Hidal- '8 VICENTE DE CADENAS, Op. cit, gos, icetilla del Estado de Hidalgos, pea LUIS LIRA MONTT, Relaciones de e 147, Madrid, Abril 1974. ici Informaciones Vol. i plea i val, 10005 C tanta le fol ,, pieza 4; ); Capit Nobleza 9 Calidades existentes en el Ar- vat tn verti om chivo de la Real Audiencia de Chile, Bo- vo Nacional, Real Audiencia, Tetin de la Academia Chilena de la 'His- Vol. 1834, pieza 3; Vol. 2705, pieza 1; Vol. toria, N¢ 88, Santiago, 1974. 2801, pieza 1; Vol. 2817, pieza 8; Capita- 17 Archivo si Audiencia, nia Gener Vol. 177; Actas del Cabildo Vol. 1000; Vol. 1734, pleza 1; Vol. 2427, 364, afio 1 . pieza 4; Vol, 2510, pieza 4; Capitanta Ge- tambi Césepa James heral, Vol. 140, fs, 107138; Vol. 177, fs. Jensen de Souza Ferreira, 'y Pro- 469-498, Recopilacién de Castilia, Libro visiones de la Ciudad de los Reyes que 136 Luis Lira Montt d) Para tomar posesién de determinados cargos publicos u hono- rificos e) Para rematar las varas capitulares de los Cabildos*', £) Para sentar plaza de cadete y de cabo o sargento distinguido en ciertos cuerpos castrenses ”, ) Para la confeccién de las hojas de servicios militares *. 5 Para obtener licencia los oficiales para casarse y otros asuntos previstos en las Ordenanzas del Montep{o Militar *. i) Para solicitar merced de habito de las Ordenes Militares y de la Real y Distingui ida Orden de Carlos III”. j) Para la concesién de Titulos de Castilla *. ) Para la constitucién de Mayorazgos ””. 1) Para la admisién en la Real Compajiia de Guardias Marinas *. se encuentran en 1a Biblioteca de la Mu- nicipalidad de Lima, Revista del Institu- to Peruano de Investigaciones Genealé- gicas, N* 13, Lima, 1963, pags. 25.49. 20’Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol. 452; Vol. 675, pieza 8; Vol. 751, pie- za 6; Vol. 2231, pieza 6; Vol. 3060, fs. 214; Vol. 3083, fs, 194-358; Capitania General, Vol. 1030. Vid. José Toribio Medina, Co sas de la Colonia, Santiago, 1952, pigs. 28 y 208. R ‘Archivo Naclonal, Actas del Cab de Santiago, Vol. 45, fs. fi Fondo Varios, Vol. 238, p. j;, Capit nia General, Vol. 738; Vol. 751; Vol. 752; Vol. 756; Real Audiencia, Vol. 479, pieza Vol. 669, pieza 16; Vol. 675, pieza 8. Vid. también Miguel A. Martinez Gélve La Hidalguta en los Cabildos, Revista Historia, N’ 4, Buenos Aires, Abril, 1956; Gonzalo’ Vial Correa, La Nobleza 'Chile- na a fines del Periodo Indiano, Actas y Estudios del III Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, Madrid, 1973, pag. 774. 22 Archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol. 110; Vol. 726; Vol. 728; Vol. 740; Vol. 744; Vol. 749; Vol. 751; Vol. 756; Real Audiencia, Vol, 3009, pieza 2. 23 Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol. 2119, pieza 12; Vol. 2256, pieza 24; Vol. 3237, pieza 25; Capitania General, Vol. 726; Vol. 745. Vid. Vicente de Cade- nas, La Hoja de Servicios de los milita- tes como prueba de Nobleza, Cuadernos de Doctrina Nobiliaria, N¢ 1, Ediciones Hidalguia, Madrid, 1969, pags. 27-30; Re- vista de Estudios Histéricos, N° 12, ‘San- tiago, 1964, pags, 152154, ‘Archivo Nacional, Capitanta Gene- ah Vol: 117, fe 86 y spies: Vol. 169; Vol. 186; Vol. 407; Vol. 727; Vol. 732; Vol. 739; Vol. 740; Vol. 741; Vol. 742; Vol. 745; Vol. 746; Vol. 747; Vol. 748; Vol, 750; Vol. 751; Vol. 754; Vol. 755; Vol. 761; Ministerio de Guerra, Licencias de Casamientos y Monteplo, ’afios 17731814; Real Audien- cia, Vol. 614, pieza 5; Vol. 2132, pieza 6; Vol 2271, pieza 7; Vol. 3237, pleza 2. Vid. también J. T. Medina, op. cit., pag. 16, N? XXXVIT; Real Dectaracién de SM. de 17 de junio de 1773 sobre el método y observancia uniforme con que debe cumplirse en tos dominios de América lo dispuesto en el Reglamento del Mon- tepio. Militar (impreso), Madrid, 1773, apéndice N° 5, 35 Archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol. 736; Vol. 739; Vol. 740; Vol. 748; Vol. 750; Vol. 751; Vol, 753; Vol. 754; Vol. 882; Real Audiencia, Vol.'1282, pieza 8} Vol. 1608, pieza 1. Vid. también Lohmann Villena, op. cit, Tomo I, pags. LIII- LXVIT; Luis Lira Montt, Las Ordenes y Corporaciones Nobiliarias en Chile, Re- vista de Estudios Histéricos, N? 11, 'San- fingo, 1963, pags. 139216, %’archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol. 415; Vol. 723; Vol. 724; Vol. 727; Vol. 731; Vol. 739; Vol. 741; Vol. 743; Vol. 146; Vol. 747; Vol, 748; Vol. 751; Vol. 761; Real Audiencia, Vol. 602; pieza 12 bi Vol. 603, pieza 8; Vol. 648, pieza 7; Vol. 663, pieza 17; Vol. 766, pieza 2; Vol. 1147, pieza 1; Fondo Varios, Vol. 53, piezas 9 y 16; Vol 15, pieza 2; Vol. 245; Vol. 24, Pieza 5; Vol. 262, pieza 13; Vol. 418, pic za 4. Vid. también JULIO ATIENZA, Ti tulos _Nobiliarios " Hispanoamericanos, Madrid) 1947, pg. 17 y setes.; Richard Konetzke, op: cit,, pag. 346; Gonzalo Vial, 9p. cit pag. 770; Juan Luis Espejo, No- blliario deta Antigua Capitanta General de Chile, Santiago, 1917, Tomo I, pag. 2B y sgtes. } Krchivo Nacional, Capitanta Gene- ral, Vol, 742; Real Audiencia, Vol. 602, pieza 16; Vol. 2110, pieza 5;’ Vol. 2207 pieza 2;' Vol. 2931. Vid. también Mz jués del Saltillo, op. cit., pags. 376-396; Bomingo Amundtegui Solar.” Mayorar- 30s y Titulos de Castilla, Santiago, 1901, ‘omo I, pag. XIV y sgtes. Marchive Nacional Capitania Gene- ral, Vol, 740. Vid. Dalmiro de la Valgo- ma y Barén de Finestrat, Real Compa- fifa ‘de Guardias Marinas, Catdlogo de Pruebas de Caballeros Aspirantes, Ma- Grid, 1943, Tomo I, pags. XIV-XLV. La prueba de la hidalguia en el derecho indiano 137 m) Para la admisién en la Compafifa de Reales Guardias de Corps de Caballeros Americanos”. n) Para el ingreso en las Cofradias nobiliarias *. fi) Para el ingreso en el Real Colegio de Nobles Americanos de Gra- nada y en los Reales Seminarios de Madrid y de Vergara". (0) Para la provision de becas en los Colegios Reales existentes en América *. Ahora bien, aparte de los casos precedentes, en los que la rueba de hidalgufa era normalmente obligatoria, hemos hallado otros en los cuales Ios interesados Ia rendian en apoyo de sus instancias o pretensiones, co- mo ser: p) Para complementar las Relaciones de Méritos y Servicios y las Informaciones de “vita et moribus’ 33 ) Para las propuestas de oficiales del Real Ejército y de los cuer- pos de Milicias *. sicion *, 2 Archivo Nacional, Capitanta Gene- ral, Vol. 742; Vol. 743; Vol. 753; Vol. 811; Archivo del Dr. Fernando Allende Navarro (Santiago de Chile), Documentos de la Sucesién lez Vial, Testimonio de la Fitiacin de Dn. Francisco Javier de Errdzuriz y Aldu- nate, Nobleza y Méritos de sus ascen- dientes y demids requisitos para que pueda entrar en el servicio de Guardia de Corps de Su Majestad, Santiago, 1794 (manuscrito original de 41 hojas). Vid. también LUIS LIRA MONTT, Probanzas nobiliarias exigidas a los Caballeros Ame- ricanos para el ingreso en el Real Cuer- £ de Guardias de Corps, Gacetilla del ado de Hidalgos, Madrid. 3 JESUS LARIOS, op. cit., Pag. 26; LOHMANN VILLENA, op. cit., Tomo I, pap XVI_y Expres, ndes, 35,41, 285, 258, 57, 443; VALGOMA 'Y FINESTRAT, op. ccit., Expte. 1097; JUAN BROMLEY, Her- manos 24 de la Archicofradia de ta San- Hisima Veracruz de Lima entre los afios 1775 y 1787, Revista del Instituto Perua- no de Investigaciones Gen: jicas, N? 13, Lima, 1963, pigs. 135160. 31 Archivo Nacional, Capitanta Gene- ral, Vol. 734; Vol. 741; Vol. 744, Vid. tam- bién VALGOMA Y FINESTRAT, op. cit., Exptes, 3602, 3603; Estatuto Nobitiario, Consejo Superior de Investigaciones Cientificas, Madrid, 1945, pégs. 361-362; LUIS LIRA MONT, Pruebas de Noble: za prescritas para ingresar en el Colegio de Nobles Americanos de Gra- nada, Gacetilla del Estado de Hidalgos, N® 81, Febrero 1968, 28.32. 22 Archivo Naci ‘apitania Gene- ral, Vol, 748; Vol. 762; Real Audiencia, ‘Vol. 2496, pieza 4; Fondo Varios, Vol. 244, pieza 74; Jesuitas, Vol. 21; Real Convic: ) Para optar a cargos y familiaturas del Santo Oficio de la Inqui- torio Carolino de Nobles, Vol. 6. Padrén de Estado, Publicaciones de la Asocia- cién de Hidalgos a Fuero de Espafia, Madrid, 1963-1970, Exptes. 862, 1436. Vid. también nota 51. 33 Archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol, 215; Vol. 536; Vol. 541; Vol. 567; Vol. 568; Vol. 569; Vol. 655; Vol. 669; Vol. 679; Vol. 688; Real Audiencia, Vol. 343; Vol. 483, pieza 1; Vol. 486, pieza 2; ee 1235 RE el are Vol. 1646, pieza 5; ‘ol. 1662, piezas 14 y 15; Vol. 1668, piezas , pie 35y Vol. 1677, pieza 1; Vol. 1 22 2 Vol. 1799, pleza 15; Vol. 1912, piczas 4y 5: Vol 20 pieza'1; Vol. 2102, pieza 3; Vol. 2106, pieza 8; Vol. 2114, ‘piezas 16 y 18; Vol. 2116, pieza 2; Vol. 2117, Bieza 9; Vol. 2124, pieza 3; Vol, 2155, pie B Won s2e pleka ty Vol, 259, pies 3 ; Vol. 2526, ; Vol. 2592, pieza 3; Vol, 2712, pieza 4; Vol. 2727, pieza 3; Vol. 2801, piezas 2, 10y 11; Vol. 2874, tiny 6; Vol.’ 2925, pieza 6; Vol. 3018, pieza 25; Ve 3230, pieza 29. Vid. también LOH- MANN VILLENA, op. cif., Tomo I, pags. XXXII y 410, '™ Archivo Nacional, Capitanta Gene- ral, Vol. 725; Vol. 745; Vol. 746; Vol. 747. Vid. también ROBERTO Sey CAR- LOS ROA, Régimen Legal det Ejército en el Reino de Chile, Estudios de Histo- tia del Derecho Chileno, N* 1, Universi- dad Catélica de Chile, Santiago, 1953, pag. 167; Reglamento para las Milicias de Infanteria y Caballeria de la Isla de Cuba y que debe observarse en todo lo adaptable a las Tropas de Milicias del Reino del Perii, Lima, 1793, Cay 35 Archivo Nacional, Real Vol, 2642, pieza 10. Vid, también GUI- LLERMO’ LOHMANN VILLENA, Infor- 138 Luis Lira Montt s) Para suplir el consentimiento paterno en los juicios de disenso matrimonial y de cumplimiento de esponsales *. t) Para que se le admita la practica forense y la recepcién de abo- gado por la Real Audiencia ”. u) Para las oposiciones a encomiendas™. v) Para las oposiciones a canongias y capellanfas®, w) Para las oposiciones a cdtedras de las Universidades y Colegios Reales ®. 3. Actos Positivos pz HipaLcufa VALIDOs EN INDIAS Se conoce en doctrina con el nombre de “acto positivo de nobleza” cualquier documento de cardcter nobiliario o instrumento publico que califique y determine la calidad noble del individuo que en el mismo se maciones Genealdgicas de Peruanos se- guidas ante ef Santo Oficio, Lima, 1957; JUAN LUIS ESPEJO, Geneatogias de Mi- nistros del Santo Oficio de la Inquisicion de Lima, Santiago, 1927. 36 Archivo Nacional, Capitania Gene- ral. Vol. 773; Vol. 1030; Real Audiencia, Vol. 292; Vol. 1135; pieza 2; Vol. 1241, pieza 10; Vol. 1498, pieza 3; Vol. 1645, pie- za 3; Vol. 1698, pieza 9; Vol. 1773, piezas 1 y 2; Vol. 1811, pieza 1; Vol. 1954, pieza 1 Vol, 2100, pieza 4; Vol. 2118, pieza 6 Vol. 2123, piezas 1 y 11; Vol, 2125, pieza 13; Vol. 2131, pieza 4; Vol. 2140, ‘piezas Ly 4; Vol. 2152, piezas 2 y 3; Vol. 2157, pieza 3; Vol. 2167, piezas 7'y 8; Vol. 2219, pieza 5; Vol. 2270, piezas 1 y 3; Vol, 2274, pieza 8; Vol. 2317, pieza 1; Vol. 2347, pie- za 3; Vol. 2370, pieza 1; Vol. 2395, pieza 7; Vol. 2463, pieza 8; Vol. 2547, pieza 3; Vol. 2577, piezas 18 y'20; Vol, 2581, piezas 1, 2 y 3; Vol. 2612, pieza 2; Vol. 2615, jieza 17; Vol. 2621, piezas 5 y 19; Vol. 1633, pieza 11; Vol, 2642, pieza 10; Vol. 2667, pieza 8; Vol. 2678, pieza 4; Vol. 2768, pieza 4; Vol. 2826, pieza 1; Vol, 2834, pie- za 2; Vol. 2923, pieza 12; Vol. 2975, pieza 3; Vol. 2978, piezas 1 y 3; Vol. 3014, pieza 6; Vol. 3150, pieza 5; Vol, 31 5 Vol. 3154, pieza 4; Vol. 3177, pieza 5. 37 Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol. 1646, pieza 5; Vol. 1662, piezas 7,10, 14 y 15; Vol. 1668, piezas 35 y 7; Vol. 167), pieza. i; Fondo Varios, Vol. 155, pieza 1; Vol.’ 243, piezas 2,3 y 5. Vid. también HERNAN ESPINOSA QUIRO- GA, La Academia de Leyes y Practica Forense, Universidad de Chile, Coleccién de Seminarios e Institutos, Vol. IV, San- tiago (s2.) pags. 45, 49, 50, 54 y 67. # Archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol. 481; Vol. 493; Vol. 496; Vol. 500; Vol. 516; Vol. 517; Vol. 520; 532; Vol. 545; Vol. 5: ; Vol, Vol. 599; Reales Provisiones, Vol. 2; Vol. Vol. 7; Real Audiencia, Vol. 30; Vol. 987; Vol. 1092, pieza 1; Vol. 143i, pieza 3; Vol 1500, pieza 1; Vol. 1608, pieza 4; Vol, 1697, pieza 1; Vol. 1759, pie- tas 6 18; Vol, 1834, pleza 6; ‘Vol, 2098, pieza 3; Vol. 2133; pieza 3; Vol. 2186, pie za 4; Vol. 2208, pieza 3; Vol. 2230, piezas 1, 3.y 5; Vol. 2344, piezas 1 y 6; Vol. 2417, pices, 3: Vol, 2497, plezas, 10 bis. y, 12; Vol. 2522, pieza 2; Vol. 2622, pieza 3; Vol. 2651, pieza 2; Vol. 2675, pieza 3; Vol. 2683, pieza 6; Vol. 2750, pieza 2; Vol. 2764, pie- za 6; Vol. 2780, pieza 1; Vol, 2804, 2; Vol. 2846, pieza 1; Vol. 2546, Vol, 3190, pieza 2; Vol. 3225, pieza 3. % Archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol, 750; Vol, 1000; Real Audiencia, Vol. 800, pieza 2; Vol. 1159, pieza 10; Vol. 1290, pieza 2; Vol. 2124, pieza 7; Vol. 2323, pieza 6 bis; Vol. 2592,'pieza 3; Vol. 2914, pices %,Vol. 3204, pieza 2. Via. tambien UIS MONT, Recuerdos de Familia (ocumentos),’ Santiago, 1943, pags. 290, 312, 316; LUIS FRANCISCO PRIETO DEL RIO, Diccionario Biogrdfico del Cle- ro Segular de Chile (1535-1918), Santia- , 1922, pags. 14, 17, 21, 35, 44, 54, 63, £8; 67, 66,6, 19, 61, 99, 106, 109, 115, 120, 122, 130, 142, 168, 188, '207,'214,' 242, 251, 253, 263, 280, 290, 298, 322, 335, 342, 346, 355, 356, 369, 372, 373, 379, 385, 390, 391, 398, 415, 426, 440, 445, 447, 448, 451 458, 477, 509,’ 522,’ 530, 538,” 559, 561, 575, 588, 589, 591, 602; 609, 611, 635, 636, 643, 644, 649, 652, 658, 666, 668, 77, 689, 697, 699, 700, 711, 719, 733. 40 Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol, 319, Vol. 546, pieza 2; Vol. 619, pie- ; Vol. 1951, pieza 3. Vid. también J. T, MEDINA, Historia de la Real Unive sidad de San Felipe de Santiago de Chi- Je, Santiago, 1928, Tomo I, pags. 119, 196, 296 y 476. La prueba de la hidalguia en el derecho indiano 139 consigna, segtin los fueros, leyes, usos y costumbres de los lugares, pro- vincias, regiones, sefiorios y reinos de la antigua comunidad hispanica “, El estudio de los actos positivos de hidalguia en América, especifica- mente, nos Ieva al examen de las principales pruebas de nobleza que te- nian aplicacién en los territorios ul ‘ultramarinos en el periodo indiano. Ma- teria compleja y dificil de tratar, en la que no es posible prescindir de la casuistica. En general, tenfan plena validez las mismas pruebas que eran admi- sibles en el Derecho Castellano y que no se oponian al Derecho Indiano. Junto a aquéllas, existian las particulares de Hispanoamérica, que po- drian equipararse a las Ilamadas pruebas de cardcter regional existentes en la peninsula, como ser: las andaluzas, catalanas, valencianas, arago- nesas, navarras, vascongadas, canarias, mallorquinas, etc.“ Ahora bien, entre las propias o de uso mas frecuente en. Indias, y a manera de ejemplo, podriamos citar las siguientes: a) Los instrumentos ptblicos en que conste ser o descender de los descubridores, conquistadores, pacificadores, primeros pobladores y be- neméritos de las Indias, en virtud de los privilegios de hidalguia generales y particulares otorgados a aquellos *. b) Las Actas y Libros de los Cabildos en que consten los cargos de Alcalde, Alcalde Ordinario, Alcalde de 1° y de 2° Voto, Regidor, Regidor Perpetuo, Regidor Decano, Alférez Real, Alguacil Mayor, Procurador Ge- neral, Alcalde Mayor Provincial, Alcalde de la Santa Hermandad, Fiel Ejecutor, Depositario General y demas oficios concejiles “. c) Los titulos de Virrey, Gobernador, Presidente, Corregidor, Subde- legado, Justicia Mayor, Lugarteniente de Gobernador, Alcalde Mayor de Minas, Superintendente, Teniente de Corregidor, Juez Diputado, Regente de Real Audiencia, Oidor, Fiscal, Alcalde de Corte, Ministro, Relator, Chan- ciller, Consejero de Indias, del Consejo de Su Majestad, Secretario Mayor de Gobierno, Asesor Letrado, Veedor, Contador Mayor, Tesorero de la Real Hacienda, Oficial Real, Juez Tesorero de las Cajas Reales, Prior del Tribunal del Consulado, Director del Tribunal de Mineria, Administrador de Correos y de la Renta de Tabacos, Rector de Universidad Real, Cate- dratico, Familiar del Santo Oficio, Tesorero de la Santa Cruzada, Protec- tor de Naturales y otros empleos semejantes “*. 4t Apuntes de Nobitiaria 22 246, 259,248, 268, 202, 296, 302, 352, y utes; Fundamentos Nobitiarios Pag,Sy sates, Vid, tambien LUIS LiRK 4S Tome t . 38, iar“ de Familias Chilenas 104, 133, 135, "139, 190, '193, 229; VALGO- que ido, pruebas en la Orden MA y FINESTRAT, op. cit, Exptes. 2132, e Matta (1181010), Revista de ate. 2134, 2142, 2357, 2758, 2955, 2982, 2983, 3343, dios Histories, N16, Santiago, 197, 3196, 4333, etc. ‘4 Vid." notas 20 y 21. Vid. también Bes. ts Tia. We’ 12. Vid. también MAR JESUS TARIOS, op, ‘ity pg. 26; VAL- QUES DEL SALTILLO, op. cit, Tomo I, GOMA y ESR, ég, XIII y sgtes, 2230," et facional, Capitanta Gené- es’ Americanos en tes OP ral, Vol Toe Real Audiencia Nol. 648,pie- denes ,-., Tomos I y TL (examen za 1; Vol. 1414, pieza 2; Fondo Varios, Vol. ‘expedientes_ all ex ). i Prambiea TESUSTARIOS, Ue Via. 20. Vid. también MAR- y sgtes; RICHARD KO- QUES DE "SITE: IGLESIAS, op. cit, cit,, pag. 337 y sgtes.; J.T. Boa 110; JESUS LLARIOS, op. cit., cite Bag MEDINA, Cosas de la Colonia ..., pag. bee VIAL, op.’ cit 253; LOHMANN , NELENA, Los ae WINEStRaT” Boe op. cit, canos en las epics, Nto4 pags. %405, 3217, 3336, 3602, 3603, 18, 19, 53, 63, ie , “t 5 103" 114, 3796, 4150, 4168, ‘4175, '4325, 4501, 4573, 136, 161, 162, 169, 184, 194,°209, 212; 226, 140 Luis Lira Montt d) Los titulos militares de Capitan General, Capitén a Guerra, Co- mandante, Comisario General, Maestre de Campo, Maestre de Campo Ge- neral, Brigadier, Coronel, Teniente Coronel, Sargento Mayor, Capitan, Ayudante Mayor, Teniente, Subteniente, Alférez, Portaestandarte, Cadete, etc., de los Reales Ejércitos y Milicias “. e) Las dignidades eclesidsticas de Arzobispo, Obispo, Vicario Gene- ral, Provisor, Vicario Capitular, Canénigo, Canénigo Doctoral, Canénigo de Merced, Canénigo Magistral, Dedn, Arcediano, Chantre, Maestrescuela, Tesorero, Racionero, Capellan de Coro, Sacristén Mayor, Colector Gene- ral, Visitador, Comisario del Santo Oficio, Comisario de la Santa Cruza- da, Defensor de Obras Pias, Examinador Sinodal, Juez de Diezmos, Secre- tario del Cabildo Eclesiastico, Notario Mayor, etc. ”. f) Las hojas de servicios militares en que conste la calidad noble o distinguida*. shdneéd F2® Pattdas sacramentales parroquiales en que conste igual ca- jidad *. h) Los empadronamientos de Caballeros y vecinos nobles inscritos en los Padrones de habitantes de América, hechos “con distincién de esta- dos, clases y castas” ®, i) Las matriculas de colegiales y provisiones de becas de los Cole- gios Reales erigidos en Indias". 4744, etc; LOHMANN VILLENA, Los Americanos en las Ordenes ..., Tomos Ly 11 (examen particular de‘éxpedien- tes). 4 Vid. notas 22 y 101. Vid. también MARQUES DEL SALTILLO, op. cit., To- me 1. pég. 43; MARQUES DE. SIETE IGLESIAS, op. cit., pg. 110; LOHMANN VILLENA, Los Americanos ‘en las Orde- nes ..., Tomos I y II (examen particu- lar de ‘expedientes);, VALGOMA Y FI- NESTRAT, op. cit, (expedientes de Ca- balleros indi LUIS LIRA MONTT, Indice de Familias ..., pags. 90-115. 41 JESUS LARIOS, op. cit, pag. 26; LOHMANN VILLENA, Los Americanos en las Ordenes ..., Tomos I y IT (exa- men_particular de’ expedientes); JUAN LUIS ESPEJO, Relaciones de Méritos y Servicios de’ Funcionarios del Reino ue Chile (Siglos XVIII y XIX), Santin go, 1926, (expedientes de eclesidsticos) Nuims. 9, 10, 11, 12, 18, 19, 21, 23, 31, 35, 36, 37, 38, 40, 43, 43, 48, 49, 50, 51, 62, 63, 65, 70, 71, 77, 78, 82, 83, 85, 86, 88, 89, 91, 92, 93, 105, 106, 111,117, 127, 131 140, 144, 146, 148, 149, 151, 153, 154, '155, 162, 169, 170, 176, 181, 183, 185, 193, 199, 200, 204, 209, 210, 212, 215, 223, 231, 234, 235, 236, 240, 241, 242, 244, 245, 247, 248, 249, 252, 254, 263, 271, 279, 282, 283, 287, 288, 289, 301, 308, 312, 313, 317, 320, 322, 323, 326, 332, 333. “8 Vid. notas 23 y 24. Vid. también VALGOMA y FINESTRAT, ‘op. cit Exptes.” 3788, 4083, ete; JORGE DE ALLENDESALAZAR ARRAU, Ejército_y Milicias del Reino de Chile’ (1737-1815), Boletin de la Academia Chilena de la Historia, Nums. 66, 67 y 68, Santiago, 1962-1963; LUIS LIRA MONTT, Hojas de Servicios Militares de don Filiberto y don Lorenzo Montt, Revista de Estudios Histéricos, N? 17, Santiago, 1972. 47 VALGOMA y FINESTRAT, op. cit, Exptes. 4521, 5044, 5064, etc.; Padrén de Estado ..., Exptes. 48, 159, 304, 463, 879, 1772, 2109, = JESUS LARIOS MAR- TIN, De tos Indicios de Nobleza e Hi dalguta alegados por testigos en los ex; dientes de ingreso en las Ordenes tares, Gacetilla del Estado de Hidalgos, N¢_38, Madrid, Noviembre 1965; LUIS LIRA MONTT, Partidas de Bautismo re- gistradas con calificacién de nobleza en la Parroguia del Sagrario de Santiago, Revista de Estudios Histéricos, N° 14, Santiago, 1966, pags. 127-140. 30 Archivo Nacional, Conitania Gene- ral, Vol. 726; Fondo Varios, Vol. 450; Vol. 451; Vol. 452; Vol. 696; Archivo General de Indias (Sevilla), Indiferente General, Legajos 1526, 1527; Audiencia de Chile (Ramo eclesidstico), Legajos 177, 337, pieza_1. Vid. también LUIS ‘LIRA MONIT, Padrones de Distincién de Es- tados del Reino de Chile, Gacetilla del Estado de Hidalgos, N¢ 51, Madrid, Mar- z0 1965; idem., Padrones ‘del Reino de Chile existentes en el Archivo de Indias, Revista de Estudios Histéricos, Nr 13 y Nt 14, Santiago, 1965 y 1966; GUILLER- MO BE LA CUADRA GORMAZ, Censo de la Capitanta General de Chile en 1777, Boletin de la Academia Chilena de la Historia, 12, Santiago, 1940; Padrén de Estado tes. 463, 606, 879, 1166, 1167, 1603, 1878, 2332, 2795, etc. st Vid." nota’ 32. Vid. ‘también VAL- GOMA y'FINESTRAT, op. cit, Exptes. La prueba de la hidalguta en el derecho indiano 141 j) Los Libros de admisién de cofrades en las Cofradfas nobiliarias *. ) los titulos de encomiendas *. 1) Las Informaciones de hidalgufa rendidas judicialmente ante las Reales Audiencias, Alcaldes y Corregidores *. m) Las Relaciones de Méritos y Servicios tramitadas ante el Consejo de Indias en que conste el ejercicio de empleos honorificos *. n) Las certificaciones de nobleza expedidas por los Cabildos o Ayun- tamientos *, 680, 744,1340, 1406, 1808, 1954, 2482, 2782, 4150; LOHMANN’ VILLENA, Los’ Ame- ricanos en las Ordenes ..., Tomo I, a 13, 15, 17, 30, 37, 38, 39, 44, 48, 56, 59, 74, 95, 102, 111, 138, 143, 144, 150, 155, 159, 190, 201, 203, 268, 225, 428, 232, 237,241, 248, 249, 259, 278, 284, 286, 292, 294, 307, 315, 327, 342, 353, 357, 385, 388, 390, 393, 395, 417, 439, 445, 448, 473; Tomo II, pags. 3, 9, 12, 56, 60, 65, 79, 82, 86, 89, 103, 109, 115, 133, 145, 147, 166, 167, 193, 238, 242, 249, 252, 260, 271, 274, 277, 285, 287, 320, 324, 326, 333, 337, 356, 365, 372, 388, 403, 425, 432, 440; LUIs LIRA MONTT, Colegiales del Corregimiento del Maule’ en la Real Universidad de San Felipe, Santiago, 1973; idem, Estudiantes Chilenos en la Real Universidad de Cérdoba del Tucu- war i oe a toria y , Nt 142, Santiago, 1974; idem, Los Colegios Reales de Santiago de Chile’ (1584-1816), Revista de Estudios Historicos, Ne 2i, Santiago, 1976, pags. 5 Vid. nota 30, 5 Vid. nota 38. Vid. también LOH- MANN VILLENA, Los’ Americanos en las Ordenes ..., Tomo iP es 62, 63, 65, 75, 78, 83, 91, 98, 135, 140, 148, 149, 161, 162, 169, 185, 187, 212, 226, 245, 264, 265, 281, 308, 346, 347, 352, 365, 376, 404, 411, 414, 429, 430, 431; Tomo IL pags, 12, 14, 26, 76, 107, 134, 151, 270, 348, 353, 373, 400, 433; idem, Informaciones Geneald- gicas de Peruanos ..., pags. 32, 39, 48, 50, 121, 129, 159, 166, 176, 183, 184,'210; VAL- GOMA 'y FINESTRAT, op. cit,, Exptes. 1451, 2134, 2659, 3218, etc. “ Archivo Nacional, Capitania Gene- ral. Vol. 117; Vol. fol. 152; Vol. 184; Voi. 214; Vol, 215; Vol. 474; ‘Vol. 493; Vol. 496; Vol. $00; Vol. 516; Vol. 517; Vol. 520; Vol. 522; Vol. 523; Vol. 532; Vol. 536; Vol. 541; Vol. 553; Vol. 555; Vol. 558; Vol. 565; Vol. 567; Vol. 568; Vol. 569; Vol. 599; Vol. 655; Vol. 669; Vol. 679; Vol. 684; Vol. 688; Vol. 691; Vol. 844; Vol. 942; Fondo ic Vol, 8; Vol. 74; Vol. 7 ; Vol. 248; Vol. 254; Vol. 257; Vol. ; Vol. 263; Vol. 270; Vol. 281; Vol. Vol. 318; Vol, 348; Vol. 350; Vol. 417; Vol. 418; Vol. 639; Vol. 661; Vol. 699; Real Audiencia, Vol. 296; Vol.’ 452; Vol. 652; Vol. 675, pieza 8; Vol. 1241, pieza 9; Vol. 1517, pieza 1; Vol. 160i, pieza 4; Vol. 1608, pieza 1; Vol. 1698, pieza 2; Vol. 1764, pieza 12; Vol. 1777, pieza 4; ‘Vol. 1912, pleza 5; Vol, 2040; Vol. 2102, peza 4; Vol 1106, pieza 8; Vol. 2110, pieza 5; Vol. 2112, pieza 6; Vol. 2116, pieza 3; Vol. pitt, pi za 5; Vol. 2124, piezas 1 y 7; Vol. 2132, pieza 6; Vol. 2231, pieza 6; Vol, 2323, pie- za 13; Vol. 2370, pieza 1; Vol. 2588, pieza 3; Vol. 2625, pieza 4; Vol. 2643, picza 3; Vol. 2768, pieza 1; Vol. 2884, pieza 1; Vol. 2892, pieza 4; Vol. 2914, pieza 2; Vol. 2987, piezas 1 y 3; Vol. 3018, pieza 25; Vol. 3152, Pieza 13; Vol. 3186, pieza 4; ‘Vol. 3190, Pieza 2;'Vol. 3203, pieza 12; Vol. 3218, pieza 2; Vol. 3230, pieza 16; Vol. 3231 jieza 16. Vid. también FELIPE MAR: UEZ ABANTO, Documentos sobre In- formaciones de ‘Hidalguia, Limpieza de Sangre, Servicios y Nobleza que se ha- Wan en la Biblioteca Nacional y en el Archivo Nacional del Perd, Revista del Instituto Peruano de Invest i Ge- ealogicas, N' 13, Lima, 1963, pgs. 107 $5 Vid. nota 33. Vid. también LOH- MANN VILLENA, Los Americanos en las Ordenes ..., Tomo I, pags. LXXXIL y 410; VALGOMA y FINI ‘RAT, op. cit., Exptes. 3321, 3343, 3744, 3773, 3774, 4399, etc; JUAN LUIS ESPEJO, Relaciones de Méritos y Servicios ..., pdgs. 7-146; JO- SE TORIBIO MEDINA, Biblioteca His- pano-Chilena (1523-1817), Santiago, 1897- 1899, Tomos I, If y Ti; LUIS ‘LIRA MONTT, Relaciones de Méritos y Ser- vicios. (vid. nota 16). % Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol, 3083; Capitanta General, Vol, 1030; Archivo del Dr. Fernando Allende Na- varro (vid, nota 29), Instrumentos de la Informacion de Dn. José Antonio Gor zdlez y Santander y de sus padres y de- mds. ascendientes dada en esta Real Audiencia, aho 1783 (manuscrito origi nal de 216 hojas); Archi cular de D. Carlos Carvallo Stagg (Santiago de Chile), Expediente sobre 1a calificacion de nobleza de Dn. Cayetano Carvallo y Noriega y de sus hermanos yy ascendien- tes, La Serena, afios 1803-1809 (manus- crito original de 104 hojas). Vid. tam- bien VALGOMA ¥ FINESTRAT, op. ct, Exptes. 2134, 2264, 2482, 2616, 2718, 2721, 2736, 2806, 4158, 4332, etc. 142 Luis Lira Montt fi) Las provisiones de amparo en la calidad de noble emanadas de las Reales Audiencias *. 0) Los Titulos de Castilla, Mayorazgos y hdbitos de Caballeros de las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcantara, Montesa, San Juan de Jerusalén (o de Malta) y de Carlos Ii *. Pp) Los asientos de ingreso en la Real Compajifa de Guardias Mari- nas, Reales Guardias de Corps, Reales Maestranzas y Colegios de Nobles ®. q) Las matriculas de mineros que gozaron de privilegio de nobleza en Indias @. r) Las matriculas de académicos y miembros de las Reales Acade- mias de Leyes y Jurisprudencia ". La némina precedente, aunque lejos de ser exhaustiva, muestra una imagen aproximativa y reveladora de la amplia gama de medios proba- torios que disponfan los hidalgos en Indias para acreditar su calidad de tales. los ya sefialados, atin podrfan afiadirse otros ejemplos de actos positivos de hidalguia invocados en los expedientes de la época y que, en ciertos casos, revisten tanta o mayor importancia que los anteriores para la justificacién de la calidad noble, por cuanto se fundan en la re- putacién publica manifestada en las deciaraciones de testigos. En efecto, de la lectura de pleitos en los que se hallaba en controversia la nobleza de las partes litigantes —v.gr. en los juicios de disenso mattimonial o en las excarcelaciones por deudas— hemos recogido otros actos positi- vos (a veces sdlo indicios nobiliarios) de variada indole, tales como: participar en torneos piblicos, fiestas reales y juegos de cafias, llevar vara de palio en las procesiones del Santisimo, ser distinguido con el trata- miento de “Don” de palabra y por escrito, etc. , Asi, por via de ejemplo, en uno de aquellos juicios (aio 1671), al interrogarse a los testigos, se lee: “Item, si saben y han ofdo decir que asi el dicho ... (el demandado), como el dicho ..., su padre, las veces que se han venido a esta ciudad (Santiago) no les han visto ningun acto de nobleza, asi en el coso saliendo a la plaza a correr con los caballeros y hombres nobles a fiestas Reales y otros regocijos puiblicos, como hallarse en los concursos y conversaciones igualados con las personas nobles y principales de esta ciudad, sentados en las Iglesias en las festividades en 57 Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol. 210; Vol. 1773; Vol. 2231, pieza 6; Vol. 3060, fs. 214; Capitania General, Vol. 177, fs. 498; Cabildo de La Serena, Vol. 1; Vol. 2, Padrén de Estado, ..., Expte. 129. Vid. también nota 20. 58 Vid. notas 25, 26 y 27. Vid. también LOHMANN VILLENA, Los Americanos en las Ordenes Tomos I y II (exa- men particular de’ expedientes); LUIS LIRA MONTT, Indice de Familias ..., égs. 90115. ° Vid. notas 28, 29 -y 31. Archivo Nacional, Contaduria Ma- yor, (Primera Serie), Vol. 1194, pieza 1; Tribunal de Minerta, Vol. 9,’ pieza 6: Real Audiencia, Vol. 1490, pieza 1, Vid. también ANTONIO DOUGNAC RODRI- GUEZ, Mineros y Asientos de Minas en Chile (1787-1817), Revista de Estudios Histéricos, Nt 18, Santiago, 1973, pags. 49-113; LUIS LIRA MONTT, Privilegio Nobleza a la profesién de la Minerta en Indias, Revista Hidalgufa, N? 124, Madrid, Mayo 1974, pigs, 308328, 8! Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol. 2801, pieza 1; Vol. 3137. Vid. tam- bién ‘nota “37 y HERNAN ESPINOSA QUIROGA, op. cit., pags. 6, 9, 45, 49, 50, 54 y 126. Archivo Nacional, Capitanta Gene. ral, Vol. 725; Vol. 757; Archivo General de Indias, Indiferente General, Leg. 1526 y,1527; Padron de Estado ..... Expte. 1973. Vid, también GONZALO VIAL, op. cit., pag. 760 y sgtes.; R. DE LA FUENTE MACHAIN, Los Machain, Buenos Aires, 1926, pég.'19; LUIS LIRA MONTT, Ei tratamiento de Don y 1a prueba de hi- dalguta en Indias, Gacetilla del Estado de Hidalgos, Ni 53 y Nt 73, Madrid, Ju nio 1965 y Mayo 1967. La prueba de la hidalguia en el derecho indiano 143 los escafios con las dichas personas principales y concurrido con ellas en los corros de la plaza, ni paseddose a pie ni a caballo con las dichas personas principales y nobles que notoriamente gozan del honor de su nobleza, porque si hubieran tenido algun acto de posesién de nobleza en Jos concursos referidos los hubieran visto como personas que han resi- dido continuamente en esta ciudad ..., etc.” °, La claridad de los con- ceptos transcritos ahorra mayores comentarios sobre el particular. Por otra parte, deliberadamente hemos excluido de la precedente relacién de probanzas a las Ejecutorias de Nobleza ganadas en la penin- sula, porque técnicamente ellas no constituyen actos positivos de hidal- fa sino que configuran la prueba maxima de ella, esto es, la hidalgufa ‘en propiedad”, punto al que nos referiremos més adelante. Ahora bien, en cuanto a la eficacia probatoria de los actos positivos de hidalgufa, para valorar sus efectos, éstos han de recaer en los ascen- dientes directos por varon{a del individuo que rinde la prueba. Y cuan- do, por diversas circunstancias o exigencias de algunas corporaciones nobiliarias, la prueba debe extenderse a dos o cuatro lineas de ascenden- cia, vale decir, a la paterna y materna, o a las de los cuatro abuelos, la regla es la misma para cada una de las lineas o cuartos. En definitiva, la suma de tres actos positivos de hidalguia determina la calificacién de la “nobleza de sangre legal”, que hemos mencionado anteriormente. Asi quedé dispuesto en la Real Pragmatica de 1623, cuando prescribe: . ordenamos y mandamos, que en el quarto o quartos en que hubiere tres actos positivos de limpieza y nobleza, cada una en el acto en que se requiere, se tenga por pasada en cosa juzgada y executo- riada; y que en su virtud se adquiera derecho real a los descendientes por linea recta, para quedar calificados por nobles y limpios para todos los actos que se ofrecieren por aquella parte, y baste probarse la descen- dencia de las personas que obtuvieren los dichos tres actos, ... etc.” *. Es innecesario advertir que, debido a su alcance juridico, la norma transcrita constituyé el precepto legal de fondo aplicable en las decisio- nes judiciales de los expedientes, pleitos y causas de hidalgufa incoados tanto en Espafia como en América. Y particularmente en los territorios ultramarinos, donde no hubo la distincién de estados entre hidalgos y pecheros al estilo castellano, basada en Ia exencién o pago de pechos, esta norma consolidé el cauce legal para acreditar la hidalguia mediante el simple expediente de justificarla, a través de tres generaciones, por la posesién y ejercicio de actos positives de nobleza. 4. Et R&GIMEN LEGAL PROBATORIO DE LA HIDALGUIA EN INDIAS Para abordar este tema es menester distinguir juridicamente entre la prueba de la hidalguia “en posesién” y la prueba de la hidalgufa “en propiedad”. Existian al respecto reglas de cardcter substantivo o de fon- do, como la que acabamos de comentar, y otras de cardcter adjetivo o procesal. ‘La legislacién aplicable a esta compleja materia se encontraba en ciertas disposiciones especiales de las Leyes de Indias, y en lo no deci- ® Archivo Nacional, Real Audiericia, los Pleitos de Hidalguta y Leyes por las Vor, 1000, fs. 250 y_sgtes. cuales se han venido rigiendo, ta Vid. nota 7. Vid. también VICEN- Hidalguia, Nt 124, Madrid, Mayo 1974, TE DE CADENAS, Como se solventaban pags. 533-560. 144 Luis Lira Montt dido por ellas se aplicaban las Leyes Castellanas, como supletorias del Derecho Indiano *. Sin embargo, el primer problema que plantea este punto es el rela- tivo a determinar la competencia de los tribunales en Indias para cono- cer y fallar causas de hidalguia. La cuestin se suscité por primera vez en el siglo XVI, cuando por una cédula regia se impuso un gravamen o sisa en México, a la que se opusieron quienes alegaban poseer hidalguia y hallarse, en raz6n de ella, Hberados de tal contribucién. Fundaban su demanda —como lo relata Lohmann Villena “— ya en sus ejecutorias de nobleza, ya en la situa- cién de privilegio granjeada merced a sus méritos militares (nobleza de cargo), y exhibieron ante la Audiencia de Nueva Espafia los titulos en que quedaba justificado legalmente su cardcter. En su vista, se les guar- daron las exenciones anexas a su estado excepcional. Empero, la duda sobrevino acerca de si la Audiencia se hallaba capa- citada para conocer de las causas que en razén de este asunto se venti- lasen ante ella, careciendo de Alcaldes de Hijosdalgo. La Corona respon- dié instruyendo para que a los que hubiesen mostrado ejecutoria se les guardasen las preeminencias inherentes, asi como a los que tuvieren pro- vision de exencién. En lo que tocaba al conocimiento de causas sobre hidalgufa, impartié la orden de que la Audiencia se inhibiese de practi- car toda diligencia, entretanto se dictaba una norma sobre el método que deberia observarse en la sustanciacién de dichos procesos; y si se promovia algun litigio, remitirian los autos a los Alcaldes de Hijosdalgo de las Reales Chancillerias de Valladolid o de Granada”. Esta resolucién del soberano pasé a la Recopilacién de Leyes de Indias como la Ley 119a., Titulo XV, del Libro II, y consagré el princi- pio general que vendria a regir sobre la materia, en cuanto a prohibir a las Audiencias de las Indias el conocimiento de las causas de hidalguia como asunto o negocio principal. No obstante, en el mismo precepto y en la interpretacién que a él se le dio, quedé asimismo establecida en forma implicita la excepcién a la regla general prohibitiva: A las Audien- cias de Indias les seria licito entender de las incidencias surgidas en la sustanciacién de causas en que se hallara en juego el reconocimiento de la posesién y goce de la hidalgufa, para los efectos de guardar las preemi- nencias, exenciones y privilegios que gozaban los hidalgos en América y, por ende, para dictar las provisiones & amparo pertinentes. Esta admisibilidad de competencia por la via incidental tuvo enor- me importancia y reiterada aplicacién practica en la judicatura indiana, como ser: para excarcelar al preso por deuda civil cuando probaba hidal- guia, para resolver sobre la pretensién de disfrutar de asiento en el es- trado de la propia Audiencia, o para liberar a algun reo criminal del tor- mento “, Entre los numerosos ejemplos que hemos encontrado sobre el par- ticular, creemos de interés transcribir la siguiente peticién elevada a la Real Audiencia de Santiago en 1737: “Muy Poderoso Sefior = El Capitan Dn. Agustin de Molina, vecino de la ciudad de la Concepcién, hijo legitimo del Maestre de Campo Gene- © Recopilacion de Leyes de Indias, también OREJON y HARO, Apuntamien- Libro 2", Titulo I, Ley 2. to sobre la hidalguia y coleccidn de fér- “ Los Americanos en las Ordenes.., mulas para todos los recursos de esta Tomo I, pag. XVII. naturaleza, Malaga, 1795. archivo Nacional, Real Audiencia, """« Vid. notas 17; 18 y 19. Vol. 2626, pieza 11; Vol. 3083, fs. 354. Vid. La prueba de la hidalguia en el derecho indiano 145 ral que fue de este Reino Dn. Pedro de Molina Vasconcelos y de Da. Ga- briela Navejas, como més haya lugar en derecho, y por la naturaleza de la causa, parezco ante Vuestra Alteza, y digo: Que yo tengo que seguir pleitos en esta Real Audiencia y ante las Justicias de la Concepcién, y para aquellos pretendo sentarme en los Reales estrados de ella; y por To que toca a los de las Justicias de aquella ciudad me recelo que a ins- tancia de algin acreedor imprudente hagan o quieran hacer ejecucién en mi persona por deuda mera civil, sin mixtién alguna de crimen o deli- to; y justicia mediante se ha de servir Vuestra Alteza de concederme licencia para sentarme en los Reales estrados, y declarar mi persona por exenta de prisién y ejecucién por deuda mera civil, no privilegiada; y que asi se haga saber a las Justicias de aquella ciudad para que lo tengan entendido, librandome para ello Real Provisin; y debe hacerse asf, por- que yo soy notoriamente persona noble, y estoy en posesién de tal, por Ta nobleza e hidalgufa heredada de mis padres, quienes y sus ascendientes paternos y maternos fueron personas nobles, rabidos y reputados por tales, pues en este Reino, especialmente en la frontera, ciudad de la Con- cepcién y provincia de Chiloé, ocuparon todos los puestos politicos y militares que acostumbran darse a las personas nobles, segin todo apa- rece con individualidad de las dos Informaciones que presento, hechas ante las Justicias de la ciudad de la Concepcién, la una a pedimento del dicho mi padre y la otra al mio, con citacién del Procurador General de ella. Sin que a 10 sobredicho pueda ser obstaculo Ia Ley Real que prohibe a las Reales Audiencias de Indias conocer en causas de hidalgufa, porque esto corre y se entiende cuando la hidalgufa y nobleza se alega como negocio principal, en cuyo caso subsiste la prohibicion; pero no cuando incidentalmente se trata de ella, a efecto de dar asiento en los estrados a algun sujeto, o de relevar persona de tormentos y de prisién y ejecu- cién por causas mera civiles, que no envuelven delito ni descienden de i; en cuya hipétesis, que es la propuesta por mf, se deben y pueden las Reales Audiencias, en sentir de nuestras Recopiladas, conocer “per inci- dentiam” de la hidalguia y fundamentos de ella, porque de otra suerte era impracticable juzgarla sobre-los méritos y circunstancias del sujeto que pretendia sentarse en los estrados y redimir la vejacién de tormen- tos, prisién y ejecucién, sobre que a cada paso se dan en las Reales Audien- cias providencias, segtin lo acredita la practica e inconcuso estilo de to- das las de Indias; en cuyos términos: a Vuestra Alteza pido y suplico que habiendo por presentados los instrumentos, se sirva de mandar hacer como tengo pedido, que es justicia, y juro a Dios y a una Cruz que no procedo de malicia'= Dn. Agustin de Molina y Vasconcelos” ®. Pocos escritos acaso habré que ilustren con mayor exavtitud y cla- ridad los principios juridicos que regulan a la materia en estudio. A la referida peticion le siguen el informe favorable del Fiscal y la decisién de la Audiencia, que son del tenor siguiente: “B] Fiscal en vista del pedimento e instrumentos presentados por Dn. Agustin de Molina Vasconcelos sobre la calificacién de su hidalguia, y goce en que estuvo el Maestre de Campo General Dn. Pedro de Molina, su padre, dice: que se servird V.A. de mandar sea admitido y tratado en los estrados y tribunales conforme a su notoria calidad, sin que contra ello pueda persona alguna ir, ni contravenir, respecto a la justificacion que de los instrumentos consta. A V.A. pide asi lo mande que es justi- cia. Santiago, y mayo 8 de 1737 = Dr. Jauregui” ...... “Decisién: ® Archivo Nacional, Capitanta General, Vol. 177, fs. 469. 146 Luis Lira Montt En atencién a Ia calidad notoria de Dn. Agustin de Molina, que consta de los instrumentos presentados, se le concede licencia para que pueda sentarse en los Reales estrados al tiempo de informar en los pleitos que siguiere; y se declara por exenta su persona de ser presa por deuda mera civil, que no tenga inmixtién de criminalidad. Y para que se haga saber a las Justicias de la ciudad de la Concepeién y demés del Reino, donde convenga a dicho Dn. Agustin, y lo tengan as{ entendido, se despache Real Provision en la forma ordinaria, con insercién de este Decreto. Cometida su notificacién a cualquiera persona espafiol que sepa leer y escribir, para ue, Ja haga en presencia de testigos = (siguen varias firmas y ri. ricas )” ”, En el volumen 619, pieza 2*. del Archivo de la Real Audiencia, entre los formularios e instrucciones dadas por Carlos IIT para ceremonias, etiquetas y textos para redactar providencias judiciales, se encuentra la concerniente a la “Real Provision de Amparo de Noble”. Y en la extensa coleccién de Reales Provisiones aparecen innumerables de esta indole, despachadas no sélo para los fines ya indicados, sino también para am. parar en el goce de la hidalguia a funcionarios a quienes se les habia Tesistido que tomaran posesién de sus cargos, entre los cuales hemos anotado los de Teniente de Corregidor, Alcalde Ordinario, Alcalde de la Santa Hermandad, Regidor, Alguacil Mayor, Depositario General, Tenien- te de milicias, etc.”. También hay abundante constancia del registro de ellas en los Libros de los Ayuntamientos 7, Ilustrativo a estos efectos es el grueso expediente que lleva por tf tulo: “Real Provision de pedimento de Dn. Pedro Olivares en los autos sobre su filiacién y prueba de su nobleza, cometida al Corregidor de la Provincia de San Felipe el Real para que éste le dé su debido cumpli- miento””, del cual transcribimos a continuacién su encabezamiento y Posterior resolucién: “Don Carlos Tercero, por la Gracia de Dios, Rey de Castilla, de Leon, etc. = Por cuanto en la Audiencia y Chancillerfa Real que por nuestro mandado esta y reside en esta ciudad de Santiago de las Provincias de Chile, y ante el nuestro Presidente Regente y Oidores de ella se presentd Dn. José Ignacio Lepe, nuestro Procurador de Causas del Numero, en nombre y como apoderado de Dn. Pedro de Olivares y Uribe, Teniente de la Compaiiia del Regimiento de Caballeria de la villa de San Felipe el Real, provincia de Aconcagua, pidiendo se le despache la nuestra Real Carta Ejecutoria del Auto de 16 de diciembre de 1780, provefdo en vista de la Informacion que produjo con siete testi 0s, y en vista de lo expuesto por nuestro Fiscal y Procurador General de Ia Cludad y de lo posterior- mente deducido y alegado y documentos tltimamente resentados, por os que hizo constar ser hijo legitimo de Dn, Alejando de Olivares y Se- govia y de Da. Francisca de Uribe y Varas, ... etc. Con este conocimien. to se sirvié V.A. mandar por el Decreto de fojas 26, se guardasen a mi Parte todas aquellas preeminencias, honores y exenciones relativas a la Informacién que tiene dada y el Tribunal aprobada, reservandole su de. % Idem fs. 498. 17541758; Vol, 63, afios 1758-1769; Vol. 68, 7 Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol. 452; Vol. 675, pieza 8; Vol. 751, pie- za 6; Vol. 2231, pieza 6; Vol. 3060, fs, 214; Vol. 3083, fs. 194.358. Vid. también GON- ZALO VIAL, op cit. pag. 774. 7 Archivo Nacional, Actas del Cabil- do de Santiago, Vol. 11, aio 1635; Vol. 22, afio 1687; Provisiones, Vol. 61, afios afios_ 1769-1773; Vol. 69, afios 1776-1778; Vol. 71, afios 1779-1788; Vol. 75, afios 1789- 1813; Vol. 77, afios 1794-1796. Vid. tam- bién JULIO ALEMPARTE, El Cabildo en Chile Colonial, Santiago, 1966, pag. 232 ys Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol. 3083, fs. 194.358, La prueba de la hidalguia en el derecho indiano 147 recho en cuanto a Ia declaracién y amparo de su nobleza para que use adonde corresponda. Entretanto ocurre al Tribunal que compete a ob- tener las declaraciones concernientes a la posesién y propiedad de su hidalgufa, conviene en gran manera a su derecho que en el Cabildo de San Felipe el Real se tome raz6n de todos los documentos que ha presen- tado en este expediente y de que se le ha dado testimonio, y también de la citada Providencia de fojas 16 vta., porque alli existen algunos pale ue ignorando el origen de los padres de mi parte Dn. Pedro y la calidad de sus ilustres ascendientes, han querido dudar de su idoscidad. para obtener el empleo de Teniente de una de las Compafifas de Milicias de aquella provincia, y no siendo justo que por una supina ignorancia de quienes acaso no le igualen, padezca detrimento su honor ...etc. = Auto. Vistos: Lfbrese Real Provisién.en la forma ordinaria Pre que el. Corre- gidor de la villa de San Felipe el Real, con citacién del Procurador Ge- neral, haga anotar en los Libros Capitulares y tomar raz6n de los docu- mentos testimoniados y de la Informacién que esta parte tiene dada, y se halla aprobada por esta Real Audiencia por Auto de 24 de marzo de 1781, que se halla a fs. 26, haciéndole guardar todas las prerrogativas, reeminencias y exenciones que segtin dicha Informacién y documentos Ee correspondan. En la ciudad de Santiago de Chile, en 16 dias del mes de junio de 1781 afios, los sefiores Presidente Regente y Oidores de esta Real Audiencia proveyeron y firmaron el Auto anterior = Dn. Tomés Alvarez de Acevedo, Dn. Felipe de Gorbea y Vadillo y Dn. Nicolds de ‘Mérida y Segura, todos del Consejo de S.M., de que doy fe = Thorre”. Mas explicita es todavia al respecto, la siguiente certificacién nota- rial: “Yo Carlos José de Morales, Escribano de S.M., Publico y de Cabildo de esta villa; certifico y doy fe la necesaria en derecho que habiéndose seguido por el Maestre de Campo Dn. Cipriano de Cabrera y Olivos, Al- guacil Mayor de esta villa, en la Real Audiencia de este Reino, por el afio pasado de 1769, instancia sobre ser declarado por noble e hijodalgo y deber gozar y guardérsele los privilegios, franquezas, prerrogativas e inmunidades que como a tal le corresponden, con audiencia def Sr. Fis- cal de S.M,, se proveyé el Decreto del tenor siguiente = Decreto: Amp4- rese en la posesién de Nobleza al Maestre de Campo Dn. Cipriano de Cabrera y Olivos, y en su consecuencia se le guarden todas las excep- ciones y prerrogativas que le corresponden; y se haga saber a los Escri- banos de esta ciudad y al de la villa de San Felipe el Real y al Cabildo de dicha villa a su inteligencia, librandose la Real Provisién pedida”; ubricas). En seguida, este testimonio notarial consigna una de las diligencias que se hicieron para registrar la res- pectiva Provisién de Amparo en los libros del Cabildo™, De la lectura de estos y otros muchos documentos andlogos, se per- filan los dos factores que, a nuestro juicio, son claves para la compren- sién de la materia que aqui tratamos, los que analizaremos brevemente. EI primero dice relacién con el hecho de que, sin trasgredir la nor- ma prohibitiva ya aludida, las Audiencias de América hacfan uso fre- cuentemente de su atribucién para resolver y fallar sobre la hidalguia en determinados casos y con las limitaciones anotadas. De esta manera, los hidalgos en las Indias no necesitaban acudir a las Chancillerfas de la peninsula cada vez que requerfan un pronunciamiento judicial al res- pecto, sino en circunstancias muy excepcionales, vale decir, inicamente cuando la litigaban “en lo principal” y con miras a obtener una Carta % Archivo Nacional, Real Audiencia, Vol. 2231, pieza 6, fs. 10. 148 Luis Lira Montt Ejecutoria de Nobleza. Para tal objeto, solfan hacer “reserva de sus derechos” para ocurrir més tarde al tribunal competente, como aparece dicho en no pocos escritos de la época. Mas, cabe tener presente que idéntica solucién también prevalecta en la metropoli, a causa de que a los hidalgos peninsulares a menudo les era més expedito el camino de impetrar la declaracién “incidental” de su nobleza, que el engorroso y dilatado tramite de entablar un pleito de hidalgufa “en lo principal”. Asi, en el ordenamiento de las Leyes Castellanas (que en estas ma- terias también regian en Indias), se preceptuaba: “Quando se deduxere la hidalguia por incidencia, para salir uno de la cércel, u otros fines se- mejantes; declaramos que la probanza y autos que sobre ello hicieren, no se puedan presentar, ni alegar, ni tener por acto positivo para Ia hidal- gufa en lo principal” ®. No nos detendremos a precisar las consecuencias juridicas de esta modalidad procesal, pero s{ a recalcar que no sélo en ‘América se podia deducir la hidalguia “per incidentiam”, sino que ella era de ejercicio frecuente en la propia Espafia peninsular. También en las islas Canarias imperaba una situacién parecida, cual lo observa el tratadista Cadenas. “Al no existir en Canarias Audiencia con Sala competente para sentenciar los pleitos de Hidalguia —expresa— Jas informaciones se efectuaban ante los Corregidores y Alcaldes Ordi- eee Presidentes de Cabildo o Concejo en las Islas menores, prestando ofdo al Sindico Personero como genuino representante del comin de los vecinos. El caso de demostrarse ante ellos la nobleza, la Justicia Real Ordinaria dictaba el correspondiente auto de amparo””, De ello resulta que en los territorios donde las Audiencias carecian de Alcaldes de Hijosdalgo —como en Indias y Canarias— los autos o pro- visiones de amparo de noble adquirieron trascendental importancia préc- tica para la calificacién de la nobleza y, pese a la restricci6n juridica de su valor probatorio en conformidad a lo prescrito por el Derecho Caste- ano, histéricamente es innegable que constituyen una de las principales fuentes para el estudio de la materia. Por esta razén, las hemos incluido entre los actos positivos de hidalgufa citados més atras”, E] segundo punto, que en cierto modo deriva del primero, se refiere al distingo, que mencionamos al comenzar, entre la prueba de hidalguia “en posesion” y “en propiedad”. Se entiende por hidalguia “en posesién” la que tenfan todos aquellos que, pacificamente y sin contradiccién alguna, eran tenidos por nobles en los pueblos de su residencia ®. En esta forma, segin glosa la doctrina nobiliaria, se llamaba estar “en posesién” de la’hidalguia, cuando quie- tamente y sin reclamacién de ninguna clase se estaba inscrito en los pa- drones municipales de distincién de estados con tal calificativo (en las ciudades 0 villas donde existian estos padrones), o bien, cuando se go- zaba de los privilegios inherentes a la hidalgufa en aquellos lugares donde no se Ievaban dichos padrones ®. 78 Novisima Recopilacion de Leyes de Espafaa, Libro XI, Tit. XXVII, Ley XI, Neil. 76 VICENTE DE CADENAS, Princi- pales pruebas de nobleza de cardcter re- gional ..., pag. 96. Vid. también JOSE PERAZA ‘DE AYALA y RODRIGO DE VALLABRIGA, Los Antiguos Cabildos de las Islas Canarias, Anuario de Histo- ria del Derecho Espafiol, Madrid, 1927, Tomo IV, pag. 261. 7 Vid. nota 57. 78 Apuntes de Nobilic Fundamentos Nobiliarios 7 Apuntes de Nobiliaria La prueba de la hidalguia en el derecho indiano 149 A su vez, la hidalgufa “en propiedad” es la que tenfan quienes liti- gaban y obtenfan Carta Ejecutoria de Nobleza, dada en juicio contradic- torio, por sentencia ejecutoriada en la Sala de Oidores en Revista de una de las Reales Chancillerfas o Audiencias de Espaiia ™. La disimilitud jurfdica entre la “posesién” y la “propiedad” de la hidalgufa fue reconocida desde antafio por el Derecho Castellano y regla- mentada por la Real Pragmatica de los Reyes Catélicos, de 1492, que pas6 a la Novisima Recopilacién, Libro XI, Titulo XXVII, Ley IV, con el rotulo de "Modo de proceder y probar en los pleytos de hidalguia la posesién y propiedad de ella” "., Sin embargo, como lo advierten los tratadistas, no existia de hecho diferencia alguna en la calidad de ambas noblezas *. El principal efecto de la hidalguia “en propiedad” consistia en que quien la fitaba me- diante una Ejecutoria de Nobleza debfa ser recibido como noble en cualquier Consejo y no era admisible discutirsele su calidad. Pero el que un hijodalgo careciera de Ejecutoria, que era el signo externo de la hidal- gufa en propiedad, no significaba menor nobleza en él, sino solamente que no precisé de aquélla, ya sea por no haber mudado de vecindad, o bien, porque su hidalgufa era tan notoria que no se atrevieron a litigér- ben en otras comarcas. La posesién de la hidalgufa serviale de titulo su- iciente. De otra parte, cabe considerar que tampoco se exigié la hidalguia “en propiedad” para el ingreso en las Ordenes Militares u otras raciones con estatuto nobiliario. Bastaba al efecto la hidalgufa de san- gre “en posesién”, la cual podfa justificarse por cualquier medio de prue- ba previsto en sus Constituciones, entre los que se hallaban las Ejecuto- rias de Nobleza, como uno de tantos, mas no como el unico instrumento probatorio ®. Aclarados estos extremos, se hace mas facil entender los alcances de Ja limitacién impuesta a las Audiencias de Indias para el conocimiento de las causas de hidalguia. Si bien ellas no podian sustanciarlas “en lo incipal” ni declarar la nobleza “en propiedad”, en cambio, ban iciente competencia para conocerlas como “incidente” y declarar la nobleza “en posesién”, mediante el consiguiente auto de amparo. Lo cual, a la postre, insistimos, bastaba para satisfacer los requerimientos mis frecuentes y habituales de los hidalgos en América. La confirmacién de lo dicho aparece manifiesta en diversos expe dientes de hidalguia que hemos compulsado. Asi, en uno de ellos se lee lo siguiente: “Petici6n = Muy Poderoso Sefior: José Ignacio Lepe, en nombre de Dn. Pedro de Olivares y Uribe . en los autos sobre mi Informa- cién de nobleza, en la forma deduci : Que de la que he dado, com- puesta de siete testigos mayores, todos de excepcién y del mejor crédito y fama, resultan plenamente comprobados los articulos de mi interro- atorio de fs. ...; asf es constante mi legitima ascendencia hasta mis isabuelos paternos y maternos, su hidalgufa y nobleza y la posesién en & Fundamentos Nobiliarios ..., pAg. Santiago, Tit. IL, Cap, 3 y 4%, Definicio- - Apuntes de Nobiliaria suagk 13. nes de la Orden de Calatrava, Tit. V, SEVICENTE DE CADENAS, Cémo se Cap. 1; Definiciones de 1a Orden de At solventaban los Pleitos de Hidalguta y cdntara, Tit. IV, Cap. 10; Definiciones Leyes ..., pag. S40. de la Orden de ‘Mont 30. Vid. ® Apunies de Nobitiaria ..., pag. 129 también LOHMANN ‘Los Ame- yg ricanos en las Ordenes ..., Tomo I, pag. Establecimientos de la Orden de LVIII y sgtes. 150 Luis Lira Montt que todos han estado de ser reputados por tales y haberse ocupado siem- pre en empleos honorificos, que sdlo se confieren a personas nobles y dis- tinguidas. Por lo que se ha de servir la superior justificacion de Vuestra Alteza, con precedente audiencia del Sr. Fiscal de S.M. y del Procurador general de Ciudad, ampararme en la posesién de noble, mandando se me é el testimonio 0 testimonios que pidiere para que se me repute, mire y atienda como a tal en cualquier parte o lugar donde fuere. La preten- sién es conforme a Derecho, porque siendo uno de los modos de probar Ja nobleza e hidalguia la. Informacién de testigos, se halla la mia legi- tima y sobradamente probada, pues comprende hasta mis bisabuelos de una y otra linea, requiriéndose sdlo hasta los abuelos, en conformidad de la Ley 2a., Tit. 21, Partida 2a., concordante con otras que al fin dice “e por ende fijosdalgo deben ser escogidos que vengan de derecho Linaje de Padre e de Abuelo fasta el quarto grado exclusive”, segin la entiende su sabio glosador, a que Ilama bisabuelos. Es también conforme a la tida observada en este regio Tribunal, que en iguales casos siempre 1a amparado por nobles a los que por testigos han probado su hidalguia, pues aunque la Ley 119, Tit. 15, Libro 2? de nuestras Municipales inhibe a las Reales Audiencias de conocer y determinar sobre causas de hidal- guia, se entiende y se ha entendido en cuanto a la propiedad, pero no en cuanto a la posesién, que en ambos juicios (como es sabido y cierto) pueden en esta materia intentarse... etc.” , __ También en este expediente se reitera Ia “reserva de derechos” para litigar la hidalgufa “en propiedad”, a que nos hemos referido mas atrds, cuando en otro de sus escritos se expresa: “'... mi parte esta desde luego Pronto a ocurrir con testimonio de estos autos a las Reales Audiencias y Chancillerias que en los Reinos de Castilla deben conocer de las causas de Hidalguia, conforme lo previene la Ley 119, Tit. 15, Libro 2° de Indias + ete” 8, En los casos, de suyo poco frecuentes, en que los hidalgos america- nos hicieron uso de aque! derecho, sus causas se sustanciaron en las Chancillerias de Valladolid o de Granada, de preferencia en esta segunda —como lo observa Lohmann Villena— escogida en razén de su proxi- midad*, El mévil que los guiaba escapaba a veces del ambito indiano y tenia relacién con el propésito de tomar vecindad en la peninsula y de ser recibido como hidalgo en alguno de sus concejos. Asi, por ejem- plo, sucedié en el caso del chileno D. Bernardo José de Roa y Alarcén, el cual tramité y gané Carta Ejecutoria de Nobleza en la Real Chancilleria de Valladolid, en 1805, como requisito previo para ser admitido como noble en el Ayuntamiento de la villa de Madrid”. Ala inversa, la declaracién de Ja hidalguia “en propiedad”, mediante una Ejecutoria de Nobleza expedida en la metrépoli, revestfa conside- rable importancia practica para los hidalgos peninsulares que se radica- ban en América, pues por su intermedio, especialmente durante el siglo XVIII, muchos de ellos alcanzaron los empleos honorificos ‘‘de republi- ca” y hasta encomiendas de indios, como ya lo hemos comentado en otra oportunidad ". % Archivo Nacional, Real Audiencia, miento de un noble por el Ayuntamien- ‘Vol. 3083, fs. 351 vta. to de Madrid en 1816, Gacetilla del Esta- 8 Idem, fs. 354, do de Hidalgos, N? 21, Madrid, Febre- 8% Los Americanos en las Ordenes .., ro 1962, Vid. nota 9, DE CADENAS, Recibi- La prueba de la hidalguia en el derecho indiano 151 Con todo, para su eficacia en las provincias de ultramar, las Ejecu- torias debfan venir acompafiadas de una Real Provisién Auxiliatoria otor- gada per el monarca, a través del Consejo de Indias. Ambas eran pre- sentadas a la Audiencia indiana respectiva, la cual, previa vista del Fiscal, ordenaba su acatamiento y toma de razén en los Libros de Reales Pro- visiones del Cabildo®. Una minuciosa relacién de todos estos trémites aparece, verbigracia, en el expediente rotulado “Presenta una Executoria y pide providencia con audiencia del Sr. Fiscal de S.M. y Procurador Ge- neral de Ciudad”, seguido por D. Francisco y D. Miguel de la Cavareda, en el afio 1793, ante la Real Audiencia de Santiago de Chile ®. Ahora bien, si para las Audiencias americanas rigieron las restriccio- nes que hemos visto, para las demas Justicias, en cambio, no se establecié limitacién alguna en cuanto a su competencia para recibir Informacio- nes de Hidalgufa. Se aplicaban al respecto las mismas normas que regian en la peninsula. Las Informaciones judiciales de hidalgufa, que en algunos documen- tos aparecen bajo el nombre de Informaciones “ad perpetuam rei me- moriam”*, se tramitaban ante la Real Justicia Ordinaria, que era ejer- cida por los Alcaldes y Corregidores”; Aunque también en otras ins- tancias eran asunto de la competencia de Ia Real Audiencia, la cual come- tfa su recepcién al Oidor Juez Semanero™. Asimismo, entre la abundante casuistica de la época, hemos advertido algunas rendidas ante el propio Gobernador del Reino ™. El procedimiento empleado era parecido al que contempla el actual Cédigo de Procedimiento Civil nuestro para la tramitacién de las “Infor- maciones para perpetua memoria”. El interesado comparecfa ante el Juez mediante un escrito en que pedia se le admitiera la informacién ofre- cida y manifestaba en el mismo petitorio los puntos del interrogatorio al tenor del cual se debfa examinar a los testigos, con citacién del Pro- curador General de Ciudad, y en presencia del Escribano del Cabildo. Examinados aquéllos y concluidas las diligencias, previa vista del Pro- curador General o del Fiscal, en su caso, el tribunal aprobaba la infor- macién y autorizaba al propio Escribano para librar copia legalizada de todo lo obrado y de la providencia recafda en el expediente al interesado. Algunas veces, cuando en autos se requerfa la doble prueba, vale decir, la testifical y la instrumental, las Justicias ademas ordenaban a los Escribanos que dieran testimonio de los registros donde constaban los nombramientos o elecciones en empleos honorfficos (nobleza de car- go), que servirfan para acreditar la posesién de hidalguia en el intere- sado y sus ascendientes en tres o mds generaciones. Estos testimonios se agregaban al expediente y de ellos se daba igualmente copia a quien rendfa la Informacién. Las Informaciones de Hidalguia, luego de su aprobacién judicial, fundamentaban a menudo las peticiones.de las Reales Provisiones de Amparo de Noble, y en otras eventualidades se empleaban para formar las Relaciones de Méritos y Servicios con destino al Consejo de Indias o para diversas otras probanzas requeridas por los hidalgos americanos © GONZALO VIAL CORREA, op. cit, __% Archivo Nacional, Real. Audiencia, pag, 767 y. 768, Vol. 1912, '4;, Vol. 2801, a ‘Archivo Nacional, Real Audiencia, Reco de Leyes de Indias, Libro Vol. 2112, pieza 6, 22, Mt, XXXIIL Leyes 1, 3 y 12. 51 Archivo Nacional, Capitanta Gene. —_'® Archivo Nacional, Capitanfa Gene- ral, Vol. 117, fs. 86. ral, Vol. 117, fs. 86; Vol, 214, fs. 1; etc. ‘2 Vid. nota 54. 8 Libro Iv, Titulo XIV. 152 Luis Lira Montt a objeto de justificar su nobleza, asi en su tierra natal como en la me- trOpoli. Reglas especiales sobre el modo de practicar dichas Informacio- nes se dieron, entre otras, para el ingreso en las Ordenes Militares *, en la Real Compajifa de Guardias Marinas”, en la Compafifa de Caballeros Americanos de Reales Guardias de Corps *, en el Real Colegio de Nobles Americanos de Granada®, etc. Diferenciadas sélo en leves matices, nin- guna de ellas contenia discriminaciones entre los nobles oriundos de América y los nacidos en Espaiia. El principal efecto juridico de las Informaciones de Nobleza residia en que, con arreglo a lo dispuesto en la aludida Real Pragmatica de 1623, una vez acreditados tres actos positivos de hidalguia, teniase por pasada en cosa juzgada y ejecutoriada en derecho". De alli la asiduidad con que ellas se efectuaron. Debemos por ultimo mencionar, aunque sea someramente, otra mo- dalidad en la forma de producir la prueba nobiliaria que fue practicada en Indias por extensién del Derecho Castellano. Se trata del peculiar sis- tema originado en la legislacién castrense, mediante el cual a los hijos de Capitanes u oficiales de mayor graduacién se les exoneraba de la prueba formal de hidalguia, prescrita por Real Orden de 1735, bastindo- les al efecto la presentacién de las patentes en que constaba el grado mi- litar de sus padres". Ello vino a significar que dichos empleos daban nobleza trasmisible, sin otra averiguacién de la calidad de quienes la ha- bian obtenido por alcanzar tales grados. Por esta via obtuvo su consa- gracin legal el principio doctrinario de la trasmisibilidad automatica de la nobleza de cargo militar, al reconocerle la ley su cardcter “heredi- tario” en los casos ya descritos ™. La referida modalidad prevista en las Ordenanzas del Montepfo Mi- litar e incorporada en otros cuerpos legales, tuvo frecuente aplicacién practica en América a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, parti- cularmente en la confeccién de las hojas de servicios y en los expedientes de licencias a los oficiales para contraer matrimonio ™. Igual disposicién rigid en los casos de casamientos de las hijas y nietas de Oidores y Con- sejeros de Indias, en virtud de la Real Cédula de 1790. En una anterior monografia analizamos en parte el contenido doctrinario de tan original medio de prueba", En cefiida sintesis hemos intentado abordar uno de los temas mas interesantes que plantea el Derecho Nobiliario Indiano; y aunque desde ya admitimos no haber agotado sus contornos, séanos permitido aportar el presente esquema como una contribucién a su estudio. %6 Archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol. 750; Real Audiencia, Vol. 1282, pieza 8. Vid. también notas 25 y 58. 97 Archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol. 740. Vid. también nota 28, 8 Archivo Nacional, Capitania Gene- ral, Vol. 743. Vid. también nota 29. 5 Archivo Nacional, Capitania Gene- a1. Vid. también nota 31. neral, Vol. 751; Reglas Instructivas que el Inspector General de Infanterta reco- mienda y manda observar a todos los Cuerpos que estdn a su cargo sobre la admisién y educacion de, tos Caballeros Cadetes, de orden superior. (Impreso), Madrid, Imprenta Real, afio de 1800. Vid. también notas 22, 23 y 24. 102 VICENTE ‘DE CADENAS, Auto- maticidad de 1a Nobleza, Cuadernos de Doctrna Nobllaria, N° 1, Madrid, 1968, 31 y sgtes. is Vid. notes 23 xt Mid, tab JORGE DE ALLENDESALAZAR, op cit, Boletin de la Academia Chilena de la Historia, Nr 68, pég, 259. 104 Archivo ‘Nacional, Capitania Ge- neral, Vol. 739; Vol, 751; Real Audiencia, Vol. 766, pieza 3; Vol. 2820, pieza 1. 105 LUIS LIRA MONTT, Nobleza de cargo de los Oidores y Consejeros de Indias, Gacetilla del Estado de ‘Hidal. g0s, Né 76, Madrid, Agosto 1967.

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