Sotelo, gracias K.
Cross
HOMETOWN HERO
ALEXA RILEY
Sotelo, gracias K. Cross
Por los grandes sueños, y por las historias de amor aún más
grandes.
No tengas miedo de ir a por ambos.
Sotelo, gracias K. Cross
SMALL TOWN GIRL
By Alexa Riley
Juno Folke destaca en Pink Springs, pero eso no ha impedido que todo
el pueblo se enamore de ella. Bueno, todo el mundo excepto el sheriff
malhumorado Cooper Cross. El hermano de su mejor amiga está fuera
de los límites, pero no es que esté llamando a su puerta. En un pueblo
tan pequeño, no puede evitar cruzarse con él. Lo único que desea es
que deje de atormentar sus fantasías.
Cooper Cross volvió para cuidar de su hermanita, pero ahora que ella
se ha mudado a la gran ciudad y se va a casar, es hora de que él
empiece a vivir su propia vida. Pink Springs es su hogar y nunca
piensa marcharse, aunque la mujer que lo está volviendo loco no haya
echado raíces. Es una mala idea involucrarse con alguien que podría
cortar y huir en cualquier momento, incluso si esa misma mujer hace
que su cuerpo se debilite de necesidad. No puede enjaular algo tan
salvaje y libre, pero ¿podría convencerla de que se quede un tiempo?
Advertencia: El libro 2 es aún mejor que el anterior. Pero deberías
leerlo y comprobarlo por ti mismo. ¿Podrá este perfecto Héroe del
Pueblo encontrar su pareja con la mujer que no puede ser
domesticada? ¡Seguro que sí!
Sotelo, gracias K. Cross
Prólogo
JUNO
Miro fijamente al techo, sin poder conciliar el sueño. Llevo una
hora dando vueltas en la cama y todo es culpa suya. Cooper Cross es
el hermano mayor de mi mejor amiga y ha invadido demasiados de
mis pensamientos desde que volvió a la ciudad. Ahora está invadiendo
mis sueños, y no hay forma de escapar de él.
Cuando volví a la pequeña ciudad de Pink Springs, Lux y yo nos
hicimos mejores amigas al instante. Estaba muy segura de que iba a
odiar este lugar porque estaba muy aislado. Antes de mudarme al
medio de la nada, reboté entre los internados y la ciudad. Mis padres
eran abogados de alto poder adquisitivo y la vida que llevaban era
acelerada. Me empujaron a la escuela muy pronto y no hubo tiempo
de conocerlos antes de que todo cambiara.
En un abrir y cerrar de ojos se fueron, e incluso ahora me cuesta
creer que murieran juntos en un accidente de avión. Me llevó un
tiempo asimilarlo, y Lux me ayudó. Cuando aparecí en Pink Springs
para vivir con mi abuela, ella iluminó mi oscuro mundo. Ahora hago
lo mismo por ella desde que perdió a su padre.
Cierro los ojos cuando oigo abrirse la puerta del dormitorio. El
corazón se me acelera en el pecho porque sé que es Cooper. Es la única
persona en esta casa además de Lux, y ella está profundamente
dormida a mi lado. Luca está fuera esta noche, lo que es típico de él.
No había conocido a Cooper hasta hace poco, cuando volvió a
casa después de que su padre falleciera. Volvió con el propósito
Sotelo, gracias K. Cross
específico de cuidar de Lux, y ahora es el sheriff del pueblo, y todo el
mundo lo adora. Estaba enamorada de él incluso antes de que supiera
que existía. Vi fotos suyas por la casa hace años, cuando Lux me invitó
por primera vez.
Pensé que era el hombre más guapo que había visto hasta que
me encontré con él cara a cara. De alguna manera estaba más bueno
en persona y era mucho más grande que en sus fotos más antiguas.
Supongo que ser un SEAL puede hacer eso a cualquiera, pero Cooper
es una locura a la vista.
Después de un largo momento, oigo que la puerta vuelve a
cerrarse y me quito las sábanas de una patada. Tan silenciosamente
como puedo, me siento en el lado de la cama. Cooper va a perder la
cabeza cuando se entere de lo que Lux ha planeado para mañana, y
para ser sincera, también estoy perdiendo la cabeza por ello.
Sé que solo se muda a unas horas de distancia, pero va a ser
duro no tenerla cerca todo el tiempo. Intentó que me fuera a la ciudad
con ella, pero dejé esa vida atrás. Una vez que llegué a Pink Springs,
se me abrieron los ojos a un mundo completamente nuevo, uno que
quiero a largo plazo.
La gente de aquí se preocupa generalmente por los demás, y la
familia significa realmente algo en este pueblo. Me hace desear una
familia propia, pero el problema es que mi enamoramiento del sheriff
del pueblo no me ayuda a hacer realidad ese sueño. Por no mencionar
que, al ser la mejor amiga de Lux, estoy incluida en la regla general
del pueblo de mantener al sexo opuesto alejado de nosotras. Sus dos
hermanos no están bromeando cuando se trata de ella, y eso es algo
más que siempre he deseado. Alguien que me cuide de verdad.
Cuando salgo de la cama, me dirijo en silencio a la cocina. Una
vez que estoy allí, tomo un vaso de agua y me apoyo contra el
mostrador mientras lo trago. Va a ser extraño no venir siempre aquí
porque Lux y yo somos casi inseparables. Supongo que si se hace muy
difícil podría seguirla. No hay nada aquí que me retenga, excepto yo
misma.
Las luces de la cocina parpadean y el vaso se me cae de la mano
por la sorpresa. El ruido no es muy fuerte, pero los cristales caen por
todas partes, y me quedo helada. Cooper está frente a mí, sin más ropa
Sotelo, gracias K. Cross
que un pantalón de chándal gris. Cada centímetro de él está a la vista,
y veo tatuajes que no sabía que tenía.
—Joder. — ladra Cooper. —No muevas el culo ni un paso. —
ordena.
No estoy segura de poder hacerlo aunque lo intente porque
todavía estoy en estado de shock. Cooper y yo no hablamos mucho.
Viene mucho a la cafetería donde trabajo, así que le oigo hablar con
los demás. Pero en todo ese tiempo nunca le había oído hablar así.
—Lo siento. — digo cuando vuelve con una escoba.
—Mierda, estás sangrando.
Apoya la escoba contra el mostrador y sus manos se dirigen a
mis caderas. Me levanta y me muerdo el interior de la mejilla mientras
sus fuertes manos me agarran. Me coloca en la encimera de la cocina
y me ordena de nuevo que no me mueva mientras limpia en silencio
los cristales.
Al cabo de un minuto, vuelve con un botiquín de primeros
auxilios. —Está bien, Cooper. — Solo es un pequeño corte en mi pie,
y ya ha dejado de sangrar.
—Entonces solo será un segundo. — Se deja caer de rodillas en
el suelo de la cocina, y lucho contra un grito ahogado cuando sus
ásperas manos se deslizan por mi pantorrilla. Mis muslos se abren
solos y se queda quieto un momento mientras mi corazón empieza a
acelerarse. Pero tiene razón, y muy pronto termina y me pone una
tirita.
—Juno, ¿llevas pantalones cortos?
Miro la camiseta de gran tamaño que he cogido de la habitación
de Lux. Es una vieja camiseta del instituto y, para ser sincera,
esperaba que hubiera sido de Cooper en algún momento. Me llega
hasta la mitad de los muslos, así que no creo que necesite pantalones
cortos.
—No.
Cierra los ojos mientras se levanta, pero mientras lo hace sus
manos bajan sobre el mostrador a cada lado de mí. Cuando está en
toda su altura, todo lo que puedo ver frente a mí es él.
Sotelo, gracias K. Cross
—Cuando vuelvas arriba, te vas a quitar la camisa de Luca.
Oh, mierda. Asiento y me pregunto qué me pasa. Debería replicar
que me pondré lo que me dé la gana, pero de alguna manera le doy la
razón.
Cuando sus ojos se posan en mis labios, todo a mí alrededor se
detiene. El zumbido de la luz, el zumbido de la nevera, incluso mi
respiración no hace ningún ruido. Me echa una mirada y es como si
tomara una decisión.
—A la mierda. — le oigo decir antes de que su boca esté sobre la
mía.
Sus dedos se enredan en mi pelo y sus puños tiran para que mi
cabeza se incline hacia atrás, haciéndome jadear. Su lengua se desliza
en mi boca mientras profundiza el beso, y todo lo que puedo pensar
es que por fin está sucediendo. Cooper Cross me está besando.
Finalmente, mi cerebro entra en acción y gimo y le devuelvo el
beso. Sus labios son suaves y fuertes a la vez, ya que domina este beso
y todo lo que está sucediendo. No sé qué hacer con mis manos, así que
las llevo a su pecho. La sensación de sus músculos bajo mis dedos es
como de acero sedoso, y quiero clavarle las uñas.
Se empuja contra mí, acercándose a mis piernas abiertas, y
siento su dura polla presionando mi sexo. Cuando grito por el dulce
dolor, Cooper se aparta de repente, retrocediendo varios metros. Una
ola de frío me invade cuando se lleva su calor y todo lo prometido en
ese beso. Me hormiguea la boca por la marca que ha dejado en mí, y
no sé qué acaba de pasar.
—Ha sido un error. — dice, y jadea como si le faltara el aire.
—Error. — Repito la palabra que me atraviesa. Estoy bastante
segura de que también fui un error para mis padres, no es que
estuvieran cerca para decírmelo alguna vez. No soy estúpida, y ellos
no estaban hechos para eso de ser padres, pero oírlo de alguien a
quien consideraba un buen hombre es duro.
—Lo siento. — Cierra los ojos, sacudiendo la cabeza.
¿Lo siente? Genial, soy un error y un arrepentimiento.
Sotelo, gracias K. Cross
—No te preocupes. — Trato de mantener la calma en mis
palabras mientras me deslizo fuera del mostrador. —Este sucio
secreto quedará entre nosotros. No me gustaría que la ciudad pensara
que no eres el héroe americano.
Sé que tengo un aspecto diferente al de la mayoría de las chicas
de la ciudad. Cambio el color de mi pelo todo el tiempo, y mi estilo
puede ser un poco fuera de lo común comparado con todos los de aquí.
Destaco en la ciudad, lo cual no es malo, pero es un recordatorio de
que, al fin y al cabo, sigo siendo una forastera. Nunca perteneceré a
ningún sitio por mucho que lo intente, y desde luego no encajaré en
la caja en la que Cooper Cross quiere meterme.
—Joder. — Sacude la cabeza. —Juno, yo estaba...
—No lo hagas. — Levanto la mano, sin querer escucharlo.
Ya me duele tanto después de solo haber probado lo que había
soñado. Tan rápido como fue mío, se fue, y no estoy esperando a
escuchar el resto de sus arrepentimientos. Solo me alegro de haber
encontrado mi voz de nuevo y de poder enmascarar mi dolor. Siempre
he sido buena en eso, pero probablemente sean los años de práctica.
—Aléjate de mí y yo me alejaré de ti. — digo antes de girarme
para dejarlo atrás.
No me impide ir, lo que me da todas las respuestas que necesito.
Cooper Cross nunca será mío.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 1
COOPER
Muchos meses después...
—Hola, sheriff, ¿cómo va todo?
Asiento hacia Jim, el dueño de la tienda de música del centro, y
enderezo mi periódico. —Bien, solo estoy tomando mi descanso para
comer. — Vuelvo a ojear la sección de deportes, leyendo de nuevo la
victoria de los Lions sobre el East el pasado viernes por la noche.
No hay mucho en el periódico local, pero me distraigo y tengo
que releer un par de veces.
— ¿Aquí afuera?— pregunta Jim, y vuelvo a levantar la vista del
periódico.
Estoy afuera de la tienda de música de Main Street, sentado en
un banco con mi almuerzo a medio comer al lado. Hace un día
precioso, así que ¿por qué no iba a aprovechar el sol y el clima
veraniego que está a la vuelta de la esquina?
—Sí, ¿por qué?
—Nada en realidad, solo me preguntaba si es porque este lugar
es perfecto para mirar dentro de la cafetería. — Miro fijamente a Jim,
y el viejo sonríe mientras se quita el sombrero y entra en su tienda.
—Montón de entrometidos en esta ciudad. — murmuro,
ahuecando mi periódico de nuevo y tratando de leer la sección de
deportes por cuarta, no, quinta vez.
Sotelo, gracias K. Cross
Intento por todos los medios leer el artículo sobre la posibilidad
de que el instituto local vaya al estatal este año, pero en lugar de eso
me encuentro con que mi periódico baja lentamente para poder mirar
por encima el único restaurante del pueblo. El especial de hoy es pollo
frito, y es el mejor de todo el estado. Mi estómago refunfuña al
pensarlo, pero entonces vislumbro la lavanda y recuerdo por qué ya
no voy ahí.
Agarro el sándwich de mantequilla de cacahuete y mermelada
que tengo al lado, le doy un mordisco e intento no pensar en todos los
sándwiches de mierda que he comido últimamente. La semana pasada
conduje hasta la ciudad para ver a Lux solo para poder comer una
comida casera. Pero entonces me hizo demasiadas preguntas sobre...
ella, y luego tuve una emergencia en el trabajo y tuve que irme antes.
Se me eriza el vello de la nuca y, cuando levanto la vista del
periódico, veo que me está mirando. Bueno, en realidad me está
mirando fijamente, pero me conmueve igualmente.
Juno Folke ha sido una espina clavada desde el día en que
conoció a Lux. Siempre está ahí, hurgando, y no puedo sacármela de
encima. Incluso una noche intenté ceder y...
Es suficiente.
Reprendo mis propios pensamientos porque no puedo ir por ese
camino. No puedo pensar en aquella noche en la cocina, y menos aquí,
a la luz del día. Ese es un recuerdo para cuando esté solo y esté
oscuro. No aquí afuera, delante de mujeres y niños, cuando no puedo
hacer nada para ocultar lo que ocurre cuando pienso en esos suaves
labios...
—Maldita sea. — me maldigo a mí mismo mientras sacudo el
papel una vez más. La maldita cosa va a estar destrozada para cuando
termine mi descanso para comer.
—Dicen que hablar solo es un signo de locura. — Levanto la vista
y veo a Luca apoyado en el poste de la luz con un palillo en la mano.
Sonríe con suficiencia ante mi almuerzo y sacude la cabeza. —Sabes
que la gente conduce desde el siguiente estado por ese pollo frito, pero
aquí te sientas con tu sándwich con la cara más agria que he visto
nunca.
Sotelo, gracias K. Cross
—Métete en tus asuntos. — Doy otro mordisco a mi sándwich,
que bien podría ser aserrín.
—Seguro que hoy ha estado bien. — Se frota la barriga y estira
los brazos sobre la cabeza. Pongo los ojos en blanco cuando pasa un
grupo de chicas y les guiña un ojo. —Buenas tardes, señoras. — Todas
se ríen y se sonrojan.
—Estoy intentando tener mi descanso en paz. — digo sin mirarle.
—Me parece un desperdicio sentarse aquí afuera cuando la vista
más bonita está dentro de la cafetería. — dice Luca, intentando que
muerda el anzuelo.
—Tú sabes mucho sobre desperdicios. Como que disfrutas
haciéndome perder el tiempo. — Sigo sin levantar la vista,
obligándome a mantener la calma.
—Solo me estoy estirando para que mi comida pueda digerirse.
Sabes que Juno siempre me da un poco de su pastel cada vez que la
veo. — Cuando lo fulmino con la mirada, me guiña un ojo. —La
golosina más dulce de la ciudad.
—Luca. — le advierto, pero juega con su palillo e ignora la bomba
que hay en mi interior y que está a punto de estallar.
—Por lo que he oído no soy el único al que se lo reparte gratis.
Antes de que le diga a mi cuerpo lo que tiene que hacer, estoy de
pie y a centímetros de él. —Ya está bien.
—Tranquilo, hermano mayor. — Me guiña un ojo antes de
empujar el poste de la luz y bajar por la acera. Justo cuando creo que
se ha ido, se da la vuelta para mirarme con su sonrisa aún tan
brillante como antes. —Hoy ha sido melocotón, y seguro que ha sido
jugoso.
Su carcajada resuena a través de Main Street mientras se aleja,
dejándome ahí de pie con rabia. Aprieto los puños a mi lado, el
periódico y mi almuerzo olvidados desde hace tiempo mientras miro
hacia el interior de la cafetería.
Está en la ventana con una bandeja vacía apoyada en la cadera,
mirándome. Lleva el pelo color lavanda trenzado sobre un hombro, e
incluso desde aquí puedo ver el rosa intenso de sus labios. No pienso
Sotelo, gracias K. Cross
en cómo se vería ese rosa intenso en mi piel. En cambio, me doy la
vuelta, cojo la basura y la meto con rabia en el cubo.
Cuando vuelvo a mirar hacia la cafetería, se ha ido y mi apetito
también. Me subo a mi coche patrulla y hago un par de
comprobaciones por toda la ciudad antes de volver a la comisaría. Una
mujer mayor llamada Ruth trabaja en la central, pero creo que sobre
todo chismea con la gente que llama y denuncia los delitos.
Nuestro pueblo es tan pequeño que nunca pasa nada, y eso es
parte de la razón por la que me encanta estar aquí. Estamos lo
suficientemente cerca de una gran ciudad como para ir a divertirnos,
pero la mayor noticia en nuestro pueblo fue la semana pasada, cuando
el Piggly Wiggly renovó su departamento de carne.
Aparte de Ruth y yo, hay un bombero jubilado que se ofrece como
voluntario por las noches y los fines de semana para que yo pueda
tener días libres. Comparado con las horas y exigencias en el ejército,
este trabajo es relajado y es exactamente lo que necesitaba después
de volver a Pink Springs.
No estaba preparado para volver tan pronto, pero después de la
muerte de mi padre, sabía que tenía que cuidar de Lux. Luca era
mayor, pero seguía necesitando a alguien que lo cuidara también.
Después de mi encuentro con él en el almuerzo, me pregunto si no
debería haberlo dejado a los lobos como el perro que es.
—Buenas tardes, Cooper, ¿hay algo bueno?— me pregunta Ruth
cuando entro en la oficina y cuelgo mi sombrero.
—He oído que se ha agotado el pollo en el almuerzo.
—Tonterías, ¿qué vamos a hacer Frank y yo para cenar?—
Inmediatamente coge la radio del despacho y la oigo decir a una de
sus amigas que el pollo se ha agotado.
Sonrío y sacudo la cabeza mientras entro en mi despacho y cierro
la puerta. Pink Springs es el lugar al que siempre quise venir y formar
una familia, pero una parte de mí se pregunta si eso es lo que este
pueblo quiere para mí.
Solo hay una persona que me ha hecho girar la cabeza, y una
vez que eso ocurrió ya no hubo vuelta atrás. Me obligo a no pensar en
ella, pero es inútil. Es como cuando alguien te dice que no pienses en
Sotelo, gracias K. Cross
una ardilla lavanda que está cabreada, y de repente eso es todo en lo
que estás pensando. Esponjosa, linda y lista para morder, pero de
alguna manera no puedes dejar de pensar en ella.
Hubo un momento en el que las cosas podrían haber sido
diferentes, pero evité que fuera a más. Es la mejor amiga de mi
hermana, pero tampoco es del tipo pueblerino. Un día Pink Springs no
será suficiente para ella, y cuando se vaya, se llevará mi corazón con
ella.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 2
JUNO
Limpio la última mesa antes de ordenar el kétchup y el salero.
Lo mejor del especial de pollo no es solo que el día pasa volando, sino
que también puedo ver la mayor parte de la ciudad. Lo que más me
gusta del restaurante es el ambiente de pueblo. No soy pariente de
nadie, pero todos actúan como si fuera su prima o su nieta. Me da un
sentido de pertenencia, y es algo que no tenía antes de mudarme a
Pink Springs.
Hay unos cuantos dólares de propina sobre la mesa y miro por
encima del hombro para ver si Amy mira hacia mí. Como no la veo,
paso por delante de una de sus mesas que todavía tiene que ser
limpiada y dejo el dinero ahí antes de dirigirme a la parte de atrás.
Amy es madre soltera y su ex es un imbécil. Sé que a veces le
cuesta llegar a fin de mes y que necesita el dinero más que yo. La
verdad es que no necesito nada de dinero. Todo lo que pertenecía a
mis padres fue a parar a un fideicomiso cuando fallecieron, incluido
el seguro de vida. Un juez lo supervisaba, ya que la abuela nunca cogió
el dinero asignado que debía recibir. Cuando cumplí los dieciocho
años, me lo entregaron todo, y ahora solo trato de averiguar qué es lo
siguiente que quiero.
— ¿Te vas de aquí?— pregunta Amy, y puedo ver la preocupación
en su rostro.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Necesitas algo?— Sé que siempre se siente mal cuando me
pide que cubra un turno, pero no me importa hacerlo por ella. Trabaja
mucho, y no tengo una vida social muy animada en este momento.
—Devin tiene un poco de fiebre. — dice, hablando de su hijo.
—Oh Amy, deberías irte entonces. Yo me encargo de esto. — Le
doy una gran sonrisa para asegurarle que no es un problema.
—Está bien, pueden irse las dos. — dice John desde su
despacho.
— ¡Gracias! Déjame ir a limpiar mis últimas mesas. — se va
hacia el frente y asomo la cabeza en la oficina de John.
— ¿Estás seguro?— Pregunto, y me mira por encima de sus
gafas.
—Sí, Missy vendrá pronto. Nos hemos quedado sin pollo y la
mayor parte del pueblo ya ha pasado por aquí hoy. Vamos a estar
lentos esta noche. — Asiento. Hay algunas personas que a veces pasan
por el restaurante dos veces en un día, pero es raro.
—Está bien, pero puedes llamarme si algo cambia. — Asiente y
me dedica una cálida sonrisa antes de salir por la parte trasera del
edificio hacia mi Jeep. Antes de entrar, compruebo mi teléfono y veo
que tengo un mensaje de Lux. Mientras lo leo, todavía no puedo creer
que esté embarazada.
Lux: ¿Qué vas a cenar? Estoy pensando en hamburguesas.
Yo: Tú siempre quieres hamburguesas.
Mientras me subo a mi Jeep pienso en la mierda de que ahora lo
único que tenemos de forma habitual son los mensajes de texto. No
puedo decir que no sepa casi todo lo que hace, porque siempre nos
mandamos mensajes de texto, incluso cuando no tenemos nada de
qué hablar.
Cuando salgo del callejón, mis ojos se dirigen hacia la comisaría,
sabiendo que Cooper probablemente esté adentro. Los dos hemos
hecho bien en evitarnos el uno al otro. Al menos, manteniendo la
distancia física. Ya ni siquiera entra al restaurante.
Sotelo, gracias K. Cross
Sin embargo, de alguna manera lo veo a cada paso. Incluso
cuando estoy en casa de la abuela, veo pasar el coche patrulla, y
aunque sé que es parte de su trabajo ir por los barrios, juro que es
más a menudo de lo que debería. O quizás una parte de mí espera que
sea por eso. La esperanza de que esto le esté doliendo de la misma
manera que me ha dolido a mí. Sigo esperando que el dolor de su
rechazo disminuya con el tiempo, pero nunca lo hace. No voy a
perseguir a ningún hombre, y me estoy cansando de esperar.
Mi teléfono vuelve a sonar y miro detrás de mí para asegurarme
de que no estoy bloqueando a nadie antes de comprobarlo.
Lux: He oído que Paula ha vuelto a la ciudad.
Me envía unos cuantos emojis vomitando.
Yo: Ni idea de quién es.
Si ha vuelto a la ciudad puede que no la conozca, y ese nombre
no me suena. Suelto el pie del freno justo cuando llega otro mensaje y
miro hacia el asiento de al lado para leerlo.
Lux: Sí. Claro que sí. Ella y Cooper fueron el rey y la reina del baile. Se fue de
la ciudad poco después de que Cooper se alistara. Ojalá se hubiera quedado lejos.
Miro fijamente la pantalla hasta que un claxon me llama la
atención y salto, frenando de golpe cuando un coche me rodea. Había
rodado lentamente hacia la calle, sin prestar atención, y maldigo mi
propia estupidez.
— ¡Qué demonios, Juno!
Suspiro porque sé exactamente quién me grita sin mirar.
Cuando vuelvo la cabeza veo a Cooper Cross de pie en la acera,
enojado y mirándome fijamente.
—Tienes que tener cuidado con lo que haces. — continúa,
regañándome mientras se acerca a pisotones y se acerca a mi Jeep.
Con una sonrisa de oreja a oreja, aprieto el acelerador y arranco
antes de que llegue a mi puerta.
Probablemente no sea la mejor idea huir de un policía, pero ¿qué
va a hacer, arrestarme? No es que vaya a ponerme las esposas porque
Sotelo, gracias K. Cross
eso significaría que tendría que acercarse. Me evita como la peste, y
no sé cuánto tiempo más podrá seguir así.
La boda de Lux está a la vuelta de la esquina y los dos estamos
en ella. La idea de que traiga una cita me revuelve el estómago. Nunca
he visto ni oído que salga con nadie de la ciudad, pero ahora me
pregunto si esta chica, Paula, cambiará eso. Me quito la idea de la
cabeza, no quiero ir por ahí. Me estoy adelantando a los
acontecimientos, algo que Lux siempre hace, y tengo que disuadirla
de que se vaya. No tiene sentido que me preocupe por algo que quizá
nunca ocurra.
No me toma mucho tiempo llegar a la casa de mi abuela y la veo
en el macizo de flores cuando me detengo. Está justo delante del
porche y, cuando me oye, se levanta y me dedica una gran sonrisa.
Es tan diferente a mi padre que cuesta creer que haya sido criado
por ella. Me dijo hace mucho tiempo que vivía en la ciudad y que fue
ahí donde lo crió. No fue hasta que perdió a su marido que se mudó
aquí a Pink Springs. Me resulta difícil verla como una chica de ciudad
porque es la única forma en que la he conocido.
—Hola, cariño. — dice cuando bajo de mi Jeep.
—Hola, abuela. — Sigo su mirada cuando algo llama su
atención, y mi corazón se desploma cuando veo a Cooper en su coche
patrulla.
Sin embargo, no se detiene. Se limita a reducir la velocidad y
sigue avanzando. Supongo que, después de todo, no me van a arrestar.
Casi me da un pase libre por la ciudad para hacer lo que quiera.
—No pensé que te vería esta noche. — dice la abuela, desviando
mi atención de Cooper. Me acerco para darle un beso.
—Todavía tengo que coger algunas cajas más. — Además, quiero
ver cómo está. Es más que capaz de cuidar de sí misma, pero es lo
único que me queda.
—Va a ser extraño sin que sigas viviendo aquí, pero me alegro de
que no te vayas lejos.
—Sabes que no lo haría. — Cuando entramos, cojo una galleta
del plato de la mesa y subo a mi habitación.
Sotelo, gracias K. Cross
Solo quedan unas pocas cajas, así que no hacen falta muchos
viajes a mi Jeep para tenerlo todo hecho. No tengo nada grande que
me vaya a llevar, y he pedido los muebles que necesitaba. La mayor
parte está todavía en cajas, pero tarde o temprano me pondré a
montarlos. Apuesto a que podría cambiar pastel por mano de obra con
Luca.
—Creo que eso es todo.
—No te pongas triste, cariño. Este es un nuevo capítulo de tu
vida. — me dice la abuela mientras me abraza.
— ¿No te parece una tontería?— Puede que me dé de bruces,
pero en lo que se refiere a las artes, Pink Springs no tiene nada, y
espero cambiar eso muy pronto. No solo para exponer mis cosas, sino
quizá para dar clases e incluso algunos pequeños eventos.
—Nunca es una tontería seguir un sueño. — Me aprieta la mano
una última vez y le doy un beso.
De vuelta al centro de la ciudad, pienso en cómo mi abuela
siempre me empuja a seguir mi corazón. Si ella cree en mí, yo debería
creer en mí misma.
Cuando llego al estacionamiento detrás de la franja principal de
edificios del centro, miro mi edificio. Parece una locura llamarlo así,
pero ahora es todo mío. El lugar solía ser una oficina inmobiliaria,
pero se mudaron y ha estado vacante durante un tiempo. Sin
embargo, lo mejor es que el apartamento está en el último piso, así
que puedo tener un estudio en la planta baja y mi vivienda en la
superior.
Saco las llaves, entro y pongo mi código en la alarma. Después,
cojo un par de cajas y empiezo a subirlas. Una vez en mi apartamento,
miro fijamente todas las cajas y deseo que Lux esté aquí. No le he
contado nada de esto, aunque le dije hace tiempo que era un sueño
mío. Con ella enamorándose y casándose pronto, y por supuesto con
un bebé en camino, nunca me pareció el momento adecuado.
Me acerco a la ventana que da a la calle principal y veo la
comisaría de policía justo delante de mí. No hay que perderse, pero
puedo ver prácticamente todo el centro de la ciudad desde este punto
de vista.
Sotelo, gracias K. Cross
Cooper sale de la comisaría en ese momento y mis ojos se abren
de par en par cuando lo veo junto a una mujer que no reconozco. Debe
ser la mujer de la que hablaba Lux. Tiene el pelo rubio, largo y
ondulado, que combina perfectamente con el vestido azul que lleva.
Eso es todo lo que puedo decir de ella desde esta distancia, pero no
hay duda de sus curvas.
Tiene muchas de ellas en todos los lugares adecuados, y la forma
en que se pone a su lado me molesta. Odio admitirlo, pero son una
pareja de galletas y lo que la mayoría de los presentes supondría que
Cooper acabaría. Cooper debe decir algo gracioso porque ella echa la
cabeza hacia atrás y se ríe. Cuando su mano se posa en el hombro de
él, me doy la vuelta.
Soy todo lo contrario a ella en todos los sentidos, y no me gusta
cómo me siento al verlo. ¿Cómo se supone que voy a vivir aquí
viéndolos juntos todo el tiempo? Tal vez quedarme en Pink Springs no
fue la mejor idea.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 3
COOPER
La risa de Paula es como un clavo en una pizarra, pero intento
mantener la sonrisa. Cuando me toca el hombro, no puedo seguir
fingiendo y doy un paso atrás para que su mano se aleje.
—Bueno, de todos modos...— Comienza a hablar de nuevo, y no
estoy seguro de haberle dicho más de tres palabras desde que entró
en la oficina hoy. —Ha pasado mucho tiempo, pero es bueno estar de
vuelta en la ciudad. ¿Por qué no vienes a cenar con Luca esta noche?
Mamá está cocinando algo especial por mi regreso.
—Eso es muy bonito, pero me temo que tengo que ocuparme del
trabajo.
—Oh, vamos, Coop, ambos sabemos que esta noche no pasa
nada en este pueblo. — Se inclina como si fuera a contarme un
secreto. —No diré ni una palabra.
—Gracias por venir. — Asiento hacia Paula y puedo ver que los
bordes de sus ojos se tensan un poco. Así es como sé lo enojada que
está por no salirse con la suya.
Paula y yo no éramos lo que se dice una pareja en el instituto,
pero se apresuraba a decir que estábamos juntos. Solía ser odiosa en
los partidos: se pintaba el número de mi camiseta en la cara y pedía
llevar mi chaqueta. Yo era un buen chico que no quería herir sus
sentimientos, así que cuando me invitó al baile acepté. Nuestra
promoción tenía unos cien chicos, así que no tenía muchas opciones.
Sotelo, gracias K. Cross
No me interesaba nada más que centrarme en entrar en la Marina
después de la graduación.
Después del baile de graduación, se empeñó en decir que
estábamos hechos el uno para el otro, y traté de decepcionarla con
delicadeza, pero después me enteré de que había dicho a la gente que
habíamos llegado hasta el final. No era cierto, y no empecé el rumor,
e incluso me esforcé por aplastarlo cuando alguien me lo mencionó.
Cuando me fui de la ciudad, Luca me dijo que le estaba contando a
todo el mundo que estábamos comprometidos y que estaba esperando
a que volviera a casa. Le escribí una carta mientras estaba en la base
y le dije con toda claridad que no estábamos juntos y que no debía
esperarme. Poco después, se marchó de Pink Springs.
Hace tiempo que he vuelto y no he vuelto a pensar en ella desde
el entrenamiento básico. La semana pasada me enteré de que su
madre se había caído y se había roto una pierna. Fui a ver cómo estaba
y me aseguré de que tenía mucha ayuda. Lo siguiente que sé es que
Paula aparece en la comisaría diciendo que he estado preguntando por
ella y que ha vuelto a la ciudad para siempre.
Esto es exactamente lo que no necesito ahora, junto con el dolor
de cabeza que se está formando detrás de mis ojos.
—Nos vemos mañana, Cooper. — se despide con la mano
mientras se dirige a su coche. No me pierdo el exagerado movimiento
de sus caderas mientras lo hace, y tengo que obligarme a no poner los
ojos en blanco mientras me dirijo a mi coche patrulla.
Ya lo intentó más de una vez en el instituto, y me afectó tanto
entonces como ahora. Que es exactamente cero. Durante mucho
tiempo después de graduarme me pregunté si esa parte de mí
simplemente no funcionaba. Conocía a chicos de mi clase que no
podían esperar a ponerle las manos encima a una chica y estaban
constantemente presionando para obtener detalles sobre Paula. No
tenía esas ganas imperiosas de tener sexo o estar con alguien, y me
preguntaba si estaba roto. Me imagino a Juno con el pelo rosa sentada
en la encimera de mi cocina, y eso responde a esa pregunta.
No, no estaba roto. Mi cuerpo estaba en hibernación hasta que
llegara la mujer adecuada. La pequeña Juno con sus piernas flacas,
Sotelo, gracias K. Cross
su barbilla obstinada y una actitud del tamaño de Georgia. Ella fue la
que me despertó, y ahora está bajo mi maldita piel.
Una vez que Paula gira a las afueras del centro de la ciudad, me
bajo del coche y me dirijo al otro lado de la calle. Veo la luz encendida
en la antigua inmobiliaria y pienso comprobarlo. Al fin y al cabo, es
mi trabajo.
Compruebo la puerta principal y está cerrada con las persianas
bajadas. Cuando voy por detrás, veo que la puerta está entreabierta y
que el coche de Juno está estacionado cerca. Sabía que había
comprado la casa, porque el banco había venido a la comisaría a
certificar el papeleo ante notario. Pregunté por ahí, pero nadie sabía
por qué. La casa de su abuela no está muy lejos del centro, y por lo
que recuerdo es bastante grande para Juno y ella. ¿Por qué demonios
se mudaría a un negocio en el centro? ¿Realmente necesitaba estar
más cerca del trabajo?
Lux me habló de sus padres hace mucho tiempo, así que siempre
estuve pendiente de su abuela. Envié a uno de los boy scouts de la
ciudad a cortarle el césped en primavera y verano, y le pedí al
constructor local que le limpiara los canalones dos veces al año. Este
invierno hemos tenido bastante hielo, y me aseguré de echar sal en
sus escalones antes de que se despertara para ir por el periódico. No
tenían a nadie más cuidando de ellas, y yo quería ayudar de alguna
manera. Si soy sincero conmigo mismo -cosa que no me gusta hacer-
sé que estoy fingiendo cuando digo que lo haría por cualquier otra
persona del pueblo.
Empujo un poco la puerta y miro las escaleras que suben al
apartamento. Solo he subido aquí una vez, pero fue antes de que lo
vendieran. Echo un último vistazo por encima del hombro y decido
que debería ver cómo está Juno para asegurarme de que está a salvo.
Sé que dije que mantendría la distancia, pero también soy el sheriff.
Las escaleras son estrechas, pero las subo enseguida y veo que
la puerta del apartamento está abierta de par en par. —Jesús, es como
un cartel de neón para el crimen.
Sin pensarlo, entro y me quedo en silencio por la imagen que me
recibe. Juno está de pie con unos pantalones cortos, un sujetador rosa
intenso y una copa de vino. Me mira y se queda congelada solo un
Sotelo, gracias K. Cross
segundo antes de ponerse una mano en la cadera y levantar esa
maldita barbilla obstinada que tiene.
— ¿Ahora te dedicas a entrar en las casas de la gente?— Sus
ojos se entrecierran como si estuviera enojada, pero veo que el rubor
le sube por el cuello.
—Lo hago si sus putas puertas están abiertas de par en par. ¿Por
qué estás medio desnuda para que todo el maldito pueblo te vea,
Juno?
— ¿Tienes una orden?— toma un sorbo de su vino y levanta una
ceja.
—Podría llevarte ahora mismo por ser menor de edad y por
exhibición indecente.
—Te reto.
—Ponte algo de ropa. — Echo un vistazo al apartamento en
busca de algo y veo un jersey encima de una caja de cartón. Lo recojo
y se lo tiro, y lo deja caer al suelo por despecho. —Maldita sea, Juno.
—No puedo decidir si te gusta decir mi nombre o si no puedes
contenerte.
Doy un paso hacia ella y deja el vino en la mesa de al lado. Agarra
el jersey y lo levanta lentamente por encima de la cabeza y hace
ademán de taparse.
— ¿Contento?— pregunta mientras cruza los brazos sobre el
pecho.
—Hace mucho tiempo que no lo estoy. — Aprieto los puños a los
lados porque me está deshaciendo de nuevo. —No desde el día en que
entraste en mi vida.
Se estremece, y desearía poder retirar las palabras porque no
han salido como quería. Desde el momento en que la conocí, me ha
estado volviendo loco, y no tengo ningún control. Ojalá pudiera volver
a una época en la que pudiera tener más de un pensamiento sin que
ella invadiera mi mente. Pero hay una parte oscura de mí que susurra
que nunca dejaría que eso sucediera.
—No me refería a eso.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Por qué estás aquí?
—Las luces estaban encendidas y la puerta de abajo no estaba
cerrada. Pensé que tal vez alguien había entrado. — La mentira sale
fácilmente, pero ella no la cree.
—Una gallina no puede cagar en esta ciudad sin que tú lo sepas.
—Cuida tu boca. — Sale antes de que tenga la oportunidad de
pensarlo, y ella sonríe con el desafío.
—Es mi puta casa. — se burla, desafiándome a hacer algo al
respecto, y Dios, cómo quiero hacerlo.
—Así es. — Aprieto la mandíbula con tanta fuerza que casi se
rompe. —Deberías cerrar la puerta con llave; alguien podría entrar.
— ¿Cuándo fue exactamente la última vez que en Pink Springs
hubo un allanamiento de morada, sheriff Cross?
Tengo en la punta de la lengua decirle que la semana pasada,
pero ambos sabemos qué hace más tiempo del que vivimos. Lo peor
que pasa en este pueblo es que los chicos se emborrachan en el campo
de fútbol a deshoras y vomiten en las gradas.
— ¿Por qué no vuelves a tu patrulla y hacemos como si esto no
hubiera pasado?— Me despide con tanta facilidad que me corta el
centro del pecho. Cuando me doy la vuelta para irme, la oigo decir en
voz baja: —Igual que la última vez.
Cierro los ojos con fuerza y quiero volver con ella, pero hay
demasiado entre nosotros. Ella no me quiere, y lo que le hice en esa
cocina rompió cualquier brillo que tuviera para ella. Mi oportunidad
se ha ido, y es mi culpa, pero no tengo que quedarme aquí y dejar que
eche sal en la herida.
—Cierra cuando me vaya. — digo sin darme la vuelta.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 4
JUNO
—Se ve sexy, Juno. — dice Wes desde detrás de mí mientras miro
en el espejo mi nuevo anillo de nariz. Siempre quise uno, pero nunca
apreté el gatillo. — ¿Quieres que te perfore algo más?— Lo veo sonreír
en el reflejo del espejo y pongo los ojos en blanco mientras me giro
para mirarlo.
Sería una mentirosa si dijera que nunca he pensado en hacerme
unos cuantos piercings en otra parte, pero no quiero que la primera
vez que un hombre se ponga encima de mis tetas sea cuando me las
perforen.
— ¿Qué te debo?— Digo en lugar de contestarle. Cojo mi bolso
del mostrador y saco la cartera.
— ¿Qué tal una cita?— Este tipo es implacable.
Wes es exactamente el tipo de hombre con el que creo que la
mayoría de la gente me imaginaría. Tiene tatuajes por todos los brazos
y el pecho, y estoy segura de que tiene unos cuantos piercings
escondidos aquí y allá. Con su pelo negro y sus ojos oscuros,
realmente tiene el rollo de chico malo, pero no es para mí.
Desde que se mudó aquí hace unos años para abrir su tienda,
las chicas del pueblo se enamoran de él. No voy a unirme al club de
mujeres que han estado en su cama. Además, me gusta mucho Wes
como amigo. Se mudó aquí para cuidar de su propia abuela, y nos
gustan muchas de las mismas películas y música.
Sotelo, gracias K. Cross
—No estoy saliendo ahora mismo. Tengo el plato tan lleno que
no tengo tiempo. — Doy mi excusa normal, y sonríe y sacude la cabeza.
— Derribado de nuevo.
—Creo que vivirás. Tienes a todas las mujeres de la ciudad
cayendo sobre ti. — Cuando se encoge, me pregunto por qué. La
mayoría de los hombres estarían orgullosos del rastro que le sigue.
—Tienen esta extraña idea de quién y qué soy. Se está haciendo
viejo. — Eso puede ser cierto, pero no puede estar envejeciendo
demasiado. He oído que salió con Kimmy hace unas semanas.
Realmente no puedes ocultar nada en esta ciudad.
—Te entiendo en eso. — Me acomodo el pelo detrás de la oreja y
pienso que tal vez sea hora de cambiar de color.
Estoy buscando un nuevo comienzo, y creo que hacerme un
piercing en la nariz es un acto de rebeldía. ¿Por qué trato de presionar
los botones de Cooper? No puedo evitarlo, y a estas alturas es casi
patético. Sé que hago estas cosas para tratar de llamar su atención,
pero necesito dejarlo ir. Está claro que ha tomado una decisión sobre
nosotros, y eso nunca va a cambiar. Sé que mi edad es parte de la
razón por la que intenta alejarse de mí, pero creo que también tiene
mucho que ver con mi aspecto y mi forma de actuar. Nunca seré esa
hermosa rubia con la que lo vi hablar ayer.
— ¿No querías hablarme de algo?— me recuerda.
—Ah, sí, quería mencionar que por fin he cerrado lo del estudio.
Todavía se me ocurren ideas para las clases, pero si alguna vez tienes
algo en mente o quieres hacer una exposición, estoy abierta a ello. —
Wes es un artista increíble, y mucha gente conduce hasta aquí para
hacerse sus tatuajes con él.
—Puede que sí. Se me ocurren algunas ideas y hablamos.
—Genial. — Busco en mi cartera y trato de sacar algo de dinero.
—Ni siquiera lo pienses, Juno. Todo lo que hice fue perforar tu
nariz. Incluso trajiste el semental.
—Gracias, Wes. — Le deslizo algo de dinero para la propina y
asiente como agradecimiento. —Será mejor que me vaya. Es mi último
Sotelo, gracias K. Cross
día en la cafetería. — Va a ser extraño no trabajar más ahí, pero tengo
mucho que hacer para despegar y funcionar.
Wes me da un abrazo antes de que me vaya. Le saludo por
encima del hombro y me dirijo al trabajo. El trayecto es corto, pero
cuando llego, veo que el lugar está lleno. ¿Qué demonios está
pasando? Es imposible que haya otra vez un especial de pollo.
Estaciono en la parte de atrás y cojo mi delantal, luego me lo ato
mientras me dirijo a la puerta trasera.
— ¡Hey!— Amy chilla con fuerza mientras pongo mi bolsa en el
gancho.
—Hey. — le devuelvo el saludo, y cuando me doy la vuelta,
sonríe.
— ¿Por fin te has perforado la nariz?— Se acerca.
—Sí. — Me encojo de hombros, sin querer darle más importancia
de la que tiene. — ¿Por qué hay tanta gente aquí?
—Ah, claro. — dice ella, sin responderme. —Quiero decir, vamos
a ver. — Me coge de la mano y tira de mí hacia el frente.
Cuando atravieso la puerta, oigo a todo el mundo gritar:
“¡sorpresa!”, y estoy tan sorprendida que me tapo la cara con las
manos por un momento. Se me llenan los ojos de lágrimas cuando me
asomo a la multitud y me siento abrumada por el amor.
—Chicos. — digo, y se me hace un nudo en la garganta. Hay
globos y carteles por todas partes. Cualquiera pensaría que me estoy
mudando, no renunciando. Me vuelvo hacia el dueño y siento que las
lágrimas me pican los ojos. —John.
Me da un abrazo gigante y le devuelvo el abrazo por hacer esto
por mí. Me encanta esta ciudad, y esto me hace pensar que empiezo a
pertenecer a ella. Ya no soy la chica nueva, soy una de ellos.
—Voy a echar de menos tus tartas. Quinn no puede hacerlas tan
buenas como tú. — Su esposa lo va a asesinar un día de estos.
—Estoy aquí mismo, imbécil. — Quinn arruga una servilleta y se
la lanza.
—Vas a acabar en el sofá esta noche. — bromeo con John.
Sotelo, gracias K. Cross
—Puede intentarlo, pero no va a funcionar. — John sonríe a su
mujer. —Ve a divertirte. Esta noche no trabajas.
—Gracias. — vuelvo a decir. — Sé que ya no trabajo aquí, pero si
alguna vez te metes en un aprieto, llámame y estaré enseguida.
—Eres demasiado dulce. — Quinn me rodea con su brazo y me
da un abrazo también.
Me abro paso, hablando con todo el mundo, y juro que la mitad
del pueblo está aquí. Me doy cuenta de que hay una persona que no
está presente y no puedo evitar mirar por la ventana hacia el banco de
enfrente. Para mi sorpresa, Cooper está ahí observándonos, y me
molesta tanto que le doy la espalda. Estoy cansada de verlo todo el
tiempo, y él puede verme alejarse por una vez.
— ¿Vas a enseñarme tu nueva casa?— Luca pregunta antes de
tomar un bocado de pastel.
— ¿Cortaste mi pastel de despedida antes de que fuera el
momento?— Miro a mi alrededor y lo veo sentado en el mostrador al
que le falta una pieza.
—Me ha bajado el azúcar. — dice, haciéndome reír.
¿Por qué no puedo sentirme atraída por Luca? Es dulce, relajado
y guapo. Por no mencionar que es divertido y está dispuesto a todo. Si
se enamorara de una mujer, no creo que la dejara escapar, pero solo
lo he visto como un hermano mayor.
—Ya que me robaste el pastel puedes venir a ayudarme a
construir algunos muebles. Todo está todavía en cajas.
—Creo que puedo hacerlo. — Por el rabillo del ojo, veo que la
rubia del otro día se dirige hacia nosotros.
— ¡Luca!— grita mientras se acerca a abrazarnos. Es aún más
bonita de cerca.
— ¿Paula?
—Sí, Paula. No finjas que te has olvidado de mí. — Le da un
codazo en el costado, juguetona. Su sonrisa es brillante, pero no llega
a sus ojos.
Sotelo, gracias K. Cross
—Ha pasado mucho tiempo. —es todo lo que dice Luca,
metiéndose otro bocado de pastel en la boca. Disimulo mi risa porque
casi puedo leer su mente. Está pensando que si tiene la boca llena no
tendrá que responder a ninguna pregunta ni dar explicaciones.
La atención de Paula se dirige a mí y sus cejas se fruncen. Me
recuerda a una Barbie con lo perfecta que es. Podría verla con unos
cuantos bebés y una valla blanca, comandando la Asociación de
Padres de Alumnos del colegio.
—Debes ser nueva. ¿Esta es tu chica, Luca?— No dirige la
pregunta hacia mí, y es claramente un desprecio.
—Sabes que esta fiesta es para ella, ¿verdad?— Luca me mira y
luego vuelve a mirarla.
—Oh. — Deja escapar una risita que roza lo odioso. — ¿Por
casualidad está Cooper por aquí?— se me aprieta el estómago. —Se
supone que va a venir a cenar esta noche. Mamá está emocionada por
verlo. Hay muchas cosas de las que ponerse al día.
—Debería ir a socializar con más gente. — digo, tratando de
alejarme de esta conversación. Sinceramente, no quiero saber nada de
él, y de repente estoy deseando poder escapar de mi propia fiesta.
— ¡Oh! Ahí está. — Paula ve a Cooper por la ventana en el banco.
—Nos vemos luego. — dice antes de marcharse, y no me permito ver
cómo va tras él.
La emoción de la fiesta se desvanece mientras mi irritación
empieza a crecer. Mierda, eso quema. Por despecho, saco mi teléfono
y le envío un mensaje a Wes. No debería, pero eso no me detiene.
Necesito hacer algo para intentar seguir adelante. Llevo demasiado
tiempo manteniendo la esperanza. Voy a morir como una vieja
solterona virginal si sigo pensando que Cooper Cross sacará alguna
vez su cabeza del culo.
Yo: He cambiado de opinión.
Wess: ¿Sobre la cita?
Yo: Sí.
Sotelo, gracias K. Cross
Aparto rápidamente el teléfono cuando Amy empieza a hablarme.
Luego me paso la siguiente hora pasando el rato con todo el mundo y
preguntándome si es suficiente tiempo antes de poder ir a casa.
—Hey. — Luca vuelve a captar mi atención mientras me alejo de
un grupo de personas. — ¿Estás bien?
—Genial. — Le sonrío, pero puedo ver en su cara que no se lo
cree.
—No te preocupes por Paula. — Pone los ojos en blanco. ¿Por
qué tanto Luca como Lux no se preocupan por esta mujer? Tendré que
preguntarle a Lux más tarde.
— ¿Por qué iba a hacerlo?— Respondo, manteniendo la sonrisa
tensa en mi rostro.
Niega. — ¿Qué tal si pedimos una pizza y armamos algunos de
esos muebles?— ofrece, y aprovecho la oportunidad.
—Eso sería genial. Estoy cansada de sentarme en cajas. — Mis
ojos se desvían hacia el banco de enfrente y veo a Paula sentada con
Cooper.
—La pizza lo mejora todo. — Luca me pasa el brazo por el hombro
mientras me guía afuera de la cafetería. Me despido a gritos, pero casi
todo el mundo se ha ido ya.
—Si es una pizza suprema, quizá esté de acuerdo contigo. —
digo, sobre todo para distraerme.
Mantiene su brazo alrededor de mí mientras hacemos el camino
a mi nueva casa. Son solo cuatro manzanas, así que se siente bien ir
a pie.
—Tal vez deberíamos comprar alitas también. — sugiere.
—Y palitos de pan. — añado.
— Ahora estamos hablando.
Resoplo, y doy gracias por tener a Luca para distraerme durante
la noche. No quiero pensar en Cooper ni en Paula ni en mi cita con
Wes. Solo quiero superar este nudo en el estómago, y si la pizza no
puede hacerlo, nada puede hacerlo.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 5
COOPER
—No querrás decepcionar a mamá ahora, ¿verdad?— Paula me
arrulla mientras se acerca a mí en el banco.
Es entonces cuando veo a Juno y a Luca saliendo de la parte
trasera de la cafetería y caminando hacia su casa. ¿Por qué diablos la
rodea con el brazo?
—Seguro que si nos vamos ahora, aún podemos llegar a tiempo.
— Paula sigue hablando, pero yo no le he dicho ni una palabra.
Aunque estoy seguro de que a ella no le importa realmente lo que tengo
que decir, solo la óptica que le puedo proporcionar al estar de su brazo
por la ciudad.
—No, gracias. — digo mientras me levanto del banco y me dirijo
a mi coche patrulla.
—Cooper, ¿puedes llevarme?— Oigo el chasquido de sus tacones
detrás de mí, y realmente son poco prácticos para esta ciudad.
—Va contra la ley. — Subo a mi coche y cierro la puerta mientras
empieza a decir algo.
Tal vez debería sentirme mal, pero estoy demasiado distraído por
la visión de Juno y Luca juntos para pensar con claridad. Paula es un
puto grano en el culo, y solo responde al refuerzo negativo. Si le doy
una pulgada habrá un anuncio de boda en el periódico mañana. Así
que tal vez estoy actuando como un idiota, pero sé exactamente cómo
opera.
Sotelo, gracias K. Cross
Conduciendo por la parte de atrás de la cafetería, veo que Juno
dejó su Jeep ahí. Doy la vuelta y me alejo un par de manzanas para
que no se note que estoy acechando lo que hacen. Después de unos
minutos los veo entrar por la puerta trasera de su nueva casa, y Luca
cierra la puerta.
Me siento frustrado mientras doblo la esquina y doy la vuelta a
la siguiente manzana, tratando de calmarme. Necesito despejar mi
mente, pero esta ciudad no es lo suficientemente grande como para
contener mi obsesión por Juno. Me alejo del centro y me dirijo a las
afueras de la ciudad, tratando de poner distancia entre mis
pensamientos acelerados y yo.
Conozco a mi hermano y sé que nunca haría nada para
traicionarme, pero ¿he hecho realmente algo para reclamarla? La he
mantenido a distancia, pero ha sido para protegerla. Le encanta darme
una mierda y burlarse de mí por ir tras ella, pero todo ha sido una
broma. Realmente no iría tras ella si pensara que estoy interesado en
ella. ¿Lo haría? Los pensamientos de ellos juntos destellan en mi
mente, y giro el volante para llevarme de regreso al centro.
Cuando llego a su estacionamiento, veo a Joey, el repartidor de
pizzas de la ciudad, subiendo a su coche y marchándose. Ahora me
imagino a Juno y a Luca acurrucados cenando juntos, y la rabia me
invade.
—Por encima de mi cadáver. — murmuro, estaciono el coche
patrulla y salgo.
Cuando entro, cierro la puerta de golpe y subo las escaleras. La
puerta de su apartamento está cerrada esta vez, pero no me molesto
en llamar mientras la empujo para abrirla con tanta fuerza que golpea
contra la pared y trata de rebotar.
— ¿Qué demonios, Cooper?— pregunta Luca desde la esquina
de la habitación. Está rodeado de un millón de piezas de madera y
herramientas.
—Parece que el único allanamiento de morada en esta ciudad lo
está haciendo el sheriff. — dice Juno desde el otro lado de la
habitación.
Sotelo, gracias K. Cross
Parece estar diez tonos de enojo y, de repente, las imágenes de
los dos que había conjurado en mi mente se disuelven en la nada.
—Yo... um...— Me quedo de pie preguntándome cómo coño he
vuelto a estar en este mismo sitio, pero Luca solo parece aliviado
mientras se levanta.
—Ya era hora. — Me da el destornillador, y lo cojo con cara de
tonto. —Hasta luego, Juno.
Va a salir, y ella mira entre nosotros. —Espera, ¿a dónde vas?
—No sé construir nada de eso, pero Cooper es un profesional. —
Me da una palmadita en la espalda mientras va hacia la puerta y mira
hacia atrás. —Ah, y te he traído las alitas de parmesano. — Me guiña
un ojo antes de cerrar la puerta detrás de sí y dejarnos a Juno y a mí
solos en su apartamento.
—Ese bastardo escurridizo. — sisea mientras se acerca a la
pizza.
— ¿Qué acaba de pasar?— Pregunto, mirando por encima de mi
hombro y luego hacia el destornillador.
—Te ha provocado para que vengas a montar mis muebles. —
Me tiende un plato de comida con el ceño fruncido. — ¿Te quedas o
no?
Al ver todas las cajas por todas partes y los muebles hechos
pedazos, frunzo el ceño. — ¿De verdad que ni siquiera has montado la
cama?
—Esta pizza no viene con una guarnición de juicio.
— ¿Quieres apostar?— Intenta devolverme el ceño, pero veo los
bordes de sus labios luchando por una sonrisa.
Me acerco a donde estaba sentado Luca y trato de darle sentido
al lío que ha montado. Me quedo callado mientras leo las instrucciones
y veo que estaba montando el cabecero. ¿Por qué está en tantas
piezas?
Cuando empiezo a montarlo, aparece a mi lado un plato de
comida junto con una cerveza. Cuando miro hacia arriba para
agradecer, Juno ya está en la cocina desempacando una caja. Parece
Sotelo, gracias K. Cross
que está tratando de mantenerse ocupada mientras mueve cajas de
un lugar a otro y luego desempaca y vuelve a empaquetar lo mismo
dos veces.
Trabajo en silencio y como mientras construyo, y muy pronto
tengo su cabecero montado. No mucho después, el marco está
completo y me levanto para moverlo. — ¿Dónde lo quieres?
—Junto a la ventana. — señala, y sacudo la cabeza.
—No.
— ¿Cómo qué no? Es mi cama, Cooper.
—Las ventanas no están aisladas; te vas a enfriar.
Abre la boca para discutir y luego duda. Después de pensarlo,
señala el otro lado del dormitorio. —Por ahí entonces.
Lo muevo hacia donde señala y luego recojo el colchón y lo coloco
en el marco. Hay ropa de cama limpia al lado y agarro la sábana
ajustable.
—Yo puedo hacerlo. — intenta quitármela, pero la sostengo.
—Yo también puedo.
—Bien, entonces deja que te ayude. — me dice. Va al otro lado
del colchón y se mete en su esquina.
—Esta es una cama pequeña. — digo, mirándola a ella y luego
al espacio entre nosotros.
—No todo el mundo en la ciudad es tan grande como tú. — Dice
las palabras y luego aprieta los labios con fuerza como si se
arrepintiera de haberlo dicho.
Sonrío mientras cojo la sábana superior y nos ponemos a
trabajar en ella. — ¿Me has estado imaginando en ella?
Ahora me toca a mí arrepentirme de las palabras que he dicho,
y en lugar de decir nada más, agarro el edredón.
—Dejaste perfectamente claro que no querías estar cerca de mi
cama.
Sotelo, gracias K. Cross
Sale del dormitorio, pero el espacio es tan pequeño que no tiene
otro sitio al que ir.
—Juno. — digo, siguiendo detrás de ella.
— ¿Por qué estás aquí, Cooper?— Se da la vuelta y veo que el
dolor persiste. Joder, quiero estrecharla entre mis brazos y besarla
hasta que desaparezca. —Contéstame. ¿La idea de Luca follándome
era tan exasperante que tuviste que irrumpir aquí y hacer que se
detuviera?
—Eso es suficiente. — Me adelanto en su espacio, odiando el
hecho de que incluso esté pensando en ello.
— ¿Por qué, Cooper?
— ¡Porque no puedo parar!— Grito, y es demasiado fuerte para
el pequeño apartamento.
—Te he dado todas las oportunidades para tenerme, y cada vez
has dejado muy claro que nunca va a suceder. Deja de entrometerte
en mi vida si estás tan desesperado por salir de ella.
Es como si volviéramos a estar en mi cocina todos esos meses
atrás. Me está mirando con esos grandes ojos marrones, y mi cuerpo
se ha desprendido de mi mente. Sin pensarlo, cierro la distancia entre
nosotros y la levanto al mismo tiempo que aplasto mis labios contra
los suyos.
De alguna manera, encuentro una pared y la aprieto contra ella
mientras mi boca devora la suya. Está enojada, pero me devuelve el
beso, y siento que sus manos me arañan la piel. Puede que luego me
odie por esto, pero tengo que hacerlo. Tengo que probarla.
—Maldita sea, Juno. — La beso más fuerte, y cuando su lengua
toca la mía, mi agarre se hace más fuerte. No puedo dejarla escapar.
Su mano serpentea por mi camisa, y cuando siento sus dedos
sobre mi piel desnuda, es como si las llamas me lamieran el pecho.
Ella es mi fuego salvaje en el verano, y este fósforo me quemará hasta
los cimientos. Pero no quiero que se detenga. Así es como quiero estar
con ella, completa y totalmente consumido.
—Cooper. — gime, apretando contra mí, y mi polla se hincha
más allá de la capacidad de mis vaqueros.
Sotelo, gracias K. Cross
Me la estoy tirando contra la pared como si me la fuera a follar,
y lo único en lo que puedo pensar es en hacerlo aquí y ahora. Quiero
tener las pelotas metidas en su pequeño y caliente coño mientras ella
me cabalga.
—Cama. — consigo decir entre besos mientras la arranco de la
pared y la llevo de vuelta al dormitorio.
El pequeño armazón gime por mi peso cuando me pongo encima
de ella, pero estoy demasiado lejos para pensar si me aguantará. No
me importa si el suelo se cae debajo de nosotros, no voy a parar.
Sus labios son suaves y exigentes, y sus piernas se tensan
alrededor de mi cintura. Está buscando su placer, y todo lo que quiero
hacer es dárselo. Meto la mano por debajo de su camiseta y le bajo las
copas del sujetador. Jadea en mi boca mientras le pellizco los pezones
por debajo de la fina tela hasta que arquea la espalda y se estruja con
más fuerza contra mi polla.
—Deja que te pruebe. — le digo cuando desciendo mis labios por
su cuello. Sin esperar a que acepte, le subo la camiseta y le chupo los
pezones.
— ¡Joder!— grita, y rozo con mis dientes uno de ellos como
advertencia.
— Cuida tu lenguaje.
Me enreda los dedos en el pelo y noto que los aprieta, pero no los
aparta mientras sigo chupando. Por la forma en que está
respondiendo, apuesto a que podría hacer que se corriera solo con
esto.
Mientras mi boca está sobre sus tetas, mis dedos van a sus
pantalones cortos y desabrocho la parte delantera de ellos. Cuando
empiezo a sumergirme, me pone una mano en la muñeca para
detenerme. Levanto la vista y veo sus ojos marrones llenos de
emociones. Excitación, necesidad, nerviosismo, y tal vez incluso algo
que no estoy dispuesto a admitir.
—Yo... um... ya sabes. — Se encoge de hombros y espero,
preguntándome qué quiere decir.
— ¿Estás con la regla? Porque no me importa si la tienes.
Sotelo, gracias K. Cross
Sonríe, y sus mejillas se sonrojan mientras sacude la cabeza. —
No, no es eso, es que... um... nunca he hecho esto antes.
Me acerco su muñeca a la boca y beso la suave piel. —Iré
despacio. — le digo, tranquilizándola, y asiente mientras la suelta.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 6
JUNO
—No quiero despacio, Cooper. — Lo tengo en mi cama, y lo
último que quiero es que se tome su tiempo. Mi cuerpo exige que
acelere esto y me dé lo que quiere.
—Bien. — Se mueve y me quita los pantalones y las bragas
rápidamente antes de tirarlos.
No se detiene ahí y va por mi camiseta. Me tumbo y me quedo
completamente desnuda para él, y entonces empiezo a sentirme
cohibida. Me pregunto qué estará pensando cuando me mira. Soy
pequeña comparada con la mayoría de las mujeres de mi edad y me
han dicho que tengo piernas de pollo.
Sus ojos me recorren como si lo memorizara todo. Me aleja de
mis inseguridades porque no se me escapa el hambre que hay en sus
ojos. O el enorme bulto que presiona contra sus vaqueros en un
abultamiento notable.
—Joder, bebé. — Sus manos recorren mi estómago. —Eres tan
jodidamente suave.
Comparada con sus ásperas manos, puedo creerlo. Bajan más y
me separa las piernas, abriéndome para él. Su mano sujeta mi sexo
de forma posesiva y yo intento levantar las caderas, queriendo
moverme. Estoy desesperada por encontrar fricción contra algo
mientras mi cuerpo zumba de necesidad.
Sotelo, gracias K. Cross
Cuando sus ojos vuelven a los míos, no puede perderme la ira.
— ¿Por qué estás desnuda, Juno?
Lo miro fijamente, sin saber qué me está preguntando. —
¿Desnuda?
—Tu coño. — gruñe.
—Porque me lo he depilado.
— ¿Para quién?— Su agarre se hace más fuerte y, aunque
debería enojarme, me gusta saber que Cooper se está excitando. Verlo
celoso me da ganas de atizarle un poco más al oso.
Me encojo de hombros. —Nunca se sabe lo que te puede deparar
el día. — miento, porque definitivamente no es por eso por lo que lo
hago. Me depilo porque me gusta cómo se siente, y es más fácil que
afeitarse. — ¿No te gusta?— Dejo que mi otra pierna se abra más para
que pueda ver bien.
— ¿Gustarme? Joder, me encanta. — Dios, es tan excitante cómo
me mira ahí abajo. —Ahora es mío.
—No puedes reclamarme. — Lo fulmino con la mirada.
De ninguna manera. No después de cómo me ha estado evitando
estos últimos meses. Me duele el corazón en el pecho, y ni siquiera sé
por qué. No sé por qué me ha alejado, y estoy demasiado asustada
para examinarlo. Podría romperme el corazón por la mitad si se lo
permitiera.
—Te equivocas. — Su voz es áspera antes de abalanzarse sobre
mí como un animal salvaje que por fin se ha liberado.
Suelto un pequeño grito cuando me agarra por las caderas y me
lleva al borde de la cama. Mi culo cuelga, pero no tengo tiempo de
expresar ningún tipo de protesta antes de que su boca se abalance
sobre mi coño. Jadeando, me agarro con fuerza al edredón mientras
me devora. Ya estoy tan excitada que solo necesito unos cuantos
golpes de lengua. El orgasmo me golpea rápidamente y grito mientras
recorre mi cuerpo. Cooper continúa, incluso cuando me pongo
sensible e intento apartarme. Su boca no abandona mi sexo y su
frustración por intentar mantenerme quieta me hace vibrar. De
repente, quiero otro orgasmo y me balanceo contra su lengua.
Sotelo, gracias K. Cross
Introduce un dedo en mi interior y lo bombea hacia dentro y
hacia fuera mientras su lengua me acaricia el clítoris. Un momento
después, añade otro dedo, y la sensación de estar tan llena no se
parece a nada que haya sentido antes. Los mete dentro de mí,
provocando otro orgasmo en lo más profundo de mi cuerpo, y mi
espalda se inclina sobre la cama. Los músculos de mis piernas saltan
y grito ante el abrumador clímax.
— ¡Cooper, por favor!— Le ruego. Retira su boca de mí, pero
sigue bombeando sus dedos mientras besa el interior de mis muslos.
Miro fijamente al único hombre que he querido que me haga esto, y
creo que podría llegar al orgasmo solo con esta imagen. Es decir, si no
me hubiera corrido ya dos veces.
Lentamente, retira sus dedos de mí y me besa por el cuerpo antes
de levantarse. Me vuelvo a tumbar en la cama para no caerme y veo
cómo Cooper se quita la camiseta por la cabeza. Mis ojos se dirigen a
las cicatrices de su pecho y luego a los tatuajes.
Me pongo de rodillas mientras va por su cinturón, pero se detiene
cuando alzo la mano y toco los lugares donde lo han herido. Juega con
mi pelo mientras me observa. Este momento es íntimo, y me inclino
hacia delante, besando cada marca. Debe de habérselas hecho cuando
estaba desplegado, pero no sé si ahora es el momento de preguntar.
Cooper me agarra la mano y, cuando lo miro, se inclina y me
besa con el mismo fuego y la misma pasión que antes. Aprieto mi
pecho desnudo contra él mientras me tumba en la cama y cubre mi
cuerpo con el suyo. El peso de él sobre mí es pesado y perfecto.
Se echa hacia atrás y maldice mientras mira hacia el salón. —
Esa es la estación. — dice antes de soltarme y levantarse. Es entonces
cuando me doy cuenta de que su teléfono está sonando.
—Más vale que sea importante. — dice al teléfono una vez que lo
recoge del suelo. Veo cómo la tensión empieza a invadir su cuerpo y
me mira de nuevo. —Estaré ahí en un minuto.
— ¿Va todo bien?— Le pregunto cuando cuelga.
—No estoy seguro. — Camina de regreso a la cama y agarra su
camisa. —No puedo creer que esto esté pasando ahora.
Sotelo, gracias K. Cross
Intento ocultar mi decepción porque este es su trabajo, pero el
momento no podría ser peor.
— ¿Puedes contarme?
—Hay un problema en la casa de los Blair. — Arrugo la nariz al
oír ese nombre. — ¿Qué?— Espera a que me explique mientras se pone
la camisa.
—Esa mujer me odia, pero su hijo es bastante agradable. Los dos
vienen mucho al restaurante.
— ¿Cómo puede alguien odiarte?
— ¿Verdad?— Estoy de acuerdo, y él sonríe mientras me levanto
de la cama y me pongo la bata.
Odiar es decirlo con amabilidad. Una vez la oí llamarme bruja.
Cada vez que entra tiene una mano apretada en el pecho mientras me
observa como un halcón. Es como si pensara que se está protegiendo
de mis maneras de bruja. Su hijo no es tan malo, pero siempre es tan
tímido y apenas dice una palabra. ¿Cómo puedes decir una palabra
con una madre como la Sra. Blair?
Cooper se acerca a donde estoy y me coge la cara antes de que
sus manos se sumerjan en mi pelo y me agarre por ahí. Me agarra con
fuerza, me echa la cabeza hacia atrás y me besa de nuevo con el mismo
calor. Todavía puedo saborearme en sus labios, y gimo al pensar que
Cooper se pasea por la ciudad haciendo lo mismo.
—Volveré. — Me doy cuenta de que no quiere irse por el abrazo
que me da.
Pensaba que estaba muy enamorada de Cooper, pero con la
forma en que actúa ahora me va a enamorar. Está siendo posesivo y
dulce, algo que no sabía que era posible.
Me besa rápidamente una vez más antes de sonreír. —Por cierto,
me encanta el anillo de la nariz, cariño. — Me da un apretón en el culo
y luego lo golpea. —Ven a cerrar la puerta detrás de mí.
Cuando lo sigo, se detiene junto a la puerta principal y coge mis
llaves. Las revuelve y luego levanta una.
— ¿Esto es para el edificio?
Sotelo, gracias K. Cross
—Sí. — Me rasco la parte posterior de la pantorrilla con el dedo
del pie, preguntándome qué está haciendo.
—Bien. — Saca la llave y se la mete en el bolsillo.
— ¡Oye! Dar las llaves es un gran paso en una relación. — Al
menos creo que lo es, a menos que seas mi mejor amiga Lux. Ella se
lanzó a tenerlo todo al instante. —Ni siquiera somos novios.
—Juno, nunca seré tu maldito novio. — Sacude la cabeza. —
Cierra la puerta.
Me quedo ahí un momento después de que sale, y entonces le
oigo gritar que cierre la puerta al salir. Me acerco a paso ligero y
bloqueo la cerradura, pero, por despecho, también pongo la cadena.
Ahora veremos cómo funciona su llave cuando intente volver. Si es
que lo intenta.
¿Qué diablos significa eso de que no será mi novio? ¿Qué diablos
somos entonces? Me dejo caer en el sofá y pienso en lo que pasó antes
de que nos detuvieran. Estoy bastante segura de que estábamos a
punto de llegar hasta el final, y me muerdo el labio inferior mientras
mi mente da vueltas.
Tras un largo momento, decido volver al trabajo para dejar de
obsesionarme con las palabras de Cooper. Quiero tener este lugar listo
antes de que empiecen las obras en el piso de abajo la semana que
viene. Una vez que lo tenga todo hecho aquí arriba, me permitiré
terminar de diseñar el cartel que quiero poner en la fachada del
edificio.
Me detengo cuando oigo el chirrido de los neumáticos. Un
momento después oigo cómo se rompen los cristales, y parece que
vienen de abajo. Corro hacia la puerta principal, cierro rápidamente
las cerraduras y cojo mi teléfono. ¿Y si un coche se ha estrellado
contra la fachada del edificio y tengo que pedir ayuda? Envío un
mensaje de texto a Cooper, diciéndole que lo necesito y bajo corriendo
las escaleras. Cuando llego a la parte delantera del edificio, mi teléfono
está zumbando en mi mano. Pero toda mi atención se centra en el gran
ventanal delantero parcialmente destrozado con un agujero gigante en
el centro. Hay un ladrillo rojo tirado en el suelo con los cristales rotos
alrededor. La palabra PUTA está escrita en blanco.
Sotelo, gracias K. Cross
¿Qué demonios? Me quedo de pie, asombrada de que alguien
haya hecho esto, y mis ojos arden de lágrimas. El sonido de las sirenas
aumenta hasta que el todoterreno de Cooper se detiene frente a mi
edificio. Otro coche patrulla se detiene justo detrás de él, pero estoy
casi adormecida.
— ¡Contesta al teléfono cuando te llame!— grita Cooper al salir
del coche. Utiliza la llave de la puerta principal antes de estar justo
delante de mí, y por fin se me escapan las lágrimas.
—Joder, cariño. Lo siento. — Me coge la cara y me echa la cabeza
hacia atrás para que lo mire. Veo la preocupación en sus ojos y se
ablanda. —No quería ser duro. Me has dado un susto de muerte.
—No pasa nada. — Le envié un mensaje de texto diciendo que
necesitaba ayuda y luego no contesté cuando me llamó. Eso asustaría
a cualquiera.
—No llores. — Me besa la mejilla. El acto es tan dulce que solo
me hace llorar más. —Es una ventana. Lo arreglaré mañana. —
Sacudo la cabeza mientras suelta las manos.
—No es la ventana lo que me importa. — Señalo el ladrillo que
otros dos agentes uniformados están mirando. En cuanto lo lee, todo
el cuerpo de Cooper se pone duro como una roca.
—No toquen nada. — les dice a los hombres antes de rodearme
con sus brazos y acompañarme al piso de arriba. Una vez ahí, me
ayuda a tumbarme en el sofá y se arrodilla frente a mí.
—Vístete. No deberías andar por ahí con solo una bata. — Pongo
los ojos en blanco. —Y haz la maleta. — lanza mientras empieza a
bajar las escaleras.
— ¿Qué? ¿Por qué tengo que hacer una maleta?— Grito, pero ya
se ha ido.
Aprieto los dientes. Si sigue alejándose de mí así, se va a
encontrar solo. No soy el tipo de mujer que hace lo que se le dice sin
hacer preguntas. Y ya tengo bastantes después del incidente de abajo.
Puede que Cooper Cross esté dispuesto a reclamarme, pero más vale
que esté preparado para aguantar.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 7
COOPER
Por suerte, cuando me llamaron para ir a la casa de los Blair en
las afueras del pueblo, la patrulla del pueblo de al lado ya estaba ahí.
Betsy Blair es una mujer mayor que vive casi en la frontera de dos
pueblos, así que cuando nos llama siempre vamos. No queremos que
haya un momento en que ella necesite algo y el otro pueblo no
aparezca.
En este caso me ayudó porque cuando recibí el mensaje de Juno
de que me necesitaba, cogí a los chicos y nos pusimos en marcha hacia
el pueblo. Estuve ahí en cuestión de momentos, pero me pareció una
eternidad.
—Lo enviaremos al laboratorio y esperamos tener algo para ti
mañana. — me dice Terrance, el jefe de policía de la otra ciudad.
—Te agradezco que hayas venido, y te agradezco cualquier cosa
que puedas hacer para ayudarme.
— ¿Ella es algo especial para ti?— pregunta, señalando con la
cabeza el segundo piso donde dejé a Juno.
—Lo es. — admito en voz alta.
Puede que sea la primera vez que me permito considerar lo que
podría ser el futuro con Juno, y jodidamente me encanta. Solo que no
estoy seguro de que ella se sienta así. Es tan brillante y llena de luz.
Se cansará de mis maneras prepotentes y se irá.
Sotelo, gracias K. Cross
—Una cosita linda. — dice, sobre todo para sí mismo, pero siento
que se me levantan los pelos.
—Cuidado, Terrance. — Mi voz es fría y cortante.
—Oye, no te ofendas. — Levanta las manos y sonríe como si me
viera bajo una nueva luz. Tal vez sea así. —Estaré en contacto.
—Gracias. — digo y le hago un gesto con la cabeza a él y a sus
chicos mientras se apartan de sus puestos y se van.
Miro por encima de la ventana rota que hemos remendado con
unos cartones y cinta adhesiva. No es segura, pero nada lo será hasta
que se sustituya el cristal. He llamado al taller de coches de la ciudad,
y van a venir esta noche a medirlo para poder cortar un trozo para
sustituirlo. Por suerte tenemos buena gente aquí que puede ayudar lo
antes posible. Pero lo que más me preocupa es quién carajo lo hizo
para empezar y por qué atacarían el negocio de Juno.
Ni siquiera está en marcha, y la gente de la inmobiliaria que lo
vendió estaba contenta con el trato. No hay mala sangre en la ciudad
con este lugar o con Juno, que yo sepa. Por la fiesta de despedida que
le dio el restaurante, se podría pensar que es la maldita reina de Pink
Springs.
Cierro la puerta de la tienda y subo a buscarla. Ya he terminado
con el trabajo por hoy, pero también tengo ganas de llevarla a mi casa.
—Juno. — grito al abrir la puerta, y la veo sentada en su cama
con los brazos cruzados. — ¿Estás lista?— Cuando la llamo, no se
mueve.
—Primero vas a responder a algunas preguntas. — Me mira con
el ceño fruncido y me sorprende. Hace un momento estaba llorando y
ahora parece enojada. Supongo que tratar con una Juno enojada es
mucho más fácil que tratar con una que llora. No sé cómo arreglar las
lágrimas, y se me rompe el corazón cuando la veo hacerlo.
—Responderé a tus preguntas cuando salgamos de aquí. —
Agarro la bolsa que está en el suelo a su lado, pero no se mueve para
levantarse. —Vámonos.
— ¿Por qué me voy? ¿Adónde vamos? No puedes ladrarme
órdenes y esperar que haga lo que dices.
Sotelo, gracias K. Cross
—No creo que sea seguro aquí, al menos hasta que consigamos
arreglar tu ventana y algunas cámaras. Tal vez incluso unas cuantas
cerraduras más, un perro guardián...
—Cooper. — sisea, cortándome.
—Te vas a quedar conmigo unos días mientras te arreglan la
ventana. — No importa que esté arreglada mañana. No necesita saber
todos los detalles.
—Oh. — Sus brazos caen en su regazo como si no hubiera
considerado esto.
— ¿Creías que te iba a llevar al refugio de la iglesia?— Quiero
reírme, pero tengo la sensación de que eso solo la enojará más.
—Bien. Pero puedes llevar mi bolsa. — Se levanta y pasa junto a
mí con la barbilla en alto. Sacudo la cabeza porque ya estoy llevando
su bolsa. Pero lo que sea necesario para que venga de buena gana.
Tras una breve discusión en el estacionamiento por dejar su
coche aquí, finalmente cedo, y me sigue en su Jeep camino de mi casa.
Luca sigue viviendo en casa conmigo, pero apenas lo veo. Está con sus
amigos o trabajando, y a veces su trabajo le lleva unos días. Ha salido
de la ciudad hace unas horas y no volverá hasta la semana que viene,
así que doy gracias por tener la casa para mí sola con Juno.
Esta es la casa que construyeron nuestros padres, pero después
de su muerte nos la dejaron a nosotros tres. Lux vive ahora en la
ciudad, y Luca ya ha dicho que no piensa quedarse en Pink Springs
para siempre, así que ambos me la han cedido. He hecho algunas
cosas a lo largo de los años para cambiarla y hacerla nuestra, pero
sobre todo mi habitación y la cocina han recibido la mayor parte de
las remodelaciones.
Cuando llegamos, cojo la bolsa de Juno que está a mi lado y me
acerco a abrirle la puerta del Jeep. Se queda en silencio mientras
entramos y, cuando dejo su bolsa en la mesa de la cocina, nos
quedamos mirando un momento.
— ¿Tienes hambre?— pregunta, mirando a su alrededor y luego
a sus pies. A cualquier sitio menos a mí.
Sotelo, gracias K. Cross
Sacudo la cabeza al verla apoyada en el mostrador. Está en el
mismo lugar en el que la encontré hace tantos meses, y es la imagen
que me persigue en mis sueños.
— ¿Quieres ver una película?— Sigue sin mirarme, pero niego.
Se lleva un dedo a la boca para morderse la uña y doy un paso hacia
ella.
—No hagas eso. — digo, y mi voz es ronca y baja. Cojo la mano
y me llevo el dedo a la boca para besarlo.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer?— Cuando sus ojos se cruzan
con los míos, está nerviosa, pero también veo una emoción en ellos.
—Voy a llevarte a mi habitación. — Beso el interior de su muñeca
sin quitarle los ojos de encima. Su boca se abre y deja escapar un
suspiro cuando le rodeo la espalda con un brazo y la arrastro contra
mí. —Y te presento mi cabecera.
La agarro por el culo y la subo por encima del hombro, llevándola
a la escalera. Estoy demasiado cerca del borde para esperar a que
camine, y yo seré más rápido. Para cuando llego a mi habitación y
cierro la puerta de una patada, apenas ha pasado un latido. Pongo a
Juno en pie y se tambalea un segundo mientras la estabilizo.
—Desnúdate. — le ordeno, y para mi satisfacción hace lo que le
digo.
Mientras se quita el top, prácticamente me arranco la camisa y
la tiro en la silla junto a la ventana. Me quito las botas y los vaqueros
justo cuando ella se quita los pantalones y las bragas. No lleva
sujetador, pero sus tetas son lo suficientemente pequeñas como para
no necesitarlo. Mi polla se estremece al pensar que puedo meter la
mano bajo su camiseta en cualquier momento y jugar con sus pezones
sin que nada me lo impida.
Sus bragas caen al suelo, y estoy sobre ella, besándola como si
necesitara su boca para respirar y acompañándola hacia la cama.
Tengo los vaqueros por los tobillos y me los quito de una patada. Me
baja los calzoncillos y mi polla se abre entre nosotros. Siento el fresco
rastro de pre-semen que recorre su vientre y gruño de placer. Joder,
me muero de ganas de marcar cada centímetro de ella.
Sotelo, gracias K. Cross
—Deja que te lama otra vez. — digo, empujándola hacia la cama
y abriendo las piernas. Sus labios rosados se abren y grito de placer
al deslizar mi lengua entre ellos. Ya está mojada, pero con unos pocos
lametones de mi lengua está a punto de correrse.
Estoy tan jodidamente duro que mi polla me toca el estómago
mientras le como el coño. Me sale crema en la punta hasta el tronco.
Sé que en cuanto esté dentro de ella, no duraré.
— ¿Quieres correrte en mi boca o en mi polla?— Pregunto,
mordiendo el interior de su muslo.
—En tu polla. — dice rápidamente, y sonrío.
— ¿Seguro? — Le lamo el clítoris, y grita y levanta las caderas.
—No. Sí. No lo sé. — Se contonea y me agarra del pelo. —Espera,
sí en tu polla.
—Buena chica. — digo mientras me subo encima de ella.
La piel sobre mi polla está tensa, y nunca he estado tan grande
en mi vida. Estoy preocupado por lastimarla, después de sentir lo
apretada que está, pero voy a controlarme.
—Déjame entrar del todo y luego te prometo que te lo haré bien.
— La miro a los ojos, y asiente mientras separa las rodillas.
Deslizo la punta de mi polla por sus húmedos pliegues y luego
empujo en su abertura. Es tan jodidamente suave y apretada que gimo
al entrar. Siento que se tensa y, antes de que pueda empujarme hacia
fuera, la introduzco hasta el fondo. Maldigo una serie de palabras que
pueden o no ser inteligibles. Mi cuerpo cae sobre el suyo mientras
entierro mi cara en su cuello y trato de mantenerme quieto. Se tensa
debajo de mí mientras sus uñas me muerden la espalda, pero no me
muevo.
Puntos negros salpican mi visión porque nunca he sentido algo
tan jodidamente perfecto. Está más apretada que mi puño y tan
jodidamente húmeda. Le beso el cuello, el pecho y los labios. La miro
a los ojos y le sostengo la cara, y lo único que hago es abrazarla sin
moverme.
Algo pasa entre nosotros y, aunque sé que es su primera vez,
parece el principio para los dos. Tal vez aquí es donde nuestra historia
Sotelo, gracias K. Cross
estaba destinada a comenzar, y de aquí en adelante somos los dos
para siempre.
Dios, quiero decirle que la amo, pero no quiero asustarla. Antes
de esto me había convencido de que no podía tenerla porque no me
quería, ni a esta ciudad, ni a mi vida, pero aquí con ella se siente como
si fuera para siempre. ¿Por qué iba a luchar contra esto?
Abro la boca para confesar todos mis sentimientos, pero cuando
levanta las caderas y se aprieta a mí alrededor, me roba el aire de los
pulmones.
—Muévete, Cooper, antes de que me muera. — suplica, y soy un
esclavo de su orden.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 8
JUNO
Gimo y me estiro en la cama mientras siento que me duelen
todos los músculos del cuerpo. Cada parte de mí tiene un dulce dolor
que no se parece en nada a la vez que Lux nos hizo probar para el
equipo de animadoras. Practicamos todo el fin de semana y luego su
culo cambió de opinión. No hace falta decir que estaba demasiado
cansada para estrangularla, pero me alegro de que se echara atrás.
Me dolió el cuerpo durante una semana después de eso, y no tuve
nada que mostrar.
Despertar y sentir la huella de donde Cooper amaba mi cuerpo
es algo que estoy dispuesta a firmar. No tenía ni idea de que el sexo
pudiera ser tan intenso, pero cuando se trata de mí, todo lo que tiene
que ver con él es exagerado.
Mientras abro los ojos lentamente, intento recordar el número
de veces que Cooper me hizo el amor anoche. Si está intentando
recuperar el tiempo perdido, lo está haciendo muy bien. Ha sido
insaciable, pero recuerdo que la última ronda de sexo fue cuando el
sol empezaba a asomarse por las ventanas. Ahora la habitación está
inundada de luz y no tengo ninguna noción del tiempo.
Me pongo de lado y veo que Cooper no está en la cama conmigo.
Sin embargo, está sentado en una silla cercana y me mira fijamente.
Su mirada es ilegible, pero sinceramente nunca sé lo que ese hombre
va a decir o hacer. Un día esa posibilidad podría ser excitante, pero
ahora mismo da un poco de miedo.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Me estás viendo dormir?— pregunto, apoyando la cabeza en
mi mano. La sábana que me envuelve se mueve hacia abajo, dejando
mis pechos al descubierto.
— ¿Hay algo que quieras decirme, Juno?— Se inclina hacia
delante en la silla y sus codos se apoyan en las rodillas.
—Soy una comedora nocturna. A veces me despierto en la cama
y hay migas de galleta por todas partes y no recuerdo haberlas cogido.
— Sus labios se mueven por un momento, pero su fantasma de sonrisa
desaparece rápidamente y vuelve a estar malhumorado.
Observo cómo levanta mi teléfono y veo que la pantalla está
desbloqueada.
— ¿Qué mierda de policía has hecho para desbloquear mi
teléfono?
—Puse tu dedo en él. — Su tono es duro, y no hay ninguna
disculpa en él. ¿No se supone que los hombres se alegran cuando
tienen sexo?
—Siento decirte que no hay ningún selfie desnudo ahí. Pero si te
gustan las fotos de gatitos o de mi arte, has dado en el clavo.
—Déjalo. — suelta y se levanta de golpe.
Si no lo supiera, podría tenerle miedo a Cooper. En lugar de eso,
pongo los ojos en blanco y me siento en un lado de la cama. Se acerca
a mí y extiendo la mano para apoyarla en su duro estómago. Está
hecho como uno de esos jugadores de fútbol americano a los que Luca
y él gritan en la televisión. Es gigantesco comparado con mi pequeño
cuerpo, pero al tocarlo se relaja un poco.
—Tienes que empezar a usar tus palabras, grandulón.
— ¿Te suena Wes Holland?
—Me perforó la nariz. — Intento moverlo, pero Cooper no me
encuentra muy linda en este momento. Incluso a pesar de lo agraviado
que está, sus ojos siguen cayendo hacia mis pechos, y no hay duda de
que está duro en sus pantalones de chándal.
—La cita. — me dice.
Sotelo, gracias K. Cross
Mierda, se me ha olvidado por completo que había aceptado en
el calor del momento.
—Ah, mierda. — resoplé, cayendo de nuevo en la cama. —Me
olvidé de eso. — Maldita sea. Nunca debí haber dicho que saldría con
él. No hay chispa ni nada con Wes, y solo lo estaría engañando.
— ¿Por qué aceptaste salir con él?
Me vuelvo a sentar, pero esta vez me tapo parcialmente con la
sábana. — ¿Por qué no lo haría? Nosotros…— hago un movimiento
entre él y yo. —… no estábamos juntos cuando acepté, y ni siquiera
estoy segura de que lo estemos ahora. Si no recuerdo mal, dijiste que
nunca serías mi novio.
Tira el teléfono sobre la cama antes de apartar la sábana de mí.
Intento recuperarla, pero ya está encima de mí, inmovilizándome en
la cama. Me muerdo el interior de la mejilla para no gemir mientras
su polla presiona mi sexo justo donde lo necesito.
—Siempre has sido mía, Juno, y jodidamente lo sabes.
—Pero...
—No finjas que no lo sabes. En el fondo sabes la verdad.
Mi corazón siempre esperó eso porque me he sentido muy
atraída por él desde el principio. Es una atracción que no entiendo. No
me siento completa sin él.
—No voy a tener una cita con Wes. De todos modos, es tu culpa
que haya aceptado. Será mejor que lo tengas en cuenta, grandulón. Si
no eres mi novio, puedo salir con quien quiera.
Algo que suena como un gruñido retumba en su pecho y vibra a
través de mí. Su mano rodea mis dos muñecas y las sujeta por encima
de mi cabeza. Me sujeta con fuerza y, maldita sea, si mis caderas no
se mueven con desesperación ante su dominio. Estoy descubriendo
que estar bajo su control me excita mucho.
— ¿Hay algo de mí que sea novio?— pregunta mientras empuja
su dura longitud contra mí.
Parpadeo varias veces para aclarar mis pensamientos, pero no
me viene nada a la cabeza. —Ah, supongo que no. — Cuando lo dice
Sotelo, gracias K. Cross
así, entiendo lo que está diciendo. Cooper no es un chico en ningún
sentido de la palabra, y llamarlo novio sería tan pequeño comparado
con el espacio que llena dentro de mí. Novio no es suficiente.
—Eres mía. — Me mira fijamente. Me deja claro que no está
bromeando, y me ablando bajo su mirada.
— ¿Así de fácil?— Contengo la respiración.
—Así de fácil. — Su boca desciende sobre la mía en un beso
posesivo, pero luego presiona su frente contra la mía y cierra los ojos.
—Voy a tener que recordarte lo que es esto, porque anoche pensé que
lo había dejado muy claro. — Mi única respuesta es un gemido porque
sus dedos rozan mi clítoris. —Creo que tu coño también quiere un
recordatorio. Lo está pidiendo a gritos.
—Sí. — acepto. Me había excitado en el momento en que me
inmovilizó en la cama, así que ya estoy mojada para él. Nunca hace
falta mucho cuando Cooper está cerca, pero después de la noche
anterior mi cuerpo sabe de lo que es capaz.
Se mueve y tira de su pantalón de deporte para que su polla se
libere. Jadeo ante la presión que ejerce la cabeza de su polla al exigir
su entrada. De un solo golpe me llena con su grosor, y nos conectamos
tan perfectamente que no estoy segura de dónde acabo yo y dónde
empieza él.
— ¿Estás demasiado dolorida, nena?— Deja de moverse
mientras sus duros músculos se tensan encima de mí.
—No, no pares. — Me mira fijamente, esperando más porque no
estoy segura de que me crea. —Lo estoy. Solo me ha dolido un
segundo. — Encierro mis piernas alrededor de él, sin dejarlo ir. —El
placer es mucho mejor que el dolor. — Levanto las caderas, instándole
a moverse, a empujar.
Un profundo gemido sale de él. —Nunca tendré suficiente de ti.
— Se balancea contra mí y luego se retira lentamente. —No es que
tenga que preocuparme por eso, porque eres mía. — Cuando vuelve a
penetrarme, echo la cabeza hacia atrás y grito.
—Sí. — acepto, con las uñas clavadas en su espalda. Mi cuerpo
está tan acostumbrado a sus caricias que mi orgasmo está al borde
Sotelo, gracias K. Cross
del abismo. Es como si ahora que he tenido sexo, estuviera preparado
y listo para salir.
—Ningún otro hombre te pide una cita, te toca o se acerca a ti.
— Me reiría, pero lo único que sale de mí es un acuerdo.
—Cooper. — grito mientras empiezo a correrme, y todos los
músculos de mi cuerpo se tensan.
Me aprieto a su alrededor y él grita mi nombre mientras empieza
a correrse conmigo. Su cálida descarga llena el espacio que hay dentro
de mí, y parece que así es como siempre debió ser. Nuestra pesada
respiración resuena en la habitación y me aferro a él, sin querer que
esta sensación termine nunca.
Cooper me besa suavemente en el cuello mientras empieza a
salir de mí. Su mano me suelta la muñeca y me estremece el escozor
cuando su polla se desliza fuera de mí. Suelta una maldición que, si
la dijera, haría que me diera una bofetada en el culo.
—Está bien. — le tranquilizo mientras me ayuda a sentarme. —
Ha merecido la pena.
Su pulgar me acaricia la mejilla y me mira con tanta ternura. —
Lo siento. Me enojé cuando vi los mensajes. No debería haberte follado
de nuevo, pero maldita sea, no pude evitarlo. — Sacude la cabeza, pero
no me enojo por ello. Disfruto de sus celos por mí; no es que se lo vaya
a decir nunca.
—Cooper. — Le agarro la mano. —Realmente estoy bien.
Además, una ducha caliente me ayudará. — Se relaja un poco y veo
que la tensión de sus hombros abandona su cuerpo.
— ¿Quieres café?— pregunta, y cuando suspiro al mencionarlo,
se ríe. Me encanta cuando ese sonido sale de él.
—Hablaré con Wes. — le digo, y la sonrisa desaparece de sus
labios.
—Hablaré con él. — Su tono es firme mientras su mano se separa
de la mía y sale del dormitorio como si la conversación hubiera
terminado.
— ¿Qué? No, es una especie de amigo.
Sotelo, gracias K. Cross
—Los amigos no tienen citas. — le oigo decir desde el pasillo, y
resoplo.
Esta discusión no ha terminado, pero por ahora me levanto de
la cama y voy a la ducha. Me he despertado muchas veces en esta
casa, pero nunca imaginé que sería en la habitación de Cooper. Me
encantan algunos de los cambios que ha hecho ya, y no puedo ver lo
que tiene planeado para el futuro.
—Sí, mándame lo que tengas. — dice Cooper al teléfono cuando
entro en la cocina después de la ducha.
Señala la encimera donde ha puesto mi café junto a un par de
Advils. No creo que los necesite, pero es un gesto dulce, así que los
cojo.
—Te agradezco mucho la ayuda. Te debo una. — dice antes de
terminar la llamada.
— ¿Todo bien?— Tomo un sorbo de mi café mientras se acerca a
mí y me da un beso en la cabeza. El acto es tan natural que envía un
cálido placer a cada centímetro de mi cuerpo.
—Sí, me han enviado algunos informes. Espero que me den
alguna idea de quién ha reventado tu ventana.
—Me había olvidado de todo eso. — admito, inclinándome hacia
él. Una sonrisa arrogante se dibuja en los labios de Cooper. —Ni se te
ocurra. — Le doy una palmada en el pecho y me agarra por las
caderas, haciéndome chillar de risa.
Dios, todo esto es demasiado bueno para ser verdad con Cooper,
pero quiero esto todos los días de mi vida. Puede que consiga todo lo
que siempre he deseado, y puede que Lux tenga razón.
Los sueños pueden hacerse realidad.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 9
COOPER
El viaje hasta las afueras de la ciudad no está demasiado lejos,
pero está lo suficientemente lejos como para estar ansioso por dejar a
Juno sola en casa. Casa. La idea de que esté ahí conmigo todo el tiempo
y de que los dos lo hagamos nuestro me revuelve el alma.
Le envié un mensaje de texto a Luca para preguntarle cuándo
volvería a la casa, y me dijo que iba a regresar de un viaje de acampada
con unos compañeros de la universidad. Tenía poca cobertura en el
móvil, pero me enviaría un mensaje cuando volviera a la ciudad.
Supongo que saber que está de camino es mejor que nada, pero lo más
probable es que me adelante a su regreso. Una vez que consiga
responder a algunas de mis preguntas.
Después de desayunar, leí por encima los informes que Terrance
había enviado, y me dejó con la cabeza dando vueltas. En lugar de
preocupar a Juno con ello, le dije que tenía que ir a comprobar algunas
cosas y que luego volvería. Parecía escéptica porque me conoce mejor
que nadie, pero conseguí distraerla con unos cuantos besos a ese
dulce coño suyo.
El sabor de ella aún perdura en mis labios y me pone la polla
dura. Todo este tiempo nos hemos mantenido a distancia por
suposiciones y por la necesidad de protegernos mutuamente. Cuando
todo este tiempo podría haber estado metido hasta las pelotas dentro
de ella y planeando nuestro futuro juntos.
Sotelo, gracias K. Cross
Todo sucede por una razón, supongo, pero siempre lamentaré no
haberla hecho mía aquella noche en mi cocina. Lo supe mucho antes,
pero siempre pensé que ella estaba esperando su momento para poner
a Pink Springs en su espejo retrovisor. Poco sabía yo que estaba
ocupada echando sus raíces. La verdad es que creo que habría perdido
la cabeza si ese día llegara. Perseguiría su pequeño trasero.
Paso por un par de casas a la salida del pueblo y veo la casa de
los Peterson. Es el lugar donde creció Paula y supongo que es donde
se hospeda mientras está en la ciudad. La señora Peterson está
sentada en el porche con su pierna rota apoyada. La saludo al pasar
y me sonríe y me devuelve el saludo.
Paula ha dicho que está aquí para siempre, pero cuando la
conocí en el instituto este era el lugar en el que nunca quiso acabar,
así que no me imagino que lo vaya a cumplir. Tengo la ligera sospecha
de que en cuanto su madre pierda el yeso, ella perderá a Paula un
segundo después.
Al girar el coche patrulla por el camino de tierra, me acerco a la
casa de los Blair. La señora Betsy Blair está sentada en su porche en
una mecedora, igual que ayer, cuando llamó de urgencia. Con toda la
conmoción que había en la nueva tienda de Juno, no me paré a pensar
en el hecho de que nos habían llamado hasta aquí para nada. Solo
agradecí que los chicos del pueblo vecino estuvieran ahí para
ayudarme a proteger a Juno.
Salgo del coche y me pongo el sombrero antes de subir las
escaleras. —Buenos días, Sra. Blair.
—Hola, sheriff. ¿Qué la trae a este lado de la ciudad?— Betsy no
se levanta, pero una de sus envejecidas manos agarra la cruz que lleva
al cuello.
—Tengo un par de preguntas para usted, si no le importa. —
Saco mi pequeño bloc de notas y mi bolígrafo que llevo conmigo en
cada visita. —No tuvimos oportunidad de hablar ayer, así que ¿puede
decirme por qué nos llamó aquí?— espero, y ella sonríe mientras agita
una mano despectivamente.
—Oh, ya lo he olvidado. Ya sabes cómo es a mi edad.
Sotelo, gracias K. Cross
—Pensé que dirías eso. — Cuando digo las palabras, sus ojos se
agudizan. — ¿Está tu hijo Eugene por aquí? Me gustaría hablar con
él.
—No. — Su respuesta de una sola palabra es definitiva.
—Pensé que también dirías eso. — Saco el papel de mi cuaderno
y se lo abro. —¿Le importaría explicarme por qué se encontraron sus
huellas en una escena del crimen en la ciudad ayer a la hora exacta
en que nos llamó a la parte más alejada de nuestra zona de patrulla?
Mira el papel, pero cuando levanta la vista, sus ojos no se
encuentran con los míos. —No tengo ni idea de lo que estás hablando.
—Sal, Eugene. Puedo ver tus botas detrás de la puerta principal.
— le digo, y hay una larga pausa antes de que la vieja puerta de
madera cruja.
Espero, y su hijo, que es mayor que yo, sale sigilosamente y se
coloca detrás de su mecedora. Pone una mano protectora delante de
él, como si esta mujer de casi noventa años fuera a alejarle de algún
modo de la ley.
—Me gustaría que salieras de mi propiedad. — dice Betsy y
cuadra los hombros.
—Señora Blair...— Compruebo mi reloj y sacudo la cabeza. —Si
tengo que llamar al juez Banks para que emita una orden judicial lo
sacará del campo de golf, y tú y yo sabemos que eso no acabará bien.
Resopla irritada y aprieta los labios antes de dirigir su mirada
hacia mí. —Esa chica no es más que un problema.
—Mamá. — empieza Eugene, pero ella le aparta.
—En cuanto se mudó a la ciudad, las cosas empezaron a
cambiar. Las jóvenes no deberían tener el pelo de ese color. Es
antinatural.
Intento con cada centímetro de mi cuerpo no perder la calma,
pero necesito hacer esto bien si quiero llegar al fondo del asunto. —
¿Estás hablando de Juno Folke?— Pregunto cortésmente, pero
garabateo en mi cuaderno que Betsy Blair es una vieja cabrona.
Sotelo, gracias K. Cross
—Por supuesto que sí. — Agita una mano como si Juno estuviera
delante de ella. —Es indecente, el largo de sus pantalones cortos, y
cómo coquetea con todos los hombres buenos del pueblo. Como usted,
sheriff. He visto la forma en que trata de tentarte.
—Mamá. — Eugene trata de intervenir, pero la señora Blair no
lo tiene.
—Oh, cállate. — dice ella y trata de golpearlo, pero él esquiva
fácilmente su lento golpe. —Si te hubieras puesto guantes como te dije
nada de esto habría pasado.
— ¿Así que fuiste tú quien puso a Eugene en esto?— Miro entre
ellos, y Eugene sacude la cabeza mientras la señora Blair pone los ojos
en blanco.
— ¿Crees que a mi hijo se le ocurren sus propias ideas?— se
burla. —Ahora nunca cumplirá su promesa. — Betsy Blair se vuelve
hacia su hijo, y la mirada de decepción es casi dolorosa. —Tuve una
oportunidad de casarte y mira lo que hiciste. Eres un tonto y no la
mereces de todos modos.
—Señora Blair. — digo para llamar su atención y espero hasta
que me mira. — ¿Quién es el que le impulsó a destrozar el lugar de
trabajo de la señorita Folke?
—Bueno, Paula Peterson, por supuesto. — Lo dice como si yo
fuera un idiota, y ahora mismo podría serlo.
Agarro mi radio y pido refuerzos a Terrance mientras saco las
esposas. —Eugene, voy a necesitar que te hagas a un lado. Necesito
asegurarlos a ti y a tu madre.
—De acuerdo. — dice en voz baja, resignado a su destino. No
puedo imaginar lo que fue crecer con una madre como Betsy Blair,
pero si él está eligiendo la cárcel por encima de ella, las cosas deben
ser horribles.
Después de esposar a Eugene a una silla en el porche, me acerco
a Betsy. — ¿De verdad vas a esposar a una anciana como yo?— Parece
enojada, pero me importa un bledo.
—Sinceramente, no sé de lo que eres capaz. — le digo mientras
le pongo las esposas.
Sotelo, gracias K. Cross
En cuanto están aseguradas, llamo a Juno, pero me salta el
buzón de voz. Le envío un mensaje de texto a Luca preguntándole
dónde diablos está y qué tan lejos está de la casa. Cuando pasé por la
casa de los Peterson antes, no vi el auto de Paula. Ahora me pregunto
dónde diablos está y qué diablos está tramando.
Cuando mi mensaje a Luca no llega, maldigo e intento llamar de
nuevo a Juno. Una vez más, me salta el buzón de voz y quiero estrujar
el teléfono en mil pedazos. A lo lejos oigo sirenas. Terrance debe haber
enviado un coche patrulla en alerta roja. Con la ayuda en camino,
subo a mi coche y corro hacia la ciudad.
Espero no llegar demasiado tarde a lo que sea que haya planeado
Paula.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 10
JUNO
— ¿No estás enojada conmigo?— Estoy sentada en la encimera
de la cocina balanceando las piernas de un lado a otro mientras hablo
con Lux por teléfono. Es mi mejor amiga y me ha ayudado en los
momentos más oscuros de mi vida. La quiero y no quiero dañar
nuestra amistad por estar con su hermano.
— ¿Me estás tomando el pelo? ¡Vamos a ser hermanas! Esto es
increíble. ¿Por qué iba a enojarme?— Dice, y no me di cuenta de lo
preocupada que estaba hasta que el alivio me invade.
—No lo sé. No te he hablado de mi enamoramiento, así que sé
que esto puede salir de la nada.
—Vi la forma en que mi hermano te miraba cuando pensaba que
no había nadie cerca. Por no hablar de cómo cambiaba su humor. —
se ríe. —Nunca pensé que llegaría este día, pero creo que lo más
extraño de todo esto será ver por fin a Cooper con una mujer.
Me muerdo el labio porque me alegra un poco ese hecho. Vivimos
en un pueblo pequeño, y lo último que quiero es estar cerca de otras
mujeres con las que ha salido. Incluso con Paula, Cooper me dijo que
solo habían ido juntos a un baile en el instituto, y me sigue
molestando. Nunca pasó nada con ellos, ni siquiera un beso de buenas
noches, y no quiero oír hablar de ello.
—Creo que toda la ciudad se va a sorprender de que Cooper, un
hombre recto, esté saliendo con la chica con el cabello en constante
Sotelo, gracias K. Cross
cambio y un anillo en la nariz. — Tal vez me equivoque, pero ese es mi
pensamiento inmediato.
Honestamente, no creo que nadie conozca a Cooper mejor que
yo. Si la gente supiera lo que dice a puerta cerrada, caería muerta. Mi
cuerpo se calienta, pensando en todas las cosas sucias que me dice al
oído mientras está dentro de mí.
—Estarán contentos. — dice Lux, sacando mi mente de la
alcantarilla. —Quieren a Cooper y quieren que sea feliz. Sé que no lo
crees, pero ese pueblo también te quiere, Juno.
No le cuento lo del ladrillo que atravesó la fachada de mi tienda
porque no quiero que se preocupe. Está claro que a alguien de aquí no
le gusto, pero la creo. Después de la fiesta que me organizaron en la
cafetería, estoy empezando a entenderlo. Creo que mi miedo a no
pertenecer me ha frenado en muchos aspectos, incluso con Cooper. Él
pensaba que no me gustaba Pink Springs y estaba seguro de que algún
día intentaría marcharme, cuando en realidad es el único lugar en el
que me he sentido como en casa.
—Deberían venir pronto para que podamos hacer las cosas de la
boda. Esto va a ser perfecto. — suelta otro chillido y luego nos reímos.
Hablamos un poco más antes de despedirnos y bajo de un salto
de la encimera de la cocina. Paso la mano por la fría piedra y pienso
en el tiempo que he pasado en esta casa. Es una locura que ahora
vaya a ser mi hogar. Cooper me dejó muy claro que ya habíamos
perdido un par de meses y que no va a pasar otra noche sin mí en su
cama.
Ese hombre es un loco adorable. Cuando tuvo que salir
corriendo para ir a trabajar, me dijo que hiciera una lista de las cosas
que se podían cambiar y actualizar por aquí, pero no estoy segura de
poder hacerlo. Cuando siguió hablando de dónde podría ir mi estudio
de arte, se me llenaron los ojos de lágrimas. Quiere que este sea
nuestro hogar y que nos refleje. Empezaré una lista, pero quiero que
él lo haga conmigo. Sin embargo, sé que va a haber una pelea, porque
querré usar mi propio dinero para algunas cosas. La única persona
que realmente sabe sobre la herencia de mis padres es Lux. La gente
puede actuar de forma extraña cuando se entera de lo que hay en tu
Sotelo, gracias K. Cross
cuenta bancaria, pero tengo la sensación de que a Cooper no le
importará.
Un revoloteo me recorre cuando oigo que alguien llama a la
puerta principal. Entonces recuerdo que Cooper no llamaría a su
propia puerta. Cuando abro la puerta principal, gimo interiormente al
ver a Paula de pie. Es muy guapa, con un pelo rubio largo y sedoso,
ojos azules brillantes y un cuerpo de infarto. Me parece que es
demasiado pronto para el conjunto sexy y los tacones que lleva, pero
si eso es lo que le gusta, da igual. Está claro que no voy a juzgar a
nadie por sus elecciones de estilo. No estoy celosa por su
enamoramiento de Cooper porque ella y yo somos la noche y el día. Si
yo soy lo que Cooper no puede dejar de tocar, entonces esta chica
nunca tendrá una oportunidad.
— ¿Puedo ayudarte?— Le sonrío, tratando de no ser grosera. No
quiero ser una de esas chicas maliciosas, y nadie sabe realmente que
Cooper y yo estamos juntos. Probablemente piensa que él es soltero,
por lo que debería estar bien coquetear y tratar de frotarlo. Se me
revuelve el estómago al pensarlo, y supongo que soy tan celosa y
posesiva como Cooper. Mis pensamientos se desvían hacia la idea de
convencer a Cooper de que se tatúe mi nombre.
—Sí, puedes ayudarme. — suelta, y me devuelve a la realidad.
—Puedes largarte de esta ciudad.
Con ambas manos, se acerca y me empuja con fuerza contra mi
pecho. Me pilla completamente desprevenida, y tropiezo con el suelo.
Entra y cierra la puerta detrás de sí. Intento apresurarme y ponerme
en pie para poder salir de aquí. Probablemente tenga un arma o algo,
y es mucho más grande que yo.
—Se supone que es mío, no de una puta de un parque de casas
rodantes. — Me coge por el pelo y me tira hacia atrás. —Vas a
arruinarlo. — me sisea al oído. — ¿Realmente crees que lo reelegirán
si está contigo?
—Puede que pienses que soy una basura, pero estás
jodidamente loca. — Me balanceo hacia atrás con el codo tan fuerte
como puedo, haciendo contacto con alguna parte de su alto cuerpo.
Me suelta el pelo y deja escapar un fuerte grito.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¡Me has pegado!— me acusa, como si le sorprendiera que me
defendiera. Está absolutamente loca. —Estoy aquí para salvarle de ti
y de tus diabluras. Lo has hipnotizado con un hechizo o algo así.
—En realidad fue solo mi vagina. — Genial, Juno, provoca a la loca.
—Eres repugnante. No quería tener que hacer esto, pero pensé
que podría conseguir que te fueras una vez que te dieras cuenta de
que lo mejor para mí es estar con Cooper. — Me sacude la cabeza como
un padre decepcionado. —No me has dado opción.
Se me cae el estómago cuando saca una pistola y me apunta.
Joder, esto se ha vuelto real.
—Si me matas, irás a la cárcel. — Hablo con calma y despacio.
—Puedo irme ahora mismo. — intento sugerir.
—No, soy la que tiene razón. Estoy protegiendo a Cooper y a
todos los demás. — Está agitando la pistola mientras habla, y
entonces sus ojos se fijan en los míos. —No hay otra manera. — dice
con frialdad, levantando la pistola para apuntarme al pecho.
Los dos nos sobresaltamos cuando la puerta principal se abre de
golpe y Paula se gira para apuntar a Cooper con su pistola. Sin
pensarlo, hago lo único que puedo y la golpeo con todas mis fuerzas.
La golpeo fuertemente con el hombro y veo cómo la pistola sale volando
por los aires mientras ambas caemos al suelo. Rápidamente me
incorporo intentando ver a dónde ha ido a parar y me siento aliviada
cuando Cooper la tiene.
Cuando le miro a los ojos, la expresión de su cara me resulta
incluso intimidatoria y sé que su culo loco está ahora en problemas.
—Cooper, has venido por mí. — dice Paula, y toda su cara se
ilumina. Cojea para sentarse y me señala con su uña roja. —Me golpeó
dos veces.
—Cierra la boca. — grita Cooper, pero Paula no puede
controlarse.
— ¡Ves! Nunca hablabas así antes de conocer a esta pequeña...
Jadeo cuando Cooper le dispara, y luego me doy cuenta de que
es una Taser. Paula vuelve a caer al suelo, y esta vez su cuerpo se
sacude antes de quedarse quieta.
Sotelo, gracias K. Cross
—Oh, Dios. Creía que le habías disparado. — digo mientras
Cooper me ayuda a ponerme en pie y me estrecha contra su pecho. —
Qué pena. — murmuro, y niega.
— ¿Qué voy a hacer contigo?— Me aparta un mechón de pelo de
la cara y veo que se siente aliviado de tenerme entre sus brazos.
—Tengo algunas ideas. — Le sonrío y entonces aparecen varios
policías más. Paula está ahora llorando en el suelo y casi me da pena.
—Creo que necesita un hospital o algo así. No está del todo bien.
—Sabes que intentó asesinarte, ¿verdad?— Cooper me aprieta
más.
—Tú también lo estás ahora mismo. No puedo respirar. — jadeo,
y sus brazos se relajan un poco.
—Encárgate de ella. Ahora voy. — dice Cooper a uno de los otros
agentes. Me coge de la mano y me lleva por el pasillo hasta su
habitación. En el momento en que se cierra la puerta, se me echa
encima, me levanta y me aprieta contra la puerta. Su boca se posa
sobre la mía y el beso es indomable y necesitado. Es casi doloroso de
la forma más dulce, y le devuelvo lo mismo.
—Podría haberte perdido, joder. Tiene suerte de que no le haya
disparado. La única razón por la que no lo hice es porque no puedo
cuidar de tu culo mientras estoy en prisión.
—Gracias a Dios. Sé que puedo parecer un poco nerviosa, pero
no creo que las visitas conyugales sean lo mío. No me malinterpretes,
lo haría por ti, pero lo único que digo es que prefiero no hacerlo.
Una pequeña sonrisa tira de sus labios, y me alegro de haberlo
distraído aunque sea un poco. —Nos vamos a casar hoy. — anuncia
de repente.
—Espera, ¿qué? No podemos, Lux se va a casar.
—No me importa.
— ¡A mí me importa! No quiero eclipsarla.
—Estaría aquí en dos horas si llamaras y dijeras que te vas a
casar. Aparecería con una sonrisa gigante en la cara, y lo sabes. —
Mis hombros caen porque sé que tiene razón.
Sotelo, gracias K. Cross
—Cooper...
—Podría haberte perdido hoy. — Me corta antes de que pueda
intentar protestar de nuevo. —Nunca sabemos lo que nos espera en la
vida. Me arrepiento de los meses que intenté alejarme de ti. No me
arrepentiré de lo que tardé en casarme contigo.
— ¿Cómo puedo decir que no a eso?— Levanto las manos.
—No puedes. — Su sonrisa se amplía, y sé que no podré negarle
lo que quiere. Porque, sinceramente, es lo que yo también quiero.
—Sabes que puede que no haya sido tan terrible que esperaste
para hacerme tuya. La gente podría haber hablado ya que yo acababa
de graduarme en el instituto. Tenía dieciocho años y todo, pero aun
así.
—Me importa una mierda lo que piensen los demás.
—Lo sé, pero tú amas esta ciudad.
Sacude la cabeza. —Aquel día que llegué a casa y vi que Lux se
iba a la ciudad estuve a punto de perder la cabeza. Estaba seguro de
que te ibas con ella. Mi miedo se estaba haciendo realidad, pero era
un maldito miedo estúpido porque habría durado unos dos segundos
antes de estar persiguiendo tu culo. Puede que te haya evitado por la
ciudad, pero todavía tenía mis ojos puestos en ti. Siempre. Nunca te
ibas a escapar de mí. — Este hombre me está matando de dulzura.
—También amo esta ciudad, pero espero que no llegue a eso. —
Necesito poner mi fe en la gente de Pink Springs. Nunca me han dado
una razón para no hacerlo, y he dejado que mis propias inseguridades
nublen ese hecho.
—Si no les gusta o nos echan mierda, haremos las maletas y
buscaremos un nuevo pueblo al que llamar nuestro. — Se me corta la
respiración.
— ¿Harías eso por mí? ¿Irte de Pink Springs?
—En un santiamén. — dice al instante. —Donde tú vayas, yo iré,
ya sea a la ciudad o a otro país. Estar contigo es lo que más importa.
—Te amo tanto, maldita sea. — Mis ojos arden de lágrimas. —
Deberíamos llamar a Lux porque nos vamos a casar hoy.
Sotelo, gracias K. Cross
—Yo también te amo. — Roza su boca con la mía. —Nunca te
dejaré ir.
Menos mal que entre sus brazos es exactamente donde quiero
estar. Desde ahora hasta siempre.
Sotelo, gracias K. Cross
Epílogo
COOPER
Unos meses después...
Estoy de pie en el pasillo del fondo de la iglesia esperando a que
nos digan cuándo ir. Desde que Bastian llegó a nuestras vidas a través
de Lux, se ha convertido en uno de mis mejores amigos. Sobre todo
porque Juno y Lux son inseparables aunque vivan a horas de
distancia. Estoy agradecido de que Bastian haya resultado ser un
buen tipo y que quiera a mi hermana como se merece.
Cuando Lux me pidió que la acompañara por el pasillo, me
atraganté y no podía formar palabras. Pero pude asentir, y esa fue
toda la confirmación que necesitaba. Hoy es por fin su gran día, y una
parte de mí se alegra mucho de que Juno y yo no hayamos hecho todo
este lío. No habría podido soportar estar lejos de ella el tiempo
necesario para celebrar la ceremonia, y cuando he comprobado antes
cómo estaba Bastian, veo que ya está allí.
Estoy listo para entregar a nuestra hermanita, pero Luca se
retrasa, como siempre. Dijo que llegaría hace una hora, pero el tráfico
lo está retrasando. No se lo he dicho a la novia porque no quiero
preocupar a Lux, y pensar que su hermano se retrasa es lo último que
necesita con todo lo que está pasando.
—Dios, estás tan sexy con el esmoquin; casi me hace desear que
tengamos una boda. — dice Juno mientras se acerca por detrás y me
agarra el culo. Le doy la vuelta en mis brazos y la sujeto a la pared.
Sotelo, gracias K. Cross
Cuando voy a besarla, me detiene. —No me manches el maquillaje o
Lux tendrá mi culo.
—Bien, pero solo porque es su gran día. — refunfuño, enterrando
mi cara en su cuello y besando la tierna piel de allí.
—Oh Dios, y no hagas eso o yo...
— ¿Qué harás?— Gruño y hago exactamente lo que me dijo que
no hiciera.
—Mierda. — Se derrite en mis brazos mientras deslizo mis
manos por su vestido de seda de dama de honor. A través del material
puedo sentir sus pezones y lo duros que están.
—Maldita sea, mujer, ¿por qué te burlas de mí con este
vestido?— Deslizo mi mano por el lateral y deslizo mis dedos dentro
de su top. Acaricio el borde de su pecho, y la suave piel me tienta a
tener más.
—Lux lo eligió. — jadea, y luego gime cuando le pellizco el pezón.
— ¿Quieres que te desvirgue en medio de una iglesia para que
todo el mundo lo vea?— La pellizco de nuevo, y asiente.
—Sí, vamos directamente al infierno sin cobrar doscientos
dólares.
Mi risa contra su piel es áspera, y sé que mi sonrisa es malvada.
—Cuando estés en el altar, quiero que me imagines follándote en él.
—Oh Dios, realmente vamos a ir al infierno.
—No te preocupes, esperaremos hasta que todos estén en la
recepción. — Me inclino hacia atrás y la miro, y me frunce el ceño.
—Eres un provocador, Cooper Cross. — Lo dice como si fuera
una maldición.
—Y te gusta, Juno Cross. — Levanto una ceja, y después de un
segundo se encoge de hombros.
—Tal vez. — Hace como que no me mira, y me inclino y le beso
los labios, malditas sean las consecuencias.
Sotelo, gracias K. Cross
—Date prisa y haz que esa novia se mueva para que pueda
tenerte gritando mi nombre en esta casa de culto. — Le guiño un ojo
y sus ojos se abren de par en par.
—Maldita sea, Cooper. Ahora estoy excitada y ofendida. — Se
aleja dando pisotones, pero le doy una palmada en el culo y se gira
para mirarme mientras intenta ocultar su sonrisa.
Me quedo ahí unos minutos más mirando el reloj y tratando de
controlar mi polla. Por suerte, estoy lo suficientemente calmado como
para que, cuando Selma viene por el pasillo, pueda comportarme como
una persona normal y no como el animal que mi mujer crea cuando
se acerca a mí.
—Hola Cooper, ¿estás listo?— pregunta Selma mientras coge su
ramo de flores de la mesa a mi lado. Es una de las damas de honor de
Lux, y lleva un vestido parecido al de Juno pero no exactamente.
—Estaré mucho mejor cuando llegue mi hermano. — Digo la
última parte con los dientes apretados, pero luego me relajo cuando
veo que se abren las puertas delanteras de la iglesia y Luca entra
pavoneándose. —Jodidamente, gracias.
— ¿Supongo que es él?— pregunta mientras se gira para ver
dónde estoy mirando.
—Sí, y ya era hora. — Luca camina rápidamente hacia donde
estoy parado y está tonteando con el atado de su pajarita todo el
camino.
—Siento llegar tarde. No pude hacer funcionar esta maldita cosa.
— Lucha con ella una vez más antes de dejar que se abra y sus brazos
caigan a los lados. —No va a funcionar.
— ¿Quieres ayuda?— Selma se ofrece, y Luca se vuelve hacia ella
para decirle que sí, pero entonces deja de hablar.
Por un momento se queda en silencio, algo que para Luca
probablemente nunca ha ocurrido. Y me quedo mirando a los dos. ¿No
se han conocido antes? No conocí a Selma oficialmente hasta el ensayo
de anoche, pero Luca se retrasó por culpa del tiempo y su vuelo no
aterrizó hasta esta mañana.
Sotelo, gracias K. Cross
Selma es la primera en reaccionar y se acerca a Luca y empieza
a arreglarle la pajarita. Él no dice ni una palabra, y lucho contra una
sonrisa mientras permanezco de pie observando lo que sucede. No
recuerdo la última vez que alguien sorprendió a mi hermano, pero
parece que Selma puede haberle hecho callar por fin. Ya pensaré en
todas las formas de molestarlo por esto más tarde, porque ahora
mismo está empezando el espectáculo.
Lux sale del camerino con su vestido de novia y las lágrimas me
arden en los ojos. Quiero mucho a mi hermana y sé que éste es el día
más feliz de su vida.
—Estás preciosa. — le digo mientras pongo su brazo en mi codo
y le beso la mejilla. —Sé que a mamá y a papá les habría encantado
estar aquí, pero me alegro de poder ocupar su lugar.
—Para o me pondré a llorar y entonces también lo hará Juno. —
dice Lux y resopla.
Juno me da una palmada en el brazo y veo que se forman
lágrimas en los suyo. —Tiene razón.
—Tú también estás preciosa, cariño. — Me inclino y le doy un
beso en la mejilla y luego le hago un gesto con la cabeza a Luca. —Ve
a asegurarte de que se ponga en el lugar correcto.
—Estoy en ello. — Me guiña un ojo y siento que me da un golpe
en el culo.
—Pagarás por eso. — le siseo, y me saca la lengua.
— ¿Lista?— Le pregunto a Lux, y ella asiente.
—Llévame con Bastian antes de que entre en tromba por las
puertas.
Cuando estamos todos alineados y listos para salir, miro a mi
hermano. Luca está de pie junto a Juno, pero sus ojos están puestos
en Selma. Nunca lo había visto mirar a una mujer de esa manera, y
no puedo evitar preguntarme... ¿es ella la indicada para él?
Sotelo, gracias K. Cross
Epílogo
JUNO
—Creo que también necesito este. — Lux señala uno de mis
cuadros en la pared de mi estudio.
—No tienes más espacio en la pared. — me río.
Lux podría ser mi mayor cliente. Es una tonta. En general, debe
disfrutar de mi trabajo. No necesitaba ayuda. De hecho, lo estaba
haciendo muy bien. Muchas cosas se hacen en línea, pero algunos
clientes siguen viniendo. Además, a todo el mundo en la ciudad le
encantan las clases. Algunas personas incluso han alquilado el
espacio para una fiesta porque es muy bonito aquí.
—Bastian tiene un lugar en el norte. Tengo sitio. — Pone los ojos
en blanco mientras lo dice. —Sin embargo, a los niños les encanta la
nieve. Deberían ir ahí alguna vez.
—Seguro que sí. — Sacudo la cabeza. — ¿Cuántas casas tiene
eso para ti?
—No lo sé. — Se encoge de hombros. —Entre Bastian y Selma,
no puedo estar al día con los bienes raíces, pero me encantan algunos
de esos lugares.
— ¿Alguna vez pensaste que esta sería nuestra vida?— Hemos
crecido tanto en los últimos cinco años. ¿Cómo es posible que todos
mis sueños se hayan hecho realidad? Supongo que me tocó una mano
de mierda al principio de la vida. Ahora el universo me está
compensando.
Sotelo, gracias K. Cross
—Ni una posibilidad en el infierno. — Empiezo a cerrar las cosas,
apagando mi ordenador. — ¿Cuál es el plan aquí? ¿Nos escabullimos
o jugamos con calma?
—Jugamos con calma. Seguro que está en la comisaría haciendo
el papeleo. — No está lejos de donde vamos. Ni siquiera debería saber
que me escabullí, y esto no debería llevar mucho tiempo. Lo que estoy
consiguiendo es bastante pequeño.
—Si tú lo dices. — ríe Lux. Agarro mis llaves antes de poner la
alarma. Salimos por la parte delantera del edificio. Este es el mejor
momento para hacer esto. Bastian tiene a todos los niños con él en
este momento. Estoy segura de que están causando estragos en
nuestra casa mientras hablamos.
Me encanta lo unidos que están todos los primos. Cuando
Cooper me hizo suya, tuve una familia completa. Durante mucho
tiempo, solo estábamos la abuela y yo. Ahora cada día de fiesta
nuestra casa se llena de gente. Es todo lo que siempre he querido.
Nos dirigimos por el lado hacia la casa de Wes. Tardamos unos
minutos en llegar ya que la gente nos para en cada manzana para
hablar. Todo el mundo estaba feliz de que Cooper y yo nos casáramos.
Incluso nos sorprendieron con una fiesta desde que nos fugamos.
Empujamos en el frente de la tienda de Wes, el timbre sonando
en lo alto.
— ¿Estás segura de que tu hombre va a estar bien con esto?
Tuvieron que pasar dos años para que dejara de gruñirme. — Wes me
mira con escepticismo.
—Quiero decir, estoy segura de que preferiría que lo hiciera una
mujer, pero tú eres la mejor, y esto es algo para siempre. — Asiente
en señal de comprensión.
—He estado tratando de conseguir tinta en ti desde que nos
conocimos. No puedo decir que no, pero tengo una idea. Vamos atrás.
— Nos hace un gesto para que le sigamos. Abre la puerta de una de
las habitaciones. — ¿Has hecho algún cambio en el diseño que me
enviaste?
—No. — Me subo a la silla del centro de la habitación. — ¿Cuál
es tu idea?
Sotelo, gracias K. Cross
—Ahora mismo voy a...— Wes se interrumpe cuando oímos lo
que parece un toro entrando en la tienda. Lux ya está en un ataque
de risa.
— ¡Juno!— Salto hacia abajo, asomando la cabeza por la puerta.
Wes está de pie en el pasillo con las manos en alto como si intentara
demostrar que no está haciendo una mierda.
— ¿Quieres calmarte?— Pongo los ojos en blanco hacia mi
marido, que se me echa encima en un segundo.
—No. — Mira fijamente a Wes. — ¿Por qué estás aquí? No has
dicho que ibas a venir.
—Llevo aquí dos minutos. ¿Con qué frecuencia compruebas esa
maldita aplicación de rastreo?— Intento fingir que estoy enojada, pero
no lo estoy. Ni siquiera por un segundo. Adoro las formas posesivas
de Cooper. No las cambiaría por nada. Supe desde el momento en que
lo vi que era todo lo que quería en un hombre. La familia siempre es
lo primero para él.
—Me alerta cuando te mueves. — Todavía está mirando a Wes.
—Pensé que ya estábamos bien. Estuve el mes pasado en una
barbacoa. — le recuerda Wes.
—Probablemente porque tenía los ojos puestos en ti y no estabas
solo con su mujer. — Lux se señala con dos dedos a sí misma y luego
a Wes. Por supuesto, Lux está del lado de Cooper. Pobre Wes. —Creo
que los dejaré a todos. Bastian y yo nos encargaremos de la cena. —
Nos abraza a Cooper y a mí antes de salir.
— ¿Por qué estás aquí? Si dices algo de perforar tú...
— ¡Tatuaje!— Grito antes de que pueda terminar.
—Vaya. No tengo deseos de morir. — Wes da dos pasos atrás.
— Pensé que me estabas haciendo un tatuaje. — dice. Me encojo
de hombros.
—Hemos hablado de ello, pero nunca lo has hecho. He pensado
en hacerlo yo. — Me muerdo el labio, mirando al suelo.
Sotelo, gracias K. Cross
—Nena. Solo he estado esperando a que prepararas algo. — Se
acerca a mí, su dedo llega a mi barbilla para que levante la vista hacia
él.
— ¿De verdad?
—Sí. — Me aparta un mechón de pelo de la cara.
—He dibujado algo. Con los nombres de nuestros pequeños
también. Irá aquí mismo. — Pongo mi mano en su pecho.
—Entonces hagámoslo. — pone su mano sobre la mía.
— ¿Así de fácil?
—Así de fácil. — responde con una cálida sonrisa.
—Todavía estoy recibiendo el mío. Tu nombre aquí. — Señalo mi
cadera. Su nariz se acentúa, y no sé si está excitado o enfadado.
—Antes de que nadie muera, ¿puedo enseñarte mi idea?— Wes
interviene. Los dos giramos la mirada hacia él. — ¡Shelly!— grita.
—Yo. — Me quedo con la boca abierta cuando Shelly O'Neal viene
caminando por el pasillo. Se desliza junto a Wes. Él la rodea con un
brazo.
—Mierda. — digo.
—Ya era hora de que tuviera su propia mujer. — murmura
Cooper en voz baja. Le doy un codazo en el costado.
—He pensado que Shelly podría hacer tu tatuaje y yo el de
Cooper.
— ¿En serio?— Shelly O'Neal no es solo una tatuadora, también
es una artista increíble. Su trabajo es bastante famoso.
—Por supuesto. De hecho, tengo una de tus pinturas en mi
condominio en casa. Ahora puedo darte uno de los míos. — Esto es
más que genial.
Nos preparan y empiezan a entintar juntos. Sostengo la mano de
Cooper. Ni Cooper ni yo tenemos un tatuaje. Ya me estoy excitando
pensando en que su nombre esté grabado en mi piel y que mi nombre
lo marque a él también.
Sotelo, gracias K. Cross
—Que me jodan. — gruñe Cooper cuando ve mi tatuaje. Sé, por
su mirada, que está excitado. Me relamo los labios.
—Quizá deberíamos quedarnos en el estudio. — sugiero
mientras salimos de la tienda de tatuajes. Me quedé con el
apartamento de arriba. Lo hemos usado algunas veces para invitados,
y también guardo ahí cosas para los niños. Luego hay momentos como
este.
Dejo escapar un chillido cuando me levanta y me lleva por la
calle. Oímos unas cuantas risas y vítores que me hacen sonrojar. Pero
no me importa. Cooper es mío y quiero que todos lo sepan.
Fin…
Sotelo, gracias K. Cross