Epígrafes Selctividad 2023-24 Bloques 1-4
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➢ Emirato independiente de Bagdad (756-929), con la llegada de los Abasíes al poder, Abd-al-Rahman I huye, consiguiendo
llegar a la Península, donde se proclamó emir independiente (756) en el ámbito político, en el religioso se siguió
reconociendo la supremacía espiritual del califa de Bagdad. Etapa de consolidación y reorganización del poder musulmán
en Al-Ándalus, con continuas luchas internas entre árabes y beréberes y revueltas de muladíes y mozárabes (motín del
arrabal, s. IX) contra el poder cordobés.
➢ Califato de Córdoba (929-1031). Abd-al-Rahman III se proclamó califa (líder político y religioso). Momento culminante del
poder político musulmán frente a los reinos cristianos, y máximo esplendor cultural y artístico, especialmente con Al-
Hakam II. Tras su muerte comenzó a gobernar Almanzor (976-1002), háyib que ejerció el poder en nombre del califa
Hisham II, iniciando una dictadura militar y emprendiendo numerosas razias contra los cristianos del norte (Barcelona
987, Santiago de Compostela 997). A su muerte las luchas internas caracterizaron el final del califato, que acabó
desintegrándose en numerosos reinos de taifas (1031).
2.2. AL-ÁNDALUS: REINOS DE TAIFAS. REINO NAZARÍ
En el año 1031 una rebelión en Córdoba depuso al califa Hisam III, desapareciendo la unidad de Al-Ándalus, que se fragmentó
en múltiples reinos de taifas, que reflejaban las profundas divisiones étnicas y políticas de la sociedad andalusí. Sus
enfrentamientos propiciarían el avance cristiano (Reconquista). Las primeras taifas presentaban rasgos comunes:
• Fueron muy frecuentes las disputas entre los diferentes reinos de taifas.
• Su elevado número inicial se fue reduciendo, las taifas más grandes anexionaron las más pequeñas.
• Frente a la superioridad militar de los reinos cristianos, los reinos de taifas políticamente eran muy débiles, pagando
parias a los cristianos a cambio de protección militar.
• La debilidad política no se tradujo en crisis económica ni decadencia cultural: seguían siendo territorios ricos y prósperos
y gozaron de gran esplendor cultural.
A finales del XI las taifas se ven incapaces de frenar el avance cristiano (Alfonso VI de Castilla conquista Toledo, 1085), piden
ayuda a los almorávides, musulmanes que habían creado un imperio en el norte de África caracterizado por la ortodoxia y la
intransigencia, que vencieron a los cristianos en la batalla de Sagrajas (1086), logrando reunificar temporalmente Al-Ándalus,
hasta que 1145 los almorávides sucumbieron, retornando a la fragmentación política en los segundos reinos de taifas. Los
almohades (1146) volvieron a reunificar el territorio, con victorias como la de Alarcos, ante la que los cristianos reaccionaron
unificando sus fuerzas, derrotando a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). El debilitamiento almohade
supuso el nacimiento de las terceras taifas, que irían siendo conquistadas por los cristianos, a excepción del reino nazarí de
Granada (1237-1492), fundado por Muhammad I y la dinastía de los Banu Nars (nazarí). Ocupaba las actuales Málaga,
Almería, Granada y la parte oriental de Cádiz; estaba dividido en tres coras (Elvira, Rayya y Pechina). En sus dos siglos y medio
de existencia fue escenario de disputas constantes, además de la presión de Castilla, a la que pagaban parias y reconocían
vasallaje a su rey. Alcanzó su máximo esplendor en el s. XIV. En 1492 los RRCC lo incorporaron a Castilla.
2.3. AL-ÁNDALUS: ECONOMÍA, SOCIEDAD Y CULTURA.
La economía era fundamentalmente agrícola, los musulmanes intensificaron el regadío, utilizando la noria y ampliando el uso
de acequias, introdujeron nuevos cultivos (algodón, arroz, azafrán, morera, cítricos) que unieron a la tríada mediterránea
(cereal, vid y olivo). En la ganadería, retrocedió la porcina, desarrollándose más la ovina y equina. La minería se revitalizó,
destacando el hierro, cobre y mercurio. Famosos fueron sus productos artesanales, en especial los productos de lujo:
cordobanes, brocados, seda, pergamino, armas, papel y cerámicas. El comercio en Al-Ándalus fue muy activo, interior en los
zocos urbanos, y el exterior con otros territorios musulmanes y con la Europa cristiana. Importaban pieles, metales, armas y
esclavos de Europa; esclavos y oro sudanés de África y especias y objetos de lujo del Próximo Oriente; exportando aceite de
oliva, tejidos y una inmensa gama de manufacturas de lujo. Hubo una abundante circulación monetaria (el dinar de oro y el
dírhem de plata). La ciudad se revitalizó como centro de consumo, rompiéndose la tendencia a la ruralización.
La sociedad andalusí era muy heterogénea, por su gran diversidad étnica y religiosa. Con predominio de los musulmanes: la
aristocracia militar de origen árabe asentada en los núcleos urbanos, grupo minoritario; bereberes, tropas auxiliares de rango
inferior y establecidos en tierras más pobres, protagonizando numerosas revueltas por ello. Muladíes, hispanos convertidos al
Islam(la mayoría eran campesinos). Junto a ellos subsistían mozárabes (cristianos) y judíos, las gentes del Libro, quienes
debían pagar unos tributos especiales. En la base de la estructura social estaban los esclavos.
Al-Ándalus fue la vía de transmisión a Occidente del pensamiento y la ciencia orientales y grecorromanos. Destacó en: arte
(mezquita de Córdoba, Alhambra de Granada, Aljafería de Zaragoza), filosofía (Aberroes, Abentofail y Maimónides), literatura
(El collar de la paloma –Ibn Hazm; moaxaja y zéjel) y ciencia (álgebra, medicina -Abulcasis-, astronomía -Arzarquiel-).
2.4. LOS PRIMEROS NÚCLEOS DE RESISTENCIA CRISTIANA. PRINCIPALES ETAPAS DE LA RECONQUISTA.
MODELOS DE REPOBLACIÓN.
La consolidación de los reinos cristianos en la Península fue un proceso complejo que duró varios siglos. El primer foco de
resistencia cristiana se inicia en Asturias, donde D. Pelayo vence a los musulmanes en Covadonga (722), nace así el reino
astur, consolidado por Alfonso III. Ordoño II trasladó la capital a León en el siglo X, dando lugar al reino de León. En su parte
oriental se originó el condado de Castilla, que se independizó con el conde Fernán González (siglo X). En el Pirineo occidental,
la familia Arista forma el reino de Pamplona (s. IX) integrado por población vascona, que alcanzó su máximo esplendor con
Sancho III el Mayor (1000-1035). En el Pirineo central los condados de Sobrarbe, Ribagorza y Aragón sobre el 830 se
desvinculan del poder carolingio, y serán anexionados a Pamplona durante el siglo X. Y en el Pirineo oriental, la Marca
Hispánica (condados catalanes) dependientes de los carolingios hasta su independencia (iniciada con Wilfredo el Velloso y
lograda con Borrell II).
De s. XI-XIII se desarrollan las principales etapas de la Reconquista. En el s. XI Castilla se une a León, nace el reino de Castilla-
León con Fernando I; y el de Aragón, unido a Pamplona. En el s. XII Castilla y León se separan, nace el reino de Portugal,
Pamplona se independiza (pasó a llamarse Navarra); y se unen Aragón y Cataluña con Ramón Berenguer IV formándose la
Corona de Aragón. En el s. XIII: unidad definitiva de Castilla y León (1230 con Fernando III). La victoria en las Navas de Tolosa
(1212), marcó un gran avance. En Castilla, Extremadura es conquistada por Alfonso IX; Fernando III conquista Murcia e inicia
la conquista de Andalucía, finalizada por Alfonso X. Para Aragón, Jaime I conquista Baleares y Valencia. Quedando Granada
hasta 1492.
La repoblación durante la Reconquista se realizó con distintos modelos: del s. VIII-XI, la presura o aprisio (tierras situadas al
norte del Duero y la zona pirenaica); en la 1ª mitad del s. XII, repoblación concejil (zona entre el Duero y los Montes de Toledo
y en el sector oriental el valle del Ebro); en la 2ª mitad del XII de órdenes militares o encomiendas (valle del Guadiana y en la
área oriental la zona de Teruel y el norte de Castellón); y en el s. XIII, repartimientos de tierra (valle del Guadalquivir y en el
litoral levantino de Castellón a Murcia).
2.5. LOS REINOS CRISTIANOS EN LA EDAD MEDIA: ORGANIZACIÓN POLÍTICA, RÉGIMEN SEÑORIAL Y
SOCIEDAD ESTAMENTAL.
La organización política de los reinos cristianos o de los condados catalanes, se articuló en torno al rey o conde. El rey estaba
asesorado por una Curia Real (nobles y clérigos), que hasta el s. XII fue el organismo más importante. En 1188 en el Reino de
León y desde el s. XIII en el resto, los monarcas convocan a la Curia y los burgueses en representación de las ciudades más
importantes, así nacen las Cortes. Sus funciones: asesorar al rey y votar subsidios (impuestos) extraordinarios. La
administración territorial estaba a cargo de los condes y la local a cargo del concejo, aunque el gobierno recaía en los
regidores, cargos vitalicios que formaban el ayuntamiento, junto a los alcaldes y jueces o merinos. Los recursos provenían de
las tierras ocupadas a los musulmanes, aduanas, monopolios (sal y minas) y el cobro de impuestos (alcabala).
Al igual que en el resto de Europa, la sociedad estaba dividida en estamentos, fuertemente jerarquizados y asentados en el
principio de la desigualdad de sus miembros: privilegiados (nobleza y clero) y no privilegiados (pecheros porque debían pagar
tributos). Era una sociedad agraria, con una gran diversidad étnica y religiosa, ya que cristianos convivían con minorías judías y
musulmanas (mudéjares).
Derivado de las relaciones de dependencia surgió el régimen señorial por el que los habitantes de un territorio quedaban
ligados a su propietario: el rey (señorío de realengo), eclesiásticos o señores. Podían ser solariegos, en los que el señor
cobraba rentas por el uso de la tierra, o jurisdiccionales, con mayores prerrogativas para los señores, como el cobro de
impuestos, la llamada a filas o la administración de justicia, lo que supuso una merma en el poder del rey sobre sus súbditos.
2.6. ORGANIZACIÓN POLÍTICA DE LA CORONA DE CASTILLA, LA CORONA DE ARAGÓN Y DEL REINO DE
NAVARRA HASTA EL FINAL DE LA EDAD MEDIA.
Los cambios en la Baja Edad Media repercutieron en la organización política. En Castilla la monarquía se consolidó y
desembocó en una monarquía autoritaria de origen divino, apoyada en el derecho romano, en las Partidas de Alfonso X y el
Ordenamiento de Alcalá. En el ámbito estatal, además de las Cortes, las instituciones más importantes fueron: el Consejo
Real: con funciones de asesoramiento; Audiencia, órgano supremo de justicia, solo supeditado al rey, en el s. XV fijará su sede
en Valladolid con el nombre de Chancillería. En el ámbito local se produjo una creciente intervención de la monarquía sobre
los municipios con el fin de controlarlos, primero nombrando regidores, a los que posteriormente se añadió la figura del
corregidor, representante permanente de la Corona con amplias atribuciones.
En la Corona de Aragón, era una confederación de territorios con leyes e instituciones propias, lo que derivó en una
concepción pactista de la corona. Las instituciones más importantes fueron: los virreyes, autoridad que actuaba en nombre
del rey en los distintos territorios; las Cortes, con un fuerte papel en la restricción del poder real en los distintos reinos, ya que
existían Cortes independientes en Aragón, Valencia y Cataluña y nunca llegarán a unificarse. Las Diputaciones, comisiones
para organizar y controlar la recaudación impuestos, que irán adquiriendo dimensión política (la Generalitat de Cataluña, la
Diputación del Reino de Aragón, Diputación de Valencia). El Justicia de Aragón, cargo específico del reino de Aragón cuya
función era la defensa de los fueros frente a las pretensiones autoritarias de la monarquía. El poder municipal en Aragón se
organizó en merindades o veguerías dirigidas por un cabildo de jurados, el modelo catalán en un consell (Consell de Cent en
Barcelona).
En el Reino de Navarra también se desarrollará la monarquía pactista. El Consejo Real asesoraba al rey, las Cortes, en las que
el rey juraba los fueros del reino; y la Diputación de los Tres Estados, que recaudaba los subsidios votados en las Cortes. A
partir del s. XIV, rodeado por las coronas de Castilla y Aragón, Navarra se acercó a Francia. En 1512 el reino fue invadido por
Fernando el Católico e incorporado a Castilla.
Carlos V abdica en su hijo Felipe II (1556-1598) y cede a su hermano Fernando el Imperio austriaco.
Felipe II heredó de su padre sus objetivos políticos: lucha por la hegemonía en Europa y defensa de la ortodoxia católica. Los
conflictos externos más importantes fueron: Francia, que renuncia a sus intereses en Italia (San Quintín 1557, y paz de
Cateau-Cambresis 1559); Imperio Turco, que ponía en peligro los dominios italianos (Lepanto 1571), Países Bajos, con la
sublevación de las provincias del norte en 1566, será uno de los mayores problemas de la monarquía; Inglaterra, que
apoyaba a los sublevados holandeses y hostigaba el comercio colonial, por lo que en 1588 se inicia su invasión con la Gran
Armada, sufriendo una rotunda derrota. Concluida la exploración de América, Felipe II propició la exploración de Filipinas
(fundación de Manila, 1571). Logró la unidad peninsular: desaparecido Sebastián I y muerto el infante Enrique (1580), Felipe
II hizo valer sus derechos dinásticos a la corona portuguesa y en 1581 las Cortes de Tomar le reconocieron rey. Felipe II
gobernó sobre un imperio en el que “nunca se ponía el sol”.
Desde 1559 no se ausentó de España, fijó la capital en Madrid (1561). Su política interior se apoyó en dos bases: el poder
absoluto y la defensa de la monarquía católica, utilizando a la Inquisición, con una política de intolerancia religiosa. En el
gobierno y administración, los Austrias desarrollaron un sistema polisinodial: consejos territoriales (Indias, Portugal, etc.) y
especializados (de Estado, Hacienda, Guerra…), en los que adquirieron gran importancia los secretarios. La administración
territorial se basó en virreyes o gobernadores, Cortes (las de Aragón fueron más reivindicativas) y Audiencias.
Respetó las instituciones de cada reino, pero se enfrentó a conflictos internos: en las Alpujarras la rebelión de los moriscos
(1568-1570) dominada por Don Juan de Austria y los problemas con Antonio Pérez y la revuelta en Aragón (1590-1592).
3.5. LA EXPLORACIÓN Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA. CONSECUENCIAS DE LOS DESCUBRIMIENTOS EN
ESPAÑA, EUROPA Y AMÉRICA.
Con Carlos I se procedió a la exploración y colonización del continente, según el Tratado de Tordesillas (1494). El sistema
utilizado fue el de las capitulaciones, por las que particulares financiaban la expedición y la Corona se reservaba parte de las
ganancias y el control político del territorio. La Casa de Contratación de Sevilla se ocupaba del comercio y el Consejo de Indias
de leyes, impuestos, nombramientos, cargos, etc. Algunas de las expediciones más importantes fueron: Núñez de Balboa
(1513) descubrió el Pacífico, Magallanes y Elcano realizaron la primera vuelta al mundo (1519-1522). En 1521 Hernán Cortés
conquista el Imperio azteca y en 1535 Pizarro y Almagro el Imperio inca.
Las consecuencias en España, Europa y América del descubrimiento y colonización fueron: económicas: el comercio con el
Nuevo Mundo se convirtió en motor de la economía y gran fuente de ingresos para la Corona (gastados en los conflictos
europeos). Llegaron nuevos productos agrícolas (patata, cacao, tabaco...) y Castilla exportaba vino, aceite, ganado, trigo, etc.
La afluencia oro y la plata (minas de Zacatecas y Potosí) provocó un aumento de los precios en Castilla y Europa (inflación
conocida como la revolución de los precios). Para satisfacer la demanda americana, los españoles compraban productos
europeos, por lo que los beneficios no se quedaron en España. La explotación indígena fue otra terrible consecuencia, a
través de repartimientos, encomiendas y mita, pese a la Ley de Burgos (1512) y Leyes Nuevas (1542) y la defensa de Fray
Bartolomé de las Casas de los indígenas. Políticas: la monarquía hispánica será la primera potencia mundial, aunque
fuertemente endeudada con banqueros europeos. En América supuso el establecimiento de una economía monetaria, el
descenso demográfico indígena y su sustitución por esclavos negros, con una sociedad dominada por peninsulares y criollos,
imponiendo el castellano, la cultura europea y el cristianismo en detrimento de las culturas autóctonas.
3.6. LOS AUSTRIAS DEL S. XVII: EL GOBIERNO DE LOS VALIDOS. LA CRISIS DE 1640
Los reyes del siglo XVII, denominados “Austrias menores” por su ineficacia política, delegan el gobierno en sus validos, nobles
que contaban con la confianza del rey y ejercían el poder en su nombre, no era un cargo oficial, pero actuaba como un primer
ministro. Destacan el duque de Lerma con Felipe III, el conde duque de Olivares con Felipe IV, en la regencia de Mariana de
Austria el jesuita Nithard, y con Carlos II Juan José de Austria. Sus decisiones políticas acarrearon conflictos internos:
➢ El duque de Lerma decretó la expulsión de los moriscos (1609-1614), con graves consecuencias económicas.
➢ La política reformista de Olivares, plasmada en ambiciosos proyectos, como la red nacional de erarios, que liberasen a la
Corona de la dependencia de la banca extranjera; unificación de la monarquía bajo las mismas leyes e instituciones
(Gran Memorial); proyecto de ejército nacional y permanente: la Unión de Armas. La oposición a esta política
autoritaria y centralista provocó revueltas en Andalucía, Vizcaya, Sicilia y rebeliones en 1640 en Cataluña y Portugal:
• Cataluña: los tercios reales, enfrentados a Francia, penetraron en Cataluña provocando graves protestas. En 1640
estalla una rebelión de campesinos y segadores en Barcelona, el Corpus de Sangre, asesinando al virrey y otros
nobles. El ejército real es derrotado junto a Montjuic en 1641 y los catalanes proclaman a Conde de Barcelona a Luis
XIII de Francia. En 1653 se produjo la rendición de Barcelona y la aceptación de la soberanía de Felipe IV, quien
confirmará todo los fueros catalanes.
• Portugal: la rebelión portuguesa tuvo un marcado carácter nobiliario, anticastellano e independentista, que condujo
al nombramiento del duque de Braganza (Juan IV) como rey, apoyados por Francia e Inglaterra. España aceptará la
independencia en 1668.
3.7. LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS Y LA PÉRDIDA DE LA HEGEMONÍA ESPAÑOLA EN EUROPA
El siglo XVII supuso el fin de la hegemonía española en Europa. La política exterior de Felipe III estuvo presidida por la
pacificación, firma la paz con Inglaterra (1604), la Tregua de los Doce Años con los Países Bajos (1609), y paz con Francia al
morir Enrique IV.
Felipe IV: desde 1618 la paz europea se vio amenazada por un conflicto entre protestantes y católicos, limitado en principio
solo al Imperio Germánico, pero este conflicto local acabó siendo europeo, ya que lo que estaba en juego era el orden
internacional, hasta entonces basado en la hegemonía de los Habsburgo. Todas las contiendas europeas se fueron integrando
en la Guerra de los Treinta Años (1618- 1648), cada nación se integró en uno de los grandes bandos: los Habsburgo austriacos
y españoles, defensores del catolicismo, y las potencias rivales lideradas por Francia, que se alió con protestantes alemanes,
ingleses y holandeses. Pese a victorias iniciales, como Breda y Nördlingen, las victorias francesas (Rocroi, Lens y Las Dunas)
llevaron a la firma de la Paz de Westfalia (1648), España reconoce la independencia de Holanda, iniciándose la hegemonía
francesa en Europa. España continuará la lucha en solitario con Francia hasta 1659, con la Paz de los Pirineos, cede el Rosellón
y la Cerdaña, para consolidar la paz, la princesa Margarita fue casada con Luis XIX de Francia.
El acoso francés, por la política expansionista y agresiva de Luis XIV, siguió en el reinado de Carlos II, que cede a Francia el
Franco Condado, Artois, Luxemburgo y algunas plazas flamencas.
3.8. PRINCIPALES FACTORES DE LA CRISIS DEMOGRÁFICA Y ECONÓMICA DEL S. XVII Y SUS
CONSECUENCIAS.
En el S. XVII, hasta 1680 aproximadamente, fue una fase de depresión en toda Europa (salvo Inglaterra y Holanda). Los
factores de la crisis en la Monarquía Hispánica fueron:
➢ El descenso demográfico, como consecuencia de las grandes epidemias (tres oleadas de peste); la expulsión de los
moriscos (perjudicó sobre todo a Valencia y Aragón); las guerras constantes y las dificultades económicas, que
provocaron un incremento constante de la emigración, aumento del número de clérigos y la caída de la natalidad.
➢ La depresión económica:
• El creciente endeudamiento de la Corona, por el esfuerzo bélico realizado durante el s. XVI dejó la Hacienda Real en un
lamentable estado de endeudamiento que, al no cesar las guerras, fue acentuándose en el s. XVII. Para empeorar la
situación, desde principios de siglo fue disminuyendo el volumen de metales preciosos que llegaban desde América. El
resultado fue la declaración de bancarrota en seis ocasiones a lo largo del siglo.
• Ruina de la industria textil castellana, disminuyendo la producción y elaborando paños de peor calidad.
• El acaparamiento por extranjeros del comercio con América, la disminución de la demanda, el aumento de los
impuestos.
• Disminución de la producción agraria y retroceso de la ganadería bovina, en especial la trashumante.
Hacia 1680 se inicia un cambio de tendencia, con el aumento de la natalidad y una lenta recuperación de la producción
y el comercio. Una medida económica efectiva a medio plazo fue la devaluación de la moneda de vellón, que acentuó la
crisis inicialmente, pero frenó la galopante inflación y estabilizó el sistema monetario.
Las consecuencias de la crisis afectaron a todos los grupos de la sociedad estamental: la nobleza y el clero aumentaron. Por
otra parte, disminuyeron las rentas señoriales, obligando a los nobles a endeudarse para poder mantener su nivel de vida. La
burguesía intentaba ennoblecerse y el campesinado fue el sector social más afectado, resurgiendo el bandolerismo y
aumentando en torno a las ciudades el colectivo de pícaros, mendigos y maleantes, reflejado en la literatura y el arte de
nuestro Siglo de Oro.
3.9. CRISIS Y DECADENCIA DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA: EL REINADO DE CARLOS II Y EL PROBLEMA
SUCESORIO
Con la muerte de Felipe IV y la minoría de edad de Carlos II, se produce la regencia de Mariana de Austria y su valido, el
jesuita Nithard. La corte era un hervidero de intrigas y luchas políticas ante la escasa capacidad de Carlos II al frente de la
Corona (1675-1700), en consecuencia, los validos se sucedieron (Nithard, Valenzuela, Juan José de Austria, el duque de
Medinaceli, el conde de Oropesa) en un clima creciente de inestabilidad política. Internacionalmente, se procedió al
reconocimiento de la independencia de Portugal (1668), y la política expansionista de Luis XIV de Francia se saldará con la
pérdida del Franco Condado, el Artois, Luxemburgo y algunas plazas flamencas. La situación económica y demográfica mejoró
a partir de 1680, aunque surgieron conflictos internos: revueltas de los barretines en Cataluña (1688-89), Segundas
Germanías en Valencia (1693) y motín de los Gatos en Madrid (1699).
El problema sucesorio fue el más importante. Pese a los dos matrimonios de Carlos II no tuvo descendencia, por ello se
fueron perfilando dos candidatos: el archiduque Carlos de Austria (rama austriaca de los Habsburgo) y Felipe de Anjou (casa
de Borbón y nieto de Luis XIV). Carlos II se decantó por éste, con la intención de asegurar el apoyo de la poderosa Francia. El
temor de algunas potencias (en especial Inglaterra y Austria) a un bloque hispano-francés provocó, tras la muerte del
monarca, la Guerra de Sucesión Española, el primer gran conflicto europeo del s. XVIII
BLOQUE 4: ESPAÑA EN LA ÓRBITA FRANCESA: EL REFORMISMO DE LOS
PRIMEROS BORBONES (1700-1788).
4.1. LA GUERRA DE SUCESIÓN Y EL SISTEMA DE UTRECHT. LOS PACTOS DE FAMILIA.
Carlos II murió en 1700 sin descendientes, dejando el trono a Felipe de Anjou; lo que desembocó en una guerra
internacional: el archiduque Carlos de Habsburgo (el otro candidato con derechos de la rama austriaca de los Habsburgo), con
la Gran alianza antiborbónica (Holanda, Inglaterra, Portugal, Prusia y el Ducado de Saboya) y Felipe de Borbón con Francia y
España; y España en una guerra civil, al apoyar Castilla a Felipe de Anjou y Aragón al archiduque.
La Guerra de Sucesión (1701-1715) en principio fue favorable a la Gran Alianza, pero Felipe V se impuso en Almansa (1707), y
Brihuega y Villaviciosa (1710). En 1711 el archiduque Carlos hereda el imperio austriaco, y ante la posibilidad de un bloque
hispanoalemán, Inglaterra precipita el fin del conflicto. Los Tratados de Utrecht (1713) y Rastadt (1714), que hicieron a
Inglaterra la gran vencedora, supusieron los siguientes acuerdos:
• Político: Felipe V era reconocido rey de España, prohibiendo la unión de Francia y España. Termina la hegemonía
francesa, y llega un equilibrio entre las tres grandes potencias: Francia, Austria e Inglaterra. España queda relegada a
una potencia de segundo orden.
• Territorial: Inglaterra se quedó con Gibraltar y Menorca. A Saboya se le adjudicó Sicilia, a Austria los Países Bajos, el
Ducado de Milán, Nápoles y Cerdeña.
• Económico: Fin del monopolio americano para España, al conceder el asiento de negros a Inglaterra (monopolio para
introducir esclavos negros en la América española durante treinta años) y el navío de permiso (autorización para enviar a
América un navío con 500 toneladas de mercancías para su venta). Ambas cesiones fueron utilizadas para camuflar un
amplísimo contrabando.
Recuperar los territorios perdidos será el objetivo de la política exterior española del s. XVIII, para ello se firmaron los Pactos
de Familia con Francia. Felipe V firma el Primer Pacto De Familia (1733, Guerra de Sucesión polaca), recuperando Sicilia y
Nápoles; y el Segundo Pacto de Familia (1743-Guerra de Sucesión de Austria) obtiene Parma. Fernando VI llevará una política
de neutralidad (Concordato con la Santa Sede en 1753) y Carlos III firmará el Tercer Pacto de Familia (1761), participando en
la Guerra de los Siete Años (1756-1763) y la Guerra de Independencia de EEUU (1775-1783), recuperando Florida y Menorca
por el Tratado de Versalles.
4.2. LA NUEVA MONARQUÍA BORBÓNICA. LOS DECRETOS DE NUEVA PLANTA. MODELO DE ESTADO Y
ALCANCE DE LAS REFORMAS.
La reorganización del Estado fue obra de los tres primeros borbones (Felipe V, Fernando VI y Carlos III), quienes establecen
una monarquía absoluta, fuerte, centralista y unificada, siguiendo el modelo francés. Impulsan:
• La reforma del Gobierno y la Administración. Se realizó sobre los principios de centralización y uniformidad. Los
Consejos fueron relegados (excepto C. Castilla) por las Secretarías de Estado y de Despacho, al frente estaban los
Secretarios, futuros ministros. Los Decretos de Nueva Planta, suprimieron los fueros e instituciones de Aragón,
respetándose los de Navarra y País Vasco. Es una de las primeras medidas para la unificación jurídica e institucional de
España: suprimen las Cortes particulares de Aragón, Valencia y Cataluña, manteniéndose las de Navarra y las Cortes
Generales del reino. En cada territorio se sustituye al virrey por un capitán general, al frente de una Audiencia. Se creó la
Guardia Real y el regimiento por los tercios. Se crean las intendencias (equiparable a las provincias actuales), al frente de
las cuales estaban los intendentes, que actuaban como gobernadores territoriales con gran diversidad de funciones:
jurídicas, policía, recaudación de impuestos, reclutamiento tropas, etc.
• Control de la Iglesia, mediante el regalismo y el patronato universal, firmando el Concordato de 1753.
• Intervención del Estado en economía: Felipe V obligó a contribuir a la Hacienda Real a los territorios de Aragón (catastro
en Cataluña, equivalente en Valencia, única contribución en Aragón, talla en Baleares). Fernando VI pretendió implantar
una reforma fiscal en Castilla, según el proyecto del Marqués de la Ensenada, que consistía en una única contribución,
(Catastro de Ensenada) no llevado a cabo por las protestas de los estamentos privilegiados. El Estado potenciará la
industria con medidas como el proteccionismo, la creación de manufacturas reales y el fomento de la construcción
naval (astilleros reales en El Ferrol, Cádiz y Cartagena).
4.3. LA ESPAÑA DEL S. XVIII. EXPANSIÓN Y TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS: AGRICULTURA,
INDUSTRIA Y COMERCIO CON AMÉRICA. CAUSAS DEL DESPEGUE ECONÓMICO DE CATALUÑA.
En el s. XVIII hay una expansión demográfica y se producen mejoras económicas. En España éstas serán más modestas, por
una economía que estaba limitada por la falta de competencia, la propiedad de la tierra y una oposición al cambio.
El principal obstáculo para la agricultura era el régimen de propiedad de la tierra (tierras amortizadas), con rendimientos
muy bajos y constantes las crisis de subsistencia. Carlos III adoptará medidas como los arrendamientos de tierras
municipales, colonización de nuevas tierras (Sierra Morena), la reducción de los derechos de la Mesta y obras de regadío
(Canal de Aragón y Canal de Castilla).
La industria se incentivó por: el aumento de población, y por tanto de la demanda; la subida de los precios agrícolas, que
significó el aumento de las rentas de nobles y eclesiásticos; también por la nueva política comercial con América. El
obstáculo fue el sistema gremial (se rompió el monopolio de los gremios en 1772). Se potenció el proteccionismo, las
manufacturas reales financiadas por el Estado, y la construcción naval (astilleros reales de Cádiz, El Ferrol y Cartagena).
Al comercio: el interior era escaso por el elevado nivel de autoconsumo, los obstáculos naturales del territorio peninsular, las
deficientes vías de comunicación y la escasez de medios de transporte terrestres, no había un mercado nacional unificado.
El comercio exterior se caracterizó por una política de explotación colonial con América. Con medidas como la creación de
compañías comerciales privilegiadas y monopolísticas (Compañía Guipuzcoana de Caracas); leyes liberalizadoras del
comercio con América, el Reglamento de Libre Comercio (1778), que permitía comerciar a todos los puertos peninsulares.
Destaca el despegue económico de Cataluña, zona más dinámica y avanzada de España, encaminándose hacia la Revolución
Industrial. Fue posible por el aumento demográfico (duplicó su población), la agricultura orientó su producción al mercado
(comercio de vinos), lo que aumentó la demanda y estimuló la producción industrial, desarrollándose una burguesía agraria
innovadora que reinvirtió sus beneficios en nuevas industrias como la textil, beneficiándose del proteccionismo. El
crecimiento generó excedentes de capital: se modernizó el sector textil, sentando las bases de la revolución industrial.
4.4. IDEAS FUNDAMENTALES DE LA ILUSTRACIÓN. EL DESPOTISMO ILUSTRADO. CARLOS III.
La Ilustración es la corriente de pensamiento difundida por Europa en el siglo XVIII. En España se desarrolló tardíamente por
la oposición de la Iglesia, el desinterés de la nobleza y el escaso peso de la burguesía. Sus rasgos más característicos son: la
razón y la crítica, el fomento de la economía nacional, el desarrollo del conocimiento científico y de la educación como base
del avance técnico y económico, la difusión del progreso y de la felicidad. Se difundió a través de Academias, consulados,
Sociedades Económicas de Amigos del País, la prensa y tertulias. Destacan intelectuales y artistas como Gaspar Melchor de
Jovellanos, José Celestino Mutis, José Cadalso, Leandro Fernández de Moratín.
Carlos III (1759-1788), instaura el despotismo ilustrado. Se rodeó de secretarios, como Esquilache, cuyo intento de introducir
reformas encontró una gran reacción en el Motín de Esquilache (1766) al liberalizar los precios del trigo e incrementar los
impuestos. Las consecuencias fueron: expulsión de los jesuitas y su sustitución por el conde de Aranda, al que le sucederían
Floridablanca y Campomanes. Carlos III inició la reforma de Madrid, manteniendo la política regalista y los privilegios de la
nobleza y derechos señoriales. En política económica, impulsó unas reformas para la modernización y mejora; Olavide
supervisó el plan de colonización de Sierra Morena. Se creó el Banco Nacional de San Carlos y comienza la emisión de vales
reales. Fomentó las obras públicas (Canal de Castilla) y las reformas en educación, justicia y ejército (más profesional, al
servicio del Estado).